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Discursos de la II Guerra Mundial

Discursos, carteles, obras.

Moderador: José Luis

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Discursos de la II Guerra Mundial

Mensajepor mark » Dom Dic 04, 2011 12:44 am

Hola.

Se me ha ocurrido crear un tema específico en el foro en el que transcribir literalmente los discursos que los políticos y personajes famosos de la II Guerra Mundial pronunciaron a lo largo de la misma o en los años inmediatamente anteriores o posteriores siempre que guarden una relación e importancia directas con ésta.

La idea es crear un "archivo" al que los miembros y visitantes del foro puedan acudir cuando necesiten o deseen consultar este tipo de documentos sin que necesariamente tengan que buscarlos en otros lugares.

Además de discursos podrían transcribirse otros documentos como octavillas, bandos, cartas entre personajes importantes o incluso cartas de soldados en el frente que se hayan hecho públicas y que puedan tener alguna trascendencia a la hora de explicar un tema relacionado con la II Guerra Mundial, aunque la idea es que el hilo se base en los discursos.

Evidentemente, para que este tema fuera útil sería necesario que, no sólo se cumpla con las normas del foro en cuanto a la información exacta de la fuente, sino que antes de transcribir el discurso se diera información de la fecha, lugar y evento en el que tiene lugar así como nombre y cargo del personaje que lo pronuncia.

Evidentemente los documentos que se transcriban también podrían dar lugar a un interesante debate sobre su interpretación, veracidad del contenido, estilo, etc, etc.

Antes de comenzar, dejaré pasar un tiempo para que la administración o moderación consideren si este tema puede tener lugar aquí, tenga alguna incorrección o bien esté ya creado y yo no lo haya localizado.

Un saludo.
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Antonio Machado
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Re: Discursos de la II Guerra Mundial

Mensajepor Antonio Machado » Dom Dic 04, 2011 1:26 am

Hola amigos foristas:

Me parece una excelente idea la que propone Mark, son tantos los discursos interesantes que se pronunciaron antes, durante y después de la SGM, tanto por los líderes más destacados (Hitler, Churchill, Stalin, Roosevelt) como por otros de indudable interés histórico pronunciados por Embajadores, Ministros, Vice-Ministros, periodistas y tantas otras diversas personalidades relacionadas.

Igualmente, apoyo "in totum" la extensión sugerida en el sentido de incluir otros documentos, correspondencia, fragmentos de Diarios escritos por muchos de los protagonistas de la gran contienda.

Sin duda se convertirá en un tema muy digno de suscribir y en el cual participar.

Mis felicitaciones a Mark por tan acertada propuesta.

Saludos cordiales desde Nueva York,

Antonio Machado.
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Discursos de la II Guerra Mundial

Mensajepor mark » Dom Dic 04, 2011 7:32 pm

¡Gracias Antonio Machado! Me alegra que te parezca interesante la iniciativa.

Bueno, comenzaremos con algunos clásicos, como no podría ser de otra manera.

El 4 de junio de 1.941, recién finalizada la operación "Dínamo", evacuación de las fuerzas atrapadas en la bolsa de Dunkerke, Winston Churchill se dirigía al Parlamento británico en estos términos:

"Hemos de procurar no tratar este rescate como si fuera una victoria. Las guerras no se ganan con evacuaciones. Pero sí que hubo una victoria dentro de este rescate, y es algo que hay que destacar: la obtuvo la Fuerza Aérea. Es posible que muchos de nuestros soldados al regresar no hayan visto la actuación de la Fuerza Aérea; sólo vieron los bombarderos que burlaron su ataque protector y subestiman sus logros. Lo he oído muchas veces y por eso me desvío del asunto para decir esto, pero quiero hablarles de ello.

En realidad esto fue una prueba de fuerza entre la Fuerza Aérea británica y la alemana. ¿Se les ocurre un objetivo aéreo más importante para los alemanes que imposibilitar la evacuación de estas playas y hundir todos estos barcos que estaban desplegados casi a miles? ¿Podría haber un objetivo de mayor importancia y significación militar que éste para todos los efectos de la guerra? Por más que lo intentaron, fueron derrotados; se frustró su misión. Alejamos al Ejército, y ellos pagaron cuatro veces por las pérdidas que infligieron...Todos nuestros tipos y pilotos han demostrado su superioridad con respecto a lo que tienen que enfrentarse ahora.

Cuando nos planteamos cuánto mayor sería nuestra ventaja si tuviéramos que defender de un ataque exterior el espacio aéreo por encima de esta isla, debo decir que estos hechos me proporcionan una base segura par albergar pensamientos prácticos y tranqulizadores. Rendiré homenaje a estos jóvenes aviadores. (1) El gran Ejército francés fue repelido en gran medida, de momento, por el embate de unospocos miles de vehículos blinados. ¿No es posible, asimismo, que la habilidad y la entrega de unos cuantos miles de aviadores defiendan la causa de la civilización?

Nos dicen que herr Hitler tiene un plan para invadir las islas Británicas. No es la primera vez que a alguien se le ocurre esta idea. Cuando Napoleón estuvo un año en Boulogne con sus embarcaciones de fondo plano y su gran Ejército, alguien le dijo: <<En Inglaterra hay hierbas amargas>>. Sin duda las hay en mayor cantidad desde que regresó el Cuerpo Expedicionario británico.

No cabe duda de que afecta poderosamente a toda cuestión de la defensa nacional contra la invasión el hecho de que, de momento, en esta isla disponemos de unas fuerzas militares incomparablemente más poderosas de lo que jamás hemos tenido, ya sea en esta guerra o en la anterior. Pero esto no seguirá siempre así. No nos conformaremos con una guerra defensiva. Tenemos una obligación con nuestro aliado. Tenemos que volver a reconstruir y levantar el Cuerpo Expedicionario británico, a las órdenes de su valiente comandante en jefe, lord Gort. Todo esto está en marcha, pero, mientras tanto, debemos elevar tanto el nivel de las defensas de esta isla que haga falta la menor cantidad posible de personas para brindar una seguridad efectiva y que se consiga el mayor potencial posible de esfuerzo ofensivo. En eso estamos en este momento...

...Por más grandes extensiones de Europa y muchos Estados antiguos y famosos hayan caído o puedan caer en poder de la Gestapo y de todo el espantoso aparato del régimen nazi, no vamos a flaquear ni a fracasar sino que seguiremos hasta el final. Combatiremos en Francia, combatiremos en los mares y los océanos, combatiremos cada vez con mayor confianza y fuerza en el aire; defenderemos nuestra isla a cualquier precio. Combatiremos en las playas, en los lugares de desembarco, en los campos y en las calles; combatiremos en las montañas; no nos rendiremos jamás; y por más que esta isla o buena parte de ella quede dominada y hambrienta, algo que de momento no creo que ocurra, nuestro imperio de ultramar, armado y protegido por la Flota británica, continuará la lucha hasta que, cuando Dios quiera, el Nuevo Mundo, con todo su poder y su fuerza, dé un paso al frente para rescatar y liberar al Viejo".


(Fuente: Transcripción literal del libro "El camino hacia el desastre" - Winston S. Churchill. Vol I. Editorial Planta DeAgostini S.A. año 2.006 págs:314-315)

(1) Desde luego los hechos le dieron la razón tan sólo unos meses más tarde con la victoria en la Batalla de Inglaterra.
(2) Este último párrafo, además de poner la piel de gallina y de dejar claras las intenciones del dirigente británico, quizá fue, como él dice en sus memorias, "un factor oportuno e importante en las decisiones estadounidenses".

W. Churchill fue un orador impresionante y un personaje absolutamente clave en el devenir de la II Guerra Mundial. Volveré con él con otro discurso espectacular en su forma y en su fondo.

Saludos.
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Re: Discursos de la II Guerra Mundial

Mensajepor Antonio Machado » Dom Dic 04, 2011 8:07 pm

Hola amigos foristas !

Gracias a Mark por este primer aporte, un discurso histórico sin lugar a dudas, pronunciado inmediatamente después de Dunkerke.

El último párrafo trae a la memoria una conversación entre Winston Churchill y su hijo, a raíz de que éste -en un momento aciago para GB- le preguntaba a su padre "Qué podemos hacer?" y la respuesta le llegó rápida, clara y segura de la mente del gran estadista: "We'll drag America into this" ("Arrastraremos a América a todo esto").

Saludos cordiales desde Nueva York, Antonio Machado.
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Mensajepor mark » Mar Dic 06, 2011 6:13 pm

Antonio Machado escribió:El último párrafo trae a la memoria una conversación entre Winston Churchill y su hijo, a raíz de que éste -en un momento aciago para GB- le preguntaba a su padre "Qué podemos hacer?" y la respuesta le llegó rápida, clara y segura de la mente del gran estadista: "We'll drag America into this" ("Arrastraremos a América a todo esto").


Sin duda estaba entre sus máximas prioridades.

Un saludo.
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Mensajepor mark » Mar Dic 06, 2011 6:58 pm

Vayamos con otro gran discurso de Sir Winston Churchill. Éste fue un comunicado por radio a la población del 22 de junio de 1.941 a las 21:00 h (hora inglesa), es decir, inmediatamente posterior al ataque alemán a la URSS. Desde mi punto de vista es de una importancia histórica excepcional y refleja, a las claras, cuál era la forma de pensar del primer ministro británico.

"Es imposible distinguir al régimen nazi de las peores características del comunismo. Carece de idea o principio, salvo el apetito y la dominación racial. Supera todas las formas de maldad humana en la eficacia de su crueldad y su feroz agresión. Nadie se ha opuesto al comunismo de forma más sistemática que yo durante los últimos veinticinco años. No me voy a desdecir de nada de lo que he dicho al respecto. Pero todo eso se desvanece ante el espectáculo de lo que está ocurriendo. Desaparece el pasado, con sus crímenes, sus locuras y sus tragedias. Veo a los soldados rusos de pie en el umbral de su patria protegiendo los campos que sus padres han cultivado desde tiempo inmemorial. Los veo protegiendo las casas donde rezan las madres y las esposas (pues sí, hay momentos en los que todos rezan) por la seguridad de sus seres queridos, el regreso del sostén de la familia, de su paladín, de su protector. Veo las diez mil aldeas rusas, donde el medio de vida se extrae con tanto esfuerzo de la tierra, pero donde sigue habiendo alegrías humanas primordiales, donde las doncellas ríen y los niños juegan. Veo avanzando sobre todo esto, en su horroroso ataque, a la maquinaria de guerra nazi con sus oficiales prusianos, tan elegantes, dando taconazos, y sus expertos agentes, que vienen de intimidar y de dominar a una docena de países. Veo también las masas torpes, entrenadas, dóciles y brutales de los militares hunos, caminando lenta y pesadamente como un enjambre de langostas. Veo a los bombarderos y los cazas alemanes en el cielo, resentidos todavía de más de una paliza británica, encantados de encontrarse con una presa que les parece más fácil y más segura.

Detrás de toda esta luz deslumbradora, detrás de toda esta tormenta, veo ese pequeño grupo de villanos que planean, organizan y lanzan esta catarata de horrores sobre la humanidad. [...]

He de manifestar la decisión del gobierno de Su Majestad (y estoy seguro de que es una decisión con la que estarán de acuerdo los grandes dominios en su momento), porque debemos hablar ahora, en seguida, sin esperar ni un día más. Tengo que hacer esta declaración, ¿pero alguien duda de cuál será nuestra política? Tenemos un solo objetivo y una sola finalidad irrevocable. Estamos decididos a acabar con Hitler y con cualquier vestigio del régimen nazi. Nada nos hará cambiar al respecto, nada en absoluto. No vamos a negociar ni a parlamentar con Hitler ni con ninguno de sus secuaces jamás. Lo combatiremos por tierra, lo combatiremos por mar, lo combatiremos en el aire hasta que, con la ayuda de Dios, hayamos librado a la tierra de esta sombra y hayamos liberado a los pueblos de su yugo. Cualquier hombre o estado que lucha contra el nazismo contará con nuestra ayuda. Cualquier hombre o estado que se una a Hitler es nuestro enemigo. [...] Ésa es nuestra política y así lo manifestamos. Por consiguiente, se deduce que daremos a Rusia y al pueblo ruso toda la ayuda que podamos. Recurriremos a todos nuestros amigos y aliados en todas partes del mundo para que emprendan el mismo camino y no lo abandonen, como haremos nosotros, fiel y constantemente, hasta llegar al final. [...]

Ésta no es una lucha de clases, sino una guerra en la que participan todo el imperio británico y la Comunidad de naciones, sin distinción de raza, credo ni partido. No me corresponde a mí hablar de lo que hará Estados Unidos, pero puedo decir una cosa: si Hitler imagina que su ataque a la Rusia soviética provocará la más mínima divergencia de objetivos o una disminución del esfuerzo de las grandes democracias que están decididas a luchar por su fracaso, está totalmente equivocado..."


(Fuente: Transcripción literal del libro "El camino hacia el desastre" - Winston S. Churchill. Vol I. Editorial Planta DeAgostini S.A. año 2.006 págs:510-511)

Continuará...
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Mensajepor mark » Jue Dic 08, 2011 12:32 am

Continúo con el comunicado radiofónico anterior de W. Churchill del 22/06/41.

"Al contrario, nos veremos fortalecidos y estimulados en nuestros esfuerzos por rescatar a la humanidad de su tiranía. Nos fortaleceremos en lugar de debilitarnos en nuestra determinación y nuestros recursos.

No es éste el momento de moralizar sobre la locura de los países y los gobiernos que se han dejado abatir uno a uno cuando, con una acción combinada, se habrían salvado al mundo de esta catástrofe. Pero cuando hablaba hace unos minutos sobre el ansia de sangre de Hitler y los odiosos apetitos que lo han impedido o atraído en su aventura rusa, dije que había un motivo más profundo detrás de este atropello. Desea destruir a la potencia rusa porque espera que, si triunfa, podrá recuperar en el este la fuerza de su Ejército y su Aviación para arrojarlos sobre nuestra isla porque sabe que debe conquistarla o sufrir el castigo por sus crímenes. La invasión de Rusia no es más que el preludio de su invasión de las islas Británicas. Sin duda, espera conseguir todo esto antes de la llegada del invierno y entonces espera someter a Gran Bretaña antes de que intervengan la Armada y la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Espera poder repetir, a una escala como nunca se ha visto antes, el proceso de destruir a sus enemigos uno a uno que hasta ahora lo ha hecho medrar y prosperar, y que entonces todo estará preparado para el último acto, sin el que todas sus conquistas serán en vano, es decir, someter todo el hemisferio occidental a su voluntad y su sistema.

El peligro ruso es, por consiguiente, nuestro peligro, y el peligro de Estados Unidos, así como la causa de cualquier ruso que luche por su casa y por su hogar es la causa de los hombres libres y los pueblos libres en cada rincón del globo. Aprendamos las lecciones que ya nos ha enseñado una experiencia tan cruel. Redoblemos nuestros esfuerzos y ataquemos uniendo nuestras fuerzas mientras nos quede vida y poder"


(Fuente: Transcripción literal del libro "El camino hacia el desastre" - Winston S. Churchill. Vol I. Editorial Planta DeAgostini S.A. año 2.006 págs:512)

Saludos a todos.
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Mensajepor Eisenhower » Jue Dic 08, 2011 5:39 am

Discurso de Stalin llamando a la resistencia 3 de Julio de 1941



¡Camaradas!, ¡Ciudadanos! ¡Hermanos y Hermanas! ¡Hombres de nuestro Ejército y nuestra Marina!. ¡Me dirijo a vosotros, mis amigos!

El pérfido ataque militar a nuestra tierra, iniciado el 22 de junio por la Alemania de Hitler, continua.

A pesar de la heroica resistencia del Ejército Rojo, y aunque las más selectas divisiones enemigas y las mejores unidades de la fuerza aérea han sido hechas pedazos y han encontrado su muerte en el campo de batalla, el enemigo sigue avanzando, lanzando fuerzas de refresco al ataque.

Las tropas de Hitler han logrado capturar Lituania, una considerable parte de Letonia, el Oeste de la Rusia blanca y parte del Oeste de Ucrania. La fuerza aérea fascista está ampliando el ámbito de operaciones de sus bombardeos y está bombardeando Murmanks, Orsha, Mogilev, Smolensk, Kiev, Odessa y Sebastopol. Un grave peligro se cierne sobre nuestro país.

¿Cómo puede haber sucedido que nuestro glorioso Ejército Rojo haya rendido un número de nuestros ciudadanos y distritos a los Ejércitos fascistas? ¿Es realmente cierto que las tropas de la Alemania fascista son invencibles, como es pregonado sin cesar por los jactanciosos propagandistas fascistas? ¡Por supuesto que no!

La historia muestra que no hay ejércitos invencibles, y nunca han existido (...) Lo mismo debe ser dicho hoy del ejército fascista alemán de Hitler. Este ejército aún no se ha encontrado con una seria resistencia en el continente europeo. Sólo en nuestro territorio ha encontrado una resistencia seria, y si como resultado de esta resistencia las mejores divisiones del ejército fascista alemán de Hitler han sido derrotadas por nuestro Ejército Rojo, significa que este ejército, también puede ser machacado y será machacado como lo fueron los ejércitos de Napoleón y Guillermo.

No puede haber duda de que esta efímera ventaja militar para Alemania es sólo un episodio, mientras que la tremenda ventaja política de la URSS es un serio y permanente factor, que tienen el deber de formar las bases para el logro de los éxitos militares decisivos del Ejército Rojo en la guerra contra la Alemania fascista(...)

En caso de una retirada forzosa de las unidades del Ejército Rojo, todo el material rodante debe ser evacuado; al enemigo no debe dejársele ni una sola máquina, ni un solo vagón, ni una sola libra de grano o un galón de fuel. Las granjas colectivas debe ser trasladadas con sus ganados y entregar su grano a la custodia de las autoridades estatales para su transporte a la retaguardia (...) En las áreas ocupadas por el enemigo, unidades guerrilleras, montadas y a pie, deben formarse, los grupos deben organizarse para combatir a las tropas enemigas, fomentar la guerra de guerrillas por todas partes, volar puentes, carreteras (...). En las regiones ocupadas las condiciones deben ser insoportables para el enemigo y todos sus cómplices (...)

Esta guerra con la Alemania fascista no puede ser considerada como una guerra ordinaria. No sólo es una guerra entre dos ejércitos, es también una gran guerra del pueblo soviético contra las fuerzas del fascismo alemán. El objetivo de esta guerra nacional de nuestro país contra los opresores fascistas, no es sólo la eliminación del peligro que pende sobre nuestro país, sino también ayudar a todos los pueblos europeos que sufren bajo el yugo del fascismo alemán.

En esta guerra de liberación no debemos estar solos. En esta guerra tendremos aliados leales en los pueblos de Europa y América, incluidos los alemanes que están esclavizados por los déspotas hitlerianos. Nuestra guerra por la libertad de nuestro país se mezclará con la de los pueblos de Europa y América por su independencia, por las libertades democráticas. Será un frente unido de pueblos defendiendo la libertad y contra la esclavitud y las amenazas de esclavitud del ejército fascista de Hitler (...) Camaradas, nuestras fuerzas son innumerables. La arrogancia enemiga pronto les descubrirá su coste. Juntos en el Ejército Rojo y en la Armada, miles de trabajadores, granjeros colectivos e intelectuales están alzándose para golpear al enemigo agresor(...) Con el fin de asegurar la rápida movilización de todas las fuerzas de las gentes de la URSS, y rechazar al enemigo que traicioneramente atacó nuestro país, ha sido formado un Comité Estatal de Defensa en cuyas manos ha sido delegado enteramente el poder del Estado.
El Comité Estatal de Defensa ha entrado en funciones y ha llamado al servicio militar de nuestro pueblo para reunirse en torno al partido de Lenin-Stalin y alrededor del Gobierno soviético así como abnegadamente para apoyar al Ejército Rojo y a la Armada, para demoler al enemigo y asegurar la victoria.

¡Todas nuestras fuerzas para apoyar a nuestro heróico Ejército Rojo a nuestra gloriosa Armada Roja! ¡Todas las fuerzas del pueblo para la demolición del enemigo! ¡Adelante, a por nuestra victoria!

Stalin
Moscú, 3 de julio de 1941

Fuentes:http://www.historiasiglo20.org
[i]"Las frías piedras subrayan la brevedad de aquellas vidas segadas al empezar la edad adulta,hombres que nunca volvieron a ver a sus familias y sus hogares.Con el paso de los años,cada vez son menos las personas de edad avanzada que vienen a visitar estos solitarios rincones de Francia,Gran Bretaña, Bélgica,Polonia,las hawai,las Filipinas,Malaya y otras tierras extranjeras.La generación que hizo la segunda guerra mundial va fundiéndose con la sombra de la historia[/i].[b]"La guerra que había que ganar.Muray y Millet[/b]

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Re: Discursos de la II Guerra Mundial

Mensajepor mark » Jue Dic 08, 2011 2:54 pm

¡Gran aporte Ike!

Un saludo
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Re: Discursos de la II Guerra Mundial

Mensajepor abril » Jue Dic 08, 2011 11:58 pm

Bueno, yo tambien quisiera poner un discurso, pero les paso el Link.

Es uno mis comandantes preferidos, Charles De Gaulle

http://www.historiasiglo20.org/TEXT/degaulle1940.htm


Abril
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Re: Discursos de la II Guerra Mundial

Mensajepor mark » Vie Dic 09, 2011 11:37 am

Llamada a la resistencia y a la esperanza de Charles De Gaulle. Debieron creerle más sus compatriotas.

Gran aporte Abril.

Saludos.
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Re: Discursos de la II Guerra Mundial

Mensajepor abril » Sab Dic 10, 2011 5:49 am

mark escribió:Llamada a la resistencia y a la esperanza de Charles De Gaulle. Debieron creerle más sus compatriotas.

Gran aporte Abril.

Saludos.



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Discursos de la II Guerra Mundial

Mensajepor fermat » Dom Dic 11, 2011 11:08 pm

El famoso, e interminable, discurso de Goebbels sobre la Guerra Total, el 18 de Febrero de 1943 (en dos partes):

¡Compatriotas y camaradas del partido!

Hace apenas tres semanas estuve en este lugar, por última vez, para hablarles a ustedes y al pueblo alemán con ocasión de la lectura de la proclamación del Führer en el décimo aniversario de la toma del poder. La crisis, en la que se encuentra actualmente el frente del este, estaba entonces en su punto álgido. El 30 de enero, nos reunimos, en medio de las grands tragedias a las que la nación se enfrentaba en la batalla del Volga, para hacer una demostración de unidad, de solidaridad, pero también de firme fuerza de voluntad para superar las dificultades a las que nos enfrentabamos en este cuarto año de guerra.

Fue, para mí, y seguro que para todos ustedes también, una experiencia conmovedora enterarnos, días más tarde, que los últimos heróicos luchadores en Stalingrado, unidos a nosotros a través de las ondas, habían tomado parte en nuestro mitin inspirador en el Palacio de los Deportes. En su último comunicado nos dijeron por radio que habían oído la proclamación del Führer, y quizás, por última vez en sus vidas, entonaron, junto a todos nosotros, el himno nacional, brazo en alto.

¡Qué gran ejemplo los soldados alemanes han creado en esta gran era! ¡Qué gran obligación nos pone a todos, especialmente a toda la patria alemana!

Stalingrado fue y es el gran grito de alarma del destino a la nación alemana. Un pueblo que posee la fuerza para soportar y sobreponerse a tal desgracia, y aun para derivar de ella una fuerza supletoria, es invencible.

El recuerdo a los heroes de Stalingrado debe hoy también ser obligatorio, para mí y para nosotros, en mi discurso ante ustedes y el pueblo alemán.

No sé cuantos millones de personas, unidos a través de las ondas, en casa y en el frente, están participando en este mitin y me escuchan esta noche. Os hablo al corazón desde lo más profundo del mío. Creo que al pueblo alemán le interesa con pasión lo que tengo que decir esta noche. Ello me obliga a que tengan mis palabras la solemne gravedad de la franqueza que impone la hora presente.
El pueblo alemán criado, educado y disciplinado por el Nacionalsocialismo, puede soportar toda la verdad. Conoce la gravedad de la situación en que el Reich se encuentra, y sus mandos pueden por tanto requerir, por la gravedad de la situación, las duras medidas necesarias, sí, incluso las más duras. Nosotros los alemanes estamos inmunizados contra la debilidad y el abatimiento; y así, las adversidades de la guerra sólo contribuirán a incrementar nuestra fuerza y resolución, y a darnos una actividad combativa que nos permita superar todas las dificultades y obstáculos con impetu revolucionario.

No es el momento de preguntarse cómo han sucedido los últimos acontecimiento desgraciados en el Este. Esto queda reservado a una futura rendición de cuentas, que terndrá lugar públicamente ante la nación alemana, y mostrará al pueblo alemán y al mundo entero que la desgracia que nos ha ocurrido, en las últimas semanas, posee su profundo y fatal significado.

Los heróicos sacrificios de nuestros soldados en Stalingrado ha tenido una importancia histórica inmensa para el Frente Este. No fue en vano. El futuro demostrará el porqué. Si dirijo la mirada del pasado más inmediato hacia adelante, lo hago con toda intención.La hora apremia y no permite más tiempo para debates infructuosos. Debemos actuar, inmediatamente, profundamente y con decisión, como ha sido, de siempre, la manera nacionalsocialista.

Desde el principio el Movimiento ha actuado de ese modo en las muchas crisis a las que tuvo que enfrentarse y superar. Y también, el estado Nacionalsocialista, cuando se le apareció un peligro, se lanzó con una resoluta fuerza de voluntad. No somos como el avestruz que esconde la cabeza en la arena para no ver el peligro. Somos lo suficientemente valientes como para mirar al peligro a los ojos, como para calibrarlo con tranquilidad e implacabilidad, y luego, enfrentarnos a él con la cabeza alta, y decisión firme.

Tanto como movimiento como como nación, siempre hemos desarrolado nuestras mayores virtudes, a saber, una voluntad fiera y decidida para vencer y eliminar el peligro, una fortaleza de carácter que supera todos los obstáculos, terca tenacidaz en la persecución de nuestros conocidos objetivos, y un corazón ferreo inmunizado contra todas las batallas internas y externas. Así debe ser hoy.
Tengo la misión de ofreceros una imagen sin tapujos de la situación, y de deducir de ella las duras consecuencias para la actuación de los dirigentes alemanes, pero tambíen para la actuación del pueblo alemán.

Sufrimos en estos momentos en el Este una dura prueba militar. El problema es en este momento muy grande, similar pero no idéntico en muchas aspectos al del pasado invierno. Más tarde hablaremos de las causas. Hoy, no nos queda otra que estudiar la situación, y revisar y aplicar los medios para superarla. No tiene sentido dudar de la seriedad de la situación. Me niego a daros una impresión falsa de la situación que pudiera llevar a falsas conclusiones, e incluso a dar al pueblo alemán una falsa sensación de seguridad que es del todo inpropia de la situación presente.

El asalto de la estepa contra nuetro venerable Continente ha sido desencadenado, este invierno, con una dureza que excede de cuanto puede representarse la imaginación humana e histórica. El ejército alemán con sus aliados constituye el único valladar capaz de contenerlo. En su proclamación del 30 de enero el Führer planteó con palabra grave, la pregunta de, ¿cuál sería la suerte de alemania y europa si, el 30 de enero de 1933, en lugar del movimiento nacionalsocialista, un régimen burgués o democrático hubiese tomado el poder?

¿Qué peligros habrían seguido, más deprisa de lo que incluso podríamos entonces haber sospechado?, y ¿qué defensas habríamos tenido para enfrentarnos con ellos? Diez años de Nacionalsocialismo han sido suficientes para dejar claro al pueblo alemán la seriedad del peligro planteado por el bolchevismo desde el Este. Ahora uno puede entender por qué hablábamos tan a menudo de la lucha contra el bolchevismo en nuestros mítines del partido en Nuremberg. Alzamos nuestra voz para avisar al pueblo alemán y al mundo, esperando despertar al Occidente de la parálisis de voluntad y espíritu en la que había caído. Intentamos abrir sus ojos ante el peligro terrible del bolchevismo del Este, que había sometido a una nación de casi 200 millones de habitantes al terror de los judíos, y que estaba preparando un ataque ofensivo contra europa.

Cuando el 22 de junio el Führer ordenó al ejército alemán atacar en el Este, los nacionalsocialista teníamos claro que con ello empezaba la batalla decisiva de esta guerra mundial. Sabíamos que peligros y dificultades nos traería consigo. Sin embargo, nos constaba que los peligros y dificultades crecen con la espera, nunca podrían disminuir. ¡Faltaban dos minutos para la medianoche! Esperar más hubiera conducido al aniquilamiento del Reich y a la bolchevización de Europa entera.

Sin embargo, es comprensible que, dados los procedimientos de engaño y cautela habituales del régimen bolchevique, no apreciáramos exactamente entonces el potencial bélico de la Unión Soviética, que ahora se nos revela en sus proporciones reales. La lucha que nuestros soldados llevan a cabo en el Este rebasa, por su dureza, dificultades y peligros, toda representación posible. Ello exige que apelemos a todo nuetra potencia nacional. Existe una amenaza para el Reich y para todo el Continente europeo, que relega a la penunbra cuantos peligros se cernieron jamás sobre el Occidente. Si falláramos en esta lucha, dejaríamos escapar nuestra misión histórica. Todo cuanto hicimos y creamos hasta el presente, palidece ante la misión gigantesca que ahora tienen ante sí el ejército alemán, de manera directa, y el pueblo alemán, de manera indirecta.

Me dirijo en primer término a la opinión mundial, y proclamo frente a ella tres tesis de nuestra lucha contra el peligro comunista:

La primera de estas tres tesis es: Si el ejército alemán no estuviera en situación de conjurar el peligro que amenaza desde el Este, el Reich, y con él, en breve tiempo, toda Europa, serían presa del bolchevismo.

La segunda de estas tres tesis es: El ejército y el pueblo alemanes, ayudados por sus aliados, constituyen la única fuerza capaz de salvar a Europa de esta amenaza.

La tercera de estas tres tesis es: El peligro acecha. Es preciso obrar rápidamente y a fondo, sino será demasiado tarde.

Tengo que abordar detalladamente la primera tesis. Siempre ha proclamado el bolchevismo abiertamente su propósito de llevar la revolución no solamente a Europa, sino al mundo entero, y de precipitar a éste en el caos bolchevique. Desde la fundación de la Unión Soviética, este objetivo ha sido defendido ideológicamente, y prácticamente propugnado por el Kremlin. Es natural que Stalin y sus secuaces, conforme crean acercarse más a la realización de sus propósitos, más empeño pongan en ocultarlos y disimularlos. Eso no nos puede inducir a error a nosotros, los nacionalsocialistas. No pertenecemos a aquellos espíritus timoratos y pusilánimes que, cual conejos hipnotizados, permanecen mirando inmóviles a la serpiente hasta que son devorados por ésta. Queremos reconocer oportunamente el peligro, y hacerle frente, también oportunamente, con los medios adecuados.

Conocemos bien no sólo la ideología bolchevique, sino también sus métodos, pues tuvimos gran éxito contra ello en nuestras luchas domésticas. El Kremlin no puede engañarnos. Tuvimos catorce años antes de nuestra toma del poder, y diez años después de la toma del poder, para desenmascarar sus intenciones y sus viles engaños. El objetivo del bolchevismo es la revolución judía en el mundo. Quiere traer caos a el Reich y a Europa, valiéndose de la resultante desesperanza y desesperación de los pueblos para establecer una tiranía capitalista e internacional en la que se esconde el bolchevismo.

No hace falta que explique más lo que eso significaría para el pueblo alemán. Con la bolchevización del Reich vendría la liquidación de nuestra intelectualidad y gobernantes, y la caída de nuestros trabajadores en la esclavitud bolchevique-judía. ¡Ese es su objetivo! En Moscú, buscan trabajadores para los batallones de trabajo forzado en la tundra siberiana, como el Führer dijo en su proclamación del 30 de enero. La revuelta de las estepas se está preparando en el frente, y la tormenta del Este que rompe contra nuestras lineas diáriamente con cada vez más fuerza, no es otra cosa que una repetición de la devastación histórica que tan a menudo en el pasado ha puesto en peligro nuestro continente.

Esto es una amenaza directa no sólo a nuestra existencia, pero también a cada una de las potencias europeas. Nadie debe creer que el bolchevismo, si resultara victorioso, pararía en las fronteras del Reich, por un tratado sobre papel. Realiza una política de agresión, y una guerra de agresión que pretende la bolchecización de todas las naciones y todos los pueblos. Ante tales intenciones que no se pueden negar, las declaraciones sobre el papel, hechas por el Kremlin, o en forma de garantías dadas por Londres o Washington contra estos propósitos soviéticos, irrevocables, no nos impresionan. Sabemos que en el Este tenemos que luchar contra una potencia demoníaca e infernal que no reconoce ni respeta las relaciones habituales entre los Estados y entre los hombres.

Cuando, por ejemplo, lord Beaverbrook declara que Europa debía poner la dirección del Continente en manos de los Soviets; o cuando el periodista Brown, un judío norteamericano, afirma cínicamente que la bolchevización de Europa significaría la solución de nuestros problemas continentales, sabemos muy bien lo que los judíos quieren decir con esto. Las potencias europeas se encuentran ante una cuestión vital y decisiva. El Occidente está en peligro. El que gobiernos y determinados sectores intelectuales de algunos pueblos europeos lo vean o no así, es secundario.

Mas el pueblo alemán no está dispuesto en ningún caso a abandonarse a este peligro, ni aun a título de ensayo. Detrás de las arrolladoras divisiones soviéticas están los pelotones de ejecución judíos, y con ellos, el terror, el espectro del hambre para millones de seres y la anarquía más absoluta. En esto se demuestra otra vez que la Judería Internacional es el fermento de descomposición demoniaco que encuentra una cínica satisfación en sumir al mundo en el caos más absoluto y en destruir culturas milenarias en cuya contrucción no jugó ningún papel.

Por ello conocemos ante que misión histórica nos encontramos. Toda la obra constructiva realizada por la Humanidad occidental durante dos milenios, está en peligro. Este peligro nunca es tan grande como uno cree. Pero es curioso que cuando uno lo cuenta como es, la Judería Internacional protesta a viva voz en todo el mundo. Las cosas han llegado a tal punto en Europa que ¡uno no puede decir que un peligro es un peligro cuando es causado por los judíos! Eso no nos impide, a los nacionalsocialistas, sacar las conclusiones necesarias. ¡Nunca hemos tenido miedo a los judíos, y hoy menos que nunca!

Eso es lo que hicimos en nuestras anteriores batallas domésticas, cuando la Judería comunista se valía de la Judería democrática del "Berliner Tagesblatt" y del "Vossischen Zeitung" para minimizar y restar importancia a un peligro en aumento, para, de esta manera, conducir a una falsa sensación de seguridad a la parte de la población amenazada por ellos, y adormecer su capacidad de resistir. Si el peligro no se supera, vemos surgir el espectro del hambre, la miseria, y el trabajo forzado para el pueblo alemán; vemos derrumbarse nuestro venerable continente, y vemos, bajo sus ruinas, enterrarse la herencia histórica del Occidente. Ese es el problema ante el que nos encontramos.

Mi segunda tesis anuncia: Sólo el Reich alemán con sus aliados están en situación de resistir este peligro que acabo de describir.

Los Estados europeos, incluída Inglaterra, afirman ser lo suficientemente fuertes para poder hacer frente, a tiempo y con la eficacia necesaria, a la bolchevización del Continente europeo, caso de que ésta llegara a tener efectividad. Tal afirmación es perfectamente infantil, y no merece ni ser refutada. Si la potencia militar más fuerte del mundo, el Reich alemán, no pudiera quebrar la amenaza del bolchevismo, ¿quién iba a poder hacerlo?

(En este momento, gritos sonoros de la multitud reunida en el Palacio de los deportes responden: "¡Nadie!" ).

Las naciones europeas neutrales no tienen ni el potencial ni los medios militares ni la fuerza espiritual de sus pueblos como para ofrecer la más mínima resistencia al bolchevismo. Las divisiones de robots del bolchevismo los arrollarían en pocos días. En las capitales de los Estados europeos medianos y pequeños, se consuelan con la idea de que uno debe estar intelectualmente armado contra el peligro bolchevique. (Risas). Eso nos recuerda, con tristeza, las declaraciones de los partidos burgueses de 1932 que creían que podrían luchar y ganar la batalla contra el comunismo con armas intelectuales. Esa afirmación nos era entonces demasiado estúpida para que valiera la pena refutarla.

El bolchevismo oriental no es sólo una doctrina teórica, sino además, una prácica terrorista. Persigue sus propósitos y objetivos con tenacidad demoníaca, hasta agotar todo su potencial interno, y sin consideracción alguna a la paz, bienestar y felicidad de los pueblos que somete a su yugo. ¿Qué harían Inglaterra y Norteamérica si el Continente europeo cayera, para su desgracia, en los brazos del bolchevismo? ¿Convencerá Londres acaso al bolchevismo para que se detenga en el Canal de la Mancha? Ya dije una vez que el bolchevismo tiene distribuídas sus legiones extranjeras, representadas por los respectivos grupos comunistas, por todos los Estados democráticos; ninguno de esto Estados puede afirmar, de sí, estar inmunizado contra una bolchevización procedente del interior. En una reciente elección parcial para la Casa de los Comunes, el candidato independiente, es decir, comunista, obtuvo 10.741 de los 22.371 votos emitidos. Esto fue en un distrito que anteriormente fue un baluarte conservador; esto quiere decir que los partidos de la derecha perdieron, en esta sola elección, en poco tiempo, 10.000 votantes, casi la mitad, en favor de los comunistas; esto es prueba de que el peligro bolchevista existe en Inglaterra también, y de que no desaparecerá simplemente porque se le ignore.

Todos los compromisos y obligaciones territoriales que la Unión Soviética suscriba carecen a nuestros ojos de valor efectivo. El bolchevismo no sólo pretende trazar sus fronteras militarmente, sino también ideológicamente, y en ello justamente reside su peligro, un peligro que se salta las fronteras de los pueblos.
El mundo ya no puede elegir entre volver a su antigua fragmentación o aceptar un nuevo orden para Europa bajo el liderazgo del Eje. La única elección ahora es entre vivir bajo la protección del Eje o en una europa bolchevique.

Estoy firmemente convencido de que los lores y arzobispos que se lamenta en Londres no tienen la intención de oponerse prácticamente al peligro bolchevique que existiría para Europa en el caso de un mayor avance de los ejércitos soviéticos. El judaísmo ha penetrado tan profundamente en el terreno espiritual y político de los anglosajones, que ya no son capaces de percibir claramente el peligro bolchevique que sobre ellos se cierne. De la misma manera que se oculta como bolchevismo en la Unión Soviética, se oculta como capitalismo plutocrático en los Estados anglosajones. La raza judía es una experta en los métodos de la mímica. Lo sabemos por nuestra experiencia. Desde siempre operan adormeciendo a sus pueblos huéspedes, para de esta manera paralizar su capacidad de defenderse contra las amenazas mortales y graves que surgen de ellos. (Gritos del público: "¡Ya nos ha pasado!")

Nuestra comprensión de esta cuestión nos hizo ver pronto que la cooperación entre la plutocracia internacional y el bolchevismo internacional no era la contradicción que aparenta a primera vista, sino que tiene un profundo y común sentido. Sobre nuestra patria se dan la mano el seudocivilizado judaísmo occidental y el que puebla los "ghetos" del este europeo. Europa está en peligro de muerte, aunque los ingleses no quieran admitirlo.

No me vanaglorio, con esta exposición, de poder alarmar a la opinión pública de los páises neutrales o enemigos. Esto no es mi intención ni mi propósito, porque me dirijo al pueblo alemán, no al mundo entero. Sé que la Prensa inglesa mañana me atacará con gran estrépito con la excusa de que, dados nuestros problemas en el frente este, he realizado los primeros sondeos con vistas a la paz. (Fuertes risas). De eso ni hablar. En Alemania, hoy nadie piensa en una compromiso cobarde, el pueblo entero sólo piensa en dura una guerra. Sin embargo, como portavoz responsable de la nación lider de este Continente, me permito el derecho de llamar a un peligro por su nombre, cuando amenaza no sólo a nuestro propia nación, sino a nuestro continente entero. Como nacionalsocialistas, tenemos la obligación de sonar la alarma contra el intento de la Judería Internacional de sumir en el caos al continente europeo, que se ha creado en el bolchevismo una potencia militar terrorista cuyo exacto peligro no se puede calcular.

La tercera tesis, que quiero explicar en detalle, es que el peligro es inmediato. La parálisis de las democracias europeas occidentales ante su más mortal enemigo es aterrador. La Judería Internacional lo alienta con todas sus fuerzas. De la misma manera que los periódicos judíos intentaron esconder la resistencia contra el comunismo en nuestra lucha por el poder en alemania, hasta que el Nacionalsocialismo despertó a la gente, lo mismo ocurre hoy en otras naciones. La Judería una vez más se revela como la encarnación del mal, como el demonio creador de la ruina, y como el portador de un caos internacional destructor de las culturas.

Sólo por mencionarlo, en este contexto, uno podrá entender también nuestras consistentes políticas hacia los judíos, incluso cuando los judíos pueden aún hacer intervenir a su vieja guardia de seguidores en Berlín. Vemos en la Judería una amenaza directa a todas las naciones. Como otras naciones se protegen contra este peligro nos da igual. Como nosotros nos protegemos contra ello es nuestro asunto, y no toleraremos protestas de nadie. El judaísmo tiene una apariencia infecciosa que es contagiosa. Si en el extranjero enemigo se protesta hipócritamente contra nuestra política antijudía, y se vierten enormes lágrimas de cocodrilo por nuestras medidas contra el judaísmo, esto no puede inpedirnos hacer lo que es necesario. Alemania, en cualquier caso, no tiene intención de someterse a este peligro judío, sino más bien, en el momento adecuado, y si es necesario, con las medidas más totales y radicales exterm- contrarrestarlo. (Después de estas palabras, el público enardecido impide al Ministro la continuación de su discurso durante algunos minutos).

En el centro de todas estas reflexiones está el reto militar para el Reich en el Este. La guerra de los robots mecánicos contra alemania y europa ha alcanzado su punto álgido. El pueblo alemán junto con sus aliados del Eje cumple una misión en el más puro sentido de la palabra, cuando se enfrenta con las armas a este inmediato y grave peligro para sus vidas. No cejaremos en esta valiente y justa continuación de esta gigante batalla contra esta peste mundial, a pesar del clamor de la Judería Internacional en todo el mundo. ¡Puede y debe sólo acabar en victoria! (Aquí se oyen gritos de: "¡Alemanes, a las armas! ¡Alemanas, al trabajo!" )

La batalla de Stalingrado se convirtió en su trágico desarrollo en un símbolo de esta resistencia heroica y varonil contra la revolución de la estepa; tuvo, por ello, para el pueblo alemán un significado no sólo militar sino también espiritual de efectos extraordinarios. Aqui por primera nuestros ojos se han abierto completamente a la verdadera problematica que surje de esta guerra. No queremos oir más de falsas esperanzas e ilusiones. Queremos enfrentarnos a los hechos de frente, por duros y crueles que éstos sean. Porque la historia de nuestro partido y de nuestro Estado ha demostrado que un peligro reconocido es un peligro medio vencido. Nuestras duras batallas futuras en del Este estarán marcadas por esta resistencia heroica. Requieren esfuerzos hasta ahora nunca conocidos por nuestros soldados y por nuestras armas en todas las campañas militares anteriores. En el Este ruge una guerra sin clemencia que el Führer caracterizó con exactitud al declarar que de ella no saldrán vencedores y vencidos, sino solamente supervivientes y muertos.

El pueblo alemán se ha dado cuenta exacta de ello. Con su sano instinto se ha abierto a su manera un camino a través del bosque de cotidianas dificultades intelectuales y espirituales. Hoy sabemos que la guerra relámpago de Polonia y toda la campaña del oeste no tienen sino un valor secundario en relación con la empresa que hemos de superar en nuestro frente oriental. Aquí, la nación alemana lucha por cuanto posee. Hemos llegado a reconocer en esta batalla que el pueblo alemán aquí tiene que defender sus bienes más sagrados, sus familias, sus mujeres y sus hijos, la belleza y pureza de sus paisajes, sus ciudades y sus pueblos, y la herencia dos veces milenaria de su cultura, en fin, todo lo que que hace que la vida merezca la pena.

Para todos estos tesoros de nuestro rico folclore no tiene el bolchevismo la menor comprensión, y tampoco tendría la menor consideración si se apropiase de ellos. No lo tiene ni siquiera hacia su propio pueblo. La Unión Soviética durante los últimos 25 años ha aumentado el potencial militar bolchevique hasta un nivel que no nos podíamos imaginar y que, por tanto, evaluamos incorrectamente. La Judería terrorista a puesto a su servicio a 200 millones de personas en Rusia, mezclando sus cínicos métodos y prácticas con la dureza inquebrantable del pueblo ruso, lo cual supone un peligro aún más grande para la civilización europea. En el Este un pueblo entero es obligado a guerrear. Hombres, mujeres e incluso niños son empleados a la fuerza no sólo en las empresas de armamentos, sino en la propia guerra. Nos enfrentamos a 200 millones que viven, o bien bajo el terror de la GPU, o bien cautivos de una cosmovisión diabólica, con una estupidez absoluta. Las masas de tanques que nuestro frente del este se encontró este invierno, son el resultado de 25 años de desgracia social y de miseria del pueblo bolchevique. Contra ellas debemos utilizar contramedidas apropiadas, si no queremos darnos por vencidos.

Tengo la firme convicción de que, a la larga, sólo podemos vencer al peligro bolchevique si nos enfrentamos a él, aunque no con los mismos métodos, sí con métodos equivalentes. La nación alemana se enfrenta a la mayor exigencia de la guerra, concretamente, encontrar la determinación para jugárselo todo para proteger todo lo que tiene, y para obtener todo lo que necesitá en el futuro. Ya no puede tratarse de mantener un alto nivel de vida a costa de debilitar nuestra capacidad defensiva en el Este; ahora se trata de incrementar ésta a costa de un alto nivel de vida que ya no estaría en armonía con el momento. Esto no significa que estemos imitando métodos bolcheviques. Usamos métodos diferentes antes en nuestra lucha contra el partido comunista que las que usamos contra los partidos de las clases medias. Nos enfrentabamos a un oponente al que había que tratar de manera diferente. Se valió del terror para luchar contra el movimiento nacionalsocialista. ¡El terror se contraresta no con argumentos intelectuales, sino más bien sólo con contraterror!

La amenaza intelectual del bolchevismo es bien conocida. En el extranjero no lo niegan. Pero nosotros y europa nos enfrentamos ahora a una amenaza militar directa que va más allá de la amenaza intelectual. Responder a ella con sólo argumentos intelectuales haría probablemente reir a los gobernantes en el Kremlin. No somos tan estúpidos o cortos de miras como para incluso intentar luchar contra el bolchevismo con métodos tan inadecuados. Tampoco estamos dispuestos, como dice el proverbio, a elegir a nuestro propio carnicero. Estamos decididos a defender nuestras vidas con toda nuestras fuerzas, sin importarnos si el resto del mundo ve la necesidad de esta batalla o no. !La guerra total es, por lo tanto, la orden de la hora presente.!

Hay que poner punto final a la mojigatería burguesa que en esta batalla de nuestro destino quiere vivir según la frase: ¡Lábame la piel, pero no me mojes! ( Cada frase del Ministro recibe mayores aplausos y aprobación). El peligro al que nos enfrentamos es enorme. Enormes deben ser también los esfuerzos con que le hacemos frente. ¡Ha llegado por tanto el momento de quitarse los guantes de seda! ¡Ahora debemos vendarnos los puños! ( Como un solo grito, estalla un estruendoso aplauso. Los cantos provenientes de la galería y de la platea dan testimonio de la plena aprobación del público)

Ya no se trata de utilizar el rico potencial de guerra en casa y en partes importantes de europa que están a nuestra disposición de manera parcial y superficial. Debemos emplear todas nuestras reservas, tan rápidamente e intensamente como es posible en cuanto a la organización y a la práctica. Las consideraciones innecesarias no vienen a cuento aquí. El porvenir de Europa depende de nuestra lucha en el Este. Estamos dispuestos a defenderla. La nación alemana ofrece su sangre preciosa en esta lucha. El resto de europa debería ofrecer por los menos su trabajo. Son muchas las voces serias en otros países que ya ven esta obligación imperativa. Otros todavía la niegan. Sin embargo, para nosotros eso no decide nada. Si el peligro existiera para ellos solos, uno podría juzgar sus omisiones como una absurdez literaria que no tienen ningún sentido. Pero el peligro existe para todos nosotros, por ello, debemos todos defendernos contra ello. Quien hoy en el resto de europa no comprenda todavía el significado de esta lucha, mañana nos agradecerá de rodillas que la hayamos tomado con valor y firmeza.

No nos importa que ahora diga el enemigo que las medidas que tomamos para organizar la guerra total son semejantes a las adoptadas por los bolcheviques. Afirman hipócritamente que esto significa que no hay necesidad de luchar contra el bolchevismo, pues nosotros mismos somos bolcheviques. No interesan ahora los métodos que hayan de emplearse para derrotar al bolchevismo, sino solamente el objetivo; esto es, la eliminación del peligro. (Aplauso de un minuto). No se trata de si los métodos que usamos son buenos o malos, sino de si tienen éxito. En todo caso, como dirigentes nacionalsocialistas del pueblo, estamos dispuestos a todo. Actuamos sin consideraciones a protestas de éste o aquél.

No estamos dispuesto a debilitar el potencial de guerra de alemania mediante medidas que mantienen un alto nivel de vida para cierta clase social, casi como en la paz, poniendo en peligro de esta manera nuestros esfuerzos para la guerra. Al contrario, renunciamos voluntariamente a una parte importante de ese nivel de vida, con el objeto de incrementar nuestro esfuerzo para la guerra tan rápidamente y tan intensamente como sea posible. Esto no es un fin en sí mismo, sino un medio para alcanzar un objetivo. Todavía mayor será el nivel de vida de nuestro pueblo tras la victoria. No necesitamos por ello imitar los métodos bolcheviques, porque poseemos un pueblo y dirigentes mejores, y con ello una gran ventaja. Pero como se ha demostrado, debemos hacer mucho más de lo que hasta ahora hemos hecho, para dar un giro decisivo a la guerra en el este a nuestro favor.

Por cierto, como innumerables cartas de la patria y comunicados del frente han mostrado, en todo el pueblo alemán impera una sola opinión. Todo alemán sabe que si esta guerra se perdiera, nos aniquilarían. Por ello, el pueblo con sus gobernantes están dispuestos, ahora más que nunca, a tomar las medidas más radicales. La amplia masa de los trabajadores de nuestro pueblo no recriminan al gobierno que es demasiado inconsiderado, sino, si acaso, que es demasiado considerado. Preguntad a cualquiera en alemania, y os dirá: ¡Lo más radical es suficientemente radical, y lo más total es suficientemente total para ganar la guerra!

Por ello, la conducción de la guerra total es un asunto de todo el pueblo alemán. Nadie tiene ningun derecho a ignorar sus demandas. Cuando proclamé la guerra total desde este lugar el 30 de enero, fuí recibido con un uracán de aprobación desde el público reunido a mi alrededor. Puedo constatar que las medidas de nuestros gobernantes están en concordancia perfecta con todo el pueblo alemán en la patria y en el frente. El pueblo está dispuesto a cargar con las cargas más pesadas, y está dispuesto a hacer cualquier sacrificio si, con ello, se sirve al gran objetivo de la victoria. (Intenso aplauso).

El supuesto necesario para llevar a cabo la guerra total es, naturalmente, que las cargas y dificultades de la misma se distribuyan equitativamente. (Sonora aprobación). No se debe tolerar que todo el peso de la guerra gravite sobre la mayor parte del pueblo, mientras un reducido sector procura eludir las cargas y responsabilidades del pueblo. Por eso, las medidas que hemos adoptado y las que en lo sucesivo adoptaremos estarán impregnadas del espíritu de justicia nacionalsocialista. No tenemos en consideración ni la clase social ni la profesión. Pobre y rico, superior o inferior deben compartir las cargas por igual. Todo el mundo debe cumplir con su obligación ante la nación en esta hora tan crítica de nuestro destino, si es necesario de manera obligada. Sabemos que al tomar aquellas medidas interpretamos la voluntad unánime de la nación. Preferimos emplear demasiada energía antes que poca para la obtención de la victoria. Nunca jamás en la historia de los pueblos se perdió una guerra porque los gobernantes tenían demasiados soldados y armas. Muchas, sin embargo, se perdieron porque ocurrió lo contrario.

Ya he dicho en público que la tarea crítica del momento es ofrecer al Führer, a través de las medidas que tomamos en casa, reservas operativas que necesitará, ¡para las tan deseadas ofensivas de la próxima primaveva y verano! ¡Cuanto más damos al Führer, más mortal será el golpe! Ya no es apropiado soñar con la paz - El pueblo alemán sólo debe pensar en la guerra. Esto no prolongará la guerra, pero, más bien, la acortará: la guerra más total y más radical es también la más corta.

Es necesario que en el Este recobremos la iniciativa y para ello es indispensable que movilicemos las fuerzas indispensables, existentes aún en grandes proporciones en el país. Debemos movilizarlas, y no sólo de una manera organizada y burocrática, sino que debemos también improvisar. ¡Seguir los canales burocráticos lleva mucho tiempo! ¡Pero la hora apremia y la rapidez es un imperativo! En la temprana lucha del movimiento nacionalsocialista contra el Estado democrático no siempre seguimos un plan exacto. A menudo vivíamos al día, siguiendo una estrategia política de improvisación. Una vez más debe ser así. ¡Es hora de poner a trabajar a los gandules! (Frenética aprobación). Hay que sacarlos de su cómoda tranquilidad. No podemos esperar a que se den cuentan ellos mismos, y que quizás sea entonces demasiado tarde. Tiene que ser como si una alarma sonara por toda la nación. Millones de brazos deben ponerse a trabajar a lo largo de la nación.

Las medidas que hemos tomado, y las que están todavía por tomar, y de las que hablaré más adelante en este discurso, son críticas para toda nuestra vida pública y privada. Los sacrificios que el ciudadano de a pie tiene que hacer son pesados a veces; pero son pocos comparados con los sacrificios que él tendría que hacer si se negara a ello, y con ello se abatiera sobre nuestro pueblo la mayor desgracia nacional.
Es mejor hacer un corte a tiempo, que esperar a dejar que la enfermedad agarre. Uno no debe quejarse al cirujano que hace el corte, o denunciarlo por lesiones físicas.
Él no corta para matar, sino para salvar la vida del paciente.

De nuevo tengo que acentuar aquí que, cuanto más grandes son los sacrificios que el pueblo alemán tiene que hacer, tanto más urgente debe ser la exigencia de que sean repartidos de manera justa. El pueblo quiere eso también. Nadie se opone a las cargas más pesadas de la guerra. Pero, debe molestar a la gente cuando algunos siempre intentan escaquearse. El gobierno nacionalsocialista tiene la obligación moral, pero también política, de oponerse firmemente a tales tentativas, y si hace falta, con castigos draconianos. (Aprobación) La indulgencia aquí está fuera de lugar, y llevaría con el tiempo a una confusión en las emociones y opiniones del pueblo, lo cual pondría en peligro nuetra moral de guerra.

Por lo tanto, nos vemos obligados a tomar una serie de medidas que no son esenciales, en sí, para el esfuerzo bélico, pero parecen necesarias para mantener la moral entre nosotros, y en el frente. La óptica de la guerra, es decir, como se ve la dirección de la guerra, es de importancia decisiva en este cuarto año de guerra. En vista de los sacrificios sobrehumanos que el frente realiza cada día, el frente tiene derecho a que ni una sola persona se crea con el derecho de eludir sus obligaciones en tiempo de guerra. Pero no sólo el frente lo pide, sino también la abrumadora parte decente de la patria. (Aplauso tempestuoso.) El trabajador tiene el derecho a esperar que, si él trabaja diez o doce o, a veces, catorce horas al día, un gandúl no racanee junto a él mientras considera a los otros como tontos o poco refinados. La patria tiene que permanecer pura e intacta en su totalidad. Nada debe enturbiar su imagen en tiempos de guerra.

Por ello se han tomado una serie de medidas que tienen en cuenta esta nueva óptica de la guerra. Por ejemplo, hemos ordenado el cierre de bares y locales nocturnos. No me puedo imaginar que haya hoy todavía gente que cumplan sus obligaciones de la guerra completamente mientras, al mismo tiempo, rondan por locales de diversión nocturnos. Debo deducir de ello, que no se toman seriamente sus obligaciones en tiempos de guerra. Hemos cerrado estos locales de diversión, porque empezaban a ofendernos y a disturbar la imagen de la guerra, y porque no representa al pueblo alemán. No tenemos nada en contra de estas diversiones. Después de la guerra no nos importará vivir según la frase: "Vivir y dejar vivir." Pero, durante la guerra, el lema debe ser "¡Luchar y dejar luchar!"

También los restaurantes de lujo, cuyos gastos no compensan el efecto obtenido, han sido cerrados. Puede ser que algún que otro, durante la guerra, piensa que el cuidado del estómago es una misión importante. No podemos prestarle ninguna atención. Si en el frente nuestras guerreras tropas, del soldado raso al general, comen de la cocina de campo, yo creo, que no es pedir mucho, si en nuetra patria obligamos a todos a tener en consideración las reglas más fundamentales de la convivencia. Ya tendremos tiempo de volver a ser gurmets después de la guerra. Hoy tenemos cosas más importantes que hacer que cuidar el estómago.

También innumerables tiendas de lujo han sido cerradas por el momento. A menudo ofendían a la gente. Generalmente no había a penas nada que comprar, a menos que en lugar de con dinero, uno pagara con mantequilla o con huevos. ¿De qué sirven las tiendas que ya no tienen nada que vender, excepto para gastar electricidad, calefacción y emplear mano de obra que nos hace tanta falta en otras partes, sobre todo, en la producción de armamento?

No es una excusa afirmar que mantener algunas de estas tiendas abiertas impresiona a los turistas. ¡ Al extranjero sólo le impresiona una victoria alemana! (Aprobación tempestuosa.) ¡Durante la lucha por el poder, éramos nazis pobres! Una vez que ganamos, todo el mundo quería nuestra amistad. Cuando hayamos ganado, todo el mundo querrá ser nuestro amigo. Si, sin embargo, perdiéramos, podríamos contar nuestros amigos con los dedos de una mano.

Por eso, hemos puesto fin a esas ilusiones equivocadas que empañan la imagen de la guerra. Proporcionaremos a aquellos que se encuentran sin hacer nada en las tiendas vacías, una actividad útil en la industria armamentística. Este proceso ya está en marcha, y estará completado para el 15 de marzo. Representa, sin duda, una gran transformación de toda nuestra vida económica. Se verán afectados cientos de miles de personas. No estamos actuando sin un plan, ni tampoco nerviosos. No queremos acusar a nadie injustamente, ni hacer reproches a diestra y siniestra. Sólo hacemos lo que es necesario. Pero lo estamos haciendo con rapidez e intensidad. Preferimos llevar ropa remendada durante unos años, a crear una situación el la que nuestro pueblo deba llevar andrajos durante varios siglos.

¿De qué sirven los salones de moda que gastan luz, calefacción y emplean trabajadores? Podrán reabrir después de la guerra, si tenemos tiempo y ganas para ello. ¿Para que queremos las instituciones de belleza, en las que se rinde culto a lo bello, y que requieren tiempo y mano de obra, lo cual para la paz está muy bien, pero que para la guerra es superfluo? Nuestras mujeres y muchachas no deben preocuparse, un día gustarán a los soldados victoriosos que vuelven a su patria, incluso sin las finas prendas`o el maquillaje de los tiempos de la paz. (Aplauso)
Última edición por fermat el Mié Dic 14, 2011 8:30 am, editado 3 veces en total.
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Discursos de la II Guerra Mundial

Mensajepor fermat » Dom Dic 11, 2011 11:11 pm

Discurso de Goebbels sobre la Guerra Total (2ª parte)

En las oficinas públicas, en el futuro, se trabajará más rápido y menos burocráticamente. No da buena impresión cuando se retiran los documentos y se cierra exactamente después de ocho horas de trabajo. El pueblo no está para servir a los funcionarios, sino los funcionarios están para servir al pueblo. Se trabaja hasta que el trabajo esté terminado. Es una exigencia de la guerra. Si el Führer puede hacerlo, también pueden hacerlo los empleados del Estado. Si no hay bastante trabajo para una jornada más larga, entonces, se transfiere el 10 ó 20 ó 30 por ciento de los trabajadores a la importante economía de guerra y se libera un número igual de hombres para el frente. ¡Eso es lo que tiene que hacerse!

Esto es válido para todas las oficinas de la patria, civil o militar. Quizás, así, el trabajo en las oficinas se hará con mayor rapidez y facilidad. Debemos aprender en la guerra a actuar no sólo a fondo, sino también con rapidez. El soldado en el frente no tiene semanas para pensar en una acción, para pasárselo a otro o dejarlo coger polvo en un archivo. Debe actuar con inmediatez porque, si no, pierde su vida. Si bien nosotros, en la patria, no perdemos nuestra propia vida por actuar lentamente, sin embargo, ponemos en peligro a la larga la vida de nuestro pueblo.

También las actividades inutiles, que no tienen nada que ver con la guerra deben ser detenidas. Las cosas bonitas y que merecen la pena en tiempo de paz pueden convertirse en ridículas, como poco, en tiempo de guerra. Por ejemplo, he oido que varias oficinas en Berlín se pasan semanas discutiendo si la palabra "acumulador" debería ser sustituida por la palabra "colector"; De ello han resultado gruesos informes. Me parece, y creo que el pueblo alemán está de acuerdo conmigo, que la gente que pasa su propio tiempo en tales tonterías durante la guerra no están bien empleadas, y sería mejor mandarlas a una fábrica de armas o al frente!

Aquellos que trabajan para el pueblo deben constantemente dar al pueblo con un buen ejemplo en todo lo que hacen. Las cuestiones triviales pueden, a veces, causar malestar público. Por ejemplo, es ofensivo que muchachos y muchachas cabalguen en el Tiergarten en Berlín a las nueve de la mañana. Podrían encontrarse con una trabajadora que regresara de un turno nocturno de diez horas, y que vuelve a casa a cuidar a cuatro o cinco hijos. La visión de un grupo de cabalgantes de paseo, como si estuviesen en tiempo de paz, sólo podría desanimar a esta excelente trabajadora.

Por ello, he prohibido la equitación en todas las calles y parques públicos de la capital del Reich mientras dure la guerra. Creo que, al hacer así, estoy teniendo en cuenta las demandas psicológicas de la guerra, y mostrando verdadero respeto por el frente. Un soldado de permiso en Berlín, por pocos días, del frente Este, por ejemplo, que vea tal cosa tendrá una impresión completamente equivocada de la capital del Reich. No verá las fábricas de armas, donde cientos de miles de personas respetables y trabajadoras trabajan doce, catorce, y a veces, dieciseis horas al día, sino, más bien, un club de equitación alegre e indolente. ¡Qué tipo de imagen de la patria se llevará de vuelta al frente!

Todo el mundo debe aprender a tomar en cuenta la moral de la guerra, y a prestar atención a las justas demandas de la gente que combate y trabaja. No somos aguafiestas, pero tampoco toleraremos a aquellos que obstaculizan nuestros esfuerzos.

Cuando, por ejemplo, ciertos hombres y mujeres están durante semanas en los balnearios para charlar, quitando el sitio a los soldados heridos, o a los trabajadores que tienen derecho a unas vacaciones después de uno o dos años de duro trabajo; eso es intolerable y ha sido eliminado. La guerra no es el tiempo adecuado para la gente de la fiesta. Nuestra alegría hasta el final es el trabajo y la lucha, en eso encontramos nuestra satisfacción interior profunda. A quien no lo entienda por sí solo se le debe enseñar a entenderlo, e incluso obligarlo si es necesario. En esto, sólo las medidas más drásticas sirven.

No causa una buena impresión, por ejemplo, si cuando con gran propaganda anunciamos el lema: "¡Las ruedas deben rodar para la victoria!", con el resultado de que la gente no emprende ningún viaje innecesario, para luego ver que los desempleados que viajan por placer encuentran más sitio en los trenes. El ferrocarril sirve para los transportes importantes de la guerra y los viajes de negocios necesarios para la guerra. Sólo tiene derecho a unas vacaciones, aquel que necesite descansar del duro trabajo . El Führer no se ha tomado un día de vacaciones desde el inicio de la guerra e incluso mucho antes. Si el principal hombre del Estado se toma su obligación tan en serio y tan responsablemente, entonces, eso debe ser, para cada ciudadano y ciudadana, una invitación silenciosa, pero clara, a comportarse de la misma manera.

El Gobierno, por su parte, hace, sin embargo, cuanto está en su mano para que en estos momentos difíciles no carezca el pueblo que trabaja de las necesarias posibilidades de recreo y esparcimiento. Los teatros, los cines y las salas de conciertos permanecerán en plena actividad. La radio está trabajando para ampliar y mejorar su programación. No tenemos ninguna intención de infligir en nuestro pueblo un estado de ánimo propio de un invierno gris. Aquello que sirve al pueblo, mantiene, fortifica y multiplica su energía para la lucha y el trabajo, es bueno y esencial para el esfuerzo bélico. Lo contrario debe ser suprimido. Por tanto, y como compensación de aquellas medidas de rigor que impone la guerra, yo, en cooperación con el camarada de partido Ley, he ordenado que los espectáculos y lugares donde el pueblo puede gozar unas horas de recreo no disminuyan, sino que aumenten.

Lo mismo se ha hecho con los centros e instalaciones deportivas.
El deporte no es hoy una cosa de círculos privilegiados, sino del pueblo entero. Las exenciones militares son totalmente insensatas en el campo deportivo. El deporte tiene la misión de incrementar la fuerza física con el claro fin de ponerlo en uso, al menos, en el momento de mayor necesidad del pueblo.

Todo eso lo quiere el frente también. Demanda con clamorosa unanimidad que el pueblo alemán en la patria se solidarice. No queremos oir más de actividades insignificantes para la guerra ni de pomposidades. No queremos perder más tiempo ni dinero en ello. No queremos oir más de largos questionarios ceremoniosos para cualquier tontería. No queremos perdernos en mil pequeñeces que eran quizás importantes en tiempos de paz, pero que no poseen ninguna importancia en tiempos de guerra.

Sabemos lo que tenemos que hacer. El pueblo alemán quiere una vida espartana para todos: para el de arriba y para el de abajo, y para el rico y para el pobre. De la misma manera que el Führer da ejemplo, todo el pueblo, en todos sus estratos, debe seguir su ejemplo. Cuando él sólo conoce trabajo y preocupaciones, no le queremos dejar a él sólo el trabajo y las preocupaciones, sino que nos encargamos de la parte de que le podemos aliviar.

Los tiempos que hoy vivimos tienen una extraordinaria semejanza, para todos los nacionalsocialistas auténticos, con el periodo de la lucha por el poder. Siempre hemos actuado de la misma manera. Siempre hemos estado con el pueblo en los buenos y en los malos momentos, y por eso el pueblo nos ha seguido a todas partes. Siempre hemos llevado todas las cargas junto al pueblo, y por eso, no nos parecieron pesadas, sino livianas. El pueblo quiere ser guiado. Nunca hubo en la historia un ejemplo en el que, en un momento crítico de la historia nacional, el pueblo no haya seguido a unos gobernantes valientes y decididos.

Quisiera, en este contexto, decir también unas palabras sobre algunas medidas prácticas de la guerra total que ya hemos tomado. El problema actual redúcese a lo siguiente: a obterner soldados para el frente, y obreros y obreras para las industrias de guerra. A estos dos objetivos deben supeditarse todas las demás necesidades, incluso a cuenta de nuestro nivel de vida durante la guerra. Esto no significa un declive definitivo de nuestro nivel de vida, sino que es válido sólo como medio para la obtención del objetivo, es decir: una victoria total.

En este contexto, cientos de miles de exenciones militares han sido revocadas. Hasta ahora estas exoneraciones eran necesarias porque no teníamos suficiente mano de obra experta que pudiera ocupar los puestos dejados libres al revocar las exoneraciones. La razón de las medidas tomadas y aún por tomar, es mobilizar los trabajadores necesarios. Por eso, dirigimos nuestro llamamiento a los hombres que no trabajan en la economía de guerra, y a las mujeres que hasta ahora no se han incorporado al trabajo. No querrán ignorar nuestro llamamiento, y no podrán hacerlo. La obligación de trabajar para las mujeres es amplia, lo cual no significa que sólo deben trabajar aquellas que están incluidas en la ley. Cualquiera es bienvenida, y cuantas más se pongan a la disposición del esfuerzo bélico, tantos más soldados podemos liberar para el frente, y más fuerte podrá golpear El Führer el próximo verano.
Afirman nuestos enemigos que la mujer alemana no está en situación de sustituir al hombre en la economía de guerra. Eso puede ser verdad para ciertos trabajos corporales pesados de nuestra fabricación de guerra. Además, yo estoy, sin embargo, convencido de que la mujer alemana está firmemente decidida a ocupar el puesto que el hombre deja vacante por marchar al frente, y a capacitarse perfectamente para reemplazarle en corto plazo. No necesitamos referirnos aquí al ejemplo bolchevique. También en la economía de guerra alemana millones de las mejores mujeres alemanas trabajan ya, con el mayor éxito, desde hace años, y esperan con impaciencia que sus filas aumenten y se completen con nuevas incorporaciones lo antes posible. Todas las mujeres que se ofrezcan voluntariamente para desempeñar estos puestos que quedarán libres, no harán, con su acción, sino cumplir un deber de gratitud para con el frente. Cientos de miles se han ofrecido ya, y otras tantas vendrán en breve. En nada de tiempo esperamos tener a disposición ejércitos de trabajadores que, a su vez, harán posible ejércitos de combatientes para el frente.

Tendría que equivocarme mucho con las mujeres alemanas, si yo pensara que no quisieran escuchar el llamamiento que aquí les hago. No se acogerán a la ley en su sentido estricto, ni intentarán escaquearse a través de algún resquicio legal. No me lo creo. No me lo puedo imaginar. Por cierto, las pocas que tuvieran esas intenciones, no lo conseguirían. No se aceptarán informes médicos para evitar el llamamiento al trabajo. También, la excusa de un trabajo que uno consigue con el marido o con el cuñado o con un buen conocido, para poder evitar el trabajo de manera desapercibida, será correspondida por nuestra parte con las contramedidas correspondientes. Los pocos que intenten tales planes, sólo conseguirán perder el respeto de la gente a su alrededor. No les olvidaremos; nos acordaremos de ellos cuando acabe la guerra. El pueblo les tributará el mayor desprecio.

Nadie pide que una mujer que no reune las condiciones físicas necesarias trabaje en la pesada producción de una fábrica de tanques. Hay, sin embargo, muchísimos trabajos en la producción de guerra que pueden hacerse sin un esfuerzo físico demasiado fuerte, y para los cuales, una mujer, aunque proceda de círculos privilegiados, puede tranquilamente ofrecerse. Nadie es demasiado bueno para ello, y sólo podemos elegir entre darlo todo, o perderlo todo.

Sería apropiado que las mujeres con servicio doméstico sometan también esta cuestión a examen. Uno puede perfectamente atender la casa y cuidar de los niños, y dejar libre a la criada, o bien dejar la casa y los niños al cuidado de la criada o de la NSV [Organización para el bienestar del partido], y ofrecerse para trabajar. Sin duda, la vida entonces no es tan agradable como en tiempos de paz; cuando papá llega a casa, mamá puede no tener la cena lista; Pero no vivimos en tiempos de paz, sino de guerra. Ya podremos ponernos cómodos cuando tengamos la victoria en las mano. Ahora tenemos que luchar por la victoria sacrificando ampliamente nuestra comodidad. Ahora debemos sacrificar la comodidad para alcanzar la victoria.

Sin duda las mujeres de los soldados lo entienden. Ellas considerarán como un deber supremo apoyar a sus maridos, fuera en el frente, al ponerse a disposición para un trabajo importante para la guerra. Esto concierne sobre todo a la agricultura. Las mujeres de los agricultores tienen que dar aquí un buen ejemplo. Vale para todos los hombres y mujeres la premisa de que no es apropiado que nadie haga incluso menos en tiempos de guerra que de paz. El trabajo tiene que ser aumentado en todos los sectores.
Por cierto, no se debe cometer el error de dejarle al gobierno todo lo que es ahora necesario. El gobierno sólo puede promulgar las leyes directrices. Dar vida y contenido a estas directrices, es una labor del pueblo trabajador; y debe ocurrir con el continueo estímulo de la dirección del Partido. Actuar con rapidez es esencial. Así que más allá de la obligación legal, el lema ahora es: "Voluntarios, ¡adelante!"

Hago un llamamiento aquí, especialmente como Gauleiter de Berlín, a mis vecinas berlinesas. Ellas ya han dado en el transcurso de esta guerra tantos nobles ejemplos de una actitud valiente ante la vida, que no se abochornarán ante este reto. Se han granjeado un buen nombre en el mundo entero gracias a su estilo de vida práctico, así como su buen humor incluso durante la guerra. Esta buena reputación debe ser mantenida y reforzada con una gran obra. Cuando apelo a mis conciudadanas berlinesas para ofrecerse para un trabajo importante para la guerra rápidamente, inmediatamente y sin muchas objeciones, yo sé que todas seguirán este llamamiento. Ahora no debemos quejarnos de las dificultades diarias, o ponernos malas caras; sino comportarnos no sólo como lo hacen los berlineses sino también los alemanes: poniendonos a trabajar, actuando, tomando la iniciativa, haciendo algo, y no dejando todo a los demás para que lo hagan ellos.

¿Qué mujer alemana se atrevería a no escuchar tal llamamiento en beneficio de los combatientes en el frente? ¿Quién querría ahora anteponer una comodidad personal a la llamada del deber nacional? ¿Quién querría, aún todavía, pensar en sus propias necesidades egoístas ante la gran amenaza a la que estamos expuestos, y no en las necesidades de la guerra que están por encima de todo?

Rechazo con desprecio la acusación que nos dirigen nuestros enemigos, según los cuales todo esto no es más que una imitación del bolchevismo. Nosotros no queremos imitar al bolchevismo, sino vencerle, como hicimos en nuestra lucha por el poder. La mujer alemana es la primera en comprender esto, porque hace ya tiempo que ha reconocido que la guerra que hoy sostienen nuestros hombres es, ante todo, una guerra por la salvación de sus hijos. Su posesión más sagrada es defendida en esta guerra con la valiosa sangre de nuestro pueblo. Con esta lucha de los hombres debe la mujer alemana proclamar su propia solidaridad.
Ella debe unirse, mejor hoy que pasado mañana, a los millones de trabajadores, para aumentar con su propia persona el ejército de la patria trabajadora. Debe atravesar el pueblo alemán como un río de buena disposición. Espero que ahora se presenten, en las oficinas de trabajo, innumerables mujeres y, sobre todo, también hombres que no hacían hasta ahora, todavía, ningún trabajo importante para la guerra. Quien da rápido, da el doble.

Al mismo tiempo se están realizando amplias fusiones, como ya ha informado la prensa con más detalle. Atañe, sobre todo, a la banca y a las aseguradoras, al fisco, a los periódicos y revistas que no son esenciales para la guerra; atañe a las empresas del Partido y de administración prescidibles para la guerra, pero todavía hace falta una mayor simplificación de la manera de vida de nuestro pueblo. Yo sé que, para ello, grandes partes de nuestro pueblo tiene que hacer grandes sacrificios. Comprendo estos sacrificios, y el gobierno procura limitarlos al mínimo. Pero, algo quedará y deberá soportarse. Después de la guerra, aquello que eliminamos, lo reconstruiremos más grande y más bonito que nunca y, para ello, el Estado prestara su mano amiga.

En esta relación, me opongo energicamente a la afirmación de que con nuestras medidas se pretende la eliminación de la clase media o una monopolización de la economía. Después de la guerra la clase media se reinstalará de inmediato en gran medida socialmente y económicamente. Las medidas actuales son exclusivamente medidas de emergencia para cubrir los objetivos y necesidades de la guerra. No pretenden una reestructuración de la economía, sino que tienen sólo como objeto ayudar a conseguir la victoria de forma tan rapida y total como sea posible.

No discuto que todavía tenemos por delante semanas angustiosas en lo que se refiere a la realización de las medidas que acabo de describir; pero nos darán un respiro. Estamos poniendo los cimientos para el próximo verano, y nos ponemos a trabajar sin prestar atención alguna a las amenazas y fanfarronadas del enemigo. Me alegra poder presentar este programa para la victoria al pueblo alemán que no sólo, de buena gana, hace suyas estas medidas, sino que las pide con incluso más apremio que durante el curso de la guerra. (Aplauso fragoroso). ¡El pueblo quiere que se actúe de forma rápida y radical! ¡Ya es la hora! Debemos aprovechar el momento para protegernos de futuras sorpresas. Me dirijo con este llamamiento a todo el pueblo alemán, especialmente, sin embargo, al Partido, como guía designada para la conducción interna de la guerra. No se encuentra por primera vez ante una misión tan gigante. Llevará a su fin esta misión con su característico brío revolucionario. Acabará lo antes posible con la inercia e indolencia que se muestren aquí y allá. El Estado ha promulgado sus leyes marco y promulgará más en los próximos días y semanas. Las trivialidades que no son atendidas en estas leyes marco, deben ser realizadas por el propio pueblo bajo el liderazgo del Partido. Por encima de todo lo que ahora emprendemos, es aplicable a todos el deber moral de no hacer nada que perjudique a la guerra, y hacer todo lo que ayude a la victoria.

Durante los últimos años nos hemos referido, a menudo, en nuestros periódicos y discursos al ejemplo de Federico el Grande. No teníamos ningún derecho a hacerlo. Federico II, durante la Tercera Guerra de Silesia, durante un tiempo, tuvo cinco millones de prusianos, según Schlieffen, frente a noventa millones de europeos; y en el segundo de siete años infernales, sufrió una derrota que sacudio Prusia hasta en los cimientos. Nunca tuvo suficientes soldados y armas, como para atacar sin gran riesgo. Su estrategia era siempre la de la improvisación. Pero, siguió el principio: atacar al enemigo allí donde se le presentara la oportunidad, allí donde se le apareciera. Que él sufriera derrotas, no fue lo que lo decidió todo. Lo que lo decidió todo fue, más bien, que el Gran Rey en todos los golpes del destino permaneció entero, que sobrellevó imperturbable la oscilante fortuna de la guerra, y que su fuerte corazón supero todos los peligros. Después de siete años, él, un anciano de cincuenta y un años, desdentado, enfermo de gota, y atormentado por mil dolores, quedó como vencedor en el devastado campo de batalla.

¿Con qué debemos compararnos a él? A lo sumo, igualarnos a él en la voluntad y la decisión, cuando lo pida el momento, como él, permanecer imperturbable en todos los cambios del destino, cómo él, conseguir la victoria incluso bajo las circunstancias más desfavorables, y nunca dudar de la gran causa que defendemos.
Estoy convencido de que la nación alemana ha sido iluminada por el trágico golpe de Stalingrado. Ha visto la cara trágica y despiadada de la guerra. Conoce ahora la verdad cruel y está dispuesto a seguir al Führer en los buenos y en los malos momentos. Tenemos valientes y leales aliados a nuestro lado.

(Entusiasmada se levanta la muchedumbre al unísono canto infinito de: "¡El Führer ordena, y nosotros le obedecemos! ¡Salud a nuestro Führer! Durante varios minutos, el Ministro no pude proseguir.)

El pueblo italiano..., bajo la dirección de su gran Duce, continuará a nuestro lado, recorriendo el camino hacia la victoria. La doctrina fascista lo ha preparado para las grandes pruebas del destino. Además, en el Asia Oriental, el valeroso pueblo japonés... asesta golpe tras golpe a las potencias anglosajonas. Así, pues, estas tres grandes potencias proseguirán con sus aliados la lucha contra la tiranía plutocrática y contra la amenaza bolchevique. ¿Qúe puede ocurrirnos si nos enfrentamos a las duras pruebas de la guerra con firme determinación? Nadie, entre nosotros, duda que la victoria será nuestra.

Mientras que en el frente del Este continúan nuestras tropas conteniendo en terribles batallas defensivas el ataque de la estepa, prosiguen nuestros submarinos su acción eficaz en todos los mares del mundo, y causan pérdidas al tonelaje enemigo que no pueden ser compensadas ni remotamente con las nuevas construcciones. ¡Y el próximo verano, el enemigo conocerá nuestra potencia ofensiva! El pueblo alemán está decidido a utilizar todas sus fuerzas para ofrecerle al Führer los recursos necesarios para realizarla. ¡Esa es la obligación de este momento!

Me estoy acercando al final. La Prensa inglesa y norteamericana se ocupa en estos días, extensamente, de la actitud del pueblo alemán. Como se sabe, los ingleses conocen al pueblo alemán mucho mejor que nosotros, sus propios gobernantes. Ellos nos dan hipócritamente consejos sobre que deberíamos hacer o no hacer; siempre con la idea equivocada de que el pueblo alemán de hoy es igual al pueblo alemán de noviembre de 1918 cuando se dejó seducir por sus ardides. No necesito mostrar las pruebas contra esta afirmación. Las pruebas las ofrece cada día el pueblo alemán, luchador y trabajador.

Para llegar a la pura verdad, camaradas alemanes y alemanas, quisera dirigiros una serie de preguntas que debéis responderme según vuestro mejor conocimiento y conciencia. Cuando el público me mostró espontáneamente su aprobación de mis peticiones del 30 de enero, la prensa inglesa, es decir, los judíos, afirmó al día siguiente que había sido un espectáculo propagandístico, y que no corresponde de ninguna manera con la verdadera opinión del pueblo alemán, que los judíos conocen mejor que nosotros. (Gritos espontáneos de disgusto: ¡Pfui! ¡Mentira! ¡Qué vengan aquí! ¡Se van a enterar de quienes somos!

Hoy he invitado a esta reunión a una muestra representativa de todo el pueblo alemán. Delante de mí están sentados filas de heridos del frente Este, con piernas y brazos amputados... (La enumeración del Ministro es recibida con una fragorosa aceptación que se manifiesta en un interminable aplauso y gran aprobación hacia los representantes del ejército presentes en el Palacio de los Deportes), con heridas de bala, que han perdido la vista, que han venido con las enfermeras de la Cruz Roja, hombres en su plena juventud que, ante sí, tienen sus muletas. Entre todos ellos, cuento cincuenta que han recibido la Hoja de Roble y la Cruz de Hierro; unos excelentes representantes de nuestro frente combativo. Detrás de ellos destata un grupo de trabajadores y trabajadores de las empresas de tanques en Berlín. Más atrás, se sientan hombres de la organización del Partido, soldados del guerrero ejército alemán, doctores, economistas, artistas, ingenieros y arquitectos, profesores, funcionarios y empleados de oficinas, una orgullosa representación de nuestra vida intelectual en todas sus capas, a quienes, justo ahora en la guerra, el Reich debe gran inventiva y genio humano. Repartidos por todo lo redondo del Palacio de los Deportes, veo miles de mujeres alemanas; la juventud está aquí representada y los ancianos. Ninguna clase social, ninguna profesión y ninguna edad quedó fuera de la invitación; bueno, ¡los judíos no están aquí representados! Por lo tanto, puedo decir con derecho y acertadamente: que delante de mí se encuentra una muestra representativa del pueblo alemán en el frente y en la patria. ¿Es verdad? ¿Sí o no?
( El Palacio de los Deportes experimenta, en el momento de esta pregunta, algo como, sólo en momemtos especiales de la vida nacional, ha vivido este viejo lugar de lucha del nacionalsocialismo. El público salta de sus asientos como electrizada. Miles de voces resuenan como un huracán por todo el Palacio de Deportes. Lo que experimentan los participantes de este mitin es un referendum popular y una expresión de la voluntad que no puede ser más espontáneo.)

Por lo tanto, vosotros, público mío, representáis en este momento a la nación; y, a vosotros, quisiera dirigir diez preguntas que vosotros me debéis responder, junto al pueblo alemán, ante el mundo entero, especialmente ante nuestros enemigos que también nos oyen por la radio. ¿Queréis?
( Sólo con dificultad el Ministro puede hacerse oir en las preguntas que siguen ahora. El público se encuentra en un estado de exaltación; las preguntas caen como cuchillos puntiagudos. Todos sienten como si se les preguntase personalmente. Con supremo interés y excitación responde el público a cada pregunta. El Palacio de los deportes resuena con un único grito de aprobación.)

Afirman los ingleses que el pueblo alemán ha perdido la fe en la victoria.

Yo os pregunto: ¿Creéis con el Führer y con nosotros en la victoria total y definitiva de las armas alemanas?

Yo os pregunto: ¿Estáis decididos a seguir al Führer en la lucha por la victoria, en los buenos y en los malos momentos, y no obstante las más duras pruebas personales a que séais sometidos?

Segunda: Aseguran los ingleses que el pueblo alemán está cansado de luchar.

Yo os pregunto: ¿Estáis dispuestos, junto al Führer como falange de la patria, apoyando al ejército combatiente, a continuar esta lucha con decisión inquebrantable, a través de todas las visicitudes del destino, hasta que la victoria esté en nuestras manos?

Tercera: Afirman los ingleses que el pueblo alemán ya no quiere aceptar las crecientes demandas de la guerra que de él exige el Gobierno.

Yo os pregunto: ¿Soldados, trabajadores y trabajadoras, estáis, y está el pueblo alemán decidido, si el Führer así lo ordenara, a trabajar diariamente diez, doce y si fuera preciso, catorce o hasta diez y seis horas, y darlo todo por la victoria?

Cuarta: Aseguran los ingleses que el pueblo alemán se defiende contra las medidas de guerra total del Gobierno; que no desea la guerra, sino la capitulación.

(Gritos de: ¡Nunca! ¡Nunca! ¡Nunca! )

Yo os pregunto: ¿Queréis vosotros la guerra total?

(Clamor: "Sí, sí, sí" - Aplausos)

¿ La deseáis, si fuera preciso, en forma aún más radical y total de lo que hoy nos podemos incluso imaginar?
(Clamor: "Sí" Aplausos)

Quinta: Sostienen los ingleses que el pueblo alemán ha perdido la fe en el Führer.

(Clamor: "¡Guerra, guerra, guerra!")

Yo os pregunto: ...

(La muchedumbre se levanta como un solo hombre. Demuestra un entusiasmo sin precedentes.
Miles de voces se unen y gritan: "¡El Führer ordena, nosotros le obedecemos!"
Una ola con un sólo clamor de "¡Sieg Heil!" fluye por el recinto.
Como si fuera una orden, las banderas y los estandartes ondean en lo alto como la más grande explosión de un momento en que la muchedumbre honra el Führer.)

Yo os pregunto: ¿Confiáis en el Führer? (El público clama: "¡Sí!")
¿Es vuestra confianza en el Führer más grande, más fiel e inquebrantable que nunca? ¿Es vuestra disposición a seguirle allá donde vaya, y a hacer todo lo que sea necesario para culminar la guerra en un final victorioso, una disposición absoluta e incondicional?

(Aplausos)

Yo os pregunto como la sexta: ¿Estáis dispuestos a, de ahora en adelante, contribuir con todas vuestras fuerzas para proporcionar al Frente, a nuestros padres y hermanos, los hombres y armas que necesite para derrotar al Bolchevismo? ¿Estáis preparados para éso?

Yo os pregunto como séptima: ¿Prometéis solemnemente al Frente que la patria le respaldará siempre con moral firme y que le dará todo lo que necesita para alcanzar la victoria?

Yo os pregunto como octava: ¿Queréis todos, y especialmente vosotras, las mujeres, que el Gobierno se encargue de que también la mujer alemana ofrezca su energía para la guerra, y que intervenga, sobre todo allí donde sea posible, para dejar disponibles hombres para el Frente, y así, ayudar a vuestros maridos en el Frente? ¿Queréis eso?

Yo os pregunto como novena: ¿Aprobáis, cuando sea necesario, la adopción de las más radicales medidas contra un pequeño grupo de reacios y especuladores que en medio de la guerra actúan como en tiempos de paz, y que pretenden aprovecharse en propio beneficio de las necesidades del pueblo? ¿Estáis conformes con que aquel que cometa un delito contra la guerra pierda la cabeza?

Yo os pregunto como décima y última: ¿Queréis, como el Programa del Partido nacionalsocialista propugna, que existan en la guerra los mismos derechos y las mismas obligaciones para todos, que la patria, solidariamente, cargue sobre sus hombros con las cargas más pesadas, y que las distribuya por igual entre los que están arriba y los que están abajo; entre los pobres y los ricos? ¿Queréis eso?

Os he preguntado; me habéis dado vuestras respuestas. Sóis parte del pueblo y por vuestra boca ha hablado y definido su actitud el pueblo alemán. Les habéis dicho a nuestros enemigos lo que deben saber para que no se hagan ilusiones o falsas ideas.

De esta manera, como en las primeras horas de nuestro gobierno y durante los diez años que siguieron, estamos firmemente unidos en hermandad con el pueblo alemán. El más poderoso aliado en la tierra, el pueblo mismo, nos respalda y está decidido a luchar, con el Führer, cueste lo que cueste, aceptando incluso los mayores sacrificios hasta alcanzar la victoria.

¿Qué potencia internacional podría ahora evitar que realicemos y cumplamos el objetivo que nos hemos puesto? Ahora lo conseguiremos, y debemos conseguirlo. Yo me encuentro ante vosotros no sólo como el portavoz del Gobierno, sino como el portavoz del pueblo. Alrededor mío, se sientan viejos amigos del Partido que ejercen altos cargos en la dirección del pueblo y del Estado. Junto a mí, está el camarada del Partido Speer, quien ha recibido del Führer la misión histórica de mobilizar la industria de armamento, y de proveer al frente todas las armas que necesite. Junto a mí, está el camarada Dr. Ley, quien ha recibido del Führer la misión de dirigir la mano de obra alemana, y adiestrarla e instruirla en su infatigable trabajo para cumplir con sus obligaciones frente a la guerra. Nos sentimos profundamente agradecidos al camarada Sauckel, que ha recibido del Führer la misión de traer al Reich innumerables centenares de miles de trabajadores para respaldar nuestra economía nacional, una cosa que el enemigo no puede hacer. Además, están con nosotros todos los jefes del Partido, del ejército y del Gobierno.

Todos nosotros, hijos del pueblo, ligados con el pueblo en el más solemne momento de nuestro destino histórico, os prometemos, prometemos al Frente, y prometemos al Führer que, en la patria, forjaremos una voluntad de hierro en la que el Führer y sus aguerridos soldados pueden en todo momento confiar ciegamente. Nos comprometemos, en nuestra vida y trabajo, a hacer todo lo necesario para la victoria. Queremos rellenar nuestros corazones con la anterior pasión histórica que siempre nos consumió, como un fuego imperecedero, en las grandes batallas del Partido y del Estado. No queremos, en esta guerra, caer presa del anterior falso e hipócrita objetivismo al que debe, nuestra nación alemana tanta desgracia en su historia.

Cuando esta guerra comenzó, sólo dirigimos nuestros ojos a nuestra nación. Lo que os sirve a vosotros y a vuestras vidas, es bueno, y debe ser mantenido y apoyado. Lo que os perjudica a vosotros y a vuestras vidas, es malo,y debe ser apartado y eliminado. Con el corazón encendido y la cabeza fría queremos tratar los grandes problemas de este momento de la guerra. Estamos en el camino de la victoria final; la victoria descansa en nuestra fe en el Führer.

En esta noche, otra vez, presento ante los ojos de la nación sus grandes obligaciones. El Führer espera de nosotros un rendimiento que empequeñezca todo lo que hasta ahora se ha hecho. Nosotros no queremos fallarle. De la misma manera que nosotros estamos orgullosos de él, él debe poder estarlo de nosotros.

En las grandes crisis y conmociones de la vida nacional, se demuestra quienes son los verdaderos hombres, y, también, las verdaderas mujeres. En esto, no se tiene el derecho de hablar del sexo débil, aquí ambos sexos demuestran la misma capacidad para la lucha, y fortaleza espiritual. La nación está preparada para todo. El Führer ha ordenado, nosotros le obedeceremos.

Si alguna vez hemos creido, leal e inquebrantablemente, en la victoria, es, entonces, en este momento de reflexión nacional y ánimo. La tenemos a mano, sólo tenemos que agarrarla. Debemos sólo sacar la fuerza de decisión, para subordinar todo lo demás a su servicio. Esa es la orden en este momento; y, por eso, la consigna a partir de ahora es: "Compatriotas, ¡levantáos y que se desate la tormenta!"

(Las palabras finales del Ministro de Propaganda se perdieron en el estruendo de aplausos y clamores interminables)
Nunca se hace el mal tan plena y alegremente como cuando se hace por motivos de conciencia (B. Pascal)

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Discursos de la II Guerra Mundial

Mensajepor mark » Mar Dic 13, 2011 1:59 pm

Aporte excepcional Fermat.

Lo cierto es que no lo había leído nunca en su conjunto, (ahora sólo he leído tu primea parte), sólo algún fragmento y es simplemente impresionante. Describe a la perfección lo que supuso en Alemania el punto de inflexión de la "guerra total" proclamada por Goebbels.

El discurso tiene una, para mí, curiosa sinceridad interesada respecto de la situación en el frente del este, y digo interesada porque esa sinceridad proviene de la necesidad de hacer entender al ciudadano alemán el motivo del sacrificio que se le iba a pedir, exigir, a partir de ese momento, en la declarada "guerra total". Por supuesto no carece de la hipocresía y demagogia habituales, y también me resulta interesante esa especie de llamamiento al mundo occidental sobre el peligro del bolchevismo. Es como si implícitamente reconociera dudas en cuanto a la victoria final de Alemania por sus propios medios en el este, e hiciera un intento sutil de encontrar colaboración en los enemigos anglosajones. De hecho reconoce que subestimaron el potencial militar soviético, algo que es totalmente cierto.

Y otra cosa que me ha llamado mucho la atención es esto:

fermat escribió:Alemania, en cualquier caso, no tiene intención de someterse a este peligro judío, sino más bien, en el momento adecuado, y si es necesario, con las medidas más totales y radicales exterm- contrarrestarlo. (Después de estas palabras, el público enardecido impide al Ministro la continuación de su discurso durante algunos minutos).


¿Realmente iba a decir "exterminarlo" y cambió la palabra?

Saludos.

(No olvides colocar la fuente)
"La tolerancia es un crimen cuando lo que se tolera es la maldad"
(Thomas Mann)


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