Espíritu de lucha japonés.

Cuestiones generales relativas a la Segunda Guerra Mundial

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tigre
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Espíritu de lucha japonés.

Mensaje por tigre » Sab Mar 09, 2019 8:09 pm

Hola a todos :-D; un interesante artículo que encontré por allí.........................................

Espíritu de lucha japonés.

Informes populares sobre el coraje extraordinario y auto sacrificio impávido, tan peculiar del japonés, han planteado la cuestión de cómo las tropas japonesas están impregnadas de un espíritu de lucha inusual. Del mismo modo, a menudo leemos acerca de suicidios heroicos cometidos por ciertos individuos inspirados en el fanatismo, en la devoción a ciertos ideales patrióticos. Dado que tales informes suelen ser magnificados por el énfasis dado a la naturaleza inusual de lo que se relaciona, es necesario tener cuidado de no exagerar ni menospreciar la influencia que el patrimonio patriótico japonés y la herencia religiosa ejercen sobre su entusiasmo en la batalla.

El acto de inculcar los ideales nipones, basados en sus enseñanzas filosóficas religiosas y patrióticas, ha tenido lugar en Japón durante siglos y está inevitablemente ligada a las condiciones sociales en evolución. Durante unos 200 años antes de 1854, se prohibió prácticamente toda relación con el mundo exterior. Durante este período el gobierno del Japón era de carácter militar. Había un emperador que no gobernaba por sí mismo, sino que estaba bajo el poder de individuos llamados Shogun, que en realidad gobernaban el país y cuyo cargo era hereditario. El primero de esa línea de Shoguns había alcanzado su alto cargo por la fuerza armada; Los sucesivos shogunes utilizaron la fuerza para mantener sus posiciones. El país estaba dividido en grandes dominios, cada uno de los cuales tenía su señor. Cada señor poseía un pequeño ejército de guerreros privados conocidos como Samurai, a quienes no se les permitía participar en negocios o casarse fuera de su clase. Más importante aún, los Samurai tenían que cumplir las órdenes de su señor en todas las circunstancias, incluso si eso significaba el sacrificio de la vida; el guerrero samurai no se atrevía a causarle a su señor ninguna vergüenza, si lo hacía, se espera que cometiera Seppuku o Hara-kiri, un suicidio ceremonial. El conjunto de reglas para la conducta de los samurai se conocía como Código Samurai, o Bushido, el camino del guerrero. El Código Samurai es la guía e inspiración de los oficiales, tanto docentes como estudiantes, en la Academia Militar Japonesa.

Un vecero japonés citó los fundamentos esenciales de la enseñanza espiritual dada a los oficiales y aspirantes a oficial: "Un oficial japonés se prepara para morir heroicamente. Para este propósito, debe adquirir desprecio por la vida, el dominio de su mente sobre las cosas materiales y habilidad para luchar bien ". Como una instrucción específica, el portavoz también citó:" Recordar que la protección del estado y el mantenimiento de su poder dependen de la fuerza de sus armas. Tener en cuenta que el deber es más pesado que una montaña, mientras que la muerte es más ligera que una pluma ".

Los estudiantes de la Academia Militar Japonesa van diariamente a un templo sintoísta en los terrenos de la Academia para renovar su juramento de lealtad a Su Majestad, a la Nación, y para orar para que la divinidad les brinde fuerza y valor para cumplir con sus deberes militares y morir gloriosamente. En nombre del Emperador, los japoneses rezan por el progreso nacional de las instituciones japonesas, por la prosperidad de sus familiares y amigos, pero nunca por ellos mismos ni por la liberación de sus propios problemas y sufrimientos. Se les enseña a ignorarse a sí mismos.

Fuente: Military Review. July 1942. Vol.XXII No. 85.

Saludos. Raúl M 8).
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José Luis
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Re: Espíritu de lucha japonés.

Mensaje por José Luis » Dom Mar 10, 2019 12:53 am

¡Hola a todos!

En realidad, el "espíritu de lucha" que gobernó a la mayoría de la oficialidad del Ejército Imperial de Hirohito no vino dado por el Código Samurai, sino por un movimiento revolucionario llamado Shishi. Hace ya un par de años concluí un breve artículo que no tuve oportunidad de incluir en algún hilo del foro y que tampoco creí demasiado pertinente, dada la temática de nuestro foro, para abrir un hilo, aunque el tema es realmente más que interesante (y complejo). Así que ahora aprovecho esta entrada del compañero Tigre para darle curso.

Japón había sido unificado en el año 1600 tras el final de una larga guerra (conocida como la Campaña de Sekigahara, 1598-1603) entre los diferentes daimyos o señores feudales del país, con el desenlace final de la Batalla de Sekigahara el 21 de octubre de 1600 y la victoria de Tokugawa Ieyasu. Tres años después, el emperador Go-Yōzei le concedería formalmente el título de Shogun que el propio Ieyasu se había previamente auto-otorgado, comenzando así el shogunato de la familia Tokugawa que permaneció gobernando Japón hasta el final del periodo Edo (1).

Bakufu fue el nombre por el que se conoció el régimen político del shogunato Tokugawa (2), una mezcla entre sistema feudal y central con el sello del emperador. El centro del sistema era la ciudad de Edo, donde estaba localizado el gobierno Tokugawa que tenía que coexistir con los numerosos señores feudales (daimyos) que gobernaban sus propios dominios, si bien obligados a conceder ciertas prerrogativas al gobierno central de Tokugawa en Edo. Éste gobernaba sobre una cuarta parte del país (grandes territorios de la región central de Japón y las estratégicamente importantes ciudades de Edo, Osaka, Kyoto y Nagasaki), y, con ciertas excepciones, ejercía el monopolio de las relaciones entre Japón y los países extranjeros. Finalmente, el shogun era responsable de mantener la paz en el país y someter los conflictos que surgieran entre los daimyos, que poseían una gran autonomía política pero no podían mantener relaciones entre sí sin la aprobación previa del Bakufu, ni entrar en Kyoto o acercarse al emperador. Estas limitaciones obedecían a la debilidad real del Bakufu Tokugawa, carente del poder militar y económico necesarios para dominar todo el país, y obligado, por tanto, a buscar una política de equilibrios entre el shogun y el daimyo, entre éstos y sus vasallos, entre los samuráis de mayor y menor rango, guerreros y plebeyos, campesinos y comerciantes (3).

A finales de la década de 1850, tras el fracaso del Bakufu Tokugawa de poner fin a las incursiones occidentales en Japón, comenzó a emerger un grupo de jóvenes samuráis, especialmente fuerte entre los de bajo y medio rango en Edo, caracterizado por su odio a los extranjeros y su desconfianza y rabia hacia el Bakufu. Pronto seguirían por el país otros grupos de samuráis similares, declarados criminales por el Bakufu. El 24 de marzo de 1860 un grupo de samuráis rebeldes asesinó al primer ministro (equivalencia del Tairo) Ii Naosuke, la primera gran operación del movimiento shishi.

La palabra japonesa shishi tiene sus raíces en la palabra china zhi-shi, término que en el pensamiento de Confucio (latinización de K'ung Fu-tze) vino a definir a los hombres rectos, de aspiraciones elevadas, que no sacrifican su humanidad para permanecer vivos, sino que, en determinadas ocasiones, sacrificarán su propia vida para defender su humanidad (4). Sin embargo, los japoneses durante el periodo Edo (5), cambiaron el sujeto "hombres" del término por el de "guerreros", de tal manera que los shishi japoneses eran los "guerreros de aspiraciones elevadas". Desde finales de la década de 1850, algunos intelectuales inconformistas comenzaron a utilizar el término shishi “en contextos explícitamente revolucionarios, elogiando a los samuráis que levantaban sus espadas contra el Bakufu y sus aliados”, y desde la década siguiente el entramado político shishi quedó reflejado en la expresión sonnō jōi, que venía a significar “venera al emperador y expulsa a los bárbaros”. En esta frase estaban las dos cláusulas que fundamentaban la oposición shishi al Bakufu, pues en su fracaso de expulsar a los bárbaros occidentales que habían contaminado el divino reino japonés, el shogun había descuidado su deber como protector del país, y al rechazar las órdenes del emperador -que se oponía a la incursión occidental-, los Tokugawa habían mostrado su irreverencia al trono. Algunos pensadores shishi fueron todavía más lejos y llegaron a declarar la ilegitimidad del shogunato, y que los shoguns desde el siglo XII al XIX eran de hecho usurpadores del poder imperial.

Los shishi eran samuráis predominantemente jóvenes, de bajo y medio rango que se resistían a un orden social que los condenaba a vivir en la pobreza y oscuridad, pero había muchos otros shishi que también eran auténticos idealistas que favorecían los intereses públicos en detrimento de sus propios intereses. Debido a la aparente irreflexión de muchas de sus acciones violentas -como cuando prendieron fuego a la Legación Británica en 1863 después de haber estado bebiendo abundantemente y cantando estrepitosamente durante horas-, se les aplicaron los términos kyō y gu (locura y estupidez, respectivamente) por su disposición a matar y ser matados sin detenerse a pensar en la razón del objetivo. Una locura que, por ejemplo, a punto estuvo de materializarse en 1862 cuando algunos miembros de un grupo shishi (un destacamento de Tosa, camino de Edo) quisieron destriparse para empujar a los demás hacia un mayor heroísmo, y sólo desistieron de su locura tras grandes discusiones. Ni que decir tiene que no todos los shishi eran locos, pero incluso los más pragmáticos sentían una veneración especial por el ideal de la locura y adoptaron el ideograma kyō (loco) en sus propios apodos. Esta admiración por la locura también descansaba en la tendencia shishi de juzgar las acciones propias en base a la pureza de los motivos y no en los resultados objetivos.

Las bandas shishi nunca estuvieron organizadas en un movimiento unido de ámbito nacional, y eran diferentes en su organización, aunque siempre mantuvieron contactos codificados entre sí y eran capaces de organizar rápidamente una operación conjunta. Tenían una jerarquía propia que no estaba basada en ninguna condición burocrática, formal o hereditaria, sino en el carisma, la dedicación y el valor militar. Quienes entraban a formar parte de una banda lo hacían voluntariamente, pero una vez dentro quedaban obligados por un juramento de sangre, y la deserción podía castigarse con la muerte. Este juramento se hacía ante los dioses, haciéndose una herida y mezclando la sangre brotada con vino para beberla inmediatamente, creando así un vínculo inseparable. Los shishi se llamaban entre sí dōshi (camaradas) para denotar igualdad en la lucha común, y se les suponía una lealtad feroz hasta la muerte.

Había dos tipos de bandas en base a su organización, las feudo y las mixtas. Las primeras estaban formadas por miembros, normalmente samuráis, que procedían fundamentalmente de un único feudo, cada feudo una banda. Los miembros de la segundas no eran exclusivamente samuráis, pues también podían entrar individuos de otras clases sociales. Aristócratas, plebeyos, geisha y sacerdotes trabajaban a menudo para los shishi como espías, soplones y financiadores. “Su transformación en bandas militarizadas, y finalmente en la alianza que derrocó al Bakufu, estuvo íntimamente relacionada al auge y caída del terror shishi en Edo, Yokohama y Kyoto”. Un terror que adquirió en el tenbatsu tenchū (castigo celestial), tal como los shishi definieron sus asesinatos, su aspecto más brutal. Los cuerpos o cabezas de las víctimas así asesinadas quedaban expuestos en espacios públicos con pancartas que describían sus crímenes y las razones del “castigo celestial”. Entre agosto de 1862 y julio de 1864 se produjeron en Kyoto un total de 70 asesinatos.

Tras una historia demasiado larga y compleja para resumir aquí -caracterizada por los asesinatos, la desunión de las bandas shisi en sus acciones contra el Bakufu, las respuestas del Bakufu y la intervención occidental- las bandas shishi consiguieron superar sus divisiones y formar una alianza interfeudal que finalmente derrocó al Bakufu Tokugawa durante lo que se vino a llamar la Restauración Meiji. El 3 de enero de 1868 los líderes de la nueva alianza dieron un golpe de estado tomando el Palacio Imperial. Sellaron las puertas e impidieron la entrada a todos los defensores del Bakufu. Con el joven emperador bajo su control, consiguieron dos edictos, uno que privaba al shogun de sus títulos, tierras y rangos de la corte, y otro que lo declaraba rebelde y enemigo de la corte. El shogun se retiró a Osaka y sus fuerzas terrestres fueron derrotadas en las batallas de Toba y Fushimi. Siguió una guerra civil, Edo cayó en manos de la alianza shisi a final de año, y los restos del ejército del Bakufu fueron derrotados en Okkaido en 1870.

Con la Restauración Meiji, el movimiento y las bandas shishi comenzaron a desaparecer. De ellos, quienes no se adaptaron al nuevo régimen, sirviéndolo o acatándolo, y osaron desafiarlo fueron perseguidos, apresados, juzgados y ejecutados. Pero el impacto y la influencia cultural que dejaron pervivieron en el futuro, convirtiéndose en héroes culturales y modelos de conducta para incontables intelectuales, organizaciones patrióticas, sociedades nacionalistas, gobiernos y, de forma crucial, grupos militares, prensa, comercio. Bajo la era Meiji, los nuevos rebeldes tuvieron objetivos ambiguos y controvertidos, por lo que les resultó fácil enganchar sus ideologías al movimiento shishi. Rebeliones y otros actos de insubordinación radical desde 1868 a 1936 fueron muy a menudo temerarios, impulsivos, sin planificar y mal coordinados, resultado directo de un proceso mimético. El movimiento shishi, tras su alianza interfeudal, fue el primer capítulo de la historia moderna de Japón. Muchos antiguos shishi se convirtieron en oficiales militares, y los líderes de esa alianza fueron los arquitectos del régimen Meiji y del moderno ejército japonés.

(1)William E. Deal, Handbook to Life in Medieval and Early Modern Japan (Oxford University Press, 2006), p. 12.

(2)Aunque la palabra Bakufu (de raíces chinas) es anterior al shogunato Tokugawa, y tuvo otro significado (la residencia del Taisho, más tarde del Shogun). Véase Jeffrey P. Mass, "What Can We Not Know about the Kamakura Bakufu?", en Jeffrey P. Mass y William B. Hauser (Eds.), The Bakufu in Japanese History (Stanford, California: Stanford University Press, 1985), 13-30.

(3)Danny Orbach, Curse on this Country. The Rebellious Army of Imperial Japan (Cornell University Press, 2017), p. 11. En adelante la fuente de la información, salvo anotación en contra.

(4)Confucio, Analectas, 15:9

(5)Edo es el término aplicado a la época de los gobiernos de los shogun ("generales"), gobernadores militares de Japón entre 1603 y 1867, todos ellos de la familia Tokugawa. Edo también era el nombre de la ciudad donde residían los shoguns Tokugawa. Tras la caída del último gobierno Tokugawa en 1867, la ciudad Edo pasó a llamarse Tokio, convirtiéndose en la capital de Japón. Véase http://www.forosegundaguerra.com/viewto ... =59&t=6422

Saludos cordiales
JL
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Re: Espíritu de lucha japonés.

Mensaje por tigre » Sab Mar 16, 2019 5:56 pm

Hola a todos :-D; muy interesante complemento JL y sigue aportando para ilustrar el hilo :wink:. Algo más...

Espíritu de lucha japonés.

Aunque la educación espiritual es básicamente la misma para todos los oficiales japoneses, otra educación, complementada por herencias filosóficas específicas, divide a los oficiales en tres clases. El cuerpo de élite incluye a los oficiales regulares que están bien educados y en línea para los puestos más altos. Esta clase es la menos numerosa. Otra clase incluye a aquellos que han ascendido desde otros rangos y no deben esperar ascender a las posiciones más altas. Otra clase incluye a los oficiales de reserva seleccionados de los reclutas de Clase I y se les da la capacitación adecuada. Con pocas excepciones, los oficiales del ejército japonés no son hombres ampliamente educados, sino que son educados intensamente en la tradición espiritual japonesa y en una o más ramas del servicio militar. Por regla general, su preparación intelectual los limita a la categoría de educación estrecha. Por otro lado, los oficiales navales japoneses generalmente están muy bien educados porque deben estar calificados para entender la ingeniería y las tácticas navales modernas que a menudo se adquieren mediante la asociación con personas bien educadas de otras naciones.

Esta diferencia en la educación de los líderes del ejército y de la marina no solo explica algunos de los serios desacuerdos que han surgido entre el ejército japonés y su armada, sino que también nos proporciona una base para predecir el esfuerzo militar que podemos esperar de los dos grupos, podemos esperar que el ejército japonés persiga con fanatismo el cumplimiento de cualquier tarea asignada, sacrificando despiadadamente vidas; y dado que hay poco espacio en sus instrucciones para la guerra defensiva, podemos esperar que las fuerzas terrestres japonesas ejecuten tácticas defensivas con menos habilidad que un occidental bien entrenado o un ejército occidental. Es concebible que un ejército japonés, una vez puesto a la defensiva, pueda ser un ejército derrotado. Por otra parte, se puede esperar que la marina japonesa use discreción en todos los esfuerzos y haga un seguimiento eficiente de las ventajas obtenidas. Los líderes navales pueden tener ardor de combate, pero también se puede esperar que posean un juicio modificador.

En relación con el espíritu de lucha, se pueden hacer algunas comparaciones entre los oficiales japoneses y los oficiales de los ejércitos occidentales. Como regla general, los oficiales japoneses, especialmente del ejército, están menos entrenados técnicamente que los oficiales occidentales, pero esta deficiencia está compuesta en parte por el ardor inusual de los japoneses. Sin embargo, este ardor extremo podría resultar una debilidad en la guerra europea; mientras que a menudo ha sido satisfactorio en la guerra del Lejano Oriente. El oficial japonés es ordinariamente un líder magnífico de hombres; Su debilidad consiste en no ser maestro de combate; Él va a la batalla en lugar de conducirla. A menudo ignora las pérdidas; Su valor y concepción del honor están más inspirados por una pasión guerrera que por una comprensión realista del oficio de las armas. Esta debilidad no es tan frecuente entre los oficiales occidentales.

Con su énfasis en la valentía, el coraje y la expiación por sus errores y desgracias, los oficiales japoneses, así como algunos japoneses no militares, a veces voluntariamente cometen Seppuku o Hara-Kiri (*), una forma de suicidio heroico perpetrado como parte de una formal Ceremonia en el caso de personas de alto rango. (En el caso de otros, la ceremonia de asistencia puede faltar o ser muy reducida). El director hace preparativos dignos para la ceremonia, cuyo procedimiento varía ligeramente según la naturaleza de la ofensa, el rango del individuo y otras circunstancias. Un procedimiento típico es el siguiente: a unas tres o cuatro pulgadas del suelo, se construye una pequeña tarima en la sala señorial del director, en un templo o cuando las condiciones lo requieran, en algún otro lugar. Sobre esta tarima se coloca una alfombra de fieltro rojo. El director, vestido con su traje de ceremonia y acompañado por un amigo, toma su lugar en la alfombra alrededor de la cual sus amigos y varios funcionarios se organizan en un semicírculo. Luego se le entrega una daga con muchas reverencias, y él hace una confesión pública de sus errores o desgracias. Un momento después, clava la daga en su estómago debajo de la cintura en el lado izquierdo y la empuja lentamente hacia la derecha y, girándola, le da un ligero corte hacia arriba, y luego cae sobre su cara. En este momento, su amigo, agazapado a su altura, se levanta de un salto y lo decapita con una gran espada. Este método de muerte es alabado y glorificado por el ejército militar como el más honorable para la expiación por fracaso o desgracia.

(*) Las razones que podían empujar a un individuo a cometer el seppuku (término más correcto que el vulgar “hara-kiri“) eran muy diversas. Podía ser un modo de aplicar la pena capital a un reo, una alternativa para salvar el honor ante una derrota, o incluso una forma de protesta.

Fuente: Military Review. July 1942. Vol.XXII No. 85.

Saludos. Raúl M 8).
Irse a pique, antes que arriar el pabellón. Alte G. Brown.

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