Efectividad Militar

Cuestiones generales relativas a la Segunda Guerra Mundial

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José Luis
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Efectividad Militar

Mensajepor José Luis » Vie Nov 07, 2014 9:45 am

¡Hola a todos!

Eriol escribió:Hola Jose Luis!

No quiero desviar el debate pero me he quedado un poco desconcertado con la definición de "eficacia militar" que das. Sólo haré una pregunta ¿dentro del termino del que hablamos se tienen que meter los recursos humanos e industriales de una nación? Es que yo ,por eficacia militar, entiendo lo bien que lo hace un ejército contra otro no cuantos recursos estrátegicos tiene detrás ese ejército. Vamos, que me parece un poco raro meter dentro de eficacia militar cuantos tanques pueden producir una nación, por que eso tiene poco que ver con el ejército en si ¿no?

Creo que , para no desviar el tema original, podríamos crear un tema aparte por que me parece algo debatible.

Saludos


La cita de Eriol procede de una pequeña deriva que iniciamos en las últimas intervenciones en el hilo “Debate histórico sobre Normandía”: viewtopic.php?f=4&t=18834

He decidido recoger la sugerencia del compañero y abrir un hilo sobre “efectividad militar”. Creo que es un tema importante, por no decir crucial, para aproximarse al estudio de la historia de la IIGM, en nuestro caso, con un conocimiento más amplio y riguroso de lo que puede entenderse por efectividad militar. Ahora bien, hay tantas definiciones de efectividad militar como las aproximaciones desde las que se parta. Para una introducción y definición de la efectividad militar, voy a escoger un texto que considero acertado y que es obra de los profesores eméritos Williamson Murray (Universidad Estatal de Ohio), Allan Millett (Universidad de Nueva Orleáns y Universidad Estatal de Ohui), y Kenneth H. Watman (Agencia de la Dirección de Emergencia Federal). El texto pertenece al primer capítulo (The Effectiveness of Military Organizations) del libro editado por Millet y Murray, Military Effectiveness. Volume 1: The First World War (Cambridge Universiy Press, 2010). El libro es una nueva edición del publicado originalmente en 1988 por Unwin Hyman. Lo que voy a traducir está en las páginas 1-3 del capítulo señalado.

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(...) A pesar de una considerable literatura sobre eficiencia organizativa, la efectividad militar sigue siendo un concepto mal definido. Para algunos analistas civiles y militares, la efectividad está ligada a la estructura social de las organizaciones militares. La aproximación sociológica se centra en factores tales como la cohesión de unidad, solidaridad de grupo, liderazgo de pequeñas unidades, y Kameradschaft. Una investigación similar pretende vincular la efectividad con factores no materiales como espíritu, resistencia y voluntad de luchar. Fuera del foco de las pequeñas unidades, el foco sociológico -independientemente de si la metodología es cuantitativa o descriptiva- puede proporcionar perspectivas especiales dentro del desempeño probable de organizaciones militares a gran escala, toda vez que se centra en tales problemas, como los aspectos normativos de oficialidad, reclutamiento, socialización militar, actitudes morales y políticas, y capacidad de entrenamiento de las tropas.

La aproximación operacional subraya la importancia de doctrinas y sistemas tácticos y su utilización adecuada en el campo de batalla. Por implicación, este concepto es sensible también a temas como entrenamiento y liderazgo, pero presta especial atención a la utilización de armas. El análisis puede derivar de varios tipos de juegos de guerra, un puntal de la educación militar durante casi doscientos años, o de ejercicios de campaña. También puede desarrollarse desde la experiencia de combate, extraída de entrevistas post-combate, o analizadas en la reconstrucción cuantitativa de una serie de combates. El análisis operacional presta atención especial al entorno físico en que ocurren los sucesos militares, y puede intentar incluso introducir tal rigor matemático que permita la predicción o al menos el establecimientos de resultados probables. La mayoría de las comparaciones de las fuerzas armadas modernas utilizan tales aproximaciones. Aunque el análisis operacional emplea técnicas cuantitativas para predecir los resultados de combates entre varias fuerzas, ha sido transformado también en otra variante, análisis de sistemas, que produce comparaciones de coste-beneficio de fuerzas funcionalmente similares con el objetivo de ayudar en la construcción de la teoría estratégica, el aclaramiento de la adquisición de armas, y la valoración de la eficiencia logística.

Aunque válidos, estos modelos de análisis sólo proporcionan respuestas parciales a la efectividad organizativa. La actividad militar es extraordinariamente heterogénea, y las medidas existentes de efectividad no logran capturar las plenas complejidades de las organizaciones militares y sus misiones. La actividad militar tiene dimensiones tanto verticales como horizontales. La dimensión vertical implica la preparación para la guerra y la conducción de la guerra en los niveles político, estratégico, operacional y táctico. Tomadas en su conjunto, estas categorías forman una jerarquía de acciones que las organizaciones militares deben coordinar desde los niveles políticos más altos hasta su ejecución táctica. La dimensión horizontal consiste en las numerosas, simultáneas e interdependientes tareas que las organizaciones militares deben ejecutar en cada nivel jerárquico con diferentes grados de intensidad para desempeñarse con competencia. Estas tareas incluyen la adquisición de personal, planificación, entrenamiento, logística, inteligencia, y adaptación técnica así como combate. Una definición adecuada de efectividad militar debe incluir todos estos aspectos de la actividad militar. De forma similar, la determinación de la efectividad militar general requiere valoraciones de alcance horizontal y vertical de las actividades militares. Además, una auténtica valoración de la efectividad debiera examinar los obstáculos probables ante la determinación de un cambio, así como las oportunidades de reforma. Sumar la efectividad estimada de cientos de pequeñas unidades no es lo mismo que evaluar el desempeño organizativo en su conjunto.

Definiciones y puntos generales

La efectividad militar es el proceso por el cual las fuerzas armadas convierten recursos en fuerza de combate. Una efectividad militar plena es la que extrae la máxima fuerza de combate de los recursos disponibles física y políticamente. La efectividad incorpora así cierta noción de eficiencia. La potencia de combate es la capacidad de destruir al enemigo al tiempo de limitar el daño que puede infligir como respuesta. La cantidad precisa de daño necesario depende de los objetivos de la guerra y de las características físicas de las fuerzas armadas comprometidas en su persecución. Los recursos representan la gama de activos importantes para las organizaciones militares: recursos humanos y naturales, dinero, destreza técnica, base industrial, estructura gubernamental, características sociológicas, capital político, las cualidades intelectuales de los líderes militares, y la moral. Las restricciones bajo las que trabajan las organizaciones militares son naturales y políticas. Las restricciones naturales incluyen cosas tales como la geografía, los recursos naturales, el sistema económico, población, tiempo y clima. Las restricciones políticas se refieren a los objetivos políticos y diplomáticos nacionales, las actitudes populares hacia el ejército, las condiciones de combate, y la moral civil.

Obviamente, no es posible conseguir cálculos precisos de los efectos militares agregados de elementos tan dispares. Pero es esencial alcanzar un juicio sobre las posibilidades abiertas a una organización militar particular en una situación dada. Sólo entonces se puede comparar las fuerzas armadas nacionales, poseyendo características enormemente diferentes, problemas y enemigos, de una manera que pueda explicar su relativa efectividad.

Existe cierta relación entre la efectividad militar y la victoria. Sin embargo, si la “victoria” fuera el único criterio de la efectividad se podría concluir que los rusos fueron más eficaces que los finlandeses en la “Guerra de Invierno” de 1939-40 y que los alemanes en la guerra de 1941-45. No obstante, un examen detallado de esas luchas sugiere que esto simplemente no fue así. Más bien los finlandeses y alemanes funcionaron más efectivamente en el nivel operacional con limitados recursos que el que lo hicieron sus oponentes. La victoria es un resultado de la batalla; no es lo que una organización militar hace en la batalla. La victoria no es una característica de una organización, sino el resultado de la actividad organizativa. Los juicios sobre efectividad deberían conservar cierto sentido de coste proporcional y proceso organizativo.

La actividad militar tiene lugar en cuatro niveles diferentes: político, estratégico, operacional y táctico. Cada categoría traslapa a las otras, pero cada una viene caracterizada por diferentes acciones, procedimientos y objetivos. Por tanto, se debe valorar la efectividad militar separadamente a cada nivel de actividad. Es dudoso que cualquier organización militar sea completamente eficaz en los cuatros niveles simultáneamente. No cabe duda que esto deriva de las limitaciones humanas, pero también refleja el hecho de que los requisitos para la efectividad en un nivel pueden entrar en conflicto con los de otro. Por ejemplo, las fuerzas militares americanas en Vietnam del Sur podrían haber incrementado su efectividad en el nivel táctico con una mayor voluntad de enfrentarse al enemigo en vez de confiar tanto en la potencia de fuego indirecto. Sin embargo, el precio habría sido probablemente bajas más altas y por tanto una efectividad política reducida. Cuando ocurren tales conflictos, la organización puede tener que hacer elecciones deliberadas para disminuir la efectividad en un nivel para mejorar la efectividad en otros.

Las características básicas de la efectividad militar no se pueden medir con precisión. En cambio, cualquier examen debe descansar en indicadores concretos de efectividad en los niveles político, estratégico, operacional y táctico.
>>>

Bien, creo que esto es suficiente para una exposición del tema. Para quien esté interesado en esta obra, diré que los autores siguen dedicando las siguientes páginas del capítulo a describir los cuatro niveles de la efectividad militar que han referido. Luego, una serie de autores de reconocido prestigio dedican, cada uno, un capítulo a examinar la efectividad militar (siempre bajo el marco de referencia establecido en el capítulo 1, es decir, una introducción breve, y luego los cuatro niveles de la efectividad militar) de siete países que combatieron la IGM (Gran Bretaña, Alemania, Estados Unidos, Italia, Francia, Japón y la Rusia Imperial), que es el periodo comprendido en este primer volumen. Hay dos volúmenes más: el II dedicado al periodo de entreguerras, y el III dedicado a la IIGM. En todos ellos se sigue el mismo marco de referencia.

Hay otros autores que han escrito, mucho o poco, sobre la efectividad militar. Por ejemplo, Roger R. Reese (Why Stalin's Soldiers Fought...), Roger Beaumont y William P. Snyder, Sam Sarkesian, H. Wayne Moyer, etc. Yo sólo leí a Reese, cuyas referencias sobre el tema me llevaron a leer la obra citada editada por Millett y Murray, y a consultar las obras referidas de los otros tres autores que he citado. Quiero significar con ello, que la exposición que acabo de realizar sobre el tema, al traducir el texto de Millett-Murray-Watman, no agota la exposición que se puede hacer sobre efectividad militar ni implica que se tenga que estar necesariamente de acuerdo con todo lo expuesto por dichos autores. Cualquier otra exposición acreditada y/o crítica argumentada será bienvenida.

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Re: Efectividad Militar

Mensajepor Chepicoro » Vie Nov 07, 2014 12:59 pm

Ohh dios mio otra lectura interesante, gracias por el aporte José Luis, aunque tardaré en poder leer los libros que mencionas, solo mencionaré que cuenta con la colaboración de Paul Kennedy, autor de Auge y Caída de las Grandes Potencias, libro que disfrute mucho y que en Military Effectiveness es el historiador encargado de dar seguimiento a Gran Bretaña.


Para algunos analistas civiles y militares, la efectividad está ligada a la estructura social de las organizaciones militares. La aproximación sociológica se centra en factores tales como la cohesión de unidad, solidaridad de grupo, liderazgo de pequeñas unidades, y Kameradschaft. Una investigación similar pretende vincular la efectividad con factores no materiales como espíritu, resistencia y voluntad de luchar. Fuera del foco de las pequeñas unidades, el foco sociológico -independientemente de si la metodología es cuantitativa o descriptiva- puede proporcionar perspectivas especiales dentro del desempeño probable de organizaciones militares a gran escala, toda vez que se centra en tales problemas, como los aspectos normativos de oficialidad, reclutamiento, socialización militar, actitudes morales y políticas, y capacidad de entrenamiento de las tropas.


Este es el enfoque que toma Martin van Creveld en su libro "Fighting Power: German and United States Army Performance, 1939-45", donde hace comparaciones entre ambos ejércitos, desde el sistema de reemplazos, los servicios médicos o la política de condecoraciones hasta el uso de la propaganda. Espero ir aportando al respecto durante la semana.

Finalmente quiero resaltar esta parte de tu traducción.

Existe cierta relación entre la efectividad militar y la victoria. Sin embargo, si la “victoria” fuera el único criterio de la efectividad se podría concluir que los rusos fueron más eficaces que los finlandeses en la “Guerra de Invierno” de 1939-40 y que los alemanes en la guerra de 1941-45. No obstante, un examen detallado de esas luchas sugiere que esto simplemente no fue así. Más bien los finlandeses y alemanes funcionaron más efectivamente en el nivel operacional con limitados recursos que el que lo hicieron sus oponentes. La victoria es un resultado de la batalla; no es lo que una organización militar hace en la batalla. La victoria no es una característica de una organización, sino el resultado de la actividad organizativa. Los juicios sobre efectividad deberían conservar cierto sentido de coste proporcional y proceso organizativo.


Creo que expresa mejor lo que yo intentaba decir en el otro hilo.
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Re: Efectividad Militar

Mensajepor José Luis » Sab Nov 08, 2014 7:47 am

¡Hola a todos!

Chepicoro escribió:
...solo mencionaré que cuenta con la colaboración de Paul Kennedy, autor de Auge y Caída de las Grandes Potencias, libro que disfrute mucho y que en Military Effectiveness es el historiador encargado de dar seguimiento a Gran Bretaña.


Paul Kennedy sólo escribe en el primer volumen, Chepicoro. En el segundo, periodo de entreguerras, la parte británica corre a cargo de Brian Bond y Williamson Murray,y en el tercero, IIGM, a cargo de Murray.

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Re: Efectividad Militar

Mensajepor José Luis » Sab Nov 08, 2014 8:25 pm

¡Hola a todos!

Creo que para completar la introducción que han hecho sobre este tema los autores ya citados, será conveniente ver qué dicen sobre los cuatro niveles descritos sobre la efectividad de una organización militar: político, estratégico, operacional y táctico. Sin embargo, esta vez no voy a traducir todo como he hecho antes (pues son bastantes páginas para traducirlas enteras); simplemente resumiré los pasajes que considero más importantes desde el punto de vista conceptual.

Efectividad Política

Para que una organización militar actúe estratégica, operacional y tácticamente, debe asegurar de forma sistemática los recursos requeridos para mantenerse, expandirse y reconstituirse. Como norma, ello requiere que el ejército consiga la cooperación de la élite política nacional. Así pues, el esfuerzo para conseguir los recursos para la actividad militar y la competencia en la obtención de los mismos constituyen la efectividad política. Los recursos consisten en un acceso seguro al apoyo financiero, una base militar-industrial suficiente, una suficiente cantidad y calidad de personal, y el control sobre la conversión de estos recursos en capacidades militares. El proceso para la obtención de recursos en las organizaciones militares modernas sigue un patrón general. Los líderes militares valoran los adversarios potenciales y calculan la variedad y nivel de la amenaza que plantean a la seguridad nacional. Sobre la base de estas conclusiones, presentan argumentos al liderazgo político para un reparto de recursos durante un cierto periodo de tiempo con la finalidad de poder hacer frente a las amenazas contra la seguridad nacional. Dependiendo del régimen político y las circunstancias, los departamentos militares se encontrarán con objeciones planteadas por departamentos civiles sobre la base de que son más cruciales otras necesidades para el bienestar nacional. En un sentido limitado, la efectividad política de una organización militar depende de su capacidad para articular sus necesidades de forma más persuasiva que las planteadas por sus competidores. Además de los competidores civiles, las fuerzas armadas, normalmente, también se verán en la necesidad de competir entre ellas mismas para la obtención de recursos escasos.

Aparte del apoyo presupuestario, los departamentos militares tienen que poder convertir el apoyo financiero en equipamiento, para lo que tienen dos caminos: la industria nacional o la importación del extranjero. Casi todas las organizaciones militares necesitan un poco de las dos vías, pero, como norma, las fuerzas armadas más avanzadas adquieren su equipamiento de fuentes de suministro interno. Sobre el grado en que las fuerzas armadas adquieran su equipamiento de fuentes internas, deben valorar las capacidades industriales, técnicas, de investigación y desarrollo de su nación, comunicar sus requerimientos, supervisar y controlar la producción de estos bienes, y probar los productos terminados.

El acceso al personal no sólo implica poder legal, sino también legitimidad moral y práctica. Por ejemplo, el ejército puede poseer el derecho legal del servicio militar obligatorio, pero la coacción sola puede no proporcionar el personal si la sociedad, o la élite dentro de ella, desea sortear la estructura legal. Para las organizaciones militares es de especial importancia la voluntad de cooperación y servicio de las clases medias y superiores educadas y preparadas. Sin su participación, las destrezas militares, especialmente en el cuerpo de oficiales, no pueden mantenerse a un nivel de competencia suficientemente alto. Por otra parte, la ausencia en el servicio militar de los segmentos más influyentes y políticamente activos de la sociedad, servirá para aislar y alienar al ejército de la nación que protege. La efectividad bajo esta medida requiere que la nación no estigmatice a sus fuerzas armadas.

Seguiremos en otro momento con la efectividad estratégica.

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Re: Efectividad Militar

Mensajepor José Luis » Dom Nov 09, 2014 8:53 am

Efectividad Estratégica

El nivel estratégico de la actividad militar se refiere al empleo de las fuerzas armadas nacionales para asegurar mediante la fuerza los objetivos nacionales definidos por el liderazgo político. La actividad estratégica consiste de planes especificando tiempo, geografía, misión y objetivos, y la ejecución de esos planes. Incluidos en la definición están el análisis y selección de objetivos estratégicos, y la conexión de estos objetivos con los objetivos nacionales mediante el mecanismo de planes de campaña o contingencia. Una campaña es una operación sostenida diseñada para derrotar a las fuerzas enemigas en un espacio y tiempo específicos con batallas simultáneas y secuenciales. Normalmente se necesitan varias campañas para conseguir los objetivos estratégicos. No se debe confundir esta actividad militar con el análisis y designación de los objetivos nacionales del liderazgo político. La derrota total de Alemania fue el objetivo político fundamental de los Estados Unidos en el Teatro Europeo; el bombardeo de la industria alemana representó una decisión estratégica concebida para asegurar ese objetivo. Sin embargo, las decisiones políticas y militares a estos niveles se traslapan y se hacen de forma iterativa; una concepción puramente linear de que los objetivos políticos conducen siempre a decisiones estratégicas es simplista. Sin duda, los objetivos políticos deben informar la estrategia, pero las alternativas estratégicas, enunciadas por los militares, pueden conformar simultáneamente estos objetivos.

La efectividad estratégica precisa de una consistencia entre los medios estratégicos y los fines políticos. Un desequilibrio entre medios y fines más allá de un riesgo prudente, significa inefectividad en el nivel estratégico. Un objetivo estratégico puede encajar con los objetivos políticos deseados y ser, sin embargo, imprudente si los riesgos y costes de un fracaso son suficientemente grandes. Por tanto, un análisis debe evaluar las probabilidades y consecuencias del fracaso de las alternativas estratégicas disponibles. Deben compararse luego con los beneficios del éxito y los costes de tolerar el status quo. El proceso de selección de los objetivos políticos nacionales y los objetivos estratégicos debiera ser interactivo. Los objetivos estratégicos escogidos en un vacío político carecen de significado. Los objetivos políticos escogidos sin relación a lo que es estratégicamente posible son vanos en el mejor de los casos, y catastróficos en el peor. Los militares deben comunicar efectivamente al liderazgo político lo que es posible militarmente, influenciando por tanto en la elección de los objetivos nacionales. Un ejército que desempeñe mal esta tarea es estratégicamente inefectivo.

Aunque una organización militar puede poseer un poder limitado sobre el encaje último entre decisiones estratégicas y objetivos nacionales, normalmente tiene más control sobre el alcance sobre el cual su estructura de fuerza es apropiada a sus usos anticipados. En consecuencia, el nivel de responsabilidad del ejército en esta área debiera ser alto. Por supuesto, el tamaño de la fuerza se refiere a números, estructura de la fuerza para la organización interna, y la composición de fuerzas.

La guerra ruso-alemana proporciona ejemplos importantes de inefectividad estratégica surgidos de una deficiente relación entre fuerzas disponibles y objetivos estratégicos. Incluso en 1941 las fuerzas alemanas eran indudablemente demasiado pequeñas, demasiado mal equipadas y muy deficientemente apoyadas para muchas de sus misiones estratégicas. Por encima de todo, carecían de una estructura logística eficaz para acomodar las distancias y la meteorología del teatro. Pocas formaciones de infantería estaban mecanizadas. La planificación estratégica fue descuidada y a menudo incompleta, y normalmente los alemanes se negaron a hacer frente a los problemas inherentes a la conquista de un país de dimensiones continentales. De forma similar, en 1942 la valoración de la Luftwaffe de su tamaño, estructura de fuerza, y la amenaza potencial fue tan fallida que su continuado énfasis en la producción de bombarderos y otras decisiones la llevaron a perder la superioridad aérea sobre los frentes Mediterráneo y Oriental a finales del verano de 1943, y sobre el resto de Europa en la primavera de 1944.

Se pueden contrastar estos casos con las fuerzas navales americanas en la preguerra del Pacífico. Tanto la marina como el cuerpo de marines anticiparon la naturaleza de la guerra anfibia y el requerimiento para la superioridad aérea naval con con considerable precisión en las décadas de 1920 y 1930. Aunque las cifras de fuerzas eran todavía bajas a finales de la década de 1930, especialmente en portaaviones y navegación anfibia, la estructura de la fuerza de las dos organizaciones era fundamentalmente sólida para las tareas estratégicas que afrontaron. Por tanto, la efectividad estratégica de estas dos organizaciones militares fue alta.

Es evidente que los objetivos estratégicos diferentes requieren organizaciones de apoyo y cimientos industriales diversos. Por ejemplo, la estrategia anglo-americana en la IIGM afrontó problemas logísticos enormes para hacer una guerra demasiado alejada de los centros de poder aliado, para combatir una campaña aérea para romper la potencia industrial alemana, y para montar y apoyar grandes esfuerzos anfibios en costas donde a los desembarcos aliados les aguardaban fuerzas bien atrincheradas y altamente motivadas. Una base técnica-industrial que no poseyera un enorme potencial productivo y que no tuviera acceso a grandes y seguras fuentes de materias primas rendiría la estrategia anglo-americana difícil, si no imposible de llevar a cabo. De igual forma, la estrategia anglo-americana que subrayó fuertemente el arma aérea, precisó una base de innovación tecnológica continua y la capacidad de traducir estos refinamientos en producción masiva. Además, demandó grandes números de personal de apoyo altamente cualificado para la gran infraestructura de bases, centros de mantenimiento y reparación, sistemas de transporte, e instalaciones de almacenamiento y distribución. Sin estas cosas, era impensable una sofisticada y efectiva campaña aérea estratégica, por muy bien que estuviera concebida en términos militares.

El caso alemán en la IIGM proporciona una interesante comparación. Como resultado de sus victorias en la primavera de 1940, los alemanes habían adquirido acceso virtualmente a toda la capacidad productiva de Europa. En términos de materias primas disponibles, los alemanes podían cubrir sus necesidades en cualquier área excepto en petróleo y una estrecha banda de metales especiales. Al mismo tiempo, el pensamiento estratégico alemán comenzó claramente a cambiar hacia los problemas que involucraban los grandiosos sueños del Führer de destruir a la Unión Soviética y lidiar con los Estados Unidos. Durante todo el periodo entre la caída de Francia y la apertura de operaciones militares masivas contra Rusia, los líderes alemanes subestimaron la capacidad de la industria soviética y el masivo potencial de los Estados Unidos para la movilización y producción industrial. En un sentido limitado, Hitler percibió las dimensiones del problema. En el verano de 1940 sugirió que la industria alemana incrementara el número de tanques producidos de cien a mil mensuales. Las autoridades de armamento y material del ejército persuadieron al Führer para no llevar a cabo esa decisión con el argumento de que semejante nivel de producción fatigaría excesivamente la economía alemana. En general, los militares alemanes se hacían eco de las opiniones de Göring acerca de que la industria americana sólo podía producir radios y refrigeradores, y compartían la optimista creencia de Hitler de que cuando se golpeara la puerta rusa todo el régimen colapsaría como un castillo de naipes. No fue hasta finales de 1941 o principios de 1942, con el desastre en Rusia y la declaración de guerra de Hitler a los Estados Unidos que los alemanes comenzaron a movilizar plenamente los recursos industriales y tecnológicos que tenían disponibles, un año y medio demasiado tarde, resultado directo de la incompetencia estratégica de los militares.

En cuanto a la guerra entre alianzas, la alianza del Eje entre Alemania e Italia no poseyó virtualmente ninguna de las características de un alianza seria. Mussolini caracterizó el esfuerzo de guerra italiano en 1940 como una “guerra paralela”. Los fracasos en coordinación, la carencia de una gran estrategia, y el arrogante desdén de estrategia de alianza conjunta culminaron en la mal considerada y desastrosa invasión italiana de Grecia en octubre de 1940. En un sentido real, la combinación de la Italia fascista y la Alemania nazi representó una alianza donde el conjunto fue menos que la suma de las partes.

El mejor ejemplo de una guerra de coalición estratégicamente efectiva es el comportamiento de las fuerzas militares británicas y americanas durante la IIGM. Las consultas y la coordinación activa comenzaron temprano en la guerra y antes de la beligerancia americana. Ambas partes negociaron objetivos estratégicos en una serie de conferencias en las cuales los más altos líderes políticos y militares y sus estados mayores se comunicaron con libertad. Estas consultas llevaron a una temprana creación de estados mayores combinados y finalmente combinaron los mandos para la mayoría de las fuerzas desplegadas, al menos a nivel de teatro. Los dos aliados mantuvieron a menudo diferentes visiones sobre la estrategia aliada. Sin embargo, casi siempre fueron capaces de acercar las divisiones para que las operaciones militares reales, una vez decididas, no fueran afectadas ni debilitadas. Ya que las organizaciones militares británicas y americanas fueron responsables de esta integración y cooperación, se debe juzgarlas como estratégicamente efectivas.

Volveremos con la efectividad operacional.

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Re: Efectividad Militar

Mensajepor Eriol » Dom Nov 09, 2014 5:53 pm

Hola!

Muy interesante José Luis. Quedamos a la espera de los otros 2 campos.

José Luis escribió:Efectividad Política



Es aquí donde están mis dudas. Considero que los militares tienen poco que influenciar en las tomas de decisiones de armamento, que generalmente hacen los políticos a petición de los mandos militares, y, por lo tanto, lo que aquí se denomina efectividad política no es un campo aplicable al termino militar en si.

Esto no es así si el país es una dictadura de caracter militar, o que pretenda librar una guerra en el futuro, como lo era Alemania. USA, por ejemplo, durante toda la decada de los 30 tuvo una escasisima inversión en el ejército, en general, que solo aumentó en el momento en el que país empezó a considerar el ir a la guerra (1940). En el mismo ejemplo que USA se pueden situar otros paises democráticos como Francia e Inglaterra mientras que, curiosamente, las dictaduras de la época (Japón ,Italia y URSS más la ya comentada Alemania) si dedicaron un gran esfuerzo económico previo al aspecto militar. Seguramente los militares de USA, y del resto de paises, pidieron más presupuesto durante los 30 pero los políticos no lo concedieron.

Igualmente no creo que se deba meter los factores industriales y de recursos humanos dentro del término efectividad militar ya que no depende de los militares la gente que nazca en su país (Francia, por ejemplo, tuvo un grave deficit de nacimientos después de la 1ªGM) o de que tipo se creen industrias. Estas cuestiones, fomentar la natalidad y la creación de determinados tipos de industrias preparandose para una posible guerra, considero son tarea de la política y no de los militares que intentarán, siempre, llevarse mayor tajada perjudicando a otras aéreas económicas del país.

En definitiva, considero que los militares deberían encargarse plenamente ,y por si solos ,de los aspectos operaciones y tácticos de la guerra. El aspecto estrátegico debería ser repartido/discutido entre el aparato político y militar a partes iguales poniendo los políticos sobre las mesas los objetivos nacionales y diciendo la cupula militar si son plausibles, o no, con sus medios, actuales o en un futuro. Mientras que los aspectos políticos de un país (planes industriales, recursos humanos, educación, ideologias y sentimiento nacional...) deberían quedar en manos de dirigentes civiles para que un país evolucionara de una manera equilibrada y no solo enfocada en aspectos militares.

Lógicamente en un mundo "movido" , como el de la decada de los 30, la élite política debe tener muy en cuenta a la élite militar a la hora de tomar decisiones para garantizar la supervivencia del estado pero nunca, como ocurrio con Alemania y en la mayoria de otras dictaduras de la época, se debería someter al dictamen del ejército, o de un hombre con claras aspiraciones bélicas.

La verdad es que el tema es complejo y no se si me he explicado muy bien. :? :?

Saludos

mientras que las cuestiones políticas
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Re: Efectividad Militar

Mensajepor José Luis » Dom Nov 09, 2014 8:36 pm

Efectividad Operacional

El nivel operacional de la actividad militar se refiere al análisis, selección y desarrollo de conceptos o doctrinas institucionales para emplear grandes fuerzas para lograr objetivos estratégicos en un teatro de guerra. La actividad militar operacional implica el análisis, la planificación, la preparación, y la conducción de varias facetas en una campaña específica. El alcance de los asuntos operacionales comprende la disposición y reunión de las unidades militares, la selección de los objetivos del teatro, la disposición del apoyo logístico, y la dirección de las fuerzas terrestres, aéreas y navales. Una combinación de asuntos militares conforma estas decisiones de nivel operacional: la misión, la naturaleza del enemigo y sus objetivos probables, terreno, logística, las fuerzas nacionales y aliadas disponibles, y el tiempo disponible para el cumplimiento de la misión. Un ejemplo de actividades a nivel operacional fue la elección de las Fuerzas Aéreas del US Army en la IIGM para usar ataques de bombardeo de precisión masivos, de día y a gran altitud contra objetivos industriales para el objetivo estratégico de reducir o eliminar la capacidad del enemigo para hacer la guerra. Otro es el desarrollo y aplicación de la doctrina de asalto anfibio barco-costa como una guía para emplear fuerzas de desembarco en el Pacífico con el fin de conseguir la concentración de fuerza naval y aérea contra Japón. Las medidas o indicadores de la efectividad operacional deben reflejar este foco doctrinal.

El grado en el que el cuerpo de oficiales de una nación acepta el concepto de profesionalidad va a influir su capacidad para el desempeño de su misión en las esferas operacional y táctica. El tema de la integridad entre los diferentes niveles de mando representa un atributo importante de una fuerza profesional seria. Sin confianza y honestidad, la información que es crítica para la evaluación no sólo de las capacidades enemigas, sino también de las propias, devendrá distorsionada o en algunos casos completamente falsa a medida que fluye entre los niveles de mando. En este caso, el excepcional auto-análisis crítico del ejército alemán tras su victoria en Polonia merece especial atención. A pesar de una victoria masiva sobre sus oponentes, el alto mando del ejército estaba insatisfecho con el desempeño de las unidades de combate. Además, el sistema alemán permitía a los comandantes subordinados plena libertad para discutir la debilidad de sus propias fuerzas en términos de equipamiento, personal y entrenamiento. El resultado fue que el Estado Mayor General pudo evaluar las fortalezas y debilidades del ejército de manera realista y diseñar un programa de entrenamiento realista para corregir sus defectos. La victoria sobre Francia en mayo y junio de 1940 fue debido en no pequeña medida a ese proceso.

La historia de la guerra ha estado marcada por el crecimiento acelerado de una variedad de armamento, armas de combate, transporte operacional y unidades especializadas. Cada arma, unidad y técnica posee un juego único de capacidades y vulnerabilidades. Tomar plena ventaja de estos activos militares incrementa las probabilidades de que una fuerza armada cumplimente su misión. En su conjunto, la organización militar operacionalmente efectiva es la que extrae el máximo beneficio de sus componentes y activos uniéndolos entre sí para un apoyo mutuo. Esto no sólo requiere la completa utilización de las armas de combate dentro del ejército, sino también la explotación de la meteorología, el terreno, el tiempo, la sorpresa, la moral, el entrenamiento y las capacidades físicas de las tropas. Cuanto mayor sea la integración de estos elementos dispares, mejor generará una organización militar la potencia de combate de sus recursos disponibles.

En esta área, las fuerzas militares alemanas en los primeros años de la IIGM mostraron un alto nivel de efectividad, especialmente en relación a la evolución de conceptos operacionales relativos a la guerra blindada. La doctrina blindada alemana, tal como la desarrollaron sus pioneros, los generales Lutz y Guderian [sic], puso un gran énfasis en el desarrollo de una aproximación integral (todo-armas) para la guerra blindada. En consecuencia, las divisiones blindadas alemanas comprendían artillería motorizada, infantería, e ingenieros de combate así como los componentes blindados. Con el añadido de los Stukas del especializado Fliegerkorps VIII de la Luftwaffe, los alemanes pudieron probar y refinar una doctrina todo-armas de enorme efectividad en las campañas contra Polonia y Francia.

En cuanto a la movilidad operacional, las condiciones técnicas existentes pueden limitarla. Al nivel más obvio, movilidad significa la capacidad de mover unidades de manera flexible y oportuna. Esto requiere una infraestructura tanto para apoyarlas como para moverlas. Al nivel más profundo, la movilidad y la flexibilidad dependen tanto, si no más, de una adecuada red de mando y control y elementos de estado mayor que permitan a las unidades permanecer con cohesión, y distintas organizaciones mientras maniobran.

De hecho, no hay ninguna simple organización militar que proporcione un ejemplo de movilidad y flexibilidad en todos sus significados implícitos. Los británicos y americanos en la IIGM tuvieron una soberbia movilidad y flexibilidad entre teatros de la guerra. Dentro de los teatros, estas fuerzas también tuvieron una excelente movilidad. Sin embargo, es discutible el que las fuerzas británicas y americanas demostraran al nivel operacional la flexibilidad necesaria para atrapar las fugaces oportunidades que presentó su movilidad. En cambio, las fuerzas alemanas eran físicamente menos móviles; la mayor parte del ejército consistía de unidades no mecanizadas, mientras que la estructura y tamaño de fuerza limitaron gravemente las capacidades de transporte aéreo de la Luftwaffe. No obstante, los alemanes tuvieron una flexibilidad operacional sin paralelo que les permitió reaccionar rápidamente con gran eficacia con sus fuerzas numéricamente inferiores. La flexibilidad alemana pone de relieve la importancia del mando y control así como el trabajo de estado mayor para la efectividad operacional. Por muchas razones, y el uso de las tácticas de misión no la menos importante, los comandantes y estados mayores alemanes poseían el deseo y la capacidad para cambiar, recombinar y redireccionar fuerzas según requerían las circunstancias. Las fuerzas británicas y americanas poseyeron siempre la capacidad física y técnica de hacerlo, pues las comunicaciones, mecanización y motorización eran muy superiores a las que poseían los alemanes. Sin embargo, rara vez demostraron los aliados las capacidades organizativas y los flexibles hábitos de mente para hacer uso pleno de estos grandes recursos. En este sentido, los aliados fueron menos eficaces que su oponente alemán.

En cuanto a la relación entre innovación técnica y la efectividad operacional, no está claro todavía en qué grado la tecnología conduce las operaciones o viceversa. Lo que es cierto es que cada una ha influenciado poderosamente en la otra y que la explotación de la tecnología por las organizaciones militares ha sido de importancia cada vez mayor. Por tanto, la destreza de un ejército para identificar, alentar y asimilar tecnologías útiles es una importante medida de efectividad operacional.

En cuanto a la importancia del apoyo, las capacidades operacionales más potentes e ingeniosas carecen de valor a menos que estén respaldadas por una red de actividades de apoyo. La invasión alemana de la URSS en el verano de 1941 es un buen ejemplo. Pese a las extraordinarias capacidades operacionales del Ostheer, sus capacidades logísticas y su información de inteligencia básica sobre el orden de batalla soviético fueron completamente inadecuadas. La ampliación de las fuerzas blindadas alemanas entre la Batalla de Francia y Barbarroja duplicó el número de divisiones blindadas mediante la reducción a la mitad de los tanques en cada división. Y más penoso todavía fue el hecho de que los alemanes sólo pudieron equipar estas divisiones con un batiburrillo de vehículos de apoyo procedentes de todas las naciones de Europa. Esos vehículos no sólo no eran adecuados para sus tareas logísticas en las toscas carreteras de la URSS, sino que además su mezcolanza múltiple provocó una pesadilla logística en términos de recambios y mantenimiento. A pesar de que la planificación operacional había previsto un rápido avance hacia Smolensk y una pausa para reacondicionar el sistema ferroviario, las unidades de reparación recibieron la prioridad más baja de todas las unidades del ejército en la vanguardia de su penetración en las profundidades rusas. El liderazgo del ejército alemán, reflejando su desdén general sobre logística, siguió avanzando hacia Moscú, obteniendo como resultado directo la catástrofe de invierno. Y lo mismo puede decirse de su servicio de inteligencia.

Merece la pena contrastar la experiencia alemana en Rusia con el esfuerzo aliado (británico, canadiense y americano) en la Batalla del Atlántico. Esta dilatada campaña no sólo dependió de una segura base logística de proporciones inmensas, sino del uso de la inteligencia, especialmente para descifrar los mensajes alemanes a sus submarinos. Ambas facetas fueron importantes para ganar la batalla a los submarinos alemanes. Al menos en la primera mitad de 1941, “Ultra” solo fue casi exclusivamente responsable de la reducción de la terrible amenaza presentada por el creciente número y efectividad de las fuerzas de Dönitz.

En cuanto a la consistencia del concepto operacional con los objetivos estratégicos asignados, dada la dificultad de estimar las capacidades enemigas así como la adaptación doctrinal de sus fuerzas, el auténtico problema en esta área puede no emerger en las batallas iniciales de una campaña. Más bien, el problema puede descansar en el grado de acierto con que una organización militar reconoce los obstáculos que el enemigo, sus propias capacidades tecnológicas y sus debilidades operacionales en combate se levantan en el camino para lograr su objetivo estratégico.

Mañana remataremos este resumen con la efectividad táctica.

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Re: Efectividad Militar

Mensajepor José Luis » Lun Nov 10, 2014 9:10 am

Efectividad Táctica

El nivel táctico de la actividad militar se refiere a las técnicas específicas usadas por las unidades de combate para luchar combates para la consecución de los objetivos operacionales. La actividad táctica implica el movimiento de fuerzas contra el enemigo en el campo de batalla, la provisión de fuego destructivo sobre fuerzas u objetivos enemigos y la disposición del apoyo logístico directamente aplicable a los combates. Los conflictos entre estrategia y táctica suelen deberse más a una estrategia inefectiva que a una táctica inefectiva.

La efectividad táctica requiere que el principio de integración y armas combinadas no esté estrictamente centrado en las armas, sino que sea aplicable a todos los factores que afectan a la potencia de combate. Aparte de las armas, éstos incluyen el terreno, el entrenamiento, las cualidades de las tropas, la moral y la meteorología. Un sistema táctico que no considera deliberadamente éstas y otras importantes variables militares causará graves problemas.

En cuanto al factor sorpresa, existen muchas variedades. La sorpresa táctica implica dónde tendrá lugar un ataque, los ejes del ataque y su explotación, y el momento y peso del ataque. La sorpresa táctica difiere de la sorpresa estratégica (por ejemplo, el área geográfica general donde tendrá lugar un ataque) y de la sorpresa técnica (por ejemplo, las cualidades de las armas usadas), ambas posibles en principio con independencia del sistema táctico.

Aunque diferente de la sorpresa, la rápida explotación requiere capacidades y atributos similares. La efectividad en esta categoría implica la utilización de una amplia variedad de oportunidades creadas por la casi azarosa fluidez de la guerra mecanizada. Normalmente estas oportunidades aparecen y desaparecen repentinamente. Por tanto, un sistema táctico que utiliza la toma de decisiones descentralizada, movimiento rápido, iniciativa en las unidades pequeñas, e imaginación es básico para que una organización militar pueda convertir esas fugaces ventajas en éxito en el campo de batalla. En cambio, un sistema táctico que prioriza las batallas completamente programadas, calendarios rígidos para alcanzar los objetivos, y fuerte control central no crea las condiciones necesarias para la explotación oportuna.

Hay algunos sistemas tácticos que para funcionar requieren un nivel de confianza especialmente alto entre oficiales y tropas. Cualquier aproximación táctica que subraye la iniciativa, la acción independiente, operaciones diurnas y nocturnas sin contacto con los cuarteles generales o unidades de flanco, y el movimiento rápido, descansa en el liderazgo de línea de frente y en un nivel infrecuente de cohesión unitaria. Para desarrollar estas características, las organizaciones militares deben perseguir políticas deliberadas, como afiliaciones unitarias estables, reconocimiento oportuno y preciso de habilidades y acciones mediante ascensos y recompensas, y un cuerpo de oficiales y suboficiales compuesto de hombres de extraordinarias cualidades marciales e intelectuales, especialmente coraje moral y físico.

Es posible que una organización militar no consiga entrenar a su personal para desempeñar las tareas prescritas por su sistema táctico. Cuando ocurre esto, la efectividad táctica obviamente se verá reducida. Este tipo de desunión puede surgir cuando la doctrina táctica y el entrenamiento están manejadas por burocracias diferentes y semi-autónomas con poca intercomunicación o cuando la doctrina táctica sufre un cambio repentino y el entrenamiento no se ha ajustado al cambio.

Suele acontecer que un sistema táctico requiera un apoyo más grande que el que una organización militar puede proporcionar realmente. Este problema suele ser más agudo en el área de la sostenibilidad. De modo característico, las organizaciones militares subestiman los requerimientos de combustible para los transportes, munición, piezas de recambio y personal de apoyo. Un problema relacionado es la tendencia de subestimar las demandas que un sistema táctico puede colocar sobre las tropas, como por ejemplo periodos prolongados de combate, la cantidad de tiempo sin descanso, y el impacto de las bajas. El resultado de estos errores suele ser la incapacidad de mantener operaciones de combate al ritmo requerido por el sistema táctico. Por tanto, las organizaciones militares que muestran este problema deberían ser consideradas menos efectivas tácticamente que aquellas cuyos sistemas tácticos o capacidades de apoyo son más realistas.

Las fortalezas y debilidades se refieren a la variedad de armas y características humanas que afectan la potencia de combate. Por ejemplo,unas fuerzas armadas basadas en una gran población nacional y una base industrial atrasada se equivocarían obviamente al adoptar un sistema táctico que requiriera pequeñas fuerzas equipadas con armamento sofisticado. Una organización militar debiera buscar sistemas tácticos concebidos no sólo para usar sus fortalezas nacionales, sino también para enfrentarlas contra las debilidades cruciales de sus posibles adversarios. El grado en que las organizaciones militares sitúen sus fortalezas tácticas contra las debilidades enemigas -o al menos maximice sus fortalezas y minimice sus propias debilidades- es una medida de efectividad táctica.

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Re: Efectividad Militar

Mensajepor cosaco » Vie Mar 13, 2015 9:30 pm

No había tenido la oportunidad de leer este topic, pero es interesante ver (una vez mas) como José Luis nos ilustra con una cuestión tan compleja y que en los centros de estudios militares se le da la mayor importancia.

Los denominados "niveles de planificación" por destacados autores, que aunque civiles se emplean profusamente en el campo militar norteamericano como es el caso de William Lindt (en los marines), Milan Vego (us navy) y Edward Luttwak (us army) coinciden que es de la principal importancia definir en qué nivel nos centraremos, ya sea para planificar, operar o analizar. Siendo así, con algunos bemoles, la mayoría de los autores citados establecen que los niveles son de menor a mayor nivel;, el táctico, el operacional, el estratégico y el político. Ciertamente (y esto recuerdo haberlo preguntado personalmente a un profesor del Naval War College en una conferencia) los límites que dividen un nivel del siguiente, son muy tenues y muchas veces se confunden, pero ciertamente la cuestión es entender, a la luz del tópico, que la eficiencia y la eficacia en un nivel determinado, no asegura los mismos resultados en el siguiente.

Recuerdo haber leído al respecto y constatar que el ejemplo de la marina imperial japonesa era el mas citado, en cuanto a fuerzas muy eficientes y eficaces en los niveles tácticos y operacionales, pero muy limitadas en los planos estratégicos, por su incapacidad de operar planificadamente en conjunto con otras ramas de las Fuerzas Armadas imperiales, de hecho, la planificación naval japonesa, basada en la estrategia del almirante Mahan, era completamente diferente a la empleada por el ejército y esa falta de interacción los condenó en el plano estratégico (obviamente hay diversos factores más). Del nivel Político ni hablar, porque a diferencia del caso norteamericano, el Japón prácticamente en dicho nivel no consideró la necesidad de lograr la uniformidad de objetivos en los diferentes niveles, porque sus fuerzas Armadas eran verdaderamente las autoridades políticas, vale decir concentraban todos los niveles simultaneamente.


Otro ejemplo similar era el caso de las fuerzas confederadas en la guerra civil norteamericana, aunque no me extenderé al respecto

Sin embargo me asalta la duda, respecto al juicio de las fuerzas alemanas y su conductor político estratégico (aquí vemos como se funden dos niveles), siempre he escuchado que eran grandes tácticos pero pésimos estrategas, entendiendo que el juicio es sumamente vago y por ello me gustaría saber vuestra opinión al respecto.
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Re: Efectividad Militar

Mensajepor mikygar » Lun Ene 16, 2017 1:29 am

Muy interesantes todas las opiniones, pero creo que confundimos capacidad industrial con efectividad militar. Sabemos que el ejército alemán era el más eficaz a pesar de enfrentarse desde un principio a fuerzas muy superiores. Que tuvo magos en aprovechar sus recursos como Rommel, Guderian, etc. En si la guerra relámpago es una muestra de eficiencia que sigue vigente. El mejor ejemplo que nada tiene que ver la capacidad industrial con eficiencia es la guerra de Vietnam.


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