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Relaciones argentino-uruguayas (1939-1945)

Partidos políticos, actuaciones gubernamentales

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Relaciones argentino-uruguayas (1939-1945)

Mensajepor 27Pulqui » Dom Nov 14, 2010 4:16 pm

En el último capítulo de un tema cercano, Conferencia de Río de Janeiro, se mencionó el papel de Alberto Guani en el Comité Consultivo de Emergencia para la Defensa Política con asiento en Montevideo. Otro más reciente abordó el problema de la Base aeronaval en el Río de la Plata. El actual presenta en cinco mensajes las relaciones bilaterales entre los países rioplatenses. Se trata de la parte pertinente de Beatriz Figallo, “La Argentina y el Uruguay (1810-2000)”, en Pablo Lacoste (compilador), Argentina, Chile y sus vecinos Tomo I – Las relaciones bilaterales en el Cono Sur, Córdoba, Caviar Bleu, 2004, (pp. 254-261).

Las notas insertadas al pie de los mensajes son mías, con la intención de complementar algunos fragmentos del texto original.

Argentina, Uruguay y la Segunda Guerra Mundial

Con la presidencia de Baldomir, el Uruguay había retomado con mayor convicción los perfiles que la estaban mostrando como una nación inclinada a fiar en la eficacia de los procedimientos jurídicos, distanciándose de una Argentina que insistía en los vicios de su democracia aún con el gobierno de Roberto Ortiz (1). Los primeros meses posteriores al estallido del conflicto bélico mundial en Europa encontraron a la Argentina, Brasil y Uruguay dispuestos a coordinar pareceres y a ajustar la política internacional de sus respectivos gobiernos. Si después de la Conferencia de Panamá las escuadras de los tres países cooperarían en el patrullaje de la costa atlántica, la conmoción por la batalla del Río de la Plata y las primeras noticias de los ofrecimientos de Bolivia de sus aeropuertos como bases para los Estados Unidos, parecieron hacer tomar conciencia al Uruguay que debía variar el sentido de limitar su poderío militar y naval.

Aún antes de la reunión de Cancilleres de La Habana, inaugurada en julio de 1940, en que concertó la realización de un plan de defensa militar intercontinental, los Estados Unidos, se estaban orientando hacia una política de obtención de bases en las repúblicas americanas. Un agente confidencial militar norteamericano visitó el Río de la Plata en junio de 1940, para cambiar impresiones con las autoridades navales, y establecer conocimientos que pudiesen ser útiles a una coordinación eventual de la defensa continental. En tanto que informaciones de agencias periodísticas internacionales daban cuenta que el Uruguay había autorizado la construcción de bases para ponerlas al servicio de los Estados Unidos, en agosto y octubre tenían lugar en el Ministerio de Defensa Nacional encuentros entre oficiales uruguayos y norteamericanos. Entonces, se conversó, aunque sin llegar a la firma de acuerdos, sobre las condiciones, capacidades y disponibilidades de los puertos, ferrocarriles y carreteras del Uruguay, asegurándose el tipo de ayuda que se le podía requerir en caso de que fuerzas norteamericanas tuvieran que pasar por territorio oriental u operar allí a fin de ayudar a los países vecinos. También se planificó la ayuda que el gobierno de Washington podía brindarle al Uruguay en caso de guerra, que incluía material bélico considerado indispensable para garantizar la seguridad nacional.

El intento más serio por coordinar las políticas militares platenses tuvo lugar en la reunión de los cancilleres Alberto Guani y Julio Roca (h), ocurrida en Colonia en diciembre. Uruguay pareció mostrarse comprensivo con la Argentina, en razón de su evidente interés en todo lo que se refería al Río de la Plata, dado que la instalación de bases que implicaran la existencia, aunque fuera transitoria, de una suerte de jurisdicción o por lo menos de un control de potencias extranjeras sobre el estuario, no podía realizarse sin su intervención. La Argentina se manifestaba en principio opuesta a la construcción de toda posición naval o militar que a la larga significara tener que compartir el dominio de sus rutas de acceso al Plata. No obstante, se acordó que la defensa conjunta del Río de la Plata quedaba supeditaba a posteriores conferencias entre los organismos técnicos de ambos países, manifestándose el propósito de consultar al resto de las naciones de la región (2).

Notas:

(1) Con “vicios” se entiende el fraude del régimen conservador. Las comparaciones de los sistemas políticos, para evitar abstracciones, deberían tomar en cuenta las diferentes magnitudes de los factores entre uno y otro país.

(2) De la misma autora, las negociaciones del ajetreado 1940 pueden verse en: 1940, un año en revisión. La Argentina y la repercusión regional de la Segunda Guerra Mundial

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Mensajepor 27Pulqui » Lun Nov 15, 2010 3:03 pm

Tanto en Montevideo como en Buenos Aires la instalación de bases navales levantaron no pocas críticas, aunque el gobierno de Baldomir insistía en que se trataba de obras que el país había tenido que hacer en otros tiempos, y a pesar de que no aparecía un peligro de invasión, no debían descartarse actos internos de inspiración exterior y aún daños al comercio marítimo uruguayo. Los nacionales herreristas plantearon una interpelación parlamentaria al canciller Guani, señalando que esas bases resultarían en beneficio exclusivo de los norteamericanos, dueños de la única escuadra capaz de ejercer una policía intercontinental y en lo remoto del peligro que se trataba de conjurar.

El alejamiento de Roca del gabinete del doctor Ramón Castillo en enero de 1941 produjo también un distanciamiento de las posiciones orientales con las de la política exterior argentina dirigida ahora por Enrique Ruiz Guiñazú, quien sostendría la decisión de su gobierno de mantener un principio de neutralidad a ultranza, como una cuestión de soberanía nacional.

El tema de las bases hizo que los nacionales liderados por Herrera –considerado desde la modificación constitucional de 1934, como una suerte de co-gobernante como jefe de su partido y de la bancada en el Parlamento, al que le respondían al igual que tres ministros que formaban parte del gobierno- se erigieran en acerbos críticos de la política exterior del gobierno, resultando sostenedores de la postura argentina que recelaba de aquellas instalaciones. Mientras, el batllismo y su diario El Día, rechazaban las razones de la oposición mantenida por la Argentina.

Las noticias llegadas desde Washington sobre las nuevas bases militares y aéreas, y las obras públicas proyectadas para su ejecución inmediata o ya en servicio en América Latina, de propiedad o construidas por los Estados Unidos, eran interpretadas en el Uruguay, si bien como prueba de una notoria expansión de dicho capitales en Centro y Sudamérica, como la única vía de concreción, pues la mayoría de los países no estaban en condiciones de contribuir. En agosto de 1941 Uruguay había sido amparado por la Ley de Préstamo y Arriendo, negociando un crédito de 17 millones de dólares para la compra de materiales bélicos y armamentos.

Para los días de Pearl Harbour, los puertos uruguayos reforzaron su posición estratégica en el Atlántico Sur. Además de encararse conversaciones con las autoridades navales británicas y norteamericanas para aunar criterios y esfuerzos destinados a la defensa del área, el gobierno de Baldomir autorizó la firma de más amplios convenios con los Estados Unidos para su equipamiento militar, naval y aeronáutico. Con la ruptura de relaciones con el Eje, importantes sectores políticos partidarios con representación en el gobierno, con su correlato periodístico, comenzaron a mostrar una abierta crítica a la posición internacional de la Argentina, que permitía a la vez denostar al partido Nacional, identificando a una y otro con orientaciones nazis o totalitarias, operación que buscaba que los blancos no siguieran disfrutando de su poder en el ejecutivo y en el legislativo. Así en febrero se disolvieron las Cámaras, se aplazaron las elecciones y se prorrogó el mandato del poder Ejecutivo. El golpe de Estado era apreciado como restaurador del sistema legal vulnerado por Terra. El Uruguay vivió casi todo 1942 en un régimen fuera de la Constitución, hasta el triunfo de la fórmula oficial Amézaga-Guani.

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Mensajepor 27Pulqui » Mar Nov 16, 2010 2:41 pm

En abril se inauguró en Montevideo el Comité Consultivo de Emergencia para la Defensa Política del Continente, que había tenido su origen en el programa de acción trazado por la Reunión de Cancilleres de Río de Janeiro, y estaba integrado por la Argentina, Brasil, Chile, Estados Unidos, México, Venezuela y Uruguay. El Comité se propuso conocer detalladamente los hechos que surgían de los actos subversivos de los agentes del Eje en las distintas repúblicas americanas. Cuando en enero de 1943 recibió del gobierno de Washington un memorándum sobre las actividades nazis en la Argentina, donde se hacían graves acusaciones a los diplomáticos alemanes acreditados ante el gobierno de Buenos Aires, se resolvió su divulgación continental para poder tomar medidas de defensa común (3). La notoriedad uruguaya en la política internacional americana alcanzó sus más altas cotas como consecuencia del golpe de Estado boliviano de diciembre de 1943 y la denunciada intervención del gobierno militar argentino. Entonces Guani, que oficiaba como presidente del Comité, recomendó la consulta de las repúblicas americanas entre sí antes de reconocer a nuevos gobiernos establecidos por la fuerza, para determinar si estos cumplían con los planes de la defensa del continente. Cuando el comité aseguró que el régimen de Farrell no avanzaba en su plan antitotalitario, la Argentina retiró su delegado del organismo interamericano, siendo reemplazada por Perú (4).

En tanto, después del golpe de junio de 1943 que derrocó a Castillo, Montevideo se había convertido en un centro opositor, sede del exilio político argentino, donde se imprimían numerosas publicaciones contrarias al nuevo gobierno militar, que arribaban por contrabando a la otra orilla. A pesar de que el gobierno de Juan José Amézaga, atendiendo a las constantes quejas de su par rioplatense, buscó frenar las campañas de radio, perfectamente audibles desde Argentina, la prensa uruguaya, que era esencialmente política, propaló toda suerte de acusaciones, centrando sus ataques contra la figura fuerte del régimen, Juan Perón, y contra las pretendidas intenciones de dominio argentino en el Cono Sur. La Cancillería oriental a su vez se imponía de informaciones que daban cuenta del ambiente de animadversión que reinaba en el gobierno militar vecino.

Notas:

(3) En los hechos el Comité formó parte de la estrategia de presión estadounidense, y la divulgación tenía por finalidad actuar sobre el gobierno argentino, que después de la Conferencia de Río de Janeiro se había convertido en un desafío a la política de Estados Unidos. Buenos Aires ya había tomado medidas en 1942 a instancias de Washington, entre ellas la expulsión del agregado naval de la embajada alemana, desactivando una red de espionaje del Reich. Del mismo modo se actuaba sobre el gobierno chileno, que durante 1942 había iniciado investigaciones propias. Sin embargo, y más allá del alarmismo exagerado, las autoridades de Santiago y Buenos Aires no parecían del todo concientes de la importancia que podían representar las actividades del Eje para los gobiernos de la región que estaban en guerra o habían cortado relaciones con las potencias nazi-fascistas.

(4) Respecto del régimen de Farrell, en 1944 es más evidente que la demanda de seguridad se había convertido en un pretexto para acosar al gobierno argentino.

Un artículo de Carlos Real de Azúa contiene una mirada crítica de la gestión de Guani: Política internacional e ideologías en el Uruguay

Max Paul Friedman le destina un buen espacio al golpe boliviano y su repercusión, a Guani lo califica como “canal favorito de Carl Spaeth”, el representante norteamericano en el Comité. M.P.Friedman, Nazis y buenos vecinos, Madrid, Machado Libros, 2008, pp. 230-248.

De Beatriz Figallo puede verse en internet: Bolivia y Argentina, los conflictos regionales durante la Segunda Guerra Mundial.

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Mensajepor 27Pulqui » Mié Nov 17, 2010 3:12 pm

Mientras la Junta interamericana de Defensa que había creado un “Comité de Bases Navales y Aéreas”, señalaba en su informe de marzo de 1944 que debían estudiarse las posibilidades de mantener en condiciones de funcionamiento eficiente las bases para afianzar la seguridad permanente del hemisferio contra agresiones extra-continentales después de la guerra, la oposición interna no cejaba en el Uruguay. El semanario pro-herrerista Marcha en la edición del 6 de junio afirmaba que las bases aeronavales que se habían instalado en la Laguna del Sauce venían a modificar violentamente las relaciones existentes con una serie de países, significando que la expansión yanqui había llegado al Plata, siendo ante todo económica, pero que necesitaba su sostén militar. Por esos mismos días –cuando la Panagra había inaugurado cuatro pistas construidas con dinero norteamericano en Carrasco- el gobierno era interpelado por los nacionales en el Senado, asegurando allí que las obras militares realizadas eran de carácter netamente nacional.

A pesar de la tensión que lo enfrentaba con el gobierno de Buenos Aires, Montevideo manifestaba su desacuerdo con la táctica empleada por los Estados Unidos para solucionar el problema argentino, con procedimientos coercitivos que implicaban desconocer la psicología latinoamericana. Frente a ello, el Secretario de Estado Cordell Hull se quejaba de la creciente tendencia a considerar que la guerra ya estaba ganada y que no había necesidad de que las naciones americanas cooperaran en la lucha común, posibilitando ello un cierto clima de simpatía con la postura argentina. El gobierno de Amézaga se veía así presionado por dos corrientes contrapuestas, la que sugería su distanciamiento de la Argentina, abonada por los temores frente a lo que veía como la voluntad de armarse a todo trance de los militares vecinos (5), y la que aconsejaba buscar alternativas para zanjar las diferencias con el gobierno de Farrell, interviniendo como mediador frente a los países aliados. Pero la reelección de Roosevelt robusteció la posición de Washington en los asuntos internacionales, que incluía la firme actitud de censura respecto a la Argentina.

Nota:

(5) No faltaban motivos para las aprensiones uruguayas por el rearme argentino, el que debe situarse en el contexto. Buenos Aires, ante el desequilibrio estratégico producido por el abastecimiento estadounidense a Brasil por el Préstamo y Arriendo, salió a la busca de suministros alemanes. El fallido intento terminó en el affaire Hellmuth y en la ruptura de relaciones de Argentina con el Eje en enero de 1944.

Según Gary Frank, la ayuda militar norteamericana se incrementó considerablemente en un momento en que el curso de la guerra la hacía poco necesaria. Desde comienzos de 1944, la política de Estados Unidos se orientaba a asegurar el desequilibrio a favor de Brasil. G.Frank, Struggle for Hegemony in South America: Argentina, Brazil, and the United States during the Second World War, University of Miami, 1979. Con el Google libros puede verse más o menos un cuarto del volumen, ya una obra clásica. Lamentablemente no esta parte y las conclusiones. Igual dejo el link:
http://books.google.com.ar/books?hl=es& ... &q&f=false

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Mensajepor 27Pulqui » Jue Nov 18, 2010 3:26 pm

Se creía advertir que se habían creado profundos abismos entre los pueblos platenses, con una opinión pública argentina que experimentaba reacciones y tenía sensibilidades muy distintas a las orientales, destacándose una diferencia de mentalidades y de actitudes que no se comprendían, guiados por un concepto, bastante generalizado entre los de la banda occidental, de que Uruguay “por ser pobre y demasiado pequeño no puede vivir sin la Argentina”. Como advierte Germán Rama, el problema histórico de la definición de una identidad uruguaya cualitativamente diferenciada de la Argentina –con la que tantos rasgos sociales la asemejan- se mide por la voluntad oriental de ser el contramodelo argentino, circunstancia repetidamente vivida en las relaciones bilaterales y que entonces tuvo claros perfiles de confrontación.

Los sucesos ocurridos en Buenos Aires el 17 de octubre de 1945, que determinaron la vuelta a la actividad política del coronel Perón, dieron lugar a una ofensiva que se tradujo en una iniciativa de la Cancillería uruguaya, acusada de ser fruto de un acuerdo previo con la Secretaria de Estado, que implicaba una intervención multilateral de las naciones americanas contra los miembros no cooperativos. En nota dirigida por el ministro Eduardo Rodríguez Larreta a todas las naciones del continente el mes siguiente se sostenía que la existencia de un gobierno de tendencia nazi-fascista constituía una amenaza para la paz, y se debía hacer frente a ella con sanciones de carácter diplomático y económico. El parlamento oriental mostró oposición a tal iniciativa, e igualmente algunos países americanos, entre ellos Brasil, Colombia, Ecuador, Cuba, República Dominicana y Chile, juzgaron como no aconsejable el abandono o el simple apartamiento del principio de no intervención, pidiendo en cambio la creación de un organismo regional que fuera instrumento de la voluntad colectiva. (6)

Nota:

(6) Por entonces tomaba fuerza la campaña anti-Perón de Braden. Ante la falta de resultados el State Departament presionó al gobierno uruguayo para avanzar un paso más frente al “problema argentino”. Según una comunicación a Madrid de la embajada española en Montevideo, el presidente Amézaga sólo aceptó la idea si se evitaba toda alusión directa a la Argentina, redactándose en forma general. Este es el origen de la pretendida Doctrina Larreta, véase una crítica en el artículo de Real de Azúa.


Así termina el capítulo dedicado a las relaciones durante la guerra. Resta agregar que la propuesta de Larreta no tuvo eco en el continente. Perón se impuso en los comicios de febrero de 1946 y asumió la presidencia en junio con el reconocimiento internacional. Las relaciones bilaterales entre Argentina y Uruguay entraron en un interregno cordial, hasta que los residuos del período bélico afloraron conjuntamente con nuevas tensiones, dándole el marco a la conflictiva relación entre los gobiernos peronista y neobatllista.
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Re: Relaciones argentino-uruguayas (1939-1945)

Mensajepor Liquid_Snake » Vie Ene 07, 2011 6:59 am

Interesante información, hay muchas cosas que no sabia, en todo caso no mencionas la tentativa de Perón y el GOU por invadir Chile en 1944 para poner al Gral. Ibañez a la cabeza y de este modo formar una alianza idónea con el Eje en el Cono Sur, todo esto claro esta con Argentina como rector de la región, aun cuando ambos países ya habían roto sus relaciones con la Alemania Nazi por presiones de los EE.UU

Saludos.

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Mensajepor 27Pulqui » Vie Ene 07, 2011 4:18 pm

Hola a todos. Debería citarse la fuente de informaciones como la anotada por Liquid_Snake, en vista de que por lo general (si no siempre) proviene de material de muy mala calidad.

Ni Perón ni el GOU tenian un plan para invadir a Chile. La relación entre los militares con ciertas afinidades de países del Cono Sur es bastante compleja, y hay que situarla en su contexto sin dar por sentado que se trataba de una especie de alianza con el Eje. Es cierto que en la segunda mitad de 1943 hubo un acercamiento del general chileno Ibañez del Campo con Perón y otros miembros del gobierno argentino (no todos de la logia GOU), pero no en los términos que plantea Liquid_Snake, bastante lejos de lo dicho en su mensaje. Además, como es natural, los miembros del gobierno militar argentino tenían que tener en cuenta al gobierno de Chile, con el que tenían por motivos obvios un contacto más cercano respecto de Ibañez.

Antes de que esto derive en un rosario de divagaciones sobre los países del Cono Sur y el Eje, Perón, el GOU, etc, sería bueno tener presente de que trata el tema.
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chacareromilob
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Relaciones argentino-uruguayas (1939-1945)

Mensajepor chacareromilob » Jue Ene 20, 2011 3:24 am

Hola,

Soy nuevo posteando aunque hace tiempo que leo en este foro. Muy bueno!!
Quería en primer termino felicitar a Pulqui por el muy buen trabajo.
Refiriendo a al tema en cuestión, quería agregar algunos detalles contenidos en el libro "El año del Leon" de Antonio Mercader. Esta muy buena obra de un gran intelectual da mucha luz a los acontecimientos relatados.
En el se expresan las actuaciones de Guani, un anglófilo empedernido, tratando de apoyar cualquier iniciativa de los aliados y como Herrera logra, tras férreas disputas parlamentarias y periodísticas, impedir la instalación de bases o una mayor participación que significara un recorte a la soberanía del país.
También se nombran muchas dificultades a nivel diplomático entre los dos países.
De ser de interés para los foreros voy a ampliar luego algunos de estos puntos.

Un saludo

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Mensajepor 27Pulqui » Jue Ene 20, 2011 3:48 pm

Hola chacareromilob (o Pablo, según vi en tu presentación en el foro):

Hay un tópico específico sobre la base de Laguna del Sauce, aunque no está mal debatir en este acerca de esa cuestión. Ver Base aeronaval en el Río de la Plata viewtopic.php?f=27&t=13664

Es la copia de un artículo del Dr. Mario Scasso Burghi. Como puede entenderse de su lectura, el autor tomó por fuente principal al libro de Antonio Mercader. Con todo placer leeré tu aporte en este y otros temas.

Saludos para todos.
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