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Franco ante el eje

Partidos políticos, actuaciones gubernamentales

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beltzo
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Franco ante el eje

Mensaje por beltzo » Lun Oct 22, 2007 7:16 pm

Cuando se cumplen por estas fechas 67 años de la entrevista de Hendaya, en las siguientes líneas tratare de dar un esbozo de las relaciones de Franco con el eje durante el periodo de mayor peligro de entrada en guerra por parte española, esto es entre 1939-1942, para ello he tomado como fuente principal la obra “Franco, caudillo de España”, Paul Preston, Ed. Grijalbo Barcelona 1994 y secundariamente la obra “La división azul”, Xavier Moreno Juliá, Ed. Crítica 2006.

I/VI

Concluida la guerra civil un Franco eufórico empezó a acariciar con fuerza su deseo de una nueva España imperial gracias a sus relaciones con el eje, el primer paso fue la adhesión al pacto anti-komitern efectuada el 27 de marzo de 1939 y que se hizo público el 6 de abril. En lo que supondría el inicio de un doble juego, el ministro de exteriores, conde Jordana, se apresuró a restarle importancia asegurando al embajador británico, sir Maurice Drummond Peterson, que no era más que un gesto de solidaridad ideológica, y el mismo Franco, manifestó al embajador portugués que no era más que agua de borrajas y no significaba que España estuviera de manera incondicional con el eje. Lo cierto es que de forma casi pareja el 31 de marzo se había firmado en Burgos un tratado de amistad hispano-alemán que comprometía a ambas partes a que en caso de guerra, evitarían cualquier acto o hecho en el terreno político, militar y económico, que pudiera ser perjudicial para un miembro del tratado o ventajoso para su enemigo.

Ya en marzo de 1939, Francia preocupada de las intenciones de Franco nombró a Petain como su primer en Madrid, se suponía que Franco lo admiraba, pero esto no contribuyó más que a inflar el ego del generalísimo, y Petain, fue tratado con un cierto desden por Franco y sus ministros.

Durante el verano de 1939, aunque pobremente equipados, Franco aún mantenía en armas a un ejército de más de 500.000 hombres, estos efectivos desmesurados en tiempos de paz estaban motivados tanto por su deseo de mantener una poderosa fuerza represora como para dejar patente su importancia militar a escala internacional. A finales de mayo con motivo de la firma del pacto acero entre Hitler y Mussolini, una parte importante de estas fuerzas habían sido acantonadas en las inmediaciones de Gibraltar, lo que unido a la también numerosa presencia de tropas en la frontera francesa mostraba bien a las claras de que lado estaban sus simpatías.

En los discursos del caudillo se reflejaba una indisimulada hostilidad hacia Francia, Gran Bretaña, Portugal (a la que Franco soñaba con anexionar) y en general a las falsas democracias, la masonería y el comunismo internacional. A pesar de que tras una de cal, siguiera en algunos casos otra de arena siempre en privado, la intenciones y actos del régimen aparecían tan meridiniamente claros, (el 8 de mayo España emulando a Alemania e Italia se había retirado de la sociedad de naciones), que el propio embajador alemán von Stohrer sugirió a Jordana que “no sería conveniente ni para España ni para nosotros que el gobierno español mostrase sus cartas de antemano sobre la actitud que adoptaría en una posible guerra… debemos conceder la mayor importancia a que la actitud de España en una futura guerra sea completamente desconocida para Francia y Gran Bretaña”.

El 1 de junio Serrano Suñer partió hacia Italia donde fue recibido con gran pompa y ceremonia, en el desfile organizado en Roma, presidido por Suñer y Mussolini, el primero expresó que España necesitaba 2 o 3 años para completar sus preparativos militares pero que si la guerra estallaba estaría sin duda al lado del eje. Un mes después en una visita de Ciano a España, Franco le manifestaría prácticamente las mismas palabras. Poco después en una visita del almirante Canaris a España tendría la oportunidad de escuchar de boca de Franco las lamentaciones porque la guerra estallara antes de que España estuviese preparada, ello no fue óbice para que acordara la creación de puntos de apoyo logístico en Santander, Vigo, Cádiz y posiblemente en Barcelona.

Cuando en agosto, Ciano advirtió al caudillo de que probablemente el asunto polaco acabaría en guerra, Franco respondió con movimientos de tropas y construcción de fortines en la frontera entre el Marruecos francés y español, y presionando a Portugal para soslayar sus compromisos con los británicos e inducirles a permanecer neutrales.

Ante una más que inminente guerra en ciernes, el 9 de agosto, Franco modificó su gabinete sustituyendo en exteriores al anglófilo conde Jordana por el coronel Beigbeder que en ese momento era un partidario entusiasta del eje, y colocando al general Yague al frente del ministerio de aviación, quien durante los dos meses que había permanecido en Alemania había desarrollado una gran admiración por este país.

Todos los gestos dados por España en los últimos meses, tampoco habían pasado inadvertidos en Berlín, así, el 22 de agosto en una conferencia en Obersalzburg, Hitler declaró que los únicos aliados seguros de Alemania eran Mussolini y Franco…

El pacto nazi-soviético cogió por sorpresa al régimen, aunque muchos no lo comprendieran, para Franco no fue problema, ni a diferencia de muchos otros atisbó nada escandaloso en él, enseguida captó las ventajas que de él se derivaban, no es de extrañar, que la prensa falangista hallara motivos para alabar al reich por la consecución de tan poderoso aliado, llegando incluso a justificarlo diciendo que el comunismo había muerto en Rusia…
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Mensaje por beltzo » Mar Oct 23, 2007 1:50 pm

II/VI

Tras el estallido de la guerra, Franco anunció públicamente que exigiría la más estricta neutralidad a los súbditos españoles al tiempo que en la escena internacional trató de aparecer como un pacificador lanzando un llamamiento a las grandes potencias para limitar el conflicto, en realidad pensaba que con ello favorecía a Alemania al hacer más difícil a las demás potencias su intervención en defensa de Polonia.

Entre bastidores, sus gestos no tenían nada de neutrales, la prensa se puso de inmediato al servicio del eje, el secretario de prensa alemán en la embajada española, Hans Lazar, dictaba la propaganda que luego la prensa franquista transmitiría como noticias, asimismo el ministerio de exteriores ofrecería regularmente a la embajada alemana valiosas informaciones recibidas de las legaciones españolas en el extranjero. Cuando Petain y Peterson visitaron al ministro de exteriores para entregar notas formales de sus gobiernos comprometiéndose a respetar la neutralidad española, Franco simplemente se negó a recibirlos.

En su discurso del 31 de diciembre atacó a Francia e Inglaterra declarando: “Ahora comprenderéis los motivos que han llevado a distintas naciones a combatir y alejar de sus actividades a aquellas razas en que la codicia y el interés es el estigma que les caracteriza”. También aprovechó el pacto nazi-soviético para atacar a las democracias, en un acto, dicho sea de paso, de hipocresía difícilmente calificable manifestó: “No es la España calumniada la que limita y vigila los abusos de la libertad en la cátedra; no son la naciones llamadas totalitarias las que coartan la libertades política en holocausto del bien patrio; es la propia cuna del liberalismo y las naciones paladines de las libertades las que niegan la libertad de pensamiento y su libre expresión al perseguir y exterminar a cuantos militan en el credo comunista”. Un Hitler agradecido por todas las facilidades dadas por España, envió numerosos regalos en Año Nuevo entre los que se incluía un mercedes de seis ruedas idéntico al suyo.

En noviembre Franco había manifestado su idea a lord Lloyd de que los mejores barcos de la Royal Navy habían sido hundidos, que Inglaterra se estaba muriendo de hambre y que la India se hallaba a un paso de la revolución. En 1940, los éxitos alemanes en Noruega y Dinamarca exaltaron aún más los ánimos de Franco y Serrano Suñer ante la perspectiva de una beligerancia que les permitiese apoderarse de Tánger, Gibraltar, el Marruecos francés, el oranesado, y porque no, quizás la Cataluña francesa. El 23 de abril de 1940 Franco comunicó al embajador portugués que la Luftwaffe estaba a punto de destruir a la Royal Navy así como que Italia no entraría en la guerra, comentario malicioso hecho con la evidente intención de perjudicar a los aliados, puesto que sabía muy bien que Italia solo esperaba su momento (como de hecho lo esperaba él mismo).

Pero como una cosa es querer y otra muy distinta es poder, Franco, no podía ignorar la catastrófica situación económica, ni los numerosos informes que se acumulaban en su mesa sobre la no menos catastrófica situación del ejército, el 30 de abril envió un mensaje a Mussolini en el que daba a entender que no le cabía otra posibilidad que la de permanecer neutral, en él se decía “comprenderéis lo angustioso que es para mí y mi pueblo que lo inoportuno de esta contienda nos sorprenda tan rezagados”. Realmente, por el momento se limitaría dar todo su apoyo, más o menos encubierto, a la causa del eje, a la espera de poder intervenir en el último minuto dispuesto a reclamar su parte en el botín.

En mayo, cuando los alemanes irrumpieron en Bélgica y Holanda la prensa española aplaudió estas acciones calificándolas de tremendo extremo éxito defensivo. El 16 de mayo Petain fue reclamado en París, antes de ello en un débil intento apaciguador visitó a Franco para decirle que las actividades republicanas en Francia se controlaban debidamente, una vez en Francia, Petain, aunque equivocado en muchos aspectos, acertó en lo fundamental al defender la idea de que se podía confiar en la neutralidad española porque no tenían otra alternativa. A finales de mes Franco ordenó al agregado militar en Francia, coronel Barroso, que transmitiera al gobierno francés la idea de que podía desproteger la frontera sur, tres días antes había ofrecido su colaboración a Hitler…

Con la inminente caída de Francia, Franco se olvidó de su proverbial prudencia e intentando aprovechar los triunfos alemanes en su favor, el 3 de junio redactó una carta para Hitler en la que tras felicitarle efusivamente por los grandes triunfos logrados, escribió: “No necesito decirle lo grande que es mi deseo de no permanecer al margen de sus cuitas y lo grande que es mi satisfacción al prestarle en toda ocasión servicios que usted estima como valiosos”. Vigón no partió con ella hasta el 10 de junio, más para cuando llegó, Hitler no tenía intención de pagar por unos servicios que no creía necesitar, y el 16 Hitler en conferencia con Vigón rechazó formalmente la solicitud de beligerancia española.

Cara al público, Franco seguía jugando la carta de neutralidad, así cuando el diputado vasco Ybarnegaray iba a partir a Madrid para solicitar la mediación española ante los italianos, Franco se negó en redondo aduciendo que eso comprometía la neutralidad española, sin embargo eso no parecía importarle a la hora de ofrecer a los alemanes valiosa información obtenida al más alto nivel sobre el pesimismo es intenciones francesas.

El 9 de junio una carta de Mussolini a Franco decía:”Cuando lea esta carta, Italia habrá entrado en guerra al lado de Alemania”, inmediatamente se atendió a una petición de Ciano para que los bombarderos italianos pudieran repostaran secretamente en España. Por otra parte para encubrir la creciente inclinación española por el eje, Beigbeder, le dijo al embajador norteamericano, Weddell, que la acción italiana era una locura. En contradicción, en la contestación a la carta de Mussolini, Franco prometía toda la ayuda moral y económica que fuese posible; y atendiendo a una sugerencia de Ciano España se declararía no beligerante, situación que se hizo pública el 13 de junio y que prácticamente, todo el mundo interpretó, como el preludio a la beligerancia.

El 14 de junio mientras los alemanes entraban en París, España ocupó Tánger en lo que Franco y Serrano Suñer consideraron el primer paso para una expansión africana a gran escala. Al mediodía del 17 de junio los franceses piden a España que actué como intermediaria ante Alemania para un armisticio, la ocupación de Tánger y otros movimientos agresivos hicieron temer a los franceses que otro enemigo estaba dispuesto a abrir un tercer frente, al solicitar la mediación española esperaban retrasar o distraer esta posibilidad; a su vez, Franco pensó que podía obtener ganancias coloniales gracias a la mediación.

A instancias de Franco, Lequerica, el embajador español en París, con argumentos ciertamente mendaces, reclamó varios territorios en Marruecos; aunque varios miembros en el gobierno francés se sintieron inclinados a ceder, la decidida oposición del comandante militar en Argelia, general Nogues, hizo que finalmente se desestimara.

Tres días después de que Hitler rechazará la propuesta de beligerancia española, Franco volvió a presentar otra propuesta para el caso de que Inglaterra continuara resistiendo, a cambio pedía satisfacciones coloniales y equipamiento bélico, artillería pesada, aviones, la cooperación de submarinos para defender Canarias, alimentos, munición, combustible y equipos. Ciertamente casi todas las peticiones, en se momento, hubieran podían ser atendidas en detrimento de Francia, pero los alemanes seguían sin estar interesados en la beligerancia española, además ceder gratuitamente a las exigencias territoriales españolas pondría en peligro el armisticio con Francia. Ante este nuevo rechazo, Franco pidió a Serrano Suñer que viajara a Alemania para limar diferencias.

El 22 de junio en conferencia con Weddell, Franco le relato lo mucho que disfrutaba con el hundimiento del imperio anglo francés a la vez que rechazaba una oferta estadounidense de ayuda económica a cambio de neutralidad. Ese mismo día esperanzado en lo que podía conseguir de los alemanes, comunicó al nuevo embajador británico en España, sir Samuel Hoare, que España no necesitaba nada de los británicos. Todo esto motivó que los angloamericanos estuvieran cada vez más convencidos de que España se inclinaba peligrosamente del lado del eje, impresión reforzada por un incremento de las importaciones de petróleo que sugerían, que o bien se preparaba a entrar en guerra, o bien, que estaba burlando el embargo a favor del eje, de modo que, a petición británica, se restringieron las exportaciones de petróleo a España.

A finales de junio una visita del almirante Canaris despertó nuevas ilusiones en Franco, sin embargo Canaris nuevamente le dejó bien claro que en ese momento Alemania no deseaba la entrada de España en el conflicto, sin embargo, pidió permiso para el paso de tropas alemanas en caso de que Portugal se alineara con Inglaterra, diciéndole que las mismas tropas podían ser enviadas contra Gibraltar, la respuesta fue que las tropas españolas, siempre de que se las dotara de aviación y artillería, podrían hacer ambas cosas.

En la primera semana de julio tropas españolas se desplegaron en la frontera con Portugal, en ese contexto el 6 de julio el embajador portugués Pereira comunicó una sugerencia de Salazar para desarrollar el tratado de amistad de 1939 que finalmente acabaría plasmándose en otro nuevo tratado firmado el 29 de julio por el que ambos países defenderían su neutralidad. Para Franco era provechoso tanto porque así desviaba las sospechas sobre sus verdaderas intenciones, como en que, en el hipotético caso en que Inglaterra ganara la contienda contaría con un mediador. A Berlín se le dijo que por mor de ese tratado, se había extraído, al menos en parte, a Portugal de la órbita inglesa acercándoles al eje.
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Mensaje por beltzo » Mié Oct 24, 2007 1:53 pm

III/VI

En agosto la inesperada resistencia inglesa que socavaba la puesta en práctica de Leon marino motivó que los alemanes empezaran a calibrar seriamente los pros y contras de una intervención española así como las necesidades civiles y militares españolas. En el memorando elaborado por von Stohrer el 8 de agosto, entre las conclusiones a favor se citaban el golpe al prestigio ingles, la interrupción de la exportación de minerales a Gran Bretaña, la adquisición alemana de las minas de hierro y cobre en poder de los británicos y fundamentalmente el control del estrecho. En contra jugaban la posible ocupación británica de Tánger, las Canarias, las Baleares, una posible ampliación de la zona de Gibraltar, un desembarco inglés en Portugal así como las desmesuradas ayudas materiales que reclamaban los españoles, y acababa afirmando que la beligerancia española si era prematura más supondría una carga que una ayuda.

El alto mando alemán llegó a conclusiones igualmente pesimistas, para Halder la beligerancia española era uno de los sueños fantásticos del führer y para Goering no se podían atender las peticiones materiales de España sin poner en riesgo el esfuerzo de guerra alemán, todo ello aderezado por Canaris que tras su última visita a España a finales de julio hizo hincapié en la extremada carencia de alimentos y combustible en España, así como la oposición de importantes militares y el clero a Franco. En contraste, el caudillo llevado por su optimismo, obviando todas las dificultades y pensando que la guerra sería corta, trazó una línea en un mapa delimitando su futuro imperio africano para que su nuevo embajador en Berlín, el general Espinosa de los Monteros, lo entregara al führer.

Franco también jugaba sus bazas presto a buscar una disculpa para intervenir, así presionaba a la Francia de Vichy quejándose de desordenes en Marruecos mientras intentaba persuadir a alemanes e italianos de que Petain no era un guardián fiable del norte africano, sin embargo, los alemanes no reaccionaron como esperaba, en lugar de permitir una intervención española para restaurar el orden autorizaron a los franceses el envío de nuevas fuerzas para reforzar el ejército colonial.

El pendiente viaje de Serrano Suñer a Alemania alarmó lo suficiente a los ingleses como para que el 14 de septiembre, el secretario británico para las colonias, lord LLoyd comunicara extraoficialmente al duque de Alba, embajador español en Londres, que había aconsejado a Churchill no oponerse a una ocupación española del Marruecos francés, y, el 21 de septiembre, Hoare, esta vez con la aquiescencia de Churchill, comunicó a Beigbeder que Gran Bretaña no se opondría a que tras la guerra, las disputas en torno a Marruecos se resolvieran favorablemente para España y que Gran Bretaña se hallaría dispuesta a hablar sobre Gibraltar.

El 16 de septiembre Serrano Suñer llegaba a Berlín, en su primera entrevista con Ribbentrop manifestó que su misión era discutir la entrada de España en la guerra al margen de anteriores tentativas esporádicas, habló de Marruecos como si del lebensraum español se tratara y sobre Portugal manifestó que “geográficamente hablando, Portugal en realidad no existe”. Ribbentrop le comunicó que Hitler quería una de las islas Canarias como base y otras bases en Agadir y Mogador así como sustanciales concesiones económicas y participación en la minería marroquí, estas exigencias y el trato ciertamente altanero de Ribbentrop impresionaron desfavorablemente a Suñer.

Al día siguiente Suñer se reunió con Hitler a quien entregó una carta de Franco donde le reiteraba su “lealtad de ayer hoy y siempre” y su absoluta fe en la victoria inminente, por su parte Hitler solo se refirió de pasada a las exigencias alemanas y sugirió un encuentro con Franco en la frontera hispano francesa. En nueva reunión con Ribbentrop, Suñer recibió nuevas presiones sobre la cesión de una de las islas Canarias, ahora aumentadas con la cesión de la Guinea española y varias islas (Fernado Poo y otras menores) a cambio del Marruecos francés. Serrano Suñer rechazó tales pretensiones sugiriendo que utilizaran la isla de Madeira, ciertamente todo esto no hizo nada por disminuir la antipatía y animadversión de Suñer por Ribbentrop, que por otra parte, era mutua.

La visita de Serrano Suñer fue decepcionante para ambos bandos, realmente, todo el problema lo expresó con claridad meridiana Von Stohrer: “España no puede esperar de nosotros que le brindemos un nuevo imperio colonial con nuestras victorias y no obtengamos nada a cambio”. A pesar de todo, el memorando entregado por Serrano Suñer al embajador alemán, von Stohrer, prácticamente daba por hecho que España era ya parte integrante de eje, señalando que “España estaba dispuesta a resumir en la forma de un pacto tripartito una alianza militar de 10 años con Alemania e Italia”. Este pacto se mantendría en secreto y entraría en vigor cuando de acuerdo con las otras dos potencias, y con su ayuda, España hubiera completado sus preparativos.

Dado que Franco ya sospechaba que la guerra se alargaría más de lo necesario, el resultado de las múltiples exigencias alemanas realizadas en las reuniones entre Hitler, Ribbentrop y Serrano Suñer los días 16, 17, 24 y 25 de septiembre, acabaron por convencerle de que solo debía entrar en guerra si obtenía beneficios por adelantado. Claro que, Franco pensaba que las exigencias alemanas se debían a unos subordinados demasiado ambiciosos y que todo se arreglaría en su previsto cara a cara con Hitler; su entusiasmo por conseguir un imperio en África gracias a Hitler no había disminuido ni un ápice, por su parte también el führer pensaba que los problemas con España eran a causa de los intermediarios, sobre todo, era Serrano Suñer quien estaba en el punto de mira.

Sin embargo el sueño imperial de Franco cada vez parecía más remoto debido a que chocaba con las apetencias de Mussolini, y sobre todo, a que Hitler a raíz de la resistencia francesa en Dakar se dio cuenta de que sería mejor cultivar las relaciones con la Francia de Vichy que si podía aportar un significativo refuerzo militar, por tanto era para él inviable ceder a las apetencias españolas. El 28 de septiembre Hitler, confesó a Ciano que se oponía a la entrada de España en la guerra porque “costaría más de lo que vale”.

Pero si los sueños imperiales de Franco gracias al eje parecían a punto de desvanecerse, los movimientos anglofranceses, temerosos del inminente encuentro de Franco con Hitler, indicaban lo contrario. El 29 de septiembre Churchill escribió a Halifax diciéndole que prefería ver antes a los españoles en Marruecos que a los alemanes y si Francia debía pagar su despreciable actitud mejor hacerlo en África a España que en Europa ante las potencias agresoras, su consejo era que debiera hacerse saber a los españoles que siempre que conservaran su neutralidad ellos no serían obstáculo a sus ambiciones marroquíes. El 30 de septiembre una Francia de Vichy inquieta, propuso la cesión del territorio marroquí reclamado por España siempre que renunciara a otras ambiciones ulteriores, pero como Franco esperaba conseguir más gracias a Hitler la oferta se rechazó.

Mientras merced a que la ayuda alemana no se materializaba, la situación alimentaria en el interior seguía siendo desastrosa, el 2 de octubre Beigdeber anunció a Weddell que los EEUU podían variar la política española y europea mediante el suministro de trigo a España. En Washington tras algunas consultas con Londres se decidió utilizar una idea de Norman Davis para el suministro de trigo a través de cruz roja, las condiciones exigidas eran que, agentes norteamericanos distribuyeran la ayuda, que no se reexportara, que se diera publicidad al asunto y que los envíos cesaran si algo se torcía. Franco aceptó las condiciones el 8 de octubre, sin embargo los norteamericanos eran reacios a esta ayuda sin que Franco asegurara su neutralidad lo que hizo que la operación se demorara.

Los cambios ministeriales del 16 de octubre de 1940 mostraron bien a las claras la creciente inclinación hacia Alemania, Beigbeder que había pasado de su orientación proalemana a una creciente simpatía por los aliados (el propio Hitler había mostrado lo poco que le agradaba) fue sustituido al frente exteriores por Serrano Suñer, el también anglófilo ministro de agricultura y comercio, Luis Alarcón de la Lastra fue sustituido por Demetrio Carceller Segura, que sería el arquitecto de la exportación de alimentos y materias primas a Alemania.

Atendiendo a una invitación de Serrano Suñer, el 20 de octubre Himmler visitó España, en la agenda figuraba la seguridad para el encuentro en Hendaya y la colaboración entre la policía española y la GESTAPO, sin embargo, quizá lo más destacado es que el propio reichfuhrer se sintiera desconcertado ante la magnitud de la represión en España.

Por fin el 23 de octubre llegó la esperada cita de Hendaya relatada en demasiadas ocasiones como para detallarla aquí*, bastará decir que constituyó un encuentro entre dos grandes monologuistas y que concluyó con el encargo a los ministros de exteriores de elaborar un protocolo. A pesar del desencanto de Franco, conviene destacar sus palabras de despedida: “A pesar de cuanto he dicho, si llegara un día en que Alemania de verdad me necesitara, me tendría incondicionalmente a su lado, y sin ninguna exigencia”, sin embargo el interprete ante lo que consideró una mera fórmula de cortesía no hizo la traducción, Suñer respiró aliviado, por lo menos Hitler no podría tomarle la palabra.

En el protocolo elaborado, se llamaba a España a incorporarse al eje una vez se hiciesen los preparativos necesarios y cuando el reich lo estimase oportuno, Franco y Suñer introdujeron varias enmiendas destinadas a aumentar la libertad de acción española, pero estas no fueron aceptadas por Ribbentrop aunque Suñer se guardo de informar a Franco de ello, el protocolo con todas sus vaguedades constituía un compromiso formal por parte española para entrar en la contienda.

Los alemanes salieron echando pestes sobre Serrano Suñer, pero satisfechos del encuentro, y no fue hasta más tarde, al ver que la entrada española no se materializaba, cuando empezaron a considerar el encuentro como un fracaso total, por una vez Hitler no había querido mentir sobre sus intenciones porque como dijo a Ribbentrop, no se podían hacer promesas firmes sobre el territorio francés porque “con esos charlatanes latinos, seguro que los franceses se enterarían tarde o temprano”.


*Sobre este encuentro veáse: viewtopic.php?t=166&highlight=hendayat= ... t=francoME
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Mensaje por beltzo » Jue Oct 25, 2007 3:10 pm

IV/VI

En Alemania los reveses italianos en Grecia, Tarento y el norte de África decidieron a Hitler a cerrar el Mediterráneo, es en ese momento cuando por primera vez decidió que había que forzar el paso para la incorporación de España en el conflicto. Por el contrario, y también por primera vez, era ahora Franco quien iba a mostrarse más precavido, en ello influyeron las ayudas materiales de los alemanes que no se materializaban, las escasas garantías a sus demandas territoriales, la difícil situación interna y un informe de Carrero Blanco* que, entre otras cosas, afirmaba que antes de nada sería recomendable que los alemanes entraran en Suez, conclusión que por cierto coincidía con la que barajaban Hitler y sus asesores.

En consonancia con la nueva estrategia de Hitler, el 12 de noviembre firmó la directriz 18 en la que se pergeñaba el plan Felix por el que tropas alemanas entrarían en España el 10 de enero de 1941 para el asalto a Gibraltar, conviene destacar que los alemanes en ningún momento se plantearon la posibilidad de entrar en España sin consentimiento.

El 19 de noviembre Suñer se entrevistó de nuevo con Hitler, en el baile del gato y el ratón, mientras Hitler presionaba para conseguir compromisos concretos por parte española, Serrano Suñer replicaba con las ayudas materiales no realizadas y las apetencias territoriales no satisfechas. A pesar de todo la alineación de España con el eje seguía siendo inequívoca y si Hitler en esos momentos hubiese materializado ayuda significativa y prometido satisfacer las apetencias españolas, con toda probabilidad Franco hubiese entrado en el conflicto, sin embargo, Hitler, con un ojo ya puesto en Rusia no haría nada de eso, se limitaría a sugerir a Ciano que Mussolini empleara su influencia con Franco para forzar su intervención y enviar nuevamente a Canaris para tratar los detalles.

Al tiempo que los alemanes diseñaban la operación Felix, Weddell y Hoare defendieron la necesidad de ayuda humanitaria a España con el fin de alejarla del eje, utilizando toda clase de subterfugios, manipulaciones y mentiras descaradas, Franco intentó tranquilizar a los aliados, hubo sin embargo un atisbo de sinceridad cuando le comunicó a Weddell que España no estaba en condiciones de ayudar al eje aunque se lo propusiera, aunque los aliados no se tragaron las mentiras de Franco, como escribió un diplomático ingles: “los españoles están en venta y nuestra labor es pujar”. Finalmente el 2 de diciembre de 1940 un convenio angloespañol consentía en la importación de 150.000 Tm de maíz sudamericano y 100.000 Tm de cereal canadiense. Los pendientes suministros de trigo a través de cruz roja se acabarían materializando en enero de 1941.

Para el 5 de diciembre de 1940, Hitler decidió llegado el momento de solicitar el permiso español para la operación Felix, dos días más tarde Canaris se entrevista con Franco para arreglar los detalles, sin embargo solo obtiene de Franco evasivas con las consabidas quejas sobre la incapacidad española y las reclamaciones territoriales españolas no satisfechas, posiblemente, y en parte, como fruto de que el propio Canaris le había dado a entender que Alemania no ganaría la guerra y que en realidad hiciera poco, más bien al contrario, por convencer a Franco para que dejara pasar a las tropas alemanas, al parecer llegando incluso a afirmar que el interés real de Hitler se hallaba muy lejos de España, en los Balcanes y el este de Europa. Ante el deprimente informe de Canaris sobre la situación española, Hitler simplemente abandonará la operación Felix sin mayores presiones, a pesar de que realmente España estaba obligada según los protocolos de Hendaya.

Pero el factor primordial que había obligado a Franco a dar marcha atrás en el último momento, amen de las gestiones más o menos oscuras de Canaris y la oposición de parte importante del generalato español, es sin duda la catastrófica situación alimenticia que podía poner en peligro la supervivencia del propio régimen. El 8 de enero de 1941 el embajador von Stohrer escribió un informe en el que indicaba que la actuación española había sido la correcta puesto que al no recibir ayuda del eje se había visto obligada a aceptar las ofertas de Gran Bretaña y los EEUU. El mismo día Serrano Suñer señalaba al embajador italiano Francesco Lequio que “si España hubiese recibido lo necesario, no ya para engrosar sus reservas, sino para la supervivencia cotidiana, España ya estaría en guerra al lado del eje” añadiendo que “a pesar de todos los obstáculos, España está preparándose seriamente en la esfera militar para estar a punto en futuras tentativas”.

En enero y tras una pausa en las presiones alemanas que había durado varias semanas, Hitler llamó a Stohrer para darle instrucciones, de vuelta a Madrid el 20 de enero mantendría una larga entrevista con Franco en la que le dijo que una intervención española tras la derrota de Inglaterra no tendría sentido y que su actitud revelaba que ya no creía en una victoria del eje, a lo que Franco contestó con sorpresa que su fe en la victoria alemana era inalterable y que la única razón para el retraso era el deterioro de la situación alimenticia, hizo insistencia en que la cuestión “no es si España entrara o no en la guerra; eso se había decidido en Hendaya. Era solo cuestión de cuando” y que “España tenía intenciones de participar plenamente en la guerra y que no le hicieran ningún regalo”.

Aunque von Stohrer conociendo la realidad de la situación española, en su fuero interno estaba convencido de que la posibilidad más razonable era aplazar la beligerancia española, se vio obligado durante todo el mes de enero a continuar con la ingrata tarea de seguir presionando a Franco de acuerdo a las instrucciones dictadas en Berlín. Las directrices más duras fueron obra de Ribbentrop, con alguna amenaza más o menos velada, que sin embargo nada lograron ante Franco ni Serrano Suñer, como no sea la de lograr que Franco se sintiera ofendido por la poca fe alemana en sus garantías de entrar en la guerra y seguir aumentando, aun más si cabe, la animadversión entre Suñer y Ribbentrop.

El 6 de febrero Hitler escribió una carta a Franco en la que invitaba a Franco a unirse en la batalla a vida muerte que estaban librando y en la que no podían hacer ningún regalo y comparaba las enormes pretensiones territoriales españolas con las más modestas de Italia y Alemania a pesar del tributo en sangre que estaban pagando. En realidad el contenido de la carta era poco tentador para Franco, parecía como si Hitler ya diera por perdida la intervención española a la espera de que Mussolini pudiese lograr lo que él no había conseguido.

Un día después, como resultado de las múltiples audiencias de von Sthorer con Franco, el estado mayor español entregó un memorando en el que se detallaban las necesidades que debía cubrir la ayuda alemana. El ejército solicitaba 3.750 tm de cobre, equipos de radio, teléfono y telégrafo, suministros médicos, 90 baterías de 4 cañones, 400 antiaéreos, 8.000 camiones y una cantidad considerable de tractores; la aviación pedía materiales y recambios de He-111 y me-109; la marina por su parte solicitaba torpedos, minas, ametralladoras, cargas de profundidad y equipo óptico y técnico en grandes cantidades. Para las necesidades de transporte del país se incluían 180 locomotoras y 16.000 vagones o 48.000 camiones, a sumar a otros de 13.000 a 15.000 camiones para transporte por carretera. Entre las solicitudes se incluían también, fertilizantes, gasolina, cereales, yute, caucho y otras materias primas en grandes cantidades. Cuando en Berlín examinaron la lista, llegaron a la conclusión de que las peticiones eran tan abultadas que sólo podía tratarse de un pretexto, sin embargo, aunque muy probablemente la lista fue artificialmente engordada, estaba más o menos de acorde con las necesidades reales de España para el caso de entrar en la guerra.

Por fin Franco y Mussolini se encontraron el 12 de febrero en Bordighera, Franco expresó su fe en la victoria del eje admitiendo que “España desea entrar en la guerra; su temor es entrar demasiado tarde”; cuando Mussolini le preguntó que si abasteciéndole de lo necesario y haciéndole promesas territoriales vinculantes España declararía la guerra, Franco respondió que el hambre y la falta de preparación militar significaban varios meses antes de poder unirse a la guerra pero insistió en que la entrada española en la guerra dependía mas de Alemania que de España, cuanto antes enviara Alemania la ayuda, antes podría hacer España su contribución a la causa fascista.

Mussolinni, que en realidad hizo poco por alentar a Franco para entrar en la guerra, comentó a sus colaboradores: “¿Cómo puedes empujar a una nación a la guerra con reservas de pan solo para un día? A los alemanes les comunicó que lo mejor sería simplemente intentar mantener al Caudillo dentro de la orbita del eje. Ribbentrop se dio por vencido y ordenó a von Sthorer que cesara en sus intentos para conseguir la beligerancia española.

El 26 de febrero Franco respondió a la carta del fuhrer de hacía tres semanas, caídas Grecia y Yugoslavia y con Rommel reforzando al eje en el norte de África estuvo de nuevo dispuesto a volver a la subasta pero ahora el precio se había elevado, insistió en su máximas exigencias territoriales y que sólo entraría en la guerra con Suez en manos alemanas, Hitler la describió ante Ciano como una renuncia a los acuerdos de Hendaya. En todo caso se lo tomó con mucha calma, en parte quizá, porque en ese momento con la aviación alemana operando desde Libia y Sicilia el peso estratégico de Gibraltar había decaído.

El 7 de abril de 1941 con el beneplácito de Washington, Londres concedió a España firmó un acuerdo de préstamo suplementario para Madrid por el que concedía un crédito por valor de 2,5 millones de libras esterlinas, pero el gesto quedó anulado por el impacto de los éxitos alemanes. El 19 de abril se produjo una tensa reunión entre Weddell y Serrano Suñer que tuvo como consecuencias el veto del acceso a Franco durante 5 meses. El enfriamiento de relaciones con los EEUU era parte del juego de Franco que podía ahora hacer caso omiso de las presiones norteamericanas para mantener su neutralidad.

Militarmente en abril de 1941, los alemanes temerosos de que los británicos desembarcasen en España trazaron planes de contingencia con el nombre de Isabella para entrar en España y repeler el asalto británico al tiempo que ocupar Gibraltar. No deja de ser irónico que por las mismas fechas los ingleses manifestaran idénticos temores pero en sentido contrario e hicieran planes para la toma de las Azores y Cabo Verde, temores que habían sido alentados por comentarios de Franco y sus subordinados, que utilizaban unas inexistentes presiones alemanas para eludir el contacto con Weddell y conseguir mayores ayudas por parte aliada.

A finales de abril, las victorias alemanas en los Balcanes reavivaron las sensibilidades germanófilas en España, además, debido a una larga crisis larvada desde la última remodelación del consejo de ministros, tanto Serrano Suñer como los militares que se le oponían cultivaron sus relaciones con von Stohrer, aumentando su beligerancia, probablemente de manera un tanto artificial en vistas a conseguir el apoyo alemán a su causa.

Sea como fuere, a finales de abril, en lo que fue uno de los primeros frutos de la práctica inglesa de sobornar a altos militares españoles a través del general Aranda (13 millones de dólares entre mediados de1940 y finales de 1941), el general Vigón informó a Franco de que si no se recortaban los excesivos poderes de Suñer, los ministros militares dimitirían al unísono.

El meollo del problema estaba en el sempiterno enfrentamiento entre la falange y sectores del ejército, y, en que desde la remodelación del 17 de octubre de 1940, Serrano Suñer era ministro de exteriores, pero a su vez, seguía controlando de facto el ministerio de gobernación que había quedado vacante y también la falange. Esta acumulación de poderes no preocupó a Franco mientras pensó que estaba desinteresadamente a su servicio, pero ahora con el ultimátum de Vigón y algunos indicios que le sugerían que Suñer podía estar creando una base de poder independiente reaccionó.

A instancias de Suñer, Franco creo el ministerio de trabajo al frente del cual puso al falangista Girón, a la vez que para cortar las alas a Suñer, nombraba el 5 de mayo al coronel Galarza (furibundo antifalangista) ministro de gobernación y al capitán de navío Carrero Blanco subsecretario de la presidencia, asimismo nombró a dos generales monárquicos y contarios a Suñer, general Kindelán y general Orgaz, capitán general de Cataluña y alto comisariado de Marruecos respectivamente. También fueron sustituidos varios gobernadores civiles cercanos a Suñer entre ellos el de Madrid.

Sin embargo Suñer consiguió separar prensa y propaganda del ministerio de gobernación, y, al menos en apariencia, mantener su control, lo que se tradujo en un brote de fervor pro germánico, como además, el 19 de mayo dos nuevos ministros falangistas entraron el gobierno, Miguel Primo de Rivera en agricultura, y Arrese como ministro secretario de FET y las JONS, no es de extrañar que muchos considerasen que Suñer había salido reforzado de la crisis, pero esto solo era apariencia. En realidad, aunque había salido relativamente airoso del envite, su posición había resultado bastante socavada porque en el transcurso de la crisis, Suñer había amenazado con una amenaza de dimisiones en cadena, incluida la suya, provocada por el nombramiento del antifalangista coronel Galarza, que fue hábilmente abortada por Franco quien descubrió que la falange se podía comprar a bajo precio, al tiempo que con los nuevos ministros falangistas lo que conseguía era aumentar aún más su control sobre la falange y todo ello en detrimento de Serrano Suñer que ahora contaría con 3 poderosos enemigos, los francofalangistas de Arrese, los militares y Carrero Blanco, Suñer trataría de contrarrestarlos inclinándose más hacia el eje para obtener el apoyo italogermano.

*El informe completo puede verse aquí: viewtopic.php?t=820
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beltzo
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Mensaje por beltzo » Vie Oct 26, 2007 1:51 pm

V/VI

El 22 de junio la invasión de la URSS prendió de nuevo la vena bélica en España y su fe en la victoria germana, Suñer informó a Stohrer que Franco deseaba enviar una división de voluntarios a Rusia independientemente de la plena beligerancia española que se produciría en su momento. El envío de voluntarios tenía en la mente de Franco indudables ventajas, por un lado la alimentación y el armamento serían responsabilidad alemana, por otro siempre podía desligarse oficialmente de ellos si las cosas se torcían, al tiempo que le permitía mostrar un compromiso suficiente con el eje como para aspirar a tener parte en el botín,

El 24 de junio von Sthorer sugirió a Suñer la plena beligerancia española que este rechazó alegando que ello provocaría un bloqueo aliado, sin embargo Sthorer sacó la conclusión de que Suñer se inclinaba más que nunca por la beligerancia española; ese mismo día Suñer pronunció en Madrid un discurso ante miles de manifestantes falangistas en el que manifestó: “¡Rusia es culpable! ¡culpable de nuestra guerra civil! ¡culpable de la muerte de Jose Antonio, nuestro fundador, y de la muerte de tantos camaradas y tantos soldados caídos en aquella guerra por la agresión del comunismo ruso!”. Poco después, un grupo de estos mismos falangistas realizaron un amago de asalto a la embajada británica.

Los ánimos estaban tan exaltados que cualquier incidente podía generar consecuencias imprevisibles, como el que tuvo lugar el 25 de junio cuando baterías españolas dañaron un avión que sobrevolaba Algeciras incidente que acabaría produciendo un intercambio de cañonazos entre Gibraltar y Algeciras, y que fue solucionado telefónicamente antes de que la cosa llegara a mayores.

Al día siguiente en respuesta a la configuración de la división azul, Londres informó de que se bloquearía el suministro de gasolina a España aunque ya el 30 de junio, Hoare informó a Serrano Suñer que el bloqueo se levantaría en breve, justamente ese día Madrid reconocía al régimen anticomunista de Nankin presidido por Wang Ching Wei, un régimen títere de los japoneses.

El 2 de julio, día en que finalizaba el plazo para la recluta de voluntarios falangistas a la división azul, Serrano Suñer declaró al Die Deutsche Allgemeine Zeitung que la no beligerancia sería sustituida por lo que llamó beligerancia moral, los ingleses lo interpretaron como un apoyo moral a los alemanes en su guerra contra Rusia sin que a ellos les afectara y miraron para otro lado. A finales de mes el embajador español en Berlín, el general Espinosa de los Monteros hostil a Suñer, fue sustituido por el conde Mayalde fiel a su persona, la estrella de Suñer parecía volver a brillar.

El 17 de julio un Franco exultante se dirigió a la falange donde dejándose llevar por su espíritu beligerante abandonó su habitual prudencia y criticó duramente a las democracias llegando a decir que habían planteado mal la guerra y la habían perdido y que ”en estos momentos en que las armas alemanas dirigen la batalla que Europa y el cristianismo que desde hace tantos años anhelaban, la sangre de nuestra juventud va a unirse a la de nuestros camaradas del eje, como expresión viva de solidaridad”.

Suñer se alarmó por la beligerancia del caudillo a quien advirtió que ese tipo de proclamas debían dejarse a subordinados que siempre podían ser desautorizados, días más tarde a von Sthorer le dijo que hasta ahora los ingleses pensaban que era él quien presionaba para la guerra y Franco quien mantenía la neutralidad. Tenía razón, los aliados sospechaban que el envío de la división azul y la apelación al apoyo contra los rojos eran el primer paso a la entrada en la guerra opinión compartida por Vigón y otros generales también molestos con el discurso. Los ingleses estudiaron seriamente la ocupación de una de las islas Canarias y Salazar en Portugal creyó que España pronto entraría en el conflicto.

A pesar de las gestiones ante los aliados para quitar hierro al discurso de Franco, el subsecretario de estado norteamericano Summer Welles, declaró que la única alternativa era retener los suministros a España. Poco después se aplicaron innumerables trabas a la exportación se suministros a España y el suministro de petróleo se redujo al mínimo. Hoare lo interpretó como una provocación y el ministro de exteriores británico, sir Anthony Eden, en un duro discurso ante la cámara comunes el 24 de julio abogó por poner fin a la política de apaciguamiento española seguida hasta entonces, sin embargo Churchill que era quien ejercía ahora de paladín del apaciguamiento español se convenció de que el discurso era solo para consumo interno y desechó sus planes en las Canarias.

En el interior, el general Orgaz en representación de los generales Kindelán, Aranda, Solchaga y Saliquet, informó a Franco que no debía hacer discursos tan extremistas como el del 17 de julio sin consultarles antes y pidió la dimisión de Suñer, petición que Franco aceptó para más tarde escabullirse. Estos generales habían sopesado incluso la posibilidad de un golpe de estado para lo que habían intentado ganarse a los británicos.

Además de la división azul, el 22 de agosto se firmó un convenio regulador mediante el cual 100.000 trabajadores españoles serían enviados a Alemania, y el 3 de septiembre nació la comisión interministerial para el envió de trabajadores a Alemania. Ni estos acuerdos, ni el envío de la división azul, fueron preludio de la beligerancia española porque como Franco bien sabía España no resistiría un bloqueo aliado, aunque en ese sentido hubo suerte de que Rusia no declarara la guerra a España durante el tiempo que duro la provocación.

Durante el verano de 1941 la actitud germanófila del gobierno y la prensa española aumentaron varios enteros, los ataques contra Inglaterra y los EEUU se intensificaron al tiempo que se exaltaban los éxitos germanos y los embajadores eran tratados con suma frialdad, mientras tanto y debido a la reducción de las exportaciones aliadas hacia España, la situación industrial amenazaba colapsarse, en este contexto el juego a dos bandas se intensificó.

El 6 de agosto el ministro Carceller en entrevista con Beaulac, consejero de la embajada norteamericana, le explicó que la retórica de Franco era una estratagema para mantener alejados a los alemanes, que el antiamericanismo era obra de Suñer y que Franco tenía fuertes inclinaciones democráticas... Además propuso que los norteamericanos introdujeran productos en España para pasarlos luego de contrabando a Alemania y dar así impresión de colaboración, por supuesto que los norteamericanos no mordieron el anzuelo.

A principios de septiembre Carceller partió hacia Alemania con objeto de pedir ayuda, pero sobre todo, de explicarles que debido a que España necesitaba los suministros aliados se iniciaría un deshielo con los anglosajones, además argumentó, que tales gestiones beneficiarían a Alemania puesto que España pronto estaría en mejores condiciones; a Weddell se le transmitiría la idea de que ello mantendría la neutralidad española, aunque en realidad, España seguiría su política de apoyo ilimitado a Alemania pero sin llegar a la plena beligerancia.

Bajo presión británica, a principios de octubre, Franco decidió que los dos barcos alemanes que reabastecían a los submarinos fueran trasladados del exterior del puerto de Las Palmas al interior. Von Stohrer elevó una protesta más bien simbólica, puesto que el apoyo español seguía siendo notable y como él mismo comunicó al agregado militar alemán, mientras mantuviera su neutralidad, España era la única brecha abierta en el bloqueo aliado.

El 6 de octubre tras un largo paréntesis, por fin, Franco se entrevistó con Weddell quien subrayó la necesidad de sentar las relaciones hispano norteamericanas sobre una base clara, a lo que Franco respondió con una lista de las necesidades españolas y afirmando que deseaba una mejora en dichas relaciones. Cuatro días después Suñer explicaba el encuentro a von Stohrer diciéndole que Weddell había buscado con ahínco la amistad española y que había sido rechazado.

Merced a las dificultades alemanas en Rusia algunos generales, sobre todo monárquicos, en España temieron que Alemania intentara resolver la cuestión mediterránea con un ataque a Gibraltar forzando el paso en España, barajaron la posibilidad de derrocar a Franco y elaboraron planes para su propia evacuación y el establecimiento de un mando militar y un gobierno provisional en Marruecos y las Canarias con apoyo británico. Cuando a finales de 1941 el peligró de invasión disminuyó, desecharon la idea de derribar a Franco, aunque siguieron dispuestos a mantener a España fuera de la contienda.

A finales de noviembre en una reunión en Berlín con ocasión de la renovación del pacto antikomitern, Serrano Suñer se jactó de que España realizaba cualquier servicio para el reich dentro de sus modestas posibilidades, aunque no dejara de sugerir que la guerra sería larga y difícil, también mencionó que en represalia por su partida a Berlín los norteamericanos había retenido dos petroleros con destino a España. Por los mismos días Washington había presentado al embajador español en los EEUU, Juan Francisco Cárdenas, una lista de condiciones que España debería cumplir para la reanudación del comercio, condiciones que no fueron aceptadas por Franco hasta que las exiguas reservas de petróleo le obligaron a ello.
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beltzo
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Mensaje por beltzo » Sab Oct 27, 2007 3:18 pm

VI/VI

El fervor pro eje que había ido disminuyendo un tanto durante el invierno, aumentó bruscamente el 7 de diciembre con el ataque a Pearl Harbor, la oleada de fervor antiamericano en prensa se mantendría en los primeros meses de 1942, desde Madrid se envió un telegrama felicitando a los japoneses, y Franco daría su consentimiento para que las embajadas españolas representaran los intereses japoneses en Latinoamérica.

El 9 de diciembre el general Moscardó se entrevistó con Hitler en Berlín transmitiéndole la convicción del caudillo en el triunfo alemán y el deseo español de sacarse la espina de Gibraltar, Hitler respondió que sentía mucho no poder hacer nada al respecto y lamentó que los españoles no hubiesen aprovechado las oportunidades surgidas ese mismo año.

No cabe duda de que los problemas alemanes en Rusia y las continuas querellas entre el ejército y la falange influían en el animo de Franco pero lo que no hicieron fue quebrar su voluntad de ayudar al reich dentro de sus posibilidades, a principios de enero de 1942, Franco consintió en seguir ayudando al eje sobre todo con las exportaciones de wolframio, a pesar de que los alemanes no correspondían en la misma medida. El 13 de febrero, en entrevista con Salazar en Sevilla, manifestó que era imposible una victoria aliada y aseguró que si hubiese peligro de que los bolcheviques invadieran Alemania, un millón de bayonetas españolas se aprestarían a su defensa. Al día siguiente en un discurso ante oficiales de ejército en el alcázar de Sevilla repetiría públicamente estas aseveraciones.

El 5 de enero Churchill en una carta a Roosevelt escribió: “Por favor, ¿tendría la amabilidad de pensar en ofrecerles algunas zanahorias racionadas a los españoles para evitar problemas en Gibraltar?” Sin embargó las zanahorias no llegarían hasta febrero cuando las reservas de petróleo eran ya tan escasas que la refinería de Tenerife había tenido que cerrar y Franco a regañadientes aceptar las exigencias de Washington destinadas a impedir que el bloqueo siguiera burlándose desde España. De manera pública y reiterada, negó con cinismo que hubiera ningún acuerdo para el abastecimiento de submarinos alemanes en España. A mediados de marzo los aliados empezaron a aplicar compras preventivas de wolframio español.

Las relaciones con los anglo americanos mejoraron ostensiblemente durante esa primavera, debido fundamentalmente a las necesidades económicas, y también a la dimisión de Weddell en febrero por motivos de salud, que dejó la embajada norteamericana primero provisionalmente en manos de Beaulac que mantenía unas relaciones mucho más distendidas con Suñer, y a partir de mayo, en el nuevo embajador, Carlton Joseph Huntley Hayes, quien simpatizaba con el régimen franquista, y, a pesar de muchas evidencias en sentido contrario, pensaba que España era decididamente neutral e inclinada del lado aliado, motivo por el cual, pronto surgirían fricciones con su homologo británico, sir Samuel Hoare, que Franco explotaría debidamente.

El 10 de junio, Franco, se entrevistó con Hayes con motivo de la presentación de credenciales, allí Franco le expuso su vieja teoría de dos guerras distintas, ahora con una variante en la que no recogía la anglo germana que consideraba un dislate, sino por un lado una guerra ruso germana en la que estaba interesado y otra en el Pacífico contra Japón. Tampoco le convencieron los argumentos de Hayes por la que los aliados ganarían la guerra, no estaba convencido de que los norteamericanos tuvieran capacidad para transportar sus ejércitos y materiales a través del Atlántico y además le refirió que una victoria de las democracias sería una victoria del comunismo. A pesar de ello, Hayes, salió convencido del deseo de Franco por mantener buenas relaciones con los norteamericanos y de su sincero deseo de neutralidad.

Si Hayes se dejó engañar, no ocurrió lo mismo con William J. Donovan, director general de los servicios secretos norteamericanos, a quien los despachos interceptados en la embajada española en Washington convencieron de que la embajada española era una misión enemiga. Ni tampoco a los británicos y al mando supremo aliado. A principios de año los británicos habían interceptado varios mensajes alemanes que indicaban que Canaris había obtenido el apoyo de Franco para la operación, Unternehemen Bodden, mediante la que el abwehr construiría con ayuda de la armada española, un sistema de detección por sonar entre el lecho marítimo del estrecho de Gibraltar y una cadena de 14 estaciones de observación de barcos con rayos infrarrojos a lo largo de las rutas que los aliados podrían seguir para un desembarco en el norte de África, El sistema entraría en funcionamiento en abril de 1942 con 9 estaciones en la costa española y 5 en la marroquí.

Aunque en un principio se pensó en un ataque militar contra este sistema, finalmente, los británicos se decantaron por las presiones diplomáticas, el 27 de mayo Hoare mostró al caudillo un dossier donde se detallaba toda la operación, amenazado por nuevas presiones económicas, Franco prometió una investigación. El 3 de junio su estado mayor reconoció la existencia de la red pero afirmando que era para la defensa de las costas españolas. Como era habitual en él, a pesar de ulteriores presiones, Franco consiguió demorar su desmantelamiento hasta después del éxito aliado en la operación Torch.

A finales de mayo llegaron rumores a Franco de que el jefe de la división azul, general Muñoz Grandes, culpaba a Franco de la caótica situación española de modo que decidió sustituirle por el general Esteban Infantes. Al tiempo que Hitler pensó que convenía apoyar la figura de Muñoz Grandes como posible recambio de Franco o al menos como contrapeso a Serrano Suñer de quien pensaba que era una mala influencia para Franco.

El 13 de julio le recibió en la guarida de lobo y quedó encantado cuando Muñoz Grandes le dijo que con él como jefe de gobierno la política pro nazi se acentuaría. Para aumentar su popularidad fue condecorado por su mando en la división azul e incluso se pensó que tuviera un papel relevante en la toma de Leningrado para después enviarlo a España junto con su división bien pertrechada. Hitler puso trabas a la incorporación del Esteban Infantes al frente y envió a Canaris a España para sugerir a Franco que retrasara su incorporación. Cuando además, el agregado militar alemán se puso en contacto con Yague, Franco se alarmó.

En el discurso del caudillo del 17 de julio de 1942, declaró que la preservación de nuestros derechos y seguridad descansa sobre tres millones de hombres bien pertrechados, que poco se salvaría del sistema democrático liberal, que en materia de esfuerzo bélico, el régimen totalitario ha demostrado su superioridad y en el económico es el único capaz de salvar a una nación de la ruina. Con la operación Torch en marcha estas declaraciones causaron considerable inquietud en los aliados, que se vio ratificada por la captura en Lisboa de órdenes de guerra selladas dirigidas a la flota mercante española, asimismo nuevos documentos interceptados en la embajada española en Washington demostraban que Franco seguía indeciso sobre su unión al eje.

A mediados de agosto el llamado incidente de Begoña, en el que falangistas arrojaron dos bombas a los carlistas allí congregados, elevó al máximo las tensiones existentes entre el ejército y la falange. Varela que presidía el acto lo consideró un ataque a su persona y secundado por Galarza y otros generales exigió la dimisión de Suñer, el castigo a los responsables y la formación de un gobierno de autoridad para evitar errores del pasado. Franco puso las cosas en su sitio a primeros de septiembre de 1942, sustituyó a Galarza por Blas Perez en gobernación, aceptó la dimisión que Varela le había presentado como medio de presión poniendo en su lugar al general Carlos Asensio Cabanillas y un acosado Serrano Suñer salió de ministerio de exteriores a favor del conde Jordana.

Posteriormente una generación de apologistas de Franco han querido ver en estos cambios un cambio en su orientación proeje, sin embargo, esto entra en franca contradicción con el hecho de que los dos últimos candidatos no hubiesen sido la primera opción de Franco, y que si bien Jordana era de tendencias anglófilas, el general Asensio era un notorio partidario del eje a diferencia de Varela que era marcadamente anglófilo; además Hitler y Mussolini vieron con agrado la caída de Suñer a quien consideraban un intrigante que retrasaba la entrada de España en el conflicto y obnubilaba el buen juicio de Franco, así que realmente no hay base para pensar que los nombramientos de Jordana y Carlos Asensio no estuvieran motivados más que por poseer las virtudes que Franco apreciaba por encima de todo, la absoluta docilidad y lealtad para con él.

La destreza con que Franco manejó el incidente de Begoña impresionó vivamente a Hitler, quien después de ver la facilidad con que Franco se había impuesto al ejército, ahora rechazaba los planes de Muñoz Grandes para derribar a Franco como meras fantasías.

La prensa española anunció que la continuidad no se interrumpiría y el 18 de septiembre Franco escribió una misiva al duce declarando que los cambios en el gobierno español no afectaban lo más mínimo la posición exterior de España sino que reforzaban la situación interior.

Pero aunque no lo pretendiera el nombramiento de Jordana favoreció la causa aliada, en junio Serrano Suñer había dicho a Ciano que España debería desenvainar la espada si los aliados desembarcaban en el norte de África, por el contrario Jordana aportó un elemento de prudencia y contención, algo lógico con un ejército aliado preparándose en los aledaños de Gibraltar, pero quizá el cambio más significativo es que se empezó a hablar de la potencia militar española en términos de resistir una invasión y no de conquista imperial.

Con los aliados preparándose para desembarcar en África los angloamericanos pusieron especial cuidado en asegurar que España no sufriría ningún ataque. El 19 de octubre Hoare aseguró al caudillo que no se produciría ninguna intervención en los asuntos españoles ni durante la guerra ni después de ella, al tiempo que trató de hacerle ver su dependencia de los suministros aliados, esto no le privó de recordarle las actividades antialiadas españolas aunque todo ello en un clima distendido.

Desconocedores de los verdaderos planes aliados, los alemanes en la práctica no ejercieron ninguna presión sobre Franco, únicamente, el 27 de octubre von Stohrer sugirió que se informara a los anglo-norteamericanos que el desembarco en el Marruecos francés sería considerado como casus belli e indicó que era el momento para que España se hiciera con el Marruecos francés. Una semana después, Jordana indicó a Hayes que si los aliados invadían el África francesa, España se vería obligada a intervenir al lado de Alemania, Hayes respondió que cualquier actitud hostil provocaría una intervención aliada. En la sesión del consejo de ministros del 4 de noviembre, prevalecieron las garantías aliadas dadas a través de Hoare y Hayes, y, presumiblemente también las amenazas de Hayes.

Pero los aliados no las tenían todas consigo ya que el agregado militar estadounidense tenía informaciones de que Hitler había pedido a Franco que permitiera el paso de tropas alemanas a través de la península en caso de que los aliados desembarcaran el noroeste de África, aunque dicha información probablemente nunca pasó de ser un rumor, (Jordana lo negó categóricamente y Suñer afirmaría que no hubo ningún tipo de presión alemana), motivó que Hull transmitiera a Hayes un mensaje de Roosevelt para informar a Franco de que España podía esperar mayores ayudas por parte de los aliados mientras permaneciera neutral y no permitiera el tránsito de tropas alemanas por su territorio e incluso que los aliados le ayudarían a resistir cualquier agresión alemana. El mensaje fue transmitido por Hayes a Jordana el 6 de noviembre de 1942.

El 8 de noviembre mientras tenía lugar la operación Torch, tanto Hoare como Hayes, acudieron a renovar sus garantías a Franco, Hayes le entregó un mensaje personal de Roosevelt en que afirmaba que España no tenía nada que temer de los aliados, la carta de Roosevelt apareció en la prensa y el 10 de noviembre Franco respondió formalmente aceptando dichas garantías.

Asensio, Girón y Arrese, entre otros, pensaban que era el momento ideal para que España entrara en la guerra junto al eje, sin embargo los rápidos éxitos aliados hicieron inviables estas propuestas, por otra parte el general Kindelán representando a los generales monárquicos envalentonados por el desembarco aliado en África, informó a franco que si había comprometido a España con el eje tendrían que deponerlo y le pidió que restaurase la monarquía declarándose regente.

El 12 de noviembre Franco nombró al general Yague, decidido partidario del eje, como comandante de las tropas españolas en Melilla, de esta manera se aseguraba un contrapeso al general Orgaz, el alto comisario de Marruecos, monárquico, pro-aliado y aliado de Kindelán. La presencia de Yague en Melilla obligó a los aliados a desplegar numerosas tropas en el área para prevenir posibles incursiones españolas contra el Marruecos francés. Ese mismo 12 de noviembre, se ordenó una movilización parcial con objeto de resistir ante cualquiera de los dos bandos, aunque de hecho el despliegue de solo débiles tropas alemanas en la frontera francesa no presagiaba ninguna amenaza por su parte.

Franco aprovechó inexistentes amenazas alemanas para congraciarse con los aliados y viceversa. Así se debe interpretar la petición a mediados de noviembre por parte del nuevo embajador español en Alemania, Gines Vidal, de material de guerra para resistir a los aliados, algo falaz, tras la aceptación tanto en público como en privado, de las garantías dadas por Roosevelt, así, como por la negativa el 19 de noviembre a una petición de von Stohrer para la utilización de la Baleares como base aérea para el rescate de aviadores derribados bajo el pretexto de que ello provocaría la hostilidad de los aliados. El 23 de noviembre Jordana pidió a los americanos mayores ayudas económicas y que Hayes interpretó positivamente, pero que en realidad no indicaba más que las inclinaciones de Franco de obtener el máximo beneficio posible a cambio de casi nada.

En contradicción con el optimismo de Hayes, los servicios secretos aliados pronto constataron que todos los preparativos militares españoles estaban dirigidos contra ellos ya que en lado español de la frontera francesa solo estaban los habituales guardias fronterizos mientras que en Marruecos se había recibido sustanciales refuerzos y los oficiales partidarios de los aliados estaban siendo sustituidos por otros afines al eje. El 7 de diciembre, aniversario de Pearl Harbor, Franco se dirigió al consejo nacional de la falange donde volvió a manifestar su fe irreductible en el eje, aunque en su estilo farragoso, también dio a entender que en caso de victoria aliada él sería un valioso aliado contra el bolchevismo

El 20 de diciembre se firmó con Portugal el bloque ibérico aclamado como baluarte de la paz, que en Berlín fue acogido con cierta hostilidad, sin embargo el principal interés de Hitler se centraba en asegurarse que España opondría resistencia ante una invasión aliada para lo que hizo el ofrecimiento del envío de armas alemanas a España siempre que estas se utilizaran exclusivamente contra a los aliados, sin embargo, distaba mucho de poder permitirse poder pagar la beligerancia española.

El 29 de diciembre de 1942 Jordana informó a Canaris que la orden de movilización española estaba provocada por los desembarcos aliados, y, en un reconocimiento explicito del juego a dos bandas, le indicó que si Alemania no podía colaborar, España buscaría en otra parte. El 6 de enero de 1943 Franco expuso a Hoare su teoría de las dos guerras y la necesidad de la paz, en lo que no era más que una cortina de humo cuando estaba a punto de enviar una comisión militar a Berlín para discutir los envíos de armas que serían esenciales si España finalmente entraba en guerra del lado el eje. Culminaría con la firma el 12 de febrero de 1943 de un protocolo secreto en el que a cambio de armas, España combatiría cualquier entrada angloamericana en la península. Las armas materializadas serían más bien escasas y el protocolo nunca entraría en vigor, pero fue un riesgo innecesario por parte de Franco, que arriesgaba a cambio de bien poco, la libertad de facto de que en ese momento gozaba España.

En el futuro, Franco emplearía cada vez más sistemáticamente el juego a dos bandas, con Arrese como portavoz ante el eje y Jordana ante los aliados, y aunque Franco prácticamente hasta el último momento, confió en una victoria alemana, el devenir de la guerra hizo cada vez más improbable su participación, realmente el momento de la intervención española ya había pasado, y España se mantendría neutral en la guerra.


“Franco, caudillo de España”, Paul Preston, Ed. Grijalbo Barcelona1994
“La división azul”, Xavier Moreno Juliá, Ed. Crítica 2006
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Mensaje por Erich Hartmann » Sab Oct 27, 2007 5:08 pm

Mis felicitaciones, beltzo, un trabajo excelente.

Saludos cordiales

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Shindler
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Mensaje por Shindler » Mar Oct 30, 2007 2:38 pm

Hola a todos. Muy buen informe amigo Beltzo felicidades.
Permíteme un pequeño aporte a modo de complemento contemplando al Conde Jordana.

El conde Jordana aunque era monárquico se consideraba a sí mismo como liberal. En realidad se trataba de un hombre que estaba fuera del tiempo, del fascismo, del comunismo y de la revolución industrial. Correcto, leal, muy trabajador, en su puesto posterior de ministro de Asuntos Exteriores consiguió ganarse la estima de los diplomáticos extranjeros, para sí y para el régimen.
En el desempeño de esta última cartera en el primer gobierno de Franco, Jordana tuvo una actuación destacada en el asunto de las compensaciones mineras a Alemania. Fue un eficaz segundo del general Franco en los esfuerzos por preservar la independencia económica del nuevo Estado frente a las exigencias de Hitler y consiguió desesperar al mismo von Stohrer, que no era hombre acostumbrado a sufrir dilaciones y plantones.

Además de la cartera de Asuntos Exteriores, el general Gómez Jordana desempeñó la vicepresidencia del gobierno formado en Enero de 1938. Por sus cargos y por la influencia que sus consejos ejercieron siempre en el jefe de Estado, el conde de Jordana estuvo en el centro de las negociaciones que, durante todo el año 1938, se entablaron para intentar poner fin a la guerra civil española. El 6 de Octubre de aquel año, mantuvo ante las presiones de von Stohrer por llegar a una paz negociada, la tesis franquista de la capitulación total de la República. Después de de la victoria de los nacionales en Cataluña, los países democráticos empezaron a aproximarse a Burgos, y sus representantes. al principio oficiosos, maniobraron cautalmente para buscarse un puesto en la lista de espera que comenzaba a formarse en la antesala del general Gómez Jordana. Francia, que había favorecido francamente al bando republicano, envió a Burgos al prestigioso senador. M. Bérard, quien entabló con el ministro español unas largas negociaciones que culminaron en los acuerdos que llevan el nombre protocolario de ambos personajes. Los acuerdos suponían, por parte francesa, un giro de noventa grados en su tratamiento y enfoque a la guerra civil de España.

Beltzo escribió:Ya en marzo de 1939, Francia preocupada de las intenciones de Franco nombró a Petain como su primer en Madrid, se suponía que Franco lo admiraba, pero esto no contribuyó más que a inflar el ego del generalísimo, y Petain, fue tratado con un cierto desden por Franco y sus ministros.


Esto fué la consecuencia más espectacular del llamado pacto Jordana-Berard, el reconocimiento diplomático del régimen franquista por parte de Francia y el nombramiento, a continuación, del mariscal Petain como primer embajador francés en Burgos en los días finales de la guerra. En un ambiente cargado de prevenciones y cautelas extremadas, la recepción hecha al mariscal Petáin fué muy fría, a pesar de que las simpatías personales con que el viejo soldado francés contaba en España y su alto prestigio profesional. Pero eran tiempos difíciles y comprometidos, y el paso dado por Francia tenía que tener por fuerza una acogida llena de reservas y prevenciones. El deshielo sólo llegaría bastante tiempo después. (según las crónicas de la Guerra civil Española, editorial Codex- Marzo 1968)


Terminada la guerra civíl, el general Jordana permanece en su puesto al frente de las relaciones exteriores de España. Su firma figura en la adhesión del nuevo régimen español al Pacto Antikomitern y en los tratados de no agresión con Portugal, que dieron paso al nacimiento del llamado bloque Ibérico.

Pero el momento más dramático y tenso de la vida del general Jordana fué seguramente la víspera del desembarco aliado en el norte de Africa el 7 de Noviembre de 1942. Fué despertado esa noche a las dos de la madrugada por el embajador norteamericano Carlton j. Hayes, para pedirle una audiencia urgentísima con el general Franco. El desembarco estaba realizándose ya prácticamente y ponía al mundo y a la guerra universal ante una situación crítica.

Gómez Jordana era ya veterano de la guerra de Cuba cuando hizo la campaña de Marruecos. Resultó herido y su actuación militar fué brillante. Obtuvo varios ascensos por mérito de guerra y estaba en posesión de gran número de condecoraciones. Cuando estalló la guerra de España había cumplido los sesenta años y, en razón de su edad, no le fueron encomendadas misiones de combate, que el reclamó con insistencia. Sus servicios fueron utilizados donde él podía prestarlos con más eficacia en aquellos momentos. Su moderación y prestigio le habían señalado como el hombre indicado para el papel que el jefe del Estado nacional le encomendó. Los resultados fueron óptimos y el último de sus servicios a su país fue el de contribuir muy de cerca a preservar la neutralidad española en los momentos más difíciles de la segunda guerra mundial.


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Mensaje por David L » Lun Nov 19, 2007 11:30 pm

Esta tarde he tenido la oportunidad de poder leer detenidamente este artículo y es de esos post que bien merecen un elogio. En apenas 25 carillas quedan muy bien reflejadas las distintas posturas del régimen franquista a lo largo de los 3 primeros años de la contienda mundial. Si hubo alguna vez una buena ocasión de entrar en la guerra, ésta siempre estuvo presente antes de la operación Antorcha, o desembarco anglo-americano en el Norte de África. A pesar de mucha excusa apologética, nadie pone hoy en duda que Franco hubiera entrado en guerra si las condiciones solicitadas al Fuhrer alemán hubieran tenido un mínimo de aceptación desde Berlín. Interesante resulta también el papel desempeñado por Mussolini en las relaciones hispano-alemanas. Uno se pregunta hasta qué punto quería Italia que España se uniese al Eje en su lucha contra los aliados. Para España su "lebensraum" estaba situado en África Norte y el Mediterráneo....justamente en el mismo lugar en el que el "Imperio italiano" había puesto sus esperanzas de grandeza.

En fin, un buen post para hacerse una idea de la posición franquista ante el estallido de la IIGM.

Un saludo.
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Mensaje por sopas » Mar Dic 11, 2007 5:01 am

Bueno pues yo quiero colaborar también con parte de las memorias de Winston Churchill que el algunos aspectos no parecen estar del todo de acuerdo con lo que dice Preston al que yo considero algo tendencioso (opinión personal). Sobre el encuentro en Hendaya el texto que adjunta Beltzo dice que Franco estaba desencantado cuando en realidad era Hitler el que se fue más decepcionado por las exigencias de Franco.
Bueno, adjunto el texto en inglés:

From Churchill Memories – The Second World War

"… Nothing was easier than for the Spaniards to mount or allow to be mounted a dozen heavy guns in the hills behind Algeciras. They had a right to do so at any time, and, once mounted, they could at any moment be fired, and our naval and air bases would become unusable. The Rock might once again stand a long siege, but it would be only a rock. Spain held the key to all British enterprises in the Mediterranean, and never in the darkest hours did she turn the lock against us. So great was the danger that for nearly two years we kept constantly at a few days notice an expedition of over five thousand men and their ships, ready to seize the Canary Islands, by which we could maintain air and sea control over the U-boats, and contact with Australasia round the Cape, if ever the harbour of Gibraltar were denied to us by the Spaniards.

There was another very simple manner in which the Franco Government could have struck us this destructive blow. They could have allowed Hitler’s troops to traverse the Peninsula besiege and take Gibraltar for them, and meanwhile themselves occupy Morocco and French North Africa. This became a deep anxiety after the French Armistice, when on June 27, 1940 the Germans reached the Spanish frontier in force, and proposed fraternal ceremonial parades in San Sebastian and in towns beyond the Pyrenees. Some German troops actually entered Spain. However, as the Duke of Wellington wrote in April 1820: “There is no country in Europe in the affairs of which foreigners can interfere with so little advantage as in those of Spain. There is no country in which foreigners are so much disliked, and ever despised, and whose manners and habits are so little congenial with those of other countries in Europe”. Now, a hundred and twenty years later, the Spaniards, reeling and quivering under the self-inflicted mutilations of the Civil War, were even less sociable. They did not wish to have foreign armies marching about their country. Even if they were Nazi and Fascist in their ideology, these morese people would rather have the foreigners’ room than their company. Franco shared these feelings to the full, and in most crafty manner he managed to give effect to them. We could admire his astuteness, especially as it was helpful to us.

Like everyone else, the Spanish Government was staggered by the sudden downfall of France and the expected collapse or destruction of Britain. Lots of people all over the world had reconciled themselves to the idea of the “New Order in Europe”. The “Herrenvolk”, and all that. Franco therefore indicated in June that he was prepared to join the victors and share in the distribution of the spoils. Partly from appetite, and partly also from prudence, he made it clear that Spain had large claims. But at this moment Hitler did not feel the need of allies. He like Franco, expected that in a few weeks or even days general hostilities would cease and England would be suing for terms. He therefore showed little interest in the gestures of active solidarity from Madrid.

By August the scene had changed. It was certain that Britain would fight on and probable that the war would be lengthy. With the contemptuous British rejection of his “Peace Offer” of July 19 Hitler sought allies, and to whom should he turn but to the dictator he had helped and who had so lately offered to join him? But Franco also had a different outlook, arising from the same causes. On August 8 the German Ambassador in Madrid informed Berlin that the Caudillo still held the same view, but that he had certain requests to make. First, the assurance that Gibraltar, French Morocco, and part of Algeria, including Oran, should be given to Spain, together with various expansions of territory in the Spanish African colonies. Adequate military and economic assistance would also be necessary, because Spain had only enough grain for eight months. Finally, Franco felt that the intervention of Spain should not take place until after the German landing in England, “in order to avoid too premature an entry into the war, and thus a duration which would be unbearable to Spain and in certain conditions a fountain of danger for the régime”. At the same time Franco wrote to Mussolini recapitulating Spanish claims and asking for his support. Mussolini replied on August 25 by urging the Caudillo “not to cut himself off from the history of Europe”. Hitler was embarrassed by the size of the Spanish claims, some of which would embroil him anew with Vichy. The taking of Oran from France would almost certainly lead to the setting up of a hostile French Government in North Africa. He balanced the issue.

Meanwhile the days were passing. During September Great Britain seemed to be holding her own against the German air offensive. The transfer of the fifty American destroyers made a profound impression throughout Europe, and to Spain it seemed that the United States therefore pursued the policy of raising and defining their claims and making it clear that these must be agreed in advance. Supplies also must be provided, particularly a number of 15-inch howitzers for the Spanish batteries facing Gibraltar. Meanwhile they paid the Germans in small coin. All the Spanish newspapers were Anglophobe. German agents were allowed to flaunt themselves all over Madrid. As the Spanish Foreign Minister, Beigbeder, was suspected of lack of enthusiasm for Germany, a special envoy, Serrano Suñer, head of the Falange, was sent on a formal visit to Berlin to smooth things over and preserve a sense of comradeship. Hitler harangued him at length, dwelling on the Spanish prejudices against the United States. The war, he suggested, might well turn into a war of continents –America against Europe. The islands off West Africa must be made secure. Later in the day Ribbentrop asked for a military base for Germany in the Canaries. Suñer, the pro-German and Falangist, refused even to discuss this, but dwelt incessantly upon Spanish needs for modern weapons and food and petrol, and for the satisfaction of her territorial demands at the expense of France. All this was necessary before Spain could realise her hopes of entering the war."

...

"On October 23 Hitler went all the way to the Franco-Spanish frontier at Hendaye to meet the Spanish dictator. Here the Spaniards, instead of being flattered by his condescension, demanded, according to Hitler’s account to Mussolini, “objectives absolutely out of proportion to their strength”. Spain demanded rectifications of the Pyrenees frontier, the cession of French Catalonia (French territory, once historically linked with Spain, but actually north of the Pyrenees), of Algeria from Oran to Cape Blanco, and virtually the whole Morocco. The conversations, conducted through interpreters, lasted nine hours. They produced only a vague protocol and an arrangement for military conversations. “Rather than go through it again,” Hitler told Mussolini later at Florence, “I would prefer to have three or four of my teeth out”*

* Ciano, Diplomatic Papers, p. 402"

"... Three weeks later Admiral Canaris, Chief of the German Secret Service, was sent to Madrid to arrange the details of Spain’s entry into the war. He suggested that the German troops should pass the Spanish frontier on January 10, in preparation for an attack on Gibraltar on January 30. The Admiral was surprised when Franco told him that it was impossible for Spain to enter the war on the date mentioned. It seemed that the Caudillo feared the loss of Atlantic islands and Spanish colonies to the British Navy. He also emphasised the lack of food and the inability of Spain to stand a protracted war. As the German landing in England seemed indefinitely postponed Franco introduced a new condition. He would not move at any rate until Suez was in Axis hands, since not till then would he feel sure that Spain would not be involved in long-drawn-out hostilities.

Hitler also had his New Year thoughts, and it is interesting to compare his letter to Mussolini written a week earlier with my appreciation. Coincidence is evident about the attitude of General Franco and Spain.

Duce, 31 Dec 40

"….3. Spain. Profoundly troubled by the situation, which Franco thinks has deteriorated, Spain has refused to collaborate with the Axis Powers. I fear that Franco may be about to make the biggest mistake of his life. I think that his idea of receiving from the democracies raw materials and wheat as a sort of recompense for his abstention from the conflict is extremely naïve. The democracies will keep him in suspense until he has consumed the last grain of wheat, and then they will unloose the fight against him.
I deplore all this, for from our side we had completed our preparations for crossing the Spanish frontier on January 10, and to attack Gibraltar at the beginning of February. I think success would have been relatively rapid. The troops picked for this operation have been specially chosen and trained. The moment that the Straits of Gibraltar fell into our hands the danger of a French change-over in North and West Africa would be definitely eliminated.
I am therefore very saddened by this decision of Franco, which is so little in accord with the aid which we, you, Duce, and myself, gave him when he found himself in difficulties. I still have hope, the slight hope that he will realise at the last minute the catastrophic consequences of his conduct, and that even tardily he will find his way to this battle-front, where our victory will decide his own destiny." Adolf Hitler

On February 6, 1941, Hitler wrote a letter to Franco [ http://www.yale.edu/lawweb/avalon/wwii/spain/sp13.htm ], appealing in strong and urgent terms that he should play the man without further delay. Franco replied [ http://www.yale.edu/lawweb/avalon/wwii/spain/sp14.htm ], expressing his undying loyalty. He urged that preparations for the attack on Gibraltar should be continued with renewed vigour. As another new point he declared that only Spanish troops with German equipment must be used for this enterprise. Even if all this was arranged, Spain could not enter the war for economic reasons. Ribbentrop thereupon reported the Führer that Franco had no intention of making war. Hitler was scandalised, but, being now set upon the invasion of Russia, he did not perhaps like the idea of trying Napoleon’s other unsuccessful enterprise, the invasion of Spain, at the same time. Considerable Spanish forces were now gathered along the Pyrenees, and he felt it was wiser to stick to his method with nations, “One by One”. Thus by subtlety and trickery and blandishments of all kinds Franco succeeded in tiding things over and keeping Spain out of the war, to the inestimable advantage of Britain when she was all alone.

We could not count upon this at the time, and I urged the US President to do all in his power to help forward the policy of conciliation.

Letter to President Roosevelt 23.11.40
“Our accounts show that situation in Spain is deteriorating and that the Peninsula is not far from starvation. An offer by you of food month by month so long as they keep out of the war might be decisive. Small things do not count now, and this is a time for very plain talk to them. The occupation by Germany of both sides of the Straits would be a grievous addition to our naval strain, already severe. The Germans would soon have batteries working with Radar, which would close the Straits both by night and day. With a major campaign developing in the Estern Mediterranean and the need to reinforce and supply our armies there all round the Cape, we could not contemplate any military action on the mainland at or near the Straits. The Rock of Gibraltar will stand a long siege, but what is the good of that if we cannot use the harbour or pass the Straits? Once in Morocco the Germans will work southwards, and U-boats and aircraft will soon be operating freely from Casablanca and Dakar. I need not, Mr. President, enlarge upon the trouble this will cause to us, or the approach of trouble to the Western Hemisphere. We must gain as much time as possible.”

This great danger had in fact passed away, and, though we did not know it, it passed for ever. It is fashionable at the present time to dwell on the vices of General Franco, and I am therefore glad to place on record this testimony to the duplicity and ingratitude of his dealings with Hitler and Mussolini. I shall presently record even greater services which these evil qualities in General Franco rendered to the Allied cause."

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Mensaje por David L » Mar Dic 11, 2007 5:58 pm

Tienes tu parte de razón sopas. Desde luego Franco estaba desencantado, esperaba aprovechar el hundimiento del imperio colonial francés para aprovecharse de ello, pero para Hitler la opción española siempre estuvo detrás de la amistad Vichy-Alemania. Es en este punto en donde encontramos a Franco decepcionado con el papel que el Fuhrer le quería otorgar a España. Y en el caso de Hitler ¿qué podemos decir? pues que esperaba una sumisión española a sus planes geoestratégicos, y por ahí Franco no tragó. Excusas, más excusas, todo con tal de impedir la entrada de España en guerra si no era con la mayoría de peticiones españolas.....

Un saludo.
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Mensaje por beltzo » Mié Dic 12, 2007 7:58 pm

Lo que hay que oír (o mejor dicho leer), si Preston es tendencioso, entonces, ¿cómo podríamos calificar a Churchill?

Saludos
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Mensaje por sopas » Jue Dic 13, 2007 6:27 am

beltzo escribió:Lo que hay que oír (o mejor dicho leer), si Preston es tendencioso, entonces, ¿cómo podríamos calificar a Churchill?
Si bueno, pero en todo caso Churchill sería tendencioso en contra de Franco no a favor de el. Sobre Preston decir que su obra esta muy bien documentada no obstante pone a Franco incluso más malo que Hitler!!

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Mensaje por beltzo » Jue Dic 13, 2007 3:40 pm

Hola de Nuevo:
Si bueno, pero en todo caso Churchill sería tendencioso en contra de Franco no a favor de el. Sobre Preston decir que su obra esta muy bien documentada no obstante pone a Franco incluso más malo que Hitler!!
Ahí es donde te equivocas, la tendenciosidad de Churchill en general viene marcada porque tiene la necesidad de justificarse, en el asunto concreto de Franco le interesa justificar porque fue él precisamente su principal valedor entre los aliados durante y después de la guerra. Además, es posible que cuando Churchill público sus memorias no tuviera un conocimiento real de los sucedido en Hendaya ya que el protocolo hispanoalemán no se conoció hasta la década de los 60 cuando los norteamericanos hicieron pública la copia encontrada en Alemania, la española fue destruida, no interesaba al régimen mostrar hasta que punto había llegado su compromiso con los alemanes.

Preston trata sobre Franco, no sobre Hitler, no le pone ni mejor ni peor, en la mayor parte de los casos se limita a dar a conocer unos hechos, en otras también emite juicios de valor, que a la vista de los hechos que previamente ha expuesto no se pueden considerar como tendenciosos.

No se porque tengo la impresión de que tienes algún prejuicio sobre el tema, posiblemente seas victima de autores que si son realmente tendenciosos y que en la literatura existente sobre la guerra civil no escasean, algunos de ellos incluso son considerados como excelentes historiadores cuando no pasan de ser meros intoxicadores de la realidad, por supuesto, ellos si atacan a Preston como lo hacen con la mayor parte de historiadores e investigadores serios que escriben sobre el tema. Si estos mismos autores en lugar de escribir sobre la guerra civil lo hicieran sobre la guerra mundial hace mucho tiempo que hubiesen sido tratados como apestados por sus propios colegas, pero mentir o manipular en asuntos relacionados con la guerra civil parece que no esta tan mal visto.

Saludos
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Mensaje por Shindler » Jue Dic 13, 2007 3:45 pm

beltzo escribió: Preston trata sobre Franco, no sobre Hitler, no le pone ni mejor ni peor, en la mayor parte de los casos se limita a dar a conocer unos hechos, en otras también emite juicios de valor, que a la vista de los hechos que previamente ha expuesto no se pueden considerar como tendenciosos.
Con tu permiso Beltzo y concordando contigo me parece difícil creer que Preston describa a Franco peor que a Hitler, no he leìdo ese libro pero me resulta difícil de inmaginar. ¿Es asì?

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Sobre Preston decir que su obra esta muy bien documentada no obstante pone a Franco incluso más malo que Hitler!!
Si esto es cierto no estaría tan bien documentado ¿No?



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