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Franco y Roosevelt

Partidos políticos, actuaciones gubernamentales

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Francis Currey
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Franco y Roosevelt

Mensajepor Francis Currey » Mar Dic 04, 2007 9:38 am

Roosevelt y Franco, una mutua antipatía

Una investigación del historiador Joan Maria Thomàs aporta apasionantes revelaciones sobre la política de la Administración estadounidense con Franco durante la II Guerra Mundial

Las relaciones entre el presidente Roosevelt y Franco fueron siempre de antipatía mutua. El presidente americano quiso incluso ayudar a la República, pero nunca intentó derrocar a Franco. Una investigación hecha desde Estados Unidos por el historiador Joan Maria Thomàs cuenta esta historia apasionante.

En septiembre de 1942, la Administración norteamericana que encabezaba Franklin Delano Roosevelt vio con alivio cómo el dictador español despedía de su Gobierno a Ramón Serrano Suñer, el hombre al que consideraba el principal responsable de que se fuera a consumar el peligro de una entrada de España en la guerra mundial. Hasta entonces, la diplomacia norteamericana había carecido de una instrucción coherente, de una "política española" propia y continuada que sirviera al objetivo de eliminar ese riesgo, el de la beligerancia española al lado de las potencias fascistas, que habría complicado mucho las cosas a los aliados en el Mediterráneo y el norte de África.

Lo cierto es que el cese de Serrano como ministro de Asuntos Exteriores representaba, en parte, un simbólico alejamiento con respecto a Alemania e Italia, pero no se había debido esencialmente a su postura a favor del eje Alemania-Italia-Japón, sino a un conjunto de circunstancias de muy distinta naturaleza, entre las que no figura como la menor el hecho de que unos días antes se produjera el nacimiento de Carmen, hija ilegítima de la marquesa de Llanzol y del gran ideólogo del Estado franquista que fue Serrano. Porque el ministro había mantenido una relación adúltera con la marquesa en lugar de volver a los brazos de su esposa, la hermana de Carmen Polo, mujer a su vez del caudillo. En la pacata España de aquellos años, la cuestión no era menor. Un escándalo mayúsculo que no podían tolerar ni la señora de Meirás ni la Iglesia católica.

Otras circunstancias, de mayor peso, fueron los incidentes desencadenados en Begoña por falangistas contra los carlistas que detestaban a la Falange, o el rencor de los militares contra los camisas azules que pretendían quitarles, como había hecho el partido nazi en Alemania, el poder conquistado por las armas en 1939.

Los miembros de la legación diplomática norteamericana en Madrid brindaron con alegría por el cese del que había sido su mayor "dolor de cabeza" español. Y entendieron de forma equivocada que disminuía el riesgo de participación española en la guerra porque Franco prescindía de su cuñado, que era más partidario que él de aliarse con Hitler y Mussolini en aventuras bélicas. Franco, sin embargo, había sido, al menos hasta principios de 1942, tan partidario de combatir como Serrano, pero ambos habían hecho un reparto de papeles tan astuto que logró engañar a los servicios de inteligencia y diplomáticos de Inglaterra y de Estados Unidos.

En realidad Franco había mantenido a España fuera de la guerra porque los problemas de abastecimiento de alimentos básicos y de gasolina eran tan graves que hacían imposible la intervención, salvo que Alemania le garantizara suministros suficientes y, además, satisficiera sus ambiciones de hacerse con los territorios franceses del norte de África.

El presidente Roosevelt, que detestaba a distancia al dictador, mantuvo hasta 1941, cuando el ejército japonés bombardeó Pearl Harbour, una política errática y desorientada que adquiría solidez sólo cuando se plegaba a las líneas marcadas por el Foreign Office británico. Esa política de contención de Franco es la que permitió al general ganar la Guerra Civil contra una República abandonada a su suerte, no sólo por políticos que le eran francamente hostiles, como Chamberlain, sino por otros que simpatizaban con su causa, como el propio Roosevelt. Durante los años de la guerra, la diplomacia americana prefirió apostar porque el conflicto se mantuviera dentro de los límites españoles, bajo la idea básica británica de que era posible mantener controlado a Franco a base de darle ayudas y tenerle atado con el juego de las finanzas y los suministros de primera necesidad. Para los conservadores ingleses, además, los republicanos eran poco menos que una banda de asesinos dispuestos a entregar España al comunismo ruso.

Roosevelt no pensaba eso, y su mujer fue incluso una activista pro republicana. El presidente tendía, quizá por la influencia de Eleanor y de los intelectuales con los que tenía relación, a ver el conflicto español como una guerra entre democracia y fascismo. El embajador en aquellos tiempos, Claude Bowers, admirador de Fernando de los Ríos y de Manuel Azaña, contribuía a esa visión. Pero en su partido, el demócrata, había más simpatía por Franco que por la República, debido a la influencia de una Iglesia escandalizada entre otras razones por los asesinatos masivos de religiosos en territorio republicano. Y mantuvo por razones tanto externas como de política interna una postura de embargo contra la República mientras hacía, bajo cuerda, maniobras que favorecieran el suministro de armas y gasolina al régimen legal en España.

Cuando Franco ganó la guerra, el presidente basó su política en las directrices británicas. Pero también en la defensa de los intereses económicos y humanitarios americanos en España, como la ITT o el embrollo de la repatriación de los supervivientes de la Brigada Lincoln que se pudrían en las cárceles de Franco.

Una vez Hitler desencadenó la guerra en Europa, la perspectiva fundamental fue evitar la entrada de España en la guerra a favor de Alemania. El hombre que tuvo que lidiar con los peores episodios de esa misión fue Alexander W. Weddell, que no escondía su simpatía por el dictador y su causa. Por ello, su misión se vio sometida a graves accesos de perplejidad cuando comprobaba la soberbia con que le trataba el ministro Serrano Suñer, quien además no intentaba esconder su proclividad a participar con Hitler y Mussolini en aventuras mayores. El envío de la División Azul a combatir a las estepas rusas era una buena manifestación de ese espíritu. Esa perplejidad de Weddell se acabó convirtiendo en hostilidad abierta tras algunos incidentes de carácter grave entre ambos personajes, y llevó, probablemente, a nublar el juicio del embajador en cuanto a las posiciones de Franco, lo que provocó valoraciones erróneas por el Departamento de Estado.

Tras la declaración de guerra de Estados Unidos contra Japón, la actividad política norteamericana en relación con España hubo de ser forzosamente más aguda y activa. Mientras los ingleses se habían dedicado a tejer una red importante de contactos que apoyaban a los militares opuestos a la guerra (acción que financiaba Juan March en forma de "donaciones" a hombres tan prominentes del aparato militar como el coronel Galarza y generales como Kindelán o Beigbeder), los norteamericanos partían de una posición menos experimentada.

A pesar de ello -y éste es otro de los hechos que eran desconocidos hasta ahora- , hubo un importante acercamiento al general Orgaz, un hombre al que los americanos consideraron "uno de los generales de nuestro bando" que ostentaba en 1942 el cargo de Alto Comisario en Marruecos. El encargado de Negocios en Tánger, J. Rives Childs, acompañado por el agregado naval, el teniente coronel Hedi, llegaron a un principio de acuerdo con el general para entregarle suministros en el territorio bajo su control con los que debería resistir, en el caso de que se produjera una invasión alemana de la zona española de Marruecos. Orgaz les expresó su posición, de la que los enviados dedujeron su antipatía a la causa alemana y su confianza en que, en semejante caso, sus tropas podrían hacer una resistencia seria. Se estaba preparando la Operación Antorcha, el desembarco aliado en el norte de África, un movimiento que eliminaría definitivamente los sueños de Franco de tener un trozo del pastel que se repartiera cuando Hitler ganara la guerra. Una guerra en la que el dictador le había pronosticado la victoria al eje hasta poco tiempo antes.

Los pormenores de la política de la Administración de Roosevelt con Franco resultan apasionantes. Sobre todo desde la perspectiva inédita de esa Administración, que es la que ha utilizado Joan Maria Thomàs, un profesor de la Universidad Rovira-Virgili, para escribir Roosevelt y Franco, un libro tan cargado de novedades para los dos países que se publica, también, en los Estados Unidos.

Fuente: El País
Fecha: 03 de Diciembre de 2007

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Mensajepor beltzo » Mar Dic 04, 2007 3:06 pm

Hola a Todos:

Me río yo de las simpatías hacia la república de Roosevelt, cuando su administración se sumaba al embargo ilegítimo de armas contra la república al tiempo que permitía el abastecimiento de combustible a los nacionales. La república no necesitaba de simpatías, que tenía para dar y tomar, lo que necesitaba era ayuda, y eso es justo lo que no obtuvo. Con amigos como ese…

Saludos
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Mensajepor David L » Vie Dic 21, 2007 12:38 am

Las relaciones Roosevelt con la República española estuvieron marcadas por la Ley de Neutralidad que el gobierno de los EEUU mantenía desde principios de los años 30. Su política aislacionista, a pesar de algunas infracciones por parte de petroleras en la GCE, fue fundamental para no ayudar a los republicanos españoles. Además no debemos obviar que la percepción de los conflictos en Europa eran visto desde los EEUU con una óptica franco-británica. Lo que hicieran y pensaran los británicos y franceses influía en la posición norteamericana. Lo más curioso de esta política aislacionista es que GB y Francia sufrirían sus efectos una vez comenzada la agresión alemana.

Un saludo.
Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra... elegisteis el deshonor y tendréis la guerra.

Winston Churchill a Chamberlain.

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Mensajepor Werto » Vie Dic 21, 2007 6:31 pm

Hola a todos.

Ejem...la política de neutralidad norteamerica expresaba claramente la limitación legal para vender armas a dos estados en guerra. En España no habia dos estados en guerra.

Cuando Roosvelt decidio limitar la venta de armas a la República Española lo que estaba haciendo de facto era reconocer a los sublevados una entidad,la de estado, de la que carecian, y limitar las de un estado soberano -la república española-.

De igual manera mientras la república española sufrió inumerables trabas a la hora de adquirir suministros petrolíferos los sublevados, a traves fundamentalmente de TEXACO y por medio de figuras tan destestables como Torkilb Reiber, recibieron inumerables facilidades para adquirir cuanto petróleo necesitaron con unas facilidades de pago a las que no accedián ni algunos aliados durante la SGM.

Si a alaguien le interesa el tema resulta interesante el artículo de GUILLEM MARTINEZ MOLINOS (1996) "El suministro de petróleo", en VV.AA. (1996) La economía de Guerra. La Guerra Civil Española. Vol 16. Madrid, Historia 16, p.81-94.

Saludos a todos.
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Mensajepor beltzo » Vie Dic 21, 2007 10:53 pm

Hola de Nuevo:

Y no solo el combustible, también esta la venta, sino recuerdo mal la cifra, de 2.000 camiones al bando nacional bajo el pretexto de que no eran material de guerra y la concesión de créditos. Al tiempo, los mismos norteamericanos no solo vetaban cualquier venta de armas al estado español, sino que también lo hacían con aquellos estados de los que sospechaban intentaban adquirirlas para la república, así, miraban con lupa e impedían cualquier adquisición de material bélico por parte de Méjico que como país soberano tenía todo el derecho a comprar cuantas armas quisiera.

Hay un libro magnifico y muy bien documentado, “La soledad de la república” de Angel Viñas editado por crítica, donde el que tenga interés en el tema puede ver esto y mucho más. Sinceramente, me parece una falacia hablar de las simpatías de Roosevelt hacia la república, viendo los hechos que avalan a su administración.

Saludos
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Mensajepor Werto » Sab Dic 22, 2007 12:25 am

Hola a todos.

La referencia al asunto de los crudos y suministros era por la aportación que realizaba David en referencia a las infracciones de las leyes norteamericanas de neutralidad por parte de algunas petroleras norteamericanas -TEXACO se las salatab a la torera con el absoluto beneplacito del departamento de estado y del gobierno de Roosvelt, uno de sus directores, el infame Torkilb Reiber, llegaria ser condecorado por el propio Franco-.

En realidad la posición mantenida por la practica totalidad de las administraciones occidentales consistio en favorecer cuanto pudieron el triunfo de los golpistas aceptando tácitamente el apoyo exterior que estos recibian y tratando de limitar al máximo la capacidad de un gobierno légitimo de mantener su soberania frente a unos melitares alzados en armas contra un gobierno democrático.

En identico sentido a lo aqui expresado respecto al posicionamiento de las cancillerias occidentales respecto a la república se manifiestan, por ejemplo

Angle Viñas (1996), "Las dictaduras con Franco. La República sola"; Juan García Duran (1986) "Que gane la derecha", Enrrique Moradiellos (1993) "La perfidia de Albión", Alvaro Felites Marcos (2003) "Las relaciones Anglo-Españolas durande la Guerra Civil", Pierre Vilar (1986) "La Guerra de España y la opinión internacional", Michael Alpert (1986) "Del embargo a la neutralidad" por citar a algunos autores.

Ciertamente soy particularmente exceptico respecto a la obra de Joan Maria Thomás, que creo responde muchas veces más a posiconamientos comerciales que a otra cosa (1)

Saludos a todos.

(1) Estaba recordando cuando ojee "La españa que no pudo ser".
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Franco y Roosevelt

Mensajepor antfreire » Dom Mar 14, 2010 1:39 am

La realidad es que Roosevelt siempre mostro ciertas simpatias hacia los gobiernos y movimientos de izquierda y su esposa que fue una de las mas influyentes primeras damas de USA sentia mas simpatias aun. No se puede olvidar que Henry Wallace, el vice residente escogido por Roosevelt era demasiado inclinado a la izquioerda a tal punto que el Partido le exigio al presidente que lo cambiara en su ultima eleccion y se escogio a Truman a quien Roosevelt despreciaba. Por eso en muchas ocasiones sus deseos chocaban con los mejores intereses de la nacion que ellos representaban y se producian actitudes ambivalentes como en su actitud hacia la Guerra Civil Española. Y por eso la SGM termino con un desbordamiento del Stalinsmo en Europa y Asia que tomo cincuenta años no para que se terminara sino para que se replegara esperando mejores momentos.

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Mensajepor cv-6 » Sab May 29, 2010 12:17 pm

Respecto a Roosevelt, yo creo que él, personalmente hubiera preferido la victoria de los "republicanos", lo cierto es que apoyarles habría sido desastroso para los intereses electorales de Roosevelt y su partido. Recordad que en aquella época los católicos de Estados Unidos votaban deforma casi unánime a los demócratas. Además, si tenemos en cuenta la distribución de estos católicos (italianos e irlandeses en Nueva York, hispanos en Florida, Texas o California) nos damos cuenta de que su voto podía ser decisivo en los estados más importantes de cara a unas elecciones. Por tanto, apoyar a un régimen que había desatado una persecución religiosa contra la Iglesia Católica hubiera resultado casi suicida desde un punto de vista electoral.
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