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Las mentiras de Franco

Partidos políticos, actuaciones gubernamentales

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Las mentiras de Franco

Mensajepor TMV » Dom Feb 03, 2008 11:13 am

Hola compañeros, hay ya en este mismo subforo un post sobre la conferencia de Hendaya, pero como asíduo de la revista Sàpiens (solo se edita en catalán), aparece un artículo, en referencia a la misma, en la cual se esclarecen y demuestran muchas cosas a cerca de la misma.

Me he entretenido a traducirlo y escanear las fotografías contenidas en él.

Es un artículo titulado

Las mentiras de Franco

Ha sido realizado a partir de los documentos encontrados en los Archivos Nacionales de los Estados Unidos. Washington y una documentación original de la entrevista histórica, conservado en los archivos del Ministerio de Asuntos Extranjeros en Berlín y facilitado por el historiador alemán Carlos Collado.

La historiografía franquista hizo creer que el encuentro entre Franco y Hitler fue un triunfo diplomático del “Caudillo”, que habría ahorrado a su pueblo una nueva contienda.

Documentos encontrados en los archivos alemanes y norte americanos evidencian lo contrario.

La firma del régimen de Franco en un protocolo secreto redactado por los nazis comprometía a España a entrar en la Segunda Guerra Mundial.

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Franco y Hitler en el vagón de tren en el que se reunieron en la estación de Hendaya

A las siete de la tarde del 23 de octubre de 1940, las diplomacias española y alemana acordaron el texto para la nota de prensa que hacía falta enviar a las agencias oficiales para informar de la primera parte de la reunión entre el Caudillo y el Führer en Hendaya.

La nota decía:

“La conferencia se ha celebrado en el ambiente de camaradería y cordialidad existentes entre ambas naciones”.

Pero Franco y su cuñado i Ministro de Asuntos Exteriores, Ramón Serrano Suñer, mostraban su decepción después de casi tres horas de conversación con los alemanes.
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Mensajepor TMV » Dom Feb 03, 2008 11:15 am

A unos metros de distancia Hitler y Joachim von Ribbentrop, titular de la cartera de Asuntos Exteriores del Reich, criticaban a Franco y los suyos por unas pretensiones que nunca fueron aceptadas. Todo junto, un diálogo de sordos.

Carteándose con el Führer

Pero para que el encuentro de los dos jefes de estado fuera una realidad, antes se había trazado un largo camino.

La historia arrancaba a partir de la decisiva intervención militar de la Alemania nazi en la guerra civil española, al lado de Franco, consciente de que aquel favor tenía un precio económico, político y moral.

Con el inicio de la Segunda Guerra Mundial todo se precipitó. En los primeros meses de lucha en Europa, España había proclamado su neutralidad, aún manteniendo una postura escandalosamente favorable a los nazis con numerosos acuerdos políticos, económicos y policiales.

Esta afinidad cogió aún más fuerza el 10 de junio de 1940, cuando la Italia de Mussolini, el otro aliado de Franco en la guerra civil, entró en la guerra.

Dos días después el gobierno español pasó de la neutralidad a la no beligerancia.

Las contundentes victorias de los nazis en Dinamarca, Noruega, Bélgica, Luxemburgo y, sobretodo, Francia, abrían los ojos al Caudillo, que se aferró al caballo ganador.

El 16 de junio de 1940 escribió una carta a Hitler en la cual se apuntaba al nuevo orden internacional nazi y fascista.

Ese documento, es una escandalosa adulación de Franco a su colega nazi:

“querido Führer [...] me gustaría hacerle llegar mi expresión de entusiasmo y admiración, y también la de mi pueblo, que, con emoción, sigue el curso de una batalla gloriosa que asume como propia […] no tengo ninguna necesidad de asegurarle que mi gran deseo no es mantenernos al margen de sus necesidades, y nuestra voluntad no es otra que la satisfacción de realizar para usted, cuando lo necesite, los servicios que estime más valiosos” (Archivo Nacional de los Estados Unidos, Washington).

Hasta incluso se atreve a reclamar su lebensraum (espacio vital); es decir, contraprestaciones en forma de dominios territoriales. Ya tiene la lista hecha: Tánger, Gibraltar, el Marruecos francés, el Oranesado y la ampliación del Sahara español y otros territorios del norte del continente africano.

Hitler, al recibir la carta, se mostró perplejo. Pensaba que la participación de España no merecía tanta compensación. Únicamente le interesaba la ocupación de Gibraltar en el marco de la gran ofensiva contra la Gran Bretaña con el fin de cortar la comunicación de los ingleses por el Mediterráneo occidental, y no le importaba que la conquista del peñón la capitaneara Franco, aunque fuera con el soporte de la industria militar alemana.

Militarmente anacrónicos

Se fiaba tan poco de las posibilidades militares españolas, que pidió a su embajador en Madrid, Eberhard von Stohrer, un informe del ejército español.
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Mensajepor TMV » Dom Feb 03, 2008 11:17 am

El 18 de agosto de 1940, un memorando titulado “Condiciones para que España entre en la guerra” llegó a Berlín. El documento confirma que el material bélico español era anticuado, no había combustible para trasladar la artillería, la industria de guerra estaba en horas bajas, las vías de comunicación se encontraban en mal estado… En conclusión, dice el informe, “España no podría soportar el peso de la guerra más de un mes y medio sin nuestra ayuda”. (Archivo Nacional de los Estados Unidos, Washington).

Pero Franco, que no sabía que Hitler lo menospreciaba, estaba obsesionado con abanderar un nuevo imperio español en África. Consciente que sus sueños de grandeza sólo podrían ser una realidad con el Führer a su lado, decidió enviar a Serrano Suñer, entonces aún Ministro de Interior, a Berlín para negociar la participación de España en la guerra.

Durante la estancia de 11 días en la Alemania nazi, Serrano Suñer no se perderá ningún desfile, acto diplomático o cena de gala, pero resultados políticos, bien pocos. Y no será por falta de reuniones de estado. El día 17 se entrevistó con Hitler y hasta en tres ocasiones con von Ribbentrop. En contacto permanente con Franco, pretendía que los germánicos le prometieran las deseadas posesiones coloniales en el caso de que España entrara en la guerra al lado del Eje, pero en Berlín le iban dando largas.

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Franco envió 11 días a Berlín a Serrano Suñer para negociar la participación de España en la Guerra
(en la fotografía aparece con Heinrich Himmler)

Una desconfianza cordial

Hitler, fastidiado por aquella situación, dará al ministro español una carta para Franco.
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Mensajepor TMV » Dom Feb 03, 2008 11:18 am

En ese documento, localizado también en los Archivos Nacionales de los Estados Unidos, se exige que se pase de las palabras a los hechos:

“La guerra está decidiendo el futuro de toda Europa. España ya está a causa del bloqueo británico, que empeorará hasta que Inglaterra sea vencida. Expulsar a los ingleses del Mediterráneo acabará siendo una solución completa de los problemas de abastecimientos de España”

I ordenó a Franco una acción inmediata:

“El primer acto de España en la guerra ha de ser la conquista de Gibraltar. Se podría hacer en unos cuantos días con tropas y material moderno y probado en batalla […] Alemania está lista para poner esas tropas y material al servicio de la alta jefatura española”, escribe Hitler.

El 22 de septiembre, Franco contestó:

“A excepción de pequeños detalles, coinciden con mis consideraciones y planes y los de mi Estado Mayor”.

Entonces, reveló a su “querido Führer” que su deseo de invadir Gibraltar empezó en 1936:

“Por lo que nos concierne hemos estado preparando esa operación, en secrete, desde hace mucho tiempo”.

Aquello que parecía frenar el acuerdo total con Alemania era la base militar que Hitler pedía en las Canarias. Franco dijo la suya:

“En mi opinión, son innecesarias en tiempos de paz y superfluas en tiempo des guerra, porque en este caso puede disponer no solamente de esos puertos sino de todos los que posee España, ya que nuestra amistad está fuertemente ligada también para el futuro”.

Como la desconfianza era evidente, Franco aceptó la propuesta de Hitler de verse personalmente:

“Le doy las gracias por su idea, entregada al ministro Suñer, de ofrecernos la oportunidad de encontrarnos cerca de la frontera española donde, a parte de mi deseo de saludarlo personalmente, podríamos tener un intercambio básico y directo de algunas ideas que nuestra actual comunicación hace imposibles.

En aquel punto, las dos diplomacias comenzaron a buscar lugar y fecha. Sería el 23 de octubre, en la estación internacional de Hendaya, en el País Vasco francés, ya que Hitler aprovecharía el viaje a Francia para entrevistarse con Petáin.

A las tres en punto de la tarde, en la estación vasca de Pasages, Franco, Serrano Suñer y otros altos cargos españoles, y también algunos periodistas, subieron a un tren especial que los llevará a Hendaya, población situada a solo 20 Km. El camino se hace lento por el mal estado de las vías españolas. Franco y su cuñado aprovechan el corto trayecto para repasar la consigna: un compromiso por escrito de los alemanes según el cual España tendrá un buen botín de guerra. En caso contrario no firmarán nada y mantendrán la actitud no beligerante. Al cabo de unas horas, estas intenciones cambiarán por imperativos del Reich…

Los minutos pasan. Franco no llega puntual a la cita, programada a las tres y veinte. En Hendaya, Hitler y su Estado Mayor, ya están preparados. Hace sol y pasean por el andén. El Führer está de buen humor y conversa amigablemente con su ministro Ribbentrop, a quien recuerda que de ninguna manera hace falta ofrecer garantías por escrito a los españoles respecto a la cuestión de las colonias africanas.

Con ocho minutos de retraso, Franco y la delegación española llegan a la estación, engalanada con banderas españolas y esvásticas. Hitler, Ribbentrop y el mariscal von Brauchitsch los reciben a la puerta. Según escribirá Suñer en sus memorias “los dos jefes de estado tranquilos y sonrientes, cambiaron un saludo muy expresivo y afectuoso”. Después de pasar revista a las tropas, Hitler los invita a subir a su tren, el Erica. A las 15.40 horas Hitler se sienta en un lujoso salón, presidiendo una mesa rectangular con Franco a su derecha y Suñer a su izquierda. Al lado de Franco Ribbentrop; y delante de él, los dos intérpretes, el barón de las Torres (español) y Gross (alemán).
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Mensajepor TMV » Dom Feb 03, 2008 11:20 am

Un diálogo de sordos

De acuerdo con el único documento original de aquella entrevista histórica, conservado en los archivos del Ministerio de Asuntos Extranjeros en Berlín y facilitado por el historiador alemán Carlos Collado, Franco inicia la conversación mostrando su satisfacción por conocer al Führer.

Según el documento, Franco le dijo a Hitler que:

“España siempre ha estado, espiritualmente, al lado del pueblo alemán, sin reservas, unido a él en plena lealtad […] adherido estrechamente con el futuro de Alemania”.

Hitler escuchó con cierta atención a su interlocutor, pero empezó a cambiar el semblante cuando el general gallego le comentó que:

“España querría, con mucho gusto, luchar al lado de los alemanes, pero las dificultades que eso comporta son bien conocidas por el Führer”.

Entonces Hitler tomo la palabra. Según el documento:

“Hitler también se alegraba de ver al caudillo, después de haberle dado ayuda espiritual durante la Guerra civil Española”.

Según otro relato de aquel episodio, el que escribió tres días después uno de los asistentes españoles, el barón de la Torres, Hitler fue al grano:

“Soy el amo de Europa y como tengo doscientas divisiones a mi disposición, no hay más solución que obedecerme […] [España] está llamada a ejercer un papel muy importante y sin duda, y velando por sus intereses políticos, lo llevará a cabo, ya que si deja pasar esta oportunidad no se le presentará nunca más”.

Franco no lo ve tan fácil, espera recompensas territoriales por escrito. Hitler se impacienta. La conversación, con los correspondientes traductores, es lenta. El tedio solo se rompe cuando Ribbentrop saca de la cartera un documento oficial que entrega a Franco y se aprovecha de ese momento para parar la entrevista. Son las siete menos cuarto de la tarde. Cuando los españoles bajan del vagón, el barón de las Torres escucha el comentario que Hitler hace a su ministro: “Con estos tipos no hay nada que hacer”

“Esta gente son intolerables. Quieren que entremos en la guerra a cambio de nada, no nos podemos fiar de ellos”, exclama Franco dentro de su vagón.

Acaba de leer el documento redactado por la Cancillería. Se trata de un protocolo secreto, de seis puntos, según el cual España se compromete a entrar en la guerra.

Existe un microfilm en los Archivos Nacionales de los Estados Unidos, es la copia que provenía del conde Ciano, ministro de exteriores de Mussolini. La copia alemana quedó destruida durante el descalabro de Berlín en los últimos días de la guerra, y la española desapareció misteriosamente de los archivos del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Según el protocolo, España declaraba:

“estar dispuesta a acceder a la conclusión del pacto tripartito del 27 de septiembre de 1940 entre Italia, Alemania y Japón, y con ese fin firmar, en la fecha que sea fijada por las cuatro potencias unidas, un protocolo apropiado que tenga en cuenta su actual acceso”. También “declaraba su conformidad al tratado de amistad y alianza entre Italia y Alemania y al mencionado protocolo secreto complementario del 22 de mayo de 1939”.

El cuarto punto era el más delicado:

“En cumplimiento de sus obligaciones como aliada, España intervendrá en la presente guerra al lado de las potencias del Eje contra Inglaterra, una vez que la hayan proveído de la ayuda militar necesaria para su preparación militar, en el momento que se fije de común acuerdo por las tres potencias. Alemania garantizará a España ayuda económica, facilitándole materias primas, y también se hará cargo de las necesidades del pueblo español y de las necesidades de la guerra”.

El quinto apartado enojó a Franco:

“Además de la reincorporación de Gibraltar a España, las potencias del Eje que estén dispuestas a considerar, de acuerdo con una determinación general que ha de establecerse en África y que puede ser llevada a cabo en los tratados de paz después de la derrota de Inglaterra, que España reciba territorios en África en extensión parecida a la cual Francia pueda ser compensada, asignando a la ultima tres territorios de igual valor en África; pero siempre protegiendo cualquier reclamación de Alemania que sea hecha contra Francia”.

También, se especificaba que el protocolo sería estrictamente secreto, salvo que los presentes decidieran de mutuo acuerdo, hacerlo público.

Para mirar de buscar soluciones, el ministro español decide verse en privado con Ribbentrop. El contenido de esa entrevista aparece íntegramente en el segundo de los tres documentos que se han conservado de aquel encuentro. El informe revela que Serrano Suñer comentó a Ribbentrop que:

“entendía muy bien los motivos de la decisión del Führer, pero que el Caudillo ya tenía también un plan para la entrada de España en la guerra y unos requisitos de seguridad relativos al Marruecos francés y el Oranesado […] España habría de poder definir más detalladamente la recompensa de su victoria”.
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Mensajepor TMV » Dom Feb 03, 2008 11:22 am

Serrano Suñer sugería cambios en el esquema del protocolo “que en realidad, no modificarían, de manera importante, el plan del Führer”, dice el documento que en su día formaba parte del archivo privado de Ribbentrop. Este le reitera una vez más que entendía muy bien las exigencias españolas, pero “nadie sabía como sería la conclusión de la paz y aún no se podía concretar el reparto definitivo de las posesiones francesas”.

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A las nueve de la noche, se celebra una cena diplomática en el vagón de Hitler y a las diez y media se reemprenden las conversaciones. Franco insiste que España no puede entrar en la guerra a cambio de nada. Su tono es bajo, pesado, plano, hasta que Hitler, que no para de bostezar, se levanta de la mesa y, airadamente, da por concluida la reunión. Faltan diez minutos para la una de la mañana.

En el andén, los dos jefes de estado se despiden cordialmente. Es un gesto para guardar las apariencias. Todo junto nos dejó una anécdota para el futuro: cuando Franco aún estaba de pie en las escaleras de la puerta, en posición marcial y con el brazo alzado, despidiéndose de Hitler, el tren español se puso en marcha con una fuerte sacudida. Sólo los reflejos del general Moscardó, que lo cogió por la cintura, impidieron que el Caudillo cayera escaleras abajo.

El protocolo secreto y firmado

Después de la entrevista, Franco y Serrano Suñer llegaron al palacio de Aiete, en San Sebastián, donde, a la dos de la mañana, trabajaban en una nueva redacción del protocolo. Si bien se aceptó el compromiso con la alianza militar o pacto tripartito, querían hacer constar que:

“el compromiso que España contrae de entrar en la guerra junto con las potencias del Eje se efectuaría solo cuando la situación general así lo exigiera, la de España lo permitiera y se diera cumplimiento a las exigencias que ponemos nosotros para dar este paso”.

A las tres de la mañana, Franco se va a dormir convencido que ha toreado al amo de Europa. Pero aún no había salido el sol cuando lo despertó su cuñado, alarmado, para comunicarle que los alemanes querían el protocolo firmado o, en caso contrario, que España atendiera las consecuencias.

Un golpe bajo y un revés a sus planes iniciales. Al cabo de unas horas, Ribbentrop hizo saber al conde Ciano que todo estaba ligado y el ministro de Propaganda del Reich, Joseph Goebbels, escribió en su diario:

“España es, definitivamente, nuestra”.

Las modificaciones españolas en el protocolo nunca fueron aceptadas.

La conclusión es que el régimen de Franco firmó un compromiso formal de entrada de España en la guerra, aunque nunca lo desveló a su pueblo.

Sólo la atención que el Reich prestó al frente ruso a partir de 1941 y la despreocupación de Hitler por el frente del Oeste salvó a España de una obligación contractual, luchar contra Inglaterra.

La destrucción del protocolo para borrar cualquier implicación con el nazismo consagró el mito de Hendaya como un triunfo del franquismo, un mito que hoy ya puede darse por desmontado.
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Mensajepor TMV » Dom Feb 03, 2008 11:25 am

La increíble historia de los papeles de Hendaya

Aunque la administración española destruyó toda la información sobre Hendaya, una casualidad supuso la conservación de la documentación alemana de la reunión.

Es esta información la que permite asegurar que Franco estaba dispuesto a entrar en la guerra al lado del Eje.

La entrevista del 23 de octubre de 1940 entre Franco y Hitler, ha sido uno de los mitos más mimados por el franquismo.

Sus apólogos hicieron correr ríos de tinta para proclamar que el dictador había viajado a Hendaya con el objetivo de evitar como fuera, la entrada de España en la Segunda Guerra Mundial.

Testigos reales y supuestos de los hechos dieron soporte a esa versión. Y para darle más legitimidad, incluso se falsificaron fotografías que mostraban a un Franco sonriente al lado de un Hitler aparentemente desilusionado.

Un ejemplo de ello es que en el año 2006 se descubrieron fotografías que se distribuyeron sobre la cumbre de Hendaya de Franco y Hitler pasando revista a las tropas en el mismo andén.

La siguiente, es una de las fotografías auténticas, el general español aparece con los ojos cerrados, pero en la que se difundió, sale con los ojos abiertos, ya que se había pegado otra fotografía de su rostro.

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En esta fotografía, trucada, se aprecia claramente la manipulación, a los dos dictadores les cae la luz desde direcciones diferentes, ya que las imágenes corresponden a otros actos, y detrás de Franco faltan parte de los soldados que los acompañan, que también son pegados.

Ademán Franco lleva una medalla militar española, cuando a la reunión asistió con la Cruz del Águila Alemana que Hitler le había hecho llegar.

Este material, depositado en el archivo de la agencia EFE, fue descubierto durante el proceso de digitalización de sus fuentes.
Última edición por TMV el Dom Feb 03, 2008 2:10 pm, editado 1 vez en total.
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Mensajepor TMV » Dom Feb 03, 2008 11:27 am

Un montón de cenizas

La Administración española nunca estuvo interesada en desvelar la implicación del régimen con el nazismo. Por eso, se procedió aparentemente, a la destrucción de toda la documentación española sobre ese hecho. Hoy, estamos en condiciones de afirmar que Franco estuvo dispuesto a entrar en la guerra al lado de las potencias del Eje. Y todo eso gracias a una casualidad que permitió la conservación de documentos alemanes con informaciones muy precisas de la reunión.

En 1943, a causa de los bombardeos aéreos sobre Berlín, el ministro de Asuntos Extranjeros del Reich, Joachim von Ribbentrop, evacuó a un gran número de miembros de la Auswärtige Amt a zonas menos afectadas por los ataques aéreos. Así mismo, una gran parte de los fondos documentales fueron trasladados a las afueras de Berlín. Von Ribbentrop, además, ordenó que se hicieran copias en microfilm de la documentación más importante de su ministerio para seguir manteniendo el aparato burocrático.

En la primavera de 1945, cuando el ejército soviético ya se encontraba dentro de suelo alemán, el material de archivo fue reagrupado y concentrado en Turingia. Ante la incapacidad de conseguir transporte para trasladar toda aquella documentación, buena parte de los fondos de archivo fueron destruidos. Más adelante, el 10 de abril, cuando el ejército soviético ya estaba en las puertas de Berlín, se ordenó telefónicamente, la destrucción de toda la documentación sobre los años del régimen nazi, con el objeto que la información no cayera en manos de los enemigos.

La orden fue dictada con una escrupulosidad prusiana, aunque dos días después, la llegada de las tropas americanas interrumpió el proceso de destrucción.

En aquel momento, la parte más importante sobre la reunión de Hendaya, ya era ceniza. Parecía que se había perdido para siempre cualquier tipo de documentación alemana sobre las relaciones entre Franco y Hitler.

Dentro de una caja de galletas

Por suerte, el diplomático alemán Carl von Loesch, encargado de la custodia del material más restringido, decidió cambiar la historia. Von Loesch no acató la orden en su totalidad. Hizo quemar todo el material de papel, pero escondió la documentación microfilmada, en total unas 20 películas, con cerca de 10.000 imágenes. Su intención era devolver esa documentación al futuro gobierno alemán.

Para esconderlo, von Loesch colocó el material en una caja metálica de galletas, que envolvió con trapos impregnados de aceite para conseguir evitar una rápida degradación de su contenido interior. Posteriormente la enterró en el parque del palacio Schönberg, donde estaba evacuado. A los pocos días, el diplomático alemán confesó los hechos al un oficial británico a cargo de un equipo de investigación que buscaba documentación sobre el Tercer Reich.
Un tiempo después, alemanes y norte americanos hicieron una edición de esa documentación, que ha servido a los historiadores para conocer de primera mano todos los secretos de la reunión de Hendaya.
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Mensajepor TMV » Dom Feb 03, 2008 11:29 am

Los documentos reveladores

El primer documento

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Trata de la entrevista entre Hitler y Franco en el vagón Erika del Führer. El documento, desgraciadamente incompleto, escrito en tercera persona, es un memorando diplomático que redactó un alto funcionario alemán, posiblemente Paul Schmidt, agregado del ministro de Asuntos Extranjeros nazi. Según el informe, Hitler explica a Franco que:

“si salía bien la operación consistente en levar a cabo un gran frente contra Inglaterra, entonces la lucha para todos los implicados se podría aligerar y rápidamente podría acabarse. Para establecer ese frente, los deseos españoles y las esperanzas francesas, eran trabas en el camino”.

Con ese evidente desacuerdo para las aspiraciones de Franco, Ribbentrop y Serrano Suñer se reunieron en privado también en un vagón alemán para aclarar algunos aspectos.
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Mensajepor TMV » Dom Feb 03, 2008 11:32 am

Fue un segundo encuentro, reflejado en un segundo documento, en que Ribbentrop admite a Serrano Suñer que:

“Seria muy difícil, en el presente momento, circunscribir exactamente los territorios que serían asignados fuera como fuera a España”.

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El ministro español, viendo que no había nada en concreto, pidió que el acuerdo que finalmente firmarían no fuera desvelado:

“Serrano Suñer se despidió mientras expresaba su propósito de poner al corriente al Caudillo con exactitud, desde aquel momento de la toma de posición alemana. Con anterioridad, él había respondido al deseo del ministro de Asuntos Extranjeros del Reich, después de manifestar que España tenia, con seguridad, un interés más grande que Alemania en aquella discreción”.

El tercer documento, es un telegrama que Ribbentrop envió al embajador alemán en Madrid. Está fechado el 6 de noviembre y anunciaba la llegada del protocolo secreto de Hendaya de tres copias, después de que el conde Ciano hubiera efectuado alguna modificación.

Ribbentrop le ordenó al funcionario que se las hiciera llegar a Suñer y que, una vez firmadas, se retornaran dos copias a Berlín:

“Le pido que se las entregue al señor Serrano Suñer, para que firme el protocolo. Para que la celebración del acta pueda ser mantenida en alto secreto y los documentos no corran a través de las oficinas, le pido que se ocupe del asunto, yendo a ver a Serrano Suñer y pidiéndole las copias inmediatamente, si es posible, aún con su presencia. Entonces le ruego que vuelva a enviar las copias concretas para Alemania e Italia a Berlín, con el mismo mensajero, mientras que las actas concretas para España se queden en las manos del señor Serrano Suñer, Diciéndole que próximamente recibirá noticias adicionales de cuestiones relativas al posterior seguimiento del protocolo acordado, que yo espero que se apliquen.”

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Mensajepor TMV » Dom Feb 03, 2008 11:34 am

Un encuentro que Hitler nunca olvidó

Sin duda, el más decepcionado de la reunión de Hendaya fue Adolf Hitler, quien siempre guardó un recuerdo amargo del primer y único encuentro con el general Franco.

En una entrevista entre el Führer y Mussolini, unos días después de la entrevista de Hendaya, Hitler le confesó: “Prefiero que me arranquen diversas muelas, antes de volver a pasar por todo aquello”.

Menosprecio hacia Franco

Pero aún más revelador es lo que explicó el que fuera ministro de Obras Públicas del Reich, Albert Speer, en sus memorias.

Según Speer, en 1942, Hitler le dijo a su general Wilhelm Keitel; “Usted conocí mi opinión sobre Franco. Entonces, cuando nos encontramos, hace dos años, pensaba que aún se trataba de un auténtico Caudillo, pero en lugar de eso, me encontré delante un sargento bajito y gordito, que no era capaz de concebir mis ambiciosos planes”.

Nazis con los “Rojos”

Hitler, enojado con la actitud del general español, soltó una confesión muy sorprendente:

“Habríamos de ganarnos la simpatía de los españoles “rojos” que son, por cierto, diversos miles. Para la democracia ya están perdidos, así que para esa ruin revolucionaria que rodea a Franco, pero para nosotros, en cambio, representan auténticas oportunidades […] Durante la guerra civil, el idealismo no estuvo al lado de Franco, si no de los “rojos” […] Algún día habríamos de servirnos de ellos. Eso pasará cuando hayamos roto los lazos con Franco. ¡Entonces los haremos volver y ya verá!. ¡Todo empezará de nuevo!. Con la diferencia que nosotros estaremos en el lado contrario. Me es totalmente indiferente. Aún han de conocerme”.


Fuentes: revista Sàpiens. Número 64 (febrero del 2008).

Fuentes consultadas por la revista:

Archivos Nacionales de los Estados Unidos. Washington.
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Saludos
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Mensajepor evadido de sajalín » Dom Feb 03, 2008 12:26 pm

Señor TMV.Me hubiese gustado una conclusión u opinión sobre este tema.para mí personalmente no me aporta nada nuevo,y lo de las mentiras de Franco después de leer su charla no me aporta nada que mude mi opinión sobre este asunto.
Que Franco quería entrar en guerra?Con las condiciones que le puso a Hitler,que és de desgana de entrar en ella.
Osea,que iba a la guerra si le ponían un "buen banquete en la mesa".
Franco sabía del poder de la Royal Navy y la debilidad alemana en el mar,con la conclusión que con toda seguridad hubiese perdido Las Canarias.
Entramos un poco dentro de lo hipotético,pero el caso de Musolini con una Francia ya casi Humillada atacando por Mentón y enfrentándose a Badoglio dicíendole cuando le agarraba por la pechera:"Lo que necesito es unos muertos encima de la mesa".
Hizo Franco ademán de lanzarse sobre Gibraltar cuando Francia y el cuerpo expedicionario Británico olían a cadaver?
Mi opinión creo que Franco nunca tuvo una clara voluntad de entrar en guerra.
Un saludo y buena documentación expuesta
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Mensajepor TMV » Dom Feb 03, 2008 2:29 pm

Hola compañero, como ya se ha dicho antes, la conclusión es que el régimen de Franco firmó un compromiso formal de entrada de España en la guerra, aunque nunca lo desveló.

Sólo la atención que el Reich prestó al frente ruso a partir de 1941 y la despreocupación de Hitler por el frente del Oeste, salvó a España de una obligación contractual, luchar contra Inglaterra.

La destrucción del protocolo para borrar cualquier implicación con el nazismo consagró el mito de Hendaya como un triunfo del franquismo, un mito que hoy ya puede darse por desmontado.

Los documentos que se han revelado, hasta ahora sólo los conocían unos pocos, yo no.

Además, desaparecieron las pruebas originales, se trucaron fotografías, los asistentes dijeron, lo que se les permitió decir..., todo eso ¿Por qué?

Estos investigadores que han realizado el artículo, investigadores de renombre internacional, están hurgando muy a fondo y créeme, si hay o existe algún documento original más, lo encontrarán.

Yo, ya estoy esperando la segunda parte de ese artículo.

Un saludo
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Shindler
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Mensajepor Shindler » Dom Feb 03, 2008 2:53 pm

evadido de sajalín escribió:Señor TMV.....


No seamos tan apresurados y esperemos la continuaciòn y futuros aportes de tan excelente informe ¿No le parece?




Gracias por estar
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Mensajepor evadido de sajalín » Dom Feb 03, 2008 3:42 pm

Bien.Mi opinión está basada en lo que pienso que hay y en lo que creo que sucedió.Mi opinión es meramente personal.
Pero claro,no soy una persona dada a cerrarme en cuanto a unas pruebas fiables me quiten la razón.
Como escribí en otro post la intervención española a la larga hubiese sido beneficiosa para el país.Creo que la guerra se hubiese perdido igual para las potencias del Eje y la democracia y el plan Marshal hubiesen llegado a España y no la mísera autarquia y aislamiento que sufrió.
Tema interesante este y espero y le animo a que aporte un poco más de luz.
Un fuerte abrazo.
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