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Relaciones germano-niponas anteriores a Pearl Harbor

Partidos políticos, actuaciones gubernamentales

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Relaciones germano-niponas anteriores a Pearl Harbor

Mensajepor Akeno » Dom Mar 30, 2008 5:03 am

Basándome en los escritos de William L. Shirer en sus trabajos sobre el Tercer Reich, me gustaría ahondar sobre las relaciones germano-niponas referentes a la declaración de guerra de Alemania a los Estados Unidos, tras el ataque japonés a la flota norteamericana en Pearl Harbor.

Hitler sabía que un ataque japonés a los británicos en Malaya/Singapur y la amenaza japonesa contra la India afectarían gravemente a Gran Bretaña y trasladarían desde el Atlántico hasta el Pacífico la atención de los Estados Unidos.

Según sus previsiones, el ataque indudable a Vladivostok tendría también por objeto ayudar a Alemania a aplastar a Rusia y a hacer presión sobre Norteamérica para incitarla a mantenerse neutral. En realidad, el Japón tenía otras cosas en qué pensar. Se pregunta uno cómo Hitler no se dio cuenta, por lo menos con el tiempo. Los japoneses temían embarcarse en una aventura asiática contra los británicos y holandeses, y más todavía contra los rusos, antes de haber asegurado sus posiciones mediante la paralización de la flota norteamericana del Pacífico.

El que el Japón se hubiera reservado la prioridad para atacar a los Estados Unidos, el Führer tampoco lo había previsto. No es que él deseara el entendimiento entre Tokio y Washington, puesto que ello habría sido contrario al objetivo perseguido por la Triple, es decir, persuadir a Norteamérica de que se mantuviera apartada de las hostilidades.

Por una vez, Ribbentrop supo ofrecer una apreciación exacta de los puntos de vista del Führer respecto a este punto.
    "Hitler -declaró ante el tribunal de Nuremberg- temía que un entendimiento entre el Japón y los Estados Unidos dejara libres, por así decirlo, las espaldas de éstos y precipitara su entrada en guerra contra nosotros... Ciertos elementos del Gobierno japonés deseaban este entendimiento y el Führer se preocupaba por ello" (interrogatorio de Ribbentrop en Nuremberg, 10 de septiembre de 1945)
Los alemanes hicieron todo lo que estaba en su mano para sabotear las conversaciones de Washington. El 15 de mayo de 1941, Weizsacker (agregado naval alemán en Tokio) llamaba la atención de Ribbentrop sobre la inoportunidad de un acuerdo político norteamericano-nipón. "Si no lo prevenimos, dijo, el Japón se perderá para el Eje". Por su parte, el general Ott (embajador alemán en Tokio) puso en guardia a Ribbentrop en varias ocuasiones contra las negociaciones Hull-Nomura. Impotente para impedirlas, la Wilhelmstrasse adoptó una nueva maniobra; tratar de obtener, por intermedio del Japón y a cambio de su acuerdo eventual con los Estados Unidos, el abandono de la ayuda norteamericana a Inglaterra y de su política hostil a Alemania.

Esto ocurría en mayo de 1941. En julio, Hitler cambió de táctica; se esforzaba por convencer al Japón de que atacara a la Unión Soviética, mientras que Cordell Hull cortaba sus conversaciones con Nomura a causa de la ocupación nipona de la Indochina francesa. Las negociaciones se reanudaron, por lo demás, a mediados de agosto, cuando el Gobierno nipón propuso al Presidente Roosevelt una entrevista personal con el príncipe Konoye, Primer Ministro. Berlín manifestó su descontento por boca del infatigable embajador Ott. Se le contestó que el encuentro propuesto no podría servir más que a los fines perseguidos por la Triple, es decir, "prevenir la beligerancia de los Estados Unidos".

En el otoño, mientras proseguían las conversaciones Hull-Nomura, Berlín reanudó su táctica de la primavera e hizo advertir a Washington, via Tokio, que si Norteamérica reiteraba sus actos hostiles contra el Eje europeo, es decir, Alemania e Italia, éstas se verían obligadas a declararle la guerra, y el Japón, tercer signatario del tratado, se uniría a ellas. El requerimiento alemán, transmitido el 16 de octubre por Toyoda a Nomura e interceptado por la escucha norteamericana, recomendaba a los destinatarios que presentaran a Cordell Hull una versión suavizada. (Hull, memorias, p. 1034)

Aquel mismo día, 16 de octubre, el Gobierno Konoye fue derribado y reemplazado por un Gabinete militar a la cabeza del cual estaba el belicoso Hideki Tojo. Otro guerrero de la misma casta, el general Oshima, se apresuró a llevar la buena nueva a la Wilhelmstrasse. La subida de Tojo al poder, explicó, traería consigo el estrechamiento de la alianza germana-nipona y el cese de las conversaciones con Washington. ¿Qué consecuencias tendría? Oshima, intencionadamente o no, olvidó informar a sus interlocutores nazis. En verdad, Tojo se disponía a declarar la guerra a los Estados Unidos, a menos que las negociaciones en curso en Washington terminaran con la aceptación de las condiciones japonesas, es decir, neutralidad hacia Rusia y plena libertad de acción en el sudeste asiático.

Ni el Führer, ni Ribbentrop, su obstinado ministro, habían considerado este aspecto de la situación. No comprendían que el fracaso de las conversaciones Nomura-Hull iba a producir el mismo resultado que se esforzaban por retrasar desde hacía meses: la entrada de Norteamérica en el conflicto mundial.

Berlín abrió los ojos a la realidad. El 18 de noviembre, Ribbentrop, un poco sorprendido, había recibido de Tokio un proyecto de tratado por el cual las dos naciones se comprometían a no concluir una paz separada con uno u otro de sus adversarios comunes. ¿Qué adversarios? Tokio no lo especificaba claramente, pero el Ministro nazi esperaba que se tratase en primer lugar de Rusia. Aceptó, en principio, el proyecto, imaginándose sin duda que el Japón iba a hacer honor al fin a su vaga promesa de atacar a la Unión Soviética en Siberia. Ilusión tranquilizadora, pues la resistencia del Ejército Rojo empezaba a ser formidable, mientras el riguroso invierno ruso hacía su aparición prematuramente.

Ribbentrop se desengañó pronto. El 23 de noviembre, en efecto, el embajador Ott le informaba que los japoneses se preparaban para ocupar Thailandia y los territorios petrolíferos holandeses de Borneo. El gobierno de Tokio deseaba saber si, en caso de conflicto, Alemania haría causa común con su aliado. La información significaba sencillamente que el Japón se abstendría de atacar a Rusia y, en cambio, estaba considerando las hostilidades contra los holandeses y los británicos en el Pacífico; hostilidades susceptibles de provocar la entrada en la guerra de los Estados Unidos.

Ott y Ribbentrop no captaron más que este último punto. Decepcionados, comprendían que el Japón no atacaría a Rusia, pero creyeron firmemente que su empuje meridional estaba dirigido únicamente contra las posesiones holandesas y británicas. Según el deseo de Hitler, el tío Sam se mantendría, pues, al margen hasta que sonara su hora.

La ceguera del gobierno alemán a estye respecto es imputable, en gran parte, a su ignorancia de la fatal decisión japonesa concerniente a Norteamérica.

El 25 de noviembre, una escuadra de portaaviones japoneses se puso en movimiento hacia Pearl Harbor. En Washington, el mismo día, Cordell Hull advertía al Consejo de Guerra reunido en la Casa Blanca la posibilidad de un ataque por sorpresa del Japón, mientras en Berlín, durante una ceremonia pomposa y un poco grotesca, las tres potencias del Eje renovaban el acuerdo Anti-Komitern de 1936; un gesto vacío de sentido que no cambió en nada la actitud del Japón respecto a Rusia, pero proporcionó al solemne Ribbentrop la ocasión de acusar una vez más al Presidente Roosevelt, "el autor principal de la guerra" de derramar lágrimas de cocodrilo sobre el pueblo norteamericano, confiado y piadoso... y traicionado por un jefe indigno.

En la noche del 28 de noviembre, después de un largo consejo de guerra presidido por Hitler, Ribbentrop convocó a Oshima. Este recibió la impresión de que se había producido un considerable endurecimiento de la actitud alemana respecto a los Estados Unidos y comunicó su alarma a Tokio. Hitler, decía, parecía querer tirar por la borda por fin su resolución de mantener a los Estados Unidos apartados de las hostilidades y apremiaba al Japón a hacer la guerra a Norteamérica, así como a Gran Bretaña, prometiéndolo el apoyo del Reich.
    "Como acaba de declarar el Führer -explica Ribbentrop al embajador japonés-, los derechos a la existencia de Alemania, del Japón y de los Estados Unidos, presentan diferencias fundamentales. Sabemos hoy de forma sgura que a causa de la actitud intransigente de los Estados Unidos, las negociaciones en curso entre Washington y Tokio están abocadas a un fracaso. Si el Japón acepta combatir a Gran Bretaña y Norteamérica, tengo la certeza de que esta decisión le será tan favorable como a Alemania".
El embajador, un hombrecillo rígido, se vio agradablemente sorprendido por esta comunicación, ¿Había comprendido bien? Quiso asegurarse:
    "Quiere decir Vuestra Excelencia que el estado de guerra entre el Reich y los Estados Unidos es inminente?, preguntó.
Ribbentrop dudó un momento antes de responder. Quizás había ido demasiado lejos.
    "Roosevelt es un fanático -dijo-, y por consiguiente es imposible prever lo que va a hacer".
En relación con las frases anteriores, Oshima consideró la respuesta por lo menos extraña y, al final de la entrevista, insistió para que se pusieran los puntos sobre las íes.
    "En el caso de que el conflicto se extienda a los países que actualmente prestan ayuda a Gran Bretaña, ¿cuál sería la actitud de Alemania?, preguntó.
Por una vez, Ribbentrop respondió con claridad:
    "Si el Japón declara la guerra a los Estados Unidos, Alemania hará otro tanto inmediatamente. En tales circunstancias, no hay ni que pensar en negociar una paz separada. El Führer es terminante en este punto" (Mensaje interceptado de Oshima a Tokio. NCA (Nazi Conspiracy and Aggression - Juicios de Nuremberg) vol VII pp. 160-163)
El Gobierno japonés recibía al fin la garantía esperada. No quedaba más que ponerla por escrito. El 29 de noviembre, Oshima, lleno de alegría, dio parte a Tokio de la resolución de Hitler y, al día siguiente, recibía esta respuesta: "Las negociaciones de Washington están definitivamente rotas". Adjuntas venían las siguientes instrucciones:
    "Vuestra Excelencia expondrá confidencialmente al Canciller Hitler y al Ministro de Asuntos Exteriores, Herr Ribbentrop, lo esencial de los acontecimientos en curso. Dígalos que Inglaterra y Norteamérica han manifestado ambas una actitud hostil y provocativa; que se disponen a concentrar fuerzas militares en diferentes territores del este asiático y que nosotros nos veremos a tomar unas contramedidas similares. Hágales muy secretamente comprender que un incidente armado entre el Japón y las naciones anglosajonas puede hacer estallar la guerra; y ello mucho más de repente de lo que se supone". (PHA - Pearl Harbor Attack vol XII p. 204)
En aquel momento, la escuadra de portaaviones japonesa había recorrido ya una buena parte de su ruta hacia Pearl Harbor. Tokio apremiaba a Berlín para firmar el acuerdo convenido. "Graves decisiones están en juego (declaró Tojo al embajador Ott); los Estados Unidos están en vísperas de entrar en guerra... El Japón no teme romper las negociaciones y, en este caso, espera que, según los términos del Pacto Tripartito, Alemania e Italia ocuparán sus puestos al lado suyo".
    "Yo le he contestado -telegrafía Ott a la Wilhelmstrasse- que la toma de posición de Alemania no me parecía que ofreciera ninguna duda. Por mis palabras, el Ministro de Asuntos Exteriores considera que, a partir de ahora, el destino de nuestros dos países está ligado por una causa común. Le he contestado que, en mi opinión, Alemania estaba seguramente dispuesta a un acuerdo acerca de este punto".
A pesar de la gravedad de la situación, el general Oshima, gran aficionado a la música clásica, se puso en camino hacia Salzburgo con la intención de asistir al festival Mozart, pero no le permitieron escuchar mucho tiempo las obras maestras del gran compositor. El 1º de diciembre, un despacho le hacía volver a toda prisa a Berlín. Había llegado el momento de conseguir la firma de Alemania sin perder un minuto. Como siempre que se encontraba acorralado, Ribbentrop trató de zafarse. Se daba perfecta cuenta, aunque un poco tarde, de las consecuencias de la peligrosa promesa hecha al Japón, y procuraba mantenerse distante y evasivo, pretendiendo que tenía que consultar con el Führer antes de comprometerse formalmente. Dos días después, el miércoles, vuelve Oshima a la Wilhelmstrasse, pero le ruegan que espere todavía. El Führer, en su gran cuartel general de Prusia Oriental, no estará de vuelta hasta el final de la semana... En realidad, relata Ciano, no sin cierta satisfacción irónica, Hitler se encontraba entonces en el frente ruso con el general von Kleist, "cuyos ejércitos continuaban replegándose ante el empuje de una ofensiva inesperada". Mussolini, que no se encontraba en ningún frente, recibía en Roma la visita del embajador del Japón, que había ido a pedirle oficialmente que declarase la guerra a los Estados Unidos en cumplimientto del Pacto Tripartito (sic).

Solicitaba asimismo la firma de un acuerdo por el que Italia se comprometiera a no negociar la paz por separado. El intérprete japonés temblaba como una hoja, cuenta Ciano. En cuando al Duce, se mostró dispuesto a acceder al deseo japonés, pero después de haber conferenciado con Berlín. Siempre según Ciano, la capital alemana empezaba a ser muy prudente desde hacía algún tiempo...
    "Acaso porque no pueden hacer otra cosa, los alemanes se pondrán al paso del Japón -escribe el 4 de diciembre-. Pero cada vez están menos dispuestos a provocar la intervención norteamericana. En cambio, el Duce se ha mostrado satisfecho".
En la noche del 4 al 5 de diciembre, Ribbentrop obtuvo al fin del Führer la señal esperada, y, a las 3 de la madrugada, sometía al general Oshima un proyecto de tratado por el cual Alemania se comprometía, si llegaba el caso, a romper las hostilidades con los Estados Unidos, conjuntamente con el Japón, y a no negociar la paz por separado. Por otra parte, habiendo tomado la fatal decisión y abandonado la línea de conducta tercamente seguida durante dos años, Hitler insistía ahora en que aliada -Italia- le siguiera sin tardar.
    "Noche turbada por la agitación de Ribbentrop -anota Ciano el 5 de diciembre en su diario-. Tras haber dado largas durante tres días, quiere enviar su respuesta al Japón sin pérdida de un minuto y, a las tres de la madrugada, me manda a mi domicilio al embajador von Mackensen (embajador alemán en Italia), encargado de someterme un texto del acuerdo tripartito en consideración. El embajador quería que yo despertara al Duce; me he negado, y éste me lo ha agradecido".
Entretanto, el tratado propuesto por el Japón, aprobado por Hitler y Mussolini, no estaba todavía firmado, y Tojo se alarmaba. Sospechaba que Hitler quería crear un qui pro quo y, a cambio de su declaración de guerra a Norteamérica, exigir al Japón su beligerancia contra Rusia. Tomando la delantera, el Ministro de Asuntos Exteriores nipón había dado el 30 de noviembre al general Oshima sus instrucciones respecto a la forma de abordar este espinoso problema.
    "Si ellos (el Führer y el Duce) plantean la cuestión de nuestra actitud respecto a la Unión Soviética, respóndales que nosotros ya la hemos expuesto en nuestra declaración de julio último. Dígales también que la orientación presente de nuestros proyectos no implica en modo alguno un ablandamiento respecto a la URSS, y que si ésta, de acuerdo con la Gran Bretaña y Norteamérica, manifiesta agresividad, nosotros estamos dispuestos a responder con toda nuestra potencia. Por el momento, nuestros intereses se centran en la parte meridional y preferimos evitar una acción directa en el norte".
Llega el 6 de diciembre, señalado por la contraofensiva de Zhukov delante de Moscú y la retirada precipitada de los ejércitos alemanes a través de la nieve, así como por un frío excepcionalmente riguroso. Razón de más para que Hitler jugara a la confusión. Esta amenaza provocaba un serio malestar en Tokio. Hasta entonces, miagrosamente, la escuadra japonesa de portaaviones no había sido descubierta por los barcos ni por los aviones norteamericanos, pero esto podía producirse de un momento a otro. Un largo mensaje de Tojo hizo presentarse el domingo 7 de diciembre, a la 1 de la tarde, a Nomura y Korusu ante Cordell Hull para hacerle saber el rechazo de las últimas posiciones norteamericanas y notificarle la ruptura de facto de las negociaciones. En el último minuto, Tokio apremió por otra parte a Berlín a depositar su firma en el tratado garantizando al Japón el apoyo de Alemania. Incluso en aquel instante crucial, la desconfianza de los japoneses respecto a los alemanes los contuvo de informarles del golpe que se disponían a asestar a los Estados Unidos al día siguiente. Temían cada vez más que Hitler se negara a firmar su grantía a no ser a cambio de una declaración de guerra a Rusia.

A la desesperada, Tojo envió a Oshima un último mensaje recomendándole que eludiera la cuestión al máximo posible y que no cediera más que en caso de absoluta necesidad. Por engañados que estuvieran respecto a la potencia norteamericana y británica, los generales japoneses poseían suficiente sentido común para darse cuenta de la imposibilidad de combatir simultáneamente a un tercer enemigo, incluso con el apoyo alemán. Las instrucciones de Tojo a Oshima, descifradas por los expertos del servicio de descifrado norteamericano, nos ofrecen un interesante resumen de la diplomacia nipona con el Reich en aquel último momento del sábado 6 de diciembre.
    "Hasta que las condiciones estratégicas lo permitan, queremos evitar... un conflicto armado con Rusia. Haga comprender al Gobierno alemán esta posición y negocie con él a fin de obtener que no exija -al menos de momento- un intercambio de notas diplomáticas a este respecto. Explique que los envíos norteamericanos por buques de carga a Rusia no son ni importantes ni de alta calidad y que, si desencadenamos una guerra contra los Estados Unidos, nos apoderaremos de todos sus barcos que lleven destino a la URSS. Procure llegar a un entendimiento sobre estas bases. No obstante, si Ribbentrop exigiera una garantía explícita de nuestra parte en este sentido, usted debe aceptar en nombre nuestro el compromiso de principio de impedir todo tránsito de material de guerra norteamericano hacia Rusia por aguas japonesas. Obtenga de Alemania su acuerdo para un texto adicional explicando que no podremos aplicar plenamente este compromiso mientras, por razonas estratégicas, sigamos viéndonos obligados a evitar las hostilidades entre la URSS y el Japón. Si el Gobierno alemán rechaza lo que precede y hace depender explícitamente su aceptación de nuestra entrada en guerra y de un tratado comprometiéndonos a no concluir la paz por separado, nosotros no podremos hacer otra cosa que aplazar la conclusión de nuestro acuerdo". (NCA vol VII pp. 312-313)
De cualquier forma, aquella noche del sábado 6 de diciembre de 1941, el Japón se disponía a atacar a los Estados Unidos en el Pacífico.

Aunque Hitler y Ribbentrop hubieran prometido respectivamente a Matsuoka y Oshima la entra en guerra de Alemania contra los Estados Unidos cuando el Japón rompiera las hostilidades, semejante promesa no era más que verbal y, por otra parte, los japoneses no le habían dicho ni una palabra a su compañero alemán de la operación Pearl Harbor.

Hasta aquí finalizo el primer bloque al objeto de conocer con más detalle las relaciones germano-niponas antes del ataque a la flota norteamericana en Pearl Harbor. En un segundo bloque, expondré la sorpresa que fue para los alemanes el ataque japonés del 7 de diciembre, y la posterior declaración de guerra de Alemania a los Estados Unidos de América, culminando con sus palabras el día 11 de diciembre de 1941 en la tribuna del Reichstag:
    "Alemania golpeará siempre la primera -exclamó en medio de las ovaciones de los diputados-. ¡Siempre será Alemania la que dé el primer golpe!"


Saludos cordiales
Última edición por Akeno el Vie Abr 04, 2008 12:33 am, editado 3 veces en total.
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Mensajepor Akeno » Mar Abr 01, 2008 8:28 pm

El ataque japonés a la flota norteamericana del Pacífico en Pearl Harbor, el 7 de diciembre de 1941, tomó a Berlín tan de sorpresa como a Washington. Recordemos que, en ese momento, en el frente ruso, Hitler se ocupaba de sus ejércitos en retirada.

Acababa de caer la noche sobre Berlín cuando los servicios de escucha de las emisiones extranjeras captaron la noticia del ataque a Pearl Harbor. Un telefonazo del agregado de Prensa de la Wilhelmstrasse informó inmediatamente a Ribbentrop de la fulminante noticia. Furioso de que le molestaran en plena noche, no quiso creerla. No es más que un golpe de la propaganda enemiga, dijo, y dio orden de que le dejaran tranquilo hasta la mañana (Schmidt, Paul. Hitler's Interpreter. Nueva York 1951. pp. 236-237)

Cuando, ante el tribunal de Nuremberg, Ribbentrop afirmó: "El ataque a Pearl Harbor fue para nosotros una completa sorpresa", dijo indudablemente la verdad, al menos por una vez.
    "Habíamos considerado la posibilidad de un ataque japonés contra Singapur, quizás Hong-Kong -explicó- pero nunca habíamos pensado que un ataque contra los Estados Unidos fuera favorable" (TMWC - Trial of the Major War Criminals X p. 297)
Contrariamente a su declaración ante el tribunal, el acontecimiento le alegró en gran medida; por lo menos, ésta fue la impresión de Ciano.
    "Esta noche, llamada telefónica de Ribbentrop -anota el Ministro italiano en su diario del 8 de diciembre-. Está encantado con el ataque japonés. Tanto que yo no he podido dejar de felicitarle, aun sintiendo personalmente algunas dudas sobre las consecuencias del acontecimiento... Mussolini está contento de él también. Desde hace mucho tiempo desea que se aclare la situación entre Norteamérica y el Eje"
El lunes 8 de diciembre, a la 1 de la tarde, el general Oshima fue precisamente a pedirle a Ribbentrop que "aclarara la situación" de Alemania; se refería a una inmediata declaración de guerra a los Estados Unidos. El texto de su despacho a Tokio nos da la respuesta del ministro nazi:
    "Ribbentropp me informa que el Führer se encuentra en este momento en una conferencia en su cuartel general discutiendo en que forma las modalidades de declaración de guerra a Norteamérica podrán impresionar favorablemente al pueblo alemán. Me promete que transmitirá en seguida su requerimiento al Canciller y que hará todo lo posible para que sea prontamente aceptado"
Ribbentrop informó además al embajador que en la misma mañana del 8 de diciembre, el Führer había dado orden a la Kriegsmarine de hundir a los barcos norteamericanos en cualquier sitio que se les encontrara. (Mensaje interceptado de Oshima a Tokio el 8 de diciembre de 1941. NCA (Nazi Conspiracy and Aggression - Documentos de Nuremberg VII p. 163). Sin embargo, el dictador se reservó aún una declaración de guerra oficial. En ese mismo momento, en Tokio, el general Tojo decía al embajador alemán, general Ott: el Gobierno japonés espera que ahora Alemania declarará la guerra sin tardanza a los Estados Unidos (ND - Documento de Nuremberg NG-4424 9/12/41).

Las notas personales de Hitler nos informan que volvió a toda prisa a Berlín, el 9 de diciembre, a las 11 de la mañana. Inmediatamente, Ribbentropp le hizo ver que los términos del pacto tripartito no le comprometían en absoluto a declarar la guerra a los Estados Unidos, puesto que el Japón era el agresor. Esto es al menos lo que el Ministro nazi aseguró en Nuremberg. He aquí sus palabras:
    "El texto del pacto tripartito compromete a Alemania a prestar ayuda al Japón en caso de agresión contra él. Yo expliqué al Führer el aspecto legal de la situación y le hice comprender que, según las estipulaciones del pacto, nosotros no estábamos obligados en modo alguno a declarar oficialmente la guerra a Norteamérica. Tras una madura reflexión, el Führer me dio su opinión: "Nuestra negativa a participar en la guerra niponorteamericana equivaldría, políticamente, a la condena a muerte del pacto tripartito. Pero no es ésta la razón mayor. El motivo principal de nuestra entrada en guerra es el ataque a nuestros navíos por la Marina norteamericana. Tales actos han creado ya, de facto, el estado de guerra". En el pensamiento del Führer, la inminente declaración de guerra de Norteamérica a Alemania no ofrecía ninguna duda en aquel momento. Yo recibí, pues, la orden de devolver su pasaporte al embajador de los Estados Unidos". (Trial of the Major War Criminals X pp. 297-298)

Continuará.

Saludos!
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Mensajepor Akeno » Mié Abr 02, 2008 3:40 pm

El Presidente Roosevelt y Cordell Hull preveían este gesto de los alemanes. El 8 de diciembre, a despecho de la presión ejercida por el Congreso en favor de una inmediata declaración de guerra al Eje, ellos habían resuelto esperar todavía. El ataque a Pearl Harbor acababa de liberarles una mano, y ciertas informaciones les hacían pensar que el dictador nazi les liberaría de la otra dentro de muy poco.

La posición de Roosevelt era difícil. ¿Conseguiría obtener del Congreso una declaración de guerra a Alemania? Las dos cámaras, apoyadas por el Ejército y la Marina, aseguraban con vehemencia que todos los esfuerzos de Norteamérica debían concentrarse en la derrota del agresor japonés, sin añadir a ello el peso de un nuevo enemigo. Inmediatamente después del discurso de Roosevelt del 8 de diciembre, discurso que trató de la declaración de guerra al Japón, Hans Thomsen, encargado de negocios alemán en Washington, comunicó sus impresiones a Berlín:
    "El hecho de que Roosevelt se haya abstenido de mencionar a Alemania e Italia en su discurso prueba su deseo de evitar una agravación de la situación en el Atlántico."
La misma noche, Thomsen envió un segundo despacho:
    "Pediría Roosevelt al Congreso una declaración de guerra contra el Eje? Eso parece aún incierto. Según los jefes militares, lo lógico sería evitar todo gesto que pueda llevar a Norteamérica a combatir en dos frentes"

Antes del ataque a Pearl Harbor, Thomsen había subrayado en varias ocasiones la imposibilidad para los Estados Unidos de sostener una guerra en dos frentes. El 4 de diciembre, dio parte a su Gobierno de las revelaciones del Chicago Tribuna referentes a los planes del alto mando norteamericano con vistas a la derrota de Alemania y sus aliados (ver el hilo http://www.forosegundaguerra.com/viewtopic.php?p=25784#25784) y añadía: "Se confirma que las hostilidades no tendrán lugar hasta julio de 1943. Sus medidas militares contra el Japón son de carácter defensivo". El 8 de diciembre, Thomsen dijo aún: "El ataque a Pearl Harbor va a significar un gran alivio para Alemania, pues la obligación de aplicar todos sus esfuerzos a defenderse va a forzar a Norteamérica a reducir considerablemente su ayuda a Inglaterra y a trasladar todas sus actividades al Pacífico".

Los dos hombres de Estado (Roosevelt y Hull) habían estudiado largamente el despacho (interceptado) enviado a Tokio por Oshima conteniendo la declaración de Ribbentrop, es decir, la promesa alemana de participar en las hostilidades contra los Estados Unidos si el Japón las iniciaba primero. Esta promesa no incluía ninguna cláusula condicional referente al agresor. ¿En qué caso se encontraba obligada Alemania a participar en las hostilidades? Ningún texto lo estipulaba expresamente. El Japón poseía con ello un cheque en blanco firmado por Berlín y, sin duda alguna, iba a exigir que respondiera a él. Lo hizo, pero después de nuevas vacilaciones de su librador, Adolfo Hitler.

Otro día más.

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Mensajepor Akeno » Mar Abr 08, 2008 5:04 pm

El mismo día de su regreso a Berlín, el 9 de diciembre, éste convocó al Reichstag en sesión extraordinaria, y luego, pensándolo mejor, la aplazó hasta el 11. Harto de los ataques incesantes de Roosevelt contra su persona, contra el nacionalsocialismo, y de las agresiones de la Marina norteamericana contra los sumergibles alemanes en el Atlántico, se le estaba "acabando la paciencia". Su odio hacia Norteamérica y los norteamericanos crecía de día en día y, con él, una peligrosa tendencia a subestimar la potencia militar de los Estados Unidos.

    "Los norteamericanos no tienen porvenir
    (declaraba el 7 de enero de 1942 a sus íntimos). Norteamérica es un país podrido. El problema racial y las desigualdades sociales hacen estragos en él... Norteamérica no me inspira más que aversión y el más profundo disgusto... Medio judía, medio negra: así es la sociedad norteamericana; todo su comportamiento se deriva de esto. ¿Cómo esperar que una nación semejante, que semejante Estado, donde todo se basa en el dólar, pueda resistir?" (Las conversaciones privadas de Hitler. Hugh Trevor-Roper)

En cambio, sobreestimaba no menos peligrosamente la potencia militar del Japón. Se imaginaba que la Marina japonesa, la más invencible del mundo a sus ojos, después de haber dado cuenta de los ingleses y norteamericanos en el Pacífico, se volvería contra los rusos y ayudaría a Alemania a terminar su gigantesca conquista.

    "La entrada en guerra del Japón es para nosotros un triunfo del valor excepcional, aunque sólo sea por la fecha elegida
    -dijo a sus confidentes-. En el momento en que los rigores inesperados del invierno ruso pesan tanto sobre la moral de nuestras tropas y en que el pueblo alemán, angustiado, siente acercarse un conflicto con Norteamérica, la intervención japonesa resulta de lo más oportuna" (Las conversaciones privadas de Hitler. Hugh Trevor-Roper)
El brusco y brutal golpe asestado a la flota norteamericana exaltó su admiración, sobre todo por su elemento de sorpresa. Apreciaba la maniobra por haberla empleado él mismo con éxito y soberbia, y, como recompensa por tal proeza, concedió, el 14 de diciembre al general Oshima, la Gran Cruz de la Orden del Aguila Alemana en oro (Goldenes Grosskreuz des Deutschen Adlerordens)


    "Así es como hay que declarar la guerra
    -aprobó-. ¡Éste método es el único eficaz! Está de acuerdo con mi propio sistema, es decir, negociar mientras sea posible, pero si se descubre que el adversario sólo quiere ganar tiempo, humillarnos, engañarnos y se niega a todo entendimiento, entonces es preciso golpear lo más brutalmente posible, sin perder el tiempo en declarar la guerra. Me alegra conocer el éxito de la primera operación japonesa. Yo mismo, hace tiempo, con una paciencia infinita, realicé nogociaciones con Polonia, por ejemplo, y también con Rusia. Cuando la mala fe del adversario estuvo clara para mí, ataqué sin perder el tiempo en inútiles formalidades y, en el futuro, continuaré obrando así." (NCA - Nazi Conspiracy and Aggression vol. V p. 603. Documento de Nuremberg 2932-PS)
Hitler tenía otra razón para añadir rápidamente a los Estados Unidos en la lista de sus enemigos. EL Dr. Schmidt supo describirla:

    "Tengo la impresión
    (escribe) que Hitler, espoleado por su apetito inmoderado de prestigio y comprendiendo que se acerca la declaración de guerra de Norteamérica, quiere anticiparse." (Schmidt, Paul. Hitler's Interpreter. p. 237)
Schmidt tenía razón. El dictador alemán confirmó su opinión el 11 de diciembre en la tribuna del Reichstag:

    "Alemania golpeará siempre la primera
    -exclamó en medio de las ovaciones de los diputados- ¡Siempre será Alemania la que dé el primer golpe!"


Bueno, eso es todo por el momento.

Espero que este hilo haya servido para aclarar los motivos de la declaración de guerra de Alemania a los Estados Unidos el 11 de diciembre de 1941.

Finalmente, citaré la obra de la que he extraído todo el texto que aparece en el hilo:

HISTORIA DE LA II GUERRA MUNDIAL Y DEL III REICH. Océano-Instituto Gallach 1985.
Edición en castellano publicada por acuerdo con Paul R. Reynolds Inc. Nueva York, para el texto de William L. Shirer THE RISE AND FALL OF THE THIRD REICH


Saludos!
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