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El alineamiento del Brasil

Partidos políticos, actuaciones gubernamentales

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El alineamiento del Brasil

Mensajepor 27Pulqui » Sab Ene 10, 2009 6:02 pm

6. SIDERURGIA Y DESARROLLO NACIONAL

El nacionalismo económico de Getúlio Vargas motivó la controversia política y académica, así su gestión fue caracterizada desde la defensa radical de la autonomía cercana a la xenofobia hasta la entrega a los trusts encubierta por una retórica desarrollista. Durante la primera mitad de los años treinta fue difícil definir una política brasileña coherente en relación a los capitales extranjeros, la Constitución de 1934 contenía medidas provisorias que limitaban las concesiones de mineral de hierro y la exploración de recursos hidráulicos a ciudadanos brasileños y preveían la nacionalización de bancos y compañías de seguros extranjeros. La Constitución de 1937 incorpora esa legislación radical, mencionando la nacionalización de las industrias “esenciales”. En la práctica, la aplicación de las leyes contrarias al capital extranjero fue bastante moderada y el nacionalismo económico de Vargas empleó diferentes políticas que no rechazaban a priori inversiones de empresas extranjeras. En el rubro de la siderurgia, antes de 1937, el gobierno buscó atraer primero a la estadounidense Dupont, después con el Estado Novo a las alemanas Demag, Krupp y Stahlunion, previo a la intensa negociación con la U.S. Steel Co. de mayo de 1939 a enero de 1940. Asimismo, la creación de la Compañía Siderúrgica Nacional no fue el resultado de una prioridad brasileña, puesto que fue una tercera o cuarta opción paralela a las negociaciones bilaterales, indicando que el nacional-desarrollismo de Vargas era suficientemente flexible hasta el punto de convivir con la atracción de filiales extranjeras en este sector estratégico (Zahluth Bastos).

A partir del Estado Novo, Vargas parecía decidido a llevar a cabo el proyecto de construcción de una gran y moderna industria siderúrgica. En febrero de 1938, la instalación de acuerdo con las palabras del presidente podía ser hecha: “1) por el Estado, con el apoyo de capitales extranjeros o mediante el financiamiento en base al mineral exportado; 2) con capitales mixtos, del Estado y de empresas particulares nacionales; 3) por empresas particulares nacionales, con capitales propios y extranjeros, y el control del Estado”. El esbozo de la preferencia por una solución estatal y por el control nacional del proyecto no significa la definición en detalle de una política, y aun resuelto el financiamiento de un proyecto técnicamente consistente no estaba claro como obtener la tecnología. Las tentativas de atraer capital extranjero tanto norteamericano como alemán en la cuestión siderúrgica estaban imbricadas en la lucha entre los bloques imperialistas (Corsi, 2000: 141-142).

En el inicio de 1938, mientras el canciller Oswaldo Aranha se esfuerza por reaproximar a Vargas a los Estados Unidos con una propuesta del Eximbank para financiar una usina de acero (*), el ministro de Transporte, coronel João Mendonça Lima, establecía contactos con la Demag alemana. Tronca (1996: 350-351) sostiene que el militar no tenía influencia política decisiva en el tema siderúrgico, como ministro estaba más interesado en obtener material rodante para el ferrocarril Central, por eso la usina de acero entraba en un plan de cambio de mineral de hierro por equipamiento ferroviario y carbón. Según este autor, Vargas tenía la iniciativa política en la cuestión del acero, lo que no es una novedad teniendo en cuenta la naturaleza del sistema de decisiones durante el período dictatorial. Sin quitarle atención a la propuesta de Mendonça Lima, Vargas estaba interesado en establecer negociaciones simultáneas con diversos proponentes. Al mismo tiempo consideraba las alternativas para concretar el proyecto sobre la base de los tres puntos arriba mencionados, de manera que el Estado surgía como el eje del emprendimiento, independientemente de cualquier presión institucional del Ejército en ese sentido.

La fijación de las directrices del proyecto por el gobierno provoca la afluencia en el sistema de decisiones, o el surgimiento en su propio interior, de un gran número de reivindicaciones. Todas serán sometidas, en esa primera etapa, al examen de dos órganos: el Consejo Técnico de Economía y Finanzas (CTEF) y el Consejo Federal de Comercio Exterior (CFEC). Simultáneamente, Vargas y otros miembros del gobierno establecen contactos paralelos con el exterior (Tronca, 1996: 352).

(*) Supongo que en ese párrafo con usina de acero el autor se refiere a una acería integrada por el horno productor de acero y las laminadoras.

Continúa este capítulo...

Editado por 27Pulqui con objeto de formular la aclaración y mejorar la traducción de los textos en lengua portuguesa

Editado por 27Pulqui nuevamente para una corrección de forma en el tercer párrafo
Última edición por 27Pulqui el Jue Ene 15, 2009 3:29 pm, editado 2 veces en total.
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Mensajepor 27Pulqui » Lun Ene 12, 2009 2:46 pm

En marzo de 1938, el presidente remite al CTEF dos proyectos que le había enviado Mendonça Lima. Ambos formulaban un plan de exportación del mineral bajo el control del Estado como medio para la construcción de la siderurgia. El ministro proponía la expropiación de los yacimientos y el monopolio estatal en la exportación con el fin de defender la explotación del recurso natural frente al probable interés de las grandes potencias por el mineral de hierro. Vargas compartía la opinión de que el mineral era “la única arma que poseemos para interesar a los grupos metalúrgicos extranjeros”. En realidad, casi todos los proyectos se basaban en esa fuente de financiamiento (Tronca, 1996: 352).

El Consejo convoca a Edmundo Macedo Soares, quien fundado en sus conocimientos de ingeniero metalúrgico introduce un dato hasta entonces no tomado en cuenta: la compatibilidad del mineral brasileño con los procesos técnicos de los potenciales compradores. Según el capitán, al contrario de la especulación de la mayoría, es una ilusión sustituir al mineral sueco en Alemania, puesto que eso implicaría la modificación de los procesos de producción en aquel país. Las complicaciones con los Estados Unidos no serían de orden técnico pero sí existen dificultades de colocación por sus grandes reservas de materia prima. Gran Bretaña es el comprador más indicado por la tecnología empleada en su siderurgia. A partir de esos datos, Macedo Soares traza un plan para la construcción de una usina de 300 mil toneladas (Tronca, 1996: 352-353).

En 1938 el grupo en el poder irá buscando alternativas a los proyectos presentados hasta entonces, todos inviables tanto económica como técnicamente. Vargas aprueba la formación de una subcomisión integrada por el director ejecutivo del CFCE, un representante del Ejército y otro de la Marina, los dos últimos designados por Vargas. La subcomisión va trazando una política que, aunque también inviable, por lo menos de manera más definida apunta a la solución del problema siderúrgico mediante el monopolio estatal. El proyecto presentado por la subcomisión en la sesión plenaria del CFCE no contó con el apoyo del general Francisco José Pinto, secretario del Consejo de Seguridad Nacional (CSN), quien admite la industria estatal como solución transitoria, es decir la aceptaba por considerarla la forma más rápida en aquella coyuntura de resolver el problema de la siderurgia, pero preservaba el patrón privado de acumulación (Tronca, 1996: 353-354).

Los Estados Mayores del Ejército y la Marina se habían pronunciado, en diciembre de 1937, a favor del control estatal. En las discusiones de 1938 Mendonça Lima proponía la expropiación de los yacimientos y la colaboración del capital extranjero en la construcción de la siderurgia; los militares integrantes de la subcomisión especial del CFCE apuntaban a una estatización más amplia; el secretario del CSN formulaba restricciones a esa propuesta; el ahora mayor Macedo Soares era favorable a la asociación del Estado con el capital nacional, admitiendo la participación extranjera solamente bajo la forma de empréstito. Institucionalmente, sin embargo, el Ejército nunca tomó posición en ese momento, puesto que sus órganos calificados, el Ministerio de Guerra y el Estado Mayor, permanecieron en silencio (Tronca, 1996: 355).

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Mensajepor 27Pulqui » Jue Ene 15, 2009 3:01 pm

El emprendimiento alemán más factible en el año 1938 consistía en la construcción de una usina siderúrgica presupuestada en 20 millones de marcos a saldar con las exportaciones de 15 millones de toneladas de hierro anuales. El Ferro Carril Central do Brasil se encargaría del transporte y la Demag sería responsable de la construcción de la usina y de las instalaciones ferroviarias necesarias. El proyecto no se concretó por causa de la disolución del consorcio formado por las empresas Demag, Krupp y Stahlunion para llevarlo a cabo. Además, el gobierno germano, incluido en el proyecto, no le había dado prioridad. No obstante el fracaso, a fines de 1938 Vargas comisionó al mayor Macedo Soares en un viaje a Europa con el objetivo de realizar sondeos para una usina a cambio de la colocación del mineral de hierro en aquel mercado (Corsi, 2000: 143).

En una versión alternativa a la de Seitenfus, Moniz Bandeira (1998: 221-222) vincula el desenlace del incidente Aranha-Ritter con el acero. El embajador estaba en su país esperando viajar a un nuevo puesto, pero con la invasión de Checoslovaquia hubo una orden general para que todos los diplomáticos alemanes retornasen a los países donde servían. Ritter le anticipa al embajador brasileño que iba a volver a Río de Janeiro, por poco tiempo, hasta que lo designaran para otra misión. A la vez le informa que llevaría las propuestas de la Krupp. Enterado, el canciller Aranha en fuerte reacción comunica a Berlín que no admitirá el retorno de Ritter, y cuando la situación estaba por resolverse lo declara persona no grata al gobierno brasileño. De esa forma defendía la conexión con los Estados Unidos, en tanto bloqueaba a los sectores del gobierno favorables el Eje, los que saldrían fortalecidos de ejecutar la Krupp el plan siderúrgico. Sin embargo Vargas recibió de manera extraoficial a Ritter después de la declaración de Aranha. El encuentro irritó más al presidente pues esperaba la oferta de la Krupp, si no para concretarla, por lo menos como instrumento de presión contra los norteamericanos.

Las dificultades brasileñas favorecían el concurso del capital extranjero. En ese contexto, la Misión Aranha abrió nuevas expectativas, además de la promesa de créditos por valor de 50 millones de dólares del Eximbank, el ministro inició contactos con la U.S. Steel. En abril de 1939 Macedo Soares viaja a los Estados Unidos, al mes siguiente presenta una propuesta del gobierno brasileño que preveía para la U.S. Steel una participación del 30%. En verdad, Macedo Soares era pesimista y prefería el control estatal como una forma de mantener el control nacional sobre la economía brasileña. En octubre la U.S. Steel ofrece la organización de una empresa brasileña por ella controlada, con la participación de capitales nacionales. La propuesta causó buena impresión en el gobierno de Vargas, pese a que implicaba la reforma de la legislación nacionalista. En diciembre las autoridades brasileñas expresan en público su buena voluntad, al mismo tiempo la embajada en Washington mantiene comunicaciones con el Departamento de Estado para la apertura de los créditos del Eximbank. Las negociaciones parecían evolucionar satifactoriamente cuando, entre finales de diciembre y principios de enero, comenzaron a presentarse problemas (Corsi, 2000: 144-147).

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Mensajepor 27Pulqui » Mar Ene 20, 2009 4:19 pm

El representante de los intereses ingleses en el comité financiero de la compañía se opuso al proyecto, tal vez procuraba modificar las negociaciones sobre la deuda externa brasileña, pues, como vimos, los intereses norteamericanos habían encaminado los pagos a partir de la Misión Aranha. Hay indicios que explican el giro de la U.S. Steel: a) en 1939 el sector siderúrgico operaba en los Estados Unidos con una capacidad ociosa, b) la compañía exportaba al mercado brasileño cerca de 5,5 millones de dólares. Invertir en el Brasil implicaba aumentar todavía más su capacidad ociosa, difícilmente el comité financiero aprobaría nuevos emprendimientos cuando acababa de construir una usina en los Estados Unidos. Otro factor fue la falta de apoyo crediticio por parte del gobierno de Roosevelt. Según el embajador Carlos Martins la empresa había condicionado la inversión a la obtención de empréstitos del orden de 44 millones de dólares y el Departamento de Estado no estaba dispuesto a conceder tal cantidad. Otras causas fueron las dificultades del cambio para las remesas de ganancias y el recelo de que en el futuro la usina fuese nacionalizada. Aunque Vargas había aprobado el proyecto y estaba dispuesto a aceptar una participación mayor del capital extranjero, es muy probable que persistiesen desconfianzas en cuanto a sus reales intenciones. En la decisión de la U.S. Steel de no invertir en Brasil confluyen varios factores que van desde problemas de orden financiero hasta el recelo en cuanto a las intenciones nacionalistas del gobierno de Vargas, pasando por el control accionario de la empresa (Corsi, 2000: 148-151).

Las negociaciones tuvieron por marco el proceso de mayor intervención del Estado en la economía, y en ellas participaron las instituciones inspiradas por el nacional-desarrollismo de la era de Vargas, en especial el Consejo Federal de Comercio Exterior (CFCE) y en menor grado el Consejo Técnico de Economía y Finanzas (CTEF). El CFCE fue creado en 1934 como un órgano del planeamiento económico con la función de asignar recursos sobre la base del intercambio con el exterior. En el Estado Novo a este Consejo le fueron ampliadas sus atribuciones, en principio estaba integrado por representantes de varios ministerios, todos designados por el presidente de la República, posteriormente incluyó a representantes de entidades privadas. Además de ser el promotor en buena medida de las políticas nacionalistas y estatizantes adoptadas por el gobierno, su actuación facilitó el acceso de los grupos empresariales al aparato estatal. En 1937 fue creado el CTEF con el objetivo de controlar las finanzas estatales y municipales. Los sectores de base también estuvieron orientados por nuevos aparatos del Estado, en el sector energético fueron creados el Consejo Nacional del Petróleo y el Consejo Nacional de Aguas y Energía Eléctrica, y en 1940 fue formalizada la Compañía Siderúrgica Nacional en correspondencia con los avances en los acuerdos con los norteamericanos.

La Misión Aranha de principios de 1939 marcó el inicio de las relaciones “especiales” con los Estados Unidos. El estallido de la guerra consolida la tendencia, pues Alemania pierde su ya disminuida capacidad económica para atraer al Brasil, y los militares renuentes a una alianza con la potencia del hemisferio comienzan a ceder ante la inevitabilidad geopolítica del alineamiento con los Estados Unidos. No obstante ello, al comenzar la deflagración el apoyo norteamericano al desarrollo de la industria siderúrgica brasileña se mantenía en el lirismo, y algunas medidas panamericanas contra las actividades del Eje en el Brasil no salían de la retórica. El bienio 1940-1941, a pesar de las contradicciones, conducirá a un mayor acercamiento entre los gobiernos de Roosevelt y Vargas.

Continúa, próximo capítulo: Camino a la definición
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Mensajepor 27Pulqui » Mar Ene 27, 2009 9:23 pm

7. CAMINO A LA DEFINICIÓN

En los primeros años de la guerra el gobierno brasileño acentuó su interés en la implantación del complejo siderúrgico y el equipamiento de material bélico. En el primer rubro, los estudios conjuntos con la U.S. Steel habían previsto soluciones técnicas a problemas hasta entonces irresueltos en el desarrollo de la industria. Ante el fracaso en las negociaciones de la principal oferta de 1939, el gobierno brasileño, ya con un proyecto más consistente, dirigió los esfuerzos a la búsqueda de financiamiento. Un esquema propuesto sobre la base de la inversión del Estado necesitaba un crédito externo de 17 millones de dólares para la adquisición de máquinas y otros suministros, consecuentemente la legación diplomática en Washington fue instruida en febrero de 1940 con objeto de acordar el empréstito con el Eximbank. El embajador Carlos Martins mantenía contactos con el Departamento de Estado desde el desinterés de la U.S Steel, la posición brasileña se enmarcaba en la política estadounidense del buen vecino, pero si el capital norteamericano no estaba interesado en colaborar, Brasil, a pesar de preferirlo, buscaría otras alternativas (Corsi, 2000: 152-153).

El gobierno de Roosevelt sugirió a Vargas que aguardase las negociaciones en curso con la firma Ford, Bacon & Davis, de manera de conocer primero la ayuda requerida por la empresa, para más tarde entablar las conversaciones con las autoridades brasileñas. En verdad, el propio gobierno estadounidense veía con reservas la implantación de la industria de base en el país lusoamericano, y con maniobras dilatorias intentaba no poner en riesgo la aproximación. Entre tanto, de manera “oficial” el Departamento de Estado procuraba interesar a otras empresas en el proyecto, o sea, las posibilidades brasileñas de conseguir un empréstito del Eximbank en aquel momento eran pequeñas. Por su parte, el gobierno de Vargas realizaba paralelamente contactos con empresas europeas o norteamericanas, así Brasset, Demag, Werner-Green, Arthur G. Mackee y Krupp presentaron propuestas o fueron invitadas a hacerlo. La falta de ayuda efectiva de los Estados Unidos le abrió al gobierno alemán la posibilidad de ganar terreno en el Brasil mediante las negociaciones con la Krupp, pero Alemania no estaba en condiciones de una acción concreta antes del fin de la guerra, por lo tanto el país europeo también se orientaba a extender al máximo las conversaciones (Corsi, 2000: 153-154).

El gobierno de Vargas al entrar en contacto con empresas europeas, especialmente alemanas, además de buscar una salida para el impasse de las negociaciones con los Estados Unidos, procuraba presionar al gobierno de ese país para dar una rápida solución al problema. Todo indica que Vargas prefería la colaboración norteamericana, no por desconfiar de la capacidad germana de invertir en la industria en el corto plazo, sino por causa de los fuertes lazos con los Estados Unidos y, probablemente, por la dificultad para salir de su esfera de influencia, a no ser que la guerra entonces en curso en Europa concluyera con una fulminante victoria del Eje. Mientras el sector siderúrgico norteamericano aparentemente no veía en los primeros meses de 1940 un gran peligro en la concurrencia alemana, el gobierno de Roosevelt a finales de mayo muestra signos más favorables a los intereses brasileños, quizás por causa de la evolución de los acontecimientos en Europa y de los temores ante un posible golpe profascista en Argentina (Corsi, 2000: 155).

Según Moniz Bandeira (1998: 223-224) la noticia, publicada por el New York Times a finales de febrero, de que la Krupp se interesaba por el plan siderúrgico brasileño preocupó a los círculos políticos y financieros de los Estados Unidos. Las informaciones sobre el Brasil eran alarmantes, la guerra en Europa, con las victorias sucesivas de los panzers de Hitler, fortalecía a los nazifascistas del gobierno de Vargas. El semanario de Nueva York The Hemisphere preveía la caída del “americanófilo” Aranha y la nueva posición brasileña en relación a los Estados Unidos. En realidad, Vargas no recusaba ni se comprometía con las propuestas de las firmas alemanas y suecas, según informó el embajador Martins, y aguardada el resultado de las negociaciones en Norteamérica.

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Mensajepor 27Pulqui » Mié Ene 28, 2009 7:34 pm

Con el telón de fondo de los arrolladores triunfos alemanes, Vargas pronunció el 11 de junio un discurso acerca de la situación internacional y de como el Estado Novo en ella se situaba. Con los elogios a un nuevo orden que parecía emerger de la derrota franco-inglesa, el presidente sugería una evolución del régimen en dirección a las potencias nazifascistas. La respuesta nacional e internacional a las famosas palabras de Vargas fue intensa, recibieron el elogio de la diplomacia alemana, Mussolini expresó su satisfacción, y en los Estados Unidos obtuvieron una pésima repercusión. Vargas por medio de la embajada en Washington y de un comunicado ratificó la “entera solidaridad a la americana en la defensa común del Continente contra cualquier ataque del exterior, manteniendo estricta neutralidad”. El discurso y el intento posterior de minimizar la repercusión tenían por finalidad presionar al gobierno de Roosevelt: o los Estados Unidos pasaban a colaborar decididamente en el desarrollo económico brasileño o el Brasil mantendría “estricta neutralidad” y recusaría la cooperación más íntima con los norteamericanos (Corsi, 2000: 159-160).

El 29 de junio, en otro discurso, Vargas reforzó su posición a través de una defensa de la soberanía nacional que entraba en conflicto con el panamericanismo impulsado por Washington, así Río de Janeiro avisaba que la lealtad tenía un precio a pagar, a la vez dejaba la puerta abierta para Alemania, una eventual victoria de ese país posiblemente garantizaría la continuidad de la política exterior más independiente. La administración de Roosevelt comprendió que la insatisfacción de las reivindicaciones brasileñas podría significar el alejamiento del país lusoamericano, agravado por el desinterés argentino en una firme alianza con los Estados Unidos. De no contar con los dos países sudamericanos más grandes la política de “solidaridad continental” quedaría de sobremanera debilitada. En julio retomaron las negociaciones y en agosto el Eximbank aseguró un préstamo de 20 millones de dólares para la instalación del complejo siderúrgico en Volta Redonda. En enero de 1941, una vez establecido el sistema de financiamiento, el gobierno de Vargas aprobó el plan de construcción del complejo. Sin embargo, disputas que abarcaban desde el control ejecutivo para coordinar los trabajos hasta la empresa a contratar para la construcción de la usina estuvieron presentes en el proceso, y aunque el Departamento de Estado había dado prioridad a las remesas de equipos, éstas sólo comenzarían a hacerse efectivas de manera gradual en 1942 cuando el alineamiento del Brasil con los Estados Unidos estaba asegurado (Corsi, 2000: 160-163, Moniz Bandeira, 1998: 225-226).

Las entregas de armamentos y de equipos para la siderurgia dependían fuertemente de consideraciones de carácter geopolítico. La invasión de la URSS en junio de 1941 reducía la posibilidad, hasta entonces avalada por los estrategas norteamericanos, de una acción alemana en el continente, más precisamente en el Nordeste brasileño. Tal vez para el gobierno de Roosevelt la necesidad de satisfacer los deseos de Vargas no parecía tan urgente en el segundo semestre de 1941, asimismo la alianza con el Brasil todavía no estaba del todo consolidada. A los pocos meses, la entrada de los Estados Unidos en la guerra aceleró el alineamiento, el Eximbank destinó para la siderurgia 45 millones de dólares y la financiación marcó el apartamiento de Vargas de su proyecto de desarrollo apoyado fundamentalmente en el capital nacional. Pese a todo, con la instalación de Volta Redonda y las circunstancias de la guerra, el capitalismo brasileño pasó a una etapa superior de industrialización y los trusts norteamericanos no tuvieron otro recurso que asociarse a ese proceso (Corsi, 2000: 163-164, Moniz Bandeira, 1998: 226).

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Mensajepor 27Pulqui » Vie Ene 30, 2009 5:35 pm

A juzgar por el peso que habían ganado los militares como actores políticos, otra cuestión importante es la urgencia de equipamiento bélico en las nuevas condiciones internacionales, es decir ante la interrupción del comercio con Alemania debido al eficaz bloqueo marítimo británico. De acuerdo con la versión tradicional los militares se alineaban en el campo proalemán, así es como describe Moniz Bandeira (1998: 221) a la oficialidad brasileña y Tronca (1996: 358) en particular al general Dutra. Como hemos visto en el capítulo 5, Vigevani enfatiza el avance en las relaciones con los norteamericanos hacia el final de la década de 1930 y las limitaciones de la influencia germana en los militares. Gertz, en su artículo, propone una revisión de las suposiciones sobre la expansión del nazismo en el Brasil y duda del favorable ambiente político y militar germanófilo o filonazi. En mi opinión, la corriente tradicional cae en el impresionismo, y, si bien la germanofilia y las afinidades con los fascismos en las Fuerzas Armadas no dejan de ser relevantes, la interpretación revisionista presenta argumentos más convincentes sobre la evolución de los militares. Más allá de las diferentes perspectivas de los autores, la bibliografía consultada aporta variados datos respecto de la adquisición del material bélico y el planteo estratégico de las partes, en los párrafos siguientes volcaré algunas informaciones y al final formularé mi conclusión acerca de este período.

El suministro del armamento hasta el inicio de la guerra constituyó un buen soporte de las relaciones con Alemania, para el general Góes Monteiro todavía en el segundo semestre de 1940 las condiciones ofrecidas por el III Reich resultaban ventajosas sobre las promesas norteamericanas. El convenio de compras de armas celebrado con Krupp en 1937 y 1938 había sumado 10 millones de libras. Como veremos, la cantidad es exigua comparada con los acuerdos logrados con los Estados Unidos una vez asegurada la alianza, empero hasta 1941 las exigencias de los militares norteamericanos no garantizaban un buen futuro. El discurso pronunciado por Vargas en vísperas de la caída de París disparó la preocupación del gobierno de Roosevelt, para entonces la urgencia norteamericana de asegurase el alineamiento hemisférico detrás de su liderazgo se orientaba más decididamente a la obtención de bases en las repúblicas americanas. Por su posición estratégica, el Nordeste brasileño entraba en el área de seguridad del Canal de Panamá.

En 1940 cuando las fuerzas armadas alemanas estuvieron en posibilidad de atacar territorio africano quedó latente la invasión de América. La Misión Militar Norteamericana a cargo del teniente coronel Lehman W. Miller para el estudio de la defensa de la costa brasileña acompañó la concesión del empréstito para la siderurgia. La Misión sugirió la creación de un servicio secreto para vigilar las actividades de todos los extranjeros y “simpatizantes de regímenes antiamericanos”, además de la movilización de la opinión pública contra posibles ataques por la prensa y la radio al “imperialismo yanqui”. El plan militar, entregado en un memorándum en el mes de septiembre, requería la garantía brasileña de colocar a disposición de las fuerzas armadas norteamericanas vías de comunicación y todo tipo de instalaciones civiles y militares en Río de Janeiro, Natal, Fortaleza, São Luís do Maranhão, Belém y Amapá. Miller, al no conseguir la colaboración deseada de acuerdo con sus expectativas, recriminó al gobierno brasileño la falta de resolución. Entre tanto, Brasil esperaba recibir armamento germano de las operaciones todavía en curso a finales de 1940. El bloqueo británico interceptó a dos navíos brasileños que transportaban material alemán. El primero fue liberado por una gestión del Departamento de Estado, pero la carga del segundo quedó retenida en Lisboa (Moniz Bandeira, 1998: 229-230, Tronca, 1996: 357).

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Mensajepor 27Pulqui » Dom Feb 01, 2009 2:35 pm

Los créditos concedidos y el incremento de las relaciones militares no representaban todavía la alineación político-militar, pues los principales objetivos norteamericanos no habían sido alcanzados, aunque Brasil era un país neutral, los Estados Unidos demandaban una más amplia e irrestricta colaboración. El gobierno de Vargas procuraba evitar compromisos definitivos, entre tanto, su margen de maniobra se reducía cada vez más. En los últimos meses de 1940 los Estados Unidos intensifican sus acciones con el objeto de consolidar el completo alineamiento del gobierno brasileño a su política. El 28 de noviembre fue firmado el acuerdo interamericano del café, si bien importante para todos los productores latinoamericanos, el acuerdo era fundamental para Brasil. Entre diciembre de 1940 y febrero del año siguiente se iniciaron las conversaciones para las exportaciones de materias primas, frente al cierre de mercados en Europa, la creciente demanda norteamericana brindaba una salida, al tiempo que Estados Unidos ocupaba los espacios abandonados por el Eje. En marzo de 1941 una propuesta de Washington encamina los problemas económicos, además otorga un crédito del Eximbank de 12 millones de dólares para la compra de armamentos (Corsi: 2000, 169-171).

La cooperación en los proyectos de defensa en 1941 avanzaba entre dificultades y desconfianzas. En julio las autoridades militares de Washington creían que el Ejército brasileño no recibía favorablemente el auxilio norteamericano. Lehman Miller, promovido a general de brigada, reconocía en un informe la buena voluntad del Estado Mayor, pero suponía que los generales Dutra y Góes Monteiro temían que la publicidad de los trabajos de los estadounidenses provocaría la reacción de los nazis brasileños o del propio Eje, amén de calificarlos como dos oportunistas en los que no podía confiar. Aranha le comentó al embajador de los Estados Unidos que era un error solicitar el permiso para estacionar tropas norteamericanas, sobre todo porque su país había faltado al compromiso de enviar armas. Entre sospechas recíprocas, el 24 de julio el ministro de Guerra general Dutra y el jefe de la Misión general Miller firmaron un acuerdo para la creación del Brazilian-American Joint Group of Staff Officers, y Washington obtuvo la promesa de la utilización de bases aéreas y navales. En octubre de 1941 el gobierno norteamericano impulsó otro acuerdo, en los términos del lend and lease, para empréstitos y arrendamiento de material bélico. Sin embargo persistían los problemas, Góes Monteiro todavía no autorizaba el levantamiento cartográfico del Nordeste y negaba con Dutra el estacionamiento de tropas estadounidenses o maniobras conjuntas en territorio brasileño (Moniz Bandeira, 1998: 231-232).

Vigevani (1996: 74-75), sin entrar en los detalles de las dificultades que se presentaron en los momentos de tensión de 1941, limita el análisis al aspecto político. En ese año, el riesgo cada vez mayor de entrar en la guerra empujó a los Estados Unidos a la implantación de las bases. Los militares brasileños no eran contrarios a las relaciones con los estadounidenses, para la oficialidad se trataba de mantener plenamente el propio dominio de Brasil, descartando una presencia militar extranjera muy fuerte, con posibilidades de incidencia directa en el cuadro político brasileño, del cual el Ejército era en parte responsable. Se trataba también de conseguir plena satisfacción en los suministros pedidos. La posición de la jerarquía queda explicada en una comunicación de Góes Monteiro a Dutra respecto de las observaciones formuladas por Miller en junio de 1941: la “cooperación será efectiva e integral, más aún, con la intensidad proporcional a los medios materiales adecuados, disponibles en la ocasión, esto es, que sería máxima si dispusiéramos de todos los recursos necesarios para las Fuerzas Armadas del Brasil y mínima si apenas contásemos con los actuales recursos bélicos (no aumentados); en cualquier caso, sin embargo, jamás ella sería nula o escasa”.

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El alineamiento del Brasil

Mensajepor 27Pulqui » Mar Feb 03, 2009 1:20 am

El desarrollo de la guerra forzó al gobierno de Vargas a tomar una decisión. En noviembre el ministro de Hacienda, Artur da Sousa Costa, liquidó el contrato con la Krupp. En aquel mes el gobierno estadounidense empezó a presionar para que Brasil suprimiese las líneas aéreas controladas por los países del Eje, de modo de sustituir a la italiana LATI y la alemana Condor por Pan Am Airlines y Defense Supplies Corporation. En diciembre, luego del ataque a Pearl Harbor, Roosevelt valiéndose de la buena voluntad del embajador brasileño, Carlos Martins, solicitó a Vargas que permitiese el desembarco de 50 militares norteamericanos para cada base del Nordeste: Belém, Natal y Recife (Moniz Bandeira, 1998: 233). No solamente se opuso el estamento superior de las fuerzas armadas, tampoco Aranha aprobó las acciones de Martins. Los fusileros navales arribarían con el título de “técnicos” pues ya se encontraba trabajando un pequeño plantel técnico estadounidense en la construcción y operación de bases. Sin embargo los fusileros llegaron como tropa regular armada, aunque les fue permitido permanecer en Brasil, les quitaron sus armas y por algún tiempo no dispusieron de ningún medio de acción efectiva (Moura, 1996: 90).

Al comenzar febrero de 1942 casi todos los países del continente estaban en guerra o habían cortado las relaciones con las potencias del Eje, Brasil pertenecía al segundo grupo, y solamente Argentina y Chile permanecían neutrales. A partir de ese momento, de la mano de los Estados Unidos gradualmente Brasil participará en el bando aliado. En mi opinión, el desenlace no fue más que el desenvolvimiento de las premisas que adoptó Vargas en 1938 cuando decide la ubicación estratégica frente a un probable conflicto mundial. Con posterioridad al equilibrio de 1935 a 1937, y no obstante el espacio de autonomía logrado, la táctica pendular tuvo una disimulada orientación pronorteamericana. Desde el capítulo 5 fui cruzando los aportes de diversos autores con el fin de mostrar los matices de ese proceso, aquí es donde retomamos el estudio de Ricardo Seitenfus, puesto que en la cuarta (y principal) tesis sostiene: Brasil ya tenía sus aliados definidos en 1938.

Seitenfus explica las condiciones previas a la alineación en base al ascenso de Aranha, la adhesión al panamericanismo, la política coherente norteamericana para apartar el peligro totalitario y la dificultad de Alemania para alcanzar sus objetivos. A su entender pueden intepretarse como turning point de la diplomacia brasileña tres hechos de 1938: la nacionalización del Sur, la designación de Aranha en Itamaraty y el fracaso del golpe integralista. Concluye que cuando Brasil impresiona por su acción panamericana, basada en el entendimiento con los Estados Unidos, y por la organización democrática, después de la Constitución de 1934, el país se encontraba en franco entendimiento con el Eje, especialmente con Alemania. Por otra parte, cuando Vargas impone el Estado Novo, con una Constitución de inspiración fascista, y practica un doble juego diplomático, él ya colocó a Brasil al lado de Washington. De acuerdo con Seitenfus, las innumerables peripecias en torno de la actitud brasileña durante la Segunda Guerra Mundial, son, en definitiva, condicionadas por la evolución del conflicto bélico, en especial por la participación de los Estados Unidos.

Por su parte Moniz Bandeira, más inclinado a mirar con simpatía los intentos autonomistas de Vargas, sostiene que el presidente sabía que, difícilmente, podría mantener a Brasil neutral, mucho menos favorable al Eje, en caso de que los Estados Unidos participasen en el conflicto. En otras palabras, el gobierno de Vargas estaba condicionado por los fuertes lazos con Estados Unidos. Retomaremos este punto más adelante cuando analicemos la comparación con Argentina. A continuación reseñaremos brevemente la etapa de alineamiento indudable.

Continúa, próximo capítulo: La alianza Estados Unidos - Brasil
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Mensajepor 27Pulqui » Mié Feb 04, 2009 3:38 pm

8. LA ALIANZA ESTADOS UNIDOS – BRASIL

En su estudio del período 1942 a 1945, Moura (1996: 87) considera que en el primer año se definen las cuestiones más importantes: la ruptura de relaciones con el Eje (enero), acuerdos económicos y militares (febrero a marzo), acuerdo secreto político-militar (mayo), cobeligerancia de facto contra el Eje (mayo-agosto), declaración de guerra a Italia y Alemania (agosto) y decisión de formar una fuerza expedicionaria brasileña (fines de 1942). Las negociaciones en los años siguientes constituirán la continuación de las decisiones adoptadas en 1942.

En el inicio del año, Brasil ya había otorgado algunos privilegios, entre ellos el permiso para que la escuadra del Atlántico Sur usase los puertos de Recife y Salvador, la construcción y ampliación de bases, el embarque de suministros para la campaña británica en África y una escuadrilla de aviación naval comenzó a patrullar el saliente del Nordeste. Sin embargo, en la inauguración de la III Reunión de Cancilleres Americanos, celebrada en Río de Janeiro en la segunda quincena de enero, Vargas eludió pronunciar una promesa concreta. En realidad la ruptura no tenía el consenso asegurado, Dutra y Góes Monteiro se pronunciaban por la continuidad de las relaciones diplomáticas con las potencias del Eje sobre la base de la falta preparación para la defensa territorial, pero si las Fuerzas Armadas pudiesen contar con el equipamiento adecuado, entonces apoyarían la colaboración hasta el punto de aceptar el corte de los vínculos. En las negociaciones paralelas a la Conferencia, el gobierno norteamericano estuvo más dispuesto a conceder las garantías suficientes para neutralizar la oposición militar y el presidente del Eximbank discutió la financiación del equipamiento con las autoridades brasileñas. En consecuencia, el 28 de enero Aranha, autorizado por el presidente de la República, anunció la decisión de romper relaciones con Alemania, Italia y Japón (Moura: 1996, 91-92).

Luego de la Conferencia de Río, si bien entre mutuas suspicacias, los compromisos van dando forma a la alianza. El 3 de marzo firman un nuevo acuerdo de préstamo y arrendamiento por el cual los Estados Unidos enviarían armas y municiones por valor de 200 millones de dólares. Por su parte el gobierno brasileño responde a las exigencias de nuevas instalaciones y más personal norteamericano, y aprueba un corredor aéreo en el cual no será requerida la autorización para volar. A pesar de estas conquistas perduraban signos de desconfianza. Los militares estadounidenses presentaban quejas por las actividades de los agentes del Eje, en tanto sus colegas brasileños protestaban por las demoras en las remesas de material bélico. A despecho de la desconfianza residual, el 23 de mayo fueron creadas dos comisiones militares, una en Washington y otra en Río de Janeiro: la JBUSDC (Joint Brazil-United States Defense Comission) encargada de los planes de defensa conjunta para el Nordeste y la JBUSMC (Joint Brazil-United States Military Comission) constituida para el mejoramiento de la calidad de las fuerzas armadas brasileñas (Moura: 1996, 94-95).

En marzo comenzaron las represalias alemanas, algunos buques mercantes brasileños fueron atacados por submarinos, también comenzó el patrullaje aéreo conjunto. En mayo, por lo menos un submarino alemán fue hundido y otro averiado con ayuda técnica norteamericana. En términos prácticos, esta colaboración colocaba a Brasil en una posición cobeligerante. En los meses siguientes la intensa actividad submarina cobró nuevas víctimas brasileñas, entre el 5 y el 17 de agosto fueron hundidos cinco navíos algunos de los cuales cubrían simples rutas costeras*. La pérdida de vidas movilizó la indignación popular contra el Eje. Hasta entonces el Ministerio de Guerra era contrario a la entrada de Brasil en el conflicto y responsabilizaba a los Estados Unidos y a Gran Bretaña por no haber asegurado la defensa con la remesa de armas y la protección de la navegación (Moura: 1996, 95).

Continúa este capítulo...

* En los temas Campanha submarina alemã nas costas brasileiras y A saga do U507 hay información (en portugués) acerca de la campaña de los submarinos alemanes en la costa de Brasil.

Editado para corregir la fecha de la ruptura
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Mensajepor 27Pulqui » Vie Feb 06, 2009 3:59 pm

La situación había cambiado tan drásticamente que posiciones personales e institucionales fueron rápidamente revisadas. Ante el reclamo público por la acción inmediata, Dutra rectificó su opinión contraria a declarar el estado de guerra, con la modificación de última hora prefería “ganar la estima pública (antes que) aguardar nuevos insultos del Eje para tomar una actitud”. El 22 de agosto el gobierno brasileño declaró la guerra a Alemania e Italia. Desde el punto de vista anglo-norteamericano, la entrada del Brasil en las hostilidades fue inesperada y creó problemas inmediatos debido a las demandas crecientes de material bélico. Por otro lado brindaba algunas ventajas, la lealtad asegurada del Ejército pondría fin a la quinta columna. Además tornaría más difícil a Chile y Argentina continuar su política de neutralidad y posiblemente podría ocasionar algún impacto en la actitud portuguesa hacia los Aliados (Moura: 1996, 96).

Desde agosto en adelante, los planificadores políticos y militares brasileños enfrentarán nuevos problemas. El país ya daba a los Aliados todo lo que precisaban: apoyo político, materiales estratégicos, bases y rutas aéreas y navales y eliminación de la quinta columna. Tenían pues que justificar la declaración de guerra, ya que el esfuerzo de guerra aliado no necesitaba ayuda suplementaria. Al mismo tiempo esperaban que una colaboración más íntima con los Estados Unidos ampliase el papel de Brasil en el continente y en el mundo. En palabras de Oswaldo Aranha, Brasil debería “ineluctablemente tornarse una de las grandes potencias económicas y militares del mundo”. El propio Vargas, político mucho más realista, comenzó a mostrar un interés poco común por posiciones europeas y norteamericanas respecto de asuntos de paz y de posguerra, teniendo en mira un futuro estatus de Brasil como “aliado especial” de los Estados Unidos (Moura: 1996, 99).

A pesar de la retórica “por demás ambiciosa”, es posible observar en los gobernantes una gran dosis de realismo político. En primer lugar, los militares y algunas autoridades civiles reconocían que Brasil no estaba preparado para la guerra. Dutra confirmó la falta de preparación, y Góes Monteiro, jefe del EM, no tenía un plan de guerra para presentar a Frank Knox, secretario de Marina de Guerra de los EEUU, cuando éste visitó el país en octubre de 1942. Los militares brasileños reconocían que el liderazgo estaba en manos de Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Soviética y que naciones como Brasil tenían importancia y valor secundario, simultáneamente procuraban elaborar una política que ubicase al país como “potencia asociada” en la posguerra. En el final de 1942 y en el inicio de 1943, los planificadores políticos y militares procuraban una respuesta a estas cuestiones a través del proyecto de crear y enviar una fuerza expedicionaria para el teatro de operaciones. La Fuerza Expedicionaria Brasileña (FEB) fue así el núcleo de un proyecto político destinado a fortalecer las Fuerza Armadas y dar al Brasil una posición preeminente en América Latina y de gran importancia en el mundo, como aliado especial de los Estados Unidos (Moura: 1996, 99-100).

La colaboración militar, establecida por el acuerdo político de mayo, adquirió forma en agosto mediante la JBUSDC en Washington. El EM norteamericano quería implementar medidas necesarias para la defensa de ciertas regiones que serían vulnerables a un ataque del Eje, el Nordeste en particular. El jefe del EM brasileño, por su parte, esperaba que la relación abarcara todas las actividades nacionales ligadas al potencial de guerra, inclusive industrias bélicas y de transporte. Éstas no estaban directamente vinculadas a la defensa del Nordeste ni a un amplio sistema de seguridad interna, más bien se conectaban con el fortalecimiento de la posición brasileña en América del Sur. Esas diferencias iluminan algunas quejas estadounidenses sobre la cantidad de materiales solicitados por las autoridades brasileñas, a través de los acuerdos del Lend & Lease (Moura: 1996, 100).

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Mensajepor 27Pulqui » Vie Feb 13, 2009 5:57 pm

En noviembre de 1942, cuando la JBUSDC trabajaba en un plan estratégico para la defensa del Norte y el Nordeste (Recomendación nº 14), la situación estratégica giró de manera abrupta debido a la invasión del Norte de África por las fuerzas anglo-norteamericanas. El peligro de una invasión del Eje al territorio brasileño descendió súbitamente y la posición del país lusoamericano en las negociaciones de la comisión se debilitó considerablemente. Aunque los representantes de los EEUU aprobasen la Recomendación nº 14, fue inevitable la reducción de los armamentos enviados al Brasil. El Departamento de Guerra afirmó categóricamente que su aprobación de la Recomendación nº 14 no constituía la obligación de ceder equipamiento por el sistema del Lend & Lease en las cantidades y por el período especificado. Los planificadores brasileños comprendieron que su país estaba ahora fuera del teatro de la guerra y era visto por los EEUU como mera fuente de material estratégico y ruta para el transporte de las fuerzas aliadas para el frente. Ante la caída de su poder de negociación, los líderes políticos y militares brasileños empezaron a hablar del envío de una fuerza expedicionaria para la lucha fuera del continente, así nació la idea de creación de la FEB (Moura, 1996: 100-101).

Las autoridades estadounidenses comenzaron a tomar con seriedad la constitución de la FEB a partir de mayo de 1943, en ocasión del viaje a Brasil del general Ord, jefe de la JBUSDC con sede en Washington, pues en el simbólico encuentro entre Roosevelt y Vargas en Natal en enero de 1943 la parte norteamericana eludió formular una respuesta efectiva a los requerimientos brasileños. El embajador británico en Río de Janeiro entendía claramente que las demandas del país lusoamericano no tenían por motivo “luchar por la victoria democrática contra el Eje sino fortalecer su propia posición en las discusiones de posguerra no sólo en América del Sur y en los problemas hemisféricos sino también en cuestiones de igual o mayor importancia”. En la parte brasileña podemos decir que se da una paradoja, ésta reside en la necesidad de adhesión del núcleo central del Estado y de las clases dominantes al proyecto de constitución y envío de la FEB, a pesar de no ser éste su objetivo natural. El consenso favorable está relacionado con el cuadro interior brasileño, la “unanimidad” nacional tiene un contexto político en donde primaba la ausencia de libertades democráticas, aunque desde 1943 en adelante las posibilidades de expresión política real fuesen razonablemente amplias, se constituyen en un plano que permite la formación de aquella “unanimidad” y el consenso activo o pasivo, sobre todo por parte de las clases dominantes y dirigentes (Vigevani, 1996: 79).

En esta etapa la definición de vínculos más estrechos con los Estados Unidos está determinada por la debilidad de una de las partes, esto implicó una profunda reflexión sobre las ventajas y desventajas para Brasil. Al mismo tiempo que expresa la alianza de destinos, Aranha apunta los riesgos de una sumisión incompatible con la soberanía y los intereses nacionales brasileños. A pesar de eso, en una comunicación dirigida a Dutra en agosto de 1943, el canciller trata de establecer una política que ofrecería las mayores posibilidades de seguridad y las menores posibilidades de riesgo. En este sentido el cuerpo expedicionario debería ser visto como una prueba de compromiso, en el cual las ventajas a obtener deberían garantizar los máximos beneficios para el proyecto de desarrollo nacional. Pese a la menor participación de Góes Monteiro en las decisiones debido a una enfermedad, en ese mismo mes de agosto en una carta a Marshall insiste con todas las dudas en cuanto a las debilidades militares de Brasil. Sin embargo, llega también a la conclusión de la imprescindible necesidad de colaboración armada, dejando entendido que la participación justamente debería alcanzar los objetivos de superación de aquellas debilidades (Vigevani, 1996: 80).

Como ya se dijo, en el plano militar 1942 fue un año crucial que predeterminó las negociaciones de los años siguientes hasta la finalización de la guerra. La reseña de las innumerables contingencias en la formación y envío de la FEB tornaría agotador a este capítulo. Para más información recomiendo el tema Fuerza Expedicionaria Brasileña, el cual contiene variadas fuentes sobre origen, composición, destino y acciones en combate de este cuerpo. Aquí, como conclusión del problema militar cabe la siguiente inquietud, ¿la dirigencia a cargo de las decisiones y los teóricos políticos y de las fuerzas armadas alcanzaron los objetivos militares mediante la alianza con los Estados Unidos?. Si los consiguieron de modo completo, o al menos parcialmente, ¿cuál fue el precio pagado por Brasil y qué tuvo que resignar?. Las preguntas abren un amplio espectro de respuestas, trataremos de llegar a las conclusiones más adelante, en el capítulo de la comparación con Argentina. Además, la línea definida por el gobierno de Río está entrelazada con las cuestiones económicas, es por eso que a continuación seguiremos con el desarrollo de esos asuntos desde la ruptura de las relaciones con el Eje.

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Mensajepor 27Pulqui » Dom Feb 15, 2009 4:24 pm

Dos imágenes que simbolizan una época de las relaciones exteriores del Brasil:


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El 28 de enero de 1942 el canciller Oswaldo Aranha anuncia la ruptura de relaciones con el Eje
Fuente: http://cienciahoje.uol.com.br/controlPa ... /view/2783


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Una fotografía coloreada muy difundida en donde los personajes aparecen riendo en ocasión de la visita del presidente estadounidense a Natal en enero de 1943. Roosevelt está ubicado en el asiento de adelante del vehículo y Vargas en el de atrás con el general Pedro de Góes Monteiro
Fuente: http://www1.curso-objetivo.br/index.asp


Seguiremos
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Mensajepor 27Pulqui » Mar Feb 17, 2009 12:21 am

Trasladé un pequeño error de una fuente, la ruptura corresponde al mes de enero. Pido disculpas, ya lo corregí en los mensajes respectivos. Aprovecho para agregar otra fotografía de los presidentes.

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Getúlio Vargas y Franklin Roosevelt
Fuente: http://cafehistoria.ning.com/
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Mensajepor 27Pulqui » Mar Feb 17, 2009 4:18 pm

Como continuación de las negociaciones paralelas a la Conferencia de Río de Janeiro, Sousa Costa viajó a los Estados Unidos para discutir una serie de asuntos pendientes. El ministro de Hacienda celebró en marzo un conjunto de tratados relativos al equipamiento de material de guerra y a la exportación de productos primarios, los que serán conocidos como Acuerdos de Washington. El gobierno de Roosevelt condicionó el financiamiento de los proyectos a su contribución a la guerra, de manera de direccionar la producción brasileña sobre todo a materias primas estratégicas necesarias para el esfuerzo bélico. De modo general, los convenios establecieron las exportaciones de los excedentes de caucho, tungsteno, níquel y cobalto. También fueron celebrados otros acuerdos con otras características para algodón, minerales de hierro y manganeso. En julio, a la par de la mayor participación brasileña en el esfuerzo de guerra aliado, las partes suscribieron tratados de nuevos productos y otros complementarios para el caucho y el algodón. En octubre los acuerdos versaron sobre la producción de alimentos, café, cacao y castaña de Pará (Corsi, 2000: 200-206).

Los convenios sobre el caucho fueron firmados en base a un proyecto elaborado por Nelson Rockefeller, que preveía la constitución de una corporación controlada por la Rubber Reserve Company para la explotación de la región amazónica. Aunque los norteamericanos participasen directamente en la ejecución del programa, el gobierno de Vargas esperaba mantener la dirección mediante organismos estatales. En la práctica el control lo tuvo la compañía gracias a la monopolización de las compras de los excedentes, la determinación de cuotas de consumo interno y de exportación de manufacturados y la fijación de los precios. De manera general el programa del caucho tuvo resultados modestos, la producción a pesar de los estímulos crece menos de lo esperado. La industria nacional, en particular la de neumáticos, sufrió con las restricciones al consumo interno y a las exportaciones, aunque consiguió elevar la producción gracias a la utilización creciente de caucho sintético. El costo social del relanzamiento de una actividad en decadencia fue muy alto, con situaciones de inequidad similares al drama de fines del siglo XIX y principios del siglo XX (Corsi 2000: 207-214).

La exportación de mineral de hierro implicó la creación de la Compañía Vale do Río Doce con capital mayoritario del Estado. El Eximbank aportó el crédito de 14 millones de dólares para el equipamiento de las minas, la refacción del sistema ferroviario y la construcción de un puerto. Hasta que el empréstito no fuese saldado el directorio tendría representantes norteamericanos. Pese a las grandes expectativas creadas el proyecto acabó teniendo resultados frustrantes en el corto plazo, aunque con el tiempo la Cía. se convirtió en una de las empresas mundiales más grandes del sector. La Cía. surge como fruto de una coyuntura especial, Estados Unidos y Gran Bretaña esperaban enfrentar grandes problemas con el abastecimiento de mineral de hierro, por su parte Brasil con la nueva compañía procuraba tener el control de los yacimientos y de las exportaciones (Corsi, 2000: 214-218).

Con distinta suerte en el largo plazo, ambas inversiones son demostrativas del nacionalismo de Vargas, para el régimen la independencia nacional no significaba necesariamente la confrontación con el capital extranjero, además buscaba el financiamiento externo tratando de mantener el control nacional de los emprendimientos. En la instalación de la siderurgia encontramos el mismo patrón: financiación y asistencia tecnológica sin que el país perdiese el control del recurso nacional considerado estratégico, al menos dentro de las posibilidades de un país periférico. A lo largo del proceso de alineamiento fue tomando cuerpo la idea del desarrollo integrado a las inversiones externas con un amplio margen de soberanía nacional. La evolución de ese pensamiento en circunstancias de la guerra derivó en una visión en la cual Brasil tendría un papel destacado en el escenario internacional y la posición de preeminencia en América del Sur sería otro fruto de la alianza con los Estados Unidos, la constitución de la FEB es consecuente con el perfil pragmático del nacionalismo de esta etapa. Sin embargo, un examen más amplio muestra que al mismo tiempo que ideaba la relación especial con los Estados Unidos, Brasil profundizaba su dependencia.

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