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El alineamiento del Brasil

Partidos políticos, actuaciones gubernamentales

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Mensaje por 27Pulqui » Jue Feb 19, 2009 3:03 pm

La importancia de los Acuerdos de Washington para el comercio exterior brasileño fue bastante significativa. Cerca del 60% de las exportaciones de 1943 y 1944 corresponderán a negocios a ellos relacionados, nada menos que el 75% de las colocaciones brasileñas estarán vinculadas al esfuerzo de guerra aliado en esos años, en especial al norteamericano. Con las importaciones ocurrirá algo similar, el 61% de las mercaderías llegarán de los Estados Unidos. En ese contexto, los Acuerdos de Washington, que prácticamente establecían el control norteamericano de buena parte del comercio exterior brasileño, reafirmaban la posición subordinada del Brasil. Este fue el momento en que Vargas más se apartó de un proyecto de desarrollo con autonomía nacional. No obstante ello, el programa de desarrollo apoyado en la industria y en el mercado interno no fue abandonado, pasándose a buscar un amplio financiamiento externo de la acumulación del capital (Corsi, 2000: 218-219). Desde otra perspectiva, el mismo autor afirma que no hubo un proyecto de desarrollo del Estado Novo como algo acabado y estructurado, tal proyecto es el fruto de una visión teleológica de la historia, de una supuesta clarividencia que no tenía el gobierno de Vargas ni ninguna clase o fracción de clase.

El apoyo del presidente a los acuerdos muy probablemente se debía a las ventajas obtenidas por Brasil en el suministro de armamentos, las que se complementaban con el financiamiento externo pues el gobierno asociaba el desarrollo con la diversificación de las exportaciones y de la producción. En cuanto a esa diversificación, los escasos logros obtenidos por el gobierno de Vargas ante una comitiva encabezada por Morris Cooke muestran las primeras limitaciones de la alianza. Corsi (2000: 234-244) en su análisis de la misión que ocupó el segundo semestre de 1942 encuentra un cambio de la posición norteamericana en cuanto a la industrialización del Brasil. Por un lado la Misión Cooke debería solucionar los problemas de corto plazo originados por la guerra, por el otro se ocuparía de afianzar la industrialización por sustitución de importaciones (ISI). En lo relativo a la asistencia concreta norteamericana para la ISI la misión no representó ningún avance, interpretación corroborada por la frustración de las expectativas brasileñas. En la entrevista entre los presidentes en Natal en enero de 1943 la implementación de las propuestas de la Misión Cooke fue uno de los asuntos discutidos, asimismo en septiembre del mismo año con poco éxito un miembro del Consejo Nacional de Aguas y Energía Eléctrica viajó a los Estados Unidos para acelerar la implantación de una industria de materiales eléctricos. En definitiva, el fracaso reside en la falta de apoyo del gobierno de Roosevelt, un hecho que se hará evidente antes de la finalización del conflicto mundial.

El fortalecimiento de las fuerzas armadas brasileñas rediseñaba el balance estratégico de América del Sur, cuestión considerada clave por el gobierno de Vargas, de modo que la rivalidad entre Brasil y Argentina fue un dato constante en lo que se refiere a la política exterior. Debido a las diferentes posiciones ante el conflicto las tensiones fueron subiendo de nivel, sobre todo a partir del ingreso del país lusoamericano en las hostilidades. Al mismo tiempo, las tendencias a la integración regional y el distanciamiento con Europa por causa de la guerra conducían a un mayor intercambio comercial argentino-brasileño. El examen del vínculo entre los dos países, sus lazos con las potencias y sus posiciones frente al conflicto mundial nos ayudarán a responder los interrogantes planteados y a reforzar algunos conceptos formulados a lo largo del texto.

Continúa, próximo capítulo: Relación y comparación Brasil - Argentina
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Mensaje por 27Pulqui » Mié Feb 25, 2009 11:49 pm

9. RELACIÓN Y COMPARACIÓN BRASIL – ARGENTINA

Para comprender la relación de competencia y cooperación entre Argentina y Brasil es necesario empezar por el origen de ese vínculo dual. Por intensidad y duración de los conflictos, la Cuenca del Plata fue el escenario sudamericano en donde más influyó el legado de la rivalidad lusitano-española. La continuidad de las tensiones en la etapa de la independencia paradójicamente evolucionaba con la creciente interacción regional, a la vez que la penetración económica británica ocasionaba nuevas disputas. Ya a finales del siglo XIX, los gobiernos de Argentina y Brasil se dispensaban una atención prioritaria, pocas cosas importaban tanto como el desarrollo y los planes del país vecino. Las actitudes alimentadas por el imaginario nacionalista de uno y otro lado se reforzaban mutuamente. En la Argentina se ponía énfasis en el expansionismo territorial brasileño, en particular hacia la desembocadura del Plata, o su respaldo a las posturas “antiargentinas” de Chile, Bolivia, Paraguay o Uruguay. En Brasil se denunciaba la pertinaz aspiración bonaerense de reconstituir el Virreinato del Río de la Plata. Las percepciones argentinas respecto de las intenciones de Chile y Brasil fomentaron las hipótesis de conflicto y las pautas de la política militar, concomitantemente los temores brasileños y las pretensiones de supremacía regional tendían a delinear un subsistema en el sur del continente formado por los ejes Río de Janeiro-Santiago de Chile y Buenos Aires-Lima más el agregado de La Paz al último eje cuando Bolivia se proponía recuperar su salida al Océano Pacífico por el norte chileno. Sin embargo, también existían tendencias a la integración y a la paz, así Argentina, Brasil y Chile trataban de solucionar los conflictos y mantenían la aspiración de formar el ABC sudamericano.

Por otra parte, la diplomacia brasileña desde finales del siglo XIX acompañaba el desplazamiento comercial de su país, ya en la década de 1870 Estados Unidos era el principal destino de las exportaciones de café. Fue por entonces que el barón de Río Branco reconoció el papel de liderazgo de los Estados Unidos en la región, deduciendo que Brasil no podía escapar a su influencia. Por lo tanto consideraba una actitud contraproducente adoptar posiciones antagónicas al país norteamericano dada la falta de acuerdos y cohesión entre los países de América Latina, sus precarias economías y su recurrente inestabilidad política. Para los dirigentes argentinos el giro era un esbozo de un acuerdo destinado a repartirse el control de Sudamérica. Es posible encontrar la línea histórica de la posición de Aranha en el barón Río Branco, como también es factible unir la estrategia de formar un bloque hispanoamericano opuesto a la alianza Estados Unidos-Brasil con los reflejos de la dirigencia argentina.

Desatada la crisis mundial, los gobiernos de Vargas y de Justo procuraban estrechar los lazos diplomáticos y comerciales mediante la firma de tratados. En la primera mitad de los años treinta tenía lugar cierta convergencia, hacia el año 1936 las relaciones argentino-brasileñas atravesaban una etapa de creciente entendimiento político y aproximaciones comerciales. Se notaba, además, un mayor acercamiento en los ámbitos culturales, toda vez que se habían incrementado las visitas oficiales, las excursiones de estudiantes y técnicos, los intercambios escolares, las ferias y las exposiciones, etc. La cercanía de la guerra marcará una fase de convergencia recelosa iniciada en 1937, en donde la rivalidad por el poder estratégico regional irá reforzando en ambos países la agenda militar. Simultáneamente, las respectivas situaciones con las grandes potencias irán condicionando a los dos países sudamericanos frente a la proximidad del conflicto. Como hemos visto, el gobierno de Vargas mediante un juego pendular trataba de obtener ventajas, inclinándose poco a poco hacia los Estados Unidos a partir de 1938, o al menos desde 1939. En Argentina, la crisis ponía en tensión el triángulo anglo-argentino-estadounidense y la resistencia al alineamiento bajo el liderazgo norteamericano, derivada de causas históricas, los fuertes lazos con Europa y la falta de complementariedad económica, configuraba el futuro enfrentamiento con la potencia del hemisferio.

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Mensaje por 27Pulqui » Jue Feb 26, 2009 9:45 pm

En el contexto internacional que prevaleció en la década de 1930, en donde el derrumbe de la demanda externa y la importante recesión agrícola desempeñaron un papel fundamental en las economías iberoamericanas, Argentina y Brasil ensayaron distintas estrategias ante la Gran Depresión. Como alternativa ante la nueva situación económica se desencadenaron los típicos procesos de industrialización por sustitución de importaciones, en el caso argentino surgió como un efecto no deseado de una política que, esencialmente, se orientaba a recomponer la rentabilidad del sector agropecuario, mientras que la estrategia adoptada por la dirigencia brasileña tendió gradualmente a desarrollar una política económica en donde la industrialización tenía un lugar prioritario, cuestionando la viabilidad de una economía dominantemente primario-exportadora. Justamente, la revolución de 1930 en Brasil desplazó a la República oligárquica que se había sustentado en el esquema agroexportador, en forma inversa, el golpe militar de 1930 en la Argentina restauró en el poder a la oligarquía agroexportadora* (Madrid, 2003: 36-37).

Las estrategias adoptadas por los dos gobiernos para enfrentar las dificultades financieras, sobre todo la escasez de divisas, fueron también diferentes. En Brasil, luego de un corto tiempo en que los británicos como principales acreedores trataron de influir en la política económica, el gobierno provisional encaminó las complejas negociaciones de la deuda externa con los bancos extranjeros, de manera tal que obtuvo la suspensión temporaria de los vencimientos y la negociación total de la deuda. El gobierno argentino, en cambio, mantuvo el pago total de los servicios, tal mantenimiento a ultranza de honrar la deuda externa no permitió, mediante una reprogramación de sus pagos, la liberación de recursos para adoptar políticas internas expansivas y consolidar la industria nacional mediante el aumento de la importación de bienes de capital. Por otra parte las autoridades brasileñas no discriminaron el manejo de divisas según los signos de la balanza comercial, en un evidente contraste con la política seguida por Argentina. Es que los instrumentos bilaterales británicos tenían sentido desde la óptica de maximizar las exportaciones inglesas, y ello fue posible con la nación platense en función de los intereses vinculados al comercio anglo-argentino, salvaguardando especialmente al sector de la ganadería de exportación (Madrid, 2003: 38-39).

De acuerdo con los rumbos económicos adoptados, mientras que Brasil alcanzó una mayor libertad de acción, la Argentina, bajo las severas restricciones impuestas por el bilateralismo británico, tuvo un crecimiento más lento de su economía y de su sector industrial. Ello se reflejó en el crecimiento económico entre 1932 y 1937, que fue mayor para Brasil (7,5% anual) que para la Argentina (5% anual), lo que indica que aquellos países que negociaron su deuda tuvieron un mejor desempeño que los que cumplieron con sus compromisos externos (Madrid, 2003: 39). Este criterio coincide con el formulado por de Paiva Abreu (1985)**, según este autor si Brasil hubiese adoptado una política económica exterior restrictiva, similar a la de Argentina, muy probablemente hubiera redundado en hacer más lenta la recuperación de la tasa de expansión del PBI. A su vez Brasil dispuso de una mayor disponibilidad de divisas como producto de las ventas a los Estados Unidos, ya que el país norteamericano desde 1934 procuró sustituir los acuerdos bilaterales por prácticas multilaterales de pagos e intercambio. La política ecónomica internacional de la Argentina se definió bajo las condiciones del bilateralismo británico, de manera que un incremento de las exportaciones a Gran Bretaña inmovilizaba en cierta medida al comercio exterior argentino en el área de la libra esterlina.

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NOTAS:
* En Relaciones económicas germano-argentinas hay información general sobre la política económica exterior del gobierno argentino, la relación con Gran Bretaña, el triángulo anglo-argentino-estadounidense y el predominio de los intereses vinculados a la ganadería de exportación. Es un tema inconcluso al que trataré de completar a la finalización de éste.
** En la bibliografía detallada en el mensaje de apertura agregué en fecha 26/02/2009 las publicaciones de Abreu.
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Mensaje por 27Pulqui » Lun Mar 02, 2009 2:14 pm

El intercambio argentino-brasileño continuó durante la guerra la evolución del decenio 1930-1939. Sucesivos tratados fueron dando forma a una relación comercial marcada por la tendencia al incremento, acentuada en la coyuntura por el aislamiento relativo con Europa. Estructuralmente, las relaciones giraban en torno al crónico déficit comercial del Brasil. Este desequilibrio cambió de signo luego de las negociaciones de 1941, de modo que el saldo del intercambio comercial resultó favorable al país lusoamericano después de casi una década. Al giro de la situación contribuyeron las demandas argentinas como consecuencia de las perturbaciones originadas por el conflicto mundial, en tanto las exportaciones platenses crecieron en menor proporción y siguieron descansando en el histórico alto porcentaje del trigo pampeano. Una de las modificaciones más significativas registradas en el sexenio 1940-1945 se reflejó en la fuerte incidencia de los productos industriales importados por la Argentina desde el Brasil, que alcanzaron el 40% del total de las ventas de origen brasileño (Madrid, 2003: 174-179). Estos cambios probablemente muestren las asimetrías ya existentes entre ambos países y (aunque el marco de la guerra resta elementos a una conclusión más firme) sirven para desmontar la creencia acerca de que por su actitud ante la guerra la Argentina quedó rezagada en tanto el alineamiento del gobierno de Vargas junto a Washington resultó decisivo en el desarrollo del Brasil. Tal suposición, algunos académicos han formulado sus tesis en base a ella, no toma en cuenta que el PBI creció en mayor medida en Brasil en los años treinta gracias a la política de desarrollo industrial y por haber quebrado el gobierno de Vargas con las prescripciones ortodoxas respecto de la deuda externa, mientras que los gobiernos argentinos se esforzaban en cumplir con los pagos en condiciones (que no favorecían a la industria o que lo hacían como un subproducto fortuito) determinadas por el comercio bilateral con el Reino Unido.

Asimismo, el reemplazo del café por otros productos como principal fuente de ingresos y el soporte de una industria en crecimiento le otorgaban a Brasil mejores condiciones en la posguerra en contraste con las restricciones que subsistirían para la colocación de los excedentes argentinos dadas las transformaciones que se operarían en el mercado internacional. Esta percepción quedó registrada en el informe elaborado por Lord Forres en 1941 como integrante de la Misión Willingdon en una gira por Sudamérica. En él se destacaba el vaticinio de que Brasil se convertiría, en el lapso de 25 años, en uno de los más grandes países industriales del mundo, siendo la ciudad de San Pablo el “Manchester” de Brasil. Coincidía con la impresión positiva de Forres la opinión de la mayoría de los integrantes de la delegación inglesa. De acuerdo con el reporte, aunque la acumulación de capitales no era suficiente, y la mano de obra escasamente capacitada, existían recursos que transformarían al Brasil en un país de importante desarrollo industrial. El informe enumeraba la amplia producción de buena calidad, agregando que “otros países sudamericanos están desarrollando industrias, pero ninguno de ellos, a mi parecer, tiene las potencialidades del Brasil”. El sector industrial brasileño a principios de la década de 1940 se encontraba en una etapa más avanzada de su desarrollo respecto a las industrias argentinas, no obstante ello, en los primeros años de la posguerra la República del Plata experimentó una transformación de su estructura productiva inclinada al sector industrial que logró acortar en parte la brecha favorable al Brasil (Madrid, 2003: 157-159).

Otro punto discutible de las hipótesis asociadas a la creencia es la incidencia de las sanciones económicas impuestas por los Estados Unidos a la Argentina. Es verdad que existió un embargo parcial durante la guerra a partir de 1942, pero es un hecho indisputable que la escasa disponibilidad de transporte marítimo afectó a todo el abastecimiento de bienes esenciales, combustibles, lubricantes y material de transporte hacia América Latina; al respecto Abreu (1996) señala que la situación de Brasil era menos favorable que la de un país menos cooperativo con los Aliados como la Argentina. Además, no sólo la nación platense fue discriminada en la inmediata posguerra como proveedora del European Recovery Program, también otros países latinoamericanos quedaron excluidos del Plan Marshall (p.e. Paraguay y Perú), pues uno de los objetivos del plan era colocar los excedentes de las cosechas récord del país del norte y la presión del lobby agrario estadounidense consiguió incluir una cláusula que prohibía las compras fuera de los Estados Unidos. Así como los industriales norteamericanos trataban de desplazar en Sudamérica a la competencia de origen europeo, los sectores del campo estadounidense procuraban absorber mercados en Europa, obstaculizando a un proveedor no marginal de productos agropecuarios de clima templado.

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Mensaje por 27Pulqui » Mar Mar 03, 2009 6:53 pm

La falta de complementariedad económica constituía una constante cada vez que la diplomacia platense procuraba abrir el mercado norteamericano, así los intereses argentinos chocaban una y otra vez con los sectores agrarios estadounidenses. Por su carácter de productor de clima tropical Brasil mantenía una relación complementaria con la potencia del hemisferio, de modo que la alineación resultaba un vínculo natural, además existía la tendencia histórica a desempeñar la función de “país llave” de los Estados Unidos en América del Sur. Estos factores estructurales condicionaron las posiciones de los países iberoamericanos, así Argentina mantuvo una neutralidad favorable en lo material a los Aliados, sobre todo a Gran Bretaña, y equidistante en lo político hasta la ruptura de relaciones con el Eje en enero de 1944. En conclusión, en ese contexto Brasil recibió beneficios, en especial el apoyo al complejo siderúrgico de Volta Redonda. Sin embargo, las tesis que asignan a los efectos de las distintas actitudes frente a la guerra un quiebre determinante en el desenvolvimiento no brindan una explicación consistente de los diferentes niveles de desarrollo industrial.

La política militar fue un asunto de gran interés en las dos repúblicas latinoamericanas. El equipamiento por la ley de préstamo y arriendo desniveló el balance en favor de Brasil, asimismo el embargo de hecho de armas condujo a las autoridades militares argentinas a la busca de material alemán para equilibrar la situación. Escapa del tema la desmesurada aprensión norteamericana respecto de los contactos de los gobiernos argentinos (en especial del militar instaurado en junio de 1943) con el régimen nacionalsocialista alemán, pero es preciso apuntar que el clima de tensión con los Estados Unidos no disminuyó después de la ruptura de relaciones con el Eje, es decir cuando la Argentina deja de ser neutral. Por el contrario, 1944 es el año de mayor conflicto, cuando la derrota del Eje es inevitable y en consecuencia la actitud del país platense menos relevante. Esto pone en evidencia que la ofensiva contra la neutralidad argentina encubría otros motivos, uno de ellos debilitar al último reducto de la influencia europea en América, más concretamente a un país de la esfera económica británica. En este sentido, la imagen de la amenaza argentina divulgada en los países sudamericanos por el Departamento de Estado fue instrumentada para combatir el desafío a la hegemonía estadounidense.

Antes de la ruptura, a finales de 1943, el Departamento de Estado interpretó que el golpe en Bolivia que llevó al MNR al poder tenía la inspiración nazi y el dedo de Buenos Aires. De acuerdo con esa visión, Argentina se proponía envolver a los países hispanoamericanos desde Paraguay a Perú. A modo de intimidación, en enero de 1944 bajo el comando del almirante Ingram la escuadra norteamericano-brasileña con el pretexto de una visita a Montevideo entró en el Río de la Plata. En marzo el régimen militar argentino movilizó tropas en la frontera, alegando que Brasil desplegaría un ataque bajo presión de los Estados Unidos. La idea de invadir a la Argentina estaba en las previsiones del EM del Ejército Brasileño, su jefe, Góes Monteiro, que se encontraba en la capital uruguaya, envió a Itamaraty un plan trazado en 1940, y recomendó su adopción o la de una variante. No obstante ello, Góes Monteiro no creía que Argentina iniciara una agresión, pero entendía que Brasil precisaba tomar recaudos para el futuro, considerando la posibilidad de intervenir en la Cuenca del Plata, de acuerdo con los Estados Unidos. A finales de marzo de 1944, en un gesto de apaciguamiento, el general Carlos von der Becke, jefe del EM del Ejército Argentino, le mostró al embajador brasileño la disposición de sus tropas a lo largo de la frontera. Vargas, por su parte, le señaló a Góes Monteiro que Brasil no entraría en hostilidades contra la Argentina (Moniz Bandeira, 1996: 241-242).

El bosquejo de Argentina como potencial rival en una guerra ya había sido enunciado por las misiones militares francesas, además existía correspondencia entre las prevenciones de Góes Monteiro y las orientaciones de los militares argentinos basadas en las hipótesis de guerra frente al expansionismo territorial brasileño y la alianza con Chile. A su vez las fuerzas armadas constituían un importante sustento de los gobiernos, en Argentina desde el golpe de 1930 que restauró el control oligárquico del Estado, luego nítidamente del régimen militar de 1943, y en Brasil como apoyo al estado de compromiso, es por eso que las fuerzas armadas intervenían en gran medida en el sistema de decisiones y al desatarse la conflagración la agenda militar adquirió un lugar prioritario en ambos países.

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Mensaje por 27Pulqui » Jue Mar 05, 2009 2:37 pm

La FEB partió el 30 de junio de 1944 en momentos de incertidumbre. De hecho, por el conflicto latente con Argentina, el general Góes Monteiro recomendó movilizar hacia la frontera a las fuerzas del cuerpo expedicionario. El equipamiento bélico incluyendo a la FEB insumió un total de 322 millones de dólares, equivalentes al 20% de las importaciones de los años 1940-1945. De acuerdo con Abreu (1996: 45) la escala de estos suministros debe ser tomada en cuenta en cualquier valoración de concesión recíproca entre Brasil y Estados Unidos durante la guerra. Yo considero que un indicador es el contraste con los 45 millones de dólares requeridos por la muy ansiada implantación del complejo de Volta Redonda. Es probable que acierte Tronca (1996: 360) en cuanto a la interferencia militar en el emprendimiento siderúrgico. Según este autor, el conjunto de las fuerzas armadas a través de su participación en las áreas de comercio exterior y de la siderurgia, contribuyó con un peso específico relevante, en el interior del propio Estado, no sólo a rebajar la capacidad para importar de la economía, también se transformó en uno de los factores de la inviabilidad de Volta Redonda.

Entrando de lleno en mi opinión, Brasil estaba muy lejos de emerger de la guerra como un país de peso en el mundo, a esto lo refleja la frustración por no haber logrado el asiento permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Tampoco alcanzó las metas en la posguerra con la proyectada alianza especial, Estados Unidos tenía previsto preparar al continente para el nuevo orden internacional, de manera que se imponía la uniformidad de equipos bélicos y formación profesional. Brasil consiguió volcar a su favor el balance militar en la región, como contrapartida contrajo una deuda considerable, con el agravante de haber desviado recursos que podrían haberse utilizado en el desarrollo nacional. El final del recorrido nos trae por un instante al presente: de una paz armada con hipótesis de guerra en ambos lados, después de décadas de avances y retrocesos, y más precisamente con la recuperación de la democracia en el Cono Sur en la década de 1980, llegamos a una paz sin tales hipótesis en el marco del Mercosur, dos presidentes que contribuyeron a este logro son José Sarney y Raúl Alfonsín.

Existe amplio consenso sobre el poder de negociación transitorio que alcanzó Brasil en circunstancias de la guerra. En ese marco, potenciado por la renuencia argentina, la nación lusoamericana se transformó en una pieza indispensable, por su posición económica y estratégica, para la política internacional norteamericana, y Washington tuvo que convenir ciertas concesiones con Río de Janeiro, aumentando la capacidad brasileña de demandas sobre los Estados Unidos. Las exigencias fueron realizadas en el momento adecuado, es decir, cuando los Estados Unidos precisaban asegurarse la solidaridad continental y la contribución brasileña al esfuerzo de guerra. El gobierno de Vargas trató de obtener ventajas ante el problema argentino, sobre todo en el plano militar, pero no se plegó a la política hostil de la administración Roosevelt, discrepando con ésta en los momentos críticos. Es que el creciente comercio tornaba interdependientes a los países iberoamericanos, de manera tal que las concepciones políticas o estratégicas quedaban limitadas por el ámbito económico.

A medida que la colaboración íntima se hacía poco necesaria para la potencia dominante, Itamaraty perdía el poder de negociación. Hacia el final de la guerra el gobierno brasileño pasa a ser percibido como una amenaza a los intereses norteamericanos, Washington suma sus esfuerzos a la oposición a Vargas. La participación militar, que había sido determinante en la instalación del Estado Novo, también contribuye a cerrar una era.

Continúa, próximo y último capítulo: El final del Estado Novo
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Mensaje por 27Pulqui » Dom Mar 08, 2009 5:16 pm

10. EL FINAL DEL ESTADO NOVO

A medida que se hacía clara la victoria de los Aliados se tornaba poco viable la prolongación del Estado Novo. En 1943 Vargas comienza a delinear una estrategia para ampliar su base de sustentación, una punta de lanza consistía en cooptar la izquierda del espectro político. Primeramente extendió la legislación de previsión social (ya en 1940 había sancionado el régimen de salario mínimo) con las Leyes del Trabajo. En segundo lugar, a medida que se extendía la organización sindical, profundizó la burocratización de la estructura con la ubicación en posiciones de liderazgo de los pelegos, sindicalistas ligados al Ministerio de Trabajo, desplazando así a los militantes independientes. La tercera táctica debería ser un Partido Trabalhista, surgido de la coalición de los sindicatos dominados por el gobierno y de las fuerzas “progresistas” que Vargas esperaba liderar, adoptando programas de industrialización, nacionalismo económico y previsión social (Skidmore, 2000: 63). Esto puede interpretarse como un proyecto de continuidad bonapartista en un marco democrático, en donde Vargas tendría el apoyo de los trabajadores y la burguesía industrial. A la vez, de esta manera, el gobierno intensificaba su matiz nacional y popular.

En agosto de 1944, Aranha presenta la renuncia al ministerio de relaciones exteriores. Al poco tiempo, un homenaje simbólico de militares argentinos a sus colegas brasileños disparó la alarma, el embajador estadounidense Caffery consultó si tal paso constituía un acercamiento entre los dos países. Itamaraty respondió al Departamento de Estado que Brasil continuaría solidario con los Estados Unidos. El Estado Novo, entre tanto, continuaba con su coloración nacionalista, ahora reanimada por el curso que tomaba el régimen militar argentino bajo la influencia de Perón. Además, había una corriente en el Ejército favorable a que Brasil siguiese el camino de las expropiaciones del cardenismo en México. El regreso del embajador Martins a Río de Janeiro, algunas semanas después de la renuncia de Aranha, motivó rumores de que Brasil repudiaría la política de Washington, aproximándose a la Argentina. El presidente Vargas desmintió la versión en la apertura de los trabajos de la Comisión Militar Mixta Brasil-Estados Unidos. A su vez, las cuestiones suscitadas por el Código de Aguas y por el Código de Minas continuaban abiertas. La explotación del petróleo entraba en la orden del día. A los trusts norteamericanos, les convenía, por lo tanto, la restauración de la democracia en Brasil. Las contradicciones internas del país, saturado por la represión policial, favorecían a esa maniobra (Moniz Bandeira, 1998: 244-245).

Tanto en Brasil como en Argentina, las elites liberistas* vinculadas a los intereses agroexportadores trataron de recuperar la dirección del Estado y operaron con la admnistración de Washington. Hay marcada sincronía en los acontecimientos de 1945 en los países iberoamericanos, la política del Departamento de Estado consistió en debilitar al presidente Vargas y al emergente del régimen militar argentino, o sea Perón. En el primer caso, Washington consiguió dar el golpe final a una estructura de poder ya agonizante, y mediante el accionar de su embajador en Río de Janeiro, Adolf Berle Jr., logró la renuncia del presidente Vargas. En el segundo, por el contrario, la intervención del embajador Spruille Braden en Buenos Aires contribuyó a vigorizar una movilización interna que amplió aún más la victoria electoral del peronismo (Madrid, 2003: 182).

El plebiscito ordenado por la Constitución de 1937 para noviembre de 1943 había sido suspendido, según Vargas hasta después de la guerra, cuando “en ambiente propio de paz y orden, con las garantías máximas a la libertad de opinión, reajustaremos la estructura política de la nación, haremos de forma amplia y segura las necesarias consultas al pueblo brasileño”. Al abrirse la posibilidad de un proceso democrático, la censura del régimen empezó a ser permeada por las voces de la oposición. En febrero de 1945 el presidente accedió a llamar a elecciones. Un punto en discusión era la posibilidad de que Vargas se presentara como candidato. El 11 de marzo el presidente declaró que no se presentaría. Entre tanto, aumentaba la presión para terminar con los restos de autoritarismo que obstruían la libertad política. A mediados de abril, el gobierno anunció la amnistía y liberó a cientos de presos políticos, incluyendo entre ellos al famoso líder comunista Luís Carlos Prestes. En mayo se fijó el 2 de diciembre de 1945 como fecha de las elecciones presidenciales y de una Asamblea Constituyente. La campaña presidencial fue ganando terreno, una nueva agrupación, el Partido Social Democrático (PSD), impulsaba la candidatura del ministro de Guerra, general Eurico Gaspar Dutra. Para la oposición se trataba de una maniobra de Vargas con el objeto de distraer. A mediados de agosto, sectores de la oposición se encolumnaron en la Unión Democrática Nacional (UDN) a favor de la candidatura del brigadier Eduardo Gomes, un ex-tenente y ahora uno de los principales comandantes de la Fuerza Aérea. Una línea favorable al presidente llamada queremismo, apoyada por la izquierda, apareció en agosto con el lema Constituyente con Getúlio. Entre sus líderes se destacaban miembros del Partido Comunista y leales a Vargas, entre los últimos Hugo Borghi, quien había empezado a un organizar un nuevo partido, el Partido Trabalhista Brasileiro (PTB) (Skidmore, 2000: 72-75).

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* Término acuñado por Umberto Eco (que utiliza Eduardo Madrid) para denominar a los sectores dominantes de un país que se caracterizaron por defender el liberalismo económico en un marco político conservador.
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Mensaje por 27Pulqui » Mar Mar 10, 2009 2:25 pm

En medio de la efervescencia política vio la luz la Ley de Actos Contrarios a la Economía Nacional, la llamada Lei Malaia, decretada el 22 junio de 1945. Ésta establecía normas para impedir la formación de cartels y trusts y cualquier otra forma de manipulación de precios, así la nueva legislación resultaba severa con las grandes empresas nacionales o de capital extranjero. La reacción fue bastante significativa, la UDN la calificó de “nada más que un instrumento de tipo nazifascista, con que el dictador amenaza a toda la economía brasileña”. La respuesta de la burguesía y del capital extranjero no fue menos violenta. Corsi (2000: 278-279) sostiene que la ley antitrust fue una tentativa de Vargas para intensificar la aproximación con la clase trabajadora, de hecho recibió el apoyo popular y la simpatía de los grupos de izquierda, en un momento de avance de la oposición liberal y de apartamiento de importantes sectores de las clases dominantes que antes apoyaban al presidente. Según este autor, Vargas por medio de la embajada en Washington tranquilizaba al gobierno de Estados Unidos al comunicarle que no la aplicaría contra el capital norteamericano. Moniz Bandeira (1998: 247-248) comenta que al abrir la posibilidad de la expropiación, el Departamento de Estado interpretó a la nueva ley como un acto de nacionalismo económico que desalentaba el ingreso de capitales extranjeros, Washington ya podía prescindir de los servicios de Vargas.

El embajador Berle imaginó que los partidarios del brigadier Gomes crearían una situación bastante delicada en las bases aéreas, donde había numerosos militares norteamericanos, hasta llegar a una sublevación para deponer a Vargas. El diplomático, mediante manifestaciones públicas, ejecutó todos los intentos de provocación posibles, en clara intromisión en la vida política brasileña. Un renovado Luís Prestes, después de un corto acercamiento con la embajada estadounidense, alineado con la izquierda salió en defensa de Vargas, protestando contra el comportamiento de Berle. El embajador encontró el aplauso en dirigentes de la UDN. Los acontecimientos en Argentina iban a la par de las tensiones en Brasil, un fallido golpe contra Perón, neutralizado por una movilización popular, aceleró el alzamiento contra Vargas. El 29 de octubre el presidente se encontró virtualmente encerrado. Góes Monteiro, quien había reemplazado a Dutra en el ministerio de Guerra, y un grupo de generales desplegaron las tropas en la capital. Ante el ultimátum Vargas no ofreció resistencia y renunció. El golpe incruento de 1937 le permitió instalar el Estado Novo, ahora un golpe también sin sangre lo arrojaba al exilio interno. La intervención militar puede explicarse por (1) el giro de Vargas hacia la izquierda y más precisamente la alianza con el Partido Comunista, (2) el estado de movilización de la clase obrera, (3) la oposición del sector ligado a la elite liberista, y (4) la receta “democrática” y el way of life importados por altos oficiales de la FEB.

El PSD reunió a los que habían apoyado tácitamente a Vargas durante el Estado Novo. Con el respaldo del ex-presidente, el general Dutra representaba al grupo de los “de adentro”. La UDN aglutinó a los sectores excluidos desde 1937, es decir a los “de afuera”, entre ellos a liberistas de tendencia antipopular. El PTB recibió la indicación de Vargas en el sentido de aliarse al PSD y hacer campaña por Dutra. El PC, luego del fracaso de la alianza táctica con Vargas, se presentó con un candidato propio. El comicio se realizó, como estaba previsto, el 2 de diciembre. Dutra, el candidato de la coalición PSD-PTB obtuvo el 55,4% de los votos, en segundo lugar Gomes, de la UDN, consiguió el 34,7%, por su parte el PC alcanzó el 9,7%, un buen registro considerando que impulsó a un candidato poco conocido. El gobierno de Dutra reconcilió las elites del Estado Novo y de la oposición en un bloque de carácter liberista, al mismo tiempo, con el pretexto de combatir al comunismo, reprimió al movimiento sindical, con el fin de crear un clima de garantía y seguridad para las inversiones extranjeras. En el campo internacional se caracterizó por la alineación incondicional con los Estados Unidos, hasta el punto de romper relaciones con la Unión Soviética. Pero el marco había cambiado sustancialmente, Brasil no tenía la capacidad de negociación de los tiempos de la guerra. En octubre de 1950 el PTB se impuso en la sucesión llevando a Vargas como candidato. El caudilho gaúcho retornaba a la presidencia con una política más nacionalista, ungido por el voto popular en parte debido a la frustración con el alineamiento en la posguerra.

Continúa...
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El alineamiento del Brasil

Mensaje por 27Pulqui » Mié Mar 11, 2009 7:46 pm

Ya entrando en el balance final resultan pertinentes las conclusiones de Corsi. Este autor afirma que el Estado tenía menos autonomía ante las clases dominantes de lo supuesto, así la fragilidad y la inmadurez del Estado restaron posibilidades a la industrialización. A la vez enfatiza el abandono de Vargas en 1939 a la posibilidad de desarrollo autónomo vislumbrada en los años previos, de manera que los problemas empujaron al presidente en dirección a formas de desarrollo más integradas al capital extranjero y el contexto de la guerra facilitó un acuerdo político para garantizar el salto hacia la industrialización pesada. Vargas, según Corsi, no parece haberse dado cuenta de los cambios en el escenario internacional que comenzaban a delinearse con la aproximación del fin del conflicto mundial, de modo que aun confrontando con el capital extranjero (sólo en teoría) mediante la ley antitrust, el presidente no había abandonado la idea de la necesidad de una extendida ayuda externa para desarrollar al país. Todo esto es, en mi opinión, correcto en términos generales. Sin embargo, teniendo en cuenta que si en 1930 y aún en 1945 la burguesía industrial no estaba en condiciones de constituirse en clase hegemónica y menos la clase obrera de encabezar un proyecto alternativo, debemos preguntarnos si el bonapartismo getulista cumplió una tarea histórica. En otras palabras, cabe la siguiente inquietud: ¿la articulación de fuerzas alrededor de Vargas fue el actor progresivo en el clivaje político?. Quizás ayude a encontrar la respuesta la posición adoptada por Prestes en 1945, de acuerdo con su análisis de la contradicción básica en Brasil y quienes operaban en cada lado de la polarización.

Es verdad que el proyecto de desarrollo nacional tuvo limitaciones y faltas, pero no hay que perder de vista los trazos largos del proceso, (1) el varguismo subordinó los fuertes gobiernos locales heredados de la República Velha al poder federal, (2) desplazó del control del Estado a las elites agroexportadoras, y (3) emprendió la expansión manufacturera. Hay indicadores al respecto del último punto, en el período 1929/1939 la producción industrial creció a una tasa media de 8,4%, y en los años 1933 a 1939 el ritmo del crecimiento industrial fue del 11,2% por año. Asimismo, se produjo un cambio en la estructura de las industrias, en 1929 las tradicionales representaban el 72%, para 1939 habían descendido al 60%. Debido a las dificultades causadas por la guerra a las importaciones de máquinas, equipamientos e insumos industriales, en el período 1939/1945 el ritmo anual del crecimiento bajó al 5,4%. Otras estadísticas muestran cifras menores, la tasa media de crecimiento industrial según Abreu (1985) de 1928 a 1939 fue del 5%. No obstante ello, de acuerdo con el mismo autor, como comparación, en la Argentina una industria menos madura creció al 3,2%.

El caudillo llevó adelante una modernización autoritaria, la que tuvo paradojas, vicios, logros y errores. La justicia social estuvo subordinada a la lógica de la acumulación acelerada de capitales. Pese a ello, la adhesión popular al pai dos pobres no se explica meramente por la “demagogia” o las relaciones clientelares, la política laboral marcó un avance para la clase trabajadora, que además accedió a la ciudadanía social, pero operada por la vía del Estado. Aun desde visiones críticas a la posición adoptada en la guerra, a Getúlio le reconocen el oportunismo en la concreción de Volta Redonda, en un país con pocas posibilidades de autodesarrollo. Resultan más discutibles los supuestos beneficios de otros derivados del alineamiento con los Estados Unidos, y la profundización de la política alineada durante el gobierno de Dutra en cierta medida se debe a las premisas adoptadas en 1942. Con todos sus altibajos, hay un proceso que marca una inflexión en la historia, está asociado a una persona que le ha dejado su nombre, es la Era de Vargas.

Getúlio Dornelles Vargas
Imagen
Fuente: http://www.agenciasindical.com.br/Histo ... argas.html" onclick="window.open(this.href);return false;


Aquí termina el texto. Aunque un resumen podría ubicar en un solo mensaje las conclusiones expresadas en los capítulos 7, 8, 9 y 10, sería redundante insistir en ellas. Resta efectuar un par de aclaraciones, una relacionada con la economía de los primeros años, la otra sobre la bibliografía. Las explicaré después en otro mensaje.
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Mensaje por 27Pulqui » Lun Mar 23, 2009 5:13 pm

1) En el tercer mensaje de la serie de acuerdo con el artículo de Ricardo Seitenfus escribí lo siguiente:
En materia económica, inspirado en principios liberales en un mundo volcado al proteccionismo, el gobierno brasileño firmó entre 1930 y 1934 veintisiete tratados comerciales. Recién en los años 1934 y 1935 los responsables adquirieron conciencia de las dificultades de aplicar una política de liberalización comercial, en consecuencia Brasil es llevado a denunciar todos los acuerdos firmados, invocando la falta de reciprocidad de sus socios comerciales.
Quiero ampliar esa información, pues el concepto sin ser erróneo tampoco es del todo correcto. Existe un debate acerca de la protección o la liberalización de la política comercial exterior de los primeros años de Vargas. En apoyo de la primera posición hay autores que enfatizan las tasas aduaneras aplicadas en rubros específicos y las consecuencias de la devaluación de la moneda y del control de cambio. Yendo a la cuestión de los tratados comerciales denunciados, a continuación agrego unos conceptos de Abreu (1996):

La política comercial brasileña se desenvolvió en torno del tratado de comercio suscripto en 1935 con Estados Unidos y del acuerdo de compensación con Alemania. En el caso de los demás socios comerciales, las tentativas brasileñas en el sentido de reducir las barreras a la entrada de sus productos de exportación no tuvieron éxito, en parte debido a las dificultades de ofrecer concesiones recíprocas, en parte por la tendencia de las naciones imperiales en concentrar sus compras en las colonias. En ese contexto, la política del Gobierno Provisorio fue sorprendente, pues abandonando la posición de intransigencia adoptada en la década de 1920, Brasil firmó un tratado en 1931 con el Reino Unido, en el cual se aceptaba que las preferencias imperiales concedidas por el Reino Unido a los Dominios eran una cuestión interna, y por lo tanto no se aplicaba la cláusula de nación más favorecida. Esto obligó a Brasil a aceptar el sistema preferencial establecido en la Conferencia de Ottawa en 1932, de manera que la exportación brasileña quedó en desventaja frente a la producción de los Dominios. Cuando en 1935 Brasil denunció todos sus tratados comerciales, en un esfuerzo por evitar que las concesiones tarifarias incluidas en el acuerdo con Estados Unidos fuesen extendidas a los productos originarios de otros países sin concesiones recíprocas, se puso de relieve que era imposible obtener cualquier reducción de tarifas incidentes sobre los productos brasileños.

A mi entender, tal como señala Abreu, luego de suscribir el acuerdo con Estados Unidos en 1935 Brasil estaba obligado a denunciar los tratados firmados en 1931 y 1932 que incluían la cláusula de nación más favorecida, de manera de no extender a sus socios comerciales las ventajas concedidas a EEUU, pues era muy difícil obtener rebajas arancelarias recíprocas. Con más razón en el caso del intercambio con el Reino Unido, en donde el país lusoamericano había aceptado una posición en desventaja.

2) Actualicé la bibliografía, le agregué tres textos complementarios. Al respecto, uno de ellos es muy recomendable para comprender la estructura del poder político y los grupos de interés en el Estado Novo, se trata del artículo de Diniz.

Fin
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Mensaje por Eckart » Lun Mar 23, 2009 7:16 pm

Magnífico, Pulqui, magnífico. Muchas gracias.

Un saludo.
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Mensaje por José Luis » Lun Mar 23, 2009 7:36 pm

¡Hola a todos!

Muy lograda y trabajada exposición, 27Pulqui. Enhorabuena.

La figura de Getúlio Vargas supongo que permanece viva en el Brasil actual. Jerry Dávila abre su "Myth and Memory: Getúlio Vargas's Long Shadow over Brazilian History" [en Jens R. Hentschke (ed.), Vargas and Brazil. New Perspectives (New York: Palgrave MacMillan, 2006), pp. 257-282] con la letra del tema elegido por la escuela de samba Portela para el carnaval de Río de Janeiro, 2000. Se conmemoraba el 5º Centenario del descubrimiento de Brasil por los portugueses, y las diferentes escuelas de samba que participaron en los desfiles escogieron para su exhibición distintas facetas de la historia brasileira. Precisamente, Portela escogió "Trabajadores de Brasil. La época de Getúlio Vargas", y creo interesante copiar su letra tal cual, pues hay sabiduría popular en ella:

O raiar de um novo dia
Desafia meu pensar
Voltando à época de ouro
Vejo a luz de um tesouro
A Portela despontar (lálalaiá)

Aclamado pelo povo, o Estado Novo
Getúlio Vargas anunciou
A despeito da censura
Não existe mal sem cura
Viva o trabalhador ô ô ô
Nossa indústria cresceu (e lá vou eu . . .)
Jorrou petróleo a valer . . .
No carnaval de Orfeu
Cassinos e MPB

O Rei da Noite, o teatro, a fantasia
No rádio as rainhas, a baiana de além-mar
Tantas vedetes, cadilacs, brilhantina
Em outro palco o movimento popular
E no Palácio das Águias
Ecoou um grito a mais
Vai à luta meu Brasil
Pela soberana paz
Quem foi amado e odiado na memória
Saiu da vida para entrar na história

Meu Brasil-menino
Foi pintado em aquarela
Fez do meu destino
O destino da Portela


“Trabalhadores do Brasil—A época de Getúlio Vargas”
—Zezé do Pandeiro, Amilton Damião, Ailton Damião,
and Edyne and Edinho Leal, Portela 2000.

Reitero mi enhorabuena a 27Pulqui.
Saludos cordiales
José Luis
"Dioses, no me juzguéis como un dios
sino como un hombre
a quien ha destrozado el mar" (Plegaria fenicia)

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Mensaje por Mannerheim » Mar Mar 24, 2009 2:26 am

Muchísimas gracias por el trabajo, 27Pulqui.

Saludos cordiales.
"Haga la guerra con todo el mundo, pero la paz con Inglaterra"

El duque de Alba a Felipe II

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Mensaje por partisano » Mar Mar 24, 2009 11:54 am

Excelente 27 pulqui!!!
Magnífico post!!!Muchas gracias por darnos a conocer esta historia que muchos,al menos yo, deconocía totalmente.
Saludos.
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Mensaje por 27Pulqui » Mié Mar 25, 2009 5:58 pm

Compañeros, agradezco los elogios.

José Luis, es muy interesante la letra de la Portela, los artistas expresan el sentimiento popular. Además, quizás de manera involuntaria, pueden contribuir a un proceso de cambio al actualizar el mito por lo que vale para la dinámica social. Distinto es el caso de un teórico que interesado en participar en el juego político reformula hipótesis históricas para ajustarlas al mito, o al contramito si está en la corriente opuesta.

En particular sobre la construcción del mito Vargas, hay un pequeño texto en el sitio del Centro de Pesquisa e Documentação de História Contemporânea do Brasil (CPDOC) é a Escola de Ciências Sociais e História da Fundação Getulio Vargas.
http://www.cpdoc.fgv.br/nav_gv/htm/5Var ... Vargas.asp" onclick="window.open(this.href);return false;

En el mismo sitio hay libros disponibles en formato .pdf . La descarga es gratuita, basta registrarse con una dirección de e-mail para acceder a la biblioteca virtual. Acerca de la Era de Vargas y el Estado Novo, figuran en la lista de http://www.cpdoc.fgv.br/comum/htm/" onclick="window.open(this.href);return false;

As instituições brasileiras da era Vargas [1999]
Estado Novo: ideologia e poder [1982]
Getúlio Vargas, 1983: exposição de fotografias [catálogo] [1999]
Repensando o Estado Novo [1999]
Revolução de 30: seminário internacional [1982]

Saludos para todos.
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