Economía alemana: planificación central.

Historia económica

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maxtor
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Economía alemana: planificación central.

Mensaje por maxtor » Sab Feb 13, 2016 8:29 pm

¡Saludos a todos!

En 1933, el economista alemán Wilhelm Röpke recibió la visita de dos agentes de las SS, Röpke un liberal clásico sin pelos en la lengua había sido declarado “enemigo del pueblo” y despedido de su puesto de profesor en la Universidad de Marburgo por dar discursos en contra de los nazis, otros intelectuales y profesores universitarios guardaron silencio pero Röpke se negó, pasando el gobierno de Hitler a la intimidación sin ambages, tan pronto como los dos agentes de las SS se fueron de su casa Röpke supo que había llegado el momento de irse de Alemania.

Ian Kershaw señala en su magna biografía de Hitler, que éste era un completo ignorante en materia económica, daba la impresión de que sus medidas económicas iban sólo destinadas a aumentar su poder, al igual que el líder fascista Benito Mussolini. En un artículo escrito poco antes de que abandonara Alemania en dirección a Estambul, Röpke calificó el nacionalsocialismo alemán y al fascismo italiano bajo la misma rúbrica de economía fascista. Intentando encontrar un vínculo lógico entre las políticas fascista, Röpke escribió: “Definir claramente la esencia de la economía fascista es una tarea tremendamente difícil (…) Uno se siente tentado de abandonarla por inútil y tiende a considerarla un ejemplo de dadaísmo económico (…). Quizá más que ninguna otra cosa, es la falta de coherencia lo que caracteriza al fascismo (…) El fascismo funciona con un bagaje intelectual mínimo, y está orgulloso de ello” (Wilhelm Röpke, “Fascist Economics”, Económica (serie nueva), 2 (febrero de 1935), pp. 86).

El nacionalsocialismo rechazaba claramente el liberalismo clásico y su defensa de la economía de libre mercado. Röpke señaló que entre las doctrinas anticapitalistas de su tiempo se encontraba el comunismo y el “anticapitalismo militar” de Italia y Alemania, “el anticapitalismo que posee un aire fascista, o dicho de otro modo, el anticapitalismo contrario al liberalismo en el ámbito político”.

Röpke rechazó como “distorsiones y caricaturizaciones” partidistas los argumentos marxistas y socialdemócratas que presentaban al nacionalsocialismo como la defensa reaccionaria de un “capitalismo desorbitado”. En una nota en 1933, F.A Hayek también insistió en este punto: “No cabe duda de la naturaleza socialista del movimiento nacionalsocialista, cuyas ideas principales son fruto de las tendencias antiliberales que han ido ganando terreno en Alemania desde el final del periodo bismarckiano” (F.A. Hayek, “Nazi-Socialism”, en The Road to Serfdom: Text and Documents, The Definitive Edition, Bruce Caldwell, coord, Chicago, University of Chicago Press, 2007, pp. 245 – 248). Hayek consideraba el nazismo como un producto de las doctrinas basadas en el socialismo de Estado promovidas por la escuela de los economistas históricos alemanes.

A diferencia del comunismo, observó Röpke, el fascismo no desea cambios revolucionarios en la estructura económica y social. La política económica de la Italia fascista y de la Alemania nazi equivalía a un intervencionismo ad hoc sumado a un discurso colectivista, que lleva en la práctica, a una sociedad altamente monopolista e intervencionista embellecida con adornos terminológicos y retóricos, con un amplio control estatal de los precios y la inversión, y una socialización de las pérdidas amplia. Aunque las decisiones económicas de Hitler y Mussolini no siguieron una filosofía económica coherente, sí que siguieron una dinámica implícita de intervencionismo. Esta dinámica transformó las políticas económicas fascista y nazi en sistemas de control estatal sobre las palancas de la economía.

Dos años antes de que Hitler llegara al poder, el gobierno alemán impuso controles monetarios que restringían la posibilidad de cambiar la moneda local por moneda extranjera para evitar una depreciación del marco alemán. Hitler también se negó a devaluar. A su vez, estas restricciones monetarias llevaron al Gobierno a imponer controles sobre el comercio exterior. Estos controles aumentaron con Schacht, ministro de economía de Hitler entre 1934 – 1937. El “Nuevo Plan” del régimen de Hitler impuso el control estatal sobre las transacciones comerciales con el exterior, además de la cartelización industrial y de proyectos de obras públicas. Schacht fue despedido cuando, tras unos resultados decepcionantes recomendó dar un giro a la política anterior y fue sustituido por Herman Göring.

La política agrícola y las cuotas de importación del Tercer Reich provocaron la escasez en la producción de alimentos e importantes alzas de precios. Hitler hizo de estos problemas provocados por él ismo una excusa para invadir Europa, declarando que “tenemos un exceso de población y no podemos alimentarnos únicamente con nuestros propios recursos (…) La solución definitiva pasa por ampliar el espacio vital de nuestro pueblo y / o sus fuentes de materias primas y alimentos”. Iniciar una guerra permitió a Hitler mantener el apoyo popular a pesar del daño que su política económica estaba infringiendo a la economía alemana.

En un análisis póstumo de la economía nazi, el economista alemán Walter Eucken señaló la política de pleno empleo como culpable del creciente aumento del control estatal sobre la economía alemana: “A partir de 1936, la economía alemana pasó a estar cada vez más controlada por la administración central. Sin embargo, no se trataba de un intento consciente de crear una nueva forma de organización económica, sino que fue un resultado accidental. Fue la política de pleno empleo la que inició el proceso, y fue la aplicación de esta política la que condujo paso a paso a una economía centralizada” (Walter Eucken, “On the Theory of the Centrally Administered Economy: An Análisis of the German Experiment: Part I”, trad al iglés de T.W. Hutchison, Economica (serie nueva), 15 (mayo de 1948), pp. 79). Eucken afirma que la política de pleno empleo de Hitler requería de grandes proyectos de obras públicas. El más conocido de ellos era el de la construcción de carreteras.

Para financiar estos proyectos, el Gobierno alemán imprimió dinero, reduciendo su valor y provocando un aumento de los precios. Para detener este proceso inflacionario, el Gobierno pasó a intervenir aun más la economía, imponiendo una congelación general de precios en 1936. Los controles de precios tuvieron como consecuencia una escasez generalizada de bienes de consumo; compradores que disponían de una gran cantidad de marcos no podían encontrar vendedores que les quisieran vender a unos precios artificialmente bajos. A consecuencia de dicha política los precios dejaron de ser válidos como reflejo de la escasez de bienes y servicios en los mercados. Este estado de cosas dio lugar a la creación de un aparato administrativo central para dirigir la economía, supervisar el comercio exterior, asignar materias primas esenciales como el carbón, el hierro y el cemento, decidir sobre prioridades, distribuir licencias, etc.

El gobierno alemán no se atrevió a eliminar los controles de precios porque ello hubiera desatado un proceso inflacionario que habría llevado a una probable revuelta de los trabajadores en demanda de mayores salarios y a un aumento de los precios que el gobierno ganaba por sus suministros militares. Así, la congelación de los precios y la lucha contra la inflación mediante esa congelación de precios se convirtieron en los principios dogmáticos de la política económica nazi (Robert L. Hetzel, “German Monetary History in the First Half of the Twentieth Century”).

Para abordar la escasez de bienes de consumo, el Gobierno alemán impuso un sistema de racionamiento. En el caso de los bienes de capital definió aquellos sectores que consideraba prioritarios y asignó las materias primas según esta prioridad. Para abordar la falta de incentivos a la producción bajo precios controlados, promulgó decretos que obligaban a las empresas a producir una determinada cantidad. Esta era la dinámica intervencionista que hizo del Tercer Reich una economía completamente controlada por el Estado (para un tratamiento teórico de la dinámica intervencionista véase John Hagel III y Walter E. Grinder, “From Laissez-faire to Zwangswirtschaft: The Dynamics of Interventionism”). Eucken señaló que esta tendencia se intensificó a medida que el Reich desviaba un mayor volumen de recursos hacia la producción de armamento y a medida que el riesgo de una guerra se hacía más patente se hizo necesario concentrar recursos productivos en el sector bélico y acelerar la tasa de intervención, más y más sectores productivos, e incluso la distribución de la oferta de trabajo y de los bienes de consumo entraron en el ámbito de actuación de las autoridades de planificación.

Se gestó un sistema de planificación central bajo el cual, a diferencia de la URSS, tanto las explotaciones agrícolas como las fábricas siguieron estando en esencia y nominalmente en manos privadas, pero este control nominal de la propiedad se veía seriamente afectado por una extendida apropiación de productos industriales que sólo eran liberados en caso de una utilización coherente con el plan centralizado. En la práctica, el principio de soberanía del consumidor – que sus deseos determinen la combinación de bienes a producir – también sucumbió al plan centralizado. Los planificadores simplificaron su propio trabajo al reducir la variedad de bienes producidos, ignorando las preferencias de los consumidores. Así, la “influencia de los consumidores desapareció”.

Saludos desde Benidorm.

Fuente: Lawrence H. White -"El choque de ideas económicas", cap 6 - "La Segunda Guerra Mundial y el Camino de Servidumbre de Hayek".

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Re: Economía alemana: planificación central.

Mensaje por Schwerpunkt » Mié Feb 24, 2016 1:12 am

¡ Saludos a tod@s !

He leído con interés el artículo de Maxtor y quería hacer unos comentarios, que serán más bien explayaciones sobre lo ya dicho.

La economía del III Reich era efectivamente una economía capitalista con numerosas cortapisas y limitaciones debido al carácter del régimen hitleriano. Como ya ha comentado Maxtor, Hitler era un absoluto ignorante en materias económicas y su "posición" si así se la puede llamar no pasaba de ser un conjunto de opiniones demagógicas y pintorescas producto de su ignorancia. Su desconocimiento de las realidades del equilibrio fiscal, de una administración ordenada, su desprecio por el comercio internacional y en general de las implicaciones de su política monetaria, fiscal e industrial eran abismales. Pero además esa misma ignorancia fue la que supuso una serie de vaivenes en su política económica. Gran parte del fracaso de la guerra viene dado por su ignorancia en estas materias. Su régimen emprendió una carrera de armamentos y realizando múltiples artimañas contables y financieras para ocultar el masivo déficit fiscal. Se ocultó el masivo gasto en armamentos no contabilizandolo en las cuentas públicas y con unos bonos sin ningún tipo de respaldo financiero -los famosos bonos MEFO- Este proceder por muchos controles de precios, tipos de cambio controlados y racionamiento en la práctica de productos sólo podía desembocar en una crisis financiera tremenda y en una inflación galopante. La guerra fue la que paradójicamente evitó el desastre al menos a medio plazo.

Las distorsiones de la economía fueron múltiples: se realizó una expropiación estatal de materias primas estratégicas, de bienes semielaborados, desde acero, petróleo, caucho y metales para aleaciones. Gran parte de todas estas materias primas, de bienes semielaborados y de inversión industrial no tenía ningún fin de mejora de vida de la población sino la constitución de una capacidad de producción bélica. Se renunció a integrar la magnífica industria alemana en la economía internacional para fiarlo todo a una autarquía económica a pesar de que fuera en numerosas ocasiones contraproducente. El comprar petróleo a Rumanía, algodón a Perú para evitarlo comprar en EE.UU. o en Egipto era más caro y así podríamos seguir con un montón de materias primas más. El producir mineral de hierro o de manganeso de menas bajas en el Reich era infinitamente más caro que importarlo de Suecia o Francia y no hablemos de los carburantes sintéticos. En realidad el III Reich salvo su constante belicista y de expansionista en lo económico fue dando vaivenes durante casi toda su historia.

Los controles provocados en los mecanismos de precios podían ser útiles para contener una hiperinflación que inevitablemente se hubiera desatado pero en el corto plazo provocaba unas distorsiones gigantescas en todo el comportamiento de los agentes económicos. Cómo ya indicaban varios expertos económicos de la época, muchos de los precios habían dejado de tener ninguna relación entre el coste de producción y margen comercial y atendían a criterios estrictamente políticos. En la práctica los depósitos y ahorros bancarios de gran parte de la población estarían congelados financiando de manera silenciosa el esfuerzo bélico ante la imposibilidad de gastarlos en bienes de consumo. El Reichsmark como es de comprender fue perdiendo valor no sólo en el mercado internacional sino en el interno. Al finalizar la guerra había prácticamente perdido todo su valor y no es casualidad que la reforma monetaria de 1948 fuera en la práctica una devaluación disfrazada.

¿Cómo contener esa inflación al emitir una masa monetaria gigantesca ? Se emplearían varios mecanismos, para empezar los bonos MEFO no eran líquidos y se imponían numerosas cortapisas incluso para su convertibilidad, y en la práctica todos los bienes de consumo estarían racionados y las existencias de materias primas y bienes elaborados racionados y asignados según un complejo sistema de prioridades estratégicas. En realidad la economía alemana sería una increíble maraña de directrices, negociaciones y chalaneos a todos los niveles de la economía y la administración.

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Re: Economía alemana: planificación central.

Mensaje por Chuikov » Mié Feb 24, 2016 2:02 pm

maxtor escribió:

A diferencia del comunismo, observó Röpke, el fascismo no desea cambios revolucionarios en la estructura económica y social. La política económica de la Italia fascista y de la Alemania nazi equivalía a un intervencionismo ad hoc sumado a un discurso colectivista, que lleva en la práctica, a una sociedad altamente monopolista e intervencionista embellecida con adornos terminológicos y retóricos, con un amplio control estatal de los precios y la inversión, y una socialización de las pérdidas amplia. Aunque las decisiones económicas de Hitler y Mussolini no siguieron una filosofía económica coherente, sí que siguieron una dinámica implícita de intervencionismo. Esta dinámica transformó las políticas económicas fascista y nazi en sistemas de control estatal sobre las palancas de la economía.



Fuente: Lawrence H. White -"El choque de ideas económicas", cap 6 - "La Segunda Guerra Mundial y el Camino de Servidumbre de Hayek".
Buenos días,

muy buen post. Ese párrafo que he copiado, Maxtor, está muy interesante.
He mirado el libro de White que referencias, por la red. ¿Cómo está? ¿Podrías darnos alguna pista sobre el autor o cómo está el libro en general?

Gracias.
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Eriol
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Re: Economía alemana: planificación central.

Mensaje por Eriol » Jue Feb 25, 2016 8:55 pm

Hola!

Aunque he tenido que leerlo muy detenidamente para poder entenderlo bien y buscar varias cosas me ha resultado muy interesante.

Me gustaría, siguiendo esto que ha dicho el camarada Schwerpunkt hacer una reflexión/pregunta que si alguien quiere extender/responder tanto mejor.
Schwerpunkt escribió:
Las distorsiones de la economía fueron múltiples: se realizó una expropiación estatal de materias primas estratégicas, de bienes semielaborados, desde acero, petróleo, caucho y metales para aleaciones. Gran parte de todas estas materias primas, de bienes semielaborados y de inversión industrial no tenía ningún fin de mejora de vida de la población sino la constitución de una capacidad de producción bélica. Se renunció a integrar la magnífica industria alemana en la economía internacional para fiarlo todo a una autarquía económica a pesar de que fuera en numerosas ocasiones contraproducente. El comprar petróleo a Rumanía, algodón a Perú para evitarlo comprar en EE.UU. o en Egipto era más caro y así podríamos seguir con un montón de materias primas más. El producir mineral de hierro o de manganeso de menas bajas en el Reich era infinitamente más caro que importarlo de Suecia o Francia y no hablemos de los carburantes sintéticos. En realidad el III Reich salvo su constante belicista y de expansionista en lo económico fue dando vaivenes durante casi toda su historia.
Muchas veces me he preguntado si el programa de autarquía que se inició en la decada de lo 30 fue bueno o malo para Alemania. Nunca me lo había planteado hasta que leí estos textos en la biografía de Raeder:

http://lakriegsmarineencastellano.blogs ... nte-i.html
http://lakriegsmarineencastellano.blogs ... te-ii.html
http://lakriegsmarineencastellano.blogs ... e-iii.html
http://lakriegsmarineencastellano.blogs ... te-iv.html

Comenta Raeder, entre otras cosas, que se preocupó, fruto de las experiencias de la 1ªGM, en hacer que la Kriegsmarine tuviera importantes reservas de combustible para mover sus barcos en casas de guerra, y previsible cerco marítimo. Afirma que a finales de 1939 estas:

eran 650.000 T de carburante para motores Diésel y 350.000 de petroleo combustible ,almacenadas en su mayor parte en depósitos subterráneos.


No obstante

en el año 1940 ,antes de iniciarse la ofensiva occidental, le fueron mermadas a la Marina 300.000 toneladas de carburante Diésel para atenciones del ejército y 30.000 para labores agrícolas de siembra, a pesar de mi rotunda discrepancia. Para más acentuar luego esta deficiencia , al entrar en guerra Italia tuvimos también que abastecer a la nueva Armada aliada de carburante, cerrando los ojos ante las propias necesidades.

por lo que la Kriegsmarine no pudo disfrutar de sus reservas acumuladas plenamente.

A raiz de esta lectura me pregunté a mi mismo ¿no hubiera sido más útil para Alemania dedicar las ingentes cantidades de dinero que se gastaron en todo lo que el compañero Schwerpunkt a dicho a acumular esos mismos materiales pero de 1ª calidad y más baratos? Seguramente, como le pasó a la Kriegsmarine, hubiera existido una amplia reserva pero el coste hubiera sido alto sino se ganaba la guerra antes de que se acabase esa reserva ya que no habría plantas sintéticas para refinar carbón, no habría minas de hierro en Lorena...

¿que opinan al respecto?

Saludos a todos
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Re: Economía alemana: planificación central.

Mensaje por Schwerpunkt » Vie Feb 26, 2016 12:37 am

¡ Saludos a tod@s !

Vaya por delante que se están hablando de temas muy diversos en las últimas intervenciones y por tanto las respuestas o comentarios pueden parecer un tanto inconexos...
maxtor escribió:A diferencia del comunismo, observó Röpke, el fascismo no desea cambios revolucionarios en la estructura económica y social. La política económica de la Italia fascista y de la Alemania nazi equivalía a un intervencionismo ad hoc sumado a un discurso colectivista, que lleva en la práctica, a una sociedad altamente monopolista e intervencionista embellecida con adornos terminológicos y retóricos, con un amplio control estatal de los precios y la inversión, y una socialización de las pérdidas amplia. Aunque las decisiones económicas de Hitler y Mussolini no siguieron una filosofía económica coherente, sí que siguieron una dinámica implícita de intervencionismo. Esta dinámica transformó las políticas económicas fascista y nazi en sistemas de control estatal sobre las palancas de la economía.
Efectivamente, la economía del III Reich fue una economía capitalista con un grado de intervencionismo cada vez mayor. Obviamente no era una economía de libre mercado al menos tal como la entendemos en estos tiempos. No sólo los tipos de cambio fijados y las monedas sin ningún tipo de convertibilidad, los depósitos bancarios congelados en la práctica, la compra de bienes de consumo entorpecida a la manera de una sociedad en guerra y con racionamiento. El monopolio en la importación de materias primas y la centralización en la compra y producción de bienes semielaborados, productos manufacturados considerados estratégicos -en realidad todo lo relacionado con la producción bélica- era el producto de unas decisiones puramente políticas ante el callejón sin salida en la que se había metido Hitler. Que era un sistema económico ineficiente desde el punto de vista social, fiscal y económico habla a las claras el gigantesco déficit fiscal que de no haber mediado la guerra por medio hubiera destruido económicamente a Alemania y el poco beneficio que obtuvo la población alemana al margen del empleo.

Desde el punto de vista ideológico, el nazismo no tenía un discurso elaborado sobre la economía mas allá de una serie de ideas demagógicas de las que algunas fueron apartadas para conseguir el apoyo social necesario para afirmar al régimen. Este capitalismo de facto fue evolucionando debido a la deriva del proceso armamentístico hitleriano y a la guerra con un mayor control de los mecanismos económicos. Pero aunque el proceso de intervencionismo fue continuo y progresivo no significó que hubiera una política clara. Al contrario, toda la política económica fue un continuo vaivén entre las diversas prioridades enunciadas por Hitler. Un día era el programa de producción de combustibles sintéticos, otro era el programa de construcción naval y el mismo día por la tarde se procedía a la construcción de una gigantesca línea fortificada en la frontera. Y de un día para otro se abandonaba el programa de construcción naval para dedicarlo a la Luftwaffe y al Heer.
Eriol escribió:A raiz de esta lectura me pregunté a mi mismo ¿no hubiera sido más útil para Alemania dedicar las ingentes cantidades de dinero que se gastaron en todo lo que el compañero Schwerpunkt a dicho a acumular esos mismos materiales pero de 1ª calidad y más baratos? Seguramente, como le pasó a la Kriegsmarine, hubiera existido una amplia reserva pero el coste hubiera sido alto sino se ganaba la guerra antes de que se acabase esa reserva ya que no habría plantas sintéticas para refinar carbón, no habría minas de hierro en Lorena...
El III Reich dedicó muchísimo dinero a acumular reservas de materias primas, combustibles en previsión de la guerra. Si no compró más fue sencillamente porque no tenía divisas para hacerlo. El que no tuviera divisas era producto del programa económico autárquico emprendido por Hitler y el progresivo aislamiento de la economía alemana de la internacional. Es difícil conseguir divisas cuando mantienes un tipo de cambio muy superior al real y además dedicas ingentes recursos a producir materiales de manera autosuficiente en vez de comprarlos mucho más baratos en el mercado internacional.

En que medida todo esto fue resultado de la política deliberada hitleriana de emprender un programa autárquico, aislamiento de la economía internacional, carrera armamentística y/o ignorancia sobre los mecanismos de la economía escapa a mi entendimiento. Posiblemente fuera una mezcla de ambos. Lo que quiero decir es que nada en la situación de Alemania de los años treinta hacía inviable una alternativa a la política hitleriana. Podría haber sido una economía abierta y dedicada a la exportación como lo ha sido en los últimos 50 años. Fue una decisión puramente política de Hitler la que optó por el otro camino que iba directamente a la confrontación bélica. El contexto prebélico de 1938 y 1939 no fue una circunstancia exógena sino el producto de la política de expansión, amedrentamiento y carrera de armamentos emprendida por el propio Hitler. Evidentemente la política italiana y japonesa ayudaron a crear las condiciones para este clima pero no olvidemos que al menos en parte eran retroalimentadas por la propia política alemana y la destrucción del equilibrio político surgido tras la I Guerra Mundial.

El caso que describes es sencillamente una solución de expediente ante lo desesperado de la situación. Alemania se encontraba de repente envuelta en una guerra mundial -pues eso era ni más ni menos su guerra contra Francia y Gran Bretaña- bloqueada y sin más suministros que los que a cuentagotas llegan de la URSS y Rumanía. Obviamente para poder aguantar esos meses hubo que echar manos de las reservas existentes. La Kriegsmarine fue la perjudicada en la resolución de las prioridades.

maxtor
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Re: Economía alemana: planificación central.

Mensaje por maxtor » Mar Mar 08, 2016 11:20 am

Saludos Chuikov....

Lawrence H. White es catedrático de economía en la George Mason University, es un experto en historia monetaria y financiera y habitual colaborador de revistas económicas de primera fila como la American Economic Review y el Journal of Economic LIterature. El libro te hace un estudio de los debates intelectuales en el ámbito económico en el último siglo, analiza muchas cuestiones como las apariciones de los bancos centrales, el dirigismo económico durante la Primera Guerra Mundial; la planificación central comunista en la URSS, Europa del Este y China; el fascismo en la Italia de Mussolini; el nacionalsocialismo en la Alemania de Hitler; el New Deal de Roosevelt en EEUU; el sistema monetario internacional de Breton Woods y la adopción de políticas macroeconómicas keynesianas después de la Segunda Guerra Mundial.... entre otras cuestiones.

Es un libro de fácil lectura y de pensamiento económico, no es un libro técnico de economía. Y me ha parecido sumamente didáctico. Buena lectura de un gran historiador de la Economía.

maxtor
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Re: Economía alemana: planificación central.

Mensaje por maxtor » Mié Mar 09, 2016 12:49 pm

Saludos cordiales.

Poco más que añadir a lo expuesto por el compañero Schwerpumkt.

Cuando hablamos de Hitler y de sus decisiones en política, economía, diplomacia siempre hay que tener en cuenta que muchas veces no podemos analizar sus decisiones en base a racionalidad o lógica, toda su vida estuvo dirigida hacia una objetivo ideológico que suponía elevar a Alemania como potencia mundial y extenderse hacia el Este de Europa – aún asumiendo los millones de muertos que en su mente dicha extensión supondría – En el ámbito económico Hitler era un ignorante en cuanto a la ciencia económica en sí, pero en la década de los años 20 y 30 era ya perceptible que los EEUU se iban a imponer como gran potencia económica, y con la posibilidad de que se alzara dicho país como gran superpotencia económica como finalmente ocurrió definitivamente tras la Segunda Guerra Mundial. Ya en la década de 1924 a 1935, la media del producto interior bruto de los EEUU fue tres veces mayor que la del Reino Unido, casi cuatro más que la de Alemania y unas cinco más que las de Francia o la URSS, aunque las diferencias reales en los niveles de vida eran menos marcadas son cifras significativas.

Hitler, como muchas personas eran conscientes de estos hechos, ya en su “segundo libro”, escrito en 1928 e inédito en vida de Hitler, declaró que “el europeo, aun sin hacerse a la idea de forma plena, transforma en criterio de su existencia las condiciones propias de la vida americana”. Hitler fue lector ávido de novelas del Oeste de Karl May, en la infancia y la adolescencia, y creía que la hegemonía industrial y su elevado tren de vida de los EEUU fue debido a la conquista de dicha región y el exterminio de la población nativa americana, en su mente si Alemania no actuaba de forma similar “la amenazadora supremacía mundial del continente norteamericano” degradaría a todas aquellas a la altura de “Suiza y Holanda”. Lejos de ser la resurrección de algún sueño medieval de conquista nacido del ejemplo de los Caballeros Teutones, el deseo de invasión de la Europa Oriental que albergaba Hitler se basaba en un modelo muy moderno de colonización, esclavización y exterminio que tenía su paralelismo en la creación de los imperios europeos de África y Australia, o de la ocupación del Asia central y Siberia por parte de la Rusia decinomónica.

La verdadera fuerza motor económica del Tercer Reich, fue el rearme. Rearme que impulsó la recuperación económica de Alemania desde el principio mismo del Tercer Reich. La Depresión de 1929 había llevado al desempleo a más de un tercio de la mano de obra, y los nazis se anotaron un tanto con los llamados “planes de creación de empleo”, como la construcción de autopistas nuevas, aunque tal proyecto también estuvo destinado a fines militares pues permitiría el transporte de soldados y pertrechos con gran rapidez por todo el país. El paro siguió presentando cotas elevadas hasta la introducción del servicio militar obligatorio en masa absorbió generaciones enteras de jóvenes a partir de 1935.

Adam Tooze, en su libro “The Wages of destruction: the making and breaking of the Nazi economy” (2006) contradice la version ortodoxa de que sitúa la creación de empleo civil en el centro de la recuperación económica nazi, aportando pruebas de que dicha recuperación ya empezó a finales del verano de 1932, seis meses antes de la llegada de Hitler al poder, y que Hitler tuvo bastante fortuna al entrar en el poder cuando Alemania empezaba a salir de los efectos de la Depresión. Dicho autor ofrece tal cantidad de datos económicos que no dejan lugar a la duda. La determinación de Hitler de rearmar la nación fue tan obsesiva, que lo llevó a estar dispuesto a sacrificarlo todo en aras a tal fin. En particular, los consumidores tuvieron ocasión de sufrir cuando se desviaron no pocos recursos y divisas para hacer frente al gasto armamentístico. Las importaciones de algodón, por ejemplo, se vieron muy afectadas, y el pueblo comenzó a protestar por la escasa calidad de las prendas de fibra sintética que le obligaban a vestir. Tooze, echa abajo tesis de historiadores como Götz, Aly, según la cual el régimen nazi protegió de forma deliberada a la población civil por miedo a ponerla en su contra. Al decir del historiador británico, en cambio, la ciudadanía germana era la que soportó los grávamenes más elevados de toda Europa.

En la pugna entre comida y cañones ganó siempre los segundos, cuando menos a corto plazo. De hecho, la mantequilla estaba entre los productos que tuvieron que racionarse desde mediados de la década de 1930 cuando la industria armamentística de Alemania empezó a sacar a los operarios de las granjas para atraerlos a las grandes urbes, y el sector campesino se hallaba demasiado atrasado para hacer frente a las exigencias impuestas por la necesidad de hacer el país autosuficiente en lo que a alimentos se refiere. Hitler sabía que el bloqueo Aliado en la Primera guerra Mundial le hizo mucho daño a la población alemana (600.000 fallecidos por desnutrición y enfermedades afines) y no quería que se repitiera algo similar porque pensaba que la desmoralización provocada por este hecho fue uno de los factores de la derrota de Alemania. Al carecer Alemania de colonias de ultramar, a diferencia de GB y Francia, y de conexiones transalánticas, así como de los bienes que proporcionaba a la URSS su vasto imperio euroasiático, Alemania se veía obligada, en opinión de Hitler, a contar en la mayor medida posible con sus propios recursos hasta ser capaz de hacerse con los campos petrolíferos del Cáucaso y los graneros de Ucrania para uso propio. Tal sueño, requería emprender la conquista del Este, precedida por una serie de combates violentos y decisivos contra los enemigos occidentales de la nación (con lo que apuntaba directamente a Francia, en primer lugar). De ahí la necesidad de contar con un ejército enorme apoyado por una fuerza aérea mayor que ninguna otra de las que en Europa existían.

Tal proyecto de rearme brutal en vísperas de la guerra estaba acaparando más de una quinta parte del gasto estatal, y tantas materias primas había que importar para nutrir a la industria armamentística que la nación se vio acosada por sendas crisis graves de divisas entre 1934 y 1939 que obligaron a reducir los gastos en dicho sector. Tooze, demuestra que estos problemas tuvieron su origen en la negativa de Hitler a devaluar el marco del Reich pese a la insistencia de numerosos expertos en economía. Tan clara era la escasez de una moneda fuerte, que el régimen llego a socavar su propia estrategia de obligar a los judíos alemanes a emigrar mediante la prohibición de tomar consigo sus bienes y sus ahorros. Esta medida provocó un descenso del movimiento migratorio hasta que la violencia del progromo de noviembre de 1938 y el desahucio y la expropiación sufridos por los judíos que quedaban en el país volvieron a elevar las cifras.

La falta de acero fue otro ejemplo del fracaso de la autarquía. Hitler y sus asesores eran muy conscientes de estos problemas, y de que a mediados de 1939 el Reino Unido y Francia se estaban rearmando con rapidez, y Hitler decidió dar el golpe determinante mientras su poder militar superaba aún al de sus enemigos en potencia. La crisis de materias primas asociadas a la industria armamentística, que provocó malestar y agitaciones en los obreros alemanes, fue lo bastante grave para que Hitler según hizo saber a Mussolini en marzo de 1949, se pusiera "en marcha de inmediato... aun a riesgo de precipitar así la guerra" con las "potencias occidentales dos o tres años antes" de lo que siempre había imaginado.

Adam Tooze señala que la famosa guerra relámpago fue fruto de la improvisación y no de una planificación minuciosa destinada a reducir al mínimo la carga impuesta por la guerra sobre la población civil de Alemania. Los planes de esta en relación con la invasión de Francia suponían en su origen enfrentamiento directo y probablemente dilatado de los ejércitos principales. La evidencia de que los Aliados sabían de antemano el plan original hizo nacer el arriesgado Plan Amarillo o Corte de HOz que acabó con los ejércitos aliados en Francia y Bélgica en pocas semanas en 1940.

Desde una perspectiva económica los alemanes tenían en contra las cartas desde el comienzo, y a finales de 1941 Alemania se estaba enfrentando contra la fuerza combinada no ya de Francia y GB, junto al imperio británico, sino también a los EEUU y la URSS. Dicha dinámica estiró tanto las posibilidades económicas de Alemania que le impidieron reaccionar hacia estrategias alternativas, ¿qué decidir, abandonar los acorazados o invertir más en la campaña submarina, defensas aéreas, o aviación, tanques....? Durante la guerra dispuso de pocos submarinos para marcar la diferencia, y el sistema de convoyes aliados junto a Ultra decidió la balanza de la guerra marítima, clave para que GB y la URSS pudieran beneficiarse de las materias primas y demás pertrechos de guerra norteamericanos. Faltaron de inicio, las materias primas y combustibles para dotar a una flota submarina lo bastante numerosa para superar este obstáculo clave.

Lo comentado es un breve resumen del capítulo 11 "Recuperación económica" del libro de Richard J. Evans "El Tercer Reich. En la historia y la memoria".

Saludos desde Benidorm.

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