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Las olimpiadas de 1936

La vida cotidiana en la Alemania del Reich

Moderador: José Luis

Torres
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Mensaje por Torres » Mar Jul 05, 2005 4:56 pm

Tal y como me comprometí aquí meto algunas imágenes escaneadas de los albunes de cromos Olimpia 1936. Una pena no poder meteros toda la colección.
Saludos

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WHA
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Mensaje por WHA » Mar Jul 05, 2005 6:58 pm

Excelente Torres. Menuda coleccion :wink:

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Erich Hartmann
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Mensaje por Erich Hartmann » Sab Jul 30, 2005 12:09 am

Adolf Hitler fue un anfitrión ejemplar en los Juegos Olímpicos de Verano de 1936 en Berlín. Su pueblo era amable y hospitalario y sus celebraciones extravagantes y festivas. Las ceremonias de apertura fueron las más grandiosas que jamás se habían celebrado; en su punto culminante se soltaron 20.000 pájaros que levantaron nielo con cintas de colores en las alas. Muchos invitados extranjeros se fueron impresionados y sorprendidos. Hitler, el manipulador, había cumplido su objetivo para las Olimpiadas: dar la impresión de que los nazis no eran tan viles como a menudo se les consideraba en el extranjero.

El Comité Olímpico Internacional había otorgado los Juegos de 1936 a Alemania en 1932, un año antes de la llegada de Hitler al poder. Berlín sería la sede de las competiciones de verano, mientras que los juegos de invierno tendrían lugar en Garmisch-Partenkirchen, en Baviera. En la época en la que el COI tomó esta decisión nadie sabía (o al menos no con seguridad) que la Alemania nazi sería la anfitriona de aquellos juegos. De hecho, el ideal internacionalista de éstos -unir a los pueblos del mundo con una fiesta deportiva- parecía tan contrario al nacionalismo racista y antisemita, que la misma idea de una Olimpiada nazi parecía una enorme contradicción.

El COI posteriormente consideró la posibilidad de trasladar los juegos de 1936 a otra sede, pero el astuto Hitler hizo las concesiones suficientes para que el evento tuviera lugar en Alemania. Sabía que serían una beneficiosa ocasión de que el Tercer Reich ampliara sus relaciones públicas. El resultado fue que el éxito de los juegos de 1936 también ayudaría a sellar la suerte de millones de judíos europeos.

En público restaron importancia a su antisemitismo, aunque los judíos alemanes, e incluso los atletas judíos, habían sido gravemente discriminados. Los expulsaron de los clubes de deportes y de las instalaciones deportivas más importantes, con el fin de aislarlos en gimnasios de barrios marginales.

Durante el periodo de entrenamiento anterior a los Juegos Olímpicos de Verano de 1936, Gretl Bergmann, deportista de categoría mundial que practicaba el salto de altura (y que era judía), igualó el récord nacional femenino (1,60 m). El 13 de julio recibió una carta del Comité Olímpico alemán en la que se criticaba su rendimiento en los últimos tiempos en el salto de altura, porque sus marcas oscilaban demasiado, y le informaba de que no había sido elegida como miembro del equipo olímpico de atletismo de su país.

Antes del verano de 1936 los judíos alemanes habían perdido sus derechos de ciudadanía. Sus negocios habían sido boicoteados, sus vidas profesionales restringidas, fueron excluidos de las instalaciones públicas y se les prohibió casarse con no judíos. Mientras tanto, los nazis, al tiempo que ampliaban su política racista, entendían que la buena forma física alemana y la excelencia atlética podrían contribuir al nacionalismo, fomentar la pureza racial y estimular la preparación militar. En consecuencia, la oportunidad de los judíos de obtener un puesto en el equipo olímpico de 1936 era casi inexistente. Esos puestos se reservaban para aquellos que podían aportar más honores al pueblo alemán y al estado nazi.

Cediendo un poco ante la presión, los oficiales del Reich tranquilizaron al COI permitiendo que una atleta judía compitiera por Alemania en los Juegos Olímpicos de Verano de 1936: Helene Mayer, quien había competido por Alemania en dos olimpiadas anteriores y anunció que estaría encantada de volver a su país natal desde California para competir de nuevo. Era mitad judía, una Mischlinge alta y rubia. Se ajustaba casi al prototipo ario. Cuando Mayer recibió una medalla olímpica de plata en la competición femenina de florete, las imágenes cinematográficas de aquel día la muestran haciendo el saludo nazi con el brazo en alto. Aunque fuera breve y ambivalente, su saludo indicaba que quizás la Alemania de Hitler no era un sitio tan malo.

Antes, el 7 de marzo de 1936, Hitler había pronunciado un discurso en el Reichstag. Al mismo tiempo que anunciaba la restauración de la soberanía alemana en Renania, las tropas militares alemanas entraban en ese territorio que había sido desmilitarizado después de la Primera Guerra Mundial. Aunque aquella acción violaba claramente el Tratado de Versalles y fue condenada por la Sociedad de Naciones, la decisión de Hitler no fue revocada y las tropas no se retiraron. No obstante, como sugiere la apariencia olímpica de Helene Mayer, Hitler y sus seguidores sabían muy bien cómo hacer progresar sus intereses nacionales sin demasiadas provocaciones a la opinión internacional.

Antes del comienzo de los juegos, se levantaron movimientos en varios países, entre ellos Estados Unidos v la Unión Soviética, instando al boicot de la competición olímpica en Alemania. El régimen nazi, para no arriesgarse a que eso ocurriera, hizo ciertas concesiones a fin de mejorar su imagen, entre las que estaba la retirada de las ofensivas pancartas con mensajes antijudíos que proliferaban en los arcenes de las carreteras, en las salidas de ciudades y poblaciones y en muchas calles y tiendas. «Los judíos no son bienvenidos en este lugar» afirmaban algunas. «El judío es nuestra desgracia», proclamaban otras.

Los Juegos Olímpicos de Invierno empezaron el 6 de febrero en Garmisch-Partenidrchen. Antes de que Hitler los inaugurara oficialmente, se habían desmontado las pancartas antisemitas en los alrededores. Permanecían, sin embargo, a lo largo de las carreteras que llevaban a la sede de las competiciones. El conde Henri Baillet-Latour, el presidente belga del COI, vio esas muestras antisemitas cuando viajaba a la apertura de los juegos de invierno. Exigió ver a Hitler inmediatamente y le dijo que esas prácticas eran inaceptables. Hitler argumentó que el protocolo olímpico no estaba por encima de asuntos de mayor importancia dentro de Alemania. Pero cuando Baillet-Latour le amenazó con la cancelación, Hitler ordenó que se quitaran las pancartas de la carretera.

Esas concesiones se hicieron por conveniencia. No representaban ningún cambio de opinión o de política con respecto al «asunto judío» en la Alemania nazi. El 17 de junio, por ejemplo, Hitler emitió un decreto que convertía a Heinrich Himmler en jefe de todas las fuerzas policiales alemanas. Combinando este poder con la autoridad que ya tenía como líder de las SS, Himmier extendió el vasto aparato de terror que ahora estaba bajo su control. Mientras los preparativos para los juegos de verano continuaban, la Alemania nazi se estaba convirtiendo en un estado policial cada vez más centralizado.

Berlín, con un aspecto de ciudad limpia, hospitalaria y próspera, acogió la inauguración de los Juegos Olímpicos de Verano el 1 de agosto. No había a la vista ni carteles ni publicaciones antisemitas. La prensa alemana tenía instrucciones de informar sobre las victorias «no arias» sin comentarios raciales. 49 países enviaron equipos a los fuegos Olímpicos nazis que terminaron el 16 de agosto. Entre ellos estaba Estados Unidos, donde fracasó por estrecho margen el intento de hacer un boicot para contrarrestar la legitimidad que confería a la Alemania nazi la celebración de unas olimpiadas.

Hitler presidió la apertura en el inmenso Estadio Olímpico de Berlín. La ceremonia culminó en la recién creada «carrera con la antorcha», que llevó el fuego desde la sede de los antiguos Juegos Olímpicos en Grecia hasta Berlín. Leni Riefenstahl estaba allí con su equipo cinematográfico para capturar la pompa y la competición atlética. Su película Olimpia ganaría el primer premio en el Festival de Cine de Venecia de 1938.

Algunas de las mejores imágenes de Olimpia enfocaban a un atleta afroamericano llamado Jesse Owens. Este había sufrido el racismo de Estados Unidos, pero en los juegos de 1936, sus cuatro medallas de oro fueron celebradas por los críticos al régimen nazi, que argumentaban que las victorias de Owens contradecían las ideas de Hitler sobre la superioridad blanca.

Aunque las victorias de Owens eran causa de vergüenza para los nazis, Hitler y sus seguidores estaban más que satisfechos con su éxito olímpico. El equipo alemán ganó más medallas que cualquier otro. A Hitler se le daba bien el papel de estadista mundial y líder nacional querido. La hospitalidad alemana convenció a la mayoría de los visitantes extranjeros de que las intenciones del Tercer Reich eran tan pacíficas como eficaz su renacimiento económico, sus objetivos tan benignos como su vigorosa v sana cultura.

Por lo menos diez atletas judíos ganaron medallas en los juegos de 1936, entre ellos Samuel Balter, que jugaba en el equipo americano de baloncesto. Gretl Bergmann, por su parte, emigró a Estados Unidos, donde continuó su carrera de campeona de atletismo y cumplió su promesa de no regresar nunca más a Alemania. Otros atletas judíos no fueron tan afortunados. Su destino indica que el engaño que supusieron las olimpiadas nazis fue tan colosal como mortífero. La presión antijudía reapareció después de los juegos de 1936. Al final del año, la campaña para expulsarlos estaba en su apogeo.

En Auschwitz acabaron con la vida de Víctor Pérez, un judío trances campeón mundial de boxeo en la categoría de peso mosca en los años 30. También Lilli Henoch, que ostentaba el récord mundial de lanzamiento de peso y de disco, fue deportada en 1942 y asesinada cerca de Riga, Letonia. Attila Petschauer, campeón de esgrima húngaro, quee había ganado una medalla de plata en las olimpiadas de 1928 murió por congelación en un campo en 1943. En judío alemán Alfred Flatow, ganador de tres medallas de oro y una de plata en gimnasia durante los juegos de Atenas en 1896, murió en el campo/gueto de Theresienstadt, Checoslovaquia, en 1942.


Fuente: Crónica del Holocausto

Saludos cordiales

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Francis Currey
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Mensaje por Francis Currey » Mié Ago 17, 2005 6:02 am

La siguiente anécdota sucedió durante la competición de natación, la Señorita de Vries, natural de California se abalanzó contra el palco de autoridades con la intención de besar a Hitler, las cámaras presentes captaron la curiosa anécdota

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fangio
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Mensaje por fangio » Sab Ago 20, 2005 5:10 am

Hïpica: Salto de obtáculos por Equipos - Medalla Dorada: Alemania.
Equipo Alemán:

- Konrad von Wangenheim
- Rudolf Lippert
- Ludwig Stubbendorff

Durante la competencia (de tres días) von Wangenheim cayó de su caballo hiriéndose un brazo a pesar de lo cual se levantó y completó la misma. Tuvo trágico final este hombre ya que fue hecho prisionero en 1944 por los soviéticos y se suicidó en 1953. Wangenheim alcanzó el grado de Teniente Coronel.
Con respecto a Lippert, alcanzó el grado de Generalmajor y fue condecorado con la Ritterkreuz el 9 de Junio de 1944 como Coronel y Comandante del Regimiento Panzer 31. Murió en combate el 1 de Abril de 1945.
Lamentablemente no poseo ninguna información respecto a Stubbendorff.

Acá les dejo un link con los ganadores alemanes de medallas, está en inglés pero básicamente se entiende. Figura nombre y apellido, cuándo nació y murió, la cantidad de medallas, etc.:
http://www.geocities.com/Colosseum/Arena/2145/GER.html

Konrad von Wangenheim (brazo herido)
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Foto: Gareth Collins

Rolf Lippert
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Foto: Dieter Zinke

Saludos,

FANGIO

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Paradise Lost
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Imagenes curiosas de las olimpiadas

Mensaje por Paradise Lost » Lun Dic 12, 2005 4:41 am

Situémonos. El estadio olímpico está a rebosar y empiezan a desfilar los diferentes países participantes entre los gritos de júbilo del público.

Es el turno de Grecia. Y sus miembros saludan con el brazo en alto.
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Los siguientes son Gran Bretaña. Mirada hacia el Führer.
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Llega el turno a japón. Mirada hacia el Führer.
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Los siguientes son los U.S.A. Sombrero en el pecho.
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Austria. Saludo con el brazo en alto, por supuesto.
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Les sigue Italia. Saludo con el brazo en alto también.
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Pero... parece que al final no se ponen muy de acuerdo...
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Llega el turno de Francia. Y sorpresa...
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Y por último Alemania.
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Curioso que los franceses saludaran con el brazo en alto.

Algunas cosas más:

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La camiseta oficial de Alemania en las Olimpiadas. Sin publicidad, claro...

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Hoy en día, los velocistas, tienen un apoyo metálico en un pie para poder salir con más fuerza y velocidad.
Cómo véis, antes no era asi. Los propios atletas, con unos utensilios apropiados para tales menesteres,
se encargaban de hacer un agujero en el suelo, donde posteriormente colocaban el pie.


Saludos, nunca mejor dicho.
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"Heute hängt ihr uns, aber morgen werdet ihr es sein." Hans Scholl

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Mensaje por Eckart » Mié Dic 21, 2005 9:14 am

He puesto en nuestra "Linkoteca" un enlace a una página que muestra exclusivamente fotografías de los Juegos Olímpicos de Berlín:
http://wwwsegundaguerr.superforos.com/v ... 0210#10210

Saludos.

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Mensaje por Barbarossa » Lun Abr 03, 2006 4:37 am

Con relación a las olimpiadas, Albert Speer menciona en sus memorias una anécdota curiosa. Al parecer, pocos meses antes de la inauguración, se descubrió que las dimensiones del Estadio Olímpico de Berlín eran algo mayores que las determinadas por el Comité Olímpico Internacional. Speer, que en esas fechas ya era el arquitecto del régimen, acudió compungido a la Cancillería para darle la noticia a Hitler. Éste no sólo no se irritó sino que le dijo: "no se preocupe Speer: estas Olimpiadas se celebran en Berlín, las próximas se celebrarán en Tokio, y las siguientes se celebrarán siempre en Alemania".

La comitiva de Hitler, camino del Estadio Olímpico de Berlín, para inaugurar las Olimpiadas de 1936:

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Los Juegos Olímpicos de 1936 también tuvieron su logo:

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Mensaje por David L » Mié Abr 05, 2006 6:53 am

Es curioso el saludo de los franceses con el brazo extendido, más si tenemos en cuenta que el Frente Popular con un socialista y además judío al frente del gobierno, Sr. Leon Blum, formaban gobierno en Francia.

Un saludo.
Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra... elegisteis el deshonor y tendréis la guerra.

Winston Churchill a Chamberlain.

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Mensaje por Loïc » Mar Abr 11, 2006 12:58 am

Es algo que sorpende pero era simplemente el saludo olimpico de esta epoca (desde 1920 creo) :
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Equipo del Canada haciendo el saludo olimpico, Juegos Olimpicos de Invierno 1936
Exclamation

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David L
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Mensaje por David L » Mar Abr 11, 2006 8:38 am

Pues no deja de ser curioso que el saludo que los fascistas italianos "exportaron" a otros regímenes totalitarios fuera el olímpico.

Un saludo.
Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra... elegisteis el deshonor y tendréis la guerra.

Winston Churchill a Chamberlain.

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Calígula
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Mensaje por Calígula » Mar Abr 11, 2006 9:08 am

Pero fueron los mismos romanos (del imperio), quienes empezaron a saludar con el brazo en alto.
Heinrich Heine [i]Allí donde se queman los libros, se terminaran quemando personas[/i]

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Jan7
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¿Sabiáis que

Mensaje por Jan7 » Sab Jul 01, 2006 5:59 am

¿Sabiáis que fueron las primeras transmisiones de televisión?

La Historia fué la siguiente: Transmisión directa al Reichstag de las competiciones deportivas. Y según ví en un documental de Via Digital, como realizaban película de muchos temas previa, para poderla transmitir luego, Hay muchas horas de programación. Eso sí, como la ganancia de vídeo era poca, salvo lo realizado en la calle tenía que ser iluminado con poténtisimos focos......
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Shindler
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Mensaje por Shindler » Lun Ene 29, 2007 11:27 pm

Hola, traslado el informe que tomé de ;

LA OLIMPIADA NAZI

Historia de los Juegos olímpicos
Tomo 1 fascículo X

La fastuosa ceremonia inaugural

Sábado 1° de Agosto
El cielo está cubierto y la lluvia cae a ratos. A las cuatro de la tarde, desde lo alto de la gran torre oeste del estadio abarrotado por ciento diez mil espectadores, un solo de trompeta saluda la llegada del canciller Adolf Hitler. Este entra al recinto acompañado del conde Baillet Latour a su derecha y el doctor Lewald a su izquierda, seguidos de los miembros del C.I.O, de los del Comité Organizador y lugartenientes del Fuhrer. Marchan a lo largo de la pista mientras un coro de diez mil voces y orquesta dirigidos por Richard Strauss interpretan el DEUTSCHLAND UBER ALLES continuado por el HORST WESSEL y seguido del himno olímpico. Una niña se cruza en la pista con el Fuhrer para entregarle un ramo de flores. Cuando el cortejo llega a la tribuna principal, la canmpana olímpica empieza lentamente a sonar y los equipos de las naciones participantes entran con precisión al estadio. El primero en hacerlo es el de Grecia que por su historia posee el derecho...
Los atletas dan la vuelta entera a la pista para colocarse en el césped frente a las tribunas en un magnífico espectáculo multicolor, mientras el dirigible Hindenburg a unos cientos de metros, sobrevuela el estadio llevando colgada la bandera olímpica. La orquesta tocando el himno de cada nación que va apareciendo en el recinto, la cual es precedida por el portador de un cartel con el nombre de la misma y el abanderado. Cuando las banderas pasan ante la tribuna se inclinan, todas excepto la americana según su costumbre. Las 49 naciones participantes, con un total de 4069 atletas de los cuales 328 son mujeres...
Cuando el desfile termina y ya con todos los participantes colocados en el lugar asignado, los miembros del C.I.O. y del comité Organizador se colocan al lado de un púlpito desde el cual el doctor Lewald en un parlamento de 20 minutos da la bienvenida a todos los atletas. Luego Adolf Hitler inagura los Juegos. El conde Baillet Latour le ha insistido el no pronunciar más palabras que las reglamentarias y aquél se somete a ello, pero pronuncia con tanto vigor y seguridad de sí mismo que al igual que sus discursos, cuando resuenan hacen estremecer de gozo a todos sus súbditos.
En el estadio, en los altavoces de Berlín y en los aparatos de radio de toda Alemania resuena su chillona voz: "Ich Erklare die Spiele in Berlin zur feier der XI Olympiade neuer Zeitrechnung als Eroffnet" (Declaro inaugurados los juegos de Berlín que celebran la XI Olimpíada de la era moderna). Sus palabras son remarcadas por el sonido de sesenta trompetas seguidas de once cañonazos. Luego en el mástil central del estadio es izada la gran bandera olímpica al tiempo que en los cien mástiles que contornean los graderíos suben otras tantas banderas de las naciones participantes alternadas con las de la svástica. Son soltadas tres mil palomas como símbolo de anuncio de la buena nueva al mundo y es en este momento cuando la llama sagrada encendida en la Olimpia llega, despu{es de atravesar las principales avenidas de Berlín desde lustgarden a la Unter der Linden donde su paso ha sido vigilado por cien mil miembros de las juventudes Hitlerianas y aplaudido por unos dos millones de alemanes. El portador de la antorcha en este último relevo es Erik Schilgen, un especialista en 1500 metros lisos, rubio, ario y de buena estampa que cual Sigfrido escapando de la tetralogía wagneriana entra en el estadio parándose un momento para mostrar el fuego sagrado y luego, con paso seguro correr graciosamente a lo largo de la pista paseando ante los atletas y dejando una estela de humo blanco tras él, para subir las escalinatas que llevan al gran pebetero situado en la puerta oeste y en un momento de gran emoción, encender con su pequeña llama el gran fuego que habrá de presidir los Juegos durante 15 días. La orquesta dirigida por Strauss, ataca un nuevo Himno Olímpico, compuesto por él mismo y en la tribuna Hitler recibe Spiridon quien le hace entrega de una rama de olivo de Olimpia como símbolo de la paz que debe reinar entre las naciones amantes del olimpismo...


Ojalá esa olimpíada no hubiese terminado nunca más...
Ojalá esa fiesta no tuviese fin...
Y de nada más que festejos estuviera enmarcada la historia de los últimos 60 años.
"La esclavitud crece sin medida cuando se le da apariencia de libertad."
Ernst Jünger

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Jan7
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Mensaje por Jan7 » Lun Ene 29, 2007 11:44 pm

Me has dejado absolutamente fascinado con las reflexiones que has tomado del informe, Shindler........
73 y buenos DX de Jan7

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