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El juicio contra el mariscal Manstein, 1949

Los juicios de Núremberg, las nuevas fronteras

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El juicio contra el mariscal Manstein, 1949

Mensajepor José Luis » Mié Dic 08, 2010 9:06 pm

¡Hola a todos!

El 7 de mayo de 1953 el alcalde de Allmendingen decretó a primera hora de la mañana día festivo en el pueblo; las calles fueron decoradas con flores y recorridas por la banda de música. La gente no sabía a qué se debía semejante inesperada celebración, pero pronto supieron que el famoso mariscal Erich von Manstein había sido finalmente liberado. Habían pasado casi exactamente ocho años (el casi por un día) desde que había sido internado bajo custodia británica en Schleswig-Holstein el 8 de mayo de 1945.

Finalmente las autoridades británicas decidieron oficialmente conceder la libertad al célebre mariscal alemán, poniendo así un fin prematuro a la condena de 18 años de prisión que inicialmente había dictado el presidente del tribunal militar británico el 19 de diciembre de 1949, tras sesenta y dos días de juicio en la Curio-Haus de Hamburgo. En realidad, Manstein ya llevaba disfrutando de una relativa libertad, habida cuenta que desde febrero de 1953 los británicos le permitieron gozar de un largo período de convalecencia en Allmendingen, una pequeña población a unos 30 kilómetros al oeste de Ulm, donde permaneció bajo “arresto domiciliario”. Aquí, en compañía de su esposa Jutta-Sibylle, recibió la noticia oficial de su liberación. Manstein agradeció entusiasmado las muestras de alegría de los ciudadanos de Allmendingen y todo el apoyo que le habían brindado a él y su mujer durante el tiempo de su “encarcelamiento”, concluyendo: “No pensemos en los sufrimientos del pasado, sino en el futuro. Nuestras esperanzas están puestas en la reconciliación de las naciones y en la unidad de Europa”*.

La liberación de Manstein en 1953 fue el resultado final de las campañas que varios grupos de presión políticos, civiles y militares habían venido realizando durante los últimos años en Inglaterra y Alemania, en una época caracterizada por los inicios de la Guerra Fría, la guerra de Corea, las negociaciones para la entrada de Alemania Federal en la NATO (1955) y la organización de las nuevas fuerzas armadas alemanas (Bundeswehr, 1955).

Con Manstein quedaba libre el principal arquitecto que en el otoño de 1945 había urdido la estrategia base para la creación y divulgación del mayor mito de la Segunda Guerra Mundial, aquel que afirmaba que la Wehrmacht había combatido con honor y caballerosidad en la guerra. Se liberaba también a uno de los mariscales de campo alemanes que más involucrado estuvo en los crímenes contra la paz, crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra del régimen nazi. Los crímenes, así rezaba su historia, habían sido obra exclusiva de Hitler, el Partido Nazi y la SS.

La finalidad de este artículo es dar a conocer las circunstancias políticas que llevaron finalmente al gobierno británico a decidir en 1948 iniciar los procedimientos legales para encausar a Manstein, el juicio que siguió contra él en Hamburgo en 1949 y, finalmente, las circunstancias que llevaron finalmente a su liberación en 1953. Pero antes de entrar en materia es necesario relatar, aunque sea brevemente, cómo discurrieron los años que vivió Manstein desde su destitución como Comandante en Jefe (Oberbefehlshaber) del Grupo de Ejércitos Sur (Heeresgruppe Süd) en marzo de 1944 hasta la apertura de su juicio en Hamburgo en agosto de 1949.

El plan de entregas es el siguiente: hoy colgaré lo que me interesa en relación al tema de la vida de Manstein entre marzo de 1944 y agosto de 1946. El sábado 18, si no hay novedad, pondré el siguiente capítulo dedicado a la acusación del Tribunal Militar Internacional de Nuremberg contra el Estado Mayor General del Ejército (Generalstab des Heeres) y el Alto Mando de la Wehrmacht (OKW) para que se declarara como una organización criminal. Luego estaré de viaje hasta el día 22, si todo va bien. A la vuelta prepararé ya el capítulo del juicio contra Manstein en Hamburgo en 1949, y lo publicaré cuando lo haya terminado, espero que después de Navidades. Hasta ese momento, siempre se puede debatir cualquier asunto de interés.

*Mungo Melvin, Manstein. Hitler's Greatest General (London: Weidenfeld & Nicolson, 2010), p. 494.

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El juicio contra el mariscal Manstein, 1949

Mensajepor José Luis » Mié Dic 08, 2010 9:35 pm

De su destitución como comandante en jefe del Grupo de Ejércitos Sur (30-3-1944) a su arresto e internamiento como prisionero de guerra bajo custodia británica (26-8-1945).-

En la mañana del 30 de marzo de 1944 Manstein voló al Obersalzberg para ser enterado por Hitler que había sido relevado del mando. En realidad, una llamada telefónica de su jefe de estado mayor al Jefe del Estado Mayor General del OKH (en adelante, EMG), Zeitzler, desde el aeródromo de Lvov (Lemberg) le había permitido conocer por adelantado el motivo de su viaje. Manstein, según cuenta en sus memorias, se despidió de Hitler con las siguientes palabras: “¡Ojalá, mi Führer, no tenga usted nunca motivo para lamentar su decisión de hoy!” (1). Melvin Mungo ingeniosamente interpreta el verdadero significado de esa frase de Manstein como “sin mí, no espere que mejore la situación militar” (2).

Desde abril de 1944 hasta la capitulación alemana en mayo de 1945 cabe reseñar que la principal idea que, al margen de otras cuestiones y asuntos privados (3), caracterizó esta etapa de la vida de Manstein fue su ardiente deseo, casi obsesión, e intentos para que se le diese nuevamente el mando de un grupo de ejércitos (como mínimo). Y esto es lo que quiero subrayar en este capítulo.

Mientras convalecía en Liegnitz tras una muy complicada operación de cataratas en su ojo derecho, Manstein envió a su ayudante Stahlberg de visita a varios cuarteles generales para permanecer enterado en todo momento de la situación operacional del ejército. En mayo siguió su convalecencia en un sanatorio militar de Weisser Hirsch, Dresde, donde acabó recuperando lentamente la vista y la salud. Sin embargo, no llegaba ninguna noticia sobre una nueva comisión; Manstein se sintió profundamente decepcionado cuando se enteró de que no había sido el elegido para el puesto de comandante en jefe del Oeste (Oberbefehlshaber West) tras la destitución de Rundstedt en julio; en cambio habían nombrado a Kluge. La decepción debió volverse frustración cuando Hitler, tras los sucesos del 20 de julio, decidió nombrar a Guderian Jefe del EMG, un puesto que Manstein siempre creyó que le correspondía por derecho propio ya desde que fue destituido como OQI (en la práctica subjefe del EMG) en febrero de 1938. Y luego, cuando Kluge fue relevado del mando en agosto por su relación con la conjura del 20 de julio y en su lugar volvieron a llamar a Rundstedt, la frustración de Manstein debió ser completa.

Sin cejar en su empeño, Manstein recurrió a finales de agosto a su amigo Guderian escribiéndole en una carta: “Comprenderá qué insoportable es para mí estar sentado sin nada útil que hacer, especialmente en una pequeña ciudad como Liegnitz, donde naturalmente todo el mundo se pregunta por qué estoy sentado en casa mientras la guerra continúa”. “Debo asumir que el Führer no me está teniendo en cuenta para un nombramiento” (4). En varias ocasiones Guderian, según su propia cuenta, planteó a Hitler la posibilidad de recuperar a Manstein como sustituto de Keitel al mando del OKW; Hitler rechazó sistemáticamente el asunto (5).

Entonces, el 29 de enero de 1945 Manstein decidió ir a ver personalmente a Hitler a la Cancillería del Reich. Acompañado de Stahlberg entró en la Cancillería donde fue saludado por una guardia SS (dos SS) a quien se presentó, levantando su bastón de mando, como el mariscal de campo Erich von Manstein, pidiendo que notificaran de su llegada al Führer. Preguntado si tenía cita, respondió que no, pero que le traían asuntos muy urgentes que resolver con el Führer. Uno de los SS dejó la guardia y regresó al cabo de media hora para decirle que traía órdenes para informarle que el Führer no iba a recibir a nadie. Un Manstein incrédulo le preguntó al SS si le había dicho al Führer o a alguno de sus ayudantes quién era él. El SS le respondió positivamente. Manstein pidió entonces ver a alguno de los ayudantes de Hitler. El SS le respondió que tenía órdenes de no dejar entrar a nadie. Encolerizado, Manstein abandonó la sala sin siquiera saludar. Para él era un insulto que ni siquiera pudiera ver a uno de los ayudantes del Führer (6).

El extraordinario empeño de Manstein en conseguir una comisión casi se vio recompensado el 1 de mayo de 1945, cuando Dönitz, a quien Hitler había nombrado su sucesor antes de suicidarse, lo quiso nombrar Jefe del OKW, pero la incapacidad de contactar con Manstein evitó el nombramiento (7).

La increíble obstinación por conseguir volver al servicio activo refuerza la opinión de quienes pensamos que el ego de Manstein no tenía límites y que se creyó, hasta el mismo final, el único militar capacitado para evitar la derrota, una especie de "salvador de la patria". ¿Creyó realmente que la guerra todavía no estaba perdida? Todo parece indicar que sí. El 18 de enero de 1945 los Manstein y Stahlberg habían viajado a Lorzendorf en Kreis Namslau con motivo del matrimonio que se iba a celebrar entre el hermano de Stahlberg, Hans-Conrad Stahlberg, y Maria von Loesch, sobrina política de Manstein (carnal de su mujer) (8). Mientras se registraba el matrimonio, Manstein se fue en coche para realizar unas compras en una tienda en Reichtal, en lo que había sido la antigua frontera germano-polaca. De camino se topó con un general que le informó que los tanques rusos se encontraban a unos diez kilómetros y que con casi toda seguridad intentarían forzar el Oder esa noche (9). Al regresar a Lorzendorf, Manstein comunicó las malas nuevas, y al anochecer, dejando el banquete sin concluir, las familias partieron a toda prisa hacia la estación de Namslau para coger el tren a Breslau. Pero antes, en el banquete, Manstein había alzado su copa para brindar: “¡Incluso en esta hora pensamos en nuestras tropas de combate y en nuestro Führer!” (10). Según Stahlberg, Manstein gritó en ese banquete: “Aún no es el fin, aún no” (11).

El sábado 5 de mayo de 1945 Manstein pidió a Stahlberg que escribiese una carta personal en inglés dirigida al mariscal Montgomery, en la que debía comunicar su paradero y su deseo de ponerse a disposición de su homólogo británico. Al día siguiente Stahlberg partió con la carta de Manstein camino del cuartel general de Monty, al que llegó por la tarde. Tras entregar la carta esperó bastante tiempo por la respuesta del mariscal británico, que llegó por medio de un oficial de estado mayor en una carta que pedía que Manstein permaneciese en la Weissenhaus hasta nueva noticia. El 8 de mayo de 1945 Manstein fue internado en el Área Restringida F en Schleswig-Holstein, disfrutando durante más de tres meses de ciertos privilegios, si bien jamás fue recibido por el mariscal Montgomery. Durante este tiempo de cautividad en la zona restringida se le permitió vivir con su mujer y su hijo en sus habitaciones privadas de invitados en la Weissenhaus, tener a su disposición su coche de estado mayor y su conductor, y conservar su arma personal. Sin embargo, tuvo que ocasionarle un enorme disgusto el robo de su preciado bastón de mariscal de campo, cuyo paradero sigue siendo un misterio hoy en día. Bajo su palabra de honor, se le permitió viajar fuera de la zona restringida para recibir tratamiento médico, de nuevo por problemas en su ojo, pero también por un peligroso absceso producido como consecuencia de una mala inyección. El tratamiento médico se interrumpió bruscamente el 26 de agosto de 1945, cuando fue arrestado y conducido como prisionero de guerra por la policía militar británica al Munsterlager, un campo de prisioneros de guerra, cerca de Lüneburg (12).

(1) Erich von Manstein, Victorias Frustradas (Barcelona: Inédita Editores, 2006), p. 722. Véanse las pp. 720-725 para la cuenta de Manstein de su destitución y días siguientes al 30 de marzo.

(2) Melvin, Op. Cit., p. 418.

(3) Para una cuenta de esta cuestión véase Alexander Stahlberg, Bounden Duty. The Memoirs of a German Officer 1932-1945 (London: Brassey's, 1990) y Mungo Melvin, Op. Cit.

(4) Melvin, 424.

(5) Heinz Guderian, Recuerdos de un Soldado (Altaya, 2007), p. 336.

(6) Véase Stahlberg, Op. Cit., 388-390.

(7) Véase Dönitz, Diez Años y Veinte Días (Madrid: La Esfera de los Libros, 2006), p. 706.

(8) El matrimonio duraría 12 años. En 1957 Maria se casó con Adolf Frisé y trabajó de periodista para el Frankfurter Allgemeine Zeitung; Melvin, p. 587, nota 23. Véase Marie Frisé: http://de.wikipedia.org/wiki/Maria_Fris%C3%A9

(9) Esta es la cuenta de Stahlberg, pero Rudiger, el hijo de Manstein, la cuestiona, diciendo que el general le había dicho en realidad a su padre que los rusos estaban en Wilum, es decir, a unos 60 kilómetros. Melvin, p. 587, nota. 21.

(10) Melvin, p. 587, nota 25.

(11) Stahlberg, 380.

(12) Melvin, 431.

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El juicio contra el mariscal Manstein, 1949

Mensajepor José Luis » Vie Dic 10, 2010 12:13 pm

Del Palacio de Justicia de Nuremberg, octubre de 1945-agosto de 1946, al Campo de Prisioneros de Guerra en Bridgen (Gales), septiembre de 1946.-

Manstein permaneció en el campo de prisioneros de guerra de Lüneburg hasta que fue llevado el 18 de octubre de 1945 al cuartel general del ejército británico en Bad Oeynhausen (1). Al día siguiente fue trasladado a Nuremberg y encerrado en el ala para testigos habilitada a tal efecto en el Palacio de Justicia, el lugar donde se iba a celebrar el juicio contra los mayores criminales de guerra nazis (International Military Tribunal vs. Hermann Göring et al), al tiempo que se acusaría a seis grupos u organizaciones de ser organizaciones criminales: 1) el Gabinete del Reich, 2) el Cuerpo de Liderazgo del Partido Nazi, 3) la SS con la SD, 4) la Gestapo, 5) la SA, y 6) el Estado Mayor General del Ejército y el Alto Mando de la Wehrmacht (OKW) (2). Tanto los 24 acusados (Göring et al) como las seis organizaciones iban a ser juzgados bajo las tres amplias categorías de “crímenes contra la paz”, “crímenes de guerra” y “crímenes contra la humanidad” estipuladas en la Sección II, Artículo 6 del Estatuto del Tribunal Militar Internacional de Nuremberg (3).

Robert H. Jackson, juez del Tribunal Supremo de Estados Unidos, fue el Fiscal Jefe americano de la acusación, con el general William J. Donovan como su primer adjunto. El general Donovan era contrario a que el Estado Mayor General (EMG en adelante) alemán fuese inculpado como una organización criminal, por lo que, contraviniendo sus instrucciones, ofreció “a los antiguos generales de la Wehrmacht la posibilidad de preparar de forma óptima su defensa” (suceso que provocó una violenta disputa entre Jackson y Donovan) (4). A tal fin, Donovan se dirigió a un abogado alemán, Dr. Leverkuehn (que más tarde formaría parte de la defensa de Manstein en 1949), en busca de consejo para elaborar un documento que resumiera el desarrollo del ejército alemán (el Reichsheer-Heer) desde el final de la IGM hasta 1945. Leverkuehn contactó con el antiguo comandante en jefe del OKH, mariscal de campo Walther von Brauchitsch, quien a su vez llamó a Manstein, al coronel general Franz Halder, al general de Artillería Walter Warlimont y al general de Caballería Siegfried Westphal para ayudar en la preparación del documento. Manstein fue el gran inspirador de este documento mecanografiado de 134 páginas; junto con Westphal escribió las secciones de 1920-1938 y del otoño de 1942 a 1945. Brauchitsch y Halder escribieron el periodo intermedio, mientras que Warlimont añadió detalles sobre el OKW (5).

El documento, más conocido como el “memorando de los generales”, se tituló “El Ejército Alemán de 1920 a 1945” (“Das Deutsche Heer von 1920-1945”), fue concluido y fechado el 19 de noviembre de 1945 y dirigido al Tribunal Militar Internacional. Como documento para las partes del juicio fue de escaso valor para la acusación, pero de gran utilidad para la defensa. Manstein no fue sólo su gran diseñador, sino también el gran asesor de la estrategia de la defensa. Westphal escribió: “Sin el exhaustivo apoyo, que proporcionó durante toda la defensa, hubiera sido difícil haber alcanzado nuestro objetivo. La fenomenal memoria de Manstein, su extraordinaria capacidad de trabajo y su ingenioso ímpetu fueron simplemente indispensables para nuestra defensa” (6).

Como documento histórico fue la base fundamental de la que surgió y se alimentó el mito de la “limpia” y “honorable” Wehrmacht durante varias décadas. Su viciada naturaleza no está en las posibles inexactitudes derivadas de ser un documento escrito de memoria y sin acceso a documentación oficial, sino en la inequívoca decisión de sus autores de tergiversar, omitir o simplemente falsear las decisiones, inacciones y/o acciones inmorales y/o ilegales realizadas por el EMG y el OKW antes de la guerra y durante la misma con el objetivo de presentarlas bajo una perspectiva moral y/o legal, cuando fue posible, o, en caso contrario, atribuirlas directamente a Hitler o al resto de organizaciones nazis.

Como ha escrito Wolfram Wette, “Un erudito [Meyer] ha caracterizado el memorando como un 'documento de autoengaño'. Pero fue mucho más que eso, un paso importante más en el gran encubrimiento que produciría la leyenda de las 'manos limpias' de la Wehrmacht”. Y sigue para citar a Manfred Messerschmidt, que estudió el contenido del memorando en gran parte ignorado hasta la década de 1990. Al contrastar las afirmaciones de inocencia de los generales con la realidad, concluye Messerschmidt en palabras de Wette: “Los escritores vieron como su máxima prioridad 'demostrar que el ejército había estado contra el partido y la SS, había desaprobado casi todas las decisiones importantes de Hitler, y se había opuesto a la comisión de crímenes de guerra'. De esta forma, su autodefensa ya contenía todos los elementos claves de lo que se convertiría en la opinión pública dominante de la Wehrmacht durante décadas, restando importancia a sus verdaderas acciones y minimizando el papel del OKW y del OKH en la Segunda Guerra Mundial. La amarga conclusión de Messerschmidt: 'ninguno de los escritores asumió responsabilidad por sus propias acciones o inacciones'” (9).

En su conjunto, el memorando presentaba a una “honorable” Wehrmacht que se vio sometida a los abusos de Hitler; los fracasos de las operaciones militares habían tenido como causa principal los equivocados juicios de Hitler, quien, obviamente, no estaba en Nuremberg para defenderse. Descartaron la “Orden de los Comisarios” alegando que no había sido distribuida por el OKH y subrayando que el entonces comandante en jefe del ejército, Brauchitsch, había cursado instrucciones suplementarias exigiendo un correcto comportamiento de las tropas. Pintaron igualmente una excelente cooperación entre el OKW y el OKH. Al tratar la cuestión de la administración de los territorios ocupados, absolvieron completamente al ejército de cualquier parte de responsabilidad colectiva. Y aunque no negaron la posibilidad de que hubiera habido “severos castigos” en la guerra contra los “partisanos” y las “bandas”, subrayaron que esos casos “fueron investigados” cuando llegaron a oídos de los superiores. En cuanto a la política de “tierra quemada”, es decir, la destrucción material que acompañó la retirada de territorios ocupados, se justificó en base a la necesidad militar y bajo las “leyes generales concernientes a la conducción de la guerra”. Finalmente, al considerar la oposición militar a Hitler, escribieron: “Los oficiales que se educaron como cristianos -y esto constituyó la vasta mayoría, especialmente en la generación más vieja”- no podían “romper su juramento a su Comandante Supremo, y mucho menos matarlo” (10). La mayoría de estos comentarios fueron obra de Manstein y serían recurrentes, en igual o similar forma, en sus declaraciones como testigo durante el juicio (agosto de 1946) y durante su juicio en Hamburgo (1949). Las memorias que escribió en dos volúmenes tienen la impronta imborrable de esta gran falsificación histórica. De los judíos ni una palabra.

La acusación contra el EMG y OKW se abrió el 4 de enero de 1946. Quizás sea conveniente explicar este juicio para evitar confusiones con otros. Este caso (como el de las otras cinco organizaciones nazis ya descritas) corrió paralelo al caso principal contra Göring et al, que se conoce en su conjunto como el Juicio del Tribunal Militar Internacional de Nuremberg (IMT en sus siglas en inglés) establecido a partir del Estatuto de Londres de 1945, que es el que ha sido llevado mayormente al cine, la televisión y la literatura. Aunque todas las cuentas se centraron en los interrogatorios y sentencias de los famosos 24 encausados (Göring, Keitel, Jold, Hess, Speer, etc.), no fueron menos importantes, aunque ciertamente sí menos sensacionales, las acusaciones de los fiscales y los interrogatorios llevados a cabo durante las sesiones relativas a las seis organizaciones que se buscaba declarar criminales. El juicio principal se abrió el 20 de noviembre de 1945 y se cerró con las sentencias el 1 de octubre de 1946. Más tarde hubo otros juicios contra criminales de guerra que se conocen como Juicios de Criminales de Guerra ante los Tribunales Militares de Nuremberg (NMT en sus siglas en inglés), dirigidos por los americanos bajo la Control Council Law No. 10, en concreto doce juicios, entre los cuales está el Juicio contra el Alto Mando, oficialmente conocido como The United States of America vs. Wilhelm von Leeb et al, y más conocido como el “Caso contra el Alto Mando” o “Caso 12”, que tuvo lugar entre el 5 de febrero y el 28 de octubre de 1948 (11). Por tanto, evítese confundir este “Caso del Alto Mando” de 1948 que pertenece a los NMT con el caso al que nos estamos refiriendo en este capítulo contra el EMG y OKW de 1946 que pertenece al IMT.

Como dije, la acusación contra el EMG y OKW (la última de las acusaciones contra las seis organizaciones nazis) se abrió el 4 de enero de 1946 con la presentación del caso a cargo del coronel Telford Taylor (fiscal americano) (12), y terminó el 30 de septiembre de 1946 con la sentencia del tribunal que declaró que el EMG y el OKW no eran una organización criminal (13). Manstein comenzó a declarar como testigo el viernes 9 de agosto (14) y terminó el lunes 12 de agosto de 1946 (15), siendo interrogado por el abogado de la defensa, Dr. Laternser (que también defendería a Manstein en Hamburgo), el coronel Taylor (adjunto fiscal americano) y, finalmente, el mayor general Alexandrov (adjunto fiscal soviético).

Las declaraciones de Manstein (16) causan auténtico asombro a quien conoce un poco la verdadera realidad del ejército alemán durante la dictadura de la Alemania nazi, antes y durante la guerra. Constituyen, simplemente, un rosario de distorsiones y mentiras con el fin de falsear en lo esencial la historia del ejército alemán y de este modo librar a su liderazgo institucional -OKW-OKH- al que Manstein pertenecía por currículum, comisión y desempeño, de toda responsabilidad de los tres cargos presentados por la acusación. Todas sus declaraciones pueden consultarse y analizarse en los enlaces suministrados en las notas 14 y 15 de este capítulo. Debido a que trataré con más detalle el tema de las declaraciones de Manstein en el juicio de Hamburgo, aquí sólo voy a porner, a modo de ejemplo, dos de sus declaraciones a la defensa, haciendo notar que declaraba bajo juramento (“Juro por Dios Todopoderoso y Omnisciente que diré toda la verdad y no retendré ni añadiré nada”) (17).

Al ser preguntado por el Dr. Laternser sobre qué tenía que decir sobre el tratamiento a los prisioneros de guerra, Manstein respondió que, en lo que a su jurisdicción concernía, “básicamente” como soldado respetaba a todo enemigo valiente, y que sabía desde la IGM que cualquier maltrato de prisioneros de guerra enemigos tendría repercusiones sobre sus propios soldados, por lo que, como cuestión de principio, trató a los prisioneros de guerra de la manera que se le había enseñado como soldado, y que además estaba obligado a hacerlo de acuerdo con las leyes de la guerra. Cuando Laternser le preguntó si podía dar alguna explicación por las bajas masivas entre los prisioneros de guerra rusos durante el primer invierno de la guerra, el mariscal contestó que su ejército llegó a tener enormes cifras de prisioneros de guerra, hasta 150.000, “y por supuesto siempre es difícil proporcionar repentinamente la comida y acomodo necesarios para cifras tan grandes. En lo que a mi ejército concernió, logramos hacer eso. Dimos permiso a la población, por ejemplo, para traer comida a los campos de prisioneros y así facilitar la situación” (18).

Desgraciadamente, esas respuestas fueron fundamentalmente una gran mentira. Ni se dio acomodo ni se alimentó, como era preceptivo según las Normas y Costumbres de la Guerra, al grueso de prisioneros capturado por el 11. Armee (primer y único ejército de campaña bajo mando de Manstein), sino todo lo contrario, y hasta se asesinó in situ o sobre la marcha a los más débiles y a los comisarios y trabajadores políticos, mientras que a las poblaciones de los territorios ocupados se les aplicó, tal como había sido planeado antes de Barbarroja, la “Política del Hambre”, bajo la cual las consecuencias mortales de su aplicación en la URSS fueron estimadas por sus planificadores que llegarían a ser en torno a los 30 millones de víctimas. Manstein, además, era plenamente consciente de que no sólo su ejército, sino todo el Ostheer, tenía el grueso de su alimentación y sustento en la rapiña masiva y sistemática de todos los productos alimenticios y cosechas existentes en los territorios ocupados (19).

A la pregunta de Laternser de si había sabido de la intención y de la orden de exterminar a los judíos y otras partes de la población, Manstein afirmó que nunca había oído hablar de eso (20). Sin embargo, fue el propio CG del 11. Armee quien pidió al Einsatzgruppe D de Otto Ohlendorf ejecutar con la máxima urgencia la “limpieza” de Simferopol, y, en consecuencia, entre el 11 y el 13 de diciembre de 1941 fueron asesinados unos 13.000-14.000 hombres, mujeres y niños judíos de la ciudad (21). El estado mayor del CG del 11. Armee jamás habría solicitado esto sin el conocimiento y aprobación de su comandante en jefe.

Cuando terminó su papel como testigo en Nuremberg, Manstein fue devuelto a la custodia británica en Reino Unido a finales de agosto de 1946. De Nuremberg fue enviado al “London District Cage”, un antiguo centro de interrogatorios que alojaba a la Unidad de Investigación de Crímenes de Guerra (WCIU en sus siglas en inglés) en Kensington Palace Gardens, y de aquí al Campo Especial No. 10, más conocido como Island Farm, que se encontraba en Bridgen, cerca de Gales. Manstein fue admitido en Island Farm el 2 de septiembre de 1946 como prisionero de guerra británico No. B33419 (22).

(1) Melvin, 432.

(2) Nuremberg Trial Proceedings Vol. 1. Indictment. Text of the Indictment:
http://avalon.law.yale.edu/subject_menu ... v1menu.asp

(3) Ibid., Charter of the International Military Tribunal, Art. 6:
http://avalon.law.yale.edu/imt/imtconst.asp#art6

(4) Wolfram Wette, The Wehrmacht. History, Myth, Reality (Cambridge, Massachusetts: Harvard University Press, 2007), p. 206. Puede consultarse la versión española bajo el título La Wehrmacht. Los crímenes del Ejército Alemán (Crítica, 2007), p. 236. Mis citas en este artículo corresponden a la versión inglesa.

(5) Melvin, 432.

(8) Melvin, 449.

(9) Wette, pp. 207-208 (versión inglesa), p. 237 (versión española).

(10) Melvin, pp. 433-435.

(11) Trials of War Criminals Before the Nuremberg Military Tribunals, Volume X, “The High Command Case” (Washington: United States Government Printing Office, 1951). El juicio se celebró en el Palacio de Justicia de Nuremberg ante el Tribunal Militar Va. Se presentaron cargos contra 14 acusados que finalmente se quedaron en 13 por la muerte de Blaskowitz: Wilhelm von LEEB, Hugo SPERRLE, Georg Karl Friedrich-Wilhelm von KUECHLER, Johannes BLASKOWITZ, Hermann HOTH, Hans REINHARDT, Hans Von SALMUTH, Karl HOLLIDT, Otto SCHNIEWIND, Karl von ROQUES, Hermann REINECKE, Walter WARLIMONT, Otto WOEHLER y Rudolf LEHMANN.

(12) Véase http://avalon.law.yale.edu/imt/01-04-46.asp#staff

(13) Véanse pp. 520-521 de http://avalon.law.yale.edu/imt/09-30-46.asp

(14) Véase a partir de la p. 593: http://avalon.law.yale.edu/imt/08-09-46.asp

(15) Tras los primeros párrafos: http://avalon.law.yale.edu/imt/08-12-46.asp

(16) Quien no tenga ganas de leerse todas las declaraciones de Manstein en los enlaces anteriores, puede ver un resumen en el informe final de la evidencia de los testigos, a partir de la p, 108: http://avalon.law.yale.edu/imt/naeve.asp

(17) p. 593: http://avalon.law.yale.edu/imt/08-09-46.asp

(18) Ibid., 610.

(19) Véase el excelente trabajo del compañero de foro Grossman en:
viewtopic.php?f=69&t=12711

(20) Final p. 616: http://avalon.law.yale.edu/imt/08-09-46.asp

(21) Yitzhak Arad, The Holocaust in the Soviet Union (Jerusalem: Yad Vashem, 2009), p. 205.

(22) Melvin, 451. Sobre Island Farm recomiendo se visite:
http://www.islandfarm.fsnet.co.uk/
Sección dedicada a Manstein: http://www.bridgend-powcamp.fsnet.co.uk ... nstein.htm

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El juicio contra el mariscal Manstein, 1949

Mensajepor José Luis » Dom Dic 19, 2010 2:16 pm

Taylor encuentra nuevas evidencias incriminatorias de crímenes de guerra contra Manstein.-

En Island Farm, Manstein fue alojado en el bloque más confortable junto con los mariscales Brauchitsch y Rundstedt, y el hijo de este último. Justo al día siguiente de la admisión de Manstein había dejado el campo el mariscal von Kleist (1). Aquí las condiciones de alojamiento y vida fueron un lujo en comparación con los meses vividos en Nuremberg; sin estar obligado a trabajar, a Manstein se le permitió plantar y cuidar un pequeño jardín, y, bajo su palabra de honor, pudo salir de la zona alambrada y visitar el pueblo, privilegio concedido igualmente a todos los prisioneros de guerra alemanes que eran oficiales superiores (2). La relación entre Manstein y Rundstedt durante su estancia en el campo fue de mutua y creciente antipatía hasta que finalmente se dejaron de hablar. No están claras las raíces de esta antipatía, pero parece ser que Rundstedt creía que Manstein todavía conservaba en demasía una postura nazi (3). La tensión tocó a su fin cuando Manstein, a causa de una recaída en sus problemas de cataratas y de la sospecha de una diabetes, fue transferido a primeros de octubre de 1947 al Hospital Militar No. 99 de Shugborough Park, Great Haywood, cerca de Stafford, donde también se encontraba internado desde abril el mariscal Brauchitsch por problemas estomacales (4).

Dejemos ahora al mariscal Manstein con sus problemas de salud en Shugborough Park y trasladémonos a Nuremberg un año antes. Tras el final de Juicio del Tribunal Militar Internacional de Nuremberg (1945-1946), las potencias vencedoras que se habían repartido la ocupación y administración de Alemania (USA, URSS, GB y Francia) y algunas aliadas “menores” (como Polonia y Yugoslavia, por ejemplo) decidieron continuar o iniciar, según el caso, acciones legales para proceder a encausar a criminales de guerra del Eje.

Estados Unidos, en cuya zona de ocupación se encontraba Nuremberg, continuó hasta bien entrado 1949 con procedimientos legales en Nuremberg contra los que se dio en llamar entonces “mayores criminales de guerra de segunda fila”. Debido al lugar de su celebración y a la relación con el juicio de “Göring et al”, los nuevos procesos fueron conocidos como los “posteriores procesos de Nuremberg” o Nachfolgeprozessen (5). La legitimación para estos procesos venía dada po un estatuto de ocupación conocido como Control Council Law no. 10 (CCL10) de diciembre de 1945 (6). Bajo el amparo de este estatuto las autoridades estadounidenses llevaron a cabo los doce juicios a los que ya hemos aludido en el capítulo anterior, oficialmente conocidos como Juicios de Criminales de Guerra ante los Tribunales de Nuremberg (NMT) (7).

Los británicos también continuaron acciones judiciales contra criminales de guerra del Eje, pero lo hicieron en base a un controvertido estatuto de junio de 1945 conocido como Royal Warrant (RW) (8). Los procedimientos fueron iniciados por el departamento del ejército del Auditor Militar General (Judge Advocate General o JAG), que respondía ante la Oficina de Guerra, si bien la política general del programa de juicios británico era responsabilidad de la Oficina de Exteriores (9). El primer juicio bajo la RW comenzó el 17 de septiembre de 1945 y fue conocido como el “juicio de Belsen”, por el nombre del campo donde habían servido todos los acusados (10).

Telford Taylor fue el fiscal escogido por Jackson en 1946 como su suplente (en octubre lo sucedería como fiscal jefe tras la dimisión de Jackson) para dirigir la investigación y los procedimientos judiciales posteriores, a la vez que fue nombrado por el Departamento de Guerra como Jefe del Consejo para Crímenes de Guerra (CCWC en sus siglas en inglés), la oficina encargada de preparar esos juicios.

En octubre de 1947 la oficina de Taylor había reunido suficientes pruebas para proceder judicialmente contra varios militares alemanes en lo que luego sería conocido como el “Caso del Alto Mando” (von Leeb et al). Una parte importante de dichas pruebas no sólo venía a desacreditar los testimonios de tres de los principales testigos que habían participado en el caso contra el EMG y el OKW dentro del Juicio del Tribunal Militar Internacional de Nuremberg, sino que también los implicaba de lleno en crímenes de guerra. Los tres testigos eran los mariscales de campo von Brauchitsch, von Rundstedt y von Manstein; se consideraban las pruebas contra los dos últimos “aplastantes” (“overwhelming”), las más sólidas contra cualquier potencial acusado, mientras que las que incriminaban a Brauchitsch se tomaron como suficientes para encausarlo. Los tres estaban fuertemente implicados en la emisión y distribución de órdenes criminales en el Frente Oriental (como la “Orden de los Comisarios” y el “Decreto de Jurisdicción de Barbarroja”) y en proporcionar apoyo y ayuda logística a los Einsatzgruppen (11).

El punto determinante, para lo que seguirá en el siguiente capítulo, fue que los tres mariscales estaban bajo custodia británica (aunque Rundstedt era oficialmente prisionero de guerra americano), por lo que cualquier posible decisión para su procesamiento competía exclusivamente a las autoridades británicas: la Oficina de Exteriores y, en última instancia, el gobierno. El siguiente capítulo, seguramente para después de Navidades, tratará precisamente las relaciones entre las autoridades de ocupación americanas en Alemania y las autoridades británicas en Londres sobre el curso a seguir en el caso de estos tres mariscales alemanes (y el coronel general Strauss), las diferentes posiciones e intereses políticos entre ambas y dentro de ellas mismas, las presiones de grupos de presión, etc., hasta la decisión final del gobierno británico de encausarlos.

(1) Había salido en dirección a Londoon District Cage, para proceder desde aquí a su extradición a Yugoslavia. Fue juzgado en este país como criminal de guerra y sentenciado a 15 años de prisión. En 1948 fue extraditado a la URSS, juzgado y sentenciado a prisión de por vida. Murió el 16 de octubre de 1954 en el campo de prisioneros de guerra de Vladimir, URSS, y la causa oficial de su muerte fue arterioesclerosis e hipertensión. http://www.islandfarm.fsnet.co.uk/Gener ... Kleist.htm

(2) Melvin, p. 452.

(3) Opinión de Ted Lees recogida en la biografía de Messenger sobre Rundstedt (The Last Prussian) con referencia a un programa de la TV británica, Canal Cuatro, y que cita Melvin, p. 457 y 594 (nota 33).

(4) Melvin, 457.

(5) Donald Bloxham, Genocide on Trial. War Crimes Trials and the Formation of Holocaust History and Memory (New York: Oxford University Press, 2001), p. 4. Aparte de otras lecturas al respecto, debo a este libro de Bloxham una parte decisiva para la explicación y comprensión del clima político y social bajo el cual tuvieron lugar las decisiones para proceder finalmente al juicio contra Manstein, así como las presiones para evitarlo, la celebración del juicio y las posteriores presiones y decisiones para su puesta en libertad de forma anticipada.

(6) Véase http://avalon.law.yale.edu/imt/imt10.asp

(7) Véase descripción y descarga: http://www.loc.gov/rr/frd/Military_Law/ ... inals.html

(8) Véase http://avalon.law.yale.edu/imt/imtroyal.asp

(9) Bloxham, 8.

(10) Oficialmente fue designado como Juicio de Josef Kramer y otros 44 (Trial of Josef Kramer and 44 others): http://www.ess.uwe.ac.uk/WCC/belsen1.htm

(11) Bloxham, 42-43.

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El juicio contra el mariscal Manstein, 1949

Mensajepor José Luis » Lun Dic 27, 2010 7:57 pm

El gobierno británico decide encausar a Manstein (junto con Rundstedt y Strauss).-

Una vez finalizado el Juicio del Tribunal Militar Internacional de Nuremberg, el gobierno británico comenzó a trabajar para acabar progresivamente con los juicios a criminales de guerra, y lo hizo de forma más decidida a medida que la situación política internacional en Europa, especialmente en la Alemania ocupada, caminaba hacia un enfriamiento de las relaciones entre los aliados y los soviéticos. Sin embargo, las cuatro potencias de ocupación en Alemania se habían comprometido oficialmente entre sí con una serie de programas de juicios a criminales de guerra de las potencias del Eje, y en esta encrucijada -entre los compromisos adquiridos y los intereses geopolíticos en desarrollo- se debatía el gobierno británico con respecto a qué hacer con los cuatro generales alemanes que tenían bajo su custodia como prisioneros de guerra.

En agosto de 1947 Taylor, el fiscal jefe americano, remitió parte de las pruebas reunidas contra Brauchitsch, Rundstedt, Manstein y Strauss a Hartley Shawcross, que era su homólogo británico (fiscal general), mientras que el general Lucius Clay, gobernador militar de la zona americana de ocupación en Alemania, hacía lo mismo con su homólogo británico, el mariscal de la RAF Sir Sholto Douglas. En realidad, los envíos de Taylor y Clay eran un recordatorio a los británicos de su obligación de considerar procedimientos legales o, de otra forma, permitir la extradición a los países interesados (1).

La extradición era la solución preferida para Frederick Bellenger, a la sazón Secretario de la Oficina de Guerra británica. Aparte de las cargas financieras y de personal que entrañaría un juicio, Bellenger sabía perfectamente que semejante elección produciría unas connotaciones políticas indeseadas debido al alto rango de los cuatro militares alemanes. Pidió consejo a la Oficina de Exteriores de Ernest Bevin y finalmente dejó toda la responsabilidad en manos de esta oficina, cuyo personal coincidía con el punto de vista de Bellenger; también era de la misma opinión el Lord Canciller Villiam Jowitt. Estos caballeros argumentaron su opinión en base al resultado de las encuestas sobre una opinión pública que mostraba su rechazo a los juicios, quizás cansada de ellos; así, parecía innecesario añadir más problemas a los existentes, especialmente con un caso de la magnitud de los mariscales alemanes.

Ante la idea británica de incluirlos en el juicio que los americanos estaban preparando contra el Alto Mando alemán, el general Clay, que estaba bajo presión política para acabar con los juicios, comunicó a los británicos que, toda vez que ya estaba completa la acusación contra el Alto Mando alemán, no deseaba prolongar estos asuntos incluyendo a los militares alemanes bajo custodia británica en el “Caso del Alto Mando”. Consideraba que los británicos no se habían esforzado lo debido en su programa de juicios y lamentaba que no hubieran decidido juzgar a esos militares en Gran Bretaña. Escribió lo siguiente sobre la imposibilidad de incorporar al “Caso del Alto Mando” a los prisioneros de guerra alemanes en poder de los británicos:

we are establishing our purpose in [the] trials of von Leeb, et al., and while perhaps less known to the world, these field marshals were well known in Germany. At Nuremberg, we are establishing [a] precedent for [the] future and not aiming at specific individuals. History will make no distinction between a von Runstedt and a von Leeb (2).

1947 tocaba a su fin y los británicos parecían estar muy lejos de encontrar una solución al caso de los cuatro militares alemanes. Fue Frederick Elwyn Jones (antiguo miembro del Nuremberg del British War Crimes Executive, BWCE, que serviría como fiscal en juicios ante los tribunales de Nuremberg y que formaría parte de la fiscalía en el juicio contra Manstein en 1949) quien impulsó el proceso político que llevaría finalmente a la decisión del gobierno británico de encausar a Manstein. Jones había examinado las pruebas remitidas por Taylor y convenció de su valor a Hartley Shawcross (que a su vez estaba presionado moralmente por el trabajo de su homólogo americano, Taylor), Ernest Bevin (que se sentía moralmente obligado a encausar) y Emmanuel (“Manny”) Shinwell, que el 7 de octubre de 1947 había sustituido a Bellenger en la Secretaría de la Oficina de Guerra. En cambio, el resto del personal de la oficina de Bevin mantenía una posición ambigua y, sabiendo que la decisión final sería criticada fuese cual fuese, era favorable a un juicio sólo en el caso de que fuesen probables las condenas. El Lord Canciller Jowitt había comenzado a considerar los juicios como “actos de venganza más que de administración de justicia” y prefería arriesgarse a la crítica americana que resultaría de no enjuiciar a los mariscales y no a la desaprobación pública que devendría en el caso contrario (3).

Quizás habría sido posible pasar por alto todo este "asunto" de los mariscales alemanes, pero entonces, durante la primavera de 1948, se produjeron dos demandas de extradición por parte de Polonia y la Unión Soviética, y una solicitud de la OCCWC para que los mariscales alemanes acudieran a Nuremberg como testigos para el “Caso del Alto Mando”. El gobierno polaco quería llevar a juicio a Brauchitsch y Manstein, y el soviético a Rundstedt y Manstein, en relación con crímenes cometidos durante la invasión y ocupación de ambos países. El gobierno británico rechazó estas dos peticiones de extradición, aunque mantuvo abierta la posibilidad de conceder la petición hecha por la OCCWC. Es probable que el rechazo británico a las demandas de extradición de Polonia y la URSS estuviera basado principalmente en la desconfianza en sus sistemas legales, pues tal como había dicho Jowitt en febrero de 1948, entregar a los prisioneros “a algunos de nuestros amigos orientales es equivalente a entregarlos para ser asesinados” (4).

Al rechazar oficialmente las demandas de extradición, el gobierno británico quedaba implícitamente comprometido a juzgar a los mariscales, por lo que el gabinete Attlee decidió finalmente proceder contra ellos el 5 de julio de 1948 después de salvar el problema de las condiciones del estado de salud de los mariscales y echar por tierra la estrategia (en realidad, prevaricación) ideada en Exteriores. Ya desde noviembre de 1946 el gobierno británico estaba buscando reducir paulatinamente todo el proceso de juicios por crímenes de guerra y, finalmente, el 12 de abril de 1948 decidió concluir todos los procesos legales contra criminales de guerra alemanes a partir del 1 de septiembre de 1948 y no atender, a partir de esta fecha, ninguna demanda de extradición, salvo casos excepcionales y de acuerdo con el derecho alemán. La mencionada estrategia de Exteriores consistía en mantener en el Reino Unido hasta dicha fecha y por razones de salud a los cuatro oficiales alemanes, tras lo cual serían enviados a Alemania. Así que las cuestiones médicas adquirieron un papel relevante. A principios de 1948 la Oficina de Guerra había llevado a cabo un examen médico de los cuatro prisioneros alemanes para determinar si, debido a su avanzada edad, estaban en situación de soportar un juicio. El examen fue realizado por tres doctores del ejército británico que unánimemente concluyeron que los prisioneros no podían sufrir un juicio sin un grave riesgo para su delicada salud. Sin embargo, este informe médico, de médicos del ejército (donde no se veía con buenos ojos que se juzgara a los oficiales alemanes), resultaba un tanto dudoso para Shawcross y, en consecuencia, se pidió un nuevo examen médico de los prisioneros, pero esta vez a cargo de los doctores de la prisión de la Oficina del Interior y según los criterios de la corte criminal inglesa. El 22 de marzo de 1948, Bevin, Shinwell, Shawcross y Jowitt dieron el visto bueno al nuevo examen médico y decidieron dejar en manos del gobierno la decisión de juzgar o no a los cuatro oficiales alemanes. El informe médico concluyó que tres de los cuatro prisioneros -Rundstedt, Manstein y Strauss- disfrutaban de suficiente buena salud para soportar un largo juicio, pero el cuarto, Brauchitsch, estaba demasiado enfermo (5).

En junio de 1948, Brauchitsch, Rundstedt, Manstein y Strauss tenían, respectivamente, 67, 73, 61 y 69 años de edad. Efectivamente, la salud de Brauchitsch no era nada buena cuando fue sometido a ese examen médico de marzo de 1948, y se agravaría mucho más en los siguientes meses hasta que finalmente murió de una trombosis coronaria en octubre de 1948. Unos meses después, en mayo de 1949, cuando todavía estaban en curso las largas preparaciones del juicio, Rundstedt y Strauss fueron descartados para el juicio por razones médicas (6). De esta forma, sólo quedó Manstein para ser juzgado.

Sin embargo, hasta que se inició el juicio hubo de recorrerse un camino salpicado de dificultades de diversa índole, como el descontento público y oficial en el Reino Unido por los juicios de oficiales militares alemanes, las limitaciones financieras y escasez de personal, las presiones surgidas de la Guerra Fría y la propia relevancia del acusado.

Antes del juicio de Manstein los británicos habían juzgado a once militares alemanes con graduación de general o superior, como el mariscal de campo Albert Kesselring, antiguo Oberbefehlshaber de las fuerzas alemanas en Italia, sentenciado a muerte en mayo de 1947 (el juicio había comenzado en febrero) por un tribunal militar británico en Venecia por haber autorizado como represalia el asesinato de ciudadanos italianos (7). Las protestas comenzaron inmediatamente desde el conservadurismo británico, argumentando que aunque la sentencia de Kesselring fuese justa, era en cambio decepcionante y debía ponerse fin a todos esos juicios de criminales de guerra, especialmente cuando los crímenes que habían cometido no eran peores que los que habían cometido los rusos (8).

Churchill telefoneó a Downing Street para quejarse en la forma que ya lo había hecho el mariscal de campo Alexander (y Montgomery); es decir, que en la guerra en general “Kesselring había combatido de forma limpia”. Alexander dudaba incluso de que un general tan fino y capaz fuese culpable de crímenes de guerra, culpando de estos a la SS de Hitler. En realidad, Alexander estaba siendo víctima y eco del mito que previamente habían engendrado Manstein et al, pues como el propio militar británico reconoció más tarde, él no sabía nada acerca de los detalles de los crímenes juzgados. De esta forma y en palabras de Bloxham, al cabo de dos años de terminada la guerra, “miembros del legislativo británico y algunos de los personajes más prominentes de la nación podían argumentar una división artificial entre la criminalidad de la Wehrmacht y la SS, centrándose en la posición tradicional de la primera más que en sus acciones más allá del campo de batalla” (9). Estas opiniones y la comparación de los crímenes alemanes con los soviéticos para justificar el punto final de los juicios a criminales de guerra, junto con el anti-comunismo creciente, fueron tomando cuerpo hasta convertirse en una postura generalizada en el Reino Unido, antesala de la que emanó el apoyo contra el juicio de Manstein y que sirvió, en última instancia, para reforzar la leyenda de las “manos limpias” de la Wehrmacht.

El gobierno británico, como hemos visto, decidió el 5 de julio de 1948 comenzar un proceso judicial contra los citados militares alemanes. Sin embargo, no hizo pública su decisión hasta el 22 de septiembre de 1948, cuando el Secretario de Exteriores lo anunció en la Cámara de los Comunes. Con anterioridad los americanos habían solicitado la presencia de tres de los cuatro militares alemanes en Nuremberg como testigos para el “Caso del Alto Mando”, cuyo juicio había comenzado en febrero de 1948. El 10 de abril Taylor pidió al Auditor Militar británico la presencia de los militares alemanes como testigos para el juicio del Alto Mando. En julio de 1948 los cuatro prisioneros habían sido transferidos de Island Farm al Hospital No. 231 de Prisioneros de Guerra en Redgrave Park, Suffolk, cerca de Diss. El 16 de julio, Brauchitsch y Strauss, ambos enfermos, fueron embarcados hacia Alemania y luego transferidos al Hospital No. 6 de Prisioneros de Guerra, en el Munsterlager, cerca de Lüneburg. Rundstedt y Manstein, considerados aptos, viajaron por tren a Londres el 22 de julio y luego volaron hacia Nuremberg. A su llegada a Nuremberg los americanos querían disponer de ellos como testigos para la defensa en el caso del Alto Mando, pero se encontraron legalmente incapacitados para hacerlo si los testigos afectados no eran notificados de su acusación por un tribunal británico como consecuencia de la decisión del gobierno británico de encausarlos. El gobierno británico no había informado de su decisión de 5 de julio a los acusados, por lo que el juez presidente del tribunal cursó una orden judicial a efectos de que como los testigos potenciales serían juzgados por los británicos, debería concedérseles 48 horas para que decidieran si querían testificar o no en el juicio del Alto Mando. El 28 de julio, ponderando el asunto con sus asesores legales, Manstein y Rundstedt rechazaron declarar como testigos de la defensa y ambos fueron inmediatamente transferidos a Munsterlager, uniéndose así a Brauchitsch y Strauss (10).

La estancia en Nuremberg no agradó a Manstein, quien escribió a Liddell Hart en agosto: “El alojamiento, comida y tratamiento médico fueron buenos. Pero estábamos estrictamente aislados, siempre con un guardia (un negro) en la habitación de cada uno de nosotros. Aunque nunca he sido un partidario de la estúpida teoría de la “Herrenrasse” [raza maestra], este método de poner a un negro como guardia a la cabecera de uno parece una perversión del gusto” (11).

Las condiciones en Munsterlager distaban mucho de las comodidades en Island Farm. Los oficiales superiores estaban aislados de otros prisioneros de guerra y, como en Nuremberg, bajo continua observación. Con bastante razón, en este caso, Manstein se quejaba en una carta a Liddell Hart: “Comprenderá que estamos profundamente deprimidos por semejante tratamiento. Tres años después de la guerra y todavía somos prisioneros de guerra, aunque ninguno de nosotros [estaba] en mando cuando terminó la guerra....Si hubiera algún caso verdadero contra nosotros, seguramente que habría habido tiempo suficiente durante estos tres años para decirnos algo sobre ello y haber hecho las investigaciones necesarias..” (12).

El problema para Manstein es que desconocía en la fecha de esas quejas (11 de agosto de 1948) que había pruebas contra él como criminal de guerra desde principios de 1947 y que, tras largos debates políticos y legales, finalmente el gobierno británico había decidido el 5 de julio de 1948 iniciar los procedimientos judiciales para llevarlo a juicio.

(1) Bloxham, 43-44.

(2) Ibid., 45.

(3) Ibid.

(4) Ibid., 46.

(5) Benoît Lemay, Manstein: Hitler's Master Strategist (Philadelphia & Newbury: Casemate, 2010), p. 449.

(6) Bloxham, 46.

(7) Véase para este caso Kersting von Lingen, Kesselring's Last Battle: War Crimes Trials and Cold War Politics, 1945-1960 (University Press of Kansas, 2009). Kesselring fue acusado de haber matado a unas 9.000 mujeres, niños y otra gente como acciones de castigo durante la retirada alemana en Italia en 1943-45. Estos asesinatos tuvieron lugar en el contexto de la lucha contra los partisanos ejecutada por tropas de la Wehrmacht y de la SS. Los cargos presentados por los británicos apuntaban a la puesta en práctica de operaciones de represalia en la Fosa Ardeatina de Roma (335 asesinatos) y a la emisión de la llamada Bandenbefehle (órdenes de las bandas o partisanos). La sentencia de pena de muerte impuesta a Kesselring fue inmediatamente conmutada por el comandante británico de las fuerzas aliadas en el Mediterráneo, siendo liberado por problemas de salud en octubre de 1952.

(8) Bloxham, 47.

(9) Ibid.

(10) Melvin, 458.

(11) Ibid.

(12) Ibid., 459.

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El juicio contra el mariscal Manstein, 1949

Mensajepor José Luis » Mié Dic 29, 2010 1:13 pm

Protestas, debates y confirmación del gobierno británico para encausar sólo a Manstein.-

La carta que Manstein escribió a Liddell Hart el 11 de agosto de 1948 fue utilizada por este influyente historiador militar para montar una campaña en la prensa a favor de los cuatro generales alemanes. Hart escribió al editor del Manchester Guardian y preguntó si no se iba a poner fin al proceso de “tortura judicial”, “repulsivo” a los decentes instintos humanos y a las tradiciones británicas, sobre todo cuando se aplicaban a “hombres viejos y enfermos” (1). Manstein se había quejado en su carta de estar confinado en una “tormentosa manera de custodia” (2), de sufrir “tortura” y “tormento” al no poder ver a sus hijos y sólo una hora al día a su mujer. Desconocedor todavía del juicio que se había decidido contra él, se quejaba a Hart de sus humillaciones: “Estamos siendo confinados como criminales” (3). A la carta de Hart siguieron en ese mismo mes otras de protesta al The Times y al Daily Telegraph.

El 27 de agosto de 1948 el gobierno británico anunció que los generales alemanes iban a ser encausados, noticia que Manstein escuchó en la radio de la BBC. Unos días más tarde, el 3 de septiembre, nueve políticos y escritores firmaron y enviaron otra carta de protesta al editor del The Times (4). Tras estas protestas el gobierno mejoró las condiciones de los prisioneros en Munsterlager, circunstancia que Liddell Hart anunció a los lectores del The Times el 21 de septiembre de 1948. Escribiendo en nombre de los mariscales y sus mujeres, expresó su gratitud “a todos los que habían intercedido de manera tan magnánima en nuestro favor y al mismo tiempo a favor del sentimiento británico de justicia y humanidad” (5).

El 22 de septiembre de 1948, Ernst Bevin anunció en la Cámara de los Comunes que los cuatro oficiales alemanes habían sido enviados a Alemania bajo custodia británica para ser juzgados por crímenes de guerra. Ni una sola voz de la cámara apoyó la decisión del gobierno. El parlamentario laborista (Northampton) Reginald Paget preguntó si había alguna razón para que no se pudiese poner en libertad bajo fianza a los acusados mientras esperaban el juicio; Bevin respondió significando que en las excelentes condiciones en que estaban encarcelados esos prisioneros no había razón alguna para la queja. Richard Stokes (laborista por Ipswich) insistió en que llevaban tres años encerrados; Bevin continuó diciendo que no entendía la protesta, que lamentaba la demora del juicio, etc. Stokes, a quien apodaban el “diputado del parlamento de Hamburgo” debido a su constante crítica a la política de los aliados hacia Alemania, y Paget habían montado una campaña durante la guerra contra el bombardeo aliado de las ciudades y población civil alemanas, denunciando estas acciones como crímenes de guerra. Ahora expresaban su indignación por la decisión del gobierno de juzgar a los “viejos y enfermos” generales (6).

También se alzaron las protestas en la Cámara de los Lores, en particular las expresadas por el obispo de Chichester, George Bell, que durante la guerra también había sido uno de los principales portavoces contra el bombardeo aliado de ciudades y población civil alemanas, y que después de la guerra se convirtió en uno de los principales oponentes en la campaña contra investigaciones judiciales de crímenes nazis. Ahora denunciaba una falta de “justicia y humanidad”, cual era la decisión de juzgar a los mariscales alemanes. Fue apoyado por el Vizconde de L'Isle, Vizconde Maugham y Lord Hankey (7).

Entre la prensa, el más activo contra este juicio fue el editor judío Victor Gollancz (uno de los firmantes de la carta al editor del The Times de 3 de septiembre de 1948), que abogaba por la reconciliación. Denunció los juicios por crímenes de guerra como una “terrible mezcla de hipocresía, prescripción y sed de venganza” (8).

Los debates continuaron durante las semanas siguientes, especialmente en la Cámara de los Comunes; se centraron fundamentalmente en la oportunidad o conveniencia de celebrar el juicio, las razones del gobierno para continuar aferrado a su decisión y las condiciones de confinamiento de los generales en Alemania. El antisemita Richard Stokes (9), tras visitar en octubre a los generales alemanes en Hamburgo, declaró en la Cámara de los Comunes el 26 de octubre de 1948 que todo el asunto (de los generales alemanes) era “enteramente repugnante para nuestro sentido del juego limpio”; fue apoyado por el general Sir George Jeffreys (conservador por Petersfield), quien consideraba que habían tratado muy mal a “estos distinguidos oficiales alemanes”. Le respondió el Subsecretario de Estado para la Guerra, Michael Stewart, explicando las razones del gobierno para llevar a juicio a esos oficiales. En primer lugar estaba la “extrema gravedad de los delitos”; en segundo lugar, se había juzgado, condenado y castigado a los subordinados de estos oficiales por delitos similares a los que ahora se presentaban contra ellos, y, en tercer lugar, el gobierno estaba obligado a entregar a esos generales alemanes a los gobiernos de otros países aliados en la reciente guerra en el caso de que no fuesen juzgados por un tribunal británico. El debate lo remató Reginald Paget declarando que el juicio contra los generales alemanes “ofende todo sentido de buen gusto en este país” y exponiendo otros ejercicios retóricos similares. El 28 de octubre, Churchill, líder de la oposición y del Partido Conservador, atacó al gobierno en los Comunes al observar que “no deberíamos poner obstáculos innecesarios en el camino de una reconciliación con Alemania”, deplorando, “el duro y errado procedimiento que el Secretario de Exteriores ha autorizado hacia los ancianos generales alemanes”. Describió el juicio venidero como un “acto de estupidez administrativa y política y de incorrección judicial, igualmente repugnante al sentimiento humanitario y militar”, pidiendo clemencia. Luego recordó a la cámara el contexto internacional en el que iba a tener lugar el juicio, exclamando que no podría haber un resurgimiento de Europa sin la “ayuda leal” de todas las “tribus alemanas” (10).

Mientras tanto, Brauchitsch había muerto el 18 de octubre de 1948 a los 67 años de edad. El 10 de marzo de 1949 se practicó un nuevo examen médico a cargo de un panel conjunto de dos doctores de la Oficina del Interior y dos médicos del Ejército en Hamburgo. De los tres prisioneros, sólo Manstein fue encontrado apto para soportar un juicio (11), mientras que Rundstedt y Strauss fueron declarados no aptos. Tras estos informes, el 28 de marzo de 1949 Shinwell recomendó que se abandonaran los procedimientos judiciales contra Rundstedt y Strauss, pero que se juzgara a Manstein. El 31 de marzo de 1949, el gobierno discutió los resultados de esos informes médicos que, aunque ciertamente unánimes, tenían ciertos detalles que no eran muy convincentes. Así que reclamaron la asistencia de Jowitt, Shawcross y un experto médico para tomar la decisión final de a quién se debía juzgar, decisión que se alcanzó el 5 de mayo de 1949, confirmando las recomendaciones previas de Shinwell; esto es, sólo se juzgaría a Manstein (12).

(1) La documentación de Liddell Hart en lo concerniente a Manstein y su juicio está referenciada en el Liddell Hart Center for Military Archives, con la referencia GB 099 KCLMA von Manstein: http://www.aim25.ac.uk/cgi-bin/vcdf/det ... inst_id=21 . La carta de Hart al editor del Guardian, citando extractos de Manstein, fue publicada el 21 de agosto de 1948. La pregunta de Hart: “Is there no end to this judicial torturing process? It is repulsive to our decent human instincts and our traditions, especially when applied to old and sick men”. Citado en Melvin, p. 461 y 505 (nota 48).

(2) Melvin, 460

(3) Lemay, 451.

(4) Concluían diciendo: “The decision suddenly announced, three and a quarter years after the German surrender, to try these men as war criminals make the whole affair not less but more indecent”; Melvin, 461. La carta, titulada “The German Generals”, estaba firmada por H. N. Brailsford, Michael Foot, Victor Gollancz, J. H. Hudson, R. T. Paget, J. B. Priestley, Lord Russell, T. C. Skeffington-Lodge, R. R. Stokes y Leonard Woolf, estaba fechada el 1 de septiembre y se publicó el 3 de septiembre de 1948; Melvin, 505 (nota 49).

(5) Melvin, 461.

(6) Melvin, 460; Lemay, 451-52.

(7) Para Bell y su defensa de Manstein, véase Tom Lawson, The Church of England and the Holocaust (Woodbridge: The Boydell Press, 2006), p. 150 y ss.

(8) Lemay, 452.

(9) Epíteto que le aplicó Tony Kushner, The Persistence of Prejudice: Anti-Semitism in British Society during the Second World War (Manchester, 1989), p. 85; citado en Lawson, p. 150.

(10) Melvin, 461-462.

(11) Sobre Manstein indicaba: “He is fit to stand trial, and that he will remain fit to instruct his Defence Counsel during such a trial, also to give evidence if he wishes, be cross-examined and follow proceedings in court. We do not consider that there is any serious probability that he will collapse or break down under the strain of the trial”. Melvin, 463.

(12) Bloxham, 48; Melvin, 463. Rundstedt moriría en 1953 a los 77 años de edad; Strauss en 1973 a los 93 años de edad (casi 94). Strauss fue liberado por razones de salud el 19 de mayo de 1949, circunstancia que indignó a los soviéticos, que habían pedido su extradicción. Véase:
http://www.specialcamp11.fsnet.co.uk/Ge ... trauss.htm
Rundstedt fue liberado el 26 de mayo de 1949:
http://www.powcamp.fsnet.co.uk/Field%20 ... stedt4.htm
El hijo del mariscal, teniente Hans Gerd von Rundstedt, murió de cáncer de garganta en enero de 1948, a nueve días de cumplir los 45 años de edad:
http://www.powcamp.fsnet.co.uk/Leutnant ... stedt5.htm

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El juicio contra el mariscal Manstein, 1949

Mensajepor José Luis » Lun Ene 03, 2011 6:07 pm

Preparativos del juicio y composición del tribunal, defensa y acusación.-

El 1 de enero de 1949 Manstein recibió una declaración de los cargos presentados contra él, aunque no se le entregó un pliego de cargos completo hasta el 24 de mayo y una versión final y corregida el 14 de julio de 1949. Se trataba de un documento muy extenso de cuarenta páginas mecanografiadas comprendiendo diecisiete cargos independientes con 174 casos en total (1).

La defensa alemana de Manstein fue financiada mediante suscripción pública organizada por el teniente general (ret) Hans von Donat (2), a través de los abogados Dr. Hans Laternser y Dr. Paul Leverkuehn, quienes ya habían trabajado en el Juicio del Tribunal Internacional de Nuremberg. Leverkuehn, antiguo oficial de inteligencia, había vivido en Gran Bretaña y Estados Unidos y estaba familiarizado con los sistemas legales de ambos países. Durante varios meses estos dos abogados alemanes trataron de convencer a la Oficina de Asuntos Exteriores británica de que la defensa de Manstein necesitaba el concurso de un equipo de abogados ingleses y sus gastos por cuenta del gobierno británico, pues Manstein carecía de recursos financieros. Las peticiones fueron rechazadas (3).

Con la ayuda del vizconde de L'Isle, Leverkuehn remitió una carta al The Times el 11 de julio de 1949 con el objetivo de conseguir un abogado británico para la defensa de su cliente, indicando la desventaja en que se encontraban los abogados alemanes con respecto a la lengua inglesa y al derecho inglés, en particular el derecho consuetudinario, y las técnicas procesales de los tribunales anglosajones (4). El resultado de la publicación de la carta obtuvo un éxito inmediato; el 13 de julio Lord Bridgeman y los vizcondes de L'Isle y Dudley, con el apoyo público de los lores Simon y Hankey, organizaron una recaudación pública para sufragar los gastos de la defensa. Uno de los primeros colaboradores fue Winston Churchill con 25 libras esterlinas (300 marcos); en total se recaudaron 2.000 libras esterlinas (24.000 marcos) para la defensa de Manstein (5). En Alemania quedaron perplejos por la simpatía que los británicos demostraron hacia Manstein; en la URSS sospecharon de benevolencia británica y Moscú rechazó formalmente la propuesta de la embajada británica de obtener colaboración soviética para el juicio (6).

Leverkuehn pidió a Paget que formara parte del equipo de defensa británico; en un principio Paget no estaba inclinado a llevar un caso que, según él, estaba condenado a perderse, pero más tarde aceptó ante la presión de Leverkuehn, y declinó cobrar honorario alguno por considerar el asunto más político que judicial. A Paget se unió como ayudante un abogado judío, Sam Silkin, antiguo teniente coronel en el ejército británico que tenía experiencia en crímenes de guerra contra los japoneses. El hecho de que Silkin fuese un judío que se esforzó lo máximo para defender a Manstein, “impresionó profundamente al público alemán”, según Paget (7). El equipo inglés se completó con Bill Croome, antiguo oficial de inteligencia, especialista en defensa (8). Este equipo de cinco abogados alemanes y británicos se reforzó con el trabajo del general Theodor Busse, antiguo jefe de estado mayor de Manstein, y el Dr. Alfred Schacht, oficial de artillería que también sirvió bajo Manstein (9).

El teniente general Sir Frank Simpson fue nombrado presidente del tribunal, compuesto por otros seis oficiales superiores: mayor general D. A. L. Wade, brigadieres C. A. Dixon y R. B. Lambe, y coroneles R. F. Wilson, E. T. Henlop y L. A. Liddell. Sir Charles Arthur Collingwood, un juez de condado, sirvió como consejero letrado en cuestiones de derecho (10).

Sir Arthur Strettell Comyns Carr fue el fiscal jefe de la acusación, con Frederick Elwyn-Jones como ayudante, apoyados por el abogado alemán (emigrado) Frederick Honig. El equipo lo completaban el coronel Gerald Draper y el mayor S. Smith del Directorio de Servicios Legales del Ejército, junto Otto John y otro personal de apoyo (11).

(1) Melvin, 464.

(2) Ibid. Melvin cita, p. 596 nota 63, a Oliver von Wrochem, Erich von Manstein: Vernichtungskrieg und Geschichtspolitik (2006), p. 145, según el cual desde finales de febrero de 1948 a mediados de marzo de 1950 se consiguió una suma no inferior a 55.000 marcos. Breve biográfico de Donat en:
http://www.pionierkameradschaft-holzmin ... _Donat.pdf

(3) Los bienes de Manstein habían sido confiscados y, al igual que el resto de oficiales alemanes, no tenía pensión reconocida; Lemay, 456.

(4) Lemay, 456. Esto a pesar de que ambos abogados alemanes habían participado notablemente en el Juicio del Tribunal Internacional de Nuremberg, interrogando al mariscal Manstein como testigo de la defensa en el caso contra el EMG y OKW. También participaron en la defensa del juicio contra von Leeb et al y en la del mariscal Kesselring. Laternser entendía el inglés pero, a fiferencia de Leverkuehn, no lo hablaba.
Leverkuehn explicaba en esa carta que: “It is the view of my colleague and myself that without the assistance of British counsel we cannot ensure that von Manstein will receive an adequate defence. The court is a British court composed of British officers acting in accordance with British procedure and British rules of evidence, with neither of which we are familiar. The British technique of cross-examination is something quite foreign to continental lawyers. Moreover, in our view only British counsel (and preferably British counsel who have served in the British forces) are fully competent to understand the psychology of a court of this nature”; Melvin, 464-465.

(5) Lemay, 456; Melvin, 465.

(6) Lemay, 457.

(7) Melvin, 465.

(8) Ibid. También Leverkuehn había sido oficial de inteligencia del ejército alemán; ahora operaban en el mismo bando.

(9) Ibid.

(10) Ibid., pp. 596-597, nota 72.

(10) Melvin, 466.

(11) Ibid. Otto John había estado involucrado en el golpe de estado del 20 de julio de 1944, al igual que su hermano Hans (que fue ejecutado). Obituario de Otto John:
http://www.independent.co.uk/news/peopl ... 64611.html

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El juicio contra el mariscal Manstein, 1949

Mensajepor José Luis » Mié Ene 05, 2011 7:22 am

El Juicio de Manstein (1): los "cargos polacos".-

El juicio se celebró en la sala de concierto principal de la Casa Curio (Curiohaus), situada en la Rothenbaumchaussee 15 de Rotherbaum, Hamburgo (1), desde el 23 de agosto al 19 de diciembre de 1949. Actualmente, una placa en la fachada del edificio rememora que fue utilizado en 1946-1948 por un tribunal militar británico para la celebración de juicios contra “miembros de la SS que fueron responsables de crímenes en el campo de concentración de Neuengamme” (2). Sin embargo, no hay ningún recordatorio similar sobre el juicio de Manstein. Excepto en dos sesiones que se celebraron en cámara, la sala del tribunal estuvo abierta durante los 62 días de sesiones a la prensa y al público (3).

Las paredes de la sala del juicio estaban cubiertas con mapas que indicaban dónde estaban localizados los ejércitos de Manstein en cada momento en la guerra en el frente oriental. En los vestíbulos se comentaba que, si Manstein se hubiera rendido a los polacos, habría sido colgado, mientras que si se hubiera entregado a los rusos se le habría dado el mando de un grupo de ejércitos; en cambio, los británicos estaban teniendo dificultades a la hora de decidir cuál de las dos opciones les gustaba menos (4).

En el primer día del juicio, Paget presentó un alegato contra la jurisdicción del tribunal, afirmando que el estatuto Royal Warrant (RW) de 18 de junio de 1945, sobre el cual se establecieron los tribunales militares para el juicio de criminales de guerra, era ilegal en sí mismo. Paget adujo que Manstein era un prisionero de guerra protegido por el derecho internacional, y que este status no podía ser alterado por el arbitrio de sus captores. En su opinión, la RW quebraba el Artículo 63 de la Convención de Ginebra y negaba a Manstein un juicio por sus iguales en rango. Concluyó su alegato apelando al honor e integridad de los miembros militares del tribunal (5).

El fiscal Comyns Carr expresó que Manstein ya no era un prisionero de guerra y que las disposiciones que lo protegían en este caso no alcanzaban la de sospechoso de crímenes de guerra. Manstein, afirmó Comyns, había sido despojado del status de prisionero de guerra y de la Wehrmacht y luego “confinado como un prisionero en espera de juicio como criminal de guerra”. Refutó igualmente el alegato de Paget contra la RW, afirmando que aunque la RW estableciera un método probatorio diferente, el juicio sería conducido como cualquier otro juicio bajo las reglas de pruebas ordinarias. El tribunal aceptó los argumentos de la acusación y rechazó el alegato de la defensa. El juicio continuó el día siguiente con la lectura del consejero letrado de la lista de los 17 cargos presentados por la acusación, con Manstein declarándose “No Culpable” tras cada cargo leído. Acto seguido, Comyns abrió el caso de la acusación con un discurso que duró dos días. Tras resumir la carrera de Manstein durante la guerra, citó la sentencia del Tribunal Militar Internacional de Nuremberg en el caso del EMG para implicar por asociación a Manstein (6).

Cmyns hizo referencia al discurso de Hitler a sus generales el 22 de agosto de 1939 en el Obersalzberg y a la asistencia de Manstein para dejar claro que cualquiera que hubiera asistido a dicha conferencia tenía por fuerza que estar completamente advertido del “carácter brutal de la guerra que Alemania estaba a punto de lanzar sobre Polonia”. Y en este sentido dijo de Manstein que “El acusado se entregó incansablemente durante casi 5 años de campañas de Hitler al servicio de esta política brutal y fue uno de sus principales ejecutantes”.

Los primeros tres cargos estaban relacionados con crímenes cometidos en Polonia entre septiembre y octubre de 1939, cuando Manstein sirvió como jefe del estado mayor del Grupo de Ejército Sur, y más tarde, del Comandante en Jefe Este (Oberbefehlshaber Ost, u Oberost).

El primer cargo detallaba 23 casos (uno de los cuales se había retirado) de matanza y maltrato de ciudadanos polacos por tropas SS, tropas del ejército, unidades del Servicio de Seguridad de la SS (SD) y unidades de policía. Dentro del total de 1.209 asesinatos, incluía el fusilamiento de 22 ciudadanos judíos en Konskie. Asimismo, la deportación de judíos polacos de la Alta Silesia oriental a través del río San e impedir que regresaran; como consecuencia, “numerosos judíos polacos, incluyendo mujeres y niños fueron ahogados o muertos a tiros por las tropas”. Mientras que el primer cargo afirmaba que Manstein había “autorizado y permitidos” tales acciones, el segundo cargo lo acusaba de ignorar “deliberada y temerariamente” su deber de tomar las medidas necesarias dentro de su poder para evitar el asesinato y maltrato especificados en el primer cargo.

De todos los casos “polacos”, los crímenes cometidos en el San fueron los más comprometedores, ya que la acusación afirmó que Manstein, como jefe de estado mayor de un grupo de ejércitos, específicamente había “added his own gloss to the order [of OKH] and said the floating back to Eastern Upper Silesia of Jewish refugees will be prevented with all possible means”.

Al resumir estos dos primeros cargos, el fiscal afirmó que “el acusado sabía y no podía haber ignorado estas graves y extendidas atrocidades contra ciudadanos polacos. En vez de tomar medidas para detenerlas por orden propia, en el caso del episodio del río San, complicó la situación para las víctimas. Sabiendo bien que esas abominaciones (a) fueron contempladas desde el estallido de la guerra y (b) fueron perpetradas cuando comenzó la guerra, permitió que continuaran”. El tercer cargo contra Manstein concernía a seis casos de maltrato o asesinato de prisioneros de guerra polacos.

Los catorce cargos restantes (los llamados “cargos rusos”) estaban relacionados con los crímenes cometidos en la Unión Soviética, donde Manstein sirvió como comandante de cuerpo de ejército, ejército o de grupo de ejércitos en contraposición a su comisión anterior como jefe de estado mayor de un grupo de ejércitos. La acusación recordó al tribunal la distinción entre las diferentes obligaciones de esas dos comisiones: “La responsabilidad de un comandante es, por supuesto, más grande que la de su jefe de estado mayor, y tendrán que considerar ambas en este caso, recordando, no obstante, que en la medida en que la responsabilidad del acusado como jefe de estado mayor durante la campaña polaca puede ser minimizada, su responsabilidad como comandante durante la campaña rusa será incrementada” (6).

(1) La Curiohaus se construyó en 1911 y debe su nombre a Johann Carl Daniel Curio, fundador de la sociedad que construyó el edificio. Véase
http://de.wikipedia.org/wiki/Curiohaus
http://de.wikipedia.org/wiki/Johann_Carl_Daniel_Curio
http://en.wikipedia.org/wiki/Rotherbaum

(2) Véase http://www.kz-gedenkstaette-neuengamme. ... hp?id=1004

(3) Melvin, 467. La Pathé británica conserva filmaciones del juicio, con algunas vistas previas, por ejemplo:
http://www.britishpathe.com/record.php?id=27049
http://www.britishpathe.com/record.php?id=58764
http://www.britishpathe.com/record.php?id=33089
La referencia de la documentación del juicio en: http://www.kcl.ac.uk/lhcma/summary/vo50-001.shtml

(4) Lemay, 457.

(5) Melvin, 467-68: “What Field-Marshal von Manstein asks for is to be treated as a soldier. He asks for that which you yourselves would demand if you were in his position. He asks to be tried by his peers in rank. He asks that his life, his liberty and his military honour be afforded that same protection which you would demand for your own. Your nation and army have, in the course of centuries, evolved by judicial experience a system of court-martial governed by rules of evidence and procedure which you have found necessary for the protection of accused persons. To be so tried is your right. I humbly submit it also the right of your enemy”.

(6) La lectura de los cargos sigue la cuenta de Melvin, pp. 468 y ss., salvo anotación en contra. La cita del TMI de Nuremberg fue: “The contemporary German militarism flourished briefly with its recent ally, National Socialism, as well as or better than it had in the generals of the past. Many of these have made a mockery of the soldier's oath of obedience to military orders. When it suits their purpose they say they had to obey; when confronted with Hitler's brutal crimes which are shown to have been within their general knowledge, they say they disobeyed. The truth is they actively participated in all these crimes, or sat silent and acquiescent, witnessing the commission of crimes on a scale larger and more shocking than the world has ever had the misfortune to know. This must be said”.

(6) Con esta declaración la fiscalía facilitó la absolución final de Manstein dictada por el tribunal sobre los “cargos polacos”. En realidad, Manstein estuvo involucrado (como la mayoría de los mandos de la Wehrmacht que participaron en la campaña polaca) en los crímenes cometidos contra polacos por unidades de la Wehrmacht (dejando a un margen los cometidos por unidades de la SS). El “incidente Langhaeuser”, por sí solo, bastaría para condenarlo. Ya había aparecido en el caso del OKW y EMG, y volvió a aparecer en el juicio de Manstein. El 8 de septiembre de 1939, el oficial (EMG) de Inteligencia (Ic) del Grupo de Ejércitos Sur, mayor Rudolf Langhaeuser, envió un borrador a su jefe de estado mayor, Manstein, que decía: “Concerniente a la disciplina: Los excesos actuales son incompatibles con el honor de la Wehrmacht y de todo soldado alemán. Solicito que se tomen inmediatamente las medidas más fuertes posibles para ponerles fin”. Luego se añadió como comentario: “El borrador ha sido mostrado al Generalleutnant von Manstein, Jefe del Estado Mayor del Grupo de Ejércitos Sur, para su comunicación al Comandante del Grupo de Ejércitos, Generaloberst von Rundstedt. Comunicación rechazada por el Generalleutnant von Manstein. Firmado: Langhaeuser, Ic del GES”. Hubo muchos más casos polacos en los que Manstein estuvo implicado; véase Marcel Stein, Field Marshal von Manstein (2007), p. 299; Lemay, pp. 85-88.

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El juicio contra el mariscal Manstein, 1949

Mensajepor José Luis » Dom Ene 09, 2011 12:00 pm

El Juicio de Manstein (2): los "cargos rusos".-

El cuarto cargo estaba relacionado con el trato de los prisioneros de guerra soviéticos y acusaba a Manstein de ignorar su deber, de forma deliberada y temeraria, de asegurar un trato humano a esos prisioneros de guerra; como consecuencia de esta dejación de su responsabilidad, murieron muchísimos prisioneros de guerra o fueron entregados a las unidades de la SD para ser asesinados. En los once casos presentados, se alegó que 7.393 prisioneros de guerra soviéticos “murieron o fueron muertos a tiros por dichas fuerzas”. La fiscalía mantuvo que “el destino de los prisioneros de guerra del 11º Ejército de Manstein fue determinado por su deliberada negligencia, de una parte, y por la despiadada ejecución de ciertas órdenes básicas del Alto Mando, concebidas bajo el mismo espíritu, de la otra”.

El quinto cargo acusaba a Manstein de haber “permitido la continuada operación de órdenes del Alto Mando Alemán y él mismo emitió una orden fechada el 20 de septiembre de 1941, siendo el efecto combinado de tales órdenes que miembros de las fuerzas armadas soviéticas, al ser capturados, fueron ilegalmente tratados como partisanos, guerrilleros, francs-tireurs o terroristas y fueron ilegalmente muertos sin juicio”. Se presentaron ocho casos específicos en este cargo, donde la acusación afirmó que el término “partisano” se utilizó con el “más amplio significado posible” y que se “dejó a la discreción de oficiales individuales si un miembro capturado de las fuerzas armadas rusas iba a ser considerado prisionero de guerra o iba a ser fusilado como partisano”.

El sexto cargo contra Manstein era de naturaleza similar al quinto, de “permitir la operación continuada de órdenes del Alto Mando del Ejército Alemán y él mismo emitió órdenes el 17 y 27 de noviembre de 1941” que dieron como resultado que prisioneros de guerra soviéticos fuesen “obligatoriamente reclutados en unidades de las fuerzas armadas alemanas bajo su mando”. En esta altura del juicio se había retirado uno de los tres casos presentados. Se acusó a Manstein de haber vulnerado los artículos 23 y 45 de la Convención de La Haya, que prohibían “expresamente utilizar cualquier coacción sobre sujetos del país hostil para participar en operaciones de guerra contra su propio país”. Se afirmó que Manstein había ordenado a prisioneros de guerra soviéticos alistarse en formaciones de campaña y combatir al mismo ejército o regimiento al que habían pertenecido anteriormente.

El séptimo cargo acusaba a Manstein del empleo forzado de prisioneros de guerra soviéticos en trabajos prohibidos y peligrosos. De los dieciséis casos originales, diez concernían al indebido empleo de prisioneros soviéticos en la construcción de posiciones defensivas y trabajos de campaña durante la retirada al Dnepr y las batallas de la Ucrania Occidental en el periodo de julio de 1943-febrero de 1944. Previamente, con el 11. Armee durante el periodo de enero-septiembre de 1942, la fiscalía alegó que se habían empleado en servicios de suministro 43.782 prisioneros de guerra, y 13.198 en la construcción de cuarteles y posiciones defensivas para las tropas de Manstein, todo dentro de un empleo de “naturaleza puramente militar”.

El octavo cargo enumeraba quince casos de ejecuciones sumarias a cargo de unidades del ejército de comisarios y trabajadores políticos, o su transferencia a unidades de la SD para ser asesinados en seguimiento de la “Orden de los Comisarios”. La acusación subrayó que no sólo era “criminal y despiadado”, sino también “para los generales alemanes entrenados en el Colegio de Estado Mayor y educados en la tradición del honor militar”, la orden “sólo podía parecer como claramente contraria a las reglas de la guerra, a la moralidad y a la decencia militar”.

Los cargos nueve a doce estaban relacionados con el asesinato de judíos por el Einsatzgruppe D y tropas del ejército, principalmente en Crimea, y constituían el punto fuerte del caso de la acusación.

El noveno cargo acusaba a Manstein mediante la presentación de 23 casos de ordenar, autorizar y permitir el exterminio masivo a cargo del Einsatzgruppe D de “judíos, gitanos, Krimtschaks y otros ciudadanos de la URSS mediante fusilamiento, ahorcamiento, gaseo, ahogamiento y otros métodos de matar en diversos lugares dentro del área de su mando”. De acuerdo con un caso, entre el 16 y el 30 de septiembre de 1941, “22.467 judíos y otros....fueron muertos...en o cerca de Nikolajew o Cherson”. En otro ejemplo, “entre el 16 de noviembre y el 15 de diciembre de 1941, 21.185 ciudadanos de la URSS, incluyendo 17.645 judíos, 2.502 Krimtschaks y 824 gitanos fueron muertos por unidades del Einsatzgruppe D en o cerca de Simferopol, Eupatoria, Aluschta [sic], Karasubasar y Feodosia”.

Complementando este cargo, el décimo cargo acusaba a Manstein de ignorar “deliberada y temerariamente su deber como comandante militar de asegurar el orden público y salvaguardar y respetar el honor y derechos familiares y la vida individual”; esta negligencia condujo, como consecuencia, a las acciones asesinas del Einsatzgruppe D enumeradas en el cargo anterior.

El undécimo cargo presentaba diecisiete casos de transferencia de ciudadanos soviéticos por tropas bajo mando de Manstein al Einsatzgruppe D, lo cual “como bien sabía el acusado, resultaría y resultó en la matanza de grandes cifras de tales individuos”.

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El juicio contra el mariscal Manstein, 1949

Mensajepor José Luis » Mar Ene 11, 2011 7:12 am

El Juicio de Manstein (3): los "cargos rusos".-

Tras la presentación de los últimos tres cargos referidos, la acusación describió al tribunal la organización y el papel de los Einsatzgruppen, con especial atención a las actividades del Einsatzgruppe D y sus Einsatzkommandos subordinados en Crimea:

La brutalidad, horror y crueldad de esas formas de muerte producidas por la SS están vívidamente descritas por testigos presenciales cuya evidencia se expondrá ante el tribunal. Aunque estas matanzas masivas fueron ejecutadas por el Einsatzgruppe, la acusación demostrará que no habrían sido posibles si el Einsatzgruppe D no hubiera recibido cierta asistencia del 11º Ejército y más tarde del Grupo de Ejércitos Don, y que los asesinatos fueron ejecutados en todas partes por el Einsatzgruppe con el conocimiento del ejército que de vez en cuando ejercía la supervisión y control sobre los movimientos del Einsatzgruppe y al menos en una ocasión ordenó directamente un exterminio masivo.

La fiscalía afirmó que Manstein conocía “de principio a fin” las “actividades criminales” del Einsatzgruppe; es más, sus acciones no se habrían podido llevar a cabo “sin su consentimiento e incluso su cooperación”. En vez de evitar esos horrores, “los asistió en flagrante violación de toda humana decencia, así como de las Regulaciones 43 y 46 de la Convención de La Haya”.

El duodécimo cargo acusó a Manstein directamente de instigar e incitar a las tropas bajo su mando, en contraposición a las del Einsatzgruppe D, “a cometer actos de brutalidad contra ciudadanos judíos de la URSS”. De los siete casos presentados en este cargo destacaban los supuestos asesinatos cometidos entre el 1 y el 3 de diciembre de 1941 de “unos 2.500 ciudadanos judíos....en Kertsch” [sic], y entre el 15 y 30 de junio de 1942 de “todos los habitantes judíos entonces todavía en Kertsch”.

El cargo decimotercero acusó a Manstein de “imponer el asesinato de civiles, ciudadanos de la URSS, por delitos supuestamente cometidos por personas diferentes a los citados civiles y no por ellos o algunos de ellos, como consecuencia de lo cual fueron muertos numerosos civiles por unidades bajo su mando”. El más grave de los seis casos presentados estaba relacionado con el asesinato entre el 1 y el 31 de enero de 1942 de “unos 1.300 civiles.....en o cerca de Eupatoria”.

En el cargo decimocuarto la fiscalía acusó a Manstein de emitir, distribuir y ejecutar órdenes específicas “que eran ilegales en cuanto preveían la ejecución de civiles, ciudadanos de la URSS: (i) sin juicio; (ii) simplemente por ser sospechoso de haber cometido delitos, y en particular de haberse involucrado en actividades partisanas; (iii) por haber cometido actos que no equivalían a delitos punibles”. Luego la acusación presentó los siete casos de este cargo.

El cargo decimoquinto se refería al “trabajo obligatorio de ciudadanos varones y hembras.....con el propósito de ejecutar operaciones militares o trabajo directamente conectado con lo mismo”. Se desglosaron en 25 casos independientes correspondientes al periodo de enero de 1943 a febrero de 1944 la construcción de fortificaciones, posiciones y trincheras en áreas de batalla.

El decimosexto cargo enumeraba catorce casos (uno fue retirado) de deportaciones de hombres y mujeres civiles para “trabajos forzados fuera de la URSS”, lo que involucró el transporte de decenas de miles de individuos al Reich.

El decimoséptimo cargo, y último, acusaba a Manstein de la emisión de órdenes, mientras se retiraba con su grupo de ejércitos, para deportar a habitantes de los territorios ocupados por las fuerzas armadas alemanas bajo su mando, apropiarse de su ganado y alimentos, y destruir sus casas y otros objetos de valor económico que no pudieron se tomados. La acusación afirmó en los trece casos que presentó que entre septiembre y diciembre de 1943 se removieron decenas de miles de personas, ganado, animales y carruajes, y decenas de miles de toneladas de trigo. La fiscalía resumió este cargo conectando las operaciones de retirada de Manstein con la política de “tierra quemada” que acompañó a esas operaciones:

La retirada de las fuerzas de von Manstein del Cáucaso y del Don, primero al Donest y luego a través de la cuenca del Donest al y a través del Dnieper, ha sido descrita algunas veces como una obra maestra de estrategia. De hecho, durante un año conjuró un destino que finalmente se apoderó de sus ejércitos en la primavera de 1944 mediante la despiadada destrucción de cualquier cosa adecuada para uso o asentamiento humano, dejando sin hogares a la población civil mediante la destrucción de todas las casas y edificaciones, al raso sin comida o vestimenta, en caminatas de cientos de millas, marchando y trabajando para los ejércitos alemanes diez horas al día, operación durante la cual miles de inocentes civiles debieron haber perecido por hambre y frío, al margen de los que fueron matados a tiros porque intentaron escapar de la deportación.

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Mensajepor José Luis » Jue Ene 13, 2011 11:18 am

El Juicio de Manstein (4): la defensa.-

Comyns Carr acabó su exposición condenando a Manstein, cuyo mando había incluido “ilegalidades diarias de toda descripción imaginable y de todo tipo de brutalidad”; que eran “ejemplos de continuado registro de crímenes de todo tipo, probablemente sin paralelo en la historia”; que, “en cualquier caso, la responsabilidad de los mismos descansa marcadamente en el acusado”, aun en el caso de que el propio acusado lograse persuadir al tribunal de que él sólo era un soldado capaz, demasiado ocupado como para atender los crímenes y malos tratos masivos que, durante años, tuvieron lugar en las áreas bajo su mando. La acusación no aceptaba esta causa como defensa; por el contrario, la evidencia presentada, que era “enteramente documental y de fuentes alemanas e incontrovertibles”, mostraba que no había habido tal causa en absoluto; la acusación demostraría de Manstein “no sólo su conocimiento sino también su activa participación en esos espantosos crímenes”.

Tras completar su exposición, la acusación pasó a leer todas las pruebas que había reunido, tarea que ocupó veinte días. Durante este periodo, Manstein “escuchó tranquilamente hoy durante la lectura de montones de documentos describiendo atrocidades. Cuando se leyeron pasajes especialmente brutales, se movió inquieto con sus documentos o suspiró profundamente” (1). En otra ocasión, cuando Manstein fue confrontado con su infame orden de 20 de noviembre de 1941, “Erich von Manstein se movió intranquilo cuando la acusación le mostró una copia del documento” (2). Al igual que hizo cuando declaró como testigo de la defensa en el caso del EMG en el Juicio del TMI de Nuremberg, Manstein alegó completa ignorancia o desmemoria. Pero cuando se la refrescaron admitió que había ordenado a su oficial de inteligencia la redacción de una orden similar a la que había cursado previamente el mariscal Reichenau, matizando que la sentencia “tiene que ser exterminado” se refería al sistema y no a los seres humanos.

Cuando le preguntaron si como resultado de esa orden se había matado a judíos, fue la afirmación de Manstein que los soldados que habían presenciado esas matanzas, no le informaron en el momento. Que si hubiera recibido un informe a tal efecto, habría intervenido inmediatamente (3).

El 13 de septiembre de 1949 la acusación concluyó la presentación de sus pruebas y la defensa pidió un receso de quince días para completar la preparación de su caso. El tribunal acordó y amplió posteriormente el receso a tres semanas.

El 5 de octubre de 1949 Reginald Paget abrió el caso de la defensa con un duro alegato contra la RW, asegurando que bajo el procedimiento de este estatuto ningún general que tuviera bajo su mando un ejército podría “obtener su absolución de sus conquistadores” y expresando que los cargos presentados contra Manstein no eran delictivos en el derecho internacional. En este sentido, Paget argumentó con la cuestión de las “órdenes superiores”:

No hay ningún límite legal cualquiera que sea al deber de obedecer de un oficial general. La cuestión de si una orden es o no conforme con el derecho internacional es un asunto del gobierno, no es un asunto del general comandante. La orden puede estar en flagrante conflicto con el derecho internacional; puede involucrar el asesinato de civiles o neutrales pero es todavía el deber de un oficial general obedecer.

Este alegato reflejaba la posición central de Paget en el sentido de que era “totalmente injusto aplicar las penas del derecho internacional a individuos; la nación asume las consecuencias”. En cambio no veía contradicción alguna en aceptar como deber de un oficial subordinado desobedecer una orden ilegal, pero en este caso el subordinado tenía que saber claramente que su superior no tenía autoridad para dar semejante orden (4). Con esta argumentación, que seguía las líneas maestras del “memorando de los generales” que habían pergeñado Manstein et al tres años antes, Paget pretendía exonerar a los generales alemanes, Manstein en este caso, de todo tipo de responsabilidad en la emisión y ejecución de órdenes criminales. Así, los cargos representaban para Paget “una acusación contra el ejército alemán comandado por Hitler, no de los actos supuestamente cometidos por von Manstein”.

Tras la exposición de Paget, que duró unas catorce horas y media a lo largo de tres días, llegó el turno para sus colegas Silkin, Laternser y Leverkuehn, quienes completaron una análisis detallado de las pruebas documentales durante otros siete días (5).

El 21 de octubre de 1949 Manstein fue llamado por su defensa al estrado, donde declaró como testigo durante diez días y medio, los últimos siete bajo repreguntas. Manstein hizo una concienzuda exposición de su educación, de los primeros años de su carrera militar, del auge del nazismo y del gobierno de Hitler antes de la IIGM. Luego pasó a describir con más detalle las campañas que combatió desde el momento en que asumió el mando del 11º Ejército el 17 de septiembre de 1941 hasta el día de su destitución como comandante en jefe del Grupo de Ejércitos Sur el 30 de marzo de 1944.

Describió la persecución nazi de la Iglesia, de los judíos y de la aristocracia como repugnante; mostró su disgusto por el “comportamiento de muchos de los jefes del partido nazi”, y su conmoción por la “codicia y presunción de Göring” (6). Admitía haber sido impresionado en gran medida por Hitler inicialmente; no lo consideraba en absoluto un militar incapaz y recordaba que había aceptado su plan para la campaña del Oeste de mayo de 1940. Pero más tarde, en el Frente Oriental, se dio cuenta de que “Hitler carecía en muchos aspectos de las cualidades necesarias para hacerlo un comandante superior” (7). En suma, Manstein presentó un cuadro excelente de auto-justificación, donde todas las decisiones fatales de la guerra y toda la culpa de los crímenes cometidos durante la misma fueron la responsabilidad única de Hitler y en absoluto de sus comandantes superiores.

(1) Informe Reuter, The Times, 30 de agosto de 1949, “Polish Civilians Shot in the Streets, Hamburg, Aug. 29”, en Melvin, p. 474, p. 598 (nota 96).

(2) New York Herald, 6 de septiembre de 1949, citado en Marcel Stein, Manstein: The Janus Head, p. 314; y, citando a éste, Melvin, p. 474.

(3) Al menos, tres oficiales habían informado a Manstein de tales masacres en el tiempo de las mismas: el capitán Ulrich Gunzert, el coronel Eberhard Finckh y el capitán Philipp von Boeselager. Véanse con las respuestas de Manstein en el segundo post del siguiente enlace: viewtopic.php?f=52&t=12&start=45

(4) Melvin, 477.

(5) Ibid., 478.

(6) Ibid. Ciertamente, la codicia, latrocinio y exhibicionismo de Göring no encuentran parangón en ningún otro líder del régimen nazi. Sin embargo, nadie estaba exento de codicia e, incluso, corrupción. Manstein, al igual que el resto de sus oficiales homólogos alemanes, aceptó con gusto los 4.000 RM mensuales libres de impuestos que Hitler otorgó secretamente a los mariscales de campo y grandes almirantes alemanes, como antes había aceptado los 2.000 RM mensuales libres de impuestos concedidos por Hitler a los coroneles generales y almirantes alemanes. Claro que para Göring esta mordida era de 20.000 RM mensuales, quizás para enojo de Manstein. Véase la edición revisada de Norman J. W. Goda, “Black Marks: Hitler's Bribery of His Senior Officers during World War II”, en Emmanuel Kreibe y William C. Jordan (eds.), Corrupt Histories (New York: University of Rochester Press, 2004), pp. 96-137.

(7) Melvin, 478.

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El juicio contra el mariscal Manstein, 1949

Mensajepor José Luis » Dom Ene 16, 2011 12:36 pm

El Juicio de Manstein (5): la defensa; recapitulaciones de las partes.-

A las declaraciones de Manstein siguieron las de otros dieciséis testigos entre el 4 y el 22 de noviembre (1). Entre ellos estaba el General der Panzertruppen Erich Brandenburger, que había mandado la 8ª División Panzer, subordinada al LVI Cuerpo Motorizado de Manstein, durante la operación “Barbarroja”. Afirmó, siguiendo en esto a lo anteriormente expresado por Manstein, que su comandante de cuerpo (Manstein) había prohibido la aplicación de la “Orden de los Comisarios” y que, en consecuencia, nunca fue llevada a cabo. También fueron “interesantes” las declaraciones del coronel Friedrich Wilhelm Hauck, el jefe de intendencia del estado mayor del 11º Ejército, y la del jefe de operaciones anti-partisanas, Konrad Stephanus; ambos negaron que Manstein tuviera conocimiento alguno, y mucho menos participación, en los asesinatos de judíos. Hauck llegó a asumir la plena responsabilidad por el apoyo logístico prestado por el 11º Ejército al Einsatzgruppe D en Simferopol, afirmando que había hecho esto sin informar a su comandante en jefe, Manstein. También aseguraron que Manstein no sabía absolutamente nada de las masacres cometidas con los judíos el capellán católico y el jefe de operaciones del 11º Ejército, Stefan Gmeiner y Theodor Busse, respectivamente (2).

El 23 de noviembre Paget presentó su discurso final ante el tribunal, resumiendo sus principales argumentos conducentes a la absolución de Manstein. Sus tres puntos principales fueron: a) el deber de todo oficial de obedecer las órdenes dictadas por su gobierno (3); b) la Convención de La Haya no se podía aplicar a la Unión Soviética porque ésta no había suscrito el convenio; c) Manstein no había estado implicado en ninguno de los crímenes del régimen nazi, incluyendo los relacionados con el exterminio de los judíos. Paget subrayó los aspectos políticos del juicio, afirmando que se estaba intentando empañar la reputación del ejército alemán y de su comandante más grande. La Wehrmacht había combatido honorablemente, seguía Paget, en África, Italia y Francia, y sólo se debía a la propaganda rusa el que ahora se pensara que los alemanes habían combatido como salvajes en el Este, algo que no se había probado en el juicio. En opinión de Paget, la Wehrmacht había demostrado su compostura y disciplina, todo ello bajo circunstancias de crueldad inimaginable. Aludiendo a la guerra fría que entonces se estaba fraguando entre los aliados y los soviéticos y que muy particularmente afectaba a la Alemania del Oeste y a su proyectado rearme para la defensa de Europa Occidental, Paget pidió la absolución de Manstein: “Espero que todos nosotros seamos amigos en el futuro. No creo....que el derecho del conquistador, es decir nuestro derecho, sea el de empañar la reputación del vencido. Para Alemania, Manstein nunca será un criminal de guerra. Es un héroe para su gente y así permanecerá. Fue el arquitecto de la victoria alemana y el Héctor en la derrota de Alemania, el hombre que comandó la gran retirada mientras que en su corazón y en su alma sabía que Troya caería. Y, aquí, ante el tribunal, ha librado ahora su última batalla por el honor de los hombres que dirigió y que cayeron en combate bajo su mando” (4). Paget concluyó su discurso pidiendo la absolución de Manstein (5).

Durante los tres días siguientes la acusación reiteró su caso contra Manstein, culpándolo de todos los cargos. Según Comyns Carr, el acusado pudo haber actuado, y debería haberlo hecho, para detener las acciones asesinas de la SD; el asunto ya no era saber si habría tenido éxito o no de haber actuado, sino la constatación de que no había hecho nada y, por tanto, apoyó efectivamente el exterminio de los judíos. Comyns acabó rechazando directamente la estrategia adoptada por Paget (6).

Tras la conclusión del discurso de la acusación, el juicio se suspendió durante tres semanas para dar tiempo a Collingwood, el asesor legal del presidente del tribunal, para preparar su recapitulación, una ardua labor si tenemos en cuenta la enorme cantidad de pruebas documentales y los 52 días de sesiones del juicio que tenía que revisar. El juicio se reanudaría el 12 de diciembre de 1949.

(1) Es de notar que la defensa había solicitado del tribunal la desestimación de las pruebas que en forma de declaraciones juradas presentó la acusación. Correspondían, en su mayoría, a declaraciones de ex miembros del Einsatzgruppe D, y la defensa alegó que estaban contaminadas, con Paget llegando a expresar que esos individuos se habían librado de la horca (cumplían penas de prisión) gracias precisamente a esas declaraciones. Paget fue recriminado por el tribunal, que desestimó su petición. Sin embargo, consiguió que esos testigos de la acusación no fuesen llamados a declarar en el tribunal; de ahí sus declaraciones juradas. Por contra, no hubo problemas con los testigos de la defensa, que produjeron un rosario de declaraciones falsas.

(2) Melvin, 479-480.

(3) La “obediencia debida”, que había sido desestimada en el Juicio del TMI de Nuremberg, fue estudiada por el equipo de Paget entre bambalinas. Entre sus asesores se encontraba el renombrado teórico militar británico J. F. C. Fuller, privadamente un detractor de los juicios de Nuremberg (los consideraba como “una obra de venganza judía originada en América”). Fuller trabajó con el general Sir James Edmonds, jefe del Committee for Imperial Defence's Historical Section, investigando las bases del derecho militar británico, informando a Paget del Capítulo XIV, Párrafo 443 del Manual of Military Law, que estipulaba que los miembros de las fuerzas armadas que cometían violaciones de las reglas reconocidas de la guerra, siguiendo órdenes de su gobierno o su comandante, no eran criminales de guerra y no podían ser castigados por el enemigo. El contento inicial por el “hallazgo” de Fuller (quien además se mostró dispuesto en todo momento ante Paget a declarar como testigo para la defensa de Manstein) se atemperó cuando Lord Hankey descubrió que dicha ley se había cambiado completamente en 1944, lo que, en opinión de Hankey, significaba que Manstein estaba siendo acusado ilegalmente por crímenes ex post facto. Sin embargo, todo el asunto de la “obediencia debida” y las “órdenes superiores” se desmoronó cuando se toparon con el Artículo 47 del Código Penal Militar alemán, que aunque databa de 1872 estuvo vigente durante toda la guerra, que estipulaba: “Si la ejecución de una orden dada en línea de obediencia viola una ley del código penal, el superior que da la orden es el único responsable. Sin embargo, el subordinado que obedece la orden está sujeto a castigo como cómplice si….sabía que la orden suponía un acto cuya comisión constituía un crimen o infracción militar o civil”. Véase Graham Macklin, Very Deeply Dyed in Black: Sir Oswald Mosley and the Resurrection of British Fascism After 1945 (London & New York: I. B. Tauris & Co Ltd, 2007), pp. 127-129; y para el Artículo 47 del Código Penal Militar alemán, Robert B. Kane, Disobedience and Conspiracy in the German Army, 1918-1945 (McFarlan, 2008), p. 15 y p. 34 (nota 10).

(4) Lemay, 464.

(5) Sus palabras fueron: “Nobody in this court imagines that Manstein is a bad man. He was beloved of his soldiers and staff. That at least this trial has made obvious. Nobody questions that he possesses every conventional and domestic virtue. The uttermost that is put against him is that he executed the will of his commander-in-chief. But that is the crime of Germany......What the prosecution seeks to say is 'Unless you prove that you had no part in the crimes for which you are already being punished as a German, you shall receive exceptional and extraordinary punishment'. That is fundamentally unjust. That is fundamentally totalitarian. For to impose upon an individual symbolic atonement for the crime of a nation is to deny the individual. Sir, I ask for the acquittal of von Manstein because I believe that acquittal will be honourable to my country”; Melvin, 480-481. Dos años más tarde, en un almuerzo con un grupo de fascistas ingleses, Paget declaró que el juicio “no fue una demostración de justicia, sino una demostración política”; Union No. 196, 15 December 1951, en Macklin, Op. Cit., nota 91.

(6) ”I ask you to ignore the political considerations and to say that this accused is guilty under which he has been charged”; Melvin, 481.

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El juicio contra el mariscal Manstein, 1949

Mensajepor José Luis » Mar Ene 18, 2011 10:20 am

El Juicio de Manstein (6): Recapitulación y Veredicto.-

El lunes 12 de diciembre de 1949, Collingwood comenzó asesorando a los miembros del tribunal que “....no había habido pocas ocasiones en este tribunal en que.....ha sido invitado a considerar la acusación como una acusación política. Por supuesto, no es nada parecido y no hace falta decir que no la considerarán así”. En cuanto a la “obediencia debida”, Collingwood expresó que la obediencia a una orden ilegal no absolvía al perpetrador de un crimen de guerra. También aconsejó al tribunal que rechazara la teoría de que la necesidad militar anulaba todas las reglas de la guerra. En suma, Collingwood aconsejó al tribunal que mantuviera los “Principios de Nuremberg”, confirmando que la Convención de La Haya era de aplicación en la guerra entre Alemania y la URSS.

Durante los cuatro días siguientes, Collingwood reseñó amplia y minuciosamente las pruebas presentadas en cada cargo. Destacó el punto fundamental de si Manstein había tenido conocimiento de los asesinatos masivos de judíos dentro del área bajo su mando en Crimea, y, de ser así, si había tomado las medidas suficientes para evitarlos. Recordó al tribunal que Manstein había dicho en las repreguntas que no había hecho nada porque ignoraba lo que estaba sucediendo. Y Collingwood preguntó, ¿pero podía creer el tribunal que había una conspiración de silencio entre los oficiales alrededor de Manstein?

En cuanto a las declaraciones de ex miembros del Einsatzgruppe D presentadas por la acusación, Collingwood recomendó que, siendo pruebas de unos cómplices, deberían ser corroboradas por pruebas independientes que tendieran a implicar a Manstein. Sin mencionar su opinión, Collingwood dejó al tribunal la decisión de establecer si había pruebas suficientes de que Manstein hubiese permitido al Einsatzgruppe D capturar y asesinar civiles, o si había instigado a sus tropas a cometer actos de brutalidad contra los judíos, de los cuales se habían presentado pruebas limitadas. También debía decidir el tribunal si Manstein había autorizado a sus subordinados a ejecutar civiles sin juicio por delitos no punibles, o simplemente bajo sospechas de ser partisanos.

El viernes 16 de diciembre de 1949, Collingwood concluyó su recapitulación con la reseña de los últimos tres cargos. Con respecto al asunto de “tierra quemada”, instruyó al tribunal de la siguiente manera:

Al llegar a una conclusión sobre esta cuestión de si la destrucción causada por el acusado fue disculpable bajo esta base [de necesidad militar], es esencial que ustedes consideren la situación a través de los ojos del acusado y la vean en el tiempo en el que ocurrieron realmente los hechos. No sería justo o adecuado examinar el asunto a la luz de hechos posteriores, o sustituir una atmósfera de tranquila deliberación por una de urgencia y ansiedad. Deben juzgar la cuestión desde este punto de vista; si, habiendo considerado la posición que tenía y las condiciones imperantes en la época, el acusado actuó bajo la honesta convicción de que lo que estaba haciendo era legalmente justificable.

Collingwood aconsejó que si el tribunal mantenía cualquier duda sobre el asunto de la “tierra quemada”, entonces esa duda debía ser favorable al acusado. Sin embargo, recordó al tribunal que las pruebas presentadas por la acusación “tienden a mostrar” que las destrucciones llevadas a cabo estaban muy lejos de ser el resultado de “necesidades imperiosas del momento”; en cambio, eran el resultado de la ejecución de “una política planeada” mucho tiempo antes, una política que el acusado ya había planeado ejecutar en dos ocasiones anteriores y que “ahora estaba ejecutando en su totalidad y llevándola a cabo al margen de cualquier cuestión de necesidad militar” (1).

Tras la conclusión de la intervención de Coollingwood, el juicio se suspendió durante el fin de semana para la deliberación del tribunal; se reanudó el lunes 19 de diciembre de 1949 con el veredicto. El presidente del tribunal halló a Manstein no culpable de ocho cargos: los tres “cargos polacos”, donde Manstein había servido como jefe de estado mayor y no era responsable como comandante en jefe; el sexto cargo, que acusaba a Manstein de obligar a los prisioneros de guerra soviéticos a entrar en la Wehrmacht; los cargos noveno, undécimo y duodecimo, precisamente los que acusaban a Manstein de asesinatos masivos llevados a cabo por unidades de la SD y de su ejército contra judíos, gitanos y comunistas; y finalmente del decimocuarto cargo, relacionado con el asesinato de civiles como “partisanos”, y en este caso a diferencia de lo que ocurrió en el juicio americano contra von Leeb et al, donde los subordinados de Manstein sí fueron hallados responsables de la comisión de este delito.

El presidente halló a Manstein culpable de nueve cargos: cuarto, quinto, séptimo, octavo, décimo, decimotercero, decimoquinto, decimosexto y decimoséptimo. El presidente sentenció a Manstein a dieciocho años de prisión (2), dejando un comentario personal: “Por primera vez en mi vida, fui obligado a actuar de una manera contraria a mis convicciones. Si yo hubiera estado en la situación del mariscal, no hubiera actuado de forma diferente a él. Pero debo condenarlo de acuerdo con las leyes en vigor” (3).

La sentencia del tribunal hizo de Manstein poco menos que un mártir para la prensa germano-británica, y muy pronto comenzaría las campañas de presión para su liberación.

(1) Melvin, 481-483. Collingwood concluyó diciendo: “As Counsel of the Defence said in his opening address, some of these are horrible charges, many of them are charges against the honour of a man who has risen high in the honourable profession which is yours and was his. It is only in the presence of the evidence which leaves you with no alternative as reasonable men that you can convict him of such charges. On the other hand, if the evidence leaves you with no reasonable doubt at all in respect of any of these charges, then your duty is that imposed upon you by the oath that was administered at the beginning of this trial”.

(2) Melvin, 484.

(3) Lemay, 467.

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El juicio contra el mariscal Manstein, 1949

Mensajepor José Luis » Jue Ene 20, 2011 11:21 am

Reducción de la condena y liberación final (1).-

La sentencia de 18 años de prisión impuesta a Manstein causó no poca crispación y protesta en buena parte de los círculos político-militares y de la prensa en Alemania e Inglaterra. Es probable que incluso hoy en día siga causando cierto malestar entre una buena parte de los aficionados a la historia de la IIGM (especialmente los admiradores del talento militar de Manstein o de una “honorable” Wehrmacht) y, sin duda, entre muchos políticos, militares y autores que, de alguna forma, siguen siendo “cautivos” de la perversa distorsión histórica creada a conciencia antes, durante y después de la época del juicio de Manstein como resultado de la polarización ideológica surgida de la Guerra Fría y la propaganda anti-comunista. Sin embargo, y a tenor de las pruebas históricas, la sentencia de Manstein fue relativamente suave, y en lo que a justicia se refiere quedó totalmente desvirtuada con la reducción de pena que siguió, sin motivación legal alguna, el 24 de febrero de 1950 (seis años de reducción) y la liberación de la condena tres años después.

Si hoy en día las pruebas históricas que se han venido recogiendo en la historiografía de la guerra en el Frente Oriental (la mayor parte de las cuales estaba accesible durante la época del juicio de Manstein y sólo faltaba personal cualificado y presupuesto suficiente en la acusación para reunirlas y presentarlas) son suficientes para condenar categóricamente a Manstein (y a muchos otros oficiales superiores de la Wehrmacht) por “crímenes de guerra” y “crímenes contra la humanidad”, no es menos cierto que también la historiografía ha venido y viene desmontando toda la distorsión histórica de la guerra germano-soviética creada durante la inmediata posguerra y los años de la Guerra Fría. Sea como fuere, no fue justicia ni historia lo que salió finalmente de la defensa del juicio de Manstein, sino pura política y no poco corporativismo del generalato militar. Al margen de lo sucedido en el Juicio del TMI de Nuremberg, ni uno sólo de los 632 criminales de guerra ejecutados después de sus sentencias por los tribunales americanos y británicos era general. Todos ellos eran subordinados a quienes de nada sirvió en sus juicios el alegar que estaban obedeciendo órdenes superiores (1). A la conclusión del juicio, Manstein fue enviado desde Hamburgo a una prisión aliada en la pequeña ciudad de Werl, a unos 30 kilómetros al este de Dortmund (Westfalia), donde se encontraban o se iban a encontrar muy pronto encarcelados como criminales de guerra condenados por tribunales británicos otros nueve generales alemanes que cumplían sentencias de por vida (tras serles conmutadas las penas de muerte) o de larga duración (10/20 años). Pues bien, la cárcel quedó vacía de criminales de guerra en 1957 (2). Se había impuesto el interés político en detrimento de la justicia.

La sentencia provocó que algunos círculos varios en Alemania consideraran a Manstein como una víctima más de la “justicia de los vencedores”. El propio juicio se vio como un insulto al honor del soldado alemán, al cual se veía libre de toda sospecha. En Inglaterra había sentimientos similares, y desde una parte del espectro político se temía que estos juicios auspiciasen la creación de un nuevo nacionalismo alemán perjudicial para los intereses británicos de integrar a Alemania del Oeste en la comunidad y defensa de la Europa occidental.

El Hamburger Allgemeine Zeitung, periódico alemán liberal y de tradición anti-militarista, denunció la sentencia de Manstein como una decisión política: “De igual forma que en los juicios de Nuremberg, este juicio contra el mariscal de campo von Manstein fue en primer lugar un juicio político. Un juicio dirigido no contra un oficial alemán de alto rango, sino contra un hombre que en la opinión de los críticos militares británicos fue considerado el más extraordinario líder del ejército alemán de la Segunda Guerra Mundial. Como tal fue un miembro de la Wehrmacht cuyo honor es idéntico al honor de todos los alemanes que en el significado de esa palabra se consideran a sí mismos como soldados. Millones de ellos murieron por ese honor, pero millones de supervivientes permanecen para siempre atados a la idea del honor militar alemán, aunque hayan entregado sus armas. Tras los precedentes de Nuremberg difícilmente podía esperarse una honorable absolución para Manstein, pero todos los alemanes que siguieron el juicio en todas sus fases estaban esperando una sentencia leve. El gesto político de una sentencia así seguramente que iba a tener una cálida acogida. Que no se dio este gesto es algo que tendremos que soportar, pero también es un factor que ningún hombre o mujer alemán políticamente despierto será capaz de pasar por alto” (3).

Uno de los cabecillas, si no el líder, de la campaña pública y privada a favor de la liberación de Manstein, Basil Liddell Hart [quien además pintó unos retratos “fabulosos” de los principales generales alemanes (4)], escribió una carta al The Times el 11 de enero de 1950 expresando la profunda indignación que le producía la sentencia de Manstein: “Ahora está claro que Manstein nunca inició ninguna política de brutalidad […]. Aunque la guerra de Rusia se convirtió en una lucha brutal, el cuerpo de Manstein se abstuvo de cumplir con las drásticas órdenes del Alto Mando [5]. No se ha hallado ninguna falta hasta que fue transferido al mando de un ejército en una región donde esas órdenes ya estaban en marcha [6]. Es absurdo asumir que un simple comandante de ejército, recién llegado […], pudiera anular públicamente órdenes ya conocidas por sus nuevos subordinados y por la SS. Incluso así, hay muchas pruebas de que refrenó su severidad. La más significante es una nota en el diario de Goebbels, quien frecuentemente advirtió a Hitler de la oposición de Manstein a sus órdenes: 'Manstein y Kleist han introducido un trato más humano a los habitantes de las regiones que están de nuevo bajo administración militar como resultado de nuestra retirada. 28/4/1943'. Es evidente que Manstein tomó la iniciativa para mitigar medidas inhumanas. Cabría esperar, no menos por nuestra propia reputación, que tenderemos a mostrar un sentido de humanidad similar al mitigar la salvaje sentencia que se la ha impuesto” (7).

Hart acabó esa carta afirmando que la condena de Manstein “parece un ejemplo mayúsculo de gran ignorancia o gran hipocresía”, una acusación que no sentó nada bien al vicepresidente del tribunal que lo había condenado, el mayor general Ashton Wade, que consideró esa crítica al tribunal como “completamente asombrosa y ofensiva” (8). El objetivo de Hart, sin embargo, no era tanto ofender al tribunal como influenciar públicamente la decisión final sobre la petición de revisión de la sentencia de Manstein, cuestión que seguiremos viendo en otra ocasión.

(1) Lemay, 470

(2) Werl, una cárcel construida durante 1905-1908, se convirtió en la cárcel más grande durante el Tercer Reich, conteniendo unos 2.000 prisioneros en 1944. Bajo administración aliada en zona británica, Werl tuvo un total de 226 criminales de guerra alemanes convictos, entre ellos 17 mujeres. Sus sentencias iban desde los cinco años de prisión a pena de muerte. Procedían de todos los estamentos del régimen nazi: funcionarios del partido, de la Gestapo, de la SD, de los campos de concentración (de donde procedía la mayoría de las mujeres presas), de la policía, y miembros de las Waffen-SS y de la Wehrmacht. Entre los generales estaban el mariscal de campo Kesselring que, tras ver conmutada su pena de muerte, cumplía sentencia de prisión de por vida; el coronel general Nikolaus von Falkenhorst, al que también se le conmutó la pena de muerte por 20 años de prisión; el coronel general Eberhard von Mackensen, condenado a muerte por la masacre de las cuevas Ardeatinas y luego conmutado por cadena perpetua; el general de artillería August Schmidt, sentenciado a cadena perpetua por su relación con el asesinato de aviadores capturados, y luego conmutado a 10 años de prisión; el general de artillería Curt Gallenkamp, los tenientes generales Kurt Wolff y Kurt Mälzer; y de las W-SS, el SS-Brigadeführer Kurt Meyer y el SS-Gruppenführer Max Simon. Los primeros en llegar fueron Mackensen y Mälzer en enero de 1947, Kesselring en febrero y Gallenkamp en abril; Simon en abril de 1948, Manstein en diciembre de 1949, Falkenhorst y Wolff en enero de 1950, y Meyer en octubre de 1951. Junto con Manstein, estos diez generales fueron inicialmente segregados del resto de criminales de guerra, en el ala B del Edificio 1, mientras que los criminales de menor rango estaban en el Edificio 3. Pero en 1950 todos los prisioneros condenados por tribunales británicos fueron concentrados en el Edificio 1, con los criminales de guerra, incluidos los generales, en el ala B, mientras que los prisioneros condenados por crímenes comunes por los tribunales aliados fueron encerrados en las alas C y D. Véase un amplio reportaje (con excelentes fotos incluidas) en Helmuth Euler, “Werl Allied Prison”, en After the Battle, No. 118 (2002), pp. 44-55.

(3) Lemay, 469.

(4) Véase su edición británica The Other Side of the Hill (1948) o la americana The German Generals Talk.

(5) No lo entendió así el tribunal, que lo condenó en este cargo como comandante del LVI Cuerpo Motorizado. Y que hoy en día está probado por la evidencia histórica. Al 19 de julio de 1941, el Panzergruppe 4 (al que pertenecía el cuerpo de Manstein) había reportado la ejecución de 172 comisarios políticos. Véase Lemay, p. 252 y nota 289 en p. 500. La biliografía es más extensa de lo que reporta Lemay en sus fuentes.

(6) Y que el propio Manstein se encargó de endurecer. Véase su orden de 20 de noviembre de 1941 (Ref. Armeeoberkommando 11, Abt. Ic/AO Nr. 2379/41 geh.).

(7) Lemay, 469-470.

(8) Melvin, 488.

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El juicio contra el mariscal Manstein, 1949

Mensajepor José Luis » Sab Ene 22, 2011 9:05 am

Reducción de la condena y liberación final.-

Manstein hizo dos peticiones para la revisión de la sentencia a través de Paget. En una carta que escribió a Liddell Hart el 15 de enero de 1950, Manstein dejaba muy claro que no tenía en absoluto ningún sentimiento de culpa, ninguna lamentación o remordimiento que hacerse por el importante papel que jugó en la guerra de exterminio contra la Unión Soviética. Incluso olvidando por un momento la realidad y dándole el beneficio de la duda sobre su reiterada afirmación de que no sabía nada de las masacres masivas de judíos, y suponiendo que sólo se hubiera enterado de estos terribles crímenes por el Juicio del TMI de Nuremberg, incluso así Manstein ni siquiera llegó a replantearse el verdadero papel que jugó en la URSS. En este sentido, esa carta a Hart no tiene desperdicio:

De hecho, es difícil comprender cómo hoy la aplicación de las normas de Nuremberg, que son el resultado del odio y la venganza y de un total malentendido de las realidades de la guerra moderna y especialmente de una guerra contra la Unión Soviética, puede pasar una vez más por encima del sentido común, el pensamiento militar y sobre todo las realidades de la última guerra […]. No comprendo cómo un tribunal, formado por soldados de alto rango, puede seguir al asesor legal de esta manera, que niega todas las realidades de la guerra moderna y especialmente las condiciones bajo las cuales el ejército alemán tuvo que combatir en Rusia contra los bolcheviques […]. Puede decirse que mi crimen fue servir bajo Hitler. ¡Pero yo no estaba sirviendo a Hitler; estaba sirviendo a mi país en su más grande peligro! Tenía el deber de ayudar a mis soldados en su dura lucha contra un enemigo que no reconocía ninguna regla o uso de la guerra. Dije francamente al tribunal que consideré algunas medidas tomadas por mi gobierno como justificadas bajo las condiciones de guerra moderna y con respecto a las actividades del otro bando. Esto se aplica por ejemplo a la toma de represalias (que la acusación erróneamente define como el asesinato de rehenes), a la evacuación de la población, al trabajo de prisioneros de guerra, al fusilamiento de partisanos incluyendo comisarios que eran miembros de organizaciones partisanas. De hecho, me parece muy cuestionable incluso bajo las normas de La Haya si esas medidas fueron realmente ilegales o no, siendo las normas de La Haya muy vagas. Tampoco entiendo cómo pueden ser ilegales estas cuestiones, si la destrucción de ciudades indefensas, la muerte de sus habitantes por bombardeo es reconocida por las necesidades de la guerra. Quizás es necesario añadir un comentario con respecto a la cuestión de los judíos muertos por la SD. Dije al tribunal que, si yo hubiera tenido conocimiento de estos horribles hechos, hubiera hecho todo intento para evitarlos. Pero no puede haber duda alguna de que el resultado solamente habría sido mi destitución. (1).

El oficial responsable de la confirmación de la sentencia era el teniente general Sir Charles Keightley, Comandante en Jefe del Ejército Británico del Rin, quien quizás formaba parte de la alianza que Ernest Bevin había llamado el “sindicato de los generales” y que probablemente compartía los prejuicios profesionales de su antecesor el general Harding; este último había conmutado las sentencias de muerte de Kesselring y dos de sus subordinados (2). Keightley tenía como asesor jurídico al brigadier Lord Russel, quien, incluso reconociendo que la sentencia del tribunal parecía excesiva, aconsejó que “sin duda debe recordar que, al considerar si debe o no haber alguna remisión de la sentencia, el acusado fue declarado culpable de los cargos octavo y decimotercero, el segundo de los cuales alegó el fusilamiento ilegal de más de dos mil rehenes sin juicio, lo que, según la ley internacional, es asesinato. Puede considerar que la sentencia dada por el tribunal está justificada por la condena de estos dos cargos”. También opinaba Russel que era correcta la opinión del tribunal en cuanto a que Manstein pudo haber evitado las masacres presentadas en el cargo décimo, añadiendo que los lugares en los que se había masacrado a miles de ciudadanos soviéticos estaban todos situados dentro del área de jurisdicción del 11º Ejército. Expresó que Manstein pudo haber mantenido a los Einsatzgruppen fuera del área de su ejército bajo el pretexto de que su presencia podía interferir en las operaciones militares. Para Russel estaba muy claro, a tenor de lo visto en el juicio, que Manstein era capaz de oponerse a Hitler en asuntos de importancia militar, pero no estaba dispuesto a hacer lo mismo en relación con los asesinatos masivos de cientos de miles de rusos, pues no le merecía la pena una disputa con Hitler por este asunto. Así, Russel concluyó: “... esta petición no revela fundamentos adecuados para rechazar la confirmación de cualquiera de las conclusiones en este caso” (3).

Pese a los consejos legales de Russel, el 24 de febrero de 1950 Keightley confirmó los veredictos de culpabilidad pero redujo la sentencia de Manstein de dieciocho a doce años sin ninguna explicación. Quizás creyó que el tribunal había prestado poca consideración a las “condiciones anormales” existentes en el frente ruso. “La organización por los rusos de sabotaje y actos de terrorismo” no tenía paralelo en ninguna otra parte. “Todas las reglas para la conducta decente de la guerra ya habían sido ignoradas por los rusos. Las salvajes contramedidas tomadas por los alemanes fueron ordenadas desde Berlín principalmente por Himmler, y Manstein, que estaba muy preocupado con sus problemas militares, jugó principalmente una parte pasiva en las atrocidades cometidas contra los habitantes civiles” (4).

Al día siguiente Manstein escribió una carta a Paget donde, considerando la reducción de la sentencia, decía que era “inexplicable cómo el comandante en jefe pudo en absoluto confirmar las conclusiones después de considerar la petición que usted ha formulado de manera tan convincente. Para mí la única explicación es la suposición de que estuvo obligado a hacerlo así por órdenes superiores” (5).

Manstein continuó su vida de recluso relativamente privilegiado en Werl cultivando un jardín y escribiendo sus memorias. Pero sus defensores, a uno y otro lado del Canal, comenzaron inmediatamente una campaña de presión política para su liberación.

(1) Melvin, 486-487.

(2) Bloxham, 166.

(3) Melvin, 488-489.

(4) Robertson a Kirkpatrick, 1-2-1950, citado en Bloxham, 166. A este comentario de Robertson sobre la opinión que, aparentemente, se había formado Keightley, escribe Bloxham: “Much of this was demonstrably untrue contemporaneously; the remainder was a distinctly partial portrait of Manstein’s behaviour. Even ignoring his many proven acts of neglect, which included allowing the Einsatzgruppen to murder ‘over sixty eight thousand Soviet citizens, mostly Jews’, and the continued operation of the Barbarossa jurisdiction decree, he had been convicted of issuing the ‘Commissar Order’ permitting the killing without trial of suspected Bolshevik party agents attached to Red Army units”; 166-167.

(5) Melvin, 489-490.

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"Dioses, no me juzguéis como un dios
sino como un hombre
a quien ha destrozado el mar" (Plegaria fenicia)


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