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El juicio contra el mariscal Manstein, 1949

Los juicios de Núremberg, las nuevas fronteras

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José Luis
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El juicio contra el mariscal Manstein, 1949

Mensajepor José Luis » Sab Ene 22, 2011 2:29 pm

Liberación y muerte.-

En Alemania, entre los defensores de Manstein estaban sus antiguos camaradas de armas los generales Heusinger, Speidel, Westphal y su siempre fiel Theodor Busse; pero también había una amplia variedad de políticos y periodistas. Tanto el presidente de la República Federal (que había sido establecida por el Consejo Parlamentario el 23 de mayo de 1949), Theodor Heuss, como el presidente del Bundestag (formado el 7 de septiembre de 1949 como sucesor del Consejo Parlamentario) (1), Hermann Ehlers, solicitaron que fuese revisada la sentencia de Manstein. Y nada menos que el canciller Konrad Adenauer puso ante los aliados como condición indispensable para el rearme de la RF de Alemania (para hacer frente a la amenaza soviética) la liberación de Manstein (y todos los oficiales alemanes en prisiones aliadas). A mediados de 1950 había declarado que dos de las condiciones necesarias para el rearme alemán eran “el cese de la difamación del soldado alemán y un acuerdo satisfactorio de las sentencias por crímenes de guerra” (2). También los partidos políticos de centro (FDP) y centro-derecha (CDU) presionaron para la revisión o liberación (3).

En Inglaterra nadie se movió tanto para la liberación de Manstein como Liddell Hart y Reginald Paget. Durante 1950 Hart viajó a Alemania para sondear la opinión de ex militares con respecto a los juicios por crímenes de guerra establecidos por los aliados; llegó a la conclusión de que la única manera de lograr un consenso público en Alemania sobre su rearme pasaba por “solucionar” el problema de los generales alemanes convictos (4).

Cuando en octubre de 1951 los conservadores británicos bajo Churchill regresaron al gobierno, la cuestión de la liberación de Manstein (y de todos los oficiales alemanes bajo custodia británica) cobró un nuevo impulso. La autoridad para una recomendación de clemencia para la sentencia de Manstein descansaba en el Secretario de Exteriores (5), Anthony Eden, quien recalcó que sólo podía ejercer ese poder únicamente en casos donde estuviese justificado. Sin embargo, en diciembre de 1951 Eden persuadió al gobierno británico para que aceptara su recomendación de que el tiempo de custodia antes del juicio fuese descontado de las sentencias impuestas por los tribunales británicos a los criminales de guerra alemanes. Este principio aparentemente equitativo podía significar en algunos casos que se doblase una reducción de sentencia ya hecha; tal era el caso de Manstein y su reducción de condena ya hecha el 24-2-1950.

No obstante, el tribunal que condenó a Manstein ya había establecido al final del juicio que la sentencia de Manstein “contará desde hoy (19 de diciembre de 1949). El periodo durante el cual el acusado ha estado custodiado ha sido tenido en cuenta [taken into account]”. Eden argumentó que en tales casos la calificación judicial “taken into account” no significaba necesariamente que la custodia previa al juicio hubiera sido plenamente “calculada en la sentencia”. Bajo este asidero semántico era legítimo, según Eden, restar del total de años decretados en la sentencia el tiempo de custodia que el condenado había servido antes del juicio (6).

En el verano de 1952, cuando cobró relevancia la ratificación alemana del Tratado de la Comunidad de Defensa Europea, Liddel Hart informó a sus “confederados parlamentarios” (Paget, Hankey y el nuevo ministro de Defensa, mariscal Alexander) de sus conversaciones mantenidas con Adenauer en junio de ese año. Paget le respondió por carta que remitiría toda su información a Churchill y le expresó su confianza de que el gobierno conseguiría un pretexto para liberar a Manstein (y Kesselring). A tal fin, el gobierno estaba preparando un informe médico sobre Manstein que posibilitara, en base a sus problemas de cataratas y su estado de “melancolía”, su salida de Werl. De esta forma, Manstein fue examinado por un psiquiatra en junio, pero -quizás como comentó Alexander, porque no había sido bien preparado sobre los aspectos del prisionero en que debía concentrarse- no encontró ningún problema físico o mental que justificara la puesta en libertad por razones médicas. El propio Manstein dijo al respecto: “Yo no era el tipo ideal para un psiquiatra y no era realmente un candidato adecuado para pretender que había sufrido un colapso nervioso” (7).

Como Manstein, no obstante, se quejó de que precisaba tratamiento médico, en agosto de 1952 fue puesto temporalmente en libertad para una intervención de cataratas. No regresó jamás a prisión, pues tras su operación se le concedió libertad indefinida por convalecencia, un plan que ya había sido urdido por la Oficina de Exteriores con el conocimiento de Churchill y Kirkpatrick. Este último aseguró a Adenauer que nadie temporalmente liberado por problemas de salud regresaría a prisión (8).

Ahora ya todo estaba listo para su liberación final. En 1950 se le había reducido la condena a 12 años; luego tenía un tercio de remisión por buena conducta, y finalmente estaba la deducción, acordada por el gobierno, del periodo que estuvo bajo custodia antes del juicio. Así las cosas, Manstein debía ser formalmente liberado el 7 de mayo de 1953; de hecho, fue liberado en febrero de 1953 cuando se le permitió ampliar el periodo de convalecencia (que desde el final de la operación de cataratas en octubre de 1952 disfrutaba en Kiel) en Allmendingen, zona americana, donde el 7 de mayo de 1953 recibió la noticia de su liberación oficial (9).

En 1958 Manstein se instaló en Irschenhausen (actualmente Icking), cerca de Munich, donde murió el 10 de junio de 1973 a los 86 años de edad, víctima de una apoplejía cerebral. Junto con su mujer fue enterrado con plenos honores militares en el cementerio de Dorfmark, cerca de Bad Fallingsbostel, en la Baja Sajonia.

(1) Para su historia véase: http://www.bundestag.de/htdocs_e/artand ... index.html

(2) Bloxham, 167.

(3)) Melvin, 491.

(4) Ibid.

(5) Con anterioridad, también estaba investido de este poder por el estatuto Royal Warrant el Alto Comisionado Aliado para Alemania del Oeste, entonces Sir Ivone Kirkpatrick, un diplomático de carrera, pero pronto le fue retirado por el gobierno laborista en mayo de 1951. Véase Bloxham, 167.

(6) Bloxham, 168-169. En su original: "In anticipation of the need for clarity, the Court had decreed at the end of the trial that Manstein’s sentence ‘will date from today (19 December 1949). The period during which the accused has been in custody has been taken into account.’ This was drawn to Eden’s attention, yet he argued that in such cases the judicial qualification ‘taken into account’ did not necessarily mean that pretrial custody had been fully ‘reckoned towards [the] sentence’. Despite instances such as Manstein’s when the intention of the court had been obvious and unequivocal, if the judgement had not stated explicitly the formula that time previously served would be ‘set off in its entirety’, it was considered legitimate to subtract this time from the total number of years decreed".

(7) Bloxham, 169; Melvin, 494.

(8) Bloxham, 169.

(9) Para más detalles, en especial la controvertida remisión de un tercio de la condena por buena conducta, véase Bloxham, 170-171.

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El juicio contra el mariscal Manstein, 1949

Mensajepor Grossman » Dom Ene 23, 2011 1:25 pm

¡Hola!

Muchas gracias, José Luis, por este estudio. Imprescindible para quien esté interesado en un retrato más real de Manstein y de la Wehrmacht en el Frente Oriental, respecto al que está en circulación, y representativo de las dificultades de los procesos militares de la posguerra.

Dejo un par de imágenes:

Manstein en el banquillo en 1949
Imagen p.652


José Luis escribió:El 7 de mayo de 1953 el alcalde de Allmendingen decretó a primera hora de la mañana día festivo en el pueblo; las calles fueron decoradas con flores y recorridas por la banda de música. La gente no sabía a qué se debía semejante inesperada celebración, pero pronto supieron que el famoso mariscal Erich von Manstein había sido finalmente liberado. Habían pasado casi exactamente ocho años (el casi por un día) desde que había sido internado bajo custodia británica en Schleswig-Holstein el 8 de mayo de 1945.

Aquí vemos la celebración
Imagen p.655

* * *

Como la investigación posterior sacó a la luz documentos que en el momento del proceso eran desconocidos, sospecho que ese fue el caso de la célebre orden criminal firmada por Manstein el 20.11.1941 (1).

Orden del Comandante del 11º Ejército, General Erich von Manstein, del 20.11.1941
La situación alimentaria de la patria hace necesario que la tropa se alimente en gran parte del país, y que además, existencias a ser posible grandes sean puestas a disposición de la patria. Especialmente en las ciudades enemigas la mayor parte de la población va a tener que pasar hambre. Aún así, de lo que la patria puede prescindir, nada debe ser repartido, en aras de un humanismo mal entendido, entre la población o prisioneros de guerra, salvo que se hallen al servicio de la Wehrmacht alemana.
...
El judaísmo es el intermediario entre el enemigo que está a nuestras espaldas y el resto de soldados rojos que combaten todavía, y su mando. Más aún que en Europa es el que tiene todas las llaves de la dirección política, la administración, el comercio y la industria. Y constituye, además, la célula de toda inquietud y posibles levantamientos ... El soldado debe comprender que es necesario que el judaísmo, el portador espiritual del terror bolchevique, sea objeto de una dura expiación. Esta es también necesaria para sofocar de raíz todo levantamiento, que en su mayor parte son promovidos por judíos.

Esta orden no se limitaba a transmitir las que llegaban de Berlin, sino que contenía una aportación personal del propio Manstein, a la que no estaba obligado, y contradecía abiertamente el fundamento por el que Keightley redujo la condena:

José Luis escribió:Las salvajes contramedidas tomadas por los alemanes fueron ordenadas desde Berlín principalmente por Himmler, y Manstein, que estaba muy preocupado con sus problemas militares, jugó principalmente una parte pasiva en las atrocidades cometidas contra los habitantes civiles”

En caso de haberla conocido, dudo mucho que hubiese surgido este comentario por parte del presidente del Tribunal:

José Luis escribió:El presidente sentenció a Manstein a dieciocho años de prisión (2), dejando un comentario personal: “Por primera vez en mi vida, fui obligado a actuar de una manera contraria a mis convicciones. Si yo hubiera estado en la situación del mariscal, no hubiera actuado de forma diferente a él. Pero debo condenarlo de acuerdo con las leyes en vigor”

Ni Manstein hubiera podido sostentener:

José Luis escribió:... su reiterada afirmación de que no sabía nada de las masacres masivas de judíos ... "Quizás es necesario añadir un comentario con respecto a la cuestión de los judíos muertos por la SD. Dije al tribunal que, si yo hubiera tenido conocimiento de estos horribles hechos, hubiera hecho todo intento para evitarlos. Pero no puede haber duda alguna de que el resultado solamente habría sido mi destitución."

Pero que, sobre todo, resultaba demasiado incriminatoria (a mi juicio) como para haber salido absuelto de estos cargos:

José Luis escribió:El presidente del tribunal halló a Manstein no culpable de ocho cargos: ... los cargos noveno, undécimo y duodecimo, precisamente los que acusaban a Manstein de asesinatos masivos llevados a cabo por unidades de la SD y de su ejército contra judíos, gitanos y comunistas


Saludos

Fuente:
1) HAMBURGER INSTITUT FÜR SOZIALFORSCHUNG “Verbrechen der Wehrmacht. Dimensionen des Vernichtungskrieges 1941-1944. Austellungskatalog”. Hamburger Edition (2001) p.347-50
■ las fotos de HAMBURGER INSTITUT Ibid.
Espérame y yo volveré, pero espérame mucho
Espérame cuando las tristes lluvias lleguen, y cuando el calor llegue no dejes de esperar
Espérame y yo volveré para que la muerte rabie
No comprenderán jamás los que jamás han esperado, cómo tú del fuego me salvaste
Es que sencillamente me esperaste como nunca nadie me esperó
****************** Konstantin Simonov ******************

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El juicio contra el mariscal Manstein, 1949

Mensajepor José Luis » Lun Ene 24, 2011 12:41 pm

¡Hola a todos!

Grossman escribió:Como la investigación posterior sacó a la luz documentos que en el momento del proceso eran desconocidos, sospecho que ese fue el caso de la célebre orden criminal firmada por Manstein el 20.11.1941 (1).


No, esa infame orden de Manstein ya fue presentada como prueba de la acusación en el caso contra el EMG y OKW (cuando se pretendió, sin éxito, declararlos como una organización criminal) por el fiscal americano Taylor; también sería presentada en el juicio de Manstein, quien declaró, en ambos casos, no recordar el contenido de la misma, aunque aceptó que la firma de la orden era de él. Luego le hicieron recordar y aceptar algunas cosas, pero, en esencia, negó cualquier conocimiento del contenido comprometedor de la misma.

No he pretendido en este hilo, salvo apuntes marginales, refutar las mentiras que Manstein declaró en su juicio, ni mostrar las pruebas irrefutables de su participación en la casi totalidad de los 17 cargos de los que se le acusó. Me interesaba sólo mostrar las principales cuestiones de fondo que acompañaron e influenciaron en su juicio. Quien quiera conocer los crímenes en los que estuvo involucrado Manstein tiene una aproximación en el hilo que tiene dedicado en el subforo de "Biografías". Luego está el retrato que hizo de él Marcel Stein en su Field Marshal von Manstein. The Janus Head. A Portrait (2007), previamente publicado en alemán como Der Januskopf: Feldmarschall von Manstein - eine Neubewertung (2004). Esta obra da una cuenta bastante detallada de la parte de Manstein en los crímenes nazis en el Frente Oriental, especialmente de la época en que estuvo al mando del 11. Armee. Tiene otro estudio dedicado completamente al papel del 11. Armee en la "Solución Final" titulado Die 11. Armee und die 'Endlösung' 1941/42 Eine Dokumentensammlung mit Kommentaren (2006).

Luego está la biografía de Lemay, que también se para bastante en la cuestión de los crímenes (donde sigue bastante el trabajo de Stein), ya referenciada en las notas de este hilo, y la biografía de Melvin, igualmente referenciada (y de gran ayuda para mí), que ya refleja este asunto espinoso (para el propio autor) con más "asepsia". Igualmente, está el trabajo, que no he leído (lo haré cuando lo publiquen en inglés), de Oliver von Wrochem, Erich von Manstein: Vernichtungskrieg und Geschichtspolitik (2006). Esta obra, por lo que he sabido, se centra principalmente en la participación de Manstein en los crímenes del FE, su juicio y vida de posguerra. Luego está, cómo no, la literatura general versada sobre la "guerra de aniquilación" y el Ostheer, en especial para desmontar todas las falacias vertidas sobre su falta de compromiso con las órdenes criminales de Hitler (su distribución y ejecución) y los crímenes resultantes. La bibliografía es abundante como para detallarla aquí, pero para los lectores sólo de español hay un excelente libro de Wette que se ha traducido como Los Crímenes del Ejército Alemán, también referenciado en este hilo.

Lamentablemente no hay ningún sitio online (que yo sepa) que recoja o resuma el juicio de Manstein de Hamburgo en 1949 (a diferencia, por ejemplo, del juicio de Kesselring). Los clásicos que se han escrito sobre el mismo son obra apologética, aunque en diferente grado, de dos de sus defensores legales: Reginald Paget: Manstein: His Campaigns and His Trial (1951), que es una distorsión indecente de la historia (aceptable como defensa en un juicio, pero no como un reflejo mínimamente objetivo de la historia), y Paul Leverkuehn, Verteidigung Manstein (1950), que no he leído pero que es, al parecer, más digerible.

Finalmente, está el trabajo de Bloxham referenciado, quien además escribió un artículo en Patterns of Prejudice, vol. 33, no. 4 (1999), dedicado al juicio de Manstein bajo el título "Punishing German Soldiers during the Cold War: The Case of Erich von Manstein", artículo que no he leído ni me he preocupado por buscar para leer al tener su obra mucho más profunda Genocide on Trial ya referenciada.

La culpabilidad de Manstein, en mayor o menor grado, en los 17 cargos presentados contra él en 1949 es incuestionable, pero para mí el que el tribunal fallase una sentencia relativamente suave que muy poco después le fue retirada es algo prácticamente intrascendente comparado con el mito (en su acepción de falsedad) que se creó, a partir de 1946, sobre la Wehrmacht y sus principales figuras dirigentes, y, sobre todo, por el ninguneo que se hizo, ya desde el Juicio del TMI de Nuremberg, del genocidio nazi de los judíos, principalmente desde los medios de comunicación de la época. Todos esos juicios a oficiales superiores alemanes como criminales de guerra sirvieron, por otra parte, para crear el sentimiento de "victimización", donde los culpables pasaron a usurpar el papel de sus víctimas. No es por ello de extrañar que la República Federal de Alemania estuviese compuesta en sus instituciones, y en no poca medida, por individuos, militares incluidos, que habían sido, de una u otra forma, sostén y motor centrales en la consecución de muchos objetivos criminales del Tercer Reich.

El juicio de Manstein (como antes el "memorando de los generales" y el caso del EMG-OKW), sus memorias y las de otros de sus colegas sirvieron para crear y consolidar, entre otras falsedades, uno de los mitos más nefastos de la historia de la guerra en el Frente Oriental: que allí la Wehrmacht combatió "honorablemente" y que los crímenes cometidos eran cosa exclusiva de Hitler y la SS. Esta visión torticera de la historia fue aceptada de forma abrumadoramente mayoritaria por los historiadores de la posguerra y por la literatura popular, y fomentada tras bambalinas por los gobiernos de turno como tributo a la propaganda ideológica occidental de la Guerra Fría. Pero además, como macabra ironía del "destino", desde el otro bando, el soviético, la historiografía de posguerra tampoco se detuvo en el aspecto más notable de la guerra de exterminio de la Wehrmacht en la URSS: las masacres de los Einsatzgruppen-Ostheer, los crímenes contra prisioneros de guerra soviéticos y, sobre todo, el llamado Holocausto. Afortunadamente, esas auténticas injusticias, distorsiones y olvidos de la historia comenzaron a desmontarse, desde el campo académico, en la década de 1980 y en ello se continúa.

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El juicio contra el mariscal Manstein, 1949

Mensajepor Mannerheim » Lun Ene 24, 2011 2:48 pm

Muchas gracias por tu excelente exposición, José Luis.

José Luis escribió:Lamentablemente no hay ningún sitio online (que yo sepa) que recoja o resuma el juicio de Manstein de Hamburgo en 1949 (a diferencia, por ejemplo, del juicio de Kesselring).


Me puedes indicar alguno de esos links relativos a Kesselring que estén en español o en inglés?

Un cordial saludo.
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El juicio contra el mariscal Manstein, 1949

Mensajepor José Luis » Lun Ene 24, 2011 3:06 pm

Mannerheim escribió:Me puedes indicar alguno de esos links relativos a Kesselring que estén en español o en inglés?


http://www.ess.uwe.ac.uk/WCC/kesselring.htm
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El juicio contra el mariscal Manstein, 1949

Mensajepor jesus2 » Mar Feb 01, 2011 12:50 am

Saludos y felicitaciones a José Luis por este excelente artículo. Aunque tenía y tengo cosas que hacer que se quedan para mañana, he tenido un larrrrrrgo momento leyendo este texto.

De la lectura del libro que Stein dedicó a von Manstein y que José Luis ha usado para la confección de este texto, saqué entre otras tres conclusiones que tienen que ver con este asunto.

1) La famosísima frase de von Clausewitz “la guerra es la continuación de la política por otros medios”, además de ser la mejor definición posible de la palabra “guerra”, está perfectamente aplicada a la guerra germano-soviética. Los militares, meras extensiones y ejecutores de los planes del Jefe de Estado (Hitler) tuvieron que hacer frente a tres órdenes emanadas del mismo que dejaban bien claro el tipo de guerra que se iba a desarrollar incluso antes de que comenzara: la orden de los comisarios, la que vulgarmente ha pasado a la Historia como la “orden de Barbarroja” y por último lo que más vulgarmente aún ellos mismos denominaron en un sentido más amplio e intencionadamente indefinido: las Judenaktion. La segunda no se aplicó, la primera sí y desconozco si alguien fue acusado de crímenes de guerra por fusilar comisarios sin juicio previo (entonces habrían caído todos excepto el comandante de la 17 Panzer, Sixt von Armin). Para la realización de la tercera a los Ejércitos y Grupos de Ejércitos fueron adscritos las unidades de las SD encargadas de tal tarea como si se tratara de “Heerestruppen zur besonderer Verwendung” (tropas de ejército de propósito especial). Con la adición a sus respectivos “Köruck” de tales unidades a los cuarteles generales y estados mayores de las diversas grandes unidades superiores las mismas, y con ellas el Heer se vio totalmente involucrado en la guerra de exterminio que Hitler había diseñado para la URSS. Recibían y ejecutaban las órdenes que emanaban de su cuartel general superior, ni más ni menos que el de un Ejército o Grupo de Ejército. Y aunque los comandantes solían delegar estas órdenes a su Jefe de Estado Mayor como un asunto menor, el mismo estaba obligado a firmar una orden, si era el caso, con la firma añadida de su comandante en jefe. Esto fue lo que provocó que más tarde muchos de estos tuvieran que rendir cuentas.

2) Por ese mismo motivo recibir el mando de un Ejército o Grupo de Ejército durante el primer año de la guerra germano-soviética dicho mando era uno envenenado. Guderian, Hoth, von Kleist y otros muchos, casi todos ellos fueron acusados de crímenes de guerra, pues su participación en el exterminio de los judíos estaba sobradamente probada. En el fondo eran ellos los que lo ordenaban… no los distantes Hitler/Himmler o SS locales. Tendría que mirarlo mejor, pero me temo que los únicos que no fueron acusados fueron o bien los que por uno u otro motivo ya estaban muertos (Höppner, von Reichenau, von Schobert…) o bien los que recibieron tal mando en torno a la primavera del 42, cuando el grueso de las acciones judías había sido realizado y se abolió la orden de los comisarios.

3) Y sin embargo, cuando a alguien se le ofrecía el mando de un ejército, nadie lo dudaba. Todos aceptaban aun sabiendo o como mínimo intuyendo lo que estaba pasando y lo que sabía iban a tener que hacer en ese sentido. Sencillamente, su “profesionalismo”, el pensar que la guerra estaba ganada importando poco lo que hicieran en ese sentido y que en el fondo todo militar lo que desea es dirigir a un ejército en campaña en una guerra abierta y declarada, todo ello les llevó a seguir hasta las últimas consecuencias las consignas que el Estado al cual representan y del que son una parte les había impartido desde las más altas instancias, además de políticas, también las militares. En este mismo foro hay varios temas dedicados a demostrar la cadena de mando (militar) seguida por las tres órdenes citadas anteriormente desde que Hitler ordena su elaboración primero y su ejecución después.

Al final von Manstein y todos estos prefirieron tragarse sus prejuicios y valores morales, si tenían alguno en referencia a los judíos, y por ser excesivamente “profesionales” acabaron muchos de ellos acusados, que no necesariamente condenados, por diversos crímenes.
En la vida no existe la Suerte, ni siquiera la buena o mala suerte, como dicen los que dicen que saben de ella. Existe el Destino. Y sobre todo, el Destino que cada uno quiera labrarse para sí mismo. ( Yo mismo )

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El juicio contra el mariscal Manstein, 1949

Mensajepor José Luis » Mar Feb 01, 2011 10:44 am

¡Hola a todos!

jesus2 escribió:
Los militares, meras extensiones y ejecutores de los planes del Jefe de Estado (Hitler) tuvieron que hacer frente a tres órdenes emanadas del mismo que dejaban bien claro el tipo de guerra que se iba a desarrollar incluso antes de que comenzara: la orden de los comisarios, la que vulgarmente ha pasado a la Historia como la “orden de Barbarroja” y por último lo que más vulgarmente aún ellos mismos denominaron en un sentido más amplio e intencionadamente indefinido: las Judenaktion. La segunda no se aplicó, la primera sí y desconozco si alguien fue acusado de crímenes de guerra por fusilar comisarios sin juicio previo (entonces habrían caído todos excepto el comandante de la 17 Panzer, Sixt von Armin).


¡Hola, Jesús!

Aunque el asunto de las “órdenes criminales” no es el eje central del hilo, sí está íntimamente ligado al juicio de Manstein y, por tanto, voy a extenderme un poco en él para matizar tus comentarios arriba citados.

Hablas de tres órdenes emanadas de Hitler diciendo que la segunda no se aplicó, probablemente porque la memoria te ha jugado una mala pasada (la memoria es humana). Así que vamos a exponer sucintamente esas órdenes, empezando por ésta.

Esta orden criminal se conoce normalmente como “Decreto de Jurisdicción de Barbarroja” (su título era “Decreto sobre el Ejercicio de la Jurisdicción Militar en el área de Barbarroja y Medidas Especiales de las Tropas”) y fue cursada por Keitel como una “orden del Führer” el 13 de mayo de 1941. El decreto fue el resultado final del trabajo conjunto del OKW, OKH y los departamentos legales de la Wehrmacht. La finalidad principal de la misma era (para Hitler) establecer una clara limitación a la jurisdicción de la justicia militar de la Wehrmacht para que, precisamente, las tropas de la Wehrmacht pudieran cometer impunemente actos criminales contra la población civil (que los epítetos de “bolcheviques”, “judíos”, “partisanos”, “saboteadores”, etc., citados en la misma permitían hacer prácticamente tabla rasa de la población civil) de los territorios que se iban a capturar en la URSS. Este decreto fue luego matizado con una “guía complementaria” cursada por el comandante en jefe del Ejército, Brauchitsch. Los suplementos de Brauchitsch adjuntos a la Sección I (Tratamiento de los Delitos Criminales de los Enemigos Civiles) del “Decreto de Jurisdicción de Barbarroja” instruían a las tropas alemanas a tomar medidas directas contra los civiles soviéticos sólo en casos claros de rebelión o alzamiento: “La principal tarea del ejército.....”, subrayaba Brauchitsch “es combatir al Ejército Rojo. Las operaciones de 'búsqueda y destrucción', por lo tanto, deben ser 'en general' descartadas”. Los suplementos de Brauchitsch adjuntados a la Sección II (Tratamiento de los Delitos Criminales de Miembros de las Fuerzas Armadas Alemanas y su Comitiva contra los Habitantes Locales) autorizaban la acción judicial militar contra soldados alemanes por crímenes cometidos contra civiles sólo en los casos en que tales crímenes pervirtiesen la disciplina militar. Esta “guía” de Brauchitsch al “Decreto de Jurisdicción de Barbarroja” no se cursó en absoluto con la intención de abolir el decreto (cosa que por otra parte no podía hacer*), sino sólo con la finalidad de mantener la disciplina de las tropas, que era sin duda lo que más preocupó al generalato superior de la Wehrmacht. Así, el “Decreto de Jurisdicción de Barbarroja” se aplicó a conciencia, y toda la campaña de Barbarroja contiene un rosario de ejemplos. Compárense también los numerosos casos de acciones judiciales militares en las campañas del Oeste con los escasos casos en el Este.

La segunda orden criminal de Hitler con respecto a la invasión de la URSS es la que se conoce como “Orden de los Comisarios” (“Directiva para el Tratamiento de los Comisarios Políticos”), preparada por el OKW en conjunción con los juristas militares más destacados de la Wehrmacht. Se cursó el 6 de junio de 1941 y no reconocía a los oficiales políticos del Ejército Rojo la condición de beligerantes ni la protección legal establecida por el derecho internacional para los soldados uniformados. Según esta orden, todos los oficiales políticos de las unidades militares soviéticas tenían que ser separados del resto de prisioneros en el mismo campo de batalla y fusilados in situ por las mismas tropas alemanas. También establecía que la Wehrmacht debía entregar a todos los comisarios civiles y demás funcionarios comunistas a los Einsatzgruppen o al Servicio de Seguridad de la SS (SD). También aquí cursó Brauchitsch una guía suplementaria digna del mejor cinismo. De una manera sin duda ambigua, estipulaba que los comisarios militares soviéticos sólo debían ser ejecutados si ellos mismos se colocaban en flagrante oposición a la Wehrmacht con una “acción o actitud específica identificable”. Por otra parte, seguía Brauchitsch, la ejecución de los comisarios militares del Ejército Rojo tenía que llevarse a cabo fuera de la zona de combate propia, discretamente, bajo la orden de un oficial. La “Orden de los Comisarios” fue llevada a cabo por la gran mayoría de las formaciones de la Wehrmacht. Que yo esté enterado, la investigación más exhaustiva y rigurosa sobre la ejecución de esta orden realizada hasta la fecha ha corrido a cargo del historiador alemán Felix Römer**, quien concluyó que fue ejecutada por todos los ejércitos, todos los cuerpos de ejército y alrededor del ochenta por ciento de las divisiones.

La tercera orden criminal (la primera en orden cronológico) fue el resultado de los acuerdos obtenidos entre el jefe de la SD, Heydrich, y el Intendente General del Ejército, Wagner. Fue cursada a las tropas el 28 de abril de 1941 como una orden secreta del OKH con el título “Regulaciones para el Empleo de la Policía de Seguridad y la SD en las Unidades del Ejército”. Establecía que unidades especiales de la SD (Einsatzgruppen y otras unidades de la SD) iban a realizar “misiones especiales” dentro del área de operaciones de la Wehrmacht, que serían responsables de “llevar a cabo medidas con respecto a la población civil”. El uso reiterado de eufemismos en esta orden secreta no escondía (como aseguraron desconocer muchos oficiales superiores en la posguerra, Manstein a la cabeza) su verdadero significado, pues los oficiales superiores de la Wehrmacht tenían bien fresco lo sucedido en la campaña polaca en 1939. Además, la orden dejaba explícito: “Los comandos especiales de la policía de seguridad y del Servicio de Seguridad tienen solo la responsabilidad de llevar a cabo sus misiones. Reportan a los ejércitos regulares para órdenes de marcha, alimentación y cobijo”. Además, ya con respecto a sus “misiones especiales” (asesinatos), esas unidades de la SS recibían la orden de reportar a los oficiales de inteligencia de la Wehrmacht sobre el resultado de las mismas. Y ya en plena campaña, no fueron pocas las ocasiones en que los comandantes (desde división a ejército) pidieron a las unidades de la SD y de la policía de seguridad la “limpieza” (otro eufemismo por asesinato masivo) de pueblos, ciudades o áreas determinadas. Los ejemplos son multitud, pero aquí procede la orden del 11º Ejército de Manstein para la “limpieza” de Simferopol en diciembre de 1941.

Hubo más órdenes criminales, como las concernientes a la manutención de la Wehrmacht durante Barbarroja y el tratamiento a los prisioneros de guerra, pero ya es suficiente con lo dicho***.

*Pero podía oponerse a su aceptación y ejecución.

**Felix Römer, Der Kommissarbefehl: Wehrmacht und NS-Verbrechen an der Ostfront 1941-1942 (Schöningh, 2008).

***Existe un montón de literatura académica sobre este tema. Por motivos de mera comodidad he cogido las fuentes que tenía más a mano para las fechas y citas arriba indicadas; es decir, David Raub Snyder, Sex Crimes under the Wehrmacht (Lincoln & London: University of Nevada Press, 2007), pp. 56-57; y Wolfram Wette, obra ya citada en el hilo (versión inglesa), pp. 93-94.

jesus2 escribió:
2)Por ese mismo motivo recibir el mando de un Ejército o Grupo de Ejército durante el primer año de la guerra germano-soviética dicho mando era uno envenenado […] 3) Y sin embargo, cuando a alguien se le ofrecía el mando de un ejército, nadie lo dudaba. Todos aceptaban aun sabiendo o como mínimo intuyendo lo que estaba pasando y lo que sabía iban a tener que hacer en ese sentido. Sencillamente, su “profesionalismo”, el pensar que la guerra estaba ganada importando poco lo que hicieran en ese sentido y que en el fondo todo militar lo que desea es dirigir a un ejército en campaña en una guerra abierta y declarada, todo ello les llevó a seguir hasta las últimas consecuencias las consignas que el Estado al cual representan y del que son una parte les había impartido desde las más altas instancias, además de políticas, también las militares […] Al final von Manstein y todos estos prefirieron tragarse sus prejuicios y valores morales, si tenían alguno en referencia a los judíos, y por ser excesivamente “profesionales” acabaron muchos de ellos acusados, que no necesariamente condenados, por diversos crímenes.


Esta es una buena introducción para la reflexión y el análisis. Por ceñirme al hilo y en lo tocante a Manstein, mi conclusión final sobre el personaje no se diferencia, en general, de la que he extraído de muchos de sus colegas militares. La salvedad es que en el caso de Manstein -debido a su alta estima, mayoritaria entre el cuerpo de oficiales y entre las tropas de la Wehrmacht; es decir, debido al gran liderazgo que pudo ejercer más allá de cuestiones estrictamente operacionales- es especialmente grave.

Como muchos otros oficiales superiores de la Wehrmacht, Manstein se educó bajo los tres pilares básicos de la tradición militar prusiana: obediencia, disciplina y lealtad. Estos tres principios, per se, no tienen ninguna connotación negativa; al contrario, pueden ser virtudes. Pero dejan de ser virtudes para convertirse en defectos cuando se llevan a la práctica sin ninguna limitación (legal, ética o moral). La obediencia era un deber en la tradición militar prusiana (y lo es en cualquier ejército), pero no la obediencia incondicional. Y en oficiales de alta graduación, y particularmente entre los mariscales de campo, del ejército prusiano e imperial alemán hubo no pocos casos de desobediencia directa, cuando las órdenes recibidas eran inaceptables (ya por cuestión moral, ya por cuestión puramente militar). Y esos casos se dieron principalmente cuando la obediencia estaba relacionada con el principio de lealtad, que se identificaba (y el juramento se prestaba) con el soberano. Recuerdo un ejemplo, que ahora mismo citaré de memoria para no andar buscando su fuente, de un general o mariscal prusiano que, desobedeciendo una orden directa y ante la amenaza de su soberano de cortarle la cabeza, vino a responderle algo así como “majestad, déjeme la cabeza en su sitio hasta que haya salvado a mi ejército; después, haga con ella lo que quiera”.

Por otra parte, el oficial prusiano clásico identificaba primeramente el principio de lealtad con su soberano, y no como pudiera parecer con su pueblo o nación (Prusia o Alemania), por mucho que luego dijera actuar en interés del país. No, actuaba en interés del soberano, que era su comandante en jefe, y al cual reportaba directamente. Veía el ejército como por encima del pueblo y de la política, como un “estado dentro de un estado”. Manstein se educó en esta convicción en cuerpo y alma, y por ello se le vino el mundo abajo cuando la derrota de la IGM trajo consigo el final de la monarquía y de la dinastía Hohenzollern. Era el hundimiento del mundo en el que se había criado y educado, la aristocracia y el ejército prusiano (que era, ante todo, el ejército del rey y del kaiser). Al igual que en la inmensa mayoría de los entonces jóvenes oficiales, Manstein dirigió su amargura por este hundimiento contra los que Hitler llamó “criminales de noviembre”, contra los que, según esta infamia, habían traicionado al ejército, identificados indistintamente como pacifistas, socialdemócratas, comunistas, bolcheviques y judíos. Manstein, y esto fue una tónica entre la oficialidad del Reichswehr, vivió el periodo de Weimar con un odio firme contra la república, contra la democracia parlamentaria y sus partidos políticos, contra los socialdemócratas y comunistas, y también contra los judíos. Sin embargo, debo matizar que este antisemitismo generalizado entre la oficialidad del Reichswehr tenía raíces convencionales y creció y se desarrolló tras la guerra en dos vertientes diferentes: la mayoritaria respondía al anti-judaísmo religioso, pero hubo una parte que derivó hacia el antisemitismo racial enseñado y propagado por el NSDAP.

Manstein, como muchos otros, identificó el bolchevismo con el judaísmo y viceversa, y esto ha de tenerse en cuenta a la hora de analizar su comportamiento posterior en el Frente Oriental. Ni que decir tiene que odiaba este judeo-bolchevismo, aunque desde luego no en la forma patológica nazi. A estos factores (y otros que dejo al margen para no alargar más esta intervención) de la educación de Manstein hay que añadir dos características de su personalidad que, por ser desmedidas, allanaron el camino posterior de su comportamiento en la URSS. Me refiero a su arrogancia y su ambición, ambas sin parangón entre el generalato de la Wehrmacht. Esta dos pasiones de Manstein -espoleadas aún más por las oportunidades de promoción que brindó el régimen nazi en los años de expansión de la Wehrmacht y, después, durante la guerra- fueron, a mi juicio, la fuerza motriz que guió la conducta de Manstein durante la guerra. Cuando Manstein se vio ante el dilema de ejecutar las órdenes criminales de Barbarroja, sus posibles objeciones morales y legales cedieron fácilmente a sus prejuicios educacionales y a su ambición sin límites, e incluso llegó, quizás para granjearse la confianza de Hitler y ascender en el escalafón militar, a reforzar esas órdenes criminales con otras de su propia autoría.

Jesús habla de “profesionales”; el coronel general Ludwig Beck, la otra cara de la moneda de militar que representaba Manstein, les llamó, no sin sarcasmo, “técnicos”, “obsesionados de las operaciones” y”carentes de toda perspectiva estratégica”. Pero además, Beck sentó las bases, con su actitud y dimisión en agosto de 1938, de lo que debía ser el compromiso político y moral de los oficiales de alto rango con el pueblo alemán, al afirmar que la responsabilidad de esos oficiales, por mor de su alto rango, no podía limitarse exclusivamente a la esfera militar cuando lo que estaba en juego era la misma existencia del pueblo alemán y el honor de Alemania. Otros oficiales, después de la guerra, echaron en cara a gente como Manstein que sólo admitieron los derechos y privilegios de su alta graduación, pero no las responsabilidades inherentes a la misma. Aceptaron los honores y los sobornos que Hitler les concedió por sus rangos; olvidaron las responsabilidades que debían hacia sus tropas y hacia el pueblo alemán. Como reconoció el propio mariscal Richtohfen, los mariscales de campo de la Wehrmacht se comportaron realmente como comandantes de batallón, ignorando toda responsabilidad superior.

Y así actuó Manstein. Cumplió las órdenes criminales; esperó si cesar, pero sin comprometer su carrera, la jefatura del ejército; luchó por la continuación de la guerra, incluso en las etapas de la misma en que hasta para el más lego en la materia estaba rematadamente perdida; y fue fiel a Hitler hasta el mismo final. Y justificó su voluntad de no querer tener nada que ver con el círculo militar de conspiradores contra Hitler con una excusa lógica (dada su educación): para él un atentado contra Hitler significaba automáticamente la debacle del ejército y el colapso del frente. Es decir, el ejército, para Manstein, era algo insustancial con el pueblo alemán y Alemania, era la representación de su universo, donde, al parecer, el pueblo de la nación que le daba su razón de ser, simplemente no tenía la misma importancia. Al final consiguió, en la parte que le tocó, que tanto ejército como nación quedaran literalmente destruidos.

Alguien dijo, mi memoria es humana, que los generales del ejército imperial del Kaiser Guillermo II durante la IGM no desplegaron el mismo talento operacional que los generales de la Wehrmacht demostraron en la IIGM. Pero añadió, con acierto pleno, que jamás dejarían que su honor fuese mancillado por órdenes criminales como sucedió con los generales de Hitler.

Saludos cordiales
JL
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El juicio contra el mariscal Manstein, 1949

Mensajepor Grossman » Mar Feb 01, 2011 12:21 pm

¡Hola!

José Luis escribió:Recuerdo un ejemplo, que ahora mismo citaré de memoria para no andar buscando su fuente, de un general o mariscal prusiano que, desobedeciendo una orden directa y ante la amenaza de su soberano de cortarle la cabeza, vino a responderle algo así como “majestad, déjeme la cabeza en su sitio hasta que haya salvado a mi ejército; después, haga con ella lo que quiera”.

Batalla de Zorndorf (25.8.1758, entre Prusia y Rusia, Guerra de los Siete Años). El monarca era Federico el Grande y el oficial que le desobedeció, salvando con ello una situación desesperada, el General de Caballería Friedrich Wilhelm von Seydlitz.

De ese linaje procedía el General de Artillería Walther von Seydlitz-Kurzbach, a quien la fundación y actividad del "Bundes deutscher Offiziere" (BDO) tras Stalingrado no excusó de responder de crímenes de guerra contra la población civil y prisioneros de guerra, por los que fue condenado a muerte, aunque la sentencia se redujo a 25 años de prisión (en 1955 pudo volver a la RFA y en 1996 la Fiscalía General de Moscú abolió la sentencia del tribunal soviético).

Saludos

Fuentes:
http://de.wikipedia.org/wiki/Schlacht_von_Zorndorf
http://de.wikipedia.org/wiki/Walther_vo ... z-Kurzbach
Espérame y yo volveré, pero espérame mucho
Espérame cuando las tristes lluvias lleguen, y cuando el calor llegue no dejes de esperar
Espérame y yo volveré para que la muerte rabie
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Es que sencillamente me esperaste como nunca nadie me esperó
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El juicio contra el mariscal Manstein, 1949

Mensajepor jesus2 » Vie Feb 04, 2011 3:26 am

José Luis, gracias por la respuesta y por la aclaración.

José Luis escribió:Hablas de tres órdenes emanadas de Hitler diciendo que la segunda no se aplicó, probablemente porque la memoria te ha jugado una mala pasada (la memoria es humana).


Más que un fallo de memoria se trata más bien de querer acabar deprisa, ideas preconcebidas que concebí mientras escribía esas líneas, algo de dejadez y, por qué no reconocerlo, de ignorancia sobre estos temas. Lo poco que sé sobre ellos es por referencias que aparecen en otros libros, y por este subforo, al igual que por otros como los de aviación o marina, ni me paso. Si lo hago ahora es por la calidad del forista tratando un tema que me atrae. Me quedé con ganas de matizar la frase tras acabar de escribirla e incluso mientras enviaba el mensaje.

En fin, las ideas preconcebidas surgieron tras acordarme de varias reuniones. De Hitler con sus grandes comandantes en vísperas de Barbarroja para hacerles saber en persona esta orden. Más adelante, de comandantes tanto superiores (von Kleist) como inferiores (von Seydlitz-Kurzbach; sabía que tarde o temprano iba a salir este nombre/hombre, como el nombre de Beck) con sus comandantes subalternos haciéndoles saber dicha orden a "título informativo" ordenando que las unidades inferiores no conocieran su contenido. De tales reuniones saqué la conclusión de que, en general, dicha orden no fue conocida por los soldados a un nivel inferior al de batallón, incluído. Pero por supuesto los comandantes más nazis, con von Reichenau a la cabeza, supongo que habrían hecho conocer dicha orden a todos sus hombres. Y en general me imagino que habría pasado lo mismo que en Polonia, pero en esta ocasión la cabeza de ningún Blaskowitz hay que cortar.

Vamos a otros temas. Esta frase merece una reflexión:

A estos factores (y otros que dejo al margen para no alargar más esta intervención) de la educación de Manstein hay que añadir dos características de su personalidad que, por ser desmedidas, allanaron el camino posterior de su comportamiento en la URSS. Me refiero a su arrogancia y su ambición, ambas sin parangón entre el generalato de la Wehrmacht.


Estoy convencido de que dos de esos factores que no has querido nombrar es el de von Manstein como superdotado intelectual y su valía como militar. Por muy ambicioso o arrogante que uno pueda ser, dichos factores son limitados ante la valía de uno mismo. Sencillamente, donde no se puede no se puede, en especial cuando te ves superado por otros. Pero von Manstein estaba acostumbrado a ser siempre el primero de la clase, con frecuencia literalmente. La ambición y arrogancia de von Manstein estaban espoleadas por la capacidad e inteligencia del personaje en estos temas, demostrada y pregonada durante décadas por los que le rodeaban. Y siendo acentuada por ello en consecuencia.

Me parece un aspecto muy interesante de von Manstein recalcar su sobrada inteligencia y su valía militar. Pues con frecuencia la inteligencia sobrada y la capacidad personal pasan a ser primero la causa del ascenso y después la de la caída de este tipo de hombres. Recordemos en España casos como el de Mario Conde o el juez Garzón, tan sobrados ellos al inicio de sus carreras, tan hundidos al final por ser, creerse y querer ser más listos y capaces que nadie.

Soberbia, ambición y capacidad/inteligencia desmedidas. Terrible cóctel autodestructivo cuando se encuentra en posesión de superhombres. Von Manstein es otro ejemplo. Cegado por estas pasiones, no le importó meterse de lleno en los planes y decisiones de Hitler, aun sabiendo, pues para ello le sobraba la inteligencia, lo que estaba haciendo y lo que podría suceder si las cosas no salían al final como todo el mundo deseaba a nivel militar.

Un saludo al foro.
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El juicio contra el mariscal Manstein, 1949

Mensajepor jesus2 » Vie Feb 04, 2011 3:30 am

José Luis escribió:Recuerdo un ejemplo, que ahora mismo citaré de memoria para no andar buscando su fuente, de un general o mariscal prusiano que, desobedeciendo una orden directa y ante la amenaza de su soberano de cortarle la cabeza, vino a responderle algo así como “majestad, déjeme la cabeza en su sitio hasta que haya salvado a mi ejército; después, haga con ella lo que quiera”.


Dicha frase es bastante famosa, en especial, por motivos evidentes, en los círculos histórico-militares alemanes. De hecho, aparece en las propias memorias de von Manstein. Yo la he leído de varias maneras distintas, la versión que nombra José Luis debe ser la "versión extendida 2.0" :-D
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El juicio contra el mariscal Manstein, 1949

Mensajepor José Luis » Vie Feb 04, 2011 10:16 am

¡Hola a todos!

Dos cosas:

1) La famosa frase.- La frase responde al episodio señalado por Grossman. Yo la expuse de memoria, queriendo significar el fondo, que es lo que normalmente recoge mi memoria de mis lecturas. Cuando Grossman me refrescó el episodio, me fui a ver la fuente donde la había leído; ahora que Jesús la saca otra vez, pues ya la voy a poner literalmente y en su contexto:

<<It was under Frederick William I that the conception of so-called "Prussian Obedience" became a fundamental principle of this Prussian military nobility, and yet in those days, at any rate, it was not an obedience that was merely blind. A story is told of von Seydlitz, the cavalry leader, that when at the battle of Zorndorf, in 1758, Frederick the Great ordered him to attack the still unbroken Russian infantry, he replied, "Tell His Majesty that my head will be at his disposal after the battle, but that as long as the battle lasts I intend to use it in his service.">> (Walter Goerlitz, History of the German General Staff. Boulder & London: Westview Press, 1985, p. 4).

<<Fue bajo Federico Guillermo I que la concepción de la llamada "Obediencia Prusiana" se convirtió en un principio fundamental de esta nobleza militar prusiana, y sin embargo en aquellos tiempos, en todo caso, no se trataba de una obediencia simplemente ciega. Se cuenta una historia de von Seydlitz, el líder de caballería, que cuando en la batalla de Zorndorf, en 1758, Federico el Grande le ordenó atacar a la todavía intacta infantería rusa, respondió, "Diga a Su Majestad que mi cabeza estará a su disposición después de la batalla, pero que mientras dure la batalla intento usarla a su servicio".>>

Es muy probable que Manstein conociera este episodio que refleja el auténtico espíritu de la "obediencia prusiana". Pero es seguro que dicho espíritu estuvo ausente en Manstein durante toda la guerra (y esto se puede aplicar como norma a los oficiales superiores de la Wehrmacht). Goerlitz ilustra páginas más adelante con otro ejemplo al respecto, esta vez con el príncipe Karl de Prusia, quien resumió a un oficial de estado mayor muy servil la concepción de la obediencia prusiana al decir que el rey lo había puesto en el estado mayor porque esperaba que supiera cuándo desobedecer.

También Robert Kane presenta varios ejemplos de desobediencia a órdenes del rey. Cojo dos poco conocidos y uno célebre. Los primeros con Federico el Grande: tanto el coronel Frederick August von der Marwitz en 1760 como el general F. C. von Saldern un año después desobedecieron una orden del rey, en el primer caso para saquear un castillo y en el segundo para saquear el pabellón de caza de Augustus de Sajonia en Hubertsberg. Y el caso célbre es el del general Hans David Yorck von Wartenburg, comandante de una división prusiana que en 1812 debía participar en la invasión de Rusia con las tropas de Napoleón. Primero, Yorck consiguió limitar dicha participación, y después, en el mes de diciembre, a raíz de unos contactos establecidos con los rusos por cuestión de intercambio de prisioneros, Yorck acordó el convenio de Tauroggen, según el cual Yorck se comprometió a neutralizar sus fuerzas durante dos meses, sin ninguna instrucción de su rey, permitiendo así a los rusos la ocupación del territorio entre Memel y Könisberg. El 13 de enero de 1813 escribió a Federico Guillermo que con el "corazón partido" había roto el vínculo de obediencia haciendo la guerra por su propia cuenta. Le explicaba que el ejército quería la guerra contra Francia, que el pueblo quería la guerra contra Francia, y también la quería el rey, pero el rey carecía de libertad de decisión. Así que el ejército debía liberar la voluntad del rey. Federico Guillermo repudió el convenio de Yorck, lo que provocó temporalmente una ruptura abierta entre los dos. A principios de febrero, Stein (político) convocó a los estados de Prusia del Este en Könisberg y abrió los puertos prusianos a rusos y suecos. Ahora Federico Guillermo rechazó el tratado que un año antes había firmado con los franceses y firmó un tratado de alianza con Rusia el 28 de febrero de 1813, dando pie con ello al comienzo, el 17 de marzo, de las Guerras de Liberación. Robert B. Kane, Disobedience and Conspiracy in the German Army, 1918-1945. Jefferson: McFarland & Company, Inc., 2002, pp. 27, 29.

Y hay muchos más ejemplos del auténtico sentido tradicional de la "obediencia prusiana", algunos escritos en las mismas paredes de la Kriegsakademie de Berlín como sabios recordatorios. Pero, lamentablemente, hay muchísimos miles de ejemplos más de cómo se pervirtió ese concepto prusiano, comenzando por Hans von Seeckt y acabando con el juramento de "obediencia incondicional" que todos los oficiales de la Wehrmacht prestaron a Hitler en agosto de 1934 y el escrupuloso celo con que lo cumplió su inmensa mayoría durante la guerra criminal en el Este, Manstein a la cabeza.

2) Factores de Manstein.- Su valía como militar es indiscutible, aunque ello no debe ser un obstáculo a la hora de señalar sus fallos, que, como bien sabe Jesús, no fueron insignificantes. En cuanto a su talla intelectual, yo la tengo por relativa. Sin duda estaba dotado de una inteligencia superior, y la ejercía, pero en algunas cuestiones fundamentales no estaba acompañada de la perspectiva necesaria. Por ejemplo, nadie como él, probablemente, estaba tan magníficamente dotado para la planificación de operaciones propias de un oficial superior de EMG; en mi opinión era un excelente planificador, con una genial visión de las ventajas y desventajas operacionales, libre de rigidices y notablemente audaz. Pero carecía de una perspectiva global, especialmente en el terreno de la gran estrategia. Usando un témino de Beck, Manstein era probablemente el "técnico" más capacitado de todo el cuerpo de oficiales de EMG del ejército, pero, como todos esos "técnicos", fallaba en la gran estrategia. Políticamente estaba limitado por una serie de clichés que conformaban su ideología y, quizá por ello, en muchas ocasiones demostró carecer de realismo tanto como Hitler, con la importante diferencia de que el irrealismo verbalizado por Hitler era, en mi opinión, ficticio, pura propaganda para la consecución de sus nefastos objetivos.

Por otra parte, Manstein, así lo demostraron sus acciones y omisiones, no acompañó la práctica de sus excelentes cualidades militares con las responsabilidades morales inherentes a todo oficial militar, y que son mayores cuanto mayor es su graduación. Esa carencia suya de la más mínima responsabilidad o compromiso moral le facilitó el camino para hacer lo que hizo y no hacer lo que debería haber hecho o al menos intentado hacer durante la guerra. Y después de la guerra le allanó el camino para cultivar la deshonestidad intelectual que mostró en el "Memorando de los Generales", en sus memorias y en muchas de las declaraciones que hizo, con respecto a su papel en la guerra, después de su liberación como criminal de guerra convicto. Construyó un universo de autojustificaciones, omisiones, sesgos y falsedades, y vivió en él sin reconocer jamás ni una pizca de responsabilidad en las tragedias, derrotas y sufirmientos del Ostheer (y ya no digamos en los crímenes de la guerra). Sus victorias fueron suyas propias; sus derrotas fueron culpa de otros.

Con gran acierto Benoît Lemay concluye su biografía con una frase lapidaria de Jehuda L. Wallach, quien, al analizar a Manstein como hombre y como soldado, declaró: "[...] von Manstein was in all likehood a good technician and a good expert, but he was undeniably a little man" (Lemay, 482).

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Re: El juicio contra el mariscal Manstein, 1949

Mensajepor IsabelRosa » Lun Feb 07, 2011 1:02 am

Excelente material, Jose Luis.

Pregunta - tal vez- algo ingenua:
cuando se menciona un"sindicato de los generales", se refieren a una posible alianza entre militares de alto rango hecha ex profeso o a una simple simpatia entre pares?

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Re: El juicio contra el mariscal Manstein, 1949

Mensajepor José Luis » Lun Feb 07, 2011 10:53 am

¡Hola a todos!

IsabelRosa escribió: Pregunta - tal vez- algo ingenua:
cuando se menciona un"sindicato de los generales", se refieren a una posible alianza entre militares de alto rango hecha ex profeso o a una simple simpatia entre pares?


No, se trata de simpatía (corporativismo) entre el generalato de los ejércitos.

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