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Los juicios de Nürnberg

Los juicios de Núremberg, las nuevas fronteras

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Erich Hartmann
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Mensaje por Erich Hartmann » Mié Nov 23, 2005 6:14 pm

La entrada en escena de un tal Eichmann

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Pero de los testimonios sobre el exterminio emerge poco a poco otro personaje que no está sentado en el banquillo de los acusados y que parece haberse esfumado en el aire, como tantas otras eminencias grises del Reich. El comandante de Auschwitz lo ha evocado, atribuyéndole una función macabra. Es un tal Eichmann, ha dicho Hoss, que tenia la misión de contar las victimas. Era, en suma, el contable del exterminio.

Pero antes de Hoss, ha hablado de él en el proceso otro testigo creíble: el capitán de las SS Dieter Wisliceny, representante de Eichmann en Bratislava, y luego en Grecia y Hungría hasta enero de 1945. Eichmann, revela Wisliceny, era el jefe del departamento IV-A-4 del Negociado Central de Seguridad del Reich (RSHA), mandado primero por Heydrich y luego por Kaltenbrunner. Es, en suma, una división de la GESTAPO teóricamente a las órdenes de Müller, pero en la práctica bastante autónoma, tanto que Eichmann para cuestiones de especial importancia podía consultar directamente a Kaltenbrunner o a Himmler. Su competencia eran las relaciones con las confesiones religiosas y la cuestión judía.

Wisliceny no se muerde la lengua. Declara el 3 de enero y le interroga el teniente coronel Brookhart, uno de los sustitutos del fiscal americano. Es un largo interrogatorio que arroja luz sobre la organización de la Gestapo, sobre las responsabilidades de Kaltenbrunner y sobre las varias fases de la "solución fnal". Pero lo que impresiona más a los presentes es el retrato despiadado del personaje Eichmann.

Pocos rasgos bastan para evocarlo.

Brookhart: "¿Preguntó a Eichmann qué significaba la expresión 'solución final en la orden de Himmler?".

Wisliceny: "Eichmann acabó explicándome qué se pretendía. Me dijo que 'solución final' significaba el exterminio biológico y total de los judíos en los territorios del este...".

Brookhart: "¿Dijo alguna cosa a Eichmann a propósito del poder que le daba esa orden?".

Wisliceny: "Eichmann me dijo que él estaba personalmente encargado de cumplir esa orden dentro del RSHA. Con tal fin había recibido completa autoridad del mismo jefe del SD, Himmler. Era responsable también de la perfecta ejecución de la orden".

Brookhart: "¿Hizo comentarios sobre los poderes de Eichmann?".

Wisliceny: "Sí, me daba perfectamente cuenta de que esa orden era la condena a muerte de millones de personas. Dije a Eichmann: 'Dios quiera que nuestros enemigos no tengan nunca la posibilidad de hacer lo mismo con el pueblo alemán '. Por toda respuesta, Eichmann me dijo que no fuera sentimental. Era una orden del Führer y debía ser cumplida".

Pero. ¿cómo era Eichmann? Wisliceny dice: "Desde lodos los puntos de vista era un perfecto burócrata. Cada vez que se reunía con un superior tomaba inmediatamente notas que incluía en sus 'dossiers'. Me hacía notar siempre que para él lo más importante era estar 'cubierto' por los superiores. Evitaba toda responsabilidad personal y cuidaba de ocultarse Iras los superiores, sobre todo Müller y Kaltenbrunner...".

Cuando Brookhart le pide que recuerde su último encuentro con Eichmann, Wisliceny tiene ocasión de completar el retrato de su jefe. Lo vio por última vez en febrero de 1945, y el "contable del exterminio" le dijo que si Alemania perdiera la guerra, él se suicidaría. Pero, añade el testigo, "me dijo que saltaría riendo a la tumba, porque la idea de tener sobre la conciencia cinco millones de personas seria para él fuente de especial satisfacción".

Las reacciones de los acusados ante la revelación de la "solución final" muestran las diferencias notables que la derrota del Tercer Reich y la condena del mundo habían creado entre los ex dueños de la Europa nazi.
Continuando el examen de los testigos de cargo, es llamado a declarar un hombre de treinta y ocho años, de aspecto de intelectual, ex jefe de la división III del Negociado Central de Seguridad del Reich. Se llama Otto Ohlendorf y morirá en la horca el 8 de junio de 1951, en la cárcel del Landsberg, después de un proceso ante un Tribunal americano.

En la guerra mandó uno de los cuatro Einsatzgruppen que acompañaron a los ejércitos alemanes a Rusia con la misión de "colaborar" en la ejecución de la "solución final".

"¿En qué sentido", le pregunta el americano Amen. "las misiones oficiales de los Einsatzgruppen concernían a los judíos y los comisarios comunistas?".

Ohlendorf: "En las zonas de operaciones de los Einsatzgruppen en territorio ruso, los judíos y los comisarios políticos soviéticos debían ser liquidados...".

Amen: "Cuando dice liquidados, ¿quiere decir eliminados?".

Ohlendorf: "Quiero decir asesinados".

A las preguntas siguientes, el testigo responde aclarando mejor las relaciones entre la Wehrmacht y el Negociado Central de Seguridad del Reich. "... Durante esta liquidación en la zona de operaciones de un grupo de ejércitos o de un ejército, los jefes militares habían recibido orden de prestar toda la ayuda. Por lo demás, sin estas instrucciones al ejército, las actividades de los Einsatzgruppen habrían sido imposibles...".

Ohlendorf no tiene escrúpulos en confesar que bajo su mando fueron enviadas a la muerte noventa mil personas. No sólo hombres, sino también mujeres y niños.

"¿Por qué razón eran muertos los niños?", pregunta el juez ruso, general I. T. Nikitchenko.

Ohlendorf: La orden era de que la población judía debía ser enteramente exterminada".

Nikitchenko: "¿Comprendidos los niños?".

Ohlendorf: "".

Nikitchenko: "¿Todos lo niños judíos fueron exterminados?".

Ohlendorf: "Si"'.

El testigo, respondiendo al coronel Amen, evoca todos los macabros detalles de las ejecuciones confiadas a los pelotones especiales que había mandado. Con precisión e indiferencia, y sin revelar ningún tipo de emoción. Forma parte, con Höss y tantos otros que se han sucedido en la tribuna de testigos, de aquel universo nazi en el que se arriesgaban a ser tachados de sentimentalismo los que dudaban un solo instante ante la orden de eliminar a un pueblo entero de la superficie de la Tierra.

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Otto Ohlendorf

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Mensaje por Erich Hartmann » Vie Nov 25, 2005 4:15 am

Cómo se vivía en los Lager nazis

El médico checoslovaco Franz Blaha, que estuvo detenido en el campo de Dachau desde 1941 a 1945, ha hecho una descripción —en su declaración del 14 de diciembre de 1945— de lo que realizaban los nazis y que supera toda crueldad que la mente humana haya concebido. Por todas partes un hedor de descomposición y enfermedad. Los internados eran usados como conejillos de Indias, y en sus cuerpos se efectuaban tales experimentos que sucumbían al poco tiempo. Pero a los mejores les estaba permitido servirse, durante veinte minutos cada vez, de un burdel organizado en una de las barracas, con suelo de cemento y una ventana. Ellos estaban encargados de la "supervisión" de los otros.

Algunos estudiantes de Medicina realizaban experimentos quirúrgicos en el cuerpo de individuos sanos, al solo fin de hacer prácticas. También estudiaban los efectos de la malaria, del tifus y de la septicemia, y extraían suero de los órganos internos de las victimas, y todo eso sin anestesia previa.

Individuos enfermos o acaso rebeldes eran deliberadamente muertos. Muchos de los internados en las enfermerías eran incapaces de hablar, y yacían inmóviles en un estado semicomatoso. Otros mostraban llagas, cicatrices y fracturas causadas por culatas y puños. Su vestuario consistía en una sola camisa y una chaqueta de punto, de algodón. Para cubrirse durante el sueño no tenían más que trapos. Dormían en camastros de tabla, en grupos de cuatro. Las literas eran tan estrechas que ni hubieran servido para una sola persona, de modo que los cuatro que la compartían tenían que mantenerse de costado como única postura posible. En barracones con dimensiones de 24 metros por 7 vivían más de mil enfermos.

Las operaciones quirúrgicas (sin anestesia) eran efectuadas en un rincón del barracón, de modo que todos los demás podían ver y oír los gritos desgarradores de las victimas. Los enfermos de disentería, que no podían salir fuera, dejaban deslizarse sus excrementos de las literas de arriba a las inferiores, con un hedor horrendo. Con frecuencia, los vivos no tenían fuerzas para sacar a los muertos, y sólo los empujaban, para que cayeran al suelo entre los camastros. Todas las noches los cadáveres eran transportados al extremo del barracón, y por la mañana un carro los llevaba al crematorio o al laboratorio patológico de los doctores nazis. El depósito de cadáveres estaba formado por un gran barracón y su sótano.

El método normal de ejecución era la horca, pero con frecuencia se usaba una maza de madera para apresurar el fin de quien tardaba en morir. Un gran ascensor transportaba los cadáveres desde el depósito al crematorio, compuesto de una larga fila de hornos simultáneos.

En un laboratorio había gran número de órganos humanos conservados en tarros, y las paredes estaban decoradas con las mascarillas "más interesantes" de los internados muertos. El método de esterilización era usado frecuentemente, sobre todo con los judíos. Luego éstos, por orden sucesiva, fueron simplemente ejecutados.

Además de los experimentos de inyecciones de suero, eran frecuentes los de congelación. Los prisioneros de Dacha eran mantenidos largo tiempo sumergidos en agua helada. Cuando eran extraídos, sus verdugos trataban de prolongar la vida de aquellos infelices haciéndoles volver en si. Uno de los métodos que se consideraban más eficaces era el de situar al congelado estrechamente oprimido entre los cuerpos de dos mujeres. Se calcula que trescientas personas fueron empleadas en estos experimentos, y la mayor parte murió.

El doctor Blaha fue obligado a hacer la autopsia de unos siete mil muertos y a desollar los cadáveres de gitanas húngaras, cuya piel se consideraba excelente para hacer sillas de montar, jaeces, zapatillas y bolsos. Las desgraciadas mujeres eran muertas de un disparo en la nuca, para que la piel no se estropeara.

"Era peligroso tener una buena piel en Dachau —afirma el testigo—. Además, yo mismo vi que a los hornos crematorios eran llevados individuos todavía vivos que gritaban enloquecidos y entonces eran terminados a mazazos en la cabeza".

En ese momento sucedió una de las más dramáticas escenas del proceso. La atmósfera estaba ya excitada, como es comprensible que suceda al escuchar tales relatos. Apenas el presidente del Tribunal hizo al doctor Blaha la pregunta:

“¿Cuál de los acusados sabe usted que hayan visitado el campo de Dachau?", se hizo un profundo silencio.

El testigo respondió: "Himmler, Martín Bormann —y después de cierta pausa, con la mirada vuelta a los procesados—, Frick, Rosenberg, Funk y Sauckel".

La reacción de Frick es violentísima, como si lo hubiera poseído un demonio. Al mismo tiempo, Funk y Sauckel se han puesto a negar con gran vehemencia, pero el testigo ha añadido:

"Visitaron todo el campo. Parecía como si hubieran venido para divertirse. Teníamos visitantes casi todos los días. Ellos conocían cuanto sucedía en el campo, pero nunca hicieron nada por poner fin a tantas infamias...".

Los acusados no se atreven a levantar la cabeza. Un estremecimiento recorre la sala.

Sobre las atrocidades de los campos de exterminio, la acusación de la URSS presenta extractos de un informe referente a los campos de Maidanek y Lublin. Entre otras cosas dicen: "El campo de Maidanek se levanta junto a la carretera que lleva a Kiev. Cuando se pasa la verja de entrada se encuentran barracones limpios y ordenados, rodeados de jardín. Son las viviendas de las SS y de las autoridades del campo. Cerca se encuentra una construcción más grande que es el Soldatenheim, literalmente 'Hogar del Soldado', pero en realidad es la casa de prostitución para los guardianes del Lager. Las deportadas rusas eran asesinadas apenas presentaban signos de gravidez.

"Más allá había barracones para la desinfección de la ropa tomada a los prisioneros. En el techo había agujeros para tubos por los que salían las sustancias desinfectantes. Pero si abrimos otra puerta del barracón entramos en una cámara puesta de modo diverso. Es una estancia cuadrada, de más de dos metros de alta, seis de larga y seis de ancha. Las paredes, el techo y el suelo son de cemento gris. No hay perchas ni nada. Vacia. La única puerta de esta estancia se cierra herméticamente, y sólo desde el exterior, con fuertes cerrojos de acero. En las paredes se encuentran tres aberturas, por dos de las cuales asoman tubos. La tercera es una ventanilla cuadrada, con rejilla de acero lijada al muro y un cristal bastante grueso por la parte de afuera, inalcanzable a través de la rejilla.

"¿A dónde da esa ventanilla? Para contestar, salgamos de la puerta. Nos encontramos con un pequeño cuarto al que da la ventanilla. Aquí está el interruptor de la luz y desde aquí puede verse el interior de la estancia grande. En el suelo hay todavía algunas bombonas herméticamente cerradas sobre las que se lee 'Para misiones especiales en el frente oriental'. El contenido de estas bombonas se hacía entrar a través de tubos cuando la estancia estaba llena de gente. Se hacia entrar a las personas desnudas, y se las colocaba una junto a otra para que no ocupasen mucho espacio. En aquella estancia de unos 40 metros cuadrados se amontonaban así cerca de 250 personas.

"El equipo especializado, con máscaras de gas, cerraba la puerta y echaba los cristales de Zyklon por las tuberías. Estos pequeños cristales azules que parecían inocentes, desprendían al contacto con el oxígeno un gas tóxico que actúa sobre todos los centros nerviosos del organismo. El especialista de las SS echaba el Zyklon en las tuberías y, encendida la luz, observaba tranquilamente cómo les sobrevenía la muerte a aquellos infelices. Según algunas declaraciones, la muerte llegaba a los pocos minutos. Al morir, los prisioneros no caían. La estancia estaba tan llena que los muertos quedaban de pie.

"El campo estaba rodeado de dos filas de postes de cuatro metros de altura, unidos por alambre de espino. Entre las dos filas de postes quedaba un espacio de dos metros de terreno, atravesado en diagonal por un cable que conducía corriente eléctrica. El vallado del campo no estaba tan perfeccionado en principio. Por él no pasaba la corriente, que no fue conectada hasta el siguiente episodio.

"En mayo de 1942, un grupo de prisioneros rusos enviados a enterrar a otros compañeros, mataron con las palas a siete alemanes de la guardia y escaparon. Dos de ellos fueron recapturados, pero los demás lograron huir. Los restantes 130 prisioneros (de los mil ingresados en agosto de 1941) fueron llevados al barracón donde estaban los condenados. Una noche a fines de junio, los prisioneros rusos, que se sabían ya destinados a la muerte, decidieron escapar. Sólo quedaban unas docenas. Tomaron todas las mantas y las pusieron en montones de cinco formando una especie de puente sobre el cable.

"La noche estaba oscura, y sólo cuatro de ellos fueron muertos. Los otros se salvaron. Los que quedaron en el campo, inmediatamente después de la fuga de sus compañeros fueron sacados y fusilados. A continuación, los alemanes electrificaron cuatro de los cinco grupos de barracones. No fue electrificado el barracón donde estaban las mujeres, pues no se temía su fuga.

"Tenemos ahora ante nosotros un grupo de barracones cuya estructura es menos perfecta que los otros. Pero no hay que asombrarse, porque aquí llegan los condenados a muerte ya medio cadáveres. Fuera de los miembros de las SS y los adscritos al servicio del crematorio, nadie vivía allí más de una hora.

"En un espacio libre vemos una alta chimenea cuadrada situada junto a una cámara rectangular de ladrillo. Ha quedado intacta. Cerca están los restos de otra cámara de ladrillo. Cuando tuvieron noticia de la ruptura del frente, los alemanes trataron de eliminar todas las huellas de su barbarie, pero no tuvieron tiempo de volar el crematorio. Se limitaron a quemar las casuchas usadas para los servicios. A pesar de esto, las huellas no son menos visibles. Un tremendo hedor a cadáver impregna el aire. Las casuchas de servicio son tres. Una llena de ropa medio quemada: es el vestuario, que no pudieron llevarse. En la segunda sólo queda una parte de pared en la que hay todavía tubos más pequeños de los descritos en la cámara de gas. También ésta era una cámara de gas, pero no sabemos si usaron Zyklon u otro gas".


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Franz Blaha, (derecha, de pie) durnte otro de los procesos de la posguerra a los guardias de Dachau

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Mensaje por Erich Hartmann » Vie Nov 25, 2005 5:40 pm

Millones de zapatos atestiguan la tragedia

"El crematorio estaba construido de manera que se pudiera quemar los cadáveres en cuarenta y cinco minutos. Pero los alemanes conocían el sistema de hacerlos arder más de prisa. En vez de cuarenta y cinco minutos empleaban veinticinco, e incluso menos. Los expertos, después de haber examinado los ladrillos del horno, declararon que su temperatura debía subir a 1.500°. Esto lo demuestra también la viguería de hierro, que se encontró retorcida. Como cada grupo de cadáveres se quemaba en media hora, y como, según los testimonios, desde el otoño de 1943 el humo del crematorio salía día y noche sin interrupción, se calcula que su capacidad en veinticuatro horas era de 1.500 cadáveres.

"La necesidad de construir un nuevo crematorio —sigue el informe soviético presentado al Tribunal —se hizo imperiosa especialmente después de los hechos de Katyn. Los alemanes tenían miedo de ser descubiertos si se encontraban las fosas de los enterrados en otoño de 1942. Comenzaron a exhumar cadáveres medio putrefactos. Para borrar todas las huellas, los incineraban en el crematorio. En las fosas eran echadas luego las cenizas y los restos de huesos. Una de estas fosas ha sido descubierta y en ella se encontraba una capa de un metro de cenizas.

"Fuera del campo hay todavía cimientos de barracones sin acabar. De este bloque se terminó sólo un barracón, con varias decenas de metros de largo y ancho. Fue encontrado lleno de zapatos de condenados muertos. Difícil decir cuántos pares de zapatos hay allí. Quizá un millón, quizá más. Los zapatos son tantos que hasta caen por fuera de las ventanas, y bajo su peso hasta se ha derrumbado una parte de la pared.

"Se ven zapatos rotos de soldados rusos, zapatos de militares polacos, zapatos de hombre y de mujer y —lo que es más terrible— de niño, a millares, zapatos de niños de diez, ocho, seis y hasta de un año. Imposible imaginar un espectáculo más impresionante. Pasando sobre la montaña de zapatos y llegando al rincón de la derecha, puede uno darse cuenta mejor de este espectáculo que hiela la sangre. Allí se encuentran bien ordenados millares de suelas y millares de trozos de cuero. Todo está bien clasificado. A un lado, los zapatos ya inservibles. Al otro, las suelas. Al otro, los tacones. También este almacén, como todo en el campo, tenia su objetivo utilitario. Nada debía perderse: ni vestidos, ni huesos ni cenizas.

"En Lublin, en una de las mayores casas de la ciudad, se encuentra otro negociado del campo. En diez grandes pabellones y diez pequeñas cámaras se catalogaba cuanto se había quitado a las victimas. En el primer pabellón había decenas de millares de vestidos de mujer. En el segundo, pantalones y ropa blanca. En el tercero, millares de bolsos. En el cuarto, ropa de niño. En el quinto, sombreros y gorras. Etcétera
".

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Mensaje por Erich Hartmann » Sab Nov 26, 2005 6:38 pm

¿Gestapo o SS?

El autor del informe soviético continúa: "He hablado con prisioneros alemanes que pasaban cerca de las fosas. Afirman que no han tenido parte en estos horrores, que califican de obra de las SS. Cuando he interrogado a uno de las SS que trabajó en el campo, dijo que no habían sido las SS las que hicieron aquello, sino la Gestapo. Por su parte, los de la Gestapo acusan a las SS. No sé quiénes de ellos mataron, despojaron, reunieron zapatos y catalogaron la ropa. Pero cuando miro esos almacenes pienso que un pueblo que tiene semejantes delincuentes debe aguantar la total responsabilidad de sus actos y sufrir la venganza por lo que ha sido obra de sus representantes".

Luego sigue diciendo el informe: "He contado la historia del campo de exterminio de Lublin, y he hablado de su aspecto actual. Veamos lo que dicen los testigos con los que he conversado.

"Sus declaraciones son la centésima parte de lo que en el futuro proporcionará material de investigación a la Comisión. He hablado con el prisionero de guerra ruso doctor Baryezewen, jefe médico del hospital de prisioneros militares, con varios ingenieros v varios obreros que han trabajado en el campo, con hombres que estaban en el campo como prisioneros y con los de las SS de servicio en el campo. Con todo lo que he visto y oído me hice una idea del 'campo de exterminio'. Lo que resulto evidente de los documentos de las SS es que todos los prisioneros que se encontraban en el campo, fueran civiles o de guerra, rusos, ucranianos, polacos o judíos franceses, todos debían morir. Ninguno podría contar lo que allí sucedía. Debía desaparecer todo testimonio, según los alemanes. Los muertos callan. Ciertamente que las noticias de los campos de muerte podían llegar a las poblaciones circundantes. Pero esto no asustaba a los alemanes. En Polonia se sentían como en su casa. El Gobierno General polaco era su presa de guerra. Los que siguiesen con vida en este territorio debían tener miedo de los alemanes, y por eso también estas tremendas noticias resultaban útiles en cierto sentido. A la gente le daba miedo el olor a cadáveres, que especialmente en los días de grandes ejecuciones se difundía desde el campo y que en Lublin obligaba a la gente a llevarse el pañuelo a la nariz. Todo esto debía persuadir a Polonia de la fuerza alemana, y de las torturas con que se encontraría todo el que hubiese actuado contra los alemanes. Desde lejos se veía el humo de los hornos crematorios que durante semanas y meses se elevaba sobre el campo. Igual que el olor, aquel humo era también un medio para intimidar. Decenas de millares de personas pasaban ante la vista de todos por la carretera de Chelo, perdiéndose tras aquella puerta de la que no volvían a salir. Todo esto era un signo de la fuerza de los alemanes, que podían permitirse cualquier cosa sin que jamás los castigara nadie. Deseo hablar del puesto más 'humano' de este campo, es decir, del hospital. Según la legislación sanitaria, los que llegaban al campo tenían que pasar veintiún días de cuarentena en el hospital antes de ser enviados a los barracones. Pero hay que añadir un detalle. Los prisioneros de guerra que debían cumplir la cuarentena, por orden de las autoridades del campo eran puestos con los enfermos de tuberculosis. En cada uno de los barracones se hallaban aglomerados unos 200 tuberculosos junto con los que estaban de cuarentena. Si tomamos en consideración un detalle que parece no tener importancia, veremos que, de los hombres fallecidos por muerte natural, el 80 por 100 murió de tuberculosis. En realidad, el hospital era parte del campo de exterminio.

"También los alemanes tenían sus medios de matar, y acaso más rápidos que en los barracones. Los medios de matar eran de tipo diverso, y su número crecía con el crecimiento del campo. Uno de los medios más usados era el ahorcamiento. En una estrecha estancia de cuyo techo pendían ocho cuerdas de cuero se ahorcaba a los incapaces para el trabajo. Cuando al principio faltaba la mano de obra, las SS no mataban a los sanos, sino que ahorcaban sólo a aquellos que por hambre o enfermedad estaban sin fuerzas. Los internados mili tares eran los privilegiados. Pero allí se ahorcaba sólo a los civiles, porque a los prisioneros de guerra se les fusilaba fuera del campo, y solamente se les ahorcaba cuando eran tan pocos en número que no valía la pena salir del campo.

Apenas fue construido el campo, empezó a funcionar un crematorio con dos hornos. Mientras la construcción de las cámaras de gas no estuvo terminada, se mataba a las victimas del modo siguiente: junto al crematorio había un cuarto pequeño al que se entraba por una puerta estrecha y baja, tan baja que para entrar se debía inclinar la cabeza. A ambos lados por dentro había dos SS con mazas de hierro. Cuando los hombres entraban con la cabeza baja, uno de ellos les golpeaba en la nuca. Si fallaba ese golpe, el otro les propinaba un segundo golpe. El que el hombre perdiese sólo el sentido no tenía importancia. La regla del campo era que 'si uno cae y no puede levantarse debe ser considerado muerto'. Así. si uno perdía el sentido, lo cogían y lo echaban al horno, aunque estuviese todavía vivo
".


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Mensaje por Erich Hartmann » Dom Nov 27, 2005 8:56 pm

¡TODOS A LA HORCA!

Esta es, en síntesis, la petición de los acusadores al final del primer proceso a los criminales de guerra.

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La fase de las declaraciones, las preguntas y las repreguntas se termina el 25 de julio de 1946. Veinticuatro horas despues la acusación pública "lanza" sus conclusiones finales, y el primero que toma la palabra es de nuevo R. H. Jackson. "el padre del proceso". En la intervención del acusador público norteamericano se funden la ironía y la tragedia. Después de haber justificado en el plano del Derecho Internacional y en el de los simples sentimientos humanos la validez de un proceso que la defensa se ha esforzado naturalmente por hacer considerar legal. Jackson pide a los jueces las penas más severas para los criminales presentes y para el contumaz Martin Bormann.

"La historia constatará —declara— que todo lo que ellos podían decir en su propia defensa lo han dicho. Pero ellos, en momentos de esplendor y potencia, nunca ofrecieron a nadie un proceso como el que les hemos hecho. Nuestras pruebas de su culpabilidad se basan sólidamente en testimonios a los que no han sabido contraponer más que las excusas lloriqueantes y los mezquinos subterfugios que habéis escuchado. Si, por lo tanto, en el momento Final del juicio mi acusación es dura y despiadada, eso viene impuesto por las pruebas mismas... Si habéis de llegar a la conclusión de que estos hombres no son culpables, seria como decir que no había habido una guerra, ni matanzas, ni crímenes".

Presidente: "Tiene la palabra Sir Hartley Shawcross, fiscal general de la acusación por el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda".

Shawcross: "Goering. Hess. Ribbentrop, Keitel, Kaltenbrunner, Rosenberg, Frank, Frick, Streicher, Funk, Schacht, Doenitz, Raeder, Von Schirach, Sauckel, Jodl, Von Papen. Seyss-Inquart, Speer, Von Neurath. Fritzsche y Bormann: he aquí a los culpables. Permitidme decir algunas palabras sobre cada uno de ellos, sobre sus respectivas responsabilidades en los delitos más sórdidos, en los crímenes más salvajes. Goering, bajo su falso aire de benevolencia, es el potente arquitecto de este sistema diabólico, desde el rumbo del gobierno en el estado nazi hasta la construcción gradual de los organismos destinados a la guerra, desde la agresión calculada hasta las atrocidades. Hess no fue menos que él. La parte de Ribbentrop es evidente. Nadie en la historia ha degradado tanto la diplomacia, nadie se ha hecho culpable de una perfidia más miserable. Es Ribbentrop el que, después de 1940, ordena a todas sus embajadas y legaciones europeas que aceleren la ejecución de las 'medidas políticas', es decir, el exterminio racial. No es Himmler, sino Ribbentrop quien en febrero de 1943 comunica orgullosamente a Mussolini que 'todos los judies de Alemania y de los territorios ocupados han sido encerrados en las reservas del este'. Ribbentrop, engreído y falso diplomático, es sólo un vulgar asesino...".

Un golpe resuena en la sala e interrumpe por un instante las conclusiones de Sir Hartley Shawcross. A las palabras "vulgar asesino", Ribbentrop se ha puesto pálido y ha dejado caer al suelo los auriculares mientras, con un gemido, se derrumba sobre la barandilla del recinto. Antes de que Goering y Keitel, que en esta sesión se sientan a ambos lados, puedan hacer un movimiento para socorrerle, el ex ministro del Exterior se recupera y sacude débilmente la cabeza, negando, en respuesta a la dura afirmación del acusador inglés.

El fiscal general británico prosigue. Ni Keitel ni Jodl —dice— pueden negar que han sido cómplices en los más odiosos crímenes, incluso en los cometidos fuera de su esfera de "soldados rectos y obedientes". Ellos sabían lo que ocurría en el este. Fue Jodl quien escribió, a propósito de la deportación de los judíos daneses: "Si una 'medida política' debe ser cumplida por el comandante militar de Dinamarca, el OKW deberá ser avisado a través del ministro del Exterior".

Kaltenbrunner es atrapado por la acusación en las frases del testigo Gisevius, ex funcionario de la Gestapo: ".Nos preguntábamos si podía existir otro monstruo como Heydrich... Llegó Kaltenbrunner y todo empeoró de día en día. Nos dimos cuenta de que los impulsos criminales de un asesino como Heydrich eran quizá menos terribles que la lógica fría y legalista de un abogado que tenía en sus manos un instrumento tan peligroso como la Gestapo". Si Bormann, disponiendo de las más delicadas palancas del partido se sirvió de ellas para ejecutar las crueles órdenes de "tierra quemada", el Werwolf clandestino y el "decreto de la bandera", la culpabilidad de Rosenberg, el hombre que preparó un terreno fértil para la semilla de la política nazi, está fuera de duda. Como ministro de los Territorios Ocupados conoció la destrucción de los ghettos y la "solución final".

En el aula calurosa y callada, Sir Hartley Shawcross lee el documento más angustioso del proceso. Es el testimonio del ingeniero Herman Gräbe, directivo de una sociedad alemana implantada en Ucrania, sobre el exterminio de los cinco mil judíos de Dubno:

"... Las personas bajadas de los camiones, hombres, mujeres y niños de todas las edades, debían desnudarse por orden de un miliciano de las SS que empuñaba un látigo de caballo o de perro... Sin gritar ni llorar, esta gente..., se colocaba en grupos, por familias, y se besaban y saludaban esperando la señal de otro miliciano de las SS, también con un látigo en la mano, que estaba junto a la fosa... Una anciana de cabello blanco tenía en brazos a un niño de un año, cantándole canciones y jugando con él... Los padres miraban la escena con lágrimas en los ojos. El padre tenía de la mano a un chiquillo de unos diez años y le hablaba en voz baja. El niño trataba de contener las lágrimas. El padre señaló al cielo, le acarició la cabeza y pareció explicarle algo. En aquel momento el hombre de las SS cerca de la fosa gritó algo a su camarada. Este contó unas veinte personas y las hizo caminar hasta detrás del montículo de tierra... Me acuerdo bien de una muchacha esbelta y de cabello negro que al pasar junto a mí se señaló a sí misma y dijo: 'Tengo veintitrés años'. Di la vuelta al montículo y me encontré con un espectáculo horrendo. Había cuerpos a montones, unos encima de otros... A casi todos les corría la sangre de la cabeza por la espalda... Juzgué que (la fosa) contenía unas cinco mil personas...".

Esto, exclama con fuerza Sir Hartley Shawcross, se repitió seguidamente centenares y millares de veces, en Ucrania y en Polonia. ¿Acaso no dijo Hans Frank a sus funcionarios del Gobierno General: "No puede uno deshacerse de todos los piojos y de todos los judíos en un solo año"? Y Frick, ministro del Interior primeramente y luego Protector de Bohemia y Moravia, ¿podía decir que no conocía la política de exterminio de los judíos y la operación eutanasia? Heydrich, el "perro sanguinario" subordinado suyo, ¿no le escribió en 1941: "Podemos afirmar que, en el futuro, no habrá ya judíos en los territorios del este"?


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Sir Hartley Shawcross, durante su discurso en los Juicos de Núremberg


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Mensaje por Erich Hartmann » Lun Nov 28, 2005 6:12 pm

"Hace tiempo que ha perdido el derecho a la vida"


El acusador hace una larga pausa, y luego se dirige directamente a Streicher. "No es necesario hablar mucho de este hombre. Streicher es quizá más responsable que los otros. Durante veinticinco años su terrible ambición ha sido la de exterminar a los judíos, durante veinticinco años inculcó al pueblo alemán la filosofía del odio, de la brutalidad, del asesinato. Sin él no habrían sucedido los exterminios...". Streicher está en pie, entre Frick y Sauckel que le miran estupefactos. Parece que va a decir algo, pero no habla, y aprieta el puño de la mano derecha como si quisiese estrangular a alguien. El acusador le mira y dice lentamente: "Hace mucho tiempo que Streicher ha perdido el derecho a la vida".

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Rapidamente Sir Hartley Shawcross traza las líneas sumarias de acusación para los otros procesados. Schacht ayudó a Hitler a subir al poder y lo consideraba como "un hombre con el que se puede colaborar". Schacht dio al nazismo los fondos para el rearme, y el entonces ministro de la Guerra, Von Blomberg, le dijo públicamente: "Sin su ayuda, mi querido Schacht, este rearme no se habría realizado jamás". Funk continuó la obra de Schacht y preparó la economía alemana con vistas a la guerra de agresión. Doenitz fue quien pronunció un discurso ante seiscientos mil hombres de la Kriegsmarine hablando del "veneno corrosivo del Judaísmo". También las manos de Raeder, para el acusador británico, están manchadas de sangre por el ataque a traición contra Noruega. Y Von Schirach, "este miserable, que ha pervertido millones de inocentes muchachos alemanes" transformándolos en instrumentos de una política criminal. ”¿no habría sido mejor para él atarse una piedra de molino al cuello y arrojarse al mar?".

Shawcross pide la pena de muerte para todos: Sauckel, que ordenaba medidas implacables para deportar y aprovechar la mano de obra destinada a la máquina bélica alemana; Von Papen, cómplice de Hitler en el advenimiento del nazismo aun sabiendo que la oposición política sería estrangulada, y que los judíos y las confesiones religiosas (comprendida la suya, la católica) serian perseguidos y destruidos; Seyss-Inquart, que admitió la deportación de los obreros holandeses y los horrores de los campos de concentración; Speer, que se presenta como un técnico ajeno a la política pero que reconoce haber recibido de Sauckel un millón de trabajadores rusos en agosto de 1942, y haber pretendido en enero de 1944 un millón trescientos mil para el año que comenzaba; Von Neurath, que fue a gobernar Checoslovaquia sin ignorar que también el "nuevo orden" alemán perseguiría de un modo u otro a los judíos, anulando la oposición y suprimiendo a los comunistas, socialdemócratas y sindicalistas; Fritzsche, que es tan culpable como los otros porque con Streicher, Rosenberg y Von Schirach compartió "la responsabilidad de la completa degradación del pueblo alemán, cerrando las puertas a la piedad humana".

Sir Hartley Shawcross se dirige ahora a los jueces, y sus palabras toman un tono solemne y conmovido. Concluye su discurso recordando que "hace muchos años que Goethe dijo al pueblo alemán que un día u otro 'el destino le heriría porque el pueblo se ha traicionado a si mismo, buscando cambiar su propia naturaleza. Es bien triste que no conozca el atractivo de la verdad, y detestable que adore hasta tal punto la niebla, el humo y la inmoderación desenfrenada. Es patético que se someta ingenuamente a cualquier bribón trastornado que atraiga sus bajos instintos, ratifique sus vicios y le lleva a concebir el nacionalismo como aislamiento y brutalidad'".

"Cuando llegue el momento de la sentencia, señorías —exclama Shawcross— recordad el testimonio del ingeniero Grabe sobre las fosas de Dubno, sin sentimientos de venganza pero firmemente decididos a no tolerar que estos hechos se repitan. "El padre', ¿recuerdan sus palabras, señorías?, 'señaló al cielo y pareció explicar algo al niño'".

El representante francés en la acusación, Charles Dubost, pidió para cada uno de los acusados una pena que fuera proporcionada "a los dolores y suplicios que han sido infligidos a otros", bien directamente, bien apoyando decisiones inhumanas.

Finalmente se levanta para hablar el fiscal general soviético Rudenko. Sostiene que los acusados, con sus actos, están en el origen de todos los crímenes de guerra y contra la humanidad que han sido enumerados y probados, y que su responsabilidad personal no tiene duda. "Nadie entre ellos puede esconderse tras el pretexto de haber actuado a consecuencia de órdenes superiores —exclama Rudenko—. Ellos eran sus propios superiores".

El acusador soviético evoca también uno de los capitules más oscuros y controvertidos de la Segunda Guerra Mundial. El de la matanza del bosque de Katyn —cerca de Esmolensko—, realizada en otoño de 1941 por las tropas alemanas "que luego trataron de endosar la responsabilidad al Ejército Rojo". Rudenko afirma que un centenar de testigos han declarado que los alemanes habían liquidado en el bosque de Katyn a más de 10.000 jefes, oficiales y soldados del ejército polaco que habían sido hechos prisioneros de los soviéticos durante la breve campaña de Polonia en 1939, y que después, durante el avance de los nazis en la URSS, habían sido abandonados en tres campos de concentración al oeste de Esmolensko y "todavía se encontraban allí cuando los alemanes invadieron y ocuparon esta región en septiembre de 1941".


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Mensaje por Erich Hartmann » Mié Nov 30, 2005 4:07 am

Para la defensa, Goering fue casi un benefactor

Concluida la exposición final de Rudenko, la palabra pasa a la defensa, y el primer orador es el abogado Otto Stahmer, defensor de Goering. El letrado divide su discurso en dos partes. En la primera critica la constitución del tribunal, fundado sobre una ley inexistente en el momento en que fueron cometidos los cargos y en la segunda trata de reestructurar las acusaciones dirigidas contra Goering. Su oratoria es convincente. Su cliente se muestra satisfecho, y declara a un periodista: "Elegí a Stahmer porque es el único abogado que conozco. Ha hablado bien y ha dicho lo que debía. Yo siempre he desaprobado las persecuciones contra los judíos y soy yo quien anuló los decretos de Bormann contra las confesiones religiosas...".

Stahmer dirige toda responsabilidad por las matanzas sobre Himmler y Heydrich. ¿Acaso no fue un judío quien salvó a Goering después del fracasado Putsch de Munich, y no declaraba el ex mariscal: 'Yo soy quien decide quién es judío'? Recuerda un episodio durante el interrogatorio de los testigos. El general de la Luftwaffe Erhard Milch, declarando para disculpar a su antiguo superior por la invasión de la Unión Soviética, recibe esta pregunta de la acusación: "Pero ¿no es usted hijo de judíos? ¿No ha sido el propio Goering quien le ayudó a falsificar los documentos en 1933 para poder pasar como ario puro?". Turbación y confirmación, aunque fuera a regañadientes.

El abogado de Bormann no pierde tiempo. Pide que "la acción sea declarada extinguida por la muerte del acusado, o suspendida hasta que le sea posible a Bormann comparecer en juicio para defenderse personalmente". Una risotada acalla al abogado Bergold. Es el de siempre. Hess, que muestra una de sus extrañas irritaciones. Su defensor, Gunther von Rohrscheidt, hace tiempo que ha tenido que abandonar su misión por haberse roto una pierna cuando una noche volvía a casa atravesando las ruinas de la ciudad. Su colega Seidl ha asumido esta nueva responsabilidad. Para el ex Viceführer no es difícil la posición. "Si Hess hubiera logrado establecer en Gran Bretaña las condiciones necesarias para un armisticio y negociaciones de paz -afirma el defensor—, la situación política y militar de Europa habría sido modificada de tal modo que la agresión contra Alemania por parte de la URSS habría parecido extremadamente imposible, y los pretextos de Hitler habrían sido insostenibles".

A continuación vuelve a tomar la palabra para defender al acusado Hans Frank, el verdugo de los patriotas polacos. De él, como Gobernador General, dependía efectivamente la administración civil de los territorios polacos ocupados —expone—, pero la policía secreta actuaba de forma autónoma, con directivas del mando general de las SS o de la central de Cracovia. En estas condiciones adversas, que no es fácil demostrar, "se puede preguntar a Frank qué le quedaba por hacer. Naturalmente que podía retirarse, y precisamente lo intentó. Catorce veces presentó en vano la dimisión".

Los abogados alemanes tratan de desmantelar al menos el cargo número uno, el de haber ejecutado "un plan para apoderarse del poder, establecer un estado totalitario, y preparar y conducir una guerra de agresión", según acusación dirigida a todos los procesados. Por eso Rudolf Dix recuerda que su cliente Schacht se retiró de la vida política en enero de 1938; Egon Kubuschok subraya el alejamiento de Von Papen, enviado como embajador a Ankara cuando habría podido conseguir cargos mucho más importantes; Martín Horn se niega a admitir que Von Ribbentrop pudiera considerar en 1939 que sus actos diplomáticos eran "criminales". ¿Y Von Neurath? El abogado Otto von Ludinghausen invita a considerar que mientras estuvo en Praga los judíos no sufrieron persecuciones. Matanzas y deportaciones sobrevinieron con la llegada de susucesor, Heydrich. Igual intento con Frick, "el único nazi honrado", como lo define el defensor Pannenbecker, utilizando una expresión del periodista John Gunther.

Para los militares —Keitel, Jodl, Doenitz y Raeder— no había otra alternativa. Una vez preparada la máquina bélica, "presentar la dimisión habría sido como desertar". Hitler lo recordó a su Estado Mayor. Por eso toda la responsabilidad recae sobre el Führer. Rosenberg es, para el abogado Thoma, un "sustentador de una solución caballerosa del problema judío, y para Streicher, según el doctor Hans Marx. "el problema judio había sido resuelto y acabado con las leyes de Nuremberg de 1935".

¿Transformo Funk la economía de paz en economía de guerra? El defensor Sauter no duda que tonar medidas adecuadas para una eventual defensa constituye "no sólo un derecho, sino sobre todo un deber para un funcionario del Reich". En suma, la obediencia ha guiado los actos de todos los procesados. En el mismo clima son consideradas las otras acusaciones. Por ejemplo, "la utilización de obreros extranjeros" de que es responsable Sauckel. El defensor Robert Servatius dice que esto "no constituye un crimen de guerra contrario al derecho de gentes", ya que el máximo organizador del trabajo forzoso (mientras pudo evitar las presiones de Hitler) permitió condiciones de vida humanas a los extranjeros trasladados al Reich.

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Goering hablando con el dr. Otto Stahmer


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Mensaje por Erich Hartmann » Mié Nov 30, 2005 4:46 pm

Las últimas declaraciones de los 21 procesados

El presidente Lawrence se acerca al micrófono y exhorta a los procesados con base en el estatuto del tribunal, que "establece la facultad del acusado de hacer una última declaración".

Presidente: "Acusado Hermann Wilhelm Goering".

El ex Mariscal del Reich, enflaquecido en su uniforme gris perla, se levanta y, como de costumbre, se mete la mano derecha en el bolsillo.

Dice: 'No quería la guerra. No hice nada para provocarla. Incluso traté de evitarla negociando. Luego, cuando estalló, me dediqué a ganarla. He reexaminado mis acciones y rechazo categóricamente la acusación de haber querido sojuzgar pueblos extranjeros, exterminarlos, despojarlos, esclavizarlos y realizar perfidias y delitos. El único motivo que me inspiró fue el ardiente amor a mi pueblo, a su dicha, a su libertad y a su vida. De esto pongo por testigo al Omnipotente y al pueblo alemán".

Presidente: "Acusado Rudolf Hess". Hess no se mueve, se quita con gesto brusco los auriculares y se seca el sudor de la frente. Está palidísimo. Murmura: 'No me siento bien, nada bien. Quisiera hablar sentado...".

Presidente: "No hay inconveniente".

La declaración de Hess dura más de media hora. Es un discurso desatinado. El ex Viceführer echa la culpa de los horrores de los campos de concentración a un poder maléfico que se había apoderado de los jefes nazis y del mismo Hitler. Entre otras cosas dice: "Me di cuenta cuando estuve internado en Gran Bretaña. La gente que me rodeaba en Alemania se comportaba conmigo de un modo extraño... Tenía ojos extraños... ojos vidriosos con mirada de sonámbulos...".

Hess, sin nombrar a Rusia, pasa a hablar de los procesos políticos celebrados en Moscú entre 1934 y 1937, se explaya sobre la guerra de los Boers y sobre el número de muertos que provocó, e ilustra sus relaciones espirituales con las confesiones religiosas.

Presidente: "Debo llamar la atención del acusado Hess sobre el hecho de que ha hablado ya veinte minutos y...".

Hess (gritando): "¡Recuerde, señor presidente, que soy el único procesado que no ha hecho nunca declaraciones en el transcurso de este juicio!".

Presidente: "El tribunal tiene que poder escuchar a todos, y espero que el acusado Hess tenga a bien concluir".

Hess (inesperadamente calmado): "Entonces más tarde. Más tarde haré la declaración que debo hacer...".

Y concluye: "Estoy contento de saber que he cumplido mi deber para con mi país y mi pueblo, y mi deber como alemán nacionalsocialista y leal seguidor del Führer. No lamento nada. Si tuviese que volver a empezar, actuaría una vez más como lo he hecho, aunque supiese que al final tendría que morir colgado de un farol...".

Luego, rápidamente, van hablando todos los demás acusados.

Von Ribbentrop: "Cuando miro hacia atrás lo que he hecho y deseado, sólo puedo terminar de una manera: la única cosa de que me considero culpable ante mi pueblo, y no ante este tribunal, es de no haber logrado mis objetivos políticos".

Keitel: "Es trágico darse cuenta de que lo mejor que di como soldado —obediencia y fidelidad— fuera empleado para fines inconfesables, y que yo no haya podido ver qué limites debían ponerse al deber de un soldado. Este es mi destino".

Kaltenbrunner, turbado, niega todo. Echa la culpa a Himmler y Bormann, pero especialmente a Himmler. "Si me equivoqué en mi actividad, si las órdenes crueles fueron dadas antes de que ocupase el cargo, ahora estoy en el torbellino de un destino que es más fuerte que yo y que me arrastra consigo. Ahora soy condenado aquí. Para castigar a Himmler, que ya no existe, se hacen recaer sobre mí sus crímenes".

Rosenberg: "La acusación sostiene que hemos ordenado el exterminio de doce millones de personas. Deseo decir a este respecto que mi conciencia está absolutamente limpia de tales delitos".

De Frank esperan todos otra admisión de culpa. Pero el "verdugo de Polonia" dice que "Dios, Señor de todos, ha juzgado a Hitler y le ha maldecido a él y a su sistema, que nosotros servíamos por haber olvidado a Dios". Pero de repente se arrepiente y da marcha atrás: "Al testificar dije que no bastarían mil años para expiar la culpa de Alemania, pero ¿quién castigará a los que ahora están cometiendo crímenes contra el pueblo alemán en Checoslovaquia, Polonia y Silesia?".

Frick: "Mi conciencia, señorías, está tranquila. Toda mi vida de funcionario fue gastada en servicio de mi pueblo y de mi patria".

Streicher: "Excelentísimos señores del tribunal, rechazo la responsabilidad de las matanzas del mismo modo y con el mismo derecho que todo alemán honrado."

También Schacht es breve y conciso. Habla lentamente, con tono profesional, arreglándose los puños: "Mi error fue no distinguir plenamente, desde el primer instante, la criminalidad de Hitler".

El ex Gran Almirante Doenitz, ante la llamada del presidente, se limita a sacudir la cabeza. Emocionado, hace señas de que renuncia a tomar la palabra.

Raeder: "Cumplí mi deber de soldado".

Funk: "He cometido errores, y en otras cosas me dejé engañar. Reconozco que he sido demasiado crédulo y en muchas cosas insuficientemente atento y no demasiado listo. Pero hoy mi conciencia está clara como el día en que hace diez meses entré en esta sala por primera vez"

Von Schirach: "Mi destino personal no tiene importancia".

A causa de la larga declaración de Hess, las palabras de los últimos siete acusados se dejan para la sesión de la tarde.

Es Sauckel quien la abre diciendo: 'Estoy preparado para la suerte que la Providencia me asigne y para afrontarla como hizo mi hijo, muerto durante la guerra".

Jodl: "Señores del tribunal, no importa el veredicto que emitan sobre mi caso. Dejaré esta sala con la cabeza alta igual que entré hace muchos meses (...). En una guerra en la que centenares de millares de mujeres y niños fueron exterminados por los bombardeos, en una guerra en que los partisanos usaron de todos los medios en nuestro perjuicio, las medidas draconianas, aunque discutibles comparadas con la ley internacional, no son delitos de moral ni de conciencia".

Von Papen: "He servido a mi país, no al nazismo. Y cuando examino mi conciencia, no encuentro ni sombra de culpa".

Luego habla Seyss-Inquart para rechazar todas las acusaciones y elogiar a Hitler: "Es el hombre que engrandeció a Alemania. Yo le serví y le sigo siendo fiel".

Speer, inmediatamente después, parece replicar polémicamente al ex gobernador nazi de Holanda: "Hitler y la catástrofe de su sistema han precipitado al pueblo alemán a sufrimientos terribles. Después de este proceso, Alemania maldecirá a su Führer

Von Neurath: Mi vida fue consagrada a la verdad y al honor, al mantenimiento de la paz y a la consecución de la comprensión entre los pueblos.

Y finalmente Fritzsche, el último: No he predicado el odio, como ha dicho la acusación, no he cerrado mis oídos a la piedad. Entre mí y estos criminales sólo hubo una relación: se aprovecharon de mí, aunque en modo diverso del empleado con sus víctimas físicas.

El presidente Lawrence da un golpe con su martillo de madera, se levanta y anuncia: “El tribunal ponderará cuidadosamente las declaraciones de los acusados. Sabemos que los abogados han recibido y reciben cartas de amenaza por parte de alemanes que critican su labor de defensores, pero nosotros les protegeremos por todos los medios. El tribunal se volverá a reunir el 23 de septiembre para la sentencia".

La espera será más larga. El 23 de septiembre el tribunal anuncia que el veredicto se retrasa una semana. En el secreto absoluto de la cámara de deliberaciones, el juez soviético Nikitchenko está en desacuerdo con los otros tres magistrados, el norteamericano Biddle, el francés Donnedieu de Vabres y el inglés Lawrence, pues pide la condena de todos los acusados a la pena de muerte y el reconocimiento del carácter criminal de las ocho organizaciones nazis en el banquillo.

Al parecer, no es este el único punto de fricción y desacuerdo. Si son verdad las indiscreciones que en los años siguientes se filtrarán incluso a través de las declaraciones de algunos jueces aliados, uno de los conflictos técnico-jurídicos provino de la decisión definitiva que había que tomar respecto al episodio de Katyn, matanza que el fiscal soviético Rudenko, en sus conclusiones, ha achacado en toda su responsabilidad a los procesados.

El "caso" de Katyn había sido introducido en la sala del tribunal con una arenga de 13 y 14 de febrero de 1946 procedente del acusador coronel Pokrovsky, el cual, en esencia, había relatado los resultados de la investigación de la comisión especial soviética de enero de 1944.

En los testimonios mencionados de Pokrovsky —tres exactamente— se había repetido cuanto afirmara la comisión. En la cámara de deliberaciones, al menos por parte francesa e inglesa, se lamentó que los soviéticos quisieran la condena de los procesados alemanes en -este asunto sin una prueba directa y concreta de su responsabilidad. En la polémica intervinieron otros factores. Se subrayó, por ejemplo, que en el tema de Katyn —aun siendo una matanza de polacos— no fueron escuchados jueces ni representantes polacos, ni tampoco se admitió documentación polaca, aunque el gobierno polaco de Londres estuviese reconocido por todas las naciones aliadas desde el momento en que fue cometida la matanza hasta el momento de su descubrimiento.



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Mensaje por ignasi » Mié Nov 30, 2005 5:02 pm

En su declaración, Hess incluyó una frase que, dentro de su locura, siempre me ha conmovido: "Igual que antes grité '¡¡Hossanna!!', hoy no puedo gritar '¡¡Crucifícale!!'"

En cierto modo, diría que fue el único que amó a su Señor (también fue el único que comartió prisión con Hitler)

Un saludo,

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Mensaje por Erich Hartmann » Jue Dic 01, 2005 6:14 pm

EN NUREMBERG SUENA LA HORA FINAL

El 30 de septiembre de 1946, el Tribunal Internacional comenzó la lectura de la sentencia.

La hora H del proceso de Nuremberg contra los jefes del Tercer Reich llega la mañana del 30 de septiembre de 1946. Es la hora de la sentencia. En la gran sala número 600 todo el espacio está abarrotado por representantes de las diecinueve naciones que han sufrido la agresión alemana. También fuera del palacio de Justicia bulle una gran muchedumbre que espera que los altavoces le permitan seguir los últimos momentos del proceso. Otros altavoces, enlazados con la radio, están instalados en todas las plazas de Alemania para permitir a los alemanes escuchar la sentencia contra los máximos responsables del nazismo.

Los procesados son llevados a la sala veinte minutos antes que el tribunal, y van a ocupar sus puestos en los acostumbrados bancos. Se ponen en pie cuando, hacia las diez, entran sus señorías. Son los cuatro jueces titulares: el presidente inglés Lawrence, el francés Donnedieu de Vabres, el norteamericano Biddle y el general soviético Nikitchenko. Los jueces se sientan en sus altos escaños, detrás de los cuales se levantan hacia el techo las banderas de las cuatro naciones. Cada uno tiene ante si la voluminosa carpeta de la tan esperada sentencia: más de 250 páginas.

El momento es solemne. Cuando Sir Lawrence, después de haber declarado abierta la audiencia y después de haber presentado algunas comunicaciones oficiosas, se dispone a dar lectura al largo documento, los acusados se ajustan inmediatamente los auriculares para oír mejor. Goering aparenta una cierta calma, Von Ribbentrop está deprimido. Hess muestra indiferencia a cuanto sucede, pero los demás están atentísimos.

De la lectura de la primera parte de la sentencia, realizada por Sir Geoffrey Lawrence, se deduce que el tribunal no ha considerado "criminales" a todas las asociaciones nazis o a las esferas gubernativas de Alemania. De tal calificación son así absueltas las SA (Sturmabteilungen, secciones de asalto del partido nazi) que desde junio de 1934 habían perdido peso en la vida nacional alemana y que habían sido marginadas después de la tristemente célebre "purga de sangre" en la que fue muerto entre otros su jefe, Roehm. Igualmente absueltos son el Mando Superior de las Fuerzas Armadas (OKW, Oberkommando der Wehrmacht), el Estado Mayor y el gabinete del Reich. es decir, el Consejo de los principales ministros de los que estaba asistido Hitler. Pero son calificadas de criminales la Gestapo, las SS y la autoridad jerárquica del partido nazi. Quienes formaban parte de ellas conocían los fines que se proponían tales organizaciones y sabia que acaso se les pediría cometer actos contrarios a la humanidad y a todas las leyes civiles.

Las matanzas realizadas en Rusia

Jueces titulares y suplentes se alternan en la lectura. Los jueces ingleses leen la parte que respecta a las violaciones sistemáticas del derecho de gentes cometidas por la Alemania nazi. Los jueces franceses leen la parte de la sentencia que —una vez demolidas las argumentaciones de la defensa sobre la obligación de los acusados de obedecer ciegamente a Hitler, jefe reconocido del Tercer Reich— revela cómo los designios criminalmente ambiciosos del Führer tuvieron necesidad, para su realización, de la voluntaria colaboración de todos los dirigentes de la vida alemana, ya fueran diplomáticos, técnicos, financieros o militares. Hay dos breves interrupciones: la primera, de sólo un cuarto de hora a las 11,30, y la segunda, de cerca de una hora, para el almuerzo. Durante esta última pausa, los acusados son sacados de la sala. Al reanudarse la sesión, de las 14,30 a las 17,30 de la tarde, hablan los jueces norteamericanos y soviéticos. Biddle tiene la misión de demostrar las inenarrables atrocidades cometidas por los nazis en sus años de gobierno en Alemania y durante su hegemonía en Europa.

Pero el cuadro se hace todavía más lúgubre cuando toma la palabra el juez Nikitchenko, que describe la brutal explotación de los territorios ocupados por los alemanes y las matanzas cometidas en la Rusia meridional.

La sentencia rechaza el argumento principal de la defensa —según el cual no se podría juzgar a los nazis basándose en leyes que no existían cuando se cometieron los posibles crímenes—, partiendo del presupuesto de que la guerra nazi ha sido ilegal. Jurídicamente ha violado los compromisos aceptados en el pasado por el gobierno alemán, y especialmente el famoso pacto Briand-Kellogg. Además, esencialmente, un examen específico de las agresiones demuestra que nunca estuvieron justificadas por un estado de necesidad.

Establecidos estos principios, el pliego de cargos evoca todas las culpas de Hitler desde el momento de su subida al poder hasta los últimos días de la guerra. El mundo las conoce. Es inútil repetirlas. Se trata del exterminio de millones de judíos, de la deportación de cinco millones de trabajadores extranjeros a Alemania, de torturas y malos tratos a los prisioneros. Se trata de todos los delitos, mentiras y engaños del gobierno del Tercer Reich.


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Mensaje por Erich Hartmann » Vie Dic 02, 2005 5:38 pm

De uno en uno ante el tribunal

La lectura de la sentencia es interrumpida a las 17,30 y suspendida hasta la mañana siguiente. Para concluir la exposición de los delitos nazis faltan todavía una veintena de páginas. Terminada esta fase, se pasará a la lectura de las motivaciones específicas respecto a cada uno de los veintiún procesados, y finalmente seguirá la correspondiente sentencia. Pero al día siguiente, martes 1 de octubre de 1946, día doscientos dieciocho del proceso, sesión cuatrocientos siete y última, la escena cambia totalmente. El tribunal, con los acostumbrados jueces, no entra en la sala hasta la tarde, quince minutos antes de que el reloj eléctrico de la audiencia señale las 15 horas. Los fotógrafos y operadores de cine son inmediatamente sacados de la sala. El recinto de los acusados está vacío por primera vez, y ante el micrófono, que durante tantos meses ha visto sucederse acusados, testigos y peritos, hay un sillón de brazos iluminado por cuatro potentes lámparas. Un chirrido que hace sobresaltarse a jueces y defensores anuncia que el viejo ascensor capaz para cinco personas está subiendo de la zona de celdas. Todos los ojos se dirigen, en el silencio total, a la puerta tras el recinto de los acusados, casi indistinguible de los paneles de madera oscura. La puerta corrediza se abre y aparece Goering seguido de dos MP. Casi tambaleándose bajo la luz cegadora, el ex Mariscal del Reich se sienta en el sillón y con gesto cansado se coloca los auriculares.

Presidente: "Acusado Hermann Wilhelm Goering, respecto a los cuatro cargos...".

El acusado hace un gesto nervioso con la mano. El sistema de comunicación debe de haberse estropeado y Goering no oye nada. Acuden dos suboficiales afanándose con los auriculares y, como recordará un testigo de excepción, John Dos Passos, "fue un momento terrible jueces y acusado se miraban mientras los técnicos reparaban la conexión".

Presidente (prosiguiendo): "... respecto los cuatro cargos de acusación, ha sido usted reconocido culpable, y es condenado a la horca".

Las voces monótonas de los intérpretes traducen al francés, alemán, inglés ruso: "... condamné á la pendaison", "... Tod durch den Strang", "... lo death by hanging", "... kazn'cherez poveschenie".

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Sereno, Goering se quita los auriculares, se levanta rápido y, volviéndose, sale con paso firme. Regresa a su celda con las manos temblorosas y lágrimas en los ojos, negándose por el momento a decir nada a sus guardianes. Inmediatamente después entra en la sala Rudolf Hess. No quiere ponerse los auriculares, y un MP tiene que avisarle tocándole el hombro, cuando la lectura de la condena a prisión perpetua ha terminado. Hess, al salir de la sala, se vuelve dos o tres veces, guiñando bajo la intensa luz de los reflectores.

El terrible chirrido de la puerta corrediza del ascensor anuncia sucesivamente a todos los demás acusados. Keitel, de pie y con los brazos cruzados, escucha la condena a muerte. Rosenberg tiembla y hace esfuerzos por parecer tranquilo. Kaltenbrunner, casi sonriente, se pone rígido al oír "ahorcamiento". Sauckel está sombrío y rabioso. Jodl tiene un momento de debilidad, pero se repone pronto. Streicher, impasible, se planta cara a los jueces con las piernas abiertas, desdeñando el sillón. Frank levanta las manos sobre la cabeza, como en un gesto de defensa. Funk, que acaso esperaba la muerte, rompe en sollozos y hace una servil inclinación al tribunal apenas oye la expresión "prisión de por vida". La lectura del veredicto dura unos cuatro minutos para cada uno. A las 15,40 se ha terminado. El presidente Lawrence informa que la apelación contra las sentencias debe ser presentada antes de cuatro días. Poco después, apenas se retira el colegio de jueces, el soviético Nikitchenko presenta un documento en el que afirma que no puede compartir la decisión del tribunal, tomada por mayoría, de absolver a Schacht, Von Papen y Fritzche, condenar a Hess sólo a cadena perpetua, y reconocer que el gabinete del Reich, el Estado Mayor, las SA y el Mando Supremo de las Fuerzas Armadas no son organizaciones criminales. El magistrado ruso afirma que los tres absueltos deben ser reconocidos culpables de complot, y especialmente Schacht de persecución a los judíos. Además, Hess debe ser condenado a muerte.

En resumen, y volviendo al veredicto oficial, han sido condenados a muerte Goering, Bormann, Von Ribbentrop, Keitel, Kaltenbrunner, Rosenberg, Frank, Frick, Sauckel, Streicher, Seyss-Inquart y Jodl; Hess, Funk y Raeder, a cadena perpetua; Von Schirach y Speer, a veinte años; Von Neurath, a quince; Doenitz a diez, y Von Papen, Schacht y Fritzsche han sido absueltos.


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Mensaje por Erich Hartmann » Sab Dic 03, 2005 7:44 pm

Eisenhower critica la condena de los militares

Apenas vueltos a sus celdas, todos los condenados son informados de que pueden presentar la petición de gracia al Consejo Aliado de Control en Alemania, Kaltenbrunner, Speer y Von Schirach contestan en seguida negándose a presentarla. Inútilmente trata el abogado Kurt Kauffman de persuadir a Kaltenbrunner para que realice el último intento de librarse de la horca, pero el ex jefe del Servicio de Seguridad del Tercer Reich opone un "Nein" irrevocable.

También Keitel rechaza en principio la propuesta de su defensor, pero luego acabará por aceptar y firmará la petición un cuarto de hora antes de terminarse el plazo. Después de una larga conversación con su defensor, el abogao Robert Servatius, Seyss-Inquart dirige otra petición a la reina de Holanda, suplicándole que interceda en su favor. El general Jodl envía su petición a Truman, presidente de los Estados Unidos; al general Eisenhower y a la señora Clementine Churchill. Hess se entera finalmente por su abogado que le han condenado a la cárcel de por vida, y declara: "Pues no me esperaba una cosa así". Y mientras el abogado Alfred Seidl le explica cómo y por qué ha podido salvarlo de la soga, Hess le interrumpe bruscamente para pedirle que le mande un libro. Ahora que tengo tiempo, -dice el ex delfín de Hitler-, querría leer Tsushima, la novela de Frank Tiess sobre la guerra rusojaopnesa, pues creo que es muy interesante".

La más curiosa de las peticiones de gracia es, sin duda, la del almirante Raeder. Condenado a cadena perpetua, pide también para sí la pena de muerte, pero ruega que le ejecuten mediante fusilamiento.

Entre todos los protagonistas de la Segunda Guerra Mundial, ninguna voz se levanta para apiadarse del final de los jerarcas nazis. La única excepción es Eisenhower, que osa criticar la sentencia. Enterándose en Edimburgo de la noticia de que también el general Keitel ha sido condenado a muerte, declara: “Me sorprende que los jueces hayan encontrado tan fácil condenar a un soldado. Yo pensaba que el problema de los comandantes militares habría planteado al tribunal un especial caso de conciencia.

En varias ciudades alemanas, especialmente en la zona oriental ocupada por las tropas soviéticas, tienen lugar manifestaciones de protesta contra la sentencia, considerada demasiado indulgente.

En Berlín la multitud desfila por las calles con pancartas en las que está escrito “¡Schacht, Von Papen, Fritzsche, ante un tribunal alemán!” En las paredes se colocan grandes carteles con la calavera de Hitler y el lema: “Núremberg: todos culpables

El modo como los acusados han recibido la sentencia tiene su testimonio más directo en el doctor Gustave M. Gilbert, médico psicólogo del team sanitario que vigilaba la salud de los jerarcas nazis detenidos en la cárcel de Nuremberg. "Tras haber escuchado el veredicto —cuenta Gustave M. Gilbert—, los condenados volvieron a sus celdas y me correspondió la misión de ir a preguntar a cada uno qué pena se le había infligido. El primero en llegar fue Goering, que entró apresuradamente en su celda con la cara pálida y ojos que parecían salirse de las órbitas. '¡A muerte!', exclamó, dejándose caer en el camastro y buscando ojos estaban húmedos y respiraba afanosamente. Esforzándose por superar el colapso nervioso, me dijo con un hilo de voz que le dejara solo por algún tiempo".

He aquí las condiciones psicológicas en que el especialista encuentra a los condenados a muerte visitándolos uno por uno en las celdas de la muerte. Von Ribbentrop pasea de un lado a otro repitiendo: "¡A muerte! Ahora no podré escribir mis memorias". Es un hombre totalmente destruido, refiere el doctor Gilbert, con la mirada permanentemente fija en el vacío.

También Keitel pasea nervioso, con los puños apretados y los brazos rígidos. "¡A muerte por ahorcamiento!", comenta con tono lleno de desprecio. "Al menos esperaba que se me ahorrara esto. No puedo censurarle, doctor, si se mantiene alejado de un hombre que ha sido condenado a la horca. Lo comprendo perfectamente. Pero yo sigo siendo el de antes. Si le parece bien, venga a verme alguna vez durante estos mis últimos días".

Ernst Kaltenbrunner estrecha la mano al médico sin decir palabra, y de su rostro inmóvil no trasciende ninguna emoción. Frank dice con una sonrisa: "¡A muerte por ahorcamiento! Me lo merecía y me lo esperaba. Siempre lo he dicho. Estoy contento, sin embargo, de haber tenido la posibilidad de defenderme y tiempo para pensar en todo lo que ha sucedido".

Rosenberg recibe al doctor Gilbert desnudándose, y exclama: "¡La horca! ¡La horca! Era eso lo que querían, ¿no es verdad?".

Julius Streicher, con una mueca despectiva: "A muerte, naturalmente. Precisamente lo que me esperaba. Y todos ustedes lo sabían ya".



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Mensaje por ignasi » Sab Dic 03, 2005 9:30 pm

Siguiendo con las reacciones a la condena, y según cita Carles Sentís en su libro "El Proceso de Nuremberg vivido por Carles Sentís", periodista de La Vanguardia:
Schacht
Cuando estando en su celda le comunicaron que había sido absuelto, no dijo ni una palabra. Se puso a comer una naranja que tenía sobre la mesa.

Keitel y Jodl pidieros que como militares que eran, la ejecución no fuese en la horca, sino fusilados. No lo consiguieron. "Yo me pensaba, dijo Keitel, que esto, por lo menos, me sería ahorrado"

Raeder (como dice Hartmann) pidió ser fusilado a pasar la vida en la cárcel. Comentó que para él, "hubiese sido mejor una muerte honorable que no un calvario interminable"

Seyss-Inquart exclamó "de acuerdo, nunca he esperado otra cosa"

Von Neurath no hizo ningún comentario

A Speer el tribunal le agradeció su sinceridad y su autoinculpación. Cuando le comunicaron su pena (20 años), la encontró justa. "Las penas debían ser seberas y yo admití mi parte de responsabilidad. Seria ridículo que me quejara".
Llevó un breve diario durante el proceso. Tras su estancia en prisión, publicó un libro basado en su diario. Siempre creyó que su expiación podría ser útil al pueblo alemán.
Un saludo,

Ignasi

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Mensaje por Erich Hartmann » Dom Dic 04, 2005 6:24 am

Schacht calla y luego se echa a llorar

Von Papen no esconde su sorpresa. "Confieso que pensaba en una absolución, pero que no contaba con ella".

Hjalmar Schacht calla, abre los brazos y los ojos se le llenan de lágrimas.

La conversación más dramática es con Hermann Goering. Refiere el doctor Gilbert que, vuelto a su celda una segunda vez, después de haberle dejado un rato solo como había sido su deseo, se encontró frente a un hombre descompuesto. "Cuando Goering se hubo serenado lo bastante para poder hablar, dijo que, naturalmente, esperaba la pena de muerte y que se alegraba de no haber terminado en cadena perpetua, porque los condenados a cárcel nunca se convierten en mártires. Pero en su voz no había nada de su antigua y acostumbrada altanería. Parecía haber finalmente comprendido lo que significaba enfrentarse a la muerte".

Con la sentencia leída el 30 de septiembre y el 1 de octubre, el Tribunal Internacional de Nuremberg respondió a las cuestiones referentes a detalles de derecho y a las responsabilidades de las organizaciones nazis. Fueron condenadas como "criminales" la Gestapo y las SS, y se absolvió al Estado Mayor, al Mando Supremo y al Reichskabinett. Fueron también reconocidas culpables las SA, pero con atenuantes, dado que después de la depuración de 1934 no era ya la antigua y terrible Guardia Parda de Hitler, según lo afirmado por el tribunal, sino una organización de poca importancia.


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Mensaje por Erich Hartmann » Dom Dic 04, 2005 6:31 am

Verdicts and Sentences

Defendants:

Martin Bormann

:arrow: Count I: Indicted Not Guilty
:arrow: Count II:
:arrow: Count III: Indicted Guilty
:arrow: Count IV: Indicted Guilty
:arrow: Sentenced to: Death by hanging

Bormann was in charge of the Aid Fund of the SA and became the head of the party Chancellery in 1941. He later became Secretary to the Fuehrer. He was known to have a strong influence on Hitler’s decisions, although the evidence does not show he attended the important meetings where Hitler announced plans for war.

He is directly linked to orders for enslaving and annihilating people in the occupied territories. He was particularly active in the persecution of Jewish people. He issued orders with respect to the slave labor programs as well as for prisoners of war.

There was little evidence for defense counsel to use in light of the numerous documents signed by Bormann. His council did argue that Bormann was dead (no actual proof of this but he had not appeared) and therefore the tribunal should not waste its time arguing his fate. Article 12 of the Nuremberg Charter, however, allows proceedings in the absence of the defendant. Article 29 allows mitigation facts to be heard if Bormann is later found.


Karl Doenitz

:arrow: Count I: Indicted Not Guilty
:arrow: Count II: Indicted Guilty
:arrow: Count III: Indicted Guilty
:arrow: Count IV:
:arrow: Sentenced to: Ten years imprisonment

Doenitz became Commander-in-Chief of the German Navy in 1943 but the evidence does not show he knew of Hitler’s plans
to initiate war. He did have the U-boat arm of the Navy prepared for war, however, and was solely in charge of this area of
the military. While in control of the U-boats, Doenitz allowed them to sink all merchant ships, regardless of the ships were
enemy or neutral. In 1944 he ordered 12,000 concentration camp prisoners to be employed in the shipyards for additional
labor. He is ultimately unsure if this order was carried out as Doenitz was not in charge of the shipyards, but it does offer
evidence of his knowledge of the concentration camps’ existence.


Hans Frank

:arrow: Count I: Indicted Not Guilty
:arrow: Count II:
:arrow: Count III: Indicted Guilty
:arrow: Count IV: Indicted Guilty
:arrow: Sentenced to: Death by hanging

Frank held positions such as President of the Academy of German Law until he was dismissed from the position as a result of a dispute with Himmler. He did not play a significant role in the plans for war. He was instrumental in the attacks against Poland, however, and for that he was found guilty. He is quoted as saying “Poland shall be treated like a colony; the Poles will become the slaves of the Greater German World Empire.” This attack was especially violent. He was also a key player in the initial plan to use slave laborers. He oversaw the first ghettos created for Jewish German people.

Frank’s testimony included feelings of guilt for what he did. “A thousand years will pass and the guilt of Germany will not be
erased.” He also explained that the police, rather than Frank himself carried out these atrocities. He tried to give the
responsibility for his actions to others high in command, but Frank was a willing participant in too many crimes against humanity
to put the blame on other people.


Wilhelm Frick

:arrow: Count I: Indicted Not Guilty
:arrow: Count II: Indicted Guilty
:arrow: Count III: Indicted Guilty
:arrow: Count IV: Indicted Guilty
:arrow: Sentenced to: Death by hanging

Frick held numerous positions, including Minister of the Interior, that gave him knowledge of the plans for war. He signed laws and issued orders against many countries and their citizens. He also signed many laws ordering the elimination of Jewish people. He also had knowledge of the torture committed against people in nursing homes, hospitals, and asylums. Although others complained to Frick about the murder of these innocent people, Frick turned his head and allowed it to continue.


Hans Fritzsche

:arrow: Count I: Indicted Not Guilty
:arrow: Count II:
:arrow: Count III: Indicted Not Guilty
:arrow: Count IV: Indicted Not Guilty
Fritzche was active as a radio commentator and later became the head of the Wireless News Service for the Reich Government. He was in charge of the Media when anti-semitic messages were printed. The tribunal found, however, that he
did not hold any positions that gave him control over the decisions to wage war or the crimes against humanity, and he was therefor acquitted of all charges.


Walther Funk

:arrow: Count I: Indicted Not Guilty
:arrow: Count II: Indicted Guilty
:arrow: Count III: Indicted Guilty
:arrow: Count IV: Indicted Guilty
:arrow: Sentenced to: Imprisonment for life

Funk was one of Hitler’s economic advisers, but did not serve in this role until after the important conferences that established the plans for war. He did assist in the attack on the U.S.S.R. He participated in plans to ban Jewish people from German
society. His role as economic advisor gave him power to order the belongings of Jewish people into the possession of the SS.
He also participated in the plan to take the gold reserves of the Czech banks. His main mitigating evidence that ultimately saved his life was that Funk never took a lead role in the activities in which he participated.


Hermann Wilhelm Goering

:arrow: Count I: Indicted Convicted
:arrow: Count II: Indicted Convicted
:arrow: Count III: Indicted Convicted
:arrow: Count IV: Indicted Convicted
:arrow: Sentenced to: Death by hanging. Goering committed suicide in his cell by swallowing poison before his hanging.

Known as the second in command to Hitler until their relationship deteriorated in 1943, commanding the SA during most of the war and developing the Gestapo. He also served as Chief of the Air Force. Goering was arrested in 1945. He freely told the Tribunal the positions he held, the conferences he attended, and the fact that he treated humans as slave labor, demonstrating
his violation of both the crimes against peace, the war crimes, and crimes against humanity.

In court Goering said, “I must take 100 percent responsibility. I even overruled objections by the Fuehrer and brought everything to its final development.” Although Himmler was the one in charge of the extermination of the Jewish people, Goering signed several anti-Jewish decrees and he often directed Himmler’s actions.


Rudolf Hess

:arrow: Count I: Indicted Guilty
:arrow: Count II: Indicted Guilty
:arrow: Count III: Indicted Not Guilty
:arrow: Count IV: Indicted Not Guilty
:arrow: Sentenced to: Imprisonment for life. Hess committed suicide in prison in 1987 at age 92.

Hess was imprisoned with Hitler in 1924, during which time he became Hitler’s Deputy and confidant. He was the top ranking official in the Nazi Party. His every action was in support of Hitler’s ultimate plan until he escaped to England after the war.

Although there was evidence linking Hess to the proposed laws against Jewish people and Polish people, the Tribunal did not find enough evidence to find him guilty of these crimes.

Hess’ psychological health was questioned before the trial. One medical exam was completed before the trial and he was found competent to stand trial despite repeated motions to have him examined again. Although he may have acted in an unusual manner during the trial, he seemed to realize the nature of the charges and had council appointed by the tribunal specifically to help defend himself.


Alfred Jodl

:arrow: Count I: Indicted Guilty
:arrow: Count II: Indicted Guilty
:arrow: Count III: Indicted Guilty
:arrow: Count IV: Indicted Guilty
:arrow: Sentenced to: Death by hanging

Jodl held high-ranking positions in the Reich starting in 1935, including Chief of Army Operations. Jodl was instrumental in planning the attack on Czechoslovakia as well as Norway, Greece and Yugoslavia. He wrote “The genius of the Fuehrer and
his determination not to shun even a World War have again won the victory without the use of force. The hope remains that the incredulous, the weak, and the doubtful people have been converted and will remain that way”.

Jodl and his staff signed numerous documents detailing plans to annihilate people, including the plan to kill Soviet commissars. But the evidence does not show he was involved in the slave labor program.

His defense was that he was an obedient soldier, signing orders only as a command from Hitler. This was not a defense allowed under Article Eight of the Charter, however, and no other mitigation evidence could be offered.


Ernst Kaltenbrunner

:arrow: Count I: Indicted Not Guilty
:arrow: Count II:
:arrow: Count III: Indicted Guilty
:arrow: Count IV: Indicted Guilty
:arrow: Sentenced to: Death by hanging

By 1935 Kaltenbrunner was the leader of the Austrian branch of the SS and parts of the Gestapo. He was part of the plans to end the rein of the Austrian government, but he did not appear to be a part of the general plans for war. Rather, Kaltenbrunner was involved with the crimes against humanity. He issued orders against Jewish people, prisoners of war, and slave laborers.
He took a leading role in the “final solution”. People under Kaltenbrunner’s command killed over four million Jewish people in concentration camps.

Kaltenbrunner’s defense was that he was under orders involving foreign intelligence and never assumed control of the activities of the SS police. He claims he did not know of the overall plan. This defense only convinced the tribunal that Kaltenbrunner
was not part of the plans to wage war.


Wilhelm Keitel

:arrow: Count I: Indicted Guilty
:arrow: Count II: Indicted Guilty
:arrow: Count III: Indicted Guilty
:arrow: Count IV: Indicted Guilty
:arrow: Sentenced to: Death by hanging

Keitel was the Chief of Staff of the High Command of the Armed Forces while Hitler was in power. He attended all of the conferences that discussed the plans for war. Many of these meetings were with Hitler, Jodl, and Raeder. Although he testified he was opposed to the invasion of the U.S.S.R., he ultimately helped plan the invasion. Evidence also showed Keitel was aware of the plans to rid Poland of Jewish people. He also issued orders to kill Communists.

There was no mitigation evidence to be heard, and his defense that he was just following orders as a soldier is not valid under the Charter.


Erich Raeder

:arrow: Count I: Indicted Guilty
:arrow: Count II: Indicted Guilty
:arrow: Count III: Indicted Guilty
:arrow: Count IV:
:arrow: Sentenced to: Imprisonment for life

Raeder was the Chief of Naval Command as early as 1928, later replaced by Doenitz at Raeder’s request. He admitted during the trial that under his command the Navy violated the Versailles Treaty. Raeder was against the idea of invading the U.S.S.R. but followed the decision to invade fully. Raeder is charged with the sinking of a British passenger ship headed to America in 1939.

Raeder shares the charges related to unrestricted submarine warfare with Doenitz for sinking merchant ships, whether enemy or neutral.


Alfred Rosenberg

:arrow: Count I: Indicted Guilty
:arrow: Count II: Indicted Guilty
:arrow: Count III: Indicted Guilty
:arrow: Count IV: Indicted Guilty
:arrow: Sentenced to: Death by hanging

Rosenberg was in charge of the Nazi party while Hitler was in jail. He later took part in plans to attack Norway. He is also held responsible for many of the actions in the occupied Eastern Territories. Rosenberg planned the confiscation of art treasures in France. He is also credited with the invasion of almost 70,000 homes in France in 1941. He knew of and participated in crimes against slave laborers and mass killings of Jewish people. Although he occasionally acknowledged the brutality being used, he continued in his post until the end of the war.


Fritz Sauckel

:arrow: Count I: Indicted Not Guilty
:arrow: Count II: Indicted Not Guilty
:arrow: Count III: Indicted Guilty
:arrow: Count IV: Indicted Guilty
:arrow: Sentenced to: Death by hanging

Sauckel was instrumental in the use of slave labor. The evidence overwhelmingly showed Sauckel established labor service in Germany, to which more than 5.000.000 people were subjected. He is quoted as saying “out of five million foreign workers
who arrived in Germany not even 200,000 came voluntarily”.


Hjalmar Schacht

:arrow: Count I: Indicted Not Guilty
:arrow: Count II: Indicted Not Guilty
:arrow: Count III:
:arrow: Count IV:
Schacht served as Commissioner of Currency, President of the Reichbank, and Minister of Economics during the war. By 1936, however, Goering had taken the position Schacht once held as an influential person in the rearmament effort. Although he continued to participate in economic decisions, he was not involved in any of the war plans. For this reason he was acquitted of all crimes.


Arthur Seyss-Inquart

:arrow: Count I: Indicted Not Guilty
:arrow: Count II: Indicted Guilty
:arrow: Count III: Indicted Guilty
:arrow: Count IV: Indicted Guilty
:arrow: Sentenced to: Death by hanging

Seyss-Inquart was active in the Austrian Nazi party, taking the position of Minister of Security and Interior in 1938. He created a program to take Jewish people’s property in Austria and later created economic discrimination policies in the Netherlands. He was also in control during the periods that Jewish people were victims of pogroms, sent to concentration camps, or forced to emigrate.

He also took part in plans in Poland and the Netherlands, including supporting the occupation policies. In the Netherlands, Seyss-Inquart sent forced laborers to Germany.

As did many of the defendants, Seyss-Inquart used as a defense the idea that he only followed orders from above.


Albert Speer

:arrow: Count I: Indicted Not Guilty
:arrow: Count II: Indicted Not Guilty
:arrow: Count III: Indicted Guilty
:arrow: Count IV: Indicted Guilty
:arrow: Sentenced to: Twenty years imprisonment

Speer was Hitler’s personal architect and a personal friend. He also held important positions in the Nazi party. The evidence did not show him as a participant in the plans for war. He was, however, extremely active in the slave labor program. His defense was that he used these laborers only because the demand for labor was so great. He was known to ensure the laborers had food and sufficient work conditions so their work was effective. He also condoned the use of concentration camps for “slackers”.


Julius Streicher

:arrow: Count I: Indicted Not Guilty
:arrow: Count II:
:arrow: Count III:
:arrow: Count IV: Indicted Guilty
:arrow: Sentenced to: Death by hanging

After joining the Nazi party in 1921, Streicher held appointed and elected positions that made him notorious for his crimes against humanity. Evidence did not show that Streicher participated in the plans for war, however. He was a spokesman for the annihilation of the Jewish people. He is quoted as saying “a punitive expedition must come against the Jews in Russia. A punitive expedition which will provide the same fate for them that every murder and criminal must expect: Death sentence and execution. The Jews in Russia must be killed. They must be exterminated root and branch.” He also published “If the danger of the reproduction of that curse of God in the Jewish blood is finally to come to an end, then there is only one way the extermination of that people whose father is the devil.” No defense could justify these remarks!


Konstantin von Neurath

:arrow: Count I: Indicted Guilty
:arrow: Count II: Indicted Guilty
:arrow: Count III: Indicted Guilty
:arrow: Count IV: Indicted Guilty
:arrow: Sentenced to: Fifteen years imprisonment. He was released after serving just eight years for health reasons.

Von Neurath was Minister of Foreign Affairs. He advised Hitler on many strategic military moves. Von Neurath was allowed to resign in 1938, but continued to be active in the party as a Reich Minister. He was responsible for proclamations and memorandum repressing citizens of Czechoslovokia.

His defense was that the enforcement of his proclamations were carried out by the police and not Von Neurath himself. His mitigation evidence that he did request the release of Czech prisoners in 1939 and 1941. He was reprimanded personally by Hitler for not being harsh enough.


Franz von Papen

:arrow: Count I: Indicted Not Guilty
:arrow: Count II: Indicted Not Guilty
:arrow: Count III:
:arrow: Count IV:
Von Papen was once the Chancellor of Germany. Although Von Popen held positions in the Reich, there is not enough evidence that he was part of the plans to wage war. He was therefor acquitted.


Joachim von Ribbentrop

:arrow: Count I: Indicted Guilty
:arrow: Count II: Indicted Guilty
:arrow: Count III: Indicted Guilty
:arrow: Count IV: Indicted Guilty
:arrow: Sentenced to: Death by hanging

Von Ribbentrop became Foreign Policy Adviser to Hitler in 1933. He later served as Ambassador to England. He was active in the plans to attack Poland. He was aware of plans for the pogroms as well as plans to kill prisoners of war. Von Ribbentrop participated in Hitler’s “final solution”.

Von Ribbentrop’s defense was that he was only carrying out orders from the man he followed so faithfully, Hitler. Not only is this not a valid defense, but the tribunal found convincing evidence that showed Von Ribbentrop’s independent belief in what he was doing.


Baldur von Schirach

:arrow: Count I: Indicted Not Guilty
:arrow: Count II:
:arrow: Count III:
:arrow: Count IV: Indicted Guilty
:arrow: Sentenced to: Twenty years imprisonment

Von Schirach was the Youth Leader for the Nazi party in 1931 and later the Leader of Youth in the German Reich. While in this position, he took over all youth groups who competed with the Hitler Youth programs. These youth programs were intense and prepared the youth to be replacements for the SS, stressing the importance of giving your life for Hitler. By 1944 the Youth were being used as auxiliaries in the German military. The evidence does not show he was part of the plans to wage war.

Von Schirach was aware of the plans against Jewish people. His office received reports of the deportation, many of which were signed by people on Von Shirach’s staff.



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