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Veteranos alemanes, reflexiones y un cuento

Los juicios de Núremberg, las nuevas fronteras

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roul wallenberg
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Veteranos alemanes, reflexiones y un cuento

Mensajepor roul wallenberg » Mar Ene 22, 2008 9:14 pm

En esto de la SGM hay mucho que analizar, cada tema si se escarba un poco aparece bajo él una serie de nueves interrogantes, proposiciones y derivaciones que van tejiendo la enormidad de información que conlleva.

Me interesa el tema veteranos, viví por mi trabajo en la RFA a fines de los 70 y volví por un breve período en los 80. De mis recuerdos y conversaciones comparto con Uds. estas reflexiones:



En la RFA existe un Ministerio de Asuntos de Veteranos. La problemática de ellos obligó desde sus orígenes a la República Federal a crear al más alto nivel un órgano del estado que se preocupara de sus asuntos. En un momento había unos 8 y medio millones de veteranos en Alemania. No era solamente cosa de generosidad y justa retribución, eran también votantes y pesaban en la naciente democracia parlamentaria alemana. Había que hacer algo por ellos por razones políticas también.

Con el paso del tiempo, los problemas han ido variando. Lo peor fué el comienzo. La situación de Alemania de post guerra, de sobra conocida por nosotros era la de un país arrasado material, moral y espiritualmente. En esas condiciones en 1948 comenzó el retorno de los prisioneros de guerra en forma masiva.

Las situaciones de cada cual eran distintas unas a otras; iban desde los más afortunados que habían estado prisioneros en USA, algunos retornaron directamente, los más pasaron por Inglaterra una temporada de trabajos forzados y volvieron. Muchos encontraron sus hogares, sus familias que les esperaban ansiosas, los de ciudades tuvieron que lamentar en muchos casos las pérdidas de sus hogares, los del campo no tuvieron en general, que pasar ese trance.

Pero había casos muchísimo más complejos. Había veteranos de origen en Alemania Oriental, prusianos, sudetes, pomeranos etc. que por razones muy obvias no podían regresar a sus antiguos hogares y arribaron a una Alemania que ellos no habían conocido, además perdidos de sus familiares y tuvieron que sumarse a los miles que requerían información acerca de sus seres más próximos. Muchos de ellos se enteraron con el tiempo que sus familiares o parte de ellos habían perecido en la avalancha soviética o que se encontraban definitivamente desaparecidos. Se encontraron solos, terriblemente solos.

Otros se encontraron con sus ciudades bombardeadas y tuvieron que pasar muchas angustias y dificultades para poder ubicar a sus parientes, que en casos habían emigrado a otras zonas. Habrá que imaginarse lo que habrán sentido esos hombres al poco de bajar del tren que los había traído y llegar a su viejo barrio y encontrar un desolado desastre y nadie que supiera qué había ocurrido con los moradores de la casa aquélla o del edifico aquél.

Hubo casos de un dramatismo casi inconcebible, representado por soldados que habían sido tomados por desaparecidos durante largo tiempo y sus "viudas" después de llorarlos habían encontrado nuevas parejas y habían constituído nuevos hogares, con hijos, y súbitamente se encontraron conque el desaparecido se materializaba frente a ellas retornando a un hogar que ya no era el suyo.

Comparemos con otros combatientes: De los rusos que volvieron a su país, muchos habían sufrido la pérdida de familiares en la violentísima embestida alemana en la ex URSS, pero encontraron una sociedad idéntica a la que habían dejado, el mismo sistema político, el mismo Stalin etc . Una sociedad herida y sufriente, pero estable.

Los ingleses fué algo similar, volvieron a su país con el mismo Rey saludando a todo el mundo, el té de las 5 y ruinas en proceso de despeje. Muchos de ellos tuvieron que lamentar dolorosas pérdidas también, pero era su vieja Inglaterra, lesionada sí, pero en pie. Los americanos volvieron a un país en el que la guerra no había quebrado ni un vidrio. intacto...y más rico que antes. Les esperaban múltiples opciones de trabajo, programas de capacitación o re capacitación para lisiados etc etc. y familias completas en su inmensa mayoría. Algunos habían perdido hermanos en la guerra, como Ryan, sí, pero no sus madres o esposas e hijos.

Siguiendo esta línea, los más infortunados fueron aquéllos que conocieron el cautiverio soviético. Ya sabemos que fue muy, pero muy largo y tremendamente doloroso y tan pocos que de él volvieron. Esos ex combatientes retornaron en malas condiciones, muchos con alteraciones mentales serias. Hay que imaginarlo, una larga guerra en el frente del Este, el peor y más cruel de todos y seguir en trabajos forzados en ciudades en medio de la hostilidad de sus guardias y habitantes y luego…Siberia, ni más ni menos, con sus horrores infinitos. Es una prueba prácticamente insuperable y tuvieron que enfrentarla.

Hubo suicidios, no se sabe la cantidad, el Gobierno apretó las tuercas y la prensa esquivó el asunto dejándolo en las sombras.

Esos hombres destrozados volvieron a una Alemania también destrozada. Es de suponer lo difícil de su situación y cómo podía la naciente administración preocuparse de sus múltiples necesidades empezando por su alimentación y alojamiento.

Si ya en los países triunfantes se tuvo que preocupar el estado por la reinserción social y laboral de los ex combatientes, en Alemania la situación era muy distinta. El país mismo había sido puesto de cabeza por el régimen nacional socialista y estaba absolutamente desorientado y desmoralizado. La pobreza general aumentaba la visión desoladora del panorama nacional.

Muchísimos soldados habían ido a la guerra directamente desde las aulas, a temprana edad y no tenían conocimientos para desempeñar un trabajo, por lo que su contribución a la reconstrucción económica del país era mínima o nula del todo. Alemania necesitaba despejar ruinas, claro, pero también volver a echar a andar su industria, y la dotación de trabajadores calificados era muy escasa y del todo insuficiente. Había miles de desocupados, pero no eran útiles.

Una buena parte de los fondos del Plan Marshall se invirtieron en educación, especialmente técnica, y así al igual que en Japón, se preparó toda una nueva generación de trabajadores. El esfuerzo fue colosal, desde modestas escuelas taller entre las ruinas por toda Alemania hasta escuelas industriales de gran capacidad. Los resultados están hoy a la vista. Alemania se convirtió junto con los EE.UU. en una verdadera autoridad en la formación y readaptación de fuerza laboral. Sus ingeniosos sistemas de enseñanza técnico-profesional han sido copiados en todo el orbe.

Reencontrase con su patria para los ex soldados no fue fácil. Las cosas habían tenido que cambiar y drásticamente. Se bromeaba a veces con los distraídos que levantaban el brazo para saludar y que rápidamente tenían que bajarlo, confundidos y avergonzados. Lo peor fue los adolescentes. ¿Qué hacer con un chico nacido el año 1933? Criado en un hogar nazista, con su madre y padres metidos en organizaciones del Partido, el retrato del Führer en medio de la sala, presidiendo el hogar, como también su aula, donde era adoctrinado, y además la Hitlerjugend. Por eso indigna la injusta acusación en contra del actual Papa. El no era marciano, era un niño alemán, ¿qué querían que hiciera?

Y, de repente, la nada. No Hansi, eso ya no es así, no somos superiores, somos como todo el mundo, no, no digas eso, ya no se usa, noooo, dame esa camisa parda para echarla al fuego, ya no te la puedes poner.

Literalmente hubo que lavarles el cerebro muchas veces. (¿Cuánto nos costará a nosotros aceptar que Plutón no es planeta como se nos enseñó?)

La que podríamos llamar primera generación de veteranos se encontró con ese problema. Volvieron, pero no a lo que conocían, sino a algo muy distinto, cambiante y antagónico a mucho de lo que ellos habían aceptado a tal punto que fuero a una guerra por su causa.

Hay que imaginarse lo que fué y cómo fué el colosal trabajo de los sistemas de asistencia social en Alemania en la época para llegar a entender el comportamiento de la sociedad desde entonces hasta hoy.

En la “segunda generación” aparece una problemática distinta. Ya solucionado lo básico, la mera subsistencia, el veterano se empieza a encontrar con una realidad inesperada.

Es muy distinto ganar a perder una guerra. Sus colegas americanos, ingleses, rusos etc. son bien mirados, son héroes para los niños, lucen cuando es la ocasión sus medallas y en Rusia hasta sus uniformes. Todos marchan para el Día de la Victoria orgullosos y altivos.

En Alemania no. Para su generación, la guerra es algo tremendo que hay que olvidar. Es imprescindible hacerlo, ya basta de sufrir, busquemos un futuro. Y en ese olvidar se ve mezclado el veterano. No todos quieren escuchar su historia, ya sea de hazañas o de penurias. Nadie quiere revivir el triste pasado, y los veteranos son la evidencia más palpable de él. Para la generación siguiente, nacida ya en la posguerra, el conflicto es una soberana lata. Les indigna sentirse insultados o mirados con suspicacia por acontecimientos en los que no tuvieron nada que ver. No quieren saber de nada hacia atrás, les atraen otras cosas, mascan chicle, bailan rock, no entienden mucho a esos “alten soldaten” que…perdieron la guerra. Son memorables las violentas discusiones entre pelilargos adolescentes enfundados en apretados jeans americanos y sus padres que combatieron una guerra fracasada y tan discutida, aferrados a tradiciones herrumbrosas y con sabor a años treinta y cuarenta, añejas y malolientes a nazismo trasnochado.

De esta forma, el veterano se ve aprisionado entre dos generaciones de su pueblo que evitan revivir lo que él representa y se siente aislado. Comenzaba entonces otro grave problema social.

Los hombres solos tienen un lugar de encuentro en la taberna; el bar es el punto de encuentro con otros “alten kameraden”, ellos se entienden, entre ellos sí se puede hacer recuerdos, las risas aparecen, lubricadas por la cerveza.

Hubo que realizar enormes esfuerzos para evitar el alcoholismo entre los veteranos y paliar sus catastróficos resultados. Apareció la ayuda de Alcohólicos Anónimos desde USA y muchas otras instancias. La apariencia social de los veteranos se vió muy afectada por el alcohol. Se les veía y caricaturizaba como viejos nazis borrachines. Ya iban perdiendo con los años su atractivo para las mujeres y sus únicos interlocutores leales e interesados eran otros veteranos. Se tuvo que idear clubes, asociaciones deportivas, grupos de excursión y otros para poder dar una distracción distinta a esta enorme cantidad de gente que no tenía un asidero sólido en la renaciente sociedad alemana. La acción de las Iglesias, en muchos aspectos fué decisiva. El reaparecimiento de la Fe fue crucial para decidir los destinos de muchos veteranos desamparados espiritual y socialmente.

Hubo discusiones en todos los niveles. Que el monto de las pensiones, que porqué se hacía valer los grados, si ya eso no era relevante. ¿Porqué pensiones a los SS de los campos?. Alemania se desgarraba nuevamente en enfrentamientos morales. Hubo un caso sonadísimo cuando la viuda de Heydrich pidió se le diera la pensión que le correspondía como viuda de Teniente General, caído en acto de servicio. La suma era cuantiosa, ya que era retroactiva, pero no era sólo eso lo que encendió los ánimos sino la categoría del personaje causal de la pensión. La cosa fue subiendo de tono, las editoriales de los diarios y revistas hervían en polémicas enconadas. Al final, en una de las más tempestuosas sesiones del Bundestag que se tenga memoria, se votó que la viuda tenía derecho a la pensión, ella no era la criminal, sólo había sido su esposa y como tal le correspondía la pensión. La estricta legalidad alemana había dicho su última palabra. La batahola llegó a su clímax.


Quiero hacer novela. Un breve relato con el que pretendo ilustrar, aunque sea en algo las vivencias de veteranos alemanes.


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Barlín 1950, una agradable tarde de verano. Joachim Körner volvió de su trabajo a su alojamiento, estrecho y no muy cómodo, pero digno. Decide asearse y salir a dar una vuelta por ahí. Joachim ya está en los 32 años, se ve bien, delgado aún, Siberia aún cobra su cuenta. Se pone lo mejor que tiene, es ropa de segunda mano, no le va muy bien, pero qué hacerle. No se afeitará hasta mañana Domingo, su última hojita debe resistir otro poco, son carísimas y difíciles de conseguir, como tantas otras cosas.

Joachim fue teniente en el ejército, de carrera. De alférez fue a la guerra y en ella ascendió, en medio de las batallas, las detonaciones y la muerte. Sale a recorrer su vieja ciudad, sabe dónde no ir, va al lago, mira, se divierte mirando unos chicos que juegan fútbol, no resiste y se compra unas avellanas para entretener el diente. El vendedor, erguido frente a su humilde tablero y algo mayor que él parece veterano, tiene esa mirada que sólo la guerra imprime en los ojos de un hombre. Para pagarse estira su mano izquierda para recibir el par de monedas, Joachim mira de reojo hacia su extremidad derecha y se encuentra con la manga de la tosca chaqueta colgando vacía e inerte. ¿Dónde habrá sido, Libia, Grecia, Noruega? Quién sabe.

Nuestro Joachim se encamina sin rumbo y de pronto recuerda esa acera, algo del contorno. Claro, por aquí se iba al Club de Oficiales del Ejército, echemos una mirada, ya cae la noche, amigable y cálida.

Sí, allí está, qué bien, no tuvo daños al parecer o ya lo repararon, está tal cual, grande, elegante, ese enorme pórtico las escalas amplias que llevan a su entrada. En lo alto ya no está el águila, voló a otro lado con lo que tenía entre sus patas. Mira, el viejo Club, cuántas veces vino aquí, con su uniforme de gala, con Erika, Hanelorre y la chica esa de pelo oscuro, ¿cómo se llamaba?, la que vivía en Postdam, ¿qué sería de ella? La última vez la vió estaba como enfermera en Praga. Helga, eso es.

Hay vehículos frente al Club, iluminado, siempre elegante. Lo conoce tan bien, sabe donde están los reservados de varones, la sala del segundo piso con el piano, el bar del primer piso; con su memoria lo puede recorrer completo, hasta el simpático jardín trasero, con esos bancos tan estratégicamente ubicados entre las matas, donde las noches de fiesta iban las parejas, sí y él, a besarse.

Dos miembros de la MP con brazaletes, porra y casco custodian indiferentes el lugar. Uno es negro, hombros anchísimos, quizás antes era boxeador. A sus espaldas siente un motor, sí, es un jeep con cuatro ocupantes, dos parejas, dos tenientes, como él lo fue y dos chicas alemanas, qué bellezas mama mía. Bajan del jeep, ellos elegantes en sus relucientes uniformes (qué rara forma tienen estos americanos de ponerse sus condecoraciones), sonrientes, buenos mozos, se parecen a los actores de la película ésa que empezó a ver y luego salió del cine, furioso, en la mitad de ella.

Los ve venir, ríen, hablan una rara mezcla de inglés con palabras alemanas entremedio, los jóvenes siempre se entienden, como sea. Ellos galantes y obsequiosos, ellas radiantes y contentas, contoneándose sobre sus altos tacones y con sus bellas piernas enfundadas en medias de nylon, regalo de sus acompañantes, sin duda.

Joachim sabe que en muchos casos las chicas son un importante soporte del hogar, en sus carteras volverán a casa esta noche, o mañana con chocolates para sus hermanitos, algún remedio escaso para papá. Cuando las fueron a buscar a sus precarios hogares, los tenientes les entregaron sendos paquetes con cosas preciadas, café, azúcar, leche deshidratada, la tan apetecida carne enlatada americana: alcanzará para la semana, sí, ojalá.

Pasan frente a él. Los varones lo ignoran, sólo tienen ojos para sus amigas y sólo se partan de ellas cuando se llevan las manos a las viseras para responder el saludo de los guardias. La que va adelante tampoco lo ve, pero sí la que va más atrás sí. Es distinta, lo mira, ¿habrá reconocido en él, en ese hombre no tan bien vestido, algo barbón, pero limpio y bien plantado a un ex oficial de la Wehrmacht? Su mirada inquisitiva dura un instante, baja sus ojos, ¿vergüenza porque va con un americano, ella alemana? No, no lo parece, y ya alza la mirada, no a él, sino a su acompañante, todo sonrisas con su brazo sosteniendo el de la hermosa rubia que le decora tan bien esa noche.

Suben la escalinata, un ujier presuroso les abre la elegante puerta, cristales, bronce, hermosas maderas, una reverencia a su paso, es alemán, sabe hacerla, le va bien el uniforme, su chaqueta blanca y los pantalones negros (¿cuál habrá vestido antes?). Del interior sale el sonido de un orquesta, y muy buena , jazz, lo que estaba prohibido antes ahora se escucha en medio de Berlín. Suena bonito, sin duda, hay ruidos de copas, algunas risas, hay fiesta en el Club de Oficiales del US Army, y parece que muy animada.

Joachim está solo en la acera, ya se fueron quienes distrajeron su paseo, las dos parejas deben estar sentándose a una mesa, capaz que en la que era “suya”, entre la gran chimenea y el ventanal hacia el jardín y ordenando sus bebidas y algo más, si, por supuesto mein Fräulein, con hielo, ¡jawohl Herr Leutnant !, escocés y soda, tenemos para comer…. Otro solícito alemán los atiende, no será ya el viejo Werner que lo atendía a él y sus amigos oficiales.

Se siente observado por los centinelas, mejor reanuda su paseo, sí, pero rumbo a casa, será mejor leerá algo, piensa, además transmitirán la segunda sinfonía de Mahler por la radio, una de sus favoritas. No, no tiene más ganas de pasear. Al Teniente Joachim Körner hoy le han usurpado una parte de su pasado, una parte tan hermosa que quería conservar. Ya no, no vale la pena. Habría sido peor si hubiera ido hacia el otro lado de la ciudad, al otro Club Militar, habría visto chicas alemanas con oficiales soviéticos.

Se dá ánimos en su caminar, total, hay otros lugares donde ir, cuando le paguen en la constructora (Joachim conduce una camioneta) verá si invita a esa viuda del Korvettenkapitän que le gusta cada vez más a tomar un café a ese lugarcito tan simpático y que no le recuerda nada, porque lo hicieron hace poco, después de la guerra.

-------------------------




La guerra como acontecimiento provoca enormes heridas, pérdidas y penas. El cese de las hostilidades no necesariamente trae el cese de ellas. Tiene efectos retardados a veces muy dolorosos. Los veteranos están muy expuestos a ellos.

En los años sesenta, la avasallante fama de los Beatles produjo a Inglaterra una impensada entrada de divisas derivada de los impuestos que pagaba la afamada banda. Como una forma de compensar su contribución, la Reina decidió otorgarles una distinción. Mal aconsejada, les concedió la Orden del Imperio Británico, una desdichada falta de criterio, ya que la misma había sido concedida a héroes de guerra muy distinguidos, especialmente los intrépidos pilotos de Hurricanes y Spitfires de la Batalla de Inglaterra. Cuando se hizo público el asunto, muchos veteranos, ofendidos, se dirigieron en un acto espontáneo, algunos en sus sillas de ruedas, hacia el palacio de Buckinham y procedieron a colgar de sus rejas sus condecoraciones haciendo así devolución de ellas. Los policías hacían como que miraban hacia otro lado, también los alcanzaba la verguenza. Acto seguido los héroes de guerra retornaron cabizbajos y dolidos a sus hogares. El bochorno fué enorme y no hubo forma de solucionarlo.

En Alemania hubo y habrá ingratitud e injusticia para con los veteranos de guerra, pero también hubo y hay preocupación y generosa acogida. Todo depende. La sombra del nazismo y sus crímenes los alcanza directamente. Los más se defienden de las acusaciones alegando que no participaron ni supieron de atrocidades, fueron los bribones de las SS, alegan. Los SS dicen o decían, un momentito, no me toquen a las Waffen SS, los responsables eran los de las Totenkopfverwande, y esos no alegan, porque no hay por ninguna parte.

Con el paso de los años, las preocupaciones del estado alemán se han ido desplazando. Alemania ahora es rica nuevamente. Los veteranos han envejecido, es la “tercera generacian” los problemas son distintos. Para atender a esa legión de octo y nonagenarios ex guerreros de necesitan sanatorios, casas de reposo, medicamentos a más bajo precio o gratuitos, reponer sus prótesis, recreaciones livianas, grupos de voluntarios que los acompañen, les lean libros, les hablen, escuchen y comprendan.

En los EE.UU. hay una carestía crónica de trompetistas, contrataron 400 la última vez. Mueren muchos veteranos, ya se les cumplió su plazo. Lo que no pudo la guerra lo puede el tiempo y sin esfuerzo, no mueren derribados por la artillería enemiga, ni son torpedeados sus buques ni un tanque los alcanza con su cañón. Los derriba el cáncer, los males del corazón, una simple caída en la tina. Todos los familiares de los veteranos quieren se les toque en vivo, no grabados como se les ofreció, el toque de silencio en el funeral de su deudo.

En los funerales de los veteranos alemanes no hay trompetas ni banderas ni salvas de fusilería ni manos en las viseras de nadie. Pelearon una guerra que Alemania entera quiere olvidar, ahora es la guerra del silencio y de un ayer que casi todos quieren hacer más y más remoto.

Ya en diez años más, a lo máximo, se habrán extinguido, habrá muerto el último de los veteranos alemanes de la Segunda Guerra Mundial. El Ministerio de Asuntos de Vetarnos cerrará sus puertas para siempre porque habrá desaparecido una estirpe de hombres que protagonizaron una descomunal tragedia, que pusieron su valor y sacrificio al servicio de una tan mala causa, nobles guerreros la gran mayoría de ellos, y pasarán a otra categoría, la que ilustran la historia, la literatura, el cine, los foros de entusiastas como nosotros y, como algunos de esos remotos pueblos heroicos de la Antigüedad, pasarán a ser una leyenda.




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Mensajepor Eckart » Mar Ene 22, 2008 11:19 pm

He disfrutado mucho leyendo tu texto, wallenberg. Muchas gracias.

Un saludo.
«El conocimiento es mejor que la ignorancia; la historia es mejor que el mito».
Ian Kershaw

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Veteranos alemanes, reflexiones y un cuento

Mensajepor Letland » Lun Dic 08, 2008 6:54 pm

Magnifico texto

Mannerheim
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Mensajepor Mannerheim » Lun Dic 08, 2008 10:25 pm

Se me habia pasado este texto, que bonito.

Seguro que tu novela sera igual de buena.

Un saludo y muchas gracias
"Haga la guerra con todo el mundo, pero la paz con Inglaterra"

El duque de Alba a Felipe II

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Mensajepor Claus von Stauffenberg » Mié Dic 10, 2008 10:03 pm

Me ha gustado mucho tu texto. Suerte con tu libro.

Yo tube una amiga alemana que su abuelo luchó y lo capturaron en el frente del Este. Una vez le pregunté si les había contado algo de la guerra y me respondió que nunca le contó nada.
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Deine Zauber binden wieder,
Was die Mode streng geteilt;
Alle Menschen werden Brüder,
Wo dein sanfter Flügel weilt.

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Mensajepor partisano » Jue Dic 11, 2008 3:30 pm

Hola a todxs:
También se me habia pasado este hilo. Un buen relato que lleva a la reflexión sobre las consecuencias de la guerra en la memoria de un pais. Seguro que la novela alcanza el mismo interés. Por favor infórmanos si llegas a poder publicarla.
Saludos.
Conocer el pasado,comprender el presente,conquistar el futuro...
El hombre nace libre,responsable y sin excusas. Jean Paul Sartre

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Mensajepor roul wallenberg » Jue Dic 11, 2008 4:31 pm

Estimados amigos, gracias por los estimulantes y generosos comentarios. La primera parte de la novela está publicada en la sección "documentos" bajo el nombre "Cosas de Niño" (antes había una sección "ficción"). Por razones que ignoro, los comentarios que sobre ella se hicieron han desaparecido, además del último capítulo que publiqué.

Roul

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Mensajepor Shaka_77 » Vie Ene 09, 2009 3:34 pm

Sencillamente excelente amigo!!!!!!


Slds

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Mensajepor Gerhard Bremer » Sab Ene 10, 2009 10:42 am

Muy bueno, si señor.

En estos tiempos de crisis y todo negativo, el ejemplo de Alemania como salió a flote nos tiene que iluminar.

Repito es excelente. Muchas Gracias 8)

c pascucci
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Mensajepor c pascucci » Lun Ene 12, 2009 9:57 pm

impresionante!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
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Procurare hacerme digno de llamarme Hijo de la Patria.

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Mensajepor Naranjito » Mar Ene 13, 2009 2:27 pm

Enhorabuena Excelente!!
Saludos.
A10.
Para atras ni para cojer carrerilla....

hasso
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Mensajepor hasso » Jue May 14, 2009 8:42 am

Mi mas cordial enhorabuena.

Un saludo
"No estoy de acuerdo con lo que dices,pero daria mi vida para que puedas segir diciendo lo que quieras".
Voltaire

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Mensajepor henschel » Dom May 17, 2009 3:41 pm

Excelente, sumamente interesante y muy bien escrita, mis felicitaciones y pronto deleitanos con algo mas, saludos
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No conozco a la mitad de vosotros ni la mitad de lo que querría, y lo que yo querría es menos de la mitad de lo que la mitad de vosotros merece.
Treinta de nosotros contra trescientos o seiscientos aviones rusos a la vez.... ¿eso parece facil?
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La vida no es la vida que vivimos, la vida es el honor es el recuerdo, por eso hay muertos que en el mundo viven, y hombres que en el mundo viven muertos.

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Germana
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Mensajepor Germana » Lun Jun 01, 2009 10:28 am

Precioso escrito.
Me trae a la cabeza muchas cosas pasadas, no vividas pero sí recordadas.
Qué razón tienes!
Ha sido muy estimulante leerte. Gracias

Eva
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Mensajepor JRAMONCHU » Sab Jun 13, 2009 10:54 pm

MUY BUENO
Excelente,enhorabuena
Si no ataca inmediatamente, su salud, se podria resentir.


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