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El proceso de Tokio, el "Nuremberg japonés"

Los juicios de Núremberg, las nuevas fronteras

Moderador: Francis Currey

Fanel
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Mensaje por Fanel » Vie Dic 16, 2005 8:00 am

Felicidades Hartmann !

Un gran artículo sobre los procesos de Tokyo , de los cuales no conocia ni la existencia :P

micra
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Mensaje por micra » Lun Mar 27, 2006 11:42 pm

Bueno lo primero Hartmann felicitarte por tu gran articulo sobre estos procesos y lo segundo comentar alguna anectodilla sobre estos hechos.
El general Tojo antes de el intento de suicidio que muy bien comentas y sabiendo que ese momento habria de llegar, se hizo tatuar por un medico una pequeña cruz que señalaba el corazón para que llegado el momento no fallara.
Aún asi ya vimos que no tuvo mucho exito.
Y en cuanto a lo que comentas, los periodistas se hincharon a cojer "souvenires" del momento, de tal forma que la policia militar llegó a detener a un periodista en el jardín de la casa ¡Con la katana samurai de Tojo!
Despues de añadir alguna tonteria me despido felicitandote de nuevo por el articulo
Saludos

P.D: Escribo aqui que me estoy dando una vuelta viendo mensajes atrasados
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"Podremos hundirnos, pero nos llevaremos un mundo con nosotros."

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Hiroo Onoda
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Mensaje por Hiroo Onoda » Vie Abr 21, 2006 10:30 pm

Enhorabuena Hartmann por tu exposición. Ha sido muy interesante leerla. Casulamente, despues de la lectura hace dias, aparecio un interesante articulo en el numero 90 de "La aventura de la historia" acerca del proceso donde se ampliaba la informacion al respecto.
Si me lo permitiis, os pongo a continuación aquellos fragmentos que redondean la exposición anterior y que basicamente tratán de los motivos que exponian los japoneses para ir a la guerra y las consecuencias despues el juicio.

PORQUÉ JAPÓN FUE A LA GUERRA

"Según el gobierno, aceptar las peticiones norteamericanas sería invitar a la nación a la destrucción. Mas, si asumimos la guerra, podremos hacer frente a la destrucción nacional. Si evitamos la guerra aceptando las condiciones norteamericanas, estaremos condenando a la nación para siempre. Pero si vamos a la guerra y la perdiesemos, luchamos hasta el final con el fín de salvaguardar la nación, ese espiritu perduraría y y nuestros descendientes se levantarian una y otra vez. El alto mando desea que nuestros propositos se consigan por via diplomática, pero en el desafortunado caso de tener que decidir el inicio de las hostilidades, desenvainaremos nuestras espadas y lucharemos como un solo hombre".

El almirante Osami Nagano se dirigía al consejo supremo del imperio, presidido por el Hijo del Cielo, el emperador Hiroito y compuesto por el jefe de su consejo privado, maqués Kido Kiochi; por el jefe del gobierno, príncipe Fuminaro Konoye, el ministro de exteriores Soemu Toyoda; los ministros de guerra y marina, general Hideki Tojo y almirante Okawa; los jefes de los estados mayores del ejercito y la marina, general Sugiyama y él mismo.

La reunión tenia lugar el 7 de septiembre de 1941 y, si allí quedó claro que Japón debía esforzarse por lograr una solución negociada, también se vio que los militares preferían arriesgarse a la derrota antes que tragar con las condiciones abusivas de los norteamericanos.

Las negociaciones no mejoraron un ápice en las semanas siguientes, lo que elevó la tensión dentro del gobierno hasta el punto que el 16 de Octubre dimitió el primer ministro, príncipe Konoye y le sustituyó el general Tojo, jefe de la facción militarista. La suerte estaba echada, Japón iría a la guerra, pero la declararía por sorpresa.

Ajuste de cuentas

Una de las consecuencias de la derrota fueron las represalias contra los políticos y los militares que, a juicio de los vencedores habían sido responsables de una criminal declaración de guerra y de su conducción.
Para la primavera de 1946, la comisión policial encargada por McArthur de depurar las responsabilidades ya había detenido a los que iban a ser juzgados. A diferencia de lo ocurrido en Alemania, ningún responsable trató de esconderse o de huir. El problema fue encontrarles vivos.
Por ejemplo, el almirante Onishi, fundador de los kamikazes; el general Koreichika Anami, ministro de defensa y el almirante Sadatoshi Tomioka, jefe de operaciones de la marina y firmante de la capitulación, optaron por hacerse el harakiri. El príncipe Konoye, que colaboro en la normalización en los primeros meses de la posguerra, también opto por elegir un afilado puñal (tanto) de su colección de espadas antiguas y se abrió el vientre de la manera ritual, en Diciembre de 1945, para evitarse la vergüenza del proceso. Otros no estaban allí porque ya habían sido juzgados donde cayeron prisioneros, caso de los generales Yamashita, vencedor en Malasia, y Homma, vencedor en Corregidor, fusilados en Filipinas en Febrero de 1946.
Última edición por Hiroo Onoda el Vie Abr 21, 2006 11:10 pm, editado 1 vez en total.

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Mensaje por Hiroo Onoda » Vie Abr 21, 2006 11:08 pm

Un pais en el banquillo
Los japoneses se sintieron aliviados por la exclusión del emperador en el proceso y por el respeto que se otorgó a su figura y se aplicaron dócilmente a la normalización del país, aunque estuvieran viviendo una terrible posguerra en la que por fin conocían sus tremendas pérdidas humanas -más de tres millones, de los que un tercio eran civiles víctimas de los bombardeos-. Al luto por los muertos conocidos se unía la ansiedad por la suerte de los millones de soldados que se hallaban en los campos de concentración de China, Corea, Filipinas, Malasia, Indonesia e islas del Pacífico y que iban paulatinamente regresando a casa relatando penalidades sin límite.

Dura resultaba asimismo, la situación económica y social: los alimentos estaban racionados y el paro afectaba, al comienzo, a once millones de personas, debido a la paralización de la producción militar, a la destrucción del tejido industrial y a la desmovilización.

Para medio millón de familias fue, igualmente trágica la represión política. En Enero de 1946, McArthur ordenó la depuración de 15.000 empleados públicos por complicidad con el militarismo; siguio la criba del mundo de la enseñanza, de la comunicación y de la industria con una cifra similar. A partir de la primavera fue cribada la burocracia: Stalin montó en colera por los miserables resultados obtenidos por los comunistas en las elecciones del 10 de Abril y ordenó al general Derevyanko, delegado soviético en el consejo aliado -organismo que regía teóricamente, el destino de Japón- que tomara represalias. McArthur no pudo negarse y firmó la depuración de 212.000 empleados publicos, lo que no solo causo la desesperación de los afectados y sus familias sino un auténtico caos en algunos sectores. A los represaliados deben unirse, además, las mas de 200.000 personas detenidas o investigadas por sus actividades políticas o militares.

Por otro lado, la ocupación fue muy respetuosa y los japoneses, pasados los primeros recelos, se sintieron liberados de la guerra, del régimen opresivo que les habia gobernado y estrenaron gozosamente la vía democrática que propiciaron los norteamericanos.

El Bushido como principio
Si las complicaciones procesales en Nuremberg fueron muchas, en Tokio aún resultaron mayores. La duración de los juicios lo deja claro: 251 dias el de Alemania; 417 el de Japón. Los problemas fundamentales que hubieron de solventar los jueces y los 104 abogados que participaron el defensa fureron los motivos de la guerra, la obediencia debida y la arbitraria desigualdad a la hora de juzgar a los vencidos por atrocidades similares a las cometidas por los vencedores. Como condenar a muerte al jefe del arma aérea japonesa, Kenji Doihara por sus bombardeos sobre la población civil, cuando los jueces veían las calles carbonizadas de Tokyo y conocían el horror de Hiroshima y Nagasaki?. Como condenar a un militar por regirse por el Bushido, cuyos parámetros regían al ejercito japonés, aunque fueran dificicles de comprender y aceptar por la moralidad occidentales?. Lo mismo puede aplicarse a la crueldad con los prisioneros y los pésimos cuidados sanitarios.

El historiador Gabriel Cardona ilustra el espinoso asunto: "Los oficiales japoneses revitalizaron el antiguo código Bushido, aristocrático, orgulloso y cruel. Esta ideología militar presidió la campaña. Con la misma frialdad que se ordenaba a las tropas propias realizar marchas increíbles en las ofensivas de Malaca o Birmania, se trató a los prisioneros o civiles. La vida de los prisioneros no tenía valor, pues los soldados japoneses se creían obligados a morir en combate y consideraban deshonroso rendirse. Perdido el honor, era preferible la muerte. Este sistema de ideas provocó muchas atrocidades. Quizá la mas conocida sea La Marcha de la Muerte que sufrieron 64.000 filipinos y 12.000 norteamericanos capturados en la capitulación de Batán, Filipinas, en Abril de 1942: durante los 113 kilometros que se les obligó a recorrer, unos 10.000 fueron asesinados o perecieron a causa del agotamiento o el trato inhumano".

De lo que soportaron los japoneses y de su espíritu de sacrificio y de resistencia es elocuente la aparición, en los años setenta, de algunos soldados en islas perdidas del Pacífico (por ejemplo mi querido Hiroo Onoda :D ). No se habían enterado del final de la guerra y sobrevivieron 30 años recurriendo incluso a la antropofagia antes que rendirse.

Gen Nishino, corresponsal de guerra del diario Mainichi, quedó horrorizado ante la miseria y las privaciones que sufrían sus soldados en Guadalcanal. Creyendo que descubría una irregularidad, se lo contó a un coronel:
- Nuestros hombre en Guadalcanal sobreviven sólo gracias a su espíritu combativo, pero no pueden durar mucho. Quiro pedirle señor Coronel, que les sumistre víveres y armas en la mayor abundancia posible.
- Está usted criticando al ejército?.
- No es crítica, le estoy exponiendo la situación. En Guadalcanal se muere de hambre y de sed, aunque se sobreviva a los norteamericanos.
Gen Nishino no pudo regresar a Tokyo hasta después de la capitulación y el suyo fue uno de los 779 testimonios presentados ante el tribunal internacional.

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Mensaje por Hiroo Onoda » Vie Abr 21, 2006 11:30 pm

Los motivos de Japón

Si en estos asuntos debieron hilar muy fino, la cuerda estuvo a punto de romperse al juzgar los motivos de la guerra. Los representates de Holanda, Francia y Filipinas no estiuvieron de acuerdo con algunas conclusiones del juicio ni con sus resultados. Fue precisamente durante el proceso cuando se concoció públicamente la batería de exigencia norteamericanas que situó a Japón ante la alternativa del subdesarrollo, de la incapacidad para sostener a su numerosisima población o lanzarse a la guerra. Hubo jueces, que pasado el proceso, mostraron su compasión por la actitud japonesa ante la presión norteamericana, y muchos historiadores han visto en el presidente Roosevelt una política premeditada para provocar el ataque japonés e implicarse en una guerra que rechazaba el aislacionismo mayoritario del país.

El proceso estrangulador norteamericano trató de evitar el ensanchamiento del Japón, implicado en una guerra de conquista en China e invasor de Indochina, en Septiembre de 1940. Un mes más tarde firmó en Berlín el pacto tripartito entre Alemania, Italia y Japón, llamado el pacto del eje. A partir de entonces Washington amenazo a Tokyo con suprimir las ventas de materias primas que le eran vitales. Progresivamente paralizó los suministros de chatarra, petróleo, repuestos y herramientas; boicoteó la compra de mercancias japonesas y embargo los bienes japoneses en Estados Unidos: una declaración de guerra económica en toda regla.

Suele considerarse que tal política fue una reacción ante el peligro japonés unido al nazi por la firma del pacto tripartito. Según el historiador británico JFC Fuller: "En Julio de 1937, poco despues de que Japón hubiese renovado su guerra con China, Roosevelt empezó a planificar la sumisión japonesa por medio del bloqueo angloamericano, que suprimiera el comercio nipón y en Enero de 1938, envió a Londres una misión secreta encargada de lograrlo.". Es decir, los sucesos de 1940-41 fueron el detonante, pero la carga explosiva había sido colocada antes: Estados Unidos no queria lidiar con un gran competidor en el Pacífico y decidió elliminarlo.

Inmediatamente después de que, en Julio de 1941, Estados Unidos adoptara las medidas de presión, siguieron su ejemplo Gran Bretaña y los paises bajos, lo que privó a Tokyo del petroleo, el caucho y los metales que conseguia en Birmania e Indonesia. Era una amenaza mortal para Japón, que en dos años careceria de carburante para mover su flota. Por ello, Japón tuvo que adoptar una política muy comprometida: proseguiria la busqueda de un arreglo diplomático, pero durante un plazo corto, pues cuanto más tiempo transcurriera, más inerme se encontraría. "Por eso, si a principios de Octubre no queda esperanza alguna de que puedan satisfacerse nuestras reivindicaciones por via diplomática, se decidirá la guerra contra Estados Unidos, Gran Bretaña y Holanda". Ese fué el acuerdo adoptado por el Consejo Imperial del 6de Septiembre, donde se escucho la opinión del almirante Nagano sobre la diferencia moral entre la derrota política y militar.

Hoy hasta aquí. La semana que viene pondré lo que falta.

Un saludo

alvarex
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El proceso de Tokio, el "Nuremberg japonés"

Mensaje por alvarex » Lun Nov 10, 2008 6:53 pm

los juicios de Tokio son un proceso interezante que no ha sido difundido en ambientes académicos, ni en los históricos ni jurídicos, yo transito en ambos lugares.
Me gustaría algunas referencias bibliográficas sobre este artículo tan interesante,
un cordial saludo.
álvaro.

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El proceso de Tokio, el "Nuremberg japonés"

Mensaje por José Luis » Mar Mar 24, 2009 11:26 am

¡Hola a todos!

Me gustaría añadir algunos aspectos menos conocidos como complemento a lo que se lleva expuesto sobre el tema.

Con el final de la guerra se inició el proceso de la ocupación aliada, ocupación que no acabaría hasta abril de 1952, fecha en la que Japón recuperó su soberanía, tras la ratificación del tratado de paz concluido en San Francisco en septiembre de 1951. La ocupación, que debía ser ejercida por los aliados victoriosos, fue, sin embargo, administrada y controlada, esencialmente, por Estados Unidos, por lo que Truman tenía en última instancia más poder de decisión sobre el destino de Japón que el de los otros líderes aliados. Pero Truman demostró poco interés por Japón, delegando la toma de decisiones en otros subordinados, entre los que destacó el general Douglas MacArthur.

MacArthur, con 65 años de edad al comienzo de la ocupación, había apoyado al Partido Republicano en la política estadounidense y criticado a Roosevelt y Truman. Ahora, como jefe de la ocupación, estaba decidido a reformar las instituciones japonesas, con el objetivo fundamental de "erradicar el nacionalismo y militarismo extremos", y asegurar que cuando Japoón recobrase la soberanía, "funcionaría como una democracia deseosa de aceptar el liderazgo americano". MacArthur fue el responsable de la creación del Tribunal Militar Internacional para Extremo Oriente (IMTFE, en sus siglas en inglés: International Military Tribunal for the Far East) y de decidir sobre las apelaciones contra las sentencias del tribunal.

Dada la naturaleza y magnitud de las atrocidades cometidas durante la IIGM, había urgencia en Londres y Washington, en 1945, para decidir cómo serían castigados los líderes alemanes y japoneses. En su momento, algunos miembros del gabinete de Churchill eran partidarios de una ejecución sumaria. Así opinaban Churchill y Eden (Secretario de Exteriores), y lo que es más llamativo, los altos cargos de justicia de la Corona, como el Lord Canciller y el Ministro de Justicia, Vizconde Simon y Sir Donald Somervell, respectivamente. En cambio, la administración Truman era partidaria de establecer tribunales formales compuestos de jueces nombrados por los estados victoriosos. Era algo que no gustaba al gobierno británico, pues se consideraba que una estructura tan compleja acabaría siendo un factor engorroso y consumidor de tiempo. En noviembre de 1945, Patrick Dean, de la Oficina de Exteriores, comentó que había que mostrar cautela en la respuesta a la propuesta americana de establecer el IMTFE. Sin embargo, pocas semanas después, los británicos aceptaron, pese a sus recelos sobre el enorme tiempo que consumiría, la propuesta americana de crear tribunales internacionales en los que Gran Bretaña y otros países relevantes estarían representados.

Finalmente, la administración Truman decidió crear un gran tribunal que representara a los principales estados que habían combatido a Japón entre 1941 y 1945. "A comienzos de 1946, no estaba claro si la jurisdicción del tribunal estaría restringida a los cargos de 'planificación, preparación, iniciación de una guerra de agresión, etc.', o si también serían perseguidos los crímenes contra las leyes y costumbres de la guerra y contra la humanidad. Se decidió combinar cargos específicos y generales, siendo el más importante el Cargo 1, responsabilidad por promover una amplia conspiración para asegurar el dominio japonés de Asia y el Pacífico por la fuerza". Un fiscal británico suplente debía reunir las pruebas relacionadas con el cargo de crímenes contra la paz, y también debía ayudar en la preparación del proceso en Tokio.

El fiscal jefe iba a ser un americano, John Keenan, que estaba relacionado con el Congreso americano con respecto a la legislación del New Deal implementada por la administración Roosevelt. También era ayudante del Fiscal General en la división criminal del Departamento de Justicia. El nombramiento de Keenan resultó ser un contratiempo, pues carecía de conocimientos sobre la ley internacional y no tenía la capacidad ni la diligencia que se exigían para preparar un proceso tan complejo.

De esta forma, el grueso del trabajo de preparación del proceso fue cumplimentado por otros abogados, en especial por Arthur Comyns Carr, el suplente británico de Keenan. El ministro de Justicia británico persuadió a Carr para que aceptara el nombramiento, haciendo hincapié en que el juicio sería corto y estaría concluido en mayo de 1946 (no terminaría finalmente hasta noviembre de 1949). Carr tuvo que hacer frente a la sobrecogedora tarea de asimilar, rápidamente, grandes cantidades de material documental y ejercer muchas de las tareas que eran propias de Keenan. Al parecer, Comyns nunca se recuperó del todo de la conmoción que le produjeron las atrocidades que tuvo que investigar. Carr fue el responsable principal de la solidez de la preparación de la acusación; sus fallas fueron atribuidas a la incompetencia de Keenan. "En conjunto, el equipo de la acusación trabajó duro e incluyó a varios capacitados abogados americanos mucho mejores que su jefe".

Entre los jueces estuvieron representados en total once países: Australia, Canadá, China, Francia, India (a pesar de que al principio la administración Truman no quería incluirla; en 1946 la India formaba parte del imperio británico, pero se convirtió en un estado independiente en 1947), Países Bajos, Nueva Zelanda, Filipinas, Unión Soviética, Reino Unido y Estados Unidos.

La composición del IMTFE fue un "problema obvio, y posteriormente una causa de crítica fundamental", pues todos los jueces provenían de países hostiles a Japón (si bien en el caso de la India hubo hindúes que combatieron contra Gran Bretaña en asociación con Japón, aunque ciertamente fue mayor el número de los que combatieron contra Japón), circunstancia que dio pie a la acusación de "Justicia de los Vencedores", cargo consolidado por el trabajo de Richard Minear, publicado en 1971. Cabe señalar que Keenan sugirió, en enero-febrero de 1946, que se involucrase a Japón en el juicio, bien incluyendo al gobierno japonés en la acusación entre los países que debían suministrar los cargos, o nombrando un juez y un fiscal japoneses.

Los británicos no consideraron viable la sugerencia de Keenan, que además plantearía la cuestión de por qué no se había hecho lo mismo en el caso de Alemania, mientras que la opinión pública de los estados aliados se resentiría de una propuesta semejante a causa de las atrocidades cometidas por las fuerzas armadas japonesas. El juez holandés, B. V. A. Röling, apoyó, por su parte, la propuesta de Keenan, creyendo además que debía nombrarse uno o varios jueces neutrales de países no involucrados como beligerantes en la guerra del Pacífico, si bien tales jueces, japonés incluido, debían representar una minoría de los jueces del IMTFE.

En una próxima intervención, seguiremos con los jueces del IMTFE.

Fuente de la información y de los entrecomillados: Peter Lowe, "An embarrassing necessity: the Tokyo Trial of Japanese Leaders, 1946–48", en R. A. Melikan (Ed.), Domestic and International Trials, 1700-2000. The Trial in History. Volume II (Manchester: Manchester University Press, 2003), pp. 137-156.

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El proceso de Tokio, el "Nuremberg japonés"

Mensaje por José Luis » Mar Mar 24, 2009 6:37 pm

¡Hola a todos!

Los jueces del IMTFE fueron el holandés ya citado Röling, el hindú R. B. Pal, el americano John P. Higgins, que dimitió poco después del comienzo del juicio y fue reemplazado por Myron Cramer, especialista en la ley militar americana, el británico Lord Patrick, el australiano Sir William Webb (presidente), nombramiento que tuvo varias objeciones legales. La principal era que ya había estado involucrado en la investigación de supuestos crímenes de guerra japoneses, incluyendo canibalismo, en Nueva Guinea en representación del gobierno australiano. Por otra parte, Webb "carecía de la habilidad y cortesía diplomáticas requeridas en un presidente, cualidades demostradas de forma tan exitosa por el equivalente de Webb en Nuremberg, el juez británico Sir Geoffrey Lawrence"; el cadaniense E. Stuart McDougall, el neozelandés Harvey Northcroft, el francés Henri Bernard, el soviético I. M. Zaryanov, especialista en ley militar soviética que no hablaba inglés ni japonés, los dos idiomas oficiales del juicio, el chino Mei Ju-no, que poseía un doctorado en derecho pero nunca había ejercido, y el filipino Delfin Jaranilla, que había sido prisionero de guerra de los japoneses y sobreviviente de la famosa marcha de la muerte de Bataan de 1942.

Aunque era similar a la Carta de Londres de 1945 para el proceso de Nuremberg, la carta para el IMTFE originó más diferencias que la de Londres. La más básica fue que los acusados en Nuremberg habían cometido u ordenado a otros cometer los actos de los cuales estaban acusados. En el juicio de Tokio fue mucho más difícil identificar órdenes para cometer crímenes particulares. El IMTFE se estableció mediante la proclamación emitida por MacArthur el 19 de enero de 1946, y la carta, definiendo la autoridad y los poderes del tribunal, se emitió el 26 de abril de 1946. Entre sus disposiciones, el Artículo 4 (a) establecía constituido quorum con seis de los once jueces; el Artículo 4 (b) estipulaba que las decisiones y juicios se acordaban con el voto mayoritario de los jueces presentes; el Artículo 5 definía la jurisdicción sobre personas y delitos. "Los actos definidos como crímenes que caían dentro de los términos de referencia del tribunal comprendían crímenes contra la paz, crímenes de guerra convencionales, y crímenes contra la humanidad". El tribunal podía imponer la pena de muerte, y el Comandante Supremo de las Potencias Aliadas (MacArthur) era responsable para determinar las apelaciones.

La gran duración del juicio no fue algo sorprendente si se tiene en cuenta que los temas tratados eran más vagos que los de Nuremberg, las áreas geográficas concernidas eran inmensas, desde las fronteras de la India hasta Nueva Guinea y desde Manchuria a remotas islas del Pacífico. Luego estaban las dificultades para llegar a un acuerdo sobre las traducciones del japonés al inglés; diariamente se retrasaban los juicios por los desafíos que se presentaban a las traducciones o por correcciones proporcionadas por los traductores. Todo el mundo se quejaba del lento progreso del juicio, Truman y MacArthur a la cabeza (este último hubiera deseado un consejo de guerra sólo con respecto a Pearl Harbor, "un ataque traicionero en una guerra no-declarada").

Bueno, quiero acabar trasladando parte de la opinión final de Peter Lowe sobre el juicio de Tokio:

{Durante muchos años estuve en gran medida convencido por los argumentos adelantados por Minear* de que el juicio fue una versión excesiva y deformada de "Justicia de los Vencedores", que hizo poco, si algo hizo, para promover la causa de la justicia internacional. Tres aspectos me llevaron a modificar mi opinión: la escala y ferocidad de las atrocidades cometidas por las fuerzas armadas japonesas durante el conflicto en Asia y el Pacífico; examinando más de cerca los argumentos adelantados por Röling**, y reflexionando sobre el impacto de las horribles atrocidades cometidas en Ruanda y la antigua Yugoslavia en los noventa, a las que se debe añadir el asesinato masivo perseguido por el régimen Jemeres Rojos (Khmer Rouge) en Camboya en los setenta y la situación en Timor Oriental en 1999. John Dower*** ha señalado correctamente que el racismo, a menudo de una naturaleza virulenta, afectó a todos los estados que participaron en las guerras de Asia y el Pacífico. Las atrocidades fueron cometidas por ambos bandos o todos los bandos en la guerra. Sin embargo, las fuerzas japonesas fueron responsables de los crímenes más repugnantes y extendidos, afectando a todas las razas y a ambos sexos. Estos comprendían prisioneros de guerra y civiles por igual. En cuanto a los últimos, las pruebas de todos los teatros de guerra en que estuvieron involucradas las fuerzas armadas japonesas revelan el recurso sistemático a la tortura, violación, y asesinato contra hombres, mujeres y niños: los éjemplos más extremos fueron vistos en Nanking (China) en diciembre de 1937 y en Singapur en febrero de 1942. En ambas ocasiones, los chinos fueron víctimas de extrema crueldad.......

(...) El culto original del bushido fue pervertido en el siglo XX, y las actitudes caballerosas mostradas durante la guerra ruso-japonesa de 1904-5 fueron reemplazadas por la brutalidad extrema alentada en las fuerzas armadas durante los treinta. Los oficiales japoneses eran usualmente bastante ignorantes, si no completamente ignorantes, de la ley internacional: no había figurado muy principalmente en su educación militar......] (Lowe, 151-2).

* R. H. Minear, Victors’ Justice: the Tokyo War Crimes Trial (Princeton, N.J.: Princeton University Press, 1971).

** B. V. A. Röling, The Tokyo Trial and Beyond: Reflections of a Peacemonger, ed. and intro. by Antonio Cassese (Oxford: Polity Press/Blackwells, 1993).

*** John Dower, Embracing Defeat: Japan in the Aftermath of World War II (London: Allen Lane/ Penguin Press, 1999).

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Re: El proceso de Tokio, el "Nuremberg japonés"

Mensaje por José Luis » Mié Mar 12, 2014 8:03 pm

¡Hola a todos!

Retomo este antiguo tema para incluir unos cuantos comentarios más tomados de John Dower y su ya citado Embracing Defeat en el post precedente.

Se establecieron un total de 50 tribunales militares en varias localidades asiáticas: 12 por los holandeses, 11 por los británicos, 10 por los chinos, 9 por los australianos, 5 por los americanos, 1 por los franceses y 1 por los filipinos. También se llevaron a cabo otros juicios por la Unión Soviética y, más tarde, por el régimen comunista que se hizo con el poder en China.

Según el cálculo japonés más autorizado, hubo un total de 5.700 individuos acusados de crímenes de guerra “Clase B” (Crímenes de Guerra) y “Clase C” (Crímenes contra la Humanidad). De esta cifra, fueron condenados a muerte inicialmente 984; a cadena perpetua 475; a penas menores de prisión 2.944; absueltos 1.018; y, por una u otra razón, no sentenciados o no llevados a juicio, 279. De las penas de muerte, 50 fueron conmutadas tras apelación, en su mayoría por los franceses. Exceptuando la Unión Soviética, las penas de muerte fueron 236 por los holandeses, 223 por los británicos, 153 por los australianos, 149 por los chinos, 140 por los americanos, 26 por los franceses y 17 por los filipinos. La cifra generalmente aceptada de las penas de muerte ejecutadas es de 920.

Algunos de los acusados eran oficiales, incluso de alto rango, pero, con la excepción de Yamashita y Homma, pocos de ellos eran famosos. La mayor parte eran soldados, incluyendo conscriptos coloniales que sirvieron como interrogadores o guardias de prisión. Entre los acusados había 173 taiwaneses y 148 coreanos, de los cuales fueron ejecutados más de 40. Algunos tribunales locales juzgaron casos individuales; otros casos colectivos. De estos últimos el más grande fue un tribunal australiano que juzgó a 93 hombres. Los americanos, en casos colectivos, juzgaron a 46 oficiales y hombres de la antigua marina imperial, de los cuales 41 fueron sentenciados a pena de muerte. Alrededor de unos tres cuartos de los acusados en dichos tribunales (por casos B/C) fueron acusados de crímenes contra prisioneros de guerra.

El “Tribunal de Tokio” (IMTFE en sus siglas en inglés), tras meses de preparación, se reunió el 3 de mayo de 1946 y continuó durante 31 meses. Lo presidieron 11 jueces (en Nuremberg fueron 4), mientras que la acusación, en su momento más alto, estaba compuesta por unos 100 fiscales apoyados por una plana mayor de unos 100 nacionales aliados y casi 200 japoneses. En las 818 sesiones de tribunal, durante 417 días, se escucharon testimonios de 419 testigos y se aceptaron deposiciones y declaraciones juradas de 779 individuos más (bastante más que en Nuremberg). Unos 4.336 documentos se aceptaron como pruebas, totalizando unas 30.000 páginas. Las transcripciones del juicio, excluyendo documentos y sentencias, totalizaron 48.288 páginas. Por decisión mayoritaria de los jueces (bastaba una sentencia mayoritaria para condenar), 7 antiguos líderes japoneses fueron condenados a la horca, 16 a prisión de por vida, 1 a veinte años, y 1 a siete años. Cinco de los convictos por criminales de guerra “Clase A” (Crímenes contra la Paz) murieron en prisión, pero rel resto jamás cumplió enteramente sus condenas (Mamoru, antiguo ministro de exteriores, fue liberado en 1950, y los 12 restantes fueron puestos en libertad condicional entre 1954 y 1956). En 1958, los 10 que todavía seguían vivos recibieron la clemencia tras consulta con las potencias vencedoras.

Saludos cordiales
JL
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Re:

Mensaje por Audie Murphy » Mar Nov 04, 2014 12:36 pm

reportaje sobre la prisión de Sugamo en el nº81 de "After the battle"
https://www.docdroid.net/WD0CXBN/sugamo ... atb081.pdf
Erich Hartmann escribió:Tres acusados desaparecen durante el proceso. Dos por fallecimiento, y por locura manifiesta Okawa Shumei, que al iniciarse el procedimiento con la lectura del pliego de cargos, se descompone y ataca a Tojo, sentado junto a él, dándole puñetazos en su calva cabeza. La sesión se interrumpe temporalmente, y al reanudarse, el doctor Okawa prorrumpe en un llanto desconsolado, como un niño. Después de un mes el tribunal autoriza su internamiento en un hospital psiquiátrico, y casi un año después anula su nombre en la lista de los acusados.
Saludos cordiales
El reciente libro "A Curious Madness: An American Combat Psychiatrist, a Japanese War Crimes Suspect, and an Unsolved Mystery from World War II",relata todos los pormenores del examen psiquiátrico al que fue sometido Okawa por parte del experto psiquiatra militar americano Eric Jaffe
http://www.washingtonpost.com/opinions/ ... story.html
"El mal existe cuando las personas buenas no hacen lo que es correcto"

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Re: El proceso de Tokio, el "Nuremberg japonés"

Mensaje por EDWINGFENIX » Lun Feb 09, 2015 10:57 pm

muy interesante este articulo... amigos una duda... ¿algún libro recomendable sobre el principio del conflicto chino - japones, y el holocausto chino perpetrado por el imperio japones?
SILENTIUM EST AUREUM.........
Sic Luceat Lux...
http://bibliofiliaycolecciones.blogspot.com

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