Deficiencias operacionales aliadas

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beltzo
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Deficiencias operacionales aliadas

Mensaje por beltzo » Lun Dic 19, 2005 10:33 pm

De las Playas de Normandía al Bolsón de alaise-Argentan:Evaluación de la Planificación de los Aliados en 1944

ANTES DE LA Segunda Guerra Mundial, el pensamiento militar estadounidense y británico se concentraba en la estrategia y la táctica, y desatendía el arte operativo. De allí, entonces, se puede deducir que no fue nada casual el hecho de que la campaña angloestadounidense en Francia en 1944 dejó de lograr todo lo que podría haber alcanzado; lo anterior, debido a una serie de controvertidas decisiones de mando al nivel operativo.

En conjunto, los estadounidenses y británicos lograron victorias espectaculares desde su desembarco en Francia el 6 de junio de 1944, hasta su llegada a la frontera occidental de Alemania a fines del verano y principios del otoño; sin embargo estas victorias fueron menos espectaculares de lo que habían esperado los Aliados, porque no causaron la completa derrota de Alemania antes del término del año 1944. La esperanza de que Alemania se rindiera incondicionalmente antes de 1945 no era irrealista, ni mucho menos. Era una esperanza que podría haberse materializado, con las consecuencias de salvar millares de vidas en ambos bandos y abreviar el holocausto, si los Aliados hubieran tomado las decisiones en forma más eficaz al nivel operativo.

Operación Overlord

La planificación para la Operación Overlord abarcó la invasión angloestadounidense del territorio al noroeste de Francia, desde el esfuerzo anfibio y de paracaidistas en las playas de Normandía hasta la ocupación de una posición firme que comprendía el escabroso rectángulo al oeste y norte de los ríos Sena y Loira. La fase del asalto anfibio de Overlord, denominado con el nombre en clave de Neptune, resultó ser el más espectacular de todos los éxitos aliados en la campaña de 1944 en Francia. Esta victoria fue tan impresionante, porque un gran temor al fracaso había incentivado a los planificadores.

En la Primera Guerra Mundial, el fiasco de Gallípoli del 25 de abril al 20 de diciembre de 1915, había convencido a la mayoría de las Fuerzas Armadas por todo el mundo, de que los asaltos anfibios no pueden triunfar en una guerra contra defensas modernas (el Cuerpo de Infantes de Marina de los EE.UU., por razones de su conservación propia, nunca se dejó persuadir de ello). Esa creencia persistió durante todo el período de entre guerras, e incluso se destacó la similaridad que existía entre los asaltos anfibios y los innumerables asaltos de frente malogrados en el Frente Occidental de 1914 a 1918, debido a que inherentemente un asalto anfibio debe efectuar un ataque de frente; nunca puede ser una maniobra de flanqueo. Además, un asalto anfibio habría de resultar ser aún más inútil que los ataques en el primer Frente Occidental, debido tanto a la necesidad de atacar fuera del agua, con el avance de las tropas dificultado y los heridos probablemente ahogándose, como al requisito de enviar refuerzos y reabastecimientos desde el agua. Cuando en el invierno de 1943 1944 comenzó de lleno la planificación para la invasión de 1944 a través del Canal de la Mancha, el recuerdo de Gallípoli todavía quedaba grabado en la memoria; lo anterior, porque los únicos asaltos anfibios en la Segunda Guerra que, para esa fecha, habían confrontado las playas —Salerno en Italia el 9 de septiembre de 1943 y Tarawa en las islas Gilbert en el Pacífico el 20 de noviembre de 1943— habían rayado en el fracaso. Peor aún, ni Salerno ni Tarawa presentaron defensas tan formidables como las que habrían de usar los alemanes en la primavera de 1944 para proteger el litoral noroeste de Francia.

Finalmente, el temor acosó la planificación de la Operación Neptune, pues se temía que una derrota angloestadounidense en Normandía tan tarde en la guerra produjera efectos incalculablemente graves en todo el curso restante de la Guerra Mundial II, particularmente en la resolución de la hastiada Gran Bretaña y en la suerte del Gobierno del Primer Ministro Winston Churchill. Debido precisamente a que los temores eran tan profundos y graves, la planificición de Neptune fue más meticulosa que la de cualquier otro esfuerzo de toda la historia militar.
Afortunadamente para los Aliados, la fase Neptune, realizada el 6 de junio de 1944, recompensó a sus planificadores al proceder tan fácil y eficazmente, que la propia invasión el día D casi pareció ser una decepción. Ese día, las bajas sufridas por la fuerza invasora —un total de más de 10.000, con 2.000 muertos—1 fueron obviamente considerables; sin embargo esta cifra ciertamente fue mucho menos que los cálculos proyectados por los planificadores y comandantes aliados. En cuatro de los cinco asaltos de playa, nunca se dudó, una vez lanzadas las primeras olas de la fuerza de desembarco, que la invasión seguiría adelante sin tener que retroceder a la playa. Aun en la playa Omaha de los estadounidenses, que era el único sitio en que parecía existir el peligro de una derrota durante la mañana, todas las dudas se habían resuelto para el mediodía.

Cabe destacar que la planificación de la fase Neptune había sido más bien táctica y tecnológica que operativa. El éxito del día-D había sido una decepción, debido a los minuciosos cálculos de que fueron objeto los muchos pormenores de importancia táctica, tales como el momento más propicio para los primeros desembarcos en relación con las mareas (preferiblemente a mitad del influjo, de forma que las tropas y carga pudieran desembarcar de un buque que luego podría retornar con la marea ascendente, sin tener las tropas que avanzar a través de un gran trecho de playa, expuestas al fuego enemigo; situación que vivirían, si desembarcaran en condiciones de bajamar). Al mismo tiempo, los obstáculos de playa enemigos se estaban construyendo de pleamar hacia fuera y todavía no habían progresado lo suficiente para obstruir seriamente el desembarco. Se determinó que la hora del día más apropiada para los primeros desembarcos era una hora después del amanecer, pues esto les permitiría a los medios de bombardeo aéreo y al apoyo de fuego naval lanzar sus últimas descargas contra el enemigo durante horas diurnas. De esta forma, la primera ola de soldados aliados avanzaría hacia la playa un día cuando el punto medio de la pleamar ocurriría aproximadamente una hora después del amanecer. La planificación también requería una luna llena o casi llena durante la noche anterior a los desembarcos anfibios, de forma que hubiera suficiente luz antes del amanecer para que los paracaidistas asaltaran ambos flancos del lugar del desembarco de las fuerzas anfibias. La invasión, por lo tanto, podía lanzarse sólo cuando la fase de la luna y la hora de la marea concurrieran a la misma vez y empalmaran como las piezas de un complicado rompecabezas.2 Los aspectos tecnológicos de la planificación Neptune incluyeron el desarrollo de tanques anfibios con impulsión duplex, y otros tanques con equipo especial para el asalto fuera del agua.3

Si Neptune recibió un planeamiento táctico extremadamente cuidadoso, la Operación Overlord fue objeto del más minucioso análisis estratégico. La invasión a través del Canal de la Mancha —una embestida estratégica directa contra los baluartes más poderosos de las conquistas alemanas en Occidente, considerada como la estrategia más efectiva para la rápida y completa derrota de Alemania— había sido aceptada por los británicos y los estadounidenses como la estrategia aliada central, sólo después de continuos debates durante las reuniones de los más altos Consejos Militares Aliados, comenzando con la Conferencia Arcadia, celebrada en Washington del 24 de diciembre de 1941 al 14 de enero de 1942.4 Sin embargo, las implicancias operativas de Overlord y Neptune no recibieron la misma consideración cuidadosa y completa, que había caracterizado la planificación táctica y estratégica.

Las operaciones después del díaD: El estancamiento

La consideración de las implicancias operativas debería haber comenzado con la cuestión de la explotación operativa del éxito táctico, que se esperaba lograr con los desembarcos en las playas de Normandía. Todas las discusiones de la planificación previas a la invasión habían incluido cierta especulación, en cuanto a la posibilidad de un rápido avance desde las playas hacia el interior; una maniobra que más le convendría al General Sir Bernard L. Montgomery, cuyo comando del 21º Grupo de Ejércitos lo destacó como el Comandante "de facto" de las fuerzas terrestres aliadas durante las primeras fases de Overlord. Montgomery pensaba avanzar desde las playas británicas para alcanzar Caen, y seguir de allí a Falaise en los primeros días.5 A pesar del éxito de los desembarcos, nada de eso ocurrió, y Caen no fue conquistado sino hasta el 1821 de julio.6

Las operaciones tierra adentro desde las playas exigían superar las ventajas defensivas atribuidas a los alemanes por la geografía de la región boscosa en Normandía. Había buena razón por seleccionar a Normandía como blanco de la invasión: la Provincia ofrecía el gran puerto de Cherburgo a los logísticos, quienes creían que la temprana captura de un importante puerto marítimo era vital para ganar la batalla de la expansión logística contra el enemigo; además, Normandía quedaba dentro del radio de combate de las bases inglesas, que disponían de todos los aviones requeridos para el apoyo aéreo, incluso el Supermarine Spitfire de relativamente corto radio de acción. Por cierto, los planificadores aliados que seleccionaron el lugar de la invasión habían concluido desde hacía tiempo que Normandía no tenía alternativa práctica.7

La selección de Normandía implicaba, especialmente en la zona estadounidense, la necesidad de avanzar desde las playas hasta los setos vivos del bosque. Estos setos vivos dividían el campo normando en un sinnúmero de parcelas cercadas con tierra, muchas del tamaño de un campo de fútbol estadounidense, pero la mayoría mucho más pequeñas. Muchos de los setos vivos medían dos metros de ancho en la base, y de dos a tres metros de altura. Los matorrales espinosos y otra vegetación que crece en los setos vivos alcanzan, a veces, cuatro metros de altura. Todos los caminos, con excepción de los más importantes, que atraviesan esa región son hondonados, desgastados por el tráfico de carruajes a través de los siglos; factor éste que hace que los setos vivos adyacentes parezcan ser aún más dominantes, con el follaje formando arcos sobre los caminos. En ese terreno, la poderosa movilidad de los Aliados no podría explotarse debidamente. El movimiento de los camiones y aun de los tanques podría estorbarse fácilmente. Los tanques no podrían penetrar los setos vivos. El enemigo podría protegerse del fuego de artillería. El combate tendería a ajustarse por sí mismo en una serie de combates de infantería de una parcela en otra, los soldados de a pie viéndose obligados a luchar por cada seto vivo y luego atravesar el terreno abierto para alcanzar el próximo seto.8

A la derecha del sector estadounidense, en la base de la Península de Contentín o de Cherburgo, los setos vivos desaparecen, pero el terreno presenta otros obstáculos tan difíciles como ellos. Aquí las tierras bajas podían ser fácilmente inundadas por los defensores alemanes —y eso de hecho sucedió— de forma que los únicos pasos secos a través de las tierras inundadas era uno que otro arrecife. Toda una división tuvo que avanzar por un "frente" poco más ancho que un tanque.9

Los planificadores de la Operación Overlord casi pasaron por alto los bosques que obstaculizaban el terreno, sin prestar mucho más atención a la inundación de los campos. Ciertamente, los obstáculos eran visibles en las fotografías aéreas. En las discusiones previas a la invasión, había alguna que otra referencia a ellos, particularmente por parte de los planificadores británicos que habían viajado por Normandía antes de la guerra. Pero no existía ninguna planificación operativa que pudiera contender eficazmente con la geografía normanda. Por consiguiente, los comandantes terrestres tuvieron que improvisar formas de vencer el bosque después de comenzada la invasión, en su esfuerzo por avanzar tierra adentro desde las playas. De hecho, ellos tuvieron que resolver no solo los problemas operativos, sino también los tecnológicos y tácticos; lo anterior, al mismo tiempo que se encontraban sometidos a las presiones del costoso combate ya próximo a estancarse. Sólo después de tratar vanamente de abrirse paso con tanques ordinarios a través de los setos vivos fue que las tropas en campaña improvisaron dispositivos a ser instalados en la parte delantera de los vehículos para destruir y desarraigar los setos. Entonces resultó que tales dispositivos no se podían forjar ni distribuirse tan rápidamente como era necesario para evitar que su ausencia contribuyera a una estancación costosa de siete semanas de duración; una situación inquietante por su semejanza al Frente Occidental de la Primera Guerra Mundial.10 En tales condiciones, la 90ª División de Infantería en sus primeras seis semanas de combate sufrió bajas de casi el 90 por ciento de sus fusileros de combate y cerca de 150 por ciento de bajas entre sus oficiales de compañía.11 En otras divisiones, la proporción de bajas no podía haber sido más baja. 12

Al nivel operativo, una manera en que los planificadores podrían haber enfrentado los problemas creados por los setos vivos y las inundaciones en la Península de Contentín, habría exigido la asignación de los recursos blindados y móviles de los Aliados. La expansión estadounidense en Normandía incluía una fuerza blindada mayor que la británica, y podría haber sido acelerada con divisiones blindadas adicionales, ya existentes en el Ejército de EE.UU. 13 Las fuerzas de EE.UU. contaban con una movilidad superior a la británica, con camiones de mayor potencia y durabilidad, al igual que más equipo para cruzar vías acuáticas y construir puentes. Sin embargo, los soldados estadounidenses —los más móviles de los Aliados— tuvieron que contender con los peores setos vivos y las peores inundaciones, mientras que los británicos enfrentaron terreno menos dificultoso, pero con una capacidad inferior para penetrarlo. Los estadounidenses lucharon en el flanco derecho de los Aliados, contra los obstáculos más difíciles en el terreno, en tanto que los británicos se habían ubicado a la izquierda. Esta situación se basó en la suposición de que, como los recursos estadounidenses llegaban a Europa desde el oeste, los norteamericanos debían ocupar el flanco occidental de los Aliados. Por ende, los británicos se encontraban en la izquierda, pegados a la costa del Canal y a su ruta hacia Inglaterra como lo habían hecho en 1914-1918 y en 1939-1940. Con esa alineación los británicos quedaban en el terreno más favorable, no sólo en Normandía, sino durante todas las campañas a través de Francia, los Países Bajos y Alemania. Es posible que la logística haya sido tal, que esa alineación era inevitable; sin embargo, las implicancias operativas de penalizar al más móvil de los Ejércitos Aliados merecían más consideración. 14

Operación Cobra

Durante siete semanas, la batalla de Normandía fue una contienda brutal en la que apenas se lograba avanzar algo de un día para otro a lo largo de los arrecifes, de un seto vivo en otro y, cuando se combatía en los poblados, de un montón de escombros en otro. Muy rara era la oportunidad para ejercer la imaginación para resolver problemas operativos, hasta que los estadounidenses no sólo habían luchado a través de lo peor del bosque, sino que también llevaron su frente hasta un trecho de la Route Nationale 800, entre los poblados de St. Lô y Périers, la cual corría unos 23 kilómetros del este- sudoeste al oestenoroeste en una línea tan recta como la estela de una flecha.
Este trecho de carretera presentó al mando estadounidense una invitación maravillosa para explotar otra carta de triunfo: la superioridad aérea. La carretera podía servir de señal en el terreno, fácilmente visible desde el aire; de esta forma, mientras las tropas estadounidenses se reunían para el asalto al norte de la carretera, los aviones, incluso los bombarderos pesados, podían saturar con sus bombas un área próxima al sur de la ruta, pulverizando e inmovilizando a los defensores para crear la posibilidad de romper las líneas alemanas.

El mando de EE.UU. concibió un ambicioso plan operativo a base de ese concepto táctico, el cual fue principalmente obra del Teniente General Omar N. Bradley, Comandante del Primer Ejército de EE.UU., y del Mayor General J. Lawton "Lightning Joe" Collins, Comandante del VII CE. Estas unidades estarían compuestas de tres Divisiones de Infantería, preparadas para asaltar las defensas alemanas en el área saturada inmediatamente después del bombardeo. Detrás de éstas, había tres Divisiones mecanizadas. Tan pronto la Infantería al frente hubiera penetrado las líneas adversarias, las Divisiones mecanizadas explotarían la ruptura, para luego efectuar una rotura que pondría término a la amenazante estancación que había persistido desde el día D. Este plan sería denominado Operación Cobra, y fue una de las pocas ocasiones durante la Campaña en Europa cuando los estadounidenses —normalmente inclinados a atacar en frentes amplios, debido a la abundancia de sus medios— actuaron a base de su reconocimiento del valor de la concentración. 15

Dos acontecimientos trágicos eclipsaron el lanzamiento de la Operación Cobra. Programada para iniciarse el 24 de julio, tuvo que ser aplazada debido al mal tiempo. Antes de que la notificación del atraso les llegara a todos los Cuarteles Generales de los comandos aéreos de las Fuerzas Aéreas Expedicionarias Aliadas participantes, ya los pesados bombarderos habían comenzado sus incursiones, y las bombas que dejaron de dar en el blanco fueron las suficientes para matar a 25 soldados, con otros 131 heridos. En parte esto se debió a que los bombarderos se aproximaron de una forma perpendicular al área objetivo, volando por encima de la Infantería estadounidense, en tanto que los jefes aéreos le habían asegurado a Bradley que los bombarderos volarían en forma paralela a la carretera que iba de Périers a St. Lô. Bradley se enfureció, cuando supo que por diversas razones técnicas los pilotos no quisieron aproximarse a los blancos de cualquier forma, con excepción de un vuelo perpendicular a la carretera, y los Comandantes terrestres, enfadados y renuentes, se aplacaron. Cuando la Operación Cobra comenzó de nuevo el 25 de julio, el bombardeo fracasó otra vez, con el resultado que 111 estadounidenses fueron muertos y 490 heridos cuando bombas cayeron sobre todas las tres Divisiones de asalto.16

En el asalto, el progreso de esas Divisiones fue muy lento a pesar de que avanzaban hacia una campiña desolada y contra tropas enemigas sorprendidas y desalentadas. Al caer la noche el 25 de julio, la ruptura del estancamiento parecía ser incierta. En esta coyuntura, Collins intervino con una decisión que ayudó a calificarlo como el Comandante del Cuerpo de Ejército estadounidense más capacitado en el Teatro de Operaciones Europeo. Por su aguda intuición, característica esencial de todo gran comandante, él presentía que los eventos e informes del 25 de julio eran engañosos y que la resistencia alemana a su frente estaba a punto de desplomarse. Durante esa tarde, por consiguiente, decidió empeñar las tres Divisiones mecanizadas en la mañana del 26 de julio. Su presentimiento era sano; las Divisiones no sólo irrumpieron rápidamente a través del restante esfuerzo defensivo enemigo, sino que también pronto transformaron la ruptura en una brecha de paso libre, y avanzaron rápidamente hacia la profundidad de las líneas alemanas.17
Sin embargo, para ese momento el no planificar adecuadamente en términos operativos, y el dejar de explorar cabalmente las implicancias operativas de un excelente plan táctico, probaron socavar, en parte, esa misma excelencia.

La diversión de la Bretaña

Las columnas mecanizadas que comenzaron a abrirse paso hacia el campo abierto al sur de la ruta PériersSt. Lô, y el creciente número de tropas que las seguían se dispersaron hacia el oeste y el este. Poderosas columnas avanzaron hacia el sur, girando al oeste rumbo a la Provincia de Bretaña. Eso lo hicieron porque los planificadores de Overlord, siempre interesados en ganar suficiente capacidad portuaria para apoyar la expansión logística, se mantuvieron con los ojos pegados a las innumerables instalaciones portuarias en Bretaña. Por consiguiente, Bradley prosiguió con la Operación Cobra, activando informalmente el Tercer Ejército del Teniente General George S. Patton Jr. Patton lanzaría su Ejército al territorio de la Bretaña con un CE de tamaño más grande de lo normal, compuesto de dos Divisiones blindadas en lugar de una, que era lo normal en un CE estadounidense.18

Con la activación del Tercer Ejército de Patton, Bradley asumió el mando del Duodécimo Grupo de Ejércitos, compuesto del Primer y Tercer Ejércitos. Montgomery permanecería como Comandante Terrestre Aliado en la Comandancia de su Vigésimo Primer Grupo de Ejércitos, hasta que el General Dwight D. Eisenhower estableciera su Cuartel General en el Continente y asumiera el mando directo de las fuerzas terrestres. Este cambio no se materializó sino hasta el 1 de septiembre cuando el Grupo de Ejércitos de Bradley fue separado del control de Montgomery.19 Sin embargo, entre el 1 de agosto y el 1 de septiembre Montgomery era de la opinión que, por razones de diplomacia, él tendría que "aflojar las riendas" en su supervisión de subordinados estadounidenses en lugar de británicos. Montgomery percibió que la ruptura de la Operación Cobra hizo mucho por negar la necesidad de contar con los puertos de Bretaña. Puesto que las fuerzas aliadas ya se encontraban en posición de acelerar su avance en dirección este, podían asegurarse otros puertos más cercanos al frente principal; para la fecha que los puertos bretones fueron capturados y despejados de las inevitables demoliciones alemanas, se dispondría de mejores instalaciones logísticas. Por lo tanto, Montgomery consideró que el empeñar en Bretaña a un CE excepcionalmente grande, era derrochar los escasos recursos.20

Contrario a la impresión que de él tenían los estadounidenses como un Comandante empedernidamente cauteloso, Montgomery estaba dispuesto a tomar riesgos en lo tocante a Bretaña para lograr un avance más poderoso en dirección este hacia Berlín y, se podía esperar, la rápida conclusión de la guerra. Bradley y los principales comandantes estadounidenses no estaban dispuestos a tomar esos riesgos. El plan Overlord exigía girar hacia el oeste y cruzar de Normandía a Bretaña, y los estadounidenses permanecieron resueltos a llevarlo a efecto. Dejaron de explotar las posibilidades a nivel operativo, resultantes de su propio éxito táctico en la Operación Cobra.

Como temía Montgomery, al fin y al cabo los puertos bretones no tuvieron gran importancia en la campaña hacia el este, particularmente porque los alemanes pudieron mantener a Brest hasta el 20 de septiembre con una defensa tenaz. Las consecuencias de ello fueron serias. Una de las dos Divisiones blindadas en Bretaña giró de nuevo hacia el este, después de avanzar hasta la mitad de la Península; esta maniobra inútil contribuyó al hecho de que la ofensiva en Bretaña consumió una cantidad inmensa de abastecimientos —especialmente de combustible— que en poco tiempo, escasearían críticamente en otras partes. La embestida aliada que Cobra había desencadenado a través de Francia estaba destinada a detenerse casi en las fronteras de Alemania y los Países Bajos, debido a la falta de combustible. La pausa aliada fue suficiente para permitir que los alemanes se reagruparan en sus defensas de la Muralla occidental y causaran un nuevo estancamiento para los Aliados en el otoño. Aun cantidades adicionales relativamente pequeñas de gasolina, iguales a las que movieron al VIII CE a través de Bretaña, podrían concebiblemente haberles dado suficiente impulso adicional a los Aliados para negarle al enemigo la tregua que tanto necesitaba a raíz de su salida de Francia.21

Mientras tanto, otro defecto en el análisis y planificación a nivel operativo a raíz de la Operación Cobra contribuyó mucho más a impedir que Alemania fuera derrotada antes que finalizara el año de 1944.

El Bolsón ArgentanFalaise

Si bien el Alto Mando estadounidense planificó meticulosamente la táctica para lograr la rotura en la Operación Cobra, fracasó en explorar las implicaciones operativas del plan táctico, ni consideró cómo explotar al máximo la posibilidad de una penetración rápida y completa hacia el interior de Francia. A medida que se desarrollaba el avance, y los elementos de la vanguardia del ataque estadounidense se apresuraron por diversas rutas hacia el este, la improvisación que surgió como reacción a la oportunidad, produjo un plan diseñado para atrapar al Séptimo y Quinto Ejércitos Panzer: el grueso de las fuerzas alemanas en el noroeste de Francia. Sin embargo, el plan podría haber sido mejor concebido y ejecutado, de haberse considerado cuidadosamente las oportunidades operativas que habría de producir la Operación Cobra. Si al salir de Normandía, las fuerzas de EE.UU. estuvieran destinadas a rodar aceleradamente hacia el este, los planificadores muy bien podrían haber considerado las evidentes ventajas que pudieran explotarse, de haber esas fuerzas en alguna ocasión en su rápido avance, girado en dirección norte. Esta sencilla maniobra las habría convertido en un martillo, capaz de aplastar al enemigo en su frente contra el yunque formado por el Segundo Ejército Británico y el Primero Canadiense, bajo Montgomery en el sector oriental de Normandía. Ese desvío hacia el Norte presentaba también la probabilidad de envolver una gran porción de las fuerzas alemanas que todavía combatían en posiciones más hacia el oeste, debido a la relativa inmovilidad del Ejército alemán, ya exacerbada por la potencia aérea aliada.

Los planificadores de Cobra no podían haber previsto que el Führer, Adolfo Hitler, realzaría esta última oportunidad; sin embargo, deberían haber contemplado más claramente que la oportunidad se presentaría de alguna forma. A medida que se desarrollaban los acontecimientos, el esfuerzo de Hitler por remediar el desastre causado por la ruptura estadounidense tomó la forma de un poderoso contraataque, dirigido contra el estrecho paso a través del cual los estadounidenses tenían que avanzar hacia el sur, a lo largo de la costa sudoeste de Normandía hasta Avranches, antes de girar o al oeste hacia Bretaña o al este para Alemania. Hitler esperaba que sus fuerzas avanzaran hasta el mar a través del estrecho corredor entre Mortain y Avranches, aislando de esta forma a aquellos estadounidenses que se encontraban al sur de su embestida. Sin embargo, lo único que logró con su plan fue dejar que más tropas alemanas cayeran dentro de una trampa que los estadounidenses podían explotar, girando hacia el norte para reunirse con los británicos en el este de Normandía.

Su observación de la oportunidad que los alemanes les presentaban a los Aliados, fue lo que incentivó al Alto Mando estadounidense a planificar un envolvimiento. Sin embargo, es evidente que este plan operativo fue ejecutado de una forma improvisada, pues los estadounidenses nunca decidieron definitivamente establecer un envolvimiento corto o uno largo. Desde luego, la planificación nunca debe ser tan rígida que arbitrariamente elimine opciones prometedoras, pero ésta fue una situación en la que los estadounidenses fallaron tanto en considerar adecuadamente sus opciones al formular sus pronósticos operativos, y tardaron tanto en tomar una decisión, que no prosiguieron la idea de un envolvimiento con suficiente brío para obtener el grado de éxito que un envolvimiento bien pensado —ya sea uno corto o uno largo— pudiera haberles brindado.

El envolvimiento corto contemplaba girar las fuerzas estadounidenses de este a norte hacia Argentan, donde se reunirían con la fuerza ofensiva de Montgomery, que avanzaba en dirección sur hacia Falaise. El envolvimiento largo habría exigido que los estadounidenses giraran hacia la izquierda y prosiguieran río abajo por el Sena, hasta hacer contacto con los británicos en su cuenca meridional. La disposición del enemigo para lanzarse irremediablemente en una trampa, en su avance hacia el oeste, fue el factor que provocó una preferencia inicial por el envolvimiento corto.22

Ambos planes incluían riesgos, particularmente el peligro de que los alemanes lograran embestir a través de Avranches. Pero la Inteligencia de Señales de los Aliados, su interceptación del sistema Ultra y el descubrimiento de las comunicaciones radiotelegráficas alemanas proveyeron al mando estadounidense de suficiente información sobre las intenciones y efectivos enemigos que, si bien no podía ver las cartas de triunfo que Hitler tenía en la mano, Bradley sí pudo sentirse razonablemente confiado en detenerse en Mortain con un mínimo de riesgo, mientras continuaba trasladando la mayor parte de sus fuerzas a Bretaña y a Argentan. Un tenaz combate defensivo por la 30a División de Infantería en Mortain del 68 de agosto justificó la aceptación de los riesgos.23

Mientras tanto, el XV CE del Tercer Ejército de Patton, al mando del Mayor General Wade H. Haislip, constituía la vanguardia en el avance hacia Argentan. Sin embargo, el 13 de agosto el CE se enfrentó a una poderosa resistencia inesperada al sur de ese lugar, y Bradley decidió detener su avance por el momento. La decisión probó ser el punto crítico en la evolución del breve envolvimiento en la batalla del bolsón Argentan-Falaise.

Dos consideraciones provocaron abiertamente la orden de detención de Bradley. Primero, para esta fecha los alemanes estaban reaccionando ante el peligro del envolvimiento, presentado por la posibilidad de que los Aliados cerraran las pinzas entre Argentan y Falaise. Habiendo fracasado en Mortain, ahora aceleraban su retirada hacia el este. Como el XV CE ocupaba una posición mucho más al frente que el centro de gravedad estadounidense, Bradley temía que las columnas alemanas en marcha hacia el este se infiltraran por el flanco izquierdo norteamericano; maniobra ésta que habría sido factible, por cuanto este flanco —que se extendía hacia el sur y oeste desde las cercanías de Argentan— quedaba sin protección desde hacía mucho tiempo. El prefirió hacer una pausa y consolidarse en ese sector. Segundo, cuando comenzó el corto envolvimiento, los canadienses en el norte quedaban más cerca de Argentan que los estadounidenses, de forma que el límite entre los Duodécimo y Vigésimo Primer Grupos de Ejércitos se hallaba a muy poco más de 10 kilómetros al sur de ese poblado. Para seguir avanzando, Haislip tendría que entrar la zona del Grupo de Ejércitos británico, y Bradley temía la posibilidad de un choque entre tropas aliadas.

Al fondo de estas dos últimas razones abiertas por la detención del XV CE, también influían factores de personalidad del tipo que pueden inyectar desatinos en la planificación más racional; factores que no se representan en los croquis, donde las formaciones de combate aparecen en la forma de rectángulos ordenados. Montgomery era un individuo vanidoso y egotista, continuamente tratando de atribuirse el mérito de todo lo que tuviera éxito en su camino, aunque no le correspondiera. No era popular entre sus compañeros oficiales británicos, aunque sí había establecido un vínculo armonioso con los soldados (En efecto, se llevaba mejor con aquéllos separados de él por una amplia brecha de grado y edad, que con sus compañeros o subordinados inmediatos). Entre los estadounidenses, la discordia causada por esta vanidad, aspereza y búsqueda de fama era exacerbada por el acomodo que él mostraba para con aquéllos con menos experiencia de combate que él y sus paisanos (los cínicos podrían añadir que era principalmente experiencia en perder).

Patton había llegado a detestar a Montgomery cuando ambos mandaron el Séptimo Ejército estadounidense y el Octavo Ejército británico, respectivamente, en Sicilia, donde compitieron por ser el primero en llegar al puerto de Messina. No obstante la paciencia que Montgomery había mostrado en su trato a los estadounidenses desde el día D en Normandía, numerosas fricciones habían exacerbado el rencor que le tenía Bradley, además de las malas relaciones que ya tenía el General británico con Patton. Estos dos estadounidenses, cuya amistad se había enajenado a raíz de un incidente en Sicilia cuando Patton abofeteó a un soldado y debido a otros indicios de la inestabilidad de su carácter, habían reanudado su amistad a base principalmente de su gran aversión a Montgomery. Para agosto de 1944, Patton estimulaba y aplaudía la preferencia de Bradley por alejarse de Montgomery.

De acuerdo con la estructura de mando aliada en vigencia en el mes de agosto, Bradley necesitaba el permiso de Montgomery para cambiar el límite entre los Grupos de Ejércitos, con el fin de facilitar el avance estadounidense más allá de Argentan. Pero Bradley no quiso empuñar el teléfono y consultar con Montgomery sobre el cambio; de ahí que se pueda apreciar cuán grande era la laguna entre los dos altos Comandantes. Ni tampoco Eisenhower deseaba intervenir; la concepción que el tenía de las responsabilidades de mando suyas y las de sus subordinados requería que aquellos asuntos correspondientes en forma directa a los Grupos de Ejércitos, fueran resueltos por los Comandantes de los Grupos. Esto probablemente constituyó un exceso de desinterés por parte del Comandante Supremo de la Fuerza Expedicionaria Aliada. Esa interacción de personalidades entre los Generales quizá explique más acertadamente las razones por el Bolsón Argentan Falaise, que las razones expuestas por Bradley por detener el CE.

En todo caso, la detención estadounidense al sur de Argentan probó ser el paso inicial y crucial, que finalmente resultó en el fracaso en cerrar la brecha Argentan Falaise con suficiente anticipación para atrapar a las principales fuerzas alemanas de tal manera, que pudiera haber destruido el esfuerzo principal del enemigo en el oeste. Esa detención fue también la primera indicación de la falta de una planificación operativa adecuada para explotar la Operación Cobra. La previsión podría haber impedido la apresurada decisión de Bradley, basada —por lo menos en parte— en sus sentimientos personales hacia Montgomery. Bradley más tarde culpó a Montgomery por no haber aprovechado completamente la oportunidad, señalando que el avance del Primer Ejército Canadiense por Falaise hacia Argentan fue mucho más lento que el progreso del Tercer Ejército casi hasta el mismo lugar. Esta crítica de Montgomery pasó por alto el hecho de que los canadienses enfrentaban resistencia mucho más dura de los alemanes, que la enfrentada por los estadounidenses. Esta disparidad era predecible, puesto que el frente enemigo que se oponía al Vigésimo Primer Grupo de Ejércitos nunca había sido penetrado, a diferencia del frente enemigo ante los estadounidenses. La debida previsión habría incluido esta circunstancia predecible en el desarrollo del plan operativo.24

Sin esta previsión, la detención al sur de Argentan hizo, a su vez, que Bradley tomara una segunda decisión apresurada, que tenía grandes consecuencias. El 14 de agosto decidió cambiar de un envolvimiento corto a uno largo. También optó por mantener sólo dos Divisiones del XV CE en las inmediaciones de Argentan, y trasladar las otras dos al este hacia el río Sena para una maniobra envolvente más larga. Es significativo, que él haya tomado esta importante decisión, ordenando que se efectuara sin consultar con Montgomery.25 La decisión de Bradley coincidió con las ideas de su colega Patton, no sólo debido a su actitud compartida respecto a Montgomery, sino también porque a Patton —un soldado de Caballería por virtud de su entrenamiento y temperamento, con el afán del caballero por seguir avanzando— siempre lo molestaban los atrasos como el que había tenido lugar en Argentan; estaba deseoso de evitarlos para poder seguir moviéndose de nuevo.

Habiéndose informado de la decisión de Bradley por teléfono, Patton puso en movimiento las dos Divisiones del XV CE de Haislip. El empleo de estas dos Divisiones era en contraposición al temor expresado por Bradley, de un asalto alemán contra el sector izquierdo del frente en Argentan; sin embargo estuvo de conformidad con la situación real que, a su vez, ya no conformaba con la primera explicación que Bradley había dado por la detención. El VII CE del Quinto Ejército al mando de Collins había reforzado lo suficientemente el sector izquierdo, de forma que los alemanes se resolvieron sólo escapar del bolsón; por lo tanto, se podía descartar el temor de un asalto alemán contra ese sector.26

El 16 de agosto Montgomery tomó la iniciativa para restituir el envolvimiento corto; decisión que debería haber tomado anteriormente. Su tardanza destacó una vez más la ausencia de previsión y planificación operativas por parte de los Aliados principales, tanto de los británicos como los estadounidenses. Montgomery telefoneó a Bradley (observar la dirección de la llamada) para sugerirle que se reanudaran los esfuerzos por cerrar el cerco a aquellos alemanes que permanecían en el bolsón FalaiseArgentan, cerrando las pinzas entre esos dos poblados. Con este fin, el mando británico emprendió la iniciativa, sugiriendo establecer un nuevo límite entre los grupos de ejércitos, de forma que los estadounidenses se reunirían con los canadienses a unos 11 kilómetros al nordeste de Argentan, cerca de Trun y Chambois.27

Desafortunadamente para los Aliados, los alemanes, debido a su apuro por escapar del bolsón, ahora se encontraban concentrados con muchos más efectivos entre las pinzas de los Aliados, de los que habrían tenido si los estadounidenses hubieran persistido en atacar el día 13 ó 14. Bradley aceptó la sugerencia de Montgomery, pero la resistencia alemana era mucho más fuerte de lo que habría sido unos cuantos días antes. La partida del XV CE de Haislip obligó a los estadounidenses a cambiar su estructura de mando en los alrededores de Argentan, lo cual resultó en tardanza adicional.

El 16 de agosto Patton creó un Cuerpo Provisional al mando de su Jefe de Estado Mayor, el Mayor General Hugh J. Gaffey, para que este nuevo CE asumiera el mando de la 2ª División Blindada francesa, y de las 90ª y 80ª Divisiones de Infantería estadounidenses. Gaffey ordenó que sus tropas se prepararan para atacar a las 1000 horas el 17 de agosto; pero antes de que este esfuerzo comenzara a materializarse, el Mayor General Leonard T. Gerow llegó —por órdenes de Bradley— con la comandancia del V CE del Primer Ejército, para agregarle las tres divisiones proyectadas para realizar el ataque en Argentan. Gerow asumió el mando al amanecer del día 17, pero su insistencia en contar con una mejorada línea de partida aplazó el ataque principal hasta las primeras horas del 18 de agosto.28

Las pinzas de FalaiseArgentan se cerraron finalmente al próximo día, el 19 de agosto, en las proximidades de Chambois. El cierre sí selló una importante victoria aliada. En el envolvimiento fueron atrapados 50.000 soldados alemanes, que después fueron tomados prisioneros; otros 10.000 alemanes muertos cubrían el área del cerco. A medida que el cerco fue cerrándose, la Fuerza Aérea Táctica de los Aliados demolía sin cesar el equipo y pertrechos enemigos atrapados adentro, y casi todos los tanques, cañones autopropulsados y otro material pesado que no había sido destruido tuvo que ser abandonado, pues las últimas tropas alemanas se apresuraron por escapar antes de que se cerraran las poderosas pinzas aliadas.29 La derrota alemana había sido tan cabal que el largo envolvimiento en el río Sena, al que fue lanzado el Tercer Ejército de Patton a su salida de Argentan, produjo resultados mucho menos espectaculares, debido simplemente a que los grandes objetivos ya se habían logrado. No obstante los éxitos aliados ya expuestos, el enemigo fue capaz de salvar casi todos los grupos de personal que componían las comandancias de los Ejércitos, CE y Divisiones, lo cual significaba que todavía mantenía los cuadros con los cuales podía reconstruir sus diezmadas formaciones. Los Aliados aún no sabían que los alemanes poseían una capacidad sorprendente para realizar dicha reconstrucción. Si disponían del cuadro para una organización, podían restablecer la unidad en unas cuantas semanas. Fue por esta razón en particular que las consecuencias de la mala planificación operativa para el Bolsón Falaise Argentan probaron ser tan trágicas. Ya para septiembre, a lo largo de la frontera alemana, los cuadros que habían escapado del Bolsón formaron los núcleos de una nueva resistencia alemana. Contando con una tregua cuando los estadounidenses y británicos tuvieron que detenerse cerca de la frontera al agotar su combustible, los Estados Mayores alemanes que habían escapado de Argentan, formaron nuevas organizaciones y causaron el costoso estancamiento del otoño de 1944. Este estancamiento fue producto de la fallada planificación operativa, tanto del envolvimiento corto como del largo.30

Cuando los Aliados entraron en Normandía el 6 de junio, ellos esperaban que la guerra contra Alemania terminara antes de que llegara el invierno. Ese deseo no era irrealista. La previsión en la planificación operativa (además de los triunfos tácticos y tecnológicos del día D) muy bien podría haber reducido las siete semanas de estancamiento en Normandía, permitiéndoles a los Aliados alcanzar la frontera alemana antes de fines de verano y la inminente terminación del tiempo bueno. Una buena planificación operativa para explotar el triunfo táctico de la Operación Cobra tal vez pudiera haberles negado a los alemanes la posibilidad de extraer de Francia los cuadros, a base de los cuales formarían la defensa de su Frente Occidental. Aunque las posibilidades eran más limitadas, la previsión en la planificación operativa quizá también pudiera haber concebido una forma de reducir la crisis del combustible que les obligó a los Aliados a detener su persecución a través de Francia, cuando ya se aproximaban a la Muralla Occidental.

En todas estas circunstancias, la verdadera tragedia reside especialmente en la probabilidad de que no había la más mínima necesidad de prolongar la guerra por todo el invierno de 1944 1945, hasta ya entrada la primavera de 1945. Murieron millares de personas que podrían haber sobrevivido; no sólo los soldados de ambos bandos, sino también los civiles que fueron víctimas del último invierno de la guerra, y los que fueron sacrificados en los mortíferos campos de concentración durante las perpetraciones finales del Holocausto.

La estrategia aliada —principalmente la estadounidense— era muy lógica; se había concentrado en la invasión a través del Canal de la Mancha como la forma más expedita de enfrentar y derrotar el grueso de la fuerza alemana en el oeste, y con ello terminar rápidamente la Segunda Guerra Mundial. Si bien la táctica aliada no siempre fue tan eficaz como la estrategia de la invasión, la ejecución de las operaciones del día D y la Operación Cobra, demostraron una capacidad táctica admirable. No es de sorprender que las principales faltas de las fuerzas estadounidenses y británicas en la Campaña de 1944 en el noroeste de Europa se encontraron en el área intermedia entre la estrategia y la táctica que el pensamiento militar en Occidente había descuidado: en el área del arte operativo. Los repetidos fracasos en explotar cabalmente las ventajas tácticas en la ejecución del plan estratégico para destruir la potencia alemana en el oeste, y el dejar de vincular la táctica con la estrategia mediante un arte operativo refinado, juicioso y coherente, probablemente son factores que prolongaron la Segunda Guerra Mundial. En 1944, la Campaña Aliada en el Noroeste de Europa fue un triunfante esfuerzo militar en gran escala, y los Comandantes y soldados que participaron en ella se merecen la posición heroica que la historia les ha atribuido. Sin embargo, el triunfo podría haber sido más completo.

Articulo publicado en: http://usacac.leavenworth.army.mil/CAC/ ... iegley.htm por Russell F. Weigley
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Mensaje por Mariscal Zhukov » Vie Ene 06, 2006 6:01 am

Asi que dices que si los aliados se concentraban tambien en el arte operacional, hubieran ganado antes? Podria ser. En un programa vi comentarios de historiadores sobre el dia D. Dicen que fue un fracaso, pero de todas formas los aliados consiguieron avanzar por el factor sorpresa y el hecho de que hitler no pudo autorizar el avance de los panzers por tomar una siesta :lol: .
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Mensaje por beltzo » Lun Ene 16, 2006 3:13 am

Hola,

Bueno no soy yo quien lo dice, si no el autor del artículo, aunque en gran medida coincido con sus opiniones. Realmente Bradley anduvo muy lento de reflejos en la explotación de las oportunidades que ofrecia el éxito de la operación cobra, se cegó en la consecución de los puertos de Bretaña y no supo ver que estos no eran necesarios si la ofensiva era capaz de avanzar hacia el este. Esto se hace aún más evidente si tenemos en cuenta que con la operación dragón los aliados conseguirían el puerto de Marsella intacto y la red ferroviaria de esa zona tampoco había sido destruida, desde el punto de vista logístico, pienso que este fue el puerto que salvó a los aliados hasta el momento en que consiguieron utilizar el de Amberes a finales de ese año. Hay muchos autores que sostienen que si el mando americano hubiese estado en manos de Patton en lugar de Bradley, la guerra hubiese acabado en 1944 y entra en lo posible que pudiese haber sido asi, aunque esto es puramente especulativo.

Saludos
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Mensaje por Mariscal Zhukov » Lun Ene 16, 2006 9:28 pm

concuerdocon esto. Habria que ver segun la personalidad de patton, mas atento a las difs oportunidades. pero eso de ganar la guerra en el '44 habria tenido que ganarse antes de la ofensiva alemana en las ardenas, si esta no era adelantada, tal vez podria ser en enero o febrero del '45.
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