La Situación de los Judíos Italianos

Persecuciones, leyes contra los judíos, malos tratos

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La Situación de los Judíos Italianos

Mensajepor José Luis » Jue Jun 09, 2011 10:58 am

¡Hola a todos!

Joshua D. Zimmerman es profesor de historia y Eli and Diana Zborowski Professorial Chair in Interdisciplinary Holocaust Studies en la Universidad Yeshiva de Nueva York. Es el editor de Jews in Italy under Fascist and Nazi Rule, 1922–1945 (Cambridge University Press, 2005), un excelente libro sobre la situación de los judíos italianos en la Italia fascista y la República de Saló. En la introducción, Zimmerman hace una genial síntesis de la política racial de la Italia fascista y de su historiografía hasta la fecha (en torno al 2005). Con tal motivo voy a resumir, en dos intervenciones, la introducción del editor como breve exposición de este tema y su potencial desarrollo.

Zimmerman explica que hasta hace pocos años el tema de la judería italiana bajo el régimen fascista recibió poca atención en la historiografía del Holocausto en lengua inglesa. Esta anomalía se debe a la combinación de unos factores entre los que destacan el tamaño de la comunidad judía italiana y el relativamente pequeño número de sus víctimas. Siendo el tercer país con más alto porcentaje de supervivencia entre la comunidad judía, tras Dinamarca y Bulgaría, se ha perfilado un consenso que muestra que la persecución fascista italiana de los judíos no fue sólo leve, sino que Mussolini, las fuerzas armadas italianas, la sociedad civil italiana y muchos funcionarios eclesiásticos protegieron a los judíos durante los años de la guerra. Muchos especialistas no discuten el hecho de que mientras que la Alemania nazi comenzó su ataque genocida sobre la judería europea en junio de 1941, la Italia fascista, durante el tiempo que fue un estado soberano, se convirtió en un refugio de seguridad no sólo para los judíos italianos sino para miles de refugiados judíos que escapaban de la persecución nazi en la península y en las zonas de Francia, Grecia y Croacia ocupadas por los italianos.

Sin embargo, cuando los alemanes ocuparon Italia en septiembre de 1943 y colocaron a Mussolini como jefe de un estado títere conocido como la República de Saló, la situación de los judíos cambió de forma trágica, pues los nazis, en colaboración con la república de Mussolini, llevaron a cabo su Solución Final en suelo italiano. Durante los 20 meses siguientes, las autoridades italianas y alemanas arrestaron en la Italia septentrional ocupada por Alemania a 8.529 hombres, mujeres y niños judíos de los cuales se ha estimado que 6.806 fueron deportados a campos de concentración y muerte. Hasta hace poco tiempo, los historiadores no han subrayado el grado de complicidad italiana en la ejecución de la política judía nazi en suelo italiano. En cambio, han dado relevancia al grado en el que muchos funcionarios de la República de Saló, aun cumpliendo oficialmente con las demandas alemanas, lucharon para dificultar en la medida de lo posible las redadas y deportaciones avisando con antelación a las comunidades judías de los inminentes arrestos masivos. De esta forma, cuando comparan Italia con otros países europeos, los historiadores del Holocausto caracterizan a menudo tanto al gobierno italiano como al pueblo italiano como ejemplos radiantes de resistencia heroica a la barbarie nazi.

Esta opinión favorable de Italia descansó, en parte, en la utilización de la Alemania nazi como indicador único contra el que se midió a Italia, método que rebaja lógicamente la gravedad de la propia política anti-judía de la Italia fascista. Además, al limitar el análisis al periodo de ocupación alemana en 1943-45, donde tuvo lugar la deportación de los judíos italianos a los campos de la muerte, los historiadores excluyen del escrutinio una fase diferente de la persecución de la judería italiana, la que legisló el estado soberano italiano en los años anteriores.

Efectivamente, durante 1938-43 la Italia fascista llevó a cabo una campaña legislativa contra su población judía, aprobando leyes anti-judías antes del comienzo de la IIGM y sin interferencia alemana de por medio. Tras la aparición del Manifiesto de los Científicos Racistas (Manifesto degli Scienziate Razzisti), que buscó preparar al público y proporcionar una justificación teórica para la campaña anti-judía en ciernes, una ley de 5 de septiembre de 1938 declaró que los judíos ya no podían enviar a sus hijos a las escuelas públicas o privadas italianas o que pudieran ser empleados en modo alguno en ninguna escuela italiana desde jardín de infancia a la universidad. Una ley de 15 de noviembre de 1938 decretó la inmediata y permanente exclusión de todos los libros de texto de autores judíos de las aulas italianas.

Firmado por Mussolini, el rey, el ministro de justicia y otras autoridades, el Real Decreto Ley de 17 de noviembre de 1938 -titulado “Leyes para la Defensa de la Raza”-, decretó ilegales en lo sucesivo los matrimonios entre “arios” y “no-arios” (Art. 1), ley que se aplicó igualmente a judíos y negros, o a cualquier otra gente no-aria, independientemente de su nacionalidad, formando así parte de una política racial más amplia tras la conquista italiana de Etiopía. Además: los judíos ya no podían prestar el servicio militar en tiempos de paz o guerra (Art. 10a); se les prohibió a los judíos la custodia de menores no-judíos (Art. 10b); en lo sucesivo se excluyó a los judíos de cualquier empleo estatal y de ser propietarios o dirigir cualquier negocio con más de cien empleados o que recibieran contratos de defensa (Art. 10c); tampoco podían tener ya tierra cuyo valor sujeto a impuestos excediera las 5.000 liras o edificios urbanos de más de 20.000 liras (Art. 10d, 10e); también se les prohibió emplear servicio doméstico “de raza aria” (Art. 12); podían perder el control parental legal sobre hijos (Art. 11); se revocó en adelante la ciudadanía italiana que había sido garantizada a los judíos después de 1919 (Art. 23), y a todos los judíos extranjeros, con la excepción de los mayores de 65 años o los casados con ciudadanos italianos, se les ordenó abandonar el país al cabo de cuatro meses o ser expulsados a la fuerza (Art. 24 y 25).

Se añadieron más regulaciones a esta “Ley para la Defensa de la Raza” que buscaban la segregación total de los judíos de la sociedad italiana. El 29 de junio de 1939 una nueva ley prohibió a los judíos el desempeño de profesiones cualificadas, ley que afectó a unos 1.599 médicos, abogados, arquitectos, periodistas, dentistas e ingenieros judíos. Otras regulaciones prohibieron a los judíos frecuentar populares lugares de vacaciones, colocar anuncios y esquelas en los periódicos, ser propietarios de una radio, publicar libros, dar conferencias públicas, la relación de sus nombres en las guías telefónicas o entrar en ciertos edificios públicos.

En vísperas de la promulgación de estas leyes raciales en 1938 había en Italia una población de unos 46.500 judíos que estaban bien integrados en la sociedad general, siendo mayoritariamente urbanos y de clase media. El efecto inmediato que tuvo esta legislación racial se sintió en los trabajos y la educación. Al cabo de unas semanas de su promulgación, muchos judíos fueron expulsados de sus trabajos, incluyendo a más de 100 directores y maestros judíos de escuelas elementales, 279 de escuelas superiores, 96 profesores titulares, 133 adjuntos de universidad y varias docenas de profesores a tiempo parcial. Además se vieron afectados más de 8.000 estudiantes de todos los niveles, tanto italianos como extranjeros. El carácter de la comunidad judía se vio alterado permanentemente por el impacto de tres respuestas judías a las leyes raciales: conversión, retirada de la comunidad judía y emigración. Para sortear los decretos antisemitas, se ha estimado que entre 4.528 y 5.429 judíos italianos abandonaron formalmente la comunidad judía entre 1938 y 1941, bien por conversión, bien removiendo sus nombres de los libros de registro de la Unión de Comunidades Israelitas Italianas, cifra que llegó a cerca de 6.000 en el periodo de 1943-45. Además, la emigración permanente de unos 5.966 judíos italianos en 1938-41 vació Italia de algunas de sus mentes más brillantes. Así, antes de la ocupación alemana del norte de Italia en 1943, la campaña anti-judía italiana había reducido la población judía italiana en un cuarto, sólo por conversión y emigración.

En mi próxima intervención, para finalizar esta introducción, veremos lo que cuenta Zimmerman sobre la historiografía.

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Mensajepor José Luis » Jue Jun 09, 2011 4:14 pm

El primer historiador que subrayó la gravedad de las leyes raciales italianas fue el renombrado académico italiano Renzo De Felice (1929-1996). Su pionero estudio de 1961, titulado Storia degli ebrei italiani sotto il fascismo (Turin: Einaudi, 1961), se basó en una exhaustiva investigación de archivos previamente inaccesibles del gobierno italiano sobre el periodo fascista así como en archivos judíos italianos previamente desaprovechados. Con respecto al periodo 1943-45, De Felice expresa que los intentos de cargar la responsabilidad por el asesinato de miles de judíos italianos exclusivamente a los alemanes fue una distorsión de la historia y que tenía que ser revisada. El académico italiano no sólo documentó la complicidad fascista con la Alemania nazi, sino también la confiscación generalizada de la propiedad judía por las autoridades italianas durante la ocupación alemana.

Sin embargo, la mayor parte del estudio de De Felice fue dedicada a dos periodos distintos antes de la ocupación alemana: los judíos italianos bajo el fascismo hasta 1938 y el dramático deterioro de la posición judía tras leyes raciales en 1938-43. Aquí se examinan la naturaleza y alcance de las políticas raciales fascistas y las motivaciones que rodearon su introducción para concluir que, aunque Mussolini y el fascismo italiano tuvieron mucha responsabilidad por la introducción en 1938 de las leyes anti-judías, las raíces ideológicas del antisemitismo racial fueron extranjeras. Según esta línea de interpretación, aunque el antisemitismo nazi fue la consecuencia de la profunda convicción ideológica de Hitler, Mussolini fue un cínico oportunista que usó la carta racista exclusivamente para fomentar una agenda política: para revitalizar el fascismo, para reforzar la alianza con la Alemania nazi y para regular las interacciones entre italianos y nativos de las colonias africanas. Bajo la premisa de que el propio Mussolini “no albergó personalmente.....ningún prejuicio real contra los judíos”, De Felice razona que la transformación de la Italia fascista en un estado racial derivó fundamentalmente (aunque no exclusivamente) de la creciente importancia de la alianza del Eje. También subraya una serie de factores causales secundarios en el periodo 1935-37 como cautela contra la reducción del cambio de la política racial fascista italiana a un solo factor. Al menos dos factores fueron enteramente internos, incluyendo la posición anti-fascista de algunos judíos individuales y organizaciones judías durante las guerras de Etiopía y España, que llevó a Mussolini a concluir que los judíos eran parte de una campaña internacional anti-fascista, y las fuertes inclinaciones anti-judías del entorno de Mussolini. Debido a la supuesta falta de convicción ideológica del propio Mussolini y a su deseo de diferenciar el fascismo del nazismo, De Felice expresó que Mussolini adoptó conscientemente una “aproximación no-biológica” a la cuestión judía al redactar las leyes raciales.

A diferencia del antisemitismo institucionalizado adoptado por el gobierno italiano, De Felice mantiene que el pueblo italiano en general rechazó tanto la campaña anti-judía como las ideas que había tras ella. El antisemitismo racial fue “ajeno a la mentalidad y sensibilidad italianas”. Bajo la premisa de que el antisemitismo biológico fue una importación foránea que sólo encontró un puñado de genuinos defensores en Italia, De Felice concluyó que el pueblo italiano y, en su mayor parte, la Iglesia Católica rechazaron el antisemitismo e hicieron lo posible para burlar las leyes. El libro de De Felice, que fue durante muchos años el único monográfico académico sobre el tema, no fue traducido a ningún idioma extranjero hasta que apareció la edición inglesa The Jews in Fascist Italy (New York: Enigma Books, 2001).

Casi dos décadas después de la publicación del libro de De Felici, apareció la primera gran obra académica en inglés sobre la judería italiana bajo el fascismo: Meir Michaelis, Mussolini and the Jews: German-Italian Relations and the Jewish
Question in Italy, 1922–1945
(New York and Oxford: Clarendon Press, 1978). Utilizando archivos en Alemania, Israel, Italia y Gran Bretaña, Michaelis examinó el impacto de las relaciones italo-alemanas en el desarrollo de la política racial fascista. Demostró que los nazis no interfirieron en los asuntos judíos internos de Italia hasta la caída del fascismo en 1943. A diferencia de las motivaciones multi-factores de De Felice, Michaelis centra toda la motivación en la alianza del Eje. A pesar de la ausencia de una presión directa de la Alemania nazi, las leyes raciales de 1938 fueron, según Michaelis, debidas exclusivamente al pique de Mussolini para emular a Hitler y su exagerado sentido de solidaridad ideológica con el Reich. Aunque reconoce las fuerzas que en los años 1935-37 generaron un cambio en la opinión de Mussolini (las guerras de Etiopía y España, la participación judía italiana en el movimiento anti-fascista, etc.), estos factores “menores” no dan cuenta de la “repentina conversión” de Mussolini a las ideas raciales nazis, a las que previamente se había opuesto. Mantiene que Mussolini “tenía todo tipo de quejas contra los judíos pero sólo una razón para perseguirlos como 'raza', su malhadada alianza con un Jew-baiter” (alguien que odia y persigue a los judíos). A pesar de sus diferencias, De Felice y Michaelis formaron un consenso sobre la ausencia de una “cuestión judía” en Italia durante los años 1922-36.

La conmemoración del 50º aniversario de las leyes raciales fascistas en 1988 desencadenó un renacimiento del interés en la historia judía italiana en general y en la historia de los judíos bajo el fascismo en particular. Una nueva generación de académicos de posguerra en Italia y el extranjero comenzó a revaluar las fuentes existentes y otras nuevas que salieron a la luz, planteando así nuevas cuestiones. El resultado de esta actividad académica fue la aparición, a partir de la década de 1980, de sofisticados monográficos sobre la judería italiana de entreguerras y guerra que ha proporcionado un nuevo marco interpretativo.

Algunas obras fundamentales para el establecimiento del nuevo marco interpretativo para el estudio de la judería italiana bajo el fascismo nunca han sido traducidas al inglés. En las dos mayores monografías, Michele Sarfatti, Mussolini contro gli ebrei. Cronaca dell’elaborazione delle leggi del 1938 (Turin: Zamorani, 1994); y Sarfatti, Gli ebrei nell’Italia fascista. Vicende, identita, persecuzione (Turin: Einaudi, 2000), y Liliana Picciotto, Il libro della memoria. Gli ebrei deportati dall’Italia 1943–1945,3rd ed. (Milan: Mursia, 2002), Sarfatti revisó el consenso existente avanzando dos tesis: (1) que Mussolini apoyó el tipo de antisemitismo racial-biológico y (2) que las políticas anti-judías en la Italia fascista comenzaron antes de lo que previamente se aceptó en la literatura histórica. Liliana Picciotto, en su ahora clásico estudio, estableció que los efectos de las deportaciones desde Italia en 1943-45 sobre la comunidad judía fueron similares en términos de porcentaje a las del resto de Europa occidental. Y el historiador alemán Klaus Voight, en su estudio académicos en dos volúmenes*, afirmó, por vez primera, que la actitud del régimen italiano hacia los refugiados judíos en 1933-45 fue considerablemente menos amistosa de lo que han afirmado estudios anteriores.

*Klaus Voigt, Zuflucht auf Widerruf. Exil in Italien 1933–1945, 2 vols. (Stuffgart: Klett-Cotta, 1989–93). Traducción italiana: Il rifugio precario. Gli esuli in Italia dal 1933 al 1945, 2 vols. (Florence: La Nuova Italia, 1993–6).

El acentuado interés en la judería italiana se extendió a los historiadores y escritores americanos. De especial importancia fue la aparición de The Italians and the Holocaust: Persecution, Rescue, Survival (New York: Basic Books, 1987; reprint, Lincoln: University of Nebraska Press, 1996). de Susan Zuccotti, y Benevolence and Betrayal: Five Italian Jewish Families under Fascism (New York: Summit Books, 1991; reprint, New York: Picador, 2003), de Alexander Stille. ambos con traducciones italianas. En conjunto, estos dos estudios americanos expusieron a los lectores ingleses un cuadro mucho más complejo y ambivalente de la judería italiana bajo el fascismo. Zuccotti, que bebió principalmente en documentos y fuentes publicadas del Centro de Documentación Judía Contemporánea de Milán, expresó que el foco prestado en la existente literatura a historias de heroísmo y rescate en la Italia de tiempo de guerra distrajo la atención de los negativos aspectos de las relaciones judeo-italianas y condujeron a generalizaciones simplistas acerca del carácter nacional italiano. Aunque la mayoría de los italianos rechazó el racismo fascista y se opuso a las políticas alemanas, hubo muchos otros que siguieron a Mussolini y Hitler hasta el fin. También argumenta Zuccotti que un aspecto importante de la judería italiana bajo Mussolini fue la traición del gobierno fascista de sus ciudadanos judíos antes y durante la ocupación alemana. Zuccotti documenta el periodo cuando los guardias de la Italia fascista, a iniciativa propia y sin ayuda de las tropas de ocupación alemanas, arrestaron e internaron a miles de judíos entre noviembre de 1943 y febrero de 1944 siguiendo órdenes de Mussolini.

Stille puso la atención en el material devastador y los efectos psicológicos de las leyes raciales de 1938 sobre la judería italiana. Aunque siguiendo la tendencia de De Felice, mantuvo que la aplicación de las leyes raciales italianas, entre 1938 y 1943, reveló “una fundamental carencia de convicción” de parte del gobierno italiano. Desafiando la asunción de que el pueblo italiano se opuso de forma aplastante a la persecución anti-judía, Stille reveló que los actos de denuncia por compañeros italianos durante la ocupación alemana tuvieron consecuencias mortales para algunos miembros de las familias judías italianas estudiadas.

Finalmente, el libro que edita Zimmerman examina siete áreas de investigación que han dado lugar a la controversia en la literatura histórica: (1) las raíces del antisemitismo fascista italiano: autóctonas versus foráneas; (2) el alcance y aparición de las políticas anti-judías fascistas previas a las leyes raciales; (3) la actitud de Mussolini hacia la cuestión judía así como su papel personal como aliado y marioneta de Hitler; (4) el carácter y propósito de las leyes raciales italianas; (5) la actitud de las masas italianas ante la persecución anti-judía; (6) el papel italiano en las redadas, deportación y asesinato de judíos italianos a los campos de la muerte nazis en 1943-45; (7) y la actitud de la Iglesia Católica en Italia con especial referencia al Papa Pío XII.

En su conjunto, esta colección de ensayos desafía el mito de la benevolencia italiana durante el periodo fascista. Los historiadores que participan son Alexander Stille, Mario Toscano y Giorgio Fabre para el tema de la judería italiana desde el liberalismo hasta el fascismo; Michele Sarfatti, Annalisa Capristo, Roberto Finzi, Sandro Servi, Iael Nidam-Orvieto, Klaus Voigt y Fabio Levi para el tema del auge de la persecución racial; Liliana Picciotto, Robert Katz y Cinzia Villani para el tema de la catástrofe de la ocupación alemana; Frank J. Coppa y Susan Zuccotti para el tema del Vaticano y el Holocausto en Italia; y Anna Bravo, Millicent Marcus y Ruth Ben-Ghiat para el tema de la Italia contemporánea y la memoria del Holocausto. Cada historiador con un ensayo.

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Mensajepor Rubén. » Dom Jul 31, 2011 7:09 pm

Hola.

Muy buen trabajo, JL, y también muy interesante estas distintas interpretaciones de los autores acerca del fascismo respecto a la cuestión judía.

La opinión que yo siempre he pensado es que el fascismo se sumó al antisemitismo por puro oportunismo político. Mussolini llegó a decir: "Me importa un comino esa teoría del antisemitismo". Pienso que de haber cambiado de aliado exterior o haber permanecido en la alianza franco-británicas, esas leyes antijudías nunca hubiesen existido. También hay que tener en cuenta la importante presencia de judíos en el Partido Fascista Italiano, los cuales me suena, corregidme si me equivoco, que se hizo la vista gorda para no expulsar a los más destacados una vez se aprobaron las leyes antisemitas.

Rubén el Stuka.

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Mensajepor Rubén. » Lun Ago 08, 2011 7:55 pm

Hola JL, vuelvo al tema porque he encontrado una cosa que me ha llamado la atención.

En el libro que ya me recomendaste en otro hilo, el de Los años del Exterminio de Saül Friëdlander, en la parte trasera del libro, donde están las notas y las bibliografías (exactamente páginas 862-863 de la editorial Galaxia), aparece lo siguiente respecto al tema de los judíos italianos:

Hubo algunos miembros judíos en diversos partidos fascistas europeos-por supuesto no el partido nazi-, pero parece que en Italia al menos una quinta parte de los 47.000 judíos nativos estuvo afiliada al partido de Mussolini en un momento u otro.

Una quinta parte hablaríamos de más de 9.000 judíos italianos fascistas, supongo que antes de las leyes raciales de 1938-39.

Esto sin duda vuelve a desmontar a los fans de la teoría hitleriana de la "puñalada por la espalda comunista" o de que los judíos solo están en los partidos comunistas, que eso es una tontería.
Los judíos, como cualquier otro hijo de vecino sea de la raza que sea, se apuntan al caballo ganador o que tiene más fuerza y prestigio del momento. Así lo veo yo.

Rubén el Stuka.

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Mensajepor José Luis » Lun Ago 08, 2011 9:15 pm

¡Hola a todos!

Alexander Stille, en su contribución al libro que he citado arriba (su artículo lleva por título "The Double Bind of Italian Jews: Acceptance and Assimilation"), resume muy bien el caso de los italianos judíos (siendo muchos de ellos fascistas) en dos frases lapidarias en las páginas 22 y 30, respectivamente:

Italy was a virtually unique case in Europe, a country where Jews were often Fascists and where Fascists often helped to save Jews (Italia fue un caso virtualmente único en Europa, un país donde los judíos eran a menudo fascistas y donde los fascistas ayudaron a menudo a salvar a los judíos).

What distinguished the story of Italian Jews from that of the rest of Europe was the long coexistence between Jews and Fascists in Mussolini’s Italy. Italian Fascism was in power for sixteen years before it turned anti-Semitic in 1938. Until then, Jews were as likely as other conservative-minded Italians to be members of the Fascist party. This singular fact altered the entire moral and existential equation for Italy’s Jews. (Lo que distinguió la historia de los judíos italianos de la del resto de Europa fue la larga coexistencia entre judíos y fascistas en la Italia de Mussolini. El fascismo italiano estuvo en el poder durante dieciséis años antes de convertirse en antisemita en 1938. Hasta entonces, los judíos eran tan proclives a ser miembros del partido fascista como otros italianos de mentalidad conservadora. Este hecho singular alteró la entera ecuación moral y existencial para los judíos de Italia).

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Mensajepor José Luis » Mar Ago 09, 2011 12:07 pm

¡Hola a todos!

Michele Sarfatti*, al explicar las carcaterísticas y los objetivos de las leyes raciales anti-judías en la Italia fascista durante 1938-43, comienza poniendo de relieve el cambio producido en el criterio del gran historiador George Mosse sobre la actitud de Mussolini hacia la cuestión judía.

En 1978, Mosse escribió: “En octubre de 1938 Mussolini había proclamado sus leyes raciales, que prohibían matrimonios mixtos y excluían a los judíos del servicio militar y de la tenencia de grandes tierras, pero él inmediatamente eximió de la ley a todos los judíos que habían tomado parte en la Primera Guerra Mundial o en el movimiento fascista. Más aún, el propio Mussolini sacó el eslogan: 'Discriminación y no persecución'. (…) Mussolini no era racista”.

Pero 21 años más tarde, Mosse enmendó su opinión escribiendo: “Hacia 1936 Mussolini había abrazado el racismo. (…) Nunca sabremos si el propio Mussolini se convirtió en un racista convencido, pero incrementó la severidad en el borrador de las leyes raciales que le había sido remitido. (…) Mussolini pudo haber abrazado el racismo por oportunismo (…), o para dar al fascismo un enemigo claramente definido (…), para dar una nueva causa a una joven generación”.

Dos años antes de este último escrito, Mosse había dicho en una entrevista con el Corriere della Sera que no estaba totalmente de acuerdo con Renzo De Felice, que había salido a la luz nuevo material sobre Mussolini, y que en el tiempo de las leyes raciales, Mussolini era entusiasta, no escéptico. Sarfatti afirma que, de hecho, el error de Mosse en 1978 fue confiar en el libro del gran historiador italiano De Felice publicado en 1961. Sarfatti dice que el fondo de la cuestión yace en un aspecto particular de las leyes anti-judías fascistas y el término discriminazione. En la jerga antisemita del fascismo italiano, sigue Sarfatti, una persona “discriminada” hacía referencia a un judío que era tratado mejor que otros judíos. Los judíos podían ser “discriminados” si habían adquirido “méritos” en tiempo de guerra, a través de la política, en los negocios, o en la cultura. Mosse escribió en 1978 que “Mussolini no era racista” porque creía que la “discriminación” significaba la exención total de la persecución y, por tanto, que Mussolini había decidido en 1938 perseguir solamente a algunos judíos, no a todos. Y Sarfatti admite que semejante persecución no puede ser tildada de racista.

Ahora bien, sigue Sarfatti, el documento aprobado el 6 de octubre de 1938 por el Gran Consiglio del Fascismo titulado “Dichiarazione sulla Razza” (“Declaración sobre la Raza”) decía que los judíos “discriminados” no sufrirían persecución, con la sola excepción de enseñar en las escuelas. Y en su libro, De Felici afirmó que toda la declaración tal cual había sido convertida en ley, sugiriendo que la ley había mantenido la aproximación no-racista establecida en la declaración.

Pero un examen más meticuloso revela, continúa Sarfatti, que las leyes fascistas de noviembre y diciembre de 1938 dictaban que los judíos “discriminados” también podían ser excluidos de todo empleo público, del servicio militar, del Partito Nazionale Fascista, de los bancos, etc. Las leyes anti-judías fascistas, concluye Sarfatti, tuvieron, pues, claramente una aproximación racista.

En la actualidad, continúa en Italia el debate sobre si las leyes raciales eran de naturaleza biológicamente racista o espiritualmente racista; es decir, si estaban basadas en la sangre o en rasgos inmateriales.

Sarfatti dice que para responder a esa pregunta hay que centrarse en una sección particular de la legislación que especificaba las personas a las que iba dirigidas. Y la evidencia es clara. Las leyes anti-judías italianas no estaban dirigidas a los judíos anti-fascistas o no-fascistas, ni solamente a personas que eran miembros de una comunidad judía: estaban dirigidas a todos los que eran calificados “de raza judía”. Aquellos definidos como “de raza judía” incluían a toda persona cuyos padres fueran ambos “de raza judía”, incluso si él o ella pertenecían a la fe cristiana. Es decir, lo anterior significaba que cualesquiera que fueran las elecciones religiosas o culturales, la gente no podía cambiar lo que sus padres les habían legado autmáticamente. Esto es indudablemente, afirma Sarfatti, racismo biológico, y no espiritual.

La “raza” de los padres venía determinada según la “raza” de sus propios padres, y así sucesivamente, remontándose en el tiempo hasta el momento en que ya no había actas de nacimiento, asumiéndose entonces que una persona perteneciente a la fe judía era automáticamente “de raza judía”. Este método es totalmente acientífico, pero el racismo siempre es acientífico, recalca Sarfatti. En los llamados “matrimonios racialmente mixtos”, la “raza” de los hijos venía determinada según sus acciones: si eran bautizados o pertenecían a una comunidad judía, si estaban casados con una persona “de raza judía” o con una “de raza aria”, etc. De nuevo, un método totalmente acientífico, pero ésta es la forma en que funciona la mentalidad racista. Siguiendo estos criterios, sigue Sarfatti, todos los que tenían tres abuelos clasificados como “de raza judía”, una minoría sustancial de lo que tenían dos abuelos clasificados como “de raza judía”, y una tenue minoría de los que tenían un abuelo clasificado como “de raza judía”, eran ellos mismos clasificados como “de raza judía”. El criterio biológico también se aplicaba a la gente que pertencía a la fe judía pero nacida de dos padres “arios”: eran invariablemente clasificados como siendo “de raza aria”.

*Michele Sarfatti, “Characteristics and Objectives of the Anti-Jewish Racial Laws in Fascist Italy, 1938–1943”, en Joshua D. Zimmerman, Jews in Italy under Fascist and Nazi Rule, 1922–1945 (Cambridge University Press, 2005), pp. 71-80.

Seguiré en otra ocasión.
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Mensajepor José Luis » Mar Ago 09, 2011 10:33 pm

¡Hola a todos!

En el terreno comparativo del contexto histórico, Sarfatti dice que de enero de 1933 a agosto de 1939 sólo las leyes anti-judías de la Alemania nazi y la Italia fascista eran del tipo biológicamente racista. Los otros tres países que aprobaron leyes anti-judías antes de la IIGM -Rumania, Hungría y Eslovaquia- tuvieron en cuenta la ciudadanía original de los judíos o la fecha en que los hijos de dos padres judíos habían sido bautizados. Esto desmonta la asunción, sigue Sarfatti, de que, durante el periodo entre 1938 y el estallido de la IIGM, cuanto más débil era el país más rápido iba a importar el racismo biológico de Alemania. Y prueba que la aprobación de las leyes raciales por la Italia fascista en 1938 fue la decisión de un país fuerte actuando por sí mismo.

Sarfatti razona que una comparación cuidadosa de todas las leyes anti-judías promulgadas en varios países desde 1933 a 1945 saca a la luz numerosas aunque a veces menores diferencias que sugieren algunas consideraciones muy interesantes. Por ejemplo, el uso de la clasificación biológicamente racista (dos padres "de raza judía" producirán automáticamente un hijo "de raza judía"). En varios países (incluyendo, en algún aspecto, incluso la Alemania nazi) esta clasificación está siempre contenida en leyes tardías. Sólo en Italia aparece en el primerísimo grupo de leyes. Más aún, esta clasificación fue añadida en todas partes en relación con la prohibición de nuevos matrimonios racialmente mixtos, con la excepción de la Francia de Vichy, que en ningún momento prohibió tales matrimonios. Estas dos comparaciones muestran claramente que Mussolini había escogido la acción drástica y que su enfrentamiento con la Santa Sede fue enteramente de su propia decisión, sin que nadie la hubiera forzado.

Lo drástico del antisemitismo italiano fascista en 1938 también asoma de una comparación técnica entre la legislación de Berlín y Roma. En su conjunto, la primera era mucho más perseguidora que la última. Sin embargo, si analizamos las leyes anti-judías fascistas, sigue Sarfatti, entre septiembre y comienzos de noviembre de 1938, descubrimos que, incluso durante unas cuantas semanas, Mussolini fue un paso por delante de Hitler en algunas áreas de la legislación, como la exclusión general de alumnos judíos de las escuelas del estado, la expulsión de los judíos extranjeros del país, y las limitaciones impuestas por ley sobre la propiedad de empresas y propiedad real. En resumen, la Italia fascista actuó por sí misma.

Pero la violencia antisemita fascista nunca alcanzó el nivel de la nazi, aunque, al comparar los dos regímenes, no sólo se debe tener en cuenta la violencia anti-judía. La verdad del asunto, según Sarfatti, es que hacia la segunda mitad de la década de 1920 Mussolini estaba decidido a construir un sistema de gobierno basado en un duro control preventivo y represivo del estado, a medida que luchaba por el consentimiento entre la población, limitando la "violencia material" cuanto fuera posible. Hitler abrió el campo en Dachau y Mussolini envió a sus oponentes a Eboli. El nivel extremadamente bajo de la violencia antijudía fascista durante 1938-43 estaba en consonancia con esta política general.

Aunque entre 1938 y 1943 Italia no aprobó ley alguna que privara a los judíos italianos de su ciudadanía italiana, no se debe olvidar que los excluyó, de forma dramática y definitiva, de las fuerzas armadas, del partido fascista y de la vida entera de la nación. En otras palabras, significa Sarfatti, en 1938 llegaba a su fin la época histórica y nacional que había comenzado con el Risorgimento. El bisabuelo de Sarfatti, el historiador del arte Paolo D'Ancona, escribió en 1939: "De repente, todos mis esfuerzos como ciudadano y como académico han sido partidos: he sido expulsado del ejército, de mi cátedra [en la Universidad de Milán], incluso de las escuelas mediante [la prohibición de mis] libros de texto y debo mirar cómo todo lo que daba significado a mi vida está deshecho".

De 1938 a 1945, la Italia fascista estuvo decidida a eliminar a todos los judíos, italianos o extranjeros, del suelo italiano y de la sociedad italiana. Entre septiembre y noviembre de 1938 el gobierno prohibió a los judíos extranjeros entrar en el país con el propósito de conseguir la residencia y ordenó a todos los que se habían convertido en residentes de Italia después de 1918 que abandonaran el país en unos pocos meses. En agosto de 1939 se prohibió la entrada en Italia a los judíos de Europa central para obtener el soggiorno (residencia temporal) y, en mayo de 1940, incluso por tránsito.

Cuando entró en la guerra, el 10 de junio de 1940, el gobierno italiano decretó que todos los judíos extranjeros que todavía vivían en el país debían ser internados en pequeños pueblos y aldeas o incluso en auténticos campos de internamiento hasta el final de la guerra, momento en que debían ser expulsados. El gobierno también internó en varios pueblos, aldeas y campos italianos a algunos grupos de judíos que estaban en otros territorios italianos en el Mediterráneo. Si bien el internamiento era en sí mismo una medida antisemita, no hubo actos de violencia antisemita en los campos.

En lo concerniente a los judíos italianos, el gobierno intentó primero persuadirlos para que emigraran voluntariamente. También revocó la ciudadanía italiana a los judíos que se habían naturalizado después de 1918. En 1940-41 el gobierno comenzó a trabajar en una ley que expulsaría a los judíos italianos de una vez para siempre y comunicó oficialmente esta intención a la Unione delle Comunitá Israelitiche Italiane. Sin embargo, el plan pronto se dejó en suspenso, sin duda porque con la guerra extendiéndose a tantas áreas geográficas quedaban prácticamente nulas las posibilidades para la emigración.

De 1940 a 1943 se tomaron medidas que también extendieron el internamiento y el trabajo forzado a los judíos italianos. Con los años y las derrotas militares continuadas las medidas se volvieron más drásticas y persecutorias. Entre finales de 1942 y principios de 1943, Roma alcanzó un acuerdo con Berlín (similar a los alcanzados por muchas otras capitales europeas, ya neutrales, ya simpatizantes con el Eje) para que los judíos italianos fueran repatriados de las áreas donde el Tercer Reich estaba entonces llevando a cabo su política de exterminio de los judíos de Europa.

Continuaré en otra oportunidad.
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La Situación de los Judíos Italianos

Mensajepor José Luis » Jue Ago 11, 2011 10:05 am

¡Hola a todos!

La contribución de Liliana Picciotto al libro de Zimmerman versa sobre el tema explícito en el título de su artículo, "The Shoah in Italy: Its History and Characteristics", ya dentro del periodo de 1943-1945 y bajo la Repubblica Sociale Italiana (RSI), el nuevo estado fascista italiano, esta vez de corte republicano, que se fundó en la parte central y septentrional de Italia a raíz del golpe de 25 de julio de 1943 que apartó temporalmente a Mussolini del poder. En esa época había en Italia 39.907 judíos. La capital del nuevo estado fascista era Salò, en el lago Garda, con el liberado Mussolini como jefe de gobierno y Rudolf Rahn, plenipotenciario del Tercer Reich, como supervisor nazi.

A principios de septiembre de 1943 los judíos, tanto italianos como refugiados extranjeros, quedaron atrapados en el territorio de la RSI. Los 32.307 judíos que permanecían en la Italia central y septentrional quedaron a merced de la política de exterminio nazi y de la política anti-judía de la RSI, puesta en práctica un mes y medio más tarde. Se desató una especie de competición entre Alemania y la RSI sobre a quién de ambas pertenecía el derecho de reunir, encarcelar e internar a los judíos.

Se estima que unos 23.778 judíos se salvaron gracias a las buenas relaciones que mantenían con sus vecinos no-judíos y a la generosidad de la gente que les dio refugio y los alimentó, con buena parte perteneciente al clero. Pero durante los 20 meses que siguieron hasta el final de la guerra, la RSI y los nazis arrestaron a 8.529 judíos.

El 23 de septiembre de 1943, la RSHA nazi envió una directiva a todas sus sucursales locales decretando que los judíos que poseían ciudadanía italiana y estaban fuera de su país ya no quedaban exentos de la deportación. Se trata del primer documento probatorio de que la política de exterminio nazi llevada a cabo en Europa occidental desde la primavera de 1942 se extendía ahora también a los judíos italianos. De hecho, explica Picciotto, el tema de cómo tratar a los judíos italianos coincidió con los planes alemanes para invadir Italia, planes que se remontan a mayo de 1943. Fue por esa época cuando Adolf Eichmann pidió a su asesor legal, Friedrich Bosshammer, que le remitiera informes y se comunicara con el ministerio de asuntos exteriores alemán para tratar ese asunto.

Al igual que en el resto de los países ocupados por los nazis, las oficinas locales de la RSHA se hicieron cargo de la represión anti-judía en territorio de la RSI. Karl Wolff se instaló en Gardone como comandante supremo de la SS y la policía (Höchster SS- und Polizei-Führer, Hst.SSPF), y Wilhelm Harster en Verona como jefe de la policía de seguridad (Sipo-SD), el departamento más importante de la policía alemana (Befehlshaber der Sipo-SD, BdS), que, a principios de octubre de 1943, establecería una red de agencias de policía de seguridad locales en Italia.

Italia había perdido sus regiones meridionales, liberadas por los aliados, pero también perdió, como confiscación, parte de sus regiones nororientales a favor de los alemanes, quienes llamaron a esos territorios Alpenvorland y Adriatisches Küstenland. Aquí se establecieron dos gobernadores, un departamento independiente de la RSHA, y se nombró HSSPF a Odilo Globocnik, quien previamente había realizado "con éxito" la Aktion Reinhard en Polonia.

Picciotto dice que, antes de completar la organización para la puesta en práctica de su política de exterminio, los alemanes llevaron a cabo masacres en los primeros meses de su ocupación en Italia. Matiza que estas acciones no pueden ser consideradas como parte de la clásica política de exterminio, siendo en cambio acciones relacionadas con el curso de la guerra y con el desarme del ejército italiano por la Wehrmacht. Me permito añadir un contra-matiz: en mi opinión, eso no es enteramente cierto. Algunas de esas masacres pueden, sin duda, ser acciones ilegales (crímenes de guerra) íntimamente relacionadas con el curso y avatares de la guerra; pero las más fueron, no me cabe la menor duda, la consecuencia lógica de la propaganda ideológica y de las previas matanzas indiscriminadas decretadas por la política racial nazi. Es un gran error de perspectiva, a mi juicio, la manera en que no pocos historiadores (y no sólo militares) pretenden presentar la guerra nazi, por una parte, y la política de exterminio nazi, por la otra. Ambos asuntos, tengo para mí, estaban inexorablemente unidos: sin guerra, la política de exterminio nazi era inviable.

Sea como fuere, Piccioto cita algunos ejemplos de arrestos y masacres alemanas: la matanza de 54 refugiados en hoteles y casas particulares en el Lago Maggiore (15-23 de septiembre de 1943); la redada de hasta 328 judíos extranjeros que desde St. Martin-de-Vesubie en Francia habían cruzado a pie los Alpes y habían llegado a los valles alrededor de Cuneo (18 de septiembre de 1943); el arresto, diez días más tarde, de 24 judíos residentes de Cuneo que fueron liberados más tarde; la redada en septiembre de judíos internados en la región de Marche (Italia central, en las provincias de Ascoli Piceno, Macerata y Chieti); y la solicitud por parte de varios mandos militares alemanes para que los prefectos les entregaran las listas de residentes judíos. Sin embargo, la persecución organizada comenzó más tarde, en octubre de 1943, primero con una unidad enviada desde Berlín especialmente para este propósito, y luego con una oficina permanente ubicada en el Cuartel General del Mando Central de la Sipo-SD en Verona.

Ya seguiremos.
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Mensajepor José Luis » Vie Ago 12, 2011 9:42 am

¡Hola a todos!

La unidad volante enviada desde Berlín estuvo operativa desde principios de octubre hasta la Nochebuena de 1943. Era un equipo de unos 10 hombres bajo el mando del capitán de la SS Dannecker, y su labor consistió en planificar y ejecutar redadas de judíos en todas las principales ciudades italianas, comenzando en el sur y siguiendo en el norte. La redada más temible tuvo lugar de forma inesperada en Roma el 16 de octubre de 1943, cuando se cogieron a más de mil víctimas en poco más de medio día. Hasta hace poco se creyó que esta redada estuvo de alguna forma unida a la importancia de Roma como capital del país y que fue una especie de acción ejemplar como gesto de advertencia y amenaza hacia los dirigentes italianos. Pero el reciente descubrimiento de un documento en la Administración de Registros y Archivos Nacionales de Washington sugiere una interpretación completamente diferente. Fechado el 6 de octubre de 1943 y enviado por Kappler, el jefe de la policía alemana en Roma, a su jefe Karl Wolff, el documento reza: "La RSHA ha enviado al capitán Dannecker para capturar a todos los judíos en una operación relámpago y para enviarlos a todos a Alemania. Debido al ambiente general en la ciudad y a la impredecible situación, esta operación no se puede llevar a cabo en Nápoles. Los arreglos hechos por esta oficina para la operación en Roma se han concluido ahora". El documento revela dos hechos nuevos: (1) que los judíos italianos estaban destinados para Alemania y no para Polonia, y (2) que Nápoles, y no Roma, era el lugar deseado para la primera operación anti-judía.

Picciotto quiere dejar claro este punto. Como es sabido, dice, el destino para los judíos de la Europa occidental en septiembre de 1943 era, al margen de unos cuantos casos diplomáticos excepcionales, uno y sólo uno: el campo de Auschwitz-Birkenau. El hecho de que originalmente se pretendiera enviar a los judíos de Roma a Alemania sólo puede significar una cosa: que no estaban destinados para un campo de exterminio sino a uno de concentración con un duro régimen. De hecho, un documento posterior, fechado el 9 de octubre, dirigido por el ministerio de exteriores a Eitel Friedrich Möllhausen, el cónsul alemán en Roma, menciona Mauthausen. Esto viene a confirmar que el destino original de los judíos romanos era muy probablemente Mauthausen. Picciotto dice: "La elección de un campo de concentración, como opuesta a uno de exterminio, fue tomada probablemente en consideración al lugar donde iba a tener lugar la redada: Roma, el barrio judío, casi al lado del Vaticano. Sólo más tarde, viendo que no había reacción alguna por parte del Vaticano, el transporte -que salió de la Stazione Tiburtina, una estación de ferrocarril menor de Roma, el 18 de octubre- cambió su destino para Auschwitz y el exterminio".

Aunque no tengo por costumbre dar mi opinión cuando expongo resúmenes de artículos de historiadores, con Picciotto he de hacerlo por segunda vez. La frase que he citado textualmente, el entrecomillado, es una conclusión de la autora que no viene sustentada por ningún tipo de fuente; no es que salga yo, precisamente yo, en defensa del Vaticano, pero tal como presenta Picciotto su interpretación, pareciera que el destino de esos desgraciados judíos italianos estuviera en las manos de la Santa Sede y no en las de los asesinos nazis. Que en el Vaticano no se esforzaron, en el grado esperado en una institución de tan peculiar naturaleza, en la defensa de los judíos romanos, y dentro de ahí especialmente el Papa, parece un hecho irrefutable; que la suerte final de los judíos romanos (y de los judíos europeos) dependiera del Vaticano, es una tergiversación de la realidad.

Mañana o pasado continúo con el resumen del artículo de Picciotto.
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Mensajepor José Luis » Lun Ago 15, 2011 1:49 pm

¡Hola a todos!

La redada en Roma siguió el método ya empleado en la redada en París en julio de 1942 durante el "rafle du Velodrome d'Hiver", también a cargo de Dannecker. Roma fue dividida en sectores de acuerdo a la ubicación de las casas judías; se realizaron registros casa por casa mientras los camiones esperaban en las calles; un montón de gente fue detenida durante docenas de horas en alguna área cerrada y, finalmente, la partida inmediata hacia Auschwitz.

El tren con los judíos de Roma llegó a Auschwitz-Birkenau la noche del 22 de octubre de 1943, permaneciendo cerrado hasta la mañana siguiente. Tras un viaje deprimente por la presencia de varias docenas de niños de todas las edades, torturados por la fatiga, el hambre, la sed, la mugre y el hedor de cuerpos confinados en un espacio reducido durante cinco días y cinco noches, estos judíos deportados fueron sujetos a una selección el 23 de octubre. El 89 por ciento fue destinado a las cámaras de gas, un porcentaje inusualmente elevado, debido probablemente a la epidemia de tifus existente en esa época en Auschwitz. De los 1.020 deportados que llegaron de Roma el 22 de octubre, sólo 149 hombres y 47 mujeres pasaron la selección y fueron admitidos en el campo.

Tras realizar ese "trabajo" en Roma, la unidad volante de Dannecker se trasladó al norte para llevar a cabo otras redadas similares en todas las grandes ciudades del país, como Génova (3 de noviembre), Montecatini y Siena (5 de noviembre), Florencia (6 y 26 de noviembre), y Bolonia (7 de noviembre y días siguientes). Debido al reducido número de hombres de la unidad, Dannecker tuvo que solicitar la colaboración de la policía local italiana. Un nuevo transporte de deportados salió de Florencia el 9 de noviembre de 1943, esta vez con la operación a cargo de Alvin Eisenkolb, el segundo de Dannecker, debido a una indisposición de éste. El transporte se detuvo en Bolonia para cargar más prisioneros y llegó a Auschwitz el 14 de noviembre; tras la selección llevada a cabo, se admitió en el campo a 13 hombres y 94 mujeres.

Tras más redadas en Milán, en el norte de Italia y en la frontera italo-suiza, los nazis organizaron otro transporte que partió desde la cárcel de San Vittore de Milán el 6 de diciembre de 1943 y llegó a Auschwitz el 12 de enero de 1944. A finales de diciembre de 1943 se consideró terminada la tarea de la unidad de Dannecker.

Seguiremos.
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Mensajepor José Luis » Mar Ago 16, 2011 8:57 am

¡Hola a todos!

El 14 de noviembre de 1943 se celebró una asamblea del Partito Fascista Repubblicano en la que se estableció, en 18 puntos, la política general del nuevo estado y del nuevo régimen. La cuestión judía se fijó en el punto 7, que rezaba: "Las personas pertenecientes a la raza judía son extranjeros, y durante esta guerra pertenecen a una nacionalidad enemiga".

El 30 de noviembre de 1943, el ministro de interior emitió la Orden de Policía núm. 5, la cual disponía que todos los judíos, tanto italianos como extranjeros, tenían que ser arrestados e internados, mientras que sus propiedades debían ser confiscadas. Los judíos debían ser internados en un gran campo nacional todavía por elegir, así que mientras tanto todos los judíos arrestados por la policía italiana debían ser agrupados en pequeños campos locales exclusivamente para judíos. La investigación hasta la fecha (de la publicación del artículo de Picciotto) ha revelado lugares e información de 30 campos. Los detenidos eran custodiados por la policía italiana y luego enviados a Milán, a la cárcel de San Vittore. El 30 de enero de 1944 la policía alemana embarcó al menos a 605 judíos en un transporte abarrotado con destino a Auschwitz. Salvo 128 de ellos que fueron admitidos en el campo, tras la selección, el resto fue asesinado inmediatamente en las cámaras de gas.

La Orden núm. 5 significó que durante los siguientes meses a su publicación las capturas de judíos fueron realizadas directamente por la Questure, destacamentos de la policía provincial de la RSI, tras meticulosas búsquedas casa por casa. Fue el comienzo de una nueva y terrible etapa pues los oficiales de la policía italiana conocían las direcciones de todo el mundo del censo y los chequeos llevados a cabo por el antiguo régimen fascista bajo la monarquía. Además, el nuevo gobierno italiano de la RSI puso toda la fuerza de su aparato al servicio de la persecución anti-judía. A tal fin se involucró el Ministerio de Asuntos Interiores mediante su Direzione Generale per la Demografia e la Razza y toda su estructura jerárquica: prefectos (que eran los más altos funcionarios gubernamentales a nivel provincial), Questori (jefes de la policía provincial), y Commissariati di Pubblica Sicurezza (estaciones de policía de distrito). También se involucraron el Ministerio de Finanzas, el de Justicia, el de Educación Nacional, el de Cultura Popular, y las jefaturas de distrito de los Carabinieri.

El trato dado a las víctimas fue desigual. El menos severo se garantizó a los judíos mayores de setenta años, a los que estaban gravemente enfermos, y a los hijos de matrimonios mixtos siempre que se hubieran convertido antes del 1 de octubre de 1938. Pero estas excepciones de la ley italiana no tenían validez para los nazis; además, los decretos italianos de 30 de noviembre y 10 de diciembre crearon una cierta ambigüedad y discrepancia en contraste con los decretos alemanes relativos al tratamiento de los judíos. Así que surgieron conflictos entra las policías de ambos países en los casos siguientes: (1) judíos mayores de setenta años de edad, (2) judíos gravemente enfermos, (3) hijos de matrimonios mixtos bautizados antes de octubre de 1938, (4) hijos de matrimonios mixtos no bautizados, y (5) judíos casados con no-judíos. Según los italianos, los judíos que entraban en los casos 1, 2 y 3 no debían ser arrestados; los del caso 4 debían ser arrestados, mientras que no estaba clara la solución para el caso 5.

Según los alemanes, los judíos del caso 5 podían permanecer en libertad, los del 1 y 2 debían ser arrestados, mientras que había ciertas discrepancias en los casos 3 y 4, discrepancias derivadas de los diferentes principios en que alemanes e italianos determinaron la cuestión de la raza. Según la ley alemana, era judío quien tenía tres abuelos judíos. El judío mixto que sólo tenía dos abuelos judíos debía ser considerado judío bajo las siguientes condiciones: (1) si estaba registrado en la comunidad judía antes de las leyes de Nuremberg, o si había entrado más tarde; (2) estaba casado con un judío en el momento de las leyes o después; (3) era fruto de un matrimonio entre un ario y un judío, matrimonio que sería ilegal bajo las leyes de Nuremberg; y (4) era frunto de una relación extramatrimonial con un judío fuera del matrimonio después del 31 de julio de 1936.

Según los italianos, era judío quien hubiera nacido de padres judíos. Si sólo había un padre judío, entonces debía considerarse judío bajo las siguientes circunstancias: (1) la persona nacida de un padre judío y un padre extranjero; (2) la nacida de una madre judía y un padre desconocido o (3) la que había decidido practicar el judaísmo, estaba registrada en la comunidad judía y no había sido bautizada antes del 1 de octubre de 1938.

Esta discrepancia creó una situación caótica, afirma Picciotto, pues quienes estaban realmente a salvo bajo la ley italiana estaban en peligro bajo la ley alemana, y viceversa.

Las razones que había detrás de la orden de 30 de noviembre de las autoridades italianas yacían en la sutil interacción dada entre ocupante y ocupado -un país antiguamente aliado- en la que cada país intentaba afirmar su soberanía. A los gobernantes fascistas la cuestión anti-judía les pareció el punto perfecto para afirmar una autoridad que eran incapaces de mantener en otros asuntos.

El campo que se escogió finalmente para el internamiento de todos los judíos arrestados en territorio de la RSI fue el antiguo campo de prisioneros de guerra de Fossoli di Carpi (cerca de Módena). Este campo, abierto el 5 de diciembre de 1943, ya contaba con barracones adecuados y estaba convenientemente situado cerca de un nudo ferroviario que conectaba norte y sur. Con el establecimiento de los campos provinciales y luego éste de Fossoli, Italia entró en una nueva fase y se involucró directamente en la persecución de los judíos. Hasta la Orden núm. 5 de 30 de noviembre de 1943 habían sido Dannecker y sus hombres quienes había realizado las redadas, con la policía italiana jugando sólo un papel de asistencia. Pero ahora los italianos actuaban de propia iniciativa, siendo los arrestos, internamientos y confiscación de propiedades el resultado de una política específica del régimen fascista de la República de Salò.

En la siguiente intervención remataré este resumen del artículo de Picciotto.
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La Situación de los Judíos Italianos

Mensajepor José Luis » Mié Ago 17, 2011 8:13 am

¡Hola a todos!

El 4 de diciembre de 1943 tuvo lugar una reunión entre funcionarios del ministerio de exteriores alemán y de la RSHA involucrados en asuntos italianos. Eberhard von Thadden representó al ministerio, y Dannecker y Bosshammer, ambos de la oficina de Eichmann, a la RSHA. Las actas de este encuentro muestran los planes alemanes con respecto al tratamiento de los judíos y lo que opinaban respecto del liderazgo italiano; no estaban contentos con los resultados que habían arrojado las redadas, que habían llevado demasiado tiempo, permitiendo así que muchos judíos italianos pudieran esconderse. También lamentaron la escasez de personal alemán, circunstancia que impidió una búsqueda de judíos más exhaustiva por pueblos y aldeas. Sin embargo, la situación mejoraba ahora con la nueva legislación del gobierno italiano con respecto a los judíos italianos. El plenipotenciario Rudolf Rahn recibió instrucciones para trasladar al gobierno italiano la satisfacción del gobierno alemán con la orden italiana de arrestar e internar a todos los judíos italianos. Los hombres de Dannecker fueron puestos como asesores a disposición del gobierno italiano.

Las deportaciones en el campo de Fossoli comenzaron el 22 de febrero de 1944 y siguieron nueve transportes más antes de evacuar el campo el 1 de agosto de 1944 debido al avance de los aliados desde el sur. Se levantó un nuevo campo más al norte, cerca de Bolzano en la Alpenvorland, desde donde partieron tres transportes más.

En la Adriatisches Küstenland, la persecución anti-judía siguió un curso similar al Alpenvorland. No había prácticamente autoridad política italiana en este territorio y los arrestos fueron hechos por la policía alemana sin ayuda de la policía italiana. Las primeras redadas del otoño de 1943 fueron llevadas a cabo por el departamento anti-judío especial de la Gestapo de Trieste. A partir de diciembre asumió esas tareas una unidad especial compuesta por hombres que habían trabajado con Globocnik en la Aktion Reinhard en Polonia y que habían sido transferidos a Trieste. Los judíos arrestados en Fiume, Trieste y Padua, así como algunos de los arrestados en Venecia, estuvieron detenidos antes de su deportación en la Risiera di San Sabba, un campo trágicamente conocido por haber sido lugar de tortura y muerte de muchos anti-fascistas y partisanos. En su conjunto, la persecución anti-judía en la Küstenland causó más de mil víctimas.

En el conjunto de Italia hubo 8.529 víctimas de la Shoah: 6.806 fueron deportadas, 322 murieron en Italia durante la detención cuando intentaban escapar o por suicidio, y 950 estaban desaparecidas tras la guerra.

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La Situación de los Judíos Italianos

Mensajepor Rubén. » Jue Ago 18, 2011 7:34 pm

Muy interesante José Luis tu exposición y el debate entre unos autores y otros de dos puntos de vista entre el racismo biológico y espiritual.

Éstuve revisando el libro Crónica Militar y Política de la Segunda Guerra Mundial de la editorial Sarpe(1978), "En Roma como en Varsovia" (pág 1.274), en donde dice que durante la redada al Gueto de Roma un total de 252 personas son liberadas por ser cónyuges o hijos de matrimonios mixtos. No sé si esto se debería a una interpretación de los alemanes por sus leyes raciales o las italianas.

Rubén el Stuka.

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Re: La Situación de los Judíos Italianos

Mensajepor magnoliadeacero » Mié Ene 09, 2013 2:47 pm

hay una pelicula que no recuerdo bien su nombre que trata esta tematica es italiana se trata de soldados alemanes que entran a un hotel y fusilan a los judios alli presentes
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Re: La Situación de los Judíos Italianos

Mensajepor IsabelRosa » Mar Dic 03, 2013 1:53 am

Hola todos !
No osaría aportar dato alguna sobre el tema, perfectamente tratado, excepto comentar con uds. cierta experiencia que me fue transmitida de primera mano: mi padre , italiano y antifascista, vivió -con mucho sufrimiento personal - todo el período del fascismo y la Segunda guerra mundial en Italia.
Su familia era muy unida a la del diputado Matteotti, asesinado por los camisas negras por oponerse a Mussolini.
En Firenze conoció en aquellos tiempos a varios jóvenes de su edad, judíos, y me dijo que para los italianos no existía ningún problema con los hebreos (=ebrei ), ni siquiera los fascistas convencidos tenían un verdadero antisemitismo, aunque hubo excepciones.
Las regulaciones que Mussolini aceptó para satisfacer a Hitler eran muy raras veces cumplidas. Por ej., a un concurso de natación al cual no podían presentarse judíos, pues se presentaban igual y nadie manifestaba molestia alguna.
Sí es verdad que muchos años antes de las leyes antisemitas, muchos hebreos se habían afiliado al partido Fascista por su propia voluntad, por simpatía política, por el eterno tema de que imponían orden y evitaban el avance del comunismo, los trenes llegaban a tiempo, etc.
También coincide su relato con lo que afirma De Felice sobre la mayoría de los italianos : no se veía con simpatía al delator de hebreos , pues no estaba en la costumbre de la gente realizar ese tipo de acciones.
Siendo un fugitivo él mismo, mi padre conoció a varios hebreos italianos notables , uno de ellos el escritor de Ferrara, Giorgio Bassani, cuyo libro "El jardín de los Finzi-Contini " es una obra maestra.
La reacción de los italianos , al ser invadidos por las tropas alemanas, era evadir el servicio de trabajo obligatorio en las fábricas del Reich : simplemente porque no querían hacer nada por el Reich si esto implicaba mudarse y tener condiciones de vida lamentables.
Ni siquiera los fascistas se presentaban voluntarios para estos trabajos.
Cuando lograban atrapar a un buen grupo de italianos (hombres, nunca llevaron mujeres ) para trabajos frozados , las madres y esposas de los mismos hacían escenas en las estaciones de trenes, y no se las podía tocar, pues el Mando alemán había pactado con el Fascio que podían llevarse a la fuerza a los hombres pero debían respetar el sentimiento de las mujeres , así que no las podían correr a culatazos aunque les escupieran el rostro.
Además de Fossoli, muchos hebreos fueron alojados en hoteles de vacaciones, vacíos durante el invierno.
Muchos sobrevivieron pues los italianos los escondieron adonde pudieron. Esto se produjo cuando empezaron a correr rumores.
Sobre una política de exterminio se sabía poco y nada, pero algunos soldados italianos que habían regresado a casa tras ser heridos en el Frente del Este contaban las barbaridades que allí se realizaban, no sólo contra los judíos sino contra rusos, ucranianos, etc.
Recuerdo muchas anécdotas que me contó mi papá , sólo me permití compartir algunos conceptos .

Isabel


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