pub01.jpg

El Vaticano

Colaboracionismo, resistencia, vida cotidiana

Moderador: Francis Currey

Avatar de Usuario
Francis Currey
Administrador
Administrador
Mensajes: 3168
Registrado: Vie Jun 10, 2005 8:50 am
Ubicación: España
Contactar:

El Vaticano

Mensajepor Francis Currey » Lun Jul 11, 2005 5:12 am

Hitler quiso secuestrar al Papa Pío XII

El dictador alemán Adolf Hitler dio a sus generales la orden directa de secuestrar al Papa Pío XII durante la Segunda Guerra Mundial, pero los militares no le obedecieron.

El diario Avvenire, que pertenece a la Conferencia Italiana de Obispos Católicos, publicaba este sábado que habían aparecido nuevos detalles de la trama en documentos presentados ante el Vaticano para apoyar la santificación del pontífice.

Los detalles de las tramas para secuestrar al Papa durante la ocupación alemana de Italia ya habían sido señalados por algunos historiadores, pero sus circunstancias eran desconocidas hasta ahora.

Avvenire explica que Hitler temía que el Papa fuese un obstáculo para sus planes de una dominación mundial y además el dictador quería abolir el cristianismo e imponer el nacional socialismo como una especia de nueva religión global.

El periódico dice que uno de los complots, que fue denominado Operación Rabat, se había planeado originariamente para 1943 pero no se llevo a cabo ese año por razones sin especificar.

También recoge que en 1944, poco antes de que los alemanes se retirasen de Roma, el general de las SS Karl Friedrich Otto Wolff había recibido el encargo de Hitler de secuestrar al Papa.

De acuerdo con periódico, Wolff volvió a Roma después de una reunión con Hitler en Alemania y concertó una reunión secreta con el Papa. Wolff entró en el Vaticano con ropas de civil durante la noche gracias a la ayuda de un sacerdote.

El medio afirma que Wolff le contó al Papa las ordenes de Hitler y le aseguró que no tenía intenciones de secuestrarle, pero advirtió al pontífice de que tuviera cuidado "debido a que la situación (en Roma) era confusa y llena de riesgos".

El dictador de ideología fascista Benito Mussolini ya había caído y el gobierno del norte de Italia volvía a ser una marioneta de Alemania.

La ocupación alemana de Roma se produjo en estos días. Las fuerzas aliadas fueron avanzando en la capital, que fue liberada el 5 de junio de 1944.

Para probar las buenas intenciones de Wolff, Pío XII le pidió la liberación de dos líderes italianos de la resistencia que habían sido condenados a muerte. Wolff lo organizó todo para que fuesen liberados, dijo el periódico

Fuente: Diario Avvenire

Avatar de Usuario
Erich Hartmann
Miembro fundador
Miembro fundador
Mensajes: 3646
Registrado: Lun Jun 13, 2005 4:15 am
Ubicación: Deutsches Reich
Contactar:

Mensajepor Erich Hartmann » Lun Jun 26, 2006 12:27 am

Bueno, tras leer la información del sr. Currey me he acordado de que tengo algún texto interesante sobre el tema de una fuente ya por muchos conocida, la Crónica Militar y política de la Segunda Guerra Mundial, editada por SARPE, 4º tomo, págs. 1429-1436. Espero que sean de su agrado.

La diplomacia del Vaticano

Tras la redada del ghetto de Roma, y fuera de la Matanza de la Fosas Ardeatinas, el vaticano calla. ¿Por qué?

¿Por qué no protestó contra los crímenes realizados por lo nazis?¿Por qué razón calló cuando los judíos de Roma fueron deportados en masa a campos de exterminio?¿Por qué sólo intervino el Vaticano tras la Matanza de las Fosas Ardeatinas? Estas preguntas pueden tener ya una respuesta definitiva.

Personajes autorizados han tratado de explicar estos silencio y han dicho que Pío XII fue obligado a callar por la amenaza de una represalia contra él, contra la curia y contra la propia ciudad de Roma. Pablo VI, que estuvo muy cerca de él durante aquellos años, comentó: "Una declaración de protesta y de condena habría sido no sólo inútil, sino perjudicial; esta es la pura verdad de la cuestión".

No existe ninguna duda que Hitler no habría vacilado en saquear Roma y deportar al Pontífice. Se trata de ver, tan sólo, que esta amenaza existió. Estos son los hechos:

26 de julio de 1943. En la Wolfsschanze (la guarida del lobo), Cuartel General del Führer en Prusia oriental, Hitler convoca a sus colaboradores para decidir las medidas a tomar contra Italia después del arresto de Mussolini, que había tenido lugar un día antes. Tras haber impartido las disposiciones de la denominada "Operación Alarico", Hitler se ocupó también del Vaticano, como se desprende de la sesión estenográfica de la sesión:

HITLER: Además de las tropas que ya han llegado a Roma, hay que desplazar a aquella zona los destacamentos de la 26 División acorazada.

HEWELL (representante del ministro de Asuntos Exteriores, Von Ribbentrop): ¿No sería necesario añadir que deben ser tomadas las calles de acceso al Vaticano?

HITLER: Es indiferente. Puedo entrar rápidamente incluso en el Vaticano. ¿Cree que me preocupa el Vaticano? A ése (Pío XII) hay que empaquetarlo en seguida. Además, allí dentro está el cuerpo diplomático en pleno. No me importa nada. La chusma está allí: nosotros llegamos y sacamos a toda esa sucia canalla. ¿Qué hay de malo? Después nos excusamos del hecho consumado. Estamos en guerra...

CORONEL BODENSCHATZ: Nuestros enemigos están allí y piensan que están seguros.

HEWELL: ¿Podremos encontrar también algún documento?

HITLER: ¿Allí? Seguro. Encontraremos documentos sobre esta traición.

2 de agosto de 1943. El almirante Wilhelm Canaris, jefe del contraespionaje alemán, se entrevista con su colega italiano, el general Cesare Amé. En esta conversación secreta, Canaris revela a Amé los proyectos alemanes referentes a Italia para que "ponga en alerta a Badoglio". Después añade: "Hitler tiene intención de arrestar al Rey, al príncipe heredero e, incluso, al Papa".

La idea de sujetar de alguna manera al Papa no era nueva en los ambientes nazis. Hitler, que había tenido simpatía por el Pontífice (en 1919, el entonces monseñor Eugenio Pacelli, nuncio apostólico en Munich, había detenido a una multitud de manifestantes ante la sede de un movimiento nazi, dando muestras, decía Hitler, de gran valor. Y más tarde, a la muerte de Pío XI, Hitler había dicho que si él, siendo alemán, hubiese tenido que elegir al nuevo Papa, habría elegido a Pacelli), desde hacia tiempo había modificado considerablemente su opinión. Ahora, en realidad, consideraba al Papa como a un enemigo y no hay duda de que en algún momento auspició su liquidación.


Saludos cordiales
Última edición por Erich Hartmann el Lun Jun 26, 2006 2:27 am, editado 1 vez en total.

Avatar de Usuario
Erich Hartmann
Miembro fundador
Miembro fundador
Mensajes: 3646
Registrado: Lun Jun 13, 2005 4:15 am
Ubicación: Deutsches Reich
Contactar:

Mensajepor Erich Hartmann » Lun Jun 26, 2006 1:09 am

Bombas sobre el Vaticano

De todas maneras, es imposible creer que haya sido la capacidad de persuasión del afable embajador Weizsäcker a que indujo a Pío XII a guardar silencio. Las auténticas razones no podían ser reveladas en un documento oficial.

5 de noviembre de 1943. Durante la noche, un avión desconocido sobrevuela el Vaticano, dejando caer cuatro bombas. Tan sólo una víctima: un panadero. El hecho asusta a la curia. Se sabe que esa noche ningún avión aliado ha sobrevolado la capital italiana. En el Vaticano existen razones de peso para creer que el que ha arrojado las bombas ha sido un avión alemán o republicano. Se formulan diversas hipótesis:

1) La Santa Sede la han bombardeado los fascistas, por venganza.

2) El bombardeo ha sido organizado por la propaganda nazi-fascista, para explotar este hecho como acusación contra los aliados.

3) Se trata de una advertencia nazi para que la curia mantenga su silencio.

4) Ha sido una estratagema para alejar al Papa de Roma, con el pretexto de que su persona se encuentra en peligro.

Todavía hoy todas estas hipótesis son válidas.

En los meses posteriores, el Vaticano continúa siendo vigilado estrechamente por los alemanes. En diciembre, Kaltenbrunner, jefe de los servidos de seguridad del Reich, consigue introducir cerca de Pío XII a uno de sus agentes, con la excusa de ser un enviado del cardenal alemán Bertram.

Veamos algunos párrafos del informe del agente, informe que Kaltenbrunner transmitió a Hitler.

"El Papa ha negado rotundamente que la Santa Sede estuviese implicada en la caída de Mussolini y ha declarado que los acontecimientos que han tenido lugar en Roma les ha sorprendido lo mismo que al resto de los romanos. El Papa ha hecho saber de forma inmediata que no está de acuerdo con el gobierno de Badoglio (el de Bari) y en especial con la negativa del Rey a renunciar al trono. Ha subrayado que la situación escora cada vez más a la izquierda, sobre todo en la Italia meridional, y ha declarado textualmente: 'Hemos constatado con viva inquietud que la influencia de los masones es cada vez más fuerte en el nuevo orden del sur de Italia, y que el comunismo se propaga por toda Italia y se infiltra en la propia Roma. Nos llegan alarmantes noticias de Bolonia, Milán, Turín y Génova. Nos tememos lo peor, en caso que Alemania se vea obligada a evacuar estas regiones'".

"Es cierto —añade— que a la Iglesia le preocupan ciertas acciones del nazismo, pero siempre ha prestado su apoyo, y hoy lo sigue prestando, por la paz en el interés de los pueblos, y al suscribir el Concordato ha demostrado su deseo de llegar a un entendimiento con el nacionalsocialismo, si bien, hasta ahora, no ha podido constatar que la otra parte (el Reich) desee verdaderamente adoptar una nueva actitud en relación con la Iglesia. Por otra parte, ciertos 'crímenes' de los nazis, como la esterilización, la eutanasia, etc. (con este etcétera, Kaltenbrunner se refería, sin duda, a los genocidios, los campos de exterminio, los hornos crematorios y cosas por el estilo), hacen difícil que el Papa se acerque más al nacionalsocialismo".

Y así, entre intercambio de cortesías formales y disimulos recíprocos (no se sabe, por ejemplo, si Pío XII ignoraba o no que el enviado del cardenal Bertram era un agente de la Gestapo, lo cual condicionaría el significado de sus confidencias), en el Vaticano se vivieron días tormentosos.

Durante la ocupación, la Iglesia hizo lo que pudo para ayudar a los perseguidos, independientemente de su raza o su religión. Sin embargo, no se alzó en la Santa Sede ninguna voz que denunciase la violencia nazi. Sólo se rompió brevemente el silencio vaticano el 24 de marzo de 1944, cuando la matanza de las Posas Ardeatinas.

Por lo que respecta al exterminio efectuado a toda prisa por el mayor Kappler, existen, sin embargo, ciertas dudas sobre la posibilidad de que el Papa hubiese sido informado de ello con anterioridad. El coronel Dollmann cuenta que aquella tarde hizo todo lo posible para llegar hasta el Papa, para informarle e inducirle a intervenir. Pero no lo consiguió. "No sabía —dijo Dollmann— qué se proponía realmente el mayor Kappler. Ni siquiera estaba enterado de que todo se llevaría a cabo en pocas horas. La tarde del 23 de marzo de 1944 fui al Vaticano y pedí al padre Pfeiffer que comunicase al Santo Padre que las SS estaban preparando algo terrible. Pero no sé si el padre Pfeiffer llevó aquella misma tarde mi mensaje al Papa".

El padre Pfeiffer murió en un accidente de tráfico poco después de finalizar la guerra. Con su muerte desapareció el único testigo que podía decir si el Papa estaba informado de cuanto había de suceder, al día siguiente, en el lugar del "Quo Vadis?".

Los silencios del Papa estaban, por lo tanto, sujetos a muchas interrogantes. Para justificarlos, había que encontrar la prueba definitiva que demostrase que fueron provocados por causas de fuerza mayor, tal como la confirmación de que el plan contra el Vaticano era una realidad, y no el fruto de un rumor incontrolado e interesado.

Se sabe, por ejemplo, que el tribunal aliado de Nuremberg, encargado de juzgar los crímenes nazis, no tuvo en cuenta este punto, por considerarlo improbable. En aquella ocasión, cuando el embajador Weizsäcker, para defenderse, afirmó que era "uno de los pocos alemanes que habían impedido el rapto del Papa", fue silenciado por el fiscal americano Robert Kempner con estas palabras: "Usted sabe perfectamente que este plan es, sencillamente, un truco urdido por unos pocos, a fin de obtener ciertas ventajas diciendo que han salvado al Papa". Y del Papa Pacelli no volvió a hablarse más en el proceso de Nuremberg.

Recientemente, también el jesuita Robert A. Graham, tras una documentada investigación para "Civitá Cattolica", ha admitido que existen varios puntos oscuros y que no contamos con "pruebas sólidas y documentadas de que la amenaza, si es que existió, llegase al punto de ser un plan concreto o, al menos, una orden que condujera a la elaboración de un plan". El siguiente capitulo muestra, sin embargo, que la amenaza era cierta.


Saludos cordiales

Avatar de Usuario
Erich Hartmann
Miembro fundador
Miembro fundador
Mensajes: 3646
Registrado: Lun Jun 13, 2005 4:15 am
Ubicación: Deutsches Reich
Contactar:

Mensajepor Erich Hartmann » Mar Jun 27, 2006 2:26 am

iRAPTAD AL PAPA!

Entrevista exclusiva con el comandante de las SS en Italia, el general KarI Wolff. Cómo se burló la orden de Hitler.

El general KarI Wolff, comandante de las SS en Italia desde septiembre de 1943 hasta el final de la guerra, asegura que realmente existía una orden de Hitler para capturar y deportar al Papa Pío XII.

En relación con este tema ha redactado la siguiente declaración jurada que publicamos a continuación. Sin embargo, antes trataremos de conocer mejor a este personaje que, durante casi dos años, fue el "amo" de Italia.

Karl Friedrich Otto Wolff nació en 1900. Alto, rubio, con la perfección física que se atribuye generalmente al tipo de ario puro, se adhirió muy joven al nazismo. Tras entrar en las SS, hizo en ellas una brillante carrera llegando finalmente a ser el Jefe de Estado Mayor de Himmler y, en la práctica, su delfín. De 1939 a 1943 fue el oficial de enlace entre Himmler y Hitler. Amigo de Goering, participaba con frecuencia en las cacerías que organizaba el jefe de la Luftwaffe y mariscal del Reich. En cierta ocasión, durante el invierno de 1942, viéndolo entre una montaña de cabras monteses abatidas por él, Hitler le dijo: "¡Lástima que no se pueda utilizar su habilidad contra los partisanos rusos!".

Todos rieron la broma, que, por otro lado, era un poco extraña ya que Hitler casi nunca se mostraba ocurrente. Wolff, para no ser menos, se limitó a sonreír. Desde Rusia hizo deportar numerosos convoyes de judíos, destinados al campo de exterminio de Treblinka, parece que a sabiendas de las actividades de Eichmann.

El 26 de julio de 1943, tras la caída de Mussolini, fue encargado por Hitler de formar y organizar en Munich un contingente de SS para trasladar a Italia en el momento oportuno. El 9 de septiembre de 1943 pasaría a dicho país, como Comandante Supremo de las SS en Italia.

Desde entonces, hasta el final de la guerra fue el auténtico dueño de la nación italiana. Fue él, por ejemplo, quien decidió que Saló fuese la capital de la República Social Italiana, ya que le resultaba más cómodo, dado que su propio mando se hallaba en Verona. El 10 de mayo de 1944, pocas semanas antes de la liberación de Roma, mantuvo una conversación secreta con Pío XII, preparada por el coronel Eugen Dollmann y por algunos prelados alemanes. En el curso de aquella conversación Wolf no hizo ninguna alusión al proyecto de Hitler de deportar al Pontífice. Por el contrario, se habló de la situación política, y a raíz de aquel encuentro Wolff decidió cambiar su orientación política. Fue a partir de entonces, realmente, cuando comenzó a establecer contactos con los aliados, de forma secreta, contactos que harían de él el protagonista de la rendición de los ejércitos alemanes en Italia. Al presentarse ante el Pontífice, debido a la fuerza de la costumbre, Wolff profirió un seco saludo nazi, que hizo dar un respingo a Pío XII. Al advertir el general la indelicadeza de su gesto reflejo, pidió perdón con una reverencia al Sumo Pontífice.

Sus negociaciones secretas con Allen Dulles, jefe de los servicios secretos americanos, le valieron la impunidad una vez finalizada la guerra. Sin embargo, fue arrestado por sus compatriotas, primero en 1949 y, posteriormente, en 1963, pero tuvo suerte, porque no permaneció en prisión más que un par de años.


Saludos cordiales

Avatar de Usuario
Erich Hartmann
Miembro fundador
Miembro fundador
Mensajes: 3646
Registrado: Lun Jun 13, 2005 4:15 am
Ubicación: Deutsches Reich
Contactar:

Mensajepor Erich Hartmann » Mar Jun 27, 2006 2:36 am

Habla Wolff

Imagen

Karl Wolff junto a Benito Mussolini

Este es el texto de la declaración que el general Karl Wolff hizo bajo juramento:

"Inmediatamente después de la noticia de la ruptura por parte de Italia de la alianza militar con Alemania, fui ascendido, por orden de Hitler, al grado de SS Obergruppenführer, es decir, comandante Supremo de las SS y de la policía que estaba en Italia y general de las Waffen SS. Cuando atravesé la frontera por el Brénnero, el 9 de septiembre de 1943, tenía instrucciones que se referían a la organización de mis fuerzas en Italia, así como a todo lo que pudiese favorecer mi actuación dentro de la turbulenta situación italiana. Sin embargo, no había recibido ninguna orden que hiciese mención de una posible intervención contra el Vaticano. Dos o tres días después fui nuevamente llamado de Alemania. Regresé, en un vuelo nocturno, a Prusia oriental y me presenté en el puesto de mando de campaña de Himmler. Este me puso al corriente de que Hitler me esperaba para darme personalmente una orden urgente en relación con una misión secreta extremadamente importante: la ocupación del Vaticano y la deportación del Papa Pío XII a Alemania o a Lichtenstein.

El Führer, según me dijo Himmler, había tenido varios ataques de cólera, causados por la llamada 'traición de Badoglio', dadas las imprevisibles consecuencias militares y políticas que ello podía suponer, y pronunciaba oscuras amenazas contra la Casa Real italiana y contra el Vaticano.

Por ello, debería cuidar mi postura ante esta situación psicológica y, si era posible, calmar los nervios de Hitler. A titulo personal, Himmler me sugirió que me preocupase durante la ocupación del Vaticano de que los antiguos escritos rúnicos y otros tesoros culturales germanos que se hallaban en los archivos y subterráneos, y que él consideraba “testimonio de la antigua fe germana”, no sólo no fuesen destruidos, sino que debían ser puestos en lugar seguro, presumiblemente en Alemania. Comprendí así, con auténtico terror, que Himmler tenia los mismos propósitos que Hitler.

Preocupadísimo, me dispuse a acudir a esta entrevista secreta en el Cuartel General del Führer de la 'guarida del lobo'. Mientras me dirigía allí, tan sólo dispuse de cuarenta y cinco minutos para prepararme para esta conversación, tan peligrosa para el Vaticano como para mí mismo.

Para que se comprenda mejor cuanto sigue, me permitiré hacer algunas aclaraciones sobre mis relaciones personales con el Führer".


Saludos cordiales

Avatar de Usuario
Erich Hartmann
Miembro fundador
Miembro fundador
Mensajes: 3646
Registrado: Lun Jun 13, 2005 4:15 am
Ubicación: Deutsches Reich
Contactar:

Mensajepor Erich Hartmann » Mar Jun 27, 2006 2:44 am

"Quiero que ocupe el Vaticano"

"Durante los últimos años había tenido ocasión de conocer muy bien la personalidad de Hitler y sus características. Sabía que:

1) Si quería tener éxito y pretendía que cambiase de idea en caso de que ya hubiese tomado impulsivamente una decisión, era necesario presentarle todo un panorama de dificultades e inconvenientes.

2) Era posible decirle cualquier cosa, incluso una noticia fatídica, a condición de que fuera cierta y verificable, presentada en forma correcta y que no se atribuyese ninguna culpa a las fuerzas del ejército. Tras presentar mi informe sobre la situación italiana, tuvo lugar el siguiente diálogo entre Hitler y yo, que transcribo a continuación, no literalmente, pero de manera totalmente veraz:

Hitler: "Tengo un encargo especial para usted, Wolff, que deseo confiarle por su importancia mundial. Le ordeno que no diga ni una palabra de ello a nadie sin haber recibido mi autorización, a excepción del Reichsführer Himmler, quien ya se encuentra al corriente. ¿Ha entendido?".

Wolff: "¡A la orden, mi Führer!".

Hitler: "Quiero que, lo más pronto posible, ocupe con sus tropas el Vaticano y la Ciudad del Vaticano, dentro de las medidas de contraofensiva alemana contra la inaudita 'traición de Badoglio'. Ponga en un sitio seguro los archivos y objetos de arte del Vaticano y deporte al Papa al norte, para que no pueda caer en manos de los aliados o bajo su influencia política. Según la marcha de los acontecimientos, tanto militares como políticos, derivados de esta situación, haré que el Papa se instale en Alemania o en el neutral Liechtenstein. ¿Para cuándo podrá realizar esta acción?"

Wolff: "Mein Führer, confieso abiertamente que temo que me está pidiendo demasiado. Mis agrupaciones de SS y de policía no se han terminado de constituir. En la actualidad estoy tratando de formar unos núcleos de voluntarios con elementos del sur del Tirol y con fascistas italianos, a fin de tener nuevos refuerzos. Sin embargo, por muy buena voluntad que se ponga, es necesario disponer de cierto tiempo. ¿Qué plazo puede concederme para ejecutar su orden?".

Hitler: 'En este caso no queda más remedio que tener paciencia y esperar hasta que usted, Wolff, termine sus preparativos. Además, dejando a un lado el hecho de que, en la turbulenta situación italiana actual, todos los soldados alemanes deben estar a disposición del frente meridional, tampoco querría que, por motivos políticos, ninguna unidad del ejército se arriesgase en una tarea tan delicada. Para una cosa de este estilo, prefiero confiar en las agrupaciones de SS. ¿Cuánto tiempo piensa que necesitará para proyectar y preparar el plan ?

Wolff: "Permítame que le diga, mi Führer, que, para llevar a cabo esta orden de una manera cuidadosa y a conciencia, debo disponer de un número mínimo de especialistas con una gran experiencia que conozcan no sólo el italiano y las principales lenguas extranjeras, sino también el latín y el griego escritos y hablados para poder cuidar los archivos y demás obras de arte insustituibles. Estos especialistas de un campo tan específico faltan en la actualidad en Alemania y, por tanto, debo buscarlos en el grupo tirolés. Aproximadamente, para preparar totalmente la operación, necesitaré de cuatro o seis semanas, o tal vez más".

Hitler: "Me parece demasiado tiempo. Realice los preparativos lo más rápidamente posible y manténgame informado personalmente, cada dos semanas, de los progresos y del estado de la operación. Lo que más deseo es ocupar el Vaticano y vaciarlo".

Abandoné el despacho de Hitler con una sensación de alivio. En primer lugar había obtenido, en esta primera entrevista, algunas semanas de tiempo, y además había evitado enfrentarme al nerviosísimo Führer, cosa que, sin ninguna duda, habría sucedido si me hubiese opuesto abiertamente a sus planes, incluso esgrimiendo los argumentos más razonables. Si me hubiera comportado de esta forma, no me quedaría otra cosa que esperar (conociendo por experiencia propia la personalidad de Hitler, y sabiendo que estaba decidido, en su sentimiento de venganza por la 'traición de Badoglio', a proceder contra el Vaticano) ser sustituido por 'inadaptado', o, incluso por 'falta de confianza ideológica'. Ello me excluiría de participar en las múltiples posibilidades de cooperación y salvamento en terreno italiano. Además, detrás de todo ello se hallaban muchos y muy ambiciosos jefes de las SS, quienes ardían en deseos de conseguir ascensos y condecoraciones con la ejecución de acciones enérgicas y sin escrúpulos, tales como ésta.

Posteriormente, en el curso de mis conversaciones con Hitler, que fueron seis u ocho, conseguí nuevas prórrogas al plazo fijado para llevar a cabo el 'plan Vaticano'. El tiempo que gané así lo utilicé en investigar la relación de fuerzas en Italia, y, además, trataba de establecer relaciones amistosas con altos prelados de la Iglesia católica en Italia, que sólo eran posibles mediante mi política de mano blanda, la cual les proporcionaba una ayuda inesperada".


Saludos cordiales

Avatar de Usuario
Erich Hartmann
Miembro fundador
Miembro fundador
Mensajes: 3646
Registrado: Lun Jun 13, 2005 4:15 am
Ubicación: Deutsches Reich
Contactar:

Mensajepor Erich Hartmann » Mar Jun 27, 2006 3:40 am

Hitler espera

En Roma, por medio del embajador alemán Dr. Rahn, conocí al por entonces Superior general de la Orden Salvatoriana, Dr. Pankratius Pfeiffer, quien continuamente me suplicaba por la liberación de antifascistas, así como de miembros de la Iglesia católica que habían sido arrestados. También me pidió por el dirigente juvenil de la izquierda radical Vasalli, un candidato seguro a la muerte, comunicándome un deseo expreso del Papa Pío XII, ya que el padre de Vassalli, un famoso jurista, era muy allegado al Papa. Los planes de raptar al Papa y a la curia entraron en su fase decisiva a comienzos de diciembre. Solicité entonces al embajador alemán en el Vaticano que me permitiese entrevistarme con otra alta personalidad muy cercana al vértice del Vaticano. Obtuve una entrevista de varias horas de duración con el jesuíta Ivo Zeiger, por entonces Rector del Colegio Alemán de Roma. Este diálogo con el Dr. Zeiger fue muy útil para impedir el rapto de la Curia y del el Papa. El Dr. Zeiger entregó posteriormente, el 4 de mayo de 1948, un escrito en el que explicaba en tres páginas el contenido y desarrollo de las conversaciones, en calidad de Nuncio Apostólico del Papa en Alemania. En él se menciona cómo el anciano superior certosino, el Dr. Edgar Leopold, había salvado su vida por mi intervención. En efecto, fue gracias a mi intercesión por lo que el Dr. Leopold fue perdonado y, asimismo, su Abadía de Pleterje, en Eslovenia, no fue destruida por los alemanes. El propio Dr. Leopold confirmó estos particulares en una declaración de fecha 26 de junio de 1967.

Al finalizar nuestra conversación, pedí al padre Zeiger, quien se encontraba muy preocupado, que comunicase secretamente al Papa que mientras yo me mantuviese al mando de las SS y de la policía en Italia, quedaría garantizado que no pesaba ningún peligro sobre su persona ni sobre la Curia. Tras mis conversaciones con el embajador alemán en el Vaticano, barón Weizsäker, y con el padre Zeiger, llegué a una situación en la que no podía hacer esperar por más tiempo a Hitler, que estaba ya muy impaciente, y tuve que comunicarle que mis preparativos habían tocado a su fin. En aquella ocasión, a primeros de diciembre de 1943, mantuve, en el Cuartel General del Führer, el siguiente diálogo con Hitler:

Wolff: "Mi Führer, le comunico que he finalizado mis preparativos para llevar a cabo su orden secreta contra el Vaticano. Antes de dar la orden definitiva, permítame hacer unas breves consideraciones sobre la actual situación en Italia".

Hitler: "Se lo ruego".

Wolff: "Desde el 25 de julio de este año, día de la caída del Duce, hasta hoy, ni un solo fascista italiano ha arriesgado su vida por defender a Mussolini. Actualmente, según mis informaciones, que se refieren a la zona ocupada por nosotros en Italia central y meridional, existe tan sólo un 5 ó 10 por 100 de sedicentes fascistas nominales declarados junto con sus familias. Solamente un pequeño porcentaje de idealistas se encuentran dispuestos hoy a combatir por el Duce. La gran mayoría de los italianos se halla cansada de la guerra, desanimada por la ausencia de victorias relámpago alemanas, sobre todo después de que la campaña de África ha terminado de una manera tan desalentadora para Italia. Si bien es cierto que la población italiana no nos es abiertamente hostil, sin embargo, tras las cuantiosas devastaciones que se han realizado en territorio italiano, y debido a las numerosísimas pérdidas de vidas entre la población civil, somos considerados, cada vez más, como personajes impopulares, responsables de la prolongación de la guerra. En Italia la única autoridad no contestada es, por lo tanto, la Iglesia católica, en especial a través de las mujeres italianas y su fe inquebrantable, que ejercen una influencia, que no debe ser infravalorada, sobre sus maridos, hermanos e hijos, pese a que éstos, en muchos casos, no son creyentes. Apenas me di cuenta de ello, traté de establecer, en todas las ocasiones que se me presentaban (a menudo, peticiones de gracia del alto clero para italianos condenados o encarcelados), amistosas relaciones personales con altos prelados de la Iglesia y del Vaticano. Mi actitud conciliadora terminaba siempre con la siguiente proposición: 'Yo protejo vuestras instituciones eclesiásticas, vuestra autoridad ante el pueblo italiano y ante las fuerzas de ocupación alemanas, así como vuestras propiedades y vuestra vida, pero vosotros debéis hacer todo lo posible para que en vuestras esferas se obedezca a las autoridades alemanas'.

Mi Führer, esta política de mano blanda y de comprensión ya ha dado sus frutos, gracias al apoyo poco visible del clero durante mi actividad desde hace tres meses, y he de confesar que mi actividad se ha desarrollado positivamente sólo gracias a la ayuda que me ha proporcionado la Iglesia. Como ya he referido en mis informes quincenales, no sólo me encuentro muy ocupado con los treinta y nueve mil prisioneros de guerra yugoslavos que huyeron de los 'Lager' que los italianos dejaron sin vigilancia, y que actualmente se encuentran escondidos en las montañas, sino también con organizaciones regulares de Bersaglieri y tropas alpinas pertenecientes al Ejército Real Italiano, que no quisieron entregarse a los alemanes. A ello hay que añadir las unidades regionales de partisanos socialistas y comunistas, que actualmente alcanzan una cifra total de 150.000 a 200.000 hombres, que sólo con grandes esfuerzos consigo mantener a raya.

Saludos cordiales

Avatar de Usuario
Erich Hartmann
Miembro fundador
Miembro fundador
Mensajes: 3646
Registrado: Lun Jun 13, 2005 4:15 am
Ubicación: Deutsches Reich
Contactar:

Mensajepor Erich Hartmann » Mar Jun 27, 2006 3:46 am

"Yo renunciaría al 'Plan Vaticano"'

Dado que el Reichsführer SS no puede enviarme a su debido tiempo un refuerzo de SS y de policía, a causa de la precaria situación militar, y dado también que mis nuevas formaciones aún no se hallan listas, puedo decir que estoy dispuesto por lo que se refiere al número de fuerzas necesarias para ejecutar el 'Plan Vaticano' de una forma rapidísima y con éxito, pero no para reaccionar frente a la situación que se desencadenaría a continuación entre la población italiana, ni para obligarla al silencio con mis exiguas fuerzas, garantizando, al mismo tiempo, los refuerzos necesarios al mariscal Kesselring. Según todas las previsiones, simultáneamente deberé hacer frente a grandes huelgas y manifestaciones, que puedo, efectivamente, reprimir con las armas, pero que frenarán la importantísima producción de armamento y harán que la situación general en Italia nos sea desfavorable. Todo esto no puedo silenciarlo, aun a costa de parecer derrotista, y debo decirlo antes de que usted tome una decisión definitiva.

Por el contrario, puedo garantizar que, con mis fuerzas actuales, podré mantener la calma y el orden en el territorio ocupado por nuestro ejército, a condición de una eventual renuncia al 'Plan Vaticano'. Permítame, por otra parte, intervenir con decisión donde sea absolutamente necesario para cuidar nuestro buen nombre y, en los demás casos, déjeme la libertad y la posibilidad de continuar, si ello es posible, con mi política de mano blanda en Italia, que volverá a ser nuestra aliada tan pronto como el Duce sea reincorporado a sus funciones por usted".

Hitler, que me había escuchado al principio con el ceño fruncido, y después con gran interés y una mayor distensión, contestó:

"Le agradezco, Wolff, que me haya hecho una relación tan objetiva. Estos detalles sobre la situación italiana son totalmente nuevos para mi, y, por ello, necesito hacer un cuidadoso examen de los pros y los contras. ¿Qué me aconsejaría usted, como experto en la cuestión italiana?".

Wolff: "Yo renunciaría a llevar a cabo el 'Plan Vaticano', nacido de la comprensible excitación provocada por la 'traición de Badoglio', y optaría por la segunda solución. A mi parecer, la ocupación del Vaticano y el secuestro del Papa serían extremadamente negativos por la repercusión que tendrían tanto para los católicos alemanes en el frente y en la patria como para la opinión de todos los católicos del resto del mundo y de los estados neutrales. Esta reacción negativa no se vería compensada, en modo alguno, por las ventajas temporales que supondría eliminar políticamente al Vaticano y hacerse con los archivos y obras de arte. Además, hay que tener presente que, tal vez, en el futuro podríamos necesitar de las vastas relaciones a nivel mundial del actual Papa. Si sabemos aprovechar la actual situación de necesidad en que se encuentran e, incluso, satisfacemos, dentro de nuestras posibilidades, sus eventuales deseos y les ofrecemos nuestro apoyo, podremos infundirles cierta confianza en nosotros.

Mi Führer, con todo respeto le ruego confíe en mí y actúe tal como le he dicho, al explicarle mi punto de vista sobre el actual problema italiano".

Hitler, sonriendo complacido, dijo:

"Bien, Wolff, actúe como usted considere más oportuno como experto en el tema italiano. Sin embargo, no olvide que le consideraré responsable en caso de que no consiga realizar su promesa. ¡Buena suerte, Wolff'!".

Wolff: "Le doy mis más respetuosas gracias, mi Führer".

El 1 de mayo de 1944, el superior Dr. Pfeiffer me condujo personalmente a una audiencia secreta con el Papa Pío XII, cuyo objetivo era lograr el fin de la guerra en Italia merced a su mediación ".


Saludos cordiales

Avatar de Usuario
Juan M. Parada C.
Miembro distinguido
Miembro distinguido
Mensajes: 7831
Registrado: Jue Ene 20, 2011 12:18 am
Ubicación: Ejido-Estado Mérida-Venezuela.

Re: El Vaticano

Mensajepor Juan M. Parada C. » Mié Oct 07, 2015 2:14 am

Imagen


Fuente: https://www.facebook.com/photo.php?fbid ... =3&theater

Vale acotar que las entonces autoridades del Vaticano tenían contacto con algunas personalidades del servicio de inteligencia de los aliados,como era el caso del general estadounidense Willian Joseph Donovan "Will Bill" que era el encargado de la OSS (la futura CIA),el cual era también miembro de la Orden de Caballero de Malta y su contacto directo del Vaticano era el cardenal Montini.Dicho cardenal,que sería después el papa Pablo VI,tenía una estrecha relación con el mariscal Badoglio y el rey Víctor Manuel para suministrar algunos datos de interés a este general.De ahí la gran cautela del Papa Pío XII y sus consejeros en estos menesteres que debía mantener frente a los alemanes los cuales afortunadamente no se atrevieron a la larga a ejecutar esta clase de operación.
Saludos y bendiciones a granel.
"¡Ay,señor! Tú sabes lo ocupado que tendré que estar hoy.Si acaso te olvido por un instante,tu no te olvides de mi". Sir Jacob Astley antes de la batalla de Edge Hill el 23 de octubre del año de nuestro señor de 1642


Volver a “La ocupación”

¿Quién está conectado?

Usuarios navegando por este Foro: No hay usuarios registrados visitando el Foro y 1 invitado