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Sobre la muralla atlántica

La guerra en el oeste de Europa

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V.Manstein
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Sobre la muralla atlántica

Mensajepor V.Manstein » Mar Dic 06, 2005 11:57 pm

El 6 de Junio del 44 los aliados occidentales arremetieron contra las defensas alemanas en Normandía con medios nunca vistos antes; 3 divisiones aerotransportadas y unas 8 más que desembarcron en 5 playas, unos 150.000 hombres con equipos e impedimenta. en un mes había cerca de un millón de soldados y 150.000 vehículos en suelo francés . El mítico muro atlántico, que deberían superar las tropas aliadas para ganar la guerra casiindudablemente era prácticamente el producto del trabajo de últma hora de un enérgico Rommel al que a finales del 43 se le encargó la tarea de impedir la llegada de los aliados a suelo francés, la última oportunidad para el mariscal tras el fiasco africano. Sin duda el periodo menos conocido del archifamoso mariscal alemán del que aparentemente se ha escrito todo, es el que va desde finales del 43 al verano del 44. Sus planes chocaron evidentemente con las limitaciones en materiales, en mano de obra y en organización de un país que estaba ya derrotado en el este y que veía la llegada de los aliados por el oeste como la oportunidad de dar la vuelta a la guerra con una victoria decisiva en las playas de desembarco frente a las huestes americanas y británicas. Rommel comenzó su trabajo de revisión de las zonas costeras en Diciembre del 43 en Kopenhagen y en sus competencias se incluía la revisión de los grupos de combate disponibles, las escuelas, las reservas, instalaciones militares de todas las ramas de las fuerzas armadas etc. en el comienzo de su periplo Rommel disponía como información de los mitos de Göbbels sobre 15.000 posiciones defensivas permanentes con 300.000 tropas enprimera línea y 150.000 en reserva, por otro lado estaba la directiva 51 de Adolfo , de noviembre del 43 donde de forma realista se afirmaba que los aliados intentarían poner pié en el continente nates del verano del 44 y que de conseguirlo las consecuencias serían irreparables para Alemania ( es curioso con qué clarividencia podía Adolfo ver a veces a priori la realidad y qué poco lo hacía en el momento adecuado). a estas lturas la picadora de rusia había consumido 1.500.000 alemanes muertos o desaparecidos y Adolfo insistía en que había que reforzar el oeste , pero ¿ con qué?. Pues lo que Rommel se encontró es que uno de cada 6 inantes alemanes en la costa francesa era extranjero de un Ost Batallón ( eslavos rusos o polacos, prisioneros), tenían un grado de moral y adiestramiento variable aunque en general no adecuado para la tarea hecúlea a la que presumiblemente se iban a enfrentar y que en el fondo constituían un simple " número " de tropas que sustituían a las que eventualmente tenían que ser enviadas al exigente rente ruso fundamentalmente. las unidades "alemanas" disponibles no eran mucho mejores y respondían al concepto de Francia como "lugar de recuperación " de unidades machacadas en el Este; había las famosas divisiones "estáticas" pobremente dotadas e instruidas y luego los casos exóticos de "la dispepsia", "los sordos" etc etc. Desde los tiempos de la campaña polaca la dotación de una división de inantería media había sido reducida a la mitad poco más o menos solo para mantener la ficción de que había suficientes unidades disponibles; de las que se reconstituían adecuadamente el 100% iban a ser nuevamente machacadas a Rusia. en cuanto al armamente, había de todo tipo, de todos los orígenes posibles, generalmente lo que no aceptaban las divisiones que combatían en Rusia, armas capturadas en Francia o Chequia, tan viejas que carecían de repuestos o munción y por supuesto totalmente diferentes en cada división con lo que esto implicaba en cuanto al adiestamiento y logística. A esto hay que añadir que la edad media de todas las divisiones era unos 31 años y también la presencia de las Divisiones de campo de la Luftwaffe, aberración militar de las mayores del III REich. También habían unas 6 divisiones de las Waffen SS con equipamiento completo y bien dotadas humanamente 8 por ejemplo la 12 SS HJ tenía unos 20.000 niños, que contribuían a bajar la edad media del conjunto). Estas tropas "aceptables" estaban distribuidas en lugares de concentración tierra adentro de forma un tanto irregular a lo largo de tan larga costa. Asesorado por Rüge como agregado naval Rommel tenía el concepto de que la principal línea de combate eran las mismas playas de desembarco y que en los asaltos anfibios previstos había un periodo de vulnerabilidad durante las primeras horas que era el únicco susceptible de ser aprovechado para arruinar la operación en conjunto. Había que concentrar todo el poder posible en la línea de costa por que si los aliados conseguían consolidar sus cabezas de playa y reforzarse en 24 horas sería en su opinión imposible detener la invasión por las fuerzas del interior. A esta reflexión básica Rommel añadía el conocimiento de las capacidades de las fuerzas aéreas aliadas para limitar la movilidad de las fuerzas acorazadas disponibles en el interior del territorio francés, esto no estaba tan claro para otros comandantes alemanes más acostumbrados a las condiciones del frente del este donde se podía contar razonablemente con poner en liza unidades móviles con cierta libertad de movimientos. rommel en Arica había aprendido que probablemente eso no iba a ser posible en Francia. Un problema adicional era definir Quién iba a estar al mando de todas las operaciones defensivas y por tanto decidir las tácticas a emplear. en su directiva 40 Hitler establecía que tal mando recaería sobre un jefe militar y evidentemente era Rundstedt el Oberbefehlshaber Oeste en ese momento. Rundstedt había sustituido a otros "jóvenes" como Witzleben en el puesto y su idea del problema era la pouesta a la de Rommel, es decir, las fuerzas móviles se mantendrían tierra adentro a salvo de los ataques navales etc y detendrían la invasión desde esa situación atacando las cabezas de puente aliadas.
el problema de ¿ Dónde y cuando? sería el ataque era la otra pata del banco; muchos pensaban con lógica en Calais pero también en Cherburgo, dieppe, las bocas del Sena y Somme, Le Havre. En todos esos puntos se constituyeron puntos fuertes defendidos por unidades divisionarias por orden de Adolfo; Rundstedt tragó con estos conceptos del cabo pero se aseguró de mantener reservas blindadas tierra adentor para hacer lo queél consideraba adecuado. rommel envió su informe a Adolfo por navidad y este le nombró comandante del G E B, encargado por tanto de las tropas situadas en Normandía; estaría subordinado directamente a Rundstedt pero con la particularidad de que reportaría directamente con Hitler. En definitiva, Rundstedt no tenía claro qué es lo que iba a hacer Rommel y Rommel estaba en una posición difícil con respecto a Rundstedt esto entraba en contradicción con la propia directiva de Adolfo en la que decía que todo debía quedar en manos de un único jefe. en el fondo era lo de siempre, Hitler no quería dejar tanta responsabilidad en manos de un hombre y de esta manera confiaba en controlarlo todo desde sus mapas, en los que confiaba ciegamente. Lo cierto es que hitler no había estado en Francia desde el 40 y no había visto personalmente ni una casamata. Veamos lo que hizo Rommel y lo que pasó en un relato de J. Gipton:
at Juno.
taking his new post and setting up his headquarters in France, Rommel set to work attempting to implement the changes he saw as essential. Von Rundstedt’s desire to prepare for a decisive inland battle, coupled with Hitler’s demands for heavy fortifications at certain points along the coast had resulted in a disjointed series of efforts. Hardly constituting a cohesive strategy, these moves seemed to fall into the trap of defending all, and yet defending nothing. The diametrically opposed strategies of constructing a solid coastal line versus preparing for a mobile inland battle were mutually irreconcilable. They could not be achieved simultaneously, given Germany’s manpower and material limitations brought on by the cost of the Eastern Front and deployment decisions by Berlin.

The problems faced by the German defenders of the Western Front, as of early 1944, were essentially two-fold. First was the issue of settling on where the invasion was most likely to take place. Second, and just as important, was the issue of just how to defend these sites, once selected. Using his influence with local commanders and a great deal of personal correspondence with Hitler, Rommel went about implementing his plan, however contradictory it might have been to the prevailing perceptions of his (nominal) superior von Rundstedt or the ever-shifting flow of favor and support coming from Berlin. Rommel had once said that Hitler always believed and supported the last person with whom he had met; (22) Rommel aimed at being this person.

Rommel’s fear, based on the information he gathered and defenses he inspected during his tour, was that Allied forces would quickly break through the weak coastal line and, within days, establish a solid beachhead through which supplies and men would pour unhindered. Among his first initiatives was the taking soldiers off their training schedules and putting them to work building obstacles, minefields, and other means by which the Allies could be stopped before moving inland, or even before they landed. Up to the end of 1943 most construction efforts on the Western Front were undertaken by Organization Todt (OT), “Hitler’s construction and labor force”(23). The engineers were pouring some 300,000 cubic meters of concrete each month. Most work, however, was concentrated on Hitler’s “fortresses.” This can be seen through the utilization of OT workers: an average of 63 were assigned, per kilometer of coast, in the Pas de Calais area. The Normandy area, lacking as many heavy fortifications, averaged only about 16 per kilometer(24). A further example of this emphasis on the ports is this: “only between Le Havre and Cherbourg were two naval batteries constructed on the open coast,”(25) with the remainder being at the ports themselves. While much attention had been lavished on the ports, the beaches themselves, especially along the Calvados coast (where the landings all took place), were largely ignored.

Rommel’s eventual choice of Normandy as the most likely site for the invasion came around March 1944. The Allies, no doubt, had an idea as to how strong the defenses were at Calais, and knew that a landing there would be a costly risk, at best. A suitable alternative was the Normandy coast, between the Orne River and the port of Cherbourg, on the northern tip of the Cotentin Peninsula. With roads immediately inland of the major beaches in the region, enemy units would, once key crossings, towns and bridges were seized, be able to advance into France’s interior and toward the Rhine-Ruhr region, just as Rommel feared. Allied air bombardments, for some time, had been concentrated on isolating the Normandy region from Calais to the north by cutting off the fastest and most direct routes reinforcements would most likely take. Bridges, key roads and railroads throughout northern France had been targeted, but those that linked Normandy to the rest of the country had been given particular attention.

Much like his defenses at El Alamein, Rommel wanted to create a series of defensive layers, each intended to slow the Allies’ approach, thus making them vulnerable to German fire from positions along and just behind the beaches. “Rommel [remembered] how his deep minefields…held up [British] tanks for days”(26), and aimed at recreating this same sort of defense in Normandy. He ordered that “rows of obstacles, mined or otherwise, [be] erected below the high water mark”(27) in order to sink enemy landing craft. More mines, wire, and steel obstacles were to be placed on the beaches themselves. When Rommel arrived in France “1.7 million mines had been laid, with a monthly supply of only 40,000”(2. Rommel’s goal was to have 50 to 100 million mines laid by the time the Allies attacked. In keeping with the “anything goes” attitude the Germans had toward munitions and the arming of their troops, the Desert Fox ordered that explosives were to be taken from old shells, captured French stockpiles, and anywhere else they could be found. If he could not have well-built German anti-ship, anti-armor and anti-personnel mines, he would settle for old artillery shells with improvised fuses. By the end of May 1944, over 4,000,000 mines had been laid along the channel coast; over half of them on Rommel’s initiative, and most of those in April and May.

The first line of defense would consist of four belts of underwater obstacles, many to be armed with explosives to blow up landing craft, or built to tear the bottoms out of the same. In his own notes, Rommel set out the following plan for the construction of obstacles in the water:

1. A belt in six feet of water at mean high tide.
2. A belt in six feet of water at half-tide of a twelve-foot tide.
3. A belt in six feet of water at low tide.
4. A belt in twelve feet of water at low tide.

Rommel believed that the invasion would come at high tide, when the Allies would have the shortest distance to cover before attacking German positions; his underwater obstacles were built to fend off such an attack. His intent was “not only to halt the…hundreds of landing boats and ships…but also to destroy his landing equipment and troops”(30). Limited by time and resources, however, the Germans were only able complete the first two belts by the time invasion came, and even then only in certain sectors. According to Army Group B’s War Diary, by “13 May 1944, a total of 517,000 obstacles had been constructed along the cost, 31,000 of which were fitted with mines.

If the Allies made it to the beaches, they would be faced with pillboxes, concrete bunkers, flamethrowers, and machineguns – all of which had sighted their overlapping zones of fire. Just beyond the beaches, “heavy anti-tank guns, self-propelled guns and anti-aircraft combat troops standing ready in the forward part of the defense zone,”(31) would be positioned, to be rushed up to the coast wherever needed. To augment the forces stationed on the coast, Rommel regarded as “urgently necessary” having additional divisions immediately inland to prevent a breakthrough. “The battle for the coast will probably be over in a few hours, and if experience is any judge, the rapid intervention of forces coming up from the rear will be decisive” (32). He believed that the Luftwaffe would be essential in enabling the movement of these reserves; someone would need to hold off Allied aircraft.

Obstacles in the water and on the beaches, and troop emplacements immediately along the coast were built to withstand the initial enemy naval and air bombardments that would surely precede the invasion, and to stop the invasion itself once initiated. The layers of underwater mines would be followed by steel walls, running parallel to the shore and topped with mines. Next would be more mines (mostly improvised explosives using old artillery shells) attached to the tops of posts sunk into the sea floor. More mine-tipped logs and poles would follow, as would “hedgehogs,” which were welded steel constructs tipped with again, more mines. Walls of barbed wire would complete the defensive zone through which the enemy would need to pass. Where this zone ended, German artillery and machinegun positions began.

Control of the forces located immediately on the coasts was a problem in and of itself, with the navy controlling all artillery for targets at sea. The army would take control once enemy forces had landed. This presented a complication when defining exactly what constituted a landing. Whether the transfer of control took place when Allied troops were actually ashore and out of the water or in landing craft headed toward shore was up for dispute, and added to the many organizational problems already facing the Germans.

Rommel also paid close attention to the many fields spread across the Normandy region, in anticipation of glider landings which would enable Allied forces to secure key crossroads and bridges, and disrupt German units as they moved forward to the coast. In order to hinder these landings, simple, but eventually effective, obstacles were erected throughout the region. These consisted of telephone poles sunk upright into the ground, sometimes with a grid of wire connecting their tops together. These wires, when supplies were made available, would be attached to explosives, which would in turn be tripped by any movement of the interconnected poles. Gliders would break up upon landing, killing troops, destroying equipment, and breaking the tempo of enemy operations.

This was, at least, Rommel’s plan. The poles, 10 feet tall and spaced about 100 feet apart, (33) were not equipped with explosives (mostly captured French ordnance); the shells needed were not released to Rommel until only a few days before the invasion, and were thus not installed. Still, the presence of these stout obstacles did hinder Allied glider landings and contributed to the injury and death of many Allied soldiers. To round out his defenses against paratroopers and enemy units moving inland, Rommel also ordered a great many fields throughout the southern Cotentin to be flooded. It is interesting to note that Rommel ordered that fresh water be used wherever possible instead of seawater; he recognized the damage such water would do to the farm fields.

As the spring of 1944 passed, Rommel’s vision of the Allied attack became more specific and defined, and his countermeasures correspondingly were arranged to meet his design of what the enemy would eventually throw against him. Along with massive amphibious landings, supported by naval and air attacks on coastal positions, he saw the possibility for “parachute troops…in very large numbers, dropped…either along the coast or a few miles inland”(34). These troops would either support the landings or take on some operational role of their own. Rommel’s picture of the coming Allied attack, in retrospect, was almost exactly in line with Allied plans, aside from his assumption that the invasion would come at high tide, and probably later in the summer.

The Allies, according to the operations order written for the invasion, believed that “the Pas de Calais [was] the most strongly defended area on the whole French coast”(35) and that, therefore, landings in that area would be very difficult. Progress, if a landing were successful at all, would be slow and would require a northern expansion into Belgium in order to secure adequate ports for larger operations in the future.

Allied intelligence suggested, “The Caen sector is weakly held…defenses are relatively light and the beaches are of high capacity and sheltered from…prevailing winds. Inland…terrain is suitable for airfield development and…consolidation of the initial bridgehead…much of it is unfavourable (sic) for counter-attacks by panzer divisions.”(36) With this in mind they had settled on the beaches of Normandy, stretching from just east of Caen to the western base of the Cotentin peninsula. These landings, to take place at first light and at low tide (in order to expose as many underwater obstacles as possible), would be preceded by airborne drops inland. Three airborne divisions would seize key bridges, crossroads, and hold exit routes from the beaches. Once the lodgment had been secured the Allies would take the port of Cherbourg and the entire Cotentin peninsula, and then move out of the bocage and toward Paris. It was hoped that the city of Caen, the largest in the region, would be taken within the first days of the invasion. Again, this plan was for all intents and purposes the same that Rommel had envisioned would be used and was actively constructing defenses against. One can assume that this skill and insight Rommel possessed are what brought him such fame and esteem among German soldiers and political leaders.

Through the lens of time, one can see that in addition to the material and manpower shortages in France, and the sorry state of those units on station, that time was much more of a threat to the success of Rommel’s plans than he could have known. The slow Allied build-up in England, beginning in 1942, had reached critical mass by early summer of 1944, and the Allies were ready to attack. Indeed, as the Desert Fox had predicted, a combination of airborne drops and massive amphibious landings took place, albeit several weeks earlier than he had anticipated. Believing that weather conditions were wrong, and that the Western Allies’ attack would coincide with the Soviet summer offensive, Rommel was confidant that the invasion, as of early June, was not imminent. Accordingly, he took a short vacation to see his wife in Germany and to bring her a gift for her birthday.


The airborne drops and glider assaults were first, and the American drops were nowhere near as organized as hoped. Having flown a difficult course from England, once German flak gunners opened fire on the C-47’s the formations broke apart and troops were scattered over a huge area, mostly far off from their designated drop zones, and often times mixed with other units. British drops on the far eastern flank of the operational area (north of Caen), on the other hand, were extremely accurate, owing to different flight paths and lighter ground fire.

Despite this seemingly fatal setback for the Americans, soldiers organized themselves into small groups and took the initiative to tackle their missions. For some soldiers, dropped too far from their objective to reach in a reasonable amount of time on foot, targets of opportunity were found. Ordered, “that if they could not do anything else, they could at least cut communication lines,”(3 American paratroopers went about spreading whatever havoc and damage they could, well inland of the German coastal defenses. Some primary objectives were taken, to include several key bridges and crossroads. Overall, the Airborne had done an excellent job, regardless of whether the original missions were all completed. German headquarters and units across the region were thoroughly confused as to the size of the airdrops and their targets; the confusion caused during the drops themselves had impacted the Germans far more than it had the Allies.

Just before dawn on Omaha beach, Major Werner Pluskat, of the 352nd Artillery Regiment, was readying his troops for the invasion they now knew was coming. Units across the region became aware of the attack either by communication from friendly units, interaction with Allied airborne troops, or by hearing the explosions from bombs being dropped along the coast. Pluskat, looking out into the English Channel from his bunker, “stepped back with amazement when [he] saw that the horizon was literally filling with ships of all kinds” then saw “planes approach from the sea and [bomb] the beaches,” and finally before dawn watched as “the bombardment from the sea began.”(39)

The landings took place at five separate beaches, running from the base of the Cotentin peninsula to north of Caen, west to east: Utah, Omaha, Gold, Juno, and Sword. The first two would be taken by the Americans, the others by the British and Canadians.

Opposition at Utah was light, due mostly to the fact that the Americans had landed some 2 kilometers from their original objective, and ended up facing a weaker sector of the beach. Their main objectives were to secure “the main Carentan to Cherbourg road as the first stage towards isolating the Cotentin Peninsula”(40) and to link up with the 82nd and 101st Airborne Divisions, west and southwest of the beach. Suffering fewer than 200 casualties that day, they were able to begin moving inland by noon.

Balancing the seeming ease of the landings at Utah were those at “Bloody Omaha,” which saw some 3000 Americans fall on 6 June. A combination of high bluffs, a long run toward shore in landing craft (some eleven miles), and a German unit that was thought to be elsewhere resulted in extremely high casualty rates in the first assault waves. Only one regiment, from a “static” division, was expected to be defending the beach. In fact, two veteran regiments from the 352nd Division were also positioned along Omaha. Due to rough seas, armored vehicles fitted with flotation skirts were swamped and sank. Soldiers, dropped hundreds of yards from the beach and weighted down with cumbersome equipment, drowned before reaching shore. Trapped at the bottom of high sea cliffs, and under withering fire from three times as many Germans as had been expected, the American 1st and 29th Infantry Divisions seemed stalled. The success or failure of the landings at Omaha were not known for some hours, and in fact Allied commanders had considered pulling off the beach early in the assault. Success at Omaha was essential to the invasion, as a gap in the middle of the Allied beachhead could prove fatal; the armies would be unable to link up, and a unified front against the Germans would be impossible. Eventually though, small groups of men began making their way off the beach and thus opening gaps for armor and more troops to move through. By day’s end, Omaha would be secured.

The British 50th (Infantry) Division, assaulting Gold, was moving inland by mid-day, and by nightfall had reached their primary objective, the small town of Bayeux. Elements of this division would link up with American units from Omaha by 8 June.

The Canadians, attacking Juno, made “the greatest gains on D-Day…[advancing]…over sixteen kilometers inland and [reaching] the Caen-Bayeux road”40 by nightfall. British landings at Sword were not as successful, failing to capture Caen. The town Ouistreham was liberated, but heavy resistance from the 21st SS Panzer Division and the 716th Static Division prevented the British from making decisive gains. Units along the western flank at Sword were, however, able to link up with their Canadian counterparts at Juno.


Lo que pasó pues es bien conocido. El paradigma de por qué Alemania perdió la guerra es que la 12PzSS y Panzer Lehr D que estaban a 100 millas no podían moverse por orden de rundstedt sino que previamente hacía falta la autorización del OKW y por tanto de Adolfo en persona, pero Adolfo estaba durmiendo y nadie lo despertó. Cuando se autorizó el movimiento hacia la costa de estas y otras unidades, que en una posición de libertad y concentración mejores podían haber comprometido el desembarco aliado, los aviones alidso a miles las redujeron a pedazos. Los "ost" resultaron ser inservibles como estaba previsto. Por otro lado sobre los obstáculos estáticos y la defensa estática que se utilizó el autor mencionado dice:
"Indeed, the layered combination of obstacles in the water, on the beaches and inland presented the Allied with many challenges, and cost the invaders dearly in lives, equipment, and time. However, static defenses, regardless of strength, seemed at this point in time to be dated – remnants of the Great War. The Germans had made this painfully clear to the French when they used maneuver to marginalize the value of the Maginot Line in 1940. Without mobile units and reserves to fill the gaps that would eventually develop in these static lines, such defenses were useless, and served only to stave off inevitable defeat. Rommel seemed to know this, and strove for a cooperative defense, built not only of concrete and barbed wire, mines and welded steel obstacles, but also panzers, mobilized infantry, artillery, rockets, and air forces.

Severely limited by time, the Desert Fox was given neither the material nor manpower support he requested, and in retrospect, sorely needed. Contradicting his own order that the invasion would be fought off by forces under one, on-site commander; Hitler spread control out among several officers in the theater: Rommel, von Rundstedt, his stooge in Goering, and others, and kept some of the most essential units under his own control.

Had Rommel been given the support and freedom he requested, the outcome may well have been different. His four belts of underwater obstacles were unfinished at the time of the invasion, and yet still cost the Allies lives and time. Hundreds of troops were killed when their gliders broke up while landing in fields planted with “Rommel asparagus.” German troops did in many places fight to the last man, or at least in the case of Cherbourg, destroy anything and everything of worth to the Allies before being captured or surrendering. Omaha was nearly lost due to a mistake in Allied intelligence; the Americans were totally unaware that an extra German division moved up to the coast just days before the invasion.

This final point gives rise to the possibility that had more units been deployed forward, along the coast instead of inland, the other beaches might have been more like Omaha, or worse. Had the panzers been at Sword and Juno, and had the Nebelwerfers Rommel had asked for been near Utah, it is highly possible, if not probable, that the Allied landings would have stalled on some or all beaches, or may have failed entirely. The losses sustained due to Allied air dominance took away much of the strength of fresh units such as Panzer Lehr Division, and the 12th SS Panzer Division; forward deployment before the invasion would have eliminated these losses completely. Allied aerial bombings, which immediately preceded the landings, fell well inland of German positions, and therefore would not have exacted a heavy toll on armored units dug in along the coast. While naval artillery would have shook these units, as it did the many emplacements on all five beaches, the presence of such fresh, mobile units as the panzers along the coast would have had a significant impact on the Allied invaders.

While the cities of Caen and St. Lo were not both taken until mid-July, well behind the schedule the Allies had hoped for, and the port at Cherbourg was almost completely destroyed by the Germans before it was finally captured, the Allied invasion slowly achieved its objectives. The German line was slowly pushed back. Rommel, ever energetic and dedicated, tried to stem the enemy advance, pleading with Berlin to send more units into the region. Sitting idle in southern France were four panzer divisions, which were finally sent north in July and August, long after they were most needed.

Rommel’s plans were sound and without a doubt slowed the Allied advance into Europe by weeks. Along with material and manpower shortages, the Germans lacked what Hans Speidel, Rommel’s Chief of Staff, called the “uncanny precision in the co-operation between…Allied land forces and their air and naval support.”(47) At the highest level, “Hitler, unable to compromise politically or in his propaganda, devoid of any sober clarity of thought, ordered his troops to hold their ground,”(4 and “it was the soldier at the front who paid the price.”(49)

All these factors combined to produce a great deficit between Marshal Rommel’s plans and the reality forced on him by time and material constraints and organizational ineptitude; these ensured the German loss of Normandy, and eventually the war".
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beltzo
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Mensajepor beltzo » Mié Dic 07, 2005 11:20 pm

Hola,

De valor extraordinario son las reflexiones del propio Rommel efectuadas mientras se reponía de sus heridas, poco antes de su trágico final. Aquí expongo algunas que aparecen en sus memorias. ("Memorias: Los años de Derrota" Mariscal Rommel. Ed. Luis de Caralt 1967 pag.414-416-417-418).

[En una invasión aliada, la cuestión principal residía en su capacidad para lograr una cabeza de puente que les permitiera descargar su material sin demasiada oposición propia. Una vez conseguido nuestras posibilidades eran mínimas.

Pero ni aún asi, los aliados podían desembarcar 20 divisiones con todo su equipo y material en una costa defendida, siendoles preciso efectuar la operación por etapas sucesivas. Como en toda maniobra de desembarco, las primeras jornadas constituían el periodo más crítico.

Existían 2 maneras de repeler el desembarco:

a) Creando una concentración de fuerza en el lugar amenazado, durante los primeros días, y arrojando otra vez al enemigo al mar.

b) Prolongando el periodo crítico del desembarco hasta reunir elementos suficientes para un contraataque. En otras palabras, reforzando las defensas locales en el punto requerido para impedir una mayor extensión de la cabeza de puente enemiga durante los primeros días.

Como nuestros elementos en Francia no poseían el potencial necesario para llevar a cabo simultaneamente ambos propósitos, el de mantenerse en la costa y el de mantener una reserva adecuada a retaguardia, debíamos optar por uno de los 2, manteniendo una guarnición costera más o menos fuerte en los sectores amenazados o reforzando las reservas, mediante tropas retiradas de la costa.

[…]En consecuencia, me atuve firmemente a mi propio plan, que, dadas las circunstancias, no podía sino representar una solución de compromiso. En primer término, debía fortificarse la costa lo más rápidamente posible. La infanteria tomaría posición en las playas, mientras los tanques quedaban desplegados a poca distancia detrás, de modo que sus cañones pudieran disparar de manera eficaz sobre las tropas atacantes. Situando al mayor numero de fuerzas en los lugares mas seriamente amenazados, pretendía conseguir los siguientes resultados:

a) La defensa extraería las máximas ventajas al periodo técnicamente difícil en todo desembarco, es decir, aquel en que las lanchas y barcos se aproximan a la costa. Las obstrucciones bajo el agua, las minas y el fuego concentrado de todas las armas, multiplicarían extraordinariamente las dificultades de la maniobra.

b) Nuestras fuerzas locales impedirían al invasor extender su cabeza de puente y mantener el ritmo de su aprovisionamiento. Entretanto, fuerzas acorazadas y motorizadas serian trasladadas desde otros sectores hasta la retaguardia del frente amenazado, desde donde podrían lanzar un contraataque que eliminara los puntos de resistencia enemigos. Esperaba recuperar el tiempo que perdieran las formaciones motorizadas, debido a los ataques aéreos, por medio de una prolongada resistencia en la costa.

Por desgracia resulto imposible fortificarse hasta la extensión requerida, aunque hicimos cuanto pudimos para acelerar el trabajo.

[…]Ocurrió que 2 de mis demandas, el minado de la bahía del Sena y el envió a Normandia de varias P.D. (2), un cuerpo antiaéreo, una brigada de nebelwerfer y paracaidistas, no fueron atendidas antes de la invasión, colocándonos asi en una situación desventajosa desde el principio.]

Como se puede ver de haberse aceptado la propuesta de Rommel la 12 PD-SS y la Panzer Lehr hubieran estado en condiciones de entrar en acción durante las primeras horas del desembarco sin necesidad de ninguna autorización de Hitler, también estoy convencido de que si Rommel hubiese estado en Normandia el día del desembarco se hubiese pasado por el "forro" la necesidad de autorización para mover estas 2 divisiones. También es destacable que el mismo Rommel dice mas adelante que incluso con estas fuerzas la batalla la hubiesen perdido igualmente. En ese punto creo que peca de pesimismo, con esas fuerzas actuando desde las primeras horas, los angloamericanos sin duda hubiesen sufrido muchas bajas y quizá hubiesen optado por reembarcar las tropas.

Saludos
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"Si mi teoría de la relatividad es exacta, los alemanes dirán que soy alemán y los franceses que soy ciudadano del mundo. Pero sino, los franceses dirán que soy alemán, y los alemanes que soy judío". Albert Einstein

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Mensajepor José Luis » Jue Dic 08, 2005 6:02 pm

¡Hola, Beltzo!

Mi enhorabuena por sacar tan oportunamente a colación las reflexiones de Rommel.

Por otra parte, Rommel tenía muy buenas razones para ser pesimista cuando dio sus pensamientos al papel.

Saludos cordiales
José Luis
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Mensajepor beltzo » Jue Dic 08, 2005 9:55 pm

José Luis escribió:¡Hola, Beltzo!

Mi enhorabuena por sacar tan oportunamente a colación las reflexiones de Rommel.


Hola José Luis,

Muchas gracias, es todo un honor viniendo de ti.

La verdad es que las memorias de Rommel es una lectura realmente recomendable si se quiere conocer un poco más en profundidad la personalidad de este, poseen mucho más valor que otras memorias de otras personalidades porque en este caso se puede afirmar que no han sido "preparadas" en su favor, están llenas de sabias reflexiones que le colocan en su lugar, es decir con toda probabilidad en Alemania había muy pocos a su altura no solo táctica, sino estratégica (algo que le niegan algunos autores en mi opinión tendenciosos) y aún menos a su altura como persona.

Con respecto al pesimismo de Rommel por supuesto que tenia buenas razones para pensar así, el mismo dice que Normandia se perdió en el Norte de África algo en mi opinión acertado al cién por cién.

Saludos
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"Si mi teoría de la relatividad es exacta, los alemanes dirán que soy alemán y los franceses que soy ciudadano del mundo. Pero sino, los franceses dirán que soy alemán, y los alemanes que soy judío". Albert Einstein

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Sobre la muralla atlántica

Mensajepor Schwerpunkt » Mié Sep 07, 2011 1:03 am

¡ Saludos a todos !

Viendo una serie de cifras sobre lo que costó la Muralla Atlántica -al menos lo que se construyó que fue una fracción- no puedo menos que maravillarme por la gigantesca inversión en esta colosal y prácticamente inútil obra. Pero además la paradoja es que un país que empleó en sus conquistas la guerra móvil ejemplificada en el "Blitzkrieg" terminó construyendo una serie de defensas faraónicas y al precio de restar muchos recursos al resto de la economía.

La Muralla del Atlántico no había sido la única. Asi pues Hitler ordenó que se construyera la "Línea Sigfrido". Esta obra construída entre 1938-1939 y que constaba de varias líneas fortificadas y diversos planes de zonas fortificadas que terminaron fundiendose en varias líneas defensivas. En realidad la denominación oficial era "Westwall" o Muralla del Oeste pero la denominación popular "Línea Sigfrido" terminó imponiendose. El caso es que durante unos dos años trabajaron unas 400.000 personas y se empleó la friolera de 1.25 millones de t de acero y unas 8 millones de t de cemento. Esto sin contar las piezas de artillería, campos de minas e instalaciones defensivas fijas.(1)

Y la tan cacareada Muralla del Atlántico terminó consumiendo incluso mas a pesar de no haber sido realizada mas que en parte consumió tan sólo en territorio francés la friolera de 1.2 millones de t de acero y unas 17 millones de t de cemento. A eso hay que añadir la obra realizada en los Países Bajos y Noruega de los que no dispongo de cifras. Si ponemos esas cifras en perspectiva ese consumo de acero era mas o menos el consumo anual realizado por Alemania en la fabricación de carros de combate y cañones de asalto. (2)

Fue además una obra con poca planificación de conjunto por haberse gestado en una combinación de gestos dramáticos y propagandísticos por parte de Hitler. Buena parte de su ejecución y trazado fue realizada por organizaciones económicas y con poca influencia por parte de los mandos militares encargados de defenderla. Hubo bastante burocracia que complicó aún mas el realizar una obra defensiva integrada y con una filosofía clara. El propio Rommel describía sus frustraciones para superar los incontables impedimentos burocráticos para realizar defensas sensatas. Y el mariscal de campo von Runstedt definió toda la obra como "un gigantesco bluff..."


Fuentes:
(1) Adam Tooze: The Wages of Destruction: The Making and Breaking of the Nazi Economy (Pág. 250) Penguin Books.
(2) Steven J. Zaloga: The Atlantic Wall. France (Vol. 1) (Pág. 4) Osprey Publishing

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ari23
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Re: Sobre la muralla atlántica

Mensajepor ari23 » Mié Jun 19, 2013 1:23 pm

Hola , no se si es el sitio ideal para preguntar esto pero lo voy a preguntar .
¿Vosotros habriais construido La Muralla del Atlantico? Razonad las respuesta y gracias por anticipado.

Yo creo que fue una buena idea hacerla y estaba bien construida pero los alemanes no la supieron utilizar cuando lelgó la hora de la verdad.

Salu2

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beltzo
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Re: Sobre la muralla atlántica

Mensajepor beltzo » Jue Jun 20, 2013 2:36 pm

Sr ari23, aunque el tema esta relacionado iría mejor en el apartado de preguntas o historias alternativas, dependiendo del planteamiento que se le quiera dar.

Saludos
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Re: Sobre la muralla atlántica

Mensajepor Schwerpunkt » Lun Jun 24, 2013 3:58 pm

¡ Saludos a tod@s !

Con la venia del moderador, querría apuntar que puesto que la pregunta de ari23 es sobre la conveniencia o no de la Muralla Atlántica, mas que ponerlo en el apartado de escenarios o historias alternativas, habría que comentarlo en éste.

A la vista de lo escrito en este hilo anteriormente, la gigantesca inversión de esfuerzo, hombres y materiales no compensó en absoluto los raquíticos resultados conseguidos. Si lo analizamos objetivamente, la Muralla Atlántica fue perforada el primer día en Normandía sin que los aliados sufrieran unas bajas excesivas. Sirvió para que algunas guarniciones alemanas pudieran resistir un poco más -ejemplo de Cherburgo, Brest o Saint Malo- y para que otras quedaran cercadas y sin utilidad real el resto de la guerra.

A nivel estratégico, la Muralla del Atlántico ya no podía cambiar el desenlace de la guerra en el verano de 1944. Tampoco podía impedir que los aliados desembarcaran a voluntad en cualquier punto de la costa y amenazaran todos. El problema de los alemanes es que hacía mucho tiempo que se habían quedado sin alternativas estratégicas sólidas para afrontar una guerra basada en la movilidad en tierra, mar y aire. La Muralla del Atlántico fue un intento de encarar una situación que en realidad no tenía solución factible. Es probable que esos recursos hubieran estado mejor empleados en dar recursos adicionales a las fuerzas armadas mas que proveer de fortificaciones fijas y de escaso valor militar aunque eso como ya digo no podía cambiar ni el desenlace de la guerra ni mejorar sustancialmente las posibilidades alemanas.

Paddy Mayne
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Re: Sobre la muralla atlántica

Mensajepor Paddy Mayne » Mar Jun 25, 2013 12:08 am

Mucho mas útil que una Muralla del Atlánitico hubera sido que los alemánes hubieran tenido blindados y aviones suficientes para tratar de hacer una guerra de movilidad, resistiendo cerca de las playas a la invación, para retirarse a una línea cerca del Sena, para luego retirase a una línea cerca de la frontera alemána en una serie de acciones defensivas al estilo de Italia. Y esperar que los rusos llegaran a Colonia y a Munich por el Este!
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Re: Sobre la muralla atlántica

Mensajepor Schwerpunkt » Mié Dic 04, 2013 7:15 pm

¡ Saludos a tod@s !

Llevaba algún tiempo investigando sobre la Muralla Atlántica, no tanto en cuanto a su arquitectura o tipología de sus fortificaciones sino su evolución y papel en la estrategia alemana para enfrentar una invasión aliada. Hay muchos estudios sobre el tipo de fortificaciones y sus restos actuales pero algo menos sobre su papel estratégico y análisis de su coste. Así que con el permiso de los contertulios voy a publicar una contribución que por su longitud iré publicando por capítulos.

Introducción
El esfuerzo realizado por los alemanes para construir la Muralla del Atlántico fue colosal pero de escaso resultado práctico. Esta obra fue una de las obras mayores de la ingeniería militar de toda la historia y sin embargo su valor militar fue prácticamente nulo.

El objetivo de esta contribución no es la descripción pormenorizada de las diversas fortificaciones o posiciones artilleras sino un estudio de la génesis de la Muralla del Atlántico, de sus objetivos, efectividad y finalmente un análisis de costes y resultados. Por tanto no trataremos de su arquitectura ni de la construcción sino de la génesis de esta fortificación junto a su papel en la estrategia alemana en Europa Occidental. Tampoco describiremos los expedientes empleados para construirla sea mano de obra forzada, civiles contratados por la organización Todt o el impacto que tuvo en la población costera.

Hay abundante biblografía sobre los innumerables tipos de fortificaciones, búnkers y baterías artilleras. Al lector interesado al particular recomiendo los dos tomos de Steven J. Zaloga que figuran en la bibliografía y notas que ofrece una panorámica sobre el sinfín de búnkers estandarizados que construyeron los alemanes en la Muralla del Atlántico.

Orígenes y génesis de la Muralla del Atlántico
Es importante comprender que la génesis de la Muralla del Atlántico atravesó varias vicisitudes que modificarían varias veces su dispositivo y el propósito final. El resultado final fue el producto de la cambiante suerte estratégica alemana junto a las múltiples intromisiones de Hitler en su carácter y objetivo. Lo que comenzó como un esfuerzo de carácter puramente local para dar apoyo a la supuesta invasión del Reino Unido y otorgar defensa a los puertos de la Europa ocupada iría evolucionando hacia un planteamiento estratégico mucho mas ambicioso. Esta serie de cambios en el planteamiento y objetivos terminarían afectando de manera irremediable a su efectividad cuando en 1944 sus fortificaciones fueron puestas a prueba por el desembarco angloamericano.

Tras la conquista de Europa Occidental se comenzó la construcción de una serie de baterías de gran calibre situadas en el paso de Calais. En un principio el objetivo no era la defensa de este sector sino el apoyo a una eventual invasión alemana de Inglaterra. Estas baterías enclavadas en grandes trabajos de fortificación se enmarcaban dentro de los preparativos enunciados en la Directiva no. 16 de Adolf Hitler del 16 de julio de 1940 para la pretendida invasión de Gran Bretaña (Operación León Marino) Se pretendía prestar apoyo artillero de largo alcance a las tropas alemanas que invadieran la zona de Dover. Igualmente se quería brindar defensa en ese sector costero en contra la previsible reacción de la Royal Navy si se producía la invasión. Entre julio y agosto de 1940 se erigieron varias baterías en la zona junto con baterías móviles ferroviarias. En total unas 29 piezas entre 240 y 305 mm. Asimismo se establecieron unas 444 baterías de artillería de campaña media y ligera en la costa francesa, belga y holandesa para proteger puertos y proveer de protección a la navegación de cabotaje. Poco a poco se fueron erigiendo estaciones de radar y control de tiro. A excepción de las piezas pesadas reseñadas, en general las piezas de campaña no contaban mas que con dispositivos defensivos de campaña y alguna que otra defensa rudimentaria de hormigón. Podemos ver que con la excepción de alguna defensa portuaria este embrión de la Muralla del Atlántico no tenía demasiado carácter defensivo. (1)

Entretanto y como solución temporal a la lenta construcción de costosos abrigos y emplazamientos para la artillería superpesada se comenzaron a utilizar baterías de cañones gigantes en ferrocarril. El III Reich contaba con un buen inventario de piezas de grandes calibres que sólo necesitaban de una buena infraestructura ferroviaria para estar cerca de la costa inglesa. La realidad fue que hubo que comenzar a construir grandes refugios fortificados para estas grandes piezas y las unidades de apoyo frente al hostigamiento de la RAF. Estas piezas fueron gradualmente retiradas a medida que Hitler comenzaba a centrarse en la operación Barbarroja y la construcción de las grandes baterías costeras continuó pero sin especial prioridad o prisa. De hecho las mayores de ellas no estarían terminadas hasta 1942. Durante este período en general no hubo ninguna área prioritaria en construcción si exceptuamos las islas del Canal que atrajeron el interés de Hitler.

280 mm Rail Gun.jpg
280 mm Rail Gun.jpg (63.03 KiB) Visto 3724 veces


Asimismo y para facilitar la guerra submarina se iban a realizar una serie de gigantescos refugios de hormigón armado para los sumergibles alemanes. Estos iban a estar protegidos de las previsibles incursiones de la RAF mediante estos refugios teóricamente indestructibles. (2) Como evidentemente no podían quedar inermes ante ataques navales o incursiones tenían que ser provistos de fortificaciones adicionales en este sentido. En poco tiempo este esquema había evolucionado hacia dispositivos complejos tremendamente fortificados contra incursiones navales y terrestres británicas. También aquí podemos ver un esfuerzo de carácter ofensivo pues las gigantescas obras buscaban la defensa antiaérea de los sumergibles germanos envueltos en una ofensiva de guerra submarina total. El esfuerzo fue titánico pues algunos de estos refugios capaces de albergar bastantes sumergibles tenían unas dimensiones colosales para resistir impactos directos de grandes bombas de aviación. Así por ejemplo el de Sant-Nazaire consumió 480.000 m3 de hormigón. Se construirían fundamentalmente en Francia, Noruega y alguno en la costa del Mar del Norte alemán como el gigantesco refugio Valentin en las cercanías de Bremen que era en realidad una fábrica de ensamblaje de los revolucionarios submarinos XXI y que empleó nada menos que 600.000 m3 de hormigón y 20.000 t de acero.(3)

La ocupación de las islas británicas del Canal llevó a efectuar desde los primeros momentos una fortificación extensiva en la única zona británica ocupada durante la guerra. No obstante el fracaso en lograr que el Reino Unido abandonara la guerra junto al dominio naval británico hizo que gran parte de la costa quedara sujeta a incursiones de comandos británicos que efectuaron entre 1940 y 1942 una serie de pequeños ataques en Noruega y Francia. La reacción de Hitler fue el exigir la fortificación de toda la costa ocupada.

El reforzamiento de las defensas costeras de Noruega y Francia fue sobre todo el efecto de las incursiones de comandos británicos a estas regiones. La invasión de la Unión Soviética provocó la aparición de un nuevo esquema estratégico en el Oeste. La costa de la Europa ocupada había de ser defendida frente a las incursiones británicas e incluso a la posibilidad de una invasión de cierto calado con el mínimo de efectivos. Este modelo estratégico propugnaba la defensa de los puertos con un mínimo de tropas a poder ser tropas de segunda clase, infantería de segunda línea o reserva y abundante artillería costera. Hitler quería que hasta la victoria definitiva sobre la URSS toda la costa atlántica estuviera defendida por unos 300.000 hombres apoyados en 15.000 bunkers. El límite temporal para la conclusión de esta ingente obra de fortificación era mayo de 1943 que era cuando se juzgaba la primera fecha posible de una invasión a gran escala de Europa. La prioridad era la defensa de puertos, con poca o ninguna fortificación en zona de playas ante el convencimiento de que no era posible una invasión a gran escala sin capturar antes puertos de cierto tamaño.

Notas:
(1) George Forty: Fortress Europe. Hitler´s Atlantic Wall (pág. 6-9) Ian Publishing 2002.
(2) J. E. Kaufmann & H. W. Kaufmann: The Atlantic Wall: History and Guide. Pen & Sword Books Ltd. 2011.
(3) Steven J. Zaloga: Defense of the Third Reich 1941-1945 (pág. 55) Osprey Publishing.
(*) Steven J. Zaloga: The Atlantic Wall (2) pág. 25. Osprey Publishing.

Ruego encarecidamente por la longitud de este trabajo y para que se pueda desarrollar con limpieza que cualquier comentario, duda, crítica o contribución NO se haga en este hilo sino en el siguiente:

viewtopic.php?f=19&t=1931

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Re: Sobre la muralla atlántica

Mensajepor cetme » Mié Dic 04, 2013 9:14 pm

Documental,sobre esta muralla.
http://www.youtube.com/watch?v=YiahgbpLPOY

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La Muralla Atlántica

Mensajepor Schwerpunkt » Jue Dic 05, 2013 11:14 am

¡ Saludos a tod@s !

Continuemos pues con la exposición...

Continuación
El fiasco aliado de la operación de Dieppe el 17 de agosto de 1942 pareció reforzar esa idea en la Wehrmacht. En realidad el puerto sólo estaba modestamente fortificado y guarnicionado por unidades de segunda línea (302 Div. Inf.). El fracaso canadiense fue total frente a dos débiles batallones alemanes con poca artillería (las dos baterías de 105 mm emplazadas para repeler un asalto naval apenas jugaron ningún papel), con los carros Churchill atascados en la playa o sin poder penetrar los obstáculos. Sin embargo habría oficiales alemanes que pensaban que este éxito había sido exagerado y distorsionado los planes defensivos en Francia. A este particular el general Freiherr Leo Gehr von Schweppenburg al que encontraremos más tarde comandando las tropas blindadas en Francia comentaría: “El error principal en la defensa contra la invasión estriba en las lecciones extraídas de la incursión de Dieppe. La ambición personal de ciertas personalidades (el Mayor General Kurt Zeitzler, jefe de Estado Mayor del OKW) y sobre todo una campaña propagandística sin sentido orquestada para convertir la historia de la incursión anglosajona en Dieppe en un cuento de hadas sobre el éxito contra un desembarco en toda regla. Esto es claramente irresponsable pues los documentos capturados mostraban claramente un límite temporal en la operación. Esta interpretación autoindulgente nunca se fue del todo de las mentes del alto mando. Junto a las falaces teorías de Rommel para la defensa fue responsable de la situación grotesca alemana (en Francia)”.(4)

Por su parte las lecciones que extrajeron los aliados fueron más realistas y valiosas y podemos resumirlas a continuación:
- Dificultad en tomar un puerto mediante asalto directo lo que conllevaba el desembarcar en playas poco defendidas.
- Como consecuencia de la primera conclusión se vió necesario el diseño y empleo de puertos prefabricados (Mulberries) así como otras soluciones logísticas (oleoductos) y buques de desembarco especializados que permitieran el sostenimiento logístico de un desembarco a gran escala.
- Necesidad de un gran dominio aeronaval que permitiera la anulación de las defensas o al menos su neutralización.
- Necesidad de contar con abundante equipo pesado de ingeniería (carros blindados especializados) para abrirse paso a través de obstáculos costeros, campos de minas, etc.

A pesar de que el consenso entre los mandos alemanes era la prioridad en la defensa de los puertos, este modelo estratégico defensivo iba a sufrir vaivenes de gran calibre a medida que la posibilidad de la victoria sobre la Unión Soviética desaparecía y los aliados comenzaban su contraofensiva en el Mediterráneo.

Este cambio en el paradigma defensivo alemán de que además de defender los puertos habría que defender también las playas frente a un enemigo dotado de múltiples recursos y capaz de mantener una invasión abastecida a través de playas fue lento y gradual. El progresivo empeoramiento de la situación alemana en general y el dominio absoluto aeronaval aliado en particular no dejaba lugar a dudas de que no se podría contar con la Luftwaffe y la Kriegsmarine para una respuesta eficaz contra una fuerza de invasión dotada de medios abrumadores. Por otra parte la campaña italiana había evidenciado que los aliados podían desembarcar y apoyar efectivos muy considerables sin contar puertos capturados de gran tamaño lo cual forzaba al alto mando alemán no sólo a la fortificación de puertos sino de las playas también, tarea casi imposible por su magnitud.

En realidad el Alto Mando alemán se veía sumido en una gran controversia estratégica y táctica sobre como afrontar la invasión aliada. Por un lado la doctrina militar tradicional alemana contemplaba a las fortificaciones como algo útil para la defensa y de apoyo en los contraataques que serían lo que a la postre determinaría el éxito contra una invasión, pero en modo alguno como el armazón sobre el que aposentar todo el concepto defensivo. Por otra parte Hitler con su gusto por la fortificación a ultranza y por el gigantismo chocaba con la doctrina tradicional de sus generales. Además del gusto de Hitler por las construcciones colosales, su creciente manía de enclaustrar tropas en las llamadas “plazas fuertes” con órdenes de mantener los recintos fortificados hasta el último hombre chocaba con la doctrina militar alemana. Este concepto hitleriano de las plazas fuertes era totalmente contrario a la flexibilidad táctica de la que el Ejército alemán hacía gala y en definitiva complicaba el modelo estratégico defensivo alemán.

Por otra parte el progresivo empobrecimiento en motorización y potencia de fuego de las fuerzas alemanas apostadas en el litoral complicaba el modelo clásico defensivo alemán. La doctrina tradicional alemana estipulaba que las fortificaciones tenían que dificultar la penetración del enemigo para que las reservas contraatacaran y rechazaran el ataque enemigo. El problema era la constitución de reservas móviles en cantidad suficiente para esta eventual contraofensiva así como la progresiva degradación de las divisiones de infantería alemanas. Esta degradación era producto de la sangría sufrida en el Frente Oriental que iba drenando a las divisiones destacadas en el Oeste del material y mejores elementos de combate y devolviendo tan sólo restos o tropas de segunda y tercera categoría. La fortificación era una solución de circunstancias, que se pensaba, permitiría una cierta capacidad defensiva.

El alto mando alemán además iba a sufrir en 1944 los efectos de su falta de inteligencia militar y de un plan de desinformación organizado por los aliados (Operación Fortitude) El plan era básicamente hacer creer a los alemanes que se disponía de mas unidades de las reales agrupadas entorno a un grupo de ejército ficticio y que se emprendería algún desembarco de distracción. Las señales enviadas por los aliados sobre posibles operaciones en Noruega y diversos sectores de la costa francesa iban a complicar aún mas la respuesta alemana a la invasión.

Ruego que por la longitud de este trabajo y para que se pueda desarrollar con limpieza que cualquier comentario, duda, crítica o contribución NO se haga en este hilo sino en el siguiente:

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Notas:
(4) Steven J. Zaloga: The Atlantic Wall (1) France (pág. 11-12) Osprey Publishing Ltd. 2007.

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Re: Sobre la muralla atlántica

Mensajepor Schwerpunkt » Sab Dic 07, 2013 12:30 pm

¡ Saludos a tod@s !

Continuemos con la exposición. A riesgo de resultar tedioso ruego que cualquier comentario, duda, crítica o contribución NO se haga en este hilo sino en el siguiente:

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Directivas y órdenes de Hitler sobre el particular
Veamos pues como las directivas y órdenes hitlerianas iba a reflejar esta evolución en el pensamiento estratégico alemán además de inmiscuirse en innumerables detalles de carácter táctico, organizativo complicando aún mas la ingente labor de defender una costa de varios miles de kilómetros.

La directiva no. 40 del 23 de marzo de 1942 se extendía sobre las competencias de los comandantes en áreas costeras y enumeraba de manera prolija las tareas encomendadas de defensa además de exhortar a la fortificación de numerosas áreas, en particular puertos. Contenía no obstante las semillas de la rivalidad entre armas y servicios al dejar a su discreción y arbitrio la articulación de la defensa y su organización. Ejemplo de la confusa estructura de mando era la declaración de que toda la artillería estaría bajo el mando naval incluyendo las baterías costeras del Heer en cualquier enfrentamiento contra objetivos navales o ya en tierra. El problema es que el “dictum” ponía bajo control operativo de las divisiones del Heer a los mandos navales encargados de esa defensa. Por el contrario en las Islas del Canal la distribución de tareas defensivas estaba claramente delimitada entre objetivos en tierra (para el Heer) y en agua (para la Kriegsmarine) mientras que la artillería antiárea era libre de emplearse contra la aviación enemiga a discreción. Esta confusa estructura que además ni siquiera era homogénea iba a constituir uno de los grandes puntos flacos del dispositivo defensivo alemán al no haber mandos ni estrategias defensivas claras.

La importancia de esta directiva estriba en la escalada en las obras de fortificación que empiezan a emplear una tremenda cantidad de recursos –hormigón armado y piezas artilleras sobre todo- sobre los relativamente escasos recursos empleados hasta la fecha. Por ejemplo en octubre de 1941 sólo se emplearon 3.000 metros cúbicos de hormigón, en septiembre de 1942 eran ya 373.000 metros cúbicos los gastados. En junio de 1942 el hormigón empleado en el esbozo de la Muralla Atlántica ya superaba el consumido en los refugios de submarinos.

Este ingente número de piezas artilleras fue creciendo lentamente. Así en el otoño de 1941 había unas 1.200 piezas en la costa francesa, en general defendiendo puertos y zonas consideradas estratégicas. En aquella época todavía no se consideraba importante la defensa de las playas que hubiera requerido extensivos trabajos de fortificación y artillería.(5)

155 mm gun in kettle open position.png
155 mm gun in kettle open position.png (176.46 KiB) Visto 3724 veces


Nota a la foto: por esta época no se consideraba importante el enclaustrar las piezas de artillería costera en abrigos o búnkers de hormigón. Se juzgaba más importante ampliar el campo de tiro y sobre todo se ahorraba una ingente construcción de hormigón.

Es en estas fechas (el 13 de agosto de 1942) cuando se enuncia por vez primera el concepto de Muralla Atlántica en una reunión de Hitler con el alto mando. Se ordena la construcción de 15.000 búnkers guarnicionadas por unos 300.000 hombres desde la frontera francesa hasta los Países Bajos. El reparto de búnkers entre los diversos ejércitos (AOK) encargados de la defensa evidencia las prioridades.
Así pues el XV y VII Ejércitos (AOK 15 y AOK 7) reciben una asignación de 11.000 búnkers. El I Ejército (AOK 1) recibe entre 1.500 a 2.000 y el resto a Holanda.

Pocos días después de esta conferencia se produce la gran incursión aliada a Dieppe. Aunque la incursión termina en desastre aliado sirve para subrayar la urgencia del programa de construcción. Desde el punto de vista táctico sirve para recordar la vulnerabilidad de las piezas artilleras emplazadas en posiciones no cubiertas. Se acelera la construcción de abrigos fortificados para la artillería de todo tipo y no sólo las baterías costeras. Hitler extrae la conclusión de que la protección de la artillería es vital “Prefiero 20 cañones protegidos que 200 sin proteger”. Pero lo que este dictum obvia es que las piezas enclaustradas en posiciones de hormigón tienen campos de tiro mucho mas reducidos. En aras de la protección se sacrificará por ejemplo la posibilidad de que muchas piezas costeras puedan efectuar tiro tierra adentro. Además la construcción de estos grandes búnkers para proteger piezas artilleras no era cosa baladí; una casamata que albergara una pieza del gran cañón anticarro 88 mm PaK 43/41 consumía unos 380 m3 de hormigón y más de 21 t de acero además de exigir terraplenar o desmontar unos 150 m3 de terreno. La instalación de las grandes piezas artilleras costeras en enormes refugios de hormigón eran gigantescas obras de ingeniería que necesitaban de miles de metros cúbicos de hormigón y centenares de toneladas de acero en forma de varillas para el hormigón, puertas o troneras blindadas, etc.(6)

Batterie Trondenes 406 mm Harstad (Noruega 1943).png
Batterie Trondenes 406 mm Harstad (Noruega 1943).png (237.19 KiB) Visto 3724 veces


Nota a la foto: El descomunal tamaño de la pieza pone de relieve también la ingente obra de construcción realizada para su instalación. En particular la construcción de estas fortificaciones en Noruega fue un auténtico "tour de forcé" dada la precariedad de las comunicaciones y la necesidad de importar todos los materiales.

Mientras tanto prosigue el debate entre las diferentes doctrinas de la Kriegsmarine y del Heer de cómo emplazar y utilizar la artillería. En general la Marina contempla las baterías costeras como una artillería naval emplazada en tierra utilizando el control de tiro sobre blancos móviles navales. Las piezas se sitúan en posiciones fijas y en el límite de las costa con la máxima visibilidad sobre el mar y cuentan con múltiples telémetros mientras que el Ejército prefiere baterías mas camufladas y por tanto alejadas de la costa. La Marina por otra parte tiene una mejor integración de la detección de blancos y dirección de tiro gracias a una serie de estaciones de radar. Aunque los radares alemanes no llegan a efectuar un control de tiro eficaz debido a la escasez de radares centimétricos. En general la tecnología alemana está por detrás de la aliada en este apartado y además es más vulnerable a la intercepción y guerra electrónica.

El Heer prefiere piezas móviles y no inmovilizadas en abrigos fortificados con el argumento de que es mejor una artillería que acuda al ataque en vez de tenerla inmovilizada en sectores concretos. En realidad esta doctrina es un reflejo de la experiencia de Gallipoli en la I Guerra Mundial y que no tiene aplicación práctica frente a un enemigo móvil y que va a desarrollar una superioridad aplastante en el sector elegido para el desembarco. Además no se pone énfasis en la dirección de tiro contra blancos móviles navales sino en el habitual en tierra. Algunos estudios de la posguerra subrayan la superioridad del modelo táctico de la Kriegsmarine frente al Heer.

En cualquier caso el debate no es resuelto en ningún sentido. En la práctica cada servicio empleará su doctrina sin coordinación con el otro lo que complicará la defensa y sobre todo la planificación de las fortificaciones.(7)

Notas:
(5) George Forty: Fortress Europe: Hitler´s Atlantic Wall: p. 127. Allan Publishing 2002.
(6) Steven J. Zaloga: D-Day Fortifications in Normandy (pág. 25) Osprey Publishing Ltd. 2005.
(7) Steven J. Zaloga: The Atlantic Wall (2). (pág. 52-55) Osprey Publishing Ltd. 2009.
** Steven J. Zaloga: The Atlantic Wall (2) (pág. 25) Osprey Publishing Ltd. 2009.
*** Steven J. Zaloga: The Atlantic Wall (2) (pág. 25) Osprey Publishing Ltd. 2009.

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Re: Sobre la muralla atlántica

Mensajepor Schwerpunkt » Mar Dic 10, 2013 12:28 pm

¡ Saludos a tod@s !

Directivas y órdenes de Hitler sobre el particular (Continuación)
La directiva no. 51 del 3 de noviembre de 1943 reconocía implícitamente la imposibilidad de la victoria en el este pero establecía que mientras se podía ceder terreno en el Frente Oriental sin consecuencias catastróficas, no era posible una defensa de esa índole ante la certeza del desembarco anglosajón. Además pronosticaba que cuando se produjera el bombardeo a larga distancia de Gran Bretaña, o sea el ataque con armas V, las zonas donde se encontraban las bases serían objeto prioritario del ataque angloamericano.

Al margen de todas estas consideraciones estratégicas, en la práctica se ordenaba la fortificación a escala acelerada de toda la costa supuestamente amenazada sin atender al coste. Además se ordenaba la constitución y entrada en posición de varias divisiones acorazadas y de granaderos acorazados y el envío mensual de 100 cañones antitanques pesados de 75 y 88 mm, varios de ellos autopropulsados.

Pero las intromisiones de Hitler en el esquema defensivo y su organización prosiguen sin pausa. De especial interés es la Orden del Führer no. 11 del 3 de marzo de 1944 estableciendo las siguientes directrices:

- Distinción entre las fortalezas (Festeplätze) comandados por un comandante de fortaleza y los puntos locales fortificados (Ortstützpunkte) bajo el mando de un comandante de combate.
- El comandante de la fortaleza tendría plenos poderes sobre todos los militares y civiles dentro de la fortaleza incluyendo la posibilidad de ejercer consejos de guerra.
- La guarnición de las fortalezas se compondría de guarnición de seguridad y guarnición general. La guarnición de seguridad se encontraría en todo momento en el interior del área fortificada mientras que la guarnición general serían tropas puestas a disposición del comandante de la fortaleza por el Grupo de Ejércitos tan pronto se realizara un ataque de envergadura a la fortaleza.
A continuación la orden se extendía sobre las misiones de cada tipo de comandante, punto fortificado y refuerzos susceptibles de ser enviados a las zonas fortificadas.(8)

Toda esta compleja reglamentación producía una falta de flexibilidad táctica, limitaba el mando de los oficiales en la zona y complicaba enormemente el mando de las unidades de combate en caso que se produjera un desembarco enemigo como la realidad iba a demostrar.

La respuesta clásica defensiva alemana a una invasión era una contraofensiva acorazada donde las fortificaciones simplemente sirvieran para fijar a las tropas aliadas y dificultar su desembarco. Sin embargo el progresivo protagonismo ganado por la Muralla Atlántica empezaba a viciar este esquema. Además de los problemas sufridos por los alemanes en la constitución de una reserva blindada potente y fuerzas de cobertura mientras sus fuerzas se desangraban en Rusia, el alto mando alemán comenzaba a sufrir otros problemas que distorsionaban el análisis estratégico. Buena parte de la distorsión venía de las intromisiones del propio Hitler pero otras eran en principio independientes: una de las más importantes era la falta de inteligencia sobre las fuerzas angloamericanas y su capacidad. Realmente la falta de información veraz sobre las fuerzas aliadas era casi total lo que favorecía los planes de engaño practicados por los aliados. La progresiva falta de exploración aérea junto al fracaso de los espías alemanes en territorio británico va sumiendo a los alemanes en las tinieblas sobre las intenciones de sus enemigos. No sólo no se tiene una idea cabal de las fuerzas aliadas sino que se tiene una gran ignorancia sobre sus capacidades tecnológicas y logísticas (buques de desembarco especializados, carros anfibios y vehículos de ingeniería, puertos prefabricados, oleoductos, etc) lo que complica la percepción sobre las posibilidades de la invasión.

Entretanto el área donde se realizan extensivos trabajos de fortificación son las instalaciones de la Luftwaffe destinadas contra las incursiones aéreas aliadas (estaciones de radar, posiciones de artillería antiaérea, centros de control y mando, etc) En especial se crean numerosas fortificaciones en la ruta natural de penetración de los bombarderos angloamericanos. Así pues la Línea Kammhuber o línea de defensa y aviso antiaérea en la costa del Mar del Norte va quedando integrada en los trabajos de fortificación de la Muralla del Atlántico y supone un buen porcentaje de los trabajos totales.(9)

Desde finales de 1943 la Muralla del del Atlántico que con la excepción de puertos y algunos sectores muy concretos no estaba mas que en mantillas, cobra nuevo brío ante la amenaza del desembarco angloamericano.(10)

Con la llegada de Rommel al mando se acelera la construcción de fortificaciones y tendido de campos minados pero también cambian parcialmente las prioridades de la defensa alemana. Rommel quiere defensas lo más fuertes posibles en la línea costera sacrificando si es necesario la profundidad y la existencia de reservas. Sin embargo a pesar de los esfuerzos titánicos, la realidad es que la mayoría de sectores sólo contaban con puertos densamente fortificados y artillados pero con escasas fortificaciones entre ellos. De hecho gran parte de las fortificaciones eran de campaña con escasez de refugios y búnkers de hormigón y escasez de minas, alambre de espino y sobre todo tropas. Además de la baja calidad de las tropas alemanas, las divisiones guarnicionaban sectores extensísimos. La doctrina militar alemana establecía frentes por división de unas 10 millas (16 km) pero la mayoría de divisiones sostenía frentes de 80 km o más.(11)

Notas:
(8) George Forty: Fortress Europe. Hitler´s Atlantic Wall (pág. 6-9) Ian Publishing 2002.
(9) Steven J. Zaloga: Defense of the Third Reich 1941-1945 (pág. 10-12) Osprey Publishing.
(10) Steven J. Zaloga: The Atlantic Wall: France (Vol. 1) Osprey Publishing.
(11) J. E. Kaufmann & Robert M. Jurga: Fortress Third Reich: German Fortification and Defense Systems in World War II. (p. 317-320) Da Capo Press 2007.

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Re: Sobre la muralla atlántica

Mensajepor Schwerpunkt » Mié Dic 11, 2013 7:50 pm

¡ Saludos a tod@s !

Debate estratégico en el mando alemán
Veamos ahora como las continuas interferencias de Hitler afectarían decisivamente a la estrategia alemana previa a la invasión, al uso y misión de la Muralla Atlántica y en última instancia en la derrota de la estrategia defensiva germana. La confusión sobre el propósito de la Muralla Atlántica y su papel dentro de la estrategia alemana se irá haciendo cada vez mayor y como veremos influirá decisivamente en su pobre resultado.

Hemos visto las diversas diferencias entre el Ejército y la Marina sobre el diseño, situación y construcción de las baterías costeras y de la disposición artillera en particular. Esto es el resultado de diferentes doctrinas tácticas aunque tendrá una influencia profunda. Además el concepto de defensa en profundidad que el Ejército alemán había realizado con bastante éxito en la I Guerra Mundial y con éxito relativo en el Frente Oriental iba a ser imposible ante la necesidad de defender una línea costera de 3.800 kilómetros lo que imposibilitaba la defensa lineal total y en profundidad. En la práctica se realizaría un esquema de “collar de perlas” Las “perlas” iban a ser reductos fortificados que intentarían apoyarse los unos a los otros. La fortificación tenía la ventaja que permitir a divisiones débiles de infantería de segunda y tercera clase defender estos sectores al ahorrar efectivos mediante el hormigón y con el apoyo de piezas costeras. Pero a nadie se escapaba que aunque esta infantería enclaustrada en posiciones de hormigón armado pudiera defenderse dignamente, sería mucho más difícil maniobrar con estas divisiones escasas en motorización, potencia de fuego y tropas veteranas para arrojar a los invasores al mar. Esa tarea tenía pues que recaer en fuerzas móviles veteranas.

Pero a continuación se producirá un gran tira y afloja sobre toda la estrategia defensiva en el Oeste con graves repercusiones en la misión de la Muralla.

Aunque parezca que se trate de una cuestión externa a la Muralla Atlántica, la así llamada “controversia panzer” fue un debate a nivel estratégico que tendrá profundas repercusiones sobre el futuro de la línea fortificada por lo que es conveniente que la tratemos en cierto detalle.

En noviembre de 1943 Rommel es nombrado inspector de las defensas como parte de la directiva 51 aunque no es hasta el 15 de enero de 1944 en que es nombrado comandante del Grupo de Ejércitos B en el Oeste. Su experiencia en el norte de Africa le hace insistir en la defensa de las playas como irrenunciable puesto que teme que si los aliados logran libertad operacional dada su superioridad material y móvil la campaña y por ende la guerra están perdidas. Su afirmación “Die Hauptkampflinie ist der Strand” (La línea principal de combate es la playa) es una afirmación de porque la estrategia de contraofensiva móvil tras permitir a los aliados consolidar la cabeza de puente no es factible dada la tremenda superioridad material aliada especialmente aérea. Además Rommel había quedado muy influído por su experiencia en Tobruk y el Alamein donde los campos de minas habían frenado y en ocasiones detenido a atacantes móviles. La batalla del Alamein le había mostrado como unas fuerzas inferiores podían retrasar a un adversario materialmente superior. Su aparente manía por las minas y el reforzamiento inmediato de las fortificaciones en la línea de playa tienen pues una razón fundada en su experiencia si bien la superioridad aliada en 1944 era mucho mayor que en 1942. En el corto plazo esto supone acelerar la construcción de la Muralla Atlántica a contrarreloj y acudir a toda solución de circunstancias para fortificar aunque sea someramente los sectores que no lo están.

La escasez de recursos llevó a Rommel a improvisar de manera frenética obstáculos submarinos y campos minados, zonas inundadas para impedir asaltos paracaidistas y en general un reforzamiento de las fortificaciones.

Inspektion Erwin Rommel mit Offizieren.jpg

Fuente de la foto: Bundesarchiv (Bild no. 101I-719-0243-33)

La firme creencia de Rommel de que el poder aéreo aliado iba a impedir un rápido despliegue de la reserva blindada alemana chocaba con la convicción de otros jefes alemanes como von Rundstedt u otros cuya experiencia principal era el Frente Oriental donde el poder aéreo no tenía esa importancia y donde el recurso operacional era el contragolpe móvil, recurso que Rommel pensaba ya no era posible en 1944. Aunque Hitler mostraba una innata simpatía por el planteamiento de Rommel debido a su gusto por las grandes fortificaciones y renuencia a ceder terreno, el debate no fue resuelto de forma satisfactoria y se adoptaría una solución de compromiso que no satisfaría a nadie. Desde el punto de vista práctico lo que Rommel proponía era el reforzamiento de las defensas estáticas lineales y el despliegue del máximo de divisiones móviles cerca de las playas y no en el interior. Así por ejemplo, su propuesta en mayo de 1944 de situar a la 12 Div. Pz SS a tan sólo 15 km de la playa Omaha fue desautorizada por von Rundstedt y finalmente rechazada por Hitler.(12) Hay que señalar que el afán de Rommel de reforzar al máximo la línea costera y poner el máximo de tropas en abrigos fortificados provocaba que el dispositivo defensivo fuera una delgada costra sin casi reservas detrás.

Por su parte von Rundstedt y el general de Tropas Blindadas Freiherr Leo Geyr von Schweppenburg abogaban por constituir una fuerte reserva central de fuerzas blindadas en las cercanías de Paris llamada Grupo Panzer del Oeste. Tanto Geyr, von Rundstedt como el propio Heinz Guderian, Inspector General de las Tropas Blindadas creían que Rommel exageraba la amenaza de la superioridad aérea aliada a la que no creían capaz de impedir el movimiento estratégico de esta reserva. La posición de Guderian es mas ambivalente, pues no parece ni apoyar ni contradecir a Rommel, sin embargo no se logra el acuerdo. La convicción de Von Rundstedt de que la Muralla Atlántica tiene un valor bastante dudoso y que lo único que se le puede pedir es dificultar un tanto el desembarco aliado negandole al menos los primeros días la posesión de un puerto. A continuación esa reserva blindada tras una marcha de aproximación al sector del desembarco realizaría una gran contraofensiva que arrojaría a los aliados al mar. Era por tanto conveniente no precipitarse en lanzarla al combate pues se cuenta con que los aliados puedan efectuar varios desembarcos. Dentro de este planteamiento es fundamental identificar el esfuerzo aliado principal para comprometer la reserva acorazada y destruir al grueso de las fuerzas aliadas. El papel de la Muralla Atlántica era secundario en todo este planteamiento. Esta desconfianza hacia las posibilidades defensivas de las fortificaciones era compartida por muchos generales alemanes que pensaban que se destinaban demasiado recursos a crear masas de hormigón de poca eficacia militar y aglutinaban demasiadas tropas para su guarnición. El comandante del XIX Ejército, Georg von Sodenstern, confesaba en un escrito privado en el verano de 1943 que “nadie en su sano juicio pondría su cabeza en el yunque en el que el herrero va a descargar su martillo, pues ningún general agruparía sus tropas en el punto en el que el enemigo va a descargar el golpe más fuerte de su superioridad material”. Von Sodenstern, por cierto, sería destituido a instancias de Rommel descontento por el retraso en las fortificaciones en la costa mediterránea.(13)

Notas:
(12) Jonathan Kraetsch: Hitler´s Interferences and Other Problems that Plagued the German Army. UC Santa Barbara 2009.
(13) Paul Williams: Hitler´s Atlantic Wall: Pas de Calais (pág. 39) Pen & Sword Books 2013.


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