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Bombardeos en Inglatera

La vida cotidiana en los países aliados

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Francis Currey
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Bombardeos en Inglatera

Mensajepor Francis Currey » Sab Jun 18, 2005 9:27 am

Bombardeos en Inglatera

La aviación alemana bombardeo de forma continua, durante la llamada Batalla de Inglaterra, poblaciones civiles, a fin de mermar la moral de la población. Estos ataques indiscriminados se cobraron la vida de cientos de personas sin embargo los británicos aprenderían a "convivir" con ellos a medida que la guerra avanzaba

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fuente "History of war" julio 2014, p8-9

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Erich Hartmann
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Mensajepor Erich Hartmann » Mié Jul 20, 2005 12:30 am

EN LONDRES, LA VIDA SIGUE AUN BAJO LAS BOMBAS ALEMANAS

Desmentidas por los hechos las apocalípticas previsiones de los futurólogos. Se preveía que las incursiones aéreas provocarían una hecatombe y paralizarían el país, pero esto no sucedió.

Ya antes del comienzo de la guerra, el gobierno británico había preparado un plan para caso de conflicto. Para redactarlo habían estado también trabajando los expertos que hoy llamaríamos "futurólogos", con el objetivo de prever anticipadamente las consecuencias de los bombardeos aéreos. Estos expertos, defensores convencidos de la "doctrina" del general italiano Douhet sobre los desastrosos efectos de los bombardeos, habían previsto también que la primera incursión sobre Londres provocaría al menos 600.000 muertos. Nada más equivocado. Los efectos prácticos de los bombardeos revelaron lo equivocado de las previsiones de los expertos. Se había dicho, por ejemplo, que cada casa bombardeada significaría una media de cuatro civiles muertos. Pero afortunadamente, la proporción resultó mucho más reducida. Millares de casas fueron arrasadas, pero sólo perdieron la vida unos pocos centenares de ciudadanos. Se había subrayado también la importancia del fuego antiaéreo de barrera, pero es muy difícil acertar a un avión. Muchas otras previsiones resultaron en gran parte inútiles o erróneas, vistos los hechos. Se había previsto abundante ayuda para los muertos y heridos, pero ninguno había tenido en cuenta el problema de los sin techo. De modo que luego había millares de camas vacías en los hospitales mientras por las calles de Londres pululaban millares de personas perfectamente sanas, pero sin un sitio donde poder guarecerse.

No obstante, el problema se afrontó con urgencia. Todas las escuelas de Londres se convirtieron en centros de ayuda. Por la noche, los 25.000 londinenses sin techo encontraron allí sitio para dormir. En los días siguientes, los londinenses dieron pruebas de su espíritu de adaptación; abandonaron su tradicional reserva y se ayudaron unos a otros como si fueran miembros de la misma familia. Ni siquiera protestaron contra las autoridades para que Londres fuera mejor defendida.

Entre tanto, Londres seguía siendo bombardeada una o dos veces cada día. Los pilotos alemanes escogían con cuidado los objetivos importantes. Uno de los principales era Buckingham Palace, alojamiento de la familia real. Pero no lograron matar al rey, y resultó que los londinenses se unieron a su soberano como nunca había pasado antes. El rey Jorge no quiso abandonar la ciudad machacada, y su presencia en los lugares más afectados no dejó de impresionar el sentimiento popular.

A mitad de octubre, para evitar la caza enemiga que cada vez era más peligrosa, los alemanes empezaron a llegar de noche. A la luz del día se revelaban sus pérdidas como bastante graves; pero de noche podían volar libremente, porque los Spitfires no estaban aún adaptados al vuelo nocturno. La situación vuelve a ser dramática. Churchill se da cuenta de que hay que hacer algo y concentra en Londres todos los cañones disponibles. El primer ministro británico sabe muy bien que sus disparos tendrán poco resultado (los antiaéreos derriban poquísimos aviones y los cascotes matan más gente en tierra que en el aire), pero lo que le importa es demostrar a sus conciudadanos que los defensores de la ciudad no están mano sobre mano.


Fuente: Sarpe


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Mensajepor Erich Hartmann » Mié Jul 20, 2005 12:47 am

En cola para entrar en los refugios antiaéreos

Entre tanto, la gente se va acostumbrando a los bombardeos. Todas las mañanas, donde es posible, la vida recomienza como siempre. Todos se esfuerzan por conservar las costumbres normales. También la radio mantiene invariables sus programas, como si no estuviese pasando nada.

Muchas calles están cerradas al tráfico por la presencia de bombas sin estallar. Pero la vida de la capital no se para; el trabajo sigue en las oficinas y en las fábricas. Hacia la noche, la gente hace cola para encontrar sitio en los refugios. También esto se hace costumbre. y la costumbre más importante. Significa que los londinenses han aprendido a vivir bajo las bombas, que no se han rendido.

No falta sitio en los refugios, porque casi la mitad de la población de Londres se obstina en pasar las noches en casa. En los refugios, la gente -trata de pasar el tiempo del mejor modo. La vida en común, la necesidad de afrontar juntos los mismos riesgos, provocan el surgir de nuevas amistades cordiales. Entre un bombardeo y otro, la gente se divierte. Teatros y salas de baile funcionan otra vez. Los jóvenes quieren divertirse. Trabajan mucho de día, y por la noche, si los alemanes lo permiten, quieren beber o bailar. Y cuando llegan los alemanes, cuando empiezan a caer las primeras bombas, los voluntarios de primeros auxilios están siempre dispuestos a intervenir mientras la gente reza en los refugios.

Los protectores de la ciudad ya saben lo que hacer. Se trata de repetir lo mismo todas las noches. Mientras fuera ruge la batalla, otra lucha hecha de miedo y valor se libra en los subterráneos de la ciudad. No todos los barrios tienen refugios antiaéreos, de modo que el gobierno se ve finalmente obligado a abrir al público las galerías del Metro. Los trenes se usan también para transportar alimentos.

Desde los vagones se reparte por la noche té y galletas a los que lo necesitan. Después de la renuncia por parte alemana a intentar el desembarco, la situación en Londres no mejora. Hitler ordena más bien intensificar los bombardeos terroristas nocturnos con la esperanza de provocar el derrumba- miento psicológico de la población. De septiembre a noviembre de 1940, Londres fue bombardeada 87 noches seguidas con una media de 200 bombarderos cada vez. En total fueron arrojadas en la ciudad 14.000 toneladas de bombas, y los muertos empezaban a contarse por miles.

Después de noviembre, los bombardeos disminuyeron de intensidad y los comerciantes aprovecharon la pausa para prepararse a las fiestas navideñas. Las familias se dispusieron a pasar la primera Navidad de guerra efectiva. Los más festejados fueron, naturalmente, los niños. No debería haber habido niños en Londres, pero después de la evacuación ordenada al principio de la guerra, muchos padres habían ido a recogerlos. Las familias preferían seguir unidas en el peligro.


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Mensajepor Erich Hartmann » Mié Jul 20, 2005 12:55 am

La angustia de la soledad

Con la continuación de los bombardeos, el problema más grave era dormir. La gente trabajaba mucho de día, y por la noche tenia absoluta necesidad de reposo. Pero era afortunado el que conseguía cerrar los ojos dos o tres horas cada noche. Algunas organizaciones privadas se hicieron de oro vendiendo a los londinenses unas horas de tranquilidad. Por algunos chelines se podía pasar una noche en paz en algunos campamentos formados con remolques en bosques cercanos. Muchas familias vivieron allí durante toda la guerra.

El 29 de diciembre cayeron en Londres 3.000 bombas incendiarias. La City era una enorme hoguera. Ante la violencia de las llamas, los bomberos no pueden hacer nada. Es el momento más difícil para la ciudad. La moral de los londinenses nunca estuvo tan baja. La isla está asediada y los ingleses están solos combatiendo a un enemigo que domina toda Europa. Los londinenses prueban la angustia de la soledad. Después de la derrota de Francia no tienen aliados. Norteamérica es amiga, pero no piensa intervenir, y las relaciones entre Alemania y la Unión Soviética siguen excelentes.

El valor de los londinenses suscita admiración, pero no esperanza. La repetición de los ataques aéreos, las imágenes de la tempestad de llamas que envuelve a Inglaterra y la fama de los lugares alcanzados, desde Buckingham Palace al Museo de Madame Tussaud, producen profunda impresión en el mundo entero.

Todos están convencidos de que Inglaterra está ya al borde del hundimiento. En realidad, son sólo heridas superficiales, porque el país está sustancialmente intacto. A pesar del espectacular efecto de los bombardeos, la producción de la industria bélica no ha sido gravemente dañada. Harían falta a los alemanes medios veinte veces mayores para destruir Londres, y medios aún más potentes para anular la determinación de los ingleses. El símbolo de la resistencia de la ciudad es la catedral de San Pablo, único edificio de la City en pie en medio de las llamas. A la sombra de San Pablo, Londres sigue viviendo. En Lloyds siguen impertérritos asegurando los barcos que cruzan el Atlántico, y pagan religiosamente cuando los U Boote de Doenitz hacen una nueva victima. Para mantener normal el tráfico de transportes públicos, los conductores de los autobuses deciden seguir el servicio durante las incursiones. Los familiares autobuses rojos de dos pisos se hacen también símbolo de la resistencia. Tras pocos meses de guerra, la gente había aprendido a vivir con la guerra en casa. Los bombarderos no desorganizaban ya la vida ciudadana ni interrumpían la producción. Al principio, cuando las sirenas tocaban alarma, todo se paralizaba, y esta interrupción del trabajo resultaba mucho más dañosa que los mismos bombardeos.

Para evitar este inconveniente, en los tejados de las fábricas se pusieron vigías que debían dar la alarma sólo cuando los bombarderos alemanes estaban demasiado cerca. El mismo sistema fue adoptado en los grandes almacenes y las oficinas públicas.

La población se había resignado a vivir bajo las bombas. La ciudad no había sido invadida por muchedumbres enloquecidas como habían anunciado los expertos, ni habían aparecido signos de debilidad. Curiosamente, en aquel tiempo disminuyeron los enfermos y la media de suicidios de modo notable. En vez de anular la voluntad de resistencia de los ingleses, las bombas alemanas obtuvieron el efecto contrario. Los objetores de conciencia, numerosísimos en vísperas de la guerra, disminuyeron a medida que aumentaban las incursiones sobre la ciudad.

El periódico pacifista "Peace News" afirmó que Hitler era algo mucho más tremendo que la guerra, y que era preciso combatirlo. El mismo filósofo Bertrand Russell afirmó públicamente que ya no era pacifista, y que si hubiera sido lo bastante joven se habría alistado voluntario.


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Mensajepor Francis Currey » Sab Ago 13, 2005 12:05 am

Se estima que el número total de civiles muertos y desaparecidos ronda los 60,595 repartidos del siguiente modo:

Hombres: 26,923
Mujeres: 25,399
Niños menores de 16 años: 7,736
Sin identificar: 537

Las cifras provienen de la obra: Casualties and medical statistics de W. Mellor publicada en 1972

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Una moral de Hierro

Mensajepor Francis Currey » Jue Ene 12, 2006 12:06 am

Una moral de Hierro

Ya antes del comienzo de la guerra, el gobierno británico había preparado un plan para caso de conflicto. Para redactarlo habían estado también trabajando los expertos que hoy llamaríamos "futurólogos", con el objetivo de prever anticipadamente las consecuencias de los bombardeos aéreos. Estos expertos, defensores convencidos de la "doctrina" del general italiano Douhet sobre los desastrosos efectos de los bombardeos, habían previsto también que la primera incursión sobre Londres provocaría al menos 600.000 muertos. Nada más equivocado. Los efectos prácticos de los bombardeos revelaron lo equivocado de las previsiones de los expertos.

Se había dicho, por ejemplo, que cada casa bombardeada significaría una media de cuatro civiles muertos. Pero afortunadamente, la proporción resultó mucho más reducida. Millares de casas fueron arrasadas, pero sólo perdieron la vida unos pocos centenares de ciudadanos. Se había subrayado también la importancia del fuego antiaéreo de barrera, pero es muy difícil acertar a un avión. Muchas otras previsiones resultaron en gran parte inútiles u erróneas, vistos los hechos. Se había previsto abundante ayuda para los muertos y heridos, pero ninguno había tenido en cuenta el problema de los sin techo. De modo que luego había millares de camas vacías en los hospitales mientras por las calles de Londres pululaban millares de personas perfectamente sanas, pero sin un sitio donde poder guarecerse.

No obstante, el problema se afrontó con urgencia. Todas las escuelas de Londres se convirtieron en centros de ayuda. Por la noche, los 25.000 londinenses sin techo encontraron allí sitio para dormir. En los días siguientes, los londinenses dieron pruebas de su espíritu de adaptación; abandonaron su tradicional reserva y se ayudaron unos a otros como si fueran miembros de la misma familia. Ni siquiera protestaron contra las autoridades para que Londres fuera mejor defendida.

Entre tanto, Londres seguía siendo bombardeada una o dos veces cada día. Los pilotos alemanes escogían con cuidado los objetivos importantes. Uno de los principales era Buckingham Palace, alojamiento de la familia real.

Pero no lograron matar al rey, y resultó que los londinenses se unieron a su soberano como nunca había pasado antes. El rey Jorge no quiso abandonar la ciudad machacada, y su presencia en los lugares más afectados no dejó de impresionar el sentimiento popular.

A mitad de octubre, para evitar la caza enemiga que cada vez era más peligrosa, los alemanes empezaron a llegar de noche. A la luz del día se revelaban sus pérdidas como bastante graves; pero de noche podían volar libremente, porque los Spitfires no estaban aún adaptados al vuelo nocturno.

Churchill se dio cuenta de que habíay que hacer algo y concentró en Londres todos los cañones disponibles. El primer ministro británico sabía muy bien que sus disparos tendrían poco resultado (los antiaéreos derriban poquísimos aviones y los cascotes matan más gente en tierra que en el aire), pero lo que le importaba era demostrar a sus conciudadanos que los defensores de la ciudad no estaban mano sobre mano.

Entre tanto, la gente se fue acostumbrando a los bombardeos. Todas las mañanas, donde era posible, la vida recomenzaba como siempre. Todos se esforzaban por conservar las costumbres normales. También la radio mantenía invariables sus programas, como si no estuviese pasando nada.

Muchas calles estaban cerradas al tráfico por la presencia de bomba; sin estallar. Pero la vida de la capital no se paraba; el trabajo seguía en las oficinas y en las fábricas. Hacia la noche, la gente hacía cola para encontrar sitio en los refugios. También esto se hizo costumbre; y la costumbre más importante. Significó que los londinenses habían aprendido a vivir bajo las bombas, que no se había rendido.

No faltaba sitio en los refugios, porque casi la mitad de la población de Londres se obstinaba en pasar las noches en casa. En los refugios, la gente trataba de pasar el tiempo del mejor modo. La vida en común, la necesidad de afrontar juntos los mismos riesgos, provocaban el surgir de nuevas amistades cordiales.

Entre un bombardeo y otro, la gente se divertía. Teatros y salas de baile funcionaban otra vez. Los jóvenes querían divertirse. Trabajaban mucho de día, y por la noche, si los alemanes lo permitían, querían beber o bailar. Y cuando llegaban los alemanes; cuando empezaban a caer las primeras bombas, los voluntarios de primeros auxilios estaban siempre dispuestos a intervenir mientras la gente rezaba en los refugios.

Los protectores de la ciudad ya sabían lo que hacer. Se trataba de repetir lo mismo todas las noches. Mientras fuera rugía la batalla, otra lucha hecha de miedo y valor se libraba en los subterráneos de la ciudad. No todos los barrios tenían refugios antiaéreos, de modo que el gobierno se vio finalmente obligado a abrir al público las galerías del Metro.

Los trenes se usaban también para transportar alimentos. Desde los vagones se repartía por la noche té y galletas a los que lo necesitan. Después de la renuncia por parte alemana a intentar el desembarco, la situación en Londres no mejoraba. Hitler ordenó más bien intensificar los bombardeos nocturnos con la esperanza de provocar el derrumbamiento psicológico de la población. De septiembre a noviembre de 1940, Londres fue bombardeada 87 noches seguidas con una media de 200 bombarderos cada vez. En total fueron arrojadas en la ciudad 14.000 toneladas de bombas, y los muertos empezaban a contarse por miles.

Después de noviembre, los bombardeos disminuyeron de intensidad y los comerciantes aprovecharon la pausa para prepararse a las fiestas navideñas. Las familias se dispusieron a pasar la primera Navidad de guerra efectiva. Los más festejados fueron, naturalmente, los niños. No debería haber habido niños en Londres, pero después de la evacuación ordenada al principio de la guerra, muchos padres habían ido a recogerlos. Las familias preferían seguir unidas en el peligro.

Con la continuación de los bombardeos, el problema más grave era dormir. La gente trabajaba mucho de día, y por la noche tenía absoluta necesidad de reposo. Pero era afortunado el que conseguía cerrar los ojos dos o tres horas cada noche. Algunas organizaciones privadas se hicieron de oro vendiendo a los londinenses unas horas de tranquilidad. Por algunos chelines se podía pasar una noche en paz en algunos campamentos formados con remolques en bosques cercanos. Muchas familias vivieron allí durante toda la guerra.

El 29 de diciembre cayeron en Londres 3.000 bombas incendiarias. La ciudad era una enorme hoguera. Ante la violencia de las llamas, los bomberos no pudieron hacer nada. Es el momento más difícil para la ciudad. La moral de los londinenses nunca estuvo tan baja. La isla está asediada y los ingleses estaban solos combatiendo a un enemigo que dominaba toda Europa. Los londinenses probaron la angustia de la soledad. Después de la derrota de Francia no tenían aliados. Norteamérica es amiga, pero no pensaba intervenir, y las relaciones entre Alemania y la Unión Soviética eran excelentes.

El valor de los londinenses suscitó admiración, pero no esperanza. La repetición de los ataques aéreos, las imágenes de la tempestad de llamas que envolvían a Inglaterra y la fama de los lugares alcanzados, desde Buckingham Palace al Museo de Madame Tussaud, produjeron profunda impresión en el mundo entero.

Todos están convencidos de que Inglaterra está ya al borde del hundimiento. En realidad, son sólo heridas superficiales, porque el país estaba sustancialmente intacto. A pesar del espectacular efecto de los bombardeos, la producción de la industria bélica no fue gravemente dañada. Harían falta a los alemanes medios veinte veces mayores para destruir Londres, y medios aún más potentes para anular la determinación de los ingleses. El símbolo de la resistencia de la ciudad era la catedral de San Pablo, único edificio de la ciudad en pie en medio de las llamas. A la sombra de San Pablo, Londres seguía viviendo. La empresa de seguros Lloyds continuaba impertérrita asegurando los barcos que cruzan el Atlántico, y pagaban religiosamente cuando los U-Boote de Doenitz hacía una nueva víctima. Para mantener normal el tráfico de transportes públicos, los conductores de los autobuses decidieron seguir el servicio durante las incursiones.

Los familiares autobuses rojos de dos pisos se hicieron también símbolo de la resistencia. Tras pocos meses de guerra, la gente había aprendido a vivir con la guerra en casa. Los bombarderos no desorganizaban ya la vida ciudadana ni interrumpían la producción.

Al principio, cuando las sirenas tocaban alarma, todo se paralizaba, y esta interrupción del trabajo resultaba mucho más dañosa que los mismos bombardeos.

Para evitar este inconveniente, en los tejados de las fábricas se pusieron vigías que debían dar la alarma sólo cuando los bombarderos alemanes estaban demasiado cerca. El mismo sistema fue adoptado en los grandes almacenes y las oficinas públicas.

La población se había resignado a vivir bajo las bombas. La ciudad no había sido invadida por muchedumbres enloquecidas como habían anunciado los expertos, ni habían aparecido signos de debilidad. Curiosamente, en aquel tiempo disminuyeron los enfermos y la media de suicidios de modo notable.

En vez de anular la voluntad de resistencia de los ingleses, las bombas alemanas obtuvieron el efecto contrario.

Los objetores de conciencia, numerosísimos en vísperas de la guerra, disminuyeron a medida que aumentaban las incursiones sobre la ciudad. El periódico pacifista "Peace News" afirmó que Hitler era algo mucho más tremendo que la guerra, y que era preciso combatirlo. El mismo filósofo Bertrand Russell afirmó públicamente que ya no era pacifista, que si hubiera sido lo bastante joven se habría alistado voluntario.

Fuente: editorial bitacora

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La milagrosa salvación de Buckingham Palace

Mensajepor Francis Currey » Dom Abr 30, 2006 4:16 pm

La milagrosa salvación de Buckingham Palace

Ray Holmes, salvó Buckingham Palace del ataque de la Luftwaffe

El mensaje de condolencia que el Palacio de Buckingham envió a Annie Holmes para expresarle el dolor de la reina al enterarse de que su marido falleció el el 27 de junio a los 90 años no era una mera cortesía póstuma.

Ray, piloto de la RAF durante la II Guerra Mundial, merecía gratitud por un acto de heroísmo muy especial. Por lo que evitó y por la forma de hacerlo: el 15 de septiembre de 1940, derribó a un bombardero 'Dornier' de la Luftwaffe que parecía dirigirse a Buckingham embistiéndole con su Hurricane.

Raymond T. Holmes había nacido en el condado de Chesire en 1914. Hijo de periodista, dejó el colegio para trabajar de reportero especializado en crímenes, pero a los 22 años acudió presto a la llamada de la RAF. Si soñaba con la gloria militar, el destino le concedió muy pronto su oportunidad.

Reclamado su escuadrón para defender Londres, Holmes había inutilizado a dos cuando observó que un tercero parecía aproximarse al Palacio de Buckingham. Sin embargo, tras alinearse con él y apretar el botón de disparo, descubrió que se había quedado sin munición.

El momento no era propicio para diseñar tácticas complejas y Holmes optó por colisionar a 600 kilómetros por hora contra la cola del bombardero partiendo el depósito de combustible del Dornier, que se estrelló contra el patio de Estación Victoria, sin causar heridos.

Su poco ortodoxo ataque por la retaguardia dejó también dolorido al Hurricane. A 120 metros del suelo, Holmes se lanzó en paracaídas y terminó colgado de un canalón de desagüe en el patio trasero de una casa de campo. "Había un par de chicas en el jardín contiguo, así que salté el seto y les di un beso a las dos". Luego sus compañeros lo sometieron a un chequeo, y se lo llevaron de juerga.

Después de la guerra, rechazó una oferta para ser piloto de aerolíneas y volvió al periodismo montando en Liverpool una agencia especializada en el ámbito judicial. En mayo de 2004, tuvo su última gran alegría cuando una excavación encontró los restos del Hurricane y un documental le grabó junto a él. El gatillo del joystick quedó para la posteridad jactanciosamente apretado, como si hubiera sido el instrumento decisivo de su gesta.

Fuente: El mundo
Fecha: Viernes, 1 de julio de 2005

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La educación durante la guerra

Mensajepor Francis Currey » Mié Ago 23, 2006 9:04 pm

La educación durante la guerra

La guerra interrumpió la educación de muchos niños en edad escolar. La evacuación masiva de 1939 dislocó el sistema escolar durante meses. A ello provoco que aproximadamente el 95% de los estudiantes de menos de 14 años abandonaron la escuela.

A esto debemos sumar que más de 2,000 edificios escolares fueron requisados para el uso de guerra, de ellos resultaron dañados un gran numero durante los bombardeos,

Por otro lado las incursiones aéreas de la aviación alemana, con frecuencia, interrumpían durante horas las lecciones, conduciendo a una decadencia en la asistencia. Los profesores, los libros, el papel y el material escolar escaseaban.

Los alumnos siguieron el progreso de la guerra en la escuela. Estudiando la historia, geografía y economías de aliados británicos,

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Mensajepor David L » Dom Ago 27, 2006 4:31 am

Los ingleses cometieron un grave error, sobre todo al comienzo de la IIGM, al no haber aprovechado las terribles lecciones que se sacaron de los bombardeos a ciudades abiertas durante la Guerra Civil española, sobre todo los sufridos por Madrid Y Barcelona. En España durante la GCE se le dio mucha importancia a la creación de refugios subterraneos antiaereos, estas construcciones evitaron muchas muertes, de hecho uno de los más importantes diseñadores de estos refugios, un catalán( ahora no recuerdo el nombre), al que se le debe la creación de los refugios anteaéreos de Barcelona, se encontraba exiliado en Londres durante la IIGM y se ofreció a los británicos a poner en práctica sus experiencias en la guerra española para afrontar el ataque de la aviación alemana. Desgraciadamente, los políticos ingleses creyeron que dedicarse a intentar proteger a la población bajo tierra causaría una desmoralización en la ciudadanía que podría afectar al descurrir de la guerra y deshecharon la ayuda pagando claramente las consecuencias. Tendrían que pasar por los más terribles ataques aéreos para darse cuenta que el sistema español era eficiente y que para nada repercutía en al ánimo de la ciudadnía.

Un saludo.
Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra... elegisteis el deshonor y tendréis la guerra.

Winston Churchill a Chamberlain.

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Mensajepor Erich Hartmann » Jue Dic 07, 2006 12:33 pm

En 1940, Mientras Londres ardía a causa del Blitz, la pianista británica Myra Hess ofreció una serie de recitales en la National Gallery, que enseguida se volvieron muy populares. Irñonicamente, Myra Hess estaba especializada en los clásicos alemanes. En el siguiente vídeo pueden verla durante uno de esos recitales tocando uno de los conciertos para piano de Mozart, el nº 17 en G, N. 453.

http://www.youtube.com/watch?v=ueDNy4L0V6c

Sin duda, una clara muestra de lo que los británicos llaman "the Blitz Spirit"

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Refugios Morrison

Mensajepor Francis Currey » Sab Mar 29, 2008 8:16 pm

Refugios Morrison

La cotidianidad de los bombardeos hizo en ocasiones que los vecinos de las poblaciones bombardearas se confiaran y no acudieran a los refugios públicos, otros simplemente se negaban a abandonar sus hogares ante la amenaza de las bombas. La situación hacía necesaria la invención de un refugio que protegiera de los escombros a aquellos que no abandonaran sus hogares durante los bomabardeos.

Elena Wilkinson, la responsable de refugios de ataque aéreo introdujo un nuevo tipo de refugio, el Morrison en 1941 de marzo.

Cuando fue nombrado Ministro del interior, Herbert Morrison, se diseñaron otro tipo de refugios que podrían ser usados en la sala de estar de cualquier hogar británico: Los nuevos refugios consistían en unas estructuras de acero en forma de mesa forradas con una malla de alambre situada en los lados y debajo.

Los refugios Morrison fueron lo bastante grandes como para coger incluso a tres personas.

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En ellos se ponía el colchon, almohadas y ropa de cama para poder dormir o simplemente la familia se sentaba en un colchón. Los había con dos camas. Los de una sola cama eran usados como mesas y para eso retiraban la malla de alambre de los lados al momento de comer, pero luego las reponían.

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Los había de 50 cm de alto y hasta de 1,50 m de alto para albergar hasta tres colchones. El problema con estos últimos, era que resultaban demasiado grandes para la mayoría de las casas. Se aseguraba que esos refugios podían soportar los escombros de una casa que fuera derrumbada por una bomba, preservando la vida de las personas que en ellos se protegían.

Caricatura de Mayo de 1941 en la que se aprecia el tipo de refugio

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El gobierno repartió entre la población más de un millón de unidades. Pero la mayoría de los habitantes obtaron por construcciones caseras siguiendo de forma detallada las instrucciones facilitadas por el gobierno de Churchill

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Fuentes:
http://www.spartacus.schoolnet.co.uk/2W ... elters.JPG
http://www.exordio.com/1939-1945/civili ... iosGB.html
http://www.chorleyhomefront.org.uk/bombs.html
http://www.homesweethomefront.co.uk/web ... ers_pg.htm
http://www.caringonthehomefront.org.uk/ ... ibrary.htm

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Mensajepor Audie Murphy » Vie Sep 24, 2010 1:05 am

Así luchaban voluntarios y transeúntes contra las bombas incendiarias

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fuente "the war illustrated" magazine

Civiles durmiendo en las escaleras del metro
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fuente: "Enciclopedia SGM" de Sarpe p711 volumen 2

Una curiosa foto de los civiles protegidos en un refugio subterráneo, extraida de la revista "History BBC, september 2010". La niña duerme en una cama improvisada con cajas de fruta.

Imagen
fuente "the war illustrated" magazine

Más efectos de las bombas, parece un tranvía destruido
Imagen
fuente: "Enciclopedia SGM" de Sarpe vol1 p248
Última edición por Audie Murphy el Mar Jun 21, 2011 7:28 pm, editado 2 veces en total.
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Mensajepor wingate » Vie Oct 01, 2010 9:45 am

- Hola que tal...

- REFUGIOS ANDERSON.

Sir John Anderson, Ministro de Asuntos Domésticos,y Oscar Carl diseñaron el que fue conocido como "Refugio Anderson", que podía construirse con partes prefabricadas en cualquier jardín. Consistía de planchas de hierro corrugado y galvanizado, que hacían la función de paredes anterior y posterior. Las dos paredes se armaban en una estructura de ángulos de hierro y sobre ella se montaban tres piezas semicirculares, también corrugadas y galvanizadas formando una especie de túnel. El conjunto se enterraba un metro bajo tierra y luego se cubría con al menos 30 ó 50 centímetros de tierra. La entrada se protegía con una pieza de un blindaje galvanizado y quedaba bajo el nivel del jardín.

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Apenas iniciada la guerra en setiembre de 1939, se distribuyeron gratuitamente 2 millones y medio de Refugios Anderson en las áreas expuestas al alcance de la aviación alemana en Gran Bretaña, pero en octubre, el gobierno decidió que cualquiera que ganara 5 libras esterlinas a la semana, podía debía pagar por ellos, a razón de entre 6.14 y 10.18 libras cada uno. En marzo de 1940, debido a la escasez de hierro, dejaron de fabricarse los Refugios Anderson, optándose por la construcción de refugios comunitarios que pudieran albergar a varias familias.

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Los Refugios Anderson podían cobijar a seis personas, protegiéndolas de todo menos del impacto directo de una bomba. El principal problema de esos refugios era, que se inundaban con la lluvia y por tanto eran húmedos, fríos e incómodos para dormir en ellos. A eso se sumaba que muchos no se instalaban adecuadamente por falta de habilidades de construcción por parte de los constructores y también por la escasez de cemento para su reforzamiento.

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Fuentes: Time life folio:La batalla de Inglaterra.
http://www.exordio.com/1939-1945/civili ... iosGB.html
http://www.1900s.org.uk/1940s-bomb-shelters-school.htm
Taringa.

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Javier Ormeño Chicano
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Bombardeos en Inglatera

Mensajepor Javier Ormeño Chicano » Mié Oct 06, 2010 11:11 am

Gráfico sobre los bombardeos en Europa. Vemos claramente como a partir de 1942 los bombardeos se volvieron contra Alemania siendo insignificantes sus ataques de bombardeo respecto a los de los Aliados.



http://centroeu.com/bombing

Fuentes:
OVERY, R. "Why the Allies Won" Jonathan Cape, Londres, 1995
McFARLAND, S.L. "America´s Pursuit of Precision Bombing, 1910-1945", Smithsonian Institution Press, Washington-Londres, 1995

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"Solo del movimiento sale la victoria" - http://guerra-abierta.blogspot.com/

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wingate
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Bombardeos en Inglatera

Mensajepor wingate » Jue Ene 27, 2011 4:01 pm

- Niños ingleses protegidos en un refugio antiaéreo muy precario, prácticamente una zanja, de uso muy común al inicio del conflicto aéreo en Inglaterra.

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cuna hamaca en metro

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Fuente: http://www.theblogofrecord.com/wp-conte ... 940-41.jpg


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