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Erich Hartmann
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Mensaje por Erich Hartmann » Mié Jun 15, 2005 11:41 pm

Llega una postal para Hitler al Parlamento alemán

EFE. 09.02.2005 - 21:24h
Una postal dirigida a Adolf Hitler y procedente del Reino Unido llegó hoy al Bundestag, 60 años después de su muerte. Antes de entregarla, los empleados del correo alemán se permitieron poner una puntualización en la dirección.Continúan artículo y comentarios
Una insólita tarjeta postal dirigida "al ´führer´ Adolf Hitler" y procedente del Reino Unido ha llegado al Parlamento alemán, 60 años después de la muerte del dictador. Antes de entregarla, los empleados del correo alemán (Deutsche Post) escribieron una puntualización sobre la dirección.

"To Führer Adolf Hitler, Reichstag, German Parliament, Berlín", era la dirección que figuraba, escrita a mano, en la postal. El Deutsche Post consideró que era su tarea entregar la tarjeta pero pidió al destinatario (Hitler) que notificara al remitente que la dirección "correcta" es: "Deutscher Bundestag, 11011 Berlín".

Anda, que.... :shock:

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Mensaje por Erich Hartmann » Mié Jun 15, 2005 11:42 pm

Bueno un poco de información acerca de lo que todos ya sabemos:

Ratzinger fue prisionero en la Segunda Guerra Mundial tras desertar del ejército alemán

Imagen

Ratzinger en 1943

El recién nombrado papa pudo haber perdido la vida, pues las unidades paramilitares de asalto nazi, SS, tenían orden de fusilar a los desertores.

En mayo de 1945 marchó por una carretera hacia la población Bávara de Bad Aibling, entre otros miles de personas.

"En tres días de marcha, caminamos por la vacía carretera, en
una columna que gradualmente se hizo interminable'', recordó el
futuro Papa en sus memorias, escritas muchos años después.

"Los soldados estadounidenses nos tomaron fotografías ... a fin
de llevar a sus hogares recuerdos del derrotado ejército y de su
desolado personal''.

Como su predecesor, Juan Pablo II, Ratzinger estuvo marcado por
la Segunda Guerra Mundial. Karol Wojtyla fue obligado a trabajar en
una cantera y logró escapar a duras penas de una redada organizada por las tropas nazis en Cracovia. También la experiencia de Ratzinger fue angustiosa.

Especialmente su decisión, a fines de abril o comienzos de mayo
de 1945, de abandonar su unidad militar, podría haberle costado la
vida.

Ratzinger contó en sus memorias que en cierta ocasión fue detenido por otros soldados.

"Gracias a Dios eran soldados que estaban hartos de la guerra y
no querían convertirse en asesinos'', escribió en su libro "Aus
meinem Leben'' (acerca de mi propia vida), que abarcó el período
1927-1977.

Los soldados lo dejaron ir, y poco después, Ratzinger logró
reunirse con su padre, Josef, y su madre, María.

En 1941, Ratzinger, de 14 años, y su hermano, George se
enrolaron en la Juventud Hitlerista, cuando se convirtió en algo
obligatorio para todos los adolescentes. Poco después, según contó en otro libro de memorias, "La sal de la tierra'', se le permitió
abandonar la organización pues expresó su deseo de estudiar para
sacerdote.

En 1943, como otros adolescentes, fue reclutado para servir en
una brigada antiáerea que defendió una planta de BMW en las afueras de Munich. Cuando cumplió los 18 años, el 16 de abril de 1945, fue sometido a entrenamiento básico en el ejército, apenas semanas antes de la rendición de Alemania a los aliados.

Tras retornar a su hogar, llegaron soldados estadounidenses, y
establecieron su cuartel general en la vivienda que tenían sus
padres, en las afueras de la población de Traunstein.

Ratzinger fue identificado como soldado alemán, y fue hecho
prisionero. Vivió en un campamento de prisioneros durante algunas
semanas.

Su liberación llegó el 19 de junio de 1945. Ratzinger retornó a
su hogar en Traunstein, en un camión que repartía leche.

Berlín
Con AP.-

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Mensaje por Erich Hartmann » Mié Jun 15, 2005 11:43 pm

Bergen-Belsen, 60 años después

Los soldados británicos incineraron 10.000 cadáveres tras liberar el campo de concentración.
Los sobrevivientes del campo de concentración nazi Bergen-Belsen, se reúnen este viernes en el norte de Alemania para conmemorar el 60 aniversario de su liberación.

Bergen-Belsen, ubicado cerca de la ciudad alemana de Hanover, fue el primer campo de concentración nazi liberado por las tropas británicas el 15 de abril de 1945.

Se estima que unas 70.000 personas murieron en este recinto.

Entre los fallecidos estaba la estudiante holandesa Ana Frank, cuyo diario es uno de los testimoniales más conocidos sobre la ocupación nazi.

Ceremonia sencilla

Una ceremonia de bajo perfil se llevó a cabo este viernes en el lugar del campo, que fue incendiado luego de haber sido liberado.

Bergen-Belsen fue construido originalmente para servir como centro de tránsito de prisioneros, pero posteriormente fue convertido en un campo de concentración.


Una de las razones por la que los alemanes aceptaron rendirse en ese campo de concentración, fue que muchos de los internos estaban enfermos.

En 1945, albergó a miles de prisioneros que, afectados por la debilidad de largas jornadas laborales, morían de hambre o por enfermedades.

En Bergen-Belsen no había agua potable y abundaban epidemias como el tifus, la fiebre tifoidea y la tuberculosis.

Los primeros soldados británicos que entraron en Bergen-Belsen dijeron haber visto un gran número de muertos, mujeres desnudas y cientos de niños que eran prisioneros en el campo.

En las semanas siguientes a la liberación, las tropas británicas incineraron a 10.000 cadáveres en fosas comunes


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Mensaje por Erich Hartmann » Mié Jun 15, 2005 11:44 pm

Veteranos de la Segunda Guerra Mundial
POR ANA FIGUEROA

Casi no pasa un día sin que William Figueroa mencione sus recuerdos de la Segunda Guerra Mundial. Al abogado jubilado, que se hizo ciudadano de los Estados Unidos después de ingresar en el ejercito, en 1942, le encanta contar a sus siete hijos y tres nietas historias de "una máquina de escribir voladora". Figueroa trabajó como funcionario administrativo principal en la fuerza aérea en el cuartel general del teatro de operaciones de Africa-Medio Oriente en Cairo, Egipto.

Figueroa recuerda con afecto, "No había fuerza aérea en esos días. Nos conocían como (Cuerpo aéreo del ejército) (US Army Air Corps). Nuestra función principal era facilitar el transporte de cargamento y de dignatarios. Pero, también aprovechábamos todas las oportunidades para explorar todos los lugares históricos a nuestro alrededor en el Medio Oriente".

¡Y exploró mucho! "Crecimos con los relatos de todos los compañeros de mi papá y de todo lo que hicieron en el extranjero. Tenemos fotos de él en las Pirámides y muchos recuerdos que trajo del Medio Oriente, tales como escarabajos egipcios, candelabros labrados de latón y alhajas de filigrana", nos dice la hija de Figueroa, Mary, que ejerce la medicina en Minneapolis.

“El General Douglas MacArthur describió al Equipo de Combate Regimental 158 que consistía casi en su totalidad de estadounidenses de ascendencia mexicana y nativos americanos provenientes de Arizona, conocidos como "Bushmasters" como el equipo de combate más estupendo que jamás se dispuso a luchar”

Este otoño la familia Figueroa se reunirá en Whittier, un suburbio de Los Angeles, para celebrar el octogésimo cumpleaños de William. Sin duda, habrá muchos recuerdos de la Segunda Guerra Mundial en este evento y no solamente por parte de William. Dos de sus tres hermanas, Josefina y Teresa, están casadas con veteranos de la Segunda Guerra Mundial. El esposo de Josefina, Alberto Peinado, fue soldado de infantería en Italia. El esposo de Teresa, Stanley Santoyo, sirvió en el Pacífico y fue hecho prisionero por los japoneses en las Filipinas. Entre los tres veteranos de la Segunda Guerra Mundial, tienen veintitrés hijos y treintisiete nietos. Todos mantienen buenas relaciones y se reúnen seguido para fiestas familiares. "Somos muy afortunados de tener tanta historia en nuestra familia. ¿Cuántas familias pueden hacer alarde de tener tres veteranos de la Segunda Guerra Mundial que sirvieron en tres diferentes partes del mundo"? dice la sobrina de Figueroa, Liza De la Rosa Walker, quien está compilando una historia de la familia.

Aunque el Departamento de asuntos de veteranos no sabe el número exacto de hispanos que pelearon en la Segunda Guerra Mundial, calcula que aproximadamente 500,000 sirvieron. El número incluye 53,000 portorriqueños en el Regimiento de Infantería 65 de Puerto Rico. Los hispanos ganaron doce Medallas de honor durante la Segunda Guerra Mundial, distinguiéndose en las Filipinas, el Norte de Africa, la Islas Aleutianas, el Mediterráneo y Europa. En realidad, los hispanos han ganado más Medallas de honor-treinta y nueve en total--que cualquier otro grupo étnico. Después de la Segunda Guerra Mundial, el General Douglas MacArthur describió al Equipo de Combate Regimental 158 que consistía casi en su totalidad de estadounidenses de ascendencia mexicana y nativos americanos provenientes de Arizona, conocidos como "Bushmasters" como "el equipo de combate más estupendo que jamás se dispuso a luchar".

Aún así, los medios de comunicación han ignorado, en gran parte, las contribuciones de los hispanos al esfuerzo de la Segunda Guerra Mundial. El aniversario de oro de los eventos principales de la Segunda Guerra Mundial ocasionó un gran número de libros conmemorativos y películas de Hollywood de grandes presupuestos, como Saving Private Ryan y Pearl Harbor. Pero, ¿cuántos mencionan a los hispanos?

Sin embargo, veteranos hispanos, ustedes no necesitan que otros cuenten sus historias, pueden hacerlo ustedes mismos. Los veteranos de la Segunda Guerra Mundial que creen que sus familias no tienen interés en escuchar sus experiencias de la guerra deben tomar en cuenta lo siguiente: Dentro de unas décadas, sus nietos o bisnietos se encontrarán recuerdos de la guerra que a ustedes se les han olvidado. Les pesará no haber escuchado los relatos directamente de ustedes. Y hay una cosa más que deben de saber. Los Estados Unidos quieren escuchar sus historias. Hay algunos proyectos activos dedicados a preservar las historias de la Segunda Guerra Mundial y les gustaría que se comunicaran con ellos!

Hace dos años que el Congreso de los Estados Unidos creó el Proyecto de historia de veteranos en el Centro folklórico estadounidense de la Biblioteca del Congreso en Washington DC, citando la "necesidad urgente" de reunir historias y experiencias de veteranos, el Proyecto de historia de veteranos está coleccionando historias orales en vídeo y en grabaciones así como otros materiales de los veteranos. Lo reunido se archivará en varios museos e instituciones educacionales a lo largo y ancho del país. Algunas se conservarán en una "biblioteca digital" donde estarán disponibles a las generaciones futuras. AARP es corporación patrocinadora fundadora del Proyecto de historia de veteranos que está activamente buscando a los veteranos de la Segunda Guerra Mundial para que compartan sus historias.

En la Universidad de Texas en Austin, la profesora asociada de periodismo, Maggie Rivas-Rodgriguez, encabeza un proyecto ambicioso dirigido específicamente a veteranos hispanos de la Segunda Guerra Mundial. Ahora en su tercer año, voluntarios del "Proyecto de historia oral de latinos y latinas de la Segunda Guerra Mundial" ha grabado en vídeo entrevistas con casi 300 veteranos, principalmente mexicanos estadounidenses del Sudoeste.

Rivas-Rodriguez espera extender el programa para reunir recuerdos de hispanos de la costa del Este también. Y no solamente está buscando material de los soldados. Quiere hablar con trabajadores de fábricas y con mujeres que se quedaron solas cuidando de sus casas durante los años de guerra. "Queremos una historia social completa de la vida de los hispanos durante esa era. Fue un tiempo de tremendos cambios," dice Rivas-Rodriguez. Las entrevistas completas serán archivadas en dos bibliotecas en la Universidad de Texas. "Queremos que en los cientos de años por venir las personas conozcan las grandes contribuciones de hispanos durante la guerra," agrega Rivas-Rodriguez.

El productor Manny Monterrey de Washington DC, está muy ocupado trabajando en Color del honor: homenaje a los hispanos militares. Este proyecto múltiple, que debe terminarse para el verano de 2004, incluirá un libro, una película documental, y una exhibición de fotos itinerante. Color del honor ya ha recibido el apoyo de algunos miembros del Congreso.

Y por supuesto, AARP continúa encabezando el esfuerzo de preservar la historia de los años de la Segunda Guerra Mundial. La Asociación estableció un "Proyecto interactivo de historia de veteranos" en su evento para miembros y no miembros que se llevó a cabo en el Centro de Convenciones de San Diego en el mes de septiembre de 2002, titulada "La vida a los cincuenta y pico: Una celebración de usted". En el evento, los miembros veteranos de la Segunda Guerra Mundial (o cualquier otra guerra, desde luego) pudieron grabar sus recuerdos en un sitio especial. Todos estuvieron invitados a mandar mensajes electrónicos para apoyar a nuestras tropas situadas en todas partes del mundo.

William Figueroa, miembro de AARP por muchos años, asistió al evento en San Diego. Invitó a sus dos hermanas y a sus esposos veteranos de la Segunda Guerra Mundial. Para recordar otros tiempos, el grupo tomó el tren en la estación Union de Los Angeles, el sitio donde tuvieron lugar algunas reuniones familiares hace medio siglo cuando llegaba Figueroa en días de licencia durante la guerra. "Fue muy entretenido ver a otros veteranos y hablar de tiempos pasados," dice Figueroa.

Otros veteranos que quieran hablar de tiempos pasados acaso quieran ponerse en contacto con organizaciones que están reuniendo historias de la guerra. Así, sus palabras pueden llegar a los oídos de las generaciones por venir para recordarles que todos los estadounidenses contribuyeron a la victoria.


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Mensaje por Erich Hartmann » Mié Jun 15, 2005 11:45 pm

Un Uruguayo en la Segunda Guerra Mundial

http://portal.montevideo.com.uy/newspor ... 17005.html

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Mensaje por Erich Hartmann » Mié Jun 15, 2005 11:46 pm

HOLANDA-SUCESOS 07-04-2005


Tres pescadores mueren por explosión bomba Segunda Guerra Mundial


Tres marineros resultaron muertos como consecuencia de las heridas sufridas por la explosión a bordo de su barco de una bomba de la Segunda Guerra Mundial que encontraron en el Mar del Norte, según recogen hoy los medios de comunicación holandeses.

Aunque inicialmente se comunicó que los tripulantes solamente estaban heridos, tras la llegada al lugar del siniestro de los equipos de salvamento se supo que los tres marineros habían fallecido como consecuencia de las heridas ocasionadas por la deflagración del artefacto.

Dos de ellos cayeron al mar por la onda expansiva de la bomba y, tras ser rescatados, sólo pudo certificarse su muerte.

La tercera víctima de la explosión falleció a bordo mientras se aguardaba la intervención de los equipos de salvamento, según puntualiza la agencia holandesa ANP.

Los pescadores encontraron la bomba enganchada a sus redes cuando faenaban a unos 100 kilómetros de la costa de Amsterdam y se sospecha que pudo explotar como consecuencia de los golpes que pudo recibir por los peces que se encontraban atrapados junto a ella en la red.


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Mensaje por Erich Hartmann » Mié Jun 15, 2005 11:47 pm

Cataluña

La Generalitat catalana acude por primera vez al aniversario de la liberación de los campos nazis

Redacción / EP
Una delegación del Gobierno de la Generalitat catalana asistirá, por primera vez, a los actos de conmemoración del aniversario de la liberación de los campos de concentración y exterminio nazis, de la que en estos meses se cumplen 60 años, y rendirá "homenaje" público a "los miles de republicanos catalanes deportados" a estos campos, muchos de los cuales perecieron allí.

"Aunque llega con mucho retraso, queremos hacer este homenaje merecido a los miles de hombres y mujeres que fueron torturados y asesinados, víctimas del mismo adversario que acabó con la Segunda República" española, afirmó el conseller de Relaciones Institucionales y Participación, Joan Saura.

Así, Saura asistirá este fin de semana al aniversario de la liberación del campo femenino de Ravensbrück, en Alemania, junto a una delegación de representantes de las víctimas catalanas y sus familias. Una de las pocas supervivientes catalanas, Neus Català, de 90 años y representante española del Comité Internacional de Ravensbrück, formará parte de esta comitiva junto a miembros de la entidad Amical de Mauthausen y otros campos y de la asociación Mujeres por la Libertad y la Democracia.

El conseller encabezará también una delegación institucional más grande, compuesta por diputados y consellers como la de Interior, Montserrat Tura, que del 6 al 9 de mayo acudirá al 60 aniversario de la liberación de Mauthausen (Austria) acompañada de unos 200 familiares de víctimas y supervivientes catalanes del nazismo. Unas 25.000 personas de todo el mundo asistirán en los actos conmemorativos de Mauthausen, un campo en el que fueron internados unos 10.000 republicanos españoles procedentes del exilio, de los cuales unos 6.000 perdieron la vida.

Además, el Gobierno catalán prepara para el mes próximo un acto oficial de homenaje a las víctimas catalanas del nazismo "y a todos los republicanos y republicanas que lucharon contra el fascismo durante la Segunda Guerra Mundial", que se realizará en Cataluña y en el que se espera contar con ciertas "personalidades internacionales", pero que aún está en frase de preparación.

Aunque no existe "ninguna investigación exhaustiva" ni oficial sobre el tema, se calcula que unos 11.500 ciudadanos españoles fueron deportados a los campos de concentración y exterminio del nazismo, en su mayoría republicanos "que en los campos llevaban el símbolo azul de apátridas y que cuando fueron liberados de su encierro, los que sobrevivieron a él, permanecieron en el anonimato porque no tenían a dónde regresar", señaló Saura.

"El mejor homenaje que les podemos hacer es sacarlos de ese anonimato" en el que han permanecido incluso durante las dos décadas de democracia en España, señaló Saura, quien consideró que "no se ha hecho justicia" con ellos "ni en España ni en Cataluña" por lo que "se les debe este reconocimiento histórica y moralmente".

Para el conseller, durante los años de transición a la democracia "se confundió la reconciliación nacional y la no venganza con la amnesia colectiva y el olvido", algo que el tripartito catalán se ha propuesto remediar "con sus políticas de memoria histórica" en las que se inscriben estos actos de homenaje.

Dentro de estas acciones del Gobierno se incluye también "un convenio" firmado con la entidad Amical de Mauthausen por valor de 40.000 euros, que tiene entre sus objetivos la elaboración de una lista completa de los catalanes que pasaron por los campos nazis, en la que ya se está trabajando actualmente sobre la base del escaso material documental sobre el tema del que se dispone actualmente.

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Mensaje por Erich Hartmann » Mié Jun 15, 2005 11:49 pm

Los "007" españoles de la II Guerra Mundial

El famoso espía "Garbo" no fue el único español que quiso contribuir a inclinar la balanza en favor de la causa aliada


Durante casi tres décadas su familia venezolana no supo que había muerto y renacido a los 36 años. Ni que había sido el agente doble que derrotó a Hitler en una de las jugadas maestras del espionaje en la II Guerra Mundial, cuya trascendencia admitieron desde Eisenhower, del lado aliado, al mariscal Keitel, del lado nazi.

Juan Pujol, alias Garbo (el espía catalán que convención al Füher de que el Desembarco de Normandía era una maniobra de distracción y salvó miles de vidas al orientar con coordenadas falsas falsas las bombas nazis, borró los vestigios de su vida hasta simular su muerte en la selva de Monzanbique. Su viuda, Araceli, recibió la noticia del fallecimiento de labios del embajador británico.

El único espía condecorado por ambos bandos tuvo dos vidas y hasta dos muertes. No fue el único español que quiso contribuir de forma clandestina a inclinar la balanza de la guerra a favor de la causa aliada.

Hubo otros 007, como atestigua el libro Juan Pujol, el espía que derrotó a Hitler (Ed. Temas de Hoy), donde el periodista Javier Juárez reconstruye la biografía del catalán y también la de otros coetáneos inmersos en el espionaje o contraespionaje europeo de entreguerras.

El periodista que quiso intoxicar a la Abwehr: Corresponsal de La Vanguardia en Berlín, diario en el que firmaba con el nombre del príncipe veneciano Augusto Assía, y después en Londres, Felipe Fernández Armesto se convirtió entre 1939 y 1945 en la "persona mejor relacionada de la colonia española en Londres", según Juárez. "Un artículo suyo publicado días antes del Desembarco pronosticaba que la ofensiva se produciría en el paso de Calis (...) justo la tesis usada por el servicio secreto inglés y Pujol para intoxicar a la Abwehr". Uno de sus hijos recuerda cómo le sorprendieron cuando era estudiante las atenciones de un anciano catedrático de Oxford, que resultó ser el cerebro de la IIGM que agradecía así la contribución de su padre a la victoria. A su muerte, el libro que reposaba a medio leer en su escritorio pasó inadvertido. "Era la historia de las actuaciones del servicio secreto británico durante la II Guerra Mundial (...). Esa fue su última lectura, quien sabe si llevado por el recuerdo de secretos inconfesables que habían reservado para sí mismo".

El gallego anglófilo: Médico gallego, "liberal, anglófilo y culto", Eduardo Martínez Alonso fue responsable de una red que ayudó a sacar a España a unas 30.000 personas, en su mayoría evadidos de la persecución nazi. Como médico de la legación británica, extendió certificados falsos de tifus para su liberar a centenares de reclusos del campo de internamiento de Miranda de Ebro. "Su hazaña habría pasado desapercibida si su hija Patricia no hubiera encontrado casualmente unos papeles familiares con anotaciones de ingresos procedentes del Gobierno británico y frases lo bastante enigmáticas como para suscitar una curiosidad que descubrió el secreto mejor guardado de su padre"

La ruta del Embassy: Margarita Taylor, fundadora del Embassy (salón por excelencia de la lata sociedad madrileña) colaboró con la red de Martínez Alonso. "Funcionarios de las embajadas británica y alemana compartían café en este rincón privilegiado del Madrid de la posguerra". Lo que muchos de esos privilegiados desconocían era que con ellos alternaban centenares de prófugos que, con ropa nueva y documentos falsos, escapaban hacia Gibraltar o Portugal en elegantes vehículos con matrícula diplomática.

El agente "Pippermint": Colaborador de los servicios de Información franquistas, José Brugada fue descubierto y reclutado por el M15 británico. Bajo el seudónimo de Pippermint y a pesar de que nunca llegó a facilitar información demasiado valiosa, "se convirtió en un infiltrado de excepción en el corazón de la legación española en Londres".

Fuente: El Mundo
06.06.04

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Restos mortales de las tropas hitlerianas de la Segunda Guerra Mundial

En las afueras de Kursk habrá el mayor cementerio de soldados alemanes

RIA NOVOSTI
TATIANA SINITSINA *

«Jamás nos hemos vengado de los muertos; cada ser humano ha de tener su última morada en la tierra: así fue, es y será», dijo el escritor de obras de guerra y poeta Konstantín Símonov, habiéndose dirigido en 1944 a los habitantes de la Sebastópol liberada que se negaban a dar sepultura a los soldados alemanes. Después del discurso de Símonov, muchos se arrepintieron y cogieron la pala.

Inmediatamente después de conmemorado el 60º aniversario de la Victoria obtenida en la Gran Guerra Patria, en la Provincia de Kursk, junto al pueblo Besédino, comenzarán los trabajos con miras a dar sepultura a los restos mortales de los soldados de la Wehrmacht en un cementerio alemán, el mayor de Rusia: allí se proyecta enterrar varios miles de soldados y oficiales. Antes el cementerio Sologúbovski a 70 km de San Petersburgo (Leningrado), donde yacen 80 mil soldados alemanes, se consideraba como la mayor necrópolis alemana.

En la tierra de Kursk se dará sepultura, en primer lugar, a los militares alemanes caídos en los combates en el llamado Arco de Kursk (5.7.-23.8.1943). Para cumplir la operación «Citadela», la Wehrmacht concentró allí 50 divisiones, de ellas 16 blindadas, que tuvieron por tarea retomar la iniciativa estratégica perdida en los accesos de Stalingrado. En medio de encarnizados combates las tropas soviéticas rechazaron esta importantísima ofensiva de los hitlerianos.

El 12 de julio, en las cercanías del pueblo Prójorovka se produjo la mayor batalla de tanques incluida luego en todos los manuales de guerra. Por ambos lados en ésta participaron 1200 tanques y piezas automotrices. En uno de sus cuentos Heinrich Boell escribe que en la subconciencia de un oficial alemán herido durante esta batalla se conservaba una sola palabra: el «símbolo» de la apocalipsis vivida: «Prójorovka... Prójorovka...»

El héroe de esta batalla, en vida aún, Alexander Voloshenko, moscovita de 83 años, decía que «en los accesos de Prójorovka la tierra se convirtió en un amasijo de sangre glaseado de hierro fundido».

A la sazón, por ambos lados murieron hasta 200 mil efectivos. Terminada la batalla, el campo, como de costumbre, fue rastreado por los equipos de entierro que cumplían su misión dramática. A «los nuestros» ellos recogían y enterraban rindiendo honores en las fosas comunes. Pero a los alemanes los metían en las fosas echando tierra encima que poco después se cubría de maleza.

Los antiguos griegos decían que «las heridas de los vencedores se curan más rápidamente que las heridas de los vencidos». ¡Pero en modo alguno las heridas morales!

En Rusia el trato del alemán como «enemigo-monstruo» se mantenía durante largo tiempo. La guerra cambió radicalmente la vida y acarreó desgracia a cada familia rusa.

El alma rusa experimentaba fuerte dolor durante mucho tiempo; la gente se negaba a enterrar los cadáveres alemanes, diciendo: ¡qué sean el botín de las fueras! Transcurrió mucho tiempo antes de que comenzara a prevalecer el mandamiento cristiano del perdón y el derecho de cada mortal a la inhumación.

El equipo del gobernador de Kursk, Alexander Mijáilov, tuvo que empeñar considerables esfuerzos en aras del acto de buena voluntad. «Naturalmente, Alemania no puede esperar que los rusos deploren la muerte de sus soldados. Pero existen las leyes cristianas y simplemente humanas: el muerto tiene derecho a la inhumación».

Tal era la esencia de las palabras de convicción que «las autoridades de la provincia» dirigían a sus coterráneos.

Como resultado, en el nuevo cementerio en las afueras de Kursk serán enterrados los restos mortales de los soldados alemanes que se hallan sepultados en las cuatro provincias vecinas: de Vorónezh, Briansk, Tula y Oriol. El proyecto se realiza en el marco de un acuerdo intergubernamental celebrado entre Rusia y Alemania que financia por completo la parte alemana.

El Moloch de la horrible guerra se llevó tantas víctimas que no pudieron recoger ningunos equipos de entierro. Hasta ahora en los lugares de las antiguas batallas los grupos especiales de búsqueda siguen descubriendo huesos en la tierra. Durante todos los años de post-guerra los destacamentos juveniles voluntarios tales como «Jóvenes Exploradores», «Memorial», «Herencia de la memoria» y otros no dejan de buscar los restos mortales de los combatientes. Pero, según todas las evidencias, este trabajo triste será proseguido también por las generaciones venideras.

Dotados de buscaminas, palas de zapadores, sondas de mano, los jóvenes cumplen la misión de equipos de entierro de una compañía de zapadores. Recogen los restos mortales en una fosa común sin nombres en la mayoría de casos. Si es posible identificar los restos mortales, por supuesto, son separados de los alemanes.

Indudablemente, el tiempo lo «corroyó» todo menos los huesos. Se hallan siempre menos balas, hombreras, relojes, armónicas o medallas, una «vaina de soldado» de un combatiente soviético o un «medallón de cuello» de un soldado alemán. Por consiguiente, siempre será más difícil identificar al muerto.

El historiador militar Piotr Dunáev afirma que se debe enterrar bajo una losa de piedra, en una fosa común, el 10% de ex enemigos, aproximadamente. Naturalmente, habría sido mucho mejor que ellos se hubieran visitado, reunidos a la mesa, y no yacieran en la tierra, habiendo mezclado sus huesos como hermanos que se exterminaran mutuamente sin saber por qué y para qué.

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Mensaje por Erich Hartmann » Mié Jun 15, 2005 11:55 pm

Solo en la noche para las trincheras alemanas

RIA NOVOSTI
ALEXANDER LEBEDINTSEV*

Se estaban realizando los preparativos de una ofensiva y, por tanto, prácticamente todas las noches íbamos de reconocimiento a la retaguardia alemana. Una noche...

A la edad de 22 años era yo teniente primero y era jefe de sección de reconocimiento. Era el año 1943 y estábamos en Ucrania, manteniendo la defensa cerca de la aldea de Ivañkovo. Se estaban realizando los preparativos de una ofensiva y, por tanto, prácticamente todas las noches íbamos de reconocimiento a la retaguardia alemana.

Los alemanes tenían mucho miedo de nuestros golpes de mano, y en cuanto se ponía el sol se ponían a disparar al azar con balas trazadoras para tener cubierta la «zona neutral» entre las líneas de trincheras rusas y alemanas que tenían una distancia de 400 metros.

En cierta ocasión llegaron a nuestro regimiento tres tenientes bisoños, uno de los cuales fue destinado al servicio de reconocimiento. Al novato había que foguearlo. De noche Misha (que era el nombre de guerra de mi amigo kazajo Tadzhimukán Telekov) y yo lo llevamos con nosotros. Lamento no recordar cómo se llamaba pues lo conocí sólo una noche. Lo que sé a ciencia fija es que era un tártaro de Kazán, hombre muy inteligente y de amplia cultura.

Cuando bajo el manto de la noche, al pasar por un sendero abierto en el bosque, llegamos a un terreno llano a cuyo lado Norte pasaba la primera línea de los alemanes. Luego seguimos arrastrándonos bajo la lluvia de balas trazadoras. De repente comenzaron a oírse retazos de frases en alemán desde las trincheras.
Nos pegamos más fuerte a la tierra en silencio, esperando a que la luna se ocultase detrás de las nubes para luego empezar a hacer lo que queríamos.

De repente, desde las trincheras alemanas alguien entonó una melodía conocida con la armónica: era la canción del vaquero de la opereta «Rose Marie»: «...Flor de la pradera fragante...» Escuchábamos tendidos, y de pronto el tártaro empieza a entonar una canción con su voz fuerte y bonita. Yo me quedé helado... ¡Qué idiota, ahora sí nos matan a todos!

Pero los alemanes cesaron de disparar y empezaron a tocar más alto la armónica. Al terminar la canción, empezaron a aplaudir y gritar: «Otra, ruso...» Me orienté, y Misha y yo comenzamos a moverse a lo largo de las trincheras, pues teníamos la misión de detectar los emplazamientos de fuego de los alemanes.

En ese momento a la armónica se le unió un violín y empezó a tocar melodías de operetas de Kalman. Nuestro tártaro ya se incorporó y volvió a cantar. Otra vez siguieron aplausos y voces de aprobación. Mientras tanto, nosotros proseguimos con nuestra tarea.

Luego, entusiasmados, los alemanes pidieron otras canciones, por ejemplo, «Volga-Volga», acompañándole con el violín. La canción es larga y el solista la repitió, de modo que Misha y yo tuvimos bastante tiempo para dibujar todo el esquema de emplazamientos del enemigo.

La última canción de este extraordinario concierto nocturno era «Katiusha», también encargada por los alemanes. Pero todo terminó y nosotros comenzamos a arrastrarnos hacia nuestras posiciones. Por raro que pareciese, los alemanes nos dejaron irnos sin un solo disparo. En ellos se despertó algo humano.

Regresamos los tres a nuestras trincheras sanos y salvos, entregamos al Estado Mayor la información obtenida, mas acto seguido me cita el agente del servicio de seguridad y me dice: «¿Por qué habéis confraternizado con los alemanes?» Las posiciones de ambos bandos no eran muy lejos las unas de las otras, de modo que todos escucharon nuestro «concierto».

Me di cuenta de que tendríamos graves problemas, sobre todo el tártaro. El sentido de mi explicación como jefe del grupo se redujo a que se trataba de una estratagema. Luego el agente interrogó a Misha quien le dijo lo mismo, aunque no nos habíamos combinado para eso. Recibimos una advertencia, y al tártaro lo destinaron al conjunto de canción y danza del Frente. Luego supimos que antes de la guerra había sido solista de la filarmónica de Kazán.

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Erich Hartmann
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Mensaje por Erich Hartmann » Mié Jun 15, 2005 11:57 pm

GöTZ ALY, HISTORIADOR ALEMAN ESPECIALIZADO EN LA SEGUNDA GUERRA

“El Holocausto se aceleró por motivos económicos” A sesenta años de la caída de Hitler, este periodista e historiador de 58 años publicó un best-seller inesperado: un estudio científico de cómo se beneficiaron económicamente los alemanes con el saqueo de Europa y la masacre de los judíos. Estado Popular de Hitler revela cómo el bienestar general se logró con mano de obra esclava, cómo se pagó a soldados y civiles con oro robado y hasta se les daba a los bombardeados muebles saqueados de Francia y Holanda. Una historia de complicidad pasiva.




Por José Comas *

–Su libro termina con la frase “Quien no quiera hablar de las ventajas que brindó a millones de alemanes comunes, que no hable de nacionalsocialismo ni Holocausto”.
–Es una modificación de una frase muy conocida del sociólogo Max Horkheimer: “Quien no quiera hablar de capitalismo, que no hable de fascismo”. Esta frase se hizo muy popular en la Alemania de la posguerra porque reducía la culpa. Ningún régimen cometió tantos crímenes como el nacionalsocialismo. Lo que se hizo bajo Franco o Mussolini no tiene comparación posible con la masacre cometida aquí. De ahí surgió la necesidad automática y humanamente comprensible, de limitar la culpa a los capitalistas, a comandos de matones, a políticos perturbados, a enfermos. Eso se puede entender. Este libro estudia la cuestión de por qué los alemanes colaboraron tanto tiempo; por qué en el interior del país bastó con tan poco terror entre 1935 y 1942 para mantener a los alemanes de buen ánimo bajo este régimen. Digo entre 1935 y 1942 porque de 1933 a 1935 estaban en fase de consolidación, que efectivamente iba ligada al terror, pero en 1936 se encerró a unas 4000 personas en los campos de concentración. La mitad eran los llamados asociales y alcohólicos. Había presos políticos, pero muy pocos. La mayoría de los socialdemócratas y comunistas se acomodaron. Posteriormente sí hubo una fase más de terror, entre el verano de 1942 y 1945. Es entonces cuando se produce la mayoría de las condenas a muerte de alemanes, unas 30.000, 15.000 contra soldados y 15.000 contra civiles, pero el 90 por ciento se ejecuta después del verano de 1942.
–Luego había complicidad con el régimen y agradecimiento por lo recibido.
–Sí, así es. Yo afirmo en este libro que no fue tanto la ideología racista lo que entusiasmó a la mayoría de los alemanes. La mayoría no se convirtió en racistas desaforados, sino que se acomodó a este régimen que empleó métodos muy bien conocidos por el mundo actual. Son métodos del moderno Estado social redistribuidor.
–Eso, por supuesto, es mucho peor. Significa que había algo así como una especie de contrato social. De una parte, estómagos agradecidos y, de otra, los criminales.
–Sí, pero los estómagos agradecidos y el crimen están relacionados. Los estómagos de los alemanes y las ventajas que sacaron de este régimen se pagaron a costa de los asesinados, de los países de Europa conquistados, de ocho millones de trabajadores forzosos, de los judíos aniquilados. En este libro expongo la relación entre lo uno y lo otro. Es un libro científico, pero, para mi sorpresa, ha tenido éxito. Yo no contaba con eso. Es un libro para los archivos, pero ¿por qué los alemanes lo leen ahora? Noto, por las reacciones de los lectores, que, como alemanes, no importa a qué partido votemos, aceptamos los crímenes de la Alemania nacionalsocialista como algo que sucedió y sobre lo que ya no hay discusión. Lo aceptamos como hecho histórico, del que, como descendientes, tenemos que asumir la responsabilidad histórica. El problema es que si recibimos la herencia de nuestros antepasados, las historias de las familias parecen inocuas, no nos cuadran con los crímenes de esos 12 años. Este libro construye el puente, puede contribuir a explicar por qué este sistema, en conjunto tan lábil y especulativo, tuvo tanto éxito. Sitúo en un lugar central las cartas desde el frente del soldado Heinrich Böll (Premio Nobel de Literatura), que era un antinazi manifiesto, toda su familia lo era. Pertenecía al círculo católico de Colonia. Fue soldado durante seis años. Las cartas desde el frente muestran cómo una familia así se integró, hasta cierto punto les iba bien, pese a la dureza de la vida en Colonia. Böll llegó a mandar a casa desde Francia 11 paquetes en un día. En sus cortos permisos regaló a su mujer medio cerdo, ropa interior de seda y perfumes. Todo a costa de la economía francesa.
–El 95 por ciento de los alemanes sacó provecho.
–También los antifascistas.
–¿Sabían a costa de quién les llegaba este bienestar?
–Vagamente. También esto se lee en las cartas de Böll. Al principio dice: “Lo que hacemos aquí como soldados es expoliar cadáveres. Compramos todo el país hasta dejarlo vacío, y yo no quiero participar en esta rebatiña de artículos de ocasión”. Después se nota cómo también él cae en la tentación y compra y compra, y enseguida no escribe más que de sus expediciones por la campiña francesa en busca de comida.
–Según su argumentación, el antisemitismo no explica lo ocurrido.
–No, el antisemitismo no explica por qué este régimen del que estaba tan claro que tenía que llevar a un mal camino, si lo vemos con ojos de hoy, pudo sostenerse tanto tiempo y por qué tantos participaron en él. Fueron esos mecanismos. No sólo los paquetes, era el buen abastecimiento de Alemania durante la guerra. No se podía alimentar a sí misma, y toda Europa fue expoliada. En Polonia, en Grecia, en la URSS murieron de hambre millones de personas. En Polonia había un gobernador llamado Hans Frank, que gracias a Dios fue ahorcado, que decía: “No, eso no lo podemos hacer. Si los dejamos aún con menos de lo que tienen, va a haber una rebelión, una guerra de guerrillas”. El ministro de Alimentación le contestó: “¿Y por qué no? Dentro de poco, Polonia estará limpia de judíos”. Era en el verano de 1942.
–Usted dice que no fue la ideología antisemita. ¿Tampoco fue el deslumbramiento por un caudillaje carismático?
–No voy a decir que no fuera la ideología antisemita. Si usted quiere expropiar a los judíos, no puede decir que los judíos son ciudadanos con los mismos derechos. Si usted expropia a los judíos de Europa, tendrá que decir que el dinero que tienen lo han conseguido con malas artes y que son mala gente. Se necesita también una ideología antisemita. Era importante que eso tuviera una compensación directa. La expropiación de los judíos en el año fiscal 1938-1939 aportó a las arcas del Estado alemán unos ingresos adicionales del 9,5 por ciento. Esos ingresos fueron a costa del patrimonio de los judíos asesinados, y esto se perpetuó en la guerra en toda Europa. La gente se dio cuenta de que se sacaba provecho. Se aprovisionó a las víctimas de los bombardeos con los muebles de los judíos deportados. A Colonia arrasada llegaron muebles de Amberes, París, Lieja, Bruselas y Rotterdam, y a las víctimas de los bombardeos, ropa de los judíos de Praga.
–Esto significa que hay una relación entre el campo de exterminio de Auschwitz y el bombardeo de Dresde.
–Sí, hay una relación entre Aus-chwitz y todo el mundo en Alemania. Es una relación de la que la gente sencilla no era consciente. Pero se podíabarruntar algo, una idea de que estaban llegando cosas que habían pertenecido a otros. Y hubo gente que no quiso aceptar esas cosas.
–Y los mandamases políticos lo sabían. ¿Tuvo el Holocausto una raíz económica?
–El Holocausto se aceleró por razones económicas. Los motivos económicos y de política social no explican el Holocausto, pero que haya habido este provecho concreto, que lo aceleró todo y también hizo posible el consentimiento público, es una condición previa importante. Se deportó a los judíos de Colonia en un momento en que el soldado Böll, por haber sido declarado enfermo, se encontraba muy cerca y visitaba con regularidad a sus padres y a su mujer. En sus muchas, muchas cartas, no dice ni una palabra de esto. Esto sencillamente no pasaba. No era noticia, ni siquiera para alguien así. A la gente le iba relativamente bien, se habían acomodado y a partir de algún momento confiaban en que se ganaría. Esto también aparece en las cartas de Böll desde el frente: “Tenemos que ganar”. Y así es como se puede contestar a la pregunta de qué sabía la gente. Como para poder conocer esto y lo otro y la existencia de las cámaras de gas, tanto no. Pero intuían, y se ve en cartas y opiniones de la época, que si Alemania era derrotada y los vencedores trataban a los alemanes la mitad de mal de como éstos trataron a los que habían vencido, no habría nada que hacer. Esto también llevó a aumentar esa integración política en la segunda mitad de la guerra, esa sensación compartida de que los puentes que quedaban atrás estaban destruidos.
–Estaban obligados a ganar.
–Todo el sistema financiero era puramente especulativo, lo que en Alemania llamamos sistema de bola de nieve. Como un fondo de inversión que promete grandes ganancias siempre que constantemente atraiga nuevos inversores. Desde el punto de vista político era una burbuja especulativa, también financieramente. Esa guerra y todas las obligaciones y deudas que se habían contraído sólo se podían poner de nuevo en orden, refinanciar, por así decirlo, con una victoria aplastante que fuera unida a la explotación despiadada de millones de personas.
–Esto es peor que si se les hubiera deslumbrado o fueran antisemitas por motivos ideológicos. Actuaron por motivos rastreros.
–Se actuó por móviles rastreros. Por otra parte, vemos actuar a esa gente desde una perspectiva actual. Las posibilidades de distanciamiento disminuyen. Este soborno político, social, y lo fácil que es compensar determinadas cosas a costa de otros y hacerlo con los correspondientes medios del poder es más desagradable que pensar que fue un antisemitismo medieval, que hubo una propaganda abrumadora y que los alemanes estaban tan deslumbrados y creyeron a ese führer carismático que les prometió una y otra vez el oro y el moro, y cómo, después de Versalles [el tratado de paz de 1919] y la derrota de la Primera Guerra Mundial, estaban tan machacados interiormente, se dejaron atrapar por el señuelo de ese hombre. Esta es la clase de explicación habitual.
–En el libro aparecen nombres que no eran tan conocidos. Todos conocemos a Himmler, Heydrich, Eichmann. Pero ahí aparecen nombres como el del ministro de Hacienda, Schwerin von Krosigk. Es la primera vez que oigo hablar de él. Y resulta que él y otros, en todo este sistema, eran mucho peores. ¿Podría llamárseles asesinos de despacho?
–Esta gente de la administración financiera del Reich, que en la Segunda Guerra Mundial gestionaba las finanzas, al principio de sus carreras tuvo que pagar las reparaciones de guerra a Francia, Bélgica y Reino Unido. El Departamento III del Ministerio de Economía, que más tarde explotaría a Europa sin piedad, era el encargado de regular las deudas del Tratado de Versalles. Esa gente aprendió al principio como víctimas, como objetos pasivos del Tratado de Versalles, como ejecutores contra su propia convicción; después enriquecieron lo aprendido con talento administrativo alemán y radicalismo narcisista, y lo aplicaron a Europa, siempre con el sentimiento subjetivo de que se estaban vengando de algo que se les había hecho. Esto jugó un papel, ya lo creo. Pero con un radicalismo y una contundencia que no se pueden comparar con las cargas que se impusieron a Alemania después de la Primera Guerra Mundial. Esta administración financiera tenía un plan muy claro de cómo financiar la Segunda Guerra Mundial y, por ejemplo, siempre pidió que se cobraran más impuestos a los trabajadores alemanes, al asalariado medio. Sencillamente para evitar el peligro de inflación, para financiar la guerra con cierta solidez. Hitler siempre dijo que no, que eso no se le podía pedir al pueblo, que buscaran otros caminos. Y se pusieron a buscarlos.
–¿Eso quiere decir el Holocausto?
–Eso quiere decir Holocausto, quiere decir trabajos forzados, quiere decir saqueo despiadado, pero siempre pagando. Es un saqueo muy hábil, como advierte uno cuando lo lee. Funciona según el esquema de comprar en lugar de robar. Siempre se compra, pero con el dinero del país ocupado. Siempre es un solo hombre el que se encarga del saqueo en cada país. Por regla general, es un director del Banco del Reich situado en el banco central emisor del país ocupado, y normalmente es uno de los primeros funcionarios que se presentan en el país ocupado.
–Escribe usted en su libro que hasta el terrible Servicio de Seguridad del Reich advierte de que no se podía saquear tanto porque en Polonia podría desencadenarse una rebelión y el Banco del Reich ordenó continuar.
–La explotación fiscal... sí, es verdad. Ha habido contradicciones así. Se deportó a los polacos y judíos antes de asesinarlos. Los de las SS querían que se fueran con una cantidad de dinero relativamente alta para que no se quedaran sin nada. El Banco del Reich y Hacienda les dijeron que no, que eso no lo podían hacer, que ese dinero lo necesitaba Alemania y que los deportados se las apañaran como pudieran. Y ahí estaba gente expropiada, depauperada, hambrienta, sin saber adónde ir. Después sólo quedaba un paso bastante corto hasta los planes de exterminio, que se desarrollaron a lo largo de la guerra, pero con esas condiciones creadas previamente. Ahí, la administración financiera del Reich, el Banco del Reich, siempre tuvo un papel central.
–Escribe usted que durante su investigación comprobó que en los archivos militares y en el Banco del Reich se destruyeron muchos documentos.
–Sí, se destruyó mucho, y, por cierto, en interés de todos los alemanes. Está absolutamente claro. La administración financiera del Reich siguió trabajando después del 10 de mayo de 1945. Los funcionarios continuaron hasta 1949 y siguieron haciendo lo que hacían antes. Y en esos años lo hicieron desaparecer todo.
–¿Eran los mismos?
–Sí, naturalmente. También la República Federal de Alemania tuvo después los mismos funcionarios. ¿De dónde iban a sacar otros? Hicieron desaparecer todo de forma sistemática. Las actas del Banco del Reich se destruyeron en la incineradora de billetes del Bundesbank cuando gobernaba el socialdemócrata Helmut Schmidt. Ahí donde se queman los billetes viejos, allí, en esa especie de crematorio de dinero, se quemaron esas actas. Sencillamente porque la administración financiera era consciente de que no podría atender posibles demandas de reparación y restitución. La República Democrática Alemana hizo lo mismo. Fue razón de Estado. Se hizo en interés de cuantos tienen nacionalidad alemana.
–¿Los alemanes de hoy aún se aprovechan de eso?
–Claro, lógicamente. Estas gigantescas sumas robadas, con un interés del 4 por ciento desde 1945, y eso no es todo. Más vale no pensar en cuánto hubiera habido que pagar.
–¿Entonces, el gobierno de Schmidt actuó “patrióticamente” al destruir las huellas?
–Sí, podría decirse así.
–¿Confirma su libro la tesis de la culpa colectiva alemana?
–No. La palabra “culpa” no aparece en el libro para nada. Yo quiero explicar cómo y por qué funcionó el sistema y cómo funcionó el soborno masivo. Pero ahora hay que ver hasta qué punto se acepta y hasta qué punto se abre camino científicamente. Y después se puede debatir de nuevo la cuestión de la culpa. Yo creo que, al cabo de dos generaciones, cuando todos estén muertos, la cuestión de la culpa dejará de ser tan interesante. A mí me parece que la cuestión de la estructura es más interesante. ¿Cómo se pudo llevar adelante? Que se vea con qué medios relativamente sencillos y simples se consiguió. Si hablamos de la culpa, también tenemos que hablar de distintas escalas de culpa. El soldado raso no podía tener la visión de conjunto de un director del Banco del Reich que, situado en el Banco Nacional de Grecia, vende en la Bolsa de Atenas el oro de los judíos de Salónica. Vendió 12 toneladas y compró dracmas griegos, pagó a los soldados alemanes en Grecia y a los trabajadores griegos que construían fortificaciones o a los del transporte marítimo. Este hombre, un tal Paul Hahn, que más tarde trabajó en Hacienda de la República Federal de Alemania, tenía, por supuesto, una visión de conjunto completamente distinta. Ese sabía lo que hacía.
–Pero los altos funcionarios de Hacienda no se manchan las manos. El que trabaja con el gas Zyklon B en los campos de exterminio es el soldado raso.
–Sí, otra vez el de a pie. Sí, sí. El problema es que todo ello ocurre en una sociedad muy desarrollada, moderna y con el trabajo bien repartido, con los medios de una sociedad como la que conocemos hoy en toda Europa. Es el aparato del Estado radicalizado, muy desarrollado, que funciona muy bien, que está muy motivado, el que conduce, junto a las conexiones y al proceso político, al asesinato de millones de personas.

* De El País. Especial para Página/12.


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Mensaje por Erich Hartmann » Mié Jun 15, 2005 11:59 pm

Alemania.-Alemania considera a los judíos retenidos en campos de trabajo en Africa una nueva categoría de supervivientes

Shalom visita en Berlín el nuevo monumento en memoria del Holocausto

BERLIN, 19 May. (EP/AP) -

El Gobierno alemán ha reconocido a los judíos retenidos en campos de trabajo en Africa como una nueva categoría de supervivientes del Holocausto que pueden aspirar a indemnizaciones compensatorias, informó hoy en un comunicado la Conferencia de Reivindicaciones Judías (CRJ).

Según el acuerdo alcanzado por la CRJ con el el Ministerio alemán de Finanzas, los judíos retenidos al menos seis meses en ciertos campos de trabajo en Túnez, Marruecos, Argelia y también en Hungría, son ahora candidatos a recibir indemnizaciones del programa del fondo de pensiones del Ministerio.

El Ejecutivo germano también acordó dedicar 9 millones de euros para ayuda en el hogar a los cada vez más ancianos supervivientes del Holocausto. El año pasado aportó 6 millones de euros para esta causa, de la que se encargan 43 agencias que atienden a las víctimas judías en 17 países.

La CRJ, que representa a los judíos de todo el mundo en la negociación de compensaciones por la persecución nazi, subrayó que continuará presionando para la inclusión de otras categorías de supervivientes en programas de compensación. Entre las nuevas categorías reivindicadas están los judíos retenidos en batallones militares realizando trabajos forzosos y en "campos de concentración actualmente no reconocidos como tales por Alemania".

Durante las negociaciones el Ministerio también acordó incrementar las cantidades pagadas a los destinatarios del programa de pensiones que viven en los nuevos países miembros de la UE, reconociendo el aumento del coste de la vida en esas naciones. En este incremento están incluidos los residentes en Hungría, Polonia, República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Lituania, Estonia y Letonia, que a partir de ahora recibirán 175 euros mensuales, frente a los 135 euros que recibían.

SILVAN SHALOM

Por su parte, el ministro israelií de Asuntos Exteriores, Silvan Shalom, sacó hoy tiempo de sus reuniones con los dirigentes alemanes para visitar el nuevo monumento en memoria del Holocausto en el centro de Berlín.

Acompañado por el director del proyecto, Hans-Erhard Haverkampf, Shalom visitó el centro de información de la instalación en memoria de los judíos de Europa asesinados y luego paseó entre las 2.711 placas de hormigón. El monumento abstracto fue abierto al público hace exactamente una semana tras años de disensiones y retrasos.

Shalom llegó ayer a Alemania y se reunió con su homólogo germano Joschka Fischer en Dusseldorf antes de encontrarse con el canciller Gerhard Schroeder en Berlín. Esta tarde tiene prevista una reunión con el presidente alemán, Horst Koehler, antes de regresar mañana a Israel. La visita precede a un viaje a Alemania previsto por el presidente hebreo, Moseh Katsav, a finales de este año.


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Mensaje por Erich Hartmann » Jue Jun 16, 2005 12:01 am

ENCUENTRO/ ANIVERSARIO DE LA II GUERRA MUNDIAL

FUE LA MANO DERECHA DE GOEBELS

ESTE HOMBRE que vive plácidamente en Buenos Aires bombardeó Guernica y colaboró con el ministro de propaganda nazi. Se llama Von Oven y el periodista de CRONICA lo localiza y habla con él en el 60 aniversario de la II Guerra Mundial

RAMY WURGAFT. Buenos Aires

Imagen
MEDIO SIGLO ESCONDIDO. Von Oven, 93 años, en su casa en Buenos Aires, donde vive desde que en 1951 huyó de Europa vía Italia.


El veterano nazi se balancea en su mecedora de mimbre, indiferente a las preguntas. El embarazoso silencio ya se prolonga un cuarto de hora según el reloj de péndulo que el dueño de la casa debe haber traído de Alemania. «Lástima que se haya tomado la molestia de venir... Se lo advertimos: el señor es... un muerto en vida.¿Desea que llame a un taxi?», interviene la enfermera cuyos rasgos teutónicos se asemejan a los del paciente.
Desde que se instaló en Argentina con la ayuda de una red que rescataba a los prófugos del Tercer Reich, Wilfred von Oven no se ha mudado de casa. Reside en Bella Vista, un suburbio de Buenos Aires donde conviven armoniosamente ex oficiales de las fuerzas armadas argentinas y los vecinos de ojos azules y piel ajada que se entretienen cuidando el jardín o paseando a sus perros.«La pequeña Alemania» llama la gente a este barrio adonde CRONICA llega siguiendo a los nazis que tras la caída de Hitler (hace ahora justo 60 años) se ocultaron en el país. Según estimaciones de los servicios de inteligencia de EEUU y Gran Bretaña, más de 700 prófugos, todos ellos miembros de la cúpula nazi, encontraron refugio en Argentina.

Cerca de la casa de Von Oven queda el Goethe Institut, un colegio bilingüe, y, poco más allá, el Club Alemán. El barrio de calles arboladas es tan apacible como el de San Fernando, donde el Mossad israelí secuestró hace 45 años a Adolf Eichmann, uno de los artífices del plan de exterminio judío. A Wilfred nadie pretende llevarlo a ser juzgado en Tel Aviv. El celo con que los judíos perseguían a sus verdugos decae a medida que desaparece la generación que experimentó los horrores del Holocausto. El anciano de 93 años escapa a la definición genérica de «criminal de guerra» establecida por el Tribunal de Nüremberg, aunque haya matado a decenas, quizás centenares, de civiles.

Las estanterías de la habitación están repletas de libros en alemán, entre ellos varios ejemplares de Con Josef Goebels hasta el Final, la biografía que Von Oven escribió acerca del ministro de Propaganda que fue su jefe y confidente. Junto a uno de los volúmenes hay una miniatura en bronce de un avión de combate.Lo acerco a la ventana para observarlo y de pronto el espectro se endereza en su asiento y sus pupilas brillan. «Es un Messerschmitt B 109», dice con una voz nítida que no parece la de alguien que sufre, según sus médicos, demencia senil. «Me lo obsequió Goëring (el mariscal Hermann Goëring, jefe de la fuerza aérea germana) después de la ofensiva en España. Yo pilotaba uno de esos aparatos hasta que enfermé de la espalda. Vaya por Dios...». Wilfred apenas menciona a Goebels: «Era un gran hombre, fue muy amable conmigo y hasta me presentó a Hitler. Pero ya está muerto y a los muertos hay que dejarlos en paz».

Von Oven, el funcionario que según el Instituto Wiesentahl redactaba los discursos de Goebels, nació en 1912 en La Paz (Bolivia) donde su padre, Kurt, era el representante del consorcio Thyssen-Krupp, abastecedor de los arsenales de Hitler. De regreso a la madre patria, el padre inscribió a toda su familia en el partido nacionalsocialista.

Los años que Von Oven pasó en compañía de Goebels palidecen cuando los compara al orgullo de haber estado en la Legión Cóndor, la flota que el fürher puso a disposición de Franco en la Guerra Civil.

-¿Participó en el bombardeo de Guernica?

-Fue allí donde se me estropeó la columna, por lanzarme en picado sobre el objetivo, no de la forma que indica el manual. Así, de esta manera, expresa con mímica.

La mano nervuda (el Messerschmidt) del antiguo as de la Luftwaffe, desciende sobre la taza vacía de té y el plato con sobras de galletitas (Guernica) que la enfermera retira bruscamente de la mesa con un gesto de desaprobación. Antes de recibir a CRONICA, el último encuentro de Von Oven con la prensa fue una entrevista que concedió en 2000 a Los Angeles Times. Entonces repudió los crímenes de Eichmann y de Josef Mengele, el doctor de Auschwitz que utilizaba a los prisioneros como cobayas para sus experimentos genéticos. Pero en el mismo respiro consideró a los judíos «la peste negra» del siglo XX. «El Holocausto es un invento de los hebreos para estrujar los bolsillos de los alemanes. Yo vivía con mis padres en Silesia cuando esas hordas de harapientos provenientes de Polonia y Rusia invadieron Berlín y usurparon los puestos más importantes en el gobierno, en la banca, en la prensa...La mayoría de esos apátridas murieron combatiendo en las filas de los partisanos y no en las cámaras de gas, como dicen».

EL DESPACHO DE GOEBELS

Después de que la Luftwaffe le diera de baja por sus afecciones lumbares, el teniente Wilfred Von Oven pasó una temporada rehabilitándose en el Hospital Militar de Berlín para luego participar en la invasión de Rusia, en 1941. Nuevamente inhabilitado, tuvo que resignarse a pasar el resto de la guerra enclaustrado en el despacho de Goebels, soportando los arrebatos de ira del hombrecillo acomplejado porque su fisonomía no cuadraba con el estereotipo de la raza aria.

Luego de la rendición de Alemania, en mayo de 1945, nuestro personaje trata de pasar desapercibido ante las tropas aliadas que ocupan la ciudad de Kiel. Acosado por el hambre y los cazadores de nazis, pernocta en albergues y mendiga comida hasta que en 1951 Carlos Schultz, un alemán nacido en Argentina, lo traslada a Génova, Italia. Desde allí, Von Oven zarpa a Argentina a bordo del crucero de línea, D'Anunzzio.

-¿Y cómo es que, ya en Argentina, no adoptó una identidad falsa?

-La tuve o más bien me la impusieron para protegerme, pero al cabo de unos días acudí al registro civil a que me devolvieran la mía propia. Un hombre debe afrontar su destino y el destino de los alemanes es... La enfermera, cada vez más inquieta, no se contiene. «Es hora de que el señor repose. Suficiente ha tenido ya. ¿Llamo a un taxi?».

EL HIJO DE OTRO

Jorge Priebke detesta a todos los periodistas por igual. Pero el apellido de éste, con su vaga resonancia germánica, obra el milagro de que por primera vez, el hijo de Erich Priebke, uno de los jerarcas nazis que se refugió en Argentina, conceda una entrevista. «Evito a la prensa porque habla pestes de mi padre.Pero los políticos son peores aún. Figúrese que el gobierno alemán ha tenido el descaro de quitarle la nacionalidad por su pasado nazi. Yo pregunto: ¿a qué se dedicaban esos santurrones en la época de Hitler? ¿acaso Joshka Fischer (ministro de Exteriores alemán) no fue miembro de las juventudes hitlerianas?».

Priebke obsequia al periodista con un retrato en el que aparece, muy erguido, un oficial con el uniforme de las SS: su padre.Y un voluminoso libro titulado Vae Victis, la autobiografía en la que Erich Priebke desmiente los crímenes por los que un tribunal italiano le condenó a estar confinado de por vida en su residencia romana de la vía Cardinal San Felice. En 1994, el gobierno de Carlos Ménem acogió la solicitud de extradición de la justicia de Italia, donde Priebke, capitán de la Gestapo, cometió sus peores fechorías. Entre ellas la planificación de la masacre de las fosas ardeatinas -335 civiles de entre 14 y 75 años fueron ejecutados- o la deportación de 2.100 judíos romanos a Auschwitz.

La imagen que Jorge conserva de su padre es la del héroe que ayudó al piloto Otto Skorzeny a rescatar a Mussolini, una proeza por la que el fürher le confirió a ambos la Cruz de Hierro de primera clase. Irónicamente, fue un miembro del comando que dirigía Skorzeny quien le arruino la vida a Priebke. En 1993 el norteamericano Sam Donaldson, corresponsal de la ABC, llegó a Argentina para entrevistar a Reinhard Kops, uno de los integrantes del equipo que rescató al Duce. «Para qué malgastar tiempo con un soldado del montón cuando puede entrevistar a un asesino de la talla de Priebke. Eso dijo aquel traidor», rezonga Jorge. No fueron las palabras que Donaldson consiguió arrancarle al oficial de la Gestapo sino las imágenes del chalé de estilo baviero donde vivía las que encolerizaron a los directores del Centro Wiesentahl, entidad judía dedicada a la captura de ex nazis. «A los rabinos no les costó nada obtener la colaboración de Rubén Beraja y Carlos Corach, (el uno asesor, el otro ministro de Ménem) para entregar a mi padre. Los judíos se entienden entre sí». Jorge, de 63 años, sigue viviendo en la casa paterna, en Bariloche, al sur de Argentina, donde las cumbres nevadas de los Andes se reflejan en el lago Nahuel Huapi. Un paraíso donde Priebke se radicó en 1954, seis años después de recalar en Buenos Aires.

DOCUMENTACION FALSA

El hombre a quien en más de una ocasión Hitler recibió en su refugio montañés no hubiera burlado el cerco de los aliados de no haber sido por la ayuda de Juan Domingo Perón. «La lucha de Hitler, en la guerra y en la paz, ha de servirnos de faro en medio de la tormenta», proclamó éste en un comunicado secreto.Tras la capitulación de Alemania, en marzo de 1945, Perón confió a Rodolfo Freude, su guardaespaldas y jefe de la policía secreta, la creación de una agencia con sucursales en España Italia y Suiza, para facilitar la huida de los jerarcas nazis, una tarea a la que contribuyeron el papa Pío XII y los responsables de la Cruz Roja. Freude eligió como brazo operativo a Carlos Fuldner, otro argentino de origen alemán que en 1922 volvió a la tierra de sus antepasados seducido por la propaganda nazi. Dos magnates germano-argentinos, Luwdig Freude, padre de Rodolfo y principal accionista de la compañía naviera Nordisk GA y Friedich Schlottmann, propietario de la gigantesca fábrica textil Sedalana, aportaron el dinero para la falsificación de los documentos y el éxodo de 300 agentes hitlerianos.

En su libro La Auténtica Odessa, Uki Goñi afirma que aparte de hacer donaciones para la causa y a la campaña presidencial de Perón, en 1946, Ludwig Freude influyó de forma decisiva en la cosmovisión del fundador del Partido Justicialista. El líder que junto a su esposa Evita enardecía a las masas, creyó a pie juntillas en la existencia de una conspiración judeo-marxista cuyos tentáculos llegaban hasta Sudamérica.

Durante el primer gobierno peronista, Santiago Peralta, director de Migraciones y responsable del diseño de un proyecto racial titulado El Mapa Humano de Argentina, redactó la Circular 11, un documento secreto que se distribuyó a los cónsules argentinos en Europa, con instrucciones para limitar la entrada de refugiados judíos a la tierra del mate y del tango. En cambio, a los refugiados nazis se les tendió un puente de plata. Entre éstos destacan por su fama o las atrocidades que cometieron, el doctor Josef Mengele, quien entró en Argentina en 1949 bajo la identidad de Helmut Gregor, tornero mecánico de Hamburgo; Adolf Eichmann, alias Ricardo Clement, técnico electricista; Georg Weiss, uno de los científicos que diseñaron los cohetes V-2; Gerhard Bohne, administrador del programa de eutanasia; Josef Schwamberg, uno de los responsables del genocidio de los judíos polacos así como los mencionados Wilfred Von Oven y Erich Priebke (alias Otto Pape).







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JUGLER EN MARBELLA


Los vecinos del edificio principal de Lindasol, una urbanización marbellí, aún recuerdan la cara de susto del perito que logró franquear la puerta del 5º A , el piso de Wolfgang Jugler. Fue a hacer un seguro de robos, y salió de allí blanco, como si le hubieran quitado la cartera a él. «¡Es un monumento a Hitler, todo está empapelado con sus fotos, hay cuadros de él con enormes marcos de oro!», dicen que murmuraba mientras buscaba la salida.Otros aseguran haber visto un uniforme de las SS colgado en el armario del 5º A. El austriaco Jugler, 83 años, fue, 60 años atrás, jefe de la Compañía Escolta SS Adolf Hitler, el cuerpo mimado del fürher. Fue también uno de los muchos nazis que, protegidos por Franco, encontraron escondrijo paradisiaco en el litoral español. Muertos Remer, Pattist, Honsik... y demás compañeros de exilio, Jugler es el último nazi español. Hablar con él no es fácil. Por teléfono, en cuanto oye el nombre de Hitler coge el «no comprendo, no entiendo el idioma» y no lo suelta en toda la conversación. Inútil. En la puerta del edificio Lindasol tiene aparcada su vieja furgoneta Chrysler. Ya no tiene matrícula austriaca ni tampoco aquellas pegatinas con simbología militar que podría haber delatado su pasado nazi. Hace unos años que se quitó la cadena con el escudo de su compañía y ya no deja que asome por la camisa el tatuaje con el que Himmler marcó los brazos a su unidad de élite. Un día Jugler salió de casa cargado de cuadros y los depositó cuidadosamente en la basura. Quien le siguió hasta allí da fe de que el material que desechaba eran reproducciones del Hitler. Dicen que fue cuando salía con Bárbara, que ella le suavizó la obsesión hitleriana. Si se le aborda en persona para pedirle una entrevista, echa mano de su comentada faceta de liante. Dice que sí y fija una cita para el día siguiente.No se presenta. Marca de la casa Jugler. Lo mismo les hace a los vecinos cuando quedan con él para solucionar lo de los 4.689 euros que debe a la comunidad. Nunca acude. Jugler, que compró su piso en 1978, es el más antiguo de los inquilinos de Lindasol.Curiosamente no le importó que el constructor que se lo vendió, el mismo que vive sobre su cabeza, sea judío. / A. M. O.


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Erich Hartmann
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Mensaje por Erich Hartmann » Jue Jun 16, 2005 12:02 am

A las órdenes de Patton

José María de Gamboa se alistó con 18 años en el Ejército estadounidense por consejo del lehendakari Aguirre y luchó en la contienda hasta el último día

JUAN AGUIRRE/


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RECUERDOS. José María de Gamboa ingresó en el Ejército estadounidense en 1944 . / FOTOS: JOSE USOZ

«¿Qué se puede decir de la guerra? Son una serie de flashes, de momentos únicos, irrepetibles y en cierto modo intransmisibles. Está el cansancio, la muerte, la soledad, el compañerismo... Detalles. En la infantería la veteranía llega pronto... o la herida y la muerte. Al de quince días el soldado ya conoce todo lo que es fundamental para su supervivencia y durante un par de meses permanece en alerta constante. Transcurrido ese tiempo comprende que la cuestión ya no es si le pasará algo o no, sino cuándo y qué es lo que le sucederá...».

Lo que le sucedió a José María de Gamboa es que la muerte pasó rozándole en el amanecer de un día de enero de 1945. Contaba sólo 18 años pero ya para entonces era un curtido suboficial del Ejército estadounidense. Cerca de Bastogne, en Bélgica, conducía a un prisionero alemán por un bosque entre nieve y cadáveres cuando un obús estalló a sus espaldas. El azar quiso que su vida no acabase ahí. Y su tenacidad hizo que aún asistiera al final de la guerra desde el frente, aquel 8 de mayo hace ahora sesenta años.

Para Gamboa, como para casi todos los vascos que combatieron al nazismo, la Guerra Mundial suponía una continuación de la Guerra Civil. Y no porque él participara en la contienda del 36-39 (nacido en Bilbao en 1926, al estallido del conflicto fue enviado a Francia), sino porque el desgarro de la derrota y el exilio marcaron la juventud de este hombre, hijo de Marino de Gamboa, empresario nacionalista y director durante la Guerra Civil de la Mid-Atlantic Shipping Company, compañía responsable de la flota mercante de la República y de Euskadi.

El consejo de Aguirre

«Desde el día que llegué a los Estados Unidos, mi única idea era regresar a Europa como soldado». A la entrada de los alemanes en París, en junio de 1940, los Gamboa tuvieron que abandonar su casa de Biarritz, donde pasaban las vacaciones veraniegas, y embarcar con destino a Nueva York. Al exilio francés siguió el exilio americano: tierra y mar de por medio con su añorada Euskadi, pero un deseo cada día más intenso por vengar a sus mayores con ocasión de aquella guerra iniciada por Hitler a la que Franco pronto se sumaría, bien que discretamente.

Una vez terminado el bachillerato, y con la mayoría de edad en perspectiva, Gamboa se dirigió al lehendakari José Antonio Aguirre, buen amigo de su familia y también residente en la Gran Manzana desde 1941: «Le dije que quería ponerme al servicio de Euskadi. José Antonio me escuchó con esa atención tan intensa que ponía en los demás, clavados sus ojos marrones sobre los míos: 'Ingresa en el Ejército americano, y cuando haga falta te llamaré'. Para él estaba claro que aquella guerra era nuestra guerra, y que los vascos debíamos contribuir junto a los Estados Unidos a la derrota del nazismo».

Dicho y hecho. A principios de 1944, Gamboa juraba lealtad a la Constitución americana al mismo tiempo que a la ikurriña, una vez superado el rosario de controles administrativos y de pruebas médicas y sicológicas: «Estas últimas fueron sumarias: «'¿Te gustan las chicas?'; 'Sí'; 'Aprobado'. En aquella época, los homosexuales no eran admitidos en el frente».

Para contar cómo fueron los cuatro meses de instrucción en el campo Mc Clellan de Alabama, Gamboa echa mano del séptimo arte: «Imagina una de esas películas ambientadas en los cuarteles de la US Army, con jóvenes e inexpertos reclutas a las órdenes de un sargento de hierro tiránico. Pues exactamente igual... ¿pero multiplicado por cien! La guerra no es un juego de niños y en aquel campo se nos preparó para la supervivencia».

Al llegar la primavera, a bordo de un viejo trasatlántico de nombre Aquitania (¿casualmente!), los nuevos soldados llegaban a Inglaterra y engrosaban las divisiones que participarían en el inminente desembarco norteamericano sobre las costas continentales. En un campo militar situado no lejos de Londres, el vasco Gamboa fue destinado al Regimiento de infantería 134 de la División 35, Guardia Nacional de Nebraska, integrado en el III Ejército a cuya cabeza muy pronto estaría el general Georges S. Patton, popularmente apodado Sangre y Agallas.

Días después del desembarco en Normandía, en junio de 1944, Gamboa ponía pie en las playas de Francia en una operación dirigida a ampliar las primeras zonas liberadas por el Ejército norteamericano. «Allí comenzó para mí la guerra de verdad...».

Miedo sin nota

Siempre que se habla con quienes han vivido una guerra desde la primera línea de fuego, inevitablemente surge el tema del miedo y del valor. Su jefe, el general Patton, definía al soldado valiente como «aquel que no toma nota de su miedo». Gamboa antes que de miedo prefiere hablar de un cierto estado de angustia, y de un discurrir de la propia existencia que por momentos le parecía ajena: «Te veías como un espectador de ti mismo».

Conoció situaciones difíciles como cuando, aprovechando su perfecto dominio del francés, era destinado a recorrer las casas para informarse sobre la presencia de tropas enemigas en las cercanías, entrando así en el punto de mira de la retaguardia alemana. De aquellos primeros compases de la guerra conserva recuerdos y sensaciones deslavazados pero intensos. Por ejemplo, una casa en llamas con una pareja de ancianos en el exterior, acompañados por un perro, llorando y riendo a la vez sin parar de decir: «Merci, merci...». El ensordecedor ruido de porcelana rompiéndose en Sarreguemines, un pueblo especializado en la fabricación de vajilla. El paso por el sur de un París ya liberado donde nadie les salió a recibir («Eso de que había chicas guapas subidas a los jeeps americanos sólo lo he llegado a ver en los documentales»).

Y, por encima de todo, el baile continuo de rostros de compañeros que aparecían y desaparecían: «En mi regimiento, compuesto de forma estable por 2.700 soldados, hubo 6.412 muertos o heridos». Viendo así girar la ruleta, Gamboa empezó a preguntarse cuándo le tocaría a él. En la guerra, el destino no es una figura filosófica sino algo real y palpable. Que huele a sangre.

En diciembre de 1944, Hitler inició un movimiento desesperado para cambiar el rumbo de la guerra. Su objetivo era lograr una espectacular victoria en el frente occidental y forzar así una paz separada con los aliados que le permitiese concentrar sus esfuerzos sobre el frente ruso. Esa operación desembocaría en la batalla de Las Ardenas, la mayor de la Segunda Guerra Mundial en Europa, en la que combatieron 600.000 alemanes, 500.000 norteamericanos y 55.000 ingleses.

Los blindados alemanes impactaron sobre las líneas americanas el día 16, abriendo en ellas una brecha por la que penetraron hasta la ciudad belga de Bastogne, que quedó asediada con unos 14.000 soldados norteamericanos en su interior. La reacción de Patton consistió en lanzarse contra el flanco izquierdo alemán, y en ese movimiento táctico entró en acción el Regimiento 134.

Quince bajo cero

Las condiciones eran extremas, con un frío de hasta 15 grados bajo cero, densa niebla y medio metro de nieve. El grupo de Gamboa lo componían teóricamente doce hombres, pero de hecho sólo eran siete, y él ocupaba el segundo puesto en el escalafón de mando. Enfrente, la infantería nazi y los panzer (blindados) del III Reich. Tras varios días de durísimos combates, en la tarde del 26 diciembre la IV División Blindada se abrió paso hacia Bastogne con el apoyo, desde la derecha de la carretera, de la infantería, que en esa labor sufrió un duro castigo. A las 4,50 el capitán Dwight, al mando de tres tanques, entraba en Bastogne y saludaba al general McAuliffe, jefe de las tropas cercadas: «¿Cómo está usted, general?»; «Encantado de verle, capitán».

Al comienzo del nuevo año todos sabían que la ofensiva de la Wehrmacht había fracasado, pero aún había que limpiar el territorio de los últimos focos de resistencia nazi. A esa labor estaba entregado el soldado Gamboa en la mañana del 10 de enero de 1945. Eran cerca de las 8 y aún no clareaba. «Recibí orden de avanzar en reconocimiento, con un explorador por delante, la compañía me seguiría. Caminábamos por un estrecho camino forestal, entre pinares, todo cubierto de nieve y de muertos, algunos nuestros, otros alemanes. Al llegar a un claro descubrimos una trinchera de la que, obedeciendo nuestras órdenes, salieron dos soldados con las manos levantadas, extenuados. Uno era un viejo teniente con barba; el otro, un joven. Decidí conducir al primero hasta el puesto del capitán de mi compañía para que lo interrogasen. Él iba delante, brazos en alto, yo detrás con mi fusil. De pronto escuché la detonación de un mortero alemán; equivocadamente me pareció lejano: el obús cayó cerca de mí, alcanzándome en la espalda».

A orillas del Elba

Cuando recuperó el sentido, supo que sus heridas eran múltiples pero no de extrema gravedad y que presentaba síntomas de congelación en los pies. Tranquilizado, se quedó dormido. Al despertar nuevamente, viajaba en una ambulancia y estaba empapado de sangre. Sangre de un soldado alemán que le goteaba desde la litera superior, en la que yacía herido y susurraba «Mutter, mutter...» (madre, madre...).

Una vez curado de las heridas en un hospital de París, José Mari fue enviado a Inglaterra para su convalecencia. Pero al cabo de un mes afloró en él un sentimiento que, todavía hoy, le produce extrañeza: «Sentí nostalgia de mi compañía y de mis amigos. Así que le rogué al médico que me diera el alta para reincorporarme a mi regimiento lo antes posible». Sus camaradas le recibieron con alegría, pero le trataron de loco. El final de la guerra se adivinaba ya muy cerca, y todo el mundo temía morir en los últimos estertores del conflicto.

El 8 de mayo de 1945 Alemania firmaba su capitulación. Los boys del Regimiento 134 recibieron la noticia a orillas del Elba, con los rusos acampados al otro lado del río. El júbilo estalló como una traca festiva por ambas márgenes. La Segunda Guerra Mundial había terminado. Pero el vasco Gamboa soñaba con otro final: soñaba con una Euskadi también liberada. Por su ella había combatido y por ella había estado cerca de morir.


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Mensaje por Erich Hartmann » Jue Jun 16, 2005 12:03 am

¿Perdidos desde la Segunda Guerra?

Dos ciudadanos japoneses octogenarios, que se cree llegaron a Filipinas como combatientes durante la Segunda Guerra Mundial, fueron encontrados en la selva filipina de Mindanao.

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Se cree que uno de los soldados es este joven que sale en la fotografía.

El hallazgo fue hecho por una delegación japonesa se encontraba en la zona para recuperar los restos de veteranos de guerra que murieron en la isla.

¡Cuál fue la sorpresa al encontrar, vivitos y coleando, a estos ancianos que, según el equipo que llevaban, parecían ex combatientes!

"De ser cierta, es una historia increíble", dijo a la agencia de noticias AFP el cónsul general de Japón en Manila, Akio Egawa.

"Tengo entendido que fueron encontrados en las montañas cerca de General Santos en la isla de Mindanao. Por el momento no sabemos si de verdad son veteranos de guerra", agregó.

Por temor

Aparentemente, estos combatientes no regresaron a Japón cuando terminó la guerra porque tenían miedo de enfrentarse a una corte marcial.

Desde entonces, los dos japoneses han estado viviendo con los grupos rebeldes musulmanes y por lo menos uno de ellos se casó con una filipina y tiene una familia.

Mindanao ha vivido más de dos décadas de rebelión musulmana, por lo que muchas zonas de la región central de la isla están fuera del control del gobierno filipino.

Japón invadió las Filipinas en 1941, poco después del bombardeo en Pearl Harbour y estableció un gobierno manipulado por ellos.

Durante los últimos meses de la guerra, los combates se concentraron en las zonas montañosas de las islas.

El periódico local Sankei Shimbun informó que es probable que los dos hombres hayan pertenecido a la división Pantera, en la cual el 80% de sus soldados murió o nunca se encontró.

Es por esto que se cree que los dos posibles veteranos no sean los únicos que están viviendo de incógnito en Filipinas.

Cuando en 1974 encontraron al teniente Hiroo Onoda en la isla filipina de Lubang, éste se rehusó a rendirse.

No sabía que la guerra había terminado, por lo que se requirió la ayuda de su antiguo comandante para que viajara a la isla y lo convenciera de salir de la selva.


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