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Heinrich Koslowsky (84)

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Heinrich Koslowsky (84)

Mensajepor p3c0 » Vie Nov 22, 2013 1:04 pm

De prisionero de guerra en Europa a pionero en el Paraguay

Esta es una entrevista a un aleman menonita que en la postguerra vino a Paraguay y logro establecerce, la misma se realizo por el diario abc color el 12 de diciembre del 2010 por Pedro Gomez Silvera y las fotos estubieron a cargo de Andres Cristaldo y esta disponible en este link http://www.abc.com.py/edicion-impresa/l ... 95716.html que paso a copiar aqui .

En Asunción estableció el primer servicio de lunch, con el nombre de "Pena". Hoy, los bocaditos tienen el mismo sabor de antaño, y aunque todo es más difícil, sigue marcando la diferencia y entregando buen sabor en las recepciones.Los bocaditos de la familia Koslowsky no han cambiado de sabor ni de forma en los últimos cincuenta años. Y uno de los secretos pareciera ser muy sencillo: un buen aceite utilizado una sola vez y en la temperatura adecuada.

De más está decir que todo se prepara en una cocina familiar donde los pioneros han pasado la tradición de esta actividad a sus hijos.

El nombre del local –que hoy funciona en el barrio Jara de Asunción– proviene de sus primeros dueños, los Penner, quienes estaban al frente de una fiambrería muy grande donde todo era de primera calidad y tenía una selecta cartera de clientes entre alemanes, rusos, americanos.

Sus clientes se mantienen fieles, y si a alguna familia le preparó todo el servicio en su boda, con seguridad lo vuelven a hacer para todos los acontecimientos familiares que vengan luego: bautismo, primera comunión, 15 años y bodas. Todos tienen la misma presentación y mantienen el mismo sabor y el sello que le puso esta familia hace más 53 años, cuando tomó la posta del negocio y lo reconvirtió.

El local inicial estaba ubicado en pleno centro de Asunción, en la calle Presidente Franco y Nuestra Señora de la Asunción. "Estuvimos allí hasta los sesenta, en que nos mudamos aquí porque ya era imposible vivir en el centro de las ratas. Para abajo estaba la cárcel y cuando se mudó y demolió, las ratas vinieron a nosotros, a los Scavone y a todos los que tenían un negocio en el centro, especialmente de comidas. Había ratas, ratas, ratas", comenta.

–¿Cómo las combatían?

–¡A palos!... (se ríe)

–¿Antes de seguir, quisiera que me cuente cómo comienza su historia en Paraguay?

–Yo soy inmigrante, vine en 1947 como estudiante. Soy menonita y vine de Alemania. Llegamos el 20 de marzo, yo era soltero y no traía nada más. Ud. se imagina lo que es decir nada: ¡un pantalón y una camisa!

–¿Y por qué vino a este país?

-En Rusia nos consideraban "alemanes de mierda...", y cuando llegábamos a Alemania decían despectivamente "ahí vienen los rusos". Y allí me pasó de todo... Primero nos llevaron para el servicio militar y me mandaron derechito al frente ruso.

–¿Ud. cayó prisionero durante la Segunda Guerra Mundial?

–Estuve prisionero desde 1945 a 1946 en Austria. Como somos menonitas, no tocamos armas y estuvimos libres de hacerlo... Entonces el servicio militar hacíamos manejando el alfabeto Morse, como enfermeros o como cocineros. Primero aprendí el Morse, porque en esa época no había teléfonos, como hoy. Por eso me mandaron a Hungría, donde estuve un tiempo, hasta que terminó la guerra en 1945. Allí caímos presos en Austria hasta el año siguiente, y luego volví a Alemania. Perdí a mi madre, a mi hermana, y no sabía nada más de nadie de mi familia. Todos estaban desparramados.

–¿Y que pasó en Alemania ya cuando estuvo libre?

–Allí encontré a mi padre por medio de la Cruz Roja, y el me dijo: "Si te apurás, vamos a ir a Paraguay. Tengo todos los papeles preparados". Vinimos derechito en barco hasta Buenos Aires, y luego a Paraguay. Hicimos en 30 días desde Hamburgo hasta la Argentina.

–¿Y qué hacía su padre?

–Era armador de aviones, así que siempre lo contactaban los rusos y lo enviaban cada vez más lejos porque la fábrica se iba mudando (durante la guerra). Pero cuando nos encontramos de nuevo en Alemania y vinimos aquí, se fue a trabajar para Vallemí para armar la primera fábrica de cemento con un alemán.

–¿Y Ud. cómo se inició en este negocio?

–Yo entré a trabajar en la fiambrería de los Penner (entonces Michelowsky) el 1 de mayo de 1947, como empleado. No hablaba nada de español. Solo ruso, alemán y un poquitito de inglés. Pero con el tiempo la fiambrería fue decayendo.

–¿Y cómo conoció a su esposa?

–Al lado de un barril de chopp. A ella la invitaron a un casamiento, pero a mi no. Pero mi cumpaña me dijo que vaya igual. Entonces fui de colado y allí la conocí. Ella es paraguaya, de Altos, pero sus padres eran inmigrantes también alemanes. Trabajamos juntos en la fiambrería hasta crear el servicio de lunch.

–¿Cómo comenzaron en el negocio?

–Fue muy difícil al principio. No teníamos heladera, así que dimos la vuelta a una mesa y con unos tablones fabricamos una caja, carbón en el medio y conservábamos los alimentos allí con hielo que comprábamos todo el día. Como no entendíamos mucho de cocina cuando los dueños anteriores nos dejaron la fiambrería, tuvimos un cocinero alemán que trabajaba con su hija de 15 años. Empezamos a recibir pedidos que repartíamos en taxi. Luego compré una moto, y cuando nos mudamos aquí (en barrio Jara) compré una camionetita Citroën. Teníamos entre los clientes a todas las embajadas. También teníamos clientes naturales, sin propaganda, sino que venían porque probaron en algún lugar o porque alguien les recomendó. Probaron que aquí se hacía un servicio como la gente.

-¿Pero también hubo tiempos difíciles?

-Nuestro negocio empezó a decaer en el año 80, después de que mataron a (Anastasio) Somoza, porque la gente ya no podía hacer fiestas a la noche. Solo se hacían brindis al mediodía y había menos personas y menos actividades sociales. Antes de eso teníamos 15 empleados. Ahora el negocio maneja mi hijo Teodoro Enrique y mi hija Gertrudis Ana junto con mi esposa Enriqueta Knecht.

–¿Todo se realiza en familia?

–Todos trabajan. Yo ya no, solo hago de mirón, pues estuve con una pata en el cajón. Tuve un ataque, estuve internado, pero ahora me recuperé.

–¿Cómo es el trabajo aquí?

–Depende de la actividad que haya. A veces se trabaja toda la noche, hasta la medianoche o la madrugada, pero no es solo cocinar, sino también hay que hacer después toda la limpieza. No tenemos más que un empleado, que es el chofer, y otra que es la contadora, hija del contador que está con nosotros hace 53 años (Lorenzo Mendieta).

–¿De dónde son sus clientes?

–Ahora solo Asunción y las ciudades vecinas. Tenemos unos 400 clientes, y esta es la época en que más trabajamos. Empieza en noviembre, con las colaciones. Anteriormente, teníamos clientes de todos lados: Villarrica, Coronel Oviedo, Ciudad del Este. En Ciudad del Este nosotros hicimos la comida cuando se inauguró el Puente de la Amistad (en 1965), y luego en Villarrica, cuando se inauguró el local del Banco de la Nación Argentina y la subestática.

–¿Y hoy siguen vigentes luego de medio siglo...

–Trabajamos con un solo empleado ya, pero hay seis jubilados de este negocio. Tenemos amigos que nos vienen a ayudar cuando tenemos muchos pedidos, así como los ex empleados jubilados. Brindamos servicio para 800 personas, incluidos ya los cubiertos y todo lo necesario para una recepción.

–¿Hacen platos típicos?

–Típicamente paraguayos sí, aunque Gertrudis prepara una torta alemana muy deliciosa y hacemos el strogonoff según la receta originaria de Rusia: nada de tomate, como hace mucha gente. Sin embargo, tiene una variación: no le ponemos pepino. El auténtico strogonoff lleva pepino, pero no le gusta a la gente de aquí, porque es más agrio y cree que está pasado... Pero el auténtico strogonoff debería llevar pepino en la receta.

Un incidente palaciego

Entre los primeros clientes del Sr. Koslowsky estaba el mismo Palacio de Gobierno. "Yo conocí al Ing. Salomoni que era del Ceremonial del Estado. Trabajábamos mucho para el Gobierno, pero luego la cuenta quedó archivada porque no nos pagaban más. Pero cuando vinieron los astronautas a Paraguay, me llama Salomoni a las 8:00 a decir que yo era la única persona que podía hacerles el servicio de lunch para las seis de la tarde".

El pedido era para 300 personas. Koslowsky respondió que no habría problemas si primero le pagaban la cuenta. Como no hubo respuesta al requerimiento de pago, a las 11:00 don Koslowsky mandó decir al Palacio que no iba a preparar los bocaditos. "Me mandaron un Jeep y me llevaron al Palacio en camisetas y con zapatillas. Le pregunté al Ing. Salomoni si me estaban llevando preso, porque si era así y como yo era ciudadano con pasaporte alemán, la Embajada de mi país ya estaba avisada por si me pasaba cualquier cosa".

Le prometieron de nuevo el pago y Koslowsky aguardó otra vez hasta que envió a un empleado al Palacio a decir que si para las 12:00 no se pagaba el servicio, la comida iba a ser tirada toda a la basura porque como alemán tenía derecho a reclamar lo que le correspondía. "A la una me pagaron e hicimos todo para las seis de la tarde. No solo hicimos bocaditos, sino también había jamón glacé, fuentes de carne y otros platos".

Campeón sudamericano de pesca, título para Paraguay

No hay rincón en la casa de la familia Koslowsky que no esté lleno de trofeos pergaminos y medallas. Todas tienen un denominador común: la pesca.

En 1972, Heinrich Koslowsky obtuvo el campeonato sudamericano de pesca, único título obtenido por un paraguayo, y a lo largo de su carrera en este deporte ha obtenido entre 400 y 500 trofeos. "Fue mi perdición, gasté toda mi plata en esto. Es un deporte muy caro. Practicaba en el río Paraguay, y fui a pescar a Chile, Argentina, Uruguay y Brasil".

Aparte de los trofeos, el pescador ha podido sacar del río Paraguay un surubí de 40 kilos y una raya que pesaba 120 kilos. "Ahora ya no hay ni mandi’i", se queja y recuerda que en su buena época en un día de lluvia había ido con su hijo a pescar y obtuvo 18 manguruyúes, el más grande tenía 35 kilos y el más pequeño, 10.

Koslowsky fue vicepresidente de la Asociación Paraguaya de Caza y Pesca durante 17 años y cooperó activamente para construir todo lo que es el complejo actualmente.

Saludos cordiales a todos!

P3c0

Psd. En el link encontraran fotos del señor en la actualidad.
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Juan M. Parada C.
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Re: Heinrich Koslowsky (84)

Mensajepor Juan M. Parada C. » Dom May 17, 2015 11:24 pm

Toda una gran historia de este caballero y de su emporio establecido en Paraguay.Simplemente genial tan meritorio trabajo familiar después de la guerra en acometer.
Saludos y bendiciones a granel.
"¡Ay,señor! Tú sabes lo ocupado que tendré que estar hoy.Si acaso te olvido por un instante,tu no te olvides de mi". Sir Jacob Astley antes de la batalla de Edge Hill el 23 de octubre del año de nuestro señor de 1642


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