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Fuego antiaéreo de un escolar alemán

La historia de la artillería durante la Segunda Guerra Mundial

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Francis Currey
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Fuego antiaéreo de un escolar alemán

Mensajepor Francis Currey » Mié Abr 23, 2008 8:02 pm

Entrevista a Lothar Seifert: Fuego antiaéreo de un escolar alemán

Al principio de la Segunda Guerra Mundial, la idea de ver escolares manejando baterías antiaéreas alemanas habría sido inconcebible. Sin embargo, a principios de 1942, Alemania sufría una tremenda escasez de recursos humanos. Las víctimas acaecidas desde 1939 habían arrasado rápidamente con la mayor parte de toda una generación y los nazis comenzaron a reclutar a hombres cada vez más jóvenes para ocupar las vacantes en los distintos rangos.

Los recuerdos de estos niños soldados ofrecen la oportunidad de examinar la guerra desde otra perspectiva. Sus versiones a menudo difieren de forma sensible de aquellas que han sido aceptadas como la descripción del típico soldado alemán.

A pesar del paso de los años, el recuerdo de aquellos lejanos años aún persiste. La reminiscencia de las batallas, aumentadas con los años de internamiento en los campos de prisioneros de la postguerra, todavía hoy son una realidad viva en la mente de Lothar Seifert, uno de los jóvenes reclutas. Ha sido hace poco cuando él ha decidido compartir sus vivencias y recuerdos. John Pursley le entrevistó para Historia Militar.

John Pursley: ¿Qué edad tenías cuando te reclutaron para el ejército alemán?

Seifert: Acababa de cumplir los 15 cuando entré en el servicio. Yo estaba en el instituto en Berlín como todos los días, cuando un grupo de soldados entraron en mi clase. El oficial a cargo nos ordenó a todos los estudiantes que nos levantarnos y le mirásemos. Mientras observaba cómo se movía hacia la parte delantera de la sala, me preguntaba si habría venido para contarnos historias de nuestro victorioso ejército. No obstante, mi curiosidad duró poco. El oficial de repente se detuvo y en voz alta y autoritaria dijo sin rodeos que seríamos reclutados para el servicio militar. Yo había escuchado que habían estado utilizando destacamentos de menores para ocupar puestos en la marina británica durante los últimos siglos pero nunca pensé que se convirtiera en una práctica habitual en Alemania y menos aún que me fuera a pasar a mí. Acepté mi destino sabiendo que sería inútil si no fatal, resistirme. Apenas tuve tiempo de despedirme de mi familia antes de que me llevaran al cuartel general militar local.

John Pursley: ¿Qué sucedió después?

Seifert: Tras unos pocos días de orientación donde nos suministraron uniformes y nos enseñaron una perspectiva general básica de la vida militar, nos distribuyeron en varios grupos de soldados estacionados en las zonas que rodeaban Berlín. Siendo menores de 18, la mayoría descubrió rápidamente que estábamos en la zona gris entre el soldado y el civil. Aunque oficialmente nos designaron como miembros de la Juventudes Hitlerianas, nos asignaron tareas militares similares a aquellas que cumplían los hombres adultos. Nos asignaron uniformes de regulación de la Luftwaffe pero nos dijeron que debíamos llevar el brazalete de las Juventudes Hitlerianas para distinguirnos del personal de carrera. Aún puedo recordar mi resentimiento por esa orden. Para mí, llevar ese brazalete era un insulto, y odiaba el simple pensamiento de que alguien me viera con él.

John Pursley: ¿Qué era especialmente lo que más te disgustaba de llevar el brazalete?

Seifert: Sencillamente, considerábamos que era un signo que advertía de que solo éramos niños y no soldados. Esta orden nos enfadó mucho porque sentíamos que si se esperaba que lucháramos como soldados y actuáramos como hombres, no teníamos porqué parecer un grupo de Boy Scouts desfilando con un brazalete que nos hacía parecer tontos. Otra razón que justificaba nuestra actitud negativa era que entre mis amigos, el movimiento de las Juventudes Hitlerianas era una especie de chiste. Ya sabes, algo reservado para gente fanática que quería que sus hijos parecieran y jugaran como pequeños soldados. Era un insulto que nos asociaran con ese movimiento, así que nos negamos a llevarlos.

Continuará

Fuente: Military History Magazine, Agosto de 2002, John Pursley

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Mensajepor Panzerfaust » Jue Abr 24, 2008 1:54 am

Muy interesante, tambien habri que recordar que el actual papa fue "Flakhelfer" cunado era dolescente.
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Mensajepor Francis Currey » Jue Abr 24, 2008 4:59 pm

John Pursley:: ¿Qué clase de tareas os encomendaban?

Seifert: Supongo que se puede decir que mi deber principal era ayudar a derribar los aviones enemigos antes de que ellos tuvieran la oportunidad de bombardear Berlín. Al principio intentaron que yo cargara el arma antiaérea de 88mm pero no aguanté mucho haciendo ese trabajo. Nuestros jefes pronto se dieron cuenta de que los chicos de mi edad no tenían la suficiente fuerza en la parte superior del cuerpo para mantener la carga en su lugar mientras ajustábamos el objetivo. Habría sido diferente si no hiciera falta que el cañón estuviera en un ángulo tan empinado para facilitar su función como arma antiaérea. Cuando se dieron cuenta de que no teníamos la fuerza suficiente, me trasladaron a uno de 105mm. Estas armas eran mucho más fáciles para chicos de mi edad porque estaban equipadas con un mecanismo de carga automático.

John Pursley:: Al estar posicionados en Berlín, ¿estabais en el centro de la acción?

Seifert: Al principio nos llamaban cinco o seis veces a la semana para combates realmente duros, pero a medida que la guerra avanzaba y se neutralizaba nuestra habilidad para detener los ataques aéreos, los aviones comenzaron a aparecer con una frecuencia cada vez más creciente. A la mitad de 1943, cuando los americanos venían por el día y los británicos nos bombardeaban por la noche, parecía como si no dejáramos de usar las piezas antiaéreas. Pero ya sabes, la situación no era realmente tan terrible al menos para mí. Yo era muy joven, aún me veía inmortal en mi propia mente y no pensaba en la muerte ni en el hecho de que estaba ayudando a matar a gente que ni siquiera conocía. En verdad, me lo pasaba muy bien disparando el cañón contra los aviones y observando la explosión. Era emocionante y peligroso estar implicado en este tipo de acciones.

John Pursley:: ¿Alguna vez te condecoraron?

Seifert: Me entregaron la insignia de fuego antiaéreo de la Luftwaffe cuando llevaba unos 6 meses en el servicio. Este tipo de insignia se entregaba a cada miembro del equipo de ametralladora cuando habíamos derribado nuestro quinto avión.

Continuará

Fuente: Military History Magazine, Agosto de 2002, John Pursley

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Mensajepor Francis Currey » Mié Abr 30, 2008 11:56 pm

John Pursley: ¿Esa es tu única condecoración?

Seifert: La única que verdaderamente creo que gané de forma indiscutible. Lo digo porque tuve muchas oportunidades de ser condecorado con la Cruz de Hierro pero hacia el final de la guerra, ya no significaba mucho. Era igual de simbólico que encontrar un premio en una caja de cereales. ¿Alguna vez has visto la secuencia en una película de Hitler fuera de su búnker entregando medallas a un grupo de niños? Este tipo de situación era algo común y recuerdo perfectamente a los oficiales corriendo con cajas de Cruces de Hierro entregándolas como si estuvieran dando caramelos en Halloween. Todas las condecoraciones perdieron mucho prestigio y se redujeron a poco más que una estratagema para subir la moral. En algún caso, la idea resultó útil pero era una vergüenza porque había muchos hombres que realmente se merecían el reconocimiento que la Cruz de Hierro les hubiera llevado a ellos y a sus familias.

John Pursley: Con toda la acción que se estaba desarrollando, ¿estabas de servicio la mayor parte del tiempo?

Seifert: Teníamos periodos de tiempo libre pero yo odiaba estar de permiso durante un ataque enemigo. No solo significaba que me perdería el combate, sino que además no estábamos tan seguros en la ciudad como en el campo de batalla, donde se encontraban nuestras armas. Pocas veces las bombas golpeaban nuestras baterías anti-aéreas. En realidad, el último lugar donde quería estar durante un ataque aéreo era en el infierno de un grupo de edificios en llamas.

John Pursley: ¿Qué hacías cuando no había ataques aéreos?

Seifert: Teníamos nuestro conjunto de rutinas de deberes e instrucción normales de un soldado pero también nos hacían completar nuestra educación. Todavía me impresionan algunas de las prioridades y habilidades organizativas de los líderes civiles. Allí, en medio de una guerra mundial, cuando Alemania se enfrentaba en cierto modo a una derrota, aún así nos hacían estudiar. Supongo que la mayoría de ellos creían en la propaganda que nos lanzaban sobre nuestra victoria en esta guerra. Tal como estaban las condiciones de vida, el cuartel que ocupábamos era nuestra casa, nuestro colegio y nuestro lugar de entretenimiento. Aunque técnicamente no estábamos de servicio, nos encontrábamos bajo la supervisión de sargentos y oficiales que eran mayores y mucho más serios que nosotros.

John Pursley: ¿Así que en esencia os trataban como soldados?

Seifert: Intentaban tratarnos como tales pero por lo general no les dejábamos salirse con la suya o no respondíamos muy bien cuando lo hacían. No nos costó mucho darnos cuenta de que debido a que oficialmente éramos muy jóvenes para estar en el servicio, teníamos algo de control sobre nuestra situación. Volvíamos locos a nuestros jefes preguntándoles por todo lo que intentaban que hiciéramos y sobre su autoridad en general. Siempre buscábamos el talante en cualquier situación y eso no siempre favorecía nuestra relación con ellos.

John Pursley: ¿Me puedes poner un ejemplo?

Seifert: Recuerdo una vez que un sargento intentó hacernos correr varias millas en fila como castigo por tener de visita en nuestro cuartel a varias chicas de la zona. Obedecimos pero corríamos tan lento que podíamos haber ido hacia atrás. Sabíamos que no podía hacer mucho más que gritarnos y amenazarnos con cosas que todos sabíamos que no pasarían. Para resumir, oscureció mucho antes de que completáramos una sola parte de la distancia. Se frustró tanto con nosotros que nos dio por perdidos y despidió al grupo entero. Básicamente éramos un montón de chicos alborotadores intentando disfrutar a su costa. Las cosas son muy diferentes cuando alguien te necesita más que tú a ellos.


Fuente: Military History Magazine, Agosto de 2002, John Pursley

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Mensajepor Francis Currey » Vie May 09, 2008 12:13 am

John Pursley: Mucha gente piensa que los alemanes de esa época se desarrollaron en el militarismo. Parece que no siempre fue así.

Seifert: No hay que creerse el mito de que todos los alemanes vivieron de forma regimentada. Hablo por mí y por los compañeros junto a los que serví, nos encantaba hostigar a nuestros jefes y llevábamos cada situación al límite. Recuerdo escuchar a un chico que estaba hablando por teléfono con su padre, que era de la Gestapo. Le oímos decir “Heil Hitler” antes de que descolgara el teléfono. Nos reímos mucho de él por eso, sin pensar que nos podían haber castigado. Menos mal que no se lo contó a su padre.

John Pursley: ¿Cómo eran los altos mandos del país? ¿Qué pensabas de ellos?

Seifert: Vi a Hitler unas cuantas veces antes de la guerra con Josef Goebbels a su lado pero era demasiado joven para entender o preocuparme por quiénes eran. Estaba más entretenido disfrutando de los desfiles y las ceremonias que se llevaban a cabo. En cuanto a los otros líderes, no me impresionaba mucho su fama de súper-hombres. Por ejemplo, mira Hermann Goring: a menudo le llamábamos “Gallina Meyer” porque eso es lo que decía que se llamaría a sí mismo si alguna bomba enemiga caía alguna vez sobre Alemania. El motivo de este alarde era que como Meyer es un nombre judío muy común en Alemania, se rebajaría en su estatus social si le llamábamos eso.

John Pursley: ¿Tienes alguna anécdota que recuerdes con especial cariño de esos días?

Seifert: Una que recuerdo tiene que ver con nuestro Oberleutnant (nuestro primer teniente) que recibió la noticia de que le ascendían a Hauptmann (capitán). Hay una vieja canción del ejército que no es muy elogiosa, sobre un Hauptmann montado en un macho cabrío. Como éramos como éramos, decidimos ayudarle a celebrar su ascenso al día siguiente. Para preparar la celebración, unos cuantos salimos esa noche y robamos una cabra de un granjero local, mientras que otros fueron a casa de una de las chicas que eran como nuestras grupis. Uno de los chicos acabó robando un corsé de la madre que era bastante gorda junto con otras prendas de su ropa interior.

A la mañana siguiente, vestimos a la cabra con la ropa que habíamos robado a la mujer y la dejamos donde el Hauptmann la encontraría. Cuando vio lo que habíamos hecho se puso realmente furioso. Sabía que habíamos sido nosotros pero de nuevo no podía hacernos gran cosa. Nos reímos mucho con eso pero fue aun más gracioso cuando nos enteramos de que tuvo que devolver todas las prendas y disculparse ante la dueña de nuestra parte. Todavía le puedo ver totalmente rojo de vergüenza, sosteniendo las dos enormes piezas de ropa interior delante de la mujer y humillándose ante ella. Estoy seguro de que si aún vive se acordará del incidente.

John Pursley: Se cuentan historias monstruosas de pilotos aliados derribados y asesinados por civiles. ¿Es cierto?

Seifert: Quizá ocurrió pero nunca oí hablar de eso hasta que pasaron varios años desde que acabó la guerra. En mi sector veíamos a los “hongos” amontonados cuando los aviones se estrellaban, y echaban carreras entre ellos para ver a los hombres que había dentro. A veces llevábamos a los pilotos a nuestros cuarteles y les entreteníamos hasta que llegaban nuestros soldados poniendo discos que teníamos de Louis Armstrong. Todo era muy impersonal. Estos hombres eran iguales que nosotros, ellos solo hacían lo que les habían ordenado y no necesariamente lo que realmente querían hacer. Para ser honesto, el peor trato que presencié contra un piloto derribado fue no permitirle usar las letrinas porque las autoridades temían perderle de vista.

John Pursley: ¿Tengo que entender que no odiabas a tus enemigos?

Seifert: No, por Dios. No creo que nadie odiara a nadie. No nos gustaba que nos bombardearan pero entendíamos el motivo y lo aceptábamos. Después de todo, nosotros les disparábamos a ellos. Creo que todos los soldados en el bando que fuera estábamos en la misma situación en cuanto a intentar hacer lo que cada uno podía.


Fuente: Military History Magazine, Agosto de 2002, John Pursley

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Mensajepor Francis Currey » Sab May 10, 2008 12:10 am

John Pursley: ¿Siempre estuviste estacionado en Berlín?

Seifert: No. Cuando cumplí los 16, me reclutaron para las “verdaderas” fuerzas armadas “. Sin embargo, antes de la instrucción básica, me obligaron a pasar los cuatro meses obligatorios de servicio con el cuerpo de trabajo. Para mí eso era muy estúpido. Aquí estaba, adiestrado en el uso de la artillería y familiarizado con las formas militares pero obviamente pensaron que esta era una forma mejor de servir a mi país.

Así que pala en mano me fui al frente más cercano que en ese momento estaba en algún sitio de Checoslovaquia. Nuestra principal tarea era cavar trincheras para nuestras tropas en retirada frente a los rusos. Ese no era el mejor deber que una persona puede tener. De algún modo sobreviví y en diciembre de 1944 me reclutaron para la instrucción básica de la Luftwaffe.

John Pursley: Tenemos entendido que las fuerzas armadas alemanas eran muy estrictas. ¿Era dura la instrucción básica?

Seifert: Ya sabes, ese es otro mito que tengo que disipar. Nuestro entrenamiento básico era duro físicamente pero no nos hacían novatadas. Por ejemplo, si yo fuera el sargento de instrucción y veía un botón de tu guerrera desabrochado, tendría que pedir permiso antes de tocarte. No nos maltrataban como a los soldados de los Estados Unidos durante la instrucción. Creo que la actitud caballerosa viene de la historia de la aristocracia prusiana y el respeto por los individuos.

John Pursley: ¿A dónde fuiste tras la instrucción básica?

Seifert: Me enviaron a Dinamarca, donde la gente aún era amable con nosotros. Debido al hecho de que el país no había sido invadido sino que solo estaba bajo la protección del Reich, no tuvimos que sufrir los problemas experimentados en otros sitios. Nos llevábamos bien con la gente hasta que los aliados comenzaron a tirar armas y provisiones a la resistencia. Eso arruinó la situación de todo el mundo. Como resultado de la propaganda aliada, la gente que encontraba las armas pensaba que era su deber dispararnos incluso cuando no habían existido casos reales de maltrato civil anterior a esa fecha. Tras el comienzo de los disparos, la Gestapo llegó para investigar cada situación, que casi siempre acabó en ejecuciones de civiles y sanciones contra ellos. Esos actos incitaron más ataques en represalia contra nosotros, lo que creó un efecto en espiral. Se arruinó una buena situación y mucha gente murió innecesariamente a causa de la intervención aliada.

Por ejemplo, cuando llegué allí, yo no llevaba armas y podía frecuentar establecimientos civiles. Pero cuando comenzaron a soltar armas en el suelo, nos obligaron a llevar siempre con nosotros Schmeissers, y los cafés y clubs se convirtieron en zonas prohibidas. Afortunadamente, nunca tuve que disparar mi arma y no te podría decir cómo pudo ser así.

John Pursley: ¿Así que en esencia culpas de las atrocidades llevadas a cabo por los alemanes contra los civiles a las distintas organizaciones clandestinas?

Seifert: En gran medida sí. Supongo que los movimientos clandestinos comenzaron como algo honorable y patriótico pero al final algunos se corrompieron por culpa de los oportunistas. Al menos, mucha de la gente que pertenecía a estas organizaciones eran profesionales del pillaje y la extorsión.

Fuente: Military History Magazine, Agosto de 2002, John Pursley

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Mensajepor PatricioDelfosse » Sab May 10, 2008 2:04 am

Francis Currey escribió:Nos llevábamos bien con la gente hasta que los aliados comenzaron a tirar armas y provisiones a la resistencia. Eso arruinó la situación de todo el mundo. Como resultado de la propaganda aliada, la gente que encontraba las armas pensaba que era su deber dispararnos incluso cuando no habían existido casos reales de maltrato civil anterior a esa fecha. (...) Se arruinó una buena situación y mucha gente murió innecesariamente a causa de la intervención aliada.


Que forma tan psicodelica de interpretar la realidad...
Pato

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Mensajepor Francis Currey » Jue May 15, 2008 11:54 pm

John Pursley: ¿Qué quieres decir?

Seifert: Este tema se me escapa un poco pero aprendí mucho sobre las organizaciones clandestinas tras el fin de la guerra. Por ejemplo, algunos maquis chantajeaban al Vichy francés, obligando a la gente a pagar dinero de extorsión para evitar ser detenidos. Cuando los alemanes salieron de Francia, se acabó el chollo y también las vidas de los colaboradores. Creo que muchos miles de civiles habrían salvado sus vidas si estas organizaciones no hubieran provocado las represalias. En realidad, las organizaciones clandestinas no eran tan efectivas en comparación con las operaciones de los aliados en su conjunto. En general, solo daban problemas a pesar de que causaran dificultades a los alemanes. La gente siempre habla de atrocidades pero yo pienso que si no las quieres no debes empezar una guerra.

John Pursley: ¿A dónde fuiste cuando saliste de Dinamarca?

Seifert: La mitad de mi unidad se fue al frente del este y el resto volvimos a Berlín para encargarnos de las baterías antiaéreas. Allí había mucha confusión y trasladaban a la gente sin motivo aparente. A veces no sabías ni en qué unidad te encontrabas a menos que alguien te lo dijera.

John Pursley: ¿Cómo terminó la guerra para ti?

Seifert: Nos entregaron fusiles y Panzerfausts con órdenes de luchar “hasta la muerte”. Algunos de nosotros fuimos a una pequeña ciudad para establecer posiciones de defensa pero un comandante muy nervioso nos detuvo y nos pidió que le diéramos nuestras armas ya que los americanos estaban muy cerca. Creímos que era lo mejor que podíamos hacer así que guardó nuestros fusiles en una habitación y nos entregamos.

John Pursley: Ahora la gran pregunta: ¿Cómo os trataron?

Seifert: Al principio, bastante bien por los soldados de primera línea como nosotros. Nos dieron cigarros y chocolate y nos dijeron que camináramos por detrás de ellos hacia sus líneas traseras porque allí era donde se llevaba a los prisioneros. Cuando llegamos a la zona, las condiciones cambiaron drásticamente. Los soldados del escalón trasero nos quitaron nuestras pertenencias, condecoraciones y todo lo que teníamos de valor. Parecía que una vez que Alemania había entregado a todos los prisioneros de guerra aliados, la Convención de Ginebra había dejado de existir. Con la capitulación de Alemania llegaron años de abusos para un gran número de antiguos soldados alemanes. De repente, ya no éramos prisioneros de guerra sino “fuerzas enemigas desarmadas” que no merecían el trato concedido a los soldados capturados.
Nos dejaban morir de hambre, nos golpeaban, asesinaban y nos hacían trabajar hasta la extenuación. Dormíamos a la intemperie sin otro refugio que nuestros Zeitbahn, si aún los teníamos y nos privaban de los más básicos servicios sanitarios. No nos permitían visitas de la Cruz Roja ni tratamiento médico. Ni siquiera podíamos escribir a nuestros familiares para comunicarles que aún seguíamos vivos.


Fuente: Military History Magazine, Agosto de 2002, John Pursley

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Mensajepor Mike » Mar Ago 26, 2008 6:08 am

Encontre muchas coincidencias que ratificarian los dichos que acabo de leer. Fui amigo de un hombre que combatio en la Wehrmacht en Rusia y cuando cayo prisionero de los EEUU fue muy maltratado. Les robaron todas las pertenencias (relojes y demas). A el particularmente el soldado que lo reviso le quito el pañuelo y cuando el intento detenerlo, le dijo "you have your fingers"...Los primeros dias, la racion era una zanahoria...y una papa cruda y estaban en un campo solo delimitado por alambradas, sin techo ni nada para cobijarse. Cuando llovia se mojaban y se reunian para sumar calor humano.
Cosas-terribles-de la guerra. Nadie trato bien a los prisioneros...
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"Deutschland, Deutschland, Über Alles, Über Alles im der Welt..." - primer estrofa del himno aleman, escrito en 1841, censurada al finalizar la guerra y hasta hoy por los aliados
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Mensajepor Klaus » Mar Ago 26, 2008 2:02 pm

Si mal no recuerdo el actual Papa Benedicto XVI tambien estuvo en su juventud asignado a una de esas baterias antiaereas
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<<Klaus Berger>>

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Mensajepor PatricioDelfosse » Mar Ago 26, 2008 2:43 pm

mike escribió:cuando cayo prisionero de los EEUU fue muy maltratado.

No trato de justificar el maltrato (que seguramente existió, no lo dudo), pero hay que matizar las cosas.
El maltrato que sufrieron los prisioneros alemanes en manos aliadas fue en la mayoría de los casos apenas pequeñas molestias, robos personales y afrentas contra la dignidad comparados con el meltrato sufrido por los soviéticos en manos alemanas, o los britanicos/norteamericanos en manos japonesas.
Lo que empeora las cosas es que de parte del Eje el maltrato era institucional (avalado por los Estados mayores y/o las autoridades gubernamentales de la zona) mientras que de parte aliada fueron en la mayoría de los casos actos individuales, de ninguna forma avalados por los mandos superiores.

Leído de forma poco académica y en el lenguaje de la calle, generalizando, escuchar a un alemán de la época decir que fue maltratado hasta da risa (si no fuera por lo siniestro del régimen).

De todas formas no hay que meter a todos en la misma bolsa, los actos de un adolescente en una situación de crisis muchas veces son irreflexivos.
Pato

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Mensajepor Mike » Mar Ago 26, 2008 6:35 pm

Claro, entiendo lo que decis...si, claramente no era "institucional" el maltrato de los aliados (si de los rusos) contra los alemanes. Ademas es dificil que el ser humano no sienta algo de resentimiento contra quien podria haberlo matado...es casi "natural". La institucionalizacion del maltrato o la no observancia a reglas y convenciones especificas sobre el trato a los prisioneros es aberrante: si, los alemanes fueron brutales y los rusos y japoneses aun peores. Todo, en definitiva, es una politica que no ve al enemigo como un ser humano, sino como algo inferior...y en el caso de los alemanes que se horrorizaban de la brutalidad e ignorancia del soldado ruso, es peor.

Un abrazo
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Re:

Mensajepor Audie Murphy » Jue Ago 22, 2013 1:52 pm

Francis Currey escribió:John Pursley: Se cuentan historias monstruosas de pilotos aliados derribados y asesinados por civiles. ¿Es cierto?


Un caso de agosto de 1944, cuatro supervivientes de un Liberator americano son linchados por civiles y luego rematados con una bala. Milagrosamente 2 americanos sobrevivieron y escaparon para ser recapturados posteriormente.
http://www.warhistoryonline.com/war-art ... known.html

When the train reached the town of Rüsselsheim, the tracks had been destroyed. Only hours before, Rüsselsheim had been the target of a massive bombing raid by Britain’s Royal Air Force.
The German soldiers unloaded their prisoners, planning to walk them through the town to a train on the opposite side where the tracks were intact. But once in Rüsselsheim, the townspeople, wrongly believing that the prisoners were responsible for the bombing, attacked. “The guards that were guarding them, they just ran away,” Teremy said.

They were beating them with sticks and stones and slate and hammers and shovels, whatever they could get their hands on.” The men collapsed, battered and near death. A Nazi warden, Josef Hartgen, then decided to shot them in the head
"El mal existe cuando las personas buenas no hacen lo que es correcto"

Paddy Mayne
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Re:

Mensajepor Paddy Mayne » Jue Ago 22, 2013 5:40 pm

Mike escribió:Claro, entiendo lo que decis...si, claramente no era "institucional" el maltrato de los aliados (si de los rusos) contra los alemanes. Ademas es dificil que el ser humano no sienta algo de resentimiento contra quien podria haberlo matado...es casi "natural". La institucionalizacion del maltrato o la no observancia a reglas y convenciones especificas sobre el trato a los prisioneros es aberrante: si, los alemanes fueron brutales y los rusos y japoneses aun peores. Todo, en definitiva, es una politica que no ve al enemigo como un ser humano, sino como algo inferior...y en el caso de los alemanes que se horrorizaban de la brutalidad e ignorancia del soldado ruso, es peor.

Un abrazo


Además las tropas norteamericanas de segunda línea tenían fama de ladrones, inclusive con los propios soldados norteamericanos. Si leemos Beyond the Rhine, a Screaming Eagle in Germany, podemos ver que los paracaidistas de la 101, cuando regresaron a sus bases en Francia tras la batalla de las Ardenas, se encontraron con horror, que sus pertenencias les habían sido saqueadas por los soldados de las unidades de transporte y de logística. Sobre todo buscando souvernirs y troféos de guerra. Asi que no me extraña de que saqueran las pertenencias como medallas y souvenirs, de los alemanes prisioneros, si hacían lo mismo con sus tropas de primera línea.
Otra cosa, ya se había regado por todo el mundo, la manera como los alemanes trataban a los prisionerios soviéticos y a los judíos. Eso endureció en tratamiento de los soldados alemanes por los aliados. Pero oir que se quejan de maltrato porque les robaron unas medallitas o pañuelos, o algunos soldados de segunda línea los vejaron mientras que los alemanes mataron a 3 millones de prisioneros rusos de hambre, suena algo así como a niños llorones.
Eso no quiere decir que no pasaran atrocidades. En Citizen Soldiers, de Ambrose, hay un pasaje, en el cual durante la batalla d el bolsa de la Falaise, un oficial norteamericano y uno polaco conversan de que esta es la primera vez que polacos y norteamericanos luchan como aliados en el campo de batalla. Que tenía unos prisioneros alemanes que entregarle. Cuando se los entregan eran 200. El norteamericano le reclama que que pasó con los restantes, porque el informe decía que eran 1500. El polaco le responde que los polacos habían tratado a los 1500 prisioneros alemanes como los alemanes trataban a los polacos, pero que le entregaba 200 porque se les habían acabado las balas. La guerra embrutece a la gente. Cuando se ve bien que mates a tu enemigo, me imagino que convencerle de que no le robes también es bastante difícil.
Samuel Beckett: "El ario perfecto debe ser rubio como Hitler, esbelto como Goering, bien parecido como Goebbels, viril como Röhn y llamarse Rosenberg"

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Re: Fuego antiaéreo de un escolar alemán

Mensajepor Juan M. Parada C. » Dom Ago 25, 2013 3:29 am

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Fuente: http://www.taringa.net/posts/imagenes/1 ... -Nazi.html

Es lamentable el uso de niños en esta guerra,como se ve en este gráfico en que son adiestrados estos miembros de las juventudes hitlerianas,pero son las consecuencias lógicas de una locura generalizada.Lamentablemente en los conflictos surgidos después de la segunda guerra se han visto también a estos desdichados seres como "carne de cañón",como se puede apreciar en el siguiente gráfico a este par de infantes en el actual conflicto sirio.

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Fuente: http://www.taringa.net/posts/imagenes/1 ... dados.html
"¡Ay,señor! Tú sabes lo ocupado que tendré que estar hoy.Si acaso te olvido por un instante,tu no te olvides de mi". Sir Jacob Astley antes de la batalla de Edge Hill el 23 de octubre del año de nuestro señor de 1642


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