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Delbrück: historiador militar.

El impacto de la Gran Guerra en el pensamiento militar. Cambios y evolución en las doctrinas militares. Regulaciones de campaña.

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maxtor
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Delbrück: historiador militar.

Mensajepor maxtor » Jue Ago 22, 2013 12:37 pm

Saludos cordiales a todos.

En el libro coordinado por Peter Paret, "Creadores de la Estrategia moderna. Desde Maquiavelo a la Era Nuclear", me ha parecido interesante el ensayo dedicado a Hans Delbrück en calidad de historiador militar y por su relevancia final en los estudios de la historia militar que en muchas universidades o entre aficionados a la historia son a veces menospreciados.

Hans Delbrück coincidió su vida activa con el Segundo Imperio Alemán, y su obra History of the Art of War no sólo fue un monumento para la literatura alemana sino una fuente valiosa de información para los estudiosos o aficionados de la teoría militar de su época. Sus comentarios y opiniones en temas militares, escritos en las páginas del Preussische Jahrbücher conformaron la opinión de muchos alemanes y especialmente en la Primera Guerra Mundial les ayudó a comprender la base de los problemas estratégicos a los que se enfrentó el Estado Mayor General. Sus críticas al Alto Mando, durante la guerra y después de ella influyeron en gran medida para estimular el pensamiento estratégico que había guiado al ejército alemán desde los días de Moltke.

Los dirigentes militares alemanes siempre habían puesto gran interés en las lecciones que la historia militar podía aportar. Esto fue especialmente notorio en el s. XIX. El ideal de Clausewitz había sido instruir para la guerra basándose en ejemplos históricos, y tanto Moltke como Schlieffen habían hecho de que el estudio de la historia militar fuese una de las tareas del Estado Mayor General (EMG). Pero si la historia iba a ayudar a los soldados, era necesario analizar los antecedentes militares y despojarlos de los mitos y malentendidos que se habían generado a su alrededor. A lo largo del s. XIX y gracias a la influencia de Leopold von Ranke, los estudiosos alemanes se volcaron en la tarea de limpiar las leyendas que cubrían la realidad histórica. Pero hasta que Delbrück no escribió su History of the Art of War no se aplicó un nuevo método científico a los antecedentes militares del pasado, y ella constituyó sin duda la mayor contribución de Delbrück al pensamiento militar.

El s. XIX amplió las bases donde se apoyaban los gobiernos y en el mundo occidental se empezó a notar un aumento de la influencia de la opinión pública en todas las ramas de la administración, el control de los asuntos militares no pudo mantenerse durante más tiempo bajo las prerrogativas de la pequeña clase dominante, las publicaciones del EMG no se destinaron sólo para el uso del ejército, sino también para un consumo más generalizado, aunque sus escritos eran demasiados técnicos y especializados para cumplir con rigor esta información generalizada. Existía una necesidad de instrucción en relación con los asuntos militares a nivel popular y Delbrück se encargó de ello.

Delbrück llegó a ser un valioso crítico de las instituciones militares y del pensamiento estratégico de su tiempo. Su estudio de las instituciones militares del pasado le habían mostrado en todo momento la íntima relación que existía entre la guerra y la política, le habían hecho pensar que la estrategia política y la militar debían ir de la mano. Clausewitz ya había sentado esa idea con su famoso lema “la guerra es la continuación de la política del estado mediante otros procedimientos”. La filosofía de Clausewitz fue olvidada con demasiada frecuencia por hombres que la malinterpretaron al pensar que él se planteaba la libertad del liderazgo militar frente a los condicionamientos políticos. Delbrück se sumó a la doctrina de Clausewitz argumentando que el desarrollo de la guerra y la planificación estratégica deben estar condicionados a los objetivos de la política del estado, y que cuando el pensamiento estratégico se hace inflexible y autosuficiente, incluso los éxitos tácticos más brillantes pueden desembocar en un desastre político.

Desde la fecha de la publicación del primer tomo, History of the Art of War, Delbrück fye objeto de ataques enfurecidos. Los estudiosos de los clásicos se quejaron por la forma en que Delbrück trató las ideas de Herodoto; los medievalistas le atacaron en la parte donde trataba el origen del sistema feudal, y los patrióticos ingleses se enfudecieron por su menosprecio hacia las Guerras de las Rosas. Pero en líneas generales fue una obra bien recibida y apreciada en su justa medida por lectoras de diferentes ideologías como el General Wilhelm Groener, ministro del Reichwehr durante la República de Weimar, y Franz Mehring, el gran editor socialista.

De los cuatro tomos escritos por Delbrück, el primero trata sobre el arte de la guerra desde las Guerras Médicas hasta la cumbre de las artes militares romanas, bajo el mando de Julio César. El segundo tomo trata principalmente de los primeros germanos, también estudia la caída de las instituciones militares romanas, de la organización militar del Imperio Bizantino y de los orígenes del sistema feudal. El tercero está dedicado a la caída y desaparición de la táctica y estrategia en la Edad Media y concluye con un resumen del renacimiento de cuerpos tácticos en las Guerras suizo – borgoñosas. El cuarto, cuenta el desarrollo de los métodos tácticos y el pensamiento estratégico hasta la era de Napoleón.

Delbrück se fijaba en las ideas generales, en los principales hilos conductores que unían al Estado, con la táctica y la estratégica, “ el reconocimiento de la interrelación existente entre la táctica, la estrategia, la constitución del estado y la política, se refleja en la relación entre la historia militar e historia mundial, y ha sacado a relucir mucho de lo que hasta ahora estaba en la oscuridad o que se había dejado sin el debido reconocimiento. Esta obra no ha sido escrita en honor al arte de la guerra, sino al de la historia mundial. Si lo leen militares y se sienten estimulados por ella, me enorgulleceré y lo tomaré como un honor; pero fue escrita por un historiador para amantes de la Historia”.

Delbrück se dio cuenta de que antes de llegar a conclusiones sobre guerras del pasado, un historiador debía determinar, con la mayor precisión posible el desarrollo de esas guerras. Dado su interés de encontrar ideas generales de interés se vio obligado a enfrentarse con los hechos triviales y pequeñeces de campañas pasadas y a pesar de su resistencia, el sacar a la luz esos hechos fue de gran importancia no sólo para historiadores sino también para los soldados. Delbrück partió de la base de que el historiador debe conocer el terreno donde las batallas se han producido en el pasado, utilizando todos los recursos de la ciencia geográfica moderna para comprobar los informes del pasado. Si además tenía conocimiento del tipo de armas y equipo utilizado, podría reconstruir las tácticas usadas en la batalla de una forma lógica. El estudio de las artes militares modernas proporcionaría más herramientas al historiador, ya qu en las campañas modernas podía juzgarse la capacidad de marcha de un soldado medio, el peso que podía soportar un caballo medio, y la maniobrabilidad de grandes cantidades de hombres. Tanto las batallas de las Guerras Suizo – Bogoñonas de las que habían informes detallados, como la Batalla de Marathon, de la que Heredoto era la única fuente, fueron libradas entre jinetes, con arqueros a un lado y soldados a pie al otro, equipados con armas para la lucha cuerpo a cuerpo. En ambos casos, los soldados de pie salían victoriosos. Por lo tanto, debería ser posible sacar conclusiones de las batallas de Grason, Murten y Nancy, y aplicarlas a la batalla de Marathon. A la combinación de estos métodos, Delbrück puso el nombre de Sachkritik.

Los resultados más asombrosos de Delbrück se lograron gracias a las investigaciones efectuadas sobre las cantidades de tropas involucradas en las guerras del pasado.

La gran mayoría de los pensadores militares de la época de Delbrück creían que el propósito de la guerra era la aniquilación de las fuerzas enemigas y que llegar a una batalla que consumase esa premisa era la finalidad de toda estrategia. Con frecuencia se citaba a Clausewitz para apoyar su teoría. Las primeras investigaciones de Delbrück sobre la historia militar le convencieron de que esta clase de pensamiento estratégico no había sido siempre compartido por todos, y hubo largos períodos a lo largo de la historia en los que estaba en boga otro tipo de estregia diferente. Además descurbió que Clausewitz había revelado la existencia de más de un sistema estratégico a lo largo de la historia, al sugerir en una nota escrita en 1827 que había dos métodos claramente diferenciados de conducir una guerra; uno de ellos basado únicamente en aniquilar al enemigo; el otro, una guerra limitada en la que dicha aniquilación era imposible, bien debido a que las intenciones o tensiones políticas involucradas en la guerra eran de corto alcance o bien porque los medios militares no eran adecuados para aniquilar al enemigo.
el estado.

La transición dela guerra dinástica a la guerra nacional, las victorias de 1864, 1866 y 1870 y el inmenso aumento en el potencial bélico del país, parecían probar que la forma de guerra durante la Edad moderna fue la de aniquilación. Hasta 1890, el mismo Delbrück, a pesar de su insistencia sobre la relatividad de la estrategia, parecía haberse convencido de que esto era así. En los últimos años del s. XIX el masivo ejército de la década de 1860 continuaba transformándose en el Millionenheer que combatió en la Primera Guerra Mundial, ¿No es posible que esa transformación impidiera el empleo de la estrategia de aniquilación y anunciase un regreso a los principios de Pericles y Federico? ¿No estuvo el estado en un grave peligro cuando el EMG rehusó admitir la existencia de sistemas estratégicos alternativos?. Estas cuestiones implícitas en todos los escritos militares de Delbrück se mantuvieron constantemente en sus labios mientras Alemania luchaba en la Primera Guerra Mundial.


La Primera Guerra Mundial fue un periodo de aprendizaje para muchos historiadores aunque las fuentes de información que tenían eran limitadas, o bien comunidados facilitados por el Estado Mayor General, en la prensa diaria y en los informes de países neutrales. En concordancia con la estrategia de Schlieffen, el ejército alemán barrió Bélgica en 1914 co el propósito de arrasar la resistencia de Francia en poco tiempo y posteriormente volcar el grueso de su fuerza contra Rusia, en claro paralelismo con lo que después ocurrió en la 2GM. A fin de cuentas eso era Niederwerfungsstrategie, y durante el primer mes de guerra el mismo Delbrück pensó que era una estrategia justificada. Como la mayoría de sus compatriotas no creían que Francia e Inglatera fueran a presentar una prolongada resistencia.

No obstante, cuando las primeras tropas alemanas se aproximaron a su objetivo y comenzó el largo período de la guerra de trincheras, Delbrück percibió una revolución estratégica de gran magnitud. Como continuaba el estancamiento en el oeste, y especialmente tras el fracaso de la ofensiva de Verdún, llegó a convencerse de que tendría que cambiarse el pensamiento estratégico del Alto Mando. En el oeste, la guerra defensiva era el orden del día; parecía que las condiciones del frente oeste se aproximaban a las de la época de la estrategia de desgaste o doble polo.

En diciembre de 1916 la situación era favorable todavía a Alemania, pero tal como ocurrió con sus victorias en la 2GM en 1940 1941 paradójicamente esas victorias la metieron en una encrucijada estratégica; la resistencia de GB en la segunda guerra mundial y su negativa a negociar hicieron mirar a Hitler hacia Barbarroja, y en vez, de buscar otras alternativas estratégicas menos arriesgadas buscó una batalla de aniquilación. Una victoria total y arrasadora del ejército alemán no sólo era improbable en la 1GM, aunque no quiere decir que tuviese que perder la guerra necesariamente, su fuerza era tan grande que no sería difícil convencer a sus enemigos que Alemania no podría ser derrotada. Mientras que una firme defensiva en el oeste minaba la moral de los aliados, el Alto Mando debería lanzar el grueso de sus fuerzas contra los puntos más débiles de los aliados – Rusia e Italia –

Para Delbrück la estrategia alemana debería estar dirigida hacia la destrucción de la alianza enemiga y al consiguiente aislamiento de GB y Francia, y para ese fin, fue de gran importancia que no se adoptase ninguna medida que pudiese provocar nuevos aliados a las potencias occidentales, y siempre se opuso firmemente a la campaña submarina ya que temía que eso provocase la entrada de los EEUU en la guerra. El paralelismo de la 2GM, y las ordenes de Hitler de no provocar incidentes con buques de guerra norteamericanos es claro.

Las enseñanzas de Clausewitz y Delbrück no hicieron ver a Hitler que si Alemania quería ganar la guerra el gobierno tendría que comprender la realidad política implícita en el conflicto. En la 1GM desde que la guerra en el oeste se había convertido en desgaste el aspecto político del conflicto había aumentado su importancia, y era necesario rediseñar una estrategia política para debilitar la moral del pueblo inglés y francés. Al igual que la victoria en 1940 de Hitler sobre Francia, y la posterior resistencia de GB le situaron a Hitler en un brete estratégico, que lo solucionó con el peor de los escenarios posibles; una guerra de aniquilación.

Delbrück vio claro desde el comienzo de la 1GM que Alemania sufría una auténtica debilidad estratégica debido a la estrecha política de germanización en los distritos polaco y danés de Prusia, Alemania se ganó la imagen de opresores de pequeñas nacionalidades en lugar de protectores. Si esta imagen se confirmase en el transcurso de la guerra, daría moral a los enemigos de Alemania y pondría en peligro la esperanza de conseguir la victoria. El trato dado por Alemania en la 2GM, al ocupar Polonia y posteriormente la Unión Soviética, no le hizo ganar adeptos por decirlo de forma suave.

El brete estratégico que se le planteó a Alemania en la 1GM, fue convencer a las potencias occidentales de que buscaba una paz y no el dominio del mundo, Delbrück fue partidario de una paz negociada desde la contraofensiva aliada en el Marne, en septiembre de 1914, creía que una voluntad sincera de negociar ayudaría a Alemania más que seguir luchando, y tras la entrada de los EEUU en la guerra, predijo abiertamente la derrota a menos que los líderes alemanes empleasen esa alternativa de negociación. Pero Delbrück, como otros fue una voz minoritaria, la mayoría de la opinión pública alemana se inclinaba por la guerra como medio de conseguir nuevos territorios, tanto en el este como en el oeste, y los avatares y reveses de la guerra no disminuyeron dicho apetito de botín y de poder del Vaterlandspartei, el grupo más importantes de anexionsitas que ejercían gran influencia en la política nacional.

La crisis de julio de 1917 con la amenaza de Hindeburg y Lundendorff de rendirse tuvo para Delbrück un significado más profundo, le mostaron una escasez de liderazgo político en el gobierno y una tendencia creciente por parte de los militares para dominar la política y así vió con enorme desconfianza el comienzo de la ofensiva alemana de 1918. Insistió en que la estrategia no es un concepto abstracto y no se puede disociar de consideraciones políticas.

Debido al fracaso de la coordinación de los aspectos militar y político de la guerra, Delbrück pensó que la ofensiva tendría como mucho, simples triunfos tácticos, como ocurrió en 1941 – 1942 con las ofensivas alemanas en la URSS, pero no una gran importancia estratégica, pero ni él siguiera sospechó que éste era el último juego de los estrategas de aniquilación y el súbito colapso alemán le sorprendió totalmente. Tras la primera guerra mundial efectuó la más completa investigación y revisión de las operaciones militares de la última parte de la guerra, lo hizo en 1922 en dos informes previos al Cuarto Subcomité de la comisió que creó el Reichstag tras la guerra para investigar las causas del colapso alemán en 1918. Los mayores palos se los llevó Lundendorff quien concibió y preparó la ofensiva de 1918, donde por encima de la buena planificación táctica o militar, esta se vino abajo y fue debilitada en aspectos fundamentales por graves errores en el pensamiento estratégico. En primer lugar, la víspera de la ofensiva, el ejército alemán no estaba en posición numérica favorable que le permitiera arrasar a su enemigo. Tenía una leve superioridad numérica, pero sus reservas eran inferiores. De la misma forma, su equipo era inferior en muchos aspectos y se veía gravemente condicionado por un deficiente sistema de apoyo logístico y un nivel insuficiente de combustible para sus unidades motorizadas. Estas desventajas fueron despreciadas por el AMG antes del comienzo de la ofensiva, aunque sí eran conocidas.

Hay muchos de estos fallos que a todos nos pueden sonar de Barbarroja en 1941. Subestimación del poder soviético, largas distancias a recorrer, logística, ancho de las vías del tren, reservas estratégicas soviéticas, y pensar que en una sola batalla de aniquilación bastaría para tumbar al estado soviético en 4 semanas. El gran error fue el fallo que comietió en ambos casos el AMG al nor ver de forma clara qué podía conseguir el ejército alemán en 1918 y 1941 y la falta de adaptación de su estrategia a su potencial real. Aquí vuelve Delbrück al principal hilo conductor de todo su trabajo como historiador y comentarista. La igualdad relativa de las fuerzas oponentes era tal que el Alto Mando debería haberse dado cuenta de que la aniquilación del enemigo no era posible. Esto tendría que haber sido ya visto claro por Alemania en Rusia, no ya solo a partir de 1941 donde podría haber menos dudas y venían eufóricos tras las victorias del Oeste, sino a finales de 1941, 1942 – 1943, y en el frente Occidental a partir claramente de 1944. El proposito de la ofensiva de 1918 debío haber sido agotar al enemigo que se hubiese obligado a buscar una paz negociada. Hitler en 1942 – 1943 debería haber adoptado una estrategia general de intentar dividir la alianza contra él, e intentar haber conseguido una paz negociada con alguna de las partes.

El AMG en 1918 y Hitler en la 2GM se equivocaron y perdieron la guerra porque se despreció la lección más importante de la historia: la interrelación entre la política y la guerra. Como decía Delbrück, “volviendo una vez más a aquella frase fundamental de Clausewitz: ninguna idea estratégica puede ser considerar sin tener en cuenta el objetivo político”.
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