Evolución del Arte Operacional. Isserson

El impacto de la Gran Guerra en el pensamiento militar. Cambios y evolución en las doctrinas militares. Regulaciones de campaña.

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Re: Evolución del Arte Operacional. Isserson

Mensajepor José Luis » Sab Ene 21, 2017 6:54 pm

El arreglo final de un desenlace mayor por uno u otro medio de conducir operaciones no se podía obtener dentro del marco de la guerra imperialista. Esto fue porque el arte operacional durante la era del imperialismo fue practicado por representantes de la vieja clase moribunda, que no lograron comprender los nuevos requerimientos de la era, adhiriéndose en cambio a una teoría militar conservadora que estaba profundamente enraizada en la era de Napoleón. El transcurso actual del conflicto armado pronto expuso claramente todas las contradicciones al revelar una incapacidad general para lograr incluso los resultados operacionales que eran objetivamente posibles. Ninguno de los nuevos factores en la evolución de la naturaleza de las operaciones fue tomado en cuenta. Para elaborar un sistema para el arte operacional contemporáneo es de vital importancia descubrir por entero estos factores.

Durante la era de Moltke, cuando los ejércitos no constituían todavía un frente continuo, una suficiente libertad de maniobra permitía su cambio a derecha o izquierda, su despliegue a lo largo de ejes simples o divergentes, e incluso una completa inversión de la dirección. Bajo estas condiciones, el estratega Moltke disfrutó de un vasto terreno para la intervención operacional, que requería un activo control operacional durante el propio curso de los acontecimientos. En una situación en la que los ejércitos desplegados forman una simple línea y ocupan toda la extensión de sus despliegues, la maniobra de espacio de un frente para cambiar de dirección se hace cualitativamente diferente. Se requería un muy fino arte de dirección de tropas para beneficiarse de cada situación concreta para derrotar al enemigo. Tal dirección procedía de controlar con firmeza los ejércitos, manteniendo a unos en su lugar y haciendo avanzar a otros con el propósito de hacer girar a los últimos sobre el flanco y la retaguardia. Así, Schlieffen dijo que los ejércitos modernos deberían ser controlados como batallones.

La época de la estrategia lineal y el frente continuo no evitó la maniobra operacional. Las líneas rotas que aparecían durante el transcurso de las acciones de combate ofrecían suficientes posibilidades para la maniobra. Pero el arte operacional del mando no logró hacer frente a estos nuevos requerimientos. Nutrido en la escuela napoleónica, pero ahora en una época de frentes continuos desplegados, este arte vino a asumir que la conducción de la batalla principal caía fuera de su competencia, y que podía descansar al comienzo de la batalla principal. Esta aproximación al arte operacional limitó su esfera a la anterior agrupación de fuerzas y su asignación de ejes definidos.

Esta aproximación dejó como indicadores no percibidos dentro de la naturaleza de las operaciones evolutivas que ya se habían demostrado en 1870 que la marcha-maniobra discurría ahora orgánicamente en una batalla principal, y bajo condiciones de un frente continuo cada batalla principal contenía los requisitos para la próxima operación. El fracaso en percibirlo explica por qué no estaba claro bajo nuevas condiciones que el arte operacional requería un control activo y continuo sobre el transcurso de una operación entera hasta la batalla principal incluida. Además, este fracaso de percepción procedía del conservadurismo profundamente arraigado de la teoría militar, que en cuanto a la cuestión vital del control permanecía al nivel de principios del siglo diecinueve.

En 1914 la conducción de operaciones se redujo a definir y dirigir fuerzas. Desde el principio los ejércitos recibían sus puntos de referencia y se lanzaban hacia ellos a lo largo de ejes específicos. Esto es lo que Bernhardi significó antes de la guerra, cuando comparó los ejércitos modernos con flechas salidas de un arco. Pero se comprendía que las flechas volando no están al alcance de control alguno, y esto fue lo que le sucedió a los ejércitos alemanes en 1914. Las formaciones del ejército partían en direcciones específicas, hacia puntos de referencia lejanos. al margen de posibles situaciones que podían surgir durante la ofensiva y que podrían requerir una decisión completamente diferente.

Al no cumplir con las nuevas condiciones para la conducción de las operaciones, el arte operacional durante la Guerra Mundial dio pie a una estrategia de objetivo remoto. Su rasgo más característico fue la completa negligencia de información de la situación inmediata. El análisis de una situación concreta al principio de una batalla y su posterior utilización no eran de preocupación operacional en una fase dada en el desarrollo de los acontecimientos. Pero Moltke había enseñado que:

Cada batalla es una etapa en el camino a las nuevas decisiones estratégicas...Dependiendo de su resultado, las consecuencias morales y materiales de la batalla son tan enormes que se crea una nueva situación. Resulta que muchas de las cosas que fueron planificadas previamente ya no se pueden realizar, mientras otras cosas, que se consideraban imposibles, se hacían ahora factibles.

Se olvidó esta obvia proposición.

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Re: Evolución del Arte Operacional. Isserson

Mensajepor José Luis » Sab Ene 21, 2017 7:00 pm

Sin consideración por el resultado de la batalla, ni por su lugar, los ejércitos simplemente se movían a lo largo de ejes fijados. Los acontecimientos siguieron su propio curso objetivo, al margen de cualquier influencia del alto mando, que conocía ex post facto el resultado de las batallas, con muchas consecuencias imprevistas que ya habían tenido lugar en ese momento. El arte operacional se despojó a sí mismo del control activo de los acontecimientos, dejándolos discurrir a lo largo de sus propios ejes fijados.

La operación se vio descontrolada. Este hecho se convirtió en la principal contradicción del arte operacional, y en 1914 el arte operacional careció del sistema para conducir acciones de combate. De acuerdo con la tradición napoleónica, se excluyó la batalla principal de la esfera de competencia del arte operacional, dejándolo inútil y sin trabajo durante toda la marcha-maniobra del Marne. Sin lugar a donde ir ni nada que hacer, el Cuartel General alemán permaneció oculto en la profundidad de la retaguardia, y si no hubiera existido en absoluto su ausencia habría hecho poco para alterar el curso histórico de los acontecimientos.

El resultado fue toda una serie de situaciones operacionales favorables que podrían haber asegurado el éxito alemán, pero que se perdieron. Así, durante las batallas fronterizas, el Quinto Ejército francés, emparedado entre el Sambre y el Mosa, consiguió escapar a la inminente destrucción. El Cuartel General alemán ni siquiera se molestó en hacer un análisis operacional del resultado de las batallas fronterizas. El 27 de agosto de 1914, sin referencia al desarrollo de la situación, el Cuartel General redactó las siguientes instrucciones: “Se ha ordenado a los ejércitos alemanes avanzar hacia París”. El avance se convirtió en una ofensiva general, pero era una ofensiva de objetivo-remoto que o bien ignoraba la situación concreta o bien la desdeñaba. Sin relación alguna con la agrupación enemiga, la ofensiva se volvió en una sin fundamento ni propósito. De hecho, el asunto equivalió simplemente a la transferencia mecánica de una agrupación sin cambios a las profundidades entre el Rin y el Marne.

Parecía suficiente con presionar el esfuerzo operacional hacia adelante, como si eso fuera la propia esencia de una operación. El verdadero objetivo de derrotar la fuerza vital del enemigo desapareció de la visión operacional. Y menos aún el arte operacional estaba preocupado por resolver la cuestión de cuándo y cómo destruir al enemigo. Esta cuestión fue sustituida por la de cuándo alcanzar un lugar. Los atacantes sólo estaban haciendo retroceder al enemigo a lo largo de todo un frente en vez de enfrentarse a él, derrotarlo y destruirlo. En realidad, en esta situación la derrota de las fuerzas vitales del enemigo era imposible. Se había transformado una operación ofensiva en una operación de expulsión.

De esta forma, la estrategia lineal fue privada de su esencia, la intención de golpear y destruir, sobre la que se había basado desde la época de su nacimiento durante la segunda mitad del siglo diecinueve. Este desarrollo fue el primer indicador de la degradación de la estrategia lineal. Este desarrollo testificó también el completo fracaso del arte operacional durante la época del imperialismo para satisfacer los nuevos requerimientos para el control de los ejércitos durante el siglo veinte.

Esta influencia conservadora de falsos métodos para el control operacional tan profundamente anclados en el “ataque-como-flecha”, halló plena repetición en un ejército completamente diferente bajo condiciones completamente diferentes en una guerra revolucionaria de clases. Durante 1920, nuestra marcha hacia el Vístula desplegó una vez más rasgos de estrategia lineal a gran escala. Esta marcha fue análoga a la de los alemanes en el Marne, en cuanto a métodos de control operacional concierne. Una vez más se asignó a los ejércitos de agrupaciones específicas direcciones específicas de avance a la inmensa profundidad de 600 kilómetros. Una vez más, recibieron puntos de referencia remotos, y nuevamente se ignoró la situación inmediata. Y, otra vez más, se hizo un enorme avance directo al margen de la concreta situación. Finalmente, una vez más el mando operacional quedó aislado del curso de los acontecimientos, “descansando” en la profundidad de la retaguardia.

El resultado fue un número de brillantes oportunidades perdidas. En el Neuman, Narew y Wkra, el Tercer Cuerpo de Caballería y el Cuarto Ejército ocupaban posiciones avanzadas, pero no hicieron uso de la inmediata situación. En vez de girar para atacar el flanco y la retaguardia del enemigo para beneficio operacional, avanzaron hacia puntos de referencia distantes como flechas disparadas más allá del abierto flanco polaco. El resultado fue la transferencia mecánica de una agrupación inalterada desde el Dvina al Vístula durante una “ofensiva general” claramente inútil. Stalin concluyó que “Un avance enorme significa la muerte de la ofensiva”.

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Re: Evolución del Arte Operacional. Isserson

Mensajepor José Luis » Sab Ene 21, 2017 7:04 pm

La estrategia lineal fue sentenciada a muerte en el momento en que se convirtió simplemente en un muro avanzando, ante el cual el enemigo en retirada podía reagruparse libremente para contraatacar. Y luego resultó que el avance del muro no era más inevitable que su movimiento retrógrado o su derrota por un simple golpe al flanco. Este fue un resultado de la gran contradicción de los esfuerzos operacionales centrados en la asignación de agrupaciones a un simple eje inalterado. Cuando sucedía esto, el arte operacional estaba completamente perdido porque era incapaz de comprender el sentido operacional de los acontecimientos resultantes.

Ahora, un [teniente coronel Richard] Hentsch, como la única encarnación de un sistema de control operacional, tenía que resolver lo que de hecho se había vuelto irresoluble*. Cualquier cambio en la agrupación de ejércitos comprometidos en combate a lo largo de todo el frente sólo se podía lograr cambiando la correlación de fuerzas a lo largo de ejes específicos. Esto requeriría refuerzos del frente desde la retaguardia y la disponibilidad de reservas profundas. Pero la estrategia lineal se llamaba estrategia lineal porque rechazaba la misma idea de reservas operacionales. En el espíritu de los tiempos napoleónicos, la batalla principal se trataba todavía como un esfuerzo-de-un-solo-acto, precisando el compromiso simultáneo de todas las fuerzas disponibles.

Todo el mundo aún citaba a Clausewitz: “Todas las fuerzas disponibles asignadas para alcanzar el objetivo estratégico deben emplearse simultáneamente. El efecto de su combate será mayor si todo se comprime en un simple momento”. Pero lo que el gran pensador había concluido correctamente de la experiencia de las guerras napoleónicas resultó ser del todo incorrecto en el siglo veinte. Por aquel entonces la operación había venido a comprender más de un acto; ahora comprendía una serie de esfuerzos de combate sucesivos distribuidos en profundidad.

En esta etapa, el arte operacional en la Guerra Mundial afrontó aun contradicciones irresolubles más graves. Ya en los albores del siglo veinte se podía predecir que la fuerza creciente de los ejércitos excedería los límites físicos de los frentes que podían ocupar. El espacio lateral estaba objetivamente limitado bien por las condiciones naturales o por la localidad geográfica de los países vecinos. El impulso de los beligerantes de extender sus flancos en el espacio llevaba inevitablemente a un encuentro con barreras naturales. En 1914 esta situación tuvo lugar en el frente occidental durante el segundo mes de la guerra. Tras extenderse lateralmente 700 kilómetros en el espacio, los flancos del frente occidental alcanzaron sus límites. Estos fueron el mar en el norte y Suiza en el sur. La distribución de los esfuerzos de combate a lo largo de un frente, primera característica de una operación, se completaba ahora para la Guerra Mundial. El frente extendido había alcanzado sus límites geográficos naturales, y éstos no podían ser superados sin dragar el mar.

* Nota del editor: El teniente coronel Richard Hentsch fue un oficial de estado mayor general en el ejército imperial alemán al comienzo de la IGM. Durante la Primera Batalla del Marne en septiembre de 1914, Hentsch actuó como plenipotenciario del Mando Supremo del Ejército y dio órdenes personalmente para una retirada a varios ejércitos de campaña en un momento en que la ofensiva alemana estaba avanzando con éxito contra fuerzas francesas y británicas.

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Re: Evolución del Arte Operacional. Isserson

Mensajepor José Luis » Sab Ene 21, 2017 7:10 pm

De este modo, la estrategia lineal viene a producir su propia antítesis. Toda su esencia ha sido para extender el frente lateralmente para el envolvimiento, evitando así el ataque frontal. Ahora se perdía la posibilidad para la extensión lateral, y, con ella, la libertad de maniobra a lo largo de una línea. En consecuencia, la estrategia lineal perdía la esencia de su razón de ser.

Su evolución contenía todos los factores de su autonegación. Su ideólogo, Schlieffen, no logró prever su caída. Inspirado por la idea de Cannae, su enseñanza de reforzar y extender el flanco envolvente como formulación suprema de la estrategia lineal apareció en el mismo momento en que tal estrategia ya estaba condenada y cuando el curso real de los acontecimientos contenía todos los rasgos de su negación. Schlieffen escribió Cannae demasiado tarde; este extraordinario autor debió haber vivido antes.

Cuando los frentes se confrontaron entre sí, la estrategia lineal ya se había acabado de hecho. No quedaba abierto otro camino que recurrir a una ruptura. En la Guerra Mundial las cosas que se habían considerado imposibles tras la guerra de 1870 se reconocían ahora como necesarias. La oportuna división que aparecía repentinamente en el flanco del enemigo ya no podía enseñar a los alemanes cómo capturar una posición fuerte, como había sido el caso en tiempos de Leónidas. Ya no había ningún flanco. Así que fue necesario regresar a la batalla de Gravelotte-St. Privat, para transformar un ataque salvaje y descontrolado en la oportuna ruptura de una línea fortificada. Así, la evolución completó el círculo. Y esta evolución llevó a las grandes batallas frontales de 1918 y a crear una nueva etapa en el desarrollo del conflicto armado. Se hacía evidente que había terminado la época de la estrategia lineal, y que la solución para el problema de la ruptura había que buscarla a lo largo de las nuevas líneas de la evolución del arte operacional.

A esas alturas, la guerra imperialista había expuesto por completo su carácter prolongado y agotador. La tarea más esencial era superar el frente de fuego intenso. El contenido táctico de esta tarea se convirtió en un fin en sí mismo, y el arte operacional, cargado con la organización y apoyo del ataque frontal, se puso al servicio de la táctica. De hecho, la tarea requería una superioridad de los medios ofensivos sobre los defensivos. Este gran problema técnico ya había adquirido urgencia al principio de la época de la destrucción-por-fuego. La superioridad de los medios defensivos sobre los ofensivos ya era evidente antes de la Guerra Mundial. Este hecho había sido un requisito para cambiar el centro de gravedad del centro a los flancos. Schlieffen también estaba preocupado con proporcionar al ejército alemán más poderosos medios ofensivos. Esta preocupación fue expresada concretamente en un memorando para la introducción de artillería pesada, que el ejército alemán fue el primero en introducir en sus fuerzas de campaña*.

* Nota del autor: Es interesante observar que en el informe de Schlieffen sobre la introducción de la artillería pesada de campaña había una extraña anotación: “¿Es el Jefe del Estado Mayor General partidario de hacer la artillería pesada móvil?” A lo cual respondió Schlieffen: “Sí, por supuesto”.

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Re: Evolución del Arte Operacional. Isserson

Mensajepor José Luis » Sab Ene 21, 2017 7:14 pm

Pero incluso con estos medios fue imposible solventar el problema de la adecuada correlación de fuerzas de medios defensivos y ofensivos a favor de los últimos.

En ninguna parte la entera ofensiva del Marne había superado ningún frente de intensiva potencia de fuego. La ofensiva sólo fue capaz de hacer retroceder a este último. La operación para la destrucción se convirtió en una operación para hacer retroceder al enemigo, y este desarrollo en sí mismo se convirtió en otro factor de la degeneración de la estrategia lineal. Cuando los frentes continuos dieron con sus límites, la competición entre los medios defensivos y ofensivos devino el eje sobre el cual cambiaron las aproximaciones técnicas evolutivas para el combate. Esta situación ha continuado hasta la actualidad.

En una perspectiva técnico-militar, los sucesos de la Guerra Mundial tras el final de 1914 fueron muy ilustrativos respecto a la lucha entre medios ofensivos y defensivos. Al principio la competición favoreció indudablemente a los últimos. Era mucho más fácil y barato producir de forma masiva ametralladoras como medios de fuego destructivo que producir piezas de artillería, que eran los principales medios para neutralizar las ametralladoras. Si el número de ametralladoras por división se incrementó 20 veces de media sobre el transcurso de los cuatro años de la Guerra Mundial, entonces la artillería divisional creció sólo el doble. La superioridad de la potencia de fuego permaneció con la defensa. La supresión requería una enorme concentración de activos de artillería. La cuota media fijada fue de 60 cañones de campaña por kilómetro de frente. En realidad, esta cuota se excedió considerablemente, con hasta 100 cañones y más por kilómetro de frente.

Sin embargo, la concentración de activos supresores de artillería no pudo superar en el análisis final el frente de intensiva potencia de fuego. De hecho, la supresión sólo afectó al cinturón defensivo de vanguardia, dejando en gran medida intactas las profundidades defensivas. La artillería ofensiva era incapaz de alcanzar toda la profundidad táctica, pues la artillería estaba por detrás de la infantería atacante. Esto no era una cuestión de potencia de fuego supresora, sino una cuestión de movilidad de los activos supresores, que hacían frente a obstáculos del campo de batalla que eran insuperables para los transportes sobre ruedas y a caballo. Para la infantería atacante, la tragedia yacía en el hecho de que tras 3-4 horas de un ataque exitoso, sólo un pequeño número de 100 piezas de apoyo continuaban disparando. En este punto, se suspendía el extenuado ataque.

Se hizo evidente que el problema debía resolverse no sólo incrementando el número de activos supresores a lo largo del frente, sino también inventando otros nuevos. Fue necesario inventar unos medios de supresión de potencia de fuego que, por encima de todo, estuviesen protegidos contra el fuego, blindados contra las balas. En segundo lugar, los medios tenían que ser móviles en cualquier terreno para penetrar las profundidades defensivas, mientras directamente suprimían y destruían a quemarropa los medios de potencia de fuego destructivos del enemigo. Esta situación dio origen al tanque, una combinación de motor de combustión interna, locomoción sobre orugas, blindaje y potencia de fuego. La misma aparición del tanque tuvo una gran importancia para restablecer las superioridad de los medios ofensivos sobre los defensivos.

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Re: Evolución del Arte Operacional. Isserson

Mensajepor José Luis » Sab Ene 21, 2017 7:18 pm

La necesidad de neutralizar toda la profundidad táctica dio vida a otros medios de combate: el avión como transporte aéreo de potencia de fuego, y la contaminación química que excedía las trayectorias convencionales para conseguir el envolvimiento inmediato del espacio. El colosal progreso tecnológico durante la Guerra Mundial fue provocado por las nuevas condiciones de la guerra de trincheras y asegurado por el avanzado desarrollo industrial. Estos impulsos alimentaron el proceso de resolver el problema de recobrar la superioridad de los medios ofensivos sobre los defensivos.

Sin embargo, estos desarrollos evolucionaron más rápido que la teoría. En la práctica, fracasaron incluso los ataques que comprendían tanques. Las razones comprendían carencia de destreza táctica en su empleo y el limitado alcance de su introducción para el combate. El tanque no podía resolver inmediatamente el problema de superar un frente de intensiva potencia de fuego. En 1918, los alemanes proporcionaron la primera solución táctica al problema sin tanques. Sólo al final de la guerra demostraron los nuevos medios ofensivos la posibilidad táctica de romper un frente.

No obstante, estas soluciones aparecieron bajo condiciones en las que la guerra imperialista ya se había convertido en una guerra civil en Alemania, con las masas volviendo sus armas contra las clases gobernantes. La cuestión de la potencia de la defensa asumió posteriormente un contenido político diferente. Aun así, el último periodo de la Guerra Mundial hizo disponibles los datos necesarios para una solución táctica al problema de superar el frente de intensiva potencia de fuego. Pero justo en esta etapa el arte operacional se volvió absolutamente inútil. Se vio envuelto del todo en la organización y apoyo material para la ruptura, y de esta forma prácticamente se liquidó a sí mismo como arte de conducción de una operación. La propia idea de que la táctica debería ser superior a la estrategia daba testimonio del hecho de que el arte operacional había perdido su significado.

La oposición entre táctica y arte operacional se convirtió en un conflicto absurdo. En realidad, la táctica y el arte operacional son nociones de la misma categoría, y difieren solamente en alcance y dinámica. No sólo coexisten durante las acciones de combate, sino que discurren orgánicamente una de la otra. Si un esfuerzo táctico no da lugar a un éxito operacional, entonces el esfuerzo se convierte en esencia en un hecho inútil. Un esfuerzo táctico es sólo un paso en el camino hacia el objetivo, y nunca puede ser un fin en sí mismo. Lo último caracterizó la situación en 1918, e incluso ahora el problema se entiende de la misma forma. Así, [el teniente coronel francés Gaston] Duffour habla de la experiencia de 1918 de esta forma: “El frente continuo fortificado no es más que un simple muro tras el cual puede desplegarse la maniobra estratégica. El frente se ha convertido en el objetivo principal de esta maniobra”.

Todo el problema de una ruptura se redujo a romper tácticamente un frente. La cuestión se resolvió sólo a escala táctica. La glorificación de los esfuerzos tácticos como éxitos operacionales fue total. Todavía, [el general francés Marie Eugene] Debeney escribe: “Un rasgo característico de la ruptura de 1918 fue el hecho de que sólo imaginaron la primera etapa de romper un frente, mientras que el desarrollo de la operación no se tuvo en cuenta”.

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Re: Evolución del Arte Operacional. Isserson

Mensajepor José Luis » Sab Ene 21, 2017 7:27 pm

El arte operacional no aseguró que los esfuerzos tácticos para romper un frente evolucionasen hacia una ruptura operacional total y hacia la derrota del enemigo. Este fallo constituyó la esencia de la bancarrota del arte operacional durante la Guerra Mundial. La combinación de esfuerzos tácticos a lo largo de un frente, un rasgo fundamental de la conducción de operaciones, se cayó de la práctica.

Los esfuerzos de combate tuvieron lugar al margen de cualquier sistema y sin ninguna perspectiva de conectarlos a través de espacio y tiempo con el propósito de obtener un objetivo común. El atacante se precipitaba a la fiera batalla en uno u otro sector del frente, para clavar un clavo en cada uno de ellos en el mejor de los casos. Esta forma de acción estaba condenada al fracaso porque era incapaz de promover la obtención de objetivos decisivos. En cambio, se convirtió en un sistema de guerra de desgaste con objetivos limitados. Incluso en nuestra época, se trata a menudo este sistema como una necesidad histórica y la teoría más viable para romper un frente fortificado.

Durante la imperialista Guerra Mundial, este sistema estuvo basado en un número de requisitos políticos y económicos. En las circunstancias de 1918, este u otro método para conducir una operación de ruptura no podían decidir en última instancia el resultado de la guerra, pero podían influenciar naturalmente la situación política, económica y militar de los beligerantes. Había que buscar la solución a lo largo de otras líneas. Pero el fracaso político de las acciones de combate no conllevó necesariamente su despropósito operacional. La esencia del arte operacional presupone responder no sólo por las condiciones objetivas, sino también superarlas y dominarlas dentro de los límites de la posibilidad objetiva.

El sistema de batallas de desgaste fue incapaz de encontrar una solución operacional al problema de romper un frente continuo, y por tanto era absurdo. En cuanto a agotar al enemigo, el sistema agotó a los atacantes más que a los defensores. Todo el asunto era un absurdo sistema de autoagotamiento. Este hecho se muestra vivamente claro en una comparación de pérdidas entre las fuerzas atacantes y defensoras y medios durante todas las rupturas de 1916-1918.

La aplicación de este sistema expuso toda la impotencia de un arte operacional que se había convertido en un callejón sin salida. El arte operacional se había transformado prácticamente en un sistema absurdo de clavar clavos. Pero los muros no caen como resultado de clavar clavos en ellos. Para derribar un muro se deben socavar sus propios cimientos y atravesar por los agujeros resultantes. Sin embargo, en este sentido, el arte operacional resultó ser más absurdo todavía. Las perspectivas para el desarrollo operacional de esfuerzos tácticos en profundidad no se previeron en absoluto. No había escalones operacionales disponibles para el desarrollo de la ruptura. Su ausencia procedía de las últimas influencias de una estrategia lineal moribunda.

Cuando aparecía un agujero en un frente continuo, como sucedió durante la ofensiva alemana de marzo de 1918, los atacantes no tenían activos para explotar el golpe en profundidad, convirtiendo por tanto una ruptura táctica en una ruptura operacional y, en última instancia, en la derrota del enemigo. Todos los enormes esfuerzos involucrados en la organización táctica de la ruptura, incluyendo toda la mejora tecnológica de armamentos y la masiva concentración de fuerzas y activos supresores, no sirvieron para nada. El éxito táctico no condujo al éxito operacional.

La historia debe haber considerado con cruel ironía al mando alemán cuando, durante la batalla de Picardy de 25 de marzo de 1918, ni un solo soldado alemán penetró el agujero de 15 kilómetros que apareció entre las líneas inglesas y francesas. En Franzoesisch-englische Kritik des Weltkrieges, el general [Hermann von] Kuhl escribe, “si la caballería hubiera penetrado el vasto agujero entre los ejércitos ingleses y franceses, habría sorprendido y demorado el envío de divisiones francesas por transporte motorizado y ferroviario. La caballería debía haber destruido la aproximación desprotegida de la artillería enemiga y llevar pánico y miedo a la retaguardia inglesa y francesa”.

Era absurdo echar abajo una puerta si no había nadie para atravesarla. Esto pasó con la penetración de 1918. La guerra imperialista fracasó en resolver el problema de conducir una ruptura. La guerra terminó sin demostrar la posibilidad de conseguir una ruptura a una escala operacional.

Aun así, el frente alemán cayó. Sin embargo, la explicación de este suceso iba más allá de los límites de las causas puramente militares. La derrota alemana en 1918 fue más una función de causas internas que externas. Mucho venía de la creciente naturaleza revolucionaria de las masas, un desarrollo que había llevado al colapso del frente combatiente y al derrocamiento de la monarquía alemana. De hecho, este proceso se vio facilitado por la colosal ventaja económica de la Entente en fuerzas y medios. Pero no fue una victoria del arte operacional. Incluso después de que el frente alemán perdiese su coherencia defensiva, los aliados tuvieron que emplear cuatro meses haciendo retroceder a los alemanes sólo 100 kilómetros. [El mariscal Ferdinand] Foch no intentó siquiera acabar la guerra en 1918. Estaba preparando una ofensiva general para el año siguiente. Pero antes de que pudiera comenzar su decisivo ataque, los alemanes arrojaron sus armas en el campo de batalla, y se consiguió el resultado.

Pese a todo esto, Culmann se atreve a declarar: “Durante los últimos cuatro meses de la guerra, el alto mando francés mostró cómo se debe conseguir una ruptura en una guerra moderna, así como los resultados que puede producir”. Tal jactancia suena terriblemente irónico a la vista del desconcierto total que abrumó a los estados mayores generales de los países imperialistas durante el último periodo de la Guerra Mundial.

El arte operacional de la era resultó ser impotente para resolver los nuevos problemas inherentes a la naturaleza del conflicto armado contemporáneo. El arte operacional quedó adherido al nivel de la estrategia lineal y se hizo débil cuando esta estrategia encontró su némesis. El problema de superar operacionalmente el frente de intensiva potencia de fuego quedó sin resolver.

Este es el resultado operacional con el que nos encontramos hoy en día. Bajo condiciones completamente cambiadas, incluyendo el nuevo contenido político de la guerra, un ejército nuevo, y nuevos fundamentos materiales y tecnológicos, nuestro arte operacional debe resolver un problema que jamás podía ser resuelto bajo condiciones de la guerra imperialista. La estrategia lineal comenzó con decisiones brillantes durante las guerras de nacionalismo en la segunda mitad del siglo diecinueve. Durante la guerra imperialista global de 1914-1918, esa estrategia llegó a su propia autonegación. Y ahora, durante una era de guerras revolucionarias de clases debe hallarse una nueva solución. En esto yace el gran reto para nuestro arte operacional.

La próxima entrada abriremos la PARTE DOS.
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Re: Evolución del Arte Operacional. Isserson

Mensajepor José Luis » Mié Ene 25, 2017 6:49 am

PARTE DOS
Los fundamentos de la Estrategia Profunda

1. Los Principios Básicos de Nuestro Arte Operacional

Toda guerra debe ser tratada por encima de todo con respecto a su posible carácter y sus rasgos generales en base a relaciones y categorías políticas. La política es la única cosa con derecho a una posición superior para gobernar la dirección general de la guerra. (Clausewitz)

Es evidente que la evolución de nuestro arte operacional a lo largo de nuevas vías debe discurrir en primer lugar de la naturaleza de nuestra guerra futura como una guerra revolucionaria de clases. Como la más alta manifestación de las contradicciones de clases dentro de dos sistemas sociales competidores, esta guerra asumirá la naturaleza de una guerra de clases decisiva con importancia histórica mundial. Por su propia naturaleza radical, esta guerra entre naciones y clases alcanzará los mismos límites de intensidad. La historia muestra claramente que las guerras crecen en intensidad de acuerdo con los cambios en su carácter político.

Las guerras de la Revolución Francesa comprometieron instantáneamente masas enormes y obtuvieron un alcance sin precedentes. Durante la segunda mitad del siglo diecinueve, la intensidad de las guerras del nacionalismo parecieron muy raras a los contemporáneos. Aunque esta intensidad apoyó objetivos políticos, sin embargo fue históricamente insignificante. Las guerras por la unificación nacional no inspiraron fuerzas reaccionarias para conducir la guerra en una especie de vida o muerte hasta la última pizca de fuerza. La política no exigió que los perdedores cedieran su soberanía estatal. Normalmente, en el último momento se llegaba fácilmente a un acuerdo*.

La Guerra Mundial de 1914-1918 fue completamente diferente en intensidad. El carácter imperialista reaccionario de una guerra para la división del mundo y la hegemonía global fue la continuación de una aguda competición económicas entre países capitalistas en el último estadio de su desarrollo. Por tanto, el carácter de esta guerra avanzada persigue la total esclavitud económica del adversario, rasgo que hace la intensidad de este conflicto algo sin precedentes en la historia.

Sin embargo, las contradicciones internas del imperialismo llevaron a una situación en el Frente Oriental en 1917 en la que la intensidad provocó una intensa amargura que debilitó la conciencia de la clase trabajadora. De este desarrollo nació la antítesis de la guerra imperialista: revolución, fraternidad y fomento de solidaridad internacional entre las clases trabajadoras. Así se realizó el gran eslogan de Lenin para tornar la guerra imperialista en guerra civil.

Entretanto, la intensidad de la lucha dentro de las guerras de liberación nacional adquirió un nuevo contenido revolucionario. Este contenido evocó una nueva intensidad salida del levantamiento multitudinario de las masas esclavizadas contra la explotación.

* Nota del autor: El ejemplo más claro fue el resultado de la Guerra Austro-Prusiana de 1866.

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Re: Evolución del Arte Operacional. Isserson

Mensajepor José Luis » Mié Ene 25, 2017 6:54 am

En la época emergente de revoluciones socialistas y guerras revolucionarias de clases, el complejo sistema de relaciones socio-políticas predestina la inevitabilidad de tres tipos de guerra: imperialista, de liberación nacional y revolucionaria de clases. Todas tendrá rasgos específicos e intensidades variadas. Las guerras civiles de un carácter revolucionario de clases obtendrán la intensidad más alta. Como manifestaciones de la lucha de clases en su etapa más alta de desarrollo, estas guerras serán de intensidad sin precedentes, debido al antagonismo entre clases opuestas, las diferencias entre los sistemas económicos capitalista y socialista enfrentados, y los objetivos decisivos de derrocar y excluir a la oposición. Las guerras revolucionarias de clases representan una manifestación de conflicto concentrada en su más alta intensidad. Coronarán la última etapa de la guerra como un fenómeno social al destruir la propia institución de la guerra misma. Estas guerras durarán un considerable periodo de tiempo porque su mandato es resolver el gran problema histórico de transición a una nueva sociedad comunista de libre trabajo. Estas guerras también abarcarán una parte considerable del globo. Nuestra guerra civil de 1918-1921 fue el único comienzo de estas guerras e incluso de los más grandes acontecimientos venideros.

En el VIII Congreso de los Soviets, el camarada Lenin dijo, “Una larga serie de guerras decidirán el destino de todas las revoluciones, incluso de la más grande. Nuestra revolución también es grande. Hemos completado el primer periodo de estas guerras, y tenemos que prepararnos para el segundo”. Hacer estas guerras no es sólo una cuestión de contradicciones específicas entre beligerantes, sino también una cuestión de resolver la disputa histórica entre dos épocas y sistemas incompatibles a escala global. Estas guerras resolverán el problema histórico general de liberar masas millonarias esclavizadas. Es la importancia histórica de la guerra futura la que predetermina su carácter decisivo e inmensa intensidad.

Si, en 1887, Engels escribió que una futura guerra imperialista sería una “guerra mundial de alcance e intensidad sin precedentes”, es difícil encontrar las palabras adecuadas para caracterizar el alcance e intensidad inéditos y todavía mayores de las guerras revolucionarias de clases. Estas guerras involucrarán enormes masas millonarias*. Estas guerras se harán sobre una base material y tecnológicamente avanzada, que el actual desarrollo industrial enriquece con un arsenal de combate único en su potencia mortal. Estas guerras requerirán recursos materiales colosales y una inmensa tensión económica.

El único resultado posible de estas guerras es la destrucción del capitalismo y la victoria del nuevo orden socialista. De hecho, nunca antes se había combatido por el bien de semejantes objetivos elevados. Ni un solo ejército en el mundo ha sido así de tal manera destinado a resolver tales problemas históricos.

Esta es la misión de nuestro Ejército Rojo como el ejército de primera clase de la dictadura del proletariado. Los puntos claves de partida, la importancia histórica de la guerra revolucionaria de clases con “su esencia basada en relaciones y categorías políticas”, determina el carácter del frente de combate y la naturaleza de nuestras operaciones futuras. [M. V.] Frunze ha dicho lo siguiente sobre esta guerra: “Si es una guerra de clases, si es una guerra civil, entonces el único resultado posible será la derrota total de la oposición. Medias medidas serán imposibles una vez haya comenzado la guerra”. Continuó: “A juzgar por las profundas contradicciones entre los dos incompatibles sistemas, es evidente que el choque venidero, una vez comience, será decisivo. El combate continuará a muerte, hasta que una parte emerja victoriosa”.

* Nota del autor: Si los escritores militares burgueses (Soldan, von Seeckt y Fuller) propagan una teoría de pequeños ejércitos profesionales, entonces su obra revela contradicciones irreconciliables sobre el desarrollo de sistemas militares en los países capitalistas. Tales ejércitos no afrontan los verdaderos requerimientos actuales, ya que el fascismo avanza hacia un programa claro de armamento masivo.

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Re: Evolución del Arte Operacional. Isserson

Mensajepor José Luis » Mié Ene 25, 2017 7:06 am

El carácter decisivo de la confrontación determina la decisiva naturaleza de las operaciones militares. Estas no serán lentas y prolongadas operaciones de desgaste para objetivos limitados, sino esencialmente golpes aplastantes con objetivos decisivos. El carácter de las operaciones estará determinado también por los modernos medios tecnológicos, que son velocidad, movilidad y gran eficiencia en su aplicación de combate.

Las fuerzas atacantes de los beligerantes no serán iguales en estas operaciones decisivas. La guerra de nuestra parte contra los agresores imperialistas será históricamente progresista y consecuentemente justa. Estaremos defendiendo y consiguiendo objetivos de importancia histórica mundial. Ya durante nuestra guerra civil de 1918-1921, surgimos como un factor decisivo de importancia global. Lenin escribió lo siguiente sobre la guerra polaco-soviética: “En el verano de 1920 la Rusia Soviética emergió no sólo como una fuerza de autodefensa contra la violencia de las atacantes guardias blancas polacas, sino también como una fuerza global capaz de romper el Tratado de Versalles y liberar millones de personas en la mayoría de los países del mundo”.

En la guerra futura, este histórico papel mundial nos dota de gran poder de destrucción de la clase enemiga. Este poder fluye de la situación política en la que una clase históricamente progresista se enfrenta contra el viejo mundo decadente del capitalismo. Objetivos de guerra progresistas y justos han dotado siempre a los ejércitos revolucionarios de gran poder atacante. Las acciones de los ejércitos de la gran Revolución Francesa demostraron claramente este punto. Como el ejército de la más grande revolución socialista, el Ejército Rojo ya desplegó su inmenso poder ofensivo durante la guerra civil de 1918-1921. La historia demuestra que la ofensiva logra grandes objetivos históricos, y que un ejército revolucionario debe estar preparado siempre para operaciones ofensivas decisivas. Lenin ya escribió en 1905, “Las grandes cuestiones de libertad política y lucha de clases se pueden resolver en el análisis final solamente por la fuerza, y debemos estar preocupados no sólo con la preparación y organización de esta fuerza, sino también con su uso activo, tanto defensiva como ofensivamente”. Este legado del líder permanece como la principal directriz para nuestro sistema militar hasta este mismo día.

Los principios básicos de nuestra preparación militar, de nuestro arte operacional, son los principios de la ofensiva.

No hay aquí contradicción con nuestra política pacifista. Siempre hemos combatido y combatiremos contra la guerra con toda nuestra fuerza. Nuestra política de paz es constante. Las famosas palabras del camarada Stalin dicen, “No queremos una pulgada de suelo extranjero, pero no cederemos a nadie una pulgada de nuestro suelo”. Y en esta determinación para defender el primer país del socialismo está anclada una inmensa fuerza activa, dispuesta a derrotar y destruir cualquier clase enemiga atacante.

Para nosotros, toda la esencia de la lucha de clases transforma una guerra progresista en una ofensiva estratégica con fieros y destructivos golpes contra cualquier enemigo que nos ataque. Como continuación de la guerra civil de 1918-1921 en la siguiente etapa de desarrollo, nuestra guerra futura sólo puede basarse en los principios de una estrategia de aniquilación ofensiva.

El camarada Voroshilov ha dicho, “Tenemos que disponer las cosas para ganar la victoria en la guerra futura con poca sangre derramada. Haremos esta guerra futura en el territorio del país que primero levante la espada contra nosotros”. Esta idea determina los principios básicos de nuestra doctrina operacional para la decisiva ofensiva tal como se especifica en las Regulaciones de Campaña de 1936. Ahí reza que, “Cualquier ataque sobre el estado socialista de trabajadores y campesinos será rechazado llevando nuestras acciones militares al territorio del atacante con toda el poderío de las fuerzas armadas de la Unión Soviética. El Ejército Rojo conducirá acciones de combate de aniquilación”.

Este artículo director de las Regulaciones de Campaña proporciona la base para elaborar la teoría de nuestro arte operacional como el arte de librar operaciones ofensivas destructivas con el decisivo objetivo de derrocar completamente al enemigo. El desafío de nuestro arte operacional consiste en crear un modelo nuevo y brillante del arte militar en una situación histórica absolutamente nueva, con un nuevo ejército, con una nueva base material y tecnológica, y con nuevas formas y contenido. Nunca ha estado tan bien fundada históricamente la estrategia de destrucción. Y nunca ha disfrutado de semejantes requisitos favorables para su puesta en práctica.

Próximo capítulo: La Naturaleza Evolutiva de las Operaciones en la Guerra Futura
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Re: Evolución del Arte Operacional. Isserson

Mensajepor José Luis » Jue Ene 26, 2017 6:14 am

2. La Naturaleza Evolutiva de las Operaciones en la Guerra Futura

La base para nuestra teoría del arte operacional es el concepto de la operación ofensiva más decisiva. La entera naturaleza de la guerra futura testimonia el gran alcance de esta operación, determinando de este modo la evolución posterior de sus principales rasgos. El carácter histórico de las operaciones ha evolucionado a lo largo de dos líneas principales: extensión lateral a través de un frente, y distribución en profundidad. El desarrollo del primer rasgo, la extensión lateral a través de un frente, alcanzó su apogeo durante la Guerra Mundial de 1914-1918. El combate armado ocupó todo un frente continuo para conectar los esfuerzos de combate en una simple línea que se extendió lateralmente hasta sus plenos límites geográficos.

No tenemos razón alguna para asumir que la guerra futura revertirá la evolución de este rasgo. No podemos formar parte de las inherentes contradicciones de las teorías burguesas sobre pequeños ejércitos profesionales. En opinión de sus defensores, estas teorías revertirán el desarrollo del rasgo arriba mencionado y reintroducirán el frente discontinuo con puntos separados para la aplicación en el espacio de esfuerzos de combate. No puede alterarse el curso de la historia, y nosotros debemos asumir lo contrario. Es decir, debemos asumir que las operaciones en la guerra futura proliferarán más a lo largo de frentes laterales extendidos, hasta donde lo permitan las condiciones geográficas.

Nuestra frontera occidental sola se extiende 3.000 kilómetros desde el Océano Ártico hasta el Mar Negro. Toda la extensión es vulnerable a la intervención. Este problema no sólo involucra nuestra frontera occidental, pues nuestras fronteras del Frente de Extremo Oriente también son vulnerables. En realidad, nunca antes se enfrentó nuestra estrategia a tal vasto espacio para confrontar potenciales frentes de combate continuos. Bajo estas condiciones estratégicas, no puede hablarse de la degradación de la posibilidad de un frente para la extensión lateral.

Mientras valoramos esta cuestión a una escala operacional, deberíamos tener presente que no podemos esperar confrontar de promedio una división por cada 10-12 kilómetros de frente a lo largo de los 800 kilómetros de la frontera polaco-soviética. Y ya que este frente estratégico se vuelve más estrecho a medida que se avanza de este a oeste, podríamos confrontar una división sobre cada 6-8 kilómetros tras alcanzar el meridiano del Vístula-San. Además, debiera tomarse en consideración el hecho de que adicionales movilizaciones de tropas incrementarán las densidades operacionales. Naturalmente, las densidades tácticas podrían ser considerablemente más altas.

Sin embargo, la irregularidad en las densidades de la línea de frente puede resultar de la creación de fuertes agrupaciones de choque que dejan agujeros o sectores debilitados a lo largo del frente. Esta circunstancia, junto con la inmensa longitud de nuestra frontera occidental, nos obliga a asumir la existencia de ventanas operacionales en nuestro teatro occidental, incluso en contra de los antecedentes estratégicos generales de un frente continuo. Todavía podrían hallarse flancos operacionales. O, alternativamente, activos de combate móviles modernos y de gran velocidad (unidades motorizadas y mecanizadas, caballería y aviación), de emplearse adecuadamente, podrían crear esas circunstancias. Esta posibilidad debería preverse en las misiones básicas de tareas operacionales durante el periodo inicial de la guerra.

Nuestras condiciones estratégicas comparten algunos rasgos con los del frente franco-alemán al principio de la Guerra Mundial de 1914, cuando los ejércitos alemanes del ala derecha mantenían todavía libertad de maniobra durante la marcha de aproximación. Para nosotros, estas condiciones significan que los requisitos para la estrategia lineal no han desaparecido del todo. Entretanto, en nuestros independientes teatros orientales de acciones militares, la estrategia lineal será todavía de entera aplicación. No hay fronteras pronunciadas entre épocas históricas. Habiendo creado requisitos para las nuevas condiciones, el proceso histórico mantiene todavía rasgos del viejo, y la transición de lo viejo a lo nuevo ocurre según las dinámicas del desarrollo dialéctico.

Por tanto, asumimos la posibilidad de maniobras de envolvimiento a lo largo de líneas exteriores durante el periodo inicial de la guerra. La idea de que nuestro frente confrontará directamente un frente enemigo durante los primeros días mismos de una futura guerra equivale, por supuesto, a una transferencia mecánica de las condiciones del frente franco-alemán a nuestro teatro de acciones militares. En el frente franco-alemán, las condiciones previas para una estrategia lineal de envolvimiento eran básicamente inexistentes. Sin embargo, bajo una mayor perspectiva, debemos anticipar la inevitabilidad, o al menos la probabilidad, de la aparición de una confrontación frontal de forma más rápida e incluso en bases más firmes que las del caso franco-alemán durante el comienzo de la guerra en 1914.

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Re: Evolución del Arte Operacional. Isserson

Mensajepor José Luis » Jue Ene 26, 2017 6:24 am

Una clara previsión de este fenómeno se predica en toda la evolución histórica de la naturaleza de la operación. El desafío central para nuestro arte operacional es estar preparados en todos los aspectos para la transición dialéctica de la maniobra lineal de envolvimiento a la profunda penetración frontal. Esta necesidad viene directamente del requerimiento para la transición de un método operacional a otro. Consideraciones extremadamente importantes nos obligan a formar justo esta previsión operacional.

Hay una cierta lógica interna en los despliegues estratégicos contemporáneos. Los despliegues contemporáneas no toleran los agujeros. Los despliegues ocupan casi toda la expansión de un frente.

Los beligerantes buscan flancos y la posibilidad de envolvimiento, mientras temen un posible envolvimiento en un flanco descubierto. Por tanto, los despliegues buscan cubrir toda la expansión de un frente. En consecuencia, un frente tiende a una extensión lateral máxima. Al final, cuando todas las fuerzas están desplegadas en un teatro de acciones militares, ya no deben existir agujeros. Bajo condiciones modernas, fuerzas débiles sólo significan un frente débilmente ocupado. Aun así, es un frente y no simplemente el despliegue de agrupaciones separadas con agujeros intermedios. Actualmente, incluso los frentes inadecuadamente ocupados descansan en líneas defensivas, obteniendo así un cierto poder de resistencia.

Es del todo evidente que en las circunstancias contemporáneas la defensa requiere que se pueda hacer todo para construir un frente fortificado. Los medios modernos, incluyendo obstáculos, activos químicos, la mecanización del trabajo, y cemento de endurecimiento rápido, más que nunca antes proporcionan más posibilidades para la fortificación. El frente fortificado apareció durante la Guerra Mundial como resultado de las operaciones lineales y la ausencia de una fuerza de penetración de choque. En la actualidad, en muchos casos, la línea fortificada está preparada de antemano. Predetermina el carácter de las operaciones, precediendo su inicio y determinando su curso. La continua fortificada Línea Maginot a lo largo de la frontera franco-alemana presenta una prueba excelente de este fenómeno.

Después de la Guerra Mundial, Foch escribió, “Una nación que entra en una guerra con esperanzas de esconderse tras trincheras fortificadas mientras se despliegan sus ejércitos, afronta la catástrofe”. Sin embargo, muchos buscan evitar la catástrofe en trincheras fortificadas.

Al final, una confrontación entre frentes no se puede excluir en muchos casos ya desde el principio de una guerra. Las oportunidades que surgen para la maniobra operacional permiten la extensión del flanco de uno con fuerzas frescas más rápidamente que antes, haciendo frente así a un enemigo envolvente con una nueva agrupación. Durante la ofensiva alemana del Marne, los franceses consiguieron transportar a su flanco vulnerable cerca de París sólo 11 divisiones de infantería y 6 de caballería. En la actualidad, debido al moderno transporte ferroviario y motorizado, debemos esperar hasta la mitad de las fuerzas enemigas frente al sector central de nuestro frente occidental para cambiar de un flanco al otro en un breve periodo de tiempo. Además, el transporte aéreo en apoyo de la maniobra operacional reduce esencialmente al mínimo el tiempo requerido para nuevas concentraciones defensivas. Así, pese al rápido desarrollo de la maniobra envolvente con medios motorizados-mecanizados y aviación, la ofensiva puede encontrar no obstante un frente continuo. Por otra parte, debería tenerse en cuenta que los medios para contrarrestar maniobras de envolvimiento ahora se benefician en gran medida de los obstáculos y la aviación.

En la guerra futura, la situación “frente-contra-frente” no debiera aparecer como algo inesperado por nuestro arte operacional, como fue el caso alemán de 1914. Debería reconocerse como un fenómeno bastante común en la dinámica de transformar decisivas maniobras de envolvimiento en golpes frontales igualmente decisivos contra toda la profundidad de la disposición del enemigo.

Este problema nos trae uno de los principales retos para el arte operacional contemporáneo. Es en cuestión la evolución del segundo rasgo de una operación, es decir su distribución en profundidad. Como hemos visto, no todo se consiguió a este respecto durante el periodo de maniobra de la Guerra Mundial (véase la Parte Uno para la evolución del arte operacional durante la Guerra Mundial). De hecho, hubo una cadena de batallas correlacionadas, pero no fue continua. Sus acciones de combate no llenaron la entera profundidad de la ofensiva. En la guerra futura, la naturaleza de la operación evolucionará de acuerdo con este mismo rasgo de profundidad. Por supuesto, debemos contar con densidades de combate mucho más grandes. De hecho, incluso en marzo de 1918, cuando la ofensiva alemana en Picardy penetró 60 kilómetros en las profundidades del enemigo, o a finales de 1918, cuando las formaciones combinadas de la Entente penetraron el frente alemán hasta una profundidad de 100 kilómetros, se libraron batallas continuas en todas las profundidades ofensivas. Incluso entonces las acciones de combate llenaron toda la profundidad del avance.

En la guerra futura haremos frente comúnmente a tal profundidad de combate. Es principalmente el resultado del despliegue en profundidad de las modernas formaciones de combate. La profundidad de combate no sólo se refiere a la organización de los cinturones defensivos, sino también a la profundidad de los despliegues en cualquier situación. La línea delantera de las propias divisiones de combate ocupa una profundidad táctica de 6-8 kilómetros. A continuación, debemos contar con las reservas de combate más cercanas, que constituyen una segunda línea de 8-10 kilómetros por detrás de la primera. Más lejos en la retaguardia, 20-25 kilómetros por detrás de las inmediatas reservas de combate, están situadas más reservas a nivel de ejército, que forman una tercera línea que podría desplegarse como grupos separados. Finalmente, todo este despliegue operacional en profundidad descansa en una línea ferroviaria situada incluso más atrás en la retaguardia (25-30 kilómetros por detrás de la tercera línea, dependiendo de la situación), que puede introducir reservas frescas en cualquier momento.

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Re: Evolución del Arte Operacional. Isserson

Mensajepor José Luis » Jue Ene 26, 2017 6:33 am

De esta forma, el despliegue operacional moderno de una formación de combate puede estirarse 60-100 kilómetros en profundidad. Si este despliegue defiende, entonces su profundidad asume la forma de sucesivos escalones fortificados. Se debe tener en cuenta el hecho de que esta profundidad puede ser apoyada continuamente y reforzada constantemente con reservas frescas en caso de que su borde delantero se rompa o retroceda. El frente puede restablecerse por medios de refuerzo de la retaguardia u otras partes del frente fortificado. El refuerzo es ahora una función de la movilización permanente moderna.

Es evidente que toda la profundidad operacional debe ser vencida y atravesada con una serie ininterrumpida de esfuerzos de combate. Cada kilómetro debe ser tomado por la fuerza.

Si los sucesos de combate durante la marcha-maniobra del Marne llenaron el 23 por ciento del periodo ofensivo, entonces actualmente la misma proporción de “contenido de combate” se aproxima al 100 por ciento. Al comienzo de la Guerra Mundial, las tropas emplearon más tiempo en la marcha que en la batalla, Hoy en día, esta proporción ha cambiado drásticamente; las tropas emplearán más tiempo en formaciones de combate desplegadas que en marchas.

Estos cálculos no excluyen la posibilidad de que el enemigo pueda ceder voluntariamente parte de su territorio. En este caso, la operación se desarrollaría a saltos, reteniendo su profundidad de combate solamente en ciertas posiciones. Pero tales perspectivas son limitadas en la actualidad. Las posibilidades modernas bien desarrolladas para el empleo de acciones de retaguardia, obstáculos, medios químicos, y aviación necesitan atravesar estos agujeros operacionales bajo condiciones de gran intensidad táctica. Además, cuanto menos territorio tiene un país, menos posibilidades hay para someterlo.

De esta forma, como tendencia general, la distribución de una operación en profundidad obtendrá pleno desarrollo en la guerra futura, tal como sucedió con la extensión lateral de la operación durante la Guerra Mundial. Podemos asumir que la distribución de una operación en profundidad tendrá un desarrollo más completo en el teatro europeo occidental de la guerra que en los nuestros. No obstante, para nosotros una futura operación ya no será una cadena rota de batallas ininterrumpidas. Será una cadena continua de esfuerzos de combate unidos en todas las profundidades. Será un vasto mar de fuego y combate, expandiéndose a través del frente como en la Gran Guerra, pero ardiendo a través de todas las profundidades de la guerra futura.

En realidad, la historia del conflicto armado nunca habrá sido testigo de tal intensidad de combate. La propia escala constituirá un hito histórico, pues, una vez el combate armado haya abarcado un frente y se extienda a las profundidades terrestres y aéreas, no habrá ningún lugar más a donde ir.

Así, la profundidad es la propia esencia de la evolución de la operación moderna, y es la esencia que da cuenta de la enorme intensidad de la operación.

Una operación moderna no constituye un esfuerzo operacional de un acto en un simple lugar. Los modernos despliegues operacionales profundos requieren una serie de esfuerzos operacionales ininterrumpidos que se funden en un solo conjunto. En terminología operacional, este conjunto se conoce como una serie de operaciones sucesivas. Sin embargo, esta comprensión es esencialmente incorrecta. Una serie de operaciones sucesivas es una operación moderna. Sin profundidad, una operación queda privada de su esencia y se vuelve históricamente conservadora, no logrando corresponderse con las nuevas condiciones que la definen.

Estamos confrontando el cambio evolutivo de una operación en una nueva dimensión, la de profundidad. Es esta dimensión la que funde una serie de esfuerzos operacionales sucesivos en la noción general de una moderna operación profunda*.

Bajo las condiciones actuales, debemos referirnos no a una serie de operaciones sucesivas, sino a una serie de esfuerzos estratégicos sucesivos, y a una serie de campañas separadas en una sola guerra. Esta comprensión es históricamente fundamental para la naturaleza evolutiva de la operación y sus cambiantes formas y métodos de conducción. Los hechos contundentes son que hacemos frente a una nueva época del arte militar, y tenemos que cambiar de una estrategia lineal a una estrategia de profundidad.

*Nota del autor: Nuestra literatura se refiere a menudo a la operación futura como la “operación espacial”. Esta comprensión es inexacta. Cualquier espacio en un plano tiene dos dimensiones: amplitud y profundidad. Las operaciones a lo largo de un frente durante la Guerra Mundial ya alcanzaron sus límites espaciales laterales máximos. Como indica este rasgo distintivo, el término “operación profunda” caracterizará mejor nuestra comprensión del fenómeno.

Próximo capítulo: La Correlación Contemporánea de Medios Ofensivos y Defensivos
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Re: Evolución del Arte Operacional. Isserson

Mensajepor José Luis » Sab Ene 28, 2017 6:14 am

3. La Correlación Contemporánea de Medios Ofensivos y Defensivos

La naturaleza de la operación moderna confronta cualquier ofensiva con la necesidad de superar la enorme profundidad de la potencia de fuego defensiva. Esta necesidad requiere en primer lugar apoyo material de todos los activos ofensivos correspondientes. No importa lo móvil y maniobrable que sea la operación a escala táctica, cualquier formación debe penetrar finalmente un frente opuesto. Tácticamente, cualquier batalla al final se reduce a un ataque frontal. Es este ataque el que determina, completa y decide todo. Hoy en día, la resolución de este problema fundamental descansa en la relativa correlación de medios ofensivos y defensivos.

Teóricamente, el último periodo de la Guerra Mundial solventó este problema a favor de la ofensiva. Fue entonces cuando aparecieron los primeros indicadores de una solución práctica. Pero la Guerra Mundial no pudo sacar un cuadro completo de los nuevos medios ofensivos. La explotación para el combate de nuevos medios tecnológicos (tanques y aviación) no alcanzó el efecto deseado. Su impacto no logró sobrepasar la aplicación táctica para obtener resultados operacionales.

Desde entonces han tenido lugar muchos avances tecnológicos. Los tanques y aviación de combate modernos son armas cualitativamente avanzadas cuando las comparamos con las de 1918. Es suficiente con referirse a los siguientes índices fundamentales que se muestran en la próxima página en la figura 2*.

Además, éstos no son necesariamente los indicadores más modernos, pues los datos modernos tienen una tendencia a reflejar incrementos.

Bajo estas condiciones, la resolución de la competición entre medios defensivos y ofensivos a favor de los últimos se hace todavía más probable. Respecto a la cantidad, los medios de potencia de fuego serán más poderosos naturalmente en la defensiva que en la ofensiva. Una ametralladora y una batería siempre serán más poderosas en la defensa que en el ataque. Este hecho no se produce por diferencias cualitativas, sino por la naturaleza de los objetivos en la defensiva y ofensiva. A la defensiva, las ametralladoras y baterías disparan contra los grupos de infantería que atacan en abierto y que constituyen objetivos fáciles. En cambio, las baterías en ataque operan contra cañones de campaña y ametralladoras dispersos, ocultos y protegidos. Estas requieren tiempo, precisión y un gran consumo de munición para suprimir. Las dos situaciones son absolutamente diferentes, y la masificación de activos de potencia de fuego permanece indispensable en la ofensiva.

Sin embargo, los medios técnicos de lucha cualitativamente nuevos pueden adquirir una clara superioridad sobre la potencia de fuego defensiva. De hecho, el tanque no es un nuevo instrumento de potencia de fuego. Lleva el mismo cañón o ametralladora que produjo la aparición del tanque. El tanque es un medio blindado para su transporte, y esta combinación agrega una solución cualitativa al problema de la superioridad de potencia de fuego. La movilidad, la capacidad campo traviesa y el blindaje confieren sobre la ametralladora una nueva calidad de protección relativa contra el fuego defensivo, más la capacidad de destruir objetivos defensivos con el puro peso del blindaje. Y naturalmente, un cañón de campaña montado en un tanque tiene la misma superioridad sobre su equivalente emplazado defensivamente.

* Nota de José Luis: No estoy en disposición de subir la figura 2. Trata sobre el desarrollo de las capacidades del tanque y la aviación tomando como referencia 1918 y el momento actual (1936-37). Las cifras son como sigue para el tanque: en 1918 Velocidad: 2-4 km/h (momento actual: 25-40-60 km/h) ; Alcance: 40-50 km (momento actual: 300 km). Para la aviación de combate: HP: 500-600 (momento actual: 3.000); Carga de bombas: 0,4 T (momento actual: 3-4 T); Velocidad: 120 km/h (400-600 km/h); Alcance: 250-300 km (3.000-4.000 km).

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Re: Evolución del Arte Operacional. Isserson

Mensajepor José Luis » Sab Ene 28, 2017 6:20 am

La teoría de Fuller es correcta en la medida que expresa que el tanque ha cambiado la correlación entre medios defensivos y ofensivos a favor de los últimos. Además, deberíamos tener presente que la mecanización resuelve otra cuestión esencial, la evitación de columnas de marcha excesivamente profundas. Son objetivos perfectos para la aviación de asalto. Las capacidades tecnológicas inherentes a la mecanización ofrecen una solución al problema táctico de la vulnerabilidad con una transición a tácticas campo traviesa. Estas involucran movimiento desplegado en cualquier terreno, una posibilidad que disminuye la antigua importancia de redes de carreteras y alivia la necesidad de moverse en columnas de marcha profundas. El movimiento campo traviesa facilita una máxima rapidez de ataque, a la vez que proporciona la mejor protección pasiva contra el ataque aéreo. Las tácticas campo traviesa son un nuevo rasgo de las formaciones mecanizadas modernas, y como tales tienen una gran importancia para la evolución de las operaciones contemporáneas. De hecho, la sola táctica campo traviesa condiciona la transición a una nueva época del arte militar.

Todos los desarrollos mencionados incrementan el potencial ofensivo. De hecho, las mejoras cualitativas similares al tanque se aplican a la aviación de combate. En el aire llevan la misma potencia de fuego y activos explosivos a disposición de las defensas fijadas en tierra. En realidad, la aplicación de estos medios destructivos de aviación de alta velocidad se vuelve más poderosa que la que está a disposición de defensas terrestres. Deberíamos tener presente que hoy en día los medios desplegados desde el aire son más poderosos que las defensas terrestres. A este respecto, la defensa aérea es realmente inferior al ataque aéreo.

Sin embargo, este hecho afecta extremadamente tanto a la defensa como al ataque. La aviación de ataque es igualmente amenazante para la ofensiva. A este respecto, la cuestión debe resolverse mediante la obtención de la superioridad aérea a lo largo de los ejes de las operaciones ofensivas decisivas. La concentración de activos de aviación masiva en el aire será tan obligada como la concentración de activos de potencia de fuego ofensivos en tierra.

En suma, la protección del fuego de ametralladora defensivo, movilidad campo traviesa, y la capacidad de atravesar rápidamente espacio por aire son factores decisivos que condicionan la superioridad de los nuevos medios tecnológicos ofensivos sobre la potencia de fuego defensivo. La nueva superioridad ofensiva deriva mayormente de la movilidad, que imparte una nueva calidad a la potencia de fuego de la ofensiva.

Toda la evolución de la tecnología militar moderna fluye mayormente a lo largo de las líneas de incrementar y perfeccionar esta movilidad. Todo aquello que incrementa la movilidad enriquece el potencial ofensivo. El potencial defensivo sólo se puede incrementar mejorando la potencia de fuego. Pero, con referencia a incrementar los índices de fuego, ya todo se logró en la Guerra Mundial, cuando las ametralladoras entraron en acción con la infantería. El único problema sin resolver es la automatización de la artillería. Una vez se han introducido los cañones de fuego rápido antitanque y antiaéreo, deben buscarse otros medios para contrarrestar la ofensiva. En general, el potencial defensivo ha alcanzado ya su apogeo.

Es necesario observar que la defensa hará uso de la ciencia y tecnología modernas para contrarrestar la ofensiva de varias formas, incluyendo los activos de ingeniería, químicos, obstáculos, campos de minas, e incluso electricidad y radio para ruptura y destrucción de largo alcance. Sin embargo, sólo un frente continuo estabilizado puede apoyar el uso extendido de estos modernos medios tecnológicos. Mientras tanto, el desarrollo de los modernos medios de combate de alta velocidad, incluyendo activos de aviación y moto-mecanizados, pueden condicionar en un grado importante la movilidad de las acciones militares.

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