Evolución del Arte Operacional. Isserson

El impacto de la Gran Guerra en el pensamiento militar. Cambios y evolución en las doctrinas militares. Regulaciones de campaña.

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Re: Evolución del Arte Operacional. Isserson

Mensajepor José Luis » Lun Feb 06, 2017 10:00 am

El comandante-organizador a nivel de ejército que calcula racionalmente el control de una operación es el comandante que percibe de forma rápida y penetrante la complejidad de una situación en todas sus dimensiones, y que toma inmediatamente decisiones audaces bien fundamentadas en el terreno de la inspiración y en el terreno material. En este momento, será un activo comandante en su puesto, puesto que el lanzamiento de la aviación de combate y del escalón de penetración en la brecha requieren mando directo. Horas y minutos lo serán todo. Naturalmente, esas decisiones no provendrán de acogedores cuarteles de un estado mayor de ejército situado en lo profundo de la retaguardia. Estas decisiones emanarán de un puesto de mando operacional a la vanguardia de la ruptura. En este puesto, el comandante moderno debe estar lo suficientemente cerca de la situación para sentir su pulso.

De esta forma, un comandante moderno aparecerá una vez más en los “Altos de Pratzen” (observando el campo de batalla de Austerlitz), pero equipado con modernas comunicaciones de radio y televisión, y tendrá un avión a su disposición. Controlará la operación de ruptura profunda con simples gestos de mano. Un estado mayor poderoso, el organizador y ejecutor técnico de las decisiones del comandante, estará a su disposición. La sección de operaciones principales estará situada al lado del comandante. Otros elementos subordinados del estado mayor estarán situados en la inmediata retaguardia, donde pueden controlar y regular el avance de unidades de la formación operacional profunda. Finalmente, el elemento logístico del estado mayor estará situado más lejos en la retaguardia, aproximadamente a lo largo de la línea de despliegues con base en los ferrocarriles, para controlar todo el complicado mecanismo de suministrar una operación profunda.

Así, el sistema para controlar una operación se basa en sí mismo en un esquema estructural en profundidad que complica inevitablemente la coordinación y organización. Este sistema de control debe estar gobernado por regulaciones precisas. Aun así, se necesitará gran arte y habilidad para hacer que el sistema funcione de forma previsible y precisa.

Finalmente, cuando el escalón de ruptura penetre las profundidades de la resistencia para comenzar allí su trabajo destructivo, el control y la decisión alcanzarán su logro más alto en el arte de cerco y destrucción bajo las nuevas condiciones de la estrategia profunda. Tras los agotados métodos de hacer batallas principales de desgaste, este logro representará claramente un renacimiento de “grandes preparativos, combinaciones brillantes y espléndidas maniobras”.

Estas son las perspectivas para la evolución del arte operacional durante la época de la estrategia profunda.

Con el próximo capítulo, De la Teoría a la Aplicación, finalizaremos la parte dos del libro.
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Re: Evolución del Arte Operacional. Isserson

Mensajepor José Luis » Lun Feb 06, 2017 10:04 am

De la Teoría a la Aplicación

Hemos trazado la perspectiva inherente a la nueva época de estrategia profunda en términos de un esquema teórico muy general. Estos términos deben concretarse ahora para trasladarlos del campo de la filosofía y teoría a la práctica. Hemos intentado definir solamente los contornos básicos de la nueva época del arte militar evolutivo. Hemos procedido desde la proposición de que nuestra futura guerra revolucionaria de clases se convertirá en el acto más grande de un conflicto armado de importancia mundial. Clausewitz dijo una vez que “Cada gran guerra representa una época independiente de la historia del arte de la guerra”. La época emergente de revolución social y guerras revolucionarias de clases constituirá tal nueva época del arte militar.

Pero las nuevas formas del arte militar, que maduran en el proceso de evolución histórica, no aparecen espontáneamente en manifestaciones concretas. Deben ser percibidas y estudiadas. Deben ser sustanciadas filosófica y teóricamente. Según Clausewitz, “cada época debe tener su propia teoría de la guerra, independientemente de cómo sean elaborados sus fundamentos filosóficos”.

No puede haber práctica racional sin teoría sustancial. Por tanto, comenzamos con la teoría para que después tornemos a un examen de cálculo concreto para la operación profunda. Esta aproximación nos reveló la entera evolución del arte de la guerra desde los inicios del siglo diecinueve. Sólo las diferencias entre grandes épocas históricas hacen posible discernir la lógica interna dentro del desarrollo del arte militar, para explicar cómo y por qué este arte cambia de unas formas a otras, y para comprender por qué el arte militar encuentra su culminación en la época de la estrategia profunda.

De esta forma, el simple punto de la era de Napoleón se vio multiplicado en la era de Moltke en una serie de puntos separados distribuidos en el espacio. Durante la Guerra Mundial, estos puntos se fundieron en una línea continua. Ahora esta línea se extiende en las profundidades, produciendo un cuadrado con nuevas dimensiones espaciales.

Ahora estamos entrando en una nueva época de estrategia profunda, y estamos haciendo ahora la transición de un amplio frente lineal a un frente profundo. Por supuesto, las formas de la nueva estrategia no se manifestarán completamente de forma inmediata y en todas partes. La evolución histórica en general no conoce fronteras firmes. Durante el periodo inicial de la guerra, todavía pueden existir requisitos en nuestro teatro de acciones militares para una estrategia lineal de maniobra de envolvimiento. Sin embargo, todos los factores principalmente nuevos de estrategia profunda se aplicarán a nuestro conflicto con plena fuerza. Esto se debe a que nuestra clase trabajadora actúa como una fuerza mundial históricamente progresista, y porque los fundamentos de estrategia profunda están basados en la idea de aniquilación. El proletariado revolucionario será el primero en emplear el nuevo arte operacional y producirá los primeros maestros de la operación profunda para la destrucción.

Como dijo Clausewitz, “Los cambios actuales en el arte militar son consecuencia de políticas cambiantes”. Sólo el gran objetivo político de nuestra lucha puede asegurar la realización histórica de nuestra estrategia profunda.
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Re: Evolución del Arte Operacional. Isserson

Mensajepor José Luis » Lun Feb 06, 2017 10:24 am

Antes de comenzar con la parte tres (y última) del libro, voy a sintetizar la evolución del carácter de la operación desde la época de Napoléon hasta la época de la guerra futura prevista por Isserson, que en el libro viene en un cuadro.

El orden de aparición será el siguiente:

Época--Distribución de las operaciones a lo largo de un frente--Distribución de las operaciones en profundidad--Formación operacional ofensiva--Formas de maniobra operacional--Naturaleza de la estrategia.

Napoléon inicios del S. XIX--Simple punto-Simple movimiento--Columnas en orden cerrado profundo en una sola masa--Ataque de choque masificado a lo largo de líneas interiores--Estrategia de un simple punto.

Moltke durante la 2ª mitad del S. XIX--Frente discontinuo con puntos distribuidos en el espacio--Cadena discontinua de batallas principales no conectadas--Distribución amplia en agrupaciones separadas--Maniobra concéntrica a lo largo de líneas exteriores--Estrategia lineal con frente discontinuo.

La Guerra Mundial de 1914-1918--Simple línea extendida para formar un frente continuo--Cadena coherente con una serie discontinua de batallas principales--Distribución amplia a lo largo de un frente continuo--Maniobra de envolvimiento a lo largo de líneas exteriores--Estrategia lineal con un frente continuo.

Guerra Futura--Simple línea extendida para formar un frente continuo--Cadena continua de batallas principales interconectadas--Distribución profunda en varios escalones--Golpe frontal a lo largo de líneas exteriores y maniobra de profundidad ofensiva-a-profundidad defensiva para la destrucción a lo largo de líneas interiores--Estrategia profunda.
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Re: Evolución del Arte Operacional. Isserson

Mensajepor José Luis » Jue Feb 09, 2017 6:31 am

PARTE TRES

Las Raíces Históricas de las Formas de Batalla Contemporáneas

El fundamento de la batalla es superar y destruir la formación de combate del enemigo. Ya sea el carácter de una operación maniobra o frontal, superar y destruir el frente opuesto decide todo en el campo de batalla. Toda la historia de la Guerra Mundial prueba que las formaciones de combate débiles en el ataque fueron la razón básica de la aparición de la guerra de trincheras y el fracaso de las operaciones ofensivas.

En general, los factores tácticos determinan el resultado de una operación. Un frente puede ser continuo, sin espacio para la maniobra y el envolvimiento, pero si las tácticas ofensivas consiguen superar la resistencia, el frente comenzará a romperse, llevando a una guerra de movimiento. O al contrario, un frente puede ser discontinuo, haciendo posible la amplia maniobra y el envolvimiento. Sin embargo, si las formaciones de combate ofensivas fracasan en romper la resistencia del enemigo, el frente se convertirá pronto en un muro estático continuo, como fue el caso en 1914-1918. El potencial de fuerza y ataque deciden todo en la batalla.

El ataque contemporáneo mantiene el potencial para resolver los problemas inherentes a la naturaleza de las operaciones en la guerra futura. Todos los mismos factores importantes que muestran el camino para la resolución de los problemas a los que se enfrenta la operación moderna descansan en el terreno de las tácticas. Por encima de todo, las tácticas refractan y experimentan los colosales cambios de nuestro tiempo porque constituyen el campo organizativo de la acción física directa contra el enemigo y el campo de la aplicación directa del soldado y su arma en batalla. Todos los nuevos factores del combate armado traen un cambio esencial y fundamental en el terreno de la táctica. Este cambio se ha manifestado en nuestra transición a nuevas formas de tácticas profundas para la batalla ofensiva.

De acuerdo con la esencia de estas tácticas, hemos abandonado las formas graduales y agotadoras para superar la resistencia de potencia de fuego por fases y unidades a favor de la simultánea penetración y supresión de la entera profundidad táctica del enemigo. Con una sola y simultánea acción supresora suprema, rompemos, penetramos y neutralizamos la resistencia. Esta es la manera de solucionar la cuestión de superar la entera profundidad del frente de intensiva potencia de fuego. Pero, como fenómeno nuevo, las tácticas profundas para la batalla ofensiva no se materializaron repentinamente de la nada. Su aparición estuvo sujeta a la misma lógica interna que gobierna el desarrollo del arte militar. Este proceso nos obliga en primer lugar a comprender las razones y las raíces históricas que provocaron y condicionaron la aparición de las tácticas profundas. A este respecto, el punto de partida es un análisis crítico de la evolución de las tácticas durante la Guerra Mundial. Sólo la historia puede explicar por qué un fenómeno dado asumió un cierto carácter y no otro.
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Re: Evolución del Arte Operacional. Isserson

Mensajepor José Luis » Jue Feb 09, 2017 6:37 am

La Táctica antes de la Guerra Mundial

Hay dos factores básicos e indivisibles en el fundamento de la táctica como la organización del impacto armado directo sobre el enemigo en batalla. Estos factores son el hombre y su arma. Como expresión de unidad indivisible, determinan la potencia e intensidad de la fuerza física desplegada sobre el enemigo en batalla.

De acuerdo con la naturaleza de esta fuerza física, en general podemos dividir la historia de la táctica en dos épocas principales. La primera época caracterizó el impacto de combate directo sobre el enemigo por medio de un golpe directo, y la esencia de la táctica era la destrucción por acción de choque. La segunda época caracterizó el impacto de combate directo sobre el enemigo por medio de la potencia de fuego, y la esencia de la táctica pasó a ser la destrucción por fuego. Podría considerarse a la era de Napoleón como una frontera entre estas dos épocas. La fuerza de choque gobernó básicamente sobre el campo de batalla, aunque la artillería estaba ganando en importancia.

En general, la época de la destrucción por fuego comenzó durante la segunda mitad del siglo diecinueve con la introducción de las armas estriadas, en particular el fusil Dreyse y el cañón de campaña estriado Krupp. La potencia de fuego se convirtió muy pronto en el factor de impacto material clave durante la batalla. Tal como lo expuso Moltke, la batalla principal de Sedán en 1870 se combatió y ganó casi exclusivamente por fuego de artillería. La potencia de fuego ha mejorado rápidamente desde entonces, gracias a los alcances crecientes, índices de fuego, y coeficientes de letalidad.

Durante la era de Napoléon un batallón podía disparar 2.000 cartuchos por minuto, mientras que durante la era de Moltke la misma cifra era de 7.000. En vísperas de la Guerra Mundial, esta cifra creció hasta 11.000-15.000 cartuchos por minuto, y actualmente ha crecido hasta 20.000.

Aunque la bala dominaba el campo de batalla, la importancia de la artillería fue creciendo, si bien su impacto proporcional fue inicialmente menor. Antes de la Guerra Mundial, las balas representaban el 75-90 por ciento de objetivos alcanzados, con el resto para la artillería. Mientras tanto, la artillería en vísperas de la Guerra Mundial se amplió a 6 cañones por batallón, convirtiéndose de este modo en un factor importante en la potencia de fuego añadida a lo largo de una línea de frente.

Este nuevo factor de incrementada potencia de fuego tuvo una importancia colosal, pues determinó el desarrollo posterior de las tácticas. Por encima de todo, obligó a una completa revaluación de la potencia de la defensa. Durante la época de la destrucción por acción de choque, la correlación de fuerza entre la defensa y el ataque tenía poca importancia, pues las armas tipo choque eran igualmente poderosas en la defensa y el ataque. Y Clausewitz, que fue el primero en examinar como problema la correlación ofensiva-defensiva, lo solucionó en el terreno de la política y la estrategia, más que en el de la táctica. Este problema adquirió una agudeza e importancia colosales en la época de la destrucción por fuego. Tan pronto como el nuevo armamento estriado entró en acción en el campo de batalla, se hizo evidente que este armamento era mucho más poderoso y eficiente en la defensa que en el ataque. Esta conclusión no surgió de las cualidades o el carácter del arma en sí misma, sino de la diferencia entre objetivos en la defensa y en el ataque.

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Re: Evolución del Arte Operacional. Isserson

Mensajepor José Luis » Jue Feb 09, 2017 6:43 am

En realidad, una unidad de fuego protegida por el terreno con objetivos ofensivos al frente puede emplearse mucho más eficientemente que la misma unidad en el ataque haciendo frente a un sistema de potencia de fuego protegido por el terreno. La superioridad de la potencia de fuego defensiva sobre la ofensiva debería haber destacado el problema de cómo superar la nueva fuerza de potencia de fuego mediante la reorganización de la estructura de las tropas, junto con sus armamentos y formas de acción tácticas. Sin embargo, esta cuestión central para las tácticas ofensivas no halló solución práctica antes del inicio de la Guerra Mundial. Por el contrario, Foch escribió antes de la guerra que, “La perfección del armamento conduce a un incremento de fuerza para la ofensiva”. Por supuesto, esto fue una conclusión equivocada, refutada por los primeros acontecimientos de la guerra.

Antes de la Guerra Mundial todas las regulaciones y doctrinas generalmente trataban la ofensiva como la única vía de solventar el conflicto armado. Las regulaciones francesas editadas por Foch eran particularmente explícitas sobre este punto. Declaraban que “la defensa lleva al fracaso”. Esta doctrina alcanzó tales grados de histeria que cualquiera que expresara interés en la defensa corría el riego de arruinar su carrera. La doctrina alemana trataba la ofensiva de la misma forma, pero sus ventajas estaban expresadas en términos de envolvimiento y aniquilación. Aun así, las regulaciones alemanas dedicaban una importante atención a la fuerza de la potencia de fuego.

Mientras tanto, toda esta doctrina ofensiva carecía de fundamentos materiales y organizativos. La composición y armamentos de las estructuras de tropas que fueron a la guerra en 1914 eran demasiado débiles para superar la nueva potencia de fuego. Las estructuras de tropas eran básicamente una masa de unidades de infantería de organización y armamento uniformes. Su fortaleza se medía por el número de bayonetas. Su armamento era un fusil modelo 1898 que disparaba una bala de composición insatisfactoria. En el ataque, estas tropas de infantería estaban absolutamente indefensas en frente del fuego. Entraron en la guerra sin siquiera un suministro pleno de uniformes apropiadamente camuflados. Un regimiento de infantería estaba armado con 6-8 ametralladoras, que se contaban más como artillería que como armamento de infantería. Además, una pesada montura y gran escudo hacían difíciles de manejar estas ametralladoras durante el combate de infantería. Las comunicaciones requerían otros medios tecnológicos, e incluían 6 juegos de teléfonos y 16 kilómetros de alambre por regimiento. Estos activos redondeaban todo el arsenal tecnológico de infantería.

La esencia de la evolución táctica durante la segunda mitad del siglo diecinueve significó la dispersión lateral de las tradicionales columnas de choque en cadenas y líneas de orden abierto que podían permitir el pleno empleo de la potencia de fuego frontal. Sólo al principio del siglo veinte, la infantería migró plenamente al orden abierto dispersado lateralmente dictado por el factor material de potencia de fuego. No obstante, es necesario señalar que no se reconoció totalmente el orden abierto. Las regulaciones de infantería alemana rezaban, “Tendrá lugar una referencia frecuente a la dispersión en unidades más pequeñas y el empleo de orden abierto. Es erróneo el rechazo del orden cerrado y debería evitarse”. Así, en vísperas de 1914 el orden cerrado continuo estaba muy lejos de ser una cosa del pasado.

La transición al orden abierto disperso lateralmente fue un fenómeno natural durante la evolución de la táctica. Pero la pequeña unidad de fusiles en sí misma no tenía un simple elemento que pudiera hacer posible la explotación de su propio fuego en combate. Aunque proporcionaba supresión de fuego, el más grande orden de fusil disperso carecía de movilidad y flexibilidad suficientes para explotar su propio fuego y transitar directamente al golpe. Este hecho conducía inevitablemente a batallas de fuego prolongadas. También imposibilitaba la fase final del combate, la persecución táctica sobre el campo de batalla, que la Guerra Mundial nunca logró ver realmente. Más importante, el orden abierto como vehículo de introducción de potencia de fuego en la ofensiva fue incapaz de superar la resistencia de los sistemas de potencia de fuego defensivos contrarios.

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Re: Evolución del Arte Operacional. Isserson

Mensajepor José Luis » Jue Feb 09, 2017 6:49 am

De esta forma, deberían observarse dos factores muy importantes en la organización, armamento y tácticas de infantería anteriores a 1914. Estos factores predeterminaron el resultado de las batallas durante el primer periodo de la Guerra Mundial. Primero, la composición y armamento de la infantería eran impotentes para enfrentar y superar la nueva potencia de fuego. Segundo, incluso si la infantería lograba suprimir la potencia de fuego enemiga, no había nada en la formación de combate ofensiva para explotar los resultados y llevar la batalla a una conclusión decisiva. El resultado de las primeras batallas de 1914 estaba predestinado.

Por supuesto, la artillería debería haber obtenido mayor importancia bajo estas condiciones. Era la única fuerza adecuada para la supresión de fuegos de resistencia a la ofensiva. De hecho, la artillería había crecido en fuerza y había mejorado sus características técnicas con respecto a alcance e índices de fuego. Aun así, el peso proporcional de la artillería en 1914 era del todo pequeño. Sus proyectiles consistían principalmente de metralla, con fuerza destructiva relativamente menor. De todos los variados activos de artillería en 1914, sólo el obús alemán modelo 1898 podía considerarse un arma de supresión y destrucción en el terreno. Modificado en 1909, este obús disparaba un proyectil de 16 kilogramos a una distancia de 6,4 kilómetros. Aun así, la artillería en vísperas de 1914, en general, carecía de fuerza destructiva. Los alemanes fueron los primeros en observar este hecho y los primeros en introducir artillería pesada en sus armamentos. Se les asignó a los cuerpos 16 obuses pesados y cañones de 150 y 105 mm.

Las opiniones tácticas sobre la importancia de la artillería se correspondían con su atraso tecnológico. Por ejemplo, la regulación de campaña francesa rezaba: “El fuego de artillería sólo tiene un impacto insignificante; la artillería es un arma auxiliar de importancia secundaria”. La regulación artillera francesa observaba que, “La artillería no prepara el ataque, sino que sólo lo apoya”. Sólo las regulaciones alemanas decían que un ataque de infantería debía prepararse con fuego de artillería. Pero este comentario asumía la forma más de consejo y deseo que de prescripción para la preparación ofensiva. Según estas opiniones, el complemento artillero de una división normal o tamaño cuerpo se consideraba adecuado para cumplir todas las misiones de fuego requeridas. Una batería ligera de 76mm se consideraba capaz de cumplir cualquier tarea a lo largo de un frente de 200 metros. Así, la norma establecida fue de 5 baterías por kilómetro de frente. Ya que las regulaciones preveían un cuerpo en la ofensiva ocupando un frente de 6 kilómetros, el requerimiento era de 30 baterías (5x6), o 120 armas. Tal fue la asignación para un cuerpo francés, mientras que un cuerpo alemán poseía aún más armas (160). No había lugar para el refuerzo o mejora cualitativa. Además, ya que una batería podía desempeñar plenamente todas las tareas requeridas a lo largo de 200 metros de frente, tampoco estaban en cuestión los efectos de un control centralizador y artillería masificada incluso dentro de los confines limitados del campo de batalla. La cuestión del fuego de artillería controlado y concentrado, junto con la maniobra de abanicos de potencia de fuego, nunca entró a considerarse. Incluso las avanzadas regulaciones alemanas jamás mencionaron el establecimiento de comunicaciones telefónicas de artillería. Dentro de los límites de acción de una batería de artillería, se consideraron suficientes las comunicaciones visuales. En esta situación, es evidente por qué la infantería avanzando, incapaz de superar la potencia de fuego en el ataque, no logró obtener el apoyo artillero necesario, con el resultado de que la ofensiva se tornó imposible.

Pero en vísperas de la Guerra Mundial había otras opiniones diversas y extraoficiales. Schlichting encabezaba un grupo de especialistas militares que rechazaban la posibilidad de ataques frontales. Schlieffen había basado toda su enseñanza en la transferencia de la decisión por batalla y operación a los flancos. El envolvimiento superficial y profundo debía constituir las formas principales de la acción ofensiva. De hecho, estas opiniones equivalían a solventar el problema a lo largo del camino de menor resistencia. En realidad, la situación a finales del siglo diecinueve permitía una cierta libertad para perseguir y hallar flancos. Pero los primeros sucesos de la guerra en 1914 demostraron que esas opiniones no eran suficientemente previsoras para superar la naturaleza evolutiva de las operaciones a principios del siglo veinte. Cuando los frentes se tornaron continuos, y cuando no había flancos, el ataque frontal se hizo inevitable.

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Re: Evolución del Arte Operacional. Isserson

Mensajepor José Luis » Jue Feb 09, 2017 6:53 am

Entre otras, las opiniones de Langlois, un artillero francés, merecen atención. Anticipó claramente la idea de que el fuego de artillería masivo era obligatoria para la ofensiva. A finales del siglo diecinueve, Langlois ofreció un esquema para organizar una formación de combate ofensiva que solamente fue aprobado durante el segundo año de la Guerra Mundial. Por cada kilómetro de frente, propuso 50-100 cañones, sin los cuales consideraba imposible una ofensiva.

Las doctrinas extraoficiales mencionaron brevemente otra cuestión muy importante, la impotencia de la formación de combate ofensiva de explotar su propio fuego para terminar la batalla con un golpe directo y una persecución táctica. Bernhardi subrayó esta cuestión en su Guerra Moderna, escribiendo, “Bajo modernas condiciones de potencia de fuego, el despliegue profundo es un elemento obligatorio de táctica decisiva”. Además, Bernhardi ofreció un esquema para ese despliegue profundo. Sin embargo, éstas eran las opiniones extraoficiales de un especialista militar. Aun así, después de la Guerra Anglo-Boer la literatura militar señaló la imposibilidad de decidir la batalla por medio de un ataque.

Pero debiera observarse que esas conclusiones no tuvieron en cuenta un factor muy importante. El fuego había adquirido una nueva cualidad y potencia debido a que los terraplenes y las trincheras habían venido en su ayuda. La Guerra Ruso-Japonesa de 1904-1905, que los alemanes estudiaron muy cuidadosamente, había demostrado la importancia de este factor, pero la doctrina oficial no sacó las conclusiones apropiadas. El mismísimo Bernhardi escribió, “Nadie ha pensado todavía en una auténtica guerra de trincheras requiriendo golpes frontales”. En el análisis final, la naturaleza de la batalla había sido estudiada de forma insuficiente en vísperas de la Guerra Mundial. Como principal factor material de esta batalla, la incrementada fuerza de potencia de fuego no consiguió merecer plena consideración. En la ofensiva, la organización, armamentos y tácticas eran inadecuadas para resistir y superar la nueva fuerza de potencia de fuego defensiva. El personal siguió siendo el factor principal de la formación de combate ofensiva. Poca atención se prestó a la artillería, y la batalla se concibió como combate de infantería.

Esa fue la aproximación de los ejércitos imperialistas a la Guerra Mundial de 1914-1918. Si se tiene en cuenta el reaccionario carácter imperialista de esta guerra, se hace evidente cómo 30 años antes Engels había predicho exactamente que sería una guerra “en la que millones de soldados simplemente se sofocarían entre sí”. Esta afirmación quedó confirmada por los primeros sucesos de la guerra de 1914.

Próximo capítulo: La Crisis de las Tácticas Ofensivas
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Re: Evolución del Arte Operacional. Isserson

Mensajepor José Luis » Sab Feb 11, 2017 8:33 am

La Crisis de las Tácticas Ofensivas

La Guerra Mundial comenzó con un breve periodo (1,5-2 meses) de maniobra introductoria que vio una floreciente crisis en tácticas ofensivas. Desde las primerísimas batallas resultó evidente que la potencia de fuego ofensiva era impotente contra los sistemas de potencia de fuego de resistencia organizada. En cuanto a la artillería, se hizo evidente que una batería desplegada para cubrir un frente de 200 metros sólo era capaz de cumplir su misión contra objetivos descubiertos o contra una formación de combate atacante al descubierto. Sin embargo, la norma en un frente estaba muy lejos de ser tal una vez que la artillería se enfrentaba a sistemas de potencia de fuego adecuados para mantener un área específica. En cuanto a la infantería, la disciplina de fuego experto de los atacantes alemanes consiguió neutralizar el fuego de resistencia inglés y francés. Aun así, no se pudo obtener ningún resultado táctico ofensivo, puesto que el orden de ataque lineal no tenía nada dentro de la formación que pudiera explotar directamente los éxitos del fuego. El orden abierto disperso no era adecuado para esta tarea. El año 1914 nunca vio la persecución táctica en el campo de batalla porque no había nadie para cumplir esta función. Cuidadosos estudios de las batallas fronterizas del Frente Occidental confirman plenamente esta afirmación.

Al final, el frente de intensiva potencia de fuego anglo-francés de 1914 nunca se rompió completamente en ninguna parte. Simplemente se hizo retroceder. El gran alcance operacional de la ofensiva alemana del Marne oculta algunas veces la verdadera naturaleza táctica de los acontecimientos militares. En realidad, el frente francés (su flanco izquierdo) tuvo que retirarse 400 kilómetros debido no a que hubiese sido neutralizado por la potencia de fuego ofensiva y la acción de choque, sino debido a que los alemanes habían ganado la lucha por el flanco izquierdo francés. Para escapar al envolvimiento, el flanco izquierdo francés retrocedió, arrastrando con ello todo el frente francés. Negado el envolvimiento, la ofensiva alemana se empantanó en el Marne. Durante la batalla principal allí, que fue esencialmente una confrontación frontal, la ofensiva alemana fue esencialmente impotente en frente de la potencia de fuego defensiva francesa. Tras la confrontación del Marne, continuó la búsqueda de un flanco abierto, y comenzó la carrera hacia el mar. Este fue un hecho de suprema importancia táctica, pues la carrera hacia el mar fue realmente un intento de eludir la bala. Pero cada vez la misma bala aguardaba a los beligerantes, pues ambos bandos fueron capaces de extender sus flancos hacia el norte. Rápidamente el frente se extendió lateralmente hacia el mar, formando un muro continuo de 700 kilómetros. De esta forma, factores tácticos -la nueva fuerza de la potencia de fuego y la impotencia de la ofensiva ante ella- condicionaron la evolución de las operaciones.

Cuando septiembre-octubre de 1914 vio la aparición de un frente continuo atrincherado, las tácticas ofensivas se enfrentaron a nuevos problemas. Pronto se hizo muy claro que la potencia de fuego, cuando se empleaba defensivamente para mantener un área, era altamente efectiva contra el ataque. Por tanto, el bando que fue obligado a defenderse durante todo el transcurso de los acontecimientos de 1914 fue el bando que primero comprendió la importancia de la nueva fuerza de la potencia de fuego y extrajo todas las conclusiones necesarias. Durante el transcurso de la Guerra Mundial, la defensa condujo a la búsqueda de nuevas formas de batalla y nuevas formas para la organización y armamento de la infantería. En cada fase de desarrollo, la defensa fue superior al ataque. Hasta un cierto grado, sólo la última fase de la Guerra Mundial cambió esta relación fundamental.

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Re: Evolución del Arte Operacional. Isserson

Mensajepor José Luis » Sab Feb 11, 2017 8:38 am

Pronto resultó evidente que la esencia de la defensa no estaba en la fuerza de la bayoneta ni en sus números, sino en la fuerza de la potencia de fuego. Ya a finales de 1914, los franceses hicieron frente a la cuestión de modificar los armamentos de infantería y alterar consecuentemente la organización de la infantería. Si la capacidad de mantener un área se basaba en la potencia de fuego, con la ametralladora demostrando clara superioridad al respecto, el fundamento material para la estructura de la infantería era el grupo de ametralladoras, no puros recursos humanos [tropas].

El año 1915 inauguró una gran reorganización de estructuras de tropas que pasó casi desapercibida bajo el contexto de los grandes acontecimientos de la guerra. Pero de hecho esta reorganización fue muy importante para el desarrollo del arte militar porque representó una revolución en las tácticas. En 1914, un regimiento de infantería constaba de 4.000 tropas en 16 compañías con 6-8 ametralladoras. Esta suma podía arrojar un índice de fuego de 45.000 cartuchos por minuto. Tras la reorganización durante los años de guerra, el mismo regimiento en 1918 llegó a numerar 1.500 tropas en 9 compañías con 24-32 ametralladoras pesadas. La posterior innovación tecnológica produjo ametralladoras ligeras mejoradas que se convirtieron en el fundamento del armamento de la infantería. Todos estos elementos permitieron un regimiento de artillería bajo la nueva tabla de organización para producir un índice de fuego de 80.000-100.000 cartuchos por minuto. Así, aunque el número de regimientos de una división se redujo de cuatro a tres, la potencia letal de la división aumentó realmente. Esta reorganización de estructura de tropas ha mantenido su importancia hasta la actualidad. Si buscáramos un paralelo histórico para poner de relieve la importancia de esta reorganización, entonces deberíamos compararla con la revolución industrial en Inglaterra, cuando el telar reemplazó al tejedor. Dentro de las estructuras de tropas, la ametralladora jugó el papel del telar.

No obstante, es necesario señalar un fenómeno vitalmente importante y peculiar. Tan pronto la infantería fue equipada con ametralladoras, las cuales podían crear una barrera en la forma de líneas de fuego continuas y zonas batidas, la proporción de pérdidas infligidas por el fuego de infantería y artillería cambió radicalmente. Durante los siguientes años de la Guerra Mundial, la artillería dio cuenta del 50-60 por ciento de pérdidas. Lo que sucedió fue que la bala detuvo a la formación de combate atacante y la echó a tierra. En esta situación, la artillería podía atacar con plena fuerza para destruir a la formación de combate atrincherada. Así, la artillería infligió enormes pérdidas porque la bala había inmovilizado a las formaciones de combate ofensivas.

Tras el rearme y reorganización de la infantería, las tácticas defensivas transitaron a nuevas formas. En 1915, las disposiciones ofensivas alemanas asumieron una forma tipo-cinturón que consistía de tres líneas con una profundidad de 4-6 kilómetros. De esta forma, el factor de profundidad táctica se manifestó inicialmente en la defensa. En 1916, apareció un segundo cinturón defensivo 10-12 kilómetros por detrás del primero. Al mismo tiempo, las tácticas defensivas asumieron la naturaleza de acciones absolutamente prescritas. Ya en 1915, las instrucciones decían que era necesario combatir en más que la primera línea, pues la esencia de la táctica defensiva no presupone el combate simplemente en líneas fortificadas separadas. Más bien, la fuerza de la defensa está en la profundidad, pues las fuerzas atacantes que penetraban la primera línea tenían que ser destruidas por contraataques desde las profundidades. Así, las opiniones sobre tácticas defensivas asumieron una forma identificable durante 1915-1916.

El mismo nuevo factor de potencia de fuego tal como se manifestó plenamente en 1915 llevaría a una revisión fundamental de los principios básicos de la ofensiva, así como las tácticas para la conducción de una batalla ofensiva. Al entrar en la guerra en 1914, la perspectiva para las tácticas ofensivas habían recibido poca consideración seria. En 1915, las tácticas ofensivas tuvieron que hacer frente a la fuerza incrementada de la potencia de fuego defensiva y la profundidad de resistencia. Aumentaron las contradicciones entre el potencial ofensivo y la fuerza defensiva. La ofensiva se enfrentaba ahora a retos todavía más difíciles que los que quedaron sin resolver durante el periodo de maniobra de 1914. Los retos aparecieron de forma tan inesperada que los franceses no pudieron pensar en nada mejor que regresar a sus antiguas regulaciones de la guerra de asedio. Tal fue la grave realidad de la historia.

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Re: Evolución del Arte Operacional. Isserson

Mensajepor José Luis » Sab Feb 11, 2017 8:43 am

Bajo estas circunstancias, los primeros intentos de una acción ofensiva durante 1915 fueron extremadamente inmaduros e inconscientes. Aun así, fue la forma correcta de proceder. Era evidente que las formaciones de combate ofensivas requerían un completo y denso refuerzo de artillería. Desde principios de 1915, los reducidos frentes de infantería recibieron masivos activos de artillería, y este factor demostró una sorprendente evolución hasta el final de la guerra. En la ofensiva en 1914, 37 divisiones de infantería con 393 baterías ocupaban un frente de 80 kilómetros. Al final de la guerra, el mismo frente ofensivo fue ocupado por 75 divisiones con 1.432 baterías. Además, el peso proporcional entre artillería ligera y pesada cambió radicalmente (en 1914 era 11:2, mientras que en 1918 fue 9:7). Ya en 1915, la norma de 70-75 cañones por kilómetro de frente ofensivo se había convertido prácticamente en oficial.

Sin embargo, la misma organización de la ofensiva se enfrentó a contradicciones irreconciliables. La esencia de estas contradicciones se redujo al hecho de que la profundidad de las defensas profundamente escalonadas excedía el alcance del fuego de artillería en apoyo de la ofensiva. Ya en 1915, la toma completa de un cinturón defensivo requería que la infantería atacante penetrara las defensas hasta una profundidad de 6-8 kilómetros (donde estaban situadas la artillería y las reservas). Esta profundidad aumentó pronto a 10-12 kilómetros. Mientras tanto, la artillería poseía las capacidades tácticas y tecnológicas de lanzar fuego dirigido hasta una profundidad de sólo 2-3 kilómetros dentro de las defensas. El resultado fue una discrepancia inevitable entre la misión de la infantería para capturar un cinturón defensivo y la capacidad de la artillería para suprimir objetivos defensivos.

Esta contradicción no se pudo resolver, pero no obstante la ofensiva requería una penetración de 6-8 kilómetros en las profundidades defensivas. Inicialmente, la decisión fue conducir el ataque de la infantería sin apoyo artillero, pues la artillería sólo iba a jugar un papel menor en la ruptura. Un resurgimiento de las opiniones populares ante de 1914 condenó a la infantería a un fracaso sangriento. Se dispuso un mínimo de 3-5 horas para la preparación artillera. Las tareas de la artillería se limitaron a la supresión de objetivos en la vanguardia de la defensa, dejando así intactas las profundidades. Tras penetrar el borde delantero del área de batalla, la infantería debía continuar la ofensiva solamente mediante acción de choque. Por tanto, la infantería fue empaquetada en densas formaciones a razón de un soldado por metro cuadrado. La densidad de esta formación de infantería sobrepasaba las profundas columnas de choque de Napoleón.

De acuerdo con este desarrollo, la formación de combate ofensiva asumió una nueva profundidad. La infantería había entrado en la Guerra Mundial sobre la base de tácticas ofensivas asociadas con el simple orden de denso fuego orientado. Ahora, se reconoció que el número de líneas defensivas determinaba el número de olas ofensivas. La defensa escalonada en profundidad estimuló el escalonamiento ofensivo. El despliegue ofensivo de una división asumió una disposición de tres escalones de regimiento tras regimiento. Las olas se sucedían entre sí a 20-30 intervalos de avance con las que estaban tras los agujeros ocupados que aparecían en la primera línea de ataque. En 1915, los primeros intentos de ruptura se asemejaron a una melé masiva. Los franceses condujeron su primera operación ofensiva en Champagne de esta forma, con resultados trágicos. La ofensiva sólo cubrió 4 kilómetros, punto en el cual las formaciones de combate francesas fueron aplastadas por contraataques alemanes desde las profundidades. Los alemanes restablecieron completamente su primera línea de defensas. Mientras tanto, los franceses perdieron el 45 por ciento de la infantería que tomó parte en la ofensiva.

Sólo las graves pérdidas y un mar de sangre obligaron a reconsiderar las cuestiones relacionadas con la organización y conducción de la ruptura táctica. El año 1915 pasará a la historia del arte de la guerra como un año de catástrofe total para la infantería. Aun así, la importancia histórica de 1915 está en los sucesos que causaron una completa revaluación táctica del papel de la infantería en una ofensiva contra un frente fortificado de intensiva potencia de fuego.

Posteriormente, las primeras instrucciones a los comandantes franceses al comenzar 1916 rezaban, “La infantería por sí misma no constituye una fuerza de ataque contra obstáculos. La infantería nunca se debe arriesgar en una ofensiva contra puntos fortificados sin una preparación artillera preliminar”. Así, los infructuosos sucesos de 1914 y los sangrientos fracasos de 1915 fueron necesarios antes de que se reconociera que la infantería no podía y no debía ser arrojada al ataque sin una preparación artillera preliminar.

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Re: Evolución del Arte Operacional. Isserson

Mensajepor José Luis » Sab Feb 11, 2017 8:47 am

En retrospectiva, es evidente que las batallas debieron combatirse no por densas masas humanas sino por masas de artillería y material. Esta conclusión necesitaba una completa revaloración de varios elementos de la ofensiva y una búsqueda de nuevos medios tecnológicos. Las capacidades industriales de los países imperialistas proporcionaban suficiente posibilidad para la última. Este periodo vio el informe del coronel inglés [Ernest] Swinton, que escribió sobre la necesidad de construir el tanque, una idea que apenas era nueva, ya que el motor de combustión interna estaba presente desde hacía algún tiempo. Sin embargo, los primeros modelos de tanque aparecieron en el teatro de guerra francés solamente en 1916, aunque no se introdujeron inmediatamente en combate. El mismo año vio a la aviación, que hasta entonces había sido empleada fundamentalmente como reconocimiento, convertirse en instrumentos de la aplicación directa del campo de batalla al atacar objetivos terrestres desde el aire. Finalmente, fue el momento en que hicieron su aparición las armas químicas. Fueron empleadas por primera vez por los alemanes ya en 1915.

Sin embargo, durante 1915, el despliegue generalizado de medios materiales para el combate encontró expresión mayormente en la artillería. Las actitudes hacia la artillería cambiaron radicalmente. De hecho, el arte de la artillería obtuvo un nivel más alto con la masificación de fuegos y la actual supresión y destrucción de objetivos defensivos. La consecuencia más esencial de este desarrollo fue que el combate adquirió un carácter material definitivo que se manifestó plenamente durante los siguientes años de la guerra.

Mientras tanto, cambios grandes y simultáneos fueron también característicos de la evolución defensiva. La defensa no quedó rezagada o mantenida a niveles de 1915. Por el contrario, la evolución de las formas tácticas defensivas estuvieron muy por delante de las del ataque. En 1916, el segundo cinturón defensivo se volvió un fenómeno común, de modo que la defensa vino a asemejarse a una zona fortificada de 15-20 kilómetros de profundidad. La defensa también asumió una fuerza cualitativa diferente con la aparición de emplazamientos cubiertos de hormigón que impusieron nuevos requerimientos a la artillería atacante.

Bajo estas circunstancias, la artillería asumió el papel destacado en la ofensiva. La batalla principal se convirtió en una expresión material de combate para la destrucción y aniquilación. Este desarrollo se manifestó ampliamente por vez primera durante los sucesos de Verdún.

Aunque la resolución tecnológica de problemas asociados con el ataque parecía estar en camino, la organización táctica para la captura de un cinturón defensivo aun se enfrentó al menos a una dificultad irresoluta. Su esencia está en la antigua discrepancia entre la anticipada profundidad de la acción de la infantería y el verdadero alcance de la artillería de campaña. La resolución de esta cuestión siguió simplemente el camino de menor resistencia. Puesto que el alcance máximo de la artillería era de 3-5 kilómetros, era incapaz de suprimir inmediatamente toda la profundidad defensiva. Y, como una ofensiva de infantería sin apoyo artillero se reconocía ahora como imposible, la profundidad atacante de la infantería quedaba ahora limitada al alcance de la artillería de apoyo. De esta forma, los límites de una ruptura vinieron a ser definidos como una penetración de 3-5 kilómetros de la línea defensiva. Posteriormente, se consideró necesario reorganizar el ataque mediante el reagrupamiento y desplazamiento de la artillería de vanguardia.

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Re: Evolución del Arte Operacional. Isserson

Mensajepor José Luis » Sab Feb 11, 2017 8:53 am

Como resultado, se podía contar con superar solamente la primera línea defensiva. En 1916, una vez que las defensas tenían 5-20 kilómetros de profundidad, se hizo del todo evidente que sólo una serie de acciones sucesivas y metódicamente calculadas podían penetrar un sistema defensivo cinturón tras cinturón. Desde 1916 la ofensiva asumió el carácter de una penosa y agotadora captura de cada cinturón defensivo separadamente y en progresión. De hecho, el ritmo del avance fue de 100-1.000 metros por día de combate.

En comparación con las tácticas de 1915, esta situación reflejaba un cierto grado de progreso mezclado con regreso. Esencialmente, no podía contarse con este método para efectuar la ruptura de un completo cinturón defensivo. Los acontecimientos de 1916 fueron una clara indicación de este hecho. Aunque la defensa estaba siendo destruida pieza a pieza gradual y metódicamente, las reservas tácticas defensivas profundas quedaban intactas, con toda la oportunidad para restablecer desde las profundidades cada pieza en su lugar en corto plazo. Así, la profundidad defensiva pudo mantenerse permanentemente, pues todo el cinturón defensivo sólo estaba retrocediendo, preservando su profundidad. No se rompió en ninguna parte, y cada pieza destrozada de la línea defensiva se restableció inmediatamente desde la profundidad. Esta realización fue de importancia capital para comprender las expectativas inherentes de una ofensiva metódica y distribuida. Estas expectativas quedaron plenamente demostradas por los sucesos de 1916. En la actualidad, esta realización inspira la idea de una profunda y simultánea neutralización de toda la profundidad táctica defensiva. En 1916, no había requisitos materiales para solventar el problema de esta forma.

En realidad, el conservadurismo en el pensamiento táctico también jugó un papel. La artillería ya había desplegado todo su poder. Demostró todo el inmenso poder supresor y destructivo que había escapado a las primeras estimaciones de guerra, pese al hecho de que la artillería pesada había estado a disposición del ejército alemán en particular. La batalla principal de Verdún, cuando los alemanes atacaron una posición bien fortificada, demostró el hecho de que la artillería podía neutralizar objetivos. Es interesante observar que en el mismo primer día de esa batalla (21 de febrero de 1916), los alemanes penetraron hasta una profundidad de 6-7 kilómetros, gracias a la fuerza destructiva de la artillería. Esta profundidad fue mayor que cualquier logro de ruptura de 1915. Los alemanes emplearon los efectos destructivos de la artillería a su máximo grado. En los siguientes días de la batalla de Verdún hubo un momento (24 de febrero) en que el camino a Verdún estuvo absolutamente abierto.

Pero luego se manifestó una nueva crisis en la organización del combate ofensivo. En 1916 estaba claro que una formación de combate ofensiva requería un escalonamiento táctico profundo, sin el cual la energía cinética del ataque disminuía rápidamente y luego desaparecía. En 1916 los alemanes formaron sus cuerpos de asalto en 2 líneas, mientras las divisiones se desplegaron en 3 líneas. Gobernaba una muy inusual densidad de infantería, con las divisiones desplegándose sobre un frente de un kilómetro. El escalonamiento táctico profundo perseguía el reemplazo cuantitativo de los escalones delanteros tan pronto como se acabase su fuerza ofensiva. En términos cualitativos, no había nada diferente en estos escalones, nada que pudiera fomentar la explotación del éxito logrado por los primeros escalones, nada que pudiera presionar el ataque más profundamente, al tiempo que simultáneamente se transfiriera el combate a la gran profundidad defensiva.

La crisis de los sucesos de Verdún está en la realización de que la línea de frente había sido rota y el camino a Verdún estaba abierto, pero en vano. Los escalones de vanguardia alemanes ya habían absorbido todos los escalones subsiguientes, y no quedaba tropa alguna en la formación de combate para avanzar por la brecha para desarrollarla en profundidad. La ruptura, conseguida con tal gran esfuerzo de fuerza de infantería y con tantos activos de artillería, no podía desarrollarse hasta una conclusión decisiva y victoriosa. Una vez que ocurrió esto, el éxito táctico en el frente ofensivo devino inútil de hecho, sin ninguna consecuencia real para los atacantes, ya que las reservas defensivas que se aproximaban cerraron rápidamente la brecha.

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Re: Evolución del Arte Operacional. Isserson

Mensajepor José Luis » Sab Feb 11, 2017 8:56 am

En 1916, este muy importante hecho pasó inadvertido entre la polvareda de los acontecimientos. El fracaso de las operaciones ofensivas de 1916 produjo la conclusión general de que las operaciones ofensivas decisivas eran absolutamente imposibles. La primera mitad de 1917 fue un periodo de total confusión táctica, durante el cual nada nuevo se añadió a las tácticas ofensivas. El pensamiento táctico siguió estando al mismo nivel. Es interesante observar que este periodo tuvo lugar justo cuando se estaban abriendo camino en las formaciones de combate nuevos medios materiales de destrucción. En 1917 ingleses y franceses recibieron tanques por primera vez, y la aviación de combate permanecía activamente comprometida en la batalla terrestre. Mientras tanto, reinaba un completo estancamiento en la resolución de los problemas tácticos ofensivos. Se legitimó finalmente la idea de que la batalla ofensiva para una ruptura consistía de una serie de sucesivos ataques distribuidos contra objetivos precisos señalados de antemano. La ofensiva metódica alcanzó el apogeo de su desarrollo en 1917. En verdad, las directivas francesas introdujeron algunos cambios muy importantes. Estas directivas prohibían establecer líneas de objetivos específicas para el asalto de la infantería a una profundidad fijada. En cambio, cada escalón táctico debía continuar su ataque en las profundidades tanto como le permitiera hacerlo su fuerza. Por supuesto, éste era un requerimiento muy vago que amenazaba cada escalón con el total agotamiento físico y moral. No obstante, en la práctica se halló que un batallón podía avanzar 1.000 metros en una brecha antes de que el complemento de tropas requiriera reemplazo. Esta situación condujo a un posterior desarrollo del escalonamiento ofensivo en profundidad. Un cuerpo de cuatro divisiones se desplegaba generalmente en dos líneas, con los regimientos de cada división atacando lado a lado. Cada regimiento estaba desplegado en tres escalones, con un batallón tras otro. Así, una formación de combate ofensiva constaba de 6 escalones de batallones.

Los tanques que primero aparecieron en 1917 tenían que ser empleados directamente con la infantería y ser tratados solamente como protección blindada para la infantería. La idea de que los tanques podían ser empleados para penetrar la profundidad ofensiva ni siquiera se planteó. Las primeras batallas de 1917 combatidas por esas formaciones de combate produjeron resultados incluso más pobres que los de las rupturas de 1916. En una ofensiva realizada en la región de Arras, los aliados consiguieron cubrir sólo 8 kilómetros en 6 días. Además, los alemanes destruyeron 57 de los 132 tanques que fueron comprometidos en la ofensiva. Otros sesenta y cuatro tanques fueron dañados, mientras que sólo 11 consiguieron regresar. El debut del tanque en la batalla de Arras fue una catástrofe total.

La segunda gran ofensiva aliada de 1917 salió un poco mejor. Toda la operación consiguió cubrir sólo 5 kilómetros. Así, las primeras batallas con tanques involucrados no brindaron soluciones a los problemas de ruptura. El combate tuvo lugar solamente en el borde delantero del frente de confrontación de la infantería. Los tanques se adhirieron a la misma línea. Las profundidades defensivas continuaron intactas. Mientras tanto, el año 1917 demostró de forma más definitiva cómo la defensa podía emplear reservas inmediatamente para restaurar su cinturón defensivo incluso cuando la defensa había comenzado una retirada. Este fue el método que la defensa empleó para retener su total profundidad.

Próximo capítulo: La Salida de la Crisis.
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Re: Evolución del Arte Operacional. Isserson

Mensajepor José Luis » Mar Feb 14, 2017 8:05 am

La Salida de la Crisis

La conclusión de 1917 vio grandes cambios en la lucha entre ataque y defensa, y estos cambios marcaron una nueva etapa para solucionar el problema de la ruptura. En noviembre de 1917 la batalla de Cambrai surgió inesperadamente como un rayo del cielo. Fue un suceso de importancia capital, aún cuando después de tres semanas los aliados sólo retenían 3-4 kilómetros de la profundidad defensiva rota. Pero esto no fue la esencia de la cuestión. La batalla de Cambrai desplegó nuevas vías en las que el tanque influenció en el carácter de la ofensiva.

Estos nuevos factores de la batalla de Cambrai incluían los siguientes puntos. Primero, participaron en ella menos fuerzas de infantería; sólo se desplegaron 17 divisiones en 2 líneas a través de un frente de 12 kilómetros. Inicialmente, las divisiones recibieron frentes de 2.400-2.500 metros, un contraste notable con la norma previa de 1.000 metros. Segundo, la batalla de Cambrai se inició sin ninguna preparación de artillería preliminar. El resultado fue un asalto de sorpresa casi sin igual, algo desconocido en la práctica ofensiva previa. Y tercero, las formaciones de combate ofensivas tenían un cuerpo de caballería desplegado en sus profundidades. La misión asignada a la caballería fue el desarrollo inmediato de una ruptura en las profundidades de las defensas alemanas. La profundidad del objetivo para el primer escalón de ataque fue establecida en 10-12 kilómetros. El 20 de noviembre, el mismo primer día de la ruptura en Cambrai, el primer escalón consiguió una penetración de 9 kilómetros en las profundidades defensivas alemanas. Los tanques que arrancaron de la infantería aparecieron inesperadamente en las áreas de retaguardia donde estaban localizados los cuarteles generales divisionales alemanes. El 21 de noviembre estaba abierto el camino a Cambrai, pero de nuevo no había nadie para entrar en la brecha. El cuerpo de caballería se lanzó desde la profundidad de la formación de combate para avanzar a través de la brecha, pero sin resultados. El paso de la caballería a través de la brecha no había sido organizado y asegurado apropiadamente, punto en el cual se paralizó en esencia el curso de los acontecimientos.

De esta forma, Cambrai arregló solamente una de las dos cuestiones más esenciales inherentes al combate ofensivo durante 1915-1916. Al separarse de las formaciones de combate de infantería, los tanques penetraron las profundidades casi de forma simultánea con el asalto al borde delantero de las defensas alemanas. Este hecho provocó el colapso del primer cinturón defensivo alemán. Pero las cosas no fueron más allá. La situación no se pudo explotar porque la conducción de la batalla no estuvo suficientemente organizada para asegurar el paso de la caballería a través de la brecha existente. Una brecha táctica en la línea de frente no pudo ser transformada en una ruptura.

Por tanto, el año 1917 no brindó ningún resultado operacional en el campo de la ofensiva. Pero la experiencia reveló algunos factores muy importantes que atestiguaron convincentemente el hecho de que podía caer una defensa, siempre que sus profundidades fuesen simultáneamente neutralizadas. Este hecho lo demostró la batalla de Cambrai, y en este hecho reside la enorme importancia histórica de la batalla. El papel fundamental para revelar las posibilidades de una ruptura perteneció al tanque. Pero los medios tecnológicos solos no pueden resolver un problema a menos que el arte de la táctica los capacite para ser aplicados de forma apropiada y habilidosa. Pero este arte sólo estaba surgiendo. Pese al hecho de que la experiencia de Cambrai había señalado un número de factores de importancia táctica capital, los beligerantes entraron en 1918, el año de combate decisivo para las agrupaciones imperialistas, sin haber extraído ninguna conclusión de la batalla. Mientras tanto, los ejércitos aliados fueron bien armados con material moderno. Poseían 2.100 tanques y 6.268 aviones de combate. Por contra, cuando la lucha estaba en plena marcha durante 1918, los alemanes sólo contaban con 1.700 aviones de combate y ningún tanque. Estas cifras indicaban que para los beligerantes las grandes batallas de 1918 se combatieron sobre bases materiales y tecnológicas absolutamente nuevas. En realidad, los factores políticos también fueron diferentes. Bajo estas circunstancias, ambos beligerantes procedieron de requisitos materiales absolutamente diferentes en la búsqueda para decidir la guerra ofensivamente.

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