Desarrollo de la doctrina blindada alemana, 1919-1939

El impacto de la Gran Guerra en el pensamiento militar. Cambios y evolución en las doctrinas militares. Regulaciones de campaña.

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Re: Desarrollo de la doctrina blindada alemana, 1919-1939

Mensajepor José Luis » Vie Oct 10, 2008 8:58 pm

¡Hola a todos!

He aquí unas cuantas fotografías de los primeros tanques utilizados por el Reichswehr, nombrados a lo largo del topic:

Tanques simulados sobre bicicletas 1925:
Imagen
Fuente: Werner Oswald, Kraftfahrzeuge und Panzer der Reichswehr, Wehrmacht und Bundeswehr (Stuttgart: Motorbuch Verlag, 1970), p. 156

Tanques simulados Hanomag 2/10 PS 1927:
Imagen
Fuente: Ibid., p. 157

Grosstraktor:
Imagen
Fuente: Thomas L. Jentz, Op. Cit., p. 8

Leichttraktor:
Imagen
Fuente: http://www.ioh.pl/forum/viewtopic.php?p=131644

Primer tractor ligero, serie no. VAE 393, comprado por Alemania a la Vickers-Carden-Loyd, pedido no. T.D. 1058 de fecha 10 de noviembre de 1931, que fue la base para el diseño de las orugas, ruedas y suspensión del primer Kleintraktor para Alemania:
Imagen
Fuente: Panzer Tracts No. 1-1, 2002, Panzerkampfwagen I. Kleintraktor to Ausf.B, p. 1-5

Kleintraktor, Serie-0:
Imagen
Fuente: Ibid., p. 1-13

La.S Serie-1:
Imagen
Fuente: Ibid., p. 1-30

M.G. Panzer:
Imagen
Fuente: Ibid., p. 1-65

Mañana continuamos con el tema.
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Re: Desarrollo de la doctrina blindada alemana, 1919-1939

Mensajepor José Luis » Sab Oct 11, 2008 7:32 am

¡Hola a todos!

En Achtung Panzer!, publicado en 1937 y prologado por el general Lutz, Guderian, a grandes rasgos, analiza cómo se llegó a la guerra posicional en la Gran Guerra, cómo se combatió con armamento inadecuado, cómo nació el tanque, sus primeros desarrollos y producción masiva, las operaciones blindadas más importantes de la guerra, la guerra aérea, química y submarina, el Tratado de Versalles, el desarrollo tecnológico de posguerra en el extranjero, las fuerzas mecanizadas alemanas, y las diferentes estrategias de la guerra en el momento actual.

Ya en su introducción, Guderian se posiciona sobre el debate de la década anterior entre los defensores de la “moral” y los defensores del “material”. Reconoce el alto valor de la moral, pero subraya la importancia del material:

Dejando a un lado otros errores por parte del liderazgo político y militar, debemos reconocer que en 1914 la potencia ofensiva de nuestro ejército no fue suficiente para conseguir una paz rápìda. Esto significa que nuestro armamento, equipo y organización no nos permitió presentar un material equivalente a la superioridad numérica del enemigo. Creíamos que poseíamos una superioridad moral inherente, y en realidad probablemente teníamos razón. Pero esta superioridad no fue suficiente para prevalecer. La condición intelectual y moral de una nación puede demostrarse ciertamente de decisiva importancia por sí misma, pero también debe darse toda la debida atención a las consideraciones materiales. (142).

También arremete contra las “autoridades” que consideraban las nuevas armas aparecidas al final de la guerra como auxiliares de las viejas. “Es un concepto estrecho y negativo. Esos hombres, fundamentalmente, son incapaces de liberarse de los recuerdos de la guerra posicional, que persisten en ver como la forma de combate del futuro…” (143).

Guderian concluye su introducción apuntando el propósito que le señaló Lutz cuando le pididó que escribiera el libro. Dice: “Mi propósito en este libro es inspirar a los veteranos y jóvenes oficiales a reflexionar sobre estos asuntos, a considerarlos más profundamente, y luego proceder decididamente. También espero que la obra transmita a nuestra sana juventud una imagen de nuestras fuerzas panzer, y le enseñe cómo manejar los logros técnicos del momento actual, y ponerlos al servicio de la patria” (144).

Sin embargo, no fue la popularización de las fuerzas panzer el principal objetivo de Guderian en su libro, pese a haberlo conseguido, sino intentar convencer al ejército alemán de la conveniencia de concentrar todos los tanques en grandes formaciones panzer en vez de dispersarlos para reforzar a la infantería. Repetía los argumentos ya conocidos expresados anteriormente por los defensores radicales del tanque: las misiones del blindaje eran los envolvimientos operacionales y los movimientos de giro en terreno abierto; atar los tanques al ritmo de la infantería de a pie o de la artillería a caballo anulaba su mayor ventaja, la velocidad. Asignar los tanques a las divisiones de infantería, supondría obligarlos a combatir en terreno inadecuado, impidiendo su concentración en el punto decisivo, perdiéndose igualmente el efecto de la sorpresa y, con ello, el éxito decisivo en la batalla (145).

A la hora de considerar cómo sería el combate de las unidades motorizadas y mecanizadas en la guerra futura, Guderian repetía lo escrito en la doctrina oficial, es decir, las unidades blindadas lucharían en la forma de armas combinadas. Creía que la próxima guerra comenzaría como una guerra de posiciones donde los tanques serían el elemento principal para recuperar la movilidad. A continuación, los tanques en cooperación con la infantería motorizada, artillería, aviación, paracaidistas y unidades blindadas romperían las posiciones fortificadas dando paso a la explotación del éxito. Quizás la mayor innovación de Guderian con respecto a las obras anteriores al Achtung Panzer! fue su énfasis sobre la radiocomunicación y una mayor potencia de fuego de los tanques. Su idea sobre el despliegue del blindaje en el ataque no era nueva: en escalones y con diferentes misiones. El primer escalón debía penetrar la retaguardia enemiga para clavar sus reservas y destruir sus centros de comunicaciones, cuarteles generales y armas antitanque; el segundo escalón tenía que destruir la artillería y las defensas antitanque, mientras el tercero debía escoltar a la infantería contra la infantería enemiga. De todas formas, Guderian advirtió que los tanques no podrían conseguir el éxito sin el apoyo cercano del resto de armas, y era imprescindible, vital para el éxito contar con una gran número de unidades de infantería regular (146).

Sin embargo, Guderian no pudo añadir ninguna contribución a la resolución del problema de la correcta coordinación de tanques e infantería. Como otros colegas, pensaba que la motorización de la infantería era la mejor solución, pero era una solución a largo plazo. Esta falta de respuesta de Guderian al problema de la cooperación entre infantería y blindaje fue aprovechada por los críticos de la idea de la división panzer (147). Ya Lutz, en su informe anual, subrayó los problemas que habían tenido las tropas alemanas para poner en práctica la coordinación de la infantería-blindaje según los principios aceptados por el ejército. La infantería motorizada no había sido capaz de explotar adecuadamente, en los ejercicios, el efecto del ataque del blindaje, mientras que el avance de la infantería de a pie, a reflujo de los tanques, se hizo desordenadamente, en vez de avanzar en fases, explotando el fuego de los tanques, una vez que éstos ya hubiesen roto las líneas enemigas (148).

En realidad, jamás hubo una solución válida al problema de la coordinación de la infantería y el blindaje antes de la guerra, y el problema continuó durante la misma. Pero de momento veremos la solución de compromiso que se adoptó. En otra ocasión.

Notas:

(142) Heinz Guderian, Panzer Achtung! The Development of Tank Warfare (London: Cassell Military Paperbacks, 1999), p. 23.

(143) Ibid., p. 24.

(144) Ibid., p. 25.

(145) Ibid. Véase el capítulo “The German Mechanized Forces”, pp. 160-173.

(146) Ibid. Véase el capítulo “The Tactics of the Panzer Forces and their Cooperation with the Other Arms”, pp. 178-183 y 188-199.

(147) Ni siquiera cuando Eimannsberger, Guderian y otros firmes creyentes del blindaje propusieron los vehículos de personal para facilitar a la infantería el ritmo de avance de los tanques, los críticos, como el Generalmajor a.D. Dihle, dieron su brazo a torcer. Dudaban que la infantería fuese capaz de seguir tras los tanques, pues esos coches todo-terreno carecían de protección y eran extremadamente vulnerables al fuego enemigo. Y los transportes blindados, por su parte, eran grandes objetivos para la artillería enemiga. Además, argumentaban, sólo se podía conseguir la victoria ocupando todo el campo de batalla, y esto sólo lo podía hacer la infantería, por lo que los tanques debían apoyarla y combatir en su terreno. Habeck, p. 253.

(148) Besichtigungsbemerkungen des Kommandierenden Generals des Kommandos der Panzertruppen im Jahre 1937 (Berlin: Kommando der Panzertruppen, 15.11.1937), BA-MA, RHD 26/5, pp. 3-5, 8-9; citado en Habeck, Op. Cit., p. 253.

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Re: Desarrollo de la doctrina blindada alemana, 1919-1939

Mensajepor gableleig » Sab Oct 11, 2008 2:34 pm

José Luis escribió: El problema más difícil, en su opinión, era mantener a los tanques en una conexión tácticamente correcta con las unidades de fusiles en la profundidad de las defensas del enemigo...



Enhorabuena por el post, estoy disfrutando (y aprendiendo) sobre un tema para mi desconocido como es la doctrina militar. Just a question: cuando has hablado sobre las "unidades de fusiles", ¿debo entender una metonimia (fusil=infantería)? o ¿las unidades de fusiles eran una unidad concreta de la Wehrmacht que iba en vanguardia? Creo recordar que en las memorias de Guderian, éste nombraba unidades de fusileros formando parte de las divisiones, en vanguardia, pero es una idea que se encierra nebulosamente en mi cabeza, de ahí mi ignorancia actual y la pregunta. Gracias, felicidades por el trabajo que te estás "pegando" con el hilo, y un saludo.
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Re: Desarrollo de la doctrina blindada alemana, 1919-1939

Mensajepor José Luis » Sab Oct 11, 2008 2:54 pm

Estimado Gableleig,

Las "unidades de fusiles" de la cita hacen referencia a los elementos integrados por fusileros (Schützen) de infantería. Una unidad de fusiles, pues, formaba parte de una formación de infantería.

Gracias y saludos
JL
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Re: Desarrollo de la doctrina blindada alemana, 1919-1939

Mensajepor gableleig » Sab Oct 11, 2008 8:27 pm

Muchas gracias, José Luis. Mi recuerdo nebuloso tenía algo de luz :-D
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Re: Desarrollo de la doctrina blindada alemana, 1919-1939

Mensajepor José Luis » Dom Oct 12, 2008 11:45 am

¡Hola a todos!

La solución provisional adoptada finalmente (siguiendo en parte las recomendaciones de Beck y Lutz, fundamentalmente) fue que la coordinación de la infantería y el blindaje iba a ser diferente según fuese la misión del combate. Las divisones panzer, organizadas como cuerpo, combinarían batallones panzer con otras fuerzas motorizadas para combatir solamente ciertos tipos de misiones operacionales independientes. Las otras unidades panzer, en misiones tácticas, coordinarían sus operaciones con una división de infantería. Sin embargo, en el memorando donde se recogían estas disposiciones (149) se argumentaba, a diferencia de Beck, que esas unidades panzer tácticas debían depender organizacionalmente de las divisiones de infantería y no de los cuerpos, donde aunque pudiesen ser concentradas en un ataque masivo unificado durante una batalla de ruptura, su armamento y blindaje eran insuficientes, circunstancia que reconocía el alto mando. La alternativa era, según el memorando, subordinar un batallón panzer a cada división de infantería. El ejército necesitaba tanques de infantería adicionales para una cooperación incluso más estrecha con los infantes de a pie, actuando esos tanques como artillería de infantería localizada en las líneas de infantería más avanzadas, o justo detrás de ellas; o bien operando como batallones de asalto panzer, avanzando por delante de la infantería para abrirle el camino. Los tanques de infantería no atacarían en masa, como los batallones panzer, sino en unidades muy pequeñas combinadas con grupos de infantería igualmente pequeños. Y, por supuesto, esos tanques de infantería pertenecerían a la infantería.

Insuficiente armamento y blindaje era un hecho incuestionable en el otoño de 1937, como muestra el siguiente inventario de panzers a fecha 1 de octubre de 1937: 1.468 Pz.Kpfw. I, 238 Pz.Kpfw. II, 12 Pz.Kpfw. III, 0 Pz.Kpfw. IV, y 163 kl.Pz.Bef.Wg. ("kl" es la abreviatura de Klein, pequeño, es decir, un vehículo de mando blindado pequeño) El informe de la misma fecha sobre los requerimientos básicos para equipar a un ejército movilizado, incluyendo el ejército de reserva, y de esta forma obtener la fuerza autorizada en las Kriegsstärkenachweisungen y Kriegsausrustungsnachweisungen, incluía 1.835 Pz.Kpfw. I, 1.045 Pz.Kpfw. II, 70 Pz.Kpfw. III, 61 Pz.Kpfw. IV, 210 kl.Pz.Bef.Wg., y 45 gr.Pz.Bef.Wg. ("gr" es la abreviatura de Gross, grande) (150).

De esta forma, en octubre de 1937 las unidades panzer bajo mando del ejército (Heerestruppen), asignadas a un cuerpo de ejército estaban así repartidas: la 4ª Brigada Panzer, con sus regimientos panzer 7º y 8º, en el V Cuerpo de Ejército; el 11º Regimiento Panzer en el VI Cuerpo de Ejército; el I Batallón Panzer del 10º Regimiento Panzer con el I Cuerpo de Ejército; el 15º Regimiento Panzer con el VIII Cuerpo de Ejército; y el I Batallón del 25º Regimiento Panzer con el XIII Cuerpo de Ejército (151).

En septiembre de 1937 tuvieron lugar las maniobras de Mecklenburg, el mayor ejercicio del ejército alemán desde final de la guerra. El resultado final, como comentó Guderian (152), fue satisfactorio, si bien sólo se empleó el Paz.Kpfw. I. Pese a ello, la superioridad de la división panzer fue evidente para la gran mayoría del cuerpo de oficiales alemán.

A la manera típica, las maniobras representaban a la fuerza “Azul” enfrentada a una fuerza “Roja” en un teatro de guerra imaginario. Los “Azules”, en el este, mantenían una cabeza de puente sobre la curva del río Peene, cerca del lago Malchin. Los “Rojos”, en el oeste, debían atacar esa cabeza de puente, contando para ello con la 3. Panzer Division. Tras recorrer los 100 kilómetros que distaban desde su lugar de reserva de ejército hasta sus posiciones de asalto durante el 19 de septiembre, al día siguiente lanzó su ataque. Envió a su brigada de infantería motorizada para ayudar a la 30. Infanterie Division (mot) a ejecutar un asalto frontal contra la cabeza de puente, mientras que flanqueaba con su brigada panzer el ala extrema izquierda de los “Azules” en el sur, rompiendo, con la yuda de la aviación, la posición allí mantenida por los “Azules”. Sin pausa, continuó hacia Stavenhagen, en la profundidad de las posicones defensivas azules, cortando, al alcanzar esa localidad, la principal ruta de suministros de Malchin, y envolviendo toda la cabeza de puente "azul", fuerza que vio sus refuerzos retardados en llegar por la acción aérea de los “Rojos”. De esta forma, en el cuarto día de lo que se suponía una maniobra de siete días de duración, los “Rojos” habían destruido completamente la posición “Azul”. Ludwig Beck, en una decisión sin precedentes desde los días del Káiser, emprendió una acalorada discusión con los árbitros de las maniobras, acusándolos de subestimar el efecto del fuego antitanque defensivo, y retiró a la división panzer de las maniobras (153).

En las altas esferas, 1937 terminaba con la celebración en noviembre de una reunión secreta en la Cancillería del Reich entre Hitler y sus máximos dirigentes militares. El encuentro tenía por objeto, en un principio, tratar sobre importantes asuntos de armamento, pero Hitler, para asombro de los asistentes (Blomberg, Göring, Fritsch, Raeder, Neurath, y el ayudante de Hitler para la Wehrmacht, Friedrich Hossbach), habló principalmente de sus planes de guerra para el futuro inmediato. La soterrada renuencia mostrada por Blomberg, Fritsch y Neurath a la guerra de agresión que expuso el Führer en esa reunión, fue el desencadenante de las purgas que iba a realizar en febrero del año siguiente entre la cúpula dirigente del alto mando.

Notas:

(149) “Erfahrungen”, BA-MA, RH 12-6/V, 2, pp. 105-11r-v; citado en Habeck, p. 254.

(150) Thomas L. Jentz, Panzertruppen….., pp. 48 y 50. Las Kriegsstärkenachweisungen (abreviatura: K.St.N.) establecían la organización, personal, armas y vehículos autorizados para cada unidad. Las Kriegsausrustungsnachweisungen (abreviatura: K.A.N.) contenían listas detallas de todo el equipo que estaba autorizado a poseer una unidad.

(151) Ibid., p. 52.

(152) Guderian, Recuerdos de un Soldado, p. 47. Subraya la asistencia de Hitler, Mussolini, Badoglio y el mariscal británico Sir Cyrill Deverell. Se lamenta de que el alto mando no tomara en cuenta inmediatamente sus propuestas de mejoramiento.

(153) Robert Citino, Quest for Decisive Victory….., pp. 207-208. Citino define esta “batalla de Malchin” como la primera operación blindada exitosa de la historia. Para mayor detalle de estas maniobras, véase también Citino, Path to Blitzkrieg…., pp. 236-242.

Seguiremos.
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Re: Desarrollo de la doctrina blindada alemana, 1919-1939

Mensajepor José Luis » Mar Oct 14, 2008 10:48 am

¡Hola a todos!

A finales de enero de 1938 Hitler se deshizo del Oberbefehlshaber der Wehrmacht y Kriegsminister, Generalfeldmarschall Werner von Blomberg, y del Oberbefehlshaber des Heeres, Generaloberst Werner Freiherr von Fritsch, en lo que se llamó Bomberg-Fritsch Krise o Blomberg-Fritsch Affäre (154). La disculpa oficial para esas destituciones fue “enfermedad”, aunque incluso el observador menos atento debió pensar que ese mal era una auténtica epidemia dentro del ejército cuando poco después, desde el 4 de febrero y hasta abril, Hitler sustituyó a más de cuarente oficiales superiores del alto mando, entre los cuales había catorce (dieciséis según otras fuentes) generales que fueron sumariamente retirados del servicio activo (155). El verdadero motivo de Hitler era eliminar a los altos mandos militares y políticos que tenían criterios propios y se resistían a la política exterior agresiva del Führer.

Además de la eliminación de Blomberg y Fritsch, desapareció de hecho el Kriegsministerium, creándose en su lugar el Alto Mando de la Wehrmacht (Oberkommando der Wehrmacht, OKW), que sirvió en la práctica como el estado mayor ejecutivo de Hitler (quien se autoproclamó directamente Oberbefehlshaber der Wehrmacht) bajo el mando del general Keitel. A Fritsch lo reemplazó el general (ascendido a Generaloberst) Walther von Brauchitsch, y el Generaloberst Göring fue nombrado Generalfeldmarschall. Oswald Lutz estaba entre los generales retirados del servicio activo. En una meteórica carrera de ascensos sin precedentes en tiempos de paz, el Generalmajor (desde el 1 de agosto de 1936) Heinz Guderian fue promocionado a Generalleutnant el 10 de febrero de 1938 y a General der Panzertruppen nueve meses después, el 23 de noviembre. En febrero también fue nombrado Kommandierender General des Kommandos der Panzertruppen y dos meses después, Kommandierender General des XVI. Armeekorps (mot.), culminando estas dádivas de Hitler en noviembre de ese mismo año como Chef der Schnellen Truppen (156). Hitler tenía lo que quería al mando de sus fuerzas blindadas: un general nazi, radical, impulsivo y de mentalidad militar ultraofensiva, todo lo contrario de lo que representaba Lutz.

En marzo de 1938 Hitler llevó a cabo la anexión de Austria al Tercer Reich y Guderian experimentó los primeros contratiempos prácticos con el despliegue de una división panzer. La primavera y el verano oscilaron en tensión al vaivén de la crisis checa originada por la amenaza de Hitler de invadir militarmente Checoslovaquia si no se atendían sus reclamaciones sobre los Sudetes. Ludwig Beck dimitió como Chef des Generalstabs des Heeres en agosto, sustituyéndole el general Franz Halder. La dimisión de Beck, una desgracia incalculable para el ejército alemán y para Alemania, significó la pérdida de un gran teórico, defensor e innovador de las fuerzas panzer. En otras palabras, la desaparición de Beck supuso la victoria fatal del pensamiento operacional sobre la visión estratégica.

Analizaremos el tema del blindaje en 1938 en una próxima intervención.

Notas:

(154) Ambos temas están expuestos en viewtopic.php?f=59&t=3311 y el juicio de Fritsch en viewtopic.php?f=59&t=3580

(155) Peter Hoffmann, The History of the German Resistance, 1933-1945 (Cambridge, Massachusetts: The MIT Press, 1977), p. 40, menciona “unos catorce generales”. Ian Kershaw, Hitler, Vol. 2, (Barcelona: Ediciones Península, 2000), p. 77, también cita catorce generales. Tanto Hoffmann como Kershaw citan a Max Domarus como fuente para la cifra de dieciséis generales y más de setenta altos cargos militares y políticos cambiados. Max Domarus, Hitler: Reden und Proklamationen 1932-1945 (dos volúmenes). Neustadt on Aisch, 1962/63. Véase, también citada por Kershaw, Karl-Heinz Janssen y Fritz Tobias, Der Sturz der Generäle: Hitler und die Blomberg-Fritsch Krise 1938. Munich, 1994.

(156) Las promociones y comisiones de Guderian, en sus denominaciones oficiales, en Johannes Hürter, Hitlers Heerführer (München: Oldenbourg Wissenschaftsverlag , 2007), p. 629.

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Re: Desarrollo de la doctrina blindada alemana, 1919-1939

Mensajepor José Luis » Lun Oct 20, 2008 2:11 pm

¡Hola a todos!

El despliegue y marcha de la 2. Panzer Division (y el regimiento Leibstandarte SS) en la anexión de Austria pusieron de manifiesto algunos de los problemas logísticos que ya habían surgido en las maniobras de 1937. Aunque la invasión militar alemana fue una mascarada y la mayoría de los problemas que acompañaron el avance de la 2. PD estaban derivadod de la repentina decisión de Hitler del Anschluss, que cogió totalmente por sorpresa a sus militares, y a pesar de las explicaciones de Guderian en sus memorias, lo cierto fue que la invasión no tenía oponente (todo lo contrario) y el complicado entramado logístico del blindaje, especialmente el abastecimiento de combustible a los tanques durante la marcha, obedeció realmente a razones más graves que las señaladas por Guderian (157).

Para el alto mando. la anexión de Austria demostró que el ejército, en su conjunto, no estaba preparado para el combate, y la movilización había sido lenta e ineficiente. La fuerza panzer fue criticada por la excesiva cantidad de averías de los tanques, preguntándose, si esto había sucedido contra un páis desarmado, qué podría ocurrir contra un ejército bien equipado y entrenado. Por otra parte, el curso de las operaciones militares en la guerra en España estaba demostrando a los críticos del blindaje que los tanques, incluso en cantidades relativamente numerosas, no estaban siendo el arma decisiva que habían vaticinado sus defensores. En realidad, de la guerra de España, cada bando, críticos y defensores del tanque, estaba extrayendo las lecciones que les interesaba, según apoyasen o sirviesen para justificar sus argumentos. Especial significancia tuvo la arremetida de los críticos al subrayar la manifiesta superioridad, en su opinión, del armamento antitanque sobre los tanques. Para algunos, como Welsch, los tanques se habían demostrado menos decisivos de lo que habían prometido sus antecesores en Cambrai y otras batallas de la Gran Guerra, mientras que las armas antitanque estaban por delante de los tanques en desarrollo (158). Por su parte, los defensores de los tanques repetían los mismos argumentos de los años anteriores, es decir, que el terreno montañoso de España, el hecho de ser una guerra civil, y el uso al detail de los tanques, todo ello concedía al conflicto un carácter especial que favorecía al armamento antitanque. Además, en contra de la doctrina, los españoles no habían apoyado el ataque de sus tanques con artillería e infantería (159).

Los oficiales de la Wehrmacht intentaron buscar soluciones, con la guerra de España como referencia, al eterno problema de la coordinación del blindaje y la infantería. El mayor Doege, tras examinar el problema, afirmaba que la infantería -debido a razones de superioridad racial, nacional, moral y espiritual (retomando el debate moral vs material)- continuaba siendo la principal fuerza de una ofensiva, aunque debía contar con algún tipo de apoyo que fuera móvil, fuertemente armado y blindado, para mantener el flujo de sus avances. Este apoyo debía ser el tanque, el arma más fuerte de la infantería, manteniendo el contacto más estrecho posible, al tiempo que debía atacar las posiciones enemigas individuales en avances limitados y ejecutados en fases (160).

Al artículo de Doege contestó dos meses más tarde el mayor Spannenkrebs, para quien Doege, al presentar un argumento que apoyaba básicamente las tácticas de tanques de los republicanos españoles, estaba haciendo de la necesidad virtud. Spannenkrebs argumentaba que sólo concentrando el blindaje para conseguir una superioridad sobre el enemigo, sólo así podía el ejército usar los tanques de forma más eficaz, subrayando que los tanques eran la mejor defensa contra otros tanques (161).

La doctrina oficial de la Wehrmacht adoptó una postura de compromiso entre las dos tesis defendidas por Doege y Spannenkrebs, tal como recogió el general Beck en un breve manual escrito para establecer un concepto unificado con respecto al uso de las unidades panzer cuando tenían que cooperar con otros cuerpos del ejército (162). Beck mantenía que tanto británicos como franceses defendían las mismas opiniones del ejército alemán, que los ejércitos usarían los tanques tanto en unidades mezcladas con elementos de blindaje, fusilería y artillería para un despliegue táctico y operacional independiente, como en unidades puramente blindadas para operar en combate de armas combinadas. Una vez establecido que todas las naciones adelantadas concordaban con su opinión, Beck continuaba argumentando que aunque las grandes ofensivas no podían triunfar sin el blindaje, los tanques, por sí mismos, no podían decidir un combate, puesto que las batallas sólo se ganaban cuando la infantería salía victoriosa. Los ataques de tanques tendrían que lidiar primeramente con las armas antitanque y luego posibilitar el rápido avance de la infantería eliminando ametralladoras y artillería del enemigo. Dos grandes errores consistían en considerar el objetivo la destrucción de la artillería enemiga sin eliminar sus armas antitanque, y subordinar los tanques al ritmo de la infantería. La infantería necesitaba ayuda directa para avanzar, pero ésta podía proporcionarse mediante unidades de tanques “débiles” especiales que podían permanecer con los soldados de a pie.

Las tácticas blindadas de Beck no eran novedosas: terreno favorable exento de minas, sorpresa, y uso de tanques en la mayor cantidad posible sólo para la batalla decisiva. Ataque en tres escalones: el primero dirigido contra las armas antitanque y artillería, el segundo contra las armas de infantería, y el tercero, subordinado a la infantería, contra cualquier nudo de resistencia pendiente. Ataques rápidos y profundos, protegidos por artillería e infantería. Infantería combatiendo a su manera, explotando el efecto de los tanques, pero de otra forma sin verse afectada por su presencia. El manual concluía estableciendo dos métodos de combate básicos: penetración táctica con la infantería, contra un enemigo que no estaba bien atrincherado sobre un terreno sin minar; y el ataque subsiguiente, un ataque que debía enlazar con la infantería después de que ésta hubiera eliminado los obstáculos antitanque (163). Era una doctrina que no contentaba ni a tirios ni a troyanos, es decir, ni satisfacía a quienes consideraban el blindaje un arma independiente, ni tampoco a quienes abogaban por subordinarlo a la infantería.

Tampoco había unanimidad a la hora de anticipar la forma exacta que tendría la próxima guerra. Guderian ya había adelantado que en la guerra futura el ejército estaría en disposición, desde el estallido de la misma, de conseguir la sorpresa operacional; pero había un serio temor a que, a pesar del empleo de tropas motorizadas y blindadas, las operaciones pudieran empantanarse, provocando la guerra posicional de la Gran Guerra. El manual para el empleo de las divisiones panzer de junio de 1938, Richtlinien für die Führung der Panzerdivision vom 1.6.38 (164), consideraba esta última posibilidad como el escenario más probable de la guerra futura, si bien el alto mando no dejó de planificar la contingencia de una guerra de movimiento, que era la establecida en su doctrina.

En agosto de 1938, Beck dimitía, en secreto, como jefe del EMG alemán por la política exterior de Hitler, en especial sus demandas sobre los Sudetes y su amenaza cierta de invadir Checoslovaquia. No es que Beck no compartiese el objetivo de Hitler, pero rechazaba la oportunidad del momento y las formas. En su opinión, Alemania no estaba preparada para hacer frente a un conflicto generalizado, y la política exterior de Hitler conducía claramente hacia ese peligro.

En el terreno extricto del blindaje, las consideraciones y opiniones de Beck estuvieron siempre subordinadas a su concepción estratégica general. Como jefe del EMG alemán tenía que considerar las necesidades generales del ejército, teniendo en cuenta las limitaciones impuestas por la debilidad de los recursos financieros del ejército, la escasez de materias primas primordiales para la producción de armamentos, los problemas de diseño, desarrollo y producción en la industria del armamento, y el breve espacio de tiempo con que Hitler quería llevar a cabo su ambiciosa expansión de la Wehrmacht. Sabedor de que Alemania no podía permitirse el contar con una gran fuerza blindada, defendía la creación de una fuerza blindada pequeña pero poderosa, que tenía su mayor expresión en las divisiones panzer. Al mismo tiempo deseaba reforzar a la infantería con la asignación de unidades motorizadas y mecanizadas, pues tenía la firme convicción de que la fuerza blindada, por sí sola, jamás podría brindar la decisión y traer la victoria. Para resumir, Beck quería emplear el blindaje en una doble faceta: para misiones operacionales, donde las divisiones panzer combatirían de forma independiente, aunque en combinación con las demás armas, en busca de objetivos estratégicos; y en misiones tácticas, donde sus elementos combatirían en estrecha coordinación con la infantería.

Beck, en contra de lo dicho por Guderian y muchos historiadores que repitieron, sin postura crítica alguna, sus comentarios, no fue en absoluto un obstáculo para la creación de las divisiones panzer ni una muralla para establecer la doctrina blindada correcta. De lo primero, la prueba más evidente es que cuando dimitió dejaba al ejército alemán con seis divisiones panzer, cuatro divisiones de infantería motorizadas y cuatro divisiones ligeras (resultado estas últimas de la motorización de la caballería y sobre las que se construirían más divisiones panzer tras su disolución después de la campaña polaca). Igualmente, Beck dedicó los escasos recursos del ejército a la experimentación con tanques y a su desarrollo. Habría conseguido una fuerza pequeña, pero selecta y completamente motorizada, si no se viese frustrado por por el ritmo suicida que Hitler impuso a su expansión militar y por la incapacidad de la industria alemana para producir la cantidad de vehículos y combustible que se necesitaban en tan corto tiempo. De lo segundo dan cuenta todos los manuales que se confeccionaron bajo su liderazgo, y en especial el manual de entrenamiento básico para las unidades de tanques de 1937 (165), y el manual de las divisiones panzer de 1938, que sólo sería actualizado en 1940, para incorporar las lecciones ganadas en las campañas de Polonia y Francia (166).

En mi opinión personal, Beck fue el contrapunto perfecto a la obsesión operacional que prevalecía, en general, entre la mayoría de los altos oficiales de la Wehrmacht, y, con respecto al blindaje, también sirvió de contención, en el tiempo que ejerció su mando, a los intentos de jóvenes oficiales que, como Guderian, lo basaban todo en el concepto operacional del empleo del blindaje para buscar la decisión y ganar la guerra. Frente a esas tendencias, Beck intentó hacer prevalecer las consideraciones estratégicas, y en este sentido contó, al principio, con el apoyo y comprensión del alto mando, quien, sin embargo, tras el asombroso éxito posterior de la campaña de Francia, se entregó por completo al concepto operacional de la guerra de movimiento, lo que se conoció como Blitzkrieg, dejando en segundo plano las consideraciones estratégicas.

Michel Geyer sintetizó con gran lucidez, a mi juicio, lo que supuso verdaderamente la desaparición de Beck:

Beck ya estaba aislado en el ejército. Fue marginado por una joven generación de oficiales, que no sólo eran más temerarios, sino que mostraban un estilo operacional profundamente diferente. Beck los criticó repetidamente durante los ejercicios por maximizar “simplemente” el uso de armas. Se quejaba de que nunca habían aprendido a evaluar las operaciones dentro del contexto de una estrategia coherente y que seguían desenfadadamente las órdenes de sus superiores en vez de cuestionar si esas órdenes eran en absoluto viables dada la situación estratégica, el estado del ejército, y la preparación y disponibilidad de las armas. Eran tecnócratas más que estrategas. Pero fueron esos oficiales quienes se convertían ahora en los proponentes de la blitzkrieg, que no era ni el producto de la tecnología militar ni de la doctrina alemana de la ofensiva móvil, sino la dirección operacional que devoraba la estrategia profesional, en resumen, una manifestación de la bancarrota estratégica de la estrategia profesional (167).

Notas:

(157) Véase Guderian, Recuerdos de un soldado, pp. 52-61.

(158) Major a.d. Otto Welsch, “Gedanken über den spanischen Krieg”, Wissen und Wehr, no. 5 (Mayo 1938): 338, 345-46, citado en Habeck, p. 270.

(159) Major Sieberg, “Beantwortet der Krieg in Spanien die Frage, ob der moderne Panzerkampfwagen oder das moderne Abwehrgeschütz überlegen ist?”, Militär-Wochenblatt, no. 33 (1938): 2095-97, citado en Habeck, p. 270.

(160) Major Doege, “Infanterie und Panzer: Ein Beitrag über Formen des Zusammenwirkens im Angriff”, Militär-Wochenblatt, no. 44 (1938): 2813-14, citado en Habeck, p. 271.

(161) Major Spannenkrebs, “Infanterie und Panzer”, Militär-Wochenblatt, no. 7 (1938): 402-4, citado en Habeck, p. 271.

(162) “Vortrag des O.K.H. über die taktische Verwendung von Panzer-Verbanden”, 4.2.1938, BA-MA, RH 37/2378, p. 260, citado en Habeck, p. 271.

(163) Mando General VII Cuerpo de Ejército (Wehrkreiskommando VII), Ia-Nr. 59/38 g., “Verwendung von Panzereinheiten im Kampf der verbundenen Waffen”, 5.1.1938, BA-MA, RH 53/7/v, 108, pp. 200-207, citado en Habeck, p. 272.

(164) Richtlinien für die Führung der Panzerdivision vom 1.6.38 (Berlin: Oberkommando der Wehrmacht, 1938), BA-MA, RHD 5/66.

(165) Vorläufige Anweisungen für Ausbildungen von Panzereinheiten, Teil I, Formen und Bewegungen, 15.12.1937; citado en R. L. DiNardo, Germany’s Panzer Arm in WWII (Mechanicsburg, PA: Stackpole Books, 2006), pp. 96 y 165.

(166) Richtlinien für Führung und Einsatz der Panzerdivision, 3.12.1940, Ibid., pp. 97 y 165.

(167) Michael Geyer, “Germany Strategy in the Age of Machine Warfare, 1914-1945”, en Peter Paret et al, Makers of Modern Strategy…., p. 572.

Continuaremos.
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Re: Desarrollo de la doctrina blindada alemana, 1919-1939

Mensajepor José Luis » Mar Oct 21, 2008 10:20 am

¡Hola a todos!

En un memorando de noviembre de 1938 dirigido a las principales jefaturas del alto mando del ejército, el Generaloberst Brauchitsch, Oberbefehlshaber des Heeres, establecía una “guía como directiva de trabajo para el desarrollo posteior planificado para todas las fuerzas motorizadas”. Asignaba cuatro misiones a las divisiones panzer:

1. Al principio de la guerra, serían enviadas a posiciones operacionalmente importantes, ocupando sorpresivamente sectores estratégicamente importantes, o encabezando la masa del ejército en operaciones decisivas.
2. Durante la guerra, empleo de formas similares al punto 1.
3. Ampliar y explotar las rupturas creadas por las divisiones de infantería en un frente defensivo enemigo.
4. Reserva del OKH para empleo en contraataques mayores.


En cuanto al resto de las Schnellen Truppen, se establecía que las brigadas panzer eran unidades del ejército (Heerestruppen), que debían ayudar a preparar el camino a las divisiones de infantería o ser empleadas en conjunción con las divisiones de infantería motorizada. Además de estas unidades, debían crearse varias compañías de tanques pesados (schwere Panzer-Kompanien), con la misión de apoyar los ataques de la infantería contra fortificaciones. Los batallones de reconocimiento independiente motorizados [Heeres Aufklärungs-Abteilungen (mot)] debían emplearse para el reconocimiento operacional o como apoyo de las divisiones panzer o divisiones de infantería motorizada. Se consideraba a las divisiones de infantería (mot) como formaciones de empleo independiente o en combinación con las divisiones panzer, capaces de atacar al enemigo a la manera de una división de infantería, y pudiendo ser empleadas también como reservas operaciones móviles en posiciones decisivas (168).

La estructura básica de la división panzer de 1935 venía dada por una brigada panzer de dos regimientos panzer, y una brigada de infantería motorizada con un regimiento de infantería de dos batallones, más las unidades de apoyo. Cada regimiento panzer tenía dos batallones (cuatro compañías por batallón), cada uno de los cuales combinaba tanques ligeros y pesados, con mayor cantidad de los primeros (una compañía de tanques pesados y tres de ligeros). El regimiento de infantería motorizada formaba con elementos de ametralladoras, motocicletas e ingenieros (presentes igualmente en los batallones de motocicletas y reconocimiento). Un batallón de reconocimiento y armas pesadas completaban la brigada de infantería. Entre las unidades de apoyo estaba el batallón antitanque, un regimiento de artillería ligera compuesto de doce cañones remolcados y doce autopropulsados, una compañía de ingenieros ligera y un batallón de señales. La división panzer de 1938 era similar a la de 1935, aunque con unas pocas pero importantes diferencias. El batallón panzer se redujo a tres compañías que mezclaban tanques ligeros y pesados, mientras que comenzaron a ampliarse la brigada de infantería motorizada (a dos regimientos) y la compañía de ingenieros (a batallón). Esta estructura básica sería empleada hasta después de la campaña de Francia de 1940 (169).

En 1938 aparecía la segunda edición del Der Kampfwagenkrieg de Eimannsberger, actualizada con las experiencias de las guerras de Etiopía y España. La principal contribución de Eimannsberger (probablemente el autor más leído en la década de los treinta en el ejército alemán) descansaba en dos principios que subrayaban el concepto crucial del ataque de armas combinadas y la concentración de blindaje y explotación de su velocidad. En efecto, los tanques nunca debían atacar en solitario, sino en conjunción con las demás armas, que tenían cada una su propia área de responsabilidad. La aviación combatía a la aviación enemiga, intervenía tácticamente y exploraba; la artillería clavaba al enemigo; la infantería acompañaba a los tanques y ocupaba posiciones que habían sido superadas. “No son los tanques, sino toda la unidad quien ataca”. El segundo principio reclamaba el ataque de tanques en masse y a la mayor velocidad posible en un frente amplio. Este ataque impediría al enemigo, en el breve espacio de tiempo de que disponía, concentrar su fuego de artillería con precisión en todos los objetivos. Los tanques que consiguieran abrir brecha debían entonces explotar su éxito atacando flancos y retaguardia del enemigo hasta conseguir una ruptura completa. La velocidad, para Eimannsberger, era esencial; de ella dependía la sorpresa, y la sorpresa era “la eterna ventaja” de la guerra (170).

En la próxima ocasión analizaremos lo sucedido en el año 1939.

Notas:

(168) Memorando de Brauchitsch de fecha 24 de noviembre de 1938, reproducido en Thomas L. Jentz, Op. Cit., p. 63.

(169) DiNardo, Op. Cit., pp. 127-128.

(170) Robert Citino, Quest for Decisive Victory….., p. 199.

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Re: Desarrollo de la doctrina blindada alemana, 1919-1939

Mensajepor José Luis » Jue Oct 23, 2008 9:42 am

¡Hola a todos!

En 1939 el teniente coronel Walter Spannenkrebs publicó su libro Der Angriff mit Kampfwagen (El Ataque con Vehículos de Combate) (171). Según Citino, Spannenkrebs analizó el discutido asunto de la naturaleza del empleo del tanque: si había que considerar a los tanques como un arma táctica que debía ayudar a la infantería a avanzar o si, por el contrario, su principal uso debía estar en el nivel operacional, para que las unidades blindadas concentradas llevaran a cabo misiones de largo alcance. Como arma táctica en una batalla de ruptura posicional, los tanques atacantes se iban a enfrentar a un defensor que ya estaba esperando el ataque, concentrado y con suficientes armas para afrontarlo. El atacante también estaba preparado, y habría realizado un cuidadoso reconocimiento del terreno y del enemigo, con una evaluación sobre las líneas de ataque más fructíferas.

Sin embargo, en el nivel operacional no existía ninguna de las condiciones anteriores, pues la incertidumbre con respecto al enemigo y al terreno no podía despejarse por procedimientos tácticos. Ningún bando sabía con seguridad dónde estaba su enemigo, factor que era clave para conceder a las unidades blindadas atacantes la posibilidad de la sorpresa. En cambio, el blindaje del atacante podía caer inadvertidamente en una fuerte posición enemiga. Una gran movilidad de la fuerza y la determinación de sus comandantes eran requisitos para el éxito. En 1939, incluso una débil fuerza defensiva tenía suficiente armamento antitanque para dificultar seriamente las misiones de los tanques; por tanto, la velocidad y la sorpresa eran maniobras que reducían las probabilidades del enemigo para usar a tiempo sus armas. En una batalla posicional los tanques tenían que atacar al enemigo allí donde éste era más fuerte y esperaba el ataque; operacionalmente, en cambio, los tanques podían destruir al enemigo, sobre todo si se le atacaba cuando estaba desplegándose en columna de marcha y, por tanto, indefenso.

Otra diferencia entre el uso táctico y operacional de los tanques era el papel jugado por las armas de apoyo; en una batalla posicional los tanques cooperaban con la infantería, artillería e incluso ingenieros. Operacionalmente, esas armas no podían mantener el ritmo de avance de los tanques. Esta era la razón para el despliegue de la unidad mecanizada de armas combinadas conocida como la división panzer: “Una pura formación de tanques no es capaz de conducir una guerra operacional; sólo es capaz la división panzer”. La fuerza aérea era de las otras armas la única que podía llevar a cabo operaciones en conjunción con los tanques. Sus principales misiones incluían las siguientes:

1. Reconocimiento aéreo, tanto antes como durante la batalla, para mantener informado al comandante del blindaje de las concentraciones y contramedidas del enemigo.

2. Apoyo directo, con cazas y bombarderos jugando el papel de la artillería, prestando gran atención a los puntos fuertes, movimientos del enemigo y puntos de concentración.

3. Suministro aéreo a las vanguardias blindadas. Con las unidades blindadas operando a semejante distancia, sus columnas de suministro eran objetivos naturales para la acción del enemigo, especialmente si tenían algún grado de movilidad operacional. El suministro aéreo era rápido e inmune al enemigo terrestre y podía dar a las divisiones panzer una auténtica independencia operacional.


Spannenkrebs también consideraba que la fuerza aérea debía ejecutar operaciones de lanzamiento o desembarco de tropas para cooperar en el avance de las fuerzas panzer.

Fue el teórico de preguerra que más profundizó en el empleo operacional de los tanques. Consideraba que el blindaje como división panzer sólo podía llevar a cabo acciones independientes limitadas; como cuerpo panzer ya podía conseguir objetivos de más alcance, y como ejército panzer entraba de lleno en el vivel operacional con la posibilidad de obtener resultados decisivos. En la próxima guerra, escribió Spannenkrebs en palabras de Citino, el blindaje tendría las siguientes misiones operacionales: a) ataque independiente al estallido de la guerra, antes de que el enemigo tuviera tiempo de asegurar sus líneas de comunicaciones y completar su preparación; b) ataque contra el flanco o retaguardia del ejército enemigo, ejecutado especialmente en cooperación con un ataque decisivo contra su frente; y c) la explotación decisiva de una ruptura exitosa. En general, las unidades de tanques en la guerra futura iban a representar el papel jugado por la caballería en el siglo XIX, sólo que mucho más fuerte y de más largo alcance. La tarea demandaba “masas de blindaje”.

Der Angriff concluía con miras mayores. El desarrollo de las armas de fuego en el siglo XX había llevado a “una crisis en la conducción de la batalla decisiva”. La invención del motor la había agudizado, toda vez que permitía al defensor contrarrestar cualquier movimiento del atacante y lanzar fuerzas a cualquier sector amenazado. Se llegaba, pues, a una encrucijada en el campo de batalla: o se usaban los tanques de forma dispersa y en pequeñas cantidades o se utilizaban en masa en el momento oportuno, con el apoyo y cooperación del resto de armas: fusil, cañón, avión y los más modernos medios de comunicaciones. Usados en masa, los tanques podían superar las defensas antitanque en un sector estrecho y, de esta forma, conseguir una ruptura. Algunos serían destruidos por el fuego antitanque enemigo, pero muchos más penetrarían. Así que Spannenkrebs apostaba al todo o nada: “Las medidas a medias llevaban al fracaso” (172).

Sin embargo, la teoría de Spannenkrebs era una cosa bien diferente al pragmatismo del alto mando del ejército. Incluso la elevación de Guderian despertó el temor de los jefes de la infantería, que, presionando al alto mando, consiguieron impedir que el “rápido Heinz” concentrara todos los tanques en las divisiones panzer antes de que comenzara la guerra. Para ellos la infantería seguía siendo el arma principal, y eran los tanques quienes debían servirla, no al revés. Pero el alto mando tampoco permitió que se asignaran directamente unidades panzer a unidades de infantería más pequeñas. Por tanto, se siguió el legado de Ludwig Beck, repartiendo el blindaje entre las brigadas y divisiones panzer, y las divisiones ligeras.

En el verano se llevaron a cabo varios ejercicios para poner a prueba los cambios en la organización del blindaje. Uno de ellos, celebrado en junio, representó a un regimiento panzer subordinado a una división de infantería (173). El regimiento tenía que destruir las armas pesadas de la infantería enemiga y su artillería, protegiendo de esta forma el ataque de la infantería. La descripción del ataque panzer, obsérvese, anticipaba una guerra posicional como la de la IGM, con un enemigo bien preparado y atrincherado, fuertemente armado y con despliegue de armas antitanque. Por tanto, el ejército planificó un ataque frontal, aumentado la potencia de fuego del primer escalón panzer, que debía dar cuenta, en primer lugar, de las defensas antitanque, y, luego, de la artillería enemiga. El problema se presentó cuando la infantería quiso explotar la brecha del primer escalón de tanques, pues ya no podía contar con que los tanques siguiesen destruyendo las defensas enemigas restantes, teniendo que avanzar a saltos lentos bajo la cobertura de los vehículos, al estilo táctico de las tropas de asalto de la IGM. Durante el avance del segundo escalón panzer, la infantería continuó avanzando lentamente, mientras que los tanques destruían el armamento pesado de la infantería enemiga. El último escalón panzer estaba sujeto directamente al regimiento de infantería, y su misión era de cobertura según las necesidades (174).

Pocas semanas antes del comienzo de la guerra tuvo lugar otro ejercicio de estrecha cooperación entre blindaje e infantería, donde, en esencia, se trabajó con más interés en las tácticas de las tropas de asalto, que debían atacar en grupos en conjunción con los escalones de tanques, esto es, escalonando igualmente la infantería. Con ello se pretendía que la infantería no quedara desprotegida ante las armas defensivas enemigas que no había destruido el primer escalón de tanques (175).

El próximo mensaje será para poner punto y final a la exposición de este tema con varias consideraciones generales de lo que dio de sí la doctrina blindada alemana de preguerra y los problemas que se encontró en las primeras operaciones de guerra.

Notas:

(171) Obersleutnant Walter Spannenkrebs, Der Angriff mit Kampfwagen (Berlin: Gerhard Stalling Verlagsbuchhandlung, 1939).

(172) Este resumen de Der Angriff sigue lo expuesto por Robert Citino en Quest for Decisive Victory….., pp. 199-201.

(173) Situación para un ejercicio de la 1. Panzer Brigade, “Zusammenwirken Infanterie u. Panzer”, el 12 de junio de 1939, 1 de junio de 1939, BA-MA, RH 39/485, citado en Habeck, p. 281.

(174) “Merkblatt für das Zusammenarbeiten von Panzer und Infanterie bei der Übung am 12.6.1939”, 7 de junio de 1939, BA-MA, RH 39/485, citado en Habeck, p. 282.

(175) “Übung im Zusammenwirken mit Panzerverbänden am 12.7.1939: (Ortner, Oberst beim Stabe I.R. 50)”, BA-MA, N 447/2, p. 100, citado en Habeck, p. 282.

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Re: Desarrollo de la doctrina blindada alemana, 1919-1939

Mensajepor José Luis » Vie Oct 24, 2008 8:38 am

¡Hola a todos!

La doctrina militar alemana en 1939, guerra de movimiento de formaciones de armas combinadas, era, con mucho, la más avanzada de su tiempo, si tenemos en cuenta que la soviética, batalla profunda, había sido desmontada por Stalin a partir de 1936. E igual sucedía con la doctrina blindada, si bien algunos de sus principales fundamentos eran puramente teóricos o descansaban en las experiencias extraídas de ejercicios y maniobras que, en la mayoría de las veces, se habían llevado a cabo con armamento inadecuado o insuficiente. Así por ejemplo, a pesar de todas las hipótesis planteadas en el campo teórico para solucionar el problema de la coordinación del blindaje e infantería, y de la puesta a prueba de esas hipótesis en el terreno de las maniobras o en la sala de mapas, no se encontró jamás una solución convincente. Tampoco se clarificó plenamente el nivel de la guerra en el que deberían utilizarse las formaciones panzer: operacional o táctico. Ni siquiera se decidió cuál debía ser el arma principal en el campo de batalla: blindaje o infantería. Finalmente, aunque la lista podía continuar (logística y mantenimiento), faltaban ejercicios para entrenar y coordinar la cooperación de combate entre la fuerza aérea y el blindaje. Precisamente aquí se había planificado llevar a cabo un ejercicio a gran escala en el área de entrenamiento de Grafenwöhr entre el 21 y 25 de agosto de 1939 para poner a prueba el apoyo táctico para el ejército de los bombarderos en picado (Stukas) y las unidades de bombarderos, pero la decisión de Hitler de invadir Polonia el 1 de septiembre obligó a cancelar dicho ejercicio. La prueba hubo de hacerse en plena guerra (176).

Sin embargo, a pesar de no contar con una práctica definida y segura sobre esas incertidumbres doctrinales, el ejército alemán estaba muy por delante de sus potenciales oponentes en la concepción organizacional, táctica y operacional del blindaje, que tenía su mayor expresión en la formación motorizada y mecanizada de armas combinadas, esto es, la división panzer. Aunque el tanque era el arma principal de esta formación, al igual que sucedía en el resto de formaciones blindadas de los ejércitos extranjeros que las tenían, lo que caracterizaba a la división panzer y la hacía única eran sus otras unidades orgánicas: la infantería y la artillería, más los elementos de apoyo (reconocimiento, ingenieros, antitanque, señales, etc.). Así organizada y empleada en conjunción con el resto de armas, especialmente la aviación táctica y las fuerzas aerotransportadas, la división panzer y los oficiales, suboficiales que la dirigían no tenían rival similar alguno en esa época.

¿Pero era esto suficiente para convertir a la fuerza panzer en el arma decisiva, tal como sostenían sus defensores más radicales, de la próxima guerra? Más aún, ¿era Alemania capaz, tal como ansiaba Guderian, de crear una gran fuerza blindada y equiparla? ¿Era siquiera capaz de motorizar al grueso de su ejército? Hay una sola respuesta a todas estas preguntas, y es una respuesta negativa. Alemania carecía de los recursos materiales, industriales y financieros necesarios para crear una gran fuerza blindada debidamente equipada y, por tanto, para hacer del blindaje el arma decisiva de la guerra que querían sus defensores más acérrimos; ni siquiera podía motorizar a la mitad de su ejército.

Si Alemania (Hitler) quería llevar a cabo una guerra moderna de cierta envergadura, no digamos ya un conflicto generalizado contra países potencialmente superiores, necesitaba disponer, en primer lugar, de ciertas materias primas indispensables. DiNardo recoge la lista de Liddell Hart: carbón, madera, hierro, caucho, petróleo, cobre, níquel, plomo, glicerina, celulosa, mercurio, platinio, antimonio, manganeso, amianto, mica, ácido nítrico y sulfúrico (177). Bien, los alemanes carecían de la mayor parte de estas materias primas vitales, teniendo que conseguirlas en el exterior. Y en el caso concreto que nos ocupa, Alemania dependía igualmente de las importaciones para obtener las tres materias primas más importantes para la producción de tanques y vehículos a motor: acero, petróleo y caucho. Alemania carecía además de las divisas necesarias para cubrir esas importaciones en el grado y cantidad que demandaba el ritmo económicamente suicida del rearme exigido por Hitler. Finalmente, tampoco contaba Alemania con un tejido industrial capaz de satisfacer las cifras de producción de tanques y vehículos a motor necesarios para crear una gran fuerza blindada o para motorizar a su ejército. Ni que decir tiene que aquí sólo estamos hablando de una parte muy pequeña del ejército en el conjunto de las enormes necesidades de la Wehrmacht (Heer, Luftwaffe y Kriegsmarine) y de la economía civil. Ahora bien, en 1939 Alemania ya llevaba tres años de un rearme cuyo alcance y ritmo eran inéditos en la historia de un país en tiempos de paz. Si hacemos una comparativa de la carga del rearme en términos macroeconómicos, tal como hizo el general Thomas en 1939, colocando el gasto militar en relación a la renta nacional, Alemania ya estaba planeando dedicar en 1939 el 23% de su renta nacional a la Wehrmacht, mientras que las cifras para Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos eran del 17%, 12% y 2%, respectivamente (178). Esto nos da una buena idea de las diferentes posibilidades del incremento del gasto militar futuro para esas cuatro potencias.

La imposibilidad de superar en la forma deseada los obstáculos citados (y otros no citados, como la ineficiencia administrativa) en lo que al blindaje y motorización afectaba, trajo como resultado que el 1 de septiembre de 1939 el ejército alemán “sólo” contara con un total de 3.257 tanques y 215 vehículos de mando blindados, de los que el ejército de campaña (Feldheer) desplegaba 2.682 tanques y 177 vehículos de mando blindados, y el ejército de reemplazo (Ersatzheer) 388 tanques y 20 vehículos de mando blindados. A primera vista podía parecer una fuerza de tanques poderosa, cuantitativamente hablando, pero el examen de su composición cualitativa mostraba una fuerza de tanques muy débil en cuanto a potencia de fuego y protección blindada. En efecto, del total de 3.257 tanques, el superligero PzKpfw. I y el ligero Pz.Kpfw. II representaban la parte del león: 1.445 y 1.223 unidades, respectivamente. Sólo había 98 Pz.Kpfw. III y 211 Pz.Kpfw. IV, cerrándose la lista con 202 Pz.35t y 78 Pz.38t. (179).

Este era el material con el que tenían que combatir a los polacos las siete divisiones panzer, cuatro divisiones ligeras y dos batallones panzer independientes desplegados por las Schnellen Truppen. Eran tanques adecuados para cumplimetar dos principios fundamentales de la doctrina blindada alemana: velocidad y maniobrabilidad, pero carecían, en su mayoría, de la potencia de fuego necesaria para llevar a cabo misiones de largo alcance (empleo operacional) o para enfrentarse con éxito a posiciones defensivas enemigas fortificadas. Sin embargo, la lidia iba a ser contra el ejército polaco, cuya posición estratégica de partida era ya desesperada.

No quiero extenderme más en la barrera económica e industrial que condenaba al ejército de tierra alemán, en su conjunto, a depender mucho más del caballo que del motor, a riesgo de hacer este topic mucho más largo de lo que ya es. Pero quiero llamar la atención sobre este terreno, pues la mejor doctrina blindada del mundo no basta para crear una gran fuerza blindada; hay que poder equiparla, mantenerla, reemplazarla y moverla.

En mi próxima, y espero que última, intervención intentaré resumir algunos de los principales problemas que tuvo el blindaje alemán en Polonia, Francia y Rusia (Barbarroja) a la hora de poner en práctica sus conceptos doctrinales.

Notas:

(176) Karl-Heinz Frieser, The Blitzkrieg Legend. The 1940 Campaign in the West (Annapolis: Naval Institute Press, 2005), p. 19.

(177) DiNardo, Op. Cit., p. 2.

(178) Adam Tooze, The Wages of Destruction. The Making and Breaking of the Nazi Economy (New York: Viking Penguin, 2007), p. 310.

(179) Thomas L. Jentz, Op. Cit., p. 88.

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Desarrollo de la doctrina blindada alemana, 1919-1939

Mensajepor José Luis » Dom Oct 26, 2008 8:09 pm

¡Hola a todos!

La campaña polaca se decidió en los primeros cuatro días y se completó, esencialmente, en dieciocho días. Como ya he dicho, la situación estratégica de partida era desesperada para los polacos: el ejército de campaña alemán (con formaciones desplegadas en Prusia del Este y Eslovaquia) atacó al ejército polaco desde tres ejes simultáneamente, completándose ese gran envolvimiento estratégico cuando el Ejército Rojo, ya con la campaña prácticamente finiquitada, irrumpió con sus formaciones desde el este. La disparidad de fuerzas enfrentadas, liderazgo y doctrina militares, entrenamiento y equipo, todo era tan favorable al bando alemán que el resultado de la contienda ya antes de comenzar, a pesar del optimismo polaco, no podía ofrecer dudas. Sin embargo, no fue un paseo militar para el ejército alemán, que no era el ejército moderno que pinta la mitología. La fuerza de invasión levantaba 54 divisiones, casi la mitad de la fuerza total del Heer. Se incluían 14 divisiones móviles (panzer, ligeras y motorizadas), que eran las únicas divisiones completamente motorizadas de las 102 que levantaba el Heer, la mayoría de las cuales dependían de unos 590.000 caballos que tenía el ejército al 1 de septiembre de 1939 (180).

El blindaje alemán no fue empleado independientemente en el nivel operacional, sino a nivel táctico en el marco divisional y con tareas de apoyo a la infantería.

La debilidad de la potencia de fuego del grueso de la fuerza blindada desplegada por las divisiones panzer quedó patente cuando hubo que encarar posiciones defensivas preparadas de los polacos. Por ejemplo, la Panzer Division Kempf, que sólo contaba con 3 PzKpfw. III y 9 Pz.Kpfw. IV, participó en el asalto al punto fuerte de Mlawa apoyando sin éxito a las divisiones de infantería 11ª y 61ª. Perdió varios tanques y vehículos blindados.

La coordinación entre blindaje e infantería distó mucho de colmar las expectativas alemanas. Por ejemplo, la 4. Panzer Division contra la Brigada de Caballería Wolynska en la batalla de Mokra, un bastión defensivo polaco al norte de Checoslovaquia. La caballería polaca rechazó todos los ataques descoordinados de la 4. Panzer Division durante el 1 de septiembre, causándole la pérdida de más de 50 vehículos blindados mediante el fuego de sus cañones antitanque de 37mm y fusiles antitanque.

Según Zaloga (181), el primer combate entre tanques tuvo lugar el 5 de septiembre en los alrededores de Piotrkow entre elementos del 2º Batallón de Tanques Ligero polaco y elementos de la 1 y 4 divisiones panzer. Los polacos destruyeron 17 tanques, 2 cañones autopropulsados y 14 vehículos blindados, por la pérdida de sólo dos de sus propios tanques.

En general, el éxito de las fuerzas panzer fue notable dentro del contexto general del ejército, pero resultaba evidente que todavía estaba lejos de ser el arma decisiva que clamaban sus defensores de preguerra. La coordinación con la Luftwaffe fue aceptable en general, aunque algunas unidades panzer no se libraron de ser bombardeadas por su propia aviación táctica. Las Schnellen Truppen perdieron un total de 674 tanques (de los que 217 fueron pérdidas irrecuperables), entre los que se incluían 80 Pz.Kpfw. I, 78 Pz.Kpfw. II, 26 Pz.Kpfw. III, 19 Pz.Kpfw. IV, y 6 Pz.Kpfw. 35(t). La división panzer más sufrida fue la 4, con 81 tanques perdidos, principalmente en Mokra y en las calles de Varsovia. A las pérdidas de tanques se sumaron 319 coches blindados, 195 cañones y morteros, 6.046 camiones y 5.538 motocicletas (182).

Lo más preocupante, quizás, fue el alto porcentaje de averías de tanques y vehículos a motor que, sumado al de pérdidas, ponía a los equipos de mantenimiento en un brete. Algunas divisiones llegaron a perder hasta el 50% de sus vehículos. Hitler, confundiendo la realidad con sus deseos (de atacar inmediatamente en el Oeste), llegó a decir que la campaña polaca no había causado ningún “daño serio a las unidades” (183), y con respecto a los problemas de mantenimiento de los panzers y vehículos a motor, en su deseo de atacar ya a Francia, expresó que “Si un cuerpo no puede recuperarse de esas pérdidas en veinte días, es un mal cuerpo” (184). De hecho, el arma blindada alemana necesitó varios meses para restablecer y aumentar su fuerza. Pero si tuviera que continuar la lucha, como quería Hitler, simplemente no podría. No sólo era una cuestión de recuperación de pérdidas del blindaje y reparación de averías y mantenimiento de su parque móvil, sino, mucho más dramático, que la Wehrmacht se encontraba al borde mismo del colapso logístico, en lo que a municiones se refiere, tras sus dieciocho días de campaña en Polonia.

El EMG alemán, recapitulando, sacó en conclusión que el desempeño del ejército alemán, en general, durante la campaña polaca no reunía los requisitos básicos para emprender inmediatamente una campaña victoriosa en el Oeste. El jefe del Estado Mayor del Grupo de Ejércitos A, Generalleutnant Georg von Sodenstern, simbolizó en sus declaraciones el pesimismo que reinaba dentro del cuerpo de oficiales generales de cara a la campaña de Francia: “Concediendo el crédito debido a nuestros éxitos blindados en Polonia, no obstante debemos hacer notar que el blindaje tiene muy poca o ninguna oportunidad de éxito contra tales defensas [en el Oeste]” (185).

Para las lecciones de la campaña polaca véase viewtopic.php?f=5&t=3266
Para un ejemplo particular del blindaje véase viewtopic.php?f=5&t=2614

En los dos siguientes mensajes analizaremos el tema del blindaje en la campaña del Oeste de mayo de 1940 y la Operación Barbarroja del año siguiente, cerrando así la exposición del topic.

Notas:

(180) R. L. DiNardo, Mechanized Juggernaut or Military Anachronism? Horses and the German Army of World War II (Westport: Greenwood Press, 1991), p. 21.

(181) Steven Zaloga y Victor Madej, The Polish Campaign 1939 (Hippocrene Books, 1991), p. 156.

(182) Ibid.

(183) Frieser, Op. Cit., p. 22.

(184) Burdick & Jacobsen (eds), El Diario de Guerra de Halder, 1939-1942 (Santiago de Chile: Instituto Geográfico Militar, 1992), p. 62 (29 de septiembre de 1939).

(185) Frieser, Op. Cit., p. 19.

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Desarrollo de la doctrina blindada alemana, 1919-1939

Mensajepor José Luis » Lun Oct 27, 2008 6:10 pm

¡Hola a todos!

La campaña del Oeste de mayo-junio de 1940 asombró al mundo entero por la rapidez y la manera en que la Wehrmacht derrotó al ejército aliado en el continente. Fruto de ese asombro nacieron y se extendieron algunos mitos a través de los medios de comunicación internacionales de la época, mitos que siguieron perpetuándose con el tiempo por no pocos historiadores. Este topic no da para extenderse sobre ellos, pues sólo nos interesa la
actuación de las Schnellen Truppen en relación con la doctrina blindada alemana. Sin embargo, es imprescindible sentar previamente unas cuantas consideraciones generales antes de entrar en materia.

En primer lugar, Alemania no contaba con un plan estratégico para hacer la guerra, y ganarla, contra Gran Bretaña y Francia. Cuando Hitler decidió atacar Polonia el 1 de septiembre de 1939 cometió, probablemente, una de las peores decisiones estratégicas en la historia de Alemania. Es evidente que en los planes del Führer no había cabida para una posible declaración de guerra por parte de las dos potencias occidentales a causa de Polonia. Catorce días antes de la invasión de Polonia, el general Thomas presentó un memorando a Keitel que concluía afirmando que Alemania no podía soportar una guerra por motivos de su economía de guerra. Keitel lo interrumpió para decirle que Hitler le había asegurado que Alemania jamás combatiría una guerra mundial, que no había problema alguno, pues los franceses eran unos pacifistas, los británicos unos decadentes, y los americanos no volverían a enviar un solo hombre a Europa para ayudar a Gran Bretaña o Polonia (186). Pero tras dos días de campaña militar, Gran Bretaña (y poco después la Commonwealth) y Francia declararon la guerra a Alemania. Confiando en que la declaración de guerra no pasaría de ser un amago hacia las galerías, Hitler continuó la campaña polaca sin tener ni preparar una estrategia para ganar esa guerra que desde el 3 de septiembre era ya un conflicto generalizado. Cuando Manstein se extrañaba en sus memorias del hecho de que el EMG alemán, ya desde la declaración de guerra de GB y F el 3 de septiembre, no considerara un plan estratégico para lidiar con Francia y Gran Bretaña, perdiendo así un tiempo inestimable (187), sin duda desconocía que Hitler se había opuesto radicalmente a tales estudios. En efecto, varios generales alemanes, entre ellos Keitel, intentaron varias veces “clarificar la situación militar en caso de guerra contra el Oeste” durante los juegos de guerra (188). Hitler rechazó tajantemente esas consideraciones con la siguiente afirmación: “No debe haber otras preparaciones en el Oeste más que la ocupación de la Muralla del Oeste por motivos de seguridad. No puede haber y no habrá una guerra con las potencias occidentales por el problema polaco. Una discusión sobre un caso tan imposible ponía innecesariamente en peligro el secreto y amenazaba las negociaciones políticas” (189).

La planificación operacional alemana (el Caso Amarillo con su famoso Corte de Hoz desarrollado a partir del borrador operacional de Erich von Manstein) carecía de un objetivo estratégico definido para ganar la guerra. Su objetivo final era envolver y destruir al mayor número de formaciones aliadas en Bélgica y conseguir una parte de suelo estratégico que sirviera de lanzadera para continuar la guerra contra Gran Bretaña y Francia. La planificación operacional de Caso Amarillo indica claramente que ni en los planes de Hitler ni en los de la jefatura militar alemana, antes del comienzo de las operaciones el 10 de mayo, había nada parecido al sueño de lo que más tarde se llamó guerra relámpago o Blitzkrieg, sino más bien todo lo contrario: una campaña larga. Una prueba que confirma lo anterior viene dada en la prioridad mostrada en la producción de armamentos, que evidenciaba claramente la expectativa de una guerra posicional; no fueron los tanques ni los vehículos a motor los que estaban en el primer lugar de la lista. La primera posición la ocupaban las municiones; la segunda los submarinos y los bombarderos Ju-88; sólo la tercera posición estaba ocupada por los tanques.

En segundo lugar, el jército alemán que combatió la campaña del Oeste de 1940 no era ni la maquinaria de guerra moderna ni la fuerza superior a la conjunta aliada en calidad y cantidad que pinta la mitología. Por una parte, apenas un diez por ciento de la fuerza total alemana en mayo de 1940 merecía realmente el nombre de ejército moderno: las dieciséis divisiones móviles (10 panzer y 6 motorizadas) de sus Schnellen Truppen que estaban completamente motorizadas; las otras 141 divisiones tenían que depender, mayormente, del caballo. En la Primera Guerra Mundial el ejército imperial había utilizado un millón y medio de caballos; en la Segunda Guerra Mundial el ejército de Hitler casi dobló esa cantidad, utilizando dos millones setecientos mil caballos (190). Por otra parte, la Wehrmacht, el 10 de mayo de 1940, tenía una fuerza total sobre el papel de unos 5,4 millones de hombres: unos 4,2 millones en el Heer, sobre 1 millón en la Luftwaffe, unos 180.000 en la Kriegsmarine y alrededor de 100.000 en las Waffen SS (191). Debe observarse que en estas cantidades estaban incluidas las tropas del ejército de reemplazo y las destinadas a tareas de trabajo, las que estaban en la frontera oriental y en Polonia, y las estacionadas en Noruega y Dinamarca. Así que, sacando esos contingentes, la Wehrmacht tenía sobre el papel unos 3 millones de hombres para la campaña del Oeste. El ejército francés contaba en la primavera de 1940 con unos 5,5 millones de hombres, incluyendo las tropas coloniales. De ese total, unos 2,24 millones de hombres manejaban el frente noreste al comienzo de la ofensiva alemana (192). La Fuerza Expedicionaria Británica desplegada en el continente levantaba sobre medio millón de hombres en mayo de 1940, incluyendo las reservas que estaban prestas para embarcar a Francia. Por su parte, Holanda y Bélgica, si tener en cuenta su ejército territorial, movilizaron unos 400.000 y 650.000 hombres, respectivamente (193). De esta forma, al comienzo de la campaña, el ejército alemán desplegaba unos 3 millones de hombres, reservas incluidas, contra unos 4 millones de hombres del ejército aliado. En términos de divisiones, de las 157 divisiones alemanas, 135 divisiones (incluyendo 42 de reserva) fueron destinadas para la campaña. Como varias de ellas estaban siendo recién organizadas y, por tanto, difícilmente aptas para la campaña, sólo 93 divisiones montaron el ataque inicial del 10 de mayo. Francia tenía 117 divisiones, de las cuales 104 (incluyendo 11 de reserva) manejaban el frente noreste. La Fuerza Expedicionaria Británica contaba inicialmente con 13 divisiones, de las cuales 3 todavía no estaban totalmente organizadas, pero había que añadir la 1ª División Acorazada y la 52ª Highland que habían sido transferidas al continente. Los belgas desplegaban 22 divisiones y los holandeses 10 (194).. En resumen, en mayo de 1940, 135 divisiones alemanas se enfrentaban a 151 divisiones aliadas.

En artillería los aliados desplegaban casi el doble de la artillería alemana. Francia sola contaba con más de 10.700 piezas de artillería, Gran Bretaña tenía 1.280 piezas, Bélgica 1.338 y Holanda 656. Así que en conjunto los aliados desplegaban unas 14.000 piezas de artillería contra 7.378 de la Wehrmacht (195). En aviación los aliados también eran ligeramente superiores. No quiero extenderme, pero los alemanes tenían el 10 de mayo un total de 3.578 aviones de combate, de los cuales eran operacionales 2.589. Francia sola tenía un total 3.562 aviones de combate (196).

Pasemos ahora al tema de nuestro topic, el blindaje. El 10 de mayo de 1940 había un total de 2.439 tanques alemanes asignados a la campaña francesa. Esta cifra se repartía entre 523 Pz.Kpfw. I, 955 Pz.Kpfw. II, 349 Pz.Kpfw. III. 278 Pz.Kpfw. IV, y los modelos checos Pz.Kpfw. 35(t) (106 unidades) y 38(t) (228 unidades) (197).

El blindaje francés en el frente noreste al 10 de mayo levantaba un total de 3.254 tanques (196). La cifra constaba de 450 AMR y AMC, 315 Renault F.T. modelo 1918, 900 Renault 35, 770 Hotchkiss 35/39, 100 FCM, 45 D1, 100 D2, 300 SOMUA, y 274 Char B (198).

El 10 de mayo la Fuerza Expedicionaria Británica tenía 310 tanques en Europa, aunque había 330 vehículos de combate más (de la 1ª DA) que estaban cruzando el Canal y que llegaron a Francia a finales de mayo. Los belgas tenían unos 270 tanques, la mayoría de ellos T13 y T15, mientras los holandeses contaban con unos 40, mayormente del tipo Landsverk (199). Esos vehículos belgas y holandeses, sobre todo los modelos armados con cañones de 4.7cm, eran iguales o superiores a los tanques ligeros alemanes Pz.Kpfw. I y II en potencia de fuego.

Así que, en conjunto, en mayo de 1940, 2.439 tanques de batalla alemanes se enfrentaban a 4.204 tanques de batalla aliados. Esta inferioridad numérica alemana venía agravada por dos factores más que jugaban a favor de los aliados: la protección de blindaje y la potencia de fuego de los tanques. En el primer factor, el Pz.Kpfw. IV tenía 30mm de espesor de blindaje; el Char B francés, 60mm, y el Matilda británico, 80mm. Ningún cañón de los tanques alemanes ni ningún cañón antitanque alemán podían penetrar el blindaje aliado de los Char B y Matildas. En el segundo factor, el Pz.Kpfw. I tenía dos ametralladoras de 7.92mm; el Pz.Kpfw. II, un cañón de 20mm; el Pz.Kpfw. III, un cañón de 37mm; el Pz.Kpfw. IV, un cañón corto de 75mm; el Pz.Kpfw. 35(t) y el Pz.Kpfw. 38(7), ambos con cañón de 37mm. En cambio, el Renault F.T. montaba un cañón de 37mm; el AMC montaba cañones de 25mm, 37mm y 47mm; el FCM cañón de 37mm, al igual que el Renault 35 y el Hotchkiss 39; los D1 y D2 montaban cañón de 47mm, al igual que el SOMUA; el Char B2 montaba cañones de 47mm y 75mm; los tanques ingleses montaban cañones de 40mm con una alta velocidad de boca.

Así pues (y dejamos las marinas de guerra al margen), el ejército aliado de mayo de 1940 era superior al alemán, en términos generales de cantidad y calidad, en hombres y material. Los alemanes no podían, pues, desplegar la tradicional ventaja de tres a uno recomendada a un ejército atacante contra un ejército defensor que estaba desplegado en fuertes posiciones defensivas. Sin embargo, ocurrió lo inesperado: los alemanes lograron una victoria espectacular en un tiempo que ni los más fantasiosos podían imaginar. El objetivo de este topic no es explicar las causas de esa victoria, pero no tengo inconveniente en adelantar que no se encontrarán en la supuesta “modernidad” del armamento del ejército alemán, ni en su planificación ofensiva (su famoso Corte de Hoz) diabólicamente genial, ni en el mito de la Blitzkrieg. Las causas del éxito se debieron, por parte alemana, a su flexibilidad en el sistema de mando, a la iniciativa personal de sus mandos intermedios y subalternos, a la improvisación y al empleo adecuado de sus armas combinadas, y al excelente entrenamiento de sus tropas de elite; pero todo eso no sería suficiente para tal éxito sin los defectos del mando aliado, especialmente francés, que venían definidos por una palabra: lentitud. Lentitud a la hora de valorar la situación estratégica y señalar correctamente el centro de gravedad del ataque alemán; lentitud en la toma de decisiones; lentitud en la cadena de mando. Los aliados siempre decidieron y comunicaron tarde, y siempre llegaron tarde. Todo ello era el producto global de un sistema de mando intolerablemente rígido que daba como resultado un mando intermedio y subalterno falto de iniciativa personal, falto de motivación, sin capacidad para la improvisación.

La primera cuestión importante, con respecto al blindaje alemán, se planteó en el bando alemán sobre qué arma debería encabezar el ataque a través de Las Ardenas hacia Sedán. Las Schnellen Truppen destinadas a este ataque estaban organizadas en tamaño de semi-ejército (Panzergruppe) al mando del general Kleist, dentro del Grupo de Ejércitos A del general Rundstedt. El oficial de operaciones del EM de Rundstedt, Blummentritt, opinaba que el ataque debía encabezarlo la infantería de a pie, con las formaciones motorizadas detrás, y sólo utilizar a las formaciones panzer una vez se hubiese conseguido la ruptura táctica y ganado libertad de acción (200). Rundstedt concordaba con esa opinión, aduciendo que la conducción de la ofensiva por los panzers no estaba justificada bajo las circunstancias presentes (201). El general Sodenstern, jefe del EM de Rundstedt, fue el principal antagonista del empleo de los panzers para encabezar la ofensiva. El 5 de marzo resumió sus críticas en un detallado memorando en cuatro puntos: en el primero dudaba que fuese posible, aun sin la intervención del enemigo, un ataque rápido y sorpresivo a través de Las Ardenas, subrayando que en 1914 ni siquiera elementos de caballería habían sido capaces de avanzar la mitad del terreno. Para Sodenstern, un defensor habilidoso lo tendría muy fácil para bloquear las estrechas sendas boscosas con barreras y minas para detener a los “pesados y torpes” panzers. En el segundo punto, razonaba que el ejército francés estaba en disposición de desplazar unidades móviles desde el Mosa para combatir operaciones dilatorias en Las Ardenas. Seguía con el tercer punto apuntando que las unidades de avanzada alemanas constituirían un objetivo extraordinariamente vulnerable para los ataques aéreos de la aviación enemiga, facilitado por las aglomeraciones de vehículos que iban a provocar las barreras naturales del terreno. Unos cuantos impactos serían suficientes para convertir las grandes columnas de marcha en “colosos inmóviles que bloquearían completamente todas las carreteras”. Llevaría muchas horas, quizás días, arreglar ese entuerto para abrir camino y posibilitar el avance de la infantería. En cuarto punto, Sodenstern creía que el avance de los panzers sería detenido, en el mejor de los casos, en el Mosa, donde los franceses tenían excelentes fortificaciones defensivas. Las divisiones panzer no podrían forzar el curso del río, pues tenían muy poca infantería. Esto sólo se podía conseguir con las divisiones de infantería, pero de nuevo su traslado a vanguardia se vería imposibilitado por los grandes embotellamientos de los vehículos de las divisiones panzer. Incluso si las divisiones panzer eran capaces, finalmente, de cruzar el Mosa, estarían desde entonces tan agotadas que no podrían ser empleadas para su auténtica misión –el ataque en el nivel operacional en las áreas de retaguardia del enemigo- hasta que fuesen completamente reacondicionadas.

Así, Sodenstern quería que el Duodécimo Ejército, reforzado con una o dos divisiones panzer, encabezara el avance por Las Ardenas y la ruptura en Sedán. La fuerza panzer se mantendría como reserva operacional para entrar en juego penetrando profundamente en la retaguardia enemiga a través de la brecha conseguida por la infantería en el frente (201).

Sabiendo lo que sucedió poco más de dos meses después en Las Ardenas y Sedán, sería fácil desechar las consideraciones de Sodenstern como infundadas. Sin embargo, su anális era correcto. Lo que sucedió fue que Sodenstern imaginó la respuesta aliada tal como él actuaría, mientras que Manstein, Guderian y Halder anticiparon la respuesta aliada no bajo los parámetros doctrinales alemanes, sino bajo los reales franceses. Frieser, en la mejor historia operacional que he leído jamás sobre la campaña francesa (principalmente centrada en Sedán y el posterior avance de los panzers), califica el plan alemán (el Corte de Hoz ideado por Manstein y configurado finalmente por una combinación de extrañas circunstancias en torno a Hitler-Guderian-Halder), como un juego donde todose arriesgaba a una sola carta (algo caro a Hitler, añado yo). Y efectivamente así era. Cabía la posibilidad, aun teniendo en cuenta el desfasado sistema de mando aliado, de que el enemigo contrarrestara los movimientos alemanes deteniendo al ataque panzer en el Mosa y, con ello, mandando al garete toda la ofensiva alemana. Esa posibilidad existió realmente, y no una sino varias veces, antes de cruzar el Mosa, durante el cruce y después. Pero, por suerte alemana, los franceses no supieron aprovecharla en ninguna ocasión.

El Panzergruppe Kleist (dos cuerpos panzer y uno motorizado con un total de 41.140 vehículos, incluyendo 1.222 tanques de batalla, y 134.370 hombres) avanzó, salvo los contratiempos de rigor, con éxito a través de Las Ardenas y pudo forzar el cruce del Mosa tal como había sido previamente planeado. Pero no fueron los panzers quienes posibilitaron inicialmente el cruce del Mosa, sino unidades de infantería blindada gracias a la iniciativa personal de sus comandantes, todos ellos (a excepción de Rommel en el cuerpo de Hoth bajo Kluge), con grados de teniente coronel para abajo, y a la acción de la aviación táctica. Las rutas de aproximación de Las Ardenas estuvieron a punto de convertirse en una catástrofe de embotellamientos de vehículos; el cruce inicial del Mosa fue el momento más crítico para las Schnellen Truppen, seguido después por los peligros de flancos expuestos, pérdida de comunicaciones, aislamiento de las unidades de tanques de sus unidades de infantería, problemas logísticos, y un claro agotamiento (aliviado por el éxito) de las tropas panzer (que recibieron tabletas de Pervitin, una droga para resistir). Esos problemas se vieron aliviados, en su mayoría, por las excelentes vías de comunicación de Francia y por las distancias asequibles a las formaciones móviles (no excesivamente largas si las comparamos con lo que sucedió después en otros teatros de operaciones de la guerra). Pero sobre todo se vieron oscurecidos por el asombroso éxito final de la campaña. Habrían de recuperar el primer plano cuando salieron a flote, de forma amarga para los alemanes, en las enormes distancias de la Unión Soviética, en sus pésimas carreteras y terrenos accidentados y poco adecuados para el tránsito de las formaciones panzer.

La doctrina blindada alemana tenía muchas lecciones que extraer de las experiencias vividas por sus formaciones panzer en la campaña francesa. Se demostró la validez del principio que priorizaba los factores de la velocidad y maniobrabilidad de los tanques contra los de protección de blindaje y potencia de fuego. Claro que la validez de tal principio iba a durar el tiempo en que los aliados aprendieron a emplear con propiedad su blindaje: a partir de entonces la protección y potencia de fuego dominaron los campos de batalla. Los modelos Pz.Kpfw. I y II dejaron definitivamente de ser válidos como tanques de batalla, reservándose para vehículos de mando y como chasis de armas autopropulsadas.

También se puso de manifiesto la verdad que asistía a quienes advirtieron contra la importancia de las armas antitanque. Los alemanes sólo pudieron contener, a duras penas y con grandes bajas en blindados, las operaciones ofensivas y defensivas de los tanques pesados aliados gracias a su artillería pesada y al empleo como Pak de sus Flaks de 88mm. Curiosamente, estas tácticas ya habían sido anticipadas por los teóricos de la defensa antitanque, como Uto Gallwitz (202), Ernst Volckheim, Walther Nehring, y Ludwig von Eimannsberger.

La aviación táctica de apoyo al suelo se demostró vital contra posiciones fortificadas fuertemente defendidas y contra los contraataques enemigos dirigidos contra los flancos expuestos de las unidades panzer.

La campaña de Francia acabó siendo una droga alucinógena para Hitler y, en general, su generalato superior, que creyeron invencible a su máquina de hacer la guerra, con las formaciones panzer en cabeza. Fue un “viaje” que duró año y medio.

Notas:

(186) Georg Thomas, Geschichte der deutschen Wehrand- und Rüstungswirtschaft (1918-1945) (Bopard: Boldt, 1966), p. 11; citado en Frieser, Op. Cit., pp. 17, 364.

(187) Erich von Manstein, Victorias Frustradas (Inédita, 2006), p. 108 y ss.

(188) Andreas Hillgruber, Hitlers Strategie. Politik und Kriegführung 1940-1941 (Munich: Bernard & Graefe, 1982), p. 40; citado en Frieser, pp. 18, 365.

(189) Bernhard von Lossberg, Im Wehrmachtführungsstab: Bericht eines Generalstabsoffiziere (Hamburg: Nölke, 1950), p. 27; citado en Frieser, ibid.

(190) Fuentes varias en Frieser, p. 29.

(191) Frieser, Op. Cit., p. 35.

(192) Ibid.

(193) Ibid. 36

(194) Ibid.

(195) Ibid.

(196) Ibid. 45.

(197) Ibid. 37. La lista no incluye 135 vehículos de mando blindados. Algunos autores, según Frieser, confunden el número de 2.439 tanques de batalla disponibles para la Ofensiva Occidental de mayo de 1940 con las cifras de producción de la industria de armamento alemana. En mayo de 1940 había 3.360 tanques de los cuatro modelos (I, II, III, IV), pero no todos estaban destinados a la campaña. Por ejemplo, del total de 1.445 Pz.Kpfw. I producidos, sólo había 523 para el Frente Occidental. Lo mismo sucede con las cifras que siguen de los franceses, cuya industria había producido hasta entonces un total de 4.688 tanques, pero sólo había 3.254 en el Frente Noreste el 10 de mayo.

(198) Ibid. 37. Los tanques franceses AMR y AMC estaban parcialmente armados con ametralladoras, aunque la mayoría disponía de cañones de 2.5cm ó 3.7cm, e incluso una serie de los AMC montaba cañones de 4.7cm; por tanto eran superiores en potencia de fuego a los tanques ligeros alemanes. Además, en mayo de 1940, los franceses también contaban con 1.500 Renault F.T. empleados en su mayoría para defender aeródromos, pero había entre 500 y 600 tanques de ese modelo de versión moderna, armados con un cañón de 3.7cm; de estos últimos, 315 estaban estacionados en el Frente Noreste.

(199) Ibid. 38.

(200) Ibid. p. 96

(201) Ibid. pp. 96-97.

(202) Uto Gallwitz, “Beiträge zur Kampfwagenabwehr”, Militär-Wochenblatt, Vol. 111, No. 9 (4 septiembre 1936): p. 295; citado en DiNardo, Germany’s Panzer Arm…., pp. 90, 162.

Continuaremos.
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Desarrollo de la doctrina blindada alemana, 1919-1939

Mensajepor José Luis » Mar Oct 28, 2008 9:31 pm

¡Hola a todos!

La Operación Barbarroja reveló finalmente las virtudes y defectos de la doctrina blindada alemana. También puso de manifiesto la incapacidad de la base económica e industrial del Tercer Reich para mantener cubiertas las necesidades de combate de su arma blindada de forma sostenida. Por primera vez desde el inicio de la guerra Hitler adoptó realmente una estrategia “Blitzkrieg” como planificación para su guerra con la Unión Soviética: tanto desde el punto de vista económico como militar se trataba de llevar a cabo una guerra relámpago, una campaña militar que debía conseguir sus objetivos finales en el transcurso de doce o dieciséis semanas. Con el fracaso de esta estrategia Blitzkrieg en el otoño de 1941, la guerra corta pensada y buscada por Hitler se convirtió en la guerra prolongada que habían vaticinado y preparado Churchill y Stalin. El Tercer Reich quedaba sin posibilidad alguna de ganar militarmente la guerra.

El blindaje alemán se enfrentó en Rusia a algunos de los problemas que ya había experimentado en Francia el año anterior, en especial la ineficacia de la potencia de fuego de sus tanques (y sus Pak) cuando se encontraron con los tanques modernos soviéticos, los KV y el T-34/76. Afortunadamente para los alemanes, los problemas planteados por esta circunstancia no superaron el nivel táctico. Pero lo que determinó el destino fatal del blindaje alemán, al margen de la resistencia soviética, fue la naturaleza del terreno de ese teatro de la guerra: su inmensidad, sus malas vías de comunicación y sus barreras naturales (ríos, bosques, pantanos).

La vastedad del terreno, en profundidad y en una amplitud que iba in crescendo a medida del avance, que tenían que cubrir y combatir las formaciones móviles alemanas para conseguir sus objetivos operacionales, propició que las formaciones de infantería de a pie quedaran progresivamente muy rezagadas en la retaguardia del avance blindado, con lo que los envolvimientos que las fuerzas móviles habían realizado o podían realizar quedaban sin cerrarse a tiempo o no conseguían cerrarse del todo. Esta circunstancia provocaba, además, el peligro de que fuesen las fuerzas móviles las que quedasen a su vez envueltas, o al menos expuestas a contraataques desde el interior y exterior del cerco. Finalmente, la amplitud de los cercos alemanes y la carencia de tropas suficientes para sellarlos en forma y tiempo posibilitaron el escape de muchas unidades soviéticas.

Las carreteras rusas, mayormente, eran malas de solemnidad, nada que ver con las excelentes rutas francesas, y se volvían prácticamente intransitables al poco tiempo de soportar el tráfico rodado. Si llovía acababan convirtiéndose en barrizales. En esta situación, las unidades blindadas y motorizadas veían limitadas sus rutas de aproximación, entorpecidas o ralentizadas sus marchas y, en consecuencia, aumentado sustancialmente el consumo de combustible, el desgaste de sus vehículos y el trabajo de los equipos de mantenimiento.

Los problemas logísticos, enormes ya en principio, se vieron incrementados a medida que el avance alemán penetraba en el interior de Rusia. El transporte de suministros vía ferrocarril a los centros de recepción se vio limitado y demorado por la carencia de vagones y locomotoras (no se cumplieron las expectativas de capturar material soviético suficiente) y por los trabajos de adaptación del ancho de vía rusa al alemán. El transporte de suministros desde los centros de recepción al frente se vio igualmente limitado y demorado por la escasez de vías transitables para el tráfico rodado y vehículos a motor. El mal tiempo multiplicaba estos problemas, especialmente cuando la lluvia creaba barrizales intransitables. El único recurso en estos casos era el empleo de carros y caballos, algo que tampoco tenía el ejército en grado suficiente. Todo esto impidió que la fuerza atacante alemana, especialmente el arma blindada, fuera regularmente reabastecida, suministrada y reemplazada.

Los problemas logísticos unidos a la acción del enemigo y al desgaste propio del combate mermaron considerablemente la potencia ofensiva de las formaciones panzer. Y esto ya sucedía a los dos meses de campaña. Faltaba por llegar el invierno ruso, que ese año madrugó inusualmente.

El 28 de agosto de 1941, cuando habían transcurrido poco más de dos meses desde el inicio de la ofensiva alemana, el mariscal de campo von Bock llamó excitadísimo al jefe del Estado Mayor General, Franz Halder, para soltarle a bocajarro que las defensas de su Grupo de Ejércitos estaban a punto de sucumbir, y que sólo se podía evitar ese desastre con el envío de más vehículos blindados (203). Pero el estado de situación de tanques en las formaciones de los cuatro panzergruppen es revelador ya en fecha tan temprana. En el grupo de Kleist (Sur) el promedio era de un 50% de su fuerza inicial, con la 16. Motorizada en el peor estado. En el grupo de Guderian (Centro), la 10. Panzer tenía el 83%, la 18. Panzer el 57%, y el resto de divisiones un promedio del 45%. En el grupo de Hoth (Centro), la 7. Panzer sólo contaba con el 24%, y todas las demás un promedio del 45%. El mejor grupo era el de Hoepner (Norte) con un promedio de entre el 50 y 75%, y que Halder no deja de reseñar en su diario de esta forma: “El mejor (¡material de guerra checo!)”, pues las formaciones de Hoepner concentraban el blindaje checo (204). Los detractores del tanque de preguerra, especialmente los que argumentaron razones logísticas en sus críticas, debieron sentir una extraña sensación al comprobar estas carencias del arma panzer en Rusia.

El ejército alemán en Rusia en 1941, en sus operaciones estrictamente militares, con su arma panzer a la cabeza, demostró ser muy superior al Ejército Rojo, pero no en el grado suficiente como para derrotarlo definitivamente. La Wehrmacht destruyó en seis meses, en términos numéricos, al equivalente de todo el Ejército Rojo (y especialmente su arma blindada) de antes de la invasión, pero no fue suficiente para derrotarlo finalmente. La clave esencial en una guerra prolongada no viene dada por el número de batallas que se ganan ni por el número de ejércitos que se destruyen. La victoria en una guerra prolongada la consigue quien es capaz de reunir en la última batalla el mayor número de fuerzas. O como dijo Stalin, resumiendo como lo recuerdo, una guerra de desgaste se gana en las fábricas de retaguardia y no, como creía Hitler, en los campos de batalla.

La historia del tanque y la doctrina blindada están llenan de ironías. Gran Bretaña “inventó” el tanque, y una unidad británica inauguró en la historia el combate con tanques en la IGM. En los años veinte y primeros treinta del siglo XX los británicos eran la vanguardia mundial en el desarrollo tecnológico del tanque y en la doctrina blindada, hasta que fueron superados, de lejos, por las doctrinas blindadas soviética y alemana. El Ejército Rojo –aunque no contaba con una doctrina blindada específica, sino en el contexto de su doctrina militar general- tenía en 1936 la doctrina militar más avanzada del mundo, superando a la alemana por su profundidad estratégica. Pero precisamente en ese año Stalin, virtualmente, la abolió. Tardaría años en recuperarla, y sólo lo consiguió efectivamente en el plano defensivo, con muchas lagunas, en cambio, en el campo ofensivo. El Reichswehr, pese a las grandes limitaciones que le impuso el Tratado de Versalles (aunque en realidad habría que decir gracias a ellas), formó el mejor cuerpo doctrinal para la organización y empleo del arma blindada, y la Wehrmacht lo llevó a cabo. El problema insalvable era su desdén por la estrategia: resultaba un juguete muy caro para un niño muy pobre. El U.S. Army, que creó su primera división acorazada en julio de 1940, siempre fue muy por detrás de británicos, soviéticos y alemanes en el desarrollo de la doctrina blindada y del tanque. Sin embargo, fue el único ejército de la IIGM que fue capaz de crear, en cuanto a material se refiere, una auténtica fuerza acorazada en 1944.

Walter Buhle, cuando era coronel y jefe del Departamento de Organización en el EMG, hizo una declaración en 1939, tras la campaña polaca, que sirve muy bien para aplicar al grave error estratégico en que se fundamentó la organización y el desarrollo del arma panzer: “La discrepancia entre lo que deseábamos y lo que éramos capaces de hacer fue de mal a peor durante la guerra” (205).

Punto y final.

Notas:

(203) Burdick & Jacobsen, El Diario de Guerra de Halder…., p. 402 (28 de agosto de 1941)

(204) Ibid.

(205) Frieser, Op. Cit., p. 23.

Saludos cordiales
José Luis
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Desarrollo de la doctrina blindada alemana, 1919-1939

Mensajepor RITTER » Mié Ene 07, 2009 8:20 pm

José Luis,

enhorabuena por tu brillante post¡¡¡¡. Realmente interesante, cuasi "enciclopédico". He disfrutado y sobre todo aprendido mucho leyéndolo. Un tema complejo tratado de forma clara y amena .Nuevamente felicidades

salu2¡¡
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