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Operación Barbarroja y prioridad de Moscú

La guerra en el este de Europa

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Re: Operación Barbarroja y prioridad de Moscú

Mensaje por Schwerpunkt » Sab Jul 07, 2012 11:27 pm

¡ Saludos a tod@s !

Una consecuencia interesante de las cifras que ha posteado Jose Luis es que el desangramiento del Ostheer no vino motivado por la contraofensiva soviética cerca de Moscú sino en las sangrientas batallas veraniegas. Habíamos oído hasta la saciedad sobre la debâcle sufrida por la Wehrmacht en el invierno ruso y la realidad es que sufrieron bastante menos bajas diarias que durante los sangrientos meses de julio u agosto por ejemplo. Esto es lo interesante de la Historia, que cuando profundizas si pierden muchas de las ideas preconcebidas...

Para ilustrarlo he cogido las bajas totales sufridas por el Ostheer en combate -anotadas por Halder y excluyendo bajas médicas- y he sacado las medias de bajas diarias. Las conclusiones son interesantes... Veamos pues:

22/06-27/09/1941 Bajas diarias medias: 5.495
30/09-06/11/1941 Bajas diarias medias: 3.750
06/11-23/11/1941 Bajas diarias medias: 2.820
10/12-31/12/1941 Bajas diarias medias: 2.750
01/01-20/03/1942 Bajas diarias medias: 3.040

Curiosamente en el penúltimo período testigo del desastre alemán frente a Moscú las bajas diarias medias son las mas bajas de los cinco períodos. Las más altas son las sufridas el período veraniego escenario de las grandes batallas de envolvimiento. El primero período de la operación Taifun -el tercer periodo de los listados- las bajas son menores que en las batallas del verano y éstas incluso caen en la fase de estancamiento previa a la contraofensiva soviética. Estas cifras aumentan un tanto durante la fase de guerra posicional invernal y algunas ofensivas soviéticas a principios de 1942 aunque con escaso margen. La única matización serían el gran número de bajas médicas sufridas durante el invierno por efecto del congelamiento y afecciones derivadas del frío.

En otras palabras el Ostheer fue desangrado en las terribles batallas del verano cuando se corría de victoria en victoria mientras que en los reveses de finales del otoño y principios del invierno hicieron relativamente menor daño. Otra cuestión fue la gran cantidad de equipo y material perdido durante la retirada frente a Moscú.

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Martin Niemöller
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Re: Operación Barbarroja y prioridad de Moscú

Mensaje por Martin Niemöller » Dom Jul 08, 2012 5:01 am

Schwerpunkt escribió: En otras palabras el Ostheer fue desangrado en las terribles batallas del verano cuando se corría de victoria en victoria mientras que en los reveses de finales del otoño y principios del invierno hicieron relativamente menor daño. Otra cuestión fue la gran cantidad de equipo y material perdido durante la retirada frente a Moscú.
Estimados,

Schwerpunkt, aunque el tema de las bajas me parece una deriva del tema que se está tratando aquí, sólo queria agregar que la importancia de las pérdidas en la batalla de Moscú estuvo centrada a mi entender en el material: tanques, vehículos de todos los tipos y aviones, que además no estaban adaptados para tan bajas temperaturas.
José Luis escribió:¡Hola a todos!
Martin Niemöller escribió:
¿qué hacía suponer a Hitler, el OKW, OKH, etc. que podía destruirse al grueso del ejercito rojo al oeste de la línea de los ríos Dvina y Dnieper?
Siempre me llamó la atención este presupuesto, sobre todo en una guerra con bastante movilidad. Lo que quiero decir, es ¿porqué exactamente en ese lugar geográfico? y ¿porqué estaban tan seguros de lograrlo?
Cuando Marcks concluyó su estudio (Operationsentwurf Ost) estimó que la reacción soviética más probable a una ofensiva alemana sería defender sus posiciones en la Rusia occidental en vez de combatir en retirada como había hecho Rusia en 1812. Si se mantenían firmes al oeste de los ríos Dvina y Dnieper, entonces los alemanes tenían la oportunidad de cercarlos con grandes operaciones de envolvimiento y destruir el grueso de sus fuerzas antes de que pudieran replegarse y establecer nuevas defensas al este de los dos ríos. Aunque Marcks contempló que también podrían combatir en retirada, pero no lo consideró probable. Luego, en su evaluación de la situación Roja (Beurteilung der Lage Rot) cambió de parecer sobre la reacción soviética más probable, decantándose por la segunda alternativa rusa, pero como esta evaluación no llegó a Halder, pues no contó para nada a efectos prácticos. Por su parte, Lossberg consideró tres escenarios en su Operationsstudie Ost: un ataque preventivo soviético que descartó finalmente por razones militares, aunque con riesgo de ejecución contra Finlandia y Rumania; una defensa firme de las fronteras occidentales; y finalmente una retirada en profundidad hacia el este. De estos tres escenarios, Lossberg creyó que el más probable de todos era el segundo y, en consecuencia, abrió su estudio subrayando los siguientes objetivos: "El objetivo de la campaña contra la Rusia Soviética es destruir la masa del Ejército Soviético en Rusia Occidental, evitar la retirada de elementos capaces-de-batalla a las profundidades de Rusia, y luego, habiendo aislado Rusia Occidental de los mares, avanzar hacia una línea que colocará en nuestras manos la parte más importante de Rusia y en la cual será fácil formar un escudo contra la Rusia Asiática". (Stahel, 48).

La Directiva 21 recogía este escenario y objetivo que declaró en su "Propósito General". Halder hizo de ello una condición sine qua non, aunque carecía de un fundamento sólido para ello. Cuando le preguntarón (no recuerdo si Bock) qué pasaría si los rusos se retiraban en vez de defender, simplemente desechó la pregunta.

De todas formas, se cumplió ese escenario, pues los soviéticos defendieron sus fronteras y posiciones occidentales, pero los alemanes no pudieron conseguir su propósito al oeste del Dvina-Dnieper pese a haber destruido y/o capturado una buena parte del Frente Occidental.

Martin Niemöller escribió: Además, después de este fracaso, como bien dices, Hitler persiguió más los objetivos económicos que los militares, o no?
Los objetivos económicos de la campaña siempre fueron importantes para Hitler, pero sin duda empezaron a ser prioritarios durante la segunda mitad de julio y la primera mitad de agosto. La declaración del Atlántico de Roosevel y Churchill y el hecho de que la campaña no discurría como se había esperado es probable que llevaran a Hitler a dudar de su esperada conclusión victoriosa de la guerra con la URSS en 1941, por lo que el Donets y el Cáucaso pasaban a primer plano.
José Luis, gracias por tus respuestas. Pero de esto surge otro tema, que me parece muy importante, a fines de agosto ya habian pasado 2 meses de campaña, con lo cual se podía decir que ésta había fracasado. En tu aclaración muestras que la destrucción del ejército rojo al oeste de la línea de los ríos Dvina y Dnieper al principio era una prioridad tanto de Hitler como de los altos mandos, es decir, había coincidencia de opiniones y además era una orden de Hitler.
Pero producida la derrota lo lógico es que se hubiera proseguido con el objetivo de destruir al ejercito rojo, que por lo que parece tambien era una prioridad de Hitler -es mas era una orden suya, ¿o su orden estaba inexorablemente unida a una región geográfica?-. Los efectos de la declaración del Atlántico de Roosevel y Churchil todavia eran lejanos, y si no se destruia al ejercito rojo no se podrian mantener los territorios ocupados, que es lo que dije anteriormente. Este es el gran enigma. Los generales propugnaban que habia que seguir con la ofensiva hasta Moscú debido a la derrota anterior, y esto era priorodad numero uno, tenia que lograrse lo antes posible, antes de que llegara el invierno. Sin embargo Hitler abandonó su prioridad numero uno que era destruir al ejercito rojo y prefiere centrarse en prioridades de indole economico pero que serian muy dificiles de sostener en el tiempo.
Muy distinto hubiera sido si se hubiera logrado destruir al grueso del ejercito rojo porque entonces si Moscú podria haber pasado a ser un objetivo secundario, pero producida la derrota lo lógico era continuar con la ofensiva en esa dirección.
Esta me parece es la gran critica que los generales le han hecho a Hitler, por lo menos es lo que me parece.

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Re: Operación Barbarroja y prioridad de Moscú

Mensaje por Schwerpunkt » Dom Jul 08, 2012 9:14 pm

¡ Saludos a tod@s !
Martin Niemöller escribió:Schwerpunkt, aunque el tema de las bajas me parece una deriva del tema que se está tratando aquí, sólo queria agregar que la importancia de las pérdidas en la batalla de Moscú estuvo centrada a mi entender en el material: tanques, vehículos de todos los tipos y aviones, que además no estaban adaptados para tan bajas temperaturas.
Es efectivamente una deriva del tema principal pero tiene su importancia tanto en el momento de la toma de decisiones del verano de 1941 como en la interpretación de la posguerra.Por parte de los generales alemanes en su particular representación del fracaso de la campaña contra la Unión Soviética y apoyados por la historiografía occidental se nos ha contado que la operación Barbarroja fracasó por los errores estratégicos de Adolf Hitler -con especial énfasis en la operación de desvío hacia el sur- y que las terribles bajas sufridas durante la campaña de invierno fueron el colofón al desastre. Mi interpretación del rítmo de bajas sufridas choca de frente contra esa interpretación. El Ostheer sufrió relativamente pocas bajas en la contraofensiva soviética aunque perdió mucho material -en especial cañones, carros y vehículos aunque pocos aviones- lo que se traduciría en un déficit en las plantillas de motorización de un gran número de divisiones cuando llegó la primavera de 1942.

Pero la cuestión es que el Ostheer sufrió un rítmo de bajas tremendo durante las gigantescas batallas de cerco del verano. Era un rítmo de bajas superior a la campaña de Francia y con la diferencia fundamental que la campaña del Oeste quedó sentenciada en cinco semanas mientras que en Rusia doce semanas mas tarde todavía no se había llegado a la decisión final.
José Luis escribió:La Directiva 21 recogía este escenario y objetivo que declaró en su "Propósito General". Halder hizo de ello una condición sine qua non, aunque carecía de un fundamento sólido para ello. Cuando le preguntarón (no recuerdo si Bock) qué pasaría si los rusos se retiraban en vez de defender, simplemente desechó la pregunta.
Esta es la clave de todo el asunto: si el grueso del Ejército Rojo no quedaba destruído al oeste de los ríos Dvina y Dniéper todo el plan alemán se venía abajo. Y como los alemanes no tenían "Plan B" no había respuesta operacional a la posibilidad factible de que hicieran una retirada estratégica como en 1812. Que los soviéticos no lo hicieran fue un regalo para los planes alemanes aunque no lo suficiente para asegurar la victoria final.

En retrospectiva el plan alemán fracasó -o sea no se destruyó al grueso del Ejército Rojo- no porque este se retirara al este de estos ríos sino porque la capacidad de generación de fuerzas soviéticas fue tan increíble que pese a perder todos los efectivos dispuestos al oeste de esa línea mas una enorme afluencia de refuerzos enviados a la zona, pudo poner en pie otras fuerzas de casi idéntico tamaño a las perdidas en julio-agosto para detener a los alemanes.

No quiero extenderme más sobre este tema por ser en efecto una deriva pero me pareció interesante desechar alguno de los mitos que hemos oído durante mas de sesenta años. Excelente la exposición, Jose Luis, porque este es uno de los puntos cruciales del siglo XX y no lo había visto tan bien resumido y explicado como aquí.

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Re: Operación Barbarroja y prioridad de Moscú

Mensaje por Martin Niemöller » Lun Jul 09, 2012 5:45 am

Schwerpunkt escribió:
José Luis escribió:La Directiva 21 recogía este escenario y objetivo que declaró en su "Propósito General". Halder hizo de ello una condición sine qua non, aunque carecía de un fundamento sólido para ello. Cuando le preguntarón (no recuerdo si Bock) qué pasaría si los rusos se retiraban en vez de defender, simplemente desechó la pregunta.
Esta es la clave de todo el asunto: si el grueso del Ejército Rojo no quedaba destruído al oeste de los ríos Dvina y Dniéper todo el plan alemán se venía abajo. Y como los alemanes no tenían "Plan B" no había respuesta operacional a la posibilidad factible de que hicieran una retirada estratégica como en 1812. Que los soviéticos no lo hicieran fue un regalo para los planes alemanes aunque no lo suficiente para asegurar la victoria final.
Estimados,

si no existía un plan B, entonces había que crearlo sobre la marcha....y si no se pudo destruir al grueso del ejercito rojo al oeste de la línea de los ríos Dvina y Dnieper lo lógico era seguir intentándolo, es decir, había un orden de prioridades y es aquí cuando Hitler decide abandonar ese orden. El principal énfasis era derrotar al grueso del ejército rojo y es lo que creo que quiso decir Gotthard Heinrici con la frase que da comienzo a este hilo:

“Más decisivo fue la decisión operacional de agosto de 1941, que cambió el principal énfasis de la operación [Barbarroja] del Grupo de Ejércitos Centro al Grupo de Ejércitos Sur y, en parte, al norte. Esto evitó la mejor oportunidad para conducir una batalla decisiva con el enemigo durante un ataque directo sobre Moscú. Subrayo 'mejor oportunidad' porque no ha habido evidencia de lo contrario”.

La decisión de Hitler dió tiempo al ejército rojo para reunir tropas en la zona de Moscú y condenó al ejército alemán a llegar a Moscú en pleno invierno. Hitler se iba convirtiendo -cada vez más- en el peor enemigo del ejército alemán.

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Re: Operación Barbarroja y prioridad de Moscú

Mensaje por José Luis » Lun Jul 09, 2012 10:28 am

¡Hola a todos!
Martin Niemöller escribió: La decisión de Hitler dió tiempo al ejército rojo para reunir tropas en la zona de Moscú y condenó al ejército alemán a llegar a Moscú en pleno invierno. Hitler se iba convirtiendo -cada vez más- en el peor enemigo del ejército alemán.
Martin, parece que no captas la principal conclusión de lo que he expuesto en este hilo, tal vez porque no has comprendido su significado. Al cargar en la decisión de Hitler (me imagino que te refieres a sus memorandos de 21 y 22 de agosto) estás dando credibilidad a la justificación de posguerra de muchos generales alemanes que presentaron dicha decisión como la causa principal del fracaso de Barbarroja, pues ella, alegaron, les impidió conquistar Moscú antes de la llegada del invierno. Mi propósito aquí no fue entrar a discutir este reclamo, sino demostrar que Moscú nunca fue el objetivo operacional principal de Barbarroja en las distintas directivas de Hitler y el OKW y que, por tanto y al contrario de lo que afirman esos caballeros, no fue Hitler el que se desvió del orden de prioridad que había establecido para los objetivos operacionales, sino que fueron los jefes del OKH quienes intentaron desviar a Hitler de los mismos. Y he manifestado que jamás intentaron hacerlo durante la fase de preparación de Barbarroja (desde la emisión de la Directiva 21 en adelante) y ni siquiera durante el primer mes de la campaña. Sólo empezaron a mostrar sus cartas ante Hitler a partir del 23 de julio.

La razón principal que tuvieron Halder y Brauchitsch para no plantear directamente con Hitler el asunto de Moscú y dejarlo resuelto antes del comienzo de la campaña fue su creencia de que el desarrollo de la campaña haría innecesaria la difícil tarea de cambiar el punto de vista de Hitler sobre Moscú. Y fue en ese optimismo infundado de Halder y Brauchitsch (y muchos otros generales) sobre la buena marcha de las operaciones, sobre la viabilidad de Barbarroja, donde se encuentra la razón fundamental de su fracaso final. Y digo optimismo infundado porque esos caballeros tenían información que apuntaba a lo contrario, información que planteaba problemas que no tenían solución, y que simplemente desecharon porque no se ajustaba a sus expectativas. Tenían información sobre aspectos logísticos y operacionales que llevarían a cualquier otro Estado Mayor General competente a replantear decisivamente Barbarroja y sus objetivos, información que apuntaba precisamente a la aparición de problemas tal cual surgieron en la realidad en la segunda quincena de julio y durante agosto en los tres grupos de ejércitos, pero no quisieron aceptarla. Y lo que no quisieron resolver cuando estaban a tiempo de hacerlo, en el otoño de 1940 y el invierno de 1940-1941, reformulando el propósito estratégico y los objetivos operacionales de Barbarroja, intentaron resolverlo cuando ya era tarde, es decir, cuando surgieron esos problemas en julio y agolsto de 1941.

En primer lugar, Brauchitsch, Halder, Keitel y Jodl tenían información de Thomas sobre la precariedad de la situación económica respecto de algunas materia primas estratégicas fundamentales (como el combustible, el caucho, etc.) y que esa precariedad se haría insostenible pasados tres meses (en general) del comienzo de Barbarroja. Desecharon esa información y la ocultaron a Hitler, entregándole otra tamizada por el propio Thomas de acuerdo con las instrucciones de Keitel.

En segundo lugar, Brauchitsch y Halder tenían información del departamento geográfico del OKH que apuntaba a que la posible captura de Moscú no equivaldría, en modo alguno, a una conclusión victoriosa de la campaña. Desecharon igualmente esta información.

En tercer lugar, Paulus entregó al menos dos memorandos sobre las conclusiones de los ejercicios de mapa que, siguiendo instrucciones de Halder, llevó a cabo en diciembre de 1940, antes de que Hitler cursara la Directiva 21. En ese estudio Paulus “desplegó” 154 divisiones alemanas (incluyendo 36 móviles y 10 rumanas) contra 175 divisiones soviéticas (incluyendo 50 de tanques), calculando que durante los tres primeros meses de campaña los soviéticos podrían añadir unas 30 ó 40 divisiones más, cifra que se elevaría a unas 100 divisiones más a los seis meses de campaña. Al igual que Marcks y Lossberg, Paulus concluyó que las primeras semanas de la ofensiva decidirían en gran parte la campaña, si bien declaró que los “cálculos de la fuerza enemiga...eran de fundamental importancia a la hora de determinar los objetivos y el calendario de la ofensiva alemana” (Stahel, 56, del Paulus and Stalingrad de Görlitz).

Paulus apuntó los resultados de sus juegos de guerra en dos fases, la primera ocho días después del comienzo de las operaciones, y la segunda a los veinte días. En la primera fase, Paulus no desechó la posibilidad de que los soviéticos, mediante contraataques contra las vanguardias móviles alemanas, eliminaran la movilidad del ejército y dejaran a la infantería alemana en una situación similar a la de la Grande Armée de Napoleon en 1812. Para evitarlo, Paulus previó la asignación de cuerpos de infantería a los panzergruppen para ayudarlos en los ataques iniciales y liberar así a la infantería motorizada para que avanzara lo más rápido posible tras las formaciones panzer. Era una medida provisional que no resolvía el problema de fondo, pues a medida que avanzaran las vanguardias móviles, tras las batallas fronterizas iniciales, mayor sería la distancia que las separaría de la infantería de a pie y mayor sería el tiempo que esta última necesitaría para cerrar ese vacío. Era un problema insoluble ya planteado por algunos de los teóricos alemanes en los debates sobre el empleo del blindaje en la década de los veinte y primeros treinta.

En la segunda etapa, Paulus estimó, pese a un duro combate, que se alcanzaría una línea acorde a la planificada, y también en el calendario planificado, pero declaró que los objetivos de la campaña todavía estarían muy lejos lograrse, y que los soviéticos, después de surfir grandes pérdidas, conseguirían retirarse a la línea del Dnieper y el Alto Dvina, estableciendo allí un nuevo frente continuo, lo que suponía un fracaso de los alemanes (el ejército “azul” del juego de guerra). También concluyó que, tras esta segunda fase de la campaña (20 días), los alemanes necesitarían una pausa operacional de unas tres semanas para la concentración y reorganización de sus fuerzas, la rehabilitación de sus unidades panzer y motorizadas, y, sobre todo, el establecimiento de bases de suministros para los frentes. Paulus tenía claro que el avance debía reanudarse cuanto antes posible, pero surgían dudas y debates sobre qué objetivos asignar a los tres grupos de ejércitos. El problema era que los comandantes de los grupos de ejércitos norte y sur querían que se les asignaran temporalmente las unidades panzer del grupo de ejércitos del centro y de la reserva general del ejército para poder conseguir los principales objetivos que les habían encomendado, pero el comandante del grupo de ejércitos del centro se oponía y quería que los consiguieron con sus propias fuerzas, pues de lo contrario no podría concentrar la fuerza de blindaje necesaria para capturar Moscú.

El problema ahí debatido ponía de manifiesto la inviabilidad de Barbarroja y sus objetivos; en otras palabras y como ya dije en su momento, era la manifestación evidente del enorme desequilibrio entre medios y fines. Con los medios a su disposición el Ostheer, pasados veinte días de campaña, no podía conseguir los objetivos operacionales planificados, por lo que era necesario concentrarse en un solo objetivo operacional y en un solo grupo de ejércitos. Y Paulus escogió el Grupo de Ejércitos Centro y el objetivo Moscú en una operación que debía comenzar no más tarde de cuarenta días desde el inicio de la campaña, es decir tras la segunda fase y la pausa operacional. Designó Leningrado y la cuenca del Donets como objetivos secundarios, mientras que los grupos de ejércitos norte y sur debían proporcionar apoyo de flanco para el principal ataque del GEC hacia Moscú. Con esto remató Paulus sus informes sobre los juegos de guerra.

Lo que Paulus no incluyó en sus informes fueron sus reflexiones sobre el conjunto de los juegos de guerra, caso de que demos credibilidad a su veracidad, pues Paulus cuenta esto en 1946. Admitió como “conclusión general” que las fuerzas alemanas apenas eran suficientes para el propósito de la campaña (destruir el grueso del Ejército Rojo en Rusia occidental) y descartó la línea del avance final planificada (Volga-Archangel) como “mucho más allá de cualquier cosa que las fuerzas alemanas disponibles podían esperar conseguir”, añadiendo “pero es un típico ejemplo de la extravagancia megalomaníaca del pensamiento político nacionalsocialista”, ignorando que fue esa línea la que marcaron Marcks y Lossberg y la que aceptó Halder, y, finalmente, la que él mismo no se atrevió a descartar en los informes que entregó de sus juegos de guerra.

Ya hemos visto, y no me voy a repetir, que Hitler rechazó considerar a Moscú como objetivo prioritario cuando Jodl le entregó el plan del OKH, ordenando que se modificara para quedar tal y como después estipuló la Directiva 21 de 18 de diciembre de 1940.

Si Brauchitsch y Halder tenían información solvente ya en diciembre de 1940 que apuntaba a que la planificación ofensiva era, en su conjunto, inviable en relación al propósito general de la campaña y a sus principales objetivos operacionales, y, sin embargo, decidieron obviarla e iniciar Barbarroja, parece del todo injustificable que echaran la culpa del fracaso de Barbarroja a Hitler. Si además tenían información que apuntaba que la posible captura de Moscú no iba a resolver la inviabilidad de Barbarroja, parece igualmente injustificable que cargaran a Hitler con la culpa del fracaso de Barbarroja por no priorizar la captura de Moscú. En el fondo, culpar a Hitler era la única manera que tenían todos ellos de ocultar sus propios fracasos, personales e intransferibles, al igual que hicieron con otros aspectos de la guerra, como el de los crímenes contra la humanidad, donde presentaron a una Wehrmacht libre de toda culpa cargando toda la autoría de dichos crímenes a las espaldas de la SS.

El problema, pues, no era si Moscú, Leningrado o Kiev. El problema real e insoluble fue que el Ostheer no tenía los medios necesarios para conseguir los fines declarados de Barbarroja, que sus jefes lo sabían y no lo quisieron reconocer porque subestimaron las capacidades del Ejército Rojo y los recursos de movilización a disposición del gobierno soviético, sobrevalorando a su vez las capacidades del Ostheer, que pensaron que en las primeras semanas de campaña destruirían el grueso del Ejército Rojo y que después todo sería, vamos, “coser y cantar”. Cuando despertaron de esta ilusión y comprendieron los problemas que tenían, todos ellos, Hitler incluido, huyeron hacia adelante hasta que se dieron de bruces con la realidad y cayeron derrotados.

Saludos cordiales
JL

PD.: La mayor concentración de fuerzas soviéticas en agosto de 1941 no estaba en frente del Grupo de Ejércitos Centro, sino en el sur frente al GES.
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Re: Operación Barbarroja y prioridad de Moscú

Mensaje por la_respuesta » Mar Jul 10, 2012 1:50 pm

Buenos días compañeros!

Antes de leer este hilo, en base a mis escasos conocimientos del tema, pensaba que Halder era un excelente militar, competente, profesional y para nada egoísta ni caprichoso. Gracias Jose Luis, por destruir esa ilusión :cry: . Hablando en serio, excelente información. Es casi increíble ver la secuencia de errores y omisiones e interpretaciones forzadas en las que incurrió Halder (y otros) con el único propósito de imponer su voluntad (casi capricho) de señalar a Moscu como “el” objetivo principal al cual estaba supeditado el éxito de Barbarroja.
Yo también era de los que creía que Barbarroja fracasó única y exclusivamente por las “meteduras de pata” de Hitler (en este caso por el desvío de fuerzas hacia el GEN y GES en detrimento del Centro) que pasaba por alto los meticulosos y bien pensados planes de los distintos Generales. Creía eso producto quizás de tantas memorias exculpatorias y distinta información de internet que uno lee y que uno se limita a dar por verdad, sin poder o tener tiempo de cotejar con información de mayor calidad.

Como ya dije, muchas gracias.

Saludos a todos.-

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Re: Operación Barbarroja y prioridad de Moscú

Mensaje por José Luis » Vie Jul 13, 2012 10:29 am

¡Hola a todos!

Halder no era un general incompetente, pero no reunía, a mi juicio, las características necesarias para ser el Chef der Generalstabes des Heeres. En primer lugar, no gozaba del respeto moral y el reconocimiento profesional que tenía entre los generales y oficiales superiores de Estado Mayor General su antecesor en el cargo, el general Beck. Y tampoco reunía las condiciones necesarias para, mediante su práctica, ganarse el respeto tributado a Beck. Carecía de la visión y responsabilidad estratégica de Beck; siendo muy competente en el terreno operacional, estaba muy lejos del genio operacional de un Manstein, y, finalmente, no siendo tan débil de carácter como un Paulus, la vida no lo había dotado de la personalidad y determinación de un Reichenau. Si a esto añadimos que no tuvo como apoyo imprescindible a un Oberbefehlshaber des Heeres de la integridad profesional de un Fritsch, sino a un timorato como Brauchitsch, y que la Wehrmacht ya no estaba bajo el mando ejecutivo de un Blomberg, sino del Führer (a través de Keitel), entonces no resulta tan difícil comprender lo que sucedió durante la guerra.

Mientras que duró la “luna de miel” entre la jefatura del Reichswehr/Wehrmacht y Hitler (1933-1938), los asuntos militares discurrieron, en general, de acuerdo con los principales deseos del liderazgo del ejército. Salvo en el papel que debía jugar el Oberbefehlshaber des Heeres (con su EMG) en tiempos de guerra y en el ritmo con que se estaba llevando a cabo la expansión y rearme de la Wehrmacht, en el resto de los asuntos relativos a la esfera militar había un buen entendimiento y apoyo mutuo entre el liderazgo militar y Hitler. Durante ese idilio, Hitler no podía dictar órdenes militares ejecutivas con respecto a la organización y administración de la Wehrmacht, pues ese papel correspondía exclusivamente al comandante en jefe de la Wehrmacht y ministro de la Guerra, Blomberg.

La única batalla soterrada importante que se daba entonces en el ejército, una vez resuelta satisfactoriamente la amenaza de la SA, era entre dos bandos del mismo. De una parte, la representada por Beck y Fritsch; de la otra la encabezada por Blomberg y Reichenau/Keitel. Los primeros querían mantener al alto mando del ejército (OKH) como el órgano decisorio fundamental de la Wehrmacht en tiempos de guerra; Blomberg y sus allegados querían trasladar este papel a un nuevo órgano, una especide de Estado Mayor General de la Wehrmacht. Además, Beck quería que el comandante en jefe del ejército (Oberbefehlshaber des Heeres) ejerciese, en tiempos de guerra, un poder de decisión en el nivel de la gran estrategia igual al del Führer, esto es una especie de mando dual. Esta última pretensión de Beck iba más allá del paradigma decimonónico prusiano de Moltke/Bismarck y se acercaba más al Dritte Oberste Heeresleitung de Hindenbug-Ludendorff/Wilhelm II (Guillermo II).

Ambos bandos resultaron perdedores cuando Hitler purgó la jefatura de la Wehrmacht y del ejército en febrero de 1938. Primero, y como resultado de los recelos mostrados por Blomberg y Fritsch a los planes de guerra de Hitler en la Cancillería del Reich en noviembre de 1937, el Führer defenestró a Blomberg y Fritsch, y, acto seguido, trasladó a la reserva o a otros puestos de menor relevancia a una larga lista de, para él, incómodos generales del ejército. Aunque no lo disolvió de iure, canceló de facto el Ministerio de la Guerra, y asumió él mismo el puesto de comandante en jefe de la Wehrmacht (Oberbefehlshaber der Wehrmacht) mediante la creación del Oberkommando der Werhmacht (OKW), poniendo como jefe nominal a Keitel (Chef des Oberkommandos der Wehrmacht) y como jefe de estado mayor a Jodl (Chef des Wehrmachtführungsstabes). Pero el OKW no resultó ser, como habían buscado Blomberg y cía, un Estado Mayor General de la Wehrmacht o un Estado Mayor General Conjunto de las tres ramas de la Wehrmacht, sino una especie de secretaría técnica y ejecutiva del Führer, el nuevo dueño y señor de las fuerzas armadas alemanas (papel que remataría cuando se nombró a sí mismo Oberbefehlshaber des Heeres en diciembre de 1941). Al estilo de lo que había hecho en la esfera política, también en la militar propició ahora Hitler la rivalidad y duplicidad de servicios en la Wehrmacht. En cuanto al Oberbefehlshaber des Heeres, Hitler nombró a Brauchitsch mediante la previa aceptación de este último de un soborno tácito consistente en recibir del Führer el dinero requerido para formalizar su divorcio y evitar un escándalo que, virtualmente, pusiera fin a su carrera militar. De esta forma quedó Brauchitsch hipotecado a la voluntad del Führer.

Con la purga del generalto de la “vieja guardia” del ejército, la reorganización del alto mando de la Wehrmacht, la degradación del OKH y el encumbramiento de generales sumisos a su voluntad, Hitler consiguió el control casi completo del ejército. El último escollo importante desapareció con la dimisión de Beck pocos meses después, en agosto de 1938. En mi opinión, es bajo este contexto desde donde debemos considerar el papel del nuevo jefe del EMG alemán, Franz Halder, un hombre que carecía de la extraordinaria personalidad y el genio militar requeridos para enfrentarse abiertamente a Hitler, auqnue sólo fuese en cuestiones puramente militares. El colofón a esta historia llegó con la inesperada y extraordinaria victoria sobre Francia en mayo-junio de 1940, de la cual no salió el EMG como su gran artífice, sino Hitler. Y además con ignominia para los dos jefes del OKH, pues primero Hitler hizo valer el concepto operacional de Manstein que previa y repetidamente habían desechado Brauchitsch y Halder, y después desautorizó a estos dos caballeros dando prevalencia a la opinión de uno de sus subordinados (Rundstedt en la parada blindada de Dunkerque).

Es posible que Halder quedara fatalmente resentido pos esas (y otras) humillaciones que sufrió desde el comienzo de la guerra y que, tras la campaña francesa, quisiera ganar el protagonismo y recuperar el prestigio que le habían usurpado a él y su EMG, adelantándose con la toma de unas decisiones que no le correspondían plenamente, como su plan “Otto” y luego su cuestionable proceder con el asunto de Moscú que hemos visto. Sea como fuere, el OKH ya había firmado su sentencia de muerte en febrero de 1938 cuando asistió pasivo a su defenestración por Hitler. La ejecución de la sentencia llegó en diciembre de 1941.

Saludos cordiales
JL
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Re: Operación Barbarroja y prioridad de Moscú

Mensaje por José Luis » Lun Jul 16, 2012 8:49 pm

¡Hola a todos!

Quisiera traer a colación, y como colofón al tema, algunas de las opiniones y consideraciones de posguerra que expresaron los generales alemanes, comenzando por Manstein, un outsider en la planificación de Barbarroja.

Otra de las cosas que luego se echaron de ver, fue que también en la esfera del mando supremo militar, o sea entre Hitler y el Alto Mando del Ejército, iba todo tan desdichadamente que no se pudo llegar a una concepción estratégicamente homogénea, ni durante el planteamiento de la operación total que hubiese sido lo más deseable y oportuno- ni siquiera en el curso de la campaña misma de 1941.

Y es que los objetivos estratégicos de Hitler descansaban sobre todo en consideraciones políticas y económicoindustriales en su repercusión bélica. Unas veces era la toma de Leningrado, en donde veía la cuna del bolchevismo, la posibilidad de enlazar con los finlandeses y una segura promesa de dominar el Béltico. Otras era la ocupación de la ubérrima Ucrania y de las industrias pesadas de la cuenca del Donez, y más tarde de las zonas petrolíferas del Cáucaso. Y así iba y venía, de uno a otro objetivo, confiando en que de esta suerte conseguiría anquilosar la vitalidad bélico-industrial de la Unión Soviética.

Sostenía por el contrario -y con razón- el Alto Mando del Ejército, el parecer de que la conquista y conservación de aquellas zonas de indiscutible importancia estratégica, debía tener como condición previa la derrota del Ejército rojo, cuyos principales efectivos habría que buscar camino de Moscú, si se les quería forzar a librar batalla decisiva. (Supuesto que tampoco había de resultar plenamente confirmado, cuando se llegó a conocer la real distribución de fuerzas soviéticas).
Manstein, Victorias Frustradas. Barcelona: Inédita Editores, 2006, pp. 228-229.

Hay aquí tres cuestiones que me parecen principales:

1.- Manstein, un virtuoso de la ambigüedad cuando quería, no concreta qué es lo que iba “tan desdichadamente” entre Hitler y el OKH. El decir que iba “todo” es como decir que no iba nada. Porque había formalmente una “concepción estratégicamente homogénea” entre Hitler y el OKH, toda vez que los jefes del OKH no se opusieron o discreparon formalmente ante Hitler y su concepción estratégica. ¿Cómo pudo no haber una “concepción estratégicamente homogénea” entre Hitler y el OKH, “ni durante el planteamiento de la operación total que hubiese sido lo más deseable y oportuno”, cuando el OKH no objetó durante ese tiempo ante Hitler ninguna discrepancia estratégica fundamental? No hubo ninguna objeción clara por parte del OKH ante Hitler hasta el 23 de julio de 1941, cuando la campaña llevaba ya más de un mes en curso. Manstein tendría razón en la primera parte de lo que dice si el OKH hubiera expresado clara y formalmente sus objeciones estratégicas ante Hitler en cualquier momento de la fase de planificación de Barbarroja, pero como no hizo tal, el mariscal berlinés simplemente está recreando la realidad. Y tendría razón en su segunda parte de la frase (que no se llegase a una “concepción estratégicamente homogénea” durante el curso de la campaña) sólo si hubiera agregado los matices que hemos ido viendo en este hilo, o por lo menos los más importantes.

2.- Hitler no iba y venía de unos objetivos estratégicos a otros como afirma Manstein. Leningrado fue siempre, para Hitler, un objetivo operacional prioritario. La cuenca del Donets empezó a cobrar forma decisiva en Hitler sólo cuando comprobó que Rundstedt era incapaz de conseguir sus objetivos operacionales con sus propias fuerzas. La indecisión de Hitler sobre cómo continuar las operaciones tras la liquidación de la bolsa de Smolensk se debió principalmente, por una parte, a sus recelos por las triquiñuelas del OKH, y por la otra a los flancos expuestos de Bock, el estancamiento de Leeb y a algo que veremos en el siguiente punto.

3.-Manstein parece no asimilar -y ello todavía después de la guerra, cuando escribe eso- que el principio de destrucción (Vernichtungsprinzip) y la batalla de destrucción (Vernichtungsschlacht) de Clausewitz no sirvieron para conseguir el propósito general de Barbarroja: la destrucción del grueso del Ejército Rojo mediante grandes operaciones de envolvimiento. Y también parece olvidar que la Vernichtungsschlacht no era el único principio observado por Clausewitz para conseguir la victoria:

Podemos ver ahora que en la guerra muchos caminos conducen al éxito, y que no todos ellos implican la derrota categórica del oponente. Van desde la destrucción de las fuerzas del enemigo, la conquista de su territorio, hasta una ocupación temporal o invasión, hasta proyectos con un propósito político inmediato, y finalmente hasta aguardar pasivamente los ataques del enemigo. Cualquiera de estos puede usarse para vencer la voluntad del enemigo: la elección depende de las circunstancias.*

Sin embargo, el Vernichtungsprinzip y la Vernichtungsschlacht de Clausewitz y la Kesselschlacht a gran escala de Moltke fueron, respectivamente, el concepto, el objetivo y el camino que decidieron (en esto con total consenso) Hitler y el OKH (y, en general, el resto de generales, Manstein incluido) para conseguir la victoria sobre los soviéticos. Cuando esto fracasó y el fracaso se hizo evidente, el OKH siguió empeñado en buscar una Vernichtungsschlacht decisiva camino de Moscú, aunque Manstein reconoce que, cuando lo supieron, no era hacia Moscú donde estaba el grueso del Ejército Rojo, sino hacia Kiev. Hitler también escogió una Vernichtungsschlacht en Kiev, pero subrayando la importancia estratégica económica del Donets/Cáucaso, y yo tengo para mí, y es sólo una opinión, que ese énfasis económico del Führer era la confirmación tácita de que ya no creía en una victoria en la URSS en 1941.

Manstein termina sus consideraciones estratégicas sobre Barbarroja con una visión retrospectiva que evidentemente no tenía en 1941: “Un plan de operaciones en el que, habida cuenta de la proporción de fuerzas y de la vastedad del teatro de la lucha [y esto fue precisamente lo que en la época no tuvieron en cuenta ni Nitler, ni el OKH -ni Manstein- porque su soberbia les hizo subestimar las capacidades soviéticas], debió haberse previsto la destrucción del potencial militar soviético para dos campañas si acaso”. (p. 230).

Ya traeré otras cuentas de posguerra.

*Clausewitz, On War (Oxford University Press, 2007), Libro I, Sección 2, p. 37. Traducción al inglés de Michael Howard y Peter Paret. La frase en concreto reza: We can now see that in war many roads lead to success, and that they do not all involve the opponent’s outright defeat. They range from the destruction of the enemy’s forces, the conquest of his territory, to a temporary occupation or invasion, to projects with an immediate political purpose, and finally to passively awaiting the enemy’s attacks. Any one of these may be used to overcome the enemy’s will: the choice depends on circumstances.

Saludos cordiales
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Re: Operación Barbarroja y prioridad de Moscú

Mensaje por José Luis » Mar Jul 17, 2012 8:19 am

¡Hola a todos!

Guderian fue un comandante mucho más involucrado que Manstein en el desarrollo del asunto de la pretendida prioridad de Moscú. Sus memorias merecen igual cautela que las de Manstein por ser ambos maestros de la recreación. Sin embargo, merece la pena saber que Guderian, a tenor de lo que cuenta a continuación, no muestra, a la manera de Manstein, ninguna discrepancia estratégica fundamental entre Hitler y el OKH sobre Barbarroja durante la fase de planificación, y sólo declara que, cuando sus oficiales de estado mayor le contaron las nuevas del OKH sobre Barbarroja que recién habían escuchado por vez primera, no aparecía ningún objetivo operacional claro, que había un optimismo inmune a la crítica en los oficiales del OKH y OKW con los que habló, que Leningrado era el objetivo prioritario para la segunda fase de la campaña, y, finalmente, que Leningrado era el mejor plan que se podía haber concebido dadas las circunstancias. Veamos:

Poco después de la visita de Molotov, mi nuevo jefe de estado mayor, teniente coronel Freiherr von Liebenstein, y mi primer oficial de estado mayor general, mayor Bayerlein, fueron convocados a una conferencia del Jefe del Estado Mayor General del Ejército; allí escucharon por primera vez acerca de la campaña propuesta contra la Rusia Soviética, Operación Barbarroja...

No hice intento alguno de ocultar mi desilusión y disgusto. Mis dos oficiales de estado mayor, que habían sido plenamente convencidos por los argumentos presentados por el OKH, quedaron sorprendidos por la vehemencia de mi lenguaje. Me explicaron cómo el Jefe del Estado Mayor General del Ejército, Halder, había calculado que Rusia sería derrotada en una campaña de ocho a diez semanas de duración. Tres grupos de ejércitos, cada uno de aproximadamente la misma fuerza, iban a atacar con objetivos divergentes; parecía que no se había previsto ningún objetivo operacional simple y claro. Viéndolo desde un punto de vista profesional esto no parecía en absoluto prometedor. Dispuse que mi jefe de estado mayor trasladara mis opiniones al OKH, donde no produjeron ningún efecto en absoluto.

(…) También se hizo cada vez más claro ver cuán inadecuados eran nuestros preparativos para una empresa tan enorme. Sin embargo, nuestros éxitos hasta la fecha, y en particular la sorprendente rapidez de nuestra victoria en el Oeste, habían ofuscado tanto las mentes de nuestros comandantes supremos que habían eliminado la palabra “imposible” de su vocabulario. Todos los hombres del OKW y del OKH con quienes hablé mostraron un optimismo inquebrantable y eran del todo impermeables a la crítica u objeciones.

(…) Recibí en mi cuartel general sólo escuetos indicios de las intenciones del Mando Supremo para la segunda fase de la operación después de que hubiesen sido alcanzados los primeros objetivos (en el caso de mis cuerpos el área Roslavl-Elnya-Smolensk). Estos preveían ante todo la captura de Leningrado y la costa del Báltico, para que se pudiera establecer contacto con los finlandeses y suministrar sin problemas al Grupo de Ejércitos Norte por mar. Una prueba de que tales planes estaban siendo estudiados seriamente viene proporcionada por las instrucciones operacionales que fueron cursadas; en estas se declaraba que el 3º Grupo Panzer del coronel general Hoth y posiblemente también mi Grupo iban a pararse en el área de Smolensk y prepararse para girar al norte en apoyo de las operaciones del Grupo de Ejércitos Norte. Esta operación habría tenido una gran ventaja; habría asegurado de una vez por todas el ala izquierda de los ejércitos alemanes que combatían en Rusia. En mi opinión, éste era el mejor plan que podía haberse concebido en las circunstancias, pero lamentablemente nunca oí nada más sobre él.


Guderian, Panzer Leader (Da Capo Press, 2002), pp. 142, 143, 149, 150.

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Re: Operación Barbarroja y prioridad de Moscú

Mensaje por Chuikov » Lun Jul 30, 2012 4:20 pm

Hola amigos,

Hace ya tiempo que vi este hilo pero, al contrario que la mayoría de los mortales, yo en verano es cuando no tengo tiempo. Tengo algunos apuntes que creo que pueden ser interesantes para el tema, referentes en su totalidad a la fase de planificación de Barbarroja. También pienso que, aunque peque de repetitivo, nunca está de más agradecer los buenos trabajos. Y éste, José Luis, es muy bueno.

El 22 de Junio de 1940 el Alto Mando de las Fuerzas Armadas alemanas y los plenipotenciarios franceses firman el armisticio que pone fin a la guerra entre franceses y alemanes. Sin duda alguna, la fácil y rápida victoria alemana sorprendió e impresionó a medio mundo, incluidos muchos militares alemanes. Se cierne un aura de invencibilidad sobre el ejército alemán que ahora derrocha confianza y autoestima. Es pasada esta fecha, hacia finales de Junio cuando el General der Artillery y Generalstabschef (Jefe del Estado Mayo del Heer) Franz Halder contempla los posibles derroteros que la guerra puede tomar, llegando a la conclusión de que en bastante tiempo no habría nada que ganar por el Oeste. El asunto de Gran Bretaña tendría que ser abordado larga y tranquilamente por la Kriegsmarine y la Luftwaffe. Por otra parte, en vista de la entrada de la URSS en Besarabia y el norte de Bukovina, Halder considera necesaria una “fuerza llamativa” en el Este(1) . Así muestra su inquietud ante los pasos que sigue Stalin:

“Rusia quiere Besarabia. Nosotros no estamos interesados en Besarabia. El asunto de la Bukovina que presenta Rusia es nuevo y va más allá de nuestros acuerdos con los rusos”(2).


La planificación operacional inicial para la campaña del Este comienza el 3 de Julio de 1940, cuando el General Halder ordena al Colonel von Greiffenberg, Jefe de la División de Operaciones del OKH, “cómo propinar un golpe militar a Rusia, que la fuerce a reconocer el papel dominante de Alemania en Europa.” (3) Esto es lo que escribe Halder en su diario sobre la reunión con Greiffenberg, entrada de ese mismo día:

“[…]El último (el problema del Este) se debe mirar principalmente en cuanto a los requerimientos de una intervención militar, que obligue a Rusia a reconocer la posición dominante de Alemania en Europa. Asuntos especiales, tales como los países del mar Báltico y los Balcanes, podrían introducir algunas variantes.” (4)

De la misma forma, Halder informa al cuartel general del 18 Ejército, apostado en Prusia del Este, de que preparen un plan ante cualquier posible eventualidad

¿Por qué toma esta decisión Halder? No sólo pudo nacer de su actitud antibolchevique, sino también del inquietante crecimiento del potencial militar soviético y de los territorios que se va anexionando Rusia, por ejemplo Bukovina, los cuales según él estaban fuera de lo que se había estipulado en los acuerdos previos. Importante es que se trataba del Generalstabschef, es decir, del Jefe del Estado Mayor del Ejército alemán: es algo que estaría dentro de lo que eran sus competencias, o al menos así lo entiende él.

El 21 de Julio de 1940 Hitler mantiene un encuentro con sus asesores para tratar la situación de Gran Bretaña. León Marino, la invasión de Gran Bretaña, está complicada. Los prerrequisitos para una invasión con garantías, argumenta Hitler, son control total del aire y tener todos los preparativos listos para principios de Septiembre. A no ser que estas dos condiciones se cumplieran “otros planes tendrían que ser considerados”. Al finalizar de la reunión, Hitler le pide al Feldmarshall Walther von Brauchitsch, Comandante en Jefe del Ejército, que estudie el “problema ruso” y le remita planes para una campaña contra la Unión Soviética. El OKH ya venía analizando el problema desde Junio. Así pues, Brauchitsch le presenta las ideas iniciales de un posible ataque a Rusia.

Visto lo visto Halder comienza a tomar medidas. Solicita a Kinzel , del Foreign Armies East Branch o Departamento de Ejércitos Extranjeros del Este, un informe sobre la disposición de las tropas rusas. El día 26 de Julio, después de analizar el informe del Coronel Kinzel el General Halder escribe lo siguiente en su diario:

“Kinzel (OQu IV): Revisa las informaciones secretas enemigas relativas a una operación contra Rusia. Las mejores perspectivas de éxito las ofrece una operación en dirección a Moscú, con un flanco en el Mar Báltico que, a continuación, mediante una campaña desde el norte, obligue a las concentraciones rusas en Ucrania y el Mar Negro a aceptar la batalla con frente invertido.” (5)

Esta maniobra tendría que cubrir una distancia de unos 1700 km. Halder llegó a la conclusión de que un ataque lanzado desde áreas de concentración en Prusia del Este y norte de Polonia hacia Moscú ofrecía las mejores opciones de éxito.

¿Así pues, sus primeros pensamientos consisten en atacar desde el norte y machacar Moscú?

Por otra parte el Coronel von Greiffenberg (Jefe del Departamento de operaciones del Estado Mayor General) y el Teniente Coronel Feyerabend presentan su estudio en la última semana de Julio, que sugería una única ofensiva cortando la mayor parte de las tropas soviéticas en Ucrania, de una manera similar a como se había hecho en los Países Bajos, en Mayo del 40. Halder aún así prefiere la otra opción, una gran ofensiva contra Moscú, con el flanco izquierdo muy fuerte en el Báltico, y coger así por detrás en Ucrania a los Rusos, como hicieron con los ejércitos franceses en la Línea Maginot en Junio del 40.

Leach argumenta que estas analogías fallaban en un aspecto clave: las distancias a recorrer en uno y otro escenario (6). Este error prevalecería durante toda la planificación de la campaña en el Este: el 9 de enero del 41 Hitler argumenta: “las distancias en Rusia son muy grandes, pero no más de lo que las fuerzas alemanas ya han recorrido.” Este argumento ignoraba los hechos: En la ofensiva inicial hacia el canal de la Mancha en Mayo del 40 se cubrieron unos 400 km, había durado 10 días y hubo una pausa de unos días, hasta el 5 de Junio, para recuperar las tropas, cuando la segunda fase comenzó. La persecución después de la caída de la Línea Weygand se llevó a cabo en 10 días cubriendo unas distancias de entre 350 y 500 km. Pero incluso estas pequeñas distancias ya habían impuesto unas restricciones y problemas inesperados. (7)

Luego están los dos estudios más importantes, explicados por José Luis y sobre los cuales no tengo más que añadir.

En los próximos posts me voy a concentrar especialmente en las divergencias y luchas soterradas con respecto a Moscú entre Hitler y Halder, tratando de aportar algo más a la excelente exposición de José Luis. Pero necesito estar cerca de mis libros para poder concretar números de páginas y demás.

Saludos


(1)Jürgen Förster ,en Horst Boog et al, Germany and the Second World War, Volume 4: The Attack on the Soviet Union, p 20
(2) Charles Burdick y Hans-Adolf Jacobsen, El Diario de Guerra de Halder, 1939-1942 (Santiago de Chile: Instituto Geográfico Militar, 1992), p. 175 (entrada del 21 de julio de 1940).
(3)Leach, Barry A. Strategy against Russia 1939-1941. Oxford University Press, 1973, p 99
(4) Burdick &Jacobsen, 178 (3 de Julio de 1940).
(5) Ibíd, p 187
(6) Leach, p 97
(7) Ibíd
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Re: Operación Barbarroja y prioridad de Moscú

Mensaje por Chuikov » Lun Jul 30, 2012 4:28 pm

Un poco de dibujo no viene mal. Es un carboncillo hecho por mi amigo José Manuel, un artista:

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Saludos.
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Re: Operación Barbarroja y prioridad de Moscú

Mensaje por José Luis » Lun Jul 30, 2012 5:10 pm

Chuikov escribió: Un poco de dibujo no viene mal. Es un carboncillo hecho por mi amigo José Manuel, un artista:
Está muy logrado. ¿Le encargaste tú el dibujo?

Un abrazo
JL
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Re: Operación Barbarroja y prioridad de Moscú

Mensaje por Chuikov » Lun Jul 30, 2012 5:55 pm

En efecto, se lo encargué y lo dibujó hará cosa de un año y medio. Tenía en mente escribir algo precisamente sobre este tema; trabajé en ello durante unas semanas, pero luego se quedó en papel mojado.

Por cierto, la foto que le pasé de Halder no era de perfil, lo cual tiene su mérito.
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Re: Operación Barbarroja y prioridad de Moscú

Mensaje por Chuikov » Lun Jul 30, 2012 6:05 pm

Como bien (como siempre) ha explicado José Luis, el 5 de diciembre de 1940 Hitler reunido con sus generales expresa claramente la idea de que Moscú no es el objetivo, cosa que no es rebatida ni por Halder ni por Brauchitchs. La idea de Hitler es, llegado el momento, coger tropas del GE Centro para subirlas al Báltico, que pensaba que sería muy importante para el transporte de suministros a Rusia (Así se puede leer en la directiva nº 21: Después de que la Armada alemana eliminase a la rusa, tendría que proteger el tráfico marítimo y el transporte de suministros en el flanco norte.)

Así pues, su objeción al ataque directo a Moscú estaba basado principalmente en consideraciones estratégicas. Cuenta Klink, que fue típico de la conferencia que estas diferencias sustanciales no se discutieran: Hitler actuaba desde la asunción de que al final todo se haría como él dispusiera, y Halder pensaba que cuando llegara el momento se vería que él tenía razón en esos asuntos y por tanto se haría lo establecido por él. Así pues, el conflicto durante la campaña estaba garantizado desde el principio.

Como también ha comentado José Luis, en la conferencia que Hitler mantiene con altos oficiales de la Wehrmacht el 9 de Enero del 41, “Lo más importante es el embolsamiento del Báltico, por lo que hay que tener el flanco derecho del GE Centro fuerte, para proteger el Pripet”. Barry Leach comenta que no está claro si von Brauchitsch acepta el hecho de ir a Leningrado antes de a por Moscú, para abandonar el plan de Moscú, o si pensaba que luego en Julio las circunstancias le darían la razón. Leach culpa a Brauchitsch de entorpecer la campaña una vez empezada, por no haber hecho las objeciones que tenía a su debido tiempo (8).

Este es el quid de la cuestión. ¿Para ese entonces ya tienen claro los Brauchitsch y Halder que van a decir a todo sí, para luego “obligar a Hitler a tomar el camino de Moscú, guiado por las circunstancias de la guerra”?

Leach además es bastante crítico con el proceder del OKH en el sentido de que los estudios de von Greiffenberg, Kinzel, Marcks, Paulus, Wagner y las proposiciones de Hitler no fueron combinadas en un todo consistente, y la responsabilidad de este hecho es de Halder. Leach asímismo cita a Manstein de esta forma: ” the fact remains that the basic concept of a campaign plan should be born in the mind of the man who has to direct the campaign”.”El hecho es que el concepto básico de un plan de campaña debiera haber nacido en la mente del hombre que va a dirigirla”. (9). Consideraciones a parte, porque Manstein sabría por qué lo dijo, tiene su razón.

(8) Leach, Barry A. Strategy against Russia 1939-1941. Oxford University Press, 1973, p 114
(9) Ibid p 123
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Re: Operación Barbarroja y prioridad de Moscú

Mensaje por Chuikov » Mié Ago 01, 2012 9:34 am

José Luis escribió:
Pocos días después, el 30 de marzo, Bock tuvo ocasión de discutir las operaciones con Hitler, en presencia de los dos jefes del OKH. Cuando Hitler habló del impacto decisivo que provocarían los grupos panzer del GEC en el Báltico y Leningrado, Bock quedó muy preocupado por la diversión de sus fuerzas primero en Minsk y luego en Smolensk, y el asunto de los pantanos. Así que habló de la dificultad a la que se enfrentarían sus tanques desde el área que tenían asignada en Minsk. Rápidamente intervino Brauchistch para decir que el área de conexión de los dos grupos panzer en Minsk debía entenderse como “el área general de Minsk”, en un intento de trivializar la preocupación de Bock en frente de Hitler. Eso encolerizó a Bock, más aún cuando el OKH había cursado unas órdenes específicamente contrarias, en el sentido en que los dos panzergruppen debían avanzar en “estrecho contacto”. Cuando Bock le espetó esto a Halder, éste contestó sonriendo “¡Contacto espiritual es lo que se debe entender!” (22). Y, otra vez, nada de esto anotó Halder en su diario. El asunto de la conexión de los dos panzergruppen no quedaría clarificado hasta mediados de mayo.

(14) Stahel, 71,73
(15) The Private War Journal of Generaloberst Franz Halder, Volume V. Historical Division, SSUSA, 1950, p. 83 y ss.
(16) Stahel, 77-78.
(17) Ibid., 78.
(18) Véase Stahel 79-84.
(19) Stahel, 84-86.
(20) Ibid., 89.
(21)I bid., 94.
(22) Ibid., 95.

JL
Barry Leach lo cuenta así:

El OKH, con sus objetivos en mente, (Moscú, pero sin que nadie se entere...), no es claro a la hora de planificar, para no pillarse los dedos. Los generales de campo se alarman por la vaguedad y la incertidumbre que siembra el OKH en este aspecto. El General Hoth se encuentra particularmente preocupado porque la dirección que debiera tomar su grupo Panzer en las primeras batallas estaría determinada, en gran parte, por la meta a alcanzar: Leningrado o Moscú. Si Leningrado es la que va a tener la prioridad, como se indicaba en la Directiva 21, el principal peso debería entonces residir en el flanco izquierdo, avanzando desde Vilna para tomar los puentes sobre el Dvina al oeste de Vitebsk para un posterior avance hacia el noreste. Pero la Orden Operacional del Ejército para Barbarroja (Aufmarschanweisung Barbarossa), como la ha traducido José Luis, (Deployment Directive East) daba prioridad al movimiento hacia Minsk, lo que restaría fuerza de Vitebsk.(1)

En la reunión que refiere José Luis entre Bock y Hitler el 30 de Marzo (que cito en este post), dice Leach que cuando Hitler subrayó la importancia decisiva de girar los Grupos Panzers del GE Centro hacia Leningrado, el Mariscal de Campo señala la dificultad de hacer esto desde Minsk. Von Brauchitsch, evidentemente cabreado de que hubiese sido sacado a colación este tema delante del Führer, rapidamente objeta que "sólo el amplio aŕea alrededor de Minsk se quería decir". Dándose cuenta del apuro de Brauchitsch, Bock deja el asunto. Después ya cuenta lo de la anécdota con Halder, de "Contacto espiritual".(2)

El asunto se queda así de incierto hasta mediados de Mayo cuando von Tresckow arrancó finalmente de von Brauchitsch una confirmación clara de que el OKH esperaba que Hoth dirigiera su Grupo Panzer a través de Molodetzno hacia Minsk donde se podría reunir con el avance de Guderian y cerrar el anillo alrededor de los rusos en el área de Bialystok. Después de eso el Grupo Panzer de Hoth volcaría su peso hacia el norte y avanzaría alrededor de los pantanos del Berezina. Al oir esto von Bock declaró estar contento por haber resuelto el problema finalmente, pero de hecho no estaba nada contento con la solución del OKH y , tan pronto como comenzó la campaña , tanto Hoth como él trataron de cambiar los planes para adaptarlos a su gusto. Bock no está de acuerdo con el plan de Hitler, el concepto de un avance al noreste desde Vitebsk hacia el Báltico. Al igual que Halder, von Bock prefería Moscú a Leningrado como principal objetivo en la segunda fase. Esto retendría el punto de máximo esfuerzo en su sector. En 1940 había experimentado la decepción de perder el grueso de sus unidades Panzer cuando el peso de la ofensiva se desplazó hacia el Grupo de Ejército de von Rundstedt. "Since a conspiracy of silence might reduce the chance of this happening again in 1941 with the movement of his Panzer Groups into von Leeb's sector he was probably tempted to let the matter rest".
(Traduzco este reflexión de Leach: "Puesto que una conspiración de silencio podría reducir la probabilidad de que esto pasara en 1941 con el movimiento de sus grupos Panzers (los de Bock) al sector de Leeb, probablemente Bock deja el asunto que descanse").(3)

En mi pueblo dicen, "éramos pocos y parió la abuela".

(1) Leach, p 114
(2) Ibíd, p 116
(3) Ibid
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