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Von Manstein

Todos los personajes de la Segunda Guerra Mundial

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Mensaje por José Luis » Dom Sep 16, 2007 2:10 pm

¡Hola a todos!

Bien, en el tema de la actitud del mariscal de campo von Manstein con respecto a los conspiradores que planearon y llevaron a cabo intentos de asesinato de Hitler y un coup d’état, nos interesan tres conversaciones que Stauffenberg, Gersdorff y Tresckow mantuvieron con él para intentar ganárselo para la causa, sin ningún éxito. Comenzaremos con el conde.

Stauffenberg se presentó en el cuartel general de Manstein en Taganrog el 26 de enero de 1943, siendo el entonces jefe del EMG, Zeitzler, quien el día anterior pidió telefónicamente a Manstein que lo recibiera: “Tengo una solicitud. Le he pedido a mi Ia, el mayor Graf von Stauffenberg, que vuele al Grupo de Ejércitos Don mañana, y reporte sobre las nuevas alineaciones de unidades de voluntarios rusos, en particular los de las provincias del Cáucaso. Apreciaría en alto grado el que usted lo vea personalmente. Por favor, dígame si la fecha es conveniente”. Tras acordar Manstein, sigue Zeitzler: “¿Puedo añadir un ruego especial? Considero a Stauffenberg uno de los jóvenes oficiales del Generalstab con más talento, quizás el de más talento. Como pretendo promocionarlo, le daría un gran valor a su impresión personal sobre él. Mucho apreciaría que pueda encontrar tiempo para hablar con él un poco extensamente” [Carta de Manstein a Schlabrendorff, 1947, en R. von Manstein & Theodor Fuchs, Soldat im 20. Jahrhundert (Munich, 1981), p. 264, citado en Stein, p. 229]

Stauffenberg llegó acompañado de los generales Fellgiebel y Schmundt. Manstein habló a puerta cerrada con Schmundt durante más de dos horas (2 horas y 20 minutos según el diario de guerra, de acuerdo con Peter Hoffmann, Stauffenberg, A Family History, 1905-1944. Cambridge University Press, 1995, p. 159). Luego, cuando Schmundt dejó el cuarto, Manstein habló unos minutos (10 minutos según Peter Hoffmann, Ibid., p. 159) con Fellgiebel. Y por fin, Stauffenberg entró en el despacho de Manstein (hablando 45 minutos, aunque no quedó constancia en el diario de guerra, a diferencia de los encuentros con Schmundt y Fellgiebel. Pero Manstein lo anotó en su diario privado. Hoffmann, p. 160).

Cuenta Stahlberg que le pareció que la precisa presentación de Stauffenberg impresionó al mariscal Manstein. Hablaron sobre los cosacos y turcos, y luego pasaron a tratar sobre Stalingrado y la situación de los grupos de ejércitos Don y “A”. A Stahlberg le pareció que su jefe tenía ganas de acabar el encuentro, cuando Stauffenberg le pidió nuevamente permiso para continuar, a lo que el mariscal dio su visto bueno. El conde le dijo que no podía aceptar que la pérdida del 6º Ejército en Stalingrado se debiera solamente a errores operativos. Stalingrado no era el primer error en el Este; la guerra con Rusia era toda una cadena de errores, había sido mal planeada, y que si se le hubiese pedido a él desarrollar el plan, hubiera sido completamente diferente. Pero había que aceptar los hechos y también que el 6º Ejército estaba perdido en Stalingrado, aunque consideraba que el sacrificio de cientos de miles de soldados no tenía relación con lo que debía haber sido el sentido de esa batalla. Manstein le dijo que era parte del deber de un oficial en tiempo de guerra reconocer que podía perderse una batalla, y retó a Stauffenberg a que le pusiera un ejemplo de historia militar donde se hubiera ganado una guerra sin perder al menos una batalla. El conde le respondió que no estaba convencido, y que ya había dicho que toda la campaña en el Este, incluso si se admitía que fuera necesaria, estaba viciada por una cadena de errores. ¿Quién le iba a decir a él que esa situación no iba a continuar igual? Stauffenberg le dijo que desde el fracaso de las ofensivas del otoño e invierno de 1941, los ejércitos alemanes en Rusia habían estado continuadamente muy cerca del colapso, y que en el Sur sólo la brillantez del liderazgo del mariscal de campo von Manstein había evitado la ruptura. Creía que la estructura de mando en el Frente Oriental era un fracaso, algo a lo que Manstein dio su conformidad. Pero para conseguir un cambio de liderazgo, Manstein no iba a tomar parte en ninguna actividad ilegal, ni directa ni indirectamente. El conde le respondió que si nadie tomaba la iniciativa, acabaría todo en una catástrofe. Ante esta frase, el mariscal expresó violentamente su desacuerdo. Sus propias ideas, dijo Manstein, jamás conducirían a una catástrofe, y en cambio sí conduciría a la catástrofe la iniciativa sugerida por el conde.

Ante esto, Stauffenberg le recordó al mariscal el lugar donde se encontraban. Tauroggen era un pequeño pueblo de Lituania donde el general prusiano Yorck, que había servido en el ejército de Napoleón, había cambiado de bando después de la retirada francesa de Rusia, concluyendo un armisticio con la unidad rusa mandada por otro oficial prusiano, el general Diebisch. Ese paso lo había tomado Yorck desobedeciendo una orden del rey, quien lo acusó de deslealtad, aunque él mismo se había convertido en un vasallo de Napoleón. La iniciativa de Yorck, remató Stauffenberg, fue la señal de una revolución contra Napoleón en toda Prusia, y el rey recuperó finalmente su libertad.

Manstein reaccionó violentamente, diciendo que la situación presente no era comparable con la de Tauroggen, y que haría bien en cuidar sus palabras. Stauffenberg lo contrarrestó hábilmente, diciéndole que lo había malinterpretado, que no había mencionado Tauroggen con la intención de sugerir que le alargaran la mano a los rusos. Esto estaba fuera de cuestión. Si había nombrado Tauroggen era como ejemplo de crear un fait accompli. Tauroggen era símbolo de la más alta lealtad. Manstein le respondió que la guerra estaba perdida solamente cuando uno admitía que así fuera, respondiendo de igual forma que lo haría en otra ocasión a una carta de su antiguo jefe, el coronel Ludwig Beck.

Después de la guerra, Stahlberg habló con Wolfgang Venohr, biógrafo de Stauffenberg, quien le dijo que Stauffenberg había intentado con todos sus medios convencer a Manstein, pero que éste no estaba preparado para las ideas del conde, que era totalmente leal a Hitler, que desobedecer a Hitler era tabú, y que jamás utilizaría la fuerza para derrocar a Hitler.

La entrevista acabó cordial pero fríamente. Cuando al día siguiente, Zeitzler llamó a Manstein para que le comentara sus impresiones, el mariscal le dijo, según Stahlberg, que Stauffenberg tenía una personalidad extraordinaria, pero que llevaba mucho tiempo en el OKH y que se estaba metiendo en asuntos que no eran de su incumbencia. Acabó diciéndole a Zeitzler que era buena ocasión para enviarlo al frente por un corto periodo de tiempo, aunque Peter Hoffmann dice que Zeitzler ya había decidido enviar a Stauffenberg (y promocionarlo a teniente coronel) a África del Norte en octubre de 1942.

Según Hoffmann, Stauffenberg salió de la entrevista completamente defraudado con el resultado. Dijo que la respuesta que le dio Manstein no era la que él esperaba de un mariscal de campo. Y en Tunicia le dijo a von Broich, su comandante divisional, que Manstein le había dicho que si no paraba inmediatamente con sus sugerencias, lo arrestaría. En una declaración de posguerra (reproducida en Hoffmann), Manstein dijo que era totalmente falso que hubiera amenazado a Stauffenberg con arrestarlo. Y en una carta (también reproducida en Hoffmann) de 30 de octubre de 1972, Manstein escribió a uno de sus corresponsales extranjeros que no había reconocido por parte de Stauffenberg ninguna intención de convencer a los altos comandantes para actuar contra Hitler mediante un coup d’état, que no era capaz de juzgar si tenía tales intenciones o si por cautela se las había ocultado.

Lamentablemente, Stauffenberg fue ejecutado el 20 de julio de 1944, y obviamente no pudo contestar las afirmaciones de Manstein. Pero yo no tengo dudas sobre quién de los dos dijo la verdad.

Seguiremos con von Gersdorff en otro momento.

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Mensaje por José Luis » Lun Sep 17, 2007 9:37 am

¡Hola a todos!

El Generalmajor a. D. Rudolf-Christoph Freiherr von Gersdorff (1905), oficial del arma de caballería, estuvo asignado en la Unión Soviética al Grupo de Ejércitos Centro como oficial de inteligencia (Ic) desde abril de 1941 hasta febrero de 1944, cuando fue nombrado jefe del estado mayor del LXXXII Cuerpo en el Oeste (teniente coronel en marzo de 1942 y coronel en julio de 1943).

Gersdorff, por iniciativa propia y bajo su responsabilidad, anotó y puso su firma en una entrada del Diario de Guerra del Grupo de Ejércitos Centro debajo de las siguientes palabras: “En todas mis conversaciones con mis camaradas se me pregunta sobre los asesinatos masivos de judíos. Encuentro que los asesinatos de judíos, prisioneros de guerra y comisarios se consideran una violación del honor del Ejército Alemán y su Cuerpo de Oficiales”. (Diario de Guerra del GEC, 9 de diciembre de 1941, citado en Stein, p. 226). Según Peter Hoffmann, The History of the German Resistance, 1933-1945 (The MIT Press, 1977), p. 266, "aquellos que conocieron a Gersdorff no tenían palabras suficientes para describir su claridad de mente, lo certero de su juicio, actitud caballerosa, gran valor, y carácter sólido y recto”.

El 8 de agosto de 1943, Gersdorff visitó a Manstein en su cuartel general de Zaporoshe. En el prólogo de sus memorias, Rudolf-Christoph Freiherr von Gersdorff, Soldat im Untergang-Lebensbilder (Frankfurt, 1979), dio su palabra de honor, como oficial, de que había mencionado fielmente cada detalle de su conversación con Manstein, aunque no pudiera dar fe de cada simple palabra. El encuentro tuvo lugar a puerta cerrada, y Stahlberg sólo pudo oír, por momentos, el tono elevado de las voces.

A continuación la reproducción de su conversación con Manstein, p. 134 y ss., de sus memorias:

<<<<
[Antes de partir para el cuartel general del Grupo de Ejércitos Sur en Zaporozhe, me dijo Kluge: “Informe al Feldmarschall von Manstein que después de un coup d’état exitoso le pediré que asuma el puesto de Jefe del Generalstab de la Wehrmacht, un Generalstab con autoridad sobre el Ejército, la Marina y la Luftwaffe”. Insistió en que le dijera a Manstein que él, Kluge, aunque superior en fecha de promoción, estaba dispuesto a colocarse bajo sus órdenes. Tresckow me había dado cartas de Goerdeler y Popitz, que era un antiguo ministro de finanzas prusiano. Ambos imploraban a los generales que pasaran a la acción. Tresckow me había advertido que mostrara esos documentos a Manstein solamente si yo quedaba convencido de que respetaría su confidencialidad. Posteriormente me ordenó no decir ni una palabra en presencia del general Busse, el jefe del estado mayor del Grupo de Ejércitos Sur.

Tras llegar a Zaporozhe, hablé con Schulze-Büttger* y otro confidente de Tresckow, el edecán de Manstein, teniente Alexander Stahlberg. Ambos me expresaron sus escasas esperanzas de que Manstein pudiera ser influenciado en nuestra dirección. Me prepararon un encuentro con él los dos solos. A continuación sostuvimos la siguiente conversación:

Manstein: Viene usted del Grupo de Ejércitos Centro. Pediré a mi jefe de estado mayor que se una a nosotros.

Gersdorff: Si el general Busse está presente, sólo seré capaz de informarle sobre la situación militar en el Grupo de Ejércitos Centro. No diré ni una sola palabra sobre el verdadero propósito de mi visita a usted.

Manstein me miró con sorpresa y dijo. Bien, “dispare”. Entonces comencé con un tema que sabía abriría una puerta con Manstein, el Spitzengliederung, que se discutía ampliamente en todos los estados mayores. Dije: El Feldmarschall von Kluge tiene crecientes y graves preocupaciones sobre la continuación de la guerra. La confusión acerca de las autoridades del OKW y OKH, y las cada vez más diletantes intervenciones de Hitler en las operaciones, están destinadas a conducir pronto a una ruptura del frente en el Este. Alguien debe dejar claro a Hitler que está caminando hacia una catástrofe.

Manstein: No podía estar más de acuerdo. Pero yo soy el hombre equivocado para llevar tal mensaje a Hitler. La propaganda enemiga me está describiendo ahora, sin que yo haya hecho nada para ello, como el hombre que se propone intentar desafiar la autoridad de Hitler. Ahora desconfía de mí. Solamente Rundstedt o Kluge pueden acercarse a él para este tema.

Gersdorff: Quizás todos los Feldmarschalls deberían unirse para allegarse a Hitler y ponerle una pistola en el pecho.

Manstein: Los Feldmarschalls prusianos no se amotinan**.

Gersdorff: Hay ejemplos suficientes en la historia prusiana en los que altos comandantes han actuado contra la voluntad y las órdenes de su rey. Basta con recordar a Seydlitz y Yorck. Aparte de esos, los Feldmarschalls prusianos nunca se enfrentaron a una situación como la actual. Semejante situación única requiere medios sin precedentes. Nosotros también somos de la opinión de que una acción conjunta de los Feldmarschalls está condenada al fracaso. En el Grupo de Ejércitos Centro hace mucho tiempo que estamos convencidos de que debe tomarse toda medida posible para salvar a Alemania de una catástrofe.

Manstein: En otras palabras, ustedes intentan matarlo.

Gersdorff: Sí, como a un perro rabioso.

Manstein pegó un salto, comenzó a moverse agitadamente por la habitación y gritó: “No tomaré parte en esto. Acabaría siendo la destrucción del ejército”.

Gersdorff: Usted ya ha admitido que Alemania será destruida si no sucede nada. La preocupación fundamental es Alemania y el pueblo alemán, no el ejército.

Manstein: Yo soy primero y por encima de todo un soldado. Usted no conoce el Frente como yo. Hablo a diario con soldados de todas las edades y jóvenes oficiales. Puedo ver el entusiasmo en sus ojos cuando hablan del Führer. Nunca entenderán una acción contra él. Esto llevará ciertamente a una guerra civil dentro del ejército.

Gersdorff: Yo también visito a menudo el Frente y hablo con jóvenes oficiales. Admito que una mayoría permanece entusiasta con el Führer. Pero conozco a muchos que sienten de forma diferente. Por encima de todo, estoy convencido de que los oficiales y soldados permanecerán totalmente obedientes a sus comandantes, y ejecutarán cualquier orden dada por ellos. Si Hitler desaparece, pronto nadie hablará jamás de él.

Me había excitado mucho cuando tuve este arrebato y comprendí inmediatamente que había ido demasiado lejos. Manstein me contradijo con energía. Continuaba fuertemente con sus convicciones y repetía una y otra vez que jamás tomaría parte en una acción que llevaría a la destrucción del ejército. Ciertamente, Manstein ya podía haberme arrestado antes. Había sido demasiado directo sobre la necesidad de matar a Hitler. Decidí dejar en mi bolsillo las cartas de Goerdeler y Popitz. En vista de la inflexible actitud de Manstein, no podía arriesgar el poner las vidas de esos hombres en sus manos.

Como la discusión que siguió me hizo reconocer que no podía convencer a Manstein, recordé el mensaje desinteresado que el Feldmarschall von Kluge me había pedido le transmitiera: “El Feldmarschall von Kluge me ha pedido le pregunte si usted estará preparado para convertirse en Jefe del Generalstab de toda la Wehrmacht, caso que tenga lugar un coup d’état exitoso”.

Manstein me hizo una ligera inclinación y dijo: “Por favor, transmítale al Feldmarschall von Kluge mi gratitud por su confianza en mí. El Feldmarschall von Manstein siempre será leal al servicio de todo gobierno legítimo”. Esto fue el final de nuestra conversación]
>>>>>>

* El teniente coronel (más tarde coronel) Georg Schulze-Büttger fue oficial de Operaciones de Tresckow en el Grupo de Ejércitos Centro desde diciembre de 1941 hasta finales de febrero de 1943. Había sido ayudante del antiguo jefe del Generalstab des Heeres, Ludwig Beck. A finales de febrero de 1943 se convirtió en el oficial superior de Operaciones de Manstein en el Grupo de Ejércitos Sur. Tresckow tenía puestas grandes esperanzas en él y en Stahlberg para influir sobre Manstein, como se ve sin resultados. En el verano de 1944, Schulze-Büttger se convirtió en jefe del estado mayor del 4º Ejército Panzer. Fue descubierta su participación en la conspiración del 20 de julio de 1944 y ejecutado el 13 de octubre de 1944 (Hoffmann, obra arriba citada, p. 265)

** Cuenta Stein a propósito de esa frase que en el vídeo de la televisión pública alemana, canal ARD, sobre Manstein, Philipp von Boeselager comentó malhumorado: “Tienen que amotinarse si es necesario; es por esto por lo que han sido hechos Feldmarschalls. Si no tienen los coj*****, debían haber quedado como comandantes de batallón, y así no tendrían necesidad de amotinarse”. (Stein, p. 235)

Seguirá la conversación con Tresckow.

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Mensaje por José Luis » Lun Sep 17, 2007 12:39 pm

¡Hola a todos!

Según Stein, Tresckow se reunió con Manstein por última vez el 25 y 26 de noviembre de 1943. Es lo único que se sabe con certeza que ocurrió. Cuando Schlabrendorff, íntimo de Tresckow, acusó a Manstein [luego retiraría esa acusación en 1959, en la segunda edición de su libro. Primera edición de su libro, Offiziere gegen Hitler, Zurich 1946, Segunda edición, Zurich 1959. Hay versión inglesa, la que yo tengo es They Almost Killed Hitler: Based on the Personal Account of Fabian Von Schlabrendorff (Kessinger Publishing, 2005)], después de la guerra de haber denunciado a Tresckow, el mariscal se defendió convincentemente de esa acusación e hizo unas declaraciones sobre su último encuentro con Tresckow que, en este punto, no fueron nada convincentes.

Bodo Scheurig, biógrafo de Tresckow, dijo que Tresckow no pudo convencer al mariscal, que seguía firme en sus ideas y que pensaba que todavía podía convencer a Hitler. Manstein se oponía al uso de la fuerza, pues eso podía llevar al colapso del frente.

La única mención de Manstein, durante los años de guerra, a su último encuentro con Tresckow fue una carta que escribió a su mujer el 27 de noviembre de 1943: “Tresckow no pudo irse ayer, quedando toda la noche. Jugamos al bridge. Siempre es interesante hablar con él. En una ocasión había pensado en pedirle que fuera mi jefe de estado mayor. Pero en esta ocasión, sentí que ya no era aconsejable. Por mucho que me guste y aprecie su amable personalidad e inteligencia, es demasiado listo para la situación presente. Concede demasiada atención a los peligros, dificultades y demás aspectos negativos. Obviamente, yo también estoy enterado de ellos, pero soy capaz de superar mis sentimientos. Si tengo a alguien de mi lado que tiene una visión clara pero que cierra sus ojos a aspectos positivos, se convertirá en una carga”. [Carta en posesión de la familia Manstein, citada en Breithaupt, p.86, citado en Stein, p. 239]

Alexander Stahlberg dijo en la p. 282 de sus memorias, original alemán, Stein, p. 239: “La conversación entre los dos debió haber tomado un giro dramático. Tuve que entrar dos veces en la habitación. Ambos permanecían de pie ante la chimenea en un estado de completa agitación. A Manstein le temblaba todo el cuerpo de una manera tal que yo jamás había visto antes. Tresckow tenía lágrimas de desesperación en los ojos. Obtuve la impresión de que era una continuación de la conversación de Manstein con Stauffenberg. Al ser Tresckow más franco, se había vuelto cada vez más apasionado”.

Que a Manstein le temblaba todo el cuerpo también está referido en la primera edición del libro de Schlabrendorff: [Tresckow se negó a desistir. Manstein estaba tan impresionado por el resumen de la situación de Tresckow y por sus llamamientos a su propia responsabilidad que le temblaba todo su cuerpo. Pero no podía convencerse para responder con un simple “Sí”. Tresckow le había predicado a un sordo. Finalmente Manstein se volvió temeroso de la influencia de Tresckow. A finales de 1943, el departamento de personal del ejército había propuesto a Tresckow como nuevo jefe del estado mayor del grupo de ejércitos de Manstein. Manstein expresó agudamente su rechazo. Schmundt quedó sorprendido y preguntó a Manstein por qué había declinado a Tresckow. Manstein respondió: “Tresckow era un oficial del Generalstab muy capacitado pero tenía una actitud negativa hacia el Nacionalsocialismo”. Como consecuencia de esa declaración, que Schmundt reportó a Tresckow, se acabó la carrera militar de Tresckow. Manstein había evitado que Tresckow alcanzara una posición de considerable autoridad militar, que le habría permitido movilizar la suficiente fuerza militar contra Hitler en el momento decisivo.] (Stein, pp. 239-40.

Después de que saliera a la venta el libro de Schlabrendorff, Manstein le escribió una carta desde prisión: “Mi relación con Tresckow puede describirse como de alta estima mutua, acrecentada por una amistad personal, a pesar de la diferencia de edad. Habría sido un loco completo si hubiera intentado dañar a mi defensor más fiel, quien, gracias a su amistad con Schmundt, no carecía de influencia” (Texto de la carta en Breithaupt, p. 84, sin indicación de la fecha exacta, en Stein, p. 240)

Es dudoso que Tresckow estuviera en tan buenos términos con Manstein por esas fechas. Ya el 6 de abril de 1943, Tresckow anotó en su diario: “Manstein tiene capacidad militar y operacional, pero no entiende nada de política y carece de erudición. No es capaz de ver los requerimientos políticos y muestra una completa indiferencia y oposición a poner remedio a los urgentes problemas del pueblo alemán” (Hoffmann, Stauffenberg, original alemán, p. 555, citado en Stein, p. 240)

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Mensaje por José Luis » Mar Sep 18, 2007 7:11 pm

¡Hola a todos!

Para recapitular sobre la actitud de Manstein con respecto a la conspiración militar contra Hitler, mi opinión personal es que su actitud no estuvo jamás a la altura de sus propias responsabilidades como Feldmarschall.

A pesar de sus reiteradas afirmaciones de que desconocía el asesinato masivo de judíos y demás prisioneros de guerra y comisarios políticos en el Frente Oriental, afirmaciones que creo se han demostrado completamente carentes de sinceridad en parte de mis mensajes anteriores, y a pesar de su aparente incapacidad para aceptar que la guerra estaba completamente perdida en 1943 y que continuarla, bajo el liderazgo de Hitler, no podía llevar a otro fin que la destrucción de Alemania, Manstein negó reiteradamente su apoyo y participación a quienes estaban dispuestos, incluso sacrificando sus propias vidas, a intentar poner fin al desastre nazi.

Su concepto del deber de mantenimiento de su juramento de lealtad a Hitler y su temor a una guerra civil dentro de la Wehrmacht, de producirse un coup d’état junto con el asesinato de Hitler, fueron, a mi juicio, simples disculpas para no asumir la responsabilidad que le demandaban las circunstancias excepcionales del momento. Si fue cobardía moral o ceguera intelectual, o cualquier otra cosa, poco importa, pero la historia demostró finalmente que Manstein estaba equivocado y quienes se acercaron a él para intentar cambiar la situación, no. Continuar la guerra dispuesto a seguir las directrices políticas y militares de Hitler llevó a Alemania a una catástrofe sin precedentes en la Historia, quedando en la memoria del pueblo alemán una ignominia imborrable por los monstruosos crímenes que el régimen nazi y sus colaboradores llevaron a cabo hasta el último día de la guerra.

Stauffenberg y Gersdorff le citaron a Manstein los ejemplos de Seydlitz y Yorck, oficiales que actuaron en contra de las órdenes de su rey. También pudieron haberle mencionado el ejemplo del general Groener, mucho más cercano en el tiempo, quien en noviembre de 1918 le dijo al Káiser Guillermo II que por encima de la salvación de la dinastía de los Hohenzollern estaba la salvación del pueblo alemán y de Alemania, haciendo abdicar así al emperador. Groener se ganó el distanciamiento de la mayoría de sus camaradas de armas, pero libró a Alemania de la catástrofe apoyando a la naciente República de Weimar (1).

Cuando Manstein dijo que los “Feldmarschalls prusianos no se amotinan” estaba diciendo realmente que el Feldmarschall von Manstein no se quería amotinar ni participar en nada parecido, pues, al parecer, él era ajeno a todas las miserias que pudiera padecer el pueblo alemán y desconocedor o indiferente del honor mancillado, tras el que él mismo se escudaba, del Cuerpo de Oficiales del Ejército alemán por los infames crímenes cometidos bajo su jurisdicción. Si Manstein creía que el Ejército podía y debía mantenerse al margen de las desgracias que el régimen nazi estaba cargando sobre Alemania, mejor le hubiera sido recordar lo que un soberano prusiano, cuyo nombre no recuerdo ahora, dijo a uno de sus mariscales de campo, algo así como “le he nombrado mariscal para que me desobedezca cuando esté convencido de que debe hacerlo”. Y también debería recordar a su mentor Ludwig Beck, al que en preguerra Manstein profesó veneración, cuando afirmó que el deber del alto mando no sólo se circunscribe a cuestiones puramente militares cuando el destino de la patria y del pueblo está en juego, sino que es su obligación para con su pueblo y con la historia extraer las consecuencias políticas y, si es necesario, actuar en consecuencia.

Incluso presintiendo, como presentía Tresckow, que la conspiración del 20 de julio de 1944 acabaría en fracaso, aquellos que todavía tenían conciencia, tenían el deber de sacrificarse. Como dijo Tresckow a Stauffenberg, en una carta llevada por Lehndorff: “El asesinato debe tener lugar coûte que coûte. Incluso aunque no tenga éxito, debe continuar la acción en Berlín. Ya no se trata ahora de si el coup tiene algún sentido práctico, sino de demostrar al mundo y a la historia que la resistencia alemana lo apuesta todo. Comparado con esto, todo lo demás es secundario”. (Hoffmann, The History of the German Resistance….., p. 375). O como dijo Ludwig Beck la misma mañana del 20 de julio: “Lo único que importa ahora es que la acción contra este régimen criminal proceda de dentro de Alemania. Alemania debe sufrir las consecuencias de todo lo que se ha hecho y no se ha hecho”. (Hoffmann, Ibid., p. 376)

Poco antes de suicidarse, Tresckow dijo a su amigo Schlabrendorff: “Ahora todos nos atacarán y mancillarán. Continúo convencido de la justicia de nuestra causa. Hitler no es sólo el archienemigo de Alemania, sino el archienemigo del mundo. En unas horas estaré cara a cara delante del Todopoderoso. Puedo defender lo que hice con la conciencia más limpia. Si Dios prometió a Abrahán que no destruiría Sodoma con sólo diez hombres justos que fueran encontrados, espero que Dios muestre clemencia con Alemania por nosotros. Todos los que se unieron a nosotros acordaron 'vestir la camisa de Neso'. El valor ético de un hombre comienza en el momento en que está dispuesto a sacrificar su vida por su convicción” (Schlabrendorff, 153, en Stein, p. 247).

En el octogésimo cumpleaños de Manstein, el Bundeswehr lo honró con un Grosser Zapfenstreich (una ceremonia musical militar nocturna, la más alta que concede el Bundeswehr). El Generalmajor del Bundeswehr Achim Oster, hijo de una de las principales figuras militares de la oposición a Hitler y los nazis desde el mismo inicio del régimen en 1933, ejecutado por los nazis en abril de 1945, Generalmajor Hans Oster, publicó una carta de indignación en el influyente semanario Die Zeit, 24 de noviembre de 1967, bajo el título Ein falscher Zapfenstreich – Manstein und die Bundeswehr (Un Zapfenstreich equivocado. Manstein y el Bundeswehr), cuyo texto traduzco a continuación de la versión inglesa de Stein, pp. 242-243:

[Cada año, oficiales y soldados de las antiguas tropas Panzer se reúnen en la academia Panzer de Munsterlager. En suelo sagrado, con monumentos por soldados Panzer caídos, recuerdan a sus camaradas caídos. Este año, en la víspera del Día de la Conmemoración, fueron testigos de un Grosse Zapfenstreich, el testimonio militar más solemne a un vivo, el Feldmarschall von Manstein, que pronto cumplirá los ochenta.

Si el propósito era que los viejos soldados mostraran su aprecio por un antiguo camarada de gran talento y a menudo exitoso, estupendo. Sin embargo, no recordamos que se rindieran honores similares al Generaloberst Halder en su octogésimo cumpleaños. Fue un hombre que, en 1938, planeó levantarse contra el destructor y profanador de nuestra patria. Pasó los últimos meses de la guerra, junto con su valiente esposa, en un campo de concentración.

La celebración de Manstein tuvo lugar en los terrenos del Bundeswehr con su apoyo activo. Si el propósito era crear un nuevo modelo de conducta para el actual ejército alemán, el cuidado por su “buen” nombres nos obliga a emitir una severa advertencia.

Erwin Rommel no fue un nacionalsocialista convencido, pero se había convertido en un entusiasta seguidor. En África del Norte, una espantosa angustia lo obligó a reconsiderar su pensamiento. Como hombre y soldado de gran carácter, consumido por el amor a su patria, extrajo las consecuencias que lo llevaron a tomar la copa de cicuta.

Erich von Manstein no fue jamás un nacionalsocialista. Su brillante cerebro y la arrogancia del viejo oficial de guardia siempre lo mantuvieron a salvo del Pinkelstratege, como frecuentaba llamar a Hitler. Al final, Manstein consideró a Hitler con completo desdén. Educado en la mejor tradición del Generalstab prusiano, no fue solamente el más extraordinario de todos los Quartiermeister, sino también, en sus ideas y sus planes, particularmente muy próximo a su jefe, el general Ludwig Beck. Todo el mundo sabe qué paciente e implorante podía ser Beck. Intentó conseguir el estrecho apoyo de su “discípulo” después de su trabajo conjunto en el pasado, pero debió haber sentido que había tenido lugar una trágica quiebra de buena fe.

La lucha de Beck para ganar el apoyo de Manstein se hizo más difícil por la indiscutible posición que el Feldmarschall continuó disfrutando en todo el ejército, y también con los jóvenes oficiales del Generalstab y con las tropas de línea de frente. Una iniciativa valerosa por parte de Manstein, apoyada por el poder del ejército, quizás habría conducido al derrocamiento del régimen, incluso sin un intento de matar a Hitler.

Pero en sus conversaciones con los que, sin consideración por su peligro personal, habían decidido poner fin a la miseria, Manstein permaneció fiel a la jerga de la vieja guardia: Hannemann, geh Du voran! Un coup d’état exitoso hubiera puesto a Manstein del lado de su antiguo mentor. Y en eso reside su quiebra de buena be.

No estaba aquí un defensor del régimen, consumido por su lealtad al Führer hasta el mismísimo final. No, la mente más brillante entre los comandantes militares había reconocido desde hacía tiempo adónde conduciría todo eso. Le mostró el camino un hombre cuya memoria él todavía pretende apreciar. Había ganado su autoridad en el campo de batalla, llevaba un distinguido nombre de soldado y el bastón de un Feldmarschall. Todo esto bien pudo haber inclinado la balanza y llevar a la salvación.

Tuvo sus razones para abstenerse. Visto contra los antecedentes de la historia, sólo puede haber una conclusión: fue “weighed in the balance and found wanting” (Nota mía: Oster parafrasea el pasaje bíblico de Daniel 5:27, cuando interpreta la escritura de Dios sobre Baltasar, “pesado en la balanza y hallado falto de peso”. Así, Manstein “fue pesado en la balanza y hallado falto de peso”). El fallo en horas decisivas no es una culpa personal, sino histórica. Nadie culpará a Manstein por no haber sido un héroe. ¡Pero un Grosser Zapfenstreich, un modelo de conducta para el Bundeswehr, NO!]

No voy a entrar a considerar los detalles de la carta de Oster, que son perfectamente discutibles, pero estoy absolutamente de acuerdo con él en que Manstein jamás puede ser modelo de conducta para un ejército, el Bundeswehr, cuya filosofía vital, el "Innere Führung", considera al militar, a efectos de responsabilidad última, un ciudadano del estado por encima de su profesión de militar. Manstein se consideraba a sí mismo un mariscal de campo ajeno a sus responsabilidades con el estado. En esto, ¡qué abismo lo separa de mariscales como Witzleben o Rommel! Estos últimos deben ser los modelos de conducta de cualquier ejército.

(1) Para un estudio del general William Groener, recomiendo Helmut Haeussler, General William Groener and the Imperial German Army (Wisconsin: University of Wisconsin, 1962), 161 páginas.

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Mensaje por ZERO » Mié Sep 19, 2007 11:16 pm

Muchas gracias por tus fantasticos post de respuesta y los posteriores de investigación, historia y opinion.
No puedo, si no darte la razón y cambiar mi opinion sobre en Mariscal de Campo Erich Von Manstein en muchos aspectos.
Saludos.

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Grossman
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Von Manstein

Mensaje por Grossman » Lun Dic 29, 2008 4:51 pm

Hola:

Unos apuntes sobre el personaje, de libros que me han caído esta Navidad.

De sus publicaciones

-“Verlorene Siege” (“Victorias frustradas”), publicado en 1955. Archiconocido y, a pesar de sus pegas, casi obligatorio; la versión en inglés está incomprensiblemente abreviada aunque no parece que le hayan hecho lo mismo a la española. Tiene un topic en este foro donde se aborda la calidad de la edición española, la (falta de) honestidad intelectual de Manstein, etc.
viewtopic.php?f=21&t=3239&p=26812&hilit=manstein#p26812
No he podido comparar con la versión en español, pero en cuanto a los mapas, en la edición alemana, son muy flojos desde luego.

-"Aus einem Soldatenleben, 1887-1939" (=De la vida de un soldado, 1887-1939) publicado en 1958. Es el tomo primero de su autobiografía, siendo “Victorias frustradas” el segundo.

-“Soldat im 20.Jahrhundert” publicado en 1997. Este libro, aunque firmado por Erich von Manstein, no puede considerarse propiamente una obra suya póstuma. Es una recopilación de escritos, documentación de los juicios, extractos de prensa, referencias orales, extractos de libros, entre ellas “Victorias frustradas”, etc realizada por su hijo, Rüdiger von Manstein y el historiador militar Theodor Fuchs. En el prefacio el hijo justifica la obra por los mas de 20 años transcurridos desde la publicación de “Victorias”, lo que permitirían un distanciamiento útil para, en aras de la comprensión de los difíciles años de la reciente historia alemana, aportar un material sin pretensiones de rigor histórico pero sin intención de defender a su padre, etc. Eso no se confirma en absoluto una vez en los capítulos dedicados a su procesamiento, donde la machacona defensa de su padre y desacreditación del tribunal se perfila claramente como objetivo principal.

En esta obra (p.202) se hace referencia a dos libros sobre las campañas del 11º Ejército, publicados en 1943, en una de las cuales figura Manstein como coautor:

-“Bessarabien, Ukraine, Krim” (=Besarabia, Ucrania, Crimea) en la que no figuran autores, y
-“Wir erobern die Krim” (=Nosotros conquistamos Crimea) de Antonescu y Manstein

donde las ganancias resultantes de su venta debían destinarse –por deseo de Manstein, aclara- a los hijos de los soldados caídos o gravemente heridos que se hubieran destacado por su valor.

Un saludo cordial

Fuente:
MANSTEIN E “Soldat im 20.Jahrhundert” Bernard&Graefe Verlag (1997) (5ª edición en 2002)
MANSTEIN E “Verlorene Siege” Bernard&Graefe Verlag (1955) (17ª edición en 2004)
Espérame y yo volveré, pero espérame mucho
Espérame cuando las tristes lluvias lleguen, y cuando el calor llegue no dejes de esperar
Espérame y yo volveré para que la muerte rabie
No comprenderán jamás los que jamás han esperado, cómo tú del fuego me salvaste
Es que sencillamente me esperaste como nunca nadie me esperó
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luise
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Von Manstein

Mensaje por luise » Lun Dic 29, 2008 10:35 pm

Saludos desde Tulua - COlombia.

1. Creo que alguna vez Von Manstein reconocio su origen judio?

2. Von Manstein no era el que tenia un perro que le enseño a saludar al estilo nazi?

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Grossman
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Von Manstein

Mensaje por Grossman » Mar Dic 30, 2008 12:53 am

Hola luise:

No he encontrado nada, por ahora, sobre el perro de Manstein. Yo, de estar en su lugar, no me hubiera atrevido a algo así. El debía haber comprobado que fanatismo y sentido del humor son prácticamente antagónicos, tenía enemigos poderosos (Göring y Himmler: ¡casi nada!) y sabía también que, antes incluso del atentado del 20 de julio, estaba bajo vigilancia *. No estaba el ambiente para bromas.

Recuerdo que en la película de Indiana Jones “En busca del Arca Perdida” (“Raiders of the Lost Ark”), cuando el mono imita el saludo hitleriano, todo el cine nos reímos, pero estoy seguro que no hubiera divertido a un nazi.

Un saludo cordial

Fuente:
* MANSTEIN E “Soldat im 20.Jahrhundert” Bernard&Graefe Verlag (1997) (5ª edición en 2002) (p.202)
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Von Manstein

Mensaje por Grossman » Mar Dic 30, 2008 1:28 am

Hola de nuevo:

Sigo con otro apunte.

De la inexistente finca en Prusia y de los honorarios que no vió
  • “Después de convencerse de que el Führer no le llamaría para que salvase al Reich, Manstein dio muestra de su comprensión de la estrategia y la política tomando los sustanciosos honorarios que había recibido de Hitler, así como los ahorros de la familia, y comprándose una finca en Prusia Oriental en octubre de 1944” (1)
Esta frase de “La guerra que había que ganar” de Murray y Millet se me quedó porque no entendía porqué, siendo claro conocedor de lo comprometido de la situación militar (creía yo), se le ocurrió comprar una finca en Prusia en octubre de 1944, con un crecido Ejército Rojo en la mismas puertas, que no iba a pedir permiso para entrar en su finca y en cuyas manos para nada le interesaba a nuestro hombre caer.

He leído (para lo que no hace falta salir del topic) muchas cosas negativas del carácter de Manstein, pero no ese cínismo y desapego que se desprende de la frase de Murray&Millet arriba reproducida. Me pregunto si es una libertad de estos autores -muy dados a emitir juicios de valor- o si hay testimonios que avalan ese retrato.

El caso es que ni existieron esos emolumentos ni hubo finca en Prusia. O al menos eso afirma Rüdiger von Manstein en “Soldat im 20.Jahrhundert”. Como señalaba en un post un poco mas arriba sobre esta obra, su autoridad como fuente es mas que discutible, pero la afirmación es muy taxativa (traduzco): “En contra de algunas publicaciones equivocadas está expresamente demostrado que, no se llegó ni a plantear el conceder a Manstein una remuneración” [las publicaciones equivocadas serían de Hammerstein, en la página 194 de su “Feinde der Demokratie” y de Irving, en la página 570 de su “Hitler und seine Feldherren”] (2)

Lo que si admite es un interés por adquirir una finca en Prusia. Describe a un Manstein despedido que, una vez que vio claro que Hitler no contaba ya con el, llevaba muy mal su inacción, sobre todo en vista de como iban las cosas para Alemania, por lo que consideró adquirir, mediante ahorros propios y una herencia de su esposa, una pequeña finca en Pomerania o Silesia. Eso, entonces, no estaba permitido pues todas las fincas se consideraban propiedad estatal, y comprarse una requería permiso explícito del Führer. Pidió que intercedieran ante este, primero a Schmundt y después –en agosto- a Guderian. Exponía, entre sus argumentos en la carta a este, lo mal que estaba llevando su falta de empleo, que conocía antecedentes en que este tipo de compra se habían autorizado, y que, por falta de personal competente, muchas fincas estaban mal dirigidas, con la consecuente merma en su productividad.

En ese período resultaba ya difícil para Manstein conocer la situación del frente oriental, debido al secretismo guardado en todo lo militar, que afectaba incluso a comandantes en activo. Ignoraba el reciente descalabro del Grupo de Ejércitos Centro y el éxito aliado en Francia y albergaba la esperanza de una salida pactada. Como ejemplo del desconocimiento de la situación militar, en enero de 1945, mientras asistía a la boda de una sobrina en la frontera germano-polaca, se encontró casualmente con dos vehículos acorazados cuyo comandante lo reconoció como antiguo mando, informándole de que los rusos estaban a solo 50 km. sin tropa propia alguna interpuesta. Avisó, alarmado, a los asistentes que se fueron a toda prisa, aunque algunos se opusieron, creyendo mas los mucho menos pesimistas informativos oficiales. Al día siguiente los rusos ya estaban allí (3)

En octubre de 1944, finalmente, obtuvo el permiso para la compra que había solicitado pero esta ya no se produjo.

Un cordial saludo a todos

Fuentes:
(1) MURRAY W, MILLETT AR “La Guerra que había que ganar. Historia de la Segunda Guerra Mundial”. Crítica Edición bolsillo (2006) (p.574)
(2) MANSTEIN E “Soldat im 20.Jahrhundert” Bernard&Graefe Verlag (1997) (5ª edición en 2002) (p.200-1)
(3) Ibid. p.211
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Mensaje por José Luis » Vie Ene 02, 2009 10:53 am

¡Hola a todos!

El deseo de Manstein de hacerse con una finca es del todo cierto. Sin embargo, no es menos cierto que no gustaba de las formas que se estilaban en el Tercer Reich para conseguir una propiedad, a diferencia de algunos de sus colegas de armas. Stahlberg, el ayudante de Manstein, recoge la siguiente conversación entre Manstein y Guderian, según recoge Goda:

[“Tell me, Guderian, I hear you've got yourself an estate in Posen.....How did you do it?”...Guderian told him quite uninhibitedly that he had been given a list of fine Polish estates which he had viewed over a few days, before deciding on the most suitable property. Manstein was taken aback and asked if the Polish owners had still been living there. When Guderian said they had, he asked what had become of them. Guderian said that he did not know, when he had taken over his estate the Poles had gone and he had no idea what had become of them. Manstein was speechless. His face twitched once or twice, and I knew him too well to be unaware of what it meant: that method of coming by an estate was not his style] Norman J. W. Goda, “Hitler’s Bribery of His Senior Officers during World War II”, 96-137, en Emmanuel Kreike y William Chester Jordan, Corrupt Histories (Rochester, New York: University of Rochester Press, 2004), p. 123.

Lo que traducido rápidamente significa: ["Dígame, Guderian, he oído que ha conseguido usted mismo una finca en Posen....¿Cómo lo hizo?"...Guderian le dijo completamente desinhibido que se le había dado una lista de magníficas fincas polacas que había visto durante unos cuantos días antes de decidirse por la propiedad más adecuada. Manstein se sorprendió y preguntó si los propietarios polacos habían estado viviendo todavía allí. Cuando Guderian le dijo que sí, preguntó qué había sido de ellos. Guderian le dijo que no sabía, que cuando había tomado posesión de su finca ya no estaban los polacos y que no tenía ni idea de lo que había sido de ellos. Manstein quedó sin habla. Su rostro se agitó una o dos veces, y yo lo conocía demasiado bien para no saber lo que significaba: ese método de hacerse con una finca no era su estilo].

Por otra parte, Manstein, como todos los mariscales de campo y coroneles generales alemanes, continuó cobrando la gratificación extra, libre de impuestos, de 4.000 RM, y a principios de 1945, al igual que otros, comenzó a retirar sus ahorros de los bancos de las plazas amenazadas por el Ejército Rojo a los bancos de otras localidades menos expuestas.

Saludos cordiales
José Luis
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Mensaje por LOBO AZUL » Mié Ene 21, 2009 3:12 pm

De lo poco que he leido sobre Von Manstein, no me queda más que admitir, (punto de vista personal), que fue el mejor comandante y estratega alemán, incluso por encima de Romel, Manstein un militar convencido, y respetaba la institucionalidad, hubiese seguido sirviendo sea a Hitler o Hindenburg o cualquier otro político que se encuentre al frente de Alemania, como militar impecable, si Hitler le hubiese dejado al mando de la parte militar y no hubiese interferido y entorpecido con sus decisiones e imposiciones la historia tuviese otro giro.
Que Dios se apiade de mis enemigos porque yo no lo haré.

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Mensaje por Ober » Jue Sep 24, 2009 8:44 pm

en el libro La Nieve Ardiente aunque se narra particularmente las acciones de las tropas sovieticas, se avidencia con que fuerza Manstein trato de llegar a las tropas cercadas de Paulus, el libro lo lei hace tiempo pero recuerdo incluso que hablan muy de el.
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Mensaje por expersonalidad naval » Jue Oct 08, 2009 11:13 am

Interesante este hilo, lo he mirado un poco por encima, pero me lo leeré a fondo. Tenía en mejor concepto a Von Manstein, me han sorprendido varias cosas que no conocía. Muy interesante también la historia del valiente y desgraciado general von Sponeck que no conocía, muchas gracia por explicarla. Siempre siento una especial pena ( y cariño), por los militares alemanes que en uno u otro momento hicieron lo correcto y luego se vieron aplastados por la implacable maquinaria del régimen naci... Merecen nuestro recuerdo, quizás la única recompensa que han de recibir por su valor.
Desciende a las profundidades de ti mismo, y logra ver tu alma buena. La felicidad la hace solamente uno mismo con la buena conducta. ( Atribuida a Socrates)

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Mensaje por Panzergrenadier » Jue Oct 08, 2009 4:16 pm

Yo veo en Manstein al militar entregado con fuertes convicciones patrioticas. Y como no podía ser de otra forma, también bastante encandilado por Hitler (especialmente antes de la guerra). Por ejemplo en su propio libro Victorias Frustradas define al Fürher como una persona muy inteligente, que pese a no tener ningún tipo de conocimiento de academia militar, es capaz de vislumbrar algunos movimientos hábiles.

No creo que Manstein fuera nazi propiamente dicho (vaya al menos no lo que hoy en día se entiende por nazi), obviamente combregaba con algunos de los postulados del partido, pero no le veo yo como un fánatico, es más creo que poseía una cultura y una madurez suficientes como para mostrarse crítico en algunos aspectos.

A lo largo de la guerra yo observo que se va entregando cada vez más a sus deberes profesionales. Esta actitud en mi opinión no solo es a causa del encrudecimiento de la guerra, sino también de querer evadirse de la situación política existente. Vaya que adoptó la "poetica neutralidad militar", aquello que se les dice a los nuevos reclutas en las academias militares: "Aquí estáis para escuchar, callar y cumplir con las ordenes".

Desde mi punto de vista no estaba suficientemente desesperado y descontento con el régimen como para luchar para finiquitarlo (como si pudiera estarlo Von Stauffenberg), pero si para marcar distancias. Y es una cosa a mi parecer comprensible, y más en el ambiente de la epoca.
Solo los muertos han visto el final de la guerra. - Platón

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Mensaje por Grossman » Dom Mar 21, 2010 2:26 am

¡Hola!
José Luis escribió:Su orden de 20 de noviembre de 1941 (Armeeoberkommando 11, Abt. Ic/AO Nr. 2379/41 geb.) es tristemente famosa ...
Grossman escribió:Orden del Jefe del 11º Ejército, General von Manstein, el 20.11.1941
... el judaísmo es el intermediario entre el enemigo que está a nuestras espaldas y el resto de soldados rojos que combaten aún, y su mando. Más aún que en Europa es el que tiene todas las llaves de la dirección política, la administración, el comercio y la industria. Y constituye, además, la célula de toda inquietud y posibles levantamientos ... El soldado debe comprender que es necesario que el judaísmo, el portador espiritual del terror bolchevique, sea objeto de una dura expiación. Esta es también necesaria para sofocar de raíz todo levantamiento, que en su mayor parte son promovidos por judíos.
HAMBURGER INSTITUT Ibid. p.90
en viewtopic.php?f=69&t=6599&p=156564#p156564

Saludos
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