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El enigma Speer

Todos los personajes de la Segunda Guerra Mundial

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Erich Hartmann
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El enigma Speer

Mensajepor Erich Hartmann » Dom Sep 04, 2005 11:22 pm

Artículo a mi entender interesante de María Cóndor, aparecido en la revista : Descubrir el arte, en agosto de 2003.

El enigma Speer


Albert Speer, el arquitecto de Hitler, construyó espléndidos laberintos para el Minotauro. Seductor, oportunista y creativo, es sin lugar a dudas la figura más ambigua e interesante del Tercer Reich

Poco después de concluir el Juicio de Nuremberg, que lo sentenciaría a veinte años de prisión, y antes de su traslado a Spandau, Speer escribió en su diario: "Hitler puso todo un mundo a mis pies". En estas lacónicas pero impresionantes palabras se encuentra la clave, tanto de la peculiar posición de Speer, culto, refinado e inteligente, en el oscuro mundo del nazismo, como de su no menos peculiar relación con el dictador. La tragedia de Speer es la tragedia de Alemania: entender la de aquél nos ayuda a explicarnos la de ésta. El descenso a los infiernos, la ceguera voluntaria, la aceptación de la culpa, el horror retrospectivo y el largo y doloroso proceso de autorreconstrucción son análogos en ambos casos. Para interpretar correctamente su implicación con el régimen nazi hay que dejar claro que no tuvo un carácter ideológico ni político, a menos que queramos entender corno tal el vago deseo de seguridad que tan importante papel desempeñó en la claudicación de la burguesía ante el nuevo orden, y más aún en el caso de Speer, cuya infancia y adolescencia estuvieron marcadas por una vida familiar fría y distante y por una hiperprolección que lo haría posteriormente vulnerable. El vínculo fue de manera exclusiva y de principio a fin la persona del dictador, desde la afiliación de Speer al partido en 1931, tras oír a un Hitler aparentemente moderado y respetable. Las etapas de su ascenso profesional —y después, político— obedecen a su posición como favorito del dictador, a quien convenía un arquitecto joven y moldeable, cuya imaginación pudiera él fecundar con sus propias ideas de aficionado megalómano. La intensa relación emocional que se desarrolló entre los dos -observada ya, no sin asombro, por sus contemporáneos cercanos- está en la raíz, de la meteórica carrera de Speer, cuyos comienzos profesionales con el partido recién llegado al poder fueron casuales y modestos, pero llamaron la atención de algunos, entre ellos el propio Hitler.

Primero de Mayo.

Ya en 1933 inicia una de sus líneas creativas principales –la escenografía de las asambleas del partido- con la organización de la celebración del Primero de Mayo en Tempelhof (Berlín), donde ya muestra su sentido del esplendor teatral y utiliza grandes banderas y reflectores, a la par que convierte la tribuna, con sus altos estandartes rectangulares, en una especie de nave gigantesca con las velas desplegadas. En el éxito de este trabajo tendrán origen su primer encuentro con Hitler y el encargo de las asambleas anuales del partido nazi en Nuremberg, donde desarrolla sus originales ideas, proponiendo celebrar las ceremonias por la noche para ocultar a los capitostes, poco gratos a la vista y bien metidos en carnes, y sobre todo para tener ocasión de crear un ámbito mágico de arquitectura de la luz mediante 13O reflectores cuyo préstamo conseguirá de la Luftwaffe. Con ellos, verticales o cruzados formando una cúpula, logra un efecto fantástico de extraordinaria belleza -"catedral de hielo" lo denominó el embajador británico en aquellos postreros años de relación diplomática- y gran poder de sugestión, y crea un espacio de protección, pertenencia y aislamiento, con la luz como símbolo de certidumbre. Podemos aventurar una influencia del teatro berlinés de los años veinte en esta preferencia por la abstracción formal y un lenguaje modernista al que más adelante tendrá que renunciar.

La intervención de Speer en Nuremberg fue también puramente arquitectónica. En 1934 Hitler le encarga una tribuna de piedra para el Campo Zeppelín y después la reordenación de todo el conjunto y sus nuevos edificios; las obras apenas progresarán y quedarán interrumpidas al empezar la guerra.

Pero será durante la remodelación de la Cancillería por Troost, a la sazón principal arquitecto de Hitler y como ayudante del cual se eligió a Speer, cuando arquitecto y patrono inicien un trato personal y continuado. En el año 1934 muere Troost y Speer se convierte, con veintiocho años, en primer arquitecto del Führer y del Reich.

En 1937 Hitler nombra a Speer Inspector General de Edificación para la remodelación de Berlín, con rango de ministro y responsabilidad sólo ante el Führer. Ese mismo año diseña el Pabellón Alemán para la Exposición Internacional de París. En 1938 están a punto de empezar 1as obras de Berlín, pero ante le aguardaba un desafío inusual: el dictador le encargó la Nueva Cancillería en el plazo de un año y él la "dio a luz" tras nueve meses, en enero de 1939. Si la concepción y el nacimiento de esta obra fueron singulares, aún más lo fue su final, telón del último acto de la tragedia: el bello edificio fue destruido por los bombardeos y en su bunker puso fin a su vida el dictador.

Es peculiar por su planta estrecha y muy alargada —el espacio disponible— y su integración con la naturaleza, ya que toda la fachada interior da a jardines; dominan en él columnas, pilastras, hileras de vanos muy marcadas y cornisas de gran proyección. El monumentalismo, la simetría y la riqueza de materiales no excluyen una gracia y un sentido de la proporción que Speer también tendría que dejar de lado en su siguiente empeño, la culminación del delirio hitleriano que había de llamarse Germania, la nueva capital: Alemania como centro del mundo, Berlín como centro de Alemania y el dictador como centro de su capital imperial. Es aquí donde mejor se plasma el lenguaje del poder en su particular versión hitleriana. Es en este proyecto donde más se aleja Speer de Tessenow, su maestro, defensor de la sencillez y de la arquitectura como hogar, evitando toda grandilocuencia.

Eje gigantesco.

En descargo de Speer hay que decir que las directrices del proyecto fueron del propio Hitler: él impuso no sólo la idea del gigantesco eje sino también las dos monstruosas construcciones que protagonizan el conjunto, diseñadas por él hacia 1925: la Gran Sala con cúpula (con cabida para 180.000 personas), que había de ser el edificio más grande del mundo, y el amazacotado y desaforado Arco de Triunfo.
La cirugía de la remodelación suponía destruir unas 54.000 viviendas, la estructura urbana decimonónica y la propia historia de la ciudad. La arquitectura renuncia a su función social por otra meramente representativa, de "fachada", un pseudoclasicismo sin vida. Es curioso citar las reacciones muy similares de dos personas al conocer algunas maquetas del proyecto. El padre de Speer —también arquitecto— dijo: "¡Os habéis vuelto locos!" y el arquitecto italiano Luigi Nervi exclamó: "¡Increíble! ¡Deben de haberse vuelto locos!"

Así pues, en pocos años el joven arquitecto se había convertido en un personaje fundamental del círculo inmediato de Hitler y en una especie de válvula de escape o de ornamento, que una mirada superficial podría ver como una figura paralela a Eva Braun, aquel patético y desdichado "florero"

Actividad constructiva

Pero Speer fue mucho más que un "florero". Encumbrado por el capricho del tirano y en posesión de su plena confianza, en la siguiente etapa sus responsabilidades serían muy otras. Desde el estallido de la guerra en septiembre de 1939, la actividad constructiva se ve muy reducida, si bien Hitler seguirá fantaseando hasta el final con sus grandiosos proyectos. Pero en 1942 la vida de Speer da un nuevo giro, más inesperado todavía que los anteriores y de consecuencias más trascendentales y graves para él. La muerte de Todt, ministro de Armamento y Munición desde 1940, lleva a Hitler a poner este cargo en las inexpertas manos de Speer, que no obstante hará gala del mismo excepcional genio organizativo que en los empeños constructivos y aumentará la deficiente producción bélica alemana hasta niveles inusitados. Su cargo pasará a ser el de ministro de Armamento y Producción de Guerra en 1943. Llegará a ser un auténtico dictador económico y a acumular un poder extraordinario.

Conviene recordar que en el Proceso de Nuremberg fue juzgado y condenado bajo las acusaciones III y IV, crímenes de guerra y crímenes contra la Humanidad, no, por supuesto, por su actividad como arquitecto de Hitler ni como depositario de su confianza y de un profundo y duradero afecto que es quizá el único rasgo humano del dictador, sino por su responsabilidad por la utilización de trabajo esclavo, sobre todo de los territorios ocupados, en la industria armamentística alemana. De los veintidós acusados, sólo siete se libraron de la pena de muerte; él fue uno de ellos. Las razones de la clemencia fueron su intervención para evitar que se cumplieran las órdenes de Hitler de arrasar Alemania antes de la entrada de los aliados, su actuación para que se mejorara la alimentación y el alojamiento de los trabajadores y, sobre todo, su asunción y reconocimiento de su culpa sin excusas ni paliativos, a pesar de refugiarse en la falacia del tecnócrata apolítico.

Speer es un caso "de laboratorio" para reflexionar sobre la complejidad del espíritu humano y las profundas contradicciones a que puede conducir. Esas contradicciones están también presentes en su trabajo como arquitecto, en el que se mezclan diversas influencias e inspiraciones, amén de la constante interferencia del diletante Hitler. Pero no hay que tomar demasiado al pie de la letra el amor del sátrapa por este arte. Su "rostro oculto" se revela en una reminiscencia de Speer en Spandau. Recordando su propio amor por la nieve y el agua, sugiere que el elemento dominante de Hitler sería el fuego, por sus continuas fantasías sobre ciudades en llamas, pero cuando más exaltado lo encontró fue una vez cuando, al final de la guerra, describe delirante "el desmoronamiento, en una tempestad de llamas, de Nueva York y sus rascacielos, convertidos en teas encendidas; su estruendoso derrumbamiento, el reflejo de la urbe ardiendo en los sombríos cielos". Después del 11 de septiembre de 2001 sobra todo comentario.
Otra dimensión trágica del destino de Speer atañe a su vida creativa. Algunas de sus obra eran efímeras por su propia naturaleza (los eventos escenográficos de Nuremberg y el Pabellón de París) ; otras quedaron sólo en proyecto (la casi totalidad de la remodelación de Berlín y la mayor parte del conjunto de Nuremberg) y, de lo poco que se realizó, la Nueva Cancillería, su obra más brillante, fue totalmente destruida. Tuvo menos suerte que Troost, varias de cuyas obras en Munich se han conservado y sirven a fines más nobles.

Sólo gracias a las fotografías y maquetas podemos hoy conocer lo que fue la obra de Speer. La fotografía nos ayuda también a captar sutiles impresiones de los protagonistas y el ambiente de la época, como las muy conocidas que presentan a Speer y a Hitler -una versión parda de la Bella y la Bestia- examinando proyectos. La imagen de Speer junto a su Minotauro o entre la pandilla vulgar y horrorosa de la jerarquía nazi produce un efecto extraño. Es curioso señalar que Leni Riefenstahí, la genial cineasta que también se dejó arrastrar por el sumidero que empezó a girar en enero de 1933, recordaba que al contemplar en el periódico una foto de Speer, la visión de su hermoso y sereno rostro aplacó sus dudas sobre el nazismo; acaso en un afán excesivo de autojustificación y llevando el argumento estético ad absurdum, dijo que "si alguien con una cara como aquélla estaba a favor de Hitler, entonces es que había algo en ello".

Se ha especulado mucho recientemente y con poco fundamento sobre la orientación sexual de Hitler y en ese contexto era inevitable que saliera a relucir el papel de Speer. Su aura de artista, su encanto personal y su atractivo físico lo hacían candidato idóneo a las atenciones de un Hitler homosexual que no es más que una fantasía. Sí es real la asombrosa vinculación afectiva entre un dictador inhumano y un joven artista reservado, casi tímido, emocionalmente inhibido y extremadamente ambicioso. Pero nada más disparatado que imaginar a Speer como amante de Hitler. Pero hizo algo infinitamente peor: prostituir su alma, su dignidad y su talento por una carrera en la cumbre, por la fama y la intimidad con el poder, por la oportunidad de crear. A pesar de todo, no puedo evitar la impresión de que algo en él salió limpio de aquel baño de inmundicia. ¿Quién sabe? Acaso tengamos que resignarnos a que Albert Speer siga siendo el "enigma Speer".


Saludos cordiales
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ignasi
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Mensajepor ignasi » Vie Sep 09, 2005 8:15 pm

Erich Hartmann dijo:
"Pero hizo algo infinitamente peor: prostituir su alma, su dignidad y su talento por una carrera en la cumbre, por la fama y la intimidad con el poder, por la oportunidad de crear"

Sí, eso es cierto; ¿pero que artista no se ha prostituido? Cualquier artista, hasta los impresionistas, era una mera prostituta a merced de su señor (Miguel Angel, Quevedo, Rafael, Leonardo, etcétera, etcétera, etcétera). Si Hitler hubiera vencido, hoy veriamos el mega-coliseo que queria construir como admiramos San Pedro del Vaticano. En este aspecto, creo que Speer fue otro que cayó bajo el embrujo hitleriano, pero que, era alguien decente (creo que fue Runsdet quien lo definió así)

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David L
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Mensajepor David L » Jue May 11, 2006 8:59 am

Speer cayó hechizado por Hitler, un joven arquitecto al que se le presenta la oportunidad de ser el artífice de toda la arquitectura alemana del Tercer Reich no resulta extraño que se prestara gustoso a desempeñar dicho papel. Tal vez con Speer nos hemos dejado guiar por su vertiente artística, y con ello pueda parecer más inocente que los demás, no fue un fanático nazi, de éso estamos seguro, pero Speer sabía perfectamente como se lograba los aumentos de producción mientras fue Ministro de Armamento, aprendió rápidamente cómo se hacían las cosas en la Alemania de Hitler.

Un saludo.
Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra... elegisteis el deshonor y tendréis la guerra.

Winston Churchill a Chamberlain.

Hans von Witzland
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Mensajepor Hans von Witzland » Jue May 11, 2006 11:55 pm

En numerosas ocasiones he leído u oído un curioso comentario acerca del pueblo alemán en la época nazi: nadie se explica como el pueblo (supuestamente) más culto de Europa cayó bajo las garras del nacionalsocialismo (no olvidemos que les votaron en las elecciones...). El caso de Speer es, desde cierto punto vista, análogo: un individuo culto y preparado que cae bajo el embrujo nazi. Sin embargo, el hecho de ser más culto sólo aumenta lo horrendo del "crimen" de caer bajo el manto nazi, puesto que alguien con cultura tiene menos excusa que alguien que no la tiene.

Por todo ello Speer es tan culpable y su actitud tan inexcusable como la de cualquier otro nazi, máxime como dice David L., una vez fue ministro de armamento y ya no había excusa para saber lo horrible de la situación real de Alemania.

Un saludo.

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beltzo
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Mensajepor beltzo » Vie May 12, 2006 2:49 am

Hola a Todos:

Creo que para comprender porque supuestamente un pueblo tan culto llegó a donde llegó, son de interés las palabras con las que Jacques Delarue cierra su obra "La Gestapo".

[Los crímenes del nazismo no son los de un pueblo. La crueldad, el goce de la violencia, el culto a la fuerza bruta, el racismo feroz no son patrimonio de una nación ni de una época. Son de todos los paises y de todos los tiempos. Tienen unas bases biológica y sicológicas no menos ciertas. El ser humano es una fiera peligrosa. En periodo normal, sus malos instintos permanecen arrinconados, yugulados por los convencionalismos, las costumbres, la leyes, los criterios de una civilización. Pero si viene un régimen que no solo libera esos terribles impulsos, sino que los hace pasar como verdaderas virtudes, entonces del fondo insondable del tiempo, asoman las fauces de la fiera bajo la máscara frágil del ser civilizado; desgarra esa débil corteza y lanza el aullido de la muerte de los tiempos olvidados.

[…]La aventura que ha devastado a Alemania que ha dejado a aquel desgraciado país dislocado, roto y que le he llenado de oprobio, podía haberle ocurrido a cualquier otra nación. Si se somete un pueblo a un régimen alimentado de propaganda obsesiva, de terror, de militarización total, de delación, de acecho; si a una juventud le inculcan los principios morbosos del nazismo, si se glorifica a los criminales, si se priva a un pueblo de toda moral y se le persuade de que es el pueblo elegido, una raza de auténticos señores, el resultado final no puede diferir del anterior. ¿Qué pueblo habría resistido, qué pueblo resistirá mañana a semejante régimen?

Porque el problema sigue queda en pie y permanece en su integridad.

El ejemplo alemán ya se esfuma. Ahora, en los cuatro extremos del mundo, los supervivientes y los nostálgicos del nazismo lanzan al viento, otra vez sus gérmenes mortales. Si a los hombre les falla la memoria, si unas circunstancias propicias, unos tiempos agitados o la ausencia de diques suficientemente solidos lo permiten, la marejada sangrienta podría desbordarse de nuevo.

Entonces, ¿quiénes serán las próximas víctimas?]

Hay muchos ejemplos en la historia aunque no hayan sido perpetrados por nazis que por desgracia avalan estas afirmaciones; esto no justifica en modo alguno a ninguno de los líderes nazis, Speer incluido, pues fueron ellos los que condujeron a todo un pueblo al desastre.

Saludos
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Hans von Witzland
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Mensajepor Hans von Witzland » Vie May 12, 2006 4:58 pm

Estoy de acuerdo sólo a medias con lo que ha citado beltzo. Cierto es que el racismo, la violencia y demás son propias del ser humano como especie, pero debemos tener en cuenta otra cosa importante: los humanos somos inteligentes, no estamos totalmente controlados por nuestros instintos primarios.

Los nazis no mintieron jamás: desde el principio (hablo de los años 20...) su programa estaba más que claro. Eran partidarios de la expansión hacia el este (y el que me diga que creía que iba a ser por medios no militares es un iluso o un mentiroso), racistas, pangermanistas, nacionalistas exaltados, militaristas y brutales. Todo eso se veía claramente desde el principio. Aún a pesar de saber todo eso desde el principio, la gente les apoyó.

Últimamente he visto algunos documentales en los que hablan viejos alemanes (algunos nazis declarados y otros no declarados), hombres y mujeres, que vivieron la época del nazismo, y cuál fue mi sorpresa cuando veo que ninguno, absolutamente ninguno, se arrepiente de su apoyo al régimen (en algunos casos crímenes de guerra como ejecutar prisiones), aún a pesar de todo lo que sabemos ahora. Me parece increíble y terrible, la verdad.

Me temo que el pueblo alemán sí fue culpable del ascenso de los nazis al poder y de la consecuente guerra y exterminio, porque ante todo no debemos olvidar que existe la RESPONSABILIDAD PERSONAL de lo que uno hace. Si uno vota nazi, es responsable de lo que hagan los nazis. Por supuesto que no todos los alemanes eran nazis, pero por desgracia la mayoría sí.

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beltzo
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Mensajepor beltzo » Vie May 12, 2006 6:59 pm

Hola:

Todo eso se veía claramente desde el principio.


Ese es el error más común, creer que el camino emprendido por los nazis era evidente desde el principio, porque entonces ¿como explicarse que los nazis obtuvieran votos de los judíos alemanes?

Pero si analizamos las elecciones vemos que los nazis obtienen un importante triunfo en verano de 1932 con 230 escaños; sin haber llegado Hitler aún a la cancilleria, en otoño del mismo año recibieron un varapalo electoral importante perdiendo 34 escaños, es entonces curiosamente cuando Hitler se hace con la cancilleria. Posteriormente tampoco conseguirían ganar las elecciones presidenciales contra Hindenburg. Realmente los nazis no llegaron al poder a causa de unas elecciones, llegaron a pesar de estas.

Todos aquellos que sostienen que los nazis llegaron al poder por metodos democráticos desconocen la realidad de lo que pasó o son personas interesadas.

Saludos
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Mensajepor Hans von Witzland » Vie May 12, 2006 7:21 pm

Beltzo escribió: "Ese es el error más común, creer que el camino emprendido por los nazis era evidente desde el principio, porque entonces ¿como explicarse que los nazis obtuvieran votos de los judíos alemanes?"

El programa de los nazis estaba muy claro desde los años 20. Si los votantes no lo leyeron o no lo conocían, entonces son doblemente responsables de lo que hicieron, por ignorantes. ¿Acaso no escuchaban las soflamas de los discursos de Hitler?

Cierto es que Hitler se hizo con la Cancillería después de que le ayudasen otros partidos democráticos, en la creencia de que podrían domesticarle y controlarle. Sin embargo, fue un error. Es el precio de pactar con el diablo.

"Todos aquellos que sostienen que los nazis llegaron al poder por metodos democráticos desconocen la realidad de lo que pasó o son personas interesadas. "

He de decir que estás equivocado. Naturalmente que llegaron al poder por métodos democráticos: eran mayoría en unas elecciones, y llegaron a la Cancillería con el apoyo de otros partidos democráticos. Esos mismos métodos democráticos, el apoyo de Hindenburg y otros "demócratas" les permitieron acabar con la democrática República de Weimar e instaurar el III Reich. Para más información al respecto, es recomendable leer la magnífica biografía de Hitler de Ian Kershaw. No olvidemos las palabras de Luddendorff a Hindenburg cuando Hitler llegó al poder, verdaderamente proféticas (que muy a mi pesar no tengo a mano...): venían a decir algo así como que los alemanes se arrepentirían durante mucho tiempo de Hitler.

Por cierto, que cuando acabaron con el sistema democrático no salieron a la calle grandes masas de gente para protestar por la pérdida de libertades que ello conllevaba. Creo que es un indicativo de lo conformes que estaban los alemanes con la dictadura que se les venía encima.

Un saludo.

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Harry Flashman
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Mensajepor Harry Flashman » Vie May 12, 2006 7:53 pm

Hola a todos.
El no leer los programas electorales del partido al que se vota (menos aún de los demás), o no llegar siquiera a enterarse de su ideología más elemental es un mal demasiado extendido, no privativo de la Alemania nazi. Aún sigue ocurriendo en todas las democracias del mundo.
Llegar al poder con apoyos parlamentarios, siempre que los miembros de la cámara hayan sido elegidos democráticamente, es también democrático. Así, los nazis llegaron al poder por medios democráticos, para destruir de inmediato la democracia que les había llevado al poder. De hecho intentaron ser lo menos rupturistas posible, y fueron por la vía "legal": nunca hubo en Alemania algo parecido a una "revolución", sino una "reforma" del sistema político, legal y administrativo. Es más, a la mayoría de alemanes les aterrorizaba una revolución, más desde 1.918 y sus secuelas inmediatas, con sus intentos comunistas de golpe de estado. Por cierto que no sólo los nazis estaban deseando acabar con la República de Weimar; también los comunistas, y buena parte de los partidos de la derecha alemana.
Respecto a si el nazismo hubiera fermentado igualmente en otra sociedad, soy de la opinión de que la Alemania de principios del siglo XX se encontraba especialmente predispuesta a escuchar la ideología nazi (surgida por otro lado en Alemania, recordemos que no era una ideología importada). Alemania hace un siglo era un país que se creía imbuido de superioridad cultural, militarista, antisemita, temeroso de una Rusia fuerte, que creía tener derecho a un poder imperialista que le había sido negado durante el siglo XIX; todo esto formaba un sustrato ideal para la germinación de las ideas nazis. La frustración y humillación de la derrota de 1.918 aumentó estas ilusiones, miedos y complejos. Las ideas hitlerianas no eran originales de su autor, que tan sólo compiló y unificó un cuerpo doctrinal preexistente, pero disperso: la expansión hacia el este, el antisemitismo, la mitomanía, la creencia en la propia superioridad, el ultranacionalismo, el militarismo, el culto a la fuerza. Todo eso existía antes de que Hitler diese forma a "Mein Kampf"; él tan sólo se limitó a parir una ideología que combinaba todas esas ideas de modo coordinado, y la llevó al poder gracias a una combinación de miedo y exaltación.
No olvidemos que en 1.917 el Kaiser dijo que los enemigos de Alemania eran "los judíos, los masones y los bolcheviques" (aparece en "La Primera Guerra Mundial", de Martin Gilbert). Y muchos más opinaban eso por aquel entonces.
Respecto a Speer, parece difícl que no se enterase de muchas cosas que hacían los nazis, especialmente cuando se hizo cargo de la producción de guerra, sostenida en buena parte por masas de trabajadores esclavos. Si era o no un nazi convencido, quizá nunca lo sabremos (no me fío de memorias y autobiografías, que suelen servir tan sólo para autoexculpación y exaltación del autor). Pero fue un colaborador leal de Hitler, nunca se le enfrentó, siempre estuvo con los verdugos, nunca con las víctimas, pese a que en la Alemania nazi había víctimas por todas partes, era fácil verlas, y un hombre de su posición sí que podía hacer algo por ellas, mas nunca lo hizo. Eso no le deja en muy buen lugar.
Saludos.

maximus

Mensajepor maximus » Sab May 13, 2006 12:11 am

si analizamos las elecciones vemos que los nazis obtienen un importante triunfo en verano de 1932 con 230 escaños; sin haber llegado Hitler aún a la cancilleria, en otoño del mismo año recibieron un varapalo electoral importante perdiendo 34 escaños, es entonces curiosamente cuando Hitler se hace con la cancilleria. Posteriormente tampoco conseguirían ganar las elecciones presidenciales contra Hindenburg. Realmente los nazis no llegaron al poder a causa de unas elecciones, llegaron a pesar de estas.


Hay otros muchos historiadores que apoyan lo que escribe beltzo: que Hitler no tenía mayoría suficiente para llegar al poder y que por lo tanto su triunfo fue una conspiración.

Estoy en desacuerdo, porque tanto las elecciones del verano del 32 como las siguientes en que perdió unos pocos escaños, fueron un triunfo de la derecha sobre la izquierda socialista y comunista. La furiosa insistencia de Hitler en que se le entregase la Cancillería no era absurda: él era el líder del partido de la derecha más votado.

Creo recordar que sólo habían un partido de lo que hoy llamamos "derecha civilizada" (el Zentrum) y no era muy poderoso. Lo terrible del caso es que la democracia había fracasado en Alemania en 1932, lo cual me lleva a una pregunta ¿hubo auténticos antinazis que no fuesen ni marxistas ni judíos?

Y en cuanto al señor Speer, estoy de acuerdo con quienes lo consideran el genuino representante de esta terrible realidad.

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beltzo
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Mensajepor beltzo » Sab May 13, 2006 1:36 am

Hola de Nuevo:

Estoy en desacuerdo, porque tanto las elecciones del verano del 32 como las siguientes en que perdió unos pocos escaños, fueron un triunfo de la derecha sobre la izquierda socialista y comunista. La furiosa insistencia de Hitler en que se le entregase la Cancillería no era absurda: él era el líder del partido de la derecha más votado.


Los partidos de izquierda ganaron entre 1924 y 1932, 3.329.000 votos, eran por lo tanto fuerzas en ascenso en Alemania, el ascenso del NSDAP se efectuó a costa de los partidos de centro derecha. Los pocos escaños que perdió el NSDAP en noviembre de 1932, eran 32 que a mi me parecen bastantes, si lo traducimos en votos fueron casi 2.000.000 millones y semejante perdida en apenas 4 meses es un auténtico descalabro, se mire por donde se mire. Hitler quería la cancillería a toda costa porque intuía que el NSDAP se estaba deshaciendo como un azucarillo, era el partido más votado pero el hecho es que obtuvo la cancillería en un momento en que las debilidades del partido salían a relucir y su porvenir se auguraba muy negro.

Una vez en la cancillería hicieron uso aun más si cabe intensivo de sus "métodos democráticos"; operando dentro de la legalidad pero apoyandose en otros medios que no eran otros que las amenazas, tortura, chantaje y asesinato de los oponentes politicos; los desmanes fueron tan graves que Ludendoff, el antiguo compinche de Hitler renegó de él e incluso escribió una carta a Hindenburg previniendole contra ese hombre que llevaría a Alemania a una catástrofe de tales dimensiones que las futuras generaciones maldecirían el nombre de Hindenburg por haberlo permitido. Por supuesto Hindenburg no hizo nada.

El 27 de febrero dieron una vuelta de tuerca más a sus "métodos democraticos" para conseguir el poder: prendieron fuego al Reichstag y acusaron de ello a los comunistas, a raiz de ello tomaron muchas "medidas legales", por ejemplo prohibir la prensa comunista y ya de paso también la social demócrata.

El 5 de marzo llegaron las elecciones (porque todo lo anterior era solo una parte de la campaña electoral del NSDAP), los nazis esperaban aplastar al partido comunista también electoralmente pero se llevaron una sorpresa, el NSDAP obtuvo 288 diputados, pero los comunistas a pesar de la feroz represión y propaganda desatada contra ellos obtuvieron 81, los socialistas 118 y el resto de partidos 150. Y entonces temiendo que el resto de partidos se unieran contra ellos (porque la represión nazi los había a alcanzado en mayor o menor medida a todos ellos), los nazis volvieron a usar sus célebres "métodos democráticos": Invitaron los comunistas a no ir al parlamento, estos que ya conocían de primera mano las amables invitaciones de los nazis y sus consecuencias lo aceptaron. De esta manera los nazis se aseguraron una mayoría que no habían conseguido por vía electoral, a partir de aquí Alemania ya era dueña por completo de los nazis tenían mayoria absoluta en el parlamento aunque no eran las urnas las que se lo habían dado.

Y yo pregunto, ¿estos son métodos democráticos o son otra cosa?.

Saludos
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Hans von Witzland
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Mensajepor Hans von Witzland » Sab May 13, 2006 2:08 am

Hola de nuevo y buenas tardes:

Beltzo escribió:
"Una vez en la cancillería hicieron uso aun más si cabe intensivo de sus "métodos democráticos"; operando dentro de la legalidad pero apoyandose en otros medios que no eran otros que las amenazas, tortura, chantaje y asesinato de los oponentes politicos; los desmanes fueron tan graves que Ludendoff, el antiguo compinche de Hitler renegó de él e incluso escribió una carta a Hindenburg previniendole contra ese hombre que llevaría a Alemania a una catástrofe de tales dimensiones que las futuras generaciones maldecirían el nombre de Hindenburg por haberlo permitido. Por supuesto Hindenburg no hizo nada. "

Beltzo, creo que confundes el fondo con la forma en esta interesante discusión. El asunto no es si los nazis eran o no demócratas y si sus actuaciones lo eran o no (no en ambos casos, naturalmente). El asunto es si los nazis se hicieron con el poder mediante métodos democráticos. Como bien dices al principio "Una vez en la cancillería...". La pregunta es: ¿cómo llegaron a la Cancillería? Fácil, utilizando las reglas del juego democrático de la República de Weimar, a través de la alianza con otras fuerzas políticas. No olvidemos que los nazis fueron a las elecciones democráticas, al igual que los demás partidos.

Si no recuerdo mal, y hablo de memoria, el principal método que utilizaron para reventar el sistema democrático fue poner en marcha leyes de emergencia con el apoyo de Hindenburg y algunos compinches de otras fuerzas "demócratas" (para una mayor información al respecto leer la biografía de Hitler, escrita por Ian Kershaw). De nuevo usando las reglas del juego de la democracia de Weimar.

Un saludo.

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beltzo
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Mensajepor beltzo » Sab May 13, 2006 2:51 am

Hola:

Una vez en la cancillería hicieron uso aun más si cabe intensivo de sus "métodos democráticos";


Esa es la frase exacta, la resalto porque unas elecciones democráticas donde prima la amenaza, el chantaje y la extorsión ya no son democráticas y este sistema lo uso el NSDAP bastante antes de llegar al poder.

El programa de los nazis estaba muy claro desde los años 20. Si los votantes no lo leyeron o no lo conocían, entonces son doblemente responsables de lo que hicieron, por ignorantes. ¿Acaso no escuchaban las soflamas de los discursos de Hitler?


En las democracias, los que leen los programas de los partidos antes de votarlos constituyen la excepción que no la norma. Y los que lo leen y además se creen lo que dice son aun menos. Muchos votantes de los nazis entre los que se incluyen bastantes judíos, pensaban que los puntos más radicales eran simplemente propaganda destinada a obtener votos de determinados sectores sociales pero que nunca se llevarían a cabo, los nazis al principio actuaron con una cautela que los hizo creer que estaban en lo cierto.

Por cierto, que cuando acabaron con el sistema democrático no salieron a la calle grandes masas de gente para protestar por la pérdida de libertades que ello conllevaba. Creo que es un indicativo de lo conformes que estaban los alemanes con la dictadura que se les venía encima.


Los alemanes estaban hartos de gobiernos que dificilmente duraban más de 6 meses, no eran capaces de reconducir la economía y eran aun más incapaces de conseguir un mínimo de orden (que por otra parte las SA se encargaban de quebrantar continuamente). Creo que cualquier nación hubiese actuado igual en las mismas condiciones.

Echar a los comunistas del parlamento fue una actuación ilegal y antidemocrática, y no es una cuestión menor porque se perdió la última oportunidad de desalojar a los nazis del poder.

Por último debo añadir algo que debería ser obvio; una democracia que no respeta las formas no es una democracia.

Saludos
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Mensajepor David L » Dom May 14, 2006 5:01 am

Permitidme solamente dos apuntes:

1) como bien ha comentado recientemente en una entrevista a periódicos españoles el historiador Ian Kershaw, el programa político nacionalsocialista fue tomado tanto dentro como fuera de Alemania como mera retórica, es decir, nadie pensaba que una vez en el poder Hitler llevará a cabo semejante programa ideológico.....el problema estuvo cuando se dieron cuanta de que iba en serio, ya no había marcha atrás.

2) en cuanto al antisemitismo en Alemania, me gustaría recordar que este no era ni más foribundo ni más extendido que en otros paises de Europa, hablemos de Francia en el oeste o de Polonia en el este, en cualquiera de estos dos el antisemitismo tenía más adeptos que en la propia Alemania. Aclarar que antisemitismo no quiere decir aniquilamiento de los judíos (Holocausto), pero si un cierto racismo.

Un saludo.
Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra... elegisteis el deshonor y tendréis la guerra.

Winston Churchill a Chamberlain.

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Mensajepor Eckart » Dom May 14, 2006 8:39 am

¡Hola a todos!

Si bien es cierto que todo estaba escrito en el Mein Kampf, me parece oportuno apuntar algunas cosas que considero muy importantes a la hora de valorar el grado de conciencia de los votantes del NSDAP respecto a lo que estaban votando. Hay que considerar que a partir de los primeros grandes avances electorales del NSDAP (1930) el discurso de Hitler y del partido varía, para hacerse más suave en cuanto a antisemitismo y violencia se refiere. Era evidente que un discurso tan incendiario y radical como el de los años 20 no prodría llegar mucho más lejos, estando de lleno ya en la escena política alemana.

Por otra parte, y respecto a lo que se ha comentado sobre la responsabilidad más o menos directa de aquel que vota sin estar bien informado de las propuestas del partido que elige, hemos de considerar que estamos hablando de los primeros años 30. Por aquel entonces, las comunicaciones no eran, ni por asomo, las de hoy. Actualmente, en cuestión de segundos tenemos ante nosotros toda la prensa y televisión no sólo nacional, sino mundial. En aquellos años 30, ¿cuántos alemanes del campo no tenían acceso a la prensa con regularidad o, incluso, no sabían leer?

Se ha comentado también en este debate que los alemanes no se echaron a la calle para protestar por la eliminación de la democracia. Nótese que la democracia en Alemania era aun muy jóven y fue constantemente maltratada por los extremistas de ambos lados. Nosotros vemos las cosas desde esa perspectiva que te da el vivir en una democracia asentada, donde ella misma se nos antoja lo más natural. En aquella Alemania la democracia nunca dejó de ser algo nuevo que, sin ser considerado por la mayoría como algo nocivo, para muchos no era imprescindible y, en general, volver a un estado no democrático no sería algo extraño o desconocido para los ciudadanos.

Y llega el famoso desastre económico mundial de 1929. Sabemos que las epocas de crisis exaltan los nacionalismos y las radicalizaciones. Y aquella crisis fue realmente desmesurada. Las circunstancias particulares de cada ser, de cada familia en semejante contexto pueden conducir al indivíduo a ese estado de desasosiego en el que se pierden la serenidad en el juicio y el sentido de las proporciones. Precisamente fue durante el período llamado "años dorados de Weimar" cuando el NSDAP era un partido insignificante en la arena política alemana. Coincidiendo con los efectos de la crisis del 29, llegan los avances electorales. Ello no puede servir de justificación absoluta para quienes votaron a Hitler, pero tampoco se les puede culpar y hacerles responsables.

En otro orden de cosas:
beltzo escribió:El 27 de febrero dieron una vuelta de tuerca más a sus "métodos democraticos" para conseguir el poder: prendieron fuego al Reichstag y acusaron de ello a los comunistas

Estimado beltzo, esta afirmación me parece muy aventurada. No el echo de que se acusara a los comunistas, lo cual así fue, sino que se dé por hecho que el inciendo fue obra de los nacionalsocialistas.

Un saludo a todos.
«El conocimiento es mejor que la ignorancia; la historia es mejor que el mito».
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