Martin Bormann

Todos los personajes de la Segunda Guerra Mundial

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Erich Hartmann
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Martin Bormann

Mensajepor Erich Hartmann » Mar Jun 14, 2005 5:02 am

Martin Bormann

Primera Parte

La carrera de Bormann en las filas del nazismo fue relativamente rápida. Bormann nació en Halberstadt en 1900. En 1925 ingresó en el NSDAP y en 1928 alcanzó sucesivamente los cargos del mando superior del SturmAbteilung (SA) y de Gaulaiter. En 1933 se convirtió en jefe del Estado Mayor de Rudolf Hess. Estaba presente cuando dos hombres de confianza de Hess entregaron a Hitler en su chalet en Obersalzberg la carta en la que el “delfín” explicaba a Hitler su vuelo a Inglaterra. Bormann recibió la orden de llamar inmediatamente a los “sátrapas” de la corte, Gobbels, Himmler, Ribbentrop y Göring, que se presentaron inmediatamente. Curiosamente, los dos ayudantes de Hess que entregaron la carta, junto a la mayoría de los miembros del Estado Mayor de Hess fueron detenidos y en 1945 continuaban en prisión. Sobre los dos “carteros” de Hess, Speer dijo años después: “La costumbre de castigar a los portadores de malas noticias únicamente se conocía hasta entonces en determinados países asiáticos”
Por aquellos tiempos, Bormann ya comenzaba a hacer sombra a su jefe inmediato. Cuando en mayo de 1941 Hess voló a Escocia comenzaba ya a ser una figura borrosa en el entorno del Führer sustituido por el tenaz Bormann. No obstante, el “genial” Bormann, a pesar de ser la figura más relevante de la kleiner Hof de Hess y lógicamente el mayor “merecedor” de la ardiente ansia de venganza de Hitler, no fue encarcelado ni procesado. Este hombre-topo, que parecía rehuir la luz del sol y la publicidad, (son escasísimas las fotos en las que aparece el esquivo Martin) y que despreciaba, al contrario que la mayoría de los miembros del NSDAP, las condecoraciones, honores y distinciones, era insaciable en su apetito por el poder efectivo.

Por su constante presencia llegó a hacerse imprescindible para Hitler; con sus hábiles insinuaciones logró triunfar en el último momento, desplazando a sus rivales en torno a su “señor.” Al principio, antes incluso del vuelo a Escocia, Bormann sólo era consejero privado y administrador financiero de Hitler. Encargado de la construcción del chalet de Hitler en Berghof y de comprar cuadros para sus colecciones, pronto se situó entre los favoritos del círculo íntimo del Führer y no perdió tiempo para desembarazarse de sus antiguos aliados. Hitler, convencido de que había encontrado un hombre trabajador e inteligente, no pareció advertir, o al menos este aspecto nunca fue criticado, la desmesurada ambición que impulsaba a su silencioso secretario, que, por su parte, intentaba disimular este aspecto en la medida de lo posible. En 1941 Bormann ya ocupaba el puesto de secretario personal de Hitler y casi había reemplazado a Hess dentro del ambiente de la Cancillería del Reich. Estaba allí de manera más permanente en cuanto Hess aparecía cada vez con menos frecuencia.
Una vez Hess desapareció de escena con su vuelo y quedó libre el puesto de jefe de la Cancillería, Bormann se abalanzó sobre el cargo convencido de que era el último escollo para comenzar a poner en práctica sus intrigas. El genial Martin se presentó candidato al puesto. No obstante, el astuto Göring, viendo en Bormann a un rival peligroso y además detestando personalmente a Bormann, aconsejó a Hitler en su contra, pero sin resultado alguno. Quince días más tarde, al abrir su periódico matutino, vio que Bormann había sido designado para ocupar el puesto que abandonó Hess. El plan de Bormann comenzó entonces, su ambición no tenía límites: quería ser el sucesor de Hitler. Entonces, cuando el 29 de junio de aquel año un decreto nombró heredero exclusivo a Göring, éste se convirtió en el mayor enemigo de Bormann, es más se convirtió en su próxima víctima en su política “bizantina” entre bastidores de la Cancillería, Berchtesgades y los cuarteles móviles del Führer.
El paciente y tenaz Bormann comenzó a competir encarnizadamente con Himmler, Goebbels y Göring. El único de los tres que quedará “limpio” a los ojos del Führer antes de su muerte fue el ministro de propaganda. Tenía varios apodos dentro y fuera del entorno de la Cancillería como “genio diabólico de Hitler” , “eminencia parda sentada en las sombras” o como lo calificó Schwerin von Krosigk, “El Mefistófeles” de Hitler” Muchos de los contemporáneos de Bormann y en especial Albert Speer coincidieron en señalar que como Holstein en los gobiernos del káiser, Bonmann había comprendido “la importancia de aparecer como insignificante», obtuvo el premio debido a su infinita paciencia.
Sin apartarse nunca del lado de su señor, haciendo una vida tan excéntrica como la suya -levantándose a mediodía y retirándose a descansar a las cuatro y media o las cinco de la mañana-, controlando por entero la complicada maquinaria del Partido, indispensable, infatigable y ubicuo, era en aquel momento el único guardián de los secretos de Hitler, el único canal a través del cual pasaban sus órdenes, el único camino para acercarse al Führer, más inaccesible que nunca. Durante los años de la guerra había aprovechado todos los acontecimientos para ir fortaleciendo su autoridad. Los Gauleiters estaban subordinados exclusivamente a él; había incrementado su subordinación y alterado su carácter.

Los Gauleiters originales fueron antiguos trabajadores del Partido que, habiéndose comportado con entusiasmo en los primeros tiempos de la lucha, se vieron recompensados en el momento del triunfo por estos cargos lucrativos y no demasiado laboriosos. Bormann había cambiado la situación. Uno por uno todos los viejos Gauleiters fueron desapareciendo, y ahora ocupaban sus puestos otros hombres más jóvenes, más enérgicos, más fanáticos, que no se lo debían todo al impersonal Partido de la época en que Bormann era un desconocido, sino al mismo Bormann. A lo largo de la guerra la maquinaria del Partido, al igual que las SS, había crecido considerablemente; como las SS, se había apoderado de muchos servicios de las fuerzas armadas, especialmente en materias de administración, intendencia, fortificaciones y evacuación; como las SS, se había hecho más fuerte, más indispensable con cada derrota de las armas germanas. Observadores que vigilaban el desarrollo paralelo de aquellas dos maquinarias gemelas se preguntaban qué ocurriría cuando entrasen en conflicto; cuando Himmier y Bormann, una vez absorbidas o conquistadas todas las posiciones intermedias hubieran de encontrarse frente a frente al final.
En 1943, cuando Himmler se convirtió en ministro del interior se produjo el esperado encuentro. Tras el atentado de julio de 1944, Himmler creyó ingenuamente que, tras la caída en desgracia de Göring, era el seguro heredero del trono y, recibía cada nuevo nombramiento como una confirmación de su certidumbre. Sin embargo, Bormann ya sabía la realidad de la situación. Himmler no se estaba moviendo hacia arriba sino hacia atrás y lejos de él. La victoria definitiva de Bormann contra el Reichsführer llegó cuando éste fue nombrado comandante en jefe del grupo de ejércitos del Vístula, nueva formación que luchaba desesperadamente contra los rusos al este de Berlín. Mediante este procedimiento Himmler se alejaba de Berlín, en donde podría haberse ganado el favor del Führer o podría haber limitado la influencia de Bormann.

Cuando la garrapata-Bormann se quedó en Berlín, no dejó de culpar a la incompetencia de Himmler del descomunal avance soviético e incluso tildar de traidor a Himmler por este motivo.
No obstante Bormann no se hallaba solo en Berlín: quedaba el Gaulaiter Goebbels. Con este, el proceder de Bormann fue radicalmente distinto. Goebbels tenía una ventaja indiscutible sobre los demás miembros de la corte, si exceptuamos quizás a Bormann, era más inteligente que ellos. Sabía que un enfrentamiento directo con el Gaulaiter de Berlín podía serle fatal. Goebbels afirmaba a su vez que Bormann tenía la gran ventaja derivada de su estrecha y permanente relación con Hitler. Incluso tenía acceso a Hitler como amigo íntimo y personal, pero prefirió no enemistarse con Bormann. Entre estos dos hombres se estableció un pacto, aunque diferían radicalmente en numerosos aspectos políticos, que sobrevivió hasta el final, es decir, hasta la muerte del Doktor Goebbels. En los últimos días los objetivos de ambos hombres fueron diferente y no se obstaculizaron mutuamente: Bormann quería seguir conservando el poder y Goebbels se preparaba para su salida de este mundo junto a Hitler.


Continuará...

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Mensajepor Erich Hartmann » Mié Jun 15, 2005 11:05 pm

En los últimos días de abril los acontecimientos se precipitaron y obligaron a Bormann a actuar con rapidez. Sabía que su supervivencia estaba ligada a la de Hitler. Sin el Führer su poder desaparecería. Por eso le aconsejó en numerosas ocasiones abandonar Berlín en dirección a Schleswig Holstein. Era consciente de que tarde o temprano su protector desaparecería, pero su objetivo era ganar tiempo. Ni siquiera Bormann pudo persuadir a Hitler para que abandonara el búnker de la Cancillería. Una vez Hitler tomo la decisión, Bormann tuvo que quedarse junto a su señor. Obviamente Bormann no deseaba quedarse; aún tenía ambiciones políticas. No podía tirar por la borda la labor de cuatro años de intrigas. No podía abandonar a Hitler, la fuente de la que emanaba todo su poder. Para el espíritu de Bormann, poco dado al melodrama, no encerraba grandes atractivos la idea de un glorioso crepúsculo de los dioses.
La siguiente maniobra del secretario Bormann fue la eliminación de Göring para la sucesión, ya que el puesto, según todos los indicios, no tardaría en quedar vacante. Desde 1941 su objetivo había sido eliminar al mariscal del Reich, pero nunca se le había presentado una oportunidad. Pero como el tiempo apremiaba, y Hitler podía morir en cualquier momento, y como la ley de sucesión no fuera cambiada, Göring podía hacerse con el poder en cualquier momento. El estúpido mariscal firmó su carrera en el Tercer Reich con uno más de sus actos gloriosos: envió el siguiente telegrama al Führer:

Mi Führer:

En vista de su determinación de continuar en su puesto en la
fortaleza de Berlín, ¿está de acuerdo en que yo asuma, inmediatamente, el mando total del Reich, con plena libertad de acción en el interior y en el exterior, como sucesor suyo, y de acuerdo con su decreto de 29 de junio de 1941. Si no recibo respuesta antes de las diez de la noche daré por seguro que ha perdido su libertad de acción, consideraré cumplidos todos los requisitos del decreto, y actuaré lo mejor que sepa en bien de los intereses de nuestro país y de nuestro pueblo. Ya conoce cuáles son mis sentimientos en esta hora, la más grave de mi vida. No encuentro palabras con que expresarlos. ¡Qué Dios lo proteja, y pronto lo veamos de nuevo entre nosotros, a pesar de todo!

Su leal Hermann Göring
.

Otros telegramas complementarios y conciliadores fueron enviados a Keitel, Robbentrop y Von Below.

Con su telegrama, Göring se ponía por completo en las manos de Bormann, en la justa hora en la que éste monopolizaba los oídos de Hitler. Inmediatamente el astuto secretario dirigió la atención de Hitler al parrafo en el que el mariscal le pedía una contestación antes de 10 horas. Afirmó que se trataba de un ultimátum. No fue difícil despertar las sospechas de Hitler que nunca se habían acallado por completo. Inmediatamente se respondió al telegrama informando a Göring de que Hitler conservaba su libertad de acción y prohibiéndole realizar cualquier acción sin el permiso de la Cancillería. Con el paso de los minutos y las horas la furia de Hitler aumentó. “Hitler estaba furioso – dice Speer- y se expresaba en términos muy duros respecto a Göring. Aseguraba que hacía mucho tiempo que sabía que había fallado, y que estaba corrompido por el lujo y por las drogas;” “y sin embargo-comentaba- estaba negociando con los Aliados la capitulación”.-añadiendo que- “eso importaba ya muy poco” “Su desprecio por el pueblo alemán-dice Speer- resaltaba claramente en esta observación.”

Al final de la escena, Hitler no quiso dar su aprobación al fusilamiento de Göring, pero sí a que fuera destituido de todos sus cargos. Dijo a Bormann que redactara un telegrama de acuerdo con esta determinación. Bormann salió un momento y regresó con el texto redactado. Hitler lo leyó y lo autorizó. A continuación fue enviado. En dicho telegrama se decía a Göring que su actitud constituía una traición al nacionalsocialismo y al Führer; que el castigo que le correspondía era la muerte, pero que se libraría de la última pena teniendo en cuenta sus servicios al Partido, con tal de que dimitiera inmediatamente de todas sus funciones. Tenía que contestar sí o no. Al mismo tiempo otros despachos fueron enviados por Bormann a los jefes de las SS de Obersalzberg, el Obersturmbannführer Frank y el Obersturmführer Bredow, ordenándoles detener a Goering por alta traición. Su estado mayor y consejeros, incluidos Koller y Lammers, debían ser arrestados o confinados en sus casas. «Del cumplimiento de esta orden responden con sus vidas.» Las órdenes fueron obedecidas. Poco después de medianoche todo el grupo fue detenido en Obersalzberg. Al día siguiente se anunció en Berlín que Göring había dimitido de todos sus cargos por razones de salud.

Bormann había triunfado. El problema de la sucesión continuaba en pie. Podemos preguntarnos por qué Bormann triunfó con tanta facilidad. ¿Cómo logró que Hitler cediera tan rápidamente a sus designios? ¿No había autorizado Hitler a Göring para asumir toda la autoridad y utilizarla en sus negociaciones con los anglosajones?

Estas dos preguntas siguen en el aire. Por si acaso, aunque era obvio que había sido descartado de la sucesión, Bormann consiguió la destitución de Himmler. Lo único que tuvo que conseguir fue una pequeña filtración de la prensa extranjera en la que se narraban las conversaciones de Himmler con los Aliados y en especial con el conde Bernardotte. El telegrama de destitución tardó unos minutos en salir del búnker.
Las horas pasaban y el Führer escribió su testamento. He aquí un fragmento de este determinante para Bormann:

Aunque durante los años de lucha creí que no podría aceptar la responsabilidad del matrimonio, ahora, antes del fin de mi vida he decidido tomar por esposa a la mujer que, después de muchos años de sincera amistad, vino a esta ciudad, va casi sitiada, por su propia y espontánea voluntad para compartir mi destino. Morirá conmigo, por expreso deseo suyo, como mi mujer. Esto nos compensará a ambos de todo lo que perdimos durante los años de mi trabajo al servicio de mi pueblo.

Mis posesiones, en cuanto valgan algo, pertenecen al Partido, si éste no existiera, al Estado. Si el Estado también queda destrozado, en ese caso no son precisas instrucciones de ninguna clase.
Los cuadros comprados por mí en el transcurso de los años nunca fueron reunidos con fines privados, sino con el propósito de instalar un museo de pinturas en mi ciudad natal de Linz, sobre el Danubio.
Es mi más fervoroso deseo que este testimonio sea cumplido en todas sus partes.

Como ejecutor testamentario señalo a mi más leal camarada del Partido, Martin Bormann. Le otorgo plena autoridad para tomar toda clase de determinaciones. Queda autorizado para entregar a mis parientes y servidores lo que puedan ser considerados como recuerdos personales o, si es necesario, lo preciso para sostener un nivel de vida pequeño burgués especialmente a la madre de mi mujer y a los fieles servidores de uno y otro sexo que él conoce perfectamente. Entre ellos se encuentran mis anteriores secretarias Frau Winter, etc., quienes me ayudaron durante muchos años con su trabajo.

Mi mujer y yo hemos decidido morir para escapar a la vergüenza de la derrota o la capitulación. Es nuestro deseo que nuestros cuerpos sean quemados inmediatamente en el sido en que he realizado la mayor parte de mi trabajo diario en el transcurso de estos doce años de constantes servicios a mi pueblo.



Continuará....


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Mensajepor Erich Hartmann » Mar Jun 21, 2005 4:35 am

A las cuatro de la madrugada del 29 de abril los dos documentos estaban listos para la firma. Se hicieron tres copias, porque no era nada seguro su envío, y tan importantes documentos no deberían perderse para la posteridad. Después de que Hitler los hubo firmado, el testamento político fue atestiguado por Goebbels, Bormann, Krebs y Burgdorf. El testamento personal fue firmado también por Goebbeis, Bormann v el coronel Nicolaus von Below, llamado para tal objeto como miembro de su entorno personal durante los últimos ocho años. Después de la firma, Hitler se retiró a descansar. Pero para Bormann y Goebbels todavía quedaba trabajo que hacer. Los dos, según Hitler, habían deseado y seguían deseando, permanecer y morir en Berlín. Ambos habían recibido órdenes de Hitler de seguir viviendo para continuar la administración nazi. Cada uno de ellos debía tomar una decisión: cuál de las dos voces obedecer-
Martín Bormann era un hombre poco romántico. Ni estadista ni soldado, ni profeta ni apóstol, ni adalid, ni fanático, únicamente amaba una cosa: el poder. Y el poder que amaba no consistía en su apariencia externa, en sus adornos y honores, ni siquiera en sus recompensas materiales, sino en su realidad, en la firme seguridad de su ejercicio. Con Hitler, Bormann había gozado de esa seguridad; ahora que Hitler había decidido morir, ¿qué esperanzas tenía de continuar ejerciéndolo? No deseaba morir; siempre habló en favor de la marcha de Berlín la supervivencia; pero si había de vivir, ¿cómo lograría retener en sus manos el poder que amaba? Personalmente podía considerarse un cero, cuyo valor dependía íntegramente de la unidad representada por su señor. Sólo había dos posibilidades de supervivencia como la «eminencia parda» del nazismo. O triunfaba por sí mismo, resultando elegido para el cargo del nuevo Führer, o el designado tenía que ser una persona que necesitara utilizar sus indispensables servicios. No sabemos si Bormann abrigó esperanzas de ser nombrado sucesor, pero es bastante improbable. Sus dotes eran las de un secretario, no las de un estadista; las de un padre José, no las de un cardenal Richelieu, y Hitler, indudablemente, lo consideraba, como a Himmler, demasiado «poco artístico» para transformarse en Führer de Alemania. Mas si no había de ser el sucesor y sí únicamente el consejero del sucesor, entonces era preciso que ese sucesor fuera un hombre que no pudiera prescindir de sus servicios. Göring no hubiera sido este hombre, y Göring fue desplazado. Para asegurarse todavía más, Bormann tomó algunas precauciones adicionales. Envió a sus fieles servidores de Obersalzberg un telegrama acerca de cuyo significado no cabe la menor duda. Decía:

«La situación en Berlín es más tensa y difícil. Si Berlín y nosotros caemos, los traidores del 23 de abril deben ser exterminados. ¡Cumplid con vuestro deber! ¡Vuestra vida y honor dependen de ello!».

El telegrama fue entregado al comandante de la fortaleza en que Göring estaba encerrado, pero aquél se negó a reconocer la autoridad de Bormann, y Göring se salvó por el momento de la muerte.

Al día siguiente nadie de entre los pocos que quedaban en la Cancillería pensaba ya en la vida, sino en el Götterdämmerung , en la caída de los dioses, la inmolación junto a Hitler. Y aunque éste debía de estar preparándose ya para la muerte, había todavía en el bunker un hombre por lo menos que seguía pensando en la vida: Martín Bormann. Si Bormann no podía convencer a los ejércitos alemanes para que acudiesen a rescatar a Hitler y a él mismo, sí podía insistir en sus deseos de venganza. Poco después de la ceremonia de despedida, a las tres y cuarto de la madrugada del 30 de abril, envió otro de aquellos telegramas que con tan vivos colores nos presenta la neurosis predominante en el refugio. Iba dirigido a Dönitz, en Ploen, pero Bormann no se fiaba de los medios ordinarios de comunicaciones, y envió su despacho a través del Gauleiter de Meckleburgo. Decía:

Dönitz:

Cada día se acentúa nuestra impresión de que las divisiones que debían socorrer Berlín han estado totalmente inactivas durante varias jornadas. Todos los informes que recibimos están controlados, alterados o modificados por Keitel. En general, sólo podemos comunicarnos a través de Keitel. El Führer le ordena que proceda inmediatamente y sin compasión contra todos los traidores.

BORMANN


Horas después se produjo la ceremonia de despedida de Hitler y de Eva a los presentes en la Cancillería: por supuesto Bormann estaba presente en la misma. Mientras, Hitler había terminado su almuerzo y despedido a sus invitadas. Durante un rato permaneció en sus habitaciones. Luego surgió de la parte reservada del bunker acompañado de Eva Braun, y tuvo lugar otra ceremonia de despedida. Allí estaban Bormann y Goebbels, Burgdorf, Krebs, Hewel, Naumann. Voss, Rattenhuber, Hoegí, Guensche, Linge y las cuatro mujeres: Frau Christian, Frau Junge, Fraulein Krueger y Fraulein Manzialy. Frau Goebbels no se hallaba presente; abatida por la muerte inminente de sus hijos, permaneció durante todo el día en su cuarto. Hitler y Eva Braun dieron la mano a todos, y luego se marcharon a sus habitaciones. Los demás fueron alejados, excepción hecha de los altos jefes y aquellos otros pocos cuyos servicios serían necesarios. Todos éstos aguardaron en el pasillo. Tras el último acto de la “tragedia final” en breve sonó un disparo. Todo estaba ya hecho. Bormann fue uno de los plañideros que estuvo en la ceremonia fúnebre y presenció la cremación: Una vez ésta comenzó la mayoría de los presentes se retiraron al interior de la Cancillería incluido Bormann.
Lo siguiente que hizo Bormann fue informar a Dönitz en su refugio de Ploen su designación como nuevo Führer, que cayó como una bomba en aquel lugar. Lo que no le dijo al Gran Almirante fue que Hitler ya no seguía con vida. En todos los telegramas de respuesta de Dönitz a la Cancillería dio gracias a Hitler e incluso le pidió consejo para sus futuras acciones. ¿Cuál era el propósito de Bormann al ocultar a Dönitz la muerte de Hitler, mientras pretendía seguir teniendo una autoridad de la que carecía para autorizar a Dönitz a asumir el mando? Especular profundamente sobre los motivos humanos es una tarea poco provechosa; pero en este caso podemos estar seguros de una cosa. Bormann estaba decidido a llegar a Ploen por un camino o por otro. Estudiaba ya incluso los procedimientos de que podría servirse para realizar el viaje.

Es posible hasta que pretendiera ser el portador de las primeras noticias ciertas. Así, reduciendo al mínimo el período de su temporal eclipse, esperaba, con su presencia en el momento decisivo, reforzar sus aspiraciones a continuar desempeñando una autoridad determinante.

El primer plan de Bormann para tal viaje consistía en una huida en masa a través de las líneas rusas, y a los supervivientes de la corte se les advirtió que estuvieran preparados para realizar el intento durante la oscuridad de la noche inmediata. Pero tal escapada en masa sería peligrosa y correría graves riesgos de fracasar (Hider ya había asegurado que era imposible el día antes, cuando la situación no era aún tan desesperada); en el transcurso de la tarde se le ocurrió otra posibilidad menos peligrosa. Puesto que Goebbels y Bormann eran, en virtud del testamento de Hitler, miembros del nuevo gobierno, ¿no podían las autoridades militares rusas reconocerles tal categoría, y si les
ofrecían la rendición, permitir a Bormann ir a Ploen para recabar de Dónitz la necesaria ratificación? Bormann se vería de esta manera enviado a Ploen por los mismos rusos, se uniría al nuevo gobierno y ocuparía su posición como uno de los dirigentes del nuevo Reich. Esta esperanza puede parecemos ridicula a nosotros; pero en el limbo de los jefes nazis nada parecía ridículo. Desde luego no era más ridícula que los planes políticos de Himmler, o de Schellenberg, o de Ribbentrop, o de Schwerin von Krosigk, todos los cuales admitían como posible la supervivencia de un gobierno nazi, o por lo menos seminazi. Y su idea no se le antojó ridícula a Bormann. Este proyecto de un tratado con los rusos fue discutido en el curso de una larga conferencia celebrada en la noche del 30 de abril. Asistieron a la misma Bormann y Goebbels, además de Krebs, Burgdorf, Axmann v. posiblemente, Mohnke. Se estableció contacto por radio con el cuartel general ruso y se mandó a un mensajero a preguntar si el mariscal Zhukov querría recibir a un representante del gobierno alemán. La respuesta fue favorable, y a medianoche Krebs en persona salió del bunker llevando una carta de Goebbels y Bormann. Era el emisario más indicado ya que, gracias a su larga experiencia como agregado militar en Moscú, conocía el carácter ruso y su idioma. Además era conocido como un gran defensor de la amistad germano-rusa, y Bormann y Goebbels confiaban en que fuera bien recibido en los cuarteles generales rusos al ser recordado como el
hombre que en una ocasión había sido abrazado públicamente por Stalin. En dicha carta, según el testimonio de Frau Christian y Fraulein Krueger, informaban a Zhukov de la muerte de Hitler y de los cargos que debían ocupar en virtud de los nombramientos hechos por el Führer en su testamento. Autorizaban al portador, general Krebs, para negociar un armisticio o una tregua, cuya decisión definitiva dependería del nuevo Führer, el almirante Dónitz.

Durante el resto de la noche y toda la mañana siguiente, Goebbels y Bormann esperaron el regreso de Krebs y la contestación a su carta. A las once de la mañana no se había recibido la menor respuesta, y Bormann se decidió entonces a informar a Dönitz de que su reino había comenzado. Pero todavía seguía sin admitir de una manera explícita la muerte de Hitler. A medio día regresó Krebs con una respuesta un tanto insatisfactoria. Zhukov exigía la rendición incondicional y la entrega de todos aquellos que estaban en el bunker. Se envió un mensaje a los rusos dando por zanjadas las negociaciones. No cabía duda: había que intentar una escapada. Bormann y sus compañeros de la Cancillería ya estaban planeándola. No todos participaron en el proyecto. Zender, por ejemplo, prefería perecer en los escombros de la Cancillería que marcharse de ella y Goebbels ya había comenzado los preparativos de su despedida final. Mientras éste hacñia sus preparativos, comenzaba a reunirse el grupo que en breve, a las 9 de la noche, intentó la escapada en masa. Todos estaban bajo mando de, por supuesto, Bormann. Se dividieron en varios grupos. Bormann estaba en uno de los grupos centrales. Estaba formado por Stumpfegger, Axmann, Kempa, Beetz, Nauman Schwägermann y Rach. Levaba una copia del testamento de Hitler para que al llegar a Schleswig Holstein pudiera hacer valer sus derechos. El grupo de Bormann se encontraba, junto a los demás grupos, en la Friedrichstraβe para intentar cruzar el Spree. Se resguardaron tras un tanque en intentaron cruzar la calle protegidos del fuego enemigo por el blindado. No obstante, una Panzerfaust cayó sobre el tanque y produjo una violenta explosión. Axmann y Beetz resultaron heridos, Kempa quedó sin sentido y ciego por unos minutos, Bormann y Stumpfegger escaparon sin heridas. Estos dos abandonaron el grupo y se dirigieron hacia la estación de ferrocarril de Lehrter. Axmann, una vez repuesto, se topó con una patrulla rusa y corrió hacia la dirección que habían tomado Bormann y Stumpfegger. Bajo el puente de ferrocarril que cruza por encima la Invalidenstraβe, Axmann encontró a los dos hombres, tendidos boca arriba, con la luz de la luna dándoles en la cara. Cuando se aproximó, se dio cuenta de que los dos estaban muertos, pero el fuego ruso le impidió un examen detenido de los cadáveres. No observó en los cuerpos heridas visibles ni destrozos provocados por una explosión, probablemente les habían disparado por la espalda. Este fue el final de Martin Bormann, cegado por el poder en un desesperado intento de conservarlo.

La demostración del destino de Bormann no es posible sino creyendo ciegamente la narración de Axmann. No obstante, las diversas versiones narradas anteriormente de su existencia y muerte, pueden parecer en principio ridículas, por lo que he considerado mejor incluir en este relato la versión del jefe de las Juventudes Hitlerianas.


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Mensajepor Eckart » Mar Jun 21, 2005 5:15 am

La confirmación de la versión de Axmann y, por tanto, de la muerte de Bormann llegó en 1973, después de que dos cadáveres fueran encontrados enterrados en un terreno cerca de la zona del puente de la Invalidenstrasse, los cuales, tras las pruebas de ADN correspondientes, fueron confirmados como los restos de Bormann y Stumpfegger. Ahí quedó cerrado el caso, con la publicación de esta información en el informe final del proceso penal contra Martín Bormann (4 de abril de 1973), conducido por la Fiscalía del Estado de Francfort.

Podemos encontrar más detalles al respecto en la obra maestra de Hugh Trevor-Roper Los últimos días de Hitler.

La ruta seguida por Bormann y Stumpfegger hasta fallecer:
http://www.anesi.com/east/bormapt.htm

Saludos.

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Mensajepor WHA » Mar Jun 21, 2005 9:40 pm

La carrera de Bormann en las filas del nazismo fue relativamente rápida. Bormann nació en Halberstadt en 1900. En 1925 ingresó en el NSDAP y en 1928 alcanzó sucesivamente los cargos del mando superior del SturmAbteilung (SA) y de Gaulaiter.


15.11.1928-24.08.1930 Leiter der ”SA-Versicherung” im Stab der Obersten SA-Führung

Bormann no fue Gauleiter, fue Bezirksleiter (renombrado el cargo a Kreisleiter en 1932) en Jena.

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Una curiosa idea

Mensajepor Eckart » Mar Jun 28, 2005 5:43 am

Hasta qué punto la enrevesada ideología nazi pudo penetrar en la conciencia de algunas de las mujeres de los altos mandatarios del régimen, nos lo demuestran algunos extractos de la correspondencia entre Bormann y su mujer, Gerda, a raiz del descubrimiento por parte de esta de las relaciones íntimas de su marido con una actriz. Transcribo a continuación unos párrafos muy significativos y realmente sorprendentes. Las notas entre parentesis que aparecen en la carta de Gerda Bormann, fueron añadidas por su marido antes de archivar la correspondencia:

Carta de Bormann a su esposa:

"Mi querida chiquita: No sabes qué contento me puse. Me pareció tremendamente atractiva. A pesar de su resistencia la besé sin pararme en barreras y la envolví con mi alegría incontenible. Me enamoré perdidamente de ella. Me las he arreglado para verla siempre que ha habido ocasión y hasta he vencido su resistencia. Ya conoces la fuerza de mi voluntad y puedes imaginarte que M. no iba a resistírseme mucho tiempo. Ahora ya es mía. Soy inmensamente feliz: estoy doblemente casado. Al menos me siento así. ¡Oh, cariño, no puedes imaginarte que feliz soy con vosotras dos! En verdad el cielo me ha hecho muy feliz.

Contestación de su esposa Gerda:

"Querido papá: Sería una lastima que una chica tan maravillosa como ella no pudiera tener hijos. En este caso deberás hacerte a la idea de que en un año deberá tener M. un niño y luego yo, de modo que tú tengas siempre una mujer.(¡Qué ocurrencia!) Luego reuniremos a todos nuestros hijos en la casa del lago y podremos vivir todos juntos, de modo que la mujer que no esté embarazada en ese momento podrá estar contigo en Obersalzberg o Berlín.(Esto no marcha nunca bien, aun cuando las dos mujeres fuesen las mejores amigas del mundo. Lo mejor es que cada una se quede en su stio. Las visitas están bien, pero con limitaciones) Tan solo me preocupa si no habrás aterrorizado a la pobre chica con tus maneras impetuosas.(Al principio, desde luego) ¿Te ama ella realmente?(Creo que me ama mucho, aunque naturalmente no es un amor profundo como el nuestro. Quince años de juventud, una rica experiencia en común y diez niños pesan mucho.) Dices en tu carta que ahora te sientes felizmente casado por dos veces. Cariño, ¿te ama realmente hasta el punto de que podría sentirse casada contigo y te seguirá siendo fiel aunque no pueda llevar tu nombre?(Esto solamente lo puede decir el tiempo.) Sería una cosa buena el que después de la guerra se aprobase una ley según la cual los hombres sanos y valiosos pudiesen tener dos mujeres.(El Führer tiene los mismos planes.)

Fuente: Das Dritte Reich, Tomo III. (Existe editado en español por Editorial Noguer, 1974. Historia del III Reich)


Saludos.

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Mensajepor Standartenführer » Mar Jun 28, 2005 7:04 am

Según tengo entendido Bormann fue el unico miembro de la cupula nazi que a su desgracia murio en el anonimato y por algun soldado enemigo :x

que me dicen?
Manuel González Ramírez

"Mi honor es mi lealtad" waffen SS
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Mensajepor Eckart » Mar Jun 28, 2005 7:30 am

Como dije en un mensaje anterior, la muerte de Bormann se ceritficó en 1973 gracias a las pruebas de ADN que se hicieron sobre un esquelto encontrado cerca del lugar donde Axmann aseguraba haber visto el cuerpo sin vida de Bormann en Mayo de 1945, pero no tenemos información exacta sobre la manera en que murió. Artur Axmann, quién vió y no tocó el cadaver boca arriba, asumió que Bormann había sido disparado por la espalda, ya que no se observaban signos de ninguna explosión ni el cadáver presentaba sangre ni señales evidentes de violencia. Otra hipótesis es que se envenenó mordiendo una cápsula de cianuro, tal y como otros muchos líderes nazis hicieron.

Saludos.

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Mensajepor Standartenführer » Mar Jun 28, 2005 7:34 am

Perdon por no especificar, me refería no se sabe como murio; no se suicido, ni lo ahorcaron
tal vez lo mato un soldado ebrio, tal vez un oficial, se podria decir que murio "en accion" :lol:
Manuel González Ramírez



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Hangel
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Mensajepor Hangel » Jue Ago 04, 2005 11:44 pm

Si se sabe. El esqueleto de Bormann presentaba serias lesiones provocadas por el impacto de obus que pego al tanque en el cual Bormann, el Dr. Stumpfegger y Erich Kempka se escondían.

Bormann y el Dr quedaron seriamente heridos con fracturas por el impacto y ambos tomaron capsulas de cianuro, las mismas que se distribuyeron en el Bunker. Restos de este veneno se encontraron en los cuerpos, pues no solo se hallaron los huesos. A ultima hora Bormann se quitó la vida antes que lo hiciera cualquier ruso.

Otro datos que obvian aqui:

Bormann ingresó al Partido Nazi el 17 de febrero de 1927 con el número 60.508.

Fue nombrado Miembro del Estado Mayor del Jefe SA desde 1928 hasta la reestructuracion de 1930, cargo que nunca ejerció y fue de manera Ad Honorem. Le asignaron el grado de SA Obergruppenführer.

Miembro del Parlamento Alemán (Reichstag) como Diputado desde noviembre de 1933 hasta el final.

fue Reichleiter desde Octubre de 1933 hasta el final de sus días el 2 de mayo de 1945.

Fue designado com SS Obergruppenführer Ad honorem por Himmler. Nunca ejerció mando en la SS aunque tuvo varios edecanes de esa arma.

Saludos,

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Eckart
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Mensajepor Eckart » Vie Ago 05, 2005 5:45 am

Hola Hangel!

¿Podrías decirnos la fuente de donde obtuviste esa información sobre los cuerpos de Bormann y Stumpfegger? No es que dude de tí, en absoluto, simplemente es por el interés que tengo en el asunto y poder conocer la información lo mejor posible.

Muchísimas gracias.
Saludos.

Hangel
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Mensajepor Hangel » Vie Ago 05, 2005 6:01 am

Del Informe Oficial del Gobierno Federal de Alemania del 18 de septiembre de 1999 acerca de los restos de ambos. En dicho informe se expresan algunos detalles sobre los restos, la practica de ADN que resulto positivo en ambos casos y la incineración de los mismos para ser arrojados a un mar no señalado para evitar convertir la tumba en un mausoleo.

Dicho informe es obtenible en idioma alemán en el archivo de Martin Bormann en el BundesArchiv.

Los detalles mas fidedignos sobre los cuerpos los da Erich Kempka que estaba con ellos a la hora del impacto, se desmayo y al rato se levanta, revisa los muertos y se retira, posteriormente llegará Artur Axmann quien los ve pero no revisa. En años sucesivos se dira que ambas versiones fueron realizadas para ocultar a Bormann como lider del IV Reich, fraude impulsado por un "autor" llamado Ladislas Farago quien escribio un libro titulado "Bormann escapa" escrito en base a mentiras -a consciencia- para sacarle provecho al tema, tal como le reconocio al autor americano de "Mengele, el ultimo nazi" años después.

Saludos,

HA.

Nota: tengo a mano la copia de la nota de prensa, deja buscarla.

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Mensajepor Eckart » Vie Ago 05, 2005 6:24 am

Muchas gracias compañero. Desde luego que esa información da credibilidad a la versión de Kempka. Se me había escapado ese informe del 99. Había leído alguna vez algo sobre las fracturas óseas y el cianuro, pero siempre sin citar fuentes y no sabía si sería de fiar. Muchísimas gracias, ahora ya está claro.

Saludos.

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MARTIN BORMANN. LA SOMBRA GRIS

Mensajepor nuerma » Sab May 08, 2010 10:40 pm

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Berlín, 1 de mayo de 1945, por la noche. Apenas treinta horas antes, Hitler se había suicidado en su bunker construido bajo los jardines de la cancillería del Reich. Como sucesor suyo ha quedado el gran almirante Dönitz. Por la tarde del mismo primero de mayo, éste había recibido una llamada telefónica del secretario jefe de Hitler, Martin Bormann: " El testamento entra en vigor. Iré a verle lo antes posible."

Dönitz se encontraba en Flensburg. Bormann y la mayor parte de los que quedaban en el bunker trataban de sortear la lluvia de granadas, cruzar aquellas montañas de escombros y, salvando calles destruidas, abandonar el barrio del gobierno.

Aunque Bormann tenía la graduación de general de las SS (Gruppenführer), se había vestido un uniforme gris y encima un capote militar. En caso de complicaciones podía pasar así desapercibido.

Bormann y el médico de las SS, doctor Stumpfeger, caminaban juntos, amparados tras un carro Tiger que inopinadamente había aparecido en el lugar. El Tiger resultó alcanzado por un impacto enemigo y voló por los aires.

A partir de ese momento comienzan las especulaciones sobre un Bormann, presunto superviviente que no volvió a aparecer ni en Flensburg ni en ningun otro lugar. De especial valor son las aseveraciones del supuesto testigo ocular de los hechos, Arthur Axmann, entonces jefe de las juventudes del Reich.

VERSIONES AVENTURADAS.

Axmann se había separado de Bormann, tomando el camino de Moabit junto con su ayudante. Pero se vio obligado a cambiar de rumbo frente a la presencia de los carros soviéticos.

" Cuando nos encontrábamos de regreso, cuenta, y cruzábamos el puente de los inválidos, vimos a Bormann y el doctor Stumpfegger que yacían el el suelo con los brazos y piernas abiertos. Sus rostros eran plenamente reconocibles. Tomé a Bormann en mis brazos y no noté en él reacción alguna. Me acerqué a su pecho y no percibí su respiración. En el cuerpo no se apreciaban ni heridas ni manchas de sangre. Sospechamos que se había envenenado."

La historia ha necesitado 28 años para dar por válido este relato, que revela el final del hombre más poderoso después de Adolf Hitler. Pero en tanto abundan las especulaciones, florecieron las versiones más aventuradas: desde la que habla de agentes soviéticos, otras que ven a Bormann como vecino de Mengele, que huyó al Paraguay, otros aseguraron que vivía en España etc, etc..

Las contradicciones entre versiones llevaron a los aliados, en el periodo preparatorio al juicio de Nüremberg, a concluir que Bormann vivía. Se formalizó una denuncia y en total se distribuyeron 200.000 carteles con su nombre y se le conminó durante 4 semanas a través de las emisoras de radio de las 4 zonas de ocupación a que se presentase ante los tribunales. No apareció . Pero al dictar sentencia los jueces en aquel descomunal proceso se le condenó a muerte en rebeldía bajo gravísimas acusaciones: Crimenes de guerra y crímenes contra la humanidad.

El juego del escondite emprendido por el destino cuadraba de un modo especial con la oscuridad y poca transparencia con que actuó Bormann respecto de todos cuando aún vivía. Entre bastidores supo mover los hilos que le convenían.

Todos le temían y odiaban. No tuvo amigos. " un par de palabras de Hitler de recriminación contra Bormann y todos los enemigos de este se le habrían echado al cuello", comentaría más tarde Speer. Pero jamás aparecieron estas palabras críticas en boca de Hitler. Muy al contrario. Expresiones como " para ganar la guerra necesito a Bormann" o " Quien vaya contra Bormann va contra mi", eran auténticos venenos que luego utilizaba Bormann para emponzoñar sus dardos.

Desde luego nadie como Bormann había logrado penetrar en la mentalidad de Hitler ni captar como él el principio de poder, actuando en consecuencia.

Por otro lado entendió que un dictador necesita entorno de sí de un cierto clima de intrigas, rivalidades, de un cierto " caos " interminable para darle ocasión de ejercer su poder sin menoscabo ni peligros. El funcionario sabía tocar bien ese teclado. Cuando los notables, enfundados en sus uniformes y cubiertos de medallas, trataban de minarse el terreno mutuamente, Bormann se ocupó de encizañar a unos contra otros, se mezcló en sus asuntos privados - con una aparente indulgencia confidencial- y supo aprovechar cualquier situación de debilidad para hacer valer su opinión ante Hitler.

Este tipo de gente apenas ofrece una biografía delimitada. Justamente lo confuso, lo sin perfil, la penumbra, es un campo ideal de actuación. De este modo los peldaños vitales de Bormann, un poderoso sin carrera, se sucedieron vertiginosamente:

Nació el 17 de junio de 1900 en Halberstadt, hijo de un funcionario de correos y antiguo sargento primero. En los tiempos de Weimar militó en la derecha radical y tomó parte en un asesinato. En 1924 se vio obligado a cumplir un año de cárcel. Más tarde sería condecorado por Hitler con la medalla de la orden de la sangre: triste ironía. El instigador del crimen fue Rudolf Hoess, que veinte años después sería tristemente célebre como comandante del campo de concentración de Auschwitz.

Continuará.

Fuente " El tercer Reich" 4º TOMO pags 472, 473
SÓLO QUIEN SE DA POR VENCIDO ESTÁ PERDIDO. Ulrich Rudel

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MARTIN BORMANN. LA SOMBRA GRIS

Mensajepor nuerma » Sab May 08, 2010 10:46 pm

Martin Bormann supo navegar en el mar de competencias y atribuciones de que constaba el aparato de poder de Hitler, logrando incrementar el poder del partido respecto del estado, los militares y de las s.s

El técnico agrícola Bormann, intendente en Mecklemburgo, entró en el partido nazi en 1927 con el número 60.508 y se casó en 1929 con Gerda Busch, de veinte años, hija de un comandante colaborador cercano a Hitler. Este fue el testigo de la ceremonia nupcial. Gracias a esta vinculación, Bormann tomó contacto con Hitler. El hijo mayor fue apadrinado por el futuro Führer. Bormann tuvo otros 9 hijos de este matrimonio.

La carrera de Bormann fue fulminante a partir de este momento: Jefe de prensa de Gau, jefe de distrito, encargado de negocios del gau de Turingia...Se reveló sobre todo muy capaz en cuestiones relacionadas con el dínero y la administración. En 1930 creó una especie de caja de seguros para auxiliar a los camaradas que resultasen heridos en los combates callejeros o en interiores. Los excedentes de este depósito fueron a cubrir otos objetivos del partido y sacaron a Hitler de más de un apuro.

El reconocimiento de Hitler hacia el activo funcionario fue en aumento cuando éste le proporcionó dos fuentes más para reunir dinero: la " cuestación de la industria alemana para Adolf Hitler" ( oferta de los empresarios para el crecimiento económico) y la participación en el precio de los sellos de Hitler (basada en el derecho de autor por reproducción de la propia imagen)

En 1933, Bormann se convirtió en jefe de despacho del lugarteniente de Hitler, Rudolf Hess. Cuando el lugarteniente de Hitler, por razones idealistas pero también por enredos, voló a Inglaterra el 10 de mayo de 1941, se hizo pública una tajante órden del Führer: " La función de lugarteniente del Führer, dejará de llevar inherente la de canciller del partido. Ésta quedará supeditada a mi persona. El jefe de este negociado seguirá siendo como hasta ahora, Martin Bormann". El puesto de lugarteniente quedaba, pues, reducido a la inoperancia. Aparentemente la función de Bormann se vería disminuída, pero en realidad continuó ejerciendo toda su actividad anterior, sólo que ahora podía actuar en nombre de Hitler. Dos años después Bormann ostentaría el título de "secretario de Hitler", que le dotaba de un poder oficial hasta el punto de que podía llegar a zonas de actuación ajenas al propio partido. De hecho era él quien llevaba los asuntos del Reich y se mostró especialmente activo en la política respecto a los pueblos eslavos y los judíos..

Era un maestro en política de despachos y supo actuar sin hipotecar la confianza con que contaba ante el señor al que servía. Bormann acumulaba noticias sin cesar y retuvo firmemente cada manifestación pública de Hitler ( para lo cual contrató también a colaboradores). Sabía perfectamente variar el tema o cambiar la conversación hacia los puntos predilectos del Führer e interpretar la opinión de Hitler en cada momento: Las materias , nombres y datos eran cuidadosamente anotados y clasificados por él en las correspondientes actas, de modo que estaban a mano en cada momento. "Así se convirtió Bormann en la memoria de Hitler" ( Baldur von Schirach ).

No debe extrañar , pues, que Hitler no tuviera más que palabras de alabanza para aquel trabajo de mecánica fría y liberadora que desarrollaba su secretario " Yo sé que Bormann es brutal- comentó Hitler en cierta ocasión- pero todo lo que emprende tiene sentido y puedo confiar en que mis órdenes se aplicarán inmediatamente por encima de todas las dificultades"

El estilo de vida de Bormann estaba perfectamente amoldado al mundo de barracones y bunkers de Rastenburg, Vinnitsa y Berlín a última hora. Cuando su patrón hacía de la noche día, allí se encontraba su aplicado colaborador, su omnipresencia parda.

Habría que pensar que esta implacable dureza de vida solamente podría ir apoyada en una concepción fanática, pero tal suposición aislada no es exacta. De un modo muy distinto que Himmler, que se sentía partícipe de un mesianismo pseudogermánico, Bormann encontraba su compensación única en satisfacer su ambición, el radicalizar el estado desde dentro y convertirse en su verdadero motor secreto. Su convencimiento ideológico libre de objetivos partió en gran medida de su mujer, que propuso a su marido con toda seriedad, llevar adelante un matrimonio a tres ( correspondencia íntima que expondré en otro post y que resulta impresionante), una vez se enteró de un enredo amoroso de Bormann con una actriz a principios de 1944. En la fase final y apocalíptica de la guerra alcanzó Bormann el último peldaño del reconocimiento de Hitler. Le llamó " mi camarada más fiel" en su testamento del 29 de abril. Al tiempo le nombraba su albacea, designándole para el cargo de " ministro del partido" en el futuro gobierno de Dönitz.

Bormann, que tenía entonces 44 años, abrigaba sin embargo serias dudas de que tal Ministerio del partido no fuese otra cosa que pura ficción sin un contenido real y desde luego no se equivocó en sus predicciones.
fUENTE LA MISMA QUE LA ANTERIOR.
El III Reich noguer 4º tomo. pag 473
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