La lógica del terror

Acontecimientos políticos, económicos y militares relevantes entre noviembre de 1918 y septiembre de 1939

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maxtor
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La lógica del terror

Mensaje por maxtor » Vie Ago 09, 2013 8:46 pm

Saludos cordiales a todos.

Los directores de la máquina del terror soviético no sintieron vergüenza ni temor ante un posible veredicto de la historia, llevaron un registro y documentaron casi todos sus actos, hoy en día lo que fue una escasez de fuentes se ha convertido en perplejidad ante su superabundancia. En el actual proceso de apertura de los archivos soviéticos desde 1991 han ido apareciendo sin cesar archivos y se hace casi inevitable un proceso de cribado de dicha información. La anterior escasez de archivos hizo casi de forma inevitable que muchos juicios fueran simplistas ya que la situación real del terror soviético fue más compleja; el terror afectó a grupos muy distintos de personas, y mientras las primeras purgas fueron eso, las segundas fueron una purga de los purgadores. El contenido de etiquetas como “trotskista”, fue modificado una y otra vez por personas distintas en momentos diversos y aquellas fueron empleadas para asociar diferentes significados a operaciones y acontecimientos dispares.

De los nuevos documentos se desprende hoy claramente que la policía secreta estuvo involucrada de pleno en esa “labor de limpieza doméstica del partido”, y el que la responsabilidad de Stalin por el terror fue total, se pueden ver sus huellas dactilares en casi todos los archivos. Las fuentes no permiten inferir un plan maestro de inicio del terror, ni de una “oposición liberal” que tratara de frenarlo. Stalin trabajón con asiduidad para reforzar su poder y centralizar la autoridad en Moscú, incluso cuando no fue el autor de los hechos, fue un maestro en el arte de manipularlos en su beneficio personal y político. Pero en sus intervenciones personales hubo demasiados bandazos, cambios de opinión para seguir defendiendo la idea de que el terror fue la culminación de un organigrama bien preparado y pensado a largo plazo. Stalin no estuvo seguro de qué tipo de represión quería exactamente, ni de cómo imponerla, hasta bien entrado el proceso de terror. Al parecer, no optó por la masacre generalizada hasta principios de 1937.

Tras los nuevos documentos, la senda que condujo a Stalin al terror ya no se puede seguir explicando por la existencia de una resistencia organizada en su contra. La idea a la que se han aferrado muchos historiadores de que debió haber bolcheviques liberales o decentes que trataron sin fortuna de detener el plan estalinista de terror se ha vuelto insostenible, la realidad es más triste; a cada paso del camino fueron surgiendo grupos de interés, dentro y fuera de la elite, que apoyaron la represión de determinados grupos, en ocasiones con una mayor vehemencia que el propio Stalin. El terror más que deberse a un hombre que intimidara a todos los demás, consistió en una serie de esfuerzos de grupo. Esta conclusión no exonera en modo alguno a Stalin ni atenúa su grado de culpabilidad, pero sí significa que el paranorama fue más complejo. La represión fue tanto resultado del consenso como de la demencia de un solo hombre, por lo que provoca mayor inquietud.

La nueva documentación ha confirmado otros aspectos del terror que algunos historiadores habían defendido ya hace tiempo y es desechar las cifras astronómicas sobre el número de víctimas del terror. Las cifras siguen siendo ya harto elevadas y ni siquiera las cantidades más modestas que puedan inferirse de los archivos dan un ápice de admisibilidad al terror ni ayudan a comprenderlo. No debería ser necesario inflar artificialmente el numero de víctimas hasta decenas de millones para censurar o desligitimar al estalinismo.

¿Por qué ocurrió el terror soviético?. El libro de J. Arch Getty y Oleg V. Naumov, “La lógica del terror” abordan el porqué del terror y sus análisis personalmente me han abierto nuevas vías que nunca había tenido presente, en buena medida es una lectura “forzada” por el compañero Jose Luis que hizo referencia a este libro en otra discusión sobre las cifras del terror. Merece la pena leerlo para equilibrar otras lecturas sobre dicha temática.

Unos tres cuartos de millón de personas fueron ejecutadas en 1937 y 1938, muchos de ellos sin proceso o juicio alguno, todos ellos en nombre de la limpieza del Partido Comunista y la Unión Soviética de diferentes elementos vagamente “contrarevolucionarios”. En 1936 la paranoia de los líderes estalinistas alcanzó un punto culminante. En una oleada de detenciones, arramblaron con los antiguos disidentes del partido, tanto de derechas como de izquierdas. Muchos destacados bolcheviques con antecedentes de oposición, incluido el diplomático Grigory Sokolnikov y el comisario adjunto de Industria Pesada Georgy Piatakov, dieron con sus huesos en la cárcel. Todos fueron acusados de crímenes fantásticos: sabotaje, espionaje y otros actos de traición. La elite bolchevique se estaba autoconsumiendo.

El terror que tragaba individuos también destruía a sus familias, el resto de la familia era expulsado de sus trabajos “por motivos políticos” y alastraron una lacra difícil de imaginarse. Los contactos personales y laborales inocentes se convirtieron en crímenes que daban pie a investigaciones enloquecidas y paranoicas, el sufrimiento de estas personas y sus familias está bien documentado en obras como Into the Whirlwind, de Evgenia Binzburg; y Archipiélago Gulag, de Alexander Solzhenitsyn; personas honestas y leales vieoron sus vidas destrozadas, sus familiares fueron perseguidos y sus descendientes vivieron estigmatizados y con secuelas durante décadas.

El gran terror del decenio de 1930 en la URSS ha constituido una de las ilustraciones más horrendas de la violencia política en la historia moderna. Millones de personas fueron detenidas, arrestadas, encarceladas o enviadas a campos de trabajo. Un número incontable de vidas, carreras y familias fueron truncadas para siempre. La experiencia se convirtió en un trauma nacional, un legado de miedo que no desapareció durante varias generaciones, hasta la fecha de la apertura de los archivos no se había podido trazar una historia basada en los perpetradores del terror, entre los que lo administraban. ¿Qué impulsó a la élite del Partido Comunista a destruirse a sí misma, por qué se aplastó a personas útiles e inofensivas políticamente en un proceso que debería haberse ceñido a una clásica lucha intestina?, ¿Por qué, incluso después de muerto Stalin, costó tanto tiempo comenzar a corregir los desvaríos de la justicia?.

La sombra de Stalin se cierne como un fantasma sobre estos acontecimientos. En su calidad de líder supremo del Estado y de objeto de culto cuasi religioso, fue personalmente responsable de buena parte de la matanza. Sus móviles y planes, así como la secuencia exacta de sus actos, no están del todo claros, pero abundan pruebas que lo incriminan en primer grado. Aunque no disponemos de un diario de actas, de una lista clara de sus órdenes y directrices, ni de excesivos documentos con su firma, tenemos suficientes pruebas para postular sin titubeos que tuvo una participación perversa y fría en la masacre. El poder de Stalin creció enormemente a lo largo de todo el decenio de 1930; a finales de ese periodo era prácticamente un autócrata. Rusia siempre había sido gobernado por hombres, más que por leyes, y cada vez fue mayor el número de personas que para, guiar su conducta o solucionar sus problemas, acabaron dependiendo de Stalin o demás líderes. Fue un proceso irregular y con bandazos, en ocasiones Stalin ejerció de moderador o contrapeso, conciliando distintos intereses y grupos y oponiéndolos entre sí; en otras ocasiones pegaba puñetazos en la mesa y reafirmaba su autoridad personal. Aunque es incuestionable su liderazgo supremo, no fue omnipotente y se movió siempre dentro de los parámetros de otros grupos e intereses.

Stalin fue la figura central de la política y la violencia política de la década de 1930, pero no fue ese su único papel. En la caza de brujas del s. XVII con las que el terror estalinista guarda un gran parecido, un pequeño número de personas autoritarias señalaban a las víctimas y organizaba su ejecución. Detrás y en torno a ellos, había otros grupos de intereses – miembros de la jerarquía religiosa y política, policías de variada índole y ciudadanos ordinarios “de la plebe” – que instigaron los actos, daban su aquisciencia al proceso, concediendo que dicha crueldad era necesaria y razonable. “Ningún gobernante ha puesto en práctica jamás medidas políticas de expulsión o destrucción a gran escala sin el concurso de la sociedad”, escribió H.R. Trevor – Roper acerca de las cazas de brujas.

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maxtor
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Re: La lógica del terror.

Mensaje por maxtor » Vie Ago 09, 2013 8:48 pm

Al reflexionar sobre el terror del decenio de 1930 y preguntamos qué lo hizo posible, debemos buscar las respuestas más allá de las personalidad de Stalin, ¿por qué se ejecutaron sus órdenes, por qué había un terreno abonado para el terror?. Aunque veamos a Stalin como un faro en la noche en cuanto a su culpabilidad, si no se analiza la sociedad soviética y su sistema político, la magnitud del proceso de difusión del terror se difumina. El partido era el Estado, tenía el poder de modificar por completo la orientación de la política económica y social, disponía del monopolio de la organización política, el control de la prensa, tribunales, el ejército y la policía. El partido establecía y defendía la única ideología permisible; suprimió y mantuvo bajo su control la religión tradicional y promulgó un sistema propio de creencias en la edad de oro comunista. Y sin embargo, el partido que podría haber detenido el terror, cooperó activamente en su propia destrucción. Se embarcó en medidas políticas que desorganizaron el régimen, fractuaron la sociedad y destruyeron el propio partido.

El Partido Bolchevique era producto de estratos idealistas, igualitarios y socialmente progresistas de la intelligentsia y la clase obrera rusa. En la década de 1930 el idealismo había desaparecido o se había transformado, en la medida que los bolcheviques se convirtieron en funcionarios públicos; pero hasta los idealistas irreductibles respaldaron y ejecutaron medidas que propiciaron el terror, no sólo contra los enemigos tradicionales, sino contra ellos mismos. El decenio de 1930 tuvo muchos componentes: conflicto y lucha de clases, supuestas amenazas extranjeras, actitudes y creencias populares, la personalidad de Stalin y otros, etc. En diferentes momentos el Partido fue el instrumento administrativo de Stalin, el foro de burocracias enfrentadas, fue la clase religiosa, la comandancia militar, el único terrateniente. Su composición era representativa en diversos grados de la sociedad, pues acogía a obreros, campesios, capataces, directores de explotaciones agrícolas colectivas, jefes políticos locales, administradores económicos y otros, y les asignaba una gran variedad de funciones sociales y políticas.

Analizando el partido podrán realizarse afirmaciones más generales acerca de la relación entre el terror y la sociedad en general, ¿Por qué dio el Estado su aquiescencia a su propia destrucción y participó en ella?, ¿Por qué la elite del régimen aprobó medidas que en último término debilitaron su control del poder?, ¿Por qué amplios segmentos de la sociedad – incluidos los comunistas de base, pero también el público en general – aceptaron la tesis de que el país estaba infiltrado por espías y saboteadores y que los antiguos compañeros de armas bolcheviques de Lenin eran traidores?¿Por qué tanta gente creyó necesaria una caza de brujas a escala nacional?. Los historiadores han formulado a menudo otra pregunta: ¿cómo un hombre logró infligir un terror tan generalizado a una elite política experimentada?. Los bolcheviques y compañeros de Stalin no eran gente blanda, eran experimentados revolucionarios que habían vivido la época zarista, la revolución, lucha y que no se amilanaban facilmente.

Entre los factores políticos más destacados de este decenio cabe citar la acumulación de poder en manos de los líderes del partido en la sede central de Moscú, el papel de la elite del partido como un estrato superior, el grado creciente de temor y aprensión entre dicha elite por su oposición en la sociedad y el impulso que fue tomando poco a poco la represión. Uno de los factores angulares de estos procesos es la posición y el interés de grupo que se escondía detrás de la elite del partido. Desde principios de la década de 1920, los líderes del partido con dedicación profesional plena se habían convertido en los administradores del país. Se acostumbraron a dar órdenes, a gozar de privilegios y a vivir bien. Había comenzado el proceso de formación de un estrato social de funcionarios públicos. Esa había constituido la sustancia de la crítica que hacía Leon Trostky del régimen de Stalin, y una de las razones de que la elite en el poder hubiera hecho gala de tanta ferocidad en la destrucción de su grupo. Este segmento gobernante del partido, su elite, fue adquiriendo progresiva conciencia de su condición de grupo aislado de las bases del partido y de la población en general. Con el paso del tiempo, la elite del partido, autoelecta y renovada mediante un sistema de nombramientos jerárquicos personales, o nomenklatura, fue gozando cada vez de mayor poder, prestigio y privilegios.

Los móviles de la nomenklatura eran dispares, por una parte protegían celosamente su posición como elite. Si caía el régimen, desaparecerían sus privilegios e inmunidades, cuanto más autoritarios pudieran mostrarse, mejor resguardo estaría su situación personal y fortuna; sin embargo, nada nos permite inducir que no fueran verdaderos creyentes en el comunismo. No veían contradicción entre ambas posturas. En la concepción del mundo que habían construido, el futuro de la humanidad dependía del socialismo. El socialismo, a su vez, dependía de la superviviencia del experimento revolucionario soviético, supeditado a su capacidad de mantener el régimen bolchevique unido, férreamente disciplinado y capaz de controlar a una sociedad que con frecuencia expresaba su hostilidad por ese régimen. El calificativo de “comadronas de la revolución” que se atribuían los bolcheviques siguió gozando de gran crédito a lo largo de todo el decenio de 1930.

Stalin fue simultáneamte el creador, el producto y el símbolo de la nomemklatura, en su calidad de jefe del personal del Comité Central controlaba los nombramientos más importantes, Stalin ganó para su causa a “una serie de cohorte mayoritaria compuesta por líderes del partido de nivel alto y medio”, en lugar de crear dich cohorte (James Hughes, “Patrimonialism and the Stalinist System: the case of S. I. Syrtsov”, Europe – Asia Studies, 48 (4), 1996, pp. 551 – 558. Véase también Tucker: Stalin as a Revolutionary, pp. 303 – 304 ). El creciente culto a su personalidad como jefe supremo fue un símbolo a la unidad, de la meta colectiva y de una orientación política infalible; era la imagen que la nomenklatura quería proyectar a su sociedad.

Los conflictos en el partido no fueron necesariamente por cuestiones ideológicas, las líneas de falla no separaban a la derecha de la izquierda como en el decenio anterior, sino, horizontalmente, a un estrado de otro. El partido no tenía nada de una organización unida. Una falla separaba al partido de la sociedad, los bolcheviques siguieron la tradición leninista de presentar una cara única del partido al exterior, no sólo a los extranjeros sino a los rusos no afiliados al partido, dicha unidad o apariencia de unidad se consideró siempre la clave de la superviviencia bolchevique y se instó a todos sus miembros a cerrar filas contra el “enemigo de clase” cuando el terror comenzó.

Otro foso separaba en el partido a los líderes regionales y locales de los miembros de base. A su vez los miembros de base que no pertenecían a los círculos familiares locales de sus jefes superiores manifestaban su resentimiento respecto de sus superiores; cuando los funcionarios de Moscú les daban ocasión y protección, a menudo daban rienda suelta a un aluvión de críticas contra sus jefes. Esta táctica consistente en incitar las críticas de los estamentos inferiores fue muy arriesgada para el partido en general y se utilizó sólo como último recurso. Normalmente el partido presentaba siempre una imagen de unidad, pero dadas, las fracturas y los conflictos de intereses presentes entre los diferentes segmentos del mismo cabían alianzas y oposiciones. Así en 1933 y 1935, Stalin y el Politburó se unieron con todos los niveles de la nomenklatura para inspeccionar o purgar a las indefensas bases. Los líderes regionales emplearon dichas purgas para consolidar sus maquinarias y expulsar a las personas “molestas”. Este proceso trajo consigo un nuevo reajuste en 1936, en el cual Stalin y la nomenklatura de Moscú se pusieron de lado de las bases, quienes se quejaban de la represión ejercida por las elites regionales. Stalin movilizó abiertamente a las “masas del partido” contra la nomemklatura en su conjunto: algo que constituyó un importante factor de la destrucción de la elite durante el “Gran Terror”. Pero, en 1938, el Politburó dio un golpe de timón y reforzó la autoridad de la nomemklatura regional, traando de restaurar el orden en el partido durante el terror.

El gran dilema de Stalin era refrenar la autoridad de los demás actores, sin permitir que los espectadores situados fuera del circo pudieran intuir las discordias reinantes entre la elite, y a veces, fue un juego arriesgado sobre todo cuando atizaba a las bases del partido y la opinión pública, contra los estratos superiores y utilizarlos como arma arrojadiza contra la elite que le molestaba, ya que con ello corría el riesgo de revelar ante los ojos del pueblo cómo ejercía la elite su poder político y de desacreditar el conjunto del régimen bolchevique del que formaba parte. Stalin y los demás adaptaron de distintos modos sus acciones y declaraciones para sortear estas limitaciones. Al final, en 1937, Stalin rompió todas las reglas del juego – de hecho destruyó su juego – y desencadenó el terror de todos contra todos.

Un aspecto importante fue que los estalinistas en la década de 1930 nunca se sintieron dueños reales del control del país; el transporte y las comunicaciones eran deficientes y los representantes del régimen, pocos numerosos, especialmente fuera de las ciudades. No se tendió una línea telefónica con las remotas regiones del Oriente soviético hasta el decenio de 1930, en la parte europea d eRusia, la mayoría de las comunicaciones con los comités del partido se hacía por telégrafo o cartas que los carteros llevaban en motocicletas.

Los régimenes establecidos que se sustentan sobre una aceptación popular generalizada y un orden consensuado no tienen necesidad de recurrir al terror; les basta con el consenso para garantizar su estabilidad, nunca, ni siquiera en el decenio de 1930, gozaron los bolcheviques de esa aceptación y siempre temieron por la seguridad del régimen.

El monopolio del régimen sobre la fuerza, la escala desorbitada del terror y la triste eficacia mecánica atribuida a la policía secreta han dado lugar a unos ensayos poblados de imágenes de una máquina de terror monstruosa y omnipotente, pero a quienes efectuaban los disparos, la naturaleza de las personas que estaban en su punto de mira podía parecerles muy distinta; las perciben como algo inhumano, malvado y amenazante. Al final todo se reduce a una persona ejecutada injustamente, pero las percepciones subjetivas de los asesinos son importantes; sin desechar juicios de valor sobre los administradores del terror, la mayoría de esos hombres tenían colectivamente miedo de cuanto les rodeaba. En ese sistema político hasta los miembros del Politburó portaban revólveres. Los estalinistas siempre se creyeron rodeados, en guerra constante con enemigos poderosos, veinte años después de la guerra civil rescataron en su beneficioo las metáforas de la Guerra Civil y tildaron a todas sus categorías de enemigos de “Guardia Blanca”.

Superficialmente no debería sorprender que quienes lanzaron el terro lo vieran como una operación defensiva. Hitler en sus declaraciones públicas sobre los judíos, siempre les atribuyó el papel de agresor, el conspirador, el peligro. En este sentido las arrebatadas proclamas públicas de Stalin y Hitler sobre el “otro” se asemejan, pero en el caso de Hitler eran proclamas para consumo exterior, en el caso soviético nunca se recogieron para el consumo público. En los documentos investigados en los archivos se recogen los debates y deliberaciones privadas de la nomenklatura, los miembros del club selecto de los gobernantes y reflejan las actitudes y concepciones del mundo propias de dicho grupo. Obviamente, aunque fuera una ansiedad del régimen las que motivara en parte el recurso al terror por los bolcheviques, eso no mitiga en modo alguno sus atroces efectos. No cabe defensa ni excusa para los estalinistas; dada la magnitud del sufrimiento que inflingieron, resulta impensable. Pero si queremos adentrarnos en el porqué del terror se debe analizar qué tipo de realidad se fabularon los líderes y qué lugar ocupó.

Los estalinistas se esforzaron a crear una única planilla de interpretación, una representación colectiva de la realidad que diera sentido a una sociedad en crisis, justificando al mismo tiempo la existencia de una instancia hegemónica dominante que controlara dicha sociedad. Como la sociología ha demostrado las elites tratan de controlar las sociedades creando y promulgando una ideología – un discurso o narración dominante – a la que debe plegarse la sociedad. Las elites de todo el mundo han prestado siempre su apoyo a estos sistemas elementales de creencias y asunciones, llámese mitos dominantes, trasusntos de la realidad o ideologías hegemónicas. Son una justificación del orden existente, aunque dicho orden sea revolucionario. Tratan de legitimar la estructura de clases y el orden establecido. El sistema de creencias, la autorrepresentación, la cohesión e integración de la elite ofrece un medio de control social por su insistencia en que los ciudadanos se adhieran a él; de esta suerte, se puede definir la herejía como la no adhesión.

Esta cohesión social se basa en el discurso ideológico imperante que muchas veces es inconsciente; las elites los promulgan y muy a menudo creen en ellos. Tanto los nazis como los estalinistas creían en lo que defendían. El hecho de que estos sistemas simbólicos también tengan una función de control social pueden percibirlo algunas personas, pero, para la mayoría, son simplemente “verdades universales” religiosas o políticas, evidentes y apriorísticas. La construcción estalinista de una narrativa dominante se llevó a cabo con delibración, como medio de control de la sociedad y de su transformación, incluso tenía un nombre: “línea general”. Disponía de agencias de propaganda y censura y una red profesional de agitadores ideológicos. Los textos y actas oficiales no toleraban discrepancia o discursos alternativos competidores, a los que se colgaba el adjetivo de “propaganda enemiga” y su realización y difusión se equiparaba a actos de traición. Las ideologías y textos rivales, orales o por escrito, no se consideraban simplemente heréticos o difamatorios, sino rebelión política abierta.

Las realidades objetivas del decenio de 1930 no tuvieron tanta importancia como la que les atribuyeron los bolcheviques, en particular porque actuaron en función de sus percepciones, el hecho de que actuaran bajo un sistema de creencias y percepciones no les absuelve de la responsabilidad moral de la represión y la destrucción de vidas que causaron con sus actos políticos. De ahí el valor del libro de J. Arch Getty que ofrece innumerables documentos que permiten ver el interior de la mente bolchevique, en ellos escuchamos lo que se decían los líderes bolcheviques a puerta cerrada y en público. Algunos creían sin duda en su propia retórica; otros no. Pero prácticamente la elite en su conjunto estaba de acuerdo sobre qué hechos constituían una traición y conspiración y tenía una concepción al respecto radicalmente distinta de la nuestra.

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Paddy Mayne
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Re: La lógica del terror.

Mensaje por Paddy Mayne » Vie Ago 09, 2013 9:59 pm

Excelente! Otro libro mas para mi lista, este foro me va a arruinar.

He leído todos los tomos de Archipielago Gulag, de Soljenitzin, Vida y destino de Grossman, Tierras de Sangre de Synder , y este es otro líbro mas para la lista, esta ves escrito con rusos con acceso a datos declasificados.

Una pregunta, es solo sobre las grandes purgas, que afectaron principalmente a la nomeklatura o también habla de las hambrunas que afectaron mas a los ciudadanos de a pié?
Otra pregunta, No hacen los autores alguna comparación con la Francia jacobina? Porque siempre me ha parecido que es cierto eso de que la revolución se come a sus hijos.
Samuel Beckett: "El ario perfecto debe ser rubio como Hitler, esbelto como Goering, bien parecido como Goebbels, viril como Röhn y llamarse Rosenberg"

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Re: La lógica del terror.

Mensaje por Antonio Machado » Vie Ago 09, 2013 10:54 pm

Hola Maxtor, estimado amigo !

Otro Hilo con un tema mega-interesante como todos los que tú comienzas, gracias por compartir tus lecturas !

Por supuesto que me estoy enganchando al Hilo...

Saludos cordiales desde Nueva York hasta Benidorm,

Antonio Machado :sgm65:
Con el Holocausto Nazi en contra de la Raza Judía la inhumanidad sobrepasó a la humanidad.

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Re: La lógica del terror.

Mensaje por Antonio Machado » Vie Ago 09, 2013 10:59 pm

Hola Paddy Mayne, estimado amigo !
Paddy Mayne escribió:Excelente! Otro libro mas para mi lista, este foro me va a arruinar.
:-D :-D :-D

Si me permites una sugerencia, estimado amigo: compra todos tus libros "usados" en amazon: siguiendo esa costumbre he podido hacer una buena colección de obras a precios bajísimos, generalmente pago apenas $ 0.01 (un centavo de dólar) por el precio del libro + los gastos de envío (Shipping & handling) los cuales ascienden a $ 3.99, ése es el negocio de los libreros on-line pues ellos solamente gastan alrededor $ 1.00 de franqueo.

Aquí en Nueva York, además, dispongo de otra buena fuente de obras: por ley, las bibliotecas públicas deben de renovar sus existencias cada año; para hacer espacio para las nuevas obras hacen "Ferias de libros usados" a $ 0.50 ó $ 1.00 por volumen, casi siempre en condiciones impecables "like new condition"...

Solamente un comentario a tu nota, espero la comprensión del Moderador y regresamos al Hilo...

Saludos cordiales desde Nueva York,

Antonio Machado :sgm65:
Con el Holocausto Nazi en contra de la Raza Judía la inhumanidad sobrepasó a la humanidad.

maxtor
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Re: La lógica del terror.

Mensaje por maxtor » Sab Ago 10, 2013 2:16 pm

Saludos a todos.

En el estudio de J. Getty se han planteado preguntas para tratar de saber cuál fue la causa del terror. Preguntas como ¿cuál fue la causa de la gran Depresión?, ¿o la causa de la Segunda Guerra Mundial? – que tanto nos gusta a todos – predisponen dar unas respuestas excesivamente simples a problemas sumamente complejos. Abordar una respuesta a preguntas sobre el inicio u origen de la 2GM, con una sola frase y dándo una sola causa es una loa a la capacidad de síntesis. Se deben analizar muchos factores, económicos, morales o ideológicos, políticos, sociales, militares, diplomáticos. Escoger una sola causa principal introducirá además el concepto de la inevitabilidad o del determinismo: la existencia de un factor causal hace que el resultado parezca determinado de antemano.

En el caso del Gran Terror, el factor causal principal siempre ha sido la personalidad maligna de Stalin, la mayor parte de los análisis no contempla otros análisis causales, ni límites al poder del dictador, ni la existencia de una sociedad, vida política o clima social. Los actos de terceras personas son insignificantes. Sin dejar de atribuir a Stalin el gran papel de protagonista, es preciso admitir que otras personas y grupos en el poder también se beneficiaron de la represión, que el clima social y político posiblemente facilitó el terror, que la senda que condujo a este fenómeno quizás fuese más sinuosa que una autopista recta. Aunque Stalin hubiera sido un “terrorista” nato habría necesitado un terreno propicio para difundir la violencia, el entorno fue tan importante como el dictador a la hora de explicar el fenómeno en su conjunto.

El terror fue algo más que una operación policial ejercida debe arriba hacia abajo; supuso la denuncia de los jefes por sus subalternos, por sus camaradas. Stalin tuvo una función capital en la puesta en marcha de la violencia, pero sólo se comprenderá el Gran Terror teniendo a Stalin como un factor entre otros muchos, tales como la tradición a la disciplina de partido, la mentalidad de grupo y el interés creado de la elite de la nomenklatura, las relaciones y luchas políticas entre los numerosos grupos constitutivos del partido, la aprensión de la elite y las distintas concepciones sobre las relaciones entre Estado y sociedad, y por supuesto, y encumbrando a todos el factor “Stalin”.

La elite bolchevique, incluyendo a Stalin, reaccionaron con miedo y ansiedad ante el caos y la confusión que produjo la Revolución de Stalin de 1929 – 1932, el temor a perder el control de los hechos, a perder incluso el poder, les empujó a dar una serie de pasos destinados a proteger su rango y administrar la situación y el caso que sus políticas generaron, comenzaron a edificar y generar un culto a Stalin, a cortar el más mínimo resquicio de disensión en la elite, cerrando filas alrededor de un concepto rígido de la disciplina del partido, y a embarcarse en un programa de centralización en todos los ámbitos, desde la cultura hasta la administración. La tarea de la construcción del Estado con una legislación uniforme se alternó con el ejercicio de un terror voluntarista, pero ambos tenían el mismo objetivo: consolidar el control de Stalin y la elite moscovita.

Stalin y su elite nunca superaron su inseguridad, la aspiración de Stalin al poder personal y la de la elite de preservar su estatus y autoridad como colectivo les convirtieron en aliados naturales durante mucho tiempo, sus iniciativas conjuntas entre 1932 y 1937 no lograron aplacar ni satisfacer a ninguno de los dos. Al tiempo que cerraban filas contra diversos peligros reales e imaginarios, los miembros del Comité Central, con sus rituales y sus tradiciones vnculantes, iban creando y afirmando un sentido de identidad colectiva, se veían a sí mismos como los constructores victoriosos del socialismo. A Stalin no le podía agradar demasiado esta consolidación de la elite. Su propensión personal a ver enemigo y amenazas por doquier y a sospechar de todos y de todo no afectó sólo al enemigo de clase tradicional, sino que se hizo extensiva a los “enemigos con carnets del partido”.

Todo se desmoronó en el verano de 1937, después de uan serie de conactos de controlar la elite, Stalin se volvió contra ella, esta se volvió contra sí misma y ambos se confabularon para inventar la existencia de diversos “enemigos” en el interior del país. Como ya es característico, estos enemigos no pudieron definirse con excesiva precisión. Las alianzas se disolvieron y volvieron a formar, en 1937 y 1938, la política ordinaria se transformó en una guerra histérica y paranoica de todos contra todos. En 1932 la URSS estaba sumida en un caos. Las políticas de colectivización e industrialización de Stalin habían desarraigado a la sociedad, destruidos grupos y clases anteriormente importantes de la escena social y abolida la propiedad privada y el mercado, siendo sustituidos por una forma de socialismo nueva, no ensayada y en cambio perpetuo. Millones de campesinos y propietarios urbanos estaban furiosos y confusos; otros millones de personas habían sido asesinadas o habían muerto de inanición. Nadie comprendía realmente cómo funcionaba la economía ni siquiera sus gestores.

El hambre seguía asolando el país y el régimen no dudaba de que pese a sus valerosas proclamas de victoria y unidad de partido, tenía en contra a una oposición desesperada. Los campesinos entonaban canciones en las que se pintaba a Stalin mondadno huesos sobre un ataúd. Los grupos estudiantiles confeccionaban panfletos incendiarios y miembros conocidos del partido se reunían de noche para redactar programas en los que se abogaba por el derrocamiento de los líderes. No cabe duda de que el estamento dirigente estaba preocupado. Le preocupaba todo, las reuniones y conversaciones personales, no sólo entre los antiguos opositores sino incluso entre miembros del Comité Central, se fue generando una situación, una atmósfera de crisis política, enrarecida por la frenética campaña de colectivización, el ascenso del fascismo y las sospechas del partido sobre grupos de oposición.

No importa que hubiera pocos “riutinistas” o “trotskistas” peligrosos. No existen pruebas de que, al margen de unos pocos círculos reducidos de debate, hubiera una oposición política organizada y poderosa después de 1932. Aunque resulte comprensible que el regimen temiera reuniones de opositores políticos, en su mentalidad paranoica llegaron a preocupar las reuniones de estudiantes, las intentonas de estos de viajar al extranjeros se transformaron en “conactos de establecer contacto con organizaciones de la Guardia Blanca y fascistas en Alemania para coordinar operaciones contrarrevolucionarias”.

Lo que unía a la nomenklatura y a Stalin era intensificar la deriva hacia su control y la imposición de la obediencia. Coincidían con la necesidad de limpiar o purgar el partido y la sociedad de elemnentos peligrosos o indignos de confianza entre los miembros base del partido o los antiguos opositores. Los miembros de la elite eran partidarios de la disciplina y obediencia, pero aplicadas a sus subalternos. Defendían el recurso al terror para erradicar la oposición, pero no contra ellos mismos. Abogaron por la legalidad siempre y cuando controlaran los tribunales y decidieran quién debía ser arrestado en sus territorios.

Fue un proceso gradual donde Stalin fue adoptando las iniciativas que mayor poder personal le otorgaban, el objetivo era claro: poder centralizante, pero la senda conducente al mismo no tuvo por qué pasar inevitablemente por el terror. Al igual que ningún principio determinista ineludible condujo de Lenin a Stalin, tampoco fue inevitable el paso del control a la violencia, hubo muchos arranques en falso y resoluciones moderadas que no en pocas ocasiones mostraron contradicciones al público exterior. Si hubiera existido un plan habría resultado más sencillo y conviente no sacar a relucir contradicción alguna. Una respuesta a estos cambios de dirección en el terror, aumentándolo y aflojándolo alternativamente, con medidas legalistas o represivas, puede ser que ni siquiera Stalin podía prever las consecuencias de estos actos. Así se explicaría por qué la nomenklatura no puso resitencia a un proceso que acabaría conduciendo a su propia destrucción.

Del análisis de los documentos de las actas plenarias del Comité Central del decenio de 1930, y de otros documentos, se deduce que el apoyo al terror de Stalin por parte de la elite no fue debido a miedo al dictador. No sólo no hay indicios de que la figura de Stalin inspirara temor en la primera fase, durante la cual se engendró el terror, sino que no se han encontrado muestras de reticencia o de protesta entre los líderes supremos del partido en ningún momento del proceso. Todo indica que hubo un consenso amplio en las distintas fases sobre la conveniencia de la represión de grupos específicos y de “limpiar” el partido de elementos indignos. Hubo una combinación de intereses personales y colectivos.

De acuerdo con el principio de Ockham la explicación más sencilla suele ser la mejor. Un Stalin ávido de poder y una elite insegura compartían el proyecto de centralizar el poder, proteger el régimen y limpiar el partido. Sin duda, Stalin respondió al impulso constante de consolidar sus posiciones y reforzar su poder y autoridad personales. Pero las pruebas de que hubiera un plan de instauración del terror son poco menos que inexistentes. Los vaivanes y los discursos contradictorios deben interpretarse como idas y venidas en un entorno de creciente miedo y suspicacia, un entorno no planificado. Hubo casos donde Stalin no era la voz más severa o radical a la hora de perseguir opositores. Los lugartenientes de Stalin tuvieron tanto o más que ganar que él con la eliminación definitiva de la antigua oposición bolchevique. Los viejos bolcheviques suponían un mayor peligro para aquellos que para Stalin, pero la precariedad de su posición no estaba todavía clara a principios de 1930, hasta la primavera de 1937 no se arrestó al primer miembro del CC; hasta 1938 no cayó el primer miembro del Politburó.

Es indudable que la política del decenio de 1930 no puede entenderse exclusivamente como propia de Stalin, por debajo de él estaba el Politburó, los miembros del Comité Central, los poderosos jefes y secretarios de las organizaciones centrales y territoriales, los secretarios del partido en los distritos y las ciudades, los liberados a sueldo del partido y sus miembros ordinarios. Cada uno de estos grupos tenía sus temores e intereses propios que defender ante los estamentos superiores e inferiores. Esta lucha de intereses impregnó todo el decenio de 1930, donde cada nueva situación generaba una reestructuración constante de coaliciones entre todos estos grupos.

Las secuelas del terror, que se prolongaron durante muchas décadas constituyen una catástrofe humana y han supuesto un cambio radical de la sociedad soviética. En la década de 1950, los familiares de muchos represaliados no estuvieron solos en su lucha por la rehabilitación legal y moral de sus parientes perseguidos. Los supervivientes de los campos estalinistas nunca fueron los mismos, quedaron marcados de por vida. Una generación de ciudadanos soviéticos no supo qué había sido de sus amigos y familiares; una generación entera de niños se preguntaría toda la vida por el destino de sus padres. Se destruyeron innumerables vidas en lo que ha constituido una de las tragedias humanas y personales más atroces de los tiempos modernos.

Saludos cordiales desde Benidorm.

maxtor
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Re: La lógica del terror.

Mensaje por maxtor » Sab Ago 10, 2013 2:22 pm

Paddy Mayne escribió:Excelente! Otro libro mas para mi lista, este foro me va a arruinar.

He leído todos los tomos de Archipielago Gulag, de Soljenitzin, Vida y destino de Grossman, Tierras de Sangre de Synder , y este es otro líbro mas para la lista, esta ves escrito con rusos con acceso a datos declasificados.

Una pregunta, es solo sobre las grandes purgas, que afectaron principalmente a la nomeklatura o también habla de las hambrunas que afectaron mas a los ciudadanos de a pié?
Otra pregunta, No hacen los autores alguna comparación con la Francia jacobina? Porque siempre me ha parecido que es cierto eso de que la revolución se come a sus hijos.
Saludos Paddy.

El libro habla de el por qué del terror soviético que afectó a muchos sectores de su sociedad, aunque se basa en el escrutinio de documentos plenarios del Comité Central, y del Politburó, tanto en sus versiones privadas como en las posteriores versiones públicas. Lógicamente en los primeros capítulos sí se habla de los origenes de la revolución soviética, de la guerra civil, de los kulaks y de la colectivización en forma introductoria para poder entender las medidas que se tomaron posteriormente.

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Antonio Machado
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Re: La lógica del terror.

Mensaje por Antonio Machado » Dom Ago 11, 2013 1:05 am

Hola Maxtor, estimado amigo !
maxtor escribió: Saludos a todos.

En el estudio de J. Getty se han planteado preguntas para tratar de saber cuál fue la causa del terror. Preguntas como ¿cuál fue la causa de la gran Depresión?, ¿o la causa de la Segunda Guerra Mundial? – que tanto nos gusta a todos – predisponen dar unas respuestas excesivamente simples a problemas sumamente complejos. Abordar una respuesta a preguntas sobre el inicio u origen de la 2GM, con una sola frase y dándo una sola causa es una loa a la capacidad de síntesis. Se deben analizar muchos factores, económicos, morales o ideológicos, políticos, sociales, militares, diplomáticos. Escoger una sola causa principal introducirá además el concepto de la inevitabilidad o del determinismo: la existencia de un factor causal hace que el resultado parezca determinado de antemano.
Completamente de acuerdo contigo, estimado Maxtor: intentar determinar solamente una causa como generadora de estos magnos acontecimientos históricos es incurrir en una simplificación extrema.

Los inmensos sucesos colectivos como los que mencionas en este párrafo tienen muchas raíces, ofrecen una multiplicidad de causas; de la misma manera que un tren no se mueve para transportar un solo carro (vagón) sino que forma una larga cadena de carros, así también estos colosales acontecimientos tienen muchas causas, nacen de problemáticas complejas y algunas veces de origen remoto.


maxtor escribió: En el caso del Gran Terror, el factor causal principal siempre ha sido la personalidad maligna de Stalin, la mayor parte de los análisis no contempla otros análisis causales, ni límites al poder del dictador, ni la existencia de una sociedad, vida política o clima social. Los actos de terceras personas son insignificantes. Sin dejar de atribuir a Stalin el gran papel de protagonista, es preciso admitir que otras personas y grupos en el poder también se beneficiaron de la represión, que el clima social y político posiblemente facilitó el terror, que la senda que condujo a este fenómeno quizás fuese más sinuosa que una autopista recta. Aunque Stalin hubiera sido un “terrorista” nato habría necesitado un terreno propicio para difundir la violencia, el entorno fue tan importante como el dictador a la hora de explicar el fenómeno en su conjunto.
Muy interesante reflexión.

Efectivamente, la paranoia staliniana pudo haber sido el origen y la causa inmediata y visible, pero obviamente que para llevar a cabo tan extenso sistema de terror fue necesaria la cooperación de miles o millones de personas; lo mismo puede decirse del Maoísmo y de otros movimientos similares basados en el terror.



maxtor escribió: La elite bolchevique, incluyendo a Stalin, reaccionaron con miedo y ansiedad ante el caos y la confusión que produjo la Revolución de Stalin de 1929 – 1932, el temor a perder el control de los hechos, a perder incluso el poder, les empujó a dar una serie de pasos destinados a proteger su rango y administrar la situación y el caso que sus políticas generaron, comenzaron a edificar y generar un culto a Stalin, a cortar el más mínimo resquicio de disensión en la elite, cerrando filas alrededor de un concepto rígido de la disciplina del partido, y a embarcarse en un programa de centralización en todos los ámbitos, desde la cultura hasta la administración. La tarea de la construcción del Estado con una legislación uniforme se alternó con el ejercicio de un terror voluntarista, pero ambos tenían el mismo objetivo: consolidar el control de Stalin y la elite moscovita.

Stalin y su elite nunca superaron su inseguridad, la aspiración de Stalin al poder personal y la de la elite de preservar su estatus y autoridad como colectivo les convirtieron en aliados naturales durante mucho tiempo, sus iniciativas conjuntas entre 1932 y 1937 no lograron aplacar ni satisfacer a ninguno de los dos. Al tiempo que cerraban filas contra diversos peligros reales e imaginarios, los miembros del Comité Central, con sus rituales y sus tradiciones vnculantes, iban creando y afirmando un sentido de identidad colectiva, se veían a sí mismos como los constructores victoriosos del socialismo. A Stalin no le podía agradar demasiado esta consolidación de la elite. Su propensión personal a ver enemigo y amenazas por doquier y a sospechar de todos y de todo no afectó sólo al enemigo de clase tradicional, sino que se hizo extensiva a los “enemigos con carnets del partido”.

Todo se desmoronó en el verano de 1937, después de uan serie de conactos de controlar la elite, Stalin se volvió contra ella, esta se volvió contra sí misma y ambos se confabularon para inventar la existencia de diversos “enemigos” en el interior del país. Como ya es característico, estos enemigos no pudieron definirse con excesiva precisión. Las alianzas se disolvieron y volvieron a formar, en 1937 y 1938, la política ordinaria se transformó en una guerra histérica y paranoica de todos contra todos. En 1932 la URSS estaba sumida en un caos. Las políticas de colectivización e industrialización de Stalin habían desarraigado a la sociedad, destruidos grupos y clases anteriormente importantes de la escena social y abolida la propiedad privada y el mercado, siendo sustituidos por una forma de socialismo nueva, no ensayada y en cambio perpetuo. Millones de campesinos y propietarios urbanos estaban furiosos y confusos; otros millones de personas habían sido asesinadas o habían muerto de inanición. Nadie comprendía realmente cómo funcionaba la economía ni siquiera sus gestores.

El hambre seguía asolando el país y el régimen no dudaba de que pese a sus valerosas proclamas de victoria y unidad de partido, tenía en contra a una oposición desesperada. Los campesinos entonaban canciones en las que se pintaba a Stalin mondadno huesos sobre un ataúd. Los grupos estudiantiles confeccionaban panfletos incendiarios y miembros conocidos del partido se reunían de noche para redactar programas en los que se abogaba por el derrocamiento de los líderes. No cabe duda de que el estamento dirigente estaba preocupado. Le preocupaba todo, las reuniones y conversaciones personales, no sólo entre los antiguos opositores sino incluso entre miembros del Comité Central, se fue generando una situación, una atmósfera de crisis política, enrarecida por la frenética campaña de colectivización, el ascenso del fascismo y las sospechas del partido sobre grupos de oposición.

No importa que hubiera pocos “riutinistas” o “trotskistas” peligrosos. No existen pruebas de que, al margen de unos pocos círculos reducidos de debate, hubiera una oposición política organizada y poderosa después de 1932. Aunque resulte comprensible que el regimen temiera reuniones de opositores políticos, en su mentalidad paranoica llegaron a preocupar las reuniones de estudiantes, las intentonas de estos de viajar al extranjeros se transformaron en “conactos de establecer contacto con organizaciones de la Guardia Blanca y fascistas en Alemania para coordinar operaciones contrarrevolucionarias”.
Estimado Maxtor:

Me encantaría si pudieras extenderte un poco sobre el enfoque del autor sobre la persecución staliniana de Trotsky, de su movimiento y sus seguidores...



maxtor escribió: Las secuelas del terror, que se prolongaron durante muchas décadas constituyen una catástrofe humana y han supuesto un cambio radical de la sociedad soviética. En la década de 1950, los familiares de muchos represaliados no estuvieron solos en su lucha por la rehabilitación legal y moral de sus parientes perseguidos. Los supervivientes de los campos estalinistas nunca fueron los mismos, quedaron marcados de por vida. Una generación de ciudadanos soviéticos no supo qué había sido de sus amigos y familiares; una generación entera de niños se preguntaría toda la vida por el destino de sus padres. Se destruyeron innumerables vidas en lo que ha constituido una de las tragedias humanas y personales más atroces de los tiempos modernos.
Los efectos psicosociales de los sistemas basados en el terror, en la persecución política, en los fusilamientos de disidentes sin siquiera juicio previo, etc. son intensos tanto en las generaciones que sufrieron la opresión y el miedo como en las generaciones subsiguientes.


Excelente resumen y comentarios los que estás compartiendo con nosotros, estimado amigo; muchas gracias a tí por ello... ! :sgm111:


Saludos cordiales desde Nueva York hasta Benidorm,


Antonio Machado :sgm65:
Con el Holocausto Nazi en contra de la Raza Judía la inhumanidad sobrepasó a la humanidad.

dzugavili
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Re: La lógica del terror.

Mensaje por dzugavili » Jue Sep 05, 2013 2:43 pm

Saludos.
Voy a dar mi opinión ¿Cómo fue posible que dentro del PCUS se desencadenara tan terrible tormenta?
Las raíces,como en todos los casos,es lo fundamental,todo lo que es grande ha sido pequeño,dice el Viejo Maestro.
A raíz de la muerte de Lenin se desencadenó una pugna sucesoria,en donde Stalin,semidesconocido para la masa,sin habilidad oratoria especial,tejió una tela de araña magistral en la cual se enredaron sucesivamente Trotsky,el binomio Zinóviev-Kámenev,y posteriormente aún se ensañó con los "oposicionistas de derechas"(Bujarin,Rikov,Tomski),q

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Re: La lógica del terror

Mensaje por dzugavili » Jue Sep 05, 2013 3:06 pm

ue no pretendían tomar el poder sino salvaguardar algunos rincones de independencia.
La posterior colectivización de la agricultura,a principios de los años 30,en la cual murieron de hambre millones de campesinos y que convirtió a la URSS en una potencia industrial...
Todo ello debió convencer a Stalin de que era un talento sin igual en la Historia ¿Acaso no había vencido con facilidad a los más grandes talentos políticos? ¿Acaso no había conducido a tres millones de comunistas a prevalecer ante ciento veinte millones de campesinos?
Años 37-38:el partido estaba aterrorizado,por eso no hubo ninguna voz disonante,por eso cuarenta miembros del Comité Central,órgano teóricamente supremo,no se atrevieron a ponerse de acuerdo y,en una sola votación,tenían facultad para ello,acabar con el terrible georgiano que los estaba asesinando uno a uno.
Años 37-38;Alemania se rearma,bajo un líder visionario y absolutista y va a lanzarse a la conquista del mundo.
Y Stalin debió pensar "Voy a someter a toda la Unión Soviética a un mando equiparable al que gozaron los primeros faraones,a una orden mía el país construirá,no una pirámide,sacándose textualmente el pan de la boca,sino el mundo futuro,y llegarenos a la sociedad comunista que prometió Marx.
Y así fue,en la IIGM la URSS tuvo una sola voluntad,y no reparó en sacrificios.
Como ha señalado maxtor,todo fue obra y concepto de una sola persona.
Eso sí,pensad que sin él posiblemente estaríamos viviendo en el Reich de los mil años,y no escribiríamos en el Foro sin pasar censura previa.
Es una opinión,si es que es posible situarse dentro de la mente de tan feroz y desmesurado personaje,que posible es,no olvidemos que Stalin fue un niño,fue un agitador socialista,fue Koba,estuvo desterrado en el Turujan-Yenisei(para mí,decisivo),etc.
En fin,salud.

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