El nombramiento del canciller Hitler en la prensa española

Acontecimientos políticos, económicos y militares relevantes entre noviembre de 1918 y septiembre de 1939

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El nombramiento del canciller Hitler en la prensa española

Mensajepor Eckart » Jue Ago 20, 2015 8:30 pm

Tras el nombramiento de Hitler como canciller de Alemania el lunes 30 de enero de 1933 al mediodía, las primeras noticias sobre el acontecimiento en la prensa española aparecieron el mismo día 30 por la tarde. Los diarios exclusivamente vespertinos o aquellos que contaban con doble edición (mañana y tarde) pudieron ofrecer la noticia sin esperar al día siguiente. Antes del encumbramiento de Hitler, la situación de inestabilidad en Alemania se comentaba con regularidad en los periódicos. El propio 30 de enero, en sus ediciones mattinales, redactadas cuando aún no había un nuevo canciller, algunos diarios presentaron comentarios e informaciones sobre la posibilidad de que pronto se formara un nuevo gabinete de gobierno y, en general, sobre la crisis política de Alemania. Un ejemplo es El Noticiero Gaditano, que bajo el titular De la crisis alemana, contaba desde Berlín lo siguiente:

    Von Papen continua celebrando conferencias con todas las fuerzas políticas de Alemania para llegar a la formación del nuevo Gobierno.
    Como consecuencia de estas gestiones, créese que se ha llegado a una inteligencia con el jefe de los “nazis”.
    Con esto asegúrase que von Papen ha podido completar la lista del nuevo Ministerio.
    Se atribuye será concedida la Cancillería del Imperio a Hitler y que será vicencanciller Von Papen.
    Los ministros restantes serán extraídos de los partidos derechistas y ultranacionalistas.
    (El Noticiero Gaditano. 30.1.1933. p. 3)

Entrada la tarde del que la historia decidiría que sería un día histórico, comenzaron a reproducirse los despachos que llegaban desde Alemania, principalmente los difundidos por la agencia de noticias española Fabra y la internacional United Press. Diarios como El Siglo Futuro optaron por reproducir el despacho de Fabra:

    El presidente Hindenburg ha nombrado a Hitler canciller. El nuevo Gobierno ha quedado constituido en la forma siguiente:
    Canciller, Hitler.
    Vicecanciller y Comisario del Reich en Prusia, von Papen.
    Negocios Extranjeros, von Neurath.
    Interior, Frick
    Reichswehr, general von Blomberg.
    Hacienda, Scbwering von Krosigk.
    Economía y Agricultura, Hugenberg.
    Trabajo, Seldte.
    Correos y Comunicaciones, Eltz Ruebenach.
    Ministro sin cartera y comisario de Aeronáutica, Goering.
    El nuevo Gobierno celebrará su primera reunión esta tarde, a las cinco.
    (El Siglo Futuro. 30.1.1933. p. 6)

El despacho de United Press difería en algunos datos. El diario madrileño Luz optó por publicar este en portada, bajo el titular El nacionalsocialismo en el poder:

    Hitler ha aceptado el encargo de formar Gobierno, figurando él como canciller.
    Los principales miembros del Gabinete Hitler son: Canciller del Reich, Adolfo Hitler.
    Vicecanciller y comisionado para Prusia, Von Papen.
    Ministro del Interior, Von Frick.
    Relaciones Exteriores, Von Neurath.
    Ministro de Defensa, general Warner von Blomberg.
    Hacienda, Schwerin von Krosigk.
    Comercio y Agricultura, Hugenberg.
    El nacionalsocialista Goering ha sido comisionado para administrar el ministerio del Interior de Prusia. Tiene el control sobre 160.000 hombres de la Policía en Prusia.
    (Luz. 30.1.1933. p. 1)

El mismo diario aportaba otra despacho de última hora, con el titular Hitler ha jurado cumplir la constitución republicana:

    Por moción de los nazis la Comisión del Reichstag resolvió convocar a sesión plenaria del mismo para el día 7 de febrero a más tardar.
    Hitler juró el cargo con sus ministros en presencia del mariscal Hindenburg. Luego el nuevo canciller convocó a primera reunión ministerial para las cinco de la tarde.
    Un portavoz oficial dijo que «Hitler prestó juramento de cumplir la Constitución de la República y gobernará legalmente el país».
    (Luz. 30.1.1933. p. 1)

Fueron muchos los diarios que ofrecieron estos mismos despachos y algunos otros con información escueta -incluidos los persistentes errores en los nombres de los ministros-. En algunos casos, junto con estas primeras notas informativas, hubo diarios que ya ofrecieron artículos y comentarios de opinión en los que, firmados o sin firmar, se emitían juicios sobre el porvenir de Hitler, su gobierno o Europa. Vistos hoy, la mayoría resultan ingenuos y erráticos, tal y como la historia se empeñaría en demostrar, y del mismo modo que comprendemos que hoy se exclame y debata anta una presunta falta de sagacidad de los opinantes de ayer, igualmente debiéramos comprender que en entonces, en 1933, por más que en el presente la cómoda avenida de la valoración superficial retrospectiva ofrezca su paseo, no se sabía nada de lo que acontecería en el futuro, no se sabía nada de lo que hoy ya conocemos con detalle; realmente era difícil imaginar hasta qué punto llegarían las intenciones y acciones de Hitler. Como ejemplo, así se despachaba el Heraldo de Madrid en portada:

    No se puede decir que la llamada a Hitler para que ocupe la Cancillería significa el triunfo del nacionalsocialismo. Ni siquiera significa el triunfo del mismo jefe de los nazis. El presidente del Reich le ha confiado la jefatura del Gobierno después de haber agotado todas las posibilidades. Se trata, pues, de un recurso en último extremo. Hindenburg, al entregar a Hitler la cancillería, asume la actitud resignada de quien adopta una decisión peligrosa, pensando: «Del mal, el menos».

    No desde nuestro punto de vista de demócratas, sino desde un punto de vista absolutamente objetivo, se abre como muy razonable una profunda inquietud por el inmediato Porvenir político de Alemania.

    A todas luces, Hitler no es una solución. Porque la que se ha dado a la crisis no es una solución Hitler -y, por lo tanto, no supone la definitiva conquista del Gobierno por el nacionalsocialismo, porque no se trata de un Gobierno nazi, sino de un Gobierno de coalición de las derechas alemanas más intransigentes.

    Cayó von Papen, y en seguida Schleicher por no contar con la mayoría nacionalsocialista.

    Cuantas gestiones se realizaron para asegurarse la benevolencia de los hitlerianos resultaron inútiles. Los nazis condicionaban su colaboración a la entrega de la Cancillería.

    «Del mal, el menos», hemos dicho refiriéndonos al posible lema que pudiera ponerse al nuevo Gobierno alemán. Esta solución «menos mala» tiene, sin duda, por objeto imponer enérgicamente el orden en la República, cuyas continuas perturbaciones son causa de que los Gobiernos que dieron de sucederse en los últimos años gastasen la mayor parte de sus energías en restablecerlo.

    Pero es indudable que una apariencia de orden no es el orden, y es lo más verosímil que el nuevo Gobierno alemán no pueda pasar, en ese sentido, de las apariencias. Orden es bienestar, vida disciplinada, trabajo... Lo otro es, a lo sumo, lograr que no surja a la superficie el dolor de los que se ven privados de todo.

    En cuanto a política exterior, las bravuconadas de Hitler no habrán servido sino para demostrar que eran eso: bravuconadas. Bien sabía él, bien sabían sus huestes, que sus puños amenazadores no tenían más trascendencia que la de un gesto teatral de propaganda política.
    (Heraldo de Madrid 30.1.1933. p. 1)

Otro periódico madrileño, La Voz, aun insinuando una supuesta insignificancia del «pintorcillo austriaco» y augurándole poco éxito, advertía de su peligro para la paz mundial:

    Hitler llega a la Cancilleria teniendo como vicecanciller y encargado de los asuntos de Prusia a
    von Papen. El nacionalsocialismo, que pedía en sus propagandas la destrucción del gran capitalismo y la nacionalización de los bancos, se alía con los barones prusianos y con Hugenberg, el representante político de las más vastas asociaciones industriales de Alemania. ¿Paradoja? No. Hitler debía acabar así, prisionero de aquellos que le han venido utilizando como instrumento de lucha contra la Constitución de Weimar. Está bien y será útil a los supremos intereses de la democracia universal que se haga en Alemania el ensayo Hitler. Las masas que siguieron un día al delirante pintorcillo austríaco, y que comenzaban a apartarse de él, verán muy pronto que no puede cumplir ninguna de sus promesas de agitador y le volverán la espalda. Hay, sin embargo, en la elevación a Hitler a la Cancillería un peligro muy grave para la paz del mundo. Su ululante nacionalismo, su xenofobia rabiosa, pueden provocar conflictos internacionales. Por algo el centro católico alemán no ha querido embarcarse en esa galera. Se reserva y aguarda...
    (La Voz, 30.1.1933. p. 1)

En otros diarios como el madrileño La Época, se mostraba otro tipo de opinión:

    La solución de la crisis alemana ha sido lo que constitucional y parlametariamente tenía que ser. El presidente del Reich, mariscal Hindenburg, ha demostrado una vez más el escrupuloso cuidado con que rige la política de su país. Hitler es el jefe de la fracción más numerosa del Reichstag, y le nombra canciller. Pero no suma bastantes votos y le hace acompañar de Von Papen, que representa la confianza presidencial y puede significar la atracción del Centro católico, y de Hugenberg, nacionalista. El solo hecho de que figuren juntos en el nuevo gobierno estos tres hombres que tanto se ha combatido, es una demostración del gran patriotismo que existe en Alemania.

    La gobernación de Hítler era necesaria; pero Hindenburg ha dejado que obre el tiempo para (que) Hitler llegue a ella no como el jefe de un partido rebelde y violento, sino como el jefe del partido
    más numeroso. El hitlerismo no es así fuerza de calle, sino fuerza de opinión.

    Hítler había sido el contrincante de Hindenburg, pero ahora los dos sirven a su país, cada uno en un puesto diferente. Las elecciones últimas para la Dieta de Lippe demostraron que el hitlerismo es en Alemania una esperanza; se ensaya, además, la gobernación con el actual Reichstag, y el Presidente del Reich va al ensayo.

    Los pueblos europeos anhelan política de autoridad, y así se explica el auge de Hitler. De Hitler -no lo olvidemos en España-, que empezó con un partido de cuatro correligionarios, y ha llegado ya a los 13 millones de votos. Y es que el «deutschland über alles», no era expresión imperial, sino expansión de toda conciencia germánica.

    ¿Acreditará Hitler dotes de gobernante que igualen a las de caudillo? Los momentos son difíciles y la prueba es dura.
    (La Época. 30.1.1933. p. 1)
«El conocimiento es mejor que la ignorancia; la historia es mejor que el mito».
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Re: El nombramiento del canciller Hitler en la prensa española

Mensajepor Eckart » Jue Ago 20, 2015 8:32 pm

Al día siguiente, martes 31 de enero, continuaron apareciendo informaciones sobre el acontecimiento. El diario de Barcelona La Vanguardia, que el lunes no había publicado nada por ser un diario de la mañana, ofreció su primeras informaciones ese día. Se basó principalmente en los despachos ya conocidos de Fabra y United Press desde Alemania. Publicó asimismo un despacho llegado desde Washington que, de nuevo, desde la engañosa retrospectiva de hoy, resulta como mínimo sorprendente:

    En los círculos políticos se ve con complacencia la formación de Gobierno en Alemania con el jefe hitleriano, señor Hitler. Se tiene la confianza de que Hitler en sus relaciones tanto del interior como del exterior mantendrá una mesura muy otra a los extremismos que en un principio proclamaba. Se espera que el Gobierno será beneficioso para Alemania y Europa. En las elecciones de ministros se espera un acierto. Si bien puede ser que en Francia no sea acogida con simpatía la autoridad de Hitler, los temores esos (sic) de confiar que con el tiempo se desvanecerán.
    (La Vanguardia. 31.1.1933. p. 32)

El diario ABC, en un comentario titulado Adolfo Hitler, caudillo nacionalsocialista, ha formado en Alemania un gobierno de extrema derecha, incluía un párrafo que merece la pena ser rescatado:

    No es probable, en efecto, que el Gabinete Hitler haga una política exterior diferente de los Gobiernos anteriores. Primero, porque la permanencia del barón von Neurath como titular de la cartera de Negocios Extranjeros es una garantía de continuidad y de moderación, y, segundo, porque ningún ministro de dicho departamento podría ir más allá de Brüning, von Papen y von Neurath en cuanto a las reivindicaciones de Alemania en los terrenos de las reparaciones, igualdad de derechos en los armamentos, revisión de colonias y mandatos, etc. No creemos que la labor del Gabinete Hitler traiga sensaciones peligrosas.
    (ABC. 31.1.1933. p. 35)

Por otra parte, bajo el contundente titular Desfilan 15.000 racistas ante Hitler, el diario de la capital española El Imparcial presentó un despacho de la agencia Fabra sobre el desfile con antorchas de hombres de la SA que se organizó en Berlín el día 30 por la noche:

    Desde las seis de la tarde, tanto la Willemstrasse como las principales calles de Berlín se hallaban atestadas de público para presenciar el paso de la retreta con antorchas organizada por una sección racista en honor del canciller, señor Hitler.
    El desfile de las secciones de asalto ha durado varias horas.
    Aproximadamente, unos quince mil hitlerianos han desfilado con paso de parada ante el canciller del Reich, que presenciaba el acto desde uno de los balcones del ministerio.
    Las secciones fueron después revistadas por el Estado Mayor hitleriano.
    La muchedumbre aclamó al diputado señor Goebels y los principales jefes nacionalsocialistas.
    La manifestación ha transcurrido con absoluta calma.
    (El Imparcial. 31.1.1933. p. 8)

El mismo diario acompañaba las informaciones llegadas desde Berlín con una columna de opinión sin firma menos ingenua que otras como las anteriores. Titulada Dos crisis europeas, hablaba sobre las situaciones particulares en Alemania y en Francia, ambas simultáneos procesos de renovación de sus gabinetes de gobierno (Daladier fue nombrado primer ministro de Francia el 31 de enero). Respecto al caso alemán, así se decía:

    Una crisis importante resuelta: la de Alemania. Y otra no menos trascendental a punto de resolverle: la de Francia. Hitler, mesías de los reaccionarios de Alemania, es ya canciller. Anoche, sus huestes de asalto desfilaron entusiastas por las calles de Berlín.

    La ascensión de los racistas al Poder era cosa descartada. Los elementos conservadores, los llamados nacionalistas, preparaban esta solución de frente único para oponer un dique definitivo al avances de los comunistas. Hitler, Hugenberg y Seldte, jefes de la alianza de Baden-Haszburg., formaban parte del nuevo Gabinete ministerial. Antes que la dictadura del proletariado. la dictadura fascista. ¡La dictadura! Alemania -es triste decirlo- no puede ser gobernada sino por un ministerio de fuerza.

    ¿Calmará Hitier la ansiedad de todo un pueblo sobreexcitado por el desequilibrio económico? ¿Resolverá el espantoso problema del paro y del hambre?

    Mucho nos tememos que la svástica -estrella en plenitud a estas horas- no sea lo generosa y rutilante que desean sus fanáticos creyentes. La panacea nacionalsocialista, diabólica por lo que tiene de cautivadora y paradójica., no tardará en ofrecerse tal y como es. El mito redentorista del jefe «nazi» acaso no resista mucho tiempo los embates de la dolorosa realidad moral y material del país.

    En difícil encrucijada entra desde ayer e antiguo Imperio.

    Las persecuciones, quizá la guerra civil, son las inmediatas perspectivas que se columbran. ¡Triste sino el de la Constitución de Weimar, alma de tantas democracias europeas!
    (El Imparcial. 31.1.1933. p. 8)

La edición de la noche del Heraldo de Madrid, que dedicó mucho espacio a informar sobre Berlín y Alemania, presentaba diferentes notas sobre incidentes violentos sucedidos en Berlín y otros lugares de Alemania como Stuttgart o Dresde:

    Un ayudante de Policía y un jefe de destacamento hitlerista muertos a tiros
    Berlín.- Anoche, cuando varios destacamentos de tropas de asalto nacionalsocialistas regresaban de participar en una retreta con antorchas, escoltadas por fuerzas de Policía, se hicieron varios disparos desde una casa en la que se supone había comunistas.
    Un ayudante de Policía y un jefe de destacamento hitlerista resultaron muertos.
    (Heraldo de Madrid, 31.1.1933. p. 1)

    Los comunistas inician su acción contra el poder de los nazis
    Berlín.- Se han registrado algunos incidentes en las primeras horas de la noche, a consecuencia de haberse formado una gran manifestación comunista que la Policía se vio obligada a disolver.
    En los barrios obreros principalmente numerosos grupos comunistas recorrieron las calles al grito de "muera Hitler".
    La Policía que acudió dispersó a los manifestantes, que se refugiaron en las casas vecinas.

    En Stuttgart también ha habido algunos disturbios provocados por bandos políticos rivales. Se ha restablecido fácilmente el orden.

    En Dresde la Policía se ha incautado del periódico comunista "Volkszeitung" por haber publicado un artículo, en el que incitaba a los obreros a la huelga general.
    (Heraldo de Madrid, 31.1.1933. p. 3)

El mismo diario, en una pequeña nota, aportaba detalles de algunas declaraciones del ministro Wilhelm Frick, que destacan por su absoluto cinismo o su absoluto desconocimiento de las verdaderas intenciones de Hitler:

    El ministro del Interior, Sr. Frick, habló también con los periodistas extranjeros, haciendo un llamamiento a la colaboración de la Prensa extranjera y diciendo que Alemania quiere vivir en paz y amistad con todo el mundo.
    (Heraldo de Madrid, 31.1.1933. p. 3)

En otra nota sobre Frick, se reproducían declaraciones acerca de las SA, el partido comunista y la constitución. Todas ellas resultan hoy llamativas, a la vista de lo que el curso de los acontecimientos determinaría posteriormente:

    El nuevo ministro del Interior, Sr. Frick, ha hecho declaraciones a la Prensa alemana declarando especialmente que la cuestión de la integración en el Estado de las tropas de asalto, no ha sido ni siquiera tomada en consideración.
    El ministro ha añadido que el Gobierno se opondrá a la prohibición del partido comunista.
    Terminó diciendo el Sr. Frick que no se ha vuelto a tratar de los proyectos de reforma constitucional.
    (Heraldo de Madrid, 31.1.1933. p. 3)

En una pequeña y curiosa columna dedicada a Hugenberg, cuyo desconocido autor entendía como el verdadero vencedor en la formación del nuevo gobierno, se opinaba:

    Tal vez Hitler desde su primer plano no representa ya tanto como Hugenberg.
    Los nazis han llegado al Poder un poco tarde; en cambio, Hugenberg ha pisado el terreno de «ocupación» a su tiempo. A tiempo de que, si Alemania no lo impide, la figura de Hugenberg, no se borre ya fácilmente, y no precisamente por los júbilos y prosperidades que produzca, de la memoria de los alemanes.
    (Heraldo de Madrid, 31.1.1933. p. 3)

Pero tal vez, de entre los comentarios e informaciones de ese día, destaca sobre todos una nota publicada en el mismo diario, un despacho de Fabra desde Berlín que mueve a reflexión y a compadecerse de aquellos que con ingenuidad así consideraban:

    Los israelitas no tendrán que sentir ninguna inquietud
    A pesar de las tendencias antisemíticas de los nacionales socialistas, la Asociación central de ciudadanos de confesión israelita cree que de no haberse producido hasta ahora ninguna manifestación contra ellos no ha de producirse ya y, por lo tanto, invita a sus miembros a no sentir ninguna inquietud a este respecto.
    (Heraldo de Madrid, 31.1.1933. p. 1)

Llegado el día 1 de febrero, en La Vanguardia se hizo referencia, entre otras cosas, a ciertos comentarios de prensa extranjera sobre Alemania. un despacho desde Londres así decía::

    La prensa de hoy comenta la formación del Gabinete por Hitler.
    Todos reconocen que la futura vida parlamentaria de Alemania depende de la orientación política que Hitler piense dar a su política y de la responsabilidad personal que quiera arrogarse en el mantenimiento del poder.
    El «Moming Post» y el «Telegraph» se muestran escépticos sobre el posible éxito de Hitler y fijan su atención en las figuras de Hugenberg y von Papen, que enfocan los acontecimientos con miras nacionalistas.
    El «Morning Post» augura que la nueva política será perniciosa para la vida política de Alemania.
    El «Telegraph» dice que Hitler representa un momento de reacción histórica de Alemania hacia el fracaso de la democracia parlamentaria.
    El «Times» dice que hay que observar la tendencia de Hitler cerca de los partidos de mayor prestigio.
    Las naciones extranjeras han de seguir con vivo interés el desarrollo de esa política, especialmente Francia y Polonia.
    Inglaterra ha de observar con cierta desconfianza la nueva orientación en materia de desarme.
    (La Vanguardia. 1.2.1933. p. 22)

El día 2 de enero, el mismo diario presentaba un extenso artículo de opinión firmado por Augusto Assía, seudónimo del periodista gallego Felipe Fernández Armesto. El autor hacía cábalas sobre el futuro del nuevo gabinete y la posición real de Hitler en él. Dos párrafos son de destacar, de nuevo a la vista de lo que el futuro depararía a Alemania y Europa. El texto se tituló Hitler en el poder:

    En realidad esto no es más que una expresión, «un decir» pues tal vez nunca estuvo Hitler más lejos del poder que ahora. Me refiero al Hitler nacional-socialista, al inspirador del programa de los 21 puntos, al estupendo demagogo electrizador de muchedumbres, al de los 14 millones de votos alemanes fervorosos. Aquel Hitler que salió el día 13 de agosto del palacio presidencial proclamando la famosa frase: «todo o nada, yo no soy de los que se venden por un plato de lentejas». Claro está que puede muy bien ser que aquel Hitler no hubiera existido nunca más que «en funciones de para la galería».

    Si los católicos derrotan al Gobierno dentro de la próxima etapa parlamentaria no es posible prever lo que vaya a ocurrir. Si se piensa en una salida dictatorial, no hay que perder de vista el incremento que estos últimos días ha adquirido la tendencia de acercamiento entre socialistas y comunistas. Contra la voluntad de socialistas y comunistas unidos no hay posibilidad de llevar una dictadura sobre el suelo del Reich; esta es una verdad elemental. No hay más qué recordar la historia del Gobierno Cuno. Por eso cuando se alude a la posibilidad de una dictadura, se prescinde demasiado de la verdadera realidad alemana.
    (La Vanguardia. 2.2.1933. p. 5)

Hasta aquí la muestra. Así informó y opinó, en lineas generales, la prensa española sobre el nombramiento de Hitler como canciller.
«El conocimiento es mejor que la ignorancia; la historia es mejor que el mito».
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