Servicios secretos españoles

Acontecimientos políticos, económicos y militares relevantes entre noviembre de 1918 y septiembre de 1939

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maxtor
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Servicios secretos españoles

Mensajepor maxtor » Vie Jul 08, 2016 3:48 pm

Saludos cordiales.

El libro de los historiadores D. Manuel Ros Agudo, junto con Morten Heiberg analizan un aspecto de la guerra civil española bastante abandonado por la historiografía en general, y en particular por la española, como son el papel que tuvieron los servicios de inteligencia durante la guerra civil española. El libro de ambos historiadores titulado “La Trama oculta de la Guerra civil” aborda dicha temática tras haber tenido acceso a fuentes primarias de archivos, no solo en España, sino en Italia, GB, Francia y EEUU. Entre otros archivos en España tuvieron acceso de la Primera División (Operaciones) del hoy Estado Mayor de la Defensa, entre 1939 y 1977 denominado Alto Estado Mayor.

Puede que la falta de estudios sistemáticos sobre los servicios secretos se deba a que los gobiernos son reacios a la apertura de sus archivos secretos, aunque hayan pasado 70 años o más, pero también es debido a que según señalan ambos historiadores hay una especie de menosprecio, por parte de los historiadores profesionales, a valorar en su correcta dimensión lo que los servicios secretos pueden influenciar o no a los gobiernos en su toma de decisiones.

En el caso de la guerra civil española ese desdén ha sido acusado, pero sólo los nacionales montaron más de una docena de servicios de inteligencia durante la guerra civil, muchos de los cuales tenían una cantidad considerable de puestos o estaciones dentro o fuera de España. Junto a ellos debemos tener en cuenta la información aportada por los servicios de Alemania e Italia, así como por parte de las organizaciones privadas francesas, que diariamente pasaban información sensible al Cuarte General de Franco, ¿Realmente es posible asumir que toda esa avalancha de información no influyó en el proceso de toma de decisiones de Franco y su entorno, y que no tuvo repercusión en el curso de la guerra civil?.

Entre 1932 y 1936, el SSE republicano actuó principalmente en el campo de la vigilancia de los elementos conspiradores y extremistas en el seno de las fuerzas armadas que pudieran poner en peligro la República, ya fueran izquierdas (anarquistas y comunistas) o derechas (monárquicos y fascistas). Sin embargo, este servicio, altamente politizado, se vio mermado en sus funciones por los continuos cambios en sus órganos rectores, la jefatura del Estado Mayor y el Ministerio de Guerra, motivados por los sucesivos cambios de gobierno. En julio de 1936, la SSE se encontraba todavía situando en las diferentes unidades elementos leales al nuevo Gobierno del Frente Popular y fracasó en su misión de detectar y avisar al Gobierno en las dimensiones del golpe que se le venía encima. La poca o mucha información que recibió Quiroga vino más de la policía, que en junio de 1936 había obtenido, por ejemplo, una copia de una directiva firmada por un misterioso “Director” en la que se daban una serie de instrucciones concretas para la sublevación. Todas las sospechas apuntaban al general Mola, pero por falta de pruebas, el gobierno decidió esperar, y posiblemente también influido por la creencia de que cualquier golpe de Estado sería fácilmente neutralizado, tal y como había pasado en 1932 con la intentona de Sanjurjo. Posiblemente estamos ante uno de los mayores errores de valoración de nuestra historia moderna política.

Los acontecimientos en España, parece que cogieron por sorpresa a los servicios de inteligencia alemanes, la Abwehr, mientras que el SIM italiano recibió aviso del golpe que estaba a punto de producirse. Fundamentales para acceder a Hitler fueron los contactos informales que tenía Franco con un comerciante alemán establecido en Marruecos, que a su vez tenía buenos contactos con el partido nazi en Berlín. En el caso italiano pesaron mucho más las valoraciones propias de inteligencia italianas, y dichas valoraciones convencieron a Mussolini de que los riesgos de una intervención discreta a favor de Franco eran limitados.
La primera operación de inteligencia importante de los nacionales fue llevada a feliz término gracias a la cooperación inicial prestada por la POLPOL italiana. A primeros de agosto de 1936, los esfuerzos conjuntos de los servicios de inteligencia en Roma, coordinados por Juan Ordinas Carrascosa, hijo del secretario de Juan March, y el agente del POLPOL Mario Finizio, impidieron que el primer gran envío de aviones para los rebeldes efectuado por Italia cayera en poder de los republicanos. Este servicio de inteligencia, mantenía contacto directo con Franco a través, de su hermano Ramón Franco.

Los meses de agosto y septiembre de 1936 fueron testigos de la creación de los primeros servicios de inteligencia españoles, tanto en el bando republicano como en el nacional. Los nacionales crearon el SIM, cuyos agentes procedían básicamente de la antigua SSE republicana. La tarea del primer SIM, comandado por el coronel Múgica, era detectar dónde se encontraban y qué unidades componían las fuerzas enemigas, como también la capacidad de la República de alimentar su maquinaria de guerra. El nombramiento del comandante Escartín como nuevo jefe de los servicios, en marzo de 1937, dio un nuevo impulso a la búsqueda de información fuera de España, especialmente en Francia, la zona que más preocupaba a los nacionales. Sin embargo, el SIM no estaba preparado para esta tarea y tuvo que contar con los servicios de inteligencia creados en el sudoeste de Francia por monárquicos, catalanistas conservadores y carlistas, y apoyados financieramente por personas influyentes como Francesc Cambó y Juan March.

Los servicios de inteligencia nacionales en Francia recibieron abundante ayuda de sus homólogos alemanes e italianos, así como el grupo terrorista francés de extrema derecha CSAR, más conocido como la Cagoule, así fue en Francia dónde los nacionales hicieron sus primeras operaciones de inteligencia complejas y ofensivas en forma de sabotajes. Estas peligrosas operaciones no sólo favorecían los evidentes deseos de los cagoulards de crear caos y ambiente de miedo en Francia como el escenario perfecto para un golpe de Estado anticomunista, sino que también pretendieron paralizar el apoyo material del país vecino a la causa republicana o por lo menos disuadirla. También los servicios secretos italianos tomaron parte activa en este juego, ya que Roma utilizó la Cagoule para eliminar a dos destacados antifascistas, los hermanos Rosselli.
La intervención de la mano franquista en asuntos internos de Francia parece clara. El SIM italiano, sabía que Franco armaba a la Cagoule a través del servicio secreto del comandante Troncoso en Irún, cerca de la frontera francesa. Conviene señalar también que muchas cuestiones delicadas relacionadas con los actos de sabotajes en Francia eran llevada por el hermano del Generalísimo, Nicolás Franco, del mismo modo que ciertos temas de seguridad eran tratados en Roma por su otro hermano, Ramón. Franco debía pensar que su entorno familiar sería la forma más segura de preservar ciertos secretos.

Sin embargo, el trabajo sucio de Troncoso, además de ser peligroso en cuanto a las relaciones con Francia, suponía puentear la estructura de inteligencia ya existente en dicho país, y tras un sonoro fracaso en el intento de capturar un submarino republicano C2 en septiembre de 1937 empezó a ponerse fin a dichas misiones, dado que Francia reaccionó expulsando a gran cantidad de agentes de dicho país y supuso un duro golpe para la estructura de inteligencia. Como único aspecto positivo fue que Franco finalmente acabó con las estructuras de inteligencia paralelas y abrió el camino a la constitución de un órgano de inteligencia militar más sólido, cuya dirección fue encomendada al competente coronel Ungría. Ungría, no tardó en darse cuenta, de la desorganización y de la falta de coordinación entre servicios y aprovechó dicha confusión para imponer una reforma drástica. Todo ello facilitó la creación del SIPM en noviembre de 1937.
La lógica reacción de Francia, a la intromisión española en su país, provocó que Ungría situar las operaciones de inteligencia bajo su control profesional y de unas pocas subdelegaciones exclusivamente dedicadas a vigilar la línea de aprovisionamiento francesa del ejército republicano.

En cuanto a la lucha contra el enemigo republicano, en el interior de España, han sido poco estudiadas las conexiones franquistas y los intentos de fomentar las dispuestas internas entre los partidos políticos de la República antes y durante los disturbios de Barcelona de mayo de 1937. Los franquistas establecieron a través de Bertrán y Musitu sólidos contactos con Estat Catalá, que curiosamente recibió la orden de empezar a actuar urgentemente en Barcelona justo dos semanas antes de que dieron comienzo los famosos disturbios, aunque, no se probable que la rebelión fuera desencadenada por dichos intentos.

Durante la campaña del Norte, los servicios de inteligencia nacionales fueron utilizados en operaciones más complejas de propaganda internacional, llegándose a fabricar pruebas falsas del uso de armas químicas por parte de los republicanos. Una gran ventaja de los nacionales fue el hecho de que pudieran apoyarse en los servicios secretos alemanes e italianos siempre que necesitaron información adicional, adiestramiento o medios tecnológicos para mejorar sus operaciones. Ésta fue una gran diferencia respecto a la situación de la zona republicana, donde los agentes del NKVD soviético estuvieron más preocupados, al parecer, por infundir temor a los partidarios de la República que no compartían la interpretación comunista de la guerra que por combatir a los servicios de inteligencia enemigos.

En este punto, se echa de menos alguna referencia adicional sobre la bibliografía existente respecto a la importancia y calidad de la ayuda del NKVD a la República, tales como el estudio de Yuri Rybalkin “Stalin y España”, el libro de Daniel Kowalsky “La Unión Soviética y la Guerra civil española”, y el de Stanley Payne “La Unión soviética, comunismo y revolución en España (1931 – 1939)”, al objeto de situar en toda su dimensión la más que importante ayuda soviética al Frente Popular.

El hecho de que los nacionales contaran con dos Aliados tan poderosos como Alemania e Italia comportaba un riesgo potencial de que ambos países intentaran satelizar a España, en efecto, los alemanes intentaron mediante sus contactos empresariales penetrar en amplios sectores socioeconómicos del Estado franquista con el fin de crear un satélite económico que suministrar al tercer Reich materias primas en el caso de que se desencadenara una guerra en Europa. Asimismo para los nazis era muy importante que los agentes de inteligencia españoles destinados en los Balcanes permanecieran en la ignorancia de la participación alemana en el contrabando griego de municiones y armas hacia la República. El motivo era que Alemania tenía intereses económicos y estratégicos importantes para permitir que siguieran adelante aquellos negocios turbios y doble juego. La perspectiva de incrementar el flujo de divisas hacia el Reich y de dar un serio golpe a las posibilidades de intervención militar en Italia en los Balcanes manteniendo a las tropas de Mussolini ocupadas en España eran tentadoras.

En general la actuación de los nacionales en el Mediterráneo para evitar la llegada de armamento a manos de sus enemigos fue muy superior a la desplegada por los republicanos. Los servicios de inteligencia franquistas emplazaron agentes en todos los puertos estratégicos del Mediterráneo. Asimismo, Alemania e Italia durante el primer año de conflicto asesoraron a los servicios nacionales sobre la forma de salvaguardar su sistema de comunicaciones, y de paso, captar y descifrar el mayor número posible de radio señales enemigas. Las máquinas alemanas Enigma y los equipos italianos de radiotelefonía sin hilos instalados en Burgos, Mallorca y otros lugares estratégicamente distribuidos por la Península mejoraron enormemente la capacidad de los nacionales de mantener unas comunicaciones seguras entre los mandos y las distintas unidades, contribuyendo en buena medida en el éxito de Franco y en su capacidad de interrumpir la línea de suministros de los republicanos.

Probablemente el último año de la guerra, desde la primavera de 1938 hasta la primavera de 1939, fue el período en el que los servicios secretos españoles funcionaron mejor. Las mejoras impuestas por Ungría dejaron sus efectos, y supuso que las operaciones de inteligencia se centraran principalmente en proporcionar al Cuartel General de Franco los datos del enemigo que sustentaran las decisiones estratégicas más acertadas.

La segunda gran reforma de los servicios secretos se llevó a cabo en el verano de 1939 y, para sorpresa de muchos supuso el fin de la jefatura de Ungría. La llevó a cabo el general Vigón, jefe del recién creado Alto Estado Mayor, con la ayuda del nuevo jefe de los servicios de inteligencia, el coronel Arsenio Martínez Campos. La reforma dio paso a algunas mejoras importantes, aunque no fueron acompañadas de asignación presupuestaria, sin embargo, y en opinión de los autores del libro, lo que verdaderamente disminuyó la eficacia e independencia del recién creado AEM fue su orientación ideológica muy escorado hacia el Eje, con tendencia clara a perjudicar a los Aliados. Las actitudes favorables a Alemania del Gobierno español también se reflejaron en los diversos acuerdos policiales alcanzados entre los dos países, que facilitaron la presencia cada vez más nutrida en España de agentes del SD y la Gestado.

Al cabo de más o menos un año de la constitución del AEM, los servicios de inteligencia españoles fueron convirtiéndose gradualmente en un vehículo o extensión del espionaje alemán, no sólo en España, sino también en GB y luego en EEUU, y lo único que consiguió fue provocar graves tensiones diplomáticas entre Londres y Madrid. Era como si se hubiera impuesto la declarada actitud pro alemana de algunas personalidades clave de las fuerzas armadas y el Gobierno a expensas de una visión más realista de las posibilidades de España frente a las potencias occidentales. Esta tendencia por alemana fue haciéndose paulatinamente más insostenible, a medida que las victorias aliadas aumentaron el preso de la presión diplomática en pro de la adopción de una política verdaderamente neutral, y así desde noviembre de 1942 Gómez Jordana intentó encauzar la política exterior oficial de España hacia un rumbo más neutral, aunque no fue fácil, dado que los servicios secretos habían sido orientados, al inicio de la guerra mundial, como una especie de triple alianza de España, con Alemania e Italia contra los intereses de GB y Francia, cuando todo apuntaba a una clara victoria del Eje. Cuando el conflicto comenzó a evolucionar en sentido contrario, es decir, hacia una victoria aliada, no resultó fácil cambiar de caballo a mitad de la carrera. Puro pragmatismo.

En 1940, España estaba ansiosa por beneficiarse de la posición dominante de Alemania en Europa y por desafiar la hegemonía británica y francesa en el norte de África y en Gibraltar. Sin embargo, al no proporcionar a sus servicios secretos los medios necesarios para enfrentarse a sus enemigos potenciales, el régimen franquista o sólo se hizo vulnerable a las maquinaciones británicas, sino que además incrementó su dependencia de los caprichos de Hitler, cuyos servicios secretos habían penetrado profundamente en España. El Reich consiguió así muchas posibilidades de manipular al Gobierno español. Según el espionaje británico y norteamericano, la Tercera Sección del AEM actuaba más como un grupo auxiliar de los servicios secretos del Eje que como un órgano de inteligencia soberano. Fue exactamente lo contrario de lo ocurrido durante la guerra civil española, en la que Alemania e Italia se impusieron, sí, pero en la que los nacionales mantuvieron su independencia y fueron los más beneficiados de dicha colaboración. Durante la SGM, la situación se invirtió. Como habría cabido esperar, los servicios secretos españoles devolvieron favores recibidos durante la guerra civil llevando a cabo una guerra secreta contra los Aliados en la Península. Sin embargo, al final España no se atrevió a desafiar abiertamente a GB. De ese modo, Churchill pudo comentar al término de la guerra: “España tenía las llaves de todas las acciones emprendidas por GB en el Mediterráneo, y nunca, ni en los momentos más oscuros, las utilizó contra nosotros” (citado en Paul Preston, The Politics of Revenge, Unwin Hyman, Londres, 1990, p. 56).

Franco se encontró realmente en una posición en la que podría haber hecho mucho daño a los intereses Aliados de los que causó con su guerra secreta contra los intereses británicos. Si no salió a guerrear a cara descubierta fue porque nunca recibió de Alemania e Italia las ganancias que esperaba en 1940 de crear un nuevo imperio colonial en el norte de África a expensas de Francia. El resultado de todo esto fue una política exterior peligrosa o cambiante, que al principio estuvo a punto de arrastrar a España a la guerra.
Tras la ejecución de Mussolini y el suicidio de Hitler en su búnker en Berlín en 1945, los historiadores simpatizantes de Franco necesitaron hacer horas extras para reescribir este oscuro capítulo de la historia y presentar la política de España durante la Segunda Guerra Mundial como estrictamente neutral y en modo alguno favorable al Eje, y con la avalancha de datos de los diversos archivos que se van abriendo, no sólo en España sino en el resto de los países directamente afectados por la Segunda Guerra Mundial, parece claro que no se puede subestimar el papel de los servicios secreto nacionales en colaboración con los del Eje.

Saludos desde Benidorm.
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