Los Freikorps alemanes 1918-23

Acontecimientos políticos, económicos y militares relevantes entre noviembre de 1918 y septiembre de 1939

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Erich Hartmann
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Mensaje por Erich Hartmann » Sab Dic 09, 2006 1:00 pm

1920: contra la república

La república alemana no había apoyado ni a los Cuerpos Libres ni a muchos líderes del Reichswehr, herederos de las tradiciones del extinto Ejército Imperial. Tras la firma del Tratado de Versalles, comenzaron a fraguarse conspiraciones en el ámbito de la derecha. El comandante del Gruppenkommando I, el general von Lüttwitz, planeó alzarse inmediatamente con el apoyo de los Cuerpos Libres; pero los líderes de los Cuerpos Libres más importantes, los generales Maercker, von Hülsen, Hofmann, von Oven y von Lettow-Vorbeck, rehusaron, indicando que estaría dispuestos a sublevarse si el gobierno capitulaba ante la extrema izquierda o aceptaba las peticiones de las Potencias Occidentales que ofendían el honor militar alemán. Von Lüttwitz decidió buscar el apoyo de los Cuerpos Libres más radicales: la Ehrhardt Brigade y las unidades que poco a poco regresaban a casa tras su aventura báltica.

Los términos del Tratado comenzaron a aplicarse a partir del 1 de enero de 1920. El Reichswehr tenía que reducir sus fuerzas de 450.000 (incluyendo los Cuerpos Libres) a 100.000 hombres. Su nuevo comandante en jefe, el general von Seeckt, no era un entusiasta de los Freikorps. También rechazaba Versalles y esperaba que algún día Alemania pudiese vengarse. Para conseguir tal objetivo, no tenía intención de confiar en extremistas, sino en técnicos militares altamente cualificados. Por lo tanto, von Seeckt ordenó la disolución de los Cuerpos Libres.


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Mensaje por Erich Hartmann » Sab Dic 09, 2006 6:53 pm

El Putsch de Kapp y Lüttwitz

Por su parte, von Lüttwitz decidió anticiparse a la orden de disolución. Aunque para su programado golpe de estado (“Putsch”) dependía del apoyo de un líder político conservador, el Dr. Kapp, su principal esperanza era la Ehrhardt Brigade. La brigada entró en Berlín la mañana del 13 de marzo de 1920, tomando posesión del distrito gubernamental. El Reichswehr, obedeciendo las órdenes del geneal von Seeckt, no se enfrentaron a ella: von Seeck no deseaba ver cómo soldados alemanes se disparaban entre sí. Con la previsible excepción del general von der Goltz, ninguno de los generales al mando de Cuerpos Libres se unieron al Putsch de Kapp y Lüttwitz, aunque personalmente compartiesen sus objetivos. El Putsch fue un fracaso absoluto en Berlín, y el 18 de marzo el gobierno regresó a la capital.

Una de las razones de este fracaso fue simplemente que los organizadores no habían conseguido informar a otros Cuerpos Libres de la fecha. Algunas unidades pequeñas se unieron espontáneamente, pero sólo la III.Marine Brigade de von Löwenfeld dio pasos de importancia. Acuartelada en Silesia para proteger la zona de ataques polacos, tomó la capital de la región, Breslau (Wroclaw). No obstante, la principal razón del fracaso fue la inmediata convocatoria de huelga general que hizo el gobierno del SPD, que obtuvo un apoyo masivo por parte del pueblo alemán. Acatando las órdenes del gobierno, en algunas unidades del Reichswehr los soldados detuvieron a oficiales sospechosos de haber apoyado el Putsch. Los marineros de la reducida Marina de Guerra arrestaron a sus oficiales e izaron la bandera roja.

A pesar del fracaso inicial, el Putsch tuvo importantes consecuencias. En Baviera, en la noche del 13 al 14 de marzo, elementos de los Cuerpos Libres bávaros derrocaron el gobierno regional del SPD y traspasaron el poder político al político conservador y monárquico Gustav von Kahr. Sin embargo, para von Kahr el Putsch era “un asunto prusiano” del que no deseaba formar parte.

Mientras la derecha tomaba el poder en Baviera, en el resto de Alemania fue la extrema izquierda la que sacó partido de la reacción violenta contra los conspiradores. Aprovechando la huelga general, se produjeron levantamientos comunistas a lo largo de todo el país: en Halle, Kiel, Leipzig, Magdeburgo, Chemnitz y Francfort del Meno, que apenas pudieron ser sofocados por la policía, el Reichswehr y algunos Cuerpos Libres. No obstante, en la zona del Ruhr la insurrección comunista tuvo éxito. Aunque Alemania estaba recorriendo un doloroso sendero hacia un tipo de estabilidad política, la autoridad central era aún débil y dependía sobre todo del dominio de las calles. Ordenar al Reichswehr que disparara sobre sus propios compatriotas era un riesgo que debía ser evitado en la medida de lo posible. El gobierno sólo tenía a su disposición una fuerza verdaderamente efectiva para hacer frente a las milicias comunistas: los Freikorps.


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Mensaje por Erich Hartmann » Dom Dic 10, 2006 5:41 pm

El Ejército Rojo del Ruhr

En la principal zona minera e industrial del país, la campaña llevada a cabo por los Cuerpos Libres durante la primavera de 1919 sólo había terminado con una victoria parcial, por razones expuestas anteriormente. En este feudo del movimiento revolucionario de los trabajadores, tanto el KPD como el USPD eran poderosos, y muchos miembros del SPD se sentían más afines a estos grupos que al líder moderado del SPD en Berlín. Además, el Ruhr estaba dentro de la zona desmilitarizada que el Tratado de Versalles había impuesto a Alemania. Aunque la retirada del Reichswehr de la zona aún no se había completado, sus fuerzas en la región eran demasiado débiles para frenar el levantamiento.

Los choques armados entre los revolucionarios y la policía junto con unidades del Reichswehr comenzaron el 15 de marzo de 1920; algunos Cuerpos Libres locales de tamaño reducido también se vieron implicados. El “Ejército Rojo del Ruhr” pronto cantó victoria y ocupó ciudades importantes como Dortmund y Essen. Los comunistas estaban bien organizados y seguían instrucciones de un comando supremo unificado. En poco tiempo reclutaron 50.000 hombres, equipados con toda clase de armas incluyendo artillería (en el Ruhr estaban algunas de las más importantes fábricas de la industria armamentística alemana). Para evitar nuevas derrotas, la policía, el Reichswehr y los Cuerpos Libres dejaron otras ciudades como Düsseldorf o Duisburg en manos de los insurgentes. Enormemente alentados por estos sucesos, por el éxito de la huelga general que había frenado el Putsch y por noticias de nuevos motines en Turingia y Sajonia, los revolucionarios alardearon de que su alzamiento sólo era superado en lo que a importancia histórica se refiere por el golpe de Lenin en Petrogrado.

El 24 de marzo un líder del SPD negoció una tregua entre el Ejército Rojo del Ruhr por un lado, y el Reichswehr y los Cuerpos Libres por otro; pero de hecho ambos bandos aprovecharon la pausa para reforzarse. El gobierno del SPD se encontró en una posición crítica. Aunque habían sido amenazados por los Cuerpos Libres durante el reciente Putsch, de nuevo se vieron obligados a acudir a ellos, incluyendo algunas unidades que habría querido disolver inmediatamente, ya que los Cuerpos Libres eran la única fuerza capaz de hacer frente al Ejército Rojo del Ruhr.

El comandante del Wehrkreis VI, el general von Walter, concentró todos los Cuerpos Libres disponibles en tres destacamentos especiales. En el norte, la Wesel Division se formó a partir de la II.Marine Brigade de von Löwefeld, con otras unidades como el FK Düsseldorf, FK von Aulock y el Sturmabteilung Rossbach. En el centro se desplegó la Münster Division, incluyendo el FK Hindenburg, FK Göttingen, FK Gabcke, Freiw.Abt. Haas, FK Severin y otros. En el sur, la Von Epp Division comprendía el FK von Epp, FK Oberland y el FK von Oven, entre otras unidades. El Ejército Rojo del Ruhr también se había reforzado, y contaba con unos 80.000 hombres.

El 3 de abril se rompió la precaria tregua y los Cuerpos Libres lanzaron un ataque general, avanzando con extraordinaria violencia. Al igual que muchas otras veces, el Cuerpos Libres fueron capaces de derrotar otras fuerzas muy superiores en número a base experiencia en combate y un espíritu ofensivo con determinación. Y como anteriormente, en verdad como en todas las guerras civiles, ambos bandos utilizaron los métodos más crueles contra sus enemigos. Este episodio fue el capítulo más sangriento en la larga lucha entre los Cuerpos Libres y los comunistas alemanes. Tras cinco días de cruel lucha, los Cuerpos Libres dominaron el Ruhr por completo. Pero esta concentración de tropas alemanas en la zona desmilitarizada violaba el Tratado de Versalles, y, en respuesta, tropas aliadas entraron en el Ruhr, obligando a los Cuerpos Libres a retirarse hacia el este.


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Mensaje por Erich Hartmann » Lun Dic 11, 2006 2:40 pm

El “Reichswehr oscuro”

Tras el fracaso del Putsch de Kapp y Lüttwitz, el gobierno excluyó del Reichswehr a la mayoría de los generales que habían comandado Cuerpos Libres, entre ellos Maercker, von Oven y von Lettow-Vorbeck. Otros comandantes de los Cuerpos Libres fueron encarcelados (von der Goltz) o tuvieron que marchar al exilio (Ehrhardt). El general von Seeckt tenía ideas muy claras sobre el tipo de soldados que quería entre sus filas: apolíticos, muy disciplinados y provistos de oficiales de las más altas calificaciones profesionales. No había sitio en el Reichswehr para “Landsknechts” que sólo aceptaran la autoridad de sus propios jefes, y los siguieran ciegamente, desafiando así las órdenes del Alto Mando o del propio Estado.

Por otro lado, la Comisión de Control Militar Aliada, establecida en Alemania desde principios de 1920, exigió la disolución de todos los Freikorps, no sólo de los que habían tomado parte en el Putsch. Finalmente, en agosto de 1920, el gobierno alemán promulgó una ley que ordenaba que todas las organizaciones y particulares en posesión ilegal de armamento militar debían entregarlo a las autoridades: sólo el Reichswehr tenía derecho a poseer ese tipo de armas. Unos cuantos Cuerpos Libres fueron integrados definitivamente dentro del Reichswehr, pero el nuevo orden de batalla facilitó su disolución (se abolieron las brigadas y las unidades militares restantes se reorganizaron en divisiones). La mayor parte de los Cuerpos Libres había dejado de existir oficialmente.

No obstante, Hans von Seeckt era realista. Tenía muy claro que un ejército de 100.000 hombres, recientemente organizado además, sería incapaz de defender Alemania en caso de guerra con Polonia, claramente dispuesta a sacar provecho de la debilidad de sus dos enemigos históricos (Alemania y Rusia) para construir una “Gran Polonia” (wielkopolska). En abril de 1920 Polonia inició la guerra contra la Rusia soviética, y von Seeckt temió que Alemania fuera la siguiente. Era necesario que el Reichswehr entrenase reservas que pudieran movilizarse fácilmente. Por este motivo nació el llamado “Reichswehr oscuro” en un llamativa reminiscencia de la reforma clandestina del Ejército Prusiano llevada a cabo por von Scharnhorst entre 1807 y 1813 durante la dominación napoleónica.

Para evitar las limitaciones de Tratado de Versalles se crearon o mantuvieron varias organizaciones paramilitares. Como ya se dijo anteriormente, desde abril de 1919 muchas ciudades habían organizado milicias llamadas Einwohnerwehren (Fuerzas ciudadanas). Aunque estaban formadas por civiles, sin uniformes o armamento militar, las mandaban oficiales y suboficiales veteranos. Había muchas formaciones locales de este tipo, que generalmente tomaban el nombre de la ciudad o el barrio en el que se habían formado: Einwohnerwehr Essen, Einwohnerwehr Manchen, Einwohnerwehr Hamburg, Berliner Schutzburgerwehr, Hanauer Burgerwehr, Einwohnerwehr Gau Nassau y así sucesivamente.

Otra organización paramilitar era la Wolkswehren (Fuerzas del pueblo), un tipo de policía militar bajo la autoridad del Ministro del Interior. Equipadas con armamento militar ligero y vestidas con uniformes feldgrau, este tipo de fuerzas tenían un carácter local y teóricamente no se podían usar fuera de sus ciudades de origen. También se creó en este período la Technische Nothilfe (Ayuda técnica de emergencia) formada con ingenieros y hombres formados desde el punto de vista técnico, y cuya tarea era mantener los servicios públicos en caso de disturbios y catástrofes. El Verkehrwehr (Fuerza de Tráfico) fue creado para proteger las comunicaciones de todo tipo (vías férreas, la red telefónica, etc.), y el Küstenwehr (Fuerzas costeras) tenía la responsabilidad de controlar las costas y los puertos. Todas estas organizaciones paramilitares reforzaban la capacidad defensiva del Reichswehr, pero no sólo en caso de revolución: en caso de guerra, los Einwohnerwehren y los Volkswehren podían ser trasformados en unidades de infantería; la Technische Nothilfe y Verkehrwehren podían convertirse en tropas de ingenieros y los Küstenwehren podían reforzar la marina.

Las unidades de Zeitfreiwilligen (más o menos, “voluntarios temporales”) también se crearon a partir de soldados que se alistaban durante sólo tres meses. De este modo se podían entrenar muchos hombres sin sobrepasar el límite de los 100.000 hombres. Teóricamente, estaban destinados a reforzar el Reichswehr cuando éste tuviera que enfrentarse a disturbios locales, pero realmente, se habrían usado para incrementar el número de unidades del Reichswehr en caso de guerra. Las primeras unidades de Zeitfreiwilligen fueron organizadas por jefes de los Cuerpos Libres durante la campaña de la Alemania Central en 1919. En muchos lugares, los Zeitfreiwilligen se organizaron en unidades del tamaño de regimientos o batallones (por ejemplo, el Zeitfreiwilligen Regiment Leipzig, o el Zeitfreiwilligen Remschied) para que pudieran ser movilizados como unidades regulares con poca antelación.

Finalmente, estaba el llamado Arbeitkommando. Oficialmente estos “comandos de trabajo” eran equipos de trabajadores civiles empleados por el Reichswehr. En verdad, eran unidades militares ligeramente camufladas. Llevaban el uniforme feldgrau, estaban acuartelados en recintos militares y los mandaban y entrenaban oficiales del Reichswehr. Estos Arbeitkommando, que fueron desplegado a los largo de la frontera con Polonia, sumaban en total unos 20.000 hombres.

Todas estas organizaciones militares más o menos disimuladas que componían el “Reichswehr oscuro” absorbieron los soldados sobrantes que el Reichswehr no podía tener en sus filas, y, particularmente, muchos veteranos de los Cuerpos Libres.


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Mensaje por Erich Hartmann » Mar Dic 12, 2006 1:35 pm

Los Cuerpos Libres clandestinos

No obstante, no todos los veteranos de los Cuerpos Libres aceptaron la desmovilización a la vida civil y a partir de 1920 sus elementos más radicales comenzaron a verse atraídos por la arena política. Crearon una inmensa variedad de organizaciones, tanto legales como clandestinas: organizaciones para la juventud, pequeños partidos políticos, clubes deportivos de tiro, hermandades de veteranos, comunidades de trabajo rurales, etc. Otros organizaron clandestinamente grupos terroristas que comenzaron a ser muy activos a partir de 1921, asesinando a políticos de relieve como el signatario de Versalles Matthias Erzerberger y el ministro Walter Rathenau y realizando intentos de asesinato con muchos otros. Muchos de estos Cuerpos Libres “clandestinos” mantuvieron alijos de ramas secretos y recibían entrenamiento militar de oficiales del Reichswehr.

En Baviera, la relación entre el Reichswehr y este tipo de organizaciones clandestinas era especialmente cercana. La Organization Escherich (“Orgesch”), creada para coordinar las unidades bávaras de Einwohnerwehren, facilitó los grupos armados que derrocaron el gobierno bávaro del SPD en marzo de 1920 y elevaron a von Kahr al poder; y en lo sucesivo la relación entre las unidades bávaras del Reichswehr y antiguos líderes de los Frei Korps sería efusivamente cooperativa. Apoyado por lo líderes políticos bávaros, el comandante Wehrkreis bávaro, el general von Lossow, desafió las órdenes de Berlín y protegió a los veteranos de los Cuerpos Libres. El Freikorps bávaro más famoso, FK von Epp, desapareció entre unidades del Reichswehr acuarteladas en Baviera. El jefe de estado mayor de von Epp, Hauptmann Ernst Röhm, un nombre que posteriormente se haría más conocido, fue especialmente activo a la hora de proteger a veteranos de los Freikorps. El movimiento de los Cuerpos Libres, prohibido en otras provincias alemanas pero tolerado en Baviera, dio lugar a muchas agrupaciones políticas. El Partido Nacional Socialista Alemán de los Trabajadores (NSDAP), creado por un joven radical llamado Adolf Hitler, atrajo a numerosos veteranos extremistas de los Cuerpos Libres. La milicia del NSDAP usó varios nombres antes del definitivo Sturmabteilungen (SA, Secciones de Asalto); en sus primeros años no parecía ser más que otro grupo sucesor de los Cuerpos Libres.

Los comandantes bávaros del Reichswehr incluso proporcionaron armas a estos grupos; aparentemente presentados como unidades de Zeitfreiwilligen, estaban equipados con uniformes feldgrau incluso n desfiles militares y maniobras. Pero el objetivo final de estos antiguos voluntarios radicalizados de los Cuerpos Libres ya no era luchar contra los comunistas alemanes o defender las fronteras de Alemania, sino destruir la república y “liberar Alemania del yugo de Versalles”.

No obstante, esto no significaba que “Peligro Rojo” o la amenaza polaca hubieran desaparecido. Desde mediados de 1920, el USPD se integró en las filas del KPD, formando así un gran bloque que no estaba más interesado en la democracia parlamentaria de lo que lo estaban los extremistas de extrema derecha.


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Mensaje por Erich Hartmann » Mar Dic 12, 2006 7:50 pm

1921: März-Aktion

Ya desde su fundación, el KPD había seguido atentamente las órdenes recibidas desde Moscú a través del Comitern (la Internacional Comunista). En marzo de 1921 estalló entre los marineros de Kronstadt una gran revuelta contra los abusos del Partido Comunista, que supuso una verdadera amenaza para los soviéticos. Con el fin de crear una cortina de humo, Moscú ordenó a los partidos comunistas de toda Europa que efectuaran levantamientos armados. Obedeciendo, el KD inició la llamada “März-Aktion” que duró desde el 17 de marzo hasta el 1 de abril. Convocaron una huelga general en toda Alemania, pero los grupos armados sólo se alzaron a nivel local, principalmente en la Alemania Central. Fueron fácilmente vencidos por las fuerzas de la policía, que no tuvieron que recurrir a los Cuerpos Libres como había ocurrido el año anterior.

La época de los Freikorps parecía haber pasado ya, pero en la primavera de 1921, a pesar de estar oficialmente disueltos, escribirían una de las páginas más importantes de su historia.

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Mensaje por Erich Hartmann » Vie Dic 22, 2006 10:07 pm

Alta Silesia

La fijación de las fronteras entre Alemania y Polonia ya había causado mucha tensión en estas zonas fronterizas desde noviembre de 1918. El Tratado de Versalles entregó a Polonia el área de Posen, junto con parte de Prusia Occidental, a través de la cual pasaba el corredor de Danzig, en la cosa del Báltico. Diversos plebiscitos decidieron el destino de otras dos zonas, el sur de Prusia Oriental y la Alta Silesia, donde poblaciones mixtas votaron o seguir bajo control alemán o unirse a Polonia. La primera región escogió en 1920 su permanencia dentro de las fronteras alemanas. No obstante, la Alta Silesia presentó un conflicto más prolongado y sangriento, con numerosos choques armados entre 1918 y 1921.

En 1918, al igual que en la zona de Posen, los polacos se aprovecharon del caos que reinaba en Berlín para intentar hacerse con el control de la Alta Silesia, una región de gran importancia económica con una población mixta étnicamente hablando. Se formaron algunos Cuerpos Libres en las zonas de habla alemana, por ejemplo el Oberschlesisches Freiwilligkorps, liderado por el Oberstleutnant von Velsen, que tuvieron éxito a la hora de detener el avance de los nacionalistas polacos. De nuevo al igual que en Posen, en febrero de 1919 los Cuerpos Libres de la Alta Silesia contraatacaron hasta que su avance se vio detenido por el ultimátum de los Aliados. Esto fijó una línea de demarcación provisional hasta que se celebrase un plebiscito. Se pensaba que la Alta Silesia iba a ser dividida entre los dos países; pero los nacionalistas polacos del POW decidieron anexionarse la región entera y presentar a los aliados un fait accompli.

El POW reunió alrededor de 22.000 milicianos armados para este segundo intento y, tras una campaña de agitación política y sabotaje, atacaron durante la noche del 16 de agoto de 1919. Los Cuerpos Libres locales, que habían luchado anteriormente ese mismo año, habían sido reforzados por aquel entonces con unidades de otras regiones alemanas, incluyendo la formidable Ehrhardt Breigade y la poderosa III.Marine Brigade de von Löwenfeld. A éstas se unieron otras, entre ellas el FK Dohna (Hptm. Dohna), FK Hessische-Thuringische-Waldekisches (Oberst von Kornatzky), y el Freiw.Regt. Tüllmann (Hptm Tüllmann). En total, era una fuerza con cerca de 14.000 hombres liderados por un mando unificado al frente del cual estaba el general Höfer. Estas fuerzas lanzaron un contraataque en la noche del 18 de agosto, y hacia el 23 habían expulsado ya al POW de todas posiciones que habían tomado.

En febrero de 1920, una comisión aliada llegó para tomar el control de la Alta Silesia antes del comienzo del plebiscito. Para garantizar el orden público, un contingente de tropas aliadas fue estacionado en la región, formado por franceses en su mayoría, pero también por italianos e ingleses. El plebiscito se celebró en marzo de 1920, y un 60 % de los habitantes votó a favor de seguir formando parte de Alemania. Por lo tanto, los Aliados trataron de establecer una línea de demarcación definitiva, una tarea muy difícil, dad la aglutinación de las comunidades entre alemanes, dominantes en las áreas urbanas, y polacos, mayoría en las rurales. Los meses pasaron lentamente, con ambas comunidades exacerbadas por rumores contradictorios. A principios de abril de 1921, el POW comenzó a prepararse, con más cuidado que antes, para un nuevo intento de hacerse con el control de toda la región. En las zonas de mayoría alemana se crearon numerosos grupos de autodefensa, Selbstschutzen, liderados por veteranos de la Primera Guerra Mundial; entre ellos estaban por ejemplo el Selbstschutz Bataillon Bergerhoff, Selbstschutz Kompanie Beuthen, Selbstschutz Btl. Lublinitz, Selbstschutz Btl. Wolf y el Oberschlesisches Freiw.Btl. May. No obstante, a finales de abril, los líderes de los Selbstschutzen fueron arrestados por las tropas francesas.

El 2 de mayo de 1921 comenzó la insurrección polaca. Al amparo de una huelga general, el POW pronto se hizo con el control de todas las ciudades. Al mismo tiempo, armas de todo tipo, incluyendo trenes blindados, comenzaron a llegar desde Polonia, así como algunos batallones del ejército regular polaco. A causa del sabotaje, la Alta Silesia quedó prácticamente aislada del resto de Alemania., obstruyéndose así la llegada de refuerzos alemanes. Las tropas aliadas no hicieron nada para detener la insurrección, con la excepción de los italianos, que sufrieron 250 bajas en el intento. Hacia el 5 de mayo, el POW controlaba toda la Alta Silesia al este del Oder, a excepción de tres cabezas de puente alemanas mantenidas por unidades de Selbstschutzen.

Sorprendido por la insurrección polaca, el gobierno de Berlín sólo pudo apelar a las Potencia Occidentales que hiciesen honor al los resultados del plebiscito y a las líneas fronterizas demarcadas por los propios Aliados. No se ordenó al Reichswehr que interviniera. La respuesta armada alemana llegó de los Cuerpos Libres, aunque oficialmente habían sido disueltos un año antes. En muchos casos sus miembros habían mantenido el contacto de forma no oficial o a través de asociaciones de camaradas; en otros, los Freikorps se habían convertido aparentemente en grupos políticos, por ejemplo el FK Oberland era conocido entonces como Bund Oberland. Finalmente, muchos miembros de los Cuerpos Libres se habían integrado en Arbeitgemeinschaft (Comunidades de trabajo) en las que vivían y trabajaban juntos, dedicados a programas de mejora de la tierra, en granjas o bosques, mientras esperaban una oportunidad para regresar a la acción.

El hecho más extraordinario era que, sin que nadie diese ninguna orden específica, miembros de antiguos Cuerpos Libres, ya fueran miembros individuales o unidades enteras, se dirigieron hacia la Alta Silesia. Veteranos de las batallas de Berlín, el Báltico y el Ruhr obtuvieron armas de alijos clandestinos y viajaron en ayuda de los Selbstschutzen de la Alta Silesia. Llegaron desde zonas tan alejadas como el Tirol del Sur, una región austríaca anexionada por Italia tras la Primera guerra mundial.

Mientras tanto, los Selbstschutzen locales establecieron una línea defensiva en tres sectores diferentes. El sector del sur se extendía a lo largo de la orilla occidental del Oder; el sector central ocupaba ambos lados de Oppeln (Opola, en polaco) y el sector del norte se extendía desde Oppeln hasta la frontera polaca. El general von Hülsen, veterano de las primeras campañas, dirigió la defensa. En el sector de sur tuvieron lugar duros combates alrededor de las cabezas de puente alemanas de Cosel (Kozle) y Ratisbor (Raciborz). El sector central fue el más tranquilo, ya que el cuartel general de la Comisión de Control aliada estaba situado en Oppeln y nadie deseaba provocarla. En sector norte, muy boscoso, tuvo lugar una guerra de guerrillas sin posiciones bien definidas.

Una vez que las líneas estuvieron relativamente establecidas, los jefes de los Cuerpos Libres en la Alta Silesia se reunieron para elegir un comandante en jefe de todas las tropas alemanas. Estaban presentes los líderes más activos de los Cuerpos Libres, como por ejemplo Heydebreck, Rossbach, Von Arnim, Horadam, Hauenstein, Manis, von Chappuis, Hübner, von Aulock y von Velsen. En 1918 muchos de ellos sólo eran tenientes o capitanes; pero ya por aquel entonces cada uno de ellos tenía bajo sus órdenes una unidad devotamente leal. El general Höfer fue nombrado comandante en jefe, y decidió reorganizar sus activos en dos destacamentos especiales. La fuerza del sur, que Hülsen continuaría mandando, se desplegaría a lo largo del Oder. La fuerza del norte, bajo el mando del Oberstleutnant Grüntzen, operaría en los bosques cercanos a la frontera polaca.

Aunque Höfer favorecía tácticas cautas, von Hülsen inculcaba un espíritu agresivo en su mando, del que la unidad más grande era el FK Oberland bávaro. El plan de von Hülsen era asaltar la colina de Annaberg, en manos polacas y situada en la orilla oriental del Oder: un lugar desde el que se podía dominar todo el valle del Oder. Aparte de la ventaja estratégica, Annaberg ofrecía también un premio propagandístico: un santuario que se levantaba en lo alto de esta colina era un importante símbolo nacional para los alemanes de Silesia.

Al amanecer del 21 de mayo de 1921, las tropas de von Hülsen comenzaron su asalto hacia las laderas de Annaberg y a mediodía, tras un duro enfrentamiento, ocuparon la cumbre. Esta victoria tuvo un efecto estimulante en la moral de los Cuerpos Libres: fue presentada como “la primera victoria alemana desde noviembre de 1918”. El día 23 se rechazó un importante contraataque polaco.

No obstante, en gobierno de Berlín se negó a apoyar esta lucha; el 24 de mayo prohibió el alistamiento de voluntarios para la Alta Silesia y amenazó con duros castigos a cualquiera que intentase reorganizar los Cuerpos Libres disueltos. El gobierno no tenía elección en este asunto, ya que los Aliados habían amenazado con ocupar el Ruhr si no se detenía a los Cuerpos Libres en Silesia. Comenzó a discutirse un plan para desplegar tropas aliadas en la región que separasen a los Cuerpos Libres del POW, pero el general von Hülsen lanzó a sus hombres a otro ataque el 4 de junio, derrotando a los polacos una vez más. Mientas tanto, en el sector norte continuó la guerra de guerrillas y unidades de los Cuerpos Libres, incluyendo las de Rossbach, von Aulock y Hübner, forzaron a los polacos a una retirada progresiva tras su avance.

Finalmente, a finales de julio, los Aliados desplegaron sus tropas en una pacificación forzosa entre los polacos y los alemanes. De modo ordenado, el POW y los Cuerpos Libres se retiraron y retrocedieron simultáneamente. La Comisión de control aliada volvió a tomar el control de la región y el territorio se dividió como se había decidido finalmente tras el plebiscito.

La intervención de los Cuerpos Libres había tenido éxito a la hora de defender el territorio alemán que había sido asignado a Alemania por los Aliados, un territorio que el POW estaba determinado a anexionarse por medio de tres alzamientos sucesivos entre 1919 y 1921. No obstante, el gobierno de Berlín rechazó reconocer la contribución de los voluntarios, que tuvieron que abandonar la región del mismo modo en que habían llegado, es decir, en secreto. Incluso los Selbstschutzen locales fueron disueltos. Una vez más, los voluntarios tenían una razón para odiar con amargura el gobierno de la república.


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Mensaje por Erich Hartmann » Sab Dic 23, 2006 11:38 am

1922-1923

En 1922 la situación política, económica y social se deterioró. El SPD continuó su declive, muchos de sus antiguos partidarios se pasaron al KPD, que aún soñaba con tomar el poder mediante un proceso revolucionario. Los terroristas de extrema derecha continuaron su campaña clandestina contra el gobierno. En Baviera, la decisión del gobierno nacional de prohibir todas las actividades monárquicas ofendió a los conservadores. La economía comenzaba a sufrir los efectos de los pagos en concepto de cuantiosas reparaciones de guerra impuestas por el Tratado de Versalles, y a partir de agosto de 1922, el valor de la divisa alemana comenzó a hundirse.

Algunos veteranos de los Cuerpos Libres prestaron especial atención los acontecimientos políticos en Italia, donde, en octubre de 1922, Mussolini llevó a cabo su “Marcha sobre Roma” y obtuvo el poder. Su Partido Fascista también contaba con muchos veteranos de la Gran Guerra, ferozmente anticomunistas, ultranacionalistas y partidarios de un gobierno dictatorial. En Alemania también hubo quien soñó con hacer una “Marcha sobre Berlín”.


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Mensaje por Erich Hartmann » Lun Dic 25, 2006 10:14 pm

1923: la ocupación francesa del Ruhr

El 11 de enero de 1923, tropas francesas y belgas entraron en el Ruhr con el pretexto de que Alemania se había retrasado en el pago de las reparaciones de guerra (Gran Bretaña y Estados Unidos se abstuvieron de participar en esta aventura). No era la primera vez que los franceses habían marchado hacia el Ruhr: ya lo habían hecho en mayo de 1929, en respuesta a la operaciones de los Cuerpos Libres contra el Ejército Rojo del Ruhr, y una vez más en marzo de 1921, para exigir a Alemania puntualidad en el pago de las reparaciones. Los objetivos franceses eran realmente mucho más ambiciosos. En su zona de ocupación en la cuenca del Rin apoyaron abiertamente el secesionismo; en junio de 1919, a instancias de Francia se había proclamado la llamada “República de Renania”, aunque el proyecto fracasó a la hora de atraer apoyo popular.

Tras la tercera ocupación francesa, el gobierno alemán hizo pública inmediatamente una llamada a la resistencia pasiva, que recibió un apoyo popular abrumador. Pronto se produjeron choques entre las tropas de ocupación y los habitantes de la zona, y miembros de los Cuerpos Libres “clandestinos” comenzaron a viajar a Renania para llevar a cabo actividades encubiertas. Los “colaboradores” alemanes con los franceses eran el objetivo principal, y el 31 de marzo el líder del movimiento secesionista del Renania-Palatinado fue asesinado. Como era de esperar, las tropas francesas respondieron con sabotaje y ejecuciones sumarias.

El 26 de mayo los franceses fusilaron a un veterano de Ejército y de los Cuerpos Libres llamado Albert Leo Schlageter por volar un puente. En una Alemania traumatizada por la ocupación francesa, Schlageter se convirtió inmediatamente en un mártir nacional (una década después una sección de la Jagdgeschwader 26 en la Luftwaffe tomaría su nombre).

En septiembre de 1923 el gobierno alemán decidió terminar con la campaña de resistencia pasiva, pero la lucha clandestina continuó. El 21 de octubre, de nuevo a instancias de Francia, se proclamó una república de Renania, pronto seguida de una república del Palatinado. Un grupo de la Ehrhardt Brigade asesinó a un político nombrado presidente ésta última. Aunque los franceses se quedaron en el Ruhr durante unos meses más, sus intentos de fomentar el secesionismo fallaron estrepitosamente.


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Mensaje por Erich Hartmann » Mar Dic 26, 2006 2:37 pm

¿Vuelta a 1918?

Mientras el corazón industrial del Ruhr quedaba paralizado por la ocupación francesa y la consecuente resistencia pasiva de los alemanes, el gobierno alemán recurrió a la impresión en masa de billetes, provocando una hiperinflación que destruyó por completo la economía, (en noviembre de 1923 un paquete de cigarrillos costaba 4.000.000.000 de marcos). El colapso económico obviamente provocó mucha miseria, miedo y agitación social; y al mismo tiempo, la decisión de detener la campaña de resistencia pasiva –“capitular ante los ocupantes”- enfureció a los nacionalistas alemanes. Además de las amenazas secesionistas de Renania y de los monárquicos bávaros, en 1923 el atormentado gobierno alemán también tuvo que hacer frente a la posibilidad tanto de un Putsch por parte de la extrema derecha, como de un alzamiento comunista. A veces parecía que Alemania estaba en serio peligro de volver al caos de 1918.

La amenaza de la derecha provenía de los miembros de los Arbeitkommando, la parte más importante del “Reichswehr oscuro”, en los que el espíritu de los Cuerpos Libres aún seguía siendo fuerte. El malestar por la detención por parte del gobierno de la campaña de resistencia pasiva en el Ruhr comenzó a extenderse entre oficiales y tropa, que creían contar con el apoyo del Alto Mando de Reichswehr para un golpe de estado. Pero los generales rechazaron categóricamente unirse a ellos, y el golpe planeado quedó reducido a un simple motín el 30 de septiembre de 1923, que fue controlado por el Reichswehr sin tener que disparar un solo tiro. El general von Seeckt aprovechó la oportunidad par ordenar la disolución del “Reichswehr oscuro”. Los nacionalistas radicales, frustrados, dejaron de creer que “el Ejército salvaría Alemania”. En el futuro, confiarían sus esperanzas en agitadores políticos como Hitler.

En el otro lado del espectro político, os comunistas nunca habían sido tan fuertes. El caos social y económico favoreció al KPD, que ganó representación en los gobiernos provinciales de Turingia y Sajonia. El nuevo gobierno nacional liderado por Stresemann, que tomó posesión del cargo en septiembre, abandonó la política llevada a cabo por los anteriores gobiernos de la República Alemana: amistad con la Unión Soviética (por ejemplo, el Tratado de Rapallo, en 1922) y confrontación con las Potencias Occidentales. En Moscú, este cambio de rumbo se consideró muy peligroso, porque aumentaba el aislamiento de Rusia. Con la esperanza de que la caótica situación fuera favorable para un “Octubre Alemán”, el Komintern ordenó al KPD tomar las calles. A finales de octubre se convocó una huelga general, y se produjeron intentos de insurrección armada en Hamburgo y Berlín. Sin embargo, la Policía y el Reichswehr demostraron ser capaces de aplastarlos, (y también de controlar la situación en Turingia y Sajonia, donde los gobiernos influenciados por los comunistas fueron derrocados por las autoridades militares).

En resumen, en menos de un mes y con un ambiente de enormes trastornos sociales en contra, las tropas del gobierno y policías habían demostrado ser totalmente competentes al derrotar un motín promovido por veteranos de los Cuerpos Libres enrolados en el Arbeitkommando, y de frustrar un intento de alzamiento comunista sin tener que recurrir a los Cuerpos Libres. La separación entre los antiguos Cuerpos Libres y el Reichswehr pronto se haría definitiva en Munich.


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Mensaje por Erich Hartmann » Mié Dic 27, 2006 12:17 pm

El último episodio

En Munich, el gobierno conservador de Gustav von Kahr apoyaba la autonomía bávara y la restauración de la monarquía de los Wittelsbach. Desde la Räterrepublik en abril de 1919, los conservadores bávaros tenían un miedo fundamental de la izquierda revolucionaria. Por lo tanto, protegieron a los grupos anticomunistas más radicales; pero ésta fue una alianza inestable, ya que algunos de estos grupos eran pangermanistas y enemigos del “secesionismo” bávaro. En Baviera, algunos Cuerpos Libres seguían existiendo pero muy disgustados, por ejemplo el Bund Oberland. No obstante, el elemento más dinámico en la política bávara era el NSDAP de Hitler con su milicia callejera: los Sturmabteilungen (SA). A pesar de que sus miembros estaban enrolados en una unidad Zeitfreiwillige en 1920, y aunque los veteranos de la Ehrhardt Brigade habían sido aceptados como delegados en 1921, Hitler temía que las SA se militarizaran demasiado.

Aunque una figura típica de los Cuerpos Libres había financiado a Hitler, el Hauptmann Ernst Röhm, los dos tenían sus propias prioridades, y en 1921 Röhm había fundado su propia milicia, Reichskriegsflagge, que seguía firmemente la tradición de los Freikorps. En enero de 1923, en la atmósfera febril que siguió a la ocupación francesa del Ruhr, el Bund Oberland, Reichskriegsfalgge y el NSDAP unieron sus fuerzas en una liga nacionalista y radical. Como una “guerra de liberación” contra Francia parecía inminente, Hitler permitió que sus SA recibieran entrenamiento militar. En septiembre le pusieron a la federación el nuevo nombre de Kampfbund (“Liga de combate”), pero para entonces Francia ya no estaba considerada el enemigo principal, ya que su lugar fue ocupado por el gobierno de Berlín, que se había rendido a los franceses. Discursos agitadores acerca de una “Marcha sobre Berlín” atrajeron a los veteranos más radicales de los Cuerpos Libres, como por ejemplo el Hauptmann Rossbach; pero simultáneamente había mucha actividad entre los monárquicos bávaros conservadores, que tenían otros planes. En Munich, cada uno de estos grupos rivales de extrema derecha intentaba superar al contrario acelerando sus propios planes, mientras Berlín trataba de protegerse contra ambos.

En la noche del 8 de noviembre, Hitler y sus hombres asaltaron una reunión de Kahr y sus seguidores, y en lugar de la independencia de Baviera, proclamaron una “revolución nacional”. Al día siguiente, el Bund Oberland, la Reichskriegsflagge y las SA intentaron hacerse con el control de Munich como primer paso en su marcha sobre Berlín. Este “Putsch de la cervecería” del 9 de noviembre de 1923 fue planeado y ejecutado de modo incompetente y la policía lo controló con una facilidad humillante. Exactamente cinco años después del inicio de la revolución alemana, los últimos restos de los Cuerpos Libres habían escrito el capítulo final de su historia.


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Mensaje por Erich Hartmann » Jue Ene 04, 2007 7:17 pm

Los Freikorps sometidos a examen

Para algunos historiadores los Cuerpos Libres no tienen un sitio en la historia militar, sino en la política. Parecen ignorar el hecho obvio de que en siglo XX las guerras civiles tuvieron unas consecuencias tan importantes como las guerras convencionales. De hecho, soldados voluntarios motivados por la política como los Freikorpskämpfer fueron decisivos en conflictos demasiado numerosos para nombrarlos, desde los Guardias Rojos de la Revolución Rusa, los Vietminh en la década de 1950 o los mujahideen de la década de 1980. Los Freikorps lucharon y derrotaron al partido revolucionario de izquierdas más grande de la Europa Occidental; minimizaron las pérdidas territoriales en las mismas fronteras del país y previnieron la desintegración nacional. Muestran un claro parecido a los logros más o menos simultáneos del Ejército nacionalista turco de Kemal Ataturk.

Las unidades

Nacidas en circunstancias revolucionarias y con un carácter provisional inevitable, cada Freikorps adaptó su propia organización y estructura a su poder, recursos y objetivos. Es imposible fijar, incluso de forma aproximada, “tablas de organización y equipamiento” para estas unidades. La mayoría de ellas hicieron su aparición en los primeros meses de 1919 y se disolvieron a finales de ese mismo año. Algunas duraron sólo unas pocas semanas antes de integrarse en cuerpos mayores. Muchas se crearon como reacción a alguna amenaza local y específica y se disolvieron cuando dicha amenaza desapareció. No obstante, sí es posible agrupar a los Freikorps en varias categorías distintas.

En la primera categoría podríamos encuadrar las grandes formaciones, reclutadas por generales o coroneles, capaces de alinear fuerzas cercanas a brigadas o con fuerza similar a la de una división, por ejemplo mil hombres en varias unidades, a menudo con sus propias fuerzas de artillería, ingenieros y otros elementos de apoyo. Casi todas nacieron a partir de unidades regulares del Ejército Imperial. En este grupo podríamos agrupar el Badischen Volksheer, Bayerischen Schützenkorps (FK von Epp), Deutsche Schutz Division, Garde Kavallerie Schützen Division, Freiw.Abt. Haas, FK Held, Freiw. Landesjägerkorps, Freiw. Landesschützenkorps, y el Schutztruppe Regiment von Lettow-Vorbeck. Debido a su importante potencia militar, este tipo de Freikorps tomaron parte en varias operaciones en toda Alemania. Sus oficiales al mando eran conservadores que no sentían entusiasmo alguno por la república, pero en general tenían propósitos políticos moderados y disolvieron sus unidades cuando los principales peligros para la integridad del estado comenzaron a retroceder. Por lo general estos cuerpos terminaron integrándose en el Reichswehr. (Una excepción fue el general von Lettow-Vorbeck, que había liderado tropas durante la guerra en el África Oriental Alemana, Tanzania en la actualidad, con una habilidad y audacia excepcionales. Tras su regreso a Alemania después del Armisticio, su prestigio pronto le permitió reclutar un gran Freikorps que tomó su nombre; pero fue incapaz de adaptarse a la realidad en evolución, y fue destituido tras el Putsch de Kapp y Lüttwitz en abril de 1920).

Su tamaño, estructura y operaciones generalizadas sostienen la inclusión en esta primera categoría de las tres Marine Brigades, aunque las dirigidas por Ehrhardt (II.) y von Löwenfeld (III.) eran mucho más radicales en su cariz político.

La segunda categoría abarca la mayoría de los Freikorps; aquellos que se formaron en varias ciudades y regiones para defender el orden público contra la amenaza revolucionaria. Su tamaño era menor que los agrupados en la primera categoría, con cifras que raramente pasaban de acercarse a batallones o regimientos, por ejemplo unos cien hombres. Su existencia fue por lo general efímera. A diferencia de los grandes cuerpos, no sólo estaban compuestos por soldados veteranos, sino que también incluían voluntarios civiles de ideas afines. La mayoría de ellos usaban el título de “Freikorps”, añadiendo después el nombre de su ciudad o región de procedencia. Como ejemplo de una larga lista, vamos a nombrar los siguientes: FK Bamberg, FK Bayreuth, FK Bodensee, FK Chiemgau, FK Düsseldorf, FK Erlangen, FK Göttingen, FK Halle, FK Hessen, FK Landsberg, FK Münsterland, FK Oldenburg, FK Nassau, FK Regensburg, FK Schleswig Holstein, FK Schwaben, FK Thüringen y FK Würzburg. A veces estas unidades no usaban el título de Freikorps, otras denominaciones incluyen el Wachtabteilung Bahrenfeld (“Destacamento de guaria Bahrenfeld”) y el Westfälisches Jägerkorps (“Cuerpos de fusileros de Westfalia”).

Algunos de estos Freikorps, reclutados y acuartelados local o regionalmente, crearon unidades poderosas a partir de modestos comienzos: por ejemplo, la Württenburgisches Sicherheit Kompanie, (“Compañía de Seguridad de Württenberg”) se incrementó hasta no menos de diez batallones, ochos baterías artilleras y tres escuadrones aéreos.

Por lo general este tipo de unidades no operaban muy lejos de sus zonas de reclutamiento, pero hay tres excepciones. El más notorio de ellos es el FK Oberland, formado en la Alta Baviera, que luchó en campañas muy lejanas. No fue el único caso: el FK Hessische-Thüringisch-Waldekischen luchó en Silesia; y el Badische Sturmbataillon (“Batallón de Asalto de Baden”) estaba entre las unidades que más duramente combatieron durante la campaña báltica.

Como subgrupo perteneciente a esta segunda categoría podríamos mencionar los cuerpos locales de autodefensa formados en las regiones fronterizas: por ejemplo, el Oberschlesien Freiwilligen Jägerkorps (“Cuerpos de fusileros voluntarios de Alta Silesia”), Sähsische Grenzjägerbrigade (“Brigada fronteriza de fusileros de Sajonia”), Ost Preussische Freiwilligen Jägerkorps y el FK Königsberg (Prusia Oriental), y en Prusia Occidental el Festung Freikorps Thorn (“Cuerpos Libres de la Fortaleza de Thorn”), en lo que actualmente es la ciudad polaca de Torum.

En la tercera categoría podríamos incluir aquellos Freikorps organizados y dirigidos por oficiales subalternos, rara vez con un cargo en el campo de batalla. Por lo general, tenían la fuerza aproximada de un batallón, a veces menos, (una compañía poderosa) o incluso menos (un débil regimiento). En contraste con la primera categoría, compuesta por unidades lideradas por generales con objetivos moderados, y con la segunda, cuyo objetivo era generalmente la defensa local, en esta tercera categoría encontramos a los líderes y soldados más radicales de los Freikorps. Sus oficiales y hombres eran veteranos curtidos en la primera línea de frente que no podían aceptar que Alemania hubiese sido derrotada en el campo de batalla; odiaban los partidos de izquierdas por “apuñalarlos por la espalda”, y aborrecían también la república por haber “deshonrado” a Alemania al firmar el Tratado de Versalles.

Cuando estalló la revolución en Alemania, muchos oficiales superiores eligieron desaparecer de la escena pública hasta que la tormenta hubiese pasado. Con este vacío entraron en escena jóvenes tenientes y capitanes que reunieron a su alrededor soldados leales preparados para luchar. Se podría decir que estos grupos encarnaban el espíritu “clásico” de los Freikorps, pero su ésprit de corps era la gran debilidad interna del movimiento de los Cuerpos Libres. Desilusionados por el liderazgo político y militar de su país, muchos Freikorpskämpfer no reconocían autoridad alguna más allá de sus propios jefes; y como consecuencia, los Cuerpos Libres nunca pasaron de ser una constelación variopinta de unidades militares separadas y más o menos reducidas. No obstante, aunque a veces presentaron una imagen cercana a la anarquía militar, cuando llegó la hora de luchar, estos grupos ferozmente independientes no vacilaron en situarse bajo las órdenes de generales del Reichswehr, hasta que los objetivos inmediatos se habían logrado.

Algunos de estos cuerpos tenían unos orígenes en unidades del Ejército Imperial fáciles de rastrear, generalmente regimientos de guardias, y usaron nombres de las ciudades en donde estaba su guarnición (FK Potsdam, FK Haccketau, etc.). Sin embargo, normalmente tomaban sus nombres de sus líderes: simbolizaba los profundos vínculos personales entre los soldados y el jefe alrededor del cual se habían reunido, a veces un oficial carismático y altamente condecorado en combate. Los ejemplos de esta categoría de Freikorps también son muy numerosos; una lista meramente representativa podría incluir el FK von Aulock, FK von Brandis, FK von Breause, FK Brüssow, FK von Diebitsch, FK Dohna, FK Faupel (anteriormente FK Görlitz), FK Gabcke, FK Hübner, FK Hunicken, FK von Klewitz, FK Kühme, FK Lichtschlag, FK von Liebermann, FK Lierau, FK Liftl, FK Lützow, FK von Medem, FK Negenborn, FK Osterroth, FK von Oven, FK Paulssen, FK von Petersdorff, FK Petsch, FK Pfeffer, FK von Plewe, FK Severin, FK Thummel, y FK Wolf.

A veces el nombre del comandante estaba precedido por otras designaciones. Algunas unidades usaban términos como Abteilung (“destacamento”), Freiwilligen Abteilung o Freiwilligen Bataillon, incluyendo los liderados por Vulgo, Dorthenleitner, Galsser, Henke, Schaaf, Schad, von Schauroth, Voighleitner, von Waltzen y Wildermut. El término Regiment se usaba con poca frecuencia, aunque un ejemplo es el Freiwillige Regiment Tüllmann. La palabra Sturm (“asalto”) aparecía en títulos semejantes como el Sturmabteilung Rossbach, Sturmbataillon Schmidt y Sturmbataillon Heinz. El término Schar (una palabra arcaica que podría traducirse más o menos como “grupo”) se usaba de vez en cuando, por ejemplo por el Freischar Lautenbacher, y la famosa Eiserne Schar liderada por el Hauptmann Berthold. Finalmente, algunos de estos pequeños cuerpos tomaron a veces el nombre de su comandante en jefe durante la Primera guerra mundial, y encontramos ejemplos como el Freikorps Hindenburg y el FK Gen.Feldmarschall von Hindenburg.

Se debería notar que no todos los comandantes de los Freikorps procedían del Ejército. El destacado “as” de los U-Boote Arnauld de la Perrière organizó y dirigió un Sturmbataillon que fue integrado en la III.Marine Brigade. Uno de los líderes más famosos y carismáticos fue el bávaro Hptm. Rudolf Berthold del Servicio Aéreo del Ejército. Un as de caza con 44 victorias y la codiciada Pour le Mérite, había sido derribado varias veces con dolorosas heridas como resultado, pero rechazó abandonar su escuadrón y continuó volando misiones de combate en un Fokker DVII especialmente modificado. Organizó su propio Freikorps, “El Grupo de Hierro”, que participó en numerosas operaciones, entre ellas la campaña Báltica. Durante el Putsch de Kapp y Lüttwitz su Eiserne Schar se quedó aislado en Harburg, cerca de Hamburgo, y fue rodeado por numerosos militantes de izquierda. Berthold fue capturado y brutalmente asesinado; finalmente los estrangularon con la cinta de su “Blue Max” y su cuerpo fue decapitado y mutilado.

En esta tercera categoría, la evolución de los diferentes Freikorps fue muy desigual. Algunos desaparecieron rápidamente, mientras que otros sobrevivieron durante mucho tiempo, finalmente como organizaciones clandestinas. La disolución de muchos permitido el crecimiento de los restantes, como es el caso del Sturmabteilung Rossbach, que en su momento de mayor esplendor reunió varios miles de hombres.


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Mensaje por Erich Hartmann » Vie Ene 05, 2007 3:04 pm

Equipamiento y uniformes

Debido al tipo de lucha (principalmente callejera) en la que los Freikorps tomaron parte, el equipamiento de la mayoría de ellos estaba limitado a armas de infantería apoyadas por ametralladoras, morteros y lanzallamas. El uso de tanques y artillería era menos común pero no desconocido, especialmente entre las formaciones más grandes. En todos lo casos usaron el equipamiento estándar del Ejército Imperial en tiempos de guerra, a veces complementado con objetos capturados, (por ejemplo tanques británicos). El antiguo Servicio Aéreo también aportó elementos a los Cuerpos Libres, pero el uso de aviones estaba limitado por lo general a labores de reconocimiento y “bombardeo propagandístico”, por ejemplo con panfletos.

Los uniformes usados, cubiertos con gran detalle en los comentarios de las láminas, también procedían del Ejército Imperial, o con las insignias de rango originales o con las regulaciones del Friedenheeres (“Ejército de Paz”) o del Vorläufigen Reichswehr (“Fuerza Imperial Provisional”). La mayor parte de los Freikorps también mostraban algunas insignias peculiares por su cuenta. Estas insignias de unidad eran de muy diversos tipos: escudos heráldicos de su área de reclutamiento; emblemas tradicionales germánicos, militares o “folclóricos”; la letra inicial del nombre del comandante, etc. Algunas eran más sofisticadas, como el barco vikingo de la Ehrhardt Brigade. En emblema adoptado por varias unidades era la Hakenkreuz, la esvástica, que posteriormente fue copiada por el Partido Nazi de los Freikorps. La Totenkopf (“Calavera”) también estaba muy extendida; la insignia con siglos de antigüedad de las unidades de elite de Prusia y Brunswick también había sido usada durante la Gran Guerra por algunas unidades de asalto, tanguistas y pilotos. Como banderas, los Freikorpskämpfer se aferraron a las del Ejército Imperial, (la bandera de guerra de la Kaiserlischenmarine fue una de las más usadas), aunque varios Cueros Libres, como el de Rossbach, también tenían sus propias banderas.


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Mensaje por Erich Hartmann » Sab Ene 06, 2007 1:41 pm

Los voluntarios

Los Freikorps se formaron gracias a los voluntarios, y por esta razón todo estudio debería tener en cuenta sus motivaciones. Es imposible determinar con exactitud cuántos hombres sirvieron en total. Tratando de justificar la derrota espartaquista, fuentes de izquierda han reclamado ridículas cifras que llegan hasta el millón. La estimación más comúnmente aceptada es de unos 150.000 hombres. Tras cuatro años de guerra atroz, la gran mayoría de los soldados alemanes no deseaban otra cosa que regresar con sus familias. ¿Qué razones impulsaron a tantos hombres a continuar la lucha? Se pueden identificar dos minorías activistas frente al fondo compuesto por masas hastiadas de la guerra.

Una estaba compuesta por aquellos a quienes las experiencias de guerra habían transformado en activistas de izquierda, impulsados por el odio hacia el sistema que los había condenado a pasar cuatro años en el infierno de las trincheras, y a sus familias a la pobreza y la escasez. Habían creído en la patria, el ejército y en sus líderes; habían hecho sacrificios incalificables por ellos, y se sentían traicionados. Regresaron a casa totalmente desilusionados con el sistema social y político imperante. Muchos de ellos abrazaron el pacifismo a cualquier precio; pero otros, con un despertar más violento, contemplaron los partidos comunistas que entonces proliferaban por toda Europa, y se alistaron en sus milicias.

En la Volksmarine Division y los diversos “Ejército Rojos” que se formaron por toda Alemania había muchos “luchadores del frente”. Esto sugiere una pregunta: ya que tenían una experiencia militar similar a la de los veteranos de los Freikorps, ¿por qué fueron derrotados por ellos, especialmente cuando a menudo disfrutaban de superioridad numérica? Una respuesta debe ser que en los Freikorps las llamadas “virtudes militares” de la disciplina y obediencia fueron preservadas y ensalzadas, y junto con ellas la efectividad real en combate. Los veteranos revolucionarios sirvieron en milicias que rechazaban explícitamente jerarquías y valores, y que como consecuencia terminaron siendo meros matones armados.

La segunda minoría activista fue la que creó el movimiento de los Freikorps. A pesar de los horrores, sus experiencias de guerra habían grabado en ellos valores y creencias duraderos: patriotismo, a veces ensalzado hasta un nivel místico; un profundo sentido del honor militar y del deber; la necesidad de ver las numerosas vidas perdidas como sacrificios al servicio de una causa que merecía la pena; la inquebrantable lealtad a sus camaradas y a sus líderes en el campo de batalla. Para estos hombres la reincorporación a la vida burguesa fue casi imposible. Poseían un mundo mental separado, en donde el espíritu de lucha, el heroísmo y la camaradería eran los únicos valores verdaderos. Estos hombres existieron en todas las naciones combatientes, cuando encontraron la salida que buenamente pudieron: en Alemania se alistaron en los Freikorps.

Compartían dos fobias principales: hacia los revolucionarios comunistas que amenazaban a una Alemania paralizada tras haber “apuñalado al Ejército por la espalda”, y hacia los políticos burgueses y especuladores que habían permanecido en casa sanos y salvos mientras llevaban a la nación al desastre. Más allá de estos odios comunes, ideas dispares los separaban. Pocos de estos hombres habían recibido una educación política, ninguno había vivido bajo una democracia liberal que funcionase, y muchos se conducían por una cruda emoción en vez de por cualquier análisis ideológico sofisticado. Un ferviente nacionalismo y un feroz anticomunismo eran los motores de su pasión, y esto bastaba par la mayoría de ellos.

Algunos añoraban los “buenos días dorados” del Kaiser y soñaban con una restauración de los Hohenzollern; pero muchos estaban preparados para apoyar e incluso proteger la República, mientras ésta fuera capaz de imponer su autoridad, establecer la ley y el orden y defender los intereses alemanes y su prestigio. Ante de 1914, el SPD era el Partido Socialista más grande de Europa, con apoyo generalizado entre la clase trabajadora a partir de la cual gran parte del Ejército Alemán había sido reclutado. Muchos de los veteranos de los Freikorps eran antiguos votantes del SPD, algunos incluso militantes. Pero la república no podía satisfacerlos: había nacido en medio de un caos revolucionarios, durante sus primeros años tuvo que hacer frente a una crisis económica y social; además, sus mentes estaban contaminadas de forma indeleble por el vergonzoso y ruinoso Tratado de Versalles.

Un grupo distinto dentro del movimiento de los Freikorps, quizá el meno numeroso pro el más activo a un plazo más largo, ni deseaba la restauración del anterior régimen ni podía aprobar, bajo ninguna circunstancia, la Republica de Weimar. Eran radicales que trabajaban para una dictadura nacionalista de la que pensaban que podría restaurar con rapidez la unidad y la fuerza de Alemania, imponiendo un programa social para purificarla de las influencias extranjeras degeneradas. Finalmente, se salieron con la suya…


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Mensaje por Erich Hartmann » Sab Ene 06, 2007 11:53 pm

Logros en combate

Algunos Freikorps rara vez entraron en combate, mientras otros lucharon desde Curlandia hasta el Ruhr. Se estima que las confrontaciones armadas entre facciones rivales en Alemania durante el período comprendido entre 1918 y 1923 costaron unas 25.000 vidas. Esta cifra, a pesar de ser considerable, está muy por debajo del número de muertos registrados en otros conflictos civiles europeos durante el período de entreguerras (por ejemplo, la llamada Guerra Finesa de Independencia, que realmente tuvo claro elementos de una guerra civil).

Las victorias de los Freikorps se debieron en gran medida a su incuestionable superioridad militar sobre las diversas milicias de izquierda que les hicieron frente. Aunque los Freikorps fueron superados en número ampliamente en Berlín, Munich y el Ruhr, disfrutaron de ventajas en forma de disciplina, alta motivación, liderazgo resuelto y competente y experiencia táctica. Vencieron incluso a pesar de la mayoría de esas operaciones conllevaban lucha callejera, para la cual el Ejército Imperial no estaba preparado. Sus oponentes a menudo fueron hechos pedazos cuando tuvieron que hacer frente a la amarga prueba de un asalto enérgico y bien organizado.

Las fuerzas polacas, letonas y estonias a las que los Freikorps hicieron frente en las fronteras no pueden considerarse ejército regulares en sentido normal del término, sino más bien milicias patrióticas en evolución hacia ejércitos nacionales. No obstante, ya que los Freikorps a los que se enfrentaron también carecían de los recursos normales de un ejército regular, podemos hablar con razón de oponentes aproximadamente igualados. En semejantes confrontaciones los Freikorps no siempre obtuvieron la victoria, pero su rendimiento frente a los polacos fue notable. La milicia nacionalista polaca del POW era combativa, estaba muy motivada y bien organizada y recibía el apoyo de oficiales y suboficiales profesionales con experiencia en batalla adquirida durante su servicio en otros ejércitos durante la Primera guerra mundial; pero nunca consiguieron ni una sola victoria sobre los Freikorps. En la primera campaña báltica, los Freikorps derrotaron al Ejército Rojo Ruso, un ejército aún en proceso de desarrollo, pero capaz de infligir considerables derrotas a los Blancos. En todas esas victorias, desde las calles de Berlín hasta las laderas de Annaberg, un elemento fundamental fue el espíritu agresivo, y las tácticas flexibles y oportunistas heredadas de las Stosstruppen, las unidades de asalto de la Primera guerra mundial.


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