El Pacto de Munich

Acontecimientos políticos, económicos y militares relevantes entre noviembre de 1918 y septiembre de 1939

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Badoglio
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Mensajepor Badoglio » Lun Ene 08, 2007 3:05 pm

Sinceramente creo que ambas políticas(francesa y británica), no supieron realmente, cuales eran las verdaderas intenciones de Alemania.
Todo ahi que decirlo eso si... los alemanes supieron engañar bien en ese momento con la escusa de los Sudetes.

SALU2
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cetme
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Re: El Pacto de Munich

Mensajepor cetme » Sab Ago 10, 2013 1:16 pm

Un tema que hace tiempo que dejo de tener aportes,por lo cual paso a dejar este documental que nos narra,lo sucedido en aquellos dias y hace un analisis,sobre las decisiones tomadas por naciones y dirigentes.
http://www.youtube.com/watch?v=cT5oncqKuIw

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Juan M. Parada C.
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Re: El Pacto de Munich

Mensajepor Juan M. Parada C. » Mar Feb 04, 2014 8:30 pm

Los acuerdos de Munich tuvieron,según mi punto de vista,una importancia política enorme.Era como si las potencias centrales hubiesen ganado la primera guerra mundial veinte años después.Porque Hitler controlaba ahora el antiguo territorio austríaco,el nucleo de la Mitteleuropa pangermana.El interior checo de Bohemia y Moravia se hallaba a su merced, y estaba preparado para iniciar su tan cacareada expansión hacia el este.Los franceses habían roto ya su viejo tratado con los checos y perdido su categoría europea.La III República francesa quedó profundamente humillada.Los pacifistas de toda una vida,como León Blum,sabían que esta paz era precaria.Era,por lo tanto, otro paso más hacia el sendero de la segunda guerra, que las potencias democráticas de la época(Francia e Inglaterra) no pudieron evitar sino retrasar un poco la agonía que conllevaría después esta contienda global en la que arrastraría a media humanidad en verse afectada directamente por tamaño cataclismo bélico.
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leandro z
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Re:

Mensajepor leandro z » Jue Feb 06, 2014 9:18 pm

Francis Currey escribió:Felicidades por tan buen post amigo, aquí en España la prensa se hizo eco de la noticia como muestra el diario la razón, aunque quizás de un modo peculiar

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No me resulta tan extraña. Viendo la cuestión desde la óptica de hoy en día, y con la tan criticada política de apaciguamiento, la conclusión es que la potencias aliadas cedieron ante Hitler.

Pero en realidad "el caso Verde" (ataque de Checoslovaquia) era inminente cuando Chamberlain decidió viajar a Baviera y entablar conversaciones con Hitler. La propuesta del bitánico hizo que Hitler se hechara atrás en su decisión ya tomada de atacar militarmente a Checoslovaquia y adueñarse de la Bohemia y la Moravia enteras.

El hecho de que le hayan propuesto quedarse con todas las zonas chechas con más del 50% de población alemana, ponía en una dificil situación a Hitler, que no tuvo más remedio que aceptar el trato. De todas formas el Fuhrer se quedaría con la espina en el ojo y reconocería ante sus colaboradores que la intervención de Chamberlain le había imperido adueñarse de la totalidad de lo que actualmente es la República Checa. Ya es historia conocida lo que sucedió unos meses más tarde con el resto del territorio.

Un año más tarde, durante la crisis polaca, uno de los temores de Hitler (que se había envalentonado y no se limitaría solamente a ocupar el corredor polaco y Danzig), era que Inglaterra saliera con una propuesta de último momento y negociar esos territorios con Alemania. De hecho los intentos por parte del gobierno de Chamberlain no faltaron.

Saludos....

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Chepicoro
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Re: El Pacto de Munich

Mensajepor Chepicoro » Lun Sep 22, 2014 11:57 pm

Entiendo que muchas veces analizamos los hechos desde la perspectiva actual, es decir, ya con los hechos consumados y donde ahora sabemos que el ejército alemán no estaba listo en 1938 para una gran guerra en Europa y que la imagen de las fuerzas armadas alemanas era en buena medida propaganda del régimen.

Pero eso en 1938, nadie en Inglaterra o Francia lo sabían, solo estaban enterados que Alemania les llevaba ventaja en el proceso de rearme, y lo que si sabían a ciencia cierta es que sus ejércitos no estaban listos para una guerra.

No justifico lo que le hicieron a Checoslovaquia, pero el hecho es que después de frimado Munich tanto Inglaterra como Francia multiplicaron su presupuesto de defensa y la forma en que se gasta el presupuesto de un estado es mucho más elocuente que cualquier discurso, claramente después de Munich se prepararon para la guerra por si Hitler no cumplía su palabra.

En millones de libras, gasto de defensa de la Gran Bretaña
Año.........Millones Libras..........% del gasto del gobierno
1936.......186...............................21
1937.......257................................25
1938.......397................................38
1939.........719...............................48

Fuente: Death by Design de Peter Beale, Editorial The History Press página 11. Los datos de Francia no los tengo a la mano

Werto

el máximo ejemplo de la política británica, cuyo único y final objetico era buscar lanzar a Hitler sobre la URSS, incluso en mayo de 1940.


Propaganda soviética que no se sostiene en ninguna evidencia sobre algún documento del gobierno inglés... el león cree que todos son de su condición.
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Schwerpunkt
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Re: El Pacto de Munich

Mensajepor Schwerpunkt » Mar Sep 23, 2014 4:49 pm

¡ Saludos a tod@s !

Desde luego el Pacto de Munich tuvo una importancia tremenda. Tuvo unas importantísimas repercusiones políticas, económicas, diplomáticas etc que resumiré en una: Hitler se apoderó de Europa Central (la famosa Mittleuropa) sin disparar un sólo tiro. Gran parte de los efectos del Pacto de Versalles habían sido anulados al destruir a un estado surgido del mismo (Checoslovaquia) atraer a otros a la órbita alemana (Hungría y Rumanía) y la destrucción de buena parte del sistema de pactos diplomáticos. Para empezar Polonia quedaba aislada y vulnerable como la campaña de septiembre de 1939 demostraría. La Unión Soviética vista la falta de pragmatismo occidental optaría por aliarse con su enemigo ideológico ante la falta de apoyo sufrida para erigir un "cordón sanitario" frente al III Reich.

Además de constituir un sólido bloque terrestre para proseguir sus actividades expansionistas o de influencia por los Balcanes, la industria y recursos adquiridos eran muy valiosos y permitirían a Hitler realizar su posterior conquista de la Europa continental. Esta conquista no hubiera sido posible sin esos recursos como sabemos.
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maxtor
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Re: El Pacto de Munich

Mensajepor maxtor » Jue Sep 25, 2014 11:38 am

Saludos cordiales.

El Pacto de Munich fue simplemente la manifestación última de la política de apaciguamiento, que las democracias occidentales mostraron con Hitler, pero sin quitarle importancia a dicho pacto y a su posterior incumplimiento por parte de Alemania al invadir Checoslovaquia volviendo a incumplir Hitler su palabra, creo que años atrás Hitler vió claramente que las democracias estaban derrotadas.

Creo que un punto de inflexión claro fue la ocupación de Renania que dejó una huella importante en Hitler, no sólo en su desprecio hacia los dirigentes democráticos sino en su propia infalibilidad. La fuerza alemana que se envió a Renania fue sólo de 30.000 soldados, y sólo 3.000 hombres entraron en la zona, el resto tomó posiciones detrás de la orilla oriental del Rin, y con ordenes de replegarse en el caso de que Francia reaccionara con el envío de tropas. Los servicios franceses habían calculado (contando como soldados a las SA, las SS y otras formaciones nazis) una cifra extraordinaria de 295.000 efectivos militares alemanes en Renania. En realidad con una sola división francesa se hubiera puesto fin a la aventura de Hitler. La estimación de los servicios secretos no es una anécdota sino que sugiere un dato que, suele dejarse de lado, y es que habitualmente los servicios de información otorgan información ya decidida anteriormente por los gobiernos respectivos. Los gobiernos de Francia y GB habían decidido apaciguar a Alemania, y hasta 1939 sobrevaloraron claramente las capacidades de Alemania.

A las democracias occidentales les faltó la voluntad y la unidad necesarias para haber intervenido, pero para Hitler el triunfo tuvo un valor incalculable, no sólo había ganado la partida a las grandes potencias ( en Munich volvió a ganar pero no fue la primera vez y sinceramente se creyó estafado al haberse privado de su guerra), sino que también logró una importante victoria sobre las fuerzas conservadoras de su propio país, en el ejército y en el M. A. Exteriores. Se demostró en marzo de 1935, que la cautela y la falta de coraje de la cúpula militar y de los diplomáticos de carrera eran un error. Renania fue la gestación que posteriormente arrojó el parto del Pacto de Munich. Si entre 1933 y 1938, Hitler hubiera tenido un único revés diplomático internacional serio, creo que las cosas hubieran devenido por otro lado; o si las democracias hubieran planteado una guerra preventiva entre 1933 - 1936, hoy en día los historiadores estarían hablando si Hitler simplemente era un conservador radical, y posiblemente se estaría criticando tal medida militar.

El Pacto de Munich, sí que tuvo una importancia fundamental en el giro de la política exterior británica. Hasta el momento la opinión pública británica pensaba que muchas de las concesiones realizadas a Alemania eran justas y en buena lógica con el principio de autodeterminación de los pueblos, pero tras Munich, Chamberlain y el pueblo británico cambiaron de actitud y nunca más se dejarían estafar o chantajear. Discrepo en que se pueda considerar Munich como una treta de Francia y GB para que Alemania y la URSS se desangraran en una guerra, no tiene sentido con los hechos posteriores que GB diera garantías unilaterales a Polonia, que se presentaba claramente como la siguiente víctima de Hitler. Si en el pensamiento estratégico inglés hubiera estado tal cinismo, ¿por qué dicha garantía británica a Polonia?. No tiene sentido.... Si Francia y GB hubieran dejado a Alemania conquistar Polonia sin declarar la guerra, Hitler hubiera logrado una guerra de un único frente contra la URSS en 1939, y precisamente fue esa necesidad (ante la declaración de guerra británica) la que le llevó al Pacto de no Agresión con la URSS.

PD: Las cifras sobre tropas en Renania véase Ian Kershaw, "Hitler", p. 477.
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Axel Alvarado
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Re: El Pacto de Munich

Mensajepor Axel Alvarado » Mar Oct 07, 2014 1:41 am

cabe mencionar que algunos consideran que las potencias europeas querían que el nazismo se enfrentara al socialismo hasta desgastarse. Sin embargo la derrota nazi en Stalingrado cambio la percepción que se tenía sobre los soviéticos.

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Re: El Pacto de Munich

Mensajepor Chepicoro » Mar Oct 07, 2014 6:14 pm

Axel Alvarado escribió:cabe mencionar que algunos consideran que las potencias europeas querían que el nazismo se enfrentara al socialismo hasta desgastarse. Sin embargo la derrota nazi en Stalingrado cambio la percepción que se tenía sobre los soviéticos.


Versión que nace de la propaganda soviética, en específico del libro "Falsificadores de la Historia" editado y parcialmente escrito por Stalin, publicado en contestación a un libro publicado por el departamento de estado de los Estados Unidos en enero de 1948, donde se publicaba la copia alemana del pacto Molotov–Ribbentrop junto con las cláusulas secretas donde se especificaba la división de Europa oriental en esferas de influencia y la invasión conjunta de Polonia.


En el libro de Stalin se sostenía que en los acuerdos de Munich, los anglo-franceses habían pactado cláusulas secretas con Alemania para que esta dirigiera su expansionismo hacia la URSS, lo cual es falso. En cambio las cláusulas secretas del pacto Molotov–Ribbentrop que si fueron reales, la URSS negó su existencia hasta 1989.

http://en.wikipedia.org/wiki/Falsifiers_of_History

Aclaro que no he leído el libro solo tengo referencias sobre su contenido.

La propaganda, no sólo la soviética distorsionan las cosas, una pizca de verdad y 3 de medias verdades y falsedades.
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Re: El Pacto de Munich

Mensajepor José Luis » Mar Nov 04, 2014 10:17 am

¡Hola a todos!

El Pacto de Munich fue el colofón fatídico de la política exterior de apaciguamiento de los gobiernos franco-británicos durante la década de 1930. La propia expresión "política de apaciguamiento" se me antoja un sarcástico eufemismo que oculta las concesiones por parte de los gobiernos británico y francés -entonces las dos potencias que debían guardar el statu quo político europeo establecido a raíz del Tratado de Versalles- hicieron a los regímenes políticos autoritarios (Italia y Alemania) a costa, principalmente, de regímenes políticos pluralistas, como España y Checoslovaquia. Esas concesiones, que culminaron con el malogrado Pacto de Munich en septiembre de 1938, no fueron motivadas, como se presentaron (y aun hoy se presentan) de cara a la galería, por un deseo sincero de mantenimiento de la paz, sino más bien por los diferentes intereses creados dentro de los gobiernos británico y francés, en el establishment de ambos países, y por prejuicios ideológicos de sus prohombres, principalmente.

En este sentido, no se puede entender la postura de las diplomacias británica y francesa en el Pacto de Munich sin que previamente se estudien sus antecedentes. Naturalmente, no pretendo exponer aquí la historia de los mismos, pero creo conveniente mencionar brevemente los más importantes. A mi juicio, puede decirse que el primer gran desafío contra el orden político europeo post-Versalles vino dado por la invasión italiana de Etiopía en octubre de 1935. El gobierno británico quiso reaccionar (poner en práctica las sanciones impuestas a Italia por la Sociedad de Naciones), pero se encontró con que los intereses estratégicos defendidos por el gobierno francés eran contrarios a tomar medidas serias contra Italia. Además, estaban los intereses económicos, tanto británicos como franceses, obviamente contrarios a los embargos decretados por la Sociedad de Naciones contra Italia.

La invasión italiana de Etiopía y la ausencia de respuestas contundentes por parte de las dos grandes potencias occidentales, Gran Bretaña y Francia, proporcionaron a Hitler (que por supuesto se mostró contrario a cualquier sanción contra Italia) el estímulo decisivo para dar su primer gran paso en política exterior contra el Tratado de Paz de Versalles: la remilitarización de Renania en marzo de 1936. Con ello, Hitler consiguió un objetivo geoestratégico de importancia geográfica y económica vitales. La respuesta de los gobiernos británico y francés ante esta vulneración del Tratado de Paz de Versalles fue una repetición de la que tuvieron ante Italia el año anterior, sólo que esta vez cambiaron los papeles: fue el gobierno francés el que, débilmente, quiso reaccionar, y fue el gobierno británico (que el año anterior había firmado un acuerdo naval bilateral con el gobierno alemán) el que se mostró en contra de una respuesta contundente. Y por los mismos motivos. Ni que decir tiene que en marzo de 1936 Alemania no estaba en absoluto preparada militarmente para defender su ocupación militar de la Renania ante una reacción franco-británico seria. De haber sucedido esto último, la consecuencia indirecta más probable sería el final de Hitler y su régimen nazi. Desgraciadamente nada parecido sucedió, y Hitler tomó carrera.

Meses después de la ocupación militar alemana de Renania tuvo lugar el tristemente famosos golpe de estado civil y militar contra el gobierno de la República Española, en julio de 1936, cuyo fracaso provocó el estallido de una guerra civil. De no ser por las ayudas e intervenciones militares extranjeras (Alemania, Italia y la Unión Soviética, principalmente) la guerra civil española desencadenada tras el fallido golpe de estado habría quedado estancada por falta de recursos de los beligerantes en el otoño de 1936. Pero lo que me interesa para el tema que estoy tratando es la respuesta que tuvieron ante este conflicto (cuyo origen fue interno, pero cuyo desarrollo estuvo decisivamente marcado por participaciones económicas y militares extranjeras) los gobiernos francés y británico ante las descaradas intervenciones iniciales en el conflicto por parte italiana y alemana, las dos potencias protagonistas de los hechos citados en octubre de 1935 y marzo de 1936. Como es bien sabido, el gobierno británico se opuso al deseo inicial del gobierno francés de vender todo el armamento solicitado por el gobierno español, pese a que pronto se supo que el gobierno italiano estaba enviando ayuda militar al bando español sublevado. A iniciativa del gobierno francés, con el apoyo inmediato del gobierno británico, se estableció el Acuerdo de No Intervención en agosto de 1936, seguido del establecimiento del Comité de No Intervención se septiembre del mismo año. A este acuerdo y comité se adhirieron finalmente 24 países, entre ellos Italia, Alemania y la Unión Soviética. Los firmantes del acuerdo se obligaban a no prestar ayuda militar y prohibir el tráfico de armas con destino a España. El acuerdo, como es de todos conocido, resultó ser una auténtica farsa, aunque para los gobiernos y el ejército republicano fue una auténtica desgracia, quedando abocados a depender casi exclusivamente de la costosa ayuda del gobierno de la Unión Soviética. Otra vez, como en octubre de 1935 y marzo de 1936, los gobiernos de Francia y Gran Bretaña demostraron una interesada pasividad ante la participación de los regímenes autoritarios en la guerra civil de España que acabó arrojando un régimen político autoritario más en la órbita de la Alemania nazi y la Italia fascista, consiguiendo además, con esa pasividad, el acercamiento entre los gobiernos de Hitler y Mussolini, lo que facilitaría más tarde, en marzo de 1938, la anexión de Austria al Tercer Reich.

Así llegamos finalmente a la crisis checa del verano de 1938 y su culminación con el vano Pacto de Munich de septiembre, con la guerra civil española todavía en curso. En la gestación de dicho pacto hubo una ausencia notable: la Unión Soviética, pese a que era garante, con Francia, de la seguridad de Checoslovaquia. Y pese a que fue, como ha quedado bien demostrado por Hugh Ragsdale*, la única potencia que movilizó a su ejército para defender a Checoslovaquia contra la amenazante invasión alemana. Stalin, que todavía entonces defendía la política de seguridad colectiva que su ministro de exteriores Litvinov llevaba buscando en vano desde hacía cuatro años, fue el único líder de las potencias que tenían algo que decir frente a la amenaza de una invasión inminente alemana contra Checoslovaquia que se mostró dispuesto a cumplir las obligaciones derivadas de su tratado de asistencia mutua de mayo de 1935 con Checoslovaquia. Este tratado, en su artículo 2, establecía que el mismo sólo sería activado después de que fuese activado el tratado de asistencia mutua franco-soviético del mismo mes y año. Pero el gobierno francés no hizo honor a sus obligaciones. Y todavía, hasta bien entrado el verano de 1939, el gobierno soviético se mostró dispuesto a formar una triple alianza militar (con Francia y Gran Bretaña) contra Alemania**, pero los prejuicios ideológicos, mostrados principalmente por el premier británico Chamberlain***, imperantes en el bando franco-británico, rindieron inútiles los débiles esfuerzos que sus delegaciones diplomáticas mostraron en Moscú, fracaso que auspició finalmente el pacto de no agresión de agosto de 1939 entre la URSS y Alemania, pacto que selló el destino de Polonia y el inicio de la IIGM.



*Hugh Ragsdale, The Soviets, the Munich Crisis, and the Coming of World War II (Cambridge University Press, 2004).

**Véase viewtopic.php?f=59&t=9438

***Resulta curioso ver que los líderes de los gobiernos británicos de entreguerras, especialmente Chamberlain, mostraron sus mayores recelos hacia una potencia, la URSS, que no contaba entre sus mayores enemigos potenciales por ellos mismos reconocidos, como eran Alemania y Japón. Y sin embargo, lejos de acercarse pragmáticamente (como luego haría Churchill durante la IIGM) al gobierno soviético para establecer una alianza defensiva contra estos dos enemigos potenciales, lo que hicieron fue acercarse (apaciguar) a Alemania y Japón para hacer todo tipo de concesiones a costa de otros. Quizás la explicación más plausible a esta actitud la ha dado Keith Neilson en Britain, Soviet Russia and the Collapse of the Versailles Order, 1919-1939 (Cambridge University Press, 2006), pp. 3-4, al mencionar que:

Of the three revolutionary ideologies [fascismo, nazismo y comunismo o bolchevismo], Bolshevism had the greatest impact on Britain and British strategic foreign policy. Naziism was too racialist and too German to have much domestic appeal in Britain. Fascism had more, but it never attracted more than a tiny minority of Britons. Communism was a different matter. Its tenets, if not its practice, were universalist. This meant that it could act (or could be perceived as acting) as a revolutionary force domestically in Britain. (…) This made Bolshevism a threat to the British Empire and a prime consideration in questions of imperial defence. Thus, an examination of Anglo-Soviet strategic matters forces us to look at how ideology affected the formulation of British policy. This is of interest generally and of particular significance with respect to the crucial events preceding the outbreak of the Second World War.

Saludos cordiales
JL
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maxtor
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Re: El Pacto de Munich

Mensajepor maxtor » Vie Nov 07, 2014 3:26 pm

Saludos cordiales a todos.

Sinceramente creo que en la llamada política de apaciguamiento también hubo algo de salvaguardar la paz por parte de los dirigentes democráticos, aunque lógicamente todos los países primero intentaban mirar para sus particulares intereses, sí que parece claro el que tanto Francia como GB sus sociedades estaban hartas de guerra y que la opinión pública tenía bastante peso en esos países democráticos, sindicatos, asociaciones culturales... y el ambiente general era que mientras Alemania pidiera revisiones lógicas del Tratado de Versalles no había que estirar la cuerda para provocar la guerra.

La agresión de Abisinia por parte de Italia fue un punto de inflexión importante y máxime si tenemos en cuenta que escasos meses atrás, Francia, GB e Italia formaron el frente de Stresa, como una forma de atraerse a Italia a la esfera de las democracias occidentales aprovechándose del miedo que Mussolini tenía de Alemania y que ante la más que posible anexión de Austria podrían arrebatarle el Tirol del Sur, pero el ataque a Abisinia mostró claramente que la sociedad de naciones y el concepto de seguridad colectiva eran arenas movedizas sino se estaba dispuesto a usar la fuerza, o en el caso de Italia, llevar las sanciones económicas al máximo. ¿Qué hubiera costado a las armadas francesas y británicas, en combinación con un embargo de petróleo, para doblegar a Italia?. Poco. Creo que la tibieza de las medidas estuvo muy condicionada con el ánimo de atraerse a Mussolini y alejarlo de Alemania. No obstante, creo que en este aspecto concreto, la URSS tampoco puede sacar pecho en cuanto a su actitud ambivalente respecto a la agresión italiana, ya que pese a su contundente condena en la Sociedad de Naciones, las restricciones del comercio italo-soviético no fueron más allá de los artículos afectados oficialmente por el embargo, y en comparación con el declive del comercio británico y francés con Italia, el soviético solo se redujo ligeramente, mientras que las exportaciones de petróleo a la URSS se incrementaron considerablemente, alimentando la maquinaria bélica fascista. (Stanley G. Payne, “La Europa Revolucionaria”).

Pero lo más lamentable fue – a mi juicio – la actitud de GB, que dos meses después del Frente de Stesa firmó un Tratado naval con Alemania, donde GB demostró que cuando se trataba de salvaguardar su seguridad e Imperio colonical no dudaba en firmar acuerdos bilaterales con los supuestos rivales en vez de con los aliados, como Francia llevaba tanto tiempo anhelando.

Es bien cierto que Alemania fue la potencia que más nota tomó de la actitud de las democracias occidentales respecto a la agresión italiana a Abisinia, y que Alemania cuando ocupó Renania para fortificarla no estaba preparada militarmente, y fue una jugada arriesgada de Hitler, pero la guerra de Abisinia había abierto una brecha entre las potencias occidentales e Italia y el análisis de Hitler fue correcto. Si GB dominadora de los mares no se había atrevido a imponer sanciones petrolíferas a Italia, ¿por qué iba a arriesgarse a una guerra terrestre por un territorio que a la postre era alemán y no implicaba la agresión de fronteras nacionales, como sí ocurría en el caso de Abisinia?. La respuesta era que GB sólo reconocía como una agresión al equilibrio de poder un ataque directo de Alemania a Francia, pero no estaba dispuesta a combatir por Europa oriental. En el aspecto psicológico,el efecto de la actitud pasiva de las democracias fue aún más profundo, ya que el apaciguamiento se convirtió en política oficial y la rectificación de las injusticias de Versalles en idea general, pero quedó claro, para todo el mundo que si Francia y GB no defenderían los acuerdos de Locarno, que ellas mismas habían garantizado, no sería posible de ningún modo que mantuvieran en Europa oriental las soluciones de Versalles.

Renania fue la última oportunidad que tuvieron Francia y GB de parar los pies a Hitler y fue el inicio del camino que llevó a Munich, si Hitler podía hacerse con Renania, Europa del Este quedaría a su merced, ningún país de Europa del Este o en combinación podría hacer sombra a Alemania, su única esperanza era que Francia contuviera la agresión amenazando con invadir Renania. La presión de la opinión pública fue tremenda, ¿había sentido de arriesgar la vida de nuestros soldados porque Alemania recuperara lo que era suyo?. La historia ya ha dado la respuesta, pero en esos años los dirigentes occidentales estuvieron atormentados por la duda, pues en 1936 Hitler seguía beneficiándose de la duda, todos creían estar frente a un dirigente nacionalista de derechas normal, algo inmoderado, pero que intentaba devolver a su país el estatus de gran potencia en igualdad en Europa, nadie pensaba en serio que Hitler tuviera intención de dominar el Centro de Europa para lograr un espacio vital en el Este de Europa que costara la vida de unos 30 millones de eslavos.

Respecto a la Guerra Civil española y la actitud de las potencias democráticas, los observadores europeos ya llevaban varios años percibiendo lo convulsa de la vida política española, y los diplomáticos de Madrid venían preparándose para un posible estallido revolucionario de envergadura. De las grandes capitales europeas occidentales, solo se tenía una visión favorable del gobierno republicano español en París, donde acababa de llegar al poder un nuevo Ejecutifo frentepopulista, aunque bastante más moderado que el de España, y en consecuencia, cuando el gobierno de Giral solicitó armas a París, sobre todo aviones, inicialmente la respuesta francesa fue positiva. Pero en 1936, la principal preocupación de Francia era Alemania y eso la hacía cada vez más dependiente de su aliado británico (M. Thomas, Britain, France and Appeasement: Anglo-French Relations in the Popular Front Era, Oxford, 1996). Los conservadores en el poder en Londres observaron con gran recelo el estadillo del conflicto español y la consiguiente revolución a gran escala ocurrida en la zona republicana, e informaron a París de que el Reino Unido se mantendría al margen del conflicto e instaron a Francia a no implicarse a él, indicándole que si lo hacía podría poner en peligro sus relaciones con Londres. En consecuencia, Francia después de un primer envío de armamento, dio marcha atrás.

Fue un problema de percepción: no todo el mundo veía al Frente Popular español como un ente democrático sino más bien todo lo contrario. Podrían estar o no equivocados, y sería otro debate, pero esa percepción marcó y mucho la respuestas de otros países. El país que más afectado se vio en su política interna por la GCE fue Francia, cuyo sistema político era el más similar al de la 2ª República española. Los conservadores franceses se oponían virulentamente a la izquierda española y a cualquier apoyo que se le pudiera dar, aduciendo que concederlo llevaría a Francia a la guerra civil. Parte de la izquierda deseaba ayudar a la República española (al igual que unos pocos conservadores por razones militares y geoestratégicas), pero el gobierno no deseaba conflicto alguno con el Reino Unido, y además, algunos de los sectores más moderados de la izquierda, fervientemente anticomunistas, sospechaban que, indirectamente, lo que los soviéticos pretendían era implicar a Francia en una guerra con Alemania (J. Borrás Llop, “Francia ante la guerra civil española: burguesía, interés nacional e interés de clase, Madrid, 1981; J. Martínez Parrilla, “Las fuerzas armadas francesas ante la GCE”, Madrid, 1987).

El gobierno británico partió de una desdeñoas concepción de ambos contendientes y viendo en la revolución española nada más que destrucción y problemas para Europa Occidental, nunca cambió de política. Si esto suponía que Franco y sus derechistas ganaran la guerra, Londres estaba dispuesto a aceptarlo, considerando que Franco sería un dictador autónomo que gobernaría teniendo en cuenta los intereses de España y sin convertirse en un peón de Hitler.

Las relaciones entre la URSS y Occidente han sido fruto de ríos de tinta, y si hay algo que resaltar como común denominador es la desconfianza mútua entre las democracias y la URSS. Stalin firmó pactos con Francia en 1935 y con Checoslovaquia al año siguiente, pero los dirigentes franceses de los años 30 se negaron a celebrar conversaciones de sus estados mayores militares con lo que se hacía aumentar las suspicácias de Stalin (cosa no difícil por otro lado), pero esos tratados estaban condicionados, Stalin hizo que la ayuda soviética a Checoslovaquia dependiera del previo cumplimiento de las obligaciones francesas para con Checoslovaquia. Esto es, en caso de agresión alemana a Checoslovaquia, Francia debía atacar primero a Alemania y luego la URSS decidiría en qué situación quedaba ya que de esa forma Stalin podía dejar que los imperialistas lucharan entre sí. Creo que por los datos históricos existentes y por la política soviética desde los años veinte, que pasó por varias fases, sólo podemos suponer lo que habría intentado Stalin en Munich, sin embargo, me parece poco probable en el momento en que estaba convulsionando su país con purgas, que hubiera efectuado una aplicación automática y suicida de un tratado de ayuda mutua con Checoslovaquia, arriesgándose a una guerra directa con Alemania en 1939, cuando su objetivo básico y fundamental fue alejar la guerra en el espacio y el tiempo lo más posible para poder decidir cuándo entrar y de qué forma.

El tratado con Checoslovaquia comprometía a la Unión Soviética sólo después de que Francia entrara en la guerra, y dejaba a Stalin un buen número de opciones, por ejemplo, podía pedir derecho de paso a través de Rumania y de Polonia y aprovechar la casi segura negativa de esos países como coartada para esperar el resultado de las batallas que se entablaran en Europa central y occidental. O bien, según su evaluación de las consecuencias, podía recuperar territorios rusos perdidos ante Polonia y Rumania en las postrimerías de la Revolución soviética, como lo hizo un año después (y puede ser una explicación lógica del movimiento de tropas). El resultado menos probable era que la URSS levantara barricadas como última defensora de los acuerdos territoriales de Versalles en nombre de la seguridad colectiva. (H. Kissinger, “Diplomacia”,pp. 484 – 485).

Está claro que Munich confirmó las sospechas de Stalin respecto de las democracias, pero atribuir en gran parte el pacto entre Hitler y Stalin a la política occidental constituye una errónea interpretación de la psicología de Stalin y mirar con una luz demasiado benevolente la política exterior soviética que no podemos olvidar que en todo momento consistió en enfrentar a los capitalistas entre sí y evitar que la URSS fuese víctima de sus guerras.

Saludos a todos desde Benidorm.
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Re: El Pacto de Munich

Mensajepor José Luis » Vie Nov 07, 2014 7:32 pm

¡Hola a todos!

maxtor escribió:... y el ambiente general era que mientras Alemania pidiera revisiones lógicas del Tratado de Versalles no había que estirar la cuerda para provocar la guerra.


Yo no sé qué entenderás tú, estimado maxtor, por “revisiones lógicas” ni en qué lugar colocas eso del “ambiente general”. Sin embargo, puedo asegurarte que las revisiones alemanas (con respecto al Tratado de Paz de Versalles) se veían de forma muy diferente desde Londres y París. Las islas británicas no tenían el mismo problema que la Francia continental: en Londres no pendía sobre el gobierno británico la amenaza de una invasión alemana; pero en París la única amenaza real venía de Berlín. Por tanto, los límites fronterizos que quedaron estipulados en Versalles eran de vital importancia para cualquier gobierno francés que se preciara de tal, y siempre crucial para el Estado Mayor General del Ejército. Así, la remilitarización de Renania no se consideró de las misma forma desde Londres que desde París. Para el estado francés y sus instituciones, que Alemania se adueñase de la Renania, tal como hizo en marzo de 1936, era una especie de catástrofe a medio plazo. La falta de una reacción contundente por parte del gobierno francés fue el primer gran error mayúsculo de un rosario de errores que venía de lejos y, desgraciadamente, habría de continuar.

maxtor escribió:Stalin firmó pactos con Francia en 1935 y con Checoslovaquia al año siguiente


Esto es incorrecto, estimado maxtor. El Tratado de Asistencia Mutua Franco-Soviético, como así se llamó el pacto, fue firmado el 2 de mayo de 1935, y 14 días después, esto es el 16 de mayo de 1935 se firmó el Tratado de Asistencia Mutua Checo-Soviético.

Estos dos tratados, no lo pierdas de vista, se gestaron a raíz de la declaración pública de Hitler del rearme alemán en marzo de 1935, y por ello Francia, la URSS y Checoslovaquia firmaron esos acuerdos bilaterales para embridar a Alemania.

maxtor escribió:esos tratados estaban condicionados, Stalin hizo que la ayuda soviética a Checoslovaquia dependiera del previo cumplimiento de las obligaciones francesas para con Checoslovaquia.


Eso no es exactamente así. Los dos tratados son parecidos, pero en el protocolo de la firma del tratado checo-soviético, el Artículo 2 establecía que los dos gobiernos (checo y soviético) declaraban que lo estipulado en los artículos 1, 2 y 3 del presente tratado, concluido con la intención de promover el establecimiento en Europa Oriental de un sistema de seguridad regional “inaugurado por el Tratado Franco-Soviético de 2 de mayo de 1935, quedará restringido en los mismos límites tal como fueron establecidos en el párrafo 4 del Protocolo de la Firma de dicho Tratado. Al mismo tiempo, los dos gobiernos reconocen que la tarea de rendir asistencia mutua operará entre ellos sólo en la medida en que las condiciones estipuladas en el presente Tratado puedan ser cumplimentadas y en la medida en que la asistencia pueda ser rendida por Francia a la Parte víctima de la agresión”.

Ahora es necesario ver lo que dice el párrafo 4 del Procolo de la Firma del Tratado Franco-Soviético:

4. Los dos gobiernos levantan acta del hecho de que las negociaciones que han resultado en la firma del presente Tratado fueron establecidas originalmente con la idea de complementar un acuerdo de seguridad abarcando los países de la Europa Nor-Oriental, a saber, la URSS, Alemania, Checoslovaquia, Polonia y los Estados Bálticos que son vecinos de la URSS; aparte de ese acuerdo, debería haberse concluido un tratado de asistencia entre la URSS, y Francia y Alemania, por el cual cada uno de estos tres estados tendría que haber prometido acudir en asistencia de cualquiera de ellos que pudiera ser objeto de agresión por parte de cualquier otro de estos tres estados. Aunque las circunstancias no han permitido hasta ahora la conclusión de estos acuerdos, que ambas partes continúan considerando como deseables, es el caso sin embargo que las tareas estipuladas en el Tratado de Asistencia Franco-Soviético han de ser entendidas como concebidas para aplicar sólo dentro de los límites contemplados en el acuerdo tripartito previamente planeado. Independientemente de las obligaciones asumidas bajo el presente Tratado, se recuerda además que, de acuerdo con el Pacto de No Agresión Franco-Soviético firmado el 29 de noviembre de 1932, y más aún, sin afectar al carácter universal de las tareas asumidas en el Pacto, en el caso de que cualquier parte se convierta en objeto de agresión por una o más terceras Potencias Europeas, no referidas en el arriba mencionado acuerdo tripartito, la otra Parte Contratante está obligada a abstenerse, durante el periodo del conflicto, de prestar cualquier ayuda o asistencia, ya directa o indirecta, al agresor o agresores, cada parte declarando además que no está obligada por cualquier acuerdo de asistencia que fuese contrario a esta tarea.

Fuente de lo copiado (los textos en cursiva) de ambos tratados: John Ashley Soames Grenville y Bernard Wasserstein (de.), The Major International Treaties of the Twentieth Century (Routledge, 2001), pp. 195, 197.

maxtor escribió:Esto es, en caso de agresión alemana a Checoslovaquia, Francia debía atacar primero a Alemania y luego la URSS decidiría en qué situación quedaba ya que de esa forma Stalin podía dejar que los imperialistas lucharan entre sí.


Pura especulación sin fundamento.

maxtor escribió:sólo podemos suponer lo que habría intentado Stalin en Munich, sin embargo, me parece poco probable en el momento en que estaba convulsionando su país con purgas, que hubiera efectuado una aplicación automática y suicida de un tratado de ayuda mutua con Checoslovaquia,


Bien, ese es tu parecer. Yo no te voy a dar el mío. Te voy a decir lo que hizo Stalin, y con ello zanjo todos estos matices y correcciones que he realizado (y que podría seguir realizando, pero el cansancio vence).

El 19 de septiembre de 1938, en pleno clímax de la crisis, Benes (el presidente checo), sabiendo que el destino de Checoslovaquia se estaba decidiendo en su ausencia, llamó al embajador soviético Sergei Aleksandrovskii y le hizo dos preguntas: “(1) ¿Prestaría Moscú asistencia militar a Checoslovaquia si Hitler atacaba y si Francia prestaba tal asistencia, y (2) prestaría de otra forma Moscú tal asistencia si fuese aprobada por la Liga de las Naciones bajo el Artículo 16?”. Al día siguiente, V. P. Potemkin, en ausencia de Litvinov (en Ginebra), respondió a ambas preguntas con un rotundo sí.

Tres días después, el 22 de septiembre, cuando Chamberlain estaba volando hacia Berchtesgaden, el ministro de exteriores checo, Kamil Krofta, llamó a Aleksandrovskii para decirle que los polacos estaban concentrando una gran fuerza militar en la frontera checa, y quería que Moscú advirtiera al gobierno polaco que un ataque sobre Checoslovaquia anularía automáticamente, de acuerdo con el Artículo 2, el Tratado de No Agresión Polaco-Soviético de 1932. Al día siguiente el gobierno soviético cursó dicha advertencia a la embajada polaca en Moscú, a la que siguió una declaración pública a tal efecto.

Por otra parte, si Stalin de verdad no tuviera intención de ayudar militarmente a Benes, lo hubiera podido hacer legítimamente por esas fechas. Así, cuando el embajador checo en Moscú, Fierlinger, informó a Potemkin de los términos franco-británicos que había aceptado el gobierno de checo, y cuando Potemkin, ya sabedor de esos términos, preguntó por qué Benes no había pedido la asistencia militar a Stalin, el checo le respondió que había obstáculos geográficos para dicha asistencia. Lo cierto es que al aceptar los términos anglo-franceses, el gobierno checo había consentido en la derogación de su pacto de asistencia mutua con la URSS. Cuando Litvinov habló en Ginebra ante la Liga el 23 de septiembre, declaró que la aceptación del gobierno checo de los términos franco-británicos daban a Moscú el derecho moral de considerarse liberada de las obligaciones que estipulaba el pacto. Sin embargo, Litvinov expresó que el gobierno soviético no estaba buscando ningún pretexto y que seguía considerando validos los términos originales del tratado checo-soviético. Al tiempo que Litvinov hacía estas declaraciones, Radio Moscú anunciaba que la URSS estaba preparada para defender a Checoslovaquia. Y es más, a estas alturas se estaba movilizando ya el Ejército Rojo.

El 21 de septiembre de 1938, a las 18:00 horas, se ordenó la movilización del Distrito Militar Especial de Kiev y el despliegue en las regiones de Volochinsk, Proskurov y Kamenets-Podol’skii de un grupo de fuerzas consistentes en el grupo de ejército Vinnitsa, el 4º Cuerpo de Caballería (9ª, 32ª y 34ª divisiones de caballería), el 25º Cuerpo de Tanques, el 17º Cuerpo de Infantería (72ª, 96ª y 97ª divisiones de infantería) y la 23ª y 26ª brigadas de tanques Ligeros. Además y al mismo tiempo, las divisiones de infantería llamaron a 8.000 reservistas por división, y el 2º Cuerpo de Caballería se movió a la frontera polaca. Se agregaron a estas formaciones tres regimientos de cazas, tres de bombarderos ligeros y uno de bombarderos pesados, así como las propias fuerzas aéreas del distrito, mientras que dos bases aéreas llamaron a reservistas. Al mismo tiempo, el comandante Distrito Militar Especial de Kiev, Timoshenko, junto con su estado mayor, fueron transferidos desde Kiev a Proskurov.

A las 23:45 horas del 23 de septiembre, el comisario de defensa soviético cursó órdenes similares al Distrito Militar Especial Bielorruso, con lo que se movilizaron más fuerzas: en torno a Polotsk, la 5ª y 50ª divisiones de infantería junto una división de trenes blindados; en torno a Lepel, la 24ª División de Caballería, la 16ª Brigada de Tanques, la 79ª División de Infantería; en torno a Minsk, la 7ª y 36ª divisiones de caballería, 2ª, 3ª y 100ª divisiones de infantería, y 21ª Brigada de Tanques; y alrededor de Slutsk, la 4ª División de Caballería. Todas estas disposiciones debían estar completas el 24 de septiembre. Y todavía hubo más movilizaciones y despliegues, pero ya voy un poco cansado de tanto tiempo consultando y escribiendo (para más información sobre todo esto, véase la obra citada de Ragsdale, p. 112 y ss.

La propaganda soviética hizo mucho daño a quienes amamos la historia; no es raro, la URSS era un estado totalitario y esas cosas se prestan muy bien en tales regímenes políticos. Pero es mucho más lamentable, al menos para mí, lo que ha hecho (y sigue haciendo, aunque en menor medida que durante la Guerra Fría) la propaganda y censura occidental, donde, con sus virtudes y defectos como regímenes pluralistas, reinaban y reinan, al menos sobre el papel, las libertades de cátedra, investigación, prensa y publicación, entre otras. Hoy en día, con la revisión obligada que se viene haciendo desde finales de la década de 1980 debido a la apertura de “nuevas” fuentes de archivo en los países de la Europa central y oriental, ya no hay razones (al menos para los historiadores profesionales y aficionados que están al tanto y siguen la nueva bibliografía publicada durante los últimos 20 años) para seguir al dedillo la vieja y falsa cantinela de enviar al Hades todo lo que viene del Este de Europa. Stalin fue un dictador sanguinario, pero a cada uno hay que darle lo suyo (justicia) y a Stalin también. Fue fácil, para los líderes políticos que fracasaron (como se vio más tarde) en el complejo teatro diplomático de la Europa de entreguerras, y para sus apologistas y mercenarios de la pluma bien pagados, echar la culpa de esos fracasos al "comunismo", "bolchevismo" o a Stalin y su régimen de terror. Pero la realidad fue bien distinta a cómo la han contado en la mayoría de las historias que se han escrito al respecto. La realidad suele ser mucho más dura para aquellos que no quieren reconocerla y aceptarla.

Saludos cordiales
JL
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maxtor
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Re: El Pacto de Munich

Mensajepor maxtor » Mar Nov 18, 2014 5:02 pm

Saludos cordiales a todos.

Decir que estoy bastante de acuerdo en muchas de las cosas que comentas estimado Jose Luis, discrepo en cuanto a la valoración del tratado con Checoslovaquia y en todo caso estrictamente no es una especulación mía, sino una conclusión del doctor Henry Kissinger en su libro “Diplomacia”, pero es una discrepancia que abarca parte de la valoración sobre la política exterior soviética, que los diversos historiadores que he podido leer, tienen de la misma previa al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, y viene muy al hilo de tu último comentario en cuanto a la valoración que se hace de la URSS, de Stalin y de su política exterior; es bien cierto que está sometida a mucha propaganda y a mucha mitología.

El Pacto de Munich fue la culminación de varios errores, y principalmente de las democracias parlamentarias occidentales, y es más que lógico pensar que la URSS se sintiera aislada al no ser invitada a la firma de dicho pacto. Hitler, al parecer no creía que la invasión de Checoslovaquia provocara una guerra generalizada, pese a que dicho país tenía acuerdos tanto con Francia como con la URSS. El presidente Chevo Edvard Benes confiaba en la intervención militar soviética para defender su país; incluso cenó con Stalin, al que describió como “cortés, serio y complaciente” (Lukes, I. “Czechoslovakia between Stalin and Hitler. Oxford: 1996; p. 56), y es cierto que Stalin, manifestó su intención de ayudar militarmente a Checoslováquia si contaba conla autorización de la Sociedad de Naciones y con el compromiso francés, pero sabía que eso era improbable. En privado, Stalin había acordado que la ayuda militar tenía que ser descartada y que los checos debían adoptar una “posición conciliadora”, un punto de vista muy próximo a la tesis franco – británica (J. Hochman, “The Soviet Union and the Failure of Collective Security, 1934-1938; p. 149).

La visión tradicional de la inactividad total soviética durante la crisis checa fue puesta en entredicho a finales de la década de los ochenta por un alto oficial del Estado Mayor soviético; según su testimonio, Stalin estuvo dispuesto a hacer algo más que un gesto en la crisis checa: los reservistas fueron llamados a lo largo de la frontera occidental y el Gobierno checo se le habrían ofrecido 700 aviones si los checos contaban con espacio en sus aeropuertos. Rumanía, pieza clave de cualquier intervención soviética en la República Checa, habría aceptado permitir el paso a 100.000 soldados soviéticos con tal de que el tránsito se hiciera con rapidez. (Juke, G. “The Red Army and the Munich Crisis”, en Journal Contemporany History, 26, 1991; pp. 196-198). Cuando Litvínov se reunión con el embajador soviético en GB en septiembre, le dijo en secreto que Moscú había decidido optar por la guerra. El punto crítico para Litvínov era la resistencia checa: “Si lucha, lucharemos con ellos”. (G. Roberts, “The Soviet Union and the origins of the Second World War, 1933-1941. Londres: 1995; p. 57).

Es posible que Stalin quisiese aprovechar la crisis checa para intimidad a Polonia, el mismo día en que las fuerzas soviéticas fueron puestas en alerta, se envió un ultimátum a Varsovia en el que se advertía a los polacos de que cualquier movimiento contra los checos sería considerado una agresión no provocada. Nunca se envió un ultimátum similar a Alemania. La inteligencia alemana no quedó muy impresionada por las medidas militares soviéticas y no las interpretó como una amenaza bélica. Una guerra con Alemania requería una movilización mucho mayor. Es posible que las medidas que adoptó Stalin fueran para consumo interno, una nueva amenaza exterior para mantener el sistema bajo su férreo control; aunque lo más probable es que Stalin deseara mantener todas las opciones abiertas. ( Son las conclusiones del historiador Álvaro Lozano, en su libro “Stalin. El tirano rojo”).

El embajador alemán en Moscú enviaba periódicamente informes en los que señalaba la incapacidad de la URSS para intervenir en Europa del Este y la evidente falta de voluntad de los líderes soviéticos de “acudir en defensa de un estado burgués” (Hochman, J, “The Soviet Union and the Failure of Collective Security, 1934-1938; p. 152). Sin duda, el aislamiento soviético contribuyó en gran medida a la expansión alemana, no lo pongo en duda, y no creo que se le pueda atribuir a Stalin toda la responsabilidad del inicio de la 2GM, creo que las democracias parlamentarias tuvieron mucha responsabilidad en el desencadenamiento del conflicto, aunque el principal responsable fue Hitler.

La ocupación alemana de Austria se produjo en el último día del juicio de Bujarin y no fue mencionada en la prensa hasta tres días después de haber ocurrido. Sin embargo, la crisis checa era muy diferente: no sólo tenían los soviéticos un pacto de asistencia mutua con Francia, sino que también contaban con uno con Checoslovaquia. Litvínov señaló abiertamente que la URSS se había convertido de nuevo en un estado revisionista: “Por supuesto, no es idiferente qué potencia ocupe esta o aquella colonia, gane este o aquel mercado internacional, domine este u otro estado débil” (Discurso de Litvínov en Leningrado, 23 de junio de 1938. En documents on International Affairs, 1938; p. 319).

Durante este crucial período la URSS estaba más preocupada por la amenaza japonesa en Manchuria donde se habían producido incidentes fronterizos. El gobierno francés preguntó a Moscú si pensaba ayudar militarmente; la respuesta soviética fue preguntar a los franceses qué haría Francia contra Alemania. Stalin parecía decidido evitar ser arrastrado a una guerra contra Alemania.Litvínov se mostró descorazonado por la debilidad de las potencias occidentales y su fracaso en convencer a los miembros de su Gobierno de que la acción colectiva para disuadir a Hitler era la mejor opción posible así como la más práctica. La posibilidad de la seguridad colectiva estaba llegando a su fin en la diplomacia soviética. Se volvía a hablar abiertamente de revisión, de hostilidad a Occidente y de nacionalismo soviético. Litvínov realizó vanos intentos por llegar a un acuerdo con los británicos, pero el ministro de Asuntos Exteriores británico, lord Halifax prefería negociar con los alemanes antes que con la URSS, a la que consideraba el “Anticristo” (Carley, M.J, “End of th Low, Dishonest Decade”: Failure of the Anglo – Franco –Soviet Alliance in 1938, en Europe – Asia Studies, 45, 2:1993; p. 321). Al final, no se pudo poner a prueba la voluntad de Stalin respecto a Checoslovaquia, ya que Hitler aceptó negociar; el acuerdo que se firmó en Munich daba satisfacción a las demandas de Hitler.

Fuente: (D. Álvaro Lozano, en su libro “Stalin. El tirano rojo”).

José Luis escribió:
La propaganda soviética hizo mucho daño a quienes amamos la historia; no es raro, la URSS era un estado totalitario y esas cosas se prestan muy bien en tales regímenes políticos. Pero es mucho más lamentable, al menos para mí, lo que ha hecho (y sigue haciendo, aunque en menor medida que durante la Guerra Fría) la propaganda y censura occidental, donde, con sus virtudes y defectos como regímenes pluralistas, reinaban y reinan, al menos sobre el papel, las libertades de cátedra, investigación, prensa y publicación, entre otras. Hoy en día, con la revisión obligada que se viene haciendo desde finales de la década de 1980 debido a la apertura de “nuevas” fuentes de archivo en los países de la Europa central y oriental, ya no hay razones (al menos para los historiadores profesionales y aficionados que están al tanto y siguen la nueva bibliografía publicada durante los últimos 20 años) para seguir al dedillo la vieja y falsa cantinela de enviar al Hades todo lo que viene del Este de Europa. Stalin fue un dictador sanguinario, pero a cada uno hay que darle lo suyo (justicia) y a Stalin también. Fue fácil, para los líderes políticos que fracasaron (como se vio más tarde) en el complejo teatro diplomático de la Europa de entreguerras, y para sus apologistas y mercenarios de la pluma bien pagados, echar la culpa de esos fracasos al "comunismo", "bolchevismo" o a Stalin y su régimen de terror. Pero la realidad fue bien distinta a cómo la han contado en la mayoría de las historias que se han escrito al respecto. La realidad suele ser mucho más dura para aquellos que no quieren reconocerla y aceptarla.

Saludos cordiales
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Siempre intento valorar las cosas de la forma más objetiva posible, aunque el bagaje cultural e ideológico de cada persona hacen casi imposible dicha misión, sí creo que sus comentarios y el foro arrojan mucha luz, o por lo menos aquella parte de la luz que las versiones occidentales fruto de la guerra fría han vertido durante décadas. Es difícil, hoy en día localizar un estudio de la Segunda Guerra Mundial, o de cualquier aspecto que toque la política exterior soviética donde no se demonice de algún modo al dictador soviético, y la mayoría de los historiadores aceptan como punto de partida la perfidia fundamental de Stalin como punto de partida indiscutible, no obstante, otras cuestiones más generales – como su política exterior o los motivos que llevaron a la firma del pacto nazi – soviético – siguen generando mayor controversia que otros asuntos del conflicto bélico.

En esta línea, a mí personalmente me ha ayudado mucho el foro, y autores como J. Arch Getty, Yuri Ribalkin, Daniel Kowalsky y Mary Habeck y Ronald Radosh, me han hecho adquirir otras versiones o matices respecto a la política exterior soviética. Daniel Kowalsky en su libro “La Unión Soviética y la Guerra Civil española” en su apéndice 1 efectúa unos comentarios respecto al estado de la literatura occidental que me parecen acertados. Dicha historiografía ha pasado de un dominio casi absoluto en Europa de versiones occidentales durante el periodo de la guerra fría, al estado actual donde cualquier libro de historia que hable de la URSS debe ir acompañado de un buceo en la enorme cantidad de datos que los archivos rusos ofrecen actualmente.

David Cattell, con su Soviet Diplomacy and the Spanish Civil War, rastrea la participación de Moscú en el Comité de No – Intervención. La tesis de Cattell sostiene que los soviéticos fueron traicionados por GB y Francia en la actuación de dicho comité y a lo largo de la guerra civil española. Además, la decepción de Moscú ante las posibilidades de creación de una alianza antifascista, junto con el acuerdo de Múnich, indujo a Stalin a firmar el pacto germano – ruso de agosto de 1939. Según dicho historiador, el mensaje que recibió Stalin del acuerdo de Múnich fue que Chamberlain daba por supuesto que GB y Francia podían apaciguar, burlar y finalmente derrotar al Eje sin ayuda de la URSS, y semejante interpretación sería, en palabras de Cattell, “casi fatal para la democracia y para el comunismo” (David Cattell, Soviet Diplomacy and the Spanish Civil War – Berkeley, University of California Press, 1955, pp. 132). Teniendo en cuenta de que Cattell no pudo en ningún momento acceder a la documentación oficial soviética, ni en su estudio concreto, a la española, se le debe atribuir a Cattell un gran mérito del rastreo de las actividades soviéticas en España. En general, sin embargo, parece que la versión que ofrece Cattell de la política exterior soviética de la URSS la sitúa bajo una luz demasiado benévola.

Más o menos por la misma época que los libros de Cattell, aparecieron dos tesis doctorales que trataban de la cuestión general de la intervención de la URSS en la guerra, y de forma lógica abordaba de forma general su política exterior, Soviet Participation in The Spanish Civil War, de Robert Lee Plumb, y The Soviet Union and the Spanish Civil War, 1936-1939, de David E. Allen. En una época donde era imposible reunir material de archivos, Plumb logra reunir en un volumen sólido material en torno a la actividad de los rusos en la GCE y traza con exactitud las líneas genrales de la intervención soviética en España. La hazaña de Allen, está en el empleo que hace de la prensa soviética, ya que la obra reproduce esencialmente la forma en que el Kremlim presentó oficialmente los hechos.

Hay varias obras secundarias occidentales acerca principalmente de la política exterior soviética que han contribuido en gran medida a iluminar las actividades del Kremlim. Entre los enfoques más interesantes, publicados ambos en 1984, aunque cada uno llega a conclusiones totalmente diferentes, están The Soviet Union and the Struggle por Collective Segurity in Europe; 1933-1939, de Jonathan Haslam, y The Soviet Union and the Failure of Collective Security, de Jiri Hochman. En un artículo reseña de ambas obras, Peter B. Kaufman sugiere que Haslam y Hochman ejemplifican los dos extremos de un largo debate historiográfico (Pter B. Kaufman, “Soviet Attitudes towards collective security in Europe, 1936-1938, Russian History, vol. 15, nº 2-4, 1988, pp. 427-444). Según ese esquema, Haslam representa la interpretación tradicional que afirma que los rusos se habían comprometido a forjar la seguridad colectiva al lado de Occidente, y si fracasaron en su intento, la culpa sería en buena parte de Occidente. Hochman, por su parte, defiende la interpretación radical minoriataria. Desacredita la postura de Haslam, y sostiene que los rusos no vieron nunca en Alemania sólo una segunda opción, sino que sabotearon los acuerdos con Occidente con el fin de alcanzar una alianza con los nazis. Haslam considera a Litvinov un defensor infatigable de la seguridad colectiva; Hochman, en cambio, ve en él la causa de que fracasara la seguridad colectiva. En resumen, Haslam culpa a Occidente y a las fuerzas existentes dentro del Kremlin que trabajaron contra la formación de una alianza con él, mientras que Hochman acusa casi exclusivamente a los soviéticos – y especialmente a Litvinov - de llevar a cabo una política exterior doble, que nunca se comprometió decididamente ni con Occidente ni con los nazis a formar una coalición duradera que permitiera evitar la guerra. Por cierto, el historiador Álvaro Lozano al tratar la política exterior soviética en su libro sobre Stalin hace mención en extenso a Hochman.

La tesis de Haslam no es nueva; fue defendida en los años cincuenta por los autores ya comentados anteriormente como Cattell, Plumb y Allen, y constituye una consecuencia lógica si se tiene en cuenta únicamente la documentación diplomática occidental y se considera a Litvinov el único portavoz de la política exterior soviética. Haslam defiende a Litvinov y la absoluta sinceridad de los rusos, afirma que Stalin se vio empujado por Occidente a seguir una política basada en la concepción de “Rusia como fortaleza”, y en último término a echarse en los brazos alemanes. Lo que tiene de nuevo y atractivo el libro de Hochman es la tesis de que la motivación fundamental que se ocultaba tras la política exterior soviética no fue nunca la continuación del imperialismo ruso ni la revolución universal, sino más bien la “preocupación de la élite por conservar el poder” (Hochman, obra cit. P. 172). De este modo, la seguridad interna fue la que dictó la política exterior, basada en la realpolitik, en las necesidades a corto plazo y sobre todo en la autonservación de los poderes dirigentes.

Una de las explicaciones más sólidas y concidas de la política soviética en España es un ensayo de Denis Smyth aparecido en una colección de artículos publicada en Belfast (Denis Smyth, “We are with you: Solidarity and self-interest in Soviet policy towards Republican Spain, 1936-1939, en Patrick J. Corish, ed., Radicals, Rebels and Establishments – Belfast: Appletree Press, 1985 – pp. 223-237). Es una obra muy corta, pero sus conclusiones son muy sofisticadas y según el historiador Kowalsky merecen analizarlas con detenimiento. Smyth sostiene que los dirigentes soviéticos necesitaron varios años de paz para desarrollar sus pllanes en el frente interno y perfeccionar su capacidad militar. La URSS deseaba, estabilidad en Europa Occidental, y la existencia de una Españ Republicana, y no un estado comunista o fascista habría contribuido en gran medida a que así fuera. El apoyo a la República soviética o incidir en la Seguridad colecitiva le permitía a la política soviética ganar tiempo antes de llegar al alejamiento definitivo de Hitler. El principal factor determinante de la política soviétca en materia exterior fue la esperanza que Francia se convirtiera en socio militar de la URSS. Smyth, sugiere que en 1936 el fomento de las revoluciones marxistas en el extranjero no era un objetivo de la política exterior soviética, por aquel entonces, el “socialismo en un solo país” era el objetivo fundamental. La política soviética tendente a frenar, invertir y reprimir las ansias revolucionarias, no sólo en España durante la GCE iba dirigida al objeto de tranquilizar a los conservadores de GB y Francia, dado que hubiera impedido la colaboración de estos países con los soviéticos y la formación de un bloque antinazi, aunque finalmente la política de Stalin no resultó ser posible al imponerse los sentimiento anticomunistas de GB y Francia. El problema de la versión geoestratégica de Smyth consiste en confinar la política soviética al corsé de una sola motivación fundamental.

La tesis de Smyth ha sido respaldada y reforzada por un artículo aún más reciente de Geoffrey Roberts, “Soviet Foreign Policy and the Spanish Civil War, 1936 – 1939”, aunque Roberts, no está dispuesto a relacionar la política soviética con una sola estrategia, e incide en varios factores explicacionales en cuanto a la intervención soviética en la GCE; antifascismo,la seguridad colectiva, el frentepopularismo y la prioridad concedida a la defensa y la construcción del socialismo en la URSS. La postura más atractiva de Roberts consiste en su rechazo final de la tesis sostenida habitualmente hasta entonces, según la cual la política española en Moscú estuvo motivada en su totalidad por la búsqueda de la seguridad colectiva en compañía de GB y Francia. El autor sostiene, por el contrario, que en el verano de 1936 la URSS tenía un “talante aislacionista”.

Saludos desde Benidorm.
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Re: El Pacto de Munich

Mensajepor José Luis » Mar Nov 18, 2014 7:57 pm

¡Hola a todos!

Estimado maxtor,

En primer lugar, quiero expresar que no tengo ninguna duda sobre tu honestidad intelectual. Y no la tengo porque me consta. Cuando leí tus primeras intervenciones en el foro, y de esto hace ya unos años, pensé de inmediato que eras una víctima más de la espuria interpretación de la propaganda fascista y neoliberal que imperó en España hasta bien entrada la década de 1980 (digo esto porque creo recordar que tu intervención versaba sobre algún tema derivado de la Guerra Civil Española de 1936), vista la bibliografía que aportabas. Creo recordar también que no entré a comentar tus opiniones porque me parecía lógico que tuvieras esas opiniones si sólo habías leído la historia tal como la representaba una parte interesada de la moneda, que era además la parte ganadora, o la parte ideológicamente afín a la parte ganadora. Así que sólo me quedaba por ver cómo evolucionaban con el tiempo y en el foro tus opiniones y bibliografía sobre la historia. Pues bien, el tiempo me ha demostrado que tu interés por el estudio de la historia (en particular la que aquí tratamos, la IIGM) no está gobernado por ningún motivo ideológico, sino por un afán honesto de conocer la realidad de la historia en la medida en que ello es posible y en base al rigor metodológico de las obras académicas. Por lo que siempre será un auténtico placer debatir contigo sobre cualquier aspecto de los temas que tratamos en el foro.

En segundo lugar, el tema que aquí nos ocupa, la historia del acuerdo de Munich de 1938, es bastante similar a lo que estaba contando en el párrafo anterior. Hasta hace relativamente pocos años, la historia de la política exterior soviética durante el periodo de entreguerras (e igualmente durante y después de la guerra) fue escrita mayoritariamente, en el mundo occidental, por historiadores que siguieron sin autocrítica ninguna (y sin acceso a las fuentes primarias de los países de la Europa oriental) las directrices y los prejuicios ideológicos delineados después de la IGM por los aparatos de propaganda y la presión (financiación) de los gobiernos occidentales y sus think tank institucionales. La historia del Pacto de Munich sólo generó debate entre quienes defendieron la "política de apaciguamiento" y quienes la criticaron, pero, salvo contadas excepciones, no generó ningún debate (recuérdese que me refiero al mundo occidental) en torno al papel jugado (antes y después del pacto) por la diplomacia soviética, pues la tesis mayoritariamente imperante caracterizó la política de seguridad colectiva perseguida a partir de mediados de la década de 1920 por la URSS como una treta, un engaño, un doble juego...de Stalin para provocar en última instancia un conflicto entre las potencias occidentales. Y así se juzga todavía hoy, aunque con notables excepciones, el posterior pacto de no agresión nazi-soviético de agosto de 1939, llevando a muchos a esgrimir sin rubor alguno que el auténtico causante de la IIGM fue el propio Stalin.

Toda esa historia simplista y manipulada (tan querida a los Suvorov, Hoffmann, Weeks...y tantos otros que la han difundido con un objetivo marcadamente ideológico) ha comenzado a desmontarse y descubrirse desde hace un par de décadas, de tal manera y a tal escala que está claro, para mí, que debe reescribirse, y así se está haciendo en buena medida. Por tanto, es conveniente conocer la nueva historiografía respecto a la política exterior soviética y los trabajos de los historiadores que la han escrito y están escribiendo. Algunos de ellos ya los he citado aquí o en otros lugares del foro.

Saludos cordiales
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maxtor
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Re: El Pacto de Munich

Mensajepor maxtor » Mié Nov 19, 2014 1:27 pm

Saludos a todos.

La verdad es que me he sentido bastante identificado con tus palabras Jose Luis…. La ideología personal marca mucho la elección de las lecturas históricas, y aunque me costó bastante, intento abrir el campo de lecturas porque no me gustan que me manipulen intelectualmente hablando… Dice J.F.Reve en su libro “El conocimiento inútil” al hablar de la ideología que es una triple dispensa: dispensa intelectual, dispensa práctica y dispensa moral. La primera consiste en retener sólo los hechos favorables a nuestras tesis o incluso manipularlos en parte o en todo, y negar los otros omitiéndolos. Es cierto que a nivel personal estaba bastante influenciado en autores cercanos al franquismo, supongo que el ámbito familiar y cultural tiene mucho que decir en ese aspecto, pero cuando empecé a estudiar historia y, a la vez, que fagocité el concepto de Revel me dí cuenta de que a nivel intelectual no estaba haciendo correctamente las cosas porque no leía versiones contrarias que me aportaran otros matices… y por eso, los administradores del Foro deben estar orgullosos de haberlo creado y de su continuación porque, por lo menos en mi caso, y estoy seguro que en el de muchos, supuso el descubrir una especie de biblioteca virtual, donde gente increíble hace comentarios de libros de historia que humildemente hablando me enseñaron que no sabía nada y que debía leer y mucho.

La apertura de archivos soviéticos, o por lo menos de buena parte de ellos, ha supuesto un enorme acontecimiento histórico para el completo desarrollo de la Historia de la Segunda Guerra Mundial, y ya no caben excusas de falta de posibilidad de acceso que simplemente muestran las graves deficiencias que los estudios españoles, especialmente, presentan sobre el tema, como por ejemplo el libro de Ricardo de la Cierva publicado en 1997, “Brigadas Internacionales, 1936 – 1996: La verdadera historia. Mentira histórica y error de Estado”, “El oro de Negrín”, de Francisco Olaya Morales, publicado en 1998, y “La intervención extranjera en la guerra civil”, del mismo autor. Ambos autores son plenamente conscientes de la reciente descalificación de los documentos rusos, pero no están dispuestos a tomarlos en consideración seriamente, y a pesar de su reciente publicación (siete años después de la apertura de los antiguos archivos soviéticos), de la Cierva renuncia despectivamente a realizar cualquier tipo de investigación en la Federación Rusa con estas breves líneas: “Naturalmente que en ellos existen fondos interesantes, sobre todo en los archivos militares de la URSS, ahora dependientes del gobierno de la Federación Rusa. No tengo noticias concretas sobre la posible utilización de esos archivos, que tal vez se hayan vendido por estanterías a instituciones occidentales”.

Olaya Morales es culpable de la misma negligencia, al hablar de la cantidad de armamento enviado por la URSS a la República, el autor se lamenta de no poder verificar su versión con los documentos soviéticos oficiales: “Desde luego, todas estas cifras son hipotéticas y será imposible poder conocer con exactitud la verdad mientras los archivos rusos y de las personalidades republicanas españolas que intervinieron en ello no se abran a los investigadores, ofreciendo pruebas irrebatibles”. Cuando Olaya Morales escribía estas palabras, los archivos soviéticos llevaban abiertos seis años.

Cuando leí el libro de Daniel Kowalsky, “La Unión Soviética y la Guerra Civil española”, enseguida notas calidad y honestidad intelectual, porque aunque puedas estar disconforme con alguna de sus conclusiones, dicho historiador aprendió el idioma ruso desde cero y se embarcó en meses de consulta en archivos soviéticos, al igual que los libros de Ángel Viñas sobre la suerte del oro en Moscú durante la guerra civil española; el estudio perfectamente documentado de Enrique Zafra, Rosalía Creco y Carmen Heredia acerca de los niños españoles evacuados a Moscú 81989); la tesis doctoral de Antonio San Román Sevillano sobre el desarrollo en España de las sociedades de amigos dela URSS durante la Segunda República y la guerra civil;la monografía de Juan Avilés Farré acerca de las repercusiones de la Revolución Rusa sobre la política y la literatura de España hasta 1931; los diversos relatos breves, de determinados aspectos de la intervención rusa publicados por José Fernández Sánchez (el más sólido quizás sea Rusos en el Frente norte – 1937); el estudio de Cesar Vidal sobre las Brigadas Internacionales aparecido en 1998, que utiliza una pequeña muestra de importantes documentos descalificados del antiguo Archivo del Partido de Moscú (RGASPI); pero sobre todo destaca el estudio general de las actividades de la Internacional Comunista en España desde 1919 hasta el final de la GCE que han llevado a cabo Antonio Elorza y Marta Bizcarrondo. No todas estas obras han utilizado materiales soviéticos publicados o de fuentes rusas desclasificadas, pero en conjunto han contribuido en gran manera a completar la imagen de la intervención soviética en España durante los años previo al estallido de la guerra civil y durante la contienda.
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