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Tacticas suicidas japonesas en la batalla

La guerra en el Pacífico

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gerkamp
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Tacticas suicidas japonesas en la batalla

Mensajepor gerkamp » Mié May 25, 2011 5:06 am

Voy a compartir con todos ustedes un libro titulado:''Armas suicidas'' de A. J. Barker, editorial San Martin, impreso en España en 1972

Lo ire colgando por capitulos de a poco hasta completarlo.

Espero que sea de su agrado.

SACRIFICIO INUTIL

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La lengua española ha incorparado muchos vocablos japoneses y, entre ellos, numerosos toponimos, gentilicios y patronímicos, asi como tambien ciertos terminos propios del budismo japones, tales como zen, satori y koan; en las artes: haiku, netsuki, bonsai, origami, kabuki y no; en alimentos y bebidas: Sukiyaki y sake; en el vestido: kimono; en las monedas: yen; en las clases sociales: geisha, samurai y mikado; en el deporte: jiu-jitsu, dan y karate; en los fenomenos atmosfericos: Tsunami, etc. Pero tambien se han incorporado al español otras palabras japonesas, estas, por cierto, poderosamente emotivas y que simbolizan, para Occidente, los aspectos animicos del hombre japones, vocablos que, en su dia, resultaron temibles y fascinantes: Harakiri, Banzai y Kamikaze.

En castellano (y tambien en las demas lenguas europeas), la palabra Kamikaze ha adquirido un significado muy distinto al de la etimologia del vocablo original. De ahi, el titulo de este libro, que trata de la predisposicion (o mas bien ansia) del combatiente japones a lanzarse, inconcebiblemente para nosotros, a una muerte segura. Durante la Segunda Guerra Mundial, la primera aplicacion del vocablo Kamikaze fue para designar oficialmente a los pilotos de caza que el Alto Mando solicitó (y ellos acudieron voluntariamente) para realizar misiones cuyo objetivo especifico consistia, como unico medio para recuperar la perdida paridad de potencial ofensivo, en estrellar su avion, cargado de explosivos, contra los barcos aliados. El exito inicial de estas misiones movió al Japon a producir torpedos y bombas tripuladas por hombres. La funcion del piloto consistía nada menos que en dirigir su avion, torpedo o bomba hasta el momento del impacto, terminando, naturalmente, al producirse la explosion.

En la guerra siempre han existido casos, como señala A. J. Barker, de hombres valientes y temerarios que deciden, deliberadamente, realizar actos de heroismo pese a estar seguros de que les conducirían a la muerte. Por lo general, lo hacen asi al saber que su situacion (o la de su pais) es totalmente desesperada, ora para proteger a un camarada, o debido al tenso estado emocional del momento. Pero las tacticas suicidas de los japoneses al final de la Segunda Guerra Mundial, preconcebidas y sistematizadas, fueron algo muy diferente.

Para poder comprender la mentalidad de una nacion en la que todos sus miembros se hallaban dispuestos a ofrendar su vida suicidandose en masa antes que admitir la derrota, es conveniente considerar algunos aspectos de su historia. Geograficamente, la situacion del Japon respecto al este de Asia es similar a la de las Islas Britanicas con la Europa continental. Sin embargo, el paso de Calais solo tiene 32 kilometros de anchura, mientras que el estrecho de Corea, que separa al Japon del continente asiatico, tiene, en el lugar mas angosto, una distancia cuatro veces mayor. Tal extension de agua, en los tiempos de la navegacion a vela, supuso siempre mucho en la que a intercambio de mercancias e ideas se refiere, sin olvidar, claro esta, el problema del transporte de tropas.

Inglaterra, tanto debido a la proximidad de los demas estados europeos como a las guerras e intrigas politicas en que se vio envuelta, tuvo que evolucionar social y materialmente, evolucion que al Japon, separado como estaba del monolitico y conservador celeste imperio por el mar de la China, no le fue posible lograr. Esto hizo que se mantuviera esencialmente medieval durante aquellos siglos en los que los estados europeos iban experimentando sus sucesivos renacimientos, eras de estudio y revoluciones industriales. Asimismo, quiza debido en parte a experiencias infortunadas, se excluyó del comercio y evitó las influencias exteriores siguiendo una politica deliberada.

Pero cuando, por fin, entrados los años sesenta del siglo XIX, abrió el Japon sus puertas a las ideas occidentales y dio comienzo a su meteorica y brillante carrera de industrializacion, el pais seguiria siendo, en todos los aspectos fundamentales, una sociedad feudal. La clase dominante, los Samurais, cuyos miembro eran, a la vez que educadores de la nacion, sus administradores y jefes militares, temiendo perder su preeminencia, mantuvo rigidamente sus habitos de sumision incondicional (e incluso de adoracion) a la autoridad, sobreviviendo asi, intacta, a la ola, a la ola de iconoclastia cultural y politica que siguio inevitablemente al influjo de las nuevas ideas y tecnicas. Se siguió, por tanto, obedeciendo al dios-emperador y, como por una especie de delegacion divina, a las personas nombradas por él, y no ya porque encarnara la obediencia, o por amor, ni tan siquiera por lo que un occidental llama lealtad, sino pura y simplemente porque eral el emperador. El instinto de conservacion seguia siendo una consideracion fundamental en todos los estratos sociales.

Sobre tan favorables cimientos fue como se edificaron las Fuerzas Armadas, reforzandose ademas las arraigadas diferencias sociales con lo que hoy podriamos calificar de ''lavado de cerebro''. Añadase la idea, especialemente agradable para una nacion que nace, de que sus habitantes eran una raza superior y destinada a dominar.

En 1895, menos de 30 años despues de la ruptura de su politica de aislamiento, Japon derrotaba a China y, una decada despues, a Rusia. Pronto comenzó a competir con exito en los mercados mundiales, aunque fabricando unicamente lo que copiaba. La autoconfianza, engendrada por estos logros indudablemente notables, se convirtió en una arrogancia que le condujo a formular exigencias irrazonables a sus vecinos y, finalmente, comenzada ya la Segunda Guerra Mundial, a desafiar a los Estados Unidos de America con sus ataques a Pearl Harbor y Filipinas, y a invadir cuanto tenia a su alcance en el Pacifico y en el sudeste asiatico.

Los primeros meses de guerra sirvieron para afirmar en los japoneses la alta opinion que tenian de si mismos, al obtener victoria tras victoria. Pero el ajuste de cuentas no se haría esperar... Inevitablemente, los superiores recursos y potencial industrial de EEUU y su empeño en borrar la humillacion de Pearl Harbor dieron lugar a la eliminacion, lenta pero segura, del poderio japones en el Pacifico. Una serie de reveses y la decisiva derrota de Guadalcanal (batalla a la que los japoneses llevaron cuantos barcos y tropas se encontraran disponibles) demostraron que la situacion estaba a punto de cambiar. Tanto para los soldados como para la poblacion civil la derrota era inconcebible, y habia que emplear todos los medios imaginables para lograr la victoria. Esto fue lo que movio al vicealmirante Omishi a formular la propuesta que se convertiria en el programa Kamikaze.

Seguirian aun los largos horrores de la guerra del Pacifico en su ultima fase. Cientos de miles de vidas fueron sacrificadas inutilmente por la sencilla razon de que, para los japoneses, no existia ninguna otra solucion compatible con el honor. Para muchos de los que estaban en el poder, la muerte de una nacion era preferible a la perdida de la dignidad que supondria la capitulacion, y es muy posible que, si no se hubieran lanzado las bombas atomicas sobre Hiroshima y Nagasaki, habria sido necesario organizar una invasion a gran escala con la consiguiente perdida de millones de vidas.

Quiza cuando el gran poeta japones del siglo XVII Matsuo Basho escribio un haiku sobre la inutilidad de la guerra, estaba ya llorando a la generacion perdida de soldados japoneses que yacen enterrados en los campos de batalla del Pacifico.

Hierbas de verano
es cuanto queda
de las visiones de los soldados


CONTINUA :arrow:
Fuente imagen: http://www.marcodicalderon.blogspot.com
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Tacticas y costumbres japonesas en la batalla

Mensajepor gerkamp » Mié May 25, 2011 4:40 pm

PRESENTACION

El sucidio, como arma de guerra, era conocido en los anales belicos desde la mas remota antigüedad. Numerosos combatientes, solos o en pequeños grupos, se inmolaron conscientemente en todas las epocas para salvar una situacion peligrosa o para resolver en beneficio del campo propio una victoria comprometida. Sin embargo, fue necesario llegar a las posimetrías de la segunda conflagracion mundial para ver como el suicidio en el campo de batalla se convertía en una teoria y en una tecnica aplicada masivamente.

Los japoneses, que fueron quienes llevaron a la practica esta idea dificilmente concebible, no lo hicieron movidos tan solo por la desesperacion sino tambien azuzados, desde el fondo de su propia historia, por una larga tradicion que le imponía al guerrero la muerte voluntaria antes que aceptar la derrota. Y era la derrota, precisamente, la que se cernía sobre los pabellones del sol naciente.

Los Kamikaze, como resulta sabido, no pudieron desviar el curso de los acontecimientos militares. Su sacrificio fue, sobre un plano de realidades, esteril. No obstante esto, ofrecieron una magnifica leccion de valor y renuncia total en aras de unos dogmas en los que ellos creian. Hoy, pasados los años, el Japon moderno, pese a todos los cambios experimentados en su mentalidad, les recuerda con reverancia.
Última edición por gerkamp el Sab May 28, 2011 2:54 pm, editado 1 vez en total.
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Armas suicidas japonesas

Mensajepor gerkamp » Mié May 25, 2011 6:23 pm

PROLOGO

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http://www.somoscontingentes.blogspot.com

El 11 de agosto de 1945, las masas, entusiasmadas, se congregaban en el londinense Picadilly Circus, en el Times Square de Nueva York y en otras muchas ciudades aliadas celebrando la noticia de que el Japon habia aceptado provisionalmente las condiciones de rendicion impuestas por el vencedor. La guerra en el extremo Oriente habia terminado y, durante tres dias, la gente se entregó a la alegría.

Pero aquellas manifestaciones de jubilo eran prematuras; mientras, en el frente, se seguiría luchando y muriendo. Solo unos cuantos iniciados sabían en Tokio que la rendicion era una posiblidad, pero la mayoria estaba persuadida de que todos los japoneses debían, a falta de armas modernas, seguir luchando hasta el final con su ancestral espiritu Yamato. Incluso quienes sabían que la nación estaba a punto de rendirse se negaban a admitirlo, siendo muchos tambien los que no solo rechazaban la idea de la rendicion, sino que estaban dispuestos a impedirla; y numerosos tambien los dispuestos a llevar al Japon a la destruccion final (a derribar el edificio de la civilizacion japonesa en un final apocaliptico) antes que someterse a la indignidad de una rendicion incondicional. Su aspiración era el Gyokusai: un armageddon que haría al Japon volver a la edad de piedra partiendo del formidable complejo industrial obtenido hasta entonces. Cuanta mas sangre se derramara, menores serian las posiblidades aliadas de detener la matanza, ya que, si fuera necesario, toda la nacion japonesa se suicidaria.

Como tantas otras veces habia ocurrido ya, el foco de fermentacion de aquella idea era el ejercito. A pesar de los devastadores bombardeos atomicos de Hiroshima y Nagasaki, eran muchos los militares que se oponian tenazmente a la rendicion y a la ocupacion, llegando a planear, y llevar a ejecucion, un golpe de estado con ramificaciones por todo el pais. Pero su ''Putsch'' fracasó. Mientras tanto, en la noche del 13 de agosto, se celebró una reunion de jefes de la seccion de operaciones del Alto Mando del Estado mayor del ejercito y la marina y el jefe de la Seccion de asuntos militares del Ministerio de la guerra para estudiar la propuesta del gobierno de aceptar las condiciones de rendición. El almirante Takajiro Ohnishi, creador y ''sumo sacerdote'' del cuerpo de Kamikazes, principal representante de la marina en aquella reunion, terminó su alocucion diciendo entre lagrimas: ''Debemos presentar al emperador un plan para obtener la victoria... ¡Si estamos dispuestos y decididos a sacrificar 20 millones de vidas japonesas en un esfuerzo kamikaze, la victoria será nuestra!''

Afortunadamente, el resto de los reunidos no quiso escuchar los alegatos de aquel obseso del suicidio. Pero Ohnishi no se dió por vencido y trató de persuadir al principe Takamatsu (hermano menor del emperador y que habia servido en la marina) para que influyera este en favor de una batalla decisiva. Takamatsu se negó tambien a escucharle, y, cuando Ohnishi le dejó a primera hora de la mañana del 14 de agosto, dijo a un jefe de Estado Mayor: ''Todo ha terminado''.
Pero en realidad, no habia terminado todo, pues, aun existía la posibilidad de un Gotterdämmerung japones. Si bien el ejercito de tierra, que aun conservaba la mayor parte de sus aviones, obedeció la orden dada por el Estado Mayor Central el día 14, de desarmarlos y quitarles los depositos de gasolina; la marina no estaba dispuesta a aceptar tan facilmente el aniquilamiento que se cernía sobre ellos. El grupo aereo 302, con base en Atsugi, en las afueras de Tokio (centro de entrenamiento de los kamikazes) se negó a aceptar la derrota. Su jefe, el capitan Yasuna Kozono, se puso al frente de un grupo de intransigentes e hizo que se lanzara sobre Tokio una lluvia de octavillas en cuyo texto se declaraba que la rendicion seria un error y que no era el emperador quien la deseaba, sino ''los traidores que rodean al trono''. En Atsugi se encontraban 2.000 hombres que acababan de finalizar su adiestramiento como kamikazes y pletoricos del ansia de morir por el emperador tal como la formacion recibida les habia inculcado. Arengados por Kozono, clamaron que torpedearían la flota aliada surta en la bahía de Tokio y que volarían su buque insignia, el acorazado Missouri.

Kozono (excelente piloto, soldado valiente y gran jefe) supo obtener un alto nivel de disciplina en su grupo y, pese a la desastrosa situacion material que atravesaba el pais, mantenido listos para el combate a sus aviones. Pero Kozono tambien era un fanatico y cuando se le ordenó que dispusiera el aerodromo de Atsugi para recibir la vanguardia de las fuerzas de ocupacion, se negó. Sin darse por enterado de la orden recibida ni tampoco de las amenazas advirtiendole de que se utilizaría la fuerza para obligarle a ello, se prefirió recurrir a un ardid para privarle del mando.

Otro de los intransigentes a ultranza que estaba dispuesto a no aceptar la idea de rendicion fue el famoso capitan Minoru Genda, que habia participado en el ataque a Pearl Harbor. Al final de la guerra, Genda mandaba uno de los pocos grupos de aviones de caza que quedaban en Japon. Pero, finalmente, cuando se le aseguró que era voluntad del emperador acabar la guerra, Genda utilizó su prestigio con los exaltados de las Fuerzas Aereas y les convenció para que aceptaran resignadamente el final. Por suerte para las tropas de McArthur, la disciplina aun existente, y un mensaje especial del emperador a todas las fuerzas armadas japonesas terminaron con aquella peligrosa situacion. El pueblo nipon no se lanzaría a operaciones suicidas: no iba a haber Gotterdämmerung.

No obstante, habia aun muchos hombres dispùestos a resistir hasta el amargo final. Los fanaticos pilotos Kamikaze de Atsugi continuaron su rebelion has momentos antes de la llegada de las tropas de McArthur. Y cuando las tropas de ocupacion empezaron a desembarcar, mas de mil jefes y oficiales del ejercito, cientos de mandos de la Marina y no pocos civiles enviaron su espiritu al santuario de Yakusuni quitandose la vida. Muchos consideraban el suicidio como la unica solucion racional al mundo caotico en el que sus normas de existencia habian desaparecido repentinamente. Algunos de los que adoptaron esta medida lo hicieron para expresar su culpabilidad, o como su protesta, y no como una reaccion agresiva contra la sociedad, como suele hacerse en Occidente. Su suicidio no era un acto ritual exigido de ellos por el emperador, el gobierno o el honor castrense. A diferencia del clasico caso occidental, en el que se deja solo al militar condenado con una botella de coñac y una pistola, no se ejercio nunca presion expresa sobre estos japoneses.

Pero, en el fondo, no debe extrañarnos mucho esta ola de suicidios del verano de 1945, ya que, en 1932, algo totalmente futil, el tratado naval de Londres, provocó tambien otra gran ola de Hara-kiris. Entonces, como ahora, se quitaban la vida como demostracion de protesta contra una decision gubernamental que ellos no podian cambiar. Al final de la Segunda Guerra Mundial, otros asumieron la responsabilidad del fracaso de sus subordinados, y, en ultima instancia, el suyo propio en su deber para el emperador. Otros (muy pocos), que temían ser procesados como criminales de guerra, prefirieron la muerte al deshonor.

Hubo quienes escenificaron dramaticamente su suicidio. El almirante Ohnishi, por ejemplo, creador de los kamikazes y partidario acerrimo de la guerra suicida, puso fin a su vida en las primeras horas del 16 de agosto. Su suicidio fue cuidadosamente escenificado en su residencia oficial, donde se hizo el Hara-kiri. En su mesa de despacho dejó un emotivo mensaje diciendo que, con su muerte, se disculpaba ante las almas de los hombres que habia enviado al desastre y ante la de sus desconsoladas familias.

Muy distinto al de Ohnishi fue el suicidio del vicealmirante Matome Ugako, uno de sus subordinados. El 14 de agosto, el cuartel general de la Marina en Tokio ordenó que se suspendieran todos los ataques kamikaze. Pero cuando Ugako, jefe de la 5ta flota aerea, supo que el Japon iba a rendirse, decidio que su deber era no cumplir la orden, y que, al contrario, debia disponer un ataque suicida como acto de desafio. Con otros 10 kamikazes siguiendole, despegó del aerodromo de Oita y se dirigió a Okinawa para atacar a los barcos enemigos. Ninguno de ellos volvió. Creyendo Ugako que su deber consistía en enviar pilotos Kamikazes contra el enemigo, le pareció lo mas logico perecer con sus hombres.

El mariscal Sugiyama, ex ministro de la guerra, preparó cuiadosamente su suicidio para obtener el maximo efecto simbolico. El dia en que sus tropas fueron desmovilizadas, el mariscal se mató de un tiro mientras su esposa (por previo acuerdo) se apuñalaba ante el altar sintoísta de su casa. El general Tanaka, a quien se le negó el permiso para hacerse el Hara-kiri delante de sus tropas, durante una ceremonia en la que se quemaría la bandera, se disparó un tiro en la cabeza sentado ante su mesa de despacho sobre la que habia colocado una estatuilla del emperador Meiji, su testamento, un escrito que le habia entregado el emperador Hiro-Hito, su gorra, su sable, sus guantes y... su dentadura postiza.

Tanaka, Sugiyima y Onishi fueron algunos de los personajes que pusieron fin a su vida porque el Japon Imperial no seguia luchando. Pero no fueron estos los unicos que eligieron el suicidio: el suelo de la plaza imperial, situada ante el palacio del emperador, se veria encharcado de sangre de suicidas durante los dias que siguieron a la rendicion final. Eran los ultimos sacrificios sangrientos del Japon en la Segunda Guerra Mundial... La ultima aplicacion de un arma que conmovió al mundo.

Festejos en San diego por la victoria sobre el Japon
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Última edición por gerkamp el Sab May 28, 2011 11:12 pm, editado 1 vez en total.
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Tacticas japonesas

Mensajepor gerkamp » Vie May 27, 2011 7:51 pm

SUICIDIO Y BUSHIDO
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En ningna sociedad ha sido el suicidio una institucion hasta el extremo en que lo fue en el Japon que cambió de faz en 1945. Tokio aun registra siete suicidios por dia y, aunque esta tasa no es superior a la de los ilustrados Estados Unidos de America, lo mas significativo del suicidio en Japon es la motivacion y el extasis con que normalmente se efectua. Se sabe que los jovenes enamorados, al comprender que su amor es imposible, han escrito notas comprometiendose a unir sus almas en la proxima encarnacion, para luego atarse juntos y saltar al crater de un volcan o colocarse en el camino de un tren expreso. Otros, ante la imposibilidad de organizar un romantico acto doble, lo hacen individualmente. Y si el autosacrificio se escenifica adecuadamente, sea de este modo o de otro, da origen a toda una serie de suicidios similares. Por ejemplo, tras los comentarios en los periodicos de la romantica muerte de un joven enamorado en humenate crater del monte Mihara, en la isla de Hachijojima, en un año le siguieron 149 personas y otros 688 suicidas potenciales fueron detenidos por la policía. El mayor fue un hombre de 65 años, y el mas joven una muchacha de 15. Los problemas familiares y las enfermedades justificaban muchos casos, pero la unica explicacion para la mayoria, que oscilaban entre los 20 y los 30 años, era una especie de histeria suicida.

El tipo de histeria japonesa que afectó al mundo occidental entre 1941 y 1945 era el vinculado con el orgullo nacional y el emperador Hiro-Hito. Como protesta contra la rendicion del Japon a EEUU e Inglaterra en la conferencia naval de Londres de 1930, el teniente Kusukara se hizo el harakiri con su sable de oficial, arrodillandose con sus ropas de dormir en una litera de ferrocarril de vía estrecha. Este fue en realidad el principio de la agitacion que produjo la caida del gobierno, la toma de Manchuria, la retirada de Japon de la Sociedad de Naciones y los preparativos para una guerra contra EEUU, Inglaterra y Rusia, si fuera necesario. Cuando el almirante Takarabe, jefe de la delegacion naval en la conferencia de Londres, llegó a casa, fue recibido, naturalmente, por un patriota que le presentó una daga para que se suicidara. Mas tarde, un estudiante de ciencias politicas de 20 años apareció en el despacho del almirante, le leyó una firme protesta y se abrió su propio vientre en presencia del secretario.

A su debido tiempo comenzaron los asesinatos de ministros, plutocratas y liberales. Este frenesí emocional alcanzó su climax en los procesos civiles, militares y navales de los jovenes patriotas-asesinos en el otoño de 1933. La cosa no quedó ahi. Dirigido por un mando del ejercito, Hideki Tojo (que en 1942 se convertiría en el amo del Pacifico occidental y primer ministro de Japon) estaba profundamente arraigado en la vida emocional del pueblo japones, reforzado por incidentes historicos y apoyado por la mayoria de los periodicos y por millones de soldados, marinos, militares y civiles. Otras explosiones de emocion, menos espectaculares, tambien tuvieron su importancia. Un hombre llamado Nojima, que envió al ministro del interior una peticion de metro y medio de longitud solicitando un alivio del desempleo, la acompañó con su dedo. Tres militares en Shangai se ataron dinamita a la espalda y se arrojaron contra las alambradas chinas, haciendo estallar sus cargas. Ahora estan en el gran museo militar de Tokio. Sus madres fueron llevadas por las islas e un tren especial y cientos de miles de personas trataron de abrirse paso para besar la orla de sus kimonos. Los japoneses de Perú enviaron dinero para la ereccion de un monumento a los 3 heroes. La señora Chiyo Inouye, al saber que su marido, que era medico, iba a partir con el cuerpo medico a Manchuria, se puso el kimono de su boda y se cortó el cuello, dejando la siguiente carta:

''A mi querido esposo: Mi corazon rebosa de alegria. No encuentro palabras para felicitarte. Antes de que partas para el frente mañana, yo dejo este mundo hoy.

''Por favor, no te preocupes por tu hogar, porque ya no hay nada que pueda preocuparte. En mi impotencia, voy a hacer lo poco que puedo para que tu y tus hombres puedan luchar con alma y corazon por la patria. Esto es lo unico que deseo.

''Gracias por tu amabilidad. Mi vida ha sido feliz. Aunque este mundo es efímero, dicen que el proximo es eterno. Algun dia te reuniras alli conmigo. Te estaré esperando.

''Dicen que hace mucho frío en Manchuria. Por favor, procura abrigarte.

''Te dejé 40 yens. Te ruego que, cuando llegues al frente, los distribuyas entre los soldados.

''Rezo por tu exito.

Tu esposa''


Tal era la emotividad medieval que se escondía tras el estado totalitario que en 1940 estaba decidido a asegurarse un lugar el el sol. Se habia adoctrinado al pueblo con teorias sobre su superioridad y su mision divina de liberar el Este de la dominacion Occidental. Sus jefes militares habian previsto desde hacia mucho tiempo que una guerra en Europa les dejaría las manos libres en Asia, y cuando llegó estaban preparados. Durante años la nacion estuvo en pie de guerra y se ultimaron todos los preparativos necesarios para una confrontacion con EEUU e Inglaterra. Dos millones y medio de hombres en armas esperaban la llamada del emperador para lanzarse a traves de Asia y cruzar el Pacifico a fin de liberar a sus pueblos sometidos. Por las emisoras de radio se lanzaba propaganda resaltando la mision divina. Los generales y almirantes señalaban a Australia y la India. Algunos incluso hablaban de desfiles de la victoria en Londres y Washington.

Sus soldados, marinos y aviadores aceptaron las predicciones para el futuro con ecuanimidad nacida del fatalismo oriental. Los poetas japoneses contemporaneos han comparado a estos guerreros con el cerezo que se cultiva en Japon por sus flores, y que el pueblo considera como un simbolo de pureza, lealtad y patriotismo, pero cuya belleza es efímera. Como el cerezo, decían, es la vida del soldado japones.

''El cerezo es el primero entre los arboles,

el guerrero el primero entre los hombres.''


Su vida estaba dedicada a su pais; cuando llegara el momento, debía ofrecerla sin vacilacion. En la escuela elemental se le enseño a amar a su nacion con una pasion desconocida en Occidente. El soldado japones servía a su emperador con orgullo y aceptaba sin discusion una disciplina de hierro y la influencia del espiritu samurai. ''Cumple o muere, la muerte antes que el deshonor''. Tal era su codigo y la base del Bushido. La nacion creia en su ejercito y lo respetaba profundamente. Si los generales decían que iban a conquistar el mundo, sin duda lo harían o sus ejercitos perecerían en el intento.

Japon debia sus exitos al soldado. Se le ha descrito despectivamente como una ''hormiga'' o un ''insecto'', pero el capitan general Slim, distinguido comandante del 14 ejercito ingles en Birmania, dijo de él: ''Hablamos mucho de luchar hasta el ultimo hombre y hasta la ultima bala, pero el soldado japones es el unico que lo hace en realidad''

Nunca fue siquiera necesario ordenar a un soldado japones que resistiera hasta el ultimo hombre y el ultimo cartucho. De hecho, habia que mandarle que olvidara sus honorables intenciones y se retirara. Mostrar su espalda al enemigo era una cobardia y el hacerlo suponía el deshonor para su apellido. El mayor honor que podia esperar era morir por el emperador. Sobre esta base, el Alto mando japones suponía que todos los soldados eran igualmente valientes y, por consiguiente, no existia una medalla al valor como la cruz de victoria o la medalla de honor del congreso. Las medallas solo se otorgaban por campañas o por un servicio largo y distinguido. Como el codigo de conducta militar no aprobaba la rendicion, se consideraba ignomiosa. Y como la convencion de Ginebra sobre prisioneros de guerra era contraria a este punto de vista, Japon nunca la ratificó. Un soldado aliado, que tras luchar hasta la ultima bala, se encontrara ante una superioridad aplastante, podia rendirse sin ingominia. En condiciones similares, la unica salida honorable para el soldado japones era luchar hasta morir, reservandose la ultima bala para él si fuera necesario. Otra alternativa era cargar contra el enemigo en un ultimo ataque suicida. Aunque fuera hecho prisionero tras caer herido, incapaz de moverse o inconsciente, nunca podría volver a levantar la cabeza en Japon. En tales circunstancias, a menudo trataba de suicidarse. Los que se rendían al soldado japones, eran tratados con desprecio. Tales hombres, a sus ojos, estaban deshonrados y se habian hecho indignos de toda consideracion.

Sin embargo, a pesar del comportamiento de sus soldados, la resignacion fatalista ante la muerte no es inherente al caracter japones. Hubo tantos jovenes que intentaron evitar el reclutamiento como en Inglaterra o en EEUU y que emplearon las mismas artimañas para obtener la exencion. Sin embargo, una vez en el ejercito cambiaba su actitud. Los reclutas eran sometidos durante tres meses a un curso intensivo de adoctrinamiento que les convertía en fanaticos dispuestos a morir por su emperador, su patria y el honor de su regimiento. Las bofetadas, las patadas y una disciplina salvaje les endurecía. ''El dolor y la pena los hará hombres- gritaba el sargento mayor a los reclutas -. Cuando terminemos con ustedes, van a ser capaces de asesinar sin derramar una sola lagrima''. La consigna ''Nuestra mas alta esperanza es morir por el emperador'' se repetía hasta convertirse en una obsesion. Todas las noches el ejercito volvía ceremoniosamente el rostro hacia el invisible palacio del dios-emperador y recitaba las palabras del edicto imperial... ''La muerte es mas ligera que una pluma, pero el deber es mas alto que una montaña''. Asi se recordaba al soldado su sagrada mision y la gloriosa recompensa: la muerte en combate.

Tampoco se olvidaba el adoctrinamiento de la familia del soldado. Poco despues de que el nuevo recluta fuera llamado a filas, los parientes recibían una carta de su comandante pidiendoles que tuvieran cuidado de no interponerse en su camino hacia una muerte honorable. Puede juzgarse la eficacia de la propaganda por la carta suicida de la señora Inouye. Muchos mandos y soldados incluso se hacían celebrar su ritos funerarios antes de partir al frente para expresar su intencion de morir por la patria. Una de las marchas militares decía estas macabras palabras:

''Cuando mi cadaver flote en el agua o cante bajo la hierba de la ladera, moriré contento por el emperador.''

Con unos hombres asi adiestrados, una peticion de voluntarios para una empresa desesperada producía invariablemente multitud de soldados dispuestos a enfrentarse a una muerte segura.

La mayoría considera que estar vivo es mas atractivo y útil que estar muerto, y había que convencer de lo contrario incluso al recluta japones. Por consiguiente, para hacer mas atrayente la perspectiva de la muerte, se prometieron ciertos beneficios. Los libros de texto del ejercito postulaban que: ''Morir por el emperador es vivir para siempre'', y se convirtió en practica comun que los ataques culminaran con una carga banzai desafiando la muerte. A proposito del tema, un periodico japones decía: ''Por muy pecador o muy perverso que haya sido un subdito japones, una vez ocupado su puesto en el campo de batalla, todos sus pecados quedan expiados y se convierten en nada. Las guerras del Japon se hacen en nombre del emperador y, por consiguiente, son guerras santas. Todos los soldados que participen en ellas son representantes del emperador... Los que han consumado una muerte tragica en combate, sean buenos o malos, quedan santificados.'' A pesar de toda esta propaganda, algo en la actitud de una persona normal aun se resistía. Aunque aceptaran que iban a morir, la mayoria de los soldados llevaban un Sennin-bari (una bandera de tela con cabellos de mil mujeres, que supuestamente debian proteger a su portador) en la cintura. Tanta fe se depositaba en este amuleto que los familiares femeninos iban por las calles solicitando a los transeuntes unos cabellos para proporcionar proteccion a sus seres queridos. Pero si no habia suerte y el soldado moría tragicamente en la batalla, se suponía que se habia reunido con los dioses y su alma reposaba en una urna del templo de Yakusuni, en Tokio. ''Te vere en Yakusuni'' era una frase corriente entre los soldados, y cuando se despedían antes de una batalla lo decían de corazon. Acabarían en Yakusuni, quedando al cuidado de los kami japoneses, los dioses del nacionalismo, y harian guardia sobre las islas sagradas del Japon. Se les hacia creer que esto era motivo de alegría.

La consideracion del lugar que debian ocupar entre los dioses despues de la muerte obligaba en general a los japoneses a esforzarse considerablemente por recobrar a sus muertos despues de una batalla. Los cadaveres se incineraban, pero, si esto no era posible, se hacia lo posible por quemar una porcion del cuerpo (un trozo de uña era suficiente) para enviar las cenizas a las desoladas familias. Dos veces al año durante el periodo de la guerra se celebraba una complicada ceremonia en Yakusuni. Los nombres de los caidos en combate eran colocados en un arco, que se llevaba en procesion a la luz de las antorchas hasta el altar donde los hombres se deificaban. A partir de entonces se creia que el soldado continuaria luchando por Japon en el mundo de los espiritus.

El Bushido pronto hizo adquirir a los soldados japoneses una reputacion de ferocidad implacable en todas las batallas que libraron. Los hombres eran forzados hasta el agotamiento con un olvido total de los sentimientos humanos normales y los mandos les trataban con barbara severidad. Aunque su comportamiento con los prisioneros fue irreprochable durante la guerra ruso-japonesa, la historia belica posterior a 1930 fue muy diferente, y dio lugar a escenas de ferocidad brutal. Gran parte de las tropas japonesas consideraban que los prisioneros eran afortunados por estar vivos, dado que no merecian ninguna consideracion; expresaban una actitud similar respecto a la mayoria de los pueblos asiaticos de los territorios ocupados. De un modo hasta cierto punto natural ello acabó disipando cualquier sentimiento de buena voluntad que los nuevos conciudadanos de la prosperidad pudieran haber albergado hacia sus ''liberadores''. Lo cual no significa que el gobierno de Tokio no comprendiera en absoluto los problemas del nacionalismo asiatico; mas los administradores civiles enviados a los territorios ocupados estaba bajo la autoridad de los comandantes militares, que en general, los consideraban inferiores.

Gran parte del respeto por la aptitud de los soldados japoneses era merecida. Cuando todo salia conforme a lo previsto eran excelentes combatientes. En los primeros días de la guerra, mientras ingleses y norteamericanos aprendían sus tacticas a partir de amargas experiencias en Birmania y Filipinas, se insistía mucho en su inteligencia y habilidad. Su aparente competencia para organizar ataques nocturnos, sus artimañas y su fanatico valor producian el efecto de crear una sensacion de inferioridad en el animo de los soldados britanicos y estadounidenses, sobre todo, cuando estas cualidades eran expectacularmente aireadas en la prensa. En la practica, los japoneses no eran tan expertos como muchos de los informes periodisticos sugerían. Sin embargo, no estaban dispuestos a permanecer en las localidades defendidas sin hacer nada; sus exitos dependian totalmente de las operaciones ofensivas. Si se estaban quietos en una zona del frente, es porque preparaban un ataque por sorpresa contra los flancos. Esta caracteristica forma de luchar era algo mas que una mera doctrina tactica: era una actitud profundamente arraigada en sus mentes, que buscaba expresion aun en las situaciones mas desesperadas. Extracto de diario de un soldado japones: ''Ya quedamos pocos y no tenemos armas, pero los que estamos vivos debemos comenzar un ataque nocturno hacia las cuatro.'' Se evitaba la palabra ''defensa''; los jefes de Estado Mayor japoneses preferían decir que ''se protegeria una posicion para un avance''.

Se empleaban francotiradores hasta un extremo sin precedentes que en cualquier otro ejercito y sus actividades servian para perpetuar el terror en el campo de batalla hasta mucho despues de haber tomado con exito una posicion japonesa o rechazado un ataque. Estos hombres permanecian ocultos e inmoviles, esperando pacientemente durante horas y horas hasta que se presentara un blanco apropiado: preferiblemente alguien que por sus distintivos o comportamiento pareciera un mando. Afortunadamente para muchos de los infortunados blancos, los japoneses solían ser relativamente malos tiradores, si bien su numero era desconocido e inspiraban terror a las tropas inexpertas. Pasó algun tiempo hasta que los aliados crearon tacticas antiemboscada.

Pero no era cierto que el soldado japones dominaba absolutamente las artes de la lucha, como solía decirse en los primeros dias de la guerra. No cabe duda de que era capaz de deslizarse por la jungla, especialmente de noche, pero la expresion de ''silenciosa e invisiblemente'', tan a menudo citada por la prensa, raras veces era cierta. Contrariamente a la creencia popular, los japoneses contaban con una instruccion en la jungla muy escasa antes de la campaña de Malasia, e incluso en 1944 no tenían nada de silenciosos. Frecuentemente se descubría la presencia de sus patrullas por sus constantes parloteos y conversaciones. Tenían predileccion por los ataques nocturnos, que eran los mas molestos para las tropas aliadas. En la oscuridad atacaban siguiendo caminos bien definidos o indicadores hechos con trapos blancos atados a los arbustos por patrullas anteriores, que les ayudaban a mantener el sentido de la orientacion. A los ataques precedía una cantidad considerable de ruidos y gritos, seguidos de un rapido avance en masa acompañado fuertes voces que vociferaban ''Banzai''. Frecuentemente se oian, mezclados, insultos y engañosas ordenes en ingles. A menudo el avance era suficiente para dar al traste con la resistencia de los defensores. Invariablemente se mostraban peligrosos y fanaticos en su valor, por muchas bajas que tuvieran. No les faltaba ingenio, captaban rapidamente los nombres que oian y luego llamaban a estos individuos en la oscuridad. Lo mismo ocurria con las contraseñas, hasta que las tropas inglesas y norteamericanas seleccionaron palabras que resultaban a los japoneses dificiles de pronunciar: voces como ''Velvet'', que con su pronunciacion sonaba ''berubet''.

Una de las dotes mas comentadas del soldado japones era su capacidad para subsistir durante una semana con una bolsa de arroz y un trago de la alberca de un pueblo, mientras que los aliados, si tenían que vivir en las mismas condiciones, pronto caían enfermos. Tambien se decía que eran mas capaces de tolerar las penalidades fisicas. En realidad no estaban hechos de una fibra diferente. Los soldados japoneses y los aliados se mojaban igual cuando llovía y sufrían lo mismo. La malaria, la disentería, el tifus y otras enfermedades tropicales afectaban a ambos bandos en la misma medida. La diferencia radicaba en que el enfermo aliado seguia considerandose como un individuo valioso al que había que cuidar, mientras que los japoneses raras veces consideraban enfermo a un hombre hasta que estaba a las puertas de la muerte. Aun entonces se le despreciaba por débil. La preocupacion aliada por sus bajas producía demoras en sus comunicaciones, mientras que los japoneses no tenían ese problema. En compensacion, muchas bajas aliadas volvían al campo de batalla, mientras que gran numero de las japonesas se morían literalmente de hambre. La actitud japonesa respecto a la jungla, probablemente era mas realista que la de los aliados. Visto que ciertos rasgos de la misma ofrecían al soldado ventajas que ningun otro terreno presentaba, rapidamente adaptaron su equipo y tacticas para utilizarlas. Todo ello contribuyó a su reputación. Pero tenían los mismos fallos humanos que cualquier otro soldado. Se perdían en la oscuridad o se sentían confusos en una batalla exactamente igual. El diario de un jefe de peloton japones recoge problemas que podían muy bien plantearsele al enemigo: ''Al caer la noche nos aproximamos al enemigo hasta llegar a una distancia de 70 metros... Debido a nuestra deficiente formacion y a la molestia lluvia no pudimos realizar la carga... Decidimos atacar bien entrada la noche, pero los hombres no estaban reunidos adecuadamente... Se perdió un tiempo precioso... ni siquiera se podía alinear a los jefes de seccion... el soldado de primera clase Hirose murió alcanzado por una bala enemiga. Debido a la oscuridad, el cabo Hamada no pudo reunir al resto de sus hombres... tambien a causa de la oscuridad, dos hombres y yo nos equivocamos de camino.''

Se daba mas importancia a la lucha que al lucimiento en los desfiles. Su atuendo solo podia calificarse de desaseado, aunque los oficiales solían mejorar el aspecto de sus tropas haciendoles desfilar con bandas de colores. Y con sus sables, que parecían extrañamente fuera de lugar y demasiado grandes para sus cuerpos achaparrados, a veces presentaban un aspecto de opereta. Estimulaban sin piedad a sus hombres hasta un punto intolerable para cualquier soldado aliado, y que a veces parecía mas alla del limite de la resistencia humana. El japones aceptaba todo esto con una obediencia sin vacilaciones. La sordidez, la falta de alimento y el castigo eran su vida de servicio. Poco podía esperar en cuanto a diversiones, a excepcion de alguna visita ocasional a una casa de ''muchachas'' japonesas, e incluso tales placeres estaban condicionados por su graduacion.

''Inexpugnables, irreductibles, invulnerables'' eran epitetos populares en Tokio. El ejercito y la Marina imperial japoneses se estructuraron en torno a la palabra ''ataque'', y se habia depositado una excesiva confianza en el espiritu de lucha. Cuando se vieron obligados a luchar a la defensiva, estaban perdidos. Su valor raras veces fallaba; el fallo estaba en el uso intelegente de ese valor. Pueden imaginarse las dificultades en que se vieron por llegar a creerse su propia propaganda y engañarse a si mismos. Notificar la pérdida de una batalla suponía un ''deshonor''. Pero no era deshonroso perder hombres, y eso sugería valor. En 1944, cuando la perspectiva de la derrota se cernía sobre Japon, parecia logico combinar el suicidio con el Bushido (la muerte en cumplimiento del deber con el honor) para formar un arma militar oficial.

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Tacticas y costumbres japonesas en la batalla

Mensajepor gerkamp » Sab May 28, 2011 2:50 pm

BANZAI: 10.000 AÑOS POR EL EMPERADOR
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El duro entrenamiento desarrolló la capacidad de resistencia del soldado japonés. Cuando se unía a su regimiento, raras veces tenía problemas éticos que le inhibieran en el combate. Sabía que su mision era ganar batallas, de ser posible por sorpresa; si no, abrumando al enemigo con el puro peso de su numero y la indiferencia ante las pérdidas. Si era necesario, tendría que morir en la empresa; la muerte era su destino. Tanto los mandos como las tropas pensaban solo en el ataque. Todos los manuales y reglamentos de campaña resaltaban el aspecto ofensivo de la guerra. El curioso fenomeno de la carga Banzai era la culminacion de esta filosofía de ataque. A lo largo de toda la guerra, donde quiera que lucharan los japoneses, habia cargas banzai concebidas para mostrar la superioridad de la fuerza espiritual ''tras las bayonetas dominadoras del diablo de Hiro-Hito''.

Durante la campaña de Saipan, un destacamento japonés fue aislado por soldados de la 25 de Infanteria de Marina estadounidense. Gradualmente fueron haciendo retroceder a sus integrantes y arrinconandoles en el extremo meridional de la isla, donde se dejó un batallon americano para mantener la posicion hasta que pudiera terminarse con lo que quedaba del enemigo. Una noche, sin embargo, un numeroso grupo de japoneses salió de la trampa y se dirigió al campo de aviacion que los americanos habían establecido en la isla. Dadas las circunstancias, la operacion estaba extraordinariamente bien organizada y se dieron ordenes rigurosisimas: ''Los que no puedan participar... deben suicidarse. Las bajas permaneceran en la posicion en que se encuentren y defenderan la zona'' hasta donde habia sido empujado el destacamento. La contraseña era Sichi Sei Hokuku (siete vidas por la patria): significaba evidentemente que cada hombre debía matar a 7 norteamericanos antes de reunirse con sus antepasados; aparte de causar todo el daño posible en las instalaciones de aviones del campo de aterrizaje y de tratar de abrirse paso hasta sus lineas del norte.

Nunca se sabrá exactamente cuando comenzaron esta extraña salida. A la mañana siguiente se contaron unos 500 cuerpos y es posible que algunos japoneses alcanzaran la proteccion de la jungla e incluso sus propias lineas. Esta vez, el ataque fue un notable fracaso. No solo no consiguieron matar a ''7 por 1'', sino que ademas, al llegar al campo de aviacion, fueron rechazados antes de que tuvieran la oportunidad de causar muchos destrozos. Sin embargo, tres días despues hubo otra ofensiva japonesa mucho mas seria. ''La lucha en Saipan, tal como estan las cosas, progresa desigualmente- informó en Tokio el comandante japones-. Paso a paso se nos acercan y concentran su fuego sobre nosotros mientras nos retiramos...'' Esta era la situacion que el general Saito estaba decidido a cambiar.

Saito, un hombre ya anciano, se habia dado cuenta desde hacía tiempo de lo que podía esperar. Las extravagantes promesas de refuerzos navales y aereos por parte de Tokio no podía ocultarle la realidad. Lo que planeaba era en pocas palabras, un Banzai a lo grande. O conseguía romper el ataque norteamericano o todo el resto de la guarnicion japonesa perecería en el intento.

''El barbaro ataque del enemigo continúa —escribió en su ultima orden del día a sus tropas—. Estamos muriendo inutilmente bajo los violentos bombardeos y granadas... Tanto si atacamos como si nos quedamos aqui, nos espera la muerte. Sin embargo, en la muerte esta la vida. Debemos aprovechar esta oportunidad para exaltar la verdadera virilidad japonesa. Avanzaré con los que quedan para asestar un nuevo golpe a los diablos norteamericanos y dejaré mis huesos en Saipan como un baluarte del Pacifico''. Una vez mas se dió instrucciones a los soldados japoneses de restituir ''siete vidas a la patria'', la misma consigna dada al destacamento que trató de abrirse paso anteriormente. Pero en esta ocasión no habia ningun objetivo tactico: el ataque debía ser el mayor suicidio en masa cometido en el Pacifico. Para asegurarse de que sus tropas estuvieran concentradas con tiempo suficiente, Saito formuló sus planes con considerable antelación. Las ordenes eran que todos los hombres disponibles se reunieran en un lugar convenido cerca del pueblo de Makunsho, donde los campos quemados de caña de azucar seguian siendo lo bastante espesos para ocultar a las tropas mientras se formaban para el ataque. Se instó a los mensajeros a abrirse camino hacia las unidades mas apartadas durante la noche pero les fue imposible llegar a todas. Tambien era inevitable que uno de los mensajes cayera en manos norteamericanas. En consecuencia, los infantes de marina sabían que iba a producirse un ataque, aunque no se sabía exactamente donde tendría lugar o de que direccion llegaría.

Una vez enviado el mensaje, el general Saito se sentó a comer lo que quedaba de las raciones japonesas mas deleitosas: Sake y cangrejo en conserva. Luego, tras las tradicionales ceremonias asociadas con su ultima cena, se despidió de su estado mayor y se sentó fuera de su cuartel general mirando en direccion al palacio del emperador. Se le entregó un sable ceremonial y, en cuanto se hubo practicado la circunscrita incision en el estomago, su ayudante (cumpliendo ordenes recibidas previamente) le disparó un tiro en la cabeza. (Posteriormente los infantes de marina recuperaron su cuerpo y lo enterraron con todos los honores militares).

El mando del ataque recayó en el coronel Suzuki, de la 135 division de infanteria. Los japoneses nunca pudieron asegurar exactamente cuantos participaron en el. Pero, basandose en el número de cuerpos enterrados posteriormente, parece que la fuerza de ataque sumaba unos 3.000. El avance comenzó desde Makunsho hacia las 00.40 de la noche del 8 julio de 1944. Avanzando en formacion por el ferrocarril de vía estrecha que discurre cerca de la costa, los japoneses desecharon los puestos avanzados norteamericanos y se enfrentaron a dos batallones de la 105 division de infanteria de EEUU poco despues de las 05.00 de la madrugada. En una masa de chillidos cargaron gritando Banzai, Banzai, Banzai: palabras agudas, cuajadas de sangre y cargadas de fanatismo, salvajismo y odio. El impetú de la carga inicial fue suficiente para llevarles a traves de los norteamericanos; no habia forma de detener a tantos hombres cuyo único pensamiento era matar o morir. La artilleria estadounidense machacó la zona desde la que se estaba iniciando el ataque, pero era ineficaz donde ya estaba teniendo lugar, pues no podían disparar por temor a herir a sus propios hombres.

A las 06.00 la situacion era de una confusion caotica. Los dos batallones norteamericanos estaban destrozados y una lucha feroz giraba en torno a una docena de bolsas aisladas de resistencia norteamericana. Algunas fueron dominadas, otras resistieron. Parte de los americanos escaparon a las colinas. Los que estaban cerca de la costa fueron empujados hasta el mar. Entretanto, a medida que los japoneses seguían presionando, los observadores de las colinas que dominaban el campo de batalla vieron un extraño fenomeno a traves de sus binoculares. Tras las primeras lineas de las tropas de asalto japonesas avanzaba una horripilante procesion: los lisiados, los enfermos y los cojos. Los heridos habían abandonado los hospitales y salian para morir. Hombres vendados, algunos con muletas, heridos caminando y ayudandose mutuamente; algunos armados, otros con solo una bayoneta o una granada; muchos sin ningun arma, luchando por tratar de matar a algunos americanos para luego morir en combate. Mas tarde se decubrió que unos 300 pacientes demasiado débiles para moverse habían muerto a manos de los propio japoneses.

A unos mil metros detras del lugar por donde los hombres de Saito habían atacado, los artilleros norteamericanos disparaban sus armas a quemarropa mientras los japoneses corrían hacia ellos. Gran parte de la agitada masa murió alli antes de que los propios artilleros fueran rebasados. Pero a estas alturas la carga ya había perdido su impetú y cuando llegó otro batallon estadounidense para contraatacar, el gran Banzai había terminado y los norteamericanos pasaron a la ofensiva. Al llegar la noche solo quedaban dos focos de obstinada resistencia, que fueron limpiados al día siguiente.

La carnicería fue increiblemente espantosa. Las partidas de enterradores tardaron días en sepultar a los muertos. Un observador que visitó el escenario describía a los exhaustos soldados e infantes de Marina tumbandose a dormir entre los cadaveres en putrefaccion, porque no había ningun sitio en la zona que estuviera libre de muertos. Por lo que respecta a su unico objetivo concebible, el suicidio, el Banzai del general Saito, fue un completo exito.

La campaña terminó poco despues, aunque de vez en cuando un puñado de japoneses que se había perdido el Banzai por una razon u otra se aprestaban a luchar hasta morir miserablemente en sus agujeros. Otros huyeron antes del avance, corrieron hasta el borde de los acantilados que descendian desde la meseta y consiguieron llegar a la costa. Alli tuvieron lugar los ultimos horrores de la batalla. Algunos cientos de civiles se habian refugiado en la costa norte y en las cuevas de los acantilados situados enfrente. Ahora, creyendo haber llegado al ultimo extremo, organizaron una verdadera orgía de autodestruccion. Los padres y madres cortaban el cuello a sus pequeños y estrangulaban a los niños algo mayores, para rrrojar a continuacion los diminutos cuerpos por el acantilado antes de saltar tras ellos. Los soldados japoneses se alineaban y esperaban pacientemente a que sus oficiales les cortaran la cabeza. Tres mujeres se tomaron de la mano y caminaron lentamente por el mar hasta que las cubrió. Otra, desnuda y en la ultima etapa del embarazo, entró tras ellas para ahogarse tambien. Hombres endurecidos por una de las campañas mas sangrientas del Pacifico volvían con las cabezas dolidas y fisicamente enfermos.

Las conminaciones a la rendicion, generalmente fueron en vano. Se había dicho a estos hombres que los norteamericanos les matarían y cuando un pequeño grupo de miserables criaturas respondieron a la exhortacion americana, cayeron bajo las balas de los soldados japoneses que se encontraban junto a ellos o de otros aun escondidos en las cuevas del acantilado. Un soldado disparó uno a uno sobre un grupo de quince mujeres y niños, deteniendose sistematicamente para cargar su rifle y puso fin al espectaculo suicidandose con una granada. En todos los aspectos practicos, la campaña de Saipan terminó aqui, aunque miles de japoneses armados y suicidas seguían ocultos en la jungla. Durante varias semanas fueron cazados y muertos, a menudo a un ritmo de mas de cien por día, en una de las mayores operaciones de limpieza de la historia. Cuando se hizo un calculo en agosto, habían perecido casi 24.000 soldados japoneses, la mayoría en acciones suicidas.

En Guam hubo otra carga Banzai que pasó a la historia. Por entonces los americanos mantenían un frente de 2.000 metros con una sola division. La noche del 25 de julio de 1944 llovió copiosamente y a primera hora de la mañana del 26 empezaron a caer bombas sobre las posiciones norteamericanas. El tableteo de las ametralladoras y el golpe sordo de las granadas se mezcló con el ruido de un sañudo ataque nocturno. Los japoneses habían decidido arrojar a los infantes de marina norteamericanos fuera de Guam y de nuevo al mar. Portando minas terrestres y cargas explosivas en el cinturon, cargaron gritando en ingles. (Un corresponsal de guerra cogido en medio de la batalla juró posteriormente que les oyó gritar: ''Un, dos, tres... ¿A que no me atrapas?''). Los infantes respondieron a la agresion, pero el peso numerico permitió a los japoneses traspasar el escaso fondo de las lineas. Finalmente se estableció la posicion, pero hubo escaramuzas durante horas y en los dias siguientes al ataque Banzai se persiguió a los japoneses solos o en partidas tras el frente que los norteamericanos habian restablecido.

Dos cosas distinguían a este Banzai de los demas. Primero, el cuidadoso reconocimiento que precedió al ataque. Segundo, la eleccion del lugar por el que se rompieron las lineas. Las patrullas las examinaron hasta estar seguros de que habian encontrado el punto mas debil. Luego, una vez determinado donde se ocultaban los infortunados defensores, se dispusieron a atacar. Eligieron un sector que supusieron correctamente que estaba defendido por la unidad estadounidense mas debil. En el mismo centro de la linea en la cabeza de playa, solo 250 hombres defendian una posicion de mas de 2.000 metros: un frente que normalmente requiere unos 600 hombres.

La señal para el ataque fue, al parecer, una bengala color naranja lanzada desde las lineas japonesas segundos despues de que una devastadora barrera de fuego de morteros comenzara a caer sobre las posiciones norteamericanas. Una voz monotona gritó en medio de la noche y una avalancha de formas saltó hacia adelante sin dejar de chillar. Con sus bayonetas brillando a la luz de las llamas que se elevaban sobre el campo de batalla, los japoneses cargaron lanzando granadas y aullando ''ban-za-ai''. El ataque se mantuvo a derecha y a izquierda de la linea norteamericana, pues a medida que avanzaban los hombres del emperador eran segados por los fusiles y ametralladoras. En el centro, el asalto rodeaba los aislados hoyos de tirador que constituían el frente y se centraba en un hueco donde estaban estacionados algunos carros de combate. Mientras los japoneses se lanzaban sobre ellos como una plaga de hormigas, estos disparaban sus 75 mm contra las masas atacantes. Muchos fueron hechos pedazos, pero algunos de los supervivientes treparon sobre los monstruos de acero en un vano intento de llegar a sus ocupantes. Otros corrieron por entre los carros y bajaron a un barranco que conducía a la playa. Ante ellos, los grupos de marines estadounidenses trataban de contener la avalancha y volver a formar un frente. La noche era un horrible espectaculo de explosiones, luces y gritos.

La accion que se desarrollaba alrededor de las ametralladoras pesadas americanas es un ejemplo tipico de lo que alli estaba ocurriendo. Una granada alcanzó una ametralladora, inutilizandola temporalmente, y sus servidores vieron como los japoneses cargaban directamente hasta el cañon de la otra: un soldado japones llegó a arrojarse sobre la boca en un gesto concebido para permitir a sus camaradas cumplir la mision y, al mismo tiempo, para llevarle a él a Yakusuni. Los servidores norteamericanos fueron pasados a cuchillo y los japoneses trataron de levantar la ametralladora entera de su base para darla vuelta. Un marine disparó sobre ellos con un subfusil y los japoneses soltaron la pieza. Otros tres se quedaron alli y, cuando el americano volvió contra ellos, uno sacó una granada, la sostuvo sobre su cabeza y saltó en pedazos. Minutos despues apareció otra partida de japoneses. Nuevamente, algunos se detuvieron junto a la ametralladora y trataron de girarla. Casi lo habian conseguido cuando salió de la oscuridad un soldado japones, corrió con todas sus fuerzas hacia ellos, tropezó con un cuerpo a unos metros de distancia y voló por los aires. Brilló una luz cegadora cuando saltó literalmente en pedazos. Era una bomba humana, con una mina terrestre y una carga de explosivos en la cintura.

Tres horas despues del comienzo del ataque, los japoneses habian llegado a una colina que dominaba la cabeza de playa. Su objetivo estaba a la vista y la diezmada masa fue alineada apresuradamente para un Banzai final. Amontonados, aullando y tropezando, la primera ola bajó sus bayonetas y se arrastró hacia adelante: fue segada por el fuego concentrado de unos soldados de refresco que esperaban ceñudamente su loco ataque. Algunos japoneses ya heridos estaban envueltos en vendajes grises. Pero todos avanzaron arrastrandose cuando su comandante dio la orden. Y murieron como un solo hombre. Solo unos pocos individuos desperdigados que no habian llegado hasta la colina quedaban ahora para la operacion de limpieza.

Cuando se hizo de día, los bulldozers y las patrullas de enterramiento encontraron unos 800 japoneses. Muchos otros estaban muertos o encerrados en cuevas. En realidad, esta carga suicida había desperdiciado la crema de las tropas japonesas en Guam. Al fracasar, ya no les quedaba nada que oponer a los norteamericanos. Durante las semanas siguientes continuaron lanzando ataques menores, pero habian perdido su potencia ofensiva.

Los norteamericanos presionaron entonces hacia el interior y hubo algunos momentos desesperados entre las colinas cubiertas de bosques y en los valles. En muchas zonas las colinas eran escarpadas formaciones de corales que proporcionaban a los japoneses cuevas donde esconderse. Las intimaciones a la rendicion raras veces tenian respuesta y era preciso procurarse seguridad mediante lanzallamas y granadas de termita. Para los japoneses que quedaban en Guam la unica alterniva a la derrota era la muerte. La aceptaban como su destino y, siempre que tenían oportunidad de reorganizarse, los americanos se enteraban de forma un tanto desagradable.

General Tadamichi Kuribayashi
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En Malasia, en Birmania y las vastas islas del pacifico, siempre que se pedia a las tropas japonesas que sirvieran a su emperador, se repetía la misma historia. Los comandantes podían contar con el mayor valor militar en Japon: la disposicion de la mayoria de sus hombres a morir. En Iwo Jima, a mas de mil kilometros de Tokio, el general en jefe al mando de la guarnicion era el teniente general Tadamichi Kuribayashi. Segun la prensa nipon, era un hombre bajo, achaparrado y moreno, de cincuenta y cuatro años, ''cuyo vientre ligeramente protuberante estaba lleno del mejor espiritu combativo''. Pero el espiritu combativo no era su unica cualidad: era tambien un tactico capaz y un buen soldado. Ademas estaba decidido a utilizar las dotes suicidas de sus tropas. Iwo Jima era una isla volcánica con una extension de 20 kilometros cuadrados y forma de chuleta de cerdo. Las playas y la mayor parte del suelo eran de una extraña ceniza volcanica que podía convertirse en un hormigon parecido al granito mezclado con cemento. El general Kuribayashi tuvo tiempo mas que suficiente para preparar sus defensas y el resultado era una serie de fortines y puntos de resistencia unidos por una prodigiosa cadena de tuneles. Colinas enteras habían sido excavadas y cientos de cuevas y huecos conectados para proporcionar escondites y refugios a los defensores.

Kuribayashi sabía que iba a producirse un ataque y habia preparado a sus hombres tanto fisica como espiritualmente para la odisea. En general, la moral debía haberle planteado un grave problema desde mucho antes de comenzar la lucha, Como ya hemos señalado, el soldado japones era un individuo sufrido y poco acostumbrado a las comodidades y diversiones. Pero la vida de la guarnicion en Iwo Jima era bastante dura incluso para los japoneses. Y, sin embargo, el pequeño y corpulento general se las ingenió para infundir gran parte de su inflexible determinacion a sus hombres. Cuando los norteamericanos consiguieron al fin rebasar sus posiciones, en los cadaveres de muchos japoneses se encontraron copias de los ''Votos de valor para la batalla'' que decían:

''Por encima de todo, nos dedicaremos con todas nuestras fuerzas a la defensa de esta isla.

''Lanzaremos bombas, atacaremos los carros enemigos y los destruiremos.

''Nos infiltraremos entre el enemigo y los aniquilaremos.

''Con cada descarga mataremos sin falta al enemigo.

''Cada hombre considerará su deber matar a diez enemigos antes de morir.

''Hostigaremos al enemigo con tacticas de guerrilla hasta que el ultimo de nuestros hombres sea destruido.''


Kuribayashi, totalmente realista en cuestiones militares, estaba decidido a aprovechar al maximo el arma suicida. Sus votos de batalla de aplicaban mediante juramentos mas tangibles, prestados por individuos que se ofrecían voluntarios para morir o para realizar misiones gloriosas en la defensa de la isla. Se hicieron pañuelos especiales para todos los voluntarios, que llevaban orgullosamente atados alrededor de la cabeza. A menudo, unidades enteras se ofrecían voluntarias en masa.

El general no tenía intención de desperdiciar vidas innecesariamente. Multitud de ejemplos de Banzai le habían convencido de su futilidad frente a la potencia de fuego norteamericana. Dejó bien sentado ante todas sus tropas que, cuando se requerían tacticas suicidas, su finalidad era lograr algun resultado constructivo. No habría retirada ni rendicion, pero no se lanzaría ningun contraataque hasta que las posiciones propias hubieran sido rebasadas.

Los japoneses jugaron sus cartas astutamente y las tres semanas que se tardó en romper el interior de sus defensas hicieron de Iwo Jima una de las operaciones mas sangrientas que los estadounidenses han llevado a cabo. Una y otra vez en el curso de esas tres semanas, los norteamericanos creyeron haber aniquilado a los japoneses con una devastadora barrera de fuego desde los buques de guerra que les apoyaban. Y una y otra vez los japoneses les dejaron meterse en una emboscada para luego mostarles que habían sobrevivido al terrible fuego. En las operaciones suicidas de Kuribayashi, pequeños grupos de hombres se infiltraban repetidas veces a traves de las lineas norteamericanas, reocupando posiciones que habian sido rebasadas, para disparar contra la retaguardia de las tropas de vanguardia.

Los norteamericanos avanzaron, pero cada paso se efectuaba a un coste terrible y la conquista de Iwo Jima fue una espantosa batalla de desgaste. Pero tambien los japoneses acusaron el esfuerzo y cuando la campaña llegó a su segunda semana, Kurubayashi empezó a darse cuenta de que no podía ganar. ¿Donde estaban la Marina imperial y la Fuerza Aerea?, preguntó por radio a sus superiores en Tokio. En realidad, la mayor parte de la Marina japonesa estaba por entonces en el fondo del mar y lo que quedaba de la Fuerza Aerea no podía atravesar el potente fuego de cobertura que protegía a la fuerza expedicionaria americana en Iwo Jima.

El 9 de marzo los marines estadounidenses terminaron al fin la operacion concebida para aplastar la principal linea defensiva de Kuribayashi. La campaña distaba mucho de estar terminada, pues se habian dejado atras multitud de focos de resistencia japoneses. Estos siguieron acosando la retaguardia estadounidense junto con cientos de japoneses escondidos en cuevas entre los riscos y barrancos y comunicados por tortuosos pasos subterraneos. Los nipones reaccionaron ante la penetracion con uno de sus contraataques. En realidad no fue ordenado por el general Kuribayashi, pues posteriormente se supo que estaba acorralado en una cueva a cierta distancia del escenario de la accion y completamente incomunicado con sus tropas. Quiza estos hombres decidieron que, como sus posiciones habian sido rebasadas, su general esperaría de ellos que cumplieran con las ordenes originales. O quiza simplemente consideraron que el espectaculo habia terminado y que debían vender sus vidas tan caras como fuera posible. En cualquier caso, salieron al exterior.

Lo que acaeció no puede considerarse como una carga banzai. Mas que una carga, era un esfuerzo masivo de infiltracion, concebido tanto para destruir el frente americano como para traspasarlo y desorganizar el acceso mas vulnerable de la retaguardia; volar depositos de suministros, carros, transportes motorizados, artillería y hasta aviones, si podían arreglarselas para abrirse paso hasta los campos de aviacion. Pero era, sin duda, una operacion suicida. Los hombres, cargados de granadas, cargas de demolicion y explosivos diversos, evidentemente no podían esperar sobrevivir. Muy pocos lo consiguieron.

La mayor parte de la accion se desarrolló durante la noche en la zona defendida por marines de la 23 de EEUU. Los hombres de Kuribayashi utilizaron ametralladoras, morteros y la poca artillería que les quedaba. Los cañones norteamericanos respondieron cubriendo las zonas por donde tenían que pasar los japoneses. Se desarrollo la usual escena de pesadilla y a lo largo de la noche hubo algunos fieros combates cuerpo a cuerpo. Pero la aurora encontró a los infiltrados desperdigados y hundidos en los pantanos, en una situacion desesperada. No habían logrado nada de importancia tactica. Algunos se mataron con sus bombas; muchos otros hubieron de ser eliminados en una lenta y penosa operacion de limpieza. Lo que ocurrió a Kuribayashi nadie lo sabe. Según algunos informes, se ocultó con un fuerte destacamento de hombres dispuestos a cumplir con su deber o morir. Un japones que fue capturado vivo declaró que el general había organizado y dirigido un Banzai final. Sin embargo, tras un cuidadoso examen de los cadaveres y de los sables y documentos encontrados en los muertos, la version no pudo confirmarse.
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Tacticas y costumbres japonesas en la batalla

Mensajepor gerkamp » Sab May 28, 2011 11:10 pm

Torpedos humanos
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Las tacticas suicidas japonesas no se limitaban a las operaciones en tierra; tambien en el mar hubo hombres que aceptaron deliberadamente su aniquilacion con la esperanza de derrotar a los aliados.

En 1922 la conferencia naval de desarme de Washington limitó el numero de buques acorazados de Japon al 60% del total permitido a EEUU o Inglaterra. Molestos por esta decision, los jefes de la Marina imperial buscaron el medio de contrarrestar tales limitaciones. En consecuencia, se inició una plan intensivo de modernizacion y se crearon nuevas armas; entres estas figuraba un notable torpedo. En los años 20 y principios de los 30, la estrategia naval de todas las grandes potencias giraba en torno al papel dominante del acorazado y la superioridad cuantitativa se medía por su numero. Para restablecer el equilibrio entre la Marina japonesa y las flotas de las dos potencias occidentales, hacia falta un arma de alcance superior al de los cañones de los acorazados britanicos y norteamericanos. Como el nuevo torpedo podía hacerlo, no se limitó a igualar la disparidad impuesta a Japon; tambien proporcionó la oportunidad para una revolucion en las acciones de superficie.

Por entonces los torpedos de vapor con que estaba equipada la Marina de todas las potencias habian alcanzado el nivel optimo de funcionamiento. Inglaterra y Francia realizaron algun intento de crear nuevos sistemas de propulsion, pero no llego a lograrse nada. Se había considerado el oxigeno, pero se rechazó la idea por ser demasiado peligrosa. Los japoneses, dandose cuenta de que este gas en un sistema de propulsion de tropedos ofrecía un alcance y una velocidad mucho mayores, pusieron manos a la obra discretamente y en 1933 el vicealmirante Toshihide Asaguma y el contraalmirante Kaneji Kishimoto recibieron recompensas especiales del emperador por su trabajo en este campo. No se publicaron detalles, pero posteriormente se supo que habían producido un torpedo gigante de 60 centimetros de diámetro, casi 10 metros de longitud y 2700 kilos de peso. Este arma, que los diseñadores denominaron ''Tipo 94'' porque fue perfeccionada 2593 años despues de la fundacion del Imperio Japones, y que mas tarde se conoció con el nombre de ''La lanza larga'', llevaba una cabeza de 450 kilos de explosivos. Era aproximadamente el doble de contenido de un torpedo norteamericano o ingles. Asaguma y Kishimoto hicieron todo cuanto se esperaba de ellos y, de no haber sido por el advenimiento de las tacticas aereas como fuerza de ataque fundamental en las operaciones navales, estos torpedos tal vez habrían mantenido la supremacía naval de Japon a lo largo de toda la guerra.

A su debido tiempo, todos los destructores y cruceros japoneses se equiparon con montajes para los torpedos ''Tipo 93'' y se instaló el voluminoso equipo de produccion de oxigeno que requerían. Ni que decir tiene que todo este proceso tuvo lugar en secreto y se explicó la presencia de los generadores de oxigeno alegando que se trataba de acondicionadores de aire especiales. Durante el mes de febrero de 1942, en la batalla del mar de Java, se utilizaron ''lanzas largas'' en las fuerzas combinadas de los barcos de guerra estadounidenses, britanicos, holandeses y australianos. Pero el éxito fue efímero: cuando la Marina imperial perdió los buques que llevaban las nuevas armas a la batalla, los torpedos se cubrieron de polvo en los dépositos de material de guerra.

La preocupación del Japon por los submarinos tambien tuvo su origen en la conferencia de Washington de 1922, pues se pensó que estos, al igual que los torpedos, podían contribuir a contrarrestar la disparidad que se había impuesto a Japon. En diciembre de 1941 ya había 64 subamarinos gigantes de la clase ''I'' dispuestos para entrar en accion y se habían construido ya 20 submarinos de bolsillo. Derivado en su origen de los ''torpedos humanos'' utilizados por Japon durante la guerra Ruso-japonesa, esta curiosa y diminuta embarcacion tenía cabida para dos hombres y podía permanecer sumergida durante cinco horas. No era un arma suicida en el verdadero sentido de la palabra, aunque su manejo suponía inevitablemente un riesgo considerable para la tripulación. Cada unidad era llevada al lugar de la acción por un submarino clase ''I'', que debía salir a la superficie para soltar su carga. Despues de la misión, el mismo submarino tenía que recogerla. Sin embargo, en su primera accion en Pearl Harbor pronto se vio que habia pocas oportunidades de poder hacerlo. No obstante, el temperamento japones era ideal para proponer misiones problematicas de este tipo y nunca hubo escazes de voluntarios.

Entretanto, se hacían planes para fabricar un submarino de bolsillo de un solo tripulante que podía soltarse con el buque madre sumergido. Durante el invierno de 1942-43 dos oficiales de Marina, los tenientes Nishina y Kuroki, y el arquitecto naval Hiroshi Suzukawa, hicieron un diseño basado en el ''Lanza larga Tipo 93''. Se mantuvieron todas las piezas principales del torpedo original y la unica modificacion importante fue la inclusion de una seccion adicional entre la cabeza explosiva y el motor de oxigeno. Se trataba del compartimiento para el piloto, dotado de un periscopio y un conjunto de controles que le permitían dirigir la trayectoria del torpedo. En la primavera de 1943 los diseñadores habían terminado su proyecto y calculado que su torpedo ''tripulado'', con una cabeza explosiva de 1.350 kilos, tendría un alcance de 40 millas marinas. La lanza larga ya habia demostrado que podía perforar la popa de un crucero pesado; con un hombre para dirigirlo y una cabeza explosiva tres veces superior, había sobradas razones para suponer que podría hacer lo mismo con un acorazado o un portaaviones.

Las cosas empezaban a ir mal para la Marina Imperial, y el Alto Estado Mayor de la Armada en Tokio trataba de encontrar algun medio para cambiar el panorama de la guerra del Pacifico. Se presentaron planes para lo que los diseñadores llamaban ahora ''Kaiten''. (La traduccion literal de Kaiten es ''agitador de los cielos''. Pero en japones significaba mucho mas: sugiere un cambio radical de las cosas). El proyecto se rechazó por considerarse demasiado fantastico. Pero cuando se frustró el intento de la Marina Imperial de aplastar a los americanos en Saipan, los hombres de Tokio se lo pensaron mejor. Los insistentes ruegos de Nishina y Kuroki ante el Ministerio de Marina habían culminado en una peticion escrita con su propia sangre. Es dudoso que tuviera mucho efecto. Lo que indudablemente obligó al Alto Estado Mayor de la Armada a escucharles fue los norteamericanos denominaron ''Cacería de pavos en las Marianas'', en que se perdieron 400 aviones japoneses. Trece meses despues de los primeros intentos, se concedió permiso para la construccion de un prototipo; pero solo a condicion de que tuviera una escotilla de escape para proporcionar al piloto Kaiten la oportunidad de salir ileso despues de haber orientado su arma en direccion al objetivo. En febrero de 1944 el prototipo fue aprobado y se construyó una base en la isla de Otsujima, cerca de la base de Kure, cuartel general de la 6ta flota y de las fuerzas submarinas del Japon.

Se impidió que la noticia del prototipo llegara al publico mediante estrictas medidas de seguridad, y en julio de 1944 solo se habian construido unos pocos Kaiten. Pero cuando el Alto Estado Mayor de la Armada empezó a comprender la magnitud del desastre que habia sufrido la Marina Imperial en las Marianas, envió la frenetica orden de incrementar urgentemente la produccion. Una segunda orden pedía voluntarios para manejar un Kyukoko heiki, nueva arma de salvacion nacional, en misiones de las que no se esperaba que volvieran con vida. Al principio no se mencionó la naturaleza del arma, pero, aun cuando se supo que su destino probable era una muerte oscura bajo las olas, hubo abundancia de voluntarios. De hecho, parece que los primeros estaban agradecidos al ser aceptados. La seleccion se basaba supuestamente en tres requisitos: fortaleza fisica y moral, pruebas de un alto sentido del patriotismo y un minimo de responsabilidades familiares. Se excluyó a los hombres casados y se eligieron muy pocos hijos primogenitos o únicos. Los preferidos eran los hombres jovenes y fisicamente aptos que presentaran escasas tendencias a volver la vista atras.

En el departamento Kaiten de Otsushima, ''Base P'', no se regatearon esfuerzos para inspirar a los voluntarios un esprit de corps, Yamato damashi o espíritu japones. Al llegar se les presentaba un prototipo de sus ataudes de acero, antes de enseñarles su alojamiento. Este, lo mismo que el alimento, era lujoso en comparacion con los que la mayoria conocieron en su instruccion previa. Pero había pocas instalaciones recreativas, ni cine ni mujeres. Tampoco se les concedían permisos antes de terminar su adiestramiento y estar listos para la mision que sería su final.

Nishina y Kuroki organizaron la instruccion de los primeros voluntarios. Pero el 6 de septiembre de 1944 el Kaiten se cobró su primera victima cuando el torpedo de Kuroki se hundió en el fondo de las placidas aguas del mar Interno. Otras seis vidas se perderían durante la instruccion antes de que el final de la guerra trajera consigo la desaparicion de los Kaiten. Pero, desde septiembre de 1944 hasta el final de la campaña de Okinawa, los grupos de voluntarios, que recibían nombres tradicionales tales como ''Guerreros de dios'' o ''Grupo para la promocion del estilo Samurai'', recibieron cursos de Kaiten en Otsushima. A las lecciones sobre las funciones del torpedo 93 seguían misiones de pasadas de bombardeo simulado para famirializar a los pilotos con los controles y acostumbrarles al limitado espacio de su diminuta cabina. A continuacion habia ejercicios de inmersion frente a los buques anclados en la bahia de Tokuyami. Finalmente, cuando se consideraba que los pilotos habían adquirido la pericia suficiente, el grupo era embarcado en uno de los submarinos de la flota para realizar un bombardeo simulado.

Cada uno de los submarinos de la clase ''I'' acondicionados para transportar Kaiten podían llevar 6 de estas armas. Durante la aproximacion al objetivo, los pilotos Kaiten subían a sus diminutas embarcaciones a traves de una escotilla especial que acto seguido se cerraba. A medida que el submarino se acercaba a su victima, una conexion telefonica entre la torre de mando y el Kaiten permitía al capitán mantener informados a los pilotos sobre las posiciones relativas de su objetivo. En el momento optimo, los motores del Kaiten se ponían en marcha y salian del submarino madre a intervalos de cinco segundos. Una vez en movimiento, el piloto podía observar el objetivo a traves de su propio periscopio y realizar las correcciones necesarias en la direccion. A unos 500 metros de distancia podía poner en marcha el control automatico de su embarcacion para la carga final a toda velocidad, y sumergido a una profundidad de cuatro metros.

Dentro del Kaiten hasta un hombre pequeño se entumecía. Aunque los controles eran simples, hacía falta una habilidad considerable para manejar la embarcacion eficientemente. Bajo los pies había una pequeña bolsa de raciones de emergencia y una botellita que contenía una bebida alcoholica. Ninguna estaba pensada para misiones tacticas. Directamente delante del rostro del piloto estaba el cristal del corto y grueso periscopio, que se subía o bajaba por medio de una manivela a la derecha. Tambien a la derecha, pero sobre la cabeza del piloto, estaba la valvula que regula el suministro de oxigeno al motor, situado inmediatamente detras de él. Arriba, a la izquierda, había una palanca conectada con los planos de inmersion del Kaiten, que controlaban el ritmo de ascenso o descenso bajo el agua. Debajo de esta palanca se encontraba la valvula para la entrada de agua de mar, necesaria para mantener la estabilidad a medida que se consumía el oxigeno. Finalmente estaba la palanca de control del timón, que hacia girar el arma a la derecha y al izquierda. Era el ultimo control que el piloto debía tocar al prepararse para la trayectoria final contra un buque enemigo. En realidad, para manejar el Kaiten eficientemente un hombre necesitaba seis manos y el mismo numero de ojos para observar el tablero de control. Ademas del periscopio habia un compas giroscopio, un reloj y calibradores de profundidad y combustible. Cualquier cambio repentino en los controles o el contacto con un obstaculo bajo el agua suponía invariablemente que el piloto se golpeara la cabeza contra uno o otro de los instrumentos. En consecuencia, las cabezas vendadas eran un espectaculo frecuente en Otsushima.

En una mision tactica, el capitan del submarino madre alineaba su buque con el objetivo y cada piloto Kaiten comprobaba la marcacion de la brujula. En la torre de mando se trazaba y retransmitía por telefono el curso de ataque de cada Kaiten. Por ejemplo, un tipica orden podía ser: ''30 grados a la derecha a partir de la salida. Velocidad, 25 nudos durante veinte minutos treinta segundos.'' Estas instrucciones estaban concebidas para llevar al Kaiten a menos de 500 metros de su objetivo. En este punto el piloto debía elevar su periscopio y colocar los controles para cargar contra las partes vitales del buque enemigo a la velocidad maxima de 40 nudos.

El adiestramiento terminaba con la realizacion correcta de una operacion simulada. Los hombres de los Kaiten tenían derecho entonces a unos pocos dias de permiso antes de ser enviados a una mision tactica. Durante ese tiempo no debían revelar que se les había encomendado una operacion suicida. No obstante, muchas de sus familias parecieron adivinar el motivo del permiso especial, aunque no se les comunicara. Cualquier sospecha que tuvieran a menudo era confirmada por los pequeños lujos con que se abrumaba a su pariente al llegar. Una vez expirado el permiso, no se consideraba de buen gusto mencionar que la proxima vez que se verían sería en Yakusuni. Pero sin duda es lo que se pensaba.

Finalizado el permiso, los hombres de los Kaiten volvían al servicio en las bases submarinas de Otsushima o Hikari. Hasta que se les asignaba una mision, estaban libres para consumar cualquier ultimo deseo antes de partir hacia una muerte segura, y tenían a su disposicion comida, alcohol y mujeres con solo pedirlo. Pocos de los hombres condenados parecen haber aceptado las dulzuras que se les ofrecían y la mayoria se concentraban en poner en orden sus asuntos. Se volvían a redactar los testamentos y se escribía la ultima carta a casa:

''Moriré... abrigando la conviccion de que Japon ha sido y será un lugar donde solo pueden existir lugares agradables, hombres valientes y bellas amistades...''

''Que mi muerte sea tan rapida y limpia como la rotura del cristal... como los cerezos en primavera, caigamos limpios y radiantes...''

''... Sobre todo, no lloreis por mi...''


Normalmente se organizaba una fiesta en honor a los seis individuos destinados a una mision tactica la noche antes de que salieran de Japon para lo que se esperaba que fuera su ultimo viaje. El almirante al mando de la Flota submarina Imperial o su representante era invariablemente el invitado de honor, y la escena brindaba excelentes ocasiones para desahogar el sentimentalismo. Se hacían brindis por Japón, la tierra eterna de Dios; se juraba lealtad a ''Su majestad para siempre'' y los hombres de los Kaiten hacían voto de destruir los mayores buques enemigos que pudieran encontrar. La comida estaba constituida por los tradicionales platos festivos japoneses: tai(pescado), algas secas, arroz y kaichi kuri (castañas de la victoria). En el Japon de finales de 1944 habí a escasez de casi todos los bienes de consumo. Pero en estas fiestas abundaban la fruta en conserva y otros articulos dificiles de conseguir. El sake fluia libremente y se cantaba una y otra vez la ''Cancion del guerrero''.

''Sirviendo en los mares, ser un cadaver saturado de agua.''

''Sirviendo en tierra, ser un cadaver cubierto de hierba.''

''... Pero no tenemos nada que lamentar mientras muramos luchando por nuestro emperador.''


Muchos lloraban y no puede decirse que las ocasiones corroboraban el mito de que los japoneses son una raza no emotiva.

A la mañana siguiente, los hombres de los Kaiten debían desfilar con sus uniformes nuevos en el curso de una ceremonia de despedida. Sus pertenencias ya habían sido empaquetadas y estaban listas para enviarlas a sus casas. El equipaje comprendía cabellos y trozos de uña para que sus familias tuvieran ''restos'' para un entierro honorable. Sobre una mesa cubierta con un paño blanco se colocaban seis sables cortos y seis hachimaki. Para los combatientes japoneses esos sables eran tan simbolicos como los escudos de la antigua Esparta. Al entregarselos a sus hijos, las madres espartanas les mandaban volver a ellas ''con el escudo o sobre el escudo''. Si salían victoriosos regresarían llevando el escudo; si eran derrotados, significaría su muerte. Volver vivo sin escudo significaba que se abandonaba para poder huir mas aprisa. El sable corto significaba lo mismo en Japón. Un hombre debe luchar y ganar, o emplear su sable para hacerse el Seppuku como expiacion de su fracaso. Una vez presentado el sable, la vida del receptor era ofrecida al emperador, en la batalla, en la muerte o sacandose las entrañas.

Cada hombre, al ser nombrado, se acercaba a la mesa y saludaba al almirante. Este, a su vez, se inclinaba y presentaba al Kaiten un sable y uno de los hachimaki, una replica del paño que llevaban los samurai siglos antes para absorber la transpiracion y evitar que su largo cabello les cayera sobre los ojos. Cada piloto Kaiten, saludando de nuevo, volvía a la fila y se ataba el hachimaki alrededor de la cabeza. En cada uno, escrita en graciosos brochazos, habia una consigna apropiada al nombre del grupo: ''Vuelve a nacer siete veces para servir al emperador'', ''Lealtad al emperador para siempre'', o algo similar. A continuacion se pasaban unas copas de agua de poco fondo. Eran para el brindis de la muerte: de agua, porque un guerrero japones, ante su muerte, tradicionalmente bebía agua y no sake como simbolo de la pureza del alma. El brindis representaba el climax solemne de la ceremonia. Despues el grupo Kaiten marchaba hasta el muelle desde el que embarcaría para su mision. Durante el trayecto se detendrían e inclinarían ante un templo especialmente construido para los pilotos Kaiten. Los mandos y soldados que servían en Otsushima y Hikari invariablemente se reunían para despedirles y para la primera mision habia una banda que tocaba el kimigayo...: ''Que tu reino dure mil, ocho mil generaciones...''

En el muelle se tomaban fotografías del grupo saludando con sus sables en alto. Luego pasaban a una lancha que les llevaría al submarino de la flota, que les estaba esperando para sumergirse. Otra tanda de torpedos humanos se dirigía a Yakusuni.

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Tacticas y costumbres japonesas en la batalla

Mensajepor gerkamp » Mar May 31, 2011 4:03 am

VIENTO DIVINO
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La palabra ''kamikaze'' suele emplearse para compendiar el acto suicida. Hoy en día se asocia mas corrientemente con los taxistas de Tokio que con los hombres del ''Cuerpo especial de ataque'' que, en palabras del almirante Onishi, se consideraban como ''dioses sin deseos terrenales''. Segun una popular leyenda japonesa, un ''viento divino'', un kamikaze, fue enviado por la diosa del sol para hundir la inmensa flota del conquistador Kublai Khan en 1281. Seiscientos sesenta años despues se hizo un llamamiento para que otro viento divino derrotara a un enemigo a las puertas de Japon. Por ello parecía apropiado aplicar el nombre legendario a los hombres que realizaban versiones aereas de la carga banzai.

Contrariamente a la creencia popular, los kamikazes no fueron organizados ante la urgencia del momento. En muchos de los combates aereos anteriores, pilotos de ambos bandos auyos aparatos fueron inutilizados totalmente intentaban estrellarse contra objetivos enemigos y a veces lo conseguían. Estos casos no eran ataques suicidas en el verdadero sentido de la palabra, pues en cualquier caso los pilotos no tenían practicamente ninguna posibilidad de sobrevivir. Y hay otros informes, no autenticados totalmente, de pilotos de ambos paises que, estando sus aviones en perfecto estado, los estrellaron deliberadamente contra sus objetivos. Pero se trataba de casos aislados de autosacrificio. El ataque kamikaze organizado era algo muy diferente. En esta operacion el piloto o toda la tripulacion de un aparato atacante eliminaba hasta la mas remota oportunidad de supervivencia una vez lanzado a la carga final contra el enemigo. La muerte era la compañera del piloto kamikaze, lo mismo que la del kaiten.

Hacia fines de 1944 resultaba evidente para muchos jefes japoneses responsables de la marcha cotidiana de la guerra que las probabilidades de victoria estaban disminuyendo. La Marina Imperial habia sido derrotada y dispersada, la flota mercante estaba practicamente aniquilada y las bajas habian ascendido hasta tal punto que no habia pilotos suficientes para los portaaviones que quedaban en Japon. A principios de septiembre de 1944 todas las bases aereas de las Marianas y las Carolinas y de toda la costa norte de Nueva Guinea estaban en manos norteamericanas. Evidentemente, solo era cuestion de tiempo que EEUU lanzara su ataque definitivo contra Filipinas. Pero antes de que pudiera enviarse una fuerza de invasion era preciso eliminar los campos de aviacion desde los que pudieran salir los bombarderos y cazas japoneses. Conscientes de ello, los nipones reforzaron sus bases aereas en Filipinas. Tras un ataque contra Davao realizado por aparatos americanos con base en portaaviones, se trasladaron seis escuadrillas de cazas Zero desde Clark, en Luzón, a la isla de Cebú, en el centro de Filipinas. Llegaron demasiado tarde para participar en la defensa de Davao y se supuso que los estadounidenses habian retirado sus portaaviones a mar abierto. Sin embargo, dos dias despues las fuerzas norteamericanas en mision especial volvieron a acercarse a Cebú y lanzaron un ataque que pillo totalmente desprevenisa a la guarnicion japonesa. En las pistas de aterrizaje de Cebú había unos 100 Zeros y, cuando los ruidosos Hellcats terminaron su mision, mas de 50 habían quedado reducidos a chatarra o a pedazos. Para los japoneses esto era un desastre de primera magnitud; de un solo golpe los americanos habían destruido casi dos tercios de toda la fuerza aerea de caza japonesa en Filipinas.

En un intento de contrarrestar los efectos de este devastador ataque, se ordenó a los Zeros que quedaban que volvieran a Luzón, y se enviaron a Filipinas todos los refuerzos disponibles. Pero antes de que los destrozados restos de la fuerza aerea japonesa en Filipinas pudieran reorganizarse y reconstruirse, los estadounidenses volvieron a atacar. Cuando terminó el bombardeo de Filipinas, Okinawa y Formosa, los campos de aviacion quedaron convertidos en un monton de escombros carbonizados y retorcidos.

No se trataba de una simple pérdida de aviones, aunque ya era bastante grave. Faltaban pilotos navales y los del ejercito no parecían lo bastante expertos como para hacer frente a los adversarios aereos norteamericanos. Empezaba a sugerirse que el unico medio de detener a EEUU era estrellar deliberadamente bombarderos japoneses contra los portaaviones enemigos. Esta idea por fin llego al almirante Soemu Toyota, comandante en jefe de la Flota Combinada de la Marina Imperial. Pero hasta que no se conoció la noticia de que el contraalmirante Arima, comandante de la 26 flotilla aerea de Manila, deliberadamente estrelló su avion contra un buque de guerra americano, fue cuando Toyota autorizó la creacion de una organizacion dispuesta a destruir o morir.

Por consiguiente, puede atribuirse a Arima una notable contribucion a las tacticas suicidas japonesas. Preciso y formal por naturaleza, pero de aspecto astuto y antipatico, procedía de una antigua familia samurai y era un autentico militar profesional. En Manila prefería vivir frugalmente y pasar la mayor parte del tiempo en el aerodromo de Nichols manteniendo una estricta supervision de las operaciones bajo su mando. El 15 de octubre, cuando se detectó una fuerza norteamericana cerca de Luzón, Arima estaba en este aerodromo. Al decidirse atacar a la flota americana con todos los aviones disponibles, parece que Arima anunció subitamente que dirigiría el ataque en persona.

Seguido de 12 bombarderos y 86 Zeros, despegó hacia las tres de la tarde. La flota norteamericana fue detectada aproximadamente una hora despues y el ultimo mensaje de Arima parafraseaba una orden del Alto Mando japonés: ''El destino de la patria depende de esta batalla. Todos deben hacer cuanto puedan.'' Minutos despues, una seccion del ala de su aparato se estrellaba contra la cubierta de aterrizaje del portaaviones USS Franklin. Los pilotos de Arima dijeron posteriormente que habia encabezado el ataque estrellandose contra un buque de guerra estadounidense, identificado diversamente como destructor, crucero o portaaviones. Como Arima no sobrevivió, nunca pudieron verificarse sus intenciones. Pero se supone que los restos que quedaron sobre el Franklin eran los de su avion. Es posible que Arima nunca pretendiera un final dramatico, que su intencion fuera meramente dar ejemplo y fortalecer la determinacion de sus pilotos a presionar su ataque sin pensar en una mision sin retorno. Sea o no cierto, el hecho es que esta accion se consideró como una respuesta al llamamiento al deber del Alto Mando. El resultado fue un climax tan violento como las circunstancias que lo engendraron. Aunque la decision de formar lo que constituía un cuerpo aereo suicida puede atribuirse al gesto dramatico de Arima, entre las tripulaciones aereas navales ya se había discutido la posibilidad de desarrollar la tactica consistente en estrellarse deliberadamente: una posibilidad inspirada menos en la batalla del mar de Filipinas, en que fueron hundidos 3 portaaviones japoneses, que en el marcado aumento de los accidentes durante la instruccion de vuelo. Casi diariamente moría algun hombre practicando aterrizajes y despegues desde la cubierta de los portaaviones. Ante esto, los propios pilotos empezaron a pensar que, para morir en la cubierta de un portaaviones, mas valía hacerlo estrellandose contra la del enemigo. Si los aparatos iban cargados de bombas, al mismo tiempo podrían hundir los buques estadounidenses. En su día estas conversaciones llevaron al contraalmirante Sueo Obayashi, comandante de la 3ra division de portaaviones, y al capitan Eiichiro Iyo, del portaaviones Chiyoda, a sugerir al almirante Ozawa la idea de la creacion de una Fuerza especial de ataque.

Pero no fue Ozawa el hombre directamente responsable de la creacion de los kamikazes. El 17 de octubre llegó a Manila un nuevo mando naval para encargarse de la Primera Flota Aerea. Era el vicealmirante Kakijiro Onishi, el hombre que habia contribuido a trazar el plan Yamamoto para el ataque a Pearl Harbor y que, junto con Yamamoto, fue el principal responsable de la construccion del arma aerea de la Marina Imperial. Era un hombre testarudo y arrogante que rebosaba de una masculinidad y un impulso contagiosos para los hombres mas jovenes que servían con él, y destestable para sus iguales y superiores. Muchos oficiales de la Marina le adoraban tanto como los jefes le detestaban por sus modales agresivos y ostentosos y la condescendencia que mostraba con los que estaban en desacuerdo con él. Pero nadie podía discutir su experiencia o su celo. Cada piloto tenía en su haber gran cantidad de servicios distinguidos en China, y en calidad de jefe de Estado Mayor del comandante de la fuerza aerea basada en tierra de la Marina había demostrado ser un jefe capaz. Onishi era eficiente y lo sabía.

Llegó a Manila en un momento crítico. Se había detectado una fuerza operativa norteamericana y ello se consideraba como una clara indicacion de que EEUU estaba a punto de jugarse el todo por el todo en Filipinas. El almirante Toyota había ordenado que todos los buques de guerra nipones en Filipinas se dirigieran lo mas rapido posible a la zona sudoriental de la costa y se reunieran en formación de combate. Debían unirseles practicamente todos los buques de guerra de la Marina Imperial. Nueve acorazados, incluyendo los gigantes Yamato y Musashi, 11 cruceros pesados, 6 ligeros, 38 destructores y 4 portaaviones iban a reunirse con ellos desde Singapur, Formosa y la bahia de Hiroshima. Como se sabía que los estadounidenses tenían muchos portaaviones cerca de Leyte, había que encontrara algun medio de inmovilizarlos mientras los acorazados se acercaban para aniquilar al resto de las fuerzas enemigas.

Todo dependía de la capacidad de Onishi para enfrentarse a los portaaviones americanos. Y, sin embargo, tenía las manos literalmente atadas al tomar sus primeras medidas. Recurriendo a todos los campos de aviacion disponibles en las islas solo pudo reunir 30 cazas Zero y un numero similar de bombarderos Betty Tipo 1. Para las proximas operaciones tenía un lamentable total de solo 60 aviones. Onishi se dió cuenta de la futilidad de su tarea: ni siquiera un gran esfuerzo de imaginacion podía esperar destruir por medios ortodoxos los portaaviones norteamericanos tan bien protegidos por sus cazas Hellcat. Y, sin embargo, si no conseguía destruirlos (reflexionó Onishi) hasta los inmensos Yamato y Musashi podían ser hundidos antes de que pudieran divisar siquiera la flota americana, y con mayor motivo si llegaban a entrar en combate.

En la mañana del 19 de octubre Onishi se presentó en el cuartel general de Toyota con la propuesta de que se emplearan tacticas suicidas en apoyo de la proxima operacion naval. Aun existía una fuerte resistencia a aceptar que estos ataques fueran la forma mas efectiva de luchar. Pero la persuasiva firmeza de Onishi, unida a la conciencia de que esta operacion Sho significa victoria. El plan para esta operacion se trazó en julio de 1944, cuando los estadounidenses habían atravesado las lineas defensivas japonesas en Nueva Guinea y las Marianas. Concebida como ''ofensiva-defensiva'' para contrarrestar los siguientes ataques norteamericanos, la operacion Victoria era otro intento de precipitar la batalla naval ''decisiva'' que había sido la piedra angular de la estrategia naval nipona. La decision de activarlo se tomó cuando parecía que los americanos habían seleccionado las Filipinas como su proximo objetivo y se estaban concentrando en Leyte.

El almirante Teraoka, predecesor de Onishi como comandante de la Primera Flota Aerea, estaba presente en las discusiones y registró estos extraños comentarios:

''Las tacticas ordinarias son ineficaces.''

''Debemos ser sobrehumanos para ganar la guerra.''

''Los voluntarios para las misiones suicidas deberán presentarse al Cuartel General Imperial antes de partir, para que se sientan seguros y serenos.''

''¿Debemos hablar a los jovenes pilotos directamente o a traves de sus comandantes de grupo?''

''Sería mejor para acciones futuras que los comandantes de grupo presentaran la proposicion.''

''Si los pilotos voluntarios organizan la primera unidad suicida, otras unidades seguiran su ejemplo. Si todas las unidades aereas lo hacen, las de superficie tambien se sentiran inclinadas a tomar parte. Y si hay una respuesta unanime por parte de la Marina, el Ejercito tambien hará lo propio.''


Finalmente se decidió dejar que Onishi hiciera los preparativos para reclutar las primeras unidades. Onishi dejó el cuartel general de Toyota poco antes del mediodia y, en cuanto llegó a su cuartel, envió un mensaje a Mabalacat, llamando a Manila al comandante del 201 grupo aereo, capitan Takae Yamamoto, y a su ayudante, Tadashi Nakajima. Pero a las cuatro de la tarde, en vista de que ninguno de los dos habia llegado, Onishi no pudo contener su impaciencia y salió para Mabalacat esperando encontrarles en el camino. Yamamoto había esperado hasta que partiera el vuelo táctico y por las razones que fueran los dos coches que habian partido en direcciones opuestas no se encontraron. Al entrar Onishi en el cuartel general del aerodromo de Mabalacat fue recibido por dos hombres: Asaicki Tamai, segundo comandante de la base aerea, y el ocmandante Rikihei Inoguchi, jefe de Estado Mayor de la 1ra Flota Aerea. Ya dentro del cuartel Onishi resumió sobriamente su plan: ''Como ustedes saben, la situacion de la guerra es grave. Se ha confirmado la aparicion de fuertes contingentes estadounidenses en el golfo de Leyte. Nuestras fuerzas de superficie ya estan en movimiento... Debemos alcanzar los portaaviones enemigos y mantenerlos neutralizados al menos por una semana''. A continuacion Onishi espetó su grave propuesta: ''En mi opinion solo hay un medio de asegurarnos de que nuestras escasas fuerzas sean eficaces en grado de cazas Zero armados con bombas de 250 kilos y que cada caza se estrelle contra un portaaviones norteamericano... ¿Que les parece?'' He aqui un plan audaz y desesperado que debía cambiar el curso de la guerra. La forma en que fue planteado estaba a la altura del hombre violento e inclinado a tomar decisiones violentas.

Segun Inoguchi, tanto él como Tamai se quedaron momentaneamente aturdidos. Para ganar tiempo, Tamai mandó llamar al oficial de armamento para preguntarle que efecto produciría el choque de un avion con una bomba de 250 kilos contra la cubierta de aterrizaje de un portaaviones. El oficial respondió que probablemente se tardaría varios dias en reparar los desperfectos. Ademas, un intento deliberado de estrellarse de lleno contra contra el portaaviones tendría mas probabilidades de exito que cualquiera de las tecnicas convencionales de bombardeo entonces en boga. La respuesta fue precisamente lo que Tamai esperaba. Pero no estaba dispuesto a aceptar toda la responsabilidad de ordenar a sus subordinados que se suicidaran. Volviendose a Onishi, le dijo: ''No puedo decidir un asunto de tal gravedad. Debo consultar con mi comandante, el capitan Yamamoto.'' La respuesta de Onishi fue breve. Dijo que había hablado con Yamamoto por telefono y que este habia delegado la responsabilidad en Tamai. Como ya no podía emplear mas excusas, Tamai pidió permiso para consultar a los comandantes de vuelo en privado. Onishi accedió y, cuando Tamai volvió a la habitacion veinte minutos despues, fue para decir que organizaría una unidad suicida sin mas dilacion. Tras hablar con algunos pilotos, podía asegurar al almirante que no faltarían voluntarios.

La siguiente medida corrió tambien a cargo de Tamai. De la heterogenea coleccion de jovenes pilotos del 201 grupo aereo había seleccionado algnos voluntarios para las misiones suicidas que se les ordenarían en los proximos días. Todos ellos eran inexpertos y había pocos oficiales. Pero su moral era alta y, cuando Tamai habló en el curso de un desfile organizado a toda prisa para decirles lo que se había propuesto, respondieron con entusiasmo. La precaria situacion de la flota y grupos aereos japoneses en Filipinas era de todos conocida y los pilotos sabían que las posibilidades de rechazar el ataque previsto eran escasas. Tambien se daban cuenta de que se hacía dificil su propia supervivencia. En tales circunstancias era logico que un llamamiento al patriotismo obtuviera su apoyo. Veintitres suboficiales se ofrecieron voluntarios para la primera mision y lo unico que quedaba por hacer era elegir al oficial que debía mandarlos.

El primer nombre que se le ocurrió a Tamai fue el de Naoshi Kanno. El teniente Kanno era un pintoresco personaje, con reputacion de temeraria osadía. Tres meses antes había conseguido destrozar un B-24 con su Zero y por una afortunada casualidad sobrevivió. Desde entonces había demostrado su habilidad en las practicas de bombardeo de rebote. Consistía en rozar la cresta de las olas y lanzar una bomba de 250 kilos por el agua hasta el costado de un objetivo con el mismo efecto que un torpedo. En resumen, poseia todas las dotes necesarias de mando que podían atraer a los hombres a punto de lanzarse a un banzai aereo. Pero Kanno estaba en Japon reuniendo Zeros y refuerzos para sustituir las bajas de Davao. El mas idoneo de los disponibles era el teniente Yukio Seki, un oficial de 23 años que se habia incorporado al 201 grupo aereo hacía menos de un mes. Seki era un indivisuo callado y serio que no se distinguió especialmente desde que se unió al grupo. Pero se sabía de su fuerte sentido de patriotismo y, cuando Tamai le preguntó si estaba dispuesto a mandar un heterodoxa ''unidad de ataque'', aprovecho alborozado la oportunidad.

Una cuestion que quedaba por decidir es como se llamaría ese grupo suicida. Cuando Inoguchi sugirió Shimpu (otra forma de leer los caracteres kamikaze), Tamai se mostró de acuerdo. ''Necesitamos un kamikaze humano'', dijo. Onishi tambien lo aprobó y asi fue como los 24 voluntarios se convirtieron en el cuerpo de ataque Shimpu, con cuatro secciones: Shikishima, Yamato, Asahi y Yamazakura. Los nombres proceden de un poema muy conocido (Shikishima no Yamatogokoro wo hito towaba, Asahi ni niou Yamazakura-bana: ''El espiritu japones es como los cerezos de las montañas, radiante bajo el sol de la mañana'').

En la mañana del 20 de octubre habia nacido el cuerpo kamikaze y el almirante Onishi, que se habia quedado a pasar la noche en Mabalacat, se dirigió a los primero 24 suicidas potenciales ese día despues del desayuno: ''Japon está en un grave peligro—dijo—. La salvacion de nuestro pais no depende ya de los ministros, del Estado Mayor Central ni de jefes inferiores como yo. Solo puede venir de jovenes fogosos como ustedes. Por ello, en bien de vuestros millones de compatriotas, os pido este sacrificio y rezaré por vuestro exito.'' Luego, con voz que le temblaba de emocion, concluyó: ''Ya sois dioses, sin deseos terrenales. Pero querreis saber que vuestra destruccion no es en vano. Desgraciadamente, no podremos referiros los resultados. Pero yo observare vuestros esfuerzos hasta el final e informare de vuestras hazañas al trono. Podeis estar seguros sobre este punto... Os pido a todos que hagais cuanto podais.'' Se desconoce el efecto de su discurso sobre los infortunados voluntarios. Pero Onishi volvió a Manila, aparentemente muy satisfecho de su creacion. ''Los pilotos estan impacientes y han formado una buena unidad...'', informó al almirante Teraoka ese mismo día en el cuartel supremo Toyota.

El 20 de octubre de 1944 fue un día memorable para el cuerpo suicida. Mientras Onishi volvía apresuradamente a Manila para comunicar la brillate inauguracion de la unidad Shimpu, ya se estaban tomando medidas para formar un segundo grupo de kamikazes. El comandante Nakajima, que habia vuelto a Mabalacat desde Manila a primera hora de esa mañana, recibió la orden de volara Cebú, al sur de Manila, con la seccion ''Yamato'' y crear una segunda unidad ''especial de ataque''. Con una escolta de otros 3 cazas, los 5 Zeros de la seccion ''Yamato'' aterrizaron en la base aerea naval japonesa a pocos kilometros al norte de Cebú a ulyima hora de la tarde. No se reveló el proposito de la mision de Nakajima y ni siquiera los pilotos de los cazas de escolta sabían que sus compañeros de los Zeros se habian enrolado como kamikazes. Pero la imprevista llega de 8 Zeros a Cebú era todo un acontecimiento. Cuando Nakajima ordenó inmediatamente un desfile de todo el personal de vuelo de la base, todos sabían que estaban alli para alguna mision ortodoxa.

Subido sobre una caja de jabon al borde de la pista, Nakajima se dirigió a los aviadores congregados. A una revision de la situacion belica siguió una explicacion del proposito e importancia de la operacion Sho. Finalmente reveló el motivo de su mision en Cebú:

''... El momento requiere el empleo de tacticas suicidas. El almirante Onishi las autorizó anoche en Mabalacat con la organizacion del cuerpo especial de ataque ''Shimpu''. Alli se han creado cuatro unidades de este cuerpo. Cuatro de los aviones que acaban de llegar conmigo constituyen la unidad Yamato''...

''He venido a Cebú a organizar otra unidad especial de ataque. Cualquier suboficial o aviador alistado que desee presentarse voluntario debera dar su nombre hoy a las 21:00 horas.

''No todos deben ofrecerse. Sabemos que todos estais deseando morir por Japón... Tambien nos damos cuenta de que algunos creeis que las obligaciones familiares os impiden ofrecer asi vuestra vida. Es mas, el numero de voluntarios que podemos aceptar esta limitado por la disponibilidad de aviones. Como todos sabeis, tenemos muy pocos aparatos... Solo yo sabré si un hombre se ha ofrecido o no y, como el secreto es vital para la operacion, no debeis discutirlo entre vosotros. Pero las operaciones especiales de ataque deben empezar mañana y por eso quiero que todos lo penseis y tomeis una decision antes de las 21:00 horas.''


Los aviadores habian escuchado en completo silencio y, cuando Nakajima bajó de su caja y se dió la orden de romper filas, se separaron calladamente. Pero en el discurso no se habia mencionado a los oficiales. Poco despues de llegar al comedor de oficiales, Nakajima se vió acosado por dos de ellos. El primero, teniente Yoshiyasu Kuno, era el piloto de uno de los Zeros de escolta que había volado desde Cebú. Estaba durmiendo cuando se ultimaron los preparativos del primer grupo de voluntarios en Mabalacat y llegó a ofrecer sus servicios. El segundo, un joven y belicoso alferez de la escuadrilla de Cebú, decía representar a los oficiales de su base. Dijo que no se les habia invitado a ofrecerse voluntarios. Y, sin embargo, el y sus compañeros estaban ansiosos de hacerlo.

Poco despues de las nueve, un ordenanza llevó a Nakajima un monton de sobres. Dieciocho de ellos contenían el acuerdo formal de ofrecerse para la mision kamikaze que se habia pedido en el desfile. Ahora ya podía contarse con una segunda unidad Shimpu.

Mientras tanto, otro tipo de kamikaze se estaba creando en Japon. Durante los meses de verano un alferez llamado Ohta había pensado tambien en las tacticas suicidas de este tipo mientras hacía vuelos de transporte a Rabaul. Para Ohta ya estaba claro que, si no se encontraba pronto algun medio nuevo y radical de detener el aparentemente irresistible avance norteamericano, el propio Japon sería invadido. Sus ideas cristalizaron en una bomba pilotada que podría ser llevada al combate por un bombardero Betty Tipo 1. Se pidió a la universidad de Tokio que colaborara en el diseño y a finales de septiembre de 1944 su departamento de investigacion aeronautica habia diseñado los planos. El Alto Mando Naval, esceptico al principio, empezó a comprender las posibilidades del arma aproximadamente al mismo tiempo que Onishi hacía su campaña en favor de los kamikazes. En consecuencia, las primeras bombas pilotadas en planeo salieron de las cadenas de produccion hacia finales de octubre, mientras se creaban otros modelos mas complejos.

La primera de estas armas no se llegó a usar hasta marzo de 1945, y para entonces era demasiado tarde para cambiar el curso de la guerra. Pero se formó una ''Unidad Especial de Ataque'' en la base aerea de Kohno-Ike, al noreste de Tokio, para el adiestramiento de los pilotos. Al igual que los pilotos kamikaze mas convencionales, los jovenes que pilotaban esta arma eran todos voluntarios. La mayoría eran muchachos con solo el minimo adiestramiento necesario para su mision. Pero a medida que la guerra se cerraba sobre Japon, se les unieron unos pocos veteranos endurecidos de los restos de la fuerza aerea japonesa.

La primera de las armas de Ohta, era un diminuto aparato con un solo asiento y motores de cohete con 1.000 kilos de explosivo metidos en la cabeza. Al igual que los aeroplanos, su rendimiento era muy limitado y el aparato portador tenia que lanzarlos a 15 kilometros de su objetivo. Desde una altitud de 7.000 metros un ''Okha'' tenía un alcance de unos 25 kilometros y se enseñaba a los pilotos a corregir su trayectoria de planeo con rafagas cortas de los motores de cohete. El sistema era relativamente simple: durante el recorrido hacia la zona de combate el piloto del ''Okha'' viajaba en un bombardero. Al acercarse al objetivo se metía en su aparato a traves del compartimiento de bombas y, en cuanto el piloto del bombardero le confirmaba su objetivo y alineaba su avion, el ''Okha'' era soltado. Entonces el piloto partía para un vuelo sin retorno.

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Tacticas suicidas japonesas en la batalla

Mensajepor gerkamp » Jue Jun 02, 2011 1:42 am

KAMIKAZES EN FILIPINAS
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El 25 de octubre, a las 07:25 horas, nueve aviones salieron de Mabalacat y se dirigieron hacie el este sobre el vasto y solidario Pacifico. Cinco eran aviones suicidas: la unidad Shikishima del nuevo cuerpo especial de ataque; los otros 4 eran de escolta. El teniente Seki mandaba la formacion. Seki fue el primer oficial voluntario y su sangre sería la primera derramada en la nueva ola de ataques suicidas. Los cinco pilotos esperaban morir por su emperador y todos llevaban el tradicional hachimaki atado a la frente. Lo llevaron durante los cuatro días precedentes y despegaban con la esperanza de que su proxima mision sería desde Yakusuni. En cada ocasion volvieron a su base frustrados o quizá decepcionados. Se sabía que existía una fuerza especial norteamericana operando al oeste de Filipinas, pero siempre que se realizaba una salida suicida los buques estadounidenses desaparecian. Acaso, por la falta de necesarias operaciones de reconocimiento debida a la perdida de aviones de este tipo con los bombardeos norteamericanos sobre Filipinas. Pero tambien el tiempo era culpable. Sin radar, los japoneses raras veces podían localizar los buques americanos con los chubascos que frecuentemente caían sobre la zona en esta epoca del año. Seki, que estaba decidido a ser el primer kamikaze que lograra su objetivo, expreso, segun se dice, una amarga decepcion cuando volvió de estas salidas abortadas. El teniente Kuno, que asimismo estaba empeñado en ser el primer piloto especial de ataque en morir, anunció su intencion de volar solo al golfo de Leyte si no veia barcos norteamericanos en su mision oficial. En Leyte dijo: ''Sin duda hay muchos objetivos''''. Lo que ocurrió con Kune nunca se sabrá. No llegó el 21 de octubre, pero, como no apareció ningun buque americano hundido o averiado por ataques suicidas ese día, se supone que se quedo sin combustible en algun lugar del Pacifico.

Los aviones de Seki llegaron al golfo de Leyte hacia las 10:40 horas y en esta ocasion no hubo chubascos que ocultasen a los descuidados buques de guerra estadounidenses. Seki llegó en un momento psicologico perfecto. Durante horas la flota norteamericana había estado huyendo del tremendo poder de las fuerzas del almirante Kurita, que había surgido de los estrechos de San Bernardino y girado hacia el sur para destruir la flota junto a Leyte. Los porttaviones y destructores libraron una tremenda accion dilatoria contra Kurita. Hacía menos de una hora que los japoneses se habían retirado temiendo hallar otras unidades americanas en algun lugar de la zona, y caer en una trampa.

A bordo del USS St. Lo y sus portaaviones gemelos, las tripulaciones estaban descansando ante su proxima cita con la destruccion. Por consiguiente, cuando Seki los descubrió, los estadounidenses estaban desprevenidos. Los japoneses volaban bajo. A las 10:50 horas les llegó la advertencia a los portaaviones: ''Avion enemigo se acerca velozmente sobre la bruma.'' A las 10:53 retumbó un avion por encima de la rampa del USS St. Lo, descendió en picado y se estrelló contra la cubierta de aterrizaje cerca de la linea central. A las 10:56 ardió la gasolina que se encontraba debajo de la cubierta. Dos minutos despues, una violenta explosion sacudió el buque. Una enorme seccion de la cubierta de aterrizaje desaparecía. Las llamas alcanzaban una altura de 300 metros. A las 11:00, el USS St. Lo era una masa de llamas y veinte minutos despues se hundió.

Mientras el USS St. Lo ardía, los demas aviones suicidas se inclinaron y se lanzaron a sus objetivos. Ninguno falló. El ''Kiktun Bay'', el ''Kalinin Bay'' y el ''White Plains'' fueron partidos por las explosiones mientras el acero chocaba a cientos de kilometros por hora. Cinco aviones alcanzaron cuatro buques. Un portaaviones fue hundido y los demas seriamente averiados. El exito de Seki disipó el unico temor que existía en la mente de los responsables de los ataques kamikaze: que cuando un avion descendiera en picado el piloto podia cerrar los ojos instintivamente antes de estrellarse, fallando su objetivo.

Esa noche, radio Tokio emitió un trascendental comunicado del Cuartel General Imperial:

''A las 10:45 horas, la unidad Shikishima del Cuerpo Especial de Ataque kamikaze realizó con exito un ataque por sorpresa contra una fuerza operativa enemiga constituida por 4 portaaviones en un punto situado a 45 kilometros al noreste de la isla de Suluan. Dos aviones alcanzaron a un portaaviones, que se hundió. Un tercero se estrelló contra otro portaaviones, incendiandolo. Un cuarto chocó contra un crucero, que se hundió inmediatamente.''

Entusiasmado por el primer éxito de su cuerpo suicida, Onishi ordenó que se presionara en Japón a favor de los ataques aereos. Ahora le tocaba el turno a la seccion ''Yamato'' y en la mañana del 16 de octubre 8 Zeros despegaron de Cebú. Partieron en dos grupos: el primero, de 2 kamikazes y un avion de escolta, salió a las 10:15 y el segundo, de 3 kamikazes y 2 escoltas, a las 12:30. Como solo sobrevivió uno de los 2 aviones de escolta del segundo grupo, no se sabe que objetivo alcanzó cada avion. Pero parece que los kamikazes pillaron desprevenidos a los buques norteamericanos en el golfo de Leyte, como hiciera Seki el día anterior. Los portaaviones trataban de recobrar los aparatos que regresaban de un ataque contra la flota del almirante Kurita. Algunos estaban aterrizando, otros se encontraban en cubierta para repostar y rearmarse, y algunos estaban en pleno proceso de lanzamiento cuando los descubrió la escuadrilla suicida. Sin mas, el primer piloto japones descendió en picado con su Zero sobre el portaaviones de escolta USS Santee. Haciendo fuego con las ametralladoras, se precipitó contra su objetivo, estrellandose contra la cubierta de aterrizaje y penetrando hasta la del hangar antes de que explotara su bomba. Se produjo un incendio, pero fue controlado rapidamente. Sin embargo, 43 hombres resultaron heridos, la tercera parte sin remedio, y se produjo una inmensa cavidad en la cubierta de proa. (Unos minutos despues el submarino I-56, uno de los que operaban en la zona, lanzó un torpedo contra el estribor del ''Santee''. Podría haber sido fatal, pero el buque estaba solidamente construido. Sobrevivió al torpedo y continuó en accion). Un momento despues de que el kamikaze se estrellara contra el ''Santee'', los portaaviones de escolta USS Suwanee y USS Petrol Bay derribaron sendos aviones suicidas atacantes. Otro cayó bajo el fuego de los cañones del ''Suwanee'' antes de que el ultimo kamikaze, alcanzado y lleno de humo, se arrojara contra el portaaviones y estallara entre la cubierta de aterrizaje y la del hangar. Los desperfectos fueron graves y las bajas numerosas, pero el ''Suwanee'' volvió a entrar en accion al cabo de dos horas.

El coste de los desperfectos ocasionados al ''Santee'' fue alto. Sin embargo, los ataques de Seki podían considerarse como un exito relativo. De hecho, si se les compara con los ataques aereos convencionales, los kamikazes del 25 de octubre tuvieron una actuacio notable. Conforme a lo previsto, un gran numero de aviones de la 4ta Flota Aerea del general Tominaga se encontraban ese día sobre las playas de la invasion en Leyte, pero no pudieron hacer mucho daño. Tambien numerosos aviones navales japoneses con base terrestre exploraban en busca de buques americanos. Pero, bien sea por el mal tiempo o la falta de preparacion de los inexpertos pilotos, no consiguieron encontrar sus objetivos. Asi, como lo expresaron posteriormente dos supervivientes del cuerpo kamikaze: ''La superioridad de los ataques especiales era manifiesta... Cientos de aviones realiando ataques ortodoxos no podían causar tanto daño al enemigo como un puñado de kamikazes.''

El almirante Onishi no dudó nunca del exito de su aventura suicida. Un mensaje del emperador elogiando los ''magnificos esfuerxos de las unidades Shikishima'' preguntaba si era ''necesario llegar a ese extremo...'' En el lenguaje de Hiro-Hito equivalía a una reprimenda. A Onishi le preocupó. Pero continuo decidido, y cuando el Alto Mando japones en Filipinas se reunió el 26 de octubre, presionó para que se ampliara el Cuerpo Especial. Los que se resistieron a apoyar la primera propuesta de Onishi empezaron a revisar sus ideas. Por entonces estaba perfectamente claro que la Marina Imperial acababa de sufrir una derrota catastrofica. El poco o mucho exito que hubiera logrado la operacion Sho podía atribuirse a las tacticas heterodoxas iniciadas por Onishi. El almirante Fukudome, comandante de la 2da Flota Aerea con base en el aerodromo de Clark, se opuso a la introduccion de ataques suicidas. En realidad, seguía defendiendo los bombardeos convencionales en formacion masiva y le intrabquilizaban los posibles efectos sobre la moral de los pilotos la orden de convertirse en kamikazes. Pero no podía negar algo tan evidente como la eficacia de las tacticas de Onishi. Por ello, bien a su pesar, se avino a la fusion de las dos flotas aereas, cuyo principal elemento ofensivo serian las unidades kamikazes.

La ''Fuerza Aerea Combinada con base en tierra'', bajo el mando del almirante Fukudome y Onishi como jefe de estado mayor, nació en la noche del 26 de octubre. No había escazes de voluntarios para constituirla, y a las 24 horas se habían formado siete nuevas unidades especiales de ataque. A medida que eran enviados al combate, aparecían mas voluntarios para sustituirles. La limitacion no residía en los hombres, sino en las maquinas. Tal como se habia anticipado, los resultados de los ataques superaron con mucho lo que podía conseguirse con metodos ortodoxos. En primer lugar, la principal arma kamikaze era el Zero, pero con el transcurso del tiempo se unieron a su armamento los aviones de bombardeo en picado Val y Judy y el bombardero bimotor Frances. Estimulados por los exitos de Onishi, las unidades aereas del Ejercito de tierra en Filipinas preguntaros si podían participar tambien en la nueva ofensiva. Pronto, a los grupos de la Marina se unieron los pilotos y tripulaciones del Ejercito de tierra en los crecientes ataques suicidas. Y, sin embargo, a pesar de lalto ritmo de ataques mantenido contra los buques de guerra y transporte norteamericanos, los japoneses no pudieron detener la invasion. Los ataques iniciales desde portaaviones estadounidenses contra los campos de aviacion en Filipinas habían logrado su proposito. En consecuencia, Fukudome y Onishi no tenían suficientes aviones para impedir las operaciones americanas.

Durante el mes de octubre de 1944 la salida kamikaze tipica estaba constituida por 3 aviones suicidas y 2 de escolta. La idea era mantener formaciones de ataque reducidas y un vuelo de cinco se consideraba el numero optimo: lo bastante grande para garantizar la aniquilacion de un buque acorazado y al mismo tiempo lo bastante pequeño para evitar la interceptacion y mantenerse juntos en tiempo nuboso o malo. La proporcion de 3 kamikazes por 2 escoltas no era rigida. Pero los aviones de escolta se consideraban esenciales para proteger a los kamikazes de los cazas norteamericanos mientras realizaban sus fatidicos vuelos en picado. Para conseguirlo tenían que permanecer junto a ellos y protegerles aunque significara su propio sacrificio. Como la mision de escolta requería una practica de vuelo y una aptitud superiores se asignaban a los mejores pilotos y sus solicitudes para misiones suicidas eran invariablemente rechazadas.

La derrota del almirante Kurita en la batalla del Golfo de Leyte era algo mas que el fracaso de la operacion Sho. Las perdidas de 3 acorazados, 4 portaaviones, 9 cruceros, 13 destructores y 5 submarinos suponían la sentencia de muerte para la Marina Imperial. Los mandos y tropas a bordo de los restantes buques seguían, segun los informes, ''inflamados de espiritu combativo''. Pero a estas alturas hacia falta algo mas que espiritu combativo. Por esta razon se decidió ampliar las operaciones del cuerpo especial de ataque, dandose un nuevo objetivo a los kamikazes de Onishi. Los aviones de la Marina cooperarían con el ejercito en un intento de destruir la cabeza de playa americana en Leyte. Y, para impedir que EEUU siguiera reforzando las tropas que ya habian desembarcado, los kamikazes atacarían ahora tanto a los transportes de tropas como a los portaaviones.

Sin embargo, a principios de noviembre la ''Fuerza Aerea Combinada con base en tierra'' había agotado la mayor parte de sus aviones en operaciones suicidas, y los escasos refuerzos que llegaban de Japón no podían contrarrestar las fuertes perdidas. Con la aprobacion de Fukudome, Onishi voló a Japón para pedir 300 aviones destinados especialmente a las operaciones kamikaze en Filipinas. El Cuartel General Imperial de Tokio, consciente de la critica situacion en Leyte, estaba mas que dispuesto a dar a Onishi todos los aparatos que quería. El problema era que no había 300 aviones disponibles. Solo dejando vacios los centros de instruccion de Ohmura, Genzan, Tsukuba y Koh-no-Ike era posible reunir 150. Estos aviones habrían de ser pilotados por instructores y pilotos jovenes, entre los cuales pocos tenían mas de cien horas de vuelo. Fue una respuesta decepcionante, pero Onishi se contentó con lo que le pudieran dar. Los aviones fueron inmediatamente organizados en un nuevo cuerpo especial de ataque y trasladados a Formosa para una semana de adiestramiento, antes de ser llevados a Filipinas.

En una semana poco se podía hacer por mejorar el nivel de instruccion de los jovenes pilotos, que de repente se vieron adscritos a una mision suicida. Solo tenían tiempo para lo fundamental. Se invirtieron dos dias en practicar despegues, otros dos en vuelos de formacion y los tres ultimos se dedicaron al estudio y practica de las tacticas que los kamikazes emplearían en sus ataques. La experiencia de las operaciones en el Golfo de Leyte demostraban que ciertos metodos de ataque eran mas seguros que otros, y los nuevos reclutas se concentraron en los procedimientos recien aceptados.

Se habían aprobado dos metodos de ataque para el rapido y maniobrable caza Zero y para el bombardero ''Judy''. Los aviones se acercarían a su objetivo en vuelo a gran altura o en vuelo rasante. Ambos procedimientos restringían la precision y visibilidad de la navegacion, pero de este modo habían llegado a sus objetivos mas aviones que volando a una altura media.

A 6.000 o 7.000 metros era muy facil evitar los cazas norteamericanos. Naturalmente, era de esperar que su presencia fuera detectada por las pantalla de radar. Pero los cazas estadounidenses necesitaban tiempo para llegar a esa altitud. Asi pues, a mayor altitud, mayor sería la dificultad de interceptacion.

La ventaja de la otra alternativa, es decir, el vuelo rasante, procedía de la imposibilidad de detectar a los kamikazes con el radar hasta que se hallaran a menos de 15 metros de su objetivo. La localizacion visual de un aparato que volaba rozando las olas tambien resultaba dificil para los cazas norteamericanos que protegian sus buques con patrullas de rutina. Por consiguiente, a baja altura las posibilidades de interceptacion quedaban reducidas al minimo. Cuando se disponía de mas de una unidad de ataque, la solucion ideal era combinar las dos tacticas de vuelo en ataques convergentes simultaneos, pero las oportunidades estaban limitadas por los aviones disponibles.

Para la fase final de su ataque, se enseñó a los pilotos kamikaze a no descender con demasiada inclinacion. Los ataques realizados desde gran altura exigían un descenso largo y poco profundo. A los que iban a volar en vuelo rasante se les dijo que se elevaran a 300 metros cuando divisaran el objetivo. Ello les permitiría comenzar su descenso a unos 8 kilometros, con un angulo de ataque de 45º. Suponiendo que el kamikaze acertara su objetivo, se consideraba que un descenso casi perpendicular tenía mas probabilidades de ser efectivo. El problema era que, en un descenso en picado, el control del avion iba haciendose mas dificil a medida que aumentaba la velocidad. Ademas, indudablemente, el objetivo trataría freneticamente de evitar el peligro que se le avecinaba.

Otros factores que hubieron de considerarse durante el breve entrenamiento de Formosa eran el lugar donde se debía apuntar, es decir, sobre que punto de su objetivo debería tratar de lanzarse, y que tacticas se adoptarian si la formacion era atacada durante el vuelo al area de combate. La instruccion de navegacion era tambien de extrema importancia y la mayoria de los nuevos pilotos solo tenian unos conocimientos rudimentarios de lo que ello significaba. En el curso normal de los acontecimientos un piloto preparado de un Zero de escolta podía conducir a sus suicidas hasta el punto en que se encaminarían a Yakusuni. Pero en muchas ocasiones los vuelos kamikaze se quedaban sin direccion durante el mal tiempo o se perdían en medio de un combate reñido.

La excitacion nerviosa y la tension emocional eran factores que podían superarse practicando una y otra vez. En Formosa no había tiempo para reducir todas las acciones a una practica perfecta. En consecuencia, hubo ocasiones en que, segun los informes, los kamikazes hicieron blanco directamente en sus objetivos, pero su mision fracasó al no explotar las bombas que llevaban. La sencilla explicacion era que los pilotos no habían armado sus bombas antes de efectuar el ataque final. Ello significaba la perdida de piloto y avion normalmente sin una compensacion util. Al concentrar su atencion en estrellarse contra el objetivo en un punto vulnerable, el piloto había omitido un paso vital en el proceso de su autodestruccion. Naturalmente, se podía decir a los pilotos que armaran sus bombas al despegar, en cuanto salieran del campo de aviacion. Pero si no conseguían encontrar su objetivo o su mision era abortada por alguna otra razon, tendrían que arrojarlas al mar para poder aterrizar sin peligro. La solucion, en ultima instancia, era ordenar que se le quitara el seguro a la bomba en cuanto se divisara el objetivo. Mientras se volaba hacia el, el comandante de la escuadrilla comprobaría si se había hecho. Aun asi, habia algunos pilotos que lo olvidaban.

Los 150 aviones en embrion fueron reunidos y enviados a Formosa con sorprendente rapidez. (Sorprendente porque por entonces en Japón la mayoría de las cosas estaban en un estado caotico). Aun mas sorprendente fue que casi todos los aviones y pilotos llegaran. Con pilotos expertos y aparatos en buen estado, se aceptaba un indice de bajas en ruta de un 30% cuando se enviaban refuerzos a Filipinas. Por consiguiente, la perdida de solo 10 aparatos durante la concentracion de Formosa puede considerarse una especie de milagro. Finalmente el programa de adiestramiento de siete dias se terminó a mediados de diciembre y el nuevo cuerpo fue enviado rapidamente a Filipinas. Llegó poco despues de que los norteamericanos desembarcaran en la isla de Mindoro. Por entonces, Fukudome y Onishi habían trasladado su cuartel general de Manila al aerodromo de Clark y estaban preparandose para la inminente batalla que decidiría la posesion de Luzon. A medida que llegaban los aviones y se organizaban los vuelos kamikaze, los buques norteamericanos de Leyte eran constantemente atacados hasta que Fukudome ordenó que los destrozados restos de sus 2 flotas aereas se retiraran a Formosa. Por entonces toda la fuerza aerea japonesa de Filipinas quedó reducida a menos de 100 aviones y mas de la mitad de los nuevos kamikazes habían partido hacia la muerte.

Mientras los norteamericanos consolidaban su dominio de Leyte y preparaban un desembarco en Luzon, bombardearon incesantemente las instalaciones japonesas. En el curso de estos ataques se produjeron bajas entre los kamikazes con base en Clark. Merece la pena recoger el comentario de un superviviente de uno de estos bombardeos, aunque solo sea para ilustrar la actitud de los suicidas potenciales: ''Hemos tenido suerte —dijo. Hasta que alcancemos al enemigo nuestras vidas son preciosas. No podemos permitirnos el lujo de malgastarlas dejandonos matar por descuido.'' Parece que la moral no era problema entre ellos.

Los ultimos ataques kamikaze en Filipinas tuvieron lugar el 5 de enero de 1945, cuando un avion de reconocimiento informó que había un grupo de 300 buques americanos al oeste de la isla de Mindoro, y Onishi decidió atacarlos. Cuando el mismo avion informé haber divisado otros 700 buques detras del primer grupo, pidió a todos los pilotos bajo su mando que hicieran el maximo esfuerzo. Arrojando contra los norteamericanos todos los aviones que tenía, esperaba detenerles lo suficiente para posponer lo que era, sin duda, alguna operacion de desembarco. Solo pudieron reunirse 40 aviones útiles. Cuando estos fueron bombardeados, las tripilaciones en tierra marcharon a unirse al Ejercito japones en un vano intento de hacer frente a la potencia norteamericana mediante una pertinente resistencia suicida.

Durante la mañana del 5 de enero, 15 kamikazes cargados de bombas y escoltados por 2 Zeros despegaron de Mabalacat. Se ordenó a todos que seleccionaran objetivos entre los convoyes del Golfo de Lingayen. Nunca se sabrá que buque alcanzó cada kamikaze. Pero ese día, 7 buques norteamericanos en la zona de Luzon resultaron afectados por los ataques suicidas. Ninguno fue destruido, aunque uno o dos de los Zeros de escolta que sobrevivieron a los ataques y volvieron a la base informaron que algunos buques fueron hundidos.

Esa tarde, y de nuevo al día siguiente, los aviones que volvían a los campos de aviacion japoneses repostaban de combustible, se rearmaban y eran enviados de nuevo a otras misiones suicidas. Al final no quedó nada: ni un solo Zero de escolta. En Filipinas habian terminado los Kamikazes. En menos de 3 meses hicieron 424 salidas y utilizaron 249 aviones de los cuales 238 fueron Zeros como bombas pilotadas. En terminos de hombres y material cobraron un alto precio de los norteamericanos. No tan grande como creian entonces, pero formidable de todos modos. Nunca se vió nada parecido y, aunque los estadounidenses no se arredraron, estaban horrorizados por tacticas tan salvajes e infrahumanas. Sabían que su ultimo objetivo era Tokio y, teniendo en cuenta la escalada de la resistencia japonesa, solo podían esperar un baño suicida de sangre.

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Javier Rincón
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Re: Tacticas suicidas japonesas en la batalla

Mensajepor Javier Rincón » Jue Jun 02, 2011 2:15 am

Un parentesis camarada:

:sgm120: :sgm120: :sgm120: :sgm120:

Sobresaliente, te felicito por este y los otros muchos aportes.. llevas un ritmo endiablado.. ni has hecho los 6 meses
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Señor Burns, Steven Spielberg se encuentra ocupado, pero hemos conseguido a su Homologo Mexicano no sindicado, el señor Esteban Espilbergo
MR Burns:
muy bien Señor Espilbergo, quiero una pelicula que sea un culto a mi figura, quiero que haga conmigo lo mismo que hizo Con Oskar Schindler
Esteban Espilbergo (con gorra y acento mexicano):
pero señor Burns, la gente adora a Schindler, en cambio usted es el diablo
Mr Burns:
No veo tantas diferencias.. los dos eramos ricos, empresarios y fabricabamos armas para los Nazis... a diferencia que las mias SI funcionaban...


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Re: Tacticas suicidas japonesas en la batalla

Mensajepor gerkamp » Jue Jun 02, 2011 3:42 am

Muchas gracias camarada. Soy yo el que tiene que felicitar el tremendo trabajo que se hace en este foro. Muchas gracias de nuevo.

Saludos
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roberto magaña
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Tacticas suicidas japonesas en la batalla

Mensajepor roberto magaña » Jue Jun 02, 2011 3:47 am

Gran trabajo gerkamp, sin duda alguna. :sgm120:

Saludos y nos vemos.
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Tacticas suicidas japonesas en la batalla

Mensajepor gerkamp » Jue Jun 02, 2011 6:57 pm

EL PRIMER ATAQUE KAITEN

La noticia de que los norteamericanos habían tomado el atolon de Ulithi en las Carolinas, donde un ancladero de aguas profundas les proporcionaría una base naval ideal, estimuló a los japoneses a lanzar su primer ataque kaiten. Doce de los recien entrenados suicidas potenciales fueron elegidos para la ofensiva. Entre ellos estaba uno de los dos inventores del arma, el teniente Sekio Nishima. Decidido a demostrar el valor de su innovacion, Nishina llevaba una caja con las cenizas de su coinventor fallecido. Ello permitiría que ambos fueran a Kudan y se les guardara en Yakusuni juntos. En la base de Otsujima se celebró una ceremonia de dedicacion en la tarde del 7 de noviembre de 1944. El vicealmirante Shigeyoshi Miwa, comandante de la 6ta Flota Imperial, supervisó los procedimientos y explicó la proxima operacion a los pilotos kaiten. Tres submarinos de primera clase, el I-36, el I-37 eI-47, que estaban en una bahia cercana, transportarían 4 kaiten cada uno a las cercanías de Ulithi, donde se sabía que se estaban concentrando un gran numero de buques norteamericanos. Los pilotos kaiten debían hundir los buques mas grandes que pudieran encontrar. Siguió una presentacion de sables cortos y hachimakis, y esa noche hubo una fiesta para los 12 hombres condenados. Embarcaron a la mañana siguiente y a las 09:00 horas el I-36 condujo a los dos submarinos de primera clase fuera del puerto. Mientras avanzaban lentamente por el canal, las tripulaciones de los otros buques se alinearon en la borda gritando Banzai y agitando sus gorras en un gesto de despedida.

Los 3 submarinos quedaron solos poco despues de abandonar el puerto. El I-37 debía seguir hacia el paso de Kossol para atacar alli a los buques aliados. Mientras tanto, el I-36 y el I-47 se dirigían directamente a Ulithi. Su mision era atacar a la flota invasora americana mientras estaba anclada, lanzando sus kaiten por dos entradas diferentes hacia la gigantesca laguna del atolon. Pero el I-37 estaba condenado a no llegar a su destino. A pesar de tener seis vigías en el puente, al salir a la superficie fue localizado por el destructor USS Nicholas el 12 de noviembre. En un ataque subito e inesperado, fue alcanzado antes de que pudiera sumergirse y tomar medidas para la evasion.

El I-47 estaba al mando del capitan de corbeta Zenji Orita, uno de los mejores capitanes de submarino de Japón. Navegaba lentamente a su destino, haciendo 20 nudos sobre la superficie hasta que quedara al alcance de los aviones de patrulla norteamericanos. Entonces se sumergía durante el día, emergiendo de noche para cargar sus baterías y oir los informes radiofonicos del cuartel general de la 6ta Flota en Kure. Su buque y el I-36 actuaban en estrecha colaboracion con los aviones de reconocimiento de Truk, que les proporcionarían informes sobre los navíos norteamericanos de Ulithi.

El 17 de noviembre la radio del I-47 recogió un mensaje emitido por Tokio informado que uno de los aviones de reconocimiento había visto una vasta concentracion de buques estadounidenses en Ulithi el día anterior. Según el piloto, parecian estar anclados en tres grupos, y habia visto acorazados y portaaviones entre ellos. Al dia siguiente, a 80 kilometros al oeste de Ulithi, el capitan Orita salió a la superficie para revisar por ultima vez los kaiten. Los cuatro se hallaban en buenas condiciones. A mediodia del 19 el submarino habia llegado a casi un kilometro de la entrada meridional de la laguna de Ulithi, y a medianoche los 4 pilotos empezaron a hacer los ultimos preparativos. Escribieron los mensajes de ultima hora y se los entregaron a Orita junto con sus testamentos. Finalmente, se colocaron sus hachimakis alrededor de la cabeza.

Los alfereces Akira Sato Y Kozo Watanabe subieron a sus kaiten a medianoche, mientras el submarino navegaba tranquilamente por la superficie. Los tenientes Nishima y Fukuda pudieron diferir su entrada porque el submarino tenía tubos de acceso a sus armas. (En salidas posteriores se dotó de tubos de acceso a todos los kaiten para que el submarino pudiera permanecer sumergido). Una vez ajustados los cierres de sus torpedos humanos, Orita sumergió el I-47 bajo las olas y luego dirigió cautelosamente el submarino hacia la misma entrada de la laguna. Esta maniobra duró tres horas, durante las cuales Sato y Watanabe permanecieron en sus kaiten. Su unico contacto con el mundo exterior lo constituian dos cables telefonicos. A las tres de al madrugada Nishima y Fukuda entraron por los tubos de acceso a sus kaiten, numeros 1 y 2. Ya estaba todo preparado para el ataque.

Cuatro cables unían a cada kaiten con la cubierta del submarino durante la travesía. Dos de ellos habían sido soltados cuando el I-47 salió a la superficie a medianoche; los otros dos podían cortarse desde el interior del submarino. A las cuatro de la madrugada el capitan Orita, guiado por el brillo de los sopletes de soldar de uno de los buques norteamericanos, que podía ver por su periscopio, declaró que estaba en posicion de fuego. Por las lineas telefonicas los 4 hombres informaron que estaban listos para entrar en accion.

''Kaiten Numero Uno preparado, ponga el motor en marcha'', ordenó Orita.

''Preparado'', se oyó la suave voz el teniente Nishima por el circuito.

Se soltó el tercer cable del kaiten Numero 1. ''Motor en marcha'', dijo Orita.

Dentro del submarino podía oirse el ruido de un motor.

''Motor en marcha''

''¿Preparado?''

''Preparado''

''¡Adelante!''


Se soltó el cuarto cable. Eran las 04:15 horas del 20 de noviembre de 1944. El capitan Orita, mirando por el periscopio, solo pudo ver una estela de espuma por un momento, mientras el kaiten de Nishima partía. Se habían realizado las ultimas comprobaciones de la posicion, profundidad y curso que Nishima debía seguir. Ahora estaba haciendo su entrada, con ordenes de penetrar todo lo que pudiera en el ancladero antes de elevar su periscopio y seleccionar un objetivo para su ataque.

El alferez Sato salió a las 04:20, seguido de Watanabe y Fukuda con intervalos de cinco minutos. El segundo y tercer kaiten debían llegar al interior y a continuacion dirigirse a la derecha y a la izquierda, respectivamente. Fukuda atacaría nada mas entrar en el atolon. Asi se esperaba provocar el panico entre los estadounidenses, cuando los buques empezaran a estallar en puntos muy distantes. Las ultimas palabras que se oyeron de los pilotos kaiten en la torre de mando del I-47 fueron las de Fukuda: ''¡Tenno heika banzai!'', ''¡Viva el emperador!''

Los 4 kaiten se dirigieron a sus objetivos a una velocidad de 30 nudos. Entre tanto, el I-47, repentinamente libre de doce toneladas de metal, subió hacia la superficie. Orita se sumergió de nuevo hasta la altura del periscopio y se dirigió al Sudeste. Quería estar lejos de la boca del ancladero cuando los kaiten terminaran su mision. Quería tambien una imagen clara de lo acurrido para llevarsela a Japon. A las 05:00 volvió a salir a la superficie. En la semipenumbra que precede al amanecer se distinguian las siluetas de la tripùlacion, pues en el Pacifico meridional se hace de día rapidamente. Pasaron los minutos. A las 05:07 horas brilló una luz anaranjada sobre Ulithi y se oyó un claro estallido procedente del interior del atolon, donde Nishima supuso alcanzar un objetivo.

A las 05:11 otra luz provocó gritos de banzai entre la tripulacion del submarino. Sin embargo, la aparicion de un destructor norteamericano pronto puso fin al griterío. Orita se sumergió, pero cuando la ausencia de cargas de profundidad sugirió que el submarino no había sido descubierto, volvió a salir a la superficie. Ahora el sol estaba alto y podía verse al destructor marcando su paso a traves de la entrada del ancladero de Ulithi. A las 05:52 el sonar anuncio un golpe sordo de otra explosion procendente del atolon. Parecía que al menos 3 de los kaiten se habían apuntado un tanto.

El I-36 tuvo menos suerte. El capitan de corbeta Teramoto cerró la puerta de los kaiten de los alfereces Taichi Imanishi y Yoshijiko Kudo desde cubierta poco despues de medianoche. A las 00:30 horas los tenientes Kentaro Yoshimoto y Kazuihisa Toyozumi subieron a sus embarcaciones por los tubos de acceso. Todo parecía ir bien hasta que el I-36 llegó al punto designado para el lanzamiento, junto a la entrada oriental del atolon de Ulithi.

Alli, en el momento en que se disponía a disparar, los kaiten numeros 1 y 2 se encontraron atascados en sus cremalleras. No se les podía soltar una vez puestos en marcha los motores. El piloto del kaiten numero 4 informó que su embarcacion hacia agua. La unica arma que podía enviarse era la numero 3 del alferez Imanishi, que fue lanzada a las 04:54.

Yoshimoto y Toyozumi volvieron al submarino por los tubos de acceso y el I-36 salió a la superficie durante breves instantes para recoger a Kudo. En ese momento el capitan decidió que no podía hacerse mas y, cuando el I-36 se sumergió, volvió la proa hacia mar abierto. Se pararon todos los motores y la tripulacion escuchó atentamente. A las 05:45 se oyó una explosion, y las 06:05 otra. Poco despues, una serie de cargas de profundidad sacudió al I-36 y Teramoto decidió que haría bien en alejarse de la zona.

Pero el I-36 se vió obligado a permanecer sumergido mientras los destructores norteamericanos recorrían metodicamente la zona buscando al submarino que creían lanzó torpedos convencionales desde la entrada oriental.

Pasaron 19 horas. Para entonces el aire del submarino estaba lleno de humo y la tripulacion exhausta. No se había oido ninguna carga de profundidad desde hacia mas de una hora y Teramoto decidió que debía salir a la superficie para respirar aire puro y cargar las baterías. Poco antes de medianoche los depositos estaban agotados y el navío emergió. La noche rra oscura y, como no habia señales de buques estadounidenses, Teramoto corrió el riesgo. Navegando hacia el norte a toda velocidad, recorrió la zona sin incidentes.

El I-36 y el I-47 volvieron a Kure el 30 de noviembre. El 2 de diciembre se celebró una conferencia especial a bordo del ''Tsakushi Maru'', buque insignia de la 6ta Flota, para considerar los informes de Orita y Teramoto sobre los ataques kaiten. Asistieron unos 200 mandos y especialistas de Estado Mayor y se produjo una intensa discusion antes de que un oficial de la 6ta Flota resumiera los resultados. Dijo que los hombres a bordo del I-47 vieron dos fuegos. La tripulacion del I-36 había oido explosiones. Se revelaron las fotografias de Ulithi tomadas por un avion de reconocimiento desde Truk el 23 de noviembre, tres dias despues de la operacion kaiten. ''Basandonos en ellas
—dijo el orador— podemos estimar que el teniente Nishima hundió un portaaviones, al igual que el teniente Fukuda y el almirante Imanishi, ¡los alfereces Sato y Watanabe hicieron pedazos un acorazado!''

Esta era la conclusion que el auditorio quería oir y hubo muchos gritos de banzai. El alto mando japones había ordenado que se fabricaran kaiten en gran numero y la noticia de que el primer ataque fue un exito extraordinario elevó enormemente la moral de cientos de jovenes en período de instruccion. ''Muere por el emperador, pero no en vano'', era una buena consigna. Todos los pilotos kaiten en embrion estaban claramente impacientes por comenzar sus motiferas misiones cuando circuló la noticia.

La estimacion japonesa de los buques destruidos era una completa invencion. El unico barco hundido en la operacion fue el petrolero ''Mississinewa''.


Petrolero USS Mississinewa ardiendo en Ulithi, noviembre de 1944
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Tacticas suicidas japonesas en la batalla

Mensajepor gerkamp » Vie Jun 03, 2011 12:51 am

MAS MUERTE DESDE LOS CIELOS
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En noviembre de 1944, por un tremendo golpe de suerte, los norteamericanos lograron un exito importante del que no supieron nada hasta despues de terminar la guerra. Aproximadamente al mismo tiempo que Onishi volaba a Tokio a fin de pedir refuerzos para sus escuadrillas suicidas, los primeros pilotos de bombardeo en planeo terminaban su adiestramiento. Según los informes oficiales, los pilotos del Jinrai Butai (cuerpo del trueno divino) estaban ansiosos de mostrar su temple. Por tanto, se decidió darles su oportunidad en la batalla de Filipinas. A finales de noviembre, el gigantesco portaaviones de 68.000 toneladas ''Shinano'' salió de Yokosuka en su primera travesía. Contenía 50 de las nuevas bombas ''okha''. El 29 de noviembre el buque se fue a pique a 80 kilometros al sur de Osaka, unas horas despues el submarino estadounidense USS Archerfish disparaba seis torpedos al acorazado convertido. Las 50 bombas en planeo se perdieron con el buque.

Durante dos meses no se dispuso de mas bombas como estas. La siguiente remesa fue enviada a Formosa, donde se estaba reorganizando y reagrupando a los kamikazes de Onishi. En febrero, durante la salvaje lucha por Iwo Jima, Onishi buscó una oportunidad para lanzar al combate algunas de las bombas okha. Pero no se utilizaron sino hasta el 21 de marzo, y por ese entonces los kamikazes ''convencionales'' estuvieron muy ocupados.

En Formosa, Onishi se dispuso a reformar su 1ra Flota Aerea con el cuadro de instruccion que había suministrado los refuerzos y con los pocos pilotos kamikazes adiestrados que escaparon de Filipinas. La ''Fuerza Aerea Combinada con base en tierra'' no existía ya y con ella pereció la 2da Flota Aerea de Fukudome. En Japon tambien tenía lugar una frenetica reorganizacion para hacer frente al proximo avance norteamericano hacia el pais. Como la Marina Imperial había perdido la mayor parte de seu fuerza de superficie en las Marianas en junio de 1944, y gran numero de unidades en octubre, en Leyte, había pocas posibilidades de detener al incesante avance americano sobre Tokio mediante una accion naval. La unica esperanza residía en lo que quedaba de sus fuerzas aereas con base en tierra. Al final de la primera semana, en febrero de 1945, las fuerzas fueron desplegadas. Pero los pilotos y las tripulaciones disponibles estaban increiblemente faltos de instruccion y experiencia. Muchos ni siquiera habían terminado su instruccion basica y resultaba evidente que sería imposible tenerlos listos para el combate en abril, cuando se esperaba la proxima ofensiva estadounidense. En tales circunstancias las tacticas aereas ortodoxas tenían muy pocas posibilidades de exito. El Cuartel General Imperial decretó que no había otra alternativa que la generalizacion de los ataques suicidas. Era el unico medio por el cual podía esperarse que los pilotos inexpertos hicieran blanco en las flotas de invasión.

Onishi había interpretado el requerimiento con antelacion y las fuerzas tacticas que regresaban estaban reflejando ya el derroche que suponían los ataques kamikaze. El 18 de enero el primero de estos nuevos cuerpos especiales de ataque fue formalmente adscrito a Tainan, al norte de Formosa. Era la unidad ''Niitaka'', llamada asi por la montaña del mismo nombre de Formosa. El discurso de Onishi ante los jovenes kamikazes siguió las pautas usuales, resaltando el deber del soldado para con el emperador y los principios samurai. Pero en esta ocasion expresó un nuevo punto de vista al añadir: ''Aunque seamos derrotados, el noble espiritu de este cuerpo de ataque kamikaze evitará la ruina de la patria. Sin este espíritu, la ruina seguirá indudablemente a la derrota.'' Las palabras ''aunque seamos derrotados'' suponían un cambio de opinion. Hasta entonces, Onishi siempre había mantenido que las tacticas kamikaze eran necesarias para lograr la victoria en la guerra. Ahora, al parecer, existía la posibilidad de la derrota. Los ataques suicidas parecían encaminados a la meta mas distante de perpetuar al Japon en la derrota.

La primera salida realizada por el grupo Niitaka tuvo lugar el 21 de enero de 1945. Se había descubierto una fuerza especial norteamericana al sudeste de Formosa y 11 kamikazes que volaban en tres secciones recibieron la orden de atacarla. Cada seccion estaba escoltada por 2 Zeros, y los propios kamikazes pilotaban a la vez otros Zeros o tambien bombarderos Judy. Como el campo de aviacion desde el que estaban operando era constantemente bombardeado por los americanos, hubo cierta trepidación hasta que los atacantes estuvieron en el aire. Pero despegaron sin contratiempos y, exceptuando una sección que se encontró con una patrulla de Grummans estadounidenses que inmediatamente derribaron a 2 de los kamikazes y dispersaron al resto de los aviones, su mision puede considerarse exitosa al menos parcialmente. El portaaviones USS Ticonderoga, el portaaviones ligero USS Langley y el destructor USS Maddox fueron averiados ese día por los ataques suicidas.

Entretanto, en Japón, los tecnicos navales trabajaban a marchas forzadas para crear nuevas versiones del Okha. Comprendían el Okha de propulsion a chorro modelo 22, el turborreactor Okha modelos 33 y 43; el Kikka con motor de turborreaccion (Flor de mandarina), el pulsorreactor Baika (Flor de ciruelo), y el Shinryu (Dragon divino) en planeo, con cohetes solidos para el despegue. El ejercito de tierra no iba a ser menos que la Marina, y tambien lanzó un programa para construir el Tsurugi (Espada), todo de acero, en el que podía montarse cualquier tipo de motor de combustion interna. La version naval de este arma fue el Toka (Flor de wisteria). Al final, la guerra terminó antes de que el Kikka, Shinryu y Tsurugi hicieran su vuelo de prueba.

Mientras la Marina y el Ejercito trabajaban para perfeccionar nuevas bombas pilotadas, el escenario kamikaze se empezaba a acercar a Japón. Los aviones norteamericanos bombardeaban regularmente objetivos en Tokio, Yokohama y otros lugares de la llanura de Kanto. Se intentaron ataques kamikaze en un esfuerzo por detener a los enormes B-29, y los mortiferos combates aereos continuaron hasta el final de la guerra. Luego llegó la invasion de Iwo Jima y se decidió lanzar un ataque suicida masivo contra la flota invasora. La operacion fue montada por la 3ra Flota Aerea del almirante Kimpei Teraoka, que estaba desplegada por los campos de aviacion de la región de Tokio. A primera hora de la mañana del 21 de febrero de 1945, 32 aviones organizados en 5 grupos despegaron de Katori, tomaron combustible en Hachijo Jima y prosiguieron el vuelo para atacar la gran flota invasora. Esa noche radio Tokio anunció que se habían hundido un portaaviones y 4 transportes estadounidenses, y que otro portaaviones y 4 buques de guerra sufrieron desperfectos. Posteriormente los norteamericanos confirmaron que el portaaviones USS Bismarck Sea había sido hundido y que el USS Saratoga y el USS Lunga Point, junto con un barco de carga y 2 de desembarco habían sufrido desperfectos junto a Iwo Jima el 21 de febrero. Muy pocos de los aviones atacantes volvieron a sus bases luego de esta operacion. Merece destacarse que los pilotos de varios Zeros de escolta, ignorando sus ordenes, trataron de estrellar sus aviones contra los cazas americanos o contra sus buques de guerra.

Con la ocupacion de Iwo Jima en marzo, el panorama general de la guerra se presentaba mal para el Japón. La flota invasora había desaparecido por el sur y estaba claro que pretendía preparar otro desembarco que llevaría a los norteamericanos aun mas cerca de Tokio. Se sospechaba que debían anclarse, repostar y restaurarse en las profundas aguas del atolon de Ulithi, en las Carolinas. El 9 de marzo, un avion de reconocimiento ''Salun'' de Truk confirmó que asi era. El plan ahora era tratar de mutilar la flota de los invasores antes de que pudiera intentarse otra operacion de desembarco, y se habian preparado los detalles un tiempo antes. El 19 de marzo se puso en practica. Veinticuatro bombarderos Ginga realizarían el ataque. Cada uno llevaría 900 kilos de bombas y estaría pilotado por un kamikaze. Cuatro hidroaviones de casco les guiarían hasta Ulithi y toda la fuerza iría precedida por una patrulla de otros 4 bombarderos.

Todo salió conforme a lo previsto, y la Unidad Especial de Ataque, llamada ''Azuyu'', compuesta por 24 bombarderos, despegó. Pero antes de que hubiera llegado a la mitad del camino de su objetivo, se ordenó su regreso. Una foto de reconocimiento hecha por otro avion de Truk había revelado que solo habia un portaaviones americano en Ulithi. Cuando se supo que era un error (en realidad había 8 portaaviones de escuadra y 7 de escolta) era demasiado tarde para reanudar la operacion ese día.

Pero a primera hora de la mañana del día 11 los aviones despegaron de nuevo. Hacía mal tiempo y los kamikazes perdieron sus guías en medio de una espesa nube. Trece sufrieron averías en el motor durante el trayecto y tuvieron que regresar. Pero los 11 restantes llegaron sin ser detectados hasta la zona del objetivo y se lanzaron sobre los buques. Ninguno volvió para contar lo ocurrido. En relacion con el coste en hombres y esfuerzos, los resultados fueron decepcionantes. Solo fue alcanzado el portaaviones USS Randolph.

A principios de marzo el futuro de Japon parecía amenazador. Las fuerzas aereas del Ejercito y la Marina estaban dedicadas a ataques kamikazes, y el numero de aviones disponibles disminuia. Se había puesto en servicio el avion de instruccion de navegacion ''Shiragiku'' y diversos tipos de hidroaviones de reconocimiento para complementar a los Zeros, Judies, Frances, Vals, Kates, Betties, Nells y Jills, que ahora se consideraban como aviones para misiones suicidas.

Los días 19 y 20 de marzo la invasion aliada de Okinawa fue anunciada por una serie de ataques aereos masivos contra objetivos en el sur de Japon. En respuesta, unos 50 kamikazes atacaron a los portaaviones y se dijo que el USS Essex, el Uss Franklin, el USS Wasp y el USS Enterprise sufrieron averías durante los duros combates aereos que tuvieron lugar esos días. Sin embargo, el climax aun estaba por llegar. En la mañana del 21 de marzo, un vuelo de reconocimiento descubrió a 3 de estos portaaviones norteamericanos a unos 500 kilometros de Japon. Los 3 parecían haber sufrido desperfectos y lo sorprendente era que no se mantenía ninguna cobertura de cazas. Alli estaban, navegando en el agua, totalmente desprotegidos.

El vicealmirante Matome Ugaki, cuando le llegó el informe, decidió que era la oportunidad ideal de probar el ''Okha''. Se empezaron a cargar 18 bombarderos con okhas y se ordenó que todos los cazas disponibles en el sur de Japon actuaran como escolta. Con los pesados okhas, los lentos bombarderos iban mas despacion que nunca y necesitaban una poderosa escolta para poder llegar a donde se habían visto los portaaviones. Pero solo pudieron reunirse 55 Zeros y, como no se consideraban suficientes, la operacion estuvo a punto de suspenderse.

Segun un informe oficial, fue la entusiasta determinacion y vehemencia de los pilotos de los okha lo que influyó en la decision de correr el riesgo y permitió que la operacion siguiera adelante.

Al mando de los bombarderos estaba el capitan de corbeta Goro Nonaka, uno de los pocos veteranos que quedaban. Se le consideraba un hombre duro, ''que daba gran importancia al espiritu samurai tradicional''. No obstante, su unidad estaba contenta y Nonaka era respetado como un jefe capacitado.

El superior de Nonaka era el capitan Okamura, de 45 años, que se hizo viejo al servicio del arma aerea de la Marina Imperial. El fue quien creó y organizó la primera unidad okha y estaba decidido a reivindicar su trabajo tomando parte en la primera mision. Mientras el aparato se estaba calentando, Okamura anunció que dirigiría la operación. Nonaka estaba fuirioso. Tambien él estaba ansioso de ser el primer mártir de los okhas y al parecer hubo una discusion algo indecorosa en la pista antes de que Okamura cediera.

Evidentemente Nonaka había preparado su ultimo discurso, y antes de entrar en la cabina de su bombardero anunció enigmaticamente: ''Eso es Minatogawa''. Se refería al templo de ese nombre en Kobe, que se erigió para inmortalizar a Masashige Kusonoki, un patriota del siglo XIV que dijo antes de su muerte: ''¡Schichisei hoku-ku!'' ¡Ojala tuviera siete vidas para darlas por mi país!

Los 18 bombarderos despegaron a las 11:35 horas dirigidos por Nonaka. Todos los pilotos llevaban el tradicional hachimaki y, por ser una de las mayores y mas importantes operaciones, el borde de la pista estaba lleno de espectadores de la base. El propio almirante Ugaki estaba alli para despedir a los kamikazes, con lagrimas en los ojos, segun se dice. Puede que sus lagrimas fueran por los valientes que no volverían; posiblemente sus pensamientos se centraban en lo bajo que había caido si pais. El despegue fue un espectaculo deprimente. De los 55 Zeros reunidos para la escolta, 8 ni siquiera pudieron elevarse para seguir a los pesados bombarderos, y otros 17 tuvieron que volver por problemas en el motor. En cuanto los aviones estuvieron en el aire, un aparato de reconocimiento informó que los portaaviones americanos, rodeados de muchos mas barcos de guerra de lo que se creía en un principio, se habían separado y los diverso grupos se dirigían al sudoeste.

Con noticias como esta, las posibilidades de exito de los kamikazes se habían reducido considerablemente y se discutió si debería cancelarse la operacion antes de que los aviones llegaran mas lejos. Mientras Ugaki dudaba, 50 cazas Grumman decidieron la cuestion. Los Zeros de escolta trataron en vano de apartar a los interceptores, que concentraron sus esfuerzos en los bombarderos cargados de okhas. Estos, incapaces de defenderse con eficacia, tuvieron que tirar al mar sus bombas para aligerar el peso y aumentar la maniobrabilidad. Aun asi, 14 de ellos fueron derribados en rapida sucesion y no se supo mas de los otros 4 tras entrar en un banco de nubes, perseguidos de cerca por los Grummans.

Así terminó la primera salida de Okhas. Seis meses de adiestramiento proporcionaron el suicidio, pero no compensaciones.


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Tacticas suicidas japonesas en la batalla

Mensajepor gerkamp » Vie Jun 03, 2011 10:58 pm

SAMURAIS BAJO EL MAR
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Despues del exito supuestamente extraordinario de la primera operacion kaiten, se planeó una ofensiva mas ambiciosa. Seis submarinos, los I-36, I-47, I-48, I-53, I-56, e I-58, con cuatro kaiten cada uno, atacarían simultaneamente concentraciones de buques norteamericanos en lugares ampliamente separados. Despues de lo que aparentemente se había logrado en Ulithi, el Alto Mando japones consideró que el hundimiento simultaneo de 24 barcos acorazados enemigos produciría un efecto devastador en la moral de los estadounidenses. Incluso conllevaría, supuestamente, a un momento de calma a su cadena de ofensivas de isla en isla, dando a Japón la oportunidad de tener un respiro. Habría tiempo para producir mas armas suicidas e instruir a sus maquinistas y pilotos.

Los 24 pilotos seleccionados para la nueva serie de ataques recibieron el nombre de grupo Kongo. Cada grupo de combate tenía un titulo tradicional cuando sus miembros terminaban la instruccion. Kongo era una montaña situada cerca del lugar donde los seguidores del antiguo héroe feudal Magashiye Kusukoni se habían adiestrado. Solo fueron lanzados catorce y el resto volvió para la ''gloria final'' con otros grupos kaiten formados para otras operaciones posteriores.

Los submarinos zarparon de Otsujima en la primera semana de enero de 1945. El I-36, comandado por el capitan de corbeta Teramoto, volvió al atolon de Ulithi para un segundo ataque contra el fondeadero. El I-47 de Orita, que tambien había tomado parte en el primer ataque kaiten contra Ulithi, puso proa a las aguas que rodean Nueva Guinea, donde la campaña iba mal para Japón. El I-48, bajo el mando del capitan de corbeta Senshin Toyama, debía apoyar al I-36, y se cree que fue hundido cerca de Ulithi el 22 de enero. El I-53, al mando del capitan de corbeta Seihaichi Toyomasu, había recibido ordenes de atacar las lineas de buques de las islas Palau. El I-56, bajo el mando del capitan de corbeta Masahiko Moriaga, fue enviado a las islas Almirante, al oeste de Nueva Bretaña, donde, segun informes australianos y norteamericanos, estaban concentrados un gran numero de navíos. Finalmente, el I-58, bajo el mando del capitan de corbeta Mochitsura Hashimoto, se dirigió a Guam. Hashimoto se haría famoso posteriormente. El 29 de julio de 1945, mientras seguía al mando del I-58, lanzo tres torpedos contra el crucero americano USS Indianapolis. Despues de la guerra corrió el rumor de que este buque transportaba la tercera arma nuclear que debía arrojarse sobre Japón. (El secretario de la guerra, Mr. Stimson, lo negó, diciendo que EEUU solo tenía dos bombas. Pero el presidente Truman dice en sus memorias que existía un plan para arrojar una tercera bomba sobre Niigata). Sea o no cierto, se dió mucha importancia a la perdida del Indianapolis y su capitan tuvo que comparecer ante un consejo de guerra. Hashimoto tuvo la desacostumbrada experiencia de ser testigo.

El 11 de enero era el día fijado para el ataque simultaneo. Desde la operacion ''Kikusui'' habían ocurrido muchas cosas. Los norteamericanos estaban ganando en Filipinas a pesar de la tenz resistencia ofrecido por el Ejercito japones y del daño causado por los kamikazes. Los submarinos enemigos, navegando libremente por las aguas japonesas, se cobraban su tributo de unos suministros que se necesitaban desesperadamente en Japón. Al mismo tiempo, las patrullas antisubmarino hacían cada vez mas dificil el movimiento eficaz de los sumergibles japoneses. El I-46 y el I-365 se habían perdido entre noviembre y enero. Como resultado, nada salió conforme al plan previsto. El I-36 sumergido chocó contra una roca, de la que pudo ser rescatado con grandes dificultades. Al final se dispararon sus 4 kaiten y la apreciacion oficial fue que se habían hundido 4 barcos, incluyendo un acorazado. Orita, en el I-47, cuya camara de oficiales contenía ahora una pequeña urna con la siguiente inscripcion: ''Mi ofrenda... un gran portaaviones. Sekio Nishima'', se vió en dificultades con una patrulla antisubmarino. No obstante, sacó a sus kaiten de la bahia de Humboldt, en Nueva Guinea. Tambien se le atribuyeron 4 blancos, aunque sin pruebas fehacientes, pues se pasó las 24 horas siguientes eludiendo a los destructores norteamericanos. No se supo nada del I-48 a partir del 21 de enero. Informó que había disparado sus 4 kaiten contra los objetivos de Ulithi, aunque con dos dias de retraso. Tambien se le atribuyeron 4 impactos.

El I-53 de Tomayasu consiguió deslizarse sin ser visto hasta una posicion de fuego cerca del paso de Kossol en las Islas Palau, donde era constante el flujo de buques aliados. Solo se dispararon 3 de sus kaiten, pues el motor del cuarto se negó persistentemente a funcionar. De los tres, uno estalló misteriosamente nada mas abandonar el submarino. Pero los otros dos parecían funcionar bien y sus pilotos, el alferez Ito y el contramaestre Arimori, se apuntaron oficialmente un gran transporte cada uno.

En las islas Almirante, el comandante Morinaga tambien se aproximó sin ser visto a la zona de su objetivo. Luego, el I-56 tuvo problemas. Los aliados habían colocado redes para formar una barrera antisubmarino delante de su fondeadero. Morinaga trato repetidas veces de encontrar una salida, pero, tras quedar enredado en las redes y conseguir zafarse con grandes dificultades, canceló la operacion y volvió a Japón con sus kaiten intactos.

Solo la salida de Hashimoto puede decirse que dicurrió sin tropiezos.

El I-58 llegó sano y salvo a Guam, se dispararon los 4 kaiten y se atribuyo a sus pilotos, el teniente Ishikawa, el alferez Kudo y los contramaestres Mori y Mitsueda, el hundimiento de un portaaviones de escolta y dos grandes transportes.

El cuartel general de la 6ta flota declaró que la operacion habia sido un exito notable, a pesar de la perdida del I-48. Las operaciones kaiten se ampliarían y se instruiría a mas pilotos para el numero creciente de armas que empezaba a salir de las cadenas de produccion. Se abrió un nuevo centro de instrucción en Hikari y 200 nuevos reclutas empezaron a aprender los rudimentos de su mision sin retorno. Mas o menos habia kaitens suficientes para el programa de instruccion. El atasco radicaba en la escazes de tecnicos para revisar y probar las nuevas armas. El adiestramiento estaba limitado, ademas, por la necesidad de ahorrar petroleo. Durante los ejercicios en la bahia, cada kaiten era transportado por un buque rapido de patrulla. Utilizaba un combustible rico en octano que estaba cada vez mas escaso. En consecuencia, el adiestramiento para el manejo avanzado de un kaiten se redujo al minimo.

Cuando se supo que los americanos se estaban preparando para invadir Iwo Jima, el cuartel general de la Flota Combinada ordenó a la 6ta Flota que atacara a la fuerza operativa norteamericana con todos los kaiten disponibles. Para un submarino, Iwo Jima era una corta travesía desde Japón, hecho que contribuiría a compensar la escasez de plataformas de lanzamiento de los kaiten. Los submarinos no tendrían que ir tan lejos para encontrar un objetivo. Podrían volver rapidamente, tomar mas kaiten y estar de nuevo en accion en muy poco tiempo.

Los pilotos kaiten del grupo Chihaya salieron de Otsujima y Hikari el 20 de febrero de 1945 a bordo del I-368 y el I-370. El nombre ''Chihaya'' procedía de un castillo al sur de Nara, la antigua capital del Japon, que era la ciudad natal de Kusonoki. Ninguno llegó a entrar en acción, pues ambos submarinos fueron hundidos antes de que pudieran causar algun daño. Tres días despues, el I-44, junto con otros 5 kaiten del grupo Chihaya, navegó tambien hacia Iwo Jima. Volvió el 9 de marzo con todos sus kaiten intactos. Las patrullas antisubmarinas norteamericanas eran tan densas a partir del hundimiento del I-368 y el I-370 que no pudo acercarse a la zona de su objetivo. Cada vez que su capitan, el comandante Genbei Kawaguchi, trataba de emerger a la superficie para ver lo que sucedía, su presencia era detectada. Despues de que los aviones y buques norteamericanos le obligaran a permanecer sumergido durante casi 2 días, Kawaguchi canceló la operación. Cuando volvió a Otsujima fue inmediatamente relevado del mando. La Marina Imperial tenía menos paciencia que nunca con los oficiales que fracasaban. Kawaguchi creyó que era preferible morir y luchar otro día, algo que sus superiores no compartían.

El I-58 y el I-36 salieron con 10 hombres del grupo Shimbu, o ''Guerreros de Dios'', a principios de marzo. Como el I-44, volvieron sin lograr nada positivo. En esta ocasion los capitanes conservaron el mando, los jefes de estado mayor de la 6ta Flota estaban empezando a darse cuenta de que las operaciones submarinas tenían que ser dejadas al azar. Decidieron que la unica forma de pasar era mediante un ataque masivo. Se adaptaron todos los submarinos que pudieran transportar kaitens para que llevarn el mayor numero posible. Navegarían todos juntos para atacar objetivos de la misma zona, cerca de Okinawa. Alli se montaría una especie de carga banzai bajo el agua. Con toda seguridad algunos kaitens conseguirían pasar. El problema era que solo se disponía de 4 submarinos capaces de transportar kaiten.

La operacion fue programada para fines de marzo y el grupo Tatara (la playa de Tatara, al norte de Kyushu, es el lugar donde naufragó la flota mongola a causa del tifón kamikaze) de pilotos kaiten fue embarcado en los I-44, I-47, I-56 e I-58. El I-47 de Orita fue nombrado buque insignia de la operacion. Tres de los submarinos llevaban 4 kaiten, y el I-56 fue reequipado para transportar seis. El objetivo del ataque eran los buques de guerra de Okinawa.

La noche del 26 de mayo se celebró la consabida fiesta. Se bebió gran cantidad de sake y el almirante Nagai, que había sustituido al almirante Miwa como comandante de la 6ta Flota, deseó ''todos los exitos'' a los kaiten. ''Espero que todos vosotros hagais blanco en nuestro enemigo —dijo—. En ese momento vuestras almas volarán a Yakusuni para vigilar siempre el país de Dios, Japón. Podeis estar seguros de que el resto de la 6ta Flota hará todo lo posible por confortar a los que dejais atras...'' Otros mandos de Estado Mayor pronunciaron discursos similares, exhortando a los ''Samurais de mar'' a ''hacer un buen trabajo''. A la mañana siguiente, cuando embarcaron, había unos cuantos testarudos en el grupo Tatara.

Al igual que la operacion anterior con el grupo Shimbu, la del Tatara fue un completo fracaso. Mientras los submarinos se acercaban a la zona del objetivo, los norteamericanos se dirigían rapidamente hacia la costa de Okinawa, y no menos de 150 destructores protegían la vasta flota invasora. Con esta formidable barrera de patrullas antisubmarinas, los japoneses tenían pocas esperanzas de penetrar. El I-44 y el I-56 fueron hundidos en el intento. El I-47 consiguió escapar y volvió como pudo a Japón. El I-58 fue perseguido y obligado a retirarse. Ya no había suficientes submarinos para llevar a todos los hombres que estaban recibiendo instruccion para manejar los kaiten.

En abril, la mayoría fueron destinados a lo que se llamaba imaginativamente ''ataque kaiten con base''. Se trazó un plan para desplegar a los kaiten a lo largo de la costa de Japon en puntos en los que probablemente tendrían lugar ataques anfibios. Los pilotos kaiten debían esconder sus armas y esperar. Cuando los americanos estuvieran junto a la costa, recibirían una señal del Cuartel General Imperial. Entonces, los kaiten con base saldrían al mar y hundirían todos los buques transportes de tropas que pudieran. La estrategia naval japonesa no habia cambiado: Dad a los americanos un baño de sangre y aplastarlos en una sola accion decisiva. Esta era la estrategia que se había empleado en Midway, las Marianas y las Filipinas. Pronto se usaría de nuevo en Okinawa. Aun no había funcionado bien para Japon, pero, a medida que los estadounidenses se acercaban y aumentaba el patriotico fervor suicida, las esperanzas de que pudiera resultar se mantenían altas.


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gerkamp
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Tacticas suicidas japonesas en la batalla

Mensajepor gerkamp » Sab Jun 04, 2011 9:01 pm

CLÍMAX SUICIDA
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La mañana del dia de pascua, 1 de abril de 1945, las tropas norteamericanas desembarcaron en Okinawa. Era el siguiente objetivo estadounidense en la serie de saltos de isla en isla hasta Japón. Los nipones lo esperaban, y en radio Tokio hablaron sobre el tema durante días. Cuando llegó la invasion, una emisora informó solemnemente: ''Es cuestion de poco tiempo que se decida la elevacion o caída de nuestro pueblo.'' Okinawa, a unos 570 kilometros al sudoeste de la mayor isla japonesa, Kyushu, se consideraba como parte integrante de Japón. Estrategicamente dominaba el mar de China Oriental y la costa china desde Fu-Chou hasta Corea. Estaba a horcajadas entre las lineas maritimas que unían Japón con las Indias Orientales, ricas en petroleo y ya puestas en peligro por la ocupación norteamericana de Filipinas. Es mas, desde Okinawa los B-29 podían atravesar el mar Amarillo y el estrecho de Shimonoseki, y regresar con suficiente combustible.

Okinawa está hecha, por naturaleza, para la defensa. Con 110 kilometros de longitud y entre 5 y 30 de ancho, su terreno está cortado en un laberinto de aristas, arrecifes y cuevas de caliza y coral. Los japoneses habían construido ingeniosas fortificaciones, con tuneles que las entrelazaban e intercomunicaban, fortines de hormigón, nidos de ametralladora y refugios profundos. No se hacían ilusiones: tenían que defender esta isla plagada por la malaria o perder la guerra. Okinawa era tan importante que estaban dispuestos a arriesgarlo todo por conservarla. En sus fortificaciones se deplegaron dos divisiones mandadas por el teniente general Mitsura Ushijima, una fuerza naval al mando del contraalmirante Minoru Ota y unos 7.000 aviadores comandados por el capitán Tanamachi (eran tripulaciones de tierra sin ningun avion para mantener). Setenta mil hombres en total esperaban para rechazar a los americanos.

La experiencia anterior había demostrado que los defensores resistirían fieramente, por lo que los estadounidenses planearon la invasion con cuidado. Habían reunido la mayor flota de desembarco que operó jamas en el Pacifico (unos 1300 buques de guerra de todas clases y tamaños) con 100.000 soldados y marines a bordo. Esta era la flota que el Alto Mando japones decidió diezmar.

Estaba previsto que se organizarían ataques aereos kamikazes y operaciones kaiten contra las fuerzas invasoras. Pero cuando llegó a Tokio la noticia de que los norteamericanos habían establecido una cabeza de playa en Okinawa, el almirante Toyoda decidió que se requería un mayor esfuerzo. Como comandante en jefe de la antes orgullosa Flota Combinada, decidió que los barcos que le quedaban debían contribuir al proximo Gotterdammerung.

Tras la batalla del Golfo de Leyte, que fue el principio del cuerpo kamikaze, la Marina Imperial había dejado de existir como fuerza practica de combate. La mayoría de los cruceros se habían perdido, y los acorazados Yamato, Nagato y Haruna, que consiguieron regresar a duras penas a casa, estaban embotellados en el mar Interior. La escasez de combustible impedía su utilizacion para las operaciones. Sin embargo, durante el mes de marzo se realizó un intento de resucitar a la 2da Flota, adjudicando lo que quedaba de las mermadas disponibilidades de combustible al Yamato, al crucero Yakagi y a 5 destructores. Esta era la fuerza que Toyoda propuso para un ataque suicida contra la flota invasora norteamericana de Okinawa. Casi no existía coordinacion entre los servicios respecto a como y cuando debían actuar el Ejercito, la Marina y la Fuerza Aerea. Pero por primera vez en la historia se lanzó un ataque suicida general coordinado, con los kamikazes cooperando con los submarinos. Ya se había programado una serie de ataques kaiten y kamikaze para el 6 de abril, con el nombre en clave de ''Kikusui''. Literalmente ''crisantemo flotante'', Kikusui era la crema de la familia Kusukoni. En el siglo XIV, Mazashige Kuzukoni había enviado a un ejercito japones a una muerte segura en una operacion suicida. Pero la operacion ''Kikusui Numero 1'' sería el gran ataque que podía hacer superfluas las demas operaciones.

Los buques de guerra de la reconstituida 2da Flota estaban al mando del vicealmirante Seeichi Ito, que fue segundo jefe de operaciones navales en 1941, y estaba considerado como un jefe extraordinario. Dándose cuenta de que las desesperadas circunstancias requerían una accion desesperada, Ito estaba dispuesto a aceptar ordenes de realizar una operacion suicida sin discusion. Era uno de los pocos jefes de Estado Mayor de la Marina Imperial que lo hicieron. En Tokio, el Alto Estado Mayor Naval estaba en contra del ''kikusui'' de Toyoda, sosteniendo que, aunque Japón se enfrentaba a una derrota total, era inhumano mandar hombres a una operacion de esa magnitud con un exito tan incierto. Desde su punto de vista, la flota nunca llegaría a Okinawa y la perdida de hombres y buques seria un sacrificio inutil. El propio cuartel general de la Flota Combinada de Toyota refutó este argumento. La perdida de Okinawa sería desastrosa, dijeron, y era el deber de la Marina cooperar con el Ejercito. La Flota podía no llegar a Okinawa, pero atraería la atencion de un gran numero de aviones norteamericanos. Seguiría un momento de calma en la lucha en tierra, en el cual un contraataque del ejercito tendría considerables posibilidades de exito.

La orden de Toyoda requería que la 2da Flota fondeara ante los norteamericanos en Okinawa y disparara los cañones de todos lo buques hasta agotarse el ultimo proyectil o ser destruido el ultimo barco. No se esperaba que volviera ninguno y se dijo que los supervivientes podrían unirse a la lucha en tierra y ''buscar la gloria''.

La orden fue recibida a bordo del buque insignia de Ito, el Yamato, en la tarde del 5 de abril. Ito reunió inmediatamente a sus capitanes y hubo una tormenta de protestas. Casi todos los oficiales con mando se opusieron a la operacion, no porque significara una muerte segura, sino porque consideraban que supondría destruir lo que quedaba de la Marina Imperial con un beneficio muy dudoso. Quedaba fuera de toda duda que los subordinados de Ito estaban dispuestos a dar su vida y las de sus hombres por el emperador. Pero estaban dominados por una filosofía que les habia llegado hacia mucho a traves de su asociacion con la Marina Real Britanica: ''Lucha valientemente, pero no en vano''. La conferencia duró 5 horas, durante las cuales se oyeron algunos comentarios acalorados sobre la capacidad de planificacion del cuartel general de la Flota Combinada, a salvo en su refugio antiaereo. Pero se mantuvo la disciplina. Cuando Ito dijo que la orden debía obedecerse, se acabó la discusion y los reunidos volvieron a sus buques a preparase para la proxima accion.

A bordo, el regreso de los capitanes inició una actividad febril. Se afilaron las bayonetas para la lucha cuerpo a cuerpo que gran parte de la tripulacion esperaba encontrar en tierra. Se tomó combustible sufuciente para una travesía sin retorno y se separaron solo los tripulantes necesarios para tripular los buques que habían sobrado. (Entre los que desembarcaron había un grupo de guardiamarinas recien salidos de la academia naval, que habían llegado unos días antes. Muchos de estos jovenes deseaban tomar parte en la operacion, pero no se les permitió). Finalmente, se celebraron las fiestas de despedida en las que se consumió muchas botellas de sake. Terminaron con la cancion Doki no Sakura (Flores de cerezo de la misma graduacion), una antigua cancion de la Academia Naval.

Esa noche, la 2da Flota salió del mar Interior y a las 06:00 horas del 6 de abril ya estaba al sudoeste de Kyushu, en direccion a Okinawa. Si todo salía bien, debían llegar a las playas de desembarco americanas a las 08:00. Se esperaba encontrar una formacion antisubmarina en cuanto los buques pasaran el estrecho de Bungo, por lo que durante algunas horas 20 Zeros de la 5ta Flota Aerea les proporcionaron proteccion. Pero al alejarse de tierra, los Zeros regresaron, y los hidroaviones de reconocimiento del Yamato y el Yahagi se retiraron para evitar su destruccion en la inminente batalla. No había necesidad de reconocimiento; se sabía muy bien el paradero de los estadounidenses, al igual que ellos sabían que los nipones se estaban acercando. A 5 millas de la Flota de Ito los submarinos norteamericanos USS Threadfin y USS Hacklebach siguieron su rastro y observaron fascinados como el monstruso Yamato pasaba ante sus periscopios. Al amanecer del día 7 de abril llegaron hidroaviones norteamericanos para cooperar en la observacion.

Las nubes bajas y pesadas proporcionaban una proteccion perfecta a los atacantes cuando a las 12:30 los americanos comenzaron la ofensiva. Poco despues de mediodia, el radar del Yamato había detectado dos grandes formaciones de aviones convergiendo sobre él. El primer aeroplano apareció de pronto antes de que pudiera transmitirse el mensaje a los demas buques. No servía de nada cambiar el curso, pero la flota alcanzó hasta 27 nudos, se dividió en dos lineas con una distancia de 5.000 metros entre si y abrió fuego. Desde el principio hasta el fin, tenían pocas posibilidades. Aunque los cañones antiaereos del Yamato crearon una formidable cortina de acero, de poco sirvió. Los aviones fueron derribados, pero llegaban incesantemente nuevas olas atacantes. Era la cuarta vez que los norteamericanos habían atacado al acorazado y estaban decididos a hundirlo esta vez.

La primera bomba cayó sobre el Yamato a las 12:40, y diez minutos despues fue alcanzado por un torpedo. A continuacion le alcanzaron muchas mas bombas y al menos 15 torpedos. Tres horas de ataque continuado acabaron por condenar al gran acorazado. En total, 300 aviones estadounidenses de base flotante habian hecho impacto en el buque de Ito. A las 15:00 horas, el Yamato, el Yahagi y los destructores Asashimo y Kamakaze habían sido hundidos. Dos destructores, el Isokaze y el Kasumi, inmoviles en el agua, fueron hundidos por buques japoneses una vez rescatada su tripulacion. De la Flota solo quedaban ahora 5 destructores, que volvieron a puerto al día siguiente. La inmensa y abortada accion suicida costó al Japón 6 buques y mas de 2500 vidas.

Despues de la batalla, el cuartel general de la Flota Combinada expidió un comunicado que decía: ''Gracias a la valiente y generosa lucha de la 2da Flota, nuestros aviones especiales de ataque lograron grandes resultados''. La verdad es que esta ultima salida desesperada de la Marina Imperial terminó en un miserable fracaso. La Flota Combinada, antes gloriosa, que se había enorgullecido de dominar las aguas de todo el Pacifico occidental, había sido expulsada ingominiosamente de las aguas que rodean a Japón.

La fase principal de la operacion ''Kikusui Numero 1'' no había logrado nada. Pero las operaciones subsidiarias que se prolongaron durante los meses de abril, mayo y junio se apuntaron algunos exitos menores. Los aviones de Onishi salieron de Kyushu, y 1.465 aparatos kamikaze participaron en los ataques diurnos y nocturnos contra objetivos de Okinawa. Fueron precisamente los mas eficaces de toda la historia de los kamikazes. Segun el informe oficial del comandante en jefe de la Flota norteamericana en el Pacifico, 26 buques fueron hundidos y 164 averiados por los ataques suicidas de entre el 6 de abril y el 22 de junio. En la cifra se incluían las victimas de esfuerzos suicidas esporadicos y a pequeña escala que ocuparon a otros 200 aviones japoneses del Ejercito y la Marina.

Durante el mes de abril los Okhas se apuntaron su primer tanto. Tras el ignominioso final de la salida del 21 de marzo, hubo algunas vacilaciones antes de seleccionar el momento oportuno y las condiciones apropiadas parq utilizar de nuevo este arma. Pero la oportunidad se presentó el 12 de abril, cuando se ordenó su salida como parte de la operacion ''Kikusui Numero 2''. Ocho Okhas participaron en el ataque de ese día, junto con 80 aviones kamikazes y mas de 100 cazasd escolta. Se dirigieron a Okinawa por diversos caminos para converger en la isla dese distintas direcciones. Los bombarderos que los llevaban tambien volaban bajo, a fin de sacar partido de los altos arrecifes que rodeaban los fondeaderos americanos de la isla.

De los 8 aviones portadores de Okhas, 6 fueron derribados tras soltar su carga y solo uno volvió a la base para relatar la dramatica historia de como el piloto de un Okha, el teniente Saburo Dolli, había realizado su mision. Dolli, de 22 años, era al parecer un individuo plácido y algo taciturno. Durante el vuelo a Okinawa durmió sobre un monton de sacos en la parte posterior de un bombardero Betty. Despertado al acercarse a la zona del objetivo, estrechó la mano de la tripulacion antes de subir a travez del compartimiento de bombas a su diminuto aparato con motor de cohetes. Seleccionó un acorazado como su objetivo y fue soltado a 20.000 metros del mismo a una altitud de 2.000 metros. Dolli fue visto por ultima vez por su tripulacion al volver hacia el oeste por razones de seguridad, cayendo verticalmente hacia los buques norteamericanos que rodeaban al acorazado. Mas tarde, dijeron, pudo verse una columna de humo negro que irrumpía desde el area de localizacion del objetivo. Nunca se sabrá si Dolli se estrelló contra un buque estadounidense o si los desperfectos deben atribuirse a otros pilotos Okha. Pero ese día el destructor USS Manert L. Abele fue hundido, y el destructor USS Stanley averiado por ''bombas Baka'', como llamaban los americanos a los Okha.

Esta operacion demostró a los japoneses el valor de los Okha, y a prtir de entonces se usaron bombas pilotadas con regularidad. En total se enviaron 74 misiones Okha antes del final de la guerra. Cincuenta y seis fueron soltados desde sus aviones portadores o disparados hacia abajo cuando todavía permanecian unidos. Aunque se informó que muchos vuelos Okha tuvieron exito, la confirmacion es dudosa. Despues de la guerra los norteamericanos estimaron que solo cuatro habían alcanzado un objetivo y aseguraron que el arma era un fiasco. ''Fallaba —escribió el almirante J. J. Clark— porque era una mision de un solo disparo y los pilotos nunca pudieron practicar''. Y, sin embargo, aunque el Okha no causara muchos daños materiales, no cabe duda de que la aparicion de las bombas suicidas pilotadas producían un gran efecto en la moral de los marineros estadounidenses.

Naturalmente, los ataques con bombas Okha eran complementarios de lo que podría denominarse vuelos kamikazes mas ''convencionales''. Estos siguieron continuamente y, aunque los pilotos suicidas no consiguieron hundir ningun acorazado durante los 82 días y noches de sus ataques, poco les falto para aliminar al portaaviones gigante USS Enterprise. Llamado tambien ''El gran E'', ''El afortunado E'', ''La vieja dama'' y ''El fantasma galopante de la costa de Oahu'', el Enterprise había participado en todas las batallas navales norteamericanass importantes desde el principio de la guerra, destruyendo mas de 70 buques de guerra enemigos y derribando casi mil aviones. Se había anunciado su hundimiento seis veces.

El 14 de mayo de 1945 despegaron aviones del Enterprise en una mision que se proponía atacar los campos de aviacion del sur de Japón. A la mañana siguiente, 25 kamikazes salieron por el sudoeste y se dirigieron al portaaviones. Uno tras otro fueron derribados o fallaron el objetiivo y se estrellaron contra el mar. No obstante, un kamikaze Zero consiguió pasar y estrelló su aparato contra el centro del portaaviones. Tras arrastrarse por tres cubiertas y matar a 14 marineros, la bomba del Zero explotó y la tripulacion de control de daños del buque consiguió salvar al Enterprise trabajando rapido y con grandes esfuerzos.

Las operaciones kaiten no tuvieron mas exito que la flamante autodestruccion de la 2da Flota. Tras la mal concebida operacion ''Tatara'', el I-58 recibió ordenes de apoyar a la accion de la 2da Flota con ataques kaiten contra los buques americanos alejados por el Yamato. Localizado por un avion norteamericano, nunca llegó a acercarse a ningun acorazado enemigo. Perseguido sía y noche por destructores y aviones, su capitan terminó cancelando las operaciones , el capitan del sumergible japones canceló las operaciones y volvió a puerto con sus kaiten intactos.

El I-58 tuvo suerte de volver a Japón. Otros 8 submarinos nipones fueron hundidos durante el mes de abril y, con los portadores de kaiten de la 6ta Flota reducidos a 4, se entabló una acalorada discusion sobre como debían emplearse los ''Agitadores de los cielos'' en operaciones futuras. El Alto Estado Mayor Naval de Tokio y el cuartel general de la Flota Combinada creían que el mejor modo era hacerlo contra las flotas y bases navales estadounidenses. Pero el comandante Tennosuke Torisu, el experto en torpedos del estado mayor del cuartel general de la 6ta Flota, argumentó firmemente en contra. Aseguró que los kaiten debían enviarse a una buena distancia de las costas para interrumpir las lineas de comunicacion americanas. Finalmente, Tokio accedió a permitir que 2 submarinos atacaran las lineas de suministros. Se evaluaría su eficacia y se tomaría una decision definitiva sobre como debían operar los kaiten en el futuro.

Se eligió al I-47 y al I-36 para el experimento y salieron los días 20 y 23 de abril, respectivamente. Cada uno llevaba 6 kaiten. El I-47 se dirigió a una zona a traves de la que tendrían que pasar los buques norteamericanos que se dirigían a Okinawa y Saipan. El I-36 derramó sangre primero. Poco despues del amanecer del 27 de abril, se encontró con un convoy de 30 buques con destino a Okinawa. A 8.000 metros de distancia se dieron ordenes de disparar los 6 kaiten. Cuatro salieron, pero dos se quedaron aprisionados en sus cremalleras. Diez minutos despues, cuatro explosiones sucesivas sacudieron el submarino. Esa noche se radió un informe a Tokio asegurando que habían logrado ''cuatro hundimientos, que se creían transportes o buques de carga''; en esos momentos el exito parecía una ofrenda apropiada para el emperador, cuyo cumpleaños era el 29 de abril. En realidad solo se había hundido un barco, el USS Canada Victory, por lo que debe suponerse que los cuatro pilotos kaiten, el teniente Yagi y los contramaestres Abe, Matsuka y Ebihara, habían apuntado al mismo buque.

Durante la noche del 1 de mayo, el capitan del I-47, el temible Orita, tambien se encontró con un convoy. Como los kaiten iban virtualmente a ciegas en la oscuridad, decidió atacar con torpedos convencionales. Sin embargo, 12 horas despues llegó la oportunidad de utilizar las armas suicidas, y 2 kaiten (el teniente Kakikaze y el contramaestre Yamaguchi) fueron lanzados contra sus objetivos que, segun los informes, eran un transporte escoltado por un destructor. Al oirse las dos explosiones en rápida sucesion, se supuso que ambos objetivos habían sido alcanzados. Pero cuando Orita alzó su periscopio, pudo ver un destructor a unas 4 millas de distancia. Se lanzó otro kaiten y una explosion muy retrasada sugirió al fin que el contramaestre Furukawa habia ido a parar a Yasukuni. Cuatro días despues, 2 de los 3 kaiten restantes, el teniente Maeda y el contramaestre Shinkai, fueron lanzados contra un ''crucero''. La intencion de Orita era disparar los tres, pero cuando se cortó la comunicacion telefonica con el ultimo kaiten, el contramaestre Yokota vivió para contarlo. ''Vivir, a veces, es mucho mas dificil que morir... Hace falta paciencia para esperar a que llegue el mejor momento posible para morir''. Orita empleó estas palabras para consolar a Yokota, cuando protestaba por haber sido privado de la oportunidad de dar su vida.

El I-47 seguía ahora al I-36 de vuelta a Japón. Despues del regreso de los sumergibles, se hizo una conferencia en Tokio, en la cual se llegó a la conclusion de que el exito de las dos ultimas salidas justificaba los puntos de vista del comandante Torisu. Las operaciones submarinas se dejarían ahora totalmente en manos del cuartel general de la 6ta Flota. El almirante Nagai ordenó inmediatamente que todos los submarinos de primera clase disponibles, nueve en total, fueran enviados a operaciones kaiten en el Pacifico Occidental. A mediados de julio, 6 fueron hundidos, pero los japoneses aseguraron que los kaiten hundieron 15 petroleros y transportes, 2 cruceros, 5 destructores, un hidroavion nodriza y 6 navíos no identificados en los ultimos meses de la guerra. Posteriormente los aliados declararon que estas cifras eran falsas. Ochenta pilotos kaiten murieron en accion y, aunque hubiesen hundido 80 buques, es dudoso que pudiera haber cambiado el resultado de la batalla de Okinawa.

Cuando los norteamericanos desembarcaron por primera vez en Okinawa, esperaban una respuesta inmediata y sañuda de la guarnicion. Ante la sorpresa de todos, los defensores ofrecieron escasa resistencia, y las playas de desembarco fueron tomadas encontrando una defensa moderada. Hasta que las tropas americanas empezaron a penetrar hacia el interior no se repitió el proceso de los desembarcos anteriores. Los estadounidenses experimentaron entonces una nueva version del ataque a Iwo Jima. Los defensores lucharon desesperadamente, causando muchas bajas a los invasores. Pero gradualmente fueron rechazados a las colinas del sur de la isla. El día V-E, el 8 de mayo, los japoneses estaban derrotados.

Durante las tres semanas siguientes, el general ushijima se las arregló para realizar un milagro organizando otra linea de defensa. Pero sabía que el fin estaba proximo. Y por entonces las tropas japonesas tambien lo sabían. Bombardeados por millones de octavillas que les garantizaban un trato justo, algunos consideraron la idea de deponer las armas. Pero muchos decidieron lo contrario y se suicidaron.

La fuerza naval del almirante Ota realizó una ultima carga banzai el 13 de junio contra las fuerzas que habían desembarcado en las cercanías de Oroku. No se sabe nada mas de Ota y sus hombres. Su ultimo mensaje fue recibido el 6 de junio:

''Han pasado mas de dos meses desde que nos enfrentamos a los invasores. En completa unidad y armonía con el Ejercito, hemos hecho todo lo posible por aplastar al enemigo...

''... Presento mis mas sinceras disculpas al emperador por mi fracaso al no defender mejor el Imperio, la grave mision que me fue confiada.

''Las tropas bajo mi mando han luchado valientemente, dentro de la mejor tradicion de la Marina japonesa, Los fieros bombardeos pueden deformar las montañas de Okinawa, pero no podrán alterar el leal espiritu de nuestros hombres. Esperamos y rezamos por la perpetuacion del Imperio, y damos alegremente nuestras vidas por ese fin.

''Al ministro de Marina y a todos mis superiores expreso mi mas sincera gratitud por su amabilidad durante muchos años. Al mismo tiempo, les ruego encarecidamente que tengan en consideracion a las familias de mis hombres que han caido en este puesto como soldados del emperador.

''Con mis mandos y tropas doy tres vivas al emperador y rezo por la paz eterna del Imperio.

''Aunque mi cuerpo se pudra en la remota Okinawa, mi espiritu persistirá en la defensa de la patria.

Minoru Ota
Comandante Naval.''


Antes de perecer se sabe que Ota dió una orden que ejemplifica la actitud suicida de su clase. Una enorme cueva tras las lineas japonesas estaba sirviendo de hospital de campaña y alli yacían 300 infantes de marina japoneses de su destacamento gravemente heridos. Temiendo que los norteamericanos barrieran la cueva con sus lanzallamas antes de hacer preguntas, Ota ordenó al medico militar de mayor graduacion que se asegurara de que los pacientes tuvieran una muerte honorable sin mayores sufrimientos. El medico y sus ayudantes caminaron por las largas filas de enfermos e inyectaron metodicamente jeringas hipodermicas en los 300 brazos extendidos.

Nadie parece saber que ocurrió con los 7.000 aviadores de Tanamachi. Al igual que muchas unidades del Ejercito, probablemente siguieron luchando hasta ser aniquilados. Eso al menos fue lo que ocurrio con un destacamento aislado, cuyo comandante envió un ultimo mensaje: ''Mis hombres mantienen la moral alta y luchan valientemente. Rezamos por la victoria final de la patria. Lucharemos hasta el ultimo hombre en defensa de este territorio...''

Dentro de la cueva que protegía su puesto de mando, el general Ushijima se relajó con una botella de whisky mientras esuchaba los informes que llegaban de sus diseminadas unidades. Su ultima linea de defensa se había desintegrado y las tropas japonesas se convirtieron en una horda, escondiendose en agujeros, hambrientos y sin esperanzas. Ushijima era realista y sabía que todo había terminado. Tranquilamente dictó un mensaje de despedida a Tokio:

''Lamentablemente, ya no podemos continuar la lucha. Presento mis mas sinceras disculpas por este fracaso al emperador y al pueblo de mi país. Haremos una ultima carga para matar al mayor numero posible de enemigos. Rezo por las almas de los hombres muertos en combate y por la prosperidad de la familia imperial.

''La muerte no detendrá el deseo de mi espirtu de defender la patria.

''Con la mas profunda gratitud por la amabilidad y cooperacion de mis superiores y colegas en armas, me despido de todos para siempre.''


Una posdata poetica de su carta decía asi:

''La hierba muere en las islas sin esperar el otoño.

Pero volverá a nacer lozana en la primavera de la patria.

Agotadas las armas, nuestra sangre bañará la tierra, pero el espiritu sobrevivirá.

Nuestros espiritus volveran para proteger a la patria.''


Ya solo quedaba el ceremonioso mutis. A primera hora de la mañana del 22 de junio, Ushijima y se jefe de estado mayor, general Isama Cho, se vistieron con sus mejores uniformes y se pudieron las medallas en la tunica. Se había extendido una colcha sobre un estrecho saliente de roca a la entrada de la cueva. Sobre ella había una sabana blanca que simbolizaba la muerte. Los dos generales se arrodillaron. Segun el codigo samurai, el hara-kiri debe hacerse de cara al palacio imperial de Tokio. Debido a lo estrecho que era el saliente, Ushijima y Cho tuvieron que ponerse de cara a Occidente, hacia el Pacifico. Un militar de Estado Mayor les entregó un cuchillo a cada uno. Entonces vino el seppuku, o corte transversal en el abdomen. Detras de Ushijima, otro oficial levantó su sable y rapidamente le cortó la cabeza. Cho fue decapitado del mismo modo unos minutos despues.

La batalla de Okinawa había terminado. Pero no las muertes, pues el ejemplo de Ushijima fue seguido por una grotesca serie de suicidios. Los soldados japoneses desnudos salían de sus cuevas, arrojaban piedras contra los norteamericanos y luego corrían a ocultarse tras las rocas para cortarse el cuello. Un incidente particularmente extraño ocurrió cuando una patrulla de marines americanos se encontró de repente en un claro, rodeada por una numerosa fuerza de japoneses acompañados de varias mujeres. Con extraordinaria presencia de animo, el comandante de la patrulla sonrió, sacó sus cigarrillos y se los ofreció a todos. Unos pocos soldados nipones arrojaron sus armas y tomaron los cigarrillos. Sus oficiales rehusaron y les volvieron la espalda. Luego, uno atravesó a su compañera con su sable, se lo entregó junto con su reloj de pulsera a uno de los norteamericanos, retrocedió y se voló la cabeza con una granada. Esto contagió a los demas, que inmediatamente mataron al resto de las mujeres y a continuacion se suicidaron. Durante dos horas la patrulla estadounidense fue obligada a presenciar un suicida baño de sangre.

En la batalla de Okinawa, las bajas niponas ascendieron a mas de 100.000 muertos. De estos, al menos la mitad cayeron en operaciones suicidas. Estrategicamente, los americanos habían logrado una gran victoria, pues ahora estaban a las puertas de Japón. Pero el precio que pagaron tambien fue alto: mas de 12.500 muertos y desaparecidos, el doble de bajas que en Iwo Jima.

Okinawa se convertiría ahora en el trampolin para la invasion de las islas japonesas. Noviembre de 1945 fue la fecha fijada, y se preveía una batalla sangrienta. En ella se esperaba que una gran parte de la poblacion japonesa eligiera la autoinmolacion.


Fuente Imagen: http://www.taringa.net

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''Si vis pacem, para bellum''


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