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Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

La guerra en el Pacífico

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Grossman
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Re: Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensaje por Grossman » Jue Ago 30, 2012 3:58 pm

    • / 4 De la invasión de Indochina sur a Pearl Harbor (2) agosto - septiembre 1941 /
El Pacífico en la Conferencia Atlántica

Denominada también de Argentia, o de Placentia, los nombres de base y bahía respectivamente, en aguas de Terranova, en cuyas inmediaciones tuvo lugar el encuentro secreto entre Roosevelt y Churchill entre el 9 y el 14 de agosto. El objetivo de Roosevelt era alcanzar una base política común en la lucha contra el Eje, el de Churchill, arrancar a Estados Unidos el mayor compromiso posible. En la agenda estaba también el tema de Tailandia, el próximo objetivo nipón, así como la defensa de Singapur, cuya posición se hallaba bajo mayor amenaza desde la ocupación de las bases aéreas y navales de Indochina sur.

Churchill quería que Roosevelt declarara que si Gran Bretaña iba en ayuda de Holanda en las Indias Orientales, solicitaría al Congreso una declaración de guerra. Pero el presidente, sabedor de que no contaba con apoyo popular ni el de los congresistas, no quería ir tan lejos; no podía declarar la guerra a Alemania o Japón bajo riesgo de provocar un cisma en su país. Su idea básica era ayudar a Gran Bretaña y a la Unión Soviética, por lo que el esfuerzo principal debía tener lugar en el Atlántico, y, por la escasez de efectivos navales, evitar todo lo posible una guerra, e incluso cualquier incidente militar menor en el Pacífico. Churchill propuso hacer a Japón una advertencia conjunta, con Holanda, contra la aspiración de atacar en dirección al Pacífico suroeste; esa declaración y el hecho de haber celebrado la conferencia debía demostrar la unidad de la entente ABCD y avisar de posibles mayores sanciones económicas, pero Roosevelt no quería ser tan explícito y manifestó que, para ganar unos meses, entretendría a Japón con expectativas vacías de un arreglo diplomático: “I think I can baby them along for three months”. Para contentar a un insatisfecho Churchill se comprometió a hacer a Japón, por medio de su embajador, una advertencia fuerte contra cualquier tentación de proseguir con su expansión. También mencionó el proyecto de defender Filipinas y Singapur con un potente grupo aéreo, anuncio ante el que los mandos que acompañaban a Churchill estaban escépticos.

La Carta Atlántica fue una reafirmación de los principios wilsonianos de política internacional y el “open door”, y aunque contemplaba la concesión de oportunidades económicas y de acceso a materias primas esenciales también para los países del Eje derrotados, para Japón confirmó las sospechas del afán de dominación anglosajona en el mundo, en la que tendría que escoger entre un sometimiento inaceptable o la guerra. Para los japoneses representaba el decálogo de la política exterior estadounidense, ajustado a sus intereses e insensible a las necesidades de desarrollo y seguridad de naciones menos favorecidas, y que daba la espalda a la idea de una distribución más equitativa de los recursos materiales.

Embargo total

La idea de Roosevelt de someter a Japón un embargo parcial de petróleo, de una forma que no se viera empujado a apoderarse de las Indias Holandesas no fue aplicada y desde el 25 de julio en que proclamó la congelación de sus activos, Japón no recibió ni una gota.

Hay versiones distintas. La que predomina afirma que la burocracia de los departamentos del tesoro y de justicia de Washington la boicoteó, en vista de la gran cantidad de petróleo y gasolina que Japón podía adquirir todavía y que Hull y Roosevelt no se enteraron hasta el 4 y 5 de septiembre. Waldo Heinrichs, en cambio sostiene que, dado que esos envíos podían suponer un respaldo a una agresión japonesa a la Unión Soviética, Roosevelt y Welles dieron instrucciones de no cursar las licencias hasta que hubieran vuelto de la Conferencia Atlántica y que después el presidente adoptó una actitud pasiva.

El procedimiento consistía en que Export Control determinara cuál era la cantidad de petróleo no apto para aviación y en las cantidades de 1935-1936 que Japón podía adquirir, con lo que expedía una licencia. A continuación, el Foreign Funds Control Committee (FFCC), dependiente del departamento del Tesoro, debía desbloquear los dólares necesarios para adquirir la cantidad autorizada. Con esas limitaciones Japón podía comprar en 1941 5 millones de barriles de crudo y 445.000 de gasolina de bajo octanaje.

El nombre propio de esta historia es Dean Acheson, entonces secretario asistente del DE con funciones de director del FFCC. Según la tesis del boicot burocrático, cuando el 5 de agosto él y altos cargos de los departamentos del tesoro y justicia vieron la cantidad de petróleo para las que Export Control había expedido licencias, decidieron no desbloquear los fondos, empleando para ello todo tipo de artimañas. Japón pidió poder pagar con dólares provenientes de Brasil, le contestaron que esa era una cuestión hipotética y que debía enviarlos a Estados Unidos, aunque entonces se arriesgaban a quedar congelados. Después ofreció pagar con seda y algodón pero le dijeron que no había demanda. A la posibilidad de pagar con oro no hubo contestación. A la de enviar dólares desde Japón, que debían demostrar que los habían obtenido legalmente, y así sucesivamente. Welles, el superior directo de Acheson, no se enteró por estar con Roosevelt en la Conferencia Atlántica, y a la vuelta aquél le dijo que estaban intentando que Japón pagara con unos fondos que había logrado sustraer antes del bloqueo de activos. Hull se enteró casualmente al comentarle el embajador Nomura que no estaban recibiendo ningún petróleo, y cuando lo comunicó a Roosevelt el 5 de septiembre, este juzgó que era demasiado tarde para volverse atrás. Las razones no han quedado aclaradas, y se ha especulado con que quería evitar enviar a Japón lo que podría interpretar como una señal de apaciguamiento, o que, viendo la guerra inevitable, para privarle del suministro.

De todos modos, no parece que el boicot a la implementación del embargo parcial resultara decisivo. Tuvo mayor influencia la falta de claridad a la hora de proclamar el bloqueo de los activos japoneses, porque en Tokio este se interpretó de inmediato como un embargo total de petróleo, antes de que se vieran las consecuencias de las medidas obstruccionistas de Acheson y compañía. Además, no resultaba tampoco aceptable para Japón tener una soga al cuello que Estados Unidos pudiese apretar cuando le viniese en gana.

Misa a bordo del HMS Prince of Wales durante la Conferencia Atlántica. Sentados Roosevelt
y Churchill. Detrás el acorazado USS Arkansas

Imagen
Fuente: http://en.wikipedia.org/wiki/File%3AChu ... erence.jpg

Dean Acheson, el hombre que “mató” el plan de
Roosevelt de apretar pero no ahogar

Imagen
Fuente: https://en.wikipedia.org/wiki/Dean_Acheson

■ UTLEY JG ibid. p.153-6
■ HEINRICHS W ibid.141-2, 151-5, 177-8
■ IRIYE A ibid. 149-150, 152-6
■ RECORD J ibid.p.18, 20
■ SAGAN SD “The Origins of the Pacific War” Journal of Interdisciplinary History, XVIII:4 (1988) p.905-6
■ KERSHAW I ibid. p.333
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Espérame cuando las tristes lluvias lleguen, y cuando el calor llegue no dejes de esperar
Espérame y yo volveré para que la muerte rabie
No comprenderán jamás los que jamás han esperado, cómo tú del fuego me salvaste
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Re: Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensaje por Grossman » Vie Ago 31, 2012 12:21 pm

      • / 4 De la invasión de Indochina sur a Pearl Harbor (3) agosto 1941 /
Konoe propone una cumbre con Roosevelt y el alto mando prepara la guerra

Para tratar de salir del atasco en que se hallaba el conflicto con Estados Unidos, Konoe había propuesto - antes del comienzo de la Conferencia Atlántica y tras consultarlo con el emperador, que se mostró a favor - un encuentro personal con Roosevelt, un último esfuerzo para evitar la guerra, contando que para ello Japón tendría que hacer concesiones difíciles, como por ejemplo retirar sus tropas de Indochina. El ministro de la armada le dio su respaldo enseguida, pero al del ejército, Tojo, no le gustó y puso como condición interrumpirlas e ir a la guerra a la mínima señal de bloqueo de las negociaciones. Cundía la sospecha en el ejército de que Estados Unidos sólo quería ganar tiempo. Contando con que Konoe tenía pocas posibilidades y en consideración de su cambio radical de actitud, los “halcones” del ejército y armada esperaban que su fracaso facilitaría su caída, posibilitando su sustitución por una figura más beligerante. El 7 de agosto se instruyó al embajador Nomura a que comenzara los preparativos. Como Roosevelt se hallaba a esas alturas conferenciando con Churchill en aguas de Terranova, lo atendió Hull. La respuesta del secretario de estado fue que no encontraba justificación para un encuentro entre ambos mandatarios si Japón no daba un giro drástico a su política exterior.

El 16 de agosto el alto mando del ejército y naval discutieron un documento titulado “Planes para implementar la política imperial”, que concluía que Japón debía prepararse para la guerra a la vez que buscaba una salida diplomática.

Cuando de vuelta de la Conferencia Atlántica, el 17 de agosto, Roosevelt se entrevistó con el embajador Nomura, le advirtió que Japón debía cesar en su política expansionista y ajustarse a las propuestas de la Carta Atlántica, pero después se mostró conciliador para demostrar una disposición para proseguir las negociaciones.

El 26 de agosto la Conferencia de Enlace (CE) acordó responder a lo que Roosevelt había manifestado a Nomura. La reunión tenía que tener lugar pronto. Cuando el embajador lo trasladó al presidente, este evitó hablar de fechas, pero lo recibió con afabilidad, propuso que el encuentro durara unos 3 o 4 días, y expresó su agrado al saber que Konoe hablaba inglés con fluidez. Pero Hull desconfiaba de las intenciones que había tras esas propuestas. Por Magic sabía de las deliberaciones del alto mando en Tokio y no le convencía la propuesta de Grew de un levantamiento gradual de sanciones, por lo que concluyó que Japón debía demostrar una actitud más favorable hacia los principios de la política exterior estadounidense como condición previa a un encuentro.

Tan alejadas estaban las posturas de Japón y Estados Unidos que Konoe creyó que un encuentro con Roosevelt podría acortar distancias, sobre todo por el interés común de evitar la guerra, pero el presidente estaba escéptico y quería sobre todo ganar tiempo para rearmarse. Por su parte, Hull temía que ese encuentro pudiera perjudicar la cohesión ABCD, por alimentar suspicacias sobre todo en China.

En efecto, Chiang Kai-shek estaba susceptible porque la declaración de la Carta Atlántica había sido comunicada con un mensaje conjunto a Stalin pero no a él, y consideraba que tenía los mismos o más méritos en la lucha contra el Eje. Además, el contacto asiduo entre Roosevelt y delegados japoneses alimentó el temor en el líder chino de que ambas partes pudieran llegar a algún tipo de paz en el Pacífico a costa de China. Para que esas dudas no socavaran la cohesión de la entente ABCD, Roosevelt envió constantes mensajes tranquilizadores a Chungking e iba con pies de plomo a la hora de hablar con los japoneses. Influyó también en esa actitud la sospecha de que Konoe no gozara del suficiente respaldo y que en Japón realmente no se asumía que debía renunciar a sus pretensiones de expansión.

■ IRIYE A ibid. p.157-159
■ KERSHAW I ibid. p.335-339
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Re: Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensaje por Grossman » Vie Ago 31, 2012 11:43 pm

    • / 4 De la invasión de Indochina sur a Pearl Harbor (4) agosto - septiembre 1941 /
La conferencia imperial del 6 de septiembre: Japón decide ir a la guerra

Mientras el gabinete Konoe buscaba vías para evitar la guerra, el mando supremo de las fuerzas terrestres y navales sostuvo una serie intensa de contactos para alcanzar acuerdos sobre los preparativos y el momento del comienzo. El 30 de agosto aprobaron el documento “Puntos esenciales para implementar la política imperial” que concluía: “En caso de que a principios de octubre no existan perspectivas de obtener nuestras demandas por negociaciones diplomáticas, debemos decidir de inmediato entrar en guerra con Estados Unidos”. El día antes de la CE del 3 de septiembre, Sugiyama, el jefe de EMG del ejército, advirtió a Konoe que las fuerzas armadas no admitirían concesiones en los puntos fundamentales: la alianza con el Eje, la esfera de co-prosperidad, y el estacionamiento de tropas en China. Durante la CE, que duró 7 horas, Konoe no puso ninguna objeción, y tampoco Toyoda, el ministro de exteriores. La voz cantante la tenía el sector belicoso, el jefe del EMG naval, Nagano, y Sugiyama. Nagano apostaba por una victoria en una batalla decisiva en aguas de Japón y advertía que el paso del tiempo sin hacer nada permitiría a Estados Unidos completar su rearme y agotaría las reservas de petróleo, anulando las posibilidades japonesas. La batalla decisiva, en cambio, le permitiría apropiarse de unos recursos con los que podría sostener una guerra prolongada.

El siguiente paso era presentar estas conclusiones en la conferencia imperial del 6 de septiembre. El día antes Konoe informó a un Hirohito, que se alarmó. Opinaba que el documento daba poco espacio a la diplomacia y pidió a Konoe que pospusiera la fecha límite propuesta, pero este sugirió al emperador que cuestionara directamente a los jefes de EMG. Poco después aparecieron estos. Hirohito les preguntó sobre las posibilidades de victoria a lo que Sugiyama respondió que era posible en tres meses. Al monarca le enfadó esa contestación y replicó: “cuando surgió el Incidente de China, el ejército me dijo que la paz se alcanzaría inmediatamente tras un golpe decisivo con tres divisiones”, y agregó: “Sugiyama, tú eras el ministro del ejército entonces”. El aludido respondió que China era un territorio muy amplio y que Japón se encontró con dificultades inesperadas; “y no es más amplio todavía el Pacífico?”, le espetó el emperador y tras recordarle las advertencias que le hizo con el Incidente de China, lanzó un directo: “Sugiyama, ¿acaso me estás mintiendo?”. Salió al quite entonces Nagano, admitiendo que la victoria no podía garantizarse totalmente, e hizo una analogía médica: “Si un médico dice que hay un 70% de posibilidades de salvar a un paciente con una operación, pero que si no se somete a ella morirá con certeza, entonces hay que escoger la cirugía, y si tras la operación el paciente muere, hay que aceptarlo. Esa es la situación a la que nos enfrentamos en la actualidad”. Pese a la endeblez de ese razonamiento, el emperador no dijo nada más. Shigemitsu Mamoru, uno de los consejeros del emperador, sugirió que Japón podría conservar su estatus de gran potencia permaneciendo fuera del conflicto europeo, abandonando el Eje y haciendo concesiones en China y sureste asiático, pero no tuvo resonancia. Hirohito, indudablemente contrario a la guerra y quizá favorable a esa propuesta, no tenía mucho margen de maniobra para oponerse a una decisión tomada en la CE en la que había acuerdo entre ejército y armada, respaldada por las élites de poder japonesas y gran parte de la opinión pública, y donde la cuestión que se dirimía se identificaba fuertemente con el honor nacional. Por añadidura llevaba el lastre de haber participado activamente en la construcción de un escenario que se había convertido en una trampa.

En la conferencia imperial del 6 de septiembre se repitieron los argumentos expuestos anteriormente que, a pesar de sus defectos y debilidad general, no se sometieron a escrutinio; no hubo interrogatorio a Sugiyama. Este expuso su pronóstico de que Alemania ocuparía la Unión Soviética europea, sin la que el estado soviético colapsaría y no podría sostener una guerra en Siberia. El jefe del comité de planificación expuso que las reservas de petróleo se acabarían en junio-julio de 1942, aun con severas medidas de restricción para el uso civil, para concluir que Japón debería ir a la guerra enseguida para sobrevivir. El presidente del consejo privado, Hara, expresó su desacuerdo con los “Puntos esenciales” porque daba prioridad a la acción militar sobre la diplomacia; Oikawa, el ministro de la armada, replicó que no era así, que sólo habría guerra si fallaba la diplomacia, tras lo que Hara planteó que en ese caso Konoe debía contar con el respaldo unánime de los asistentes a la conferencia antes de su encuentro con Roosevelt. Siguió un tenso y revelador silencio. Entonces, en un acto sin precedentes, pues el protocolo establecía que el emperador no interviniera durante toda la ceremonia y lo que tuviera que decir lo hiciera por medio de un interlocutor, el monarca habló: “¿porqué no contestas?”. Tras otro momento de indecisión, Oikawa respondió que se harían todos los esfuerzos para negociar. Silencio de nuevo, Nagano y Sugiyama no abrían la boca, entonces el emperador intervino de nuevo: “¿porqué el alto mando no contesta?”. A continuación leyó una reflexión de su abuelo, el emperador Meiji, alusivo al espíritu de paz, tras lo que Sugiyama y Nagano se comprometieron a dar prioridad a la diplomacia.

Finalmente el emperador aprobó la decisión de ir a la guerra contra Estados Unidos, Gran Bretaña y Holanda si a mediados de octubre no se había alcanzado una solución diplomática; Japón debía estar completamente preparado a finales de mes. Este planteamiento se plasmó en un memorando llamado “Guías para implementar políticas nacionales”. Los requisitos mínimos aceptables para un acuerdo que evitara la guerra serían que Gran Bretaña y Estados Unidos desistieran de ayudar al Kuomintang, renunciaran a establecer posiciones militares en Tailandia, Indonesia, China y las provincias extremas de la Unión Soviética, así como a reforzar sus posiciones actuales, y proveyeran a Japón de los recursos necesarios, restableciendo las relaciones comerciales. Como contrapartida, Japón se comprometería a no incrementar su expansión en Asia, a retirar sus tropas de Indochina cuando se hubiera establecido una paz justa en Asia-este, a garantizar la neutralidad de Filipinas y a no atacar a la Unión Soviética. Para dar más oportunidades a la vía diplomática, los preparativos para la guerra se realizarían en adelante con la mayor discreción posible para que Estados Unidos no los interpretara como una provocación.

Es posible que entre las razones de la casa imperial para dar su aprobación a este plan estuviera la de dar más oportunidad a la diplomacia, pero para el mando militar constituyó una reafirmación del camino a la guerra. Las posibilidades de salir airosos del conflicto eran remotas porque significaba vérselas al mismo tiempo con Estados Unidos, Gran Bretaña, China, Holanda y la Unión Soviética, pero los partidarios confiaban en que mejoraría tras una rápida ocupación de posiciones estratégicas en el sur, un territorio rico en recursos naturales, la creación de una región autosuficiente, la cooperación con Alemania e Italia, y la derrota o neutralización de Gran Bretaña, que dejaría la alianza enemiga muy debilitada. La cuestión fundamental era evitar cualquier demora que permitiera a Estados Unidos mejorar su posición de rearme; en cuanto a la idea de combatir a este a largo plazo no era buscando su derrota sino ofreciendo una resistencia tal que le supusiera un coste en vida y material inasumible. Sobre la creencia en unas supuestas características de dureza y superioridad espiritual propias, y de debilidad, blandura y división asociadas al sistema capitalista y de bienestar norteamericano, se especulaba con que tan pronto la sociedad estadounidense comprobara el coste en sangre y dólares de esa guerra lejana, se tornaría en contra y entonces Washington perdería la voluntad de sostener una guerra hasta una victoria final y se mostraría en cambio dispuesto a una solución negociada.

Japón estaba lejos de poder establecer un “perímetro impenetrable” como había prometido Nagano: 1) no se había fortificado las islas de Micronesia como había urgido el vicealmirante Inoue; 2) la fuerza aérea no estaba contemplada en la planificación al nivel necesario y los números que se confeccionaron a última hora estaban fuera de la capacidad económica japonesa; 3) Japón carecía del suficiente flete marítimo para transportar petróleo desde el sur, y de suficientes naves para escoltar ese transporte. Este aspecto había quedado completamente relegado de la planificación.

El desarrollo y contenido de la conferencia del 6 de septiembre y el memorando aprobado daba muy poco margen a Konoe para una solución diplomática, aun en el caso de que se celebrara la reunión con Roosevelt. Era prácticamente imposible que Estados Unidos hiciera concesiones que fueran satisfactorias para las fuerzas armadas japonesas, y menos en un plazo tan corto.

A pesar de la intervención extraordinaria del emperador, al final ratificó con su sello una decisión de guerra, porque la negociación sobre unas posturas tan alejadas no tenían la menor oportunidad. Lo verdaderamente extraordinario de la conferencia, como señala Kershaw, fue la falta de objeciones a una argumentación que desde el punto de vista estratégico-militar hacía aguas por todos lados.

General Sugiyama Gen, jefe del EMG
del ejército

Imagen
Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Hajime_Sugiyama

Almirante Nagano Osami, jefe del EMG
de la armada

Imagen
Fuente: http://en.wikipedia.org/wiki/Osami_Nagano

■ IRIYE A ibid. p.159-162
■ KERSHAW I ibid. p.340-347
■ RECORD J ibid. p.26-31
■ ASADA S “Culture Shock and Japanese-American Relations” University of Missouri Press (2007) p.163-4
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Re: Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensaje por Grossman » Sab Sep 01, 2012 11:19 am

    • / 4 De la invasión de Indochina sur a Pearl Harbor (5) septiembre - octubre 1941 /
  • “Nuestra opinión individual era la de evitar la guerra con Estados Unidos por todos los medios, pero cuando celebrábamos una conferencia, la conclusión era siempre a favor de la guerra. Era todo muy extraño”.

    Almirante Fukudome Shigeru, jefe de la división de operaciones de la armada *
Diplomacia, preparativos y fin del gabinete Konoe

Tras la conferencia imperial, el mismo día 6, Konoe se entrevistó secretamente con Grew, para hacerle ver la importancia del encuentro con Roosevelt. Konoe admitió su responsabilidad por el Incidente de China, el PT y el deterioro de las relaciones con Estados Unidos, y expresó su disposición a aceptar los cuatro principios. También expresó el riesgo que asumía para su propia integridad física, y que quedó ratificado cuando días después sufrió un atentado fallido. Grew telegrafió de inmediato a Washington en el sentido de facilitar la entrevista de ambos mandatarios. El cable fue recibido con escepticismo por Hull.

El 7 de septiembre Tojo expresó su escepticismo también sobre un acuerdo pacífico: Estados Unidos insistiría en la evacuación de China y reanudar el “open door”, y aunque Japón accediera a estos términos, Estados Unidos esperaría a estar convenientemente armada para acabar de someterlo.

Mientras, el ejército seguía adelante con sus preparativos. La planificación contaba con una actitud eventualmente amistosa de la población indígena, por la liberación del yugo blanco. Los planes incluyeron también la posibilidad de que la entente enemiga tratara de distraer sus fuerzas mediante una acción por parte soviética, pero no se esperaba que los atacaran en los meses de invierno, por lo que se trataba de conseguir los objetivos en el sur antes de la llegada de la primavera, y entonces quizá dirigirse hacia el norte.

Otro aspecto de la planificación fue la futura política de ocupación. Contando que las condiciones serían distintas a China, se enviaron como observadores a oficiales de estado mayor para examinar las condiciones locales.

Las dificultades de la negociación no se limitaban a la gran distancia de las posturas mínimas para cada parte, sino que no era sólo a dos bandas. Estados Unidos se veía obligado a negociar condiciones que aceptaran también los otros miembros de ABCD, donde el punto más difícil era el de la ocupación de China, y así lo comunicaron Roosevelt y Hull al embajador Nomura. Este telegrafió a Tokio el 12 de septiembre la importancia fundamental de este aspecto: solo habría acuerdo con Estados Unidos si Japón se comprometía a abandonar China en un plazo de 2 años. Tokio lo comprendió y el 13 de septiembre se debatió en la CE cuáles eran los términos mínimos aceptables en relación con la ocupación de China. El resultado fue aceptar la retirada parcial, manteniendo algunas posiciones en la frontera norte, condicionado a la fusión de los regímenes de Chiang Kai-shek y Wang Ching-wei, y la independencia de Manchuria. Es decir, Japón accedía a una retirada significativa, pero sin renunciar a una posición privilegiada.

Estos términos no eran aceptables para Washington y así lo transmitió a Tokio el 23 de septiembre. El 2 de octubre Hull manifestó a Nomura que no había acuerdo mínimo que justificara la conferencia Konoe-Roosevelt y reiteró los cuatro principios. El ejército interpretó la postura de Hull como un rechazo a la oferta de paz de Japón y presionó a Konoe para que abandonara la idea del encuentro con Roosevelt. La cúpula militar confirmó que por parte de Estados Unidos el único interés era ganar tiempo, por lo que la continuación de las negociaciones eran hacer su juego en perjuicio propio.

El 3 de octubre el ministro del ejército, Tojo, y el jefe de EMG del ejército, Sugiyama, ratificaron que la decisión sobre la guerra se tomaría el 15 de octubre. El último recurso para Konoe para evitarla era la armada. Esta se hallaba dividida. Unos se alineaban con la postura del ejército y pensaban que había pasado ya el plazo de negociar, y así lo manifestó en la CE Nagano el 4 de octubre. Esa conferencia se convocó para responder a postura expresada por Hull. Oikawa, el cambiante ministro de la armada, había manifestado privadamente a Konoe su disposición a aceptar todas las condiciones de Estados Unidos, pero tenía el problema de no tener el respaldo de la armada. Entre la postura del jefe del EMG, Nagano, y del ministro, había otras intermedias y de preocupación realista, pero cundía la indecisión. El día 5, una reunión entre oficiales del alto mando naval concluyó que era absurdo entrar en una guerra con Estados Unidos por no evacuar a las tropas de China. La armada veía que el ejército estaba forzando al país a una guerra con Estados Unidos donde el peso principal lo iba a llevar ella, para defender unos intereses en China que lo eran principalmente del ejército. El 6 de octubre el jefe de operaciones navales, Fukudome Shigeru, dijo “No tengo confianza en las operaciones en los mares del sur. Las pérdidas de barcos seran de 1.4 millones de toneladas el primer año de la guerra. El resultado de los recientes juegos de guerra efectuados por la Flota Combinada fue que al tercer año de guerra no quedarían barcos para uso civil. No tengo confianza.” Esta sentencia sembró la alarma. Se levantaron voces que exigían responsabilidades a los ministros de la armada y del ejército por haber defendido en la conferencia imperial una guerra que Japón no podía ganar.

Sin embargo, el ministro de la armada, Oikawa, no fue capaz de imponer ni su postura personal ni la del sector prudente de la armada al asertivo discurso de Tojo en una reunión preliminar el 7 de octubre, y desaprovechó la oportunidad de sacar el informe Fukudome. A continuación, en la reunión con el gabinete, nadie osó tampoco contradecir al titular del ejército, a pesar del escepticismo que generaba su propuesta. Konoe trató de persuadirlo para que el ejército aceptara un compromiso, pero sin éxito. Este insistía en la fecha decisiva del 15 de octubre, sobre la que la armada no estaba de acuerdo. El 12 de octubre, a falta de tres días para que venciera el plazo dado a la diplomacia, Konoe reunió a los principales miembros del gabinete en su residencia privada. El titular de exteriores, Toyoda, insistió en que el ejército adoptara un compromiso mayor en la cuestión de China pero Tojo no dio su brazo a torcer. Su argumento era que el alto mando estaba sujeto a la decisión tomada el 6 de septiembre. Toyoda objetó que esa decisión probablemente había sido prematura y Konoe reiteró que Japón no podría resistir una guerra más de dos años. Oikawa mantuvo una postura ambigua, delegando finalmente la decisión en Konoe. Después de la guerra Oikawa explicó que tras haber estado la armada durante años exigiendo mayor parte del presupuesto militar y proclamando que estaba dispuesta a enfrentarse a Estados Unidos y Gran Bretaña, no podía en ese momento apartarse y decir no a la guerra, quedando como cobarde hacia afuera y hacia adentro.

El 14 de octubre, en una conversación privada previa a la reunión de ministros, Konoe dijo a Tojo que Japón tenía que liquidar el “Incidente de China” sacando sus tropas como único medio para evitar la guerra con Estados Unidos. Tojo replicó que estaba olvidando el honor y renunciando a recoger los frutos de tantos sacrificios: “Hay momentos en que hemos de tener el coraje para hacer cosas extraordinarias como saltar con los ojos cerrados de la barandilla del templo Kiyonizo" (un templo budista al borde de un acantilado, en Kyoto). A continuación, en el gabinete, Tojo pronunció un discurso en el que recordó las privaciones que millones de soldados habían pasado, los centenares de miles de bajas, los millones gastados, y que someterse a las exigencias de Estados Unidos supondría volver a la situación encogida de los años 20, y recordó a todos el compromiso suscrito en la conferencia imperial del 6 de septiembre. Ahí metió el dedo en la llaga en cuanto a que el gabinete ministerial se hallaba comprometido con esa decisión y debía actuar en consecuencia, y si no era capaz, dimitir. Si la guerra había de ser evitada a un coste difícil de asumir, tendría que hacerse cargo de la política japonesa un nuevo gabinete, no ligado a lo que decidió la conferencia imperial. Konoe lo comprendió y el 16 de octubre promovió la disolución del gabinete. En su carta al emperador señaló que existían posibilidades de un arreglo, pero que la cuestión eran las tropas en China, recomendando hacer algún sacrificio en la cuestión del honor y acceder a las condiciones de Estados Unidos, Japón no podría evitar una guerra si no resolvía el “Incidente de China”.

¿Hubieran cambiado las cosas una conferencia entre Roosevelt y Konoe? Las posiciones eran demasiado distantes para que alcanzaran un acuerdo. Si Japón hubiese continuado reteniendo tropas en China, habría irritado al Kuomintang y debilitado la entente, y también habría descontentado a una opinión pública estadounidense que simpatizaba con China. Pero el hecho de celebrar ese encuentro hubiese dado más fuerza a la posición de Konoe frente al ejército, y podía haber demorado la decisión de ir a la guerra hasta un punto en que el grado de rearme de Estados Unidos tuviera una fuerza de disuasión que no diera opción.

Almirante Oikawa Koshiro, ministro de la armada.
Falto de asertividad, estuvo lejos de la altura que
exigía el cargo

Imagen
Fuente: https://en.wikipedia.org/wiki/Koshirō_Oikawa

Almirante Fukudome Shigeru, jefe de la división
de operaciones de la armada. Sus advertencias
sobre la inviabilidad de los planes de guerra fueron
pasadas por alto

Imagen
Fuente: http://en.wikipedia.org/wiki/Shigeru_Fukudome

■ IRIYE A ibid. p.162-7
■ KERSHAW I ibid. p.347-353
■ ASADA S ibid. p.164-5
* ASADA S ibid.165
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Re: Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensaje por Alecos » Mié Sep 05, 2012 8:34 pm

En mi opinión la guerra era inevitable.
Es cierto que la base de Kam Ramh le daba a Japón la posibilidad de atacar el sudeste de Asia sin tener que conquistar Filipinas pero tener una punta de lanza dentro del posterior sistema defensivo que se hubiese montado tras las conquistas en las Indias Orientales era algo inconcebible, además los transportes de las materias primas del sur hasta Japón se hubiesen hecho por mar (el proyecto de Japón de hacer una vía ferrea hasta Corea era difícil de realizar y sin controlar China completamente no habría servido para sustituir el transporte marítimo por el ferroviario cosa harto difícil para la cantidad de material que se hubiese transportado). Por otro lado EEUU bajo ningún concepto querría una Asia dominada por Japón que le habría permitido en una serie de lustros dominar China y con tantos recursos naturales a la larga superar al mismo EEUU como potencia económica, además Japón era muy expansionista y probablemente después hubiese ido a por la India y Australia e incluso a por Siberia.
La única posibilidad de evitar la guerra era inviable pues EEUU no hubiese cedido las islas Filipinas ni Japón comprometerse a no expandirse más allá del Sudesteasiático (ni hacía Australia ni hacía la India).

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Re: Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensaje por Grossman » Jue Sep 06, 2012 5:06 pm

¡Hola!

He hecho una rectificación ...
Grossman escribió:La respuesta de Estados Unidos a la invasión de Indochina sur

Las deliberaciones sobre las medidas a tomar contra la expansión japonesa comenzaron antes de la ocupación del sur de Indochina y se enmarcaron en la estrategia general de Estados Unidos contra el Eje, donde tenía prioridad la supervivencia de la Unión Soviética, por lo que era más importante que Japón no lo atacara en Siberia que el que se apoderara de las colonias británicas y holandesas. En ese sentido, a la hora de decidir, pudo haber optado por un cierto dejar hacer en el sur para distraer fuerzas japonesas allí, y asegurar que los soviéticos no sufrieran un ataque y se vieran en una guerra en dos frentes, sin embargo, al final Estados Unidos trató de disuadir a Japón en ambas direcciones.
porque considero demasiado tajante afirmar así sin más, que tenía mayor importancia prevenir un ataque japonés a la Unión Soviética que uno hacia el sur, a las colonias británicas y holandesas. El punto de vista de la prioridad de la supervivencia de la Unión Soviética, aunque plausible, sólo lo expresa Waldo Heinrichs * pero ningún otro autor, y no está sustentado en ninguna manifestación de Roosevelt o de otra figura del DE o del alto mando. De todas formas, si alguien tiene más información o argumentos al respecto, es un tema que se puede debatir, pero preferiría cuando haya terminado la exposición, que intentaré que no se demore mucho.

Sobre una posible estrategia de atacar las colonias holandesas y británicas sin tocar a Estados Unidos, como comenta el compañero Alecos, es un tema jugoso para una historia alternativa. Uno de los que argumenta a favor de la misma es Jeffrey Record (en “Japans decisions ...”, del que se ha dejado el enlace, entre las páginas 41-45).

Saludos a todos

* Sobre las opciones de Estados Unidos frente a Japón: “He [Roosevelt] was moving along the third course, the hard policy, estimating it no doubt the least risky: severe containment of Japan risked war, but in that event more likely a southward than the more critical northward” (Heinrichs op.cit. p.160), y como ya he apuntado antes, según Heinrichs, fue Roosevelt quien tras el embargo parcial ordenó no enviar petróleo a Japón (arriesgando una escalada del conflicto) hasta que hubiese vuelto de la Conferencia Atlántica, donde una de las razones era que la recepción del combustible podía animar a Japón a atacar a la Unión Soviética.
Espérame y yo volveré, pero espérame mucho
Espérame cuando las tristes lluvias lleguen, y cuando el calor llegue no dejes de esperar
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Re: Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensaje por Grossman » Sab Sep 08, 2012 9:21 am

    • / 4 De la invasión de Indochina sur a Pearl Harbor (6) octubre 1941 /
Tojo primer ministro

Influido quizá por el encuentro con Konoe o por las dudas expuestas por la armada, Tojo se dio cuenta de que la decisión tomada en la conferencia imperial debía ser reexaminada y pensó en la figura del príncipe Higa Shukini para el puesto de primer ministro. Miembro de la casa imperial y oficial del ejército, esperaba de él que fuera capaz de mantener unidos a ejército y armada y dar un cambio a la política exterior. Konoe estuvo de acuerdo. Pero por consejo de Kido Koichi, el guardián del Sello Imperial, con motivo de no arriesgar el prestigio de la casa imperial, Hirohito escogió, por recomendación de Kido también, al propio Tojo. Los puntos a favor de su candidatura es que albergaba dudas sobre la guerra, era leal al emperador, era una personalidad fuerte y tenía ascendente sobre el ejército. La selección del primer ministro la decidía el emperador con el consejo de los oficiales de la casa imperial y de los anteriores primeros ministros que en este caso eran contrarios a la designación de Tojo. Pero Kido argumentó que este no seguiría apoyando la guerra si el emperador personalmente le encomendaba defender la postura diplomática.

El 17 de octubre se formó un nuevo gabinete. Tras su nombramiento y la reunión con el emperador, Kido notificó a Tojo, en un acto sin precedentes, que no debía sentirse comprometido con la decisión de la conferencia imperial del 6 de septiembre. Nunca un emperador había ordenado saltarse una decisión ratificada con el sello imperial. El relevo ministerial había de servir para reconsiderar la decisión del 6 de septiembre y redefinir toda la política exterior de Japón. Tras haber encabezado y sido portavoz de las reivindicaciones más radicales y corporativistas del ejército, Tojo se desentendió totalmente de su postura anterior cuando fue nombrado primer ministro. El emperador le había transmitido personalmente su deseo de evitar a toda costa una guerra. Tojo asumió de inmediato que la lealtad a Japón y al emperador trascendía los intereses del ejército que hasta entonces había defendido con tanta tenacidad. El primer paso en esta dirección fue rechazar la propuesta de sus antiguos camaradas de armas de la candidatura para la cartera de exteriores de Matsuoka Yosuke. En su lugar propuso a Togo Shigenori, un diplomático de cariz internacionalista. Después, para asegurar un mayor control del ejército por el malestar y oposición que eran de esperar por el giro que pensaba imprimir a la política exterior, asumió él mismo el ministerio del ejército y el de interior. Es decir, se arrogó unos poderes dictatoriales como medio para sacar al país de la corriente radical y fatal que lo tenía atrapado.

Sin embargo, a pesar de la favorable posición de Tojo frente al ejército, carecía de control directo sobre su EMG para una decisión de retirada de tropas. Además, aunque palacio le permitía extraoficialmente hacer borrón y cuenta nueva con la decisión del 6 de septiembre, esta estaba profundamente grabada en la memoria de los mandos militares que, de hecho, se opusieron a las insinuaciones de su antiguo compañero.

El nombramiento del belicoso Tojo inquietó a Estados Unidos que además conocía sus antecedentes en favor de un ataque a la Unión Soviética, pero pese a que su designación despertó alarma en las cancillerías aliadas, Tojo constituyó la última esperanza para evitar la guerra.

Japón define su planficación militar

Entre el 18 de octubre y el 5 de noviembre, día en que tendría lugar otra conferencia imperial, debían continuar los preparativos. Esta contemplaba las siguientes áreas:

1. Ataque simultáneo a la flota estadounidense anclada en Hawai y hacia el sureste asiático, principalmente Singapur y Filipinas, con bombardeo y desembarco de tropas también en las Indias Holandesas.

2. Consolidación de esas ganancias al sureste asiático con obtención de recursos minerales y energéticos, establecimiento de bases seguras y, en general, preparación para una guerra prolongada. Aunque se esperaba que no hubiera mucha dificultad para la ocupación de las posesiones británicas y holandesas, suponían que Estados Unidos no quedaría con los brazos cruzados, donde el enfrentamiento con este sería básicamente naval.

3. La guerra en China continuaría y se contaba con que el control de Singapur, Hong Kong, Birmania y otras áreas limítrofes con China dificultaría la ayuda que recibía el Kuomintang.

4. Aunque no se esperaba ayuda directa por parte de Alemania e Italia, se contaba con que estos no tardarían en estar en guerra con Estados Unidos, lo que podría dificultar a este los envíos por mar. Interesaba una derrota soviética y británica, pero sobre todo que Gran Bretaña no llegara a un acuerdo con Alemania que le permitiera prestar atención de nuevo a Asia.

Los planes contaban también que necesitaría unos dos años para explotar, transportar y convertir las oportunidades que le daría la conquista de los nuevos territorios, por lo que hasta 1944 el país tendría escasez de material y equipo. La armada y el ejército no se pusieron de acuerdo sobre los objetivos finales. El ejército tenía interés sobre todo en la guerra con China y la Unión Soviética, donde la expansión hacia el sur era meramente el medio para lograr esos fines. La armada, por su parte, consideraba principal la conquista del sureste asiático y su consolidación. Y nunca hubo una idea clara de la relación existente o posible entre los tres escenarios donde debía luchar Japón: China, Unión Soviética y Asia-sureste.

Esta planificación sufría de la - parafraseando al genial Salman Rushdie - “enfermedad del optimismo”: infravaloraba la capacidad y determinación de Estados Unidos y Gran Bretaña para recuperarse de las derrotas iniciales y contraatacar, sobrevaloraba la capacidad de Alemania para derrotar a la Unión Soviética y neutralizar a Gran Bretaña, y sobrevaloraba también su propia capacidad militar, pese a no tener la experiencia que sus contrarios habían adquirido en la Primera Guerra Mundial.

Opciones aliadas y medidas militares

Las opciones que tenía Estados Unidos a estas alturas eran:

1. No hacer nada en el Pacífico para volcar todo el esfuerzo en el Atlántico. Los inconvenientes eran que a) privaría de los ABCD de los recursos del sureste asiático y se los daría a Japón, b) pondría en riesgo Australia y Nueva Zelanda, en cuyo caso llamarían a sus tropas del escenario de guerra mediterráneo y c) expondría a la Unión Soviética a un ataque a su espalda.

2. Hacer a Japón concesiones parciales en China. Las desventajas eran que a) dañaría la reputación de Estados Unidos como potencia garante de independencia frente a las agresiones y b) aumentaría el riesgo de un ataque a la Unión Soviética

3. Contención enérgica de Japón. La más arriesgada, porque podía desencadenar una acción armada, pero esta sería hacia el sur, por lo que no amenazaba la supervivencia de la Unión Soviética.

El 12 de septiembre, tras un vuelo a gran altura y de noche, llegó a Manila la primera remesa de nueve “fortalezas volantes” B-17, que con las también “fortalezas volantes” B-24 “Liberator” y otros aparatos debían conformar una fuerza aérea que inclinaría decisivamente a favor, creía Washington, el equilibrio de fuerzas en el Pacífico sureste. El 13 de octubre un memorando del ejército dirigido a Marshall afirmaba que los 227 aviones de MacArthur serían una fuerza defensiva y ofensiva decisiva que convertiría Filipinas en una pieza clave de la línea de defensa Hong Kong-Luzón-islas Palau. Marshall dio máxima prioridad al refuerzo de las islas y MacArthur prometió que sus tropas serían capaces de rechazar cualquier intento de desembarco en sus playas. Un problema es que la eficacia táctica de estas medidas estaba todavía por ver y ya vimos que los británicos no estaban muy convencidos, y el otro es que la defensa de Filipinas no estaría concluida hasta abril o mayo de 1942, por lo que faltaba aún mucho tiempo por ganar. También Washington caía bajo los efectos del optimismo.

China era una pieza fundamental porque ataba a un millón de soldados japoneses, pero no debía convertirse en motivo de guerra. El Joint Board recomendó una estrategia de demorar las hostilidades todo lo posible, ayudar a China pero no entrar en guerra por ella, no enviar ningún tipo de ultimátum a Japón e incluso hacerle alguna concesión.

Tras haberse comprometido durante la Conferencia Atlántica a contribuir con fuerzas navales al esfuerzo de disuasión y en contra del criterio del almirantazgo, el 17 de octubre Churchill decidió enviar a Singapur para su defensa naval un acorazado moderno, el HMS Prince of Wales, un portaaviones moderno, el HMS Indomitable, y un crucero de batalla antiguo, el HMS Repulse, y no se echó atrás cuando la colisión del Indomitable con un arrecife en las Bahamas condenó a la formación a quedar sin cobertura aérea. En cuanto a la defensa aérea de la colonia, quedó encomendada a modelos antiguos, pues los nuevos se destinaban al escenario prioritario europeo.

"Fortaleza volante" B-17. A última hora Estados Unidos quiso establecer una posición fuerte en
Filipinas con estos aparatos

Imagen
Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Boeing_B- ... g_Fortress

■ IRIYE A ibid. p.168-172
■ HEINRICHS W ibid.p.159-160, 175, 191, 197
■ COSTELLO J “The Pacific War 1941-1945” Harper (1981) p. 104-9
■ UTLEY JG ibid.165
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Re: Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensaje por lancaster » Sab Sep 08, 2012 9:01 pm

LLevo varios días leyendo este tema, compañero Grossman, y acabo de leer la última parte que has editado.
Sólo comentarte que creo que estás haciendo un trabajo y una labor extraordinaria y afortunadamente extensa en detalles, al menos así lo veo yo.
Los orígenes de las guerras, a mí parecer, están mucho menos documentados que las guerras en sí, por lo que trabajos como este me resultan muy interesantes al ofrecer información más difícil de conseguir.

Así que gracias y hasta pronto.
Saludos.
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Re: Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensaje por Antonio Machado » Dom Sep 09, 2012 12:29 am

lancaster escribió:LLevo varios días leyendo este tema, compañero Grossman, y acabo de leer la última parte que has editado.
Sólo comentarte que creo que estás haciendo un trabajo y una labor extraordinaria y afortunadamente extensa en detalles, al menos así lo veo yo.
Completamente de acuerdo con Lancaster: la documentación que Grossman está compartiendo es muy interesante; yo leí recientemente varias obras relacionadas -directamente o indirectamente- con los orígenes de la Guerra del Pacífico, por tanto este hilo me ha servido para completar ese ciclo de lectura, en algunos aspectos para confirmar lo leído, en otros para resumirlo, en otros para conocer puntos de vista divergentes.

En todo caso está resultando ser el corolario perfecto para la lectura de esas obras, entre ellas "Dean Acheson: una vida en la Guerra Fría" de Beisner y "El Aguila y el Sol Naciente: la Guerra del Pacífico 1941-1943, de Hiroshima a Guadalcanal", de Alan Schom.

Muchas gracias a Grossman por compartir !

lancaster escribió:Los orígenes de las guerras, a mí parecer, están mucho menos documentados que las guerras en sí, por lo que trabajos como este me resultan muy interesantes al ofrecer información más difícil de conseguir.
Efectivamente, los orígenes de las guerras son siempre tan interesantes o más que el desarrollo de las mismas, estudiar sus causas mediatas e inmediatas, las distintas posiciones de los gobiernos antes del estallido de los conflictos, las motivaciones políticas, ideológicas y económicas de los países, etc.

Lo mismo ocurre con la Primera Guerra Mundial, la Guerra Civil Española, la Guerra de Corea, la Guerra de Viet Nam, etc.: la literatura existente sobre su desarrollo es mucho más abundante que la disponible sobre sus raíces, causas, gérmenes y fundamentos.

Saludos cordiales desde Nueva York,

Antonio Machado.
Con el Holocausto Nazi en contra de la Raza Judía la inhumanidad sobrepasó a la humanidad.

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Re: Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensaje por Grossman » Dom Sep 09, 2012 9:13 am

¡Hola!

Me alegro mucho, lancaster y Antonio, de que sigáis el tema y podáis sacarle provecho. Aunque está claro que el origen de la guerra es un aspecto interesante y de importancia fundamental en esta afición común, es comprensible también que, con un discurso básicamente político y económico, sea el invitado aburrido al lado de la fascinación que provocan las nuevas armas, las nuevas doctrinas de guerra y toda la épica de los combates, o el impacto horroroso de los crímenes.

Antonio, si la obra sobre Dean Acheson aborda también su papel durante esta guerra y en concreto en el embargo a Japón, me gustaría saber (en su momento) qué dice, porque pensaba volver sobre ese tema tras haber encontrado una argumentación de Heinrichs que refuta el punto de vista convencional y sacarlo a colación cuando lleguemos al apartado de debate.

Como información bibliográfica, decir que el libro de Akira Iriye, que es mi fuente básica, forma parte de una colección sobre el origen de las guerras modernas, de la que no he leído ningún otro, pero para los que la calidad de este podría ser un buen aval. Se llama “Origins of Modern Wars”, editado por Harry Hearder, y abarca: guerras revolucionarias francesas, la de Crimea, las guerras italianas de independencia, la civil de Estados Unidos, las de unificación alemana, la de Sudáfrica (1899-1902), ruso japonesa, Primera Guerra Mundial, la civil rusa, la Segunda Guerra Mundial en Europa (por PMH Bell), la del Pacífico, Corea, Vietnam, las árabe-israelíes, y los desórdenes actuales en Irlanda del Norte.

Aprovecho el inciso para informar que he añadido un enlace a este hilo de José Luis La actitud de Japón ante Barbarroja en el post del 21 de agosto donde se aborda dicha cuestión.

Un saludo a todos
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Re: Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensaje por Grossman » Lun Sep 10, 2012 12:22 am

    • / 4 De la invasión de Indochina sur a Pearl Harbor (7) octubre - noviembre 1941 /
Continuemos ...

*
Japón reduce sus condiciones: baja nudos pero mantiene rumbo de colisión

A estas alturas la CE se reunía diariamente, convertido en un comité de crisis permanente. La oposición no era solo a las decisiones, sino también a suministrar información con la que debía estimarse la capacidad de Japón para sostener una guerra, una cuestión que dependía de su acceso a materias primas, sobre todo petróleo y acero, flete marítimo y capacidad de construcción naval. Sin embargo, varios de los responsables de esas áreas, el ministro de finanzas, el de exteriores, y el jefe de la junta de planificación, se habían quejado de que no podían acceder a la información completa. Kaya Okinori, el nuevo ministro de finanzas, dijo que debido a que tenía acceso sólo a parte de la que necesitaba, no podía “hacer juicios precisos, sino sólo declaración de generalidades”, y Togo, el ministro de exteriores, que el alto mando no cooperaba para poner a su disposición los detalles operacionales, ni tan sólo el número de soldados. También el jefe del comité de planificación, el general Suzuji Teiichi, se quejó de que no tenía acceso a datos completos. La rivalidad entre armada y ejército provocó que ninguna proporcionara cifras fidedignas sobre los depósitos de petróleo hasta finales de octubre de 1941. En la armada, los mandos intermedios presionaban, en ocasiones de forma intimidatoria, a los que informaban de las limitaciones materiales para una guerra con Estados Unidos, y su EMG subestimaba el poderío estadounidense, simplemente relegando aquellos documentos que lo subrayaban, aunque proviniesen de fuentes de calidad.

Los informes decían que el petróleo alcanzaría para unos dos años y medio, que sería menos en caso de guerra; la fabricación de combustible sintético requería una ingente inversión y cuantiosos recursos y en el mejor de los casos tardaría unos tres años en alcanzar niveles apreciables; la escasez de acero llevaría a una drástica reducción de la construcción naval a partir del tercer año de guerra y la demanda financiera sobrepasaba con mucho la capacidad de Japón. Las deliberaciones continuaron a lo largo del mes de octubre. En torno a la cuestión de la retirada de tropas, Togo propuso comenzar ya. Otra propuesta era un compromiso de hacerlo a lo largo o después de 25 años, para otros ni eso. Cundía la idea de que cualquier cosa aceptable para Estados Unidos significaba convertirse en un país de tercera.

En la conferencia de enlace del 1 de noviembre Tojo expuso las tres posibilidades entre las que había que tomar una determinación. La primera era la de “perseverancia y paciencia”, y renunciar a la guerra. La segunda era la guerra inmediata, y la tercera era negociar pero a la vez continuar con los preparativos de guerra. Esta última era igual que la del 6 de septiembre pero con el plazo prorrogado.

La conferencia duró 17 largas y tensas horas. Antes de su celebración Tojo había intentado, sin éxito, alcanzar un consenso con los EMG, en favor de la tercera opción. Sugiyama insistió en que las negociaciones estaban agotadas y la moral de la tropa en juego, y Shimada Shigetaro, el nuevo ministro de la armada, condicionó su postura a la aprobación de una mayor asignación de acero y la construcción naval, a expensas de la parte para el ejército y la construcción civil. Este punto ocupó toda la primera mitad de la conferencia. Finalmente la armada se salió con la suya, pero quedó comprometida en la postura a favor de la guerra.

La sesión continuó con la discusión de la primera opción (“perseverancia y paciencia”, y renunciar a la guerra), a favor de la que se manifestaron el titular de exteriores, Togo, y el de finanzas, Kaya Okinori: no tenía sentido ir a una guerra que no se podía ganar, cuya dificultad admitían los propios militares; además, los costes económicos y estratégicos de una guerra serían mucho mayores que el coste de una política exterior temporalmente pasiva. Kaya preguntó a Nagano (EMG naval) sobre las posibilidades de éxito a largo plazo: “Si continuamos como hasta ahora, sin guerra, y en tres años la flota americana nos ataca, ¿tiene la armada alguna opción de ganar la guerra?”. “Nadie lo sabe”, respondió el interpelado. Kaya insistió en si Japón podía ganar una guerra naval a Estados Unidos, a lo que aquél contestó evasivamente: “Sería más fácil si comenzamos la guerra ahora". Kaya: "Si existiera una posibilidad de victoria el tercer año de guerra, sería correcto decidirse por la guerra, pero según las explicaciones de Nagano, no hay certeza en ello, no obstante, voy a juzgar que las posibilidades de que Estados Unidos nos haga la guerra son bajas, por lo que mi conclusión es que no es buena idea declarar la guerra ahora”. Togo apoyó a Kaya, Nagano insistía en la incertidumbre del futuro y que Estados Unidos sería más fuerte en tres años, tras lo que Kaya preguntó: “¿entonces cuándo podemos ir a la guerra y ganar?”, “¡ahora!, más tarde no habrá oportunidad mejor” contestó Nagano con vehemencia, tras lo que Kaya no añadió nada más. La primera opción, además, se había planteado en un supuesto de un Japón pasando duros años plagados de privaciones, por lo que resultaba poco atractiva y fue desechada. Al sector militar le resultaba difícil, por añadidura, soportar la incertidumbre que dicha postura implicaba.

A continuación se debatió el segundo punto. Sugiyama lo defendió, y Kaya y Togo lo rechazaron. Se desató una discusión sobre la fecha límite, entre el 13 y el 20 de noviembre, Togo protestó: “no puedo aceptar fechas límite o condiciones que imposibiliten el éxito de la diplomacia”. Finalmente, tras una enérgica intervención de Tojo, se acordó que sería el 30 de noviembre, a medianoche. Se estaban mezclado las propuestas segunda y tercera.

A esas alturas habían pasado 11 horas. A continuación se deliberó sobre los términos a negociar: durante 25 años Japón retendría posiciones al norte de China, Mongolia Exterior, Sinkiang y la isla Hainan, las fuerzas que ocupaban Indochina estarían hasta que se resolviera la guerra con China y se hubiera alcanzado una “paz justa” en el área, y se aceptaría el principio de igualdad comercial si se aplicaba en todo el mundo. Sobre el PT, Japón se reservaba el derecho a decidir por su cuenta si se comprometía o no, y sobre los “cuatro puntos” de Estados Unidos, Japón los rechazaba como parte de acuerdo alguno. Estas condiciones indicaban que Japón no renunciaba a su aspiración de ostentar una posición dominante en China y Asia-este en general.

Togo intervino entonces sorprendiendo a la concurrencia al referirse a los términos discutidos como “Plan A”, y sugiriendo un “Plan B” para el caso de que Estados Unidos no lo aceptara. El “Plan B” iba más lejos de los que se había discutido preliminarmente, y vulneraba la garantía que Tojo había dado a Sugiyama antes de la conferencia. Estaba claro para el titular de exteriores que el “Plan A” no tenía posibilidad alguna.

El “Plan B” dejaba China fuera de la discusión, para centrarse en el sur. La pretensión no era un acuerdo de fondo, para el que faltaba tiempo y sobraba distancia entre ambas posturas, sino evitar empeorar la relación con Estados Unidos mediante una retirada inmediata de Indochina sur y, una vez alcanzado un acuerdo sobre el “Incidente de China”, de toda la Indochina francesa; Japón y Estados Unidos se comprometerían a no avanzar más, a cooperar para el restablecimiento de relaciones comerciales y acceso a las materias primas de las Indias Holandesas, para lo que descongelarían los fondos, además, Estados Unidos no interferiría en un acuerdo de paz con China.

Sugiyama y Tsukada Osamu (el segundo del EMG del ejército) lo rechazaron, para ellos la permanencia de tropas en Indochina sur no era discutible, pero Togo se mantuvo firme. El sector beligerante tampoco quería tensar demasiado la cuerda porque si el ministro dimitía podía caer el gobierno y que se nombrara uno absolutamente opuesto a la guerra, y su posición ser entonces más difícil. Finalmente, con algunos ajustes mínimos, dieron su visto bueno. A la 1:30 del 2 de noviembre la conferencia se aplazó, y la tarde del día siguiente se acordó una fecha límite para las negociaciones para el 1 de diciembre.

Cuando Tojo puso al corriente al emperador, este se alarmó. Viendo las escasas posibilidades dadas a la diplomacia, la conferencia prácticamente había ratificado el curso de colisión de Japón y Estados Unidos. El monarca apremió al primer ministro a hacer todo lo posible para alcanzar un acuerdo negociado. Tojo estaba absolutamente comprometido con el deseo del emperador; su pronóstico era de un 50% de posibilidades, Togo le deba menos de un 10%. El 5 de noviembre el acuerdo de la CE fue ratificado en la conferencia imperial; esta vez no hubo incidencias. Se repitieron los argumentos expuestos y no hubo objeciones. Hara (presidente del consejo privado), probablemente reflejando la postura de la casa imperial, admitió la dificultad de la solución diplomática que, aunque estaba claro que dependía de la cuestión fundamental de la ocupación de China, admitió que no sabía cómo resolver, y que, por otro lado, era imposible para Japón aceptar las condiciones que dictaba Estados Unidos: “por lo que veo inevitable que habremos de comenzar una guerra con Estados Unidos”. Tojo terminó la conferencia con el planteamiento de que la disyuntiva era paz con austeridad y verse convertido en una potencia de tercera clase, o guerra, con probable derrota, pero preservando el honor nacional. El emperador permaneció en silencio y al final puso su sello: habría guerra salvo que ocurriera un milagro diplomático.

Togo Shigenori, el ministro de exteriores.
Diplomático internacionalista, demostró
audacia en su intento de parar la guerra

Imagen
Fuente: http://www.japanfocus.org/-Tsuyoshi-Hasegawa/2501#

Kaya Okinori, el ministro de finanzas, se
enfrentó también al sector beligerante

Imagen
Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Okinori_Kaya

Almirante Shimada Shigetaro, el nuevo ministro de
la armada. Se salió con la suya al exigir prioridad en
la asignación de acero y construcción naval, pero quedó
comprometido en la postura a favor de la guerra

Imagen
Fuente: http://en.wikipedia.org/wiki/Shigetarō_Shimada

■ IRIYE A ibid. p.173-7
■ KERSHAW I ibid. p.358-366
■ ASADA S ibid. p.168
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Re: Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensaje por Grossman » Dom Sep 23, 2012 12:14 am

    • / 4 De la invasión de Indochina sur a Pearl Harbor (8) noviembre - diciembre 1941 /
El “Plan B” de Togo, el “modus vivendi” de Roosevelt y los “10 puntos” de Hull

El 10 de noviembre Nomura presentó a Roosevelt y Hull el “Plan A”. Roosevelt no quiso responder de entrada: “las naciones han de pensar con cien años de adelanto”, dijo, pero el día 14 Hull expuso al embajador japonés su rechazo e insistió en que Japón debía evacuar China. Esta exigencia supuso un golpe para Tokio porque Nomura había transmitido que el talante de Washington era más favorable de lo que era en realidad, dejando entonces la impresión de un nuevo distanciamiento de la postura estadounidense. Ese día Togo envió a Washington a un diplomático experimentado, Kuruso Saburo, para apoyar a Nomura para presentar el “Plan B” (aunque inclinado a un entendimiento, Nomura era un militar, no un diplomático de carrera, no hablaba bien inglés, sufría de sordera parcial y Hull no tenía siempre claro que comprendiese lo que intentaba explicarle). Kuruso solicitó una prórroga y el 18 sugirió a Hull un arreglo consistente en que Japón retiraría sus tropas de Indochina sur a cambio de que Estados Unidos rebajara su presión económica, pero Togo le reprochó la iniciativa y ordenó a sus representantes presentar el “Plan B”, lo que hicieron el 20.

El que había sido el principal consejero de Hull en los ocho meses de conversaciones con Nomura, Joseph Ballentine, junto con Max Schmidt, un oficial de la división de extremo oriente del DE, habían elaborado un memorando según el cual Estados Unidos debía propiciar conversaciones de paz entre Japón y China, y tras un armisticio y una vez comenzados los contactos, dejar de enviar ayuda militar a China y según el grado de evacuación japonesa ir abriendo el comercio de nuevo. El presidente, por su parte, expuso (el 17) a Hull y Stimson (el secretario de guerra) su idea de proponer a Japón una tregua de seis meses en los que no habría movimiento de tropas: Japón no enviaría más tropas a China ni a Manchuria y no invocaría el PT, Estados Unidos reanudaría la exportación de ciertas cantidades de petróleo, y alimentos, y auspiciaría conversaciones de paz entre China y Japón, sin participar en ellas. El 22 de noviembre se fundieron esta y la propuesta de Ballentine-Schmidt en lo que se denominó el “modus vivendi”. Hull no lo defendió y posteriormente el plan fue sometido por parte de los altos oficiales del DE y del ejército a una serie de recortes que lo dejaron casi irreconocible: se eliminó la provisión de que Japón podía mantener tropas en Manchuria porque podía perjudicar a la Unión Soviética, la de que Japón podía vender barcos a Estados Unidos, la de modificar la ley de 1924 que discriminaba la inmigración de japoneses, la de conceder un préstamo a Japón, y además, se añadió la exigencia de que abandonara el PT. El mismo día (el 22) Hull consultó el “modus vivendi” a los representantes de Gran Bretaña, China, Australia y Holanda y el 25 y 26 recibió las respuestas. Chiang, apoyado por Churchill, se oponía frontalmente al estacionamiento de 25.000 soldados en Indochina norte. Al día siguiente (el 25) Roosevelt respondió que él podría calmar a los chinos y salvar el plan, pero cuando llegó la noticia del avistamiento de un convoy japonés con 50.000 soldados al sur de Taiwan su actitud cambió por completo. El envío de estos efectivos a Indochina sur significaba una amenaza directa a las posiciones británicas, holandesas y estadounidenses de la zona, porque con esos refuerzos Japón adquiría una presencia que excedía claramente los requerimientos para una invasión de Tailandia. “Esto cambia la situación por completo”, exclamó el presidente, poco después llegó a la Casa Blanca Hull, estaban también Stimson, Knox, Marshall y Stark. El secretario de estado propuso el abandono del “modus vivendi”, y a cambio ofrecer a Japón un acuerdo básico para un arreglo pacífico. Con la casi certeza de que su idea sería rechazada por Tokio y que el hecho de presentarla socavaría la entente con China y Gran Bretaña y levantaría críticas en Estados Unidos, el presidente decidió renunciar a la misma.

El 22 de noviembre Magic había interceptado un mensaje de que Tokio prorrogaba la fecha límite para un acuerdo cuatro días más, hasta el 29, y que después “las cosas ocurrirán de una forma automática”, y otro el día 24, en el que Tokio clarificaba a Nomura que la condición previa para cualquier acuerdo con Estados Unidos era que este debía cesar su ayuda al Kuomintang y levantar el embargo de petróleo. Tras esto, quedó en mínimos, en el gabinete Roosevelt, la esperanza de evitar la guerra.

A finales del 26 de noviembre Hull presentó a Nomura y Kuruso una respuesta que no había consultado ni al staff militar ni a sus aliados. En diez puntos reafirmaba los principios básicos de la política exterior estadounidense; no solo repetía las conocidas condiciones inaceptables para Japón sino que añadía una nuevas y con un tono más expeditivo: Japón debía abandonar China e Indochina, renunciar a sus derechos extraterritoriales y concesiones, no reconocer a otro gobierno chino que el Kuomintang, y sustraerse del PT, a cambio Estados Unidos descongelaría los activos japoneses y trabajaría para que se restablecieran las relaciones comerciales: “esto es lo más lejos que podemos llegar”. El embajador japonés y el enviado especial quedaron helados y pidieron que suavizara los términos antes de enviarlo a Tokio. Hull manifestó más tarde que no contaba que Japón fuera a aceparlo.

La opción de atacar sin tocar a Estados Unidos

Aunque un ataque a las posesiones británicas y holandesas que respetara a Estados Unidos era la peor pesadilla para Roosevelt, esta opción fue descartada por Tokio.

El 1 de diciembre Roosevelt aseguró a Lord Halifax, el embajador británico, que en caso de un ataque directo a las posesiones británicas y holandesas “hemos de estar todos obviamente unidos”, y los días 3 y 4, aclaró que cuando dijo que Estados Unidos apoyaría a Gran Bretaña, se refería a “apoyo armado”. Sin embargo, el presidente estaba lejos de poder garantizar ese compromiso, para el que necesitaba la autorización de un Congreso dividido. Posteriormente manifestaría a Churchill y Stalin: “si no hubiese sido por el ataque japonés, yo hubiese tenido serias dificultades para llevar al pueblo americano a la guerra”. Después de la guerra y ante un comité de investigación del Congreso, Stimson declararía que a pesar del riesgo que implicaba “dejar que los japoneses efectuaran el primer disparo, sabíamos que con la finalidad de tener el soporte unánime del pueblo americano, era deseable asegurar que fuera así, para que no quedara ninguna duda en la mente de nadie de quién era el agresor”.

Una encuesta realizada el 5 de diciembre dio como resultado que un 69% del país estaba dispuesto a arriesgarse a una guerra con Japón para evitar que este fortaleciera su posición, pero sólo un 51% de este grupo creía que el país fuera a entrar en guerra en un futuro próximo. A esas alturas, la prensa, por un lado expresaba que era probable que Estados Unidos se viera envuelta en una guerra en el Pacífico, pero por otro, albergaba esperanza de que pudiera evitarse. Y era mayoritaria también la opinión de que el Eje podría ser derrotado sin que Estados Unidos tuviera que combatir en los campos de batalla. En un informe tras impartir una serie de conferencias durante un mes en diversas localidades del estado de Illinois, el profesor Paul Douglas concluyó que no tenía pruebas de que la opinión pública respaldara al presidente si pidiera una declaración de guerra, ni que que el país demandara una acción más violenta, sino que la disposición a intervenir fuera se limitaba a la ayuda económica y material, y como mucho, el empleo de la fuerza aérea, y que había división, con un 47% a favor y un 44% en contra, respecto al envío de una fuerza expedicionaria.

Robert Sheerwood, uno de los que escribían los discursos de Roosevelt, explicó que Roosevelt y Marshall “temían más a los aislacionistas en casa que los enemigos fuera”; y que el público se preguntaba sobre la eventualidad de un ataque a las posesiones británicas y holandesas: “¿porqué soldados americanos habrían de perder sus vidas por esos vestigios del imperialismo británico en Singapur o Hong Kong, o del holandés en las Indias Orientales?”. Harry Hopkins, el consejero y representante de Roosevelt, explicó que este había expresado su preocupación por si “la táctica de los japoneses fuera evitar un enfrentamiento con nosotros, que atacaran Tailandia, Indochina, hicieran más incursiones en China y atacaran también Malasia, sin tocar las Filipinas o Hawai”, y que lo vio aliviado tras el ataque porque “la cuestión de la guerra y la paz no estaba en sus manos, los japoneses habían tomado la decisión por él ... fue un gran alivio el método que usó Japón, a pesar del desastre de Pearl Harbor ... tuvo como resultado la unificación del pueblo americano e hizo inevitable la guerra con Japón”. Frances Perkins, la secretaria de trabajo, dijo de su visita a Roosevelt el 7 de diciembre que lo vio afectado cuando le explicó que la Navy había sido cogida por sorpresa, pero que percibió también señales de alivio tras el largo tiempo de incertidumbre sobre la decisión de qué hacer y en qué momento si Estados Unidos tenía que salir a defender Singapur sin haber sido atacado: “todos estos conflictos que lo atormentaron las últimas semanas y meses se acabaron”. Y su esposa, Eleanor Roosevelt dijo después respecto a su marido tras el ataque: “a pesar de su ansiedad, Franklin tenía en cierto modo una serenidad que no había mostrado en mucho tiempo”.

Incluso después de Pearl Harbor Roosevelt continuó preocupado en asegurar la unidad del pueblo, desechó la propuesta de un discurso largo y se decidió por un mensaje breve y conciso, que la máxima cantidad del público pudiera comprender y recordar, y centrado en el carácter traicionero del ataque japonés: “ayer, 7 de diciembre de 1941, un día que vivirá en la infamia, los Estados Unidos de América fueron súbita y deliberadamente atacados por fuerzas navales y aéreas del Imperio de Japón” comenzaba su discurso de 500 palabras. Posteriormente explicó a Halifax que sopesó incluir a Alemania en la declaración de guerra, pero se abstuvo porque una parte de la opinión pública hacía una distinción en la guerra con uno o con otro, por lo que quiso evitar cualquier tipo de debate.

¿Porqué Japón no consideró esta opción? Entre el 15 y el 21 de mayo de 1940 la armada había realizado juegos de guerra a gran escala sobre mapas para estudiar el asalto a las Indias Holandesas. En ellos la armada atacaba por sorpresa los campos petrolíferos de Borneo y las minas de níquel de las Islas Célebes. Tras una fase inicial victoriosa la armada era atacada por la Navy desde Hawai y lo que había comenzado como una operación breve se convirtió en una guerra larga de desgaste contra el enemigo más fuerte y que tenía la llave de su petróleo, por lo que un año después Japón era derrotado. De ahí que cuando el EMG del ejército planteó al EMG de la armada su proyecto de atacar sólo las colonias europeas, esta objetó que la decisión tendría como consecuencia una guerra con Estados Unidos. Como ejército y armada no se pusieron de acuerdo, el asunto fue trasladado al ministerio de exteriores (Matsuoka) para que estudiara la forma en reducir la probabilidad de una intervención estadounidense. Que era el objetivo inmediato que perseguía Japón con la firma del PT.

En el seno de la armada había discrepancias en esta cuestión. Yamamoto Isoroku había propuesto un plan de ataque sorpresa en Pearl Harbor, El vicealmirante Kondo Nobutake, en cambio, defendió que Japón debía limitarse a atacar Malasia y las Indias Holandesas. Yamamoto era contrario a la guerra pero si esta tenía lugar, abogaba por que Japón atacara a Estados Unidos para salir al paso de la posibilidad de que entrara en guerra más tarde y haber perdido entonces la oportunidad de debilitarlo. En todo caso, aun sin estar en guerra con Estados Unidos, la presencia de fuerzas potencialmente hostiles en Filipinas y la flota en Hawai constituía una seria amenaza al flanco del avance japonés hacia el sur. A favor de la opción de atacar a Estados Unidos jugó también que durante décadas, ese enfrentamiento hipotético había constituido el tema estrella de las academias navales japonesas, y la creencia fatalista de que la guerra con Estados Unidos era inevitable se había convertido en una obsesión en todos los estamentos. Parece que influyó además que Yamamoto amenazó con dimitir si su plan era rechazado. El 28 de octubre la CE concluyó que “si desde el punto de vista de la estrategia naval es imposible separar a Estados Unidos de Gran Bretaña y Holanda, entonces también lo es para el ejército”. La conferencia expresó su constatación de que existía una política de cerco antijaponés por parte de las otras potencias, y que la inteligencia militar había averiguado de fuentes estadounidenses que los aliados occidentales habían acordado declarar la guerra en caso de que un agresor invadiera las Indias Holandesas o Borneo.

La decisión final, los ataques y las declaraciones de guerra

La “Nota de Hull” o “Los diez puntos de Hull”, como se denominó este documento fundamental, fue interpretado en Tokio como un ultimátum en términos insultantes, donde irritaba en particular la exigencia de evacuar China. En Tokio se entendió que incluía Manchuria, pero Hull después de la guerra explicó que no había pensado en ese territorio; un malentendido que fue producto de una redacción precipitada y poco cuidadosa. Los sectores belicistas recibieron la “Nota” con satisfacción, pues no dejaba espacio ya para ninguna negociación. El 29 de noviembre se reunió el gabinete con la participación de los anteriores primeros ministros; hasta Togo daba por cerradas las negociaciones y en ese punto Tojo se volvió completamente a favor de la acción militar: “si esta guerra es por nuestra propia existencia entonces hemos de estar preparados para combatir, incluso con la previsión de nuestra eventual derrota”.

El emperador dudaba. Su hermano, el príncipe Takamatsu, trató de persuadirlo de que no llevara al país a la guerra. El 1 de diciembre se celebró la conferencia imperial. Se repitieron los argumentos de otras ocasiones. Los presentes firmaron la propuesta para la guerra y la presentaron al emperador. Este, tras expresar la gravedad de la decisión y que aceptar los términos de la nota de Hull hubiese sido una humillación, impuso el sello imperial a la decisión de ir a la guerra.

Al día siguiente, Nagano y Sugiyama informaron al emperador de los detalles de las operaciones y le pidieron la aprobación de las mismas. Fue concedida y transmitida a la Flota Combinada que a las 6:00 horas del 26 de noviembre había levantado anclas: “Comienzo de las hostilidades el 8 de diciembre. Efectuar el ataque según el plan” (el 8 de diciembre hora japonesa era el 7 de diciembre hora Hawai). A la vez se elaboró una respuesta a la nota de Hull como medida de engaño para que un silencio no pusiera sobre aviso al enemigo e hiciera perder la ventaja de la sorpresa. No era el caso, Washington contaba con que el ataque japonés podía producirse cualquier día, en lo que estaba confundido era en el lugar.

A las 7:50 hora Hawai comenzó el ataque sobre Pearl Harbor; por un error de sincronización, el que había de lanzar sobre Malasia había comenzado antes. Las horas siguientes la aviación nipona bombardeó Singapur y Hong Kong.

Roosevelt había dirigido un mensaje personal a Hirohito para evitar la guerra, pero llegó antes a Tojo que valoró que no valía la pena ser transmitido y que enojaría inútilmente al monarca. No es que el presidente albergara esperanza alguna, sino que pensaba utilizarlo como baza para el caso de haber de convencer al Congreso para una declaración de guerra. Hasta ese momento esta no había sido declarada oficialmente todavía por parte de Japón. A las 11 de esa mañana lo hizo Hirohito imponiendo su sello. A las 4:10 de la tarde la firmó Roosevelt tras la aprobación del Congreso con un voto en contra. Las siguientes horas hicieron lo mismo Gran Bretaña y los gobiernos de la Commonwealth.

Kuruso Saburo, con sombrero y guantes, el enviado especial, y a la izquierda
de la imagen el almirante Nomura Kichisaburo, el embajador de Japón
(27 noviembre 1941)

Imagen
Fuente: http://en.wikipedia.org/wiki/File:Nomur ... r_1941.jpg

Cordell Hull. Varios autores coinciden en que en octubre y noviembre el
secretario de estado -física y mentalmente agotado- era presa de un “burn
out” que le hizo perder de vista los intereses inmediatos de Estados Unidos

Imagen
Fuente: UTLEY JG ibid. p.166

*
Aquí termina la exposición de los hechos. Seguirá una cronología, después unas conclusiones preliminares y finalmente la discusión si hay material y ganas.

Saludos

■ IRIYE A ibid. p.177-181
■ KERSHAW I ibid. p.367-375
■ UTLEY JG ibid. p.165-175
■ DALLEK R “Franklin D. Roosevelt and American Foreign Policy, 1932-1945” Oxford University Press (1995) p. 309-312
■ COSTELLO J “The Pacific War 1941-1945” Harper (1981) p.118-125
■ SAGAN SD ibid. 896-8, 912-3
■ RECORD J ibid. p.43-4
Espérame y yo volveré, pero espérame mucho
Espérame cuando las tristes lluvias lleguen, y cuando el calor llegue no dejes de esperar
Espérame y yo volveré para que la muerte rabie
No comprenderán jamás los que jamás han esperado, cómo tú del fuego me salvaste
Es que sencillamente me esperaste como nunca nadie me esperó
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Re: Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensaje por Grossman » Dom Sep 23, 2012 7:06 pm

Cronología

1939
● agosto - pacto nazi-soviético
● septiembre - Alemania invade Polonia

1940
● enero - Estados Unidos pone fin al tratado comercial de 1911 con Japón
● marzo - proclamación del estado títere “República de China”
● mayo - el Congreso aprueba un macropresupuesto para la construcción naval y aérea, así como el servicio militar obligatorio; juegos de guerra de la armada japonesa pronostican que un ataque a las Indias Holandesas llevarán a una intervención de Estados Unidos y la derrota
● junio - Gran Bretaña cierra la ruta de Birmania y Francia la frontera entre Indochina y China por presiones de Japón; Roosevelt ordena a la Flota del Pacífico permanecer en Hawai
● julio - cae el último gobierno moderado de Japón; Konoe forma un nuevo gabinete e impulsa una política de expansión; Estados Unidos regula la exportación de productos estratégicos y embarga la exportación a Japón de chatarra de alto grado, y lubricantes y gasolina de aviación
● agosto - Japón anuncia el concepto de "Esfera de Co-Prosperidad en el Gran Este Asiático"
● septiembre - Japón ocupa Indochina norte; Alemania, Italia y Japón firman el Pacto Tripartito; Estados Unidos embarga la exportación a Japón de chatarra de todo tipo; Gran Bretaña reabre la ruta de Birmania
● octubre - Japón propone una alianza del Eje y la Unión Soviética

1941
● enero - aprobación del “Plan Dog”
● marzo - fracasa el proyecto japonés de una alianza Eje-Unión Soviética; comienzan las conversaciones Nomura-Hull
● abril - firma de un tratado de neutralidad entre Japón y Unión Soviética
● junio - Alemania invade la Unión Soviética; Estados Unidos y Gran Bretaña apuestan por la supervivencia soviética
● julio - Japón invade Indochina sur; Estados Unidos congela capital japonés e impone a Japón un embargo de petróleo, y Gran Bretaña, Canadá y Holanda lo secundan
● agosto - Japón renuncia indefinidamente a atacar la Unión Soviética; Conferencia Atlántica en la que Roosevelt y Churchill acuerdan las líneas para derrotar al Eje; Konoe propone una cumbre con Roosevelt
● septiembre - Japón decide la guerra contra Estados Unidos, Gran Bretaña y Holanda; Estados Unidos refuerza Filipinas
● octubre - dimite Konoe, Tojo primer ministro
● noviembre - fallan los últimos intentos diplomáticos (“Plan B” y “modus vivendi”) y Japón decide atacar Estados Unidos
● diciembre - Japón ataca Pearl Harbor y colonias inglesas, y declaraciones de guerra mutuas
Espérame y yo volveré, pero espérame mucho
Espérame cuando las tristes lluvias lleguen, y cuando el calor llegue no dejes de esperar
Espérame y yo volveré para que la muerte rabie
No comprenderán jamás los que jamás han esperado, cómo tú del fuego me salvaste
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Re: Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensaje por Grossman » Sab Sep 29, 2012 4:13 pm

  • “Cuando uno examina de cerca las decisiones tomadas en Tokio en 1941, lo que encuentra no es un impulso irreflexivo hacia el suicidio nacional, sino un debate prolongado y agónico entre dos alternativas repugnantes”

    Scott D. Sagan *
¡Hola!

He añadido un par de ítems a la cronología (la orden de Roosevelt en junio de 1940 a la Flota del Pacífico de permanecer en Hawai, y el anuncio por parte de Matsuoka en agosto de 1940 del concepto de “Esfera de Co-Prosperidad en el Gran Este Asiático”) y ampliado otro (que la congelación de capital japonés por parte de Estados Unidos fue imitada por Gran Bretaña, Canadá y Holanda).

Estos meses de lectura me han permitido despejar muchas de las dudas que en su día movieron mi interés a este tema pero han generado otras nuevas, y sobre todo ganas de intercambiar puntos de vista y contrastar información y argumentos con los de otros foristas, y es por este motivo que quiero dar a estas conclusiones ahora un carácter provisional, y que sea el debate el que les de o quite robustez, o añada otras distintas.

*

Conclusiones provisionales

Causas remotas

Se mencionaron en su mayor parte al final del hilo anterior al tratar de las causas de inestabilidad. Japón persiguió, como solución al problema de su vulnerabilidad y mediante una agresiva política de expansión, la consecución de una autarquía económica. Influyó en la elección de este objetivo:

-la pérdida de confianza en el sistema económico internacional por la crisis de 1929
-el auge del nacionalismo
-la pérdida de influencia de elementos moderados y pro-occidentales por la intimidación violenta e impune a que se vieron sometidos por parte de la derecha política, donde jugó un papel también el malestar por la legislación inmigratoria antijaponesa de Estados Unidos
-la fuerte influencia de los militares en la política japonesa a partir de mediados de los 30.

En este último aspecto resulta interesante la reflexión de Liberman sobre la forma en que el militarismo influye en la administración del estado: en un área que cae fuera de su campo de responsabilidad profesional principal, los militares tenderían a ser más pesimistas sobre las consecuencias económicas de las barreras al comercio en tiempos de paz, sobrevalorarían las probabilidades de ocurrencia de una guerra y la necesidad de asegurar la posición estratégica, y darían un peso desproporcionado a las lecciones de la guerra anterior. Así, los militares japoneses y políticos con un fuerte sesgo militarista, tras establecer la analogía con una Alemania dependiente también y derrotada en la PGM por el bloqueo, pronosticaron que la próxima sería una guerra total y que Japón necesitaba expandirse y disponer de una zona económica que lo hiciera autosuficiente.

El término “aislacionismo” puede llevar a confusión sobre el papel que Estados Unidos jugó en la escena internacional en el período de entreguerras. La opinión pública, el Congreso, el partido republicano y parte del demócrata querían mantener la neutralidad del país, y sobre todo evitar que sus soldados combatieran en los campos de batalla extranjeros, pero el gobierno no dejó de intervenir en los asuntos internacionales por otros medios desde los años 20. Estos eran la presión financiera o el embargo comercial impuesto a estados que se apartaban de la conducta que Washington consideraba correcta, y el apoyo material a los países con los que estos estaban en guerra. El embargo de productos esenciales se llama guerra económica y comprende también la compra preventiva de esos productos para privar de ellos al estado con el que se libra. Así, en respuesta a la política expansionista de Japón, Estados Unidos lo sometió a un estrangulamiento económico progresivo a partir de mediados de 1939 cuando anunció la derogación del Tratado Comercial y de Navegación de 1911, que comenzó incluso antes, de forma encubierta, cuando Hull persuadió a los fabricantes de aviones para reducir sus exportaciones a Japón. Además, había sorteado su legislación de neutralidad y enviaba ayuda material al ejército nacionalista de Chiang Kai-shek que, con los comunistas de Mao, resistía la invasión japonesa.

Causas cercanas

La ocupación japonesa de Indochina sur y la imposición por parte de Estados Unidos de un embargo de petróleo a Japón, a finales de julio de 1941, fueron los detonantes de la guerra del Pacífico. Quizá el envío de cinco divisiones japonesas a Indochina, esos días, truncó la última posibilidad de un acuerdo provisional.

Errores

El error básico japonés fue que su proyecto de conquista de un área autosuficiente no tuvo en cuenta la oposición internacional y china, ni sus propias limitaciones en capacidad económica y militar.

Otro error fundamental fue la creencia generalizada en la inevitabilidad de la guerra con Estados Unidos. Entiendo que en unos juegos de guerra sobre mapa, como los que efectuó en 1940, se operase con esta contingencia, pero no que se considere un resultado de los mismos, pues el pronóstico sobre las intenciones de otro país dependen básicamente del trabajo e interpretación de la inteligencia militar. Como origen de esta creencia errónea me remito al comentario anterior sobre la influencia del sesgo militarista en la estimación de la probabilidad de una guerra.

Japón carecía de una visión estratégica coherente sobre cómo acabar la guerra con Estados Unidos. La ventaja táctica de asestar un golpe a la Flota del Pacífico en Hawai tenía un coste político que imposibilitaba alcanzar un eventual acuerdo posterior en términos aceptables. Japón carecía de medios para levantar un perímetro de seguridad alrededor de sus conquistas, tenía una capacidad insuficiente para transportar y defender las materias primas y petróleo del sur, y la suposición de unos Estados Unidos horrorizados por las bajas estaba fundamentada en apreciaciones superficiales del carácter de ese país. Si Estados Unidos, en cambio, hubiese intervenido sin mediar provocación, habría visto debilitada su posición por un público dividido respecto a una declaración de guerra y que no habría admitido la cifra de bajas que la Guerra del Pacífico al final costó, y ahí Japón hubiese tenido, a cambio de una menor garantía táctica, unas opciones razonables para un acuerdo político que pusiera fin a la guerra.

No me parece disparatado que Japón rechazara las condiciones de Estados Unidos para levantar el embargo: el sacrificio humillante de su imperio. Si abandonaba China después podían caer Manchuria, Taiwán y Corea, y debilitado, tener como rivales a una China reforzada o a la Unión Soviética, y haber de bailar al son que tocara Estados Unidos. Pero mi impresión es, por lo dicho antes, que la ocupación de las Indias Holandesas y quizá Borneo británica y Malasia como respuesta a su estrangulamiento tenía un riesgo menor que el ataque a Estados Unidos.

El Pacto Tripartito resultó una equivocación también porque Japón no se benefició de una acción coordinada con Alemania y el pacto no disuadió a Estados Unidos, sino que por el contrario, aumentó su compromiso para hacerle frente, y al final se convirtió en un obstáculo cuando necesitaba alcanzar un acuerdo que evitara la guerra.

Por parte de Estados Unidos, el someter a Japón a un embargo completo cuando necesitaba ganar tiempo para armarse, constituyó un error decisivo, con el agravante de estar Roosevelt claramente advertido de las consecuencias. Cabría analizar entre las causas, si fue un mal planteamiento del embargo parcial, si fue el boicot de la burocracia de Washington, o si fue una precaución del presidente para disuadir a Japón de atacar la Unión Soviética. Estaría por ver también si un embargo parcial hubiese tenido el mismo significado para Japón, y en ese caso las mismas consecuencias. Después, la administración Roosevelt falló al no agotar las oportunidades para un acuerdo temporal que enmendara ese error.

Fue equivocado también el planteamiento diplomático de Washington de supeditar las negociaciones a unas condiciones que Japón no podía cumplir, como tragar con su decálogo de relaciones internacionales o la evacuación de China. En este aspecto se ha señalado en particular a Cordell Hull por su rigidez y después cansancio en 1941 y a Roosevelt por su inhibición en los asuntos asiáticos, pero merece mención aquí también la cúpula del Departamento de Estado y el grupo de “halcones” de los que se rodeó Roosevelt, por la actitud arrogante y la ignorancia con que abordaron el problema que para Estados Unidos representaba Japón. Faltó audacia para aprovechar los gestos favorables de este, como la cumbre Roosevelt-Konoe, la destitución de Matsuoka o el plan B de Togo.

Estados Unidos negociaba con Japón con el inconveniente de haber de satisfacer a sus aliados ABCD, pero gozaba de una posición de fuerza entre estos, y estaría por ver si estaban justificadas las consideraciones a la moral de combate de China que le privaron de hacer concesiones a Japón. Mi impresión es que Washington quizá pudo haber ejercido un papel más dominante entre los aliados para poder llevar las negociaciones por donde le interesaba, y que el estacionamiento, por ejemplo, de 25.000 soldados japoneses en Indochina norte no hubiera significado la derrota de China. Quizá una secuela del fiasco de los acuerdos de Munich en 1938 fue que después pesara mucho la etiqueta de “apaciguador”.

En cuanto a su planteamiento de fondo, Estados Unidos quiso llevar la política exterior más lejos de lo que le permitía su capacidad de actuación militar, comprendiendo esta tanto la dotación de armamento y tropa, como la voluntad popular y del Congreso para intervenir en el extranjero. Pearl Harbor se convirtió en lección, así, de que no debe ejercerse la guerra económica sobre un adversario al que no puede responderse militarmente.

No voy a descubrir nada al afirmar que la inteligencia militar no es sólo descifrar los códigos enemigos y disponer de una red de espías (de hecho, John Keegan en “Intelligence in War” explica que la mayor parte del trabajo de inteligencia militar es mundano y burocrático) pero quiero resaltar el papel de las delegaciones diplomáticas con la transcripción de este párrafo de la tesis de Miguel Fernández-Longoria:
  • "los diplomáticos tienen un papel destacado en la formulación de la política exterior, porque suministran gran parte de la información en la que se basa la toma de decisiones. Su principal contribución en dicho proceso es la obtención de información, así como su capacidad de interpretar y juzgar las condiciones del país donde están acreditados. Además, los responsables de formular la política exterior necesitan disponer de información precisa en las que basar sus decisiones, por lo que debe ser necesario que exista una mínima discrepancia entre la realidad y la imagen de la misma que tienen los que elaboran la política. La información sobre el potencial militar o las capacidades económicas es generalmente suministrada por una serie de unidades especializadas, las cuales tienen dificultad en entender las intenciones, tendencias, actitudes y motivaciones de la clase dirigente. El diplomático no sólo ofrece sus propios datos, sino que además, dada su preparación y su familiaridad con la sociedad del país donde reside, puede interpretar la información y hacer predicciones fiables sobre las respuestas del gobierno receptor de las políticas de su propio gobierno. El éxito en esta labor depende en gran medida de la naturaleza y de la abundancia de las fuentes de información que es capaz de cultivar en el país receptor, entre los partidos políticos, gobierno, prensa o militares. La información se obtiene a través de distintos medios, como la lectura de periódicos, asistiendo a conferencias, apoyándose en su personal especializado y a través de medios informales como fiestas y cenas."
En cambio hemos visto a lo largo del hilo (y también del anterior) que la visión que Grew y su equipo tenían sobre Japón no estaba alineada con la de la cúpula del Departamento de Estado y el gabinete Roosevelt, que desoyó las advertencias del embajador de que el país no se volvería contra los militares y que las sanciones económicas aumentarían la cohesión y determinación de resistir. Visto retrospectivamente, resulta grotesco que los halcones de Washington (que fallaron su pronóstico) redujeran las diferencias entre su punto de vista y el de Grew (que vio sus pronósticos cumplidos) a la explicación de que este simpatizaba con los japoneses y no conocía Magic.

Tampoco Tokio supo captar, y no había que ser un lince, las dificultades de la administración Roosevelt para declarar una guerra. Volviendo a Keegan y las fases de la inteligencia militar, la información, además de adquirida y entregada, debe ser aceptada, interpretada e implementada, y en estas últimas facetas ambos contendientes suspendieron de forma clamorosa.

Desde la perspectiva del peso de la Unión Soviética en la derrota del Eje, pudo ser en parte bueno lo que fue malo para la estabilidad del Pacífico. El embargo tuvo como consecuencia colateral inmediata la decisión japonesa, a principios de agosto de 1941, de demorar indefinidamente el ataque a Siberia, lo que mejoró la posición soviética para resistir la invasión alemana, pero a largo plazo significó que Estados Unidos tuvo que enviar, hasta 1943, la mayor parte de sus recursos al Pacífico, distrayéndolos del Atlántico para la derrota de Alemania, que era el plan básico.

¿Una guerra evitable?

Es lo de siempre: si, pero para eso los protagonistas tenían que haber estado hechos de otra madera y los fallos señalados en el apartado anterior no haberse producido. Por parte de Japón, falto de una estructura jerárquica sólida capaz de establecer prioridades y juzgar medios y fines, era difícil actuar de otra forma, y en cuanto al poder imperial, se había implicado demasiado en las decisiones que habían llevado el país al desespero para poder dar marcha atrás en el último minuto.

Estados Unidos, en cambio, dispuso de una de libertad de elección mayor, y los motivos por los que no acertó no pueden achacarse a aspectos estructurales, sino a las personas: ¿estaban los mejores hombres?, mi impresión es que no, comenzando por el propio Roosevelt y su decisión del embargo, su inhibición de los asuntos asiáticos, su dejar hacer a un Hull que en el último año se había convertido en un obstáculo, sus excesivos miramientos con una opinión pública hostil hacia Japón, y por el grupo de halcones (los Stimson, Knox, Morgenthau, Ickes, Welles) que escogió para formar su equipo.

¿Fué Pearl Harbor una acción no provocada?

Eso afirmó Roosevelt en su discurso de la infamia, y también que Estados Unidos estaba en paz con Japón (“The United States was at peace with that nation ... ... I ask that the Congress declare that since the unprovoked and dastardly attack by Japan ...”), y constituye todavía una creencia extendida. Sobre que no se está en paz con un país al que uno somete a un embargo no hace falta discutir mucho, y en cuanto a que no fue provocado, el caso de Japón no era que Estados Unidos, simplemente, no quisiera venderle su petróleo, sino que a instancias de este, tampoco Holanda ni Gran Bretaña, es decir, que no podía comprarlo en ningún lado, ni tampoco materias primas, ni herramientas industriales, como hemos visto, porque con una Europa en guerra no podía contar, por lo que en verano de 1941 Japón era un país económicamente ahogado, que sufría desabastecimiento desde hacía un año, y quien apretaba el nudo eran Estados Unidos, Gran Bretaña y Holanda con una política comercial común equivalente a un acto de guerra. Por ser un país comercialmente dependiente y la envergadura del embargo al que se vio sometido, bajo mi criterio en diciembre de 1941 Japón tuvo la justificación de casus belli.

*
Fin. Quiero desde aquí dar las gracias al compañero Chuikov por los artículos facilitados sobre el tema, que han sido muy aprovechados.

Un saludo a todos

■ LIBERMAN P “The Offense-Defense Balance, Interdependence, and War” Security Studies, Vol. 9, No. 1/2 (Autumn 1999-Winter 2000), 59-91 en: http://qc-cuny.academia.edu/PeterLiberm ... ce_and_War
■ FERNÁNDEZ-LONGORIA MUÑOZ SECA M "La diplomacia británica y el primer franquismo. Las relaciones hispano-británicas durante la Segunda Guerra Mundial" Tesis Doctoral, Facultad de Geografía e Historia Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) (2007) p.18 en http://e-spacio.uned.es/fez/eserv.php?p ... umento.pdf
■ KEEGAN J “Intelligence and War. Knowledge of the Enemy form Napoleon to Al-Qaeda” Key Porter Books (2003) p.3-4
● Transcripción del “Discurso de la infamia” de Roosevelt: http://www.law.ou.edu/ushistory/infamy.shtml
* SAGAN SD ibid. p.894
Espérame y yo volveré, pero espérame mucho
Espérame cuando las tristes lluvias lleguen, y cuando el calor llegue no dejes de esperar
Espérame y yo volveré para que la muerte rabie
No comprenderán jamás los que jamás han esperado, cómo tú del fuego me salvaste
Es que sencillamente me esperaste como nunca nadie me esperó
****************** Konstantin Simonov ******************

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Re: Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensaje por Chuikov » Lun Oct 01, 2012 12:18 pm

Grossman escribió:[. Quiero desde aquí dar las gracias al compañero Chuikov por los artículos facilitados sobre el tema, que han sido muy aprovechados.
Gracias a tí por estos trabajos que tanto tiempo consumen.
Carpe Diem

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