Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

La guerra en el Pacífico

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Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensajepor Grossman » Vie Ago 10, 2012 6:42 pm

¡Hola!

Este hilo es la continuación directa de:

Orígenes de la Guerra del Pacífico I (1920-1939)

abierto y desarrollado en el subforo “Entreguerras” pero que he trasladado a este, del frente Pacífico, para facilitar el estudio.

La exposición se dividirá en cuatro capítulos, delimitados con los principales hitos que antecedieron esta guerra desde 1939, que fueron:

- el pacto nazi-soviético y la invasión de Polonia (agosto-septiembre 1939)
- la aproximación japonesa a una Alemania triunfante, culminado por la firma del Pacto Tripartito (verano-otoño de 1940)
- la invasión alemana de la Unión Soviética (junio de 1941)
- la invasión japonesa de Indochina sur y el embargo petrolífero impuesto por Estados Unidos (julio de 1941)
- la decisión japonesa de atacar a Estados Unidos (noviembre de 1941)

Cada uno significó una vuelta de tuerca en la crisis del Pacífico entre Japón y Estados Unidos, y servirá para establecer cuatro tramos en la línea temporal:

- el primero, desde el pacto nazi-soviético y la invasión de Polonia hasta el Pacto Tripartito
- el segundo, hasta Barbarroja
- el tercero, hasta la invasión de Indochina sur y el embargo estadounidense
- el cuarto, hasta Pearl Harbor

Para quien cree que la administración Roosevelt actuó con pasividad deliberada para provocar el ataque japonés y justificar la entrada de Estados Unidos en la guerra, este hilo va a tener escaso interés. Como la teoría de la conspiración tiene hilo propio en el foro, no lo voy a tratar aquí y pido que las discusiones al respecto se hagan en el lugar específico. Por el contrario, he partido de la premisa, aceptada por la historiografía oficial, de que Estados Unidos quería evitar a toda costa un conflicto armado con Japón para poder concentrar todos sus recursos contra Alemania, y que tampoco Japón quería la guerra que desencadenó, temeroso de que sería derrotado. Y en eso radica precisamente la fascinación del tema: porqué estas dos potencias que tanto perdían en un enfrentamiento no lograron evitarlo.

Saludos cordiales
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Re: Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensajepor Grossman » Sab Ago 11, 2012 8:59 am

      “Aunque la agresión japonesa en Asia-este fue la causa inmediata de la Guerra del Pacífico, la ruta a Pearl Harbor se erigió sobre errores de cálculo tanto americanos como japoneses, la mayor parte de los mismos erigidos sobre ignorancia cultural mutua y arrogancia racial”

      Jeffrey Record *

¡Hola!

Primer capítulo, de septiembre de 1939 a septiembre de 1940, cuando se firma el Pacto Tripartito. El primer año de guerra europea, como antes y también después, las actuaciones de Alemania ejercieron una gran influencia sobre las políticas que escogió Japón; a lo largo del hilo comprobaremos el grado de dependencia que el Pacífico tuvo del teatro de guerra europeo. Sin embargo, los esfuerzos iniciales de Japón fueron para lograr un nuevo tratado comercial con Estados Unidos y la paz en China, y fracasaron por no querer renunciar a su política expansionista. Estados Unidos, por su parte, reaccionó al estallido de la guerra con el envío de material a Gran Bretaña y China. Después, el éxito alemán en primavera de 1940 y las dudas sobre la supervivencia británica actuaron como detonante de la radicalización de Japón, que apostó por la expansión hacia el sureste asiático y la alianza con Alemania e Italia, y en el otro lado alarmó a unos Estados Unidos que, por primera vez, sintieron amenazada su propia seguridad.

*
Capítulo 1. El Pacífico el primer año de guerra europea

El Pacífico en septiembre de 1939

En esas fechas Japón se hallaba empantanado en una guerra con China en la que carecía de objetivos claros, de la que no obtenía provecho, que sangraba su economía y reducía su capacidad de rearme, y que tuvo como consecuencia la radicalización en el interior y también respecto al exterior. Además, veía acercarse la fecha, en enero de 1940, en que expiraba el tratado comercial con Estados Unidos, con lo que este, liberado de compromisos, podría cerrar a su antojo el flujo de la mayor parte de unas importaciones sin las que quedaría estrangulado en un plazo de pocos años.

Espoleado por la debilidad británica en Asia y la ocupación japonesa de las Islas Spratly, la decisión de Estados Unidos de poner fin al tratado comercial de 1911 suponía un paso decisivo en su crisis con Japón, y que ponía fin a la estrategia de Hull de “no confrontación pero no abandono” en Asia. Su problema es que, aunque había comenzado a rearmarse, estaba lejos todavía de disponer de la suficiente fuerza militar para disuadir a Japón o para apoyar una medida de bloqueo económico.

La Unión Soviética, en cambio, con sendas derrotas infligidas a Japón en 1938 (en Changkufen, Batalla del Lago Khasan) y en septiembre de 1938 (en la frontera chino-mongola, Nomohan, Batallas de Khalkhyn Gol), daba un golpe en la mesa con el que anunciaba su valor como aliado o como enemigo.

Japón: impacto del pacto nazi-soviético y la guerra europea

Una vez recobrado del shock que supuso la alianza nazi-soviética y tras considerar la situación resultante del estallido de guerra en Europa, Japón replanteó de nuevo su política exterior. Dado que Alemania se había aliado con la Unión Soviética, una posibilidad consistía en, apartando toda oposición ideológica al comunismo, aproximarse a esta y formar parte de un bloque de potencias revisionistas, opuesto al de las potencias democráticas y capitalistas. Como Japón interpretaba que la causa principal de la resistencia china era la ayuda de las demás potencias, pero sobre todo la de la Unión Soviética, una alianza con esta podía suponer una reducción de ese flujo y entonces inclinar la balanza definitivamente a su favor, y así cortar la fuerte hemorragia económica que suponía ese conflicto. Los partidarios de esta estrategia especulaban con que Estados Unidos y Gran Bretaña se desanimarían ante este panorama y abandonarían a China a su suerte, con lo que esta no tendría más opción que rendirse. Consideraron la posibilidad, incluso, que lo hiciera con sólo cesar la ayuda soviética.

El reparto de Polonia por parte de Alemania y la Unión Soviética resultaba para Japón un modelo para sus aspiraciones de expansión hacia el Pacífico sur, donde se hallaban los recursos estratégicos esenciales para su economía. Por añadidura, la distracción que para Gran Bretaña, Francia y Holanda suponía la amenaza nazi aumentaba las posibilidades de éxito, diplomático o militar, de esa estrategia agresiva. El punto débil de este planteamiento era la posibilidad de que Estados Unidos y Gran Bretaña decidieran intensificar su apoyo a China y entonces no poder concluir la guerra en un plazo corto, con lo que la economía continuaría desangrándose.

Uno de los que tomaron nota de este riesgo era el nuevo primer ministro, Abe Nobuyuki, partidario de una línea moderada. Con la finalidad de salir al paso de esta posibilidad apoyó la candidatura para la cartera de exteriores del almirante Nomura Kichisaburo, inclinado también a llegar a un acuerdo con Estados Unidos. Abe era consciente de que una aproximación prematura a Alemania y la Unión Soviética provocaría el distanciamiento de Estados Unidos, con quien Japón necesitaba alcanzar un nuevo tratado comercial. Nomura comenzó a entrevistarse con el embajador Grew, para ese objetivo. Sin embargo, el empeño con el que Japón seguía aferrándose a la doctrina del “nuevo orden” imposibilitaba que esos encuentros dieran resultado: en diciembre de 1939 la ratificó por escrito en un documento que firmaron Nomura, el ministro del ejército y el ministro de la armada. Japón había tomado la decisión de comprometerse inequívocamente con una política agresiva de expansión hacia el sur, que contravenía de forma flagrante a las potencias occidentales. Por añadidura, los militares no iban a permitir concesiones significativas en el territorio conquistado en China, y Manchuria era intocable. La única baza que restaba a Nomura era esperar que Estados Unidos se conformara con una garantía de no interferir en sus intereses en China, y como señal de buena voluntad Japón abrió al tráfico internacional el Yangtze que había cerrado en 1937 para los extranjeros.

*
Saludos

■ IRIYE A “The Origins of the Second World War in Asia and the Pacific” Longman (1987) p.83-87
* RECORD J “Japan’s decision for war in 1941: some enduring lessons” p. vii en http://www.strategicstudiesinstitute.ar ... ?pubID=905
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Re: Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensajepor Antonio Machado » Dom Ago 12, 2012 1:21 am

Hola Grossman, estimado amigo:

Excelente, muy interesante todo lo que has expuesto tanto en la Parte I como en la II, todo claro, documento, ilustrado, muchas gracias por dedicar parte de tu tiempo a estructurar todos esos materiales.

Los estoy leyendo y estudiando despacio, te cuento que ambos hilos han llegado a mí en un momento muy propicio, pues luego de terminar de leer "Franco y Hitler: la relación entre España y Alemania durante la SGM", comenzaré a leer "El águila y el Sol Naciente", la guerra Japonesa-Norteamericana de 1941 a 1943" escrito por Alan Schom, ese ilustre historiador norteamericano autor de varios libros sobre momentos estelares en la historia de la guerra, como "Trafalgar", "100 días: Napoleón en camino a Waterloo", etc.

Por ello, ambos hilos están siendo la perfecta antesala, el preludio idóneo para luego entrarle a esa obra y otras que tengo en mente sobre el tema.

Gracias por compartir tus conocimientos y tus fuentes.

Saludos cordiales desde Nueva York,

Antonio Machado.
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Con el Holocausto Nazi en contra de la Raza Judía la inhumanidad sobrepasó a la humanidad.

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Re: Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensajepor Grossman » Dom Ago 12, 2012 7:51 am

¡Hola, Antonio!

Me alegro mucho que te interese el hilo y que te resulte útil para complementar las lecturas sobre esta guerra. Gracias por tus palabras y animar a los que hacen aportaciones al foro.

Un saludo
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Re: Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensajepor Grossman » Dom Ago 12, 2012 11:08 pm

    / 1 El Pacífico el primer año de guerra europea (2) otoño 1939 - primavera 1940 /
Estados Unidos: impacto de la guerra europea y actitud hacia Japón

A finales de 1939 Roosevelt había tomado nota de que en aras de su seguridad, Estados Unidos tendría que volver a intervenir en los asuntos internacionales, armarse, participar del equilibrio global, y en particular, establecer una relación estrecha con Gran Bretaña, Francia y China. El problema es que, por restricciones legales y la oposición de la opinión pública y del Congreso, no podía acordar una alianza militar formal. Debía conformarse con ayudar a esos países en lo material, sobre todo a Gran Bretaña y Francia, que consideraba su primera línea de defensa. Para ese fin, Roosevelt sometió al Congreso la aprobación de un presupuesto de 500 millones de dólares para la construcción de equipo militar, como parte de una serie de medidas que debían disuadir a las potencias revisionistas.

Respecto a Asia, el sector duro de la administración Roosevelt (Mogenthau, el secretario del interior Harold Ickes, y a veces el propio presidente) y los especialistas en Asia del departamento de estado (DE a partir de ahora) consideraban que la piedra angular del ordenamiento de la región era la buena relación con China. Con esa perspectiva, la incertidumbre sobre si la Unión Soviética seguiría ayudándole tras el giro de su política exterior, obligaba a Estados Unidos a aumentar su participación. Al estimar, además, que Japón estaba a la defensiva y con prisas por conseguir un nuevo tratado comercial, se decidió aprovechar la oportunidad para seguir presionándolo. Le exigió como condición la igualdad de oportunidades comerciales en China, es decir, el fin de los privilegios y zonas de influencia, y la vuelta a la posición anterior a 1937. Así, las propuestas de Nomura que hemos visto en el post anterior no tenían la menor oportunidad.

Almirante Nomura Kichisaburo en una rueda de prensa tras su
nombramiento como ministro de exteriores (1939)

Imagen
Fuente: http://en.wikipedia.org/wiki/File:Kichi ... pped_2.jpg

Uno de los que se opusieron a esta estrategia era el embajador Grew y su equipo, que consideraba esas condiciones irreales. Su propuesta para modificar la actitud de Japón era tratar de integrarlo de nuevo en un marco de cooperación mutua, y que no tuviera necesidad de mirar a Alemania o la Unión Soviética. Para el embajador, China no valía la confrontación con Japón; lo consideraba demasiado desunido y amorfo para tener un valor de socio fiable para Estados Unidos. Japón, en cambio, era conocido y había antecedentes de cooperación entre ambos países. Su plan era corresponder a las parcas concesiones japonesas con un acercamiento diplomático con contrapartidas parciales.

Joseph Grew, embajador de Estados Unidos en
Tokio. Sus puntos de vista tuvieron poca resonancia
en Washington

Imagen
Fuente: http://www.allposters.com/-sp/State-Dep ... 11114_.htm

Las opiniones de Grew tenían poco peso en el DE, donde se le tenía como excesivamente optimista respecto a las intenciones de paz de Japón. Una limitación que siempre tuvo el embajador respecto a Washington es que no estaba al tanto de la información interceptada de las comunicaciones de la diplomacia japonesa. El DE no consideraba entonces alarmante la amenaza nipona en Asia-este tras no haber sido capaz de someter a China con un ejército de un millón de hombres y requerir un enorme derroche de esfuerzo para mantener sus conquistas. Al considerar imposible un entendimiento con Tokio mientras las élites militares siguieran ejerciendo un papel dominante en la política japonesa, Washington esperaba que la erosión de ese liderazgo militar - al que contribuía mediante la ayuda a China - dejaría paso a los elementos moderados.

Japón: fiasco diplomático en China

Mientras, el Kuomintang lanzó a finales de diciembre una contraofensiva en la que se vieron las batallas más cruentas de esta guerra. Sin un desenlace definido, supuso tan grandes pérdidas para Japón, que los meses siguientes el estado mayor general (EMG en adelante) del ejército reconsideró en profundidad todo el esfuerzo bélico y buscó una estrategia para salir del impasse.

Debido al fracaso de su política exterior, en enero de 1940 dimitió el gabinete Abe. Su puesto como primer ministro fue ocupado por el almirante Yonai Mitsumasa y la cartera de exteriores, por tercera vez, por Arita Hachiro. Ambos eran partidarios de la línea de sus predecesores, es decir, de llegar a algún acuerdo con Estados Unidos, pero este no dio su brazo a torcer y a finales de enero el tratado comercial mutuo expiró.

Como reacción, Japón lanzó una serie de iniciativas. En primer lugar, una reorientación estratégica de la guerra con China. El número de soldados allí a finales de 1939 era de unos 850.000, pero era todavía mayor la de chinos que tenían en frente, que en la provincia de Wuhan solo, por ejemplo, era de un millón. La presencia en China resultaba gravosa sobre todo para la preparación de la guerra con la Unión Soviética, pero era insuficiente para inclinar la balanza de la guerra. Cabía la posibilidad de una aproximación a la Unión Soviética y renunciar o demorar el enfrentamiento con esta, pero eso no formaba parte en ese momento de su política nacional. Por el contrario, ese enfrentamiento había sido el núcleo de toda la planificación estratégica del ejército japonés durante décadas y no podía cambiarse de la noche al día. Por consiguiente, esta planificación debía seguir adelante, y lo único que podía hacer el EMG era tratar de reducir las fuerzas estacionadas en el continente. Su plan era reducir su número a medio millón a mediados de 1941, desplegados en el triángulo Shanghai-Nanking-Hangchow, en el norte de China y en el área de Cantón.

Los mandos en el continente objetaron esta estrategia airadamente; su punto de vista era la reducción de efectivos sólo debía tener lugar como consecuencia de una victoria decisiva, para lo que, por el contrario, necesitaban un incremento del número de divisiones. Era el mismo planteamiento que en 1937 produjo la escalada a partir de un conflicto local. El EMG, de nuevo, cedió a esta propuesta y envió dos divisiones, una de Manchuria y otra de Japón, y comenzó a plantearse el renunciar a la preparación de la guerra con la Unión Soviética y explorar las posibilidades diplomáticas.

La segunda iniciativa fue la reafirmación del estado títere chino con capital en Nanking, el Gobierno Reformado de la República de China, presidido por el disidente nacionalista Wang Jingwei. Este justificó el haber aceptado la presidencia para poner fin al derramamiento de sangre y estado de ruina del país y poder acometer su reconstrucción, económica y política. Aunque favorable a la integración del esquema de “nuevo orden” liderado por Japón, Wang reinvindicaba una China soberana e independiente, y anticomunista, y echaba en cara a Chiang precisamente su alianza con los comunistas y hacer el juego a Moscú. El 30 de marzo de 1940 fue proclamado el estado que, a pesar de toda la pompa con que se celebró el acto, no recibió reconocimiento por parte de Tokio. Los intereses de este no podían estar más lejos que los de Wang: los motivos por los que lo creó era como moneda de cambio, como elemento de negociación con Chiang, es decir, para sacrificarlo.

Wang Jingwei, desertor del Kuomintang,
aceptó la presidencia del títere Gobierno
Reformado de la República de China

Imagen
Fuente: http://southcarolina1670.wordpress.com/ ... et-regime/

Por último, Japón trató de establecer contactos secretos con Chiang para llegar a algún tipo de acuerdo de alto el fuego. Hubo contactos no coordinados a diversos niveles. Uno de ellos entre un oficial del ejército y un agente del Kuomintang que se hizo pasar por hermano de Suong, la carismática esposa de Chiang. El propósito por parte nacionalista no era realmente llegar a acuerdo alguno, sino, jugando con el apremio japonés para alcanzarlo, torpedear en lo posible el gobierno títere de Wang y, por otro lado, alargar estos contactos todo lo posible para ganar un tiempo en el que iban llegando suministros de la ayuda externa.

Suong Mei-ling o Madame Chiang, la primera
dama de China se ganó tanto al público
norteamericano como al de su país

Imagen
Fuente: http://history.cultural-china.com/en/48H7172H12383.html

El hecho de mantener conversaciones debía ser también una señal de desespero y urgencia, dirigida a Estados Unidos. Desde el punto de vista de Chiang, la tensión entre Japón y Estados Unidos era bienvenida, sobre todo en un momento de incertidumbre sobre las intenciones soviéticas. Por lo demás, las posturas eran irreconciliables. El Kuomintang reclamaba la integridad del territorio chino y a lo sumo consentía que Manchuria constituyera un territorio semiautónomo, pero Japón no estaba dispuesto a negociar sobre esta región, que era la piedra angular de su estrategia de defensa contra la Unión Soviética.

Una de las consecuencias económicas de la guerra europea a principios de 1940 para Japón es que no pudo importar equipo industrial de Alemania, lo que lo hacía todavía más dependiente de Estados Unidos.

Las políticas contradictorias de Japón en China irritaban a Estados Unidos y aumentaba su convicción de que sus dirigentes eran básicamente insinceros, y una de las consecuencias de la operación de erigir el gobierno títere chino de Wang fue el fortalecimiento del compromiso estadounidense con Chiang Kai-shek. En su conjunto, las maniobras japonesas de principios de 1940 no dieron fruto y, por el contrario, dejaron un panorama más desfavorable con un alineamiento más decidido en su contra de las potencias principales.

Gran Bretaña relegada en Asia-este

Por estar absorbida por la preparación de la guerra en Europa, Gran Bretaña era incapaz ya de defender sus posesiones en Asia-este y delegó en Estados Unidos el diseño de la estrategia para la región. Comenzó a estrecharse la cooperación entre oficiales de ambos países, que hasta entonces había adolecido de cierta falta de confianza, por la que, por ejemplo, los estadounidenses se habían resistido a revelar su trabajo criptográfico sobre los códigos japoneses, y los británicos, a compartir algunas innovaciones de tecnología naval. En cuanto a política exterior, hicieron causa común, por ejemplo, para invocar el Tratado de las Nueve Potencias, o en el asunto del estado títere de Wang, al manifestar conjuntamente que reconocían al Kuomintang con capital en Chungking como único representante legítimo del pueblo chino.

■ IRIYE A ibid. p.83-95
■ UTLEY JG ”Going to War With Japan” Fordham University Press (2005) p.72, 80, 160
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Re: Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensajepor Grossman » Mar Ago 14, 2012 9:22 am

        / 1 El Pacífico el primer año de guerra europea (3) /
El Plan Dog o “Alemania primero”: la importancia para Estados Unidos de evitar la guerra con Japón

Hasta 1938 el enemigo más probable para Estados Unidos en una guerra futura era Japón, por lo que su pensamiento estratégico militar giró en torno a la cuestión de defenderse de una eventual agresión japonesa (el plan “Orange”) contra territorio o intereses estadounidenses en Asia-este. El caso es que nunca quedó resuelta desde el punto de vista táctico, por lo que esos objetivos, Filipinas incluida, no estuvieron eficazmente defendidos en ningún momento; sin embargo, Japón no suponía una amenaza seria para el territorio norteamericano. Distinto era en el otro océano. De todas las situaciones hipotéticas, la más peligrosa para la integridad territorial y para la economía de Estados Unidos era un Atlántico controlado por el enemigo. En los planes de contingencia de guerras posibles este allí sería una Gran Bretaña (“Red”) enfrentada, por ejemplo, por motivos comerciales. Y el peor escenario era una Gran Bretaña aliada con Japón (“Red-Orange”); en esa situación Estados Unidos no sería capaz de realizar operaciones navales ofensivas en ambos océanos, por lo que debería adoptar una actitud defensiva en ambos, u ofensiva como máximo en solo uno de los frentes. La elección para dicho caso era dar prioridad al Atlántico y defenderse con lo mínimo en el Pacífico. El motivo era que en el Atlántico el contrario iba a ser más fuerte y que el centro vital de Estados Unidos se halla al noreste de su territorio, es decir cerca de esa costa.

Por varias razones, un enfrentamiento con Gran Bretaña fue siempre una posibilidad remota, sin embargo, con otro color, esa contingencia comenzó a tomar visos de realidad con el ascenso de la Alemania nazi (el color que correspondía a Alemania en los planes de guerra estadounidenses hasta el fin de la Primera Guerra Mundial era el negro). El Pacto Anti-Comintern en 1936 entre Alemania, Italia y Japón y después el “Anschluss” de Austria y la “Crisis de Munich” en 1938 anunciaban la guerra en Europa en la que se veía una Alemania fuerte, y a Francia y Gran Bretaña con la guardia baja y con serias dificultades para rearmarse. El Joint Board (comité conjunto de armada y ejército) concluyó que las potencias del Eje atacarían el hemisferio occidental si vencían o neutralizaban a Gran Bretaña y a Francia, y que en esa tesitura, como en “Red-Orange”, Estados Unidos debía dar prioridad a la defensa de un ataque desde el este, sobre todo en el Caribe y el Atlántico Sur. En el Caribe para controlar el Canal de Panamá y al sur por la cercanía relativa de la costa africana a Sudamérica. Así, la seguridad estadounidense frente a la amenaza atlántica dependía en un grado considerable de la capacidad de la armada británica de interceptarla.

Tras la invasión de Polonia en 1939 el público estadounidense y parte de la clase militar creía que Alemania claudicaría por la incapacidad de sostener una guerra de desgaste y aguantar un bloqueo, y que tendría dificultad para superar las defensas belgas y francesas, pero los acontecimientos en 1940 con la invasión alemana de Dinamarca, Países Bajos y Noruega, la rápida caída de Francia y el ataque a Gran Bretaña, alertaron sobre la distinta naturaleza que iba a tener la guerra en Europa (en comparación con la Primera Guerra Mundial) y el calibre de la amenaza nazi. Sabedores de que el éxito alemán animaría a Japón a entrar en la contienda, la incapacidad estadounidense para luchar en todos los frentes obligó a los planificadores a hacer una elección. La estrategia que se decidió fue la contención en el Pacífico, sobre todo no entrar en guerra con Japón e invertir el mayor esfuerzo en la defensa frente a un ataque de las fuerzas del Eje en Sudamérica. Una amenaza que podía ser posible en cuestión de meses si Alemania lograba controlar las flotas británica y francesa. En todo caso, para Estados Unidos un Atlántico sin una Royal Navy aliada constituía una situación difícil. Así quedó reflejado en el “Plan Dog” ("Dog" por la letra "D") propuesto por el Almirante Stark el 4 de noviembre de 1940 y aprobado el 16 de enero de 1941, que establecía la estrategia militar de Estados Unidos frente a la amenaza del Eje. De forma resumida consistía en los siguientes puntos:

1. La seguridad de Estados Unidos depende en un alto grado de la supervivencia de Gran Bretaña. En caso de una derrota las potencias del Eje intentarán una penetración, primero económica y política, y después militar, en el hemisferio occidental, por lo que Estados Unidos debe asistir a Gran Bretaña a toda costa.

2. Es necesario que Alemania sea derrotada, pero Gran Bretaña no puede lograrlo con solo el bombardeo estratégico y el bloqueo naval. Es necesaria una ofensiva terrestre por lo que Estados Unidos debe llevar grandes contingentes de fuerzas aéreas y terrestres a Europa o África o ambas y participar activamente en los combates.

3. La prioridad del frente Atlántico exige reducir la inversión de recursos en el Pacífico al mínimo. Incluso una guerra limitada contra Japón significa un desvío inaceptable de recursos necesarios para el Atlántico.

Almirante Harold R. Stark, jefe de operaciones navales
y autor del Plan Dog

Imagen
Fuente: http://www.ibiblio.org/hyperwar/USA/USA ... egy-3.html

● MORTON L "Germany First: The Basic Concept of Allied Strategy in World War II" en http://www.history.army.mil/books/70-7_01.htm
■ UTLEY ibid. p.113-6
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Re: Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensajepor Grossman » Mié Ago 15, 2012 6:32 pm

    / 1 El Pacífico el primer año de guerra europea (4) primavera - verano 1940 /
Impacto del éxito alemán en primavera de 1940

Los acontecimientos en Europa continuaron ejerciendo una fuerte influencia sobre la política exterior de Estados Unidos y Japón; por su parte, Alemania, tras someter a Noruega, Bélgica, Holanda y Francia, y poner en jaque a Gran Bretaña, tenía claro que debía evitar a toda costa la entrada en escena de Estados Unidos.

Estados Unidos
Roosevelt, como hemos visto, comprendió que Estados Unidos debía ejercer un papel más activo en el mundo, pero estaba atado para declarar la guerra a Alemania. Por de pronto, lo único que podía hacer era armarse y proporcionar equipo a Gran Bretaña en la mayor cantidad posible. El riesgo era perder ese material o incluso verlo apuntando en contra en el caso de una derrota británica, pero el presidente había decidido asumirlo.

La respuesta concreta estadounidense al éxito alemán fue la aprobación por parte del Congreso, a finales de mayo, de una partida de 1.3 mil millones de dólares solicitados por Roosevelt. Se encargaron 9 acorazados, 11 portaaviones, 3 cruceros pesados, 31 cruceros ligeros y 181 destructores. Aunque había el dinero, faltaba tiempo y no había suficiente número de astilleros, por lo que no todo comenzó a construirse entonces. El Congreso aprobó también el servicio militar obligatorio, el incremento de efectivos del ejército de 280.000 a 1.200.000 y la construcción de 50.000 aviones anuales. Además, Estados Unidos estableció acuerdos de defensa con Canadá y países latinoamericanos.

El 20 de junio designó el grupo de colaboradores que ejerció como comité de guerra. Eran dos republicanos, Henry L. Stimson, que sería secretario de guerra, y Frank Knox, secretario de la armada. Partidarios de la línea dura frente a Japón, supusieron un refuerzo para el bando de los “halcones” (Morgenthau e Ickes) de la administración Roosevelt. Pero además de estas figuras, un amplio sector de la burocracia de Washington participaba de esa postura, entorpeciendo medidas tomadas por Hull o el propio presidente en momentos en que tocaba hilar muy fino en el trato con Japón.

Como nación opuesta de raíz al colonialismo clásico, Estados Unidos no tenía interés en defender las posesiones del Imperio Británico, sin embargo, debía hacerlo por razones estratégicas comunes, es decir, para que la alianza dispusiera de los recursos materiales y humanos, y negárselos a Japón. Por lo que eran particularmente importantes Australia, Nueva Zelanda, Borneo, Singapur y Hong Kong. Preocupaba a Estados Unidos que Japón tratara de sacar tajada de la derrota francesa y buscase expandirse por Indochina, pero a la hora de ejercer presión, debía hacerlo de forma contenida para evitar una guerra prematura para la que no estaba preparada y que iba a distraer recursos necesarios en el Atlántico. Por lo que desistió también de imponer sanciones económicas formales y, a pesar de no estar vigente ya el tratado comercial de 1911, continuaron las transacciones comerciales como antes, incluso la venta de combustible para la aviación. Hizo sólo un gesto consistente en acercar la flota del Pacífico 2.000 millas, manteniéndola en Hawai tras las maniobras anuales de primavera, en lugar de fondearla en la costa oeste como era habitual y donde las condiciones eran mejores.

Un informe de la US Navy de 1940 daba cuenta que las Indias Holandesas proporcionaban a Estados Unidos el 90% de su caucho y de su estaño. Su producción era del 37% del caucho mundial, el 17% de estaño, el 90% de quinina y el 28% de aceite de palma, por lo que se lo denominaba informalmente el “arsenal de materia prima estratégica para la democracia”. No obstante, Estados Unidos podía adquirir estos recursos de otros lugares o formas. La amenaza de que Japón se apropiara de ellos no era, por tanto, verse privado de los mismos, sino que la región quedara separada del sistema de comercio mundial. La amenaza económica la constituía el hecho del sistema autárquico, que desafiaba al del libre comercio, fuente de la gran prosperidad de las potencias industriales, y en particular de Estados Unidos.

Un caso especial fue el de las relaciones de este con la Unión Soviética. Demonizada tras invadir Polonia y Finlandia, en primavera de 1940 las críticas en la prensa, por ejemplo, habían bajado el tono y comenzó a considerarse un contrapeso a la amenaza alemana en Europa. Así que quedaron apartados las objeciones de tipo ideológico y el “factor soviético” comenzó a cobrar peso, sobre todo para la salvación de Europa, pero también para el equilibrio en Asia-este. Interesaba a Estados Unidos que la Unión Soviética no se viera involucrada en una guerra con Japón sin que tampoco alcanzaran una relación excesivamente estrecha.

Unión Soviética
También la Unión Soviética tenía interés en tener una buena relación con Estados Unidos. Ambos eran conscientes de su poderío conjunto y Stalin contaba con la posibilidad de ser agredidos, tanto por Alemania como por Japón. Las conversaciones sobre la alianza germano-nipona, de las que estaban al tanto por medio del grupo de Sorge en Tokio, hacía probable un escenario en el que tuviera que luchar en dos frentes, en cuyo caso tendría que contar con la ayuda estadounidense. Con el propósito de que esta alianza no se consumara, Moscú tenía interés en cierta aproximación a Tokio, pero no hasta el punto de contravenir a Estados Unidos, su probable futuro aliado. Por otro lado, cuanto mayor fuera la tensión entre Japón y Estados Unidos, mejor, porque reduciría las posibilidades de sufrir un ataque en Siberia.

Japón
El desenlace de la guerra en Europa en verano de 1940 representaba para Japón una oportunidad demasiado buena para dejarla pasar: la de alcanzar la autarquía a expensas del control de Asia este desplazando el poder occidental. En primer lugar, presionaron a las autoridades en las Indias Holandesas para obtener garantías para el suministro de estaño, petróleo y caucho, y no haber de depender tanto de Estados Unidos y Gran Bretaña. Japón daba prioridad a la negociación y no quería excederse para evitar que estadounidenses y británicos ocupasen preventivamente las Indias Holandesas tras la caída de Holanda.

Otra medida fue ejercer presión sobre Francia y Gran Bretaña en junio de 1940 para que cesaran los envíos para el Kuomintang a Chungking a través de la frontera indochina y birmana. En Indochina habían comenzado ya en 1939 con la ocupación de Hainan y las Islas Spratly, y continuó con el bombardeo del ferrocarril Hanoi-Kunming que abastecía a Chunking, y en apoyo a esta exigencia desplegó entonces numerosas tropas en la frontera. Francia y Gran Bretaña se volvieron a Estados Unidos, el único capaz de advertir a Japón. Esperaban un gesto de tipo acercar la flota o sanciones económicas, pero Estados Unidos no quería tensar demasiado la cuerda y se limitó a continuar manteniendo la flota en Hawai, con lo que Gran Bretaña y Francia, que entonces ya se había convertido en la de Vichy, tuvieron que ceder. Esta cerró la frontera y accedió a la exigencia japonesa de estacionar allí un puesto de vigilancia y Churchill se plegó a cerrar la ruta de Birmania por un período de tres meses. Otra exigencia a la que cedió Londres fue la de retirar las tropas que custodiaban su sector en Shanghai. Aunque la solución inmediata es que los sustituyeran marines estadounidenses, el DE lo descartó para evitar incidentes armados con tropas japonesas. Constituía una derrota política importante para los aliados pero Estados Unidos lo consideraba una maniobra que se rectificaría más adelante, una vez completado su rearme. En el proceso de decisión en Washington pesaban incertidumbres como el desenlace de la situación en Europa y qué hacer en caso de que Japón invadiera Indochina, Indias Holandesas o Borneo, y también la propia del “factor soviético” y de cuánto tardaría en completarse el propio rearme.

Pese a su posición opuesta a la aproximación a Alemania e Italia, y a favor de un entendimiento con Estados Unidos y Gran Bretaña, el gabinete Yonai-Arita no renunciaba a la doctrina del nuevo orden y la expansión hacia el sur; era un proyecto que la elite política y económica japonesa había hecho suyo de forma prácticamente unánime. Esa elección, tomada sin una reflexión profunda sobre las consecuencias de desafiar el ordenamiento internacional o sobre objetivos y medios, que no tuvo una oposición interna seria, y de la que participaron sectores que a última hora, cuando Japón se precipitaba a una guerra suicida, quisieron echar marcha atrás, como la casa imperial o el propio Konoe, fue una de las decisiones clave del origen de la guerra del Pacífico.

En primavera de 1940 los juegos de guerra y la planificación estratégica de Japón giraron alrededor de dos ideas. Una era ocupar en una operación rápida las posesiones holandesas en las Islas Célebes, Borneo e Indias Holandesas antes de que Estados Unidos y Gran Bretaña pudiesen reaccionar, y plantearlo ante ante la comunidad internacional como un hecho consumado. La otra era la preparación para la posible reacción militar de estos, que a su vez dependía de si los británicos resistirían el embate alemán a las Islas.

Los juegos de guerra efectuados por la armada habían dado como resultado que si Japón atacaba las Indias Holandesas, la consecuencia sería una guerra con Estados Unidos, Gran Bretaña y Holanda. La capacidad de resistir una guerra con Estados Unidos si no lograban apoderarse de las Indias Holandesas y transportar y procesar el petróleo, sería de unos cuatro meses, y en caso de lograrlo, un año. De ahí que el estamento superior de la armada mirara con pesimismo la eventualidad de la guerra. Sin embargo, incluso antes de la victoriosa campaña alemana de 1940, sobre todo en los escalafones medios de la oficialidad naval, se levantaron voces a favor de la ocupación de las colonias holandesas y británicas. Después, el éxito alemán espoleó la idea de que Japón podría ocuparlas sin verse necesariamente involucrados en una guerra con Estados Unidos y Gran Bretaña, a los que veía, al primero indeciso y al otro débil.

Respecto a la Unión Soviética, el ejército estaba a favor de cerrar un pacto de no agresión, pero Arita, el ministro de exteriores, temía que ello levantara el recelo de Estados Unidos y Gran Bretaña, y abogaba por un tratado de neutralidad, es decir, que la Unión Soviética no intervendría en caso de que Japón entrara en guerra con alguno de estos. Quería que el pacto, a su vez, comprometiera a los soviéticos a cesar la ayuda a China. Aunque eran unos términos claramente favorables a Japón, la Unión Soviética tenía interés en llegar a un tipo de acuerdo que garantizara la pacificación de Siberia para el caso de un enfrentamiento con Alemania. Sin embargo, cuando las conversaciones estaban a medias, el gabinete Yonai cayó.

Los éxitos de Alemania de primavera-verano de 1940, actuaron también como catalizadores de la idea de una alianza con este; y no solo en el ejército sino también entre la clase política, que con prensa e intelectualidad echaban en cara a Yonai su reticencia a dar pasos en esa dirección. El ejército desencadenó entonces la crisis ministerial y la caída del gobierno el 16 de julio de 1940.

El 3 de julio el ejército había preparado un documento para presentar a su ministro titulado “Esbozo de los principios fundamentales para tratar la cambiante situación del mundo” que trataba de la ocupación de las colonias holandesas y británicas, y donde la derrota de Gran Bretaña a manos de Alemania se daba por descontado, y se hacía hincapié en la necesidad de no tocar a Estados Unidos. Además, el documento hacía énfasis en la necesidad de establecer un régimen político autoritario en el propio país. Con la supresión de todo lo que oliera a democracia y liberalismo erradicaba, desde su punto de vista, el último atisbo de influencia anglo-estadounidense. Pero era una medida congruente, además, con los requerimientos del armamentismo. En palabras de Iriye, el autor de la fuente de la que bebe principalmente este hilo, “el imperialismo hacia fuera debía estar emparejado al fascismo en casa”. No era una idea nueva, pero no comenzó a vislumbrarse su materialización hasta que tuvieron lugar la serie de espectaculares victorias alemanas; el origen de la Guerra del Pacífico no se explica sin Hitler. La armada aprobó el esbozo a pesar de los resultados de los juegos de guerra. Incluso contaba con la posibilidad de vérselas con Estados Unidos donde un sector, presa del optimismo, quiso creer que, debido al gran esfuerzo de preparación realizado, tenía posibilidades en una guerra prolongada. Otro factor que influyó para que se decantara por una estrategia hacia el sur es que implicaba una mayor asignación, frente al ejército, en la distribución del presupuesto militar.

Finiquitado el gabinete Yonai, ¿cuál era la figura que podía liderar esa nueva dimensión de la politica interior y exterior de Japón?, ¿a quién apuntaban todas las miradas?

Henry L. Stimson, secretario de guerra.
Durante la crisis de Manchuria fue secretario
de estado bajo la presidencia de Hoover

Imagen
Fuente: http://en.wikipedia.org/wiki/Henry_L._Stimson

Frank Knox, secretario de la armada. Magnate
de la prensa, se había presentado como candidato
republicano a la vicepresidencia a las elecciones
de 1936

Imagen
Fuente: http://pincenez1.blogspot.com.es/2008/02/blog-post.html

Almirante Yonai Mitsumasa, primer ministro (izquierda), y Arita Hachiro titular
de exteriores. Buscaron un entendimiento con Estados Unidos pero sin renunciar
a la agresiva política de expansión

Imagen
Fuentes: http://en.wikipedia.org/wiki/Mitsumasa_Yonai y http://de.wikipedia.org/wiki/Arita_Hachirō

■ IRIYE A ibid. p. 95-103
■ KERSHAW I “Fateful Choices. Ten Decisions that Changed the World 1940-1941” Penguin (2007) p.109-113
■ HEINRICHS Washington “Threshold of War. Franklin D. Roosevelt & American Entry Into World War II” Oxford University Press (1988) p.10
■ UTLEY JG ibid. p.85-8, 91, 103
http://pwencycl.kgbudge.com/F/r/French_Indochina.htm
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Espérame cuando las tristes lluvias lleguen, y cuando el calor llegue no dejes de esperar
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Re: Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensajepor Grossman » Jue Ago 16, 2012 5:06 pm

    / 1 El Pacífico el primer año de guerra europea (5) verano - otoño 1940 /
Konoe de nuevo

Sus ideas sobre la reforma política que necesitaba el país eran poco concretas, pero la noción de que no hacían falta partidos políticos y que lo que Japón necesitaba, en cambio, eran nuevas estructuras que permitieran una movilización completa sin interferencias por disputas internas, sintonizaba bien con los sentimientos y creencias de amplios sectores de la sociedad japonesa para los que Konoe era un símbolo. Su objetivo era lograr un mayor control estatal sobre la economía, acabar con la rivalidad entre ejército y armada, mayor control gubernamental sobre los asuntos militares y poner fin al derecho al mando supremo independiente. A pesar de sus objeciones anti-occidentales, era capaz de reconocer la utilización de los medios democráticos para lograr el control sobre las fuerzas armadas y no estaba convencido de que el fascismo constituyera una alternativa válida del liberalismo democráctico, y menos el comunismo. De lo que estaba firmemente convencido era en su oposición al capitalismo libre, que para Japón suponía una dependencia de una economía internacional dominada por Estados Unidos y Gran Bretaña y que, por otro lado, era inadecuada en un momento en que la guerra con China exigía un control gubernamental del funcionamiento de la economía. Konoe era crítico con el sistema imperial al que consideraba “anticuado” en política exterior, carente de cualquier idea nueva que sustituyera la vigente en los últimos años de cooperar con Gran Bretaña y Estados Unidos. El problema para implantar la política autárquica era que la opción de actuar por la fuerza llevaba aparejado el enfrentamiento militar con estos, con el agravante de ver aumentados en ese caso los requerimientos de importación.

Uno de los errores de bulto del planteamiento anti-occidental de Konoe y afines, era la creencia de que China los compartía, que en el fondo el Kuomintang era realmente más anti-anglo-estadounidense que anti-japonés, y sobre esta creencia errónea fundamentaba la esperanza en una cooperación china para la construcción del “nuevo orden”.

Konoe estaba animado también por la perspectiva de una alianza con Alemania e Italia, y una entente con la Unión Soviética, con lo que se formaría un bloque que pondría fin a la hegemonía de Gran Bretaña y Estados Unidos en el mundo.

El 22 de julio de 1940 comenzó su segundo gabinete. El tiempo récord que duró la deliberación para suceder a Yonai, media hora, da idea del grado de acuerdo con esta línea de actuación en todos los estamentos, es decir, casa imperial incluida. El ejército siguió saliéndose con la suya al exigir el nombramiento de Tojo Hideki como ministro del ejército y de Matsuoka Yosuke como ministro del exteriores. Sin embargo, el ministro de la armada, Yoshida, estaba en contra de la aproximación a Alemania.

Japón: aumento del radicalismo, embargo y nuevo fiasco diplomático en China

Revisionista y opuesto al “Sistema de Washington”, Matsuoka había encabezado en 1933 la delegación japonesa cuando el país salió de la Liga de Naciones, y la actitud desafiante con la que lo hizo le granjeó popularidad y lo convirtió en símbolo de las posturas más agresivas de la política exterior. Partidario de repartir las zonas de influencia del Pacífico entre Estados Unidos y Japón, favorable a una alianza con Alemania, su designación era toda una declaración de intenciones y fue recibida con júbilo en el estamento militar y la derecha política. Suyo fue el programa que adoptó el gabinete Konoe:

1. Alianza con Alemania y establecimiento de un eje Berlín-Roma-Tokio
2. Firma de un pacto de no agresión con la Unión Soviética por un período de 5 a 10 años, para preparar la guerra contra esta después
3. Incorporación de las colonias británicas, holandesas y francesas a la esfera del “nuevo orden”.
4. Aproximación al Kuomintang para el establecimiento de un bloque en Asia-este.

Plasmado en un documento titulado “Esbozo de política nacional fundamental” fue ratificado en la conferencia de enlace (CE en adelante) - recuperada tras dos años en que no se había convocado - del 27 de julio. Había acuerdo en las medidas diplomáticas, es decir, la aproximación a Alemania e Italia, y a la Unión Soviética y China, y en la radicalización interior: Japón debía convertirse en un “estado nacional de defensa preparado para la guerra”, pero no en los aspectos militares, donde ejército y armada discrepaban. Para el ejército la eventualidad de una guerra debía asumirse, para la armada, evitarla a toda costa. No había unanimidad pero pesaba un informe del EMG naval que afirmaba categóricamente que en un enfrentamiento con Estados Unidos no podía resistir más de un año.

La conclusión final al respecto fue indefinida y la consecución de los objetivos propuestos (presión sobre Indochina para dificultar los suministros a China y establecer una infraestructura propia de suministro y bases y aeródromos, neutralizar la actitud hostil de Hong Kong, bloqueo de Birmania también para cortar suministros a China, presión diplomática para obtener recursos naturales de las Indias Holandesas) descansaba en una suposición de un entorno internacional favorable donde Gran Bretaña y Estados Unidos estarían intimidados por la presión de los acontecimientos.

No fue así. Por el contrario, una consecuencia de la designación del gabinete Konoe y sus aspiraciones de expansión hacia el sur fue estrechar todavía más la cooperación entre Gran Bretaña y Estados Unidos y la imposición de un embargo a Japón a finales de julio que le impedía adquirir combustible de alto octanaje y lubricantes de aviación, así como chatarra de alto grado. Washington decidió no apretar demasiado para no abocar a Japón a apoderarse del de las Indias Holandesas a la fuerza, pues quería evitar a toda costa un enfrentamiento armado. Una de las acciones que debía demostrarlo y servir de advertencia a Alemania pero también a Japón era el acuerdo “destructores por bases” cerrado con Gran Bretaña en septiembre de 1940.

No prosperaron las conversaciones entre Wang Ching-wei y Japón para que este reconociera el régimen de Nanking. Wang apelaba a las promesas japonesas de respetar la independencia y soberanía china, pero Japón alegaba la necesidad de erradicar fuerzas hostiles en el país, para lo que eran necesarias tropas y políticas difíciles de reconciliar con esas promesas. En el fondo y como se ha explicado, no tenía interés en ir más allá en la conformación del nuevo estado, para poder desentenderse de él llegado el caso de un acuerdo con Chiang Kai-shek.

El 22 de agosto Konoe dirigió una carta a Chiang para considerar de nuevo sus relaciones; Japón calculaba que el Kuomintang estaría hastiado de la guerra y por ese motivo abiertos a un alto el fuego, pero la realidad era que el líder chino estaba determinado a continuar combatiendo y no contemplaba una tregua mientras hubiese fuerzas japonesas en suelo chino, por lo que a principios de septiembre comunicó su negativa. Además de no satisfacer los requisitos mínimos, pesó en la postura de no negociar el que los nacionalistas dependían todavía más de la ayuda estadounidense desde el cierre de las rutas de Birmania e Indochina y la reducción de la ayuda soviética, así como la incertidumbre sobre su política exterior. Estados Unidos estaba interesado en que China mantuviera a Japón distraído para reducir la posibilidad y las opciones de una acción militar en el Pacífico sur, y un acuerdo entre chinos y japoneses lo hubiese contravenido seriamente. Si Chiang debía elegir entre Japón y Estados Unidos, este daba muchas más garantías.

Incapaz de resistir la presión del ejército y también del seno de la propia armada, sobre todo de los escalafones medios de la oficialidad, Yoshida, el ministro de la armada, sucumbió a una crisis nerviosa que requirió hospitalización y que fue motivo de que dimitiera el 4 de septiembre. Por influencia de Matsuoka fue nombrado como sucesor el almirante Oikawa Koshiro, donde su segundo, el almirante Toyoda Teijiro, más radical y más asertivo, desempeñó un papel dominante y determinante en la postura que adoptó la armada.

Matsuoka Yosuke, ministro de exteriores.
Pasó la mitad de su juventud en Estados Unidos.
Hizo carrera en el ministerio de exteriores por
méritos propios y después en el ferrocarril de
Manchuria. Ultranacionalista y arquitecto de
la aproximación al Eje

Imagen
Fuente: http://en.wikipedia.org/wiki/Yosuke_Matsuoka

Tojo Hideki, ministro del ejército, antes jefe de
estado mayor del Ejército de Kwantung. Portavoz
de las posturas más radicales del ejército

Imagen
Fuente: http://en.wikipedia.org/wiki/Hideki_Tojo

Yoshida Zengo, ministro de la armada.
Trató de mantener a Japón alejado del
Eje, pero al final su sistema nervioso no
soportó la presión

Imagen
Fuente: http://pwencycl.kgbudge.com/Y/o/Yoshida_Zengo.htm

■ IRIYE A ibid. p.103-111
■ KERSHAW I ibid. p.109-117
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Re: Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensajepor Grossman » Vie Ago 17, 2012 10:03 am

        / 1 El Pacífico el primer año de guerra europea (6) /
Conferencias de enlace y conferencias imperiales

Existían dos formas para coordinar el poder civil y el militar:

Conferencia de enlace (CE en adelante). Se puso en marcha con la guerra con China. Sus sesiones tenían lugar cada pocos días, aunque por algún período estuvieron suspendidas. Por parte del gobierno participaban el primer ministro, el del ejército, el de la armada y a veces algún otro. Por parte militar, los jefes de estado mayor general naval y del ejército y sus delegados del alto mando. Aunque el lugar preferente lo ocupaba el primer ministro, este no ejercía ninguna función directiva ni gozaba de privilegios. Las discusiones con frecuencia eran difusas, el lenguaje oblicuo y el énfasis en alcanzar unanimidad restaba mucha agilidad al proceso de toma de decisión.

Conferencia imperial. Las decisiones importantes de la CE debían ser sancionadas en la conferencia imperial, donde además de los anteriores estaba el emperador y el presidente del Consejo Privado, quien ejercía de portavoz del emperador, pues este solía permanecer callado. Se trataba de un acto marcadamente ceremonial, y su importancia estribaba en que quedaba sancionado lo que en ella se decidía en nombre de la voluntad imperial, tenía por tanto un carácter divino y no admitía, por lo general, vuelta atrás. Se supone que los dioses no se equivocan.

Estados Unidos: políticas de embargo y políticas de acopio de reservas

Las medidas de embargo contra Japón no tuvieron una motivación exclusivamente sancionadora. En enero de 1940 el Comité de Munición de Armada y Ejército identificó 29 materias que calificó de estratégicamente esenciales para la defensa, pero no disponía de ningún instrumento legal para evitar que esos productos fueran exportados a naciones amigas o enemigas. Por dicho motivo Roosevelt sometió a la aprobación del Congreso una ley que le permitiera declarar ciertos productos vitales para la defensa del país, y que su exportación estuviese regulada por una licencia; fue la National Defense Act, firmada el 2 de julio de 1940. La lista fue engordando y tras un año contenía 259 ítems. A tener en cuenta que el gigantesco plan de rearme aprobado por el congreso en mayo de 1940 suponía unos requerimientos materiales sin precedentes, donde se resintió de forma palpable el consumo privado de la población. Para el programa de rearme aéreo, por ejemplo, los 50.000 aviones que se construirían anualmente iban a necesitar combustible y lubricantes para hacerlos operativos y entrenar el debido número de pilotos, por lo que era necesario disponer de unas reservas de proporciones descomunales.

Los organismos encargados de la gestión de esta materia eran la National Defense Advisory Commission (NDAC) y el Export Control Office. Un problema de la política de acopio de reservas era que podía entrar en conflicto con la política exterior, porque implicaba dar vía a las demandas de unos países, y cerrarla a otros, sin que el DE tuviera control sobre ello. Los responsables de los organismos citados en ocasiones iban más allá de la función estricta de asegurar el suministro nacional y, alarmados por las cantidades que compraba y encargaba Japón, considerando demasiado blanda la política de Hull y Roosevelt hacia ese país y apoyados por los halcones de Washington, trataron de aplicar por su cuenta medidas propias de guerra económica, como restringir más de lo necesario e incluso comprar productos estratégicos con la finalidad de privárselos a Japón, por ejemplo el cobre de Chile, el cobalto de Canadá, el mercurio de Méjico o el cromo de Filipinas. Estas iniciativas exigieron frecuentes intervenciones del DE y en ocasiones del presidente para frenarlas e incluso alguna destitución sonada.

Al poco de su creación, el NDAC advirtió que había capacidad para obtener y refinar la cantidad necesaria de gasolina de aviación para uso y almacenamiento propios, pero que no alcanzaba para atender a la vez la copiosa demanda de Japón, por lo que recomendó impedir la exportación de gasolina de 100 octanos, que era la que empleaban los aparatos norteamericanos. Pero la definición de gasolina de aviación estaba sujeta a interpretaciones, y con un criterio amplio podía extenderse a casi cualquier producto petrolífero, que era lo que pretendían los partidarios de imponer medidas estrictas a Japón, pero era contrario a la línea prudente del DE y de Roosevelt para no dar motivos a Japón para asaltar las Indias Holandesas. Finalmente prevaleció el criterio apaciguador de estos, y la gasolina de aviación se definió como la de octanaje superior a 86. La decisión de restringir la exportación por motivos estratégicos materiales coincidió con la de castigar a Japón por su agresiva política exterior en julio de 1940, como hemos visto, sin embargo, como medida sancionadora su eficacia fue débil porque los aviones japoneses, menos potentes, funcionaban con gasolina de 86 octanos, que Japón podía comprar sin límite.

Otra asignatura estratégica fundamental era la chatarra, que a mediados de agosto el NDAC propuso poner asimismo bajo licencia. Las ingentes cantidades de acero necesarias para la producción de armamento y equipo, junto con la elevada demanda de chatarra por parte también de Japón, amenazaba el suministro futuro y podía provocar, además, una subida del precio y de la inflación nacional difíciles de asumir. La única salida era restringir la exportación, donde Roosevelt no tenía pegas en embargar la exportación de chatarra a Japón, pero no quería cortar el que suministraba a Gran Bretaña y Canadá, por lo que el asunto le suponía un conflicto. Este se resolvió en septiembre de 1940 cuando se embargó el destinado a Japón como medida sancionadora.

■ KERSHAW I ibid. p.103-4
■ UTLEY JG ibid. p.93-96, 100, 105-7, 121-5
Espérame y yo volveré, pero espérame mucho
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Re: Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensajepor Grossman » Sab Ago 18, 2012 9:06 am

    / 1 El Pacífico el primer año de guerra europea (7) otoño 1940 /

        “El sistema y la máquina bélica alemanes y sus brillantes
        éxitos han subido a Japón a la cabeza como un vino fuerte”


        Joseph Grew a propósito del Pacto Tripartito *

Invasión de Indochina norte

Tras lograr el bloqueo de la frontera Indochina, el gabinete Konoe estuvo presionando a Francia para permitirle ocupar bases aéreas en la frontera norte y derechos de paso para suministrarlas. Las autoridades francesas en Hanoi se negaron y se abrieron negociaciones, pero mientras se celebraban, Japón envió tropas a la frontera, hubo una serie de escaramuzas y el 23 de septiembre la traspasaron. A destacar que esta vez no se trataba de un nuevo episodio de aventurismo de las tropas destacadas en el continente, sino que contaban con la autorización plena del gobierno japonés. Tras dos días de desigual combate las fuerzas francesas se rindieron y Japón ocupó el norte de Indochina. En octubre había 6.000 soldados repartidos en tres bases.

Tailandia, por su parte, aprovechó la debilidad francesa en ese momento para arrebatar a Indochina territorios en disputa, fue la Guerra Franco Tailandesa, que duró de noviembre de 1940 a enero de 1941 (plasmada en el interesante artículo traducido por el compañero Pierre Lo Gloan La guerra franco-tailandesa).

Mapa de la Indochina francesa en 1940. Tonkin, Camboya,
Laos y Annam eran protectorados de Francia, y Cochinchina
colonia francesa. Era la tercera productora mundial de arroz,
y rica también en trigo, carbón y caucho.

Imagen
Fuente de la imágen: http://www.gia-vuc.com/frenchindochina.htm; de la información: DEAR ICB “The Oxford Companion to the Second World War” Oxford University Press (1995). p.417

En este enlace, filmaciones sobre la invasión japonesa de Indochina-norte emitidas por la televisón pública de Japón NHK: http://cgi2.nhk.or.jp/shogenarchives/jp ... number=001

*

Japón se alía con Alemania: Pacto Tripartito

Pacto Tripartito entre Alemania, Italia y Japón
Artículo II
Alemania e Italia reconocen y respetan el liderazgo de Japón en el establecimiento de un Nuevo orden en el Gran Este Asiático.

Artículo III
Alemania, Italia y Japón acuerdan cooperar en sus esfuerzos tal como se menciona en las líneas anteriores. Ellos asistirán uno al otro con todos los medios políticos, económicos y militares cuando una de las Potencias Contratantes, sea atacada por potencies actualmente no envueltas en la guerra europea o en el conflicto chino-japonés.

Artículo V
Alemania, Italia y Japón afirman que los términos mencionados, no afectarán en manera alguna el status político que existe en el presente entre los tres Altas Potencias Contratantes y la Rusia Soviética.
en viewtopic.php?f=27&t=444

Firmado en Berlín el 27.9.1940, las negociaciones para la participación japonesa en el Pacto Tripartito (PT) se celebraron en Tokio entre el ministro de exteriores, Matsuoka, y el enviado especial alemán, Heinrich Stahmer, que llegó a la capital japonesa el 7 de septiembre.

Esta alianza estuvo precedida, en el bando contrario, de la constitución de la comisión permanente de defensa canada-estadounidense (17 de agosto), el acuerdo “destructores por bases” (2 de septiembre), la ley de servicio militar obligatorio (16 de septiembre) para hombres de entre 21 y 35 años. Esta ley fue promovida, además, con el acuerdo del candidato republicano Wendell Willkie, y junto con todas esas medidas demostraban claramente la voluntad estadounidense de hacer frente a las potencias revisionistas; además, la decisión de enviar ayuda a Gran Bretaña constituía una demostración de confianza en su capacidad de resistencia.

Así como frente a Gran Bretaña Japón tenía posibilidades de éxito, muy distinto era vérselas con Estados Unidos, por lo que Matsuoka esperaba que la alianza con Alemania lo disuadiera de intervenir militarmente en Asia, o que si tal finalmente sucedía, que esta le ayudara. Los planes alemanes eran distintos. Su objetivo primario era subyugar a Gran Bretaña antes de que Estados Unidos pudiera intervenir directamente, para lo que necesitaba que Japón evitara entrar en conflicto con este. Un conflicto prematuro en el Pacífico podría desencadenar una intervención estadounidense a nivel global y malograr su plan respecto a Gran Bretaña. Así lo explicó Stahmer, y también que Alemania intentaría facilitar que Japón alcanzara algún tipo de entente con la Unión Soviética, lo que, en caso de derrota británica, dejaría a Estados Unidos solo. Aunque la propuesta alemana era atractiva para Japón, Matsuoka vio una sombra en la posibilidad de que Alemania llegara en un momento dado también a un acuerdo con Estados Unidos si Gran Bretaña era derrotada, lo que dificultaría el establecimiento del “nuevo orden” en Asia. Convocó una reunión con los líderes civiles y militares donde hizo un planteamiento dicotómico: o Japón unía su destino al Alemania e Italia, o lo hacía al de Estados Unidos y Gran Bretaña, en cuyo caso tendría que renunciar a toda aspiración de dominación asiática y “nuevo orden”, plegarse a unas condiciones de paz en China dictadas por esas potencias y resignarse a ser dominada durante los próximos 50 años. Sería, según explicaba, una situación similar al final de la Primera Guerra Mundial con la diferencia de una China crecida y anti-japonesa. Advirtió también que la alianza con Alemania e Italia podía implicar algún tipo de acción militar. A esas alturas, la armada había aceptado la eventualidad de una guerra con Estados Unidos, a la vez que era consciente de que no tenía apenas posibilidades de éxito a largo plazo; la alianza con Alemania, sin embargo, podría aumentarlas parcialmente por proveerlos de recursos estratégicos y equipo militar, y una entendimiento con la Unión Soviética debilitaría a Estados Unidos.

En una reunión de los líderes políticos y militares ante el emperador el 19 de septiembre Matsuoka dejó claro que el PT estaba dirigido especialmente a Estados Unidos. Suponía, pues, una vuelta de tuerca en la tensa relación de Japón con las potencias angloparlantes. Hirohito apuntó que una guerra sería inevitable y que Japón podía resultar derrotado, y Hara Yoshimichi, el presidente del Consejo Privado, advirtió que la firma del pacto conllevaría nuevas medidas económicas por parte de Estados Unidos, en lo que se vislumbraba como una guerra económica. Matsuoka respondió que en ese caso, la alianza con Alemania proveería a Japón de los recursos necesarios e insistió en que una actitud timorata iba a provocar el envalentonamiento de Estados Unidos, razón por la que convenía hacer una demostración de fuerza. Konoe expresó su preocupación también por que el PT pudiera deteriorar la relación con Estados Unidos, y los roces dar lugar a un embargo de petróleo y chatarra, y Hara añadió que además podía establecer bases en Nueva Zelanda y Australia, y preguntó si esos movimientos, que podían considerarse actos de guerra, comprometerían a Alemania a intervenir. A lo que Matsuoka dijo que no tenía respuesta y que era una cuestión que debía resolver el alto mando. Su deseo era de un nivel de compromiso alto con Alemania en el que Japón entrara en guerra automáticamente en caso de que aquella se enfrentara con Estados Unidos, pero Oikawa, el ministro de la armada, objetó que esa era una opción demasiado arriesgada para Japón, cuyo futuro dependería entonces de una decisión alemana. Su propuesta era que Japón participara solo en una guerra en la que el agresor fuera Estados Unidos, y no de forma automática. Tras diversos tira y afloja, el ministro de la armada se tragó con renuencia el PT, sin embargo, su escepticismo no estaba completamente compartido por el EMG naval, donde había opiniones optimistas hacia las posibilidades propias y más disposición a asumir riesgos, de lo que de muestra la manifestación Kondo Nobutake, jefe adjunto del EMG naval el 14 de septiembre:

    “La armada no está preparada todavía para una guerra contra Estados Unidos, pero los preparativos estarán concluidos en abril del año que viene [1941]. En ese momento estarán equipados todos los barcos actualmente operativos y habremos armado 2,5 millones de toneladas de barcos mercantes. Una vez completado esto, seremos capaces de derrotar a Estados Unidos si lanzamos un ataque relámpago. En el caso de que no lo hagamos así y Estados Unidos escoja una guerra prolongada estaremos en serias dificultades. Además, Estados Unidos está construyendo más barcos, lo que significa que la diferencia entre el potencial de la flota americana y la nuestra será mayor, y Japón nunca será capaz de mantener el paso. Desde este punto de vista, ahora es el momento más ventajoso para Japón para entrar en la guerra.”
Finalmente, el 19 de septiembre, y a pesar de las dudas, el emperador puso el sello imperial a la decisión de integrarse en el Eje.

Pronto quedó claro que la expectativa de que el PT disuadiría a Estados Unidos era sólo una ilusión. No solo no redujo la influencia anglo-estadounidense en Asia, sino que la aumentó, por lo que en verano de 1941 la situación de Japón era todavía más insegura. El PT fue para Japón una decisión fundamental, peligrosa, de difícil retorno, de consecuencias imprevisibles. Sin valor práctico, el pacto tuvo, sin embargo, un alto valor como símbolo, el de la determinación de Japón en la lucha contra la supremacía anglo-estadounidense en el lejano Oriente.

Más sobre el PT en La firma del Pacto Tripartito en Berlín

Celebración en Tokio del acuerdo para el Pacto Tripartito. Comenzando por la izquierda: el embajador de Italia Mario Indelli, Matsuoka, el embajador de Alemania Ott, el enviado especial Stahmer, y el último probablemente Erich Boltze, un consejero de la embajada.
Imagen
Fuente: http://www.google.com/imgres?q=Heinrich ... 6,s:0,i:92

*
Grossman escribió:Jonathan G. Utley ... cita en su introducción una frase de David Potter que viene a decir que los países no eligen ir a la guerra, sino que escogen un curso de acciones que desembocan en ella (p. xiv). Lo cita para aclarar que la incapacidad de resolver pacíficamente el conflicto entre Japón y Estados Unidos no fue consecuencia de una decisión única y fundamental de 1941, sino de una serie de decisiones tomadas durante años en materia de política exterior.
    Primera parte, el 7.2.2012
En esa línea de reflexión Kershaw (op.cit. p.375-8) explica que en la inminencia de su ataque a Estados Unidos, Japón apenas dispuso de alternativas donde escoger, y todas eran malas, pero la situación por la que en otoño de 1941 su libertad de elección había quedado reducido a esos mínimos fatales fue el resultado de una serie de decisiones fundamentales tomadas desde 1931. En el primer año de guerra europea estas fueron:

-la de persistir en la ocupación de China
-la de una expansión agresiva hacia el sureste asiático
-la alianza con Alemania e Italia

La edificación de un imperio japonés que ejerciera un dominio colonial de Asia-este y estuviera a la par que las otras grandes potencias mundiales era un proyecto que, repito, la élite japonesa civil y militar y la casa imperial habían hecho suyos. En cuanto a la integración en el Eje, generó dudas pero estas no se convirtieron en una objeción de peso.

■ IRIYE A ibid. p.113-8
■ KERSHAW I ibid. p.119-125
* KERSHAW I ibid. p.119
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Espérame cuando las tristes lluvias lleguen, y cuando el calor llegue no dejes de esperar
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Re: Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensajepor Grossman » Dom Ago 19, 2012 10:26 am

          / otoño 1940 - invierno 1940-41 /
¡Hola!

En los nueve meses de septiembre de 1940 a junio de 1941 de este segundo capítulo Estados Unidos respondió a la invasión de Indochina norte y al PT con más sanciones y un incremento de la ayuda a China, y Gran Bretaña, reabriendo la ruta de Birmania que abastecía al Kuomintang; además, las consultas y el contacto continuo entre Estados Unidos, Gran Bretaña, China y Holanda consolidaban una entente de facto: la ABCD. En cuanto a Japón, tras otro desaire diplomático en China, reconoció finalmente el estado títere de Wang y trató de alcanzar, sin éxito, una gran alianza de las potencias del Eje con la Unión Soviética

*

Capítulo 2. El Pacífico desde el Pacto Tripartito a Barbarroja

Reacción a la invasión de Indochina norte y al Pacto Tripartito

La administración Roosevelt estaba dividida sobre qué grado de presión ejercer sobre Japón tras la invasión de Indochina norte y el PT. Los “halcones” - el secretario de guerra, Stimpson, el de la Navy, Knox, el del tesoro, Morgenthau, y el de interior, Ickes - eran partidarios de imponer duras sanciones económicas, pero Hull y Roosevelt, así como el mando militar, querían evitar a toda costa el riesgo de una guerra prematura implícita en la postura anterior. En lo que todos estaban de acuerdo era en no ceder a la presión que suponía la alianza germano-nipona.

La respuesta estadounidense fue el embargo de todo tipo de chatarra. El anterior, del de alto grado, comprendía sólo una quinta parte de la chatarra que se exportaba a Japón. La administración holandesa, por su parte, frenó las demandas japonesas para venderle petróleo y otras materias porque se sentía respaldada por parte de Estados Unidos, y también Gran Bretaña dio pasos en esa dirección. En septiembre Churchill valoró que había pasado lo peor en Europa y que la postura de Estados Unidos era más decidida por lo que, habiendo transcurrido los tres meses que duraba el acuerdo para cerrar la ruta de Birmania que abastecía Chungking, decidió reabrirla. Los acontecimientos pintaban bien para Chiang Kay-chek: el PT y las iniciativas japonesas habían tenido como consecuencia el fortalecimiento de los lazos con Gran Bretaña y Estados Unidos, y no hubo reconocimiento del régimen de Nanking por parte de Alemania. Berlín había juzgado que, más allá de un gesto de simpatía hacia Japón, reconocer al estado títere no iba a reportarle nada positivo, y que en cambio podía complicar la delicada relación diplomática con Estados Unidos y la Unión Soviética.

Una muestra del giro que había tomado la política externa de Estados Unidos es que durante la campaña presidencial para las elecciones del 5 de noviembre, el candidato republicano, Wendell L. Willkie, se declaró a favor del compromiso con el esfuerzo de guerra británico.

En diciembre de 1940 Gran Bretaña había hecho pedidos por valor de 5 mil millones de $, pero sólo tenía 2, por lo que Estados Unidos decidió financiar las adquisiciones británicas con la fórmula de “lend and lease”. La producción de armamento había aumentado a un nivel propio de un estado en guerra, para lo que a Estados Unidos le faltaba solo enviar tropas al frente; y aunque la prioridad era la supervivencia de Gran Bretaña, era objetivo de la política de defensa de Estados Unidos también fortalecer su posición en el Pacífico. Tras la apertura de la ruta de Birmania, Estados Unidos dio a Chiang en noviembre fondos por valor de 100 millones de $, 50 cazas, y autorizó que ciudadanos estadounidenses sirvieran en China en calidad de pilotos e instructores. Estos fueron asignados a una unidad de fuerza aérea voluntaria extranjera comandada por el coronel Claire Chennault que se denominó Grupo Voluntario Americano, pero que todo el mundo conocía por los “Tigres Voladores”, que debían ser operativos a partir de otoño de 1941.

La estrategia de dar prioridad al teatro europeo fue defendida por Stark y Marshall. El problema con el Plan Dog era que no quedaba definida la línea que había que defender en el Pacífico, por ejemplo si defender Filipinas o las colonias británicas en la costa china. Otro problema era que esta planificación táctica era incompatible con la política oficial de no dejar hacer a Japón y defender China. El Plan Dog fue aprobado por Roosevelt pero sus implicaciones no quedaban claras.

La Unión Soviética. La convergencia de fuerzas soviéticas y alemanas sobre los Balcanes en otoño de 1940 creó una atmósfera tensa entre los atípicos aliados y alimentó las especulaciones en todas las cancillerías sobre el inevitable enfrentamiento entre ambos colosos. Rumores aparte, Moscú siempre operó con esa posibilidad, por lo que, en aras de evitar una guerra en dos frentes, tenía interés en que Japón desistiera de estacionar fuerzas apuntando hacia ella en el norte de China, con lo que existía una sólida base para un entendimiento entre Moscú y Tokio.

Escuadrón "Ángeles del infierno" de cazas Curtiss P-40B, perteneciente a los
“Tigres voladores” (1942)

Imagen
Fuente: http://en.wikipedia.org/wiki/File:Hells ... s_1942.jpg

John Wayne es el capitán Jim Gordon en ... “Tigres voladores”, película de 1942
Imagen
Fuente: http://allynscura.blogspot.com.es/2010_ ... chive.html

Saludos a todos

■ IRIYE A ibid. p.117-122
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Re: Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensajepor Grossman » Dom Ago 19, 2012 10:22 pm

    / 2 El Pacífico desde el Pacto Tripartito a Barbarroja (2) invierno 1940 - primavera 1941 /
Política japonesa en China y sureste asiático a finales de 1940

A finales de 1940 Tokio lanzó una nueva e ingenua ofensiva diplomática en dirección Chungking en la que volvió a demostrar su profunda ignorancia de los sentimientos e intereses chinos, de lo que da idea las condiciones propuestas en una reunión de altos oficiales con el emperador el 13 de noviembre:

-unificación de los gobiernos de Wang y Chiang Kai-shek
-abandono de su política antijaponesa
-permitir el estacionamiento de tropas japonesas en Mongolia, Singkiang*, China norte y en el delta del Yangtze
-permitir la presencia de la armada japonesa en el Mar de China sur
-cooperar con Japón en el desarrollo de los recursos necesarios para la defensa nacional

* Sinkiang es una vasta región en China oeste, del tamaño de Manchuria, que linda con Mongolia Exterior, Unión Soviética y Tíbet.

Al final se dio cuenta de que sus iniciativas no eran correspondidas y se decidió a reconocer al régimen de Wang, quien el 29 de noviembre asumió la presidencia del nuevo estado títere con capital en Nangking. Tras ver las condiciones propuestas para llegar a un acuerdo para un alto el fuego con Chiang, es fácil hacerse una idea de los abusivos términos que dictaría para el tratado con Wang. Este fue acusado por las comunidades chinas de todo el mundo de vender el país, y Chungking publicó su nombre junto con el de otros altos funcionarios en una lista de los que serían juzgados por traición.

Los últimos meses de 1940 el alto mando nipón estuvo absorbido en tareas de planificación. La armada había asumido que un enfrentamiento con Estados Unidos era inevitable si Japón llevaba adelante su estrategia de expansión hacia el sur. Aunque la primera opción era conseguir los recursos de las de forma pacífica, contaban que las autoridades holandesas allí presentarían resistencia, por sentirse respaldadas por Estados Unidos y Gran Bretaña, y que si la tomaban por la fuerza, estas no se quedarían paradas, por lo que el escenario más probable era una guerra con estas también. En consecuencia, y así lo razonó Yamamoto Isoroku, el comandante de la Flota Combinada, la mejor opción era tomar la iniciativa golpeando primero en Filipinas, y prepararse para la respuesta de la US-Navy, es decir, tomando también las islas Marshall y las Bismarck, y convertir Manila en su base de operaciones. No había acuerdo con el alto mando del ejército; incapaz de concluir la guerra en China, no se veía preparado para un enfrentamiento con la Unión Soviética y menos con Estados Unidos, pero preparó planes para la ocupación de las posesiones holandesas y británicas en las Indias Holandesas y Malasia.

En lo que ejército y armada sí estaban de acuerdo era en la política respecto a Tailandia. Si Japón lograba aumentar su influencia allí tendría una posición ventajosa en una eventual confrontación con Gran Bretaña y Estados Unidos. Tailandia había brindado la oportunidad al dirigirse a ellos para reclamar territorios fronterizos en Indochina en disputa, aprovechando la debilidad francesa. Japón aspiraba a ejercer de mediador y a cambio obtener de los franceses concesiones en Indochina-sur. Así, a finales de diciembre de 1940, la declaración de Matsuoka del establecimiento de relaciones “estrechas e inseparables” con Tailandia constituía otro hito en la implementación del “nuevo orden” asiático, que en ese momento se vislumbraba como formado por Japón, Manchukuo, China, Indochina y Tailandia.

Japón propone una gran alianza con la Unión Soviética que queda en un pacto mutuo de neutralidad

Respecto a la Unión Soviética, no entraba en los planes japoneses un enfrentamiento a corto plazo. Por el contrario, animado por la firma del PT, Matsuoka elaboró una propuesta que iba más allá de la mera pacificación de la frontera común: era conformar un gran bloque de potencias revisionistas, las del el Eje y la Unión Soviética. Sería un medio que le permitiría asentar la esfera de influencia japonesa en Asia este: Japón garantizaría a la Unión Soviética el dominio de Mongolia Exterior, Sinkiang y eventualmente Afganistan, Irán e India, y la Unión Soviética a Japón Mongolia Interior, China norte y eventualmente Indochina, las Indias Holandesas y Malasia.

Esta propuesta fue presentada a finales de octubre a Molotov, que la recibió con frialdad. No había mención de Sakhalin sur, el territorio que Japón había recibido de Rusia tras derrotarla en 1905 y que desde 1920 explotaba para obtener petróleo y carbón.

La rivalidad entre Japón y Rusia por la soberanía de Sakhalin
era antigua, y en esta ocasión se interpuso en las negociaciones
de una alianza. Japón ocupaba dos quintas partes de un territorio
de considerable extensión, como se aprecia en el mapa

Imagen
Fuente: http://karate2sentena4.wordpress.com/20 ... taekwondo/

La Unión Soviética esperaba que, al menos, Japón cesara la extracciones, pero esto estaba fuera de cuestión para Matsuoka, que valoró que sería inaceptable para el ejército. De modo que las negociaciones quedaron paralizadas. Oshima habló con Ribbentrop para que ejerciera influencia sobre Moscú para desbloquear el asunto, pero cuando este se encontró con Molotov en Berlín en noviembre, el encuentro estuvo dominado por la tensión entre ambos países por la cuestión de Finlandia y los Balcanes, y por ese motivo el tema de una entente de cuatro potencias no estuvo sobre la mesa.

El proyecto de Matsuoka de un nuevo orden mundial tenía que contar con la Unión Soviética para tener éxito, por lo que decidió hacerse cargo directamente. Viajaría a Berlín con escala en Moscú a la ida y a la vuelta, con sendas entrevistas con Stalin. La partida se retrasó hasta marzo porque hubo numerosas deliberaciones para llegar a un consenso sobre qué información podría compartir con Alemania y, por otra parte, porque en su agenda constaba como pendiente la conclusión del tratado con Tailandia y la mediación entre esta e Indochina. Fue entonces cuando se empleó por primera vez, de forma oficial, el concepto de “Esfera de Co-Prosperidad en el Gran Este Asiático”, pero con cuidado de no nombrar todavía las Indias Holandesas ni Malasia. La facilidad con que Tailandia y la Indochina francesa cerraron el acuerdo, aunque en perjuicio de esta, quitó a Japón la oportunidad de ocupar el sur del territorio.

Cuando Matsuoka se entrevistó con Stalin a la ida, expuso su idea de reducir la influencia anglo-estadounidense en el mundo. En Berlín se entrevistó con Hitler y Ribbentrop, y allí supo de primera mano del deterioro de las relaciones entre alemanes y soviéticos. Alemania esperaba que Japón estuviera dispuesta a atacar Singapur para debilitar a Gran Bretaña, pero Matsuoka había sido claramente advertido, antes de partir, de que no podía suscribir ningún tipo de compromiso de ayuda militar a Alemania en su enfrentamiento a Gran Bretaña y eventualmente Estados Unidos. Al final el encuentro no dio resultados; ni Alemania obtuvo el compromiso del ataque a Singapur, ni Japón logró arrancar el de un pacto a cuatro partes.

En abril emprendió la vuelta y se entrevistó con Stalin y Molotov de nuevo. En ese intervalo la posibilidad de una guerra con Alemania había ganado muchos enteros por lo que urgía a los líderes soviéticos tener garantías de no tener un segundo frente en Siberia. El 13 de abril firmaron un tratado del neutralidad, en virtud del cual Japón se mantendría neutral en caso de guerra germano-soviética y respetaría la integridad de Mongolia Exterior, y la Unión Soviética, por su parte, respetaría la de Manchukuo.

Matsuoka en Berlin con Keitel. A la derecha de la imagen Stahmer (el enviado que negoció el Pacto
Tripartito en Tokio) y a la izquierda y detrás Heinrich Lammers (28.3.1941).

Imagen
Fuente: http://en.wikipedia.org/wiki/File:Bunde ... suokas.jpg

■ IRIYE A ibid. p.123-134
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Re: Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensajepor Grossman » Lun Ago 20, 2012 9:23 am

    / 2 El Pacífico desde el Pacto Tripartito a Barbarroja (3) primavera - verano 1941/
La entente ABCD y comienzo de las conversaciones Nomura-Hull

Las dificultades de la política exterior de Japón alimentaron la esperanza en Washington de que tarde o temprano sucumbiría a la presión y al aislamiento, y entonces comprendería la inviabilidad de su proyecto asiático.

Mientras se esfumaban las ilusiones japonesas sobre un “bloque revisionista”, oficiales estadounidenses, británicos y holandeses elaboraban una política de compromiso para acciones conjuntas económicas y militares para contener a Japón: concentración de la US Navy en el Pacífico, emplazamiento de bases aéreas en China, ayuda a la guerrilla china, ayuda financiera y equipamiento para el Kuomintang, etc. Aunque estos programas necesitaban de la aprobación de los respectivos gobiernos o representantes, significaba la conformación de una entente que, con China incluida, se denominó “ABCD” (American, British, Chinese, Dutch).

El siguiente movimiento de Japón fue tratar de romper esa entente mediante algún tipo de acuerdo unilateral con Estados Unidos. En Washington se interpretó este paso, junto con otros hechos, como la presencia de una delegación de misioneros católicos con supuestos mensajes de paz de Japón (fue un montaje), y que el nombramiento como embajador hubiera recaído en la persona del almirante Nomura Kichisaburo, el antiguo ministro de exteriores y favorable a un acuerdo con Occidente, como un posible signo de que las posturas moderadas estaban imponiéndose en Tokio. Hull accedió a mantener conversaciones y, confiado en ostentar una posición ventajosa, dio al embajador una lista con los cuatro principios fundamentales para una política conjunta en el Pacífico:

-respeto a la integridad territorial
-no interferencia
-igualdad de oportunidades comerciales
-empleo exclusivo de medios pacíficos para modificar el status quo

Es decir, la vuelta a los principios del “Espíritu de Washington” de los años 20. Los japoneses estaban muy lejos de aceptar algo parecido y habían albergado la esperanza de que Estados Unidos reconocería los hechos consumados en Asia.

Aunque estas posturas eran irreconciliables, Washington decidió seguir adelante con las conversaciones por motivos tácticos: ganar tiempo para el rearme que, según los expertos, no estaría en un punto de permitir entrar en una guerra hasta mediados de 1942. Por otra parte, Hull se había propuesto ser parco en concesiones a Japón para no dañar la moral china, en horas bajas tras el pacto de neutralidad soviético-nipón. Preocupaba al Kuomintang que este acuerdo permitiera a Japón liberar tropas que entonces se emplearían contra ellos. Por añadidura, Chiang Kai-shek recelaba de que las conversaciones entre Washington y Tokio acabaran en un compromiso en el que China pudiera quedar sacrificada. Estados Unidos quería tranquilizar a su aliado despejando cualquier tipo de dudas en este aspecto, para lo que se trasladó a Chungking un enviado especial del presidente y se estableció comunicación directa entre ambos mandatarios. Hasta donde sí estaba dispuesto a ceder Washington era en Manchuria, al menos a pasar por alto el asunto durante un tiempo.

También en Berlín había recelos - como se encargó de transmitir Oshima - ante la posibilidad de un acuerdo entre Japón y Estados Unidos que pudiera resultarle perjudicial, sobre todo tras la negativa japonesa de comprometerse en un ataque a Singapur.

Conociendo las simpatías de Nomura, Matsuoka le había advertido que no podía desmarcarse del acuerdo con Alemania. En efecto, el embajador trató de neutralizar el efecto adverso del PT para la negociación con Estados Unidos, subrayando el hecho de que este pacto no obligaba a Japón a participar en una guerra de Alemania contra Estados Unidos si esta última no era la agresora, una eventualidad harto improbable dado el estado de la opinión pública y del rearme estadounidenses.

■ IRIYE A ibid. p.134-8
Espérame y yo volveré, pero espérame mucho
Espérame cuando las tristes lluvias lleguen, y cuando el calor llegue no dejes de esperar
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Re: Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensajepor Grossman » Mar Ago 21, 2012 10:02 am

            / junio - julio 1941 /
¡Hola!

Aunque este capítulo abarca sólo un mes - del 22 de junio al 24 de julio de 1941 - en ese tiempo las políticas exteriores de Japón y Estados Unidos dieron pasos fundamentales. El ataque alemán a la Unión Soviética obligaba a Japón a replantear su postura respecto a este, pero sobre todo, tuvo lugar la penúltima de las decisiones fatales del liderazgo japonés: la de invadir Indochina sur.

*

3. El Pacífico desde Barbarroja a la invasión de Indochina sur

El reacción japonesa a Barbarroja

Barbarroja enterró definitivamente el proyecto de una gran alianza con la Unión Soviética, no obstante, brindaba a Japón oportunidades nuevas, como posponer transitoriamente la expansión hacia el sur y atacar a aquella.

Konoe comprendió enseguida que tras sufrir el ataque por parte de Alemania, la Unión Soviética solicitaría automáticamente la ayuda de Gran Bretaña y Estados Unidos, con lo que quedaría integrada en la alianza anglo-estadounidense, lo que implicaría un mayor aislamiento y elevar el listón de un enfrentamiento contra todos. Propuso en consecuencia un giro de 180 grados en la política exterior: reconocer el error de la alianza con Alemania, reconsiderar una aproximación a Estados Unidos y aceptar el precio de renunciar a las ganancias en territorio chino, pero resultaba inaceptable para Matsuoka y la derecha nacionalista, así como para los militares que verían por el suelo su prestigio y estatus.

Un sector del ejército opinaba que el mundo estaba ya dividido en dos bandos, Alemania, Italia y Japón por un lado, y Estados Unidos, Gran Bretaña, China y Unión Soviética en el otro, y que era tarde para cambiar, y que un ataque en ese momento a la Unión Soviética ayudaría a eliminar a uno de los socios de la alianza enemiga. Otro sector objetaba que esa elección quitaría fuerzas y recursos para la guerra en China y la expansión hacia el sureste asiático, y que sin los recursos de esa región Japón no podría sostener una guerra prolongada con la Unión Soviética. Su propuesta era mantenerse preparados esperar al desenlace del enfrentamiento germano-soviético. La armada se inclinó por esta línea también, valorando la dificultad añadida que suponía la incorporación de la Unión Soviética al frente enemigo.

Matsuoka especulaba con una derrota soviética y consiguiente claudicación británica, con lo que, expuso, se abría la oportunidad para Japón de atacar a la Unión Soviética, pero debía actuarse pronto y no dar tiempo a que conformara una alianza con Estados Unidos. Un ataque hacia el sur llevaría directamente a una guerra en el Pacífico contra las naciones ABCD, y lo peor en todo caso, según su criterio, era precisamente la inacción, el esperar a los acontecimientos europeos.

Más sobre Japón y Barbarroja en este hilo del amigo José Luis: La actitud de Japón ante Barbarroja

La reacción aliada a Barbarroja

Tras la invasión alemana de la Unión Soviética, Estados Unidos y Gran Bretaña se comprometieron a ayudarla; “si los rusos logran resistir a los alemanes hasta el 1 de octubre, tendrá un gran valor para derrotar a Hitler” había proclamado Roosevelt, y Churchill: “cualquier hombre o estado que combata contra el nazismo tendrá nuestra ayuda”. Estados Unidos extendió el “Lend & Lease” y desbloqueó el patrimonio soviético congelado desde la invasión de Finlandia. Además, para garantizar las mejores condiciones a la defensa de la Unión Soviética, Estados Unidos advirtió a Japón, mediante un mensaje personal de Roosevelt a Konoe, contra cualquier tentación de atacarlo.

La decisión de invadir Indochina sur

Desde finales de junio hasta el 2 de julio se sucedieron una serie de discusiones entre la cúpula militar, civil e imperial en torno a las tres opciones propuestas por ejército, armada y la de Matsuoka. En esa fecha se celebró una conferencia imperial, y al final de la misma el emperador ratificó con su sello la política exterior del país, en la que sería la más grave de las decisiones que tomó Japón antes de la de atacar a Estados Unidos. Reflejada en un documento llamado “Líneas de política nacional en vista del cambio de situación”, estipulaba:

- reafirmar el proyecto “Esfera de Co-Prosperidad del Gran Asia Este”
- apropiación de bases en Indochina sur
- apropiación de enclaves occidentales en China en el momento propicio
- continuar preparativos para la guerra contra la Unión Soviética
- la decisión sobre la guerra contra la Unión Soviética dependerá de la situación internacional
- la expansión hacia el sureste de Asia no se detendrá por la posibilidad de una guerra con Estados Unidos
- defensa del territorio propio y preparación para la guerra contra Gran Bretaña y Estados Unidos

Konoe proclamó en la inauguración, en referencia a la “Esfera de Co-Prosperidad del Gran Asia Este”: “es de esperar que en el intento de alcanzar estos objetivos nuestro imperio encuentre interferencias y obstrucción desde diversos lados. Pero dado que nuestro imperio debe alcanzar estos objetivos, dejamos clara nuestra firme determinación de quitar de en medio todos los obstáculos”. Hara Yoshimichi, el Presidente del Consejo Privado, advirtió que habría guerra con Estados Unidos y Gran Bretaña si Japón invadía Indochina sur, Matsuoka admitió que existía esa posibilidad, pero Sugiyama Gen, el jefe del EMG del ejército, pronosticó que no lo haría debido al éxito alemán contra los soviéticos.

La decisión final era una fusión de todas las propuestas, por lo que implicaba enfrentamientos con todos los enemigos y donde las prioridades se establecerían conforme el curso de la guerra en Europa, es decir, se atacaría la Unión Soviética si esta sucumbía ante Alemania. El control de Indochina se efectuaría inicialmente por medios diplomáticos, pero se recurriría a la fuerza de inmediato en caso de no prosperar, y serviría para atacar al Kuomintang en las provincias que este controlaba al sur de China, cortar el suministro que pasaba por Birmania, amenazar Tailandia y Malasia, y en general, formar parte de la defensa contra Gran Bretaña y Estados Unidos.

Matsuoka desesperaba por la irracionalidad de ese planteamiento y trató en vano de convencer a la cúpula militar de la necesidad de establecer prioridades más definidas; esta, según su criterio, debía ser a favor de un ataque hacia el norte. El ataque hacia el sur debía aplazarse unos seis meses, cuando la Unión Soviética estuviera derrotada y la situación estratégica propia fuera más favorable. Advirtió, además, contra una invasión de Indochina, porque acarrearía una guerra prematura con Gran Bretaña y Estados Unidos. Hara (el Presidente del Consejo Privado) le apoyó. Sugiyama (el jefe del EMG del ejército), por el contrario, argumentó que un avance hacia el sur serviría para cortar los vínculos de China con las potencias occidentales y que si estas los embargaban, permitiría hacer frente a sus necesidades mediante las concesiones en suelo chino. Y mientras, podrían ir preparándose para la guerra con la Unión Soviética. También el jefe de operaciones navales, Nagano Osami, estaba a favor de la expansión hacia el sur para poder prepararse para la guerra contra ABCD. El alto mando valoró que la guerra germano-soviética era el principal foco de guerra en el mundo y que su desenlace determinaría si Estados Unidos y Gran Bretaña tomarían parte en el conflicto asiático. Calculaban que el enfrentamiento con las potencias anglosajonas tendría lugar tarde o temprano, y estimaban que la posición japonesa sería más fuerte con la incorporación de Indochina.

La decisión en favor de la expansión hacia el sur fue tomada sobre el trasfondo de una economía donde la producción se resentía de forma acusada por las restricciones a la importación de los productos que Estados Unidos consideraba de importancia estratégica, pero que tenía visos también de una guerra económica no declarada. En diciembre el embargo se había extendido a mineral de hierro, acero y productos de acero, todo tipo de herramientas, cobre, latón, bronce, zinc, níquel y potasa, y cada semana continuó añadiéndose algún producto nuevo a la lista.

Dificultad de la estrategia “norte” y salida de Matsuoka

La preparación de la guerra contra la Unión Soviética, la “Cuestión del norte” como se la denominaba, suponía el envío de 850.000 soldados, 16 divisiones, a Manchuria, donde debían permanecer en estado de alerta para una guerra contra la Unión Soviética que se esperaba poder lanzar a partir del 1 de septiembre. Esos efectivos fueron calculados con la suposición de que la Unión Soviética enviaría a Europa la mitad de su contingente siberiano, pero poco después la inteligencia dio cuenta de que los soviéticos mantenían fuerzas muy superiores y que ni el Ejército Rojo daba señales de colapso en Europa ni el gobierno soviético tampoco. Esta información implicaba que Japón tendría que corresponder con un incremento de sus fuerzas por encima de la cifra antes estimada, por lo que el EMG calculó que la ofensiva contra la Unión Soviética no podría comenzar hasta después del invierno.

En este hilo se explica la operación soviética de engaño para hacer creer a Japón que tenía más fuerzas desplegadas en Siberia de las reales: Los milagros de un héroe desconocido.

El 16 de julio Matsuoka fue apartado del gobierno. Constituía el símbolo del compromiso con el Eje y era un obstáculo en el entendimiento con Estados Unidos que buscaba ahora Konoe, en un nuevo giro de su política exterior. El modo de hacerlo fue mediante la conformación de un nuevo gabinete, donde la cartera de exteriores se asignó al almirante Toyoda Teijiro, inclinado a un entendimiento con Estados Unidos. Un problema que implicaba el cambio era que Konoe estaba también en contra de la invasión de Indochina sur, por lo que apartar a Matsuoka jugaba en su contra.

Al final las intenciones de Konoe de un acercamiento a Estados Unidos no prosperaron cuando pocos días después el ejército le exigió que cumpliese con los compromisos del 2 de julio y el primer ministro no pudo oponerse.

La invasión de Indochina sur

Cronología:

- el 3 de julio el ejército da la orden de ocupación, que en principio debe ser pacífica
- Washington está al tanto de los planes japoneses a través de “Magic”; los “halcones” (Morgenthau, Stimson, Ickes) proponen un embargo inmediato y total de petróleo, pero Welles, que representa a Hull, y la Navy se oponen
- el 4 Roosevelt envía un telegrama a Konoe preguntando si Japón tiene intención de atacar la Unión Soviética, advirtiendo que una agresión japonesa tendrá consecuencias
- el 14 Japón presenta a Francia una petición para estacionar tropas en Indochina sur
- el 19 Toyoda comunica a Vichy una fecha límite para una respuesta el día 23
- el 23 Washington intercepta el ultimátum japonés a Francia
- el 24 Stark, el jefe de operaciones navales, envía un memorando a Roosevelt: la Navy es contraria a la imposición de un embargo
- el 24 por la tarde Roosevelt ofrece a Nomura un entendimiento siempre que no se produzca una ocupación de Indochina, e insinúa un embargo de petróleo
- el 24 Vichy autoriza a Japón a estacionar tropas en Indochina sur
- el 24 comienza la ocupación

Ese día (no existe acuerdo sobre si fue esa fecha y algunos autores lo sitúan el 28) tropas japonesas entraron en Saigón. La importante base naval de Cam Ranh fue ocupada con fuerzas terrestres pues Japón no quería alarmar a los aliados movilizando su flota, y esta permaneció amarrada en las islas madre. Los días siguientes fue ocupando los aeródromos y el resto del territorio y estacionó un total de 40.000 soldados. Aunque bajo dominio japonés, se conservó la administración francesa del territorio.

Invasión de Indochina sur (1941). En el mapa se aprecia el alcance de la amenaza de ese movimiento sobre las colonias holandesas y británicas
Imagen
elaboración propia

Bahía de Cam Ranh. Sus aguas profundas y forma cerrada la convierten en una base naval natural, desde la que en 1941 Japón podía proyectar su armada sobre las colonias aliadas
Imagen
Fuente: http://maithanhhaiddk.blogspot.com.es/2 ... o-hoi.html

*

Saludos cordiales

■ IRIYE A ibid.p.140-9
■ COSTELLO J “The Pacific War 1941-1945” Harper (1981) p.92-3
■ NOBUTAKA IKE (trad.) “Japan's Decision for War: Records of the 1941 Policy Conferences” Stanford University Press (1967) p.77-90 en vista previa de Google Books
http://books.google.es/books?hl=es&lr=& ... ce&f=false
■ RECORD J ibid. 15-6, 34-5
● The Route South: The Japanese Occupation of Southern Indo-China, and the American Embargo http://www.microworks.net/pacific/road_ ... _south.htm
Espérame y yo volveré, pero espérame mucho
Espérame cuando las tristes lluvias lleguen, y cuando el calor llegue no dejes de esperar
Espérame y yo volveré para que la muerte rabie
No comprenderán jamás los que jamás han esperado, cómo tú del fuego me salvaste
Es que sencillamente me esperaste como nunca nadie me esperó
****************** Konstantin Simonov ******************

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Re: Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensajepor Grossman » Mié Ago 22, 2012 1:40 pm

            / julio - agosto 1941 /

    “Los americanos infravaloraron el papel del miedo y del honor en los cálculos japoneses, y sobreestimaron la eficacia de las sanciones económicas como elemento disuasivo de la guerra, mientras que los japoneses infravaloraron la cohesión y la resolución de una sociedad americana provocada, y sobrevaloraron el coraje militar propio como medio de vencer la superioridad material de Estados Unidos”

    Douglas C. Lovelace *

¡Hola!

Con este capítulo entramos en el tramo final de este preludio, los últimos hechos y decisiones antes del ataque a Pearl Harbor. Japón, incapaz de dar marcha atrás en su política de expansión, fue presa del fatalismo, y Estados Unidos, atado en una negociación que debía satisfacer también a sus aliados, no fue capaz de hacer concesiones ni corregir errores de su política de embargo, y se encomendó a una táctica de marear la perdiz para ganar el tiempo que necesitaba su rearme.

*

Capítulo 4. De la invasión de Indochina sur a Pearl Harbor

La respuesta de Estados Unidos a la invasión de Indochina sur

Las deliberaciones sobre las medidas a tomar contra la expansión japonesa comenzaron antes de la ocupación del sur de Indochina y se enmarcaron en la estrategia general de Estados Unidos contra el Eje, donde la supervivencia de la Unión Soviética tenía una importancia capital, por lo que, según algún autor (Heinrichs) era incluso más importante que Japón no la atacara en Siberia que el que se apoderara de las colonias británicas y holandesas. Bajo ese punto de vista, a la hora de decidir, pudo haber optado por un cierto dejar hacer en el sur para distraer fuerzas japonesas allí, y asegurar que los soviéticos no sufrieran un ataque y se vieran en una guerra en dos frentes, sin embargo, al final Estados Unidos trató de disuadir a Japón en ambas direcciones.

Pesaba también en Roosevelt el malestar de una opinión pública contrariada por la venta de productos petrolíferos a Japón. Se habían publicado fotografías del embarque de barriles de gasolina destinado a Japón en la costa oeste, y se anunciaba el racionamiento del consumo en la costa este. Cuando el 24 de julio Roosevelt habló con el embajador Nomura le expuso que no tenía argumentos para explicar a una población que sufría restricciones de petróleo que, en cambio, lo continuaría exportando a Japón pese a contribuir a su agresiva política exterior.

Un embargo completo de petróleo disuadiría a Japón de atacar a la Unión Soviética pero la empujaría a lanzarse sobre las Indias Holandesas, y en ese caso también sobre las colonias británicas. La idea de Roosevelt era imponer un embargo parcial y flexible, es decir, que la espita estaría abierta más o menos dependiendo del comportamiento de Japón. El modo sería mediante la congelación del capital japonés y someter este y todos los productos petrolíferos a un sistema de licencias, mediante el que Japón podría adquirir cierta cantidad de petróleo pero no la gasolina ni lubricantes de aviación. El procedimiento necesitaba una elaboración que Roosevelt encargó el 19 de julio a Welles, el segundo del DE. El día 24 el presidente dejó claro ante su equipo y el mando militar que la medida de congelar los activos japoneses sería en una cuantía por la que Japón no se vería abocada a invadir las Indias Holandesas porque podría adquirir gasolina de bajo octanaje y petróleo en las cantidades que compró en 1935 y 1936. Se haría un anuncio público de la medida de bloqueo de los activos japoneses, pero no del embargo selectivo de productos petrolíferos.

El día 25 Estados Unidos anunció públicamente la congelación de capital japonés, que a partir de entonces se hallaría bajo un sistema de licencias para desbloquear la cantidad necesaria para adquirir productos permitidos para la exportación. En ese anuncio no se hablaba de embargos, prohibiciones o cuotas, temas que permanecieron en una nube de incertidumbre. Los días siguientes Gran Bretaña, Filipinas, Nueva Zelanda y Holanda hicieron lo mismo.

Al lado de esta medida económica, Roosevelt tomó una serie de decisiones de carácter militar:

- el cuerpo de observadores que había enviado a Chungking para control del “Lend&Lease” pasó a ejercer funciones de asesoramiento militar
- autorizó el estacionamiento de una unidad de voluntarios en China consistente en 100 pilotos y 500 naves
- ordenó la integración del ejército filipino (que se había creado ante la inminente independencia de la colonia) en las fuerzas armadas de Estados Unidos
- ordenó la creación de un nuevo mando para la defensa de Filipinas, el New Eastern Command, a las órdenes del general Douglas MacArthur

Además, si hasta entonces Washington se había resignado ante la idea de que Filipinas no era defendible por medios navales, el desarrollo del arma aérea y en particular del empleo ofensivo de un nuevo modelo de bombardero, la “fortaleza volante" B-17, despertó la esperanza primero y después verdadero optimismo ante la posibilidad de que un grupo de esta arma con base en Filipinas pudiera disuadir a Japón de la tentación atacar en dirección sur. Además, serviría para satisfacer a los británicos que exigían a Estados Unidos garantías para Singapur. Con lo que Roosevelt decidió convertir Filipinas en un bastión que dispondría de 36 B-17 así como de otros aparatos nuevos.

La reacción de Japón a las medidas de Estados Unidos

Estas medidas demostraban el grave error de juicio japonés sobre las intenciones estadounidenses. El mismo día 24 de julio el titular de exteriores, Toyoda, había pronosticado que no le impondría un embargo completo y que en todo caso estaría interesado en continuar con las conversaciones diplomáticas. El alto mando militar, por su parte, había valorado también que la ocupación de Indochina no constituía un casus belli mientras no llegaran más lejos, es decir, Singapur, Filipinas o Indonesia-Malasia, por lo que su pronóstico era que, para no agravar la crisis, Gran Bretaña y Estados Unidos no harían nada.

El gabinete Konoe y el alto mando estaban de acuerdo en que el anuncio de la congelación de activos era equivalente a un embargo completo, y por tanto, prácticamente a un acto de guerra y que Japón debía pensar si respondía militarmente apropiándose del territorio indonesio-malayo. Esta acción debería tener lugar relativamente pronto porque el tiempo corría a favor de Estados Unidos que lo necesitaba para completar su rearme. Y en contra de Japón, cuyas reservas de petróleo no alcanzaban para sobrevivir más de dos o tres años, que podría ser menos en caso de guerra. El cálculo del período óptimo para Japón era atacar antes de cuatro meses, lo más tarde en diciembre.

Una consecuencia de la medida tomada por Estados Unidos es que incluso en el sector más obstinado del alto mando japonés cundió el pesimismo respecto a las posibilidades de éxito en una confrontación con la Unión Soviética, ya que esta estaba alineada ya con los ABCD. Unos sentimientos que las noticias del atasco de Barbarroja a finales de julio no hizo más que acrecentar. En agosto, cuando debía haber comenzado la ofensiva contra la Unión Soviética según el plan del EMG, viendo que no era posible en ese momento y que Alemania no sería capaz de derrotarla tampoco, al menos en lo que quedaba de año, celebró una serie de deliberaciones sobre la estrategia norte. El 9 de agosto decidió descartar indefinidamente un ataque a la Unión Soviética aunque dejaría estacionadas en Manchuria 16 divisiones; a partir de entonces su estrategia giraría exclusivamente alrededor de la confrontación con la entente ABCD.

Respecto a la crisis con Estados Unidos, había discrepancias entre la armada y el ejército. Aquella consideraba que el enfrentamiento a Estados Unidos era todavía evitable, dependiendo de los acontecimientos en Europa y de las conversaciones en Washington. Pero el ejército no confiaba en que esos contactos diplomáticos dieran un resultado aceptable, y debido al tiempo que requería una movilización, alrededor de un mes, y que una vez movilizado el país era difícil dar marcha atrás, proponía el ataque a Estados Unidos en una fecha determinada. Para la armada la cuestión del embargo petrolífero era fundamental en la decisión de ir a la guerra, es decir, que se podría evitar esta si se anulaba el embargo, pero para el ejército no era suficiente, porque juzgaba que Estados Unidos y el resto de la entente enemiga, no pararían hasta que Japón renunciara a la doctrina del “nuevo orden”.

Japón no tenía planes concretos para ese súbito viraje de su estrategia. Faltaban sobre todo planes de coordinación entre armada y ejército y hubieron de esperar hasta el 6 de septiembre para poder plasmar uno en papel. Los objetivos trazados comprendían Filipinas, Indonesia, Malasia, Indochina, Tailandia, Singapur y Birmania. El ejército insistía en un primer ataque a Malasia como trampolín a Indonesia, y a Birmania, para cortar la ayuda a China. Para la armada, por el contrario, la prioridad debía ser un ataque a Filipinas, por la ventaja que su posesión daría en un enfrentamiento con Estados Unidos. El jefe de la Flota Combinada, Yamamoto Isoroku, pensaba que Japón no tenía posibilidades reales de vencer a Estados Unidos, pero que si de todas formas esta guerra iba a tener lugar, la mejor baza era un ataque aeronaval a la base de la flota americana en Hawai. Este ataque, argumentaba, daría a Japón una transitoria superioridad táctica que le daría tiempo para levantar un imperio en el sureste asiático, así como un cinturón de defensa.

*
Saludos

■ IRIYE A ibid.p.147-152
■ UTLEY JG ibid.p.151-4
■ HEINRICHS W ibid. 135-6
* RECORD J ibid. p.V
Espérame y yo volveré, pero espérame mucho
Espérame cuando las tristes lluvias lleguen, y cuando el calor llegue no dejes de esperar
Espérame y yo volveré para que la muerte rabie
No comprenderán jamás los que jamás han esperado, cómo tú del fuego me salvaste
Es que sencillamente me esperaste como nunca nadie me esperó
****************** Konstantin Simonov ******************


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