El cuerpo de ataque especial KAMIKAZE

La guerra en el Pacífico

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Erich Hartmann
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El cuerpo de ataque especial KAMIKAZE

Mensajepor Erich Hartmann » Mar Jun 14, 2005 4:06 am

El cuerpo de ataque especial KAMIKAZE

La posibilidad de que Japón saliese derrocado de la Segunda Guerra Mundial implicaba el deber de todo soldado de inmolarse por su patria. Sin embargo, pese a su sacrificio, los pilotos suicidas no consiguieron alterar el curso del conflicto ni tan siquiera causar los daños que esperaban

PRÓLOGO: LA SITUACIÓN A FINALES DE 1944.

En otoño de 1944 las fuerzas a navales niponas se encontraban en una patética inferioridad frente al creciente poderío norteamericano. La tremenda derrota sufrida en junio ante la 5 Flota en la batalla que se conoce como «la gran cacería de pavos de las Marianas», que supuso la pérdida de ese estratégico archipiélago, puso de manifiesto que la guerra estaba perdida. De hecho, el belicoso general Hideki Tojo, principal instigador de la guerra dimitió de su puesto de primer ministro a consecuencia del desastre. Otros significados a mandos militares se suicidaron. Las razones de ese vuelco en la situación militar en el Pacífico eran múltiples pero se pueden resumir cu las tres siguientes:

a) La desaparición de la reducida elite de pilotos aeronavales japoneses que asombraron al mundo en los comienzos de la guerra. Estos pilotos se perdieron en la batallas del mar del Coral, de Midway yen las que se dieron en torno a Guadalcanal. Los insuficientes planes de formación de pilotos aeronavales unidos al terrible desgaste de las ha en las islas Salomón impidieron que esa fuerza pudiera ser reconstruida.
b) El desarrollo constante de la aviación norteamericana. Mientras que en 1944 Japón aún dependía de los Zero, sus enemigos habían superado la colección de aparatos obsoletos con los que tuvieron que enfrentarse a la ofensiva japonesa (aunque siguieran utilizando los Grummann F4F Wildcar en misiones de segunda línea). Ahora disponían y en grandes cantidades, de aparatos como los Grummann F6F Hellcat, Vought F4U Corsair o Lockheed P Lightníng que superaban a los Zero prácticamente en todo. Además, gracias al gran desarrollo de su aviación civil, nunca tuvieron escasez de pilotos con experiencia.
c) El apabullante despliegue de tecnología, hombres y medios (barcos aviones, armas, radares, transportes, comunicaciones, pertrechos...) que la industria norteamericana enviaba a los frentes (1).
A primeros de octubre de 1944 los norteamericanos reanudaron la ofensiva aérea contra Filipinas, Formosa y Okinawa. Las pérdidas de la l Flota Aérea (vicealmirante Kimpei Teraoka) con base en Filipinas fueron enormes. El día 12 se produjo otro gran encuentro aéreo en las inmediaciones de la isla de Formosa, base de la 2ª Flota Aérea. Doscientos treinta cazas Zero se enfrentaron a los Hellcat y Corsair norteamericanos. El resultado no pudo ser más catastrófico para los japoneses. El propio Shigeru Fukadome, vicealmirante al mando de esa fuerza, que presenció los combates que se desarrollaron sobre su propia base, comentó que «es como lanzar huevos contra un muro de piedra». Sin embargo, a pesar de lo que había visto con sus propios ojos, los informes de los aviadores que se habían dirigido contra la flota norteamericana eran tan triunfalistas que el Alto Mando decidió enviar para «rematar» al enemigo a los nuevos grupos aéreos de los porta aviones que, bajo el mando de Ozawa, ya estaban realizando la fase final de su adiestramiento. El resultado volvió a repetirse y los aviones japoneses fueron exterminados sin que llegaran a tener oportunidad de atacar a los buques deja flota. En dos días perdieron unos 600 aparatos y los portaaviones de Ozawa se volvieron a quedar sin los grupos aéreos de combate que con tanto esfuerzo habían venido preparando en los últimos meses. El 17 de octubre, en vísperas de la invasión de Filipinas, Teraoka fue relevado del mando y sustituido por el prestigioso vicealmirante Takijiro Onislu,
Al iniciarse la esperada invasión, Japón puso en marcha una de las variantes del plan Sho prevista para esa circunstancia, La invasión tenía lugar en Leyte, en la costa oriental de las Filipinas, y estaba a cargo de una gran fuerza de desembarco cuya protección y apoyo inmediato correspondían a la 7ª Flota USA mientras que la todo poderosa 3ª Flota se mantenía a la expectativa para destruir las fuerzas aeronavales japonesas en el caso de que éstas intervinieran. El plan Sho consistía básicamente en que el grueso de las fuerzas navales japonesas bajo el mando de Kurita, atravesara Filipinas desde Borneo para destruir las fuerzas de desembarco norteamericanas, Para facilitar su tarea la fuerza de portaaviones de Ozawa prácticamente sin aviones, actuaría como cebo para distraer la atención de la 3ª Flota USA. La cobertura aérea de las fuerzas de Kurita estaba a cargo de la 1ª Flora Aérea, con base en tierra, reforzada con la 3ª Flota Aérea que, desde Formosa, se trasladó el día 23 de octubre a bases terrestres en la isla de Luzón.
Fukudome, convencido de que sus aviones serian aniquilados de todos modos, en vez de tratar de proporcionar cobertura aérea a la flota de Kurita, prefirió atacar a la 32 Flota norteamericana con los resultados previsibles: sus aviones fueron exterminados por los Hellcat aunque, en un golpe afortunado, lograran acabar con el portaaviones ligero Princeton.
La operación transcurría con aparente normalidad para los norteamericanos. No obstante, a consecuencia de fallos de comunicación y de algunas polémicas decisiones, la flora de Kurita, integrada por el núcleo de acorazados de la Flota Imperial, el 25 de octubre apareció acosando a un grupo de portaaviones de la 7 Flota, el de Clifton Sprague. Mientras los otros grupos de portaaviones hacían lo que podían para escapar de semejante amenaza, el grupo situado más al Sur, el de Thomas Sprague, vivía una nueva experiencia.
A las 7,40 h. del 25 de octubre un Zero, armado con una bomba de 250 Kg., inició un ataque contra uno de sus portaaviones de escolta de la 7ª Flota, el Santee, y se estrelló contra su cubierta causando graves daños. Lo que había llamado la atención de los que presenciaron su ataque fue el hecho de que el piloto no hizo una maniobra convencional para lanzar la bomba, sino que se estrelló deliberadamente con su aparato contra e1 objetivo: aún no lo sabían pero acababan de soportar el primer ataque kamikaze. Tras este Zero aparecieron otros cuatro más: tres de ellos fueron derribados por las defensas antiaéreas y el último alcanzó al Suwane y dañó su cubierta. Pocos minutos después. el Santee recibía un torpedo, procedente del submarino 1-56. Aun así, el pequeño portaaviones consiguió reparar sus daños y poco después seguía operando.


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Mensajepor Erich Hartmann » Mar Jun 14, 2005 10:56 pm

La creación

El origen de estos ataques estaba en la 1ª Flota Aérea Naval, Anteriormente se ha comentado cómo esta fuerza había sido diezmada y su jefe había sido relevado, en vísperas de la invasión, por Onishi. Cuando éste comprobó la penuria de medios y la falta de preparación de los pilotos de esta flora, decidió poner en práctica tácticas suicidas. Su plan fue rechazado inicialmente por Fukudome, pero tras obtener la autorización del comandante en jefe de la Flota Combinada, almirante Soemu Toyoda, Onishi se desplazó el día 19 de octubre para entrevistarse con los mandos de una de sus unidades, el grupo aéreo 201 con base en Mabalacat, próxima a Manila. Ante la ausencia casual de sus jefes (Takai Yimamoto y Tadashi Nakajima) mantuvo la reunión con su jefe accidental, el comandante Asaichi Tamai. Fue este último quien reunió a un grupo de jóvenes pilotos, escasamente adiestrados, a los que dirigió una encendida arenga con los argumentos ya esgrimidos por Onishi frente aToyoda. Les expuso lo desesperado de la situación, la superioridad de los Hellcat y Corsair enemigos, la imposibilidad de hacer frente, por medios convencionales, a la 5ª (3ª) Flota USA, lo crucial que resultaba la defensa de las Filipinas cuya caída significaría la pérdida definitiva de la guerra, la falta de medios y de tiempo para preparar tripulaciones que pudieran formar un grupo aéreo capaz de efectuar ataques decisivos contra los buques norteamericanos,..
A continuación les hizo su propuesta: un reducido grupo de hombres decididos podía superar todos esos obstáculos simplemente estrellándose con su avión cargado de bombas contra los buques enemigos: sólo contra los portaaviones y los acorazados. No se necesitar muchos pilotos; bastarían unas docenas, ya que la aritmética era fácil: un hombre, un barco. Obviamente, ya no sería preciso el largo aprendizaje de la compleja maniobra de obtener el correcto ángulo de lanzamiento y la posterior recuperación del nivel de vuelo propios de un ataque en picado ni la arriesgada aproximación necesaria para efectuar un ataque a ras de agua o torpedero. Bastaría volar a gran altura, si era posible amparados por nubes, y lanzarse en un algo picado de 45° sobre el buque enemigo. Evidentemente, el piloto perecería en el ataque pero habría salvado a Japón
de una terrible derrota. Para ello pedía voluntarios. Aquél que quisiera inmolarse por su patria debería facilitar de forma anónima su nombre: todos los presentes, 23, se presentaron voluntarios para formar la primera unidad. Así nació el primer grupo de ataque kamikaze cuyos miembros adoptaron signos identificativos procedentes de la tradición medieval, singularmente el pañuelo blanco con el que los samurai se cubrían la frente para evitar que el sudor cegara sus ojos: el hachimaki

Inicialmente se formaron cuatro grupos compuestos por cinco aviones tipo Zero. Tres de ellos iban equipados con una bomba de 250 Kg. (lo máximo que podían transportar) y los otros das actuarían de escolta suicida, debiendo sacrificar sus vidas para distraer a las defensas y permitir a los otros tres realizar su misión A cada grupo se le asignó un nombre poético: Shikíshima (Japón), Yamato (nombre antiguo de Japón), Asahi (Sol de la montaña) y Yamazakura (flor de cerezo) Su jefe era el teniente Kukio Seki. Su primera misión tuvo lugar el 21 de octubre. El propio Onishi les dirigió la palabra: les calificó de “dioses sin ambiciones terrenales” y se comprometió a informar de sus acciones al propio emperador. Sin embargo, la misión tuvo que ser cancelada por el mal estado del tiempo. Los nuevos intentos se hicieron en los días siguientes sin que se consumase ataque alguno al no localizar portaaviones o acorazados enemigos.
Para entonces el comandante Tadashi Nakajima ya había organizado el segundo grupo en Cebú, donde obtuvo la adhesión para el cuerpo kamikaze de los 18 pilotos útiles de esa base. Estos nuevos grupos iniciaron inmediatamente sus misiones. El ataque al Santee fue la primera oportunidad que se presentó y correspondió a la unidad Kikushí, con base en Davao, el «privilegio» de haber consumado e primer ataque kamikaze anticipándose en unas tres horas a las unidades con base en Mabalacar.


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Mensajepor Erich Hartmann » Vie Jun 17, 2005 11:45 pm

Expansión y final

Ese mismo día los ya acribillados portaaviones de Clifton Sprague soportaron el segundo ataque kamikaze. Otros cinco Zero se precipitaron desde el cielo: dos frieron derribados, otro falló el blanco y cayó al agua, otro impactó contra e Kitkun Bay causando daños poco importantes y el último se estrellé contra la cubierta del St. Lo al que provocó grandes destrozos y un tremendo incendio. ‘Tras varias explosiones internas el St. Lo se hundió poco después y pasó a ser la primera víctima de estos ataques, en este caso, de la unidad Shikishima dirigida por e teniente Seki. Minutos después otra unidad volvió a atacar a los portaaviones: esta vez el Kalinin Ray resultó alcanzado por dos kamikaze y sufrió graves averías. Al día siguiente, 26 de octubre, se inmolaba la unidad Yamato siendo alcanzando de nuevo el Suwanee por un avión suicida.

Tras la evidencia de la inutilidad de los ataques convencionales y el éxito obtenido contra el St Lo, Fukudome también aceptó el 26 de octubre la puesta en práctica de grupos kamikaze. Así se formó con los restos de la 1” y 2” Flota Aérea una unidad especial de ataque, la Fuerza Aérea Combinada, bajo su propio mando y con Onishi como su jefe de Estado Mayor. El éxito del ataque al St. Lo fue vívidamente relatado por los aviones de escolta que lo presenciaron, Su descripción fue objeto de una gran propaganda que permitió que el número de voluntarios para ingresar en los grupos kamikaze creciera espectacularmente y el ataque suicida se adoptó tanto por el alto mando de la Flota Combinada como por el Ejército.

Eliminada la amenaza de la flota japonesa, la conquista del archipiélago filipino se desarrolló según lo previsto. Nuevos desembarcos apoyaron el avance hacia Manila bajo el aplastante dominio aéreo que imponían los portaaviones norteamericanos. Nada podían contra ellos y el sacrificio de los kamikazes no obtenía los resultados esperados. El Ejército se sumó ala campaña kamikaze concentrándose en los transportes. No obstante, el 15 de diciembre las tropas norteamericanas desembarcaron en la isla de Mindoro. Aquello era el principio del fin y la feroz resistencia de las tropas de tierra japonesas, ahogadas por la falta de suministros, sólo retrasaba e desenlace.

El 17 de diciembre un violentísimo tifón se abatió sobre la 3ª Flota de Halsey que durante tres días debió afrontar la fuerza de los elementos sufriendo importantes daños y pérdidas. Por unos instantes volvió a despertar la esperanza de que se repitiera el mítico kamikaze que otrora salvara a Japón de la derrota. No fue así: tras el temporal la flota norteamericana volvió a imponer su agobiante dominio. El 9 de enero se desembarcó en la isla de Luzón y pronto las tropas norteamericanas entraron en Manila y liberaron a un buen número de prisioneros: la resistencia japonesa se prolongó algún tiempo sin que ello afectan en absoluto al dominio de los aliados. El resultado de los casi 250 kamikaze que se sacrificaron en Filipinas fue decepcionante, aunque muy superior a lo que hubieran logrado en ataques convencionales: dos antiguos acorazados averiados (Colorado y Maryland) un portaaviones de escolta hundido (St. Lo) y tres portaaviones de escuadra averiados (Franklin, Lexington e Intrepid) y cuatro de escolta averiados (Santee, Suwanee, Kitkun Bay y Kalinin Bay).

El cuerpo kamnikaze se reconstruyó en Formosa con el nombre de unidad Niitaka, bajo el mando de Onishi y consiguió algunos éxitos al alcanzare 21 de enero al portaaviones Ticonderoga y al destructor Madox. Se ensayaron tácticas de ataque en vuelo rasante (que dificultaba la detección de los apararos atacantes) y de ataques masivos.
El desembarco de Iwo Jima les sorprendió cuando aún estaban en una nueva fase de formación: no obstante, el 21 de febrero consiguieron hundir el portaaviones Bismarck Sea y averiar al Saratoga y al Lunga Point en un ataque con 32 aparatos.

Tras la toma de Iwo Jima, el siguiente desembarco fue en Okinawa, alargada isla montañosa de unos 100 kilómetros de largo y apenas 10 Km. de ancho del archipiélago de Ryukyu. Se decidió defender la isla con todos medios disponibles, incluyendo una resistencia suicida y ataques kamikaze. La defensa estaba asignada al 32ª Ejército con el teniente general Mitsuri Ushijima al mando, quién distribuyó la última consigna recibida: “Un avión por un buque de guerra, una lancha por un carguero; un hombre por un tanque»

Una formidable fuerza naval debía apoyar el desembarco del X Ejército, bajo el mando del teniente e1 Simon Bolivar Buckner, Esta escuadra contaba con el apoyo de numerosos portaaviones y de casi todos los acorazados disponibles reforzados además por los británicos King George y Howe, Tras una impresionante preparación artillera, que arrasó la costa, el asalto comenzó 1 de abril con una modesta oposición. Pero pronto la resistencia se fue endureciendo hasta hacer casi imposible el avance de las tropas y se complementó con constantes ataques de aviones suicidas que eran desarticulados por los cazas embarcados y por la alucinante barrera antiaérea desplegada por los buques pesados. Aun así, numerosos buques resultaron alcanzados con resultados fatales para los cargueros y buques menores. Durante la fase de preparación del asalto frieron alcanzados por bombarderos en picado los portaaviones Franklin y Wasp que aunque sobrevivieron, sufrieron tales daños que ya no fueron reparados antes de final de la guerra. El propio Spruance pudo compro los efectos de estos ataques cuando el 3 1 de marzo un kamikaze se abatió contra el puente del crucero pesado Indianápolis, donde enarbolaba su insignia. Ante la intensidad de estos ataques, Spruance desplegó una cortina de 15 destructores (equipados con radar) con la misión de avisar de la aproximación de los kamikaze con un margen de tiempo suficiente para organizar las defensas.

Por su parte, a la vista de los pobres resultados obtenidos en Filipinas utilizando los karnikaze en pequeños grupos, Onishi decidió recurrir a ataques masivos con la esperanza de saturar las defensas de 1 barcos, El día 6 de abril comenzó el primer ataque masivo de aviones suicidas, al que denominaron Kikusui (crisantemo flotante) y en el que habían depositado grandes esperanzas. En esta alucinante carga suicida intervinieron casi 700 aparatos, distribuidos en varias oleadas, de los que 355 eran kamikaze: fueron los destructores, que situados en el exterior del perímetro defensivo estaban destacados en misión de alerta temprana, los que resultaron más castigados al no contar con la protección de las formidables barreras antiaéreas de los grandes buques.
Además, en pleno apogeo de los ataques kamikaze zarpó el gigantesco acortado Yamato acompañado por el crucero ligero Yahagi a y ocho destructores en una misión sin retorno. Las órdenes recibidas indicaban alcanzar la costa de Okinawa y embarrancar el buque a fin de transformarlo en una batería costera. Se pretendía que durante el trayecto actuara como cebo para desviar la atención del enemigo y facilitar los ataques de los kamikaze. Dada la acuciante penuria de petróleo, sólo se le proporcionó combustible para el viaje de ida. La salida de la flotilla japonesa fue detectada casi inmediatamente por la 5ª Flota y en la mañana del día 7 se destinó una fuerza embarcada de 386 aviones para atacarla. Sin cobertura aérea y con defensas antiaéreas integradas principalmente por ametralladoras de calibre igual o inferior a 25 mm, ineficaces contra los aparatos norteamericanos existentes en 1945, su destrucción era cuestión de tiempo: tras soportar durante varias horas ataques masivos y recibir un número estimado de diez torpedos y más de 20 bombas pesadas, el gigantesco buque se hundió. Le acompañaron en este triste final el crucero y cuatro de sus destructores mientras que los otros cuatro regresaron a sus bases.
Para desesperación de los japoneses, el terrible Kikusui, había obtenido resultados mucho más pobres de los esperados y. a pesar de los daños sufridos, la 5ª Flota de Spruance seguía casi intacta en las inmediaciones de Okinawa mientras las tropas proseguían su lento y costoso avance con un masivo apoyo aéreo sobre todo, de la artillería naval que, como en Iwo Jima, se utilizaba como apoyo táctico con resultados devastadores. A este Kikusuí siguieron otros, hasta diez, que causaban grandes daños, pero que no alteraban la evolución de las operaciones. En estos ataques los kamikaze iban escoltados por aparatos de caza y en el segundo Kikusui se empleó por primera vez el Yokosuka MXY-7 Ohka, aparato suicida a reacción capaz de alcanzar los 650 Km/h., que llevaba una carga explosiva de 1200 Kg. carecía de tren de aterrizaje por lo que debía ser lanzado desde un avión, normalmente un Mitsubishi G4M. Cuando el 22 de junio se dio por finalizada la operación de Okinawa el balance era impresionante: más de 150,000 muertos y numerosos buques hundidos o averiados en los aproximadamente 2000 ataques kamikaze efectuados.

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Mensajepor Erich Hartmann » Lun Jun 20, 2005 4:45 am

Cambio de estrategia

Tras la caída de Okinawa se decidió concentrarse en los transportes y convoyes. Para la defensa del territorio metropolitano se planeaba disponer de 16,000 aviones y 9.000 lanchas suicidas. El núcleo de a defensa estaba encomendado a la 5ª Flota Aérea bajo el mando del vicealmirante Matome Ugaki. Tras conocer que en Okinawa sólo el 10 por ciento de los aviones alcanzaron algún objetivo, el Estado Mayor japonés estimaba poder destruir el 33 por ciento de las fuerzas invasoras (16 divisiones USA) antes de que llegaran a desembarcar, es decir, calculaban poder destruir unos 500 transportes por kamikaze y otros 125 por lanchas, ignorando los buques de guerra. Dentro del espíritu suicida se decidió construir las fortificaciones en la costa, a pesar de la certeza de que la mayoría sería literalmente arrasada por el fuego de los acorazados, considerando que las que sobrevivieran a los buques de apoyo causarían más daño al enemigo. Se trataba de emplear todos los medios contra la primera oleada, prevista para el otoño de 1945, con el objetivo de causar tales pérdidas en las fuerzas de la primera oleada de desembarco que el enemigo, presionado por su opinión pública, se viera forzado a desistir de la operación (aunque en realidad no restaran fuerzas para repeler un segundo ataque). A pesar de disponer de unas fuerzas de tierra de 2,5 millones de hombres en 55 divisiones de infantería y unas milicias estimadas en ¡28 millones! de voluntarios, salvo algunos generales de fe inquebrantable, el Estado Mayor no consideraba que esas fuerzas pudieran rechazar al enemigo una vez que éste hubiera desembarcado.

Este cambio de estrategia en la elección de objetivos facilitó que grupos de acorazados y escuadras de portaaviones se dedicaran durante julio de 1944 a bombardear impunemente la costa de Japón sin apenas ser molestados, El 29 de julio resultaba hundido el destructor Callaghan, que sería el último buque hundido por un kamikaze. Y es que el grueso de es kamikaze se reservaba para el día de la invasión. Sin embargo, este día nunca llegó.

Inicialmente, la aparición de os kamikaze en Leyte fue mantenida en secreto por la censura militar, cuando, tras la muerte de Roosevelt, transcendió la noticia, la opinión pública norteamericana se sintió conmocionada y reaccionó de modo opuesto a lo deseado por los estrategas japoneses: la magnitud de las cifras de bajas de la campaña de Okinawa influyó notablemente en la decisión de lanzar las bombas atómicas de HIroshima y Nagasaki como un medio de poner fin a la guerra y ahorrar vidas (estadounidenses, por supuesto). La decisión se tomó en la Conferencia de Potsdam: se envió a Japón un ultimátum que no fue atendido. Las explosiones nucleares forzaron a Japón a capitular, no sin encontrar gran resistencia entre amplios sectores militares e incluso de la población civil. Fue necesaria la intervención del propio emperador, a través de un mensaje de radio, para que la orden de la rendición se acatase. Aun así hubo que sofocar un intento de golpe militar que pretendía continuar la guerra y proteger al emperador de “los círculos de cobardes que le rodeaban” Sofocada cruentamente dicha rebelión, los japoneses tuvieron que aceptar que habían sido derrotados. Se produjeron numerosos suicidios entre los miembros de los cuerpos kamikaze, militares y población civil. El 13 de agosto resultó alcanzado el transporte Lagrange, que sería la última víctima de un kamikaze.

El día del armisticio Japón disponía de 5,300 kamikaze de los que la mitad ya eran operativos. Después de haber sido desautorizados para efectuar un ataque masivo, se logró evitar que el grueso de esos pilotos se suicidara. En cambio, Ugaki, comandante de la 5ª Flota Aérea, salió el día 14 para una última misión suicida acompañados por otros diez aviones el creador de los cuerpos kamikaze. el vicealmirante Takijiro Onishi, se hizo el harakiri el 16 de agosto.


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Mensajepor Erich Hartmann » Lun Jun 20, 2005 11:45 pm

Los resultados

Los ataques kamikaze, a pesar de los éxitos conseguidos, resultaron mucho menos eficaces de lo que habían calculado los japoneses principalmente porque al perecer el piloto suicida no se extraían experiencias útiles para siguientes ataques. Muchos aparatos alcanzaban el blanco lateralmente o en puntos no vitales y los errores tácticos efectuados en la aproximación no sólo no podían ser corregido, sino que la experiencia tampoco podía ser de utilidad para otros píloros ni para que los mandos pudieran plantearse de la conveniencia de modificar los métodos adoptados.

Otro problema era la selección de objetivos. Hasta junio de 1945, la Marina despreciaba los transportes y recomendaba atacar buques de guerra. Cuando un piloto suicida es cogía como blanco un gran buque, estaba haciendo una mala elección ya que se trataba de naves muy resistentes y, además, fuertemente defendidas por su propia artillería antiaérea, por lo que aun superando esas temibles barreras antiaéreas, el impacto de su aparato resultaba escasamente efectivo. Casi todos los aviones utilizados eran Mitsubishi A6M Zero que sólo podían llevar una bomba relativamente pequeña y cuya masa, de unos 1.500 Kg., les hacía muy poco eficaces contra los grandes buques. Además del Zero se utilizaron otros aparatos, pero los especialmente adaptados para misiones suicidas frieron: Aichi D3A (Vil), Yokosuka D-44 Suisei (Judy) y Yokosuka P IY Ginga (Frances), este último bimotor

Los daños causados por un kamikaze de pendían, además del punto y ángulo de incidencia, del tamaño y características de la bomba transportada y de la masa y velocidad del avión. A esto se deben a los incendios causados por el combustible del propio avión y las posibles explosiones del material bélico del buque blanco. Cuando a un buque no blindado, como portaaviones destructores o transportes, la bomba e incluso el motor del avión podía traspasar el casco o las cubiertas y causar daños muy graves. En el caso de los portaaviones, eran peligrosísimos los incendios y explosiones de los combustibles y bombas de sus propios aviones. En cambio, no debe resultar extraño que los kamikaze fueran relativamente poco peligrosos para buques de guerra blindados y fuertemente defendidos. Esto se comprobó especialmente en el caso de los acorazados, buques preparados para soportar proyectiles perforantes de más de una tonelada que llegan a velocidades de 2000 Km/h y equipados con hasta 160 piezas antiaéreas de di versos calibres, Tan sólo un acorazado moderno, el Missouri, fue alcanzado una vez por un kamikaze que le causó tan escasos daños que siguió operando normalmente durante los casi dos meses que duró la campaña En realidad, durante los meses en que estuvieron expuestos a continuos ataques masivos, únicamente frieron alcanzados diez acorazados por 14 kamikaze y sólo uno de estos buques, el veterano Maryland, superviviente de Pearl Harbor, sufrió daños de consideración sin que en memento alguno es tuviera en peligro el propio buque.


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Mensajepor Erich Hartmann » Mié Jun 22, 2005 1:46 am

Confusiones

También existía un importante problema de identificación, A lo largo de la gue rra se puso de manifiesto la facilidad en confundir tipos de barcos de guerra, errores en los que incurrieron incluso pilotos adiestrados para misiones de reconocimiento. Por ello, no es extraño que, en sus ansias por sacrificarse por el emperador, los kamikaze se emplearan pródigamente contra destructores que eran los primeros barcos enemigos relativamente grandes que veían. En cambio, los cargueros, mucho más vulnerables, frieron relativamente menos atacados, y eso que su destrucción era lo que más podía contribuir a la paralización de la ofensiva de los marines,

Se estima que se lanzaron algo más de 2,500 kamikaze los cuales consiguieron alcanzar unos 360 barcos, Es decir, del 60 por ciento que alcanzaron a divisar sus objetivos , un 75 por ciento fue derribado por las defensas mientras que el 25 por ciento restante conseguía alcanzar el blanco: un 3 por ciento de ellos con siguió hundir el buque mientras que el 22 por ciento sólo causó daños limitados. Los resultados obtenidos contra buques mayores que dan resumidos así: El acorazado obligado a retirarse fue el Maryland y el portaaviones de escuadra Bunker Hill fue reparado durante la guerra Los portaaviones Franklin, Tronderoga, Hanock e Intrepíd (de la clase Essex) el veterano Sarato, el histórico Entreprise (en dos ocasiones) ye Belleau Wood (de la clase Independence) se vieron obligados a retirarse para reparar los daños sufridos. Los cruceros pesados Louisville (dos kainikaze), Australia (por acumulación de daños menores tras recibir cinco kamikaze en cuatro días) e Indianápolis (por no estar en condiciones de seguir como centro de operaciones de la 5 flota) también frieron retirados. Resultaron hundidos los portaaviones de escolta St. Lo, Ommanney Bay y Bismarck Sea y el Sangamon no fue reparado. Además, hundieron 23 destructores y otros 24 transportes y barcos auxiliares y más de una veintena de embarcaciones quedó tan dañada que fue destinada a desguace. En conjunto, causaron tinas 6600 víctimas mortales entre las fuerzas aliadas.
En definitiva, en los diez meses en que operaron los grupos kamikaze no consiguieron hundir ningún acora portaaviones de escuadra o crucero a pesar del sacrificio de miles de hombres y máquinas

¿Por qué destacan los kamikaze en la historia militar? Existen numerosos casos de combatientes que tuvieron que enfrentarse a situaciones desesperadas, aceptaron acciones condenadas al fracaso y cuyo único resultado podía ser su propia muerte o defensores de posiciones que decidían resistir hasta el final. Pero en todos ellos, la muerte era el resultado de una lucha desesperada en la que existía una débil posibilidad de supervivencia. Lo que hace distinto a los kamikaze es el hecho de tratarse de una organización en la que, una vez iniciado el ataque, la consumación de éste lleva implícita una muerte segura.

La idea de sacrificarse en un ataque suicida venía tomando cuerpo a medida que la superioridad aeronaval norteamericana se hacía más evidente y se iba adquiriendo conciencia de la esterilidad de los ataques convencionales. De hecho, ya se venía registrando un cierto número de sacrificios espontáneos en los que un piloto, en situación desesperada, se estrellaba intencionadamente con su avión contra e buque más próximo. Algo similar se venía produciendo con tas terribles cargas banzai que acababan con una auténtica carnicería entre los ata cantes. También, anticipándose a estos acontecimientos, el Estado Mayor Imperial autorizó en agosto de 1944 el desarrollo y fabricación de la bomba tripulada Ohka,
¿Qué movía a aquellos hombres? Desde luego, un fanatismo alimentado por una propaganda militarista, aunque también influyeron poderosamente sentimientos tales como vengar a sus compañeros caílos, defender al Emperador o tratar de garantizar que su muerte tuviera alguna utilidad militar. Pero, sobre todo, principios derivados de la tradición japonesa de los samurai por la que el mayor honor de un soldado era morir por el Emperador y en la que a rendición no se aceptaba: era algo ignominioso y vergonzante. La posibilidad de una derrota del Japón implicaba el deber de todo soldado de sacrificarse por su patria. Incluso se llegó a decir, cuando ya nada hacia presagiar un cambio favorable en el signo de la guerra, que el autosacrificio era la única forma de evitar que la derrota (segura) fuera «deshonrosa».


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Mensajepor Erich Hartmann » Jue Jun 23, 2005 12:26 am

La aceptación de la muerte

Los testimonios de los pilotos kamikaze supervivientes, los de sus familiares y, sobre todo, las numerosas cartas que se conservan de os que se inmolaron coinciden en reflejar la aceptación de la muerte como un hecho natural, la tranquilidad y aparente indiferencia con que aguardaban durante días la allegada de la orden de efectuar el ataque suicida e incluso el orgullo con que exhibían los signos externos que les identificaban como integrantes de un cuerpo kamikaze, lo que les hada parecer como miembros de una casta especial.

El hecho es que los cuerpos karnikaze se crearon inicialmente integrados sólo por voluntarios. Parece que inicialmente Onishi no tenía intención de que se constituyera en un medio normal de ataque, sino en una acción extraordinaria limitada a unos pocos hombres. Posteriormente, cuando se iniciaron los masivos ataques Kikusui y sobre todo, en la preparación de la defensa del territorio metropolitano, se recurrieron a levas. Sin embargo, sorprende la ausencia de deserciones y según parece, todos asumían la necesidad y justificación de su sacrificio.

El grado de mentalización de los pilotos kamikaze llegó a tal extremo que resultó difícil evitar que, una vez conocida la orden de alto el fuego, se lanzaran espontáneamente contra los buques americanos, para que fue necesario impedir físicamente el acceso de los pilotos a los aparatos. Aun así, el vicealmirante Ugaki, utilizando la autoridad de su grado, logró desalojar al tripulante de un bombardero y encabezar una última misión suicida a la que se sumaron otros aviones hasta formar un grupo de diez aparatos e incluso, el tripulante del avión de Ugaki insistió y suplicó hasta conseguir participar en la misión sentado sobre el propio vicealmirante.

Final

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Mensajepor Kurt_Steiner » Lun Jul 04, 2005 5:31 pm

Impresionante narración, Hartmann.

Aún sorprende y sobrecoje que hubieran hombres dispuestos a morir de esta manera. Supongo que nuestra civilización occidental no puede entender según que cosas, ya que nuestra primera preocupación es -o era- salvaguardar la vida humana -al menos, la propia.

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Erich Hartmann
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Mensajepor Erich Hartmann » Mié Ago 31, 2005 6:22 am

Aparatos kamikaze

Yokosuka MXY7 Ohka

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Japón utilizó todo tipo de aviones para los ataques kamikaze, pero el único diseñado y construido para ese fin fue el Yokosuka MXY7. Se terminaron 852 unidades de esta auténtica bomba tripulada. Esta bomba voladora era lanzada, en las proximidades del objetivo, por el avión nodriza, generalmente un G4M2e. Conocido por los aliados en su código como BAKA.

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Año: 1945

Constructor: Dai-Ichi Kaigun Kokusho

Motor: 3 cohetes 4 Mk.I Mod 20 de 800 Kg. de empuje

Envergadura: 5,12 m

Longitud: 6,06 m

Altura: 1,16 m

Peso: 2.140 Kg.

Velocidad: 648 km/h a 3.500 m

Velocidad final: 926 km/h

Autonomía: 37 km

Armamento: 1.200 Kg. de bombas

Tripulación: 1

http://candamo.iespana.es/japon/aire/mxy7-c.jpg

http://www.combinedfleet.com/ijna/mxy7.htm

Saludos cordiales
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Mensajepor Shaka_zero » Mié Ago 31, 2005 8:44 am

Tengo algunas preguntas: ¿el objetivo de ese avion era el mismo que el de una bomba? ¿acaso no era probable que fuese alcanzado por una ametralladora antiaerea o artilleria?

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Mensajepor Erich Hartmann » Mié Ago 31, 2005 5:48 pm

Pues sí, el objetivo de este tipo de aparatos era el mismo que el de las bombas, de hecho eran literalmente "bombas pilotadas" En muchas ocasiones los aviones kamikazes japoneses eran simplemente planeadores de madera con gran capacidad de bombas.

Ante su segunda pregunta, debo responder que leyendo el tema obtendrá una respuesta bastante contundente. Pero no obstante, para librarle de una tarea tan pesada como la de leer el tema entero, aquí va un extracto de los resultados de los ataques y de las defensas antiaéreas:

Se estima que se lanzaron algo más de 2,500 kamikaze los cuales consiguieron alcanzar unos 360 barcos, Es decir, del 60 por ciento que alcanzaron a divisar sus objetivos , un 75 por ciento fue derribado por las defensas mientras que el 25 por ciento restante conseguía alcanzar el blanco: un 3 por ciento de ellos con siguió hundir el buque mientras que el 22 por ciento sólo causó daños limitados. Los resultados obtenidos contra buques mayores que dan resumidos así: El acorazado obligado a retirarse fue el Maryland y el portaaviones de escuadra Bunker Hill fue reparado durante la guerra Los portaaviones Franklin, Tronderoga, Hanock e Intrepíd (de la clase Essex) el veterano Sarato, el histórico Entreprise (en dos ocasiones) ye Belleau Wood (de la clase Independence) se vieron obligados a retirarse para reparar los daños sufridos. Los cruceros pesados Louisville (dos kainikaze), Australia (por acumulación de daños menores tras recibir cinco kamikaze en cuatro días) e Indianápolis (por no estar en condiciones de seguir como centro de operaciones de la 5 flota) también frieron retirados. Resultaron hundidos los portaaviones de escolta St. Lo, Ommanney Bay y Bismarck Sea y el Sangamon no fue reparado. Además, hundieron 23 destructores y otros 24 transportes y barcos auxiliares y más de una veintena de embarcaciones quedó tan dañada que fue destinada a desguace. En conjunto, causaron tinas 6600 víctimas mortales entre las fuerzas aliadas.
En definitiva, en los diez meses en que operaron los grupos kamikaze no consiguieron hundir ningún acora portaaviones de escuadra o crucero a pesar del sacrificio de miles de hombres y máquinas.


Obviamente los aviones suicidas japoneses tenían muchas posibilidades de ser alcanzados por la artilería antiaérea norteamericana. Los primeros ataques cogieron por sorpresa a los americanos, pero inmediatamente éstos organizaron un espléndido sistema de defensa contra los atacantes que resultó muy eficaz: se calcula que 3 de cada 4 cuatro aparatos erraron el blanco. Pero no obstante en el caso del avión descrito anteriormente las cosas cambiaban: un avión que se lanzaba a 925 km/hora contra un blanco, resultaba virtualmente imparable.

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Mensajepor minoru genda » Mié Ago 31, 2005 11:19 pm

Sobre el Okha comentar que precisamente su velocidad era su mayor problema la poca superficie alar era la causa de que a altas velocidades su pilotaje se complicara, una mínima variación en la palanca de mando se transformaba en una gran variación en la trayectoria y por tanto se perdian piloto y avión por nada.
La carga era de 1250 kilos de explosivos que iba alojada en el morro, el Okha (tambien conocido por Baka y loco por los estadounidenses) tenía la forma de torpedo.
Se construyeron dos modelos.
Para saber más http://www.de1939a1945.bravepages.com/c ... noru04.htm

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Mensajepor Shaka_zero » Jue Sep 01, 2005 1:51 am

Segun lo que me decis, entonces eran realmente efectivos los ataques kamikazes. Pensa lo siguiente se gastaban dinero en aviones q serian destruidos, en mucho armamento y morian pilotos q quizas ni alcanzaban su objetivo. No hubiese sido mejor que esos pilotos manejasen cazas y que en caso de que tuvieran pocas posibilidades de sobrevivir se inmolaran contra algun buque.
Saludos

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Mensajepor minoru genda » Jue Sep 01, 2005 8:02 pm

Si los pilotos hubiesen tenido el entrenamiento adecuado sería una estupidez pero resulta que se carecia de tiempo para preparar pilotos adecuadamente.
Salvo excepciones, los kamikazes eran pilotos bisoños que no hubieran tenido ninguna posibilidad ante los cazas estadounidenses, por otra parte estaba en la mentalidad de la mayoria de esos pilotos hacer ese sacrificio (cuestión, como comenta Hartmann más arriba, de mentalidad y de cultura).
Pero debo de apuntar que sin duda hubo casos de Kamikazes que no querian serlo; hace tiempo he leido en algún lugar que al menos hubo un coreano reclutado a la fuerza y no descarto que hubiera más "voluntarios" de ese tipo.

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Mensajepor Werto » Mar Sep 06, 2005 2:07 am

El fenomeno de los Kamikace tiene bastante que ver con la absoluta incapcidad de los japoneses para oponerse a la potencia industrial de los EE.UU..

Cuando los japoneses mepezarona tener claro que absolutamente nada de lo que hicieran serviria para cambiar el curso general de la contienda, y que la derrota final era absoluta y totalmente, estos empezaron a recurrir a ténicas y tácticas desesperadas, más como fruto de la desesperación, de tener que intentar algo nuevo para poder alcanzar a los formaciones aeronales norteamericanas, que de otra cosa.

Tal vez pueda afirmarse que la necesidad de tener que recurrir a los kamikaces represente el fracaso sobre todo industrial, aunque tambíen tecnológico, de los japoneses, incapaces de competir en cantidad y calidad de recursos con los EE.UU., y sintetice mejor que nada la imposibilidad de acudir a la guerra con una potencia que supone 10 veces tu propia economía.

Esta total desesperación se manifesto tanto en estpidas cargas salvajes balloneta en mano -desde luego nada rentables para el desarrollo final de una contienda-, como en ataques suicidas de aviones, buques, submarinos, torpedos humanos, vehículos terrestres tripulados e incluso tropas de infantería.

Por otra parte la escasa capacidad de los aviadores japoneses empleados como kamicaces hacía que esto fueran en general meras victimas de los aviadores y de la artillería AA Americana, en realidad tengo la impresión de el número de blancos era bastante inferior al 25% que se relata, y no eran en general los blancos deseados.

Pilotos sin experiencia ni adiestramiento adecuados bajo fuego AA, bajo una fuerte cobertura de caza, y sin ninguna perspectiva de supervivencia, tendián a lanzarse un poco sobre cualquier blanco, no consguiendo casi nunca llegar al centro neuralgico de las agrupaciones aeronavales norteamericanas.

A la mayoría de los kamikaces no les hacía absolutamente ninguna gracia tener que morir, hay testimonios de sobra al respecto entre la correspondencia de los voluntarios, pero sentián que era su deber, y que posiblemente fuera la única forma de tratar de cambiar el curso de la guerra.


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