La valoración británica sobre Japón en preguerra

La guerra en el Pacífico

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La valoración británica sobre Japón en preguerra

Mensaje por José Luis » Lun Ene 19, 2009 10:49 am

¡Hola a todos!

La mayor parte de la literatura sobre las estimaciones de los servicios de inteligencia de las potencias occidentales con respecto a las intenciones de Japón antes de la guerra se centra en el caso estadounidense y su incapacidad para evitar el desastre de Pearl Harbor en diciembre de 1941. Hay un topic en este subforo que trata precisamente sobre el caso. Sin embargo, es mucho menos frecuente la literatura sobre el caso británico. Por este motivo me ha parecido útil traducir el primer capítulo que abre el libro de Douglas Ford, Britain's Secret War Against Japan, 1937-1945 (Routledge, 2006), que lleva por título "Ambiguity and Complacency", y que creo puede ser una buena introducción al tema. Serán unas 30 páginas que iré exponiendo a lo largo de esta semana, aunque hoy mismo haré un buen adelanto.

Britain's assessment of Japan prior to the outbreak of war. (Valoración británica de Japón antes del estallido de la guerra)

Durante el ataque de Japón sobre el sudeste asiático entre diciembre de 1941 y principios de 1942, Gran Bretaña se encontró virtualmente impotente. Las fuerzas británicas y de la Commonwealth fueron desbancadas de la península malaya en poco más de dos meses, y en febrero, el Ejército Imperial Japonés conquistó el bastión de Singapur. El inadecuado estado de las defensas británicas jugó su parte al facilitar las victorias japonesas. Sin embargo, es exagerado declarar que una mala inteligencia fue la causa principal de los contratiempos británicos. Numerosas obras históricas, así como relatos de primera mano de los comandantes responsables de planificar la seguridad de Singapur, han debatido si fue inevitable la capitulación. La explicación final debe seguir el análisis del general Sir Henry Pownall. Según Pownall, los compromisos en Europa y Oriente Medio tuvieron prioridad, y las preocupaciones con asuntos más cercanos a la patria disminuyeron de forma importante las perspectivas de usar la fuerza militar para proteger el imperio británico en Asia. De esta forma, la seguridad tenía que lograrse por otros medios. Tenía que buscarse un entendimiento en el que Japón acordara respetar la integridad de los intereses británicos. De igual importancia era asegurar el apoyo estadounidense mediante la presión económica y militar. A finales de 1941, Tokyo estaba decidido a expulsar a las potencias aliadas del sudeste asiático, y las perspectivas de evitar la guerra eran escasas. Se está tentado a concluir que incluso la inteligencia más precisa no podía salvar a Singapur.

Un argumento más realista es que una inadecuada inteligencia llevó a Gran Bretaña a ponderar mal a los japoneses. Las pruebas disponibles no sugerían convincentemente que Japón tuviera la intención y la capacidad de lograr la hegemonía en el Extremo Oriente. Por el contrario, daban buenas razones para sacar otra conclusión. El resultado fue un aire de complacencia general en el establecimiento defensivo británico, que dictó que era improbable un conflicto contra Japón, e incluso en tal escenario Gran Bretaña no se enfrentaría con serios problemas en la salvaguarda de su imperio. Aunque la fallida inteligencia no causó los defectos estratégicos de Gran Bretaña, condujo a los británicos a creer equivocadamente que su estrategia contra Japón era adecuada.

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Mensaje por José Luis » Lun Ene 19, 2009 11:06 am

Flawed analysis, structural deficiencies, or inadequate intelligence? ¿Análisis viciado, deficiencias estructurales, o inteligencia inadecuada? (I)

La errada perspicacia británica sobre Japón antes de la Guerra del Pacífico se puede atribuir a una carencia de inteligencia fiable. Algunas de las obras recientes han argumentado correctamente que los británicos utilizaron un método de valoración viciado, que estaba basado en la suposición de que las fuerzas aliadas prevalecerían en todas las circunstancias, y que Japón no se arriesgaría a un conflicto que sabía que no podía ganar. Aunque estaban presentes defectos analíticos, no se puede comprender su importancia sin examinar la naturaleza de la inteligencia que conformó los cálculos británicos.

El principal factor que impidió una previsión de las intenciones de Japón, de conducir una conquista total del sudeste asiático, fue el ambiguo comportamiento de Tokyo. A pesar de la agresión de Japón en China durante la década de 1930, junto con sus exhortaciones para eliminar la influencia occidental en el Extremo Oriente, el gobierno y los militares no tuvieron un plan definitivo de una expansión hacia el sur hasta el final de los meses que precedieron al estallido de la guerra.

La suposición de que Japón deseaba moverse con cautela estaba apoyada por una inteligencia creíble. Tras el estallido del conflicto sino-japonés en julio de 1937, la participación de Japón en China restringió cualquier ampliación de sus operaciones. La ocupación de la Indochina francesa durante 1940-1941 mostró que la marina y el ejército tenían suficientes recursos para expandirse hacia el sur. Sin embargo, la incapacidad de Japón para prevalecer en una guerra de desgaste prolongada, junto con la aprensión del gobierno para enfrentarse a una coalición angloamericana, dieron pie a concluir que Tokyo no invadiría territorios británicos.

Las valoraciones de las capacidades militares japonesas estaban igualmente afectadas por una inteligencia inadecuada. Los británicos no comprendieron que el Ejército Imperial Japonés (EIJ en adelante), la Marina Imperial Japonesa (MIJ) y las fuerzas aéreas japonesas (FAJ) habían desarrollado la capacidad para desafiar a sus homólogos occidentales. Japón también había ocultado con éxito su programa de rearme mediante leyes militares secretas y restricción de viajes, limitando así de forma sustancial la información que la inteligencia británica podía obtener. El material que llegaba al personal de inteligencia en Extremo Oriente y Whitehall subrayaba comúnmente las dificultades que experimentaban las fuerzas armadas de Japón para someter a los chinos. Si se plantearon sugerencias de incompetencia de una fallida valoración, el material disponible no lo desveló.

La debilidad estructural de la maquinaria de inteligencia también tiene que ser analizada en vista de la carencia de indicaciones de amenaza serias. Mientras que la experiencia pasada revelaba que Alemania podía desafiar a Gran Bretaña, Japón tenía que demostrar su potencial. En consecuencia, los servicios departamentales destinaron sus escasos recursos de inteligencia hacia asuntos europeos, e invariablemente dieron a Asia una importancia secundaria. Las leyes de seguridad japonesas también desanimaban los esfuerzos para recoger inteligencia de fuentes secretas. La única área donde la inteligencia británica consiguió importantes avances fue en la diplomacia japonesa. Comenzando en 1919, los Códigos de Gobierno y la Escuela de Cifrado (Government Codes and Cyphers School, GCCS) produjeron descifrados con regularidad, conocidos como Carpetas Azules (Blue Jackets, BJ), o mensajes transmitidos por los servicios diplomáticos de los rivales de Gran Bretaña. Esta fuente proporcionó una comprensión de los objetivos del Ministerio de Asuntos Exteriores japonés (Gaimusho). No obstante, los esfuerzos para recoger inteligencia sobre aspectos cruciales como las capacidades y estrategia militar tuvieron un éxito limitado.

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Mensaje por José Luis » Lun Ene 19, 2009 11:13 am

Flawed analysis, structural deficiencies, or inadequate intelligence? ¿Análisis viciado, deficiencias estructurales, o inteligencia inadecuada? (II)

Los servicios clandestinos también fueron infructuosos. Durante el periodo de entreguerras, Whitehall se enfrentó a una escasez de recursos financieros que excluyó un apoyo adecuado para el Servicio Secreto de Inteligencia (Secret Intelligence Service, SIS), y este último no pudo operar con agentes efectivos en ninguna parte del mundo. El personal para Japón y sus posesiones de ultramar no estuvo disponible en número suficiente hasta mediados de la década de 1930. Por entonces, las restricciones de viaje japonesas redujeron severamente las actividades de espionaje. La situación se complicó posteriormente porque el coronel Piggott, el agregado militar en Tokyo entre 1937-1940, insistió en que su propósito era fomentar unas estrechos lazos con los japoneses, y la presencia de operativos especiales británicos podía alienar a sus anfitriones. En consecuencia, las actividades del SIS continuaron siendo escasas. Operaciones en otras áreas, especialmente en Malaya y Singapur, sufrieron una carencia perenne de fondos.

El aparato británico para el análisis de inteligencia sufría igualmente de apatía.
Imagen
Fuente: Ford, p. 9, Figure 1.1

Una organización central, el Despacho Combinado de Extremo Oriente (Far Eastern Combined Bureau, FECB), operaba en Hong Kong desde 1935. En 1938, tras el avance japonés en China meridional, se re-colocó en Singapur. Además de romper los cifrados del ejército y la marina japoneses, el FECB analizaba la actuación de las fuerzas japonesas, y era capaz de conseguir una razonable cantidad de información de sus operaciones en China. De nuevo, el principal problema era que Londres no podía proporcionar el apoyo financiero apropiado, dificultando la adquisición de personal para recopilar a conciencia inteligencia. Además, había poco personal con las habilidades necesarias para evaluar a un adversario que usaba un lenguaje complejo como el japonés.

Las organizaciones en Whitehall sufrían problemas similares. La Oficina de Guerra, el Ministerio del Aire y el Almirantazgo mantenían sus propios directorios de inteligencia. Además, el Centro de Inteligencia Industrial (Industrial Intelligence Centre, IIC) manejaba los asuntos económicos. En septiembre de 1939, con el estallido de la guerra en Europa, el IIC fue incorporado al Ministerio de Guerra Económica (Ministry of Economic Warfare, MEW). Los servicios departamentales colaboraban con el IIC y el MEW en asuntos relativos a los suministros de materias primas y producción de armamentos de Japón. En todas las organizaciones arriba mencionadas, las secciones responsables de Japón estaban mal financiadas y con poco personal.

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Mensaje por José Luis » Lun Ene 19, 2009 11:20 am

Flawed analysis, structural deficiencies, or inadequate intelligence? ¿Análisis viciado, deficiencias estructurales, o inteligencia inadecuada? (III)

En el nivel más alto de la maquinaria estaban el Gabinete y sus comités, siendo el más importante el Comité Conjunto de Inteligencia (Joint Intelligence Committee, JIC). Fundado en 1936 para proporcionar un cuerpo centralizado para la valoración de la inteligencia usada por el Gabinete, las funciones del comité se incrementaron a lo largo de finales de la década de 1930. Tras su reorganización en el verano de 1939, el JIC se convirtió en la fuente principal de apreciaciones de los Jefes del Estado Mayor (Chiefs of Staff, COS). En mayo de 1940, con la ascensión de Churchill al poder, asumió la tarea adicional de proporcionar informes de inteligencia operacional para los planificadores de defensa británicos. Las preocupaciones con Europa limitaron la atención que podía dedicar al Extremo Oriente.

El rasgo de la estructura final que merece atención es la cooperación entre Gran Bretaña y sus aliados. La inteligencia se cambiaba periódicamente con las otras potencias coloniales europeas en Asia, principalmente franceses y holandeses, así como chinos. Sin embargo, los socios más valiosos eran los Dominios del Pacífico, en especial Australia y Nueva Zelanda, y, fundamentalmente, Estados Unidos. En particular, los americanos consiguieron un progreso considerable en la penetración de las comunicaciones de Japón, y estaban en una posición favorable para ayudar a los británicos. Las capacidades de recopilación de los últimos estaban limitadas al tráfico que pasaba a través de sus puestos de escucha en Hong Kong, Singapur y sus posesiones de islas en el Pacífico Sur. Los servicios estadounidenses cubrían el vacío con una cadena de centros de interceptación que se extendía desde Alaska a Hawai, mientras que sus estaciones en las Filipinas estaban más cerca de las islas de Japón. De esta forma, la colaboración angloamericana ofrecía potenciales beneficios.

Sin embargo, la cooperación permaneció insatisfactoria por dos razones claves, la primera de las cuales era la divergencia de la política entre Gran Bretaña y sus aliados, y el nivel de cambio reflejaba algunos de los intereses en conflicto. En segundo lugar, al margen del grado de colaboración, los dispositivos de la seguridad japonesa significaban que los aliados se enfrentaban con un persistente problema para la obtención de inteligencia.

Al nivel de recopilación, los británicos progresaron al asegurarse de Estados Unidos una pericia sobre los cifrados japoneses. Los americanos habían hecho grandes avances desde principios de la década de 1920, y poseían una clara delantera. En el verano de 1940, tras la petición de Lord Lothian, el embajador británico en Washington, el presidente Roosevelt despachó una misión de alto nivel a Londres para discutir la estandarización de armas. En agosto, el general George Strong, representante del US Army, informó a los COS que los americanos estaban a punto de romper el código diplomático japonés, conocido como Púrpura (Purple), y estaban dispuestos a compartir los secretos. Se hizo la oferta con la esperanza de que los británicos divulgarían información sobre los cifrados alemanes de Enigma que los americanos habían intentado obtener. Poco después, en febrero de 1941, el GCCS se aseguró una réplica de la máquina Púrpura de los representantes de la misión criptográfica del US Army. El FECB también se unió a su homólogo en el US Army, el OP-20-G, en un esfuerzo para romper el código JN-25b de la Marina japonesa. Unos pocos meses después, en junio, se firmó un acuerdo según el cual las autoridades militares estadounidenses transmitirían a Singapur toda la inteligencia sobre las comunicaciones japonesas. Los cripto-analistas británicos eran así capaces de superar los obstáculos con que se encontraban desde que los japoneses introdujeran sistemas más complejos en 1939.

No obstante, británicos y americanos fueron incapaces de coordinar sus actividades, principalmente porque estaban llevando a cabo diferentes esfuerzos para contener a los japoneses, y como tal, los intereses de sus servicios raramente coincidían. Mientras que en el Atlántico había acuerdo en que las rutas marítimas eran vitales para la supervivencia de Gran Bretaña, “no era visible tal consenso en el Pacífico”. La estrategia británica se centraba en proteger el Imperio. Sus planes de guerra demandaban la defensa de Singapur y las comunicaciones marítimas con Australia y Nueva Zelanda. Por la otra parte, la estrategia estadounidense se encaminaba a permanecer a la defensiva en el Pacífico, y a partir de ahí reagruparse para ataques sobre las principales fuerzas de Japón en Asia. Los americanos consideraban el sudeste asiático como una responsabilidad británica, y dedicaron unos esfuerzos mínimos a actividades de inteligencia en la zona. Durante las semanas que precedieron al ataque sobre Malaya, las autoridades navales estadounidenses sólo podían señalar indicaciones de un posible ataque sobre las Filipinas y Tailandia.

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Mensaje por José Luis » Lun Ene 19, 2009 11:24 am

Flawed analysis, structural deficiencies, or inadequate intelligence? ¿Análisis viciado, deficiencias estructurales, o inteligencia inadecuada? (IV)

La cooperación a nivel de análisis también se mostró mínima. El JIC y los servicios departamentales raramente se refirieron a conclusiones alcanzadas por sus homólogos estadounidenses. Incluso a finales de noviembre de 1941, funcionarios británicos en Washington declararon que todavía no habían determinado las razones por la falta de asistencia estadounidense. La rígida demarcación de las zonas de interés angloamericano continuaron afectando la colaboración incluso después de que el estallido de la guerra subrayase la necesidad de integración.

El compartimiento de inteligencia entre Gran Bretaña y sus Dominios también se vio entorpecido por la disputa política. Whitehall era reluctante a dejar que Australia y Nueva Zelanda persiguieran una estrategia independiente, y de esta forma frenó el apoyo a sus comunidades de inteligencia. A mediados de la década de 1930, los Dominios establecieron sus propios servicios de inteligencia naval. Aunque sus actividades se vieron limitadas por carencia de recursos financieros, operaron estaciones de interceptación que recogían tráfico radiado japonés, y usaron radiogoniómetros para rastrear los movimientos de la MIJ. Los Dominios también contribuyeron con descifrados al FECB; sin embargo, no se aprovecharon sus capacidades de inteligencia. Al estallido de la guerra, la Marina Real Australiana y la Marina Real Neozelandesa fueron incapaces de decodificar las señales de la MIJ, en un momento donde el material podía haber dado pistas relativas a la inminente invasión de Malaya.

Simultáneamente, las restricciones japonesas sobre actividades de inteligencia militar significaron que ninguna de las Potencias Occidentales podía hacer una valoración apropiada. El problema fue especialmente aparente en el área de las capacidades militares japonesas. Los servicios estadounidenses se enfrentaban a las mismas dificultades que sus homólogos británicos, principalmente a la incapacidad de recoger información fiable sobre el programa de rearme de Japón. Bajo esas circunstancia era difícil prever que la cooperación aliada capacitara a la inteligencia británica para crear una imagen más precisa.

Las erradas percepciones británicas fueron debidas, en su mayor parte, a la falta de señales de que Japón representaba un peligro. Los fallos analíticos, junto con las deficiencias de la maquinaria de inteligencia, fueron a menudo subproductos más que la causa de imágenes falsas. Para comprender por qué Gran Bretaña falló en predecir los desarrollos aparentes en las primeras fases de la Guerra del Pacífico, se deben investigar los problemas que surgieron por la ausencia de indicaciones de amenaza creíbles.

Mañana continuamos.
Saludos cordiales
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Mensaje por José Luis » Mar Ene 20, 2009 10:32 am

¡Hola a todos!

Roots of British perceptions of the Japanese menace, 1931-1937 (Raíces de las percepciones británicas de la amenaza japonesa, 1931-1937)

La preocupación de Gran Bretaña con Alemania no la dejó indiferente a la amenaza japonesa.Tras la abrogación de la alianza anglo-japonesa en 1922, los líderes británicos sabían que la guerra era una clara posibilidad. Sin embargo, durante gran parte de la década de 1920, se veía a la URSS y el Comintern, con su supuesto patrocinio de movimientos subversivos en la India y China, como el principal reto en Asia.

La ocupación de Manchuria por Japón en 1931, seguida de su retirada de la Liga de las Naciones, convenció a Whitehall para cambiar su posición. En 1933, el SIS colocó a Japón por encima de la URSS como potencia cuyas actividades necesitaban ser observadas, y declaró que sus intentos de mejorar su control político y económico sobre China creaban algunas de las preocupaciones más acuciantes para la seguridad de Gran Bretaña. La renuncia de Japón a las limitaciones de armamento naval de Washington en 1934 y la firma del Pacto Anti-Comintern con Alemania en 1936 proporcionaron más indicaciones de que Tokyo se estaba alineando con las “potencias revisionistas”, y que sus políticas estaban dirigidas a alterar el status quo en el sudeste asiático.

A pesar del conocimiento británico sobre los crecientes peligros, la situación se complicó por la falta de recursos para defender su imperio mundial. Cuando se vio inminente el final de alianza anglo-japonesa, el Gabinete aprobó los planes del Almirantazgo para construir un complejo en Singapur, que debía servir como principal base británica en Extremo Oriente. La suposición práctica era que la Royal Navy despacharía su flota principal a Singapur. Las incursiones japonesas contra Malaya tenían que ser contenidas, y la fase final preveía un avance hacia las islas patrias de Japón en un intento de cortar sus rutas comerciales oceánicas. Las restricciones sobre el gasto de defensa demoraron la construcción de la base durante la década de 1920. Después de 1933, tras la ascensión al poder de Hitler y el comienzo del programa de rearme de Alemania, Gran Bretaña se centró en Europa. Los efectos económicos de la Gran Depresión también redujeron el gasto militar, y dificultaron la capacidad británica para proporcionar un excedente de fuerzas para Extremo Oriente.

En consecuencia, durante la década de 1930, los británicos redujeron regularmente sus planes de guerra. El Memorando de Guerra Naval de 1931 reiteraba el eje central de la estrategia de la Royal Navy, principalmente que tras su llegada a Singapur, la flota continuaría hacia Hong Kong, y luego establecería bases para la campaña de bloqueo contra las islas patrias de Japón. Sin embargo, en 1934, en una reunión de los COS, representantes de la Oficina de Guerra y el Ministerio del Aire informaron al Almirantazgo que no estaban disponibles fuerzas terrestres y aéreas para operaciones al norte de Singapur. A medida que la década avanzaba, se hizo cuestionable la viabilidad de despachar una flota a Singapur. En la Conferencia Imperial de junio de 1937, los COS informaron a representantes de Australia y Nueva Zelanda que el tamaño de la flota dependería de si Gran Bretaña estaba combatiendo a Alemania e Italia en esos momentos. Fue en esas delicadas circunstancias en las que se encontró Gran Bretaña cuando el conflicto sino-japonés estalló solamente un mes después.

Continuaremos.
Saludos cordiales
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Mensaje por José Luis » Mié Ene 21, 2009 7:21 pm

¡Hola a todos!

The outbreak of the Sino-Japanese War and its effect on British perceptions of the Japanese menace, 1937-1939 (El estadllido de la Guerra Sino-Japonesa y su efecto sobre las percepciones británicas de la amenaza japonesa, 1937-1939).

El 7 de julio de 1937, tras las escaramuzas en el Puente Marco Polo cerca de Pekín, el EIJ lanzó una invasión de gran escala contra China en un intento de asegurar el dominio sobre el continente asiático. El estallido de la Guerra Sino-Japonesa confirmó las sospechas de que la subyugación de China era un objetivo clave japonés, y obligó a Gran Bretaña a prestar más atención a la posible invasión de sus intereses.

El conflicto proporcionó también la primera prueba de la capacidad de Japón para hacer una guerra prolongada. En el verano de 1939, la inteligencia disponible cimentó la creencia popular de que los costes económicos y militares de la campaña china habían limitado de forma importante la capacidad de Japón para una ulterior expansión. Así, pese a las dificultades de Gran Bretaña para defender su imperio, la amenaza de una invasión japonesa se consideró mínima, en tanto en cuanto permaneciera sin resolver el incidente chino.

El desgaste de la economía de Japón fue la consecuencia más notable. Como el grueso de los recursos de Japón fue comprometido en China, parecían improbables las aventuras que entrañaban más costes. Las observaciones que siguieron al estallido de las hostilidades revelaron que las finanzas de Japón podían apoyar sus gastos de guerra sólo con la mayor dificultad. La inteligencia económica también mostró cómo la estrecha base de producción de Japón inhabilitaba a sus industrias para proporcionar cantidades suficientes de armamento y municiones.

Aunque el efecto sobre las capacidades de hacer la guerra de Japón estaba abierto a conjetura, las pruebas de sus deficiencias daban a entender que aventuras adicionales impondrían unas cargas que su economía no podía absorber, y sus políticas habrían de conformarse en consecuencia. En septiembre de 1939, los COS declararon realmente que una prolongación de las hostilidades sino-japonesas era potencialmente ventajosa, pues los costes con toda probabilidad evitarían que Japón invadiese el Imperio Británico.

La dependencia de Japón de materias primas importadas también proporcionaba un medio para agravar sus dificultades económicas, y dio pie para predecir que sus ambiciones se verían limitadas por temor a las represalias occidentales. Las sanciones económicas eran una espada de doble filo que presentaba desafíos y oportunidades. En su contribución a la Apreciación de Extremo Oriente de los COS de 1937, el IIC concluyó confiadamente que en caso de guerra contra el Imperio Británico y los Estados Unidos, la economía de Japón podía ser perturbada mediante un bloqueo distante de su ruta comercial transpacífica y sus rutas de navegación a Europa.

Al mismo tiempo, para ser eficaces, las sanciones económicas tenían que ser impuestas durante un largo período, dadas las posesiones de reservas de Japón. Además, como Estados Unidos era el socio comercial más importante de Japón, era necesaria la participación americana para asegurar que su economía fuese estrangulada. Finalmente, hasta que las sanciones surtieran efecto, Gran Bretaña se enfrentaba a la posibilidad de ataques japoneses contra sus intereses en Extremo Oriente. Esos puntos se adelantaron en una investigación dirigida durante el otoño de 1937 por el subcomité de asuntos comerciales del Gabinete. A partir de entonces el gobierno del Primer Ministro Neville Chamberlain se abstuvo de las sanciones.

No obstante, la simple posibilidad de un aislamiento económico mantuvo las perspectivas de moderar las políticas de Japón. En el invierno de 1939, las señales de inteligencia revelaron que Japón era reluctante a transformar su Pacto Anti-Comintern con Alemania en una alianza militar formal, debido a las preocupaciones de que Gran Bretaña y Estados Unidos cesaran la exportación de materias primas vitales.

El compromiso militar de Japón en China también dificultó su capacidad de enfrentarse a nuevos enemigos, ya que la mayoría de sus tropas estaba comprometida y el conflicto no daba señales de terminar. A principios de 1938, Dobbie, el Oficial General al Mando de Malaya, y Percival, su jefe de estado mayor, advirtieron que era posible un ataque terrestre japonés contra Singapur, y que para contrarrestar semejante escenario, era vital la defensa de toda la península malaya. Sin embargo, la Oficina de Guerra respondió que Japón estaba demasiado preocupado para embarcarse en una expedición tan complicada. Aunque la conclusión no estaba basada en cifras precisas, estaba basada en observaciones que sugerían que las operaciones de Japón en China probablemente continuarían absorbiendo su fuerza.

Continuaremos.
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Mensaje por José Luis » Jue Ene 22, 2009 9:40 am

¡Hola a todos!

British intelligence on Japanese strategy, September 1939 to December 1941 (La inteligencia británica sobre la estrategia japonesa, septiembre de 1939 a diciembre de 1941).

Las valoraciones británicas de la situación en Extremo Oriente tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial en Europa continuaron prediciendo que Japón mostraría cautela. La inteligencia disponible proporcionó vagas insinuaciones de una expansión ulterior. Para complicar las cosas, la amenaza de castigo británico y americano parecía estar conteniendo a Japón. Un avance hacia el sur entrañaba una posible confrontación con Gran Bretaña, en cuyo caso no se podía descontar la intervención estadounidense. Japón no podría soportar los costes de semejante conflicto, y las pruebas que apuntaban a sus limitados recursos sugerían que Tokyo evitaría la confrontación con una combinación de las potencias aliadas.

El optimismo surgido de las indicaciones de la debilidad de Japón tuvo dos efectos en el tratamiento de la situación por Gran Bretaña. Primero, los responsables políticos mantenían que la amenaza del aislamiento económico y la represalia militar eran suficientes para disuadir un avance japonés en el sudeste asiático, y que Gran Bretaña no necesitaba reforzar sustancialmente sus territorios. Segundo, a principios de diciembre de 1941, cuando la inteligencia proporcionó indicaciones fiables de una inminente invasión de Malaya, los británicos estaban acostumbrados a ver tales escenarios como improbables, hasta el punto de minimizar la importancia de las señales de peligro.

El estallido de la guerra en Europa en 1939 complicó la posición de Gran Bretaña en Extremo Oriente, mientras que al mismo tiempo dio a Japón oportunidades favorables para socavar intereses occidentales. La conquista alemana de Francia y Holanda durante la primavera de 1940 expuso Indochina y las Indias del Este Holandesas, y Japón perdió poco tiempo para ocupar ese vacío de poder. Entre los objetivos de Tokyo estaban mejorar su situación económica obteniendo acceso privilegiado a las fuentes de materias primas, y reforzar su posición estratégica estableciendo bases en el sudeste asiático. Japón también se aprovechó de la preocupación británica por la defensa de sus islas patrias contra Alemania, presionando al gobierno de Churchill para que cesara con el suministro de armas a China.

Incluso más preocupante, los japoneses poseían suficientes fuerzas para un avance hacia el sur, a pesar de las continuas dificultades para liquidar sus compromisos en China. En un intento de someter a los nacionalistas de Chiang Kai Shek, los líderes militares de Japón intentaron estrangular las líneas vitales de China. En el otoño de 1939 las tropas japonesas ocuparon la isla de Hainan, cortando así el acceso de China al mar. Durante el verano de 1940, mediante un acuerdo con el gobierno francés de Vichy, los japoneses adquirieron bases en la Indochina septentrional mediante ataques aéreos contra los chinos del interior, adonde Chiang había trasladado su cuartel general. Ambos movimientos indicaban que Japón podía extender sus operaciones sin desviar de forma importante su fuerza y equipo de China.

Continuaremos.
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Mensaje por José Luis » Vie Ene 23, 2009 9:04 am

¡Hola a todos!

British intelligence on Japanese strategy, September 1939 to December 1941 (La inteligencia británica sobre la estrategia japonesa, septiembre de 1939 a diciembre de 1941). (II)

Al mismo tiempo, la participación de Gran Bretaña en la guerra contra Hitler limitó su capacidad para contener a los japoneses. En agosto de 1940, los COS advirtieron que el efecto acumulativo del ataque alemán contra las islas patrias y las arterias transatlánticas significaba que incluso en una emergencia la Royal Navy no podía proteger Singapur.

A pesar de las crecientes pruebas de la capacidad de Japón para invadir las colonias de Gran Bretaña, ya en una fecha tardía como el otoño de 1941, la inteligencia disponible no señaló firmemente tales movimientos. Aunque el JID pronosticó la estrategia japonesa con precisión, esto se debió a una conjetura de la inteligencia más que a una buena inteligencia.

El hecho es que hasta el otoño de 1941 el gobierno y el alto mando permanecieron indecisos sobre la política a largo plazo de Japón. El principal objetivo era someter a China, con una expansión hacia el sur como propósito secundario. Tokyo había reconocido que más anexiones territoriales podían provocar las hostilidades con Estados Unidos y Gran Bretaña, pues era cauta con tales escenarios. Por ejemplo, en junio, después de que una delegación para las Indias del Este Holandesas no consiguiera asegurar concesiones petrolíferas, el general Sugiyama, jefe del Estado Mayor del Ejército, rechazó la invasión sobre la base de que podía provocar la intervención aliada. El ejército y la marina también discrepaban sobre los objetivos de Japón. El EIJ insistía en prepararse para una confrontación con los soviéticos en el continente asiático, mientras la MIJ preveía una guerra oceánica contra Estados Unidos y Gran Bretaña. Los japoneses no veían la ocupación de la Indochina meridional en julio de 1941 como un preludio para una expansión hacia el sur. El objetivo era colocar a las fuerzas de Japón en una posición favorable para conquistar los recursos petrolíferos del sudeste asiático si la necesidad se presentaba, y mientras tanto continuar con las operaciones chinas y permanecer en guardia contra la URSS.

Sólo en septiembre, después de que los Estados Unidos y sus aliados impusieran embargos de petróleo y congelaran los activos de Japón en el exterior, como represalia por la conquista de la Indochina meridional, decidieron los responsables políticos en Tokyo que era imperativa una ocupación de las colonias británicas y holandesas en el sudeste asiático. Ni fue hasta noviembre cuando el alto mando aprobó el plan del almirante Yamamoto para un ataque preventivo contra la flota estadounidense en Pearl Harbor. En cualquier caso, el secreto alrededor de los planes de guerra de Japón negó toda posibilidad de predecir su estrategia.

El error de cálculo británico no fue por tanto el resultado de una fallida lectura de la mentalidad del liderazgo japonés. Estaba basado en una noción equivocada respecto de la probable razón para guiar el curso futuro de la política de Japón. Los británicos asumieron que Japón buscaría todos los medios para evitar la guerra contra una coalición aliada, y no previeron cómo la presencia de fuerzas aliadas en Asia, combinada con los efectos de las sanciones económicas, animarían más que disuadirían al gobierno y a la elite militar a arriesgarse. Churchill mantenía la arraigada creencia de que los japoneses eran intrínsecamente cautos, como ilustró su comentario al Comité de Defensa del Gabinete de Guerra en mayo de 1941, “[los japoneses] entrarían en la guerra cuando pensaran que [los británicos] estuvieran al borde de la derrota, para que [Japón] pudiera recoger los botines de la guerra sin peligro...”.

Al predecir que Japón se comportaría con cautela, los británicos confiaban en un método de análisis que los teóricos y profesionales de la inteligencia han definido como “proyección”, una tendencia a proyectar los valores de uno sobre el adversario, o “reflejo especular” (1), es decir, asumir que la otra parte va a seguir los mismos principios de uno mismo cuando se enfrenta a una situación similar. El personal de inteligencia y los responsables políticos creían que, ya que habían concluido que las pérdidas en que Japón probablemente iba a incurrir en una guerra contra los aliados serían mayores que los costes, el liderazgo japonés pensaba de igual forma. Sin indicaciones definitivas de que los japoneses recurrirían a movimientos aparentemente irracionales, las valoraciones británicas tenían pocas probabilidades de predecir el estallido de la guerra.

(1) El concepto en inglés es “mirror imaging”, que he optado por traducir como "reflejo especular". Véase:
http://www.colorado.edu/conflict/peace/ ... mirror.htm" onclick="window.open(this.href);return false;

Seguiremos.
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La valoración británica sobre Japón en preguerra

Mensaje por José Luis » Sab Ene 24, 2009 9:41 am

¡Hola a todos!

British intelligence on Japanese strategy, September 1939 to December 1941 (La inteligencia británica sobre la estrategia japonesa, septiembre de 1939 a diciembre de 1941) (III)

La ambigua naturaleza de la estrategia de Japón significó que los británicos no podían dar respuestas firmes a si eran inminentes más conquistas. Las pruebas de los esfuerzos hacia una mayor influencia económica y política en el sudeste asiático no indicaban planes al margen de la adquisición de la Indochina Francesa y Tailandia. Las estimaciones de la expansión japonesa sólo definían las amenazas representadas por las acciones que llevaron a cabo o que eran probables que ejecutaran. Por ejemplo, cuando Japón ocupó la Indochina meridional, el Almirantazgo simplemente advirtió que las fuerzas japonesas estaban en una posición favorable para avances ulteriores. El FECB llegó a declarar, “el principal objetivo.......fue asegurar que Japón obtenga todos los recursos de Indochina”, siendo secundario la adquisición de bases para una expansión hacia el sur.

El crecimiento de la influencia japonesa en Tailandia representaba la amenaza más grande para las colonias de Gran Bretaña. La creciente cooperación militar japonesa-tailandesa, en la forma de concesiones de bases tailandesas a cambio de envíos de armas japonesas, entrañaba el posible establecimiento de una conexión directa con Malaya. A principios de agosto de 1941, tras la ocupación de la Indochina meridional, el JIC concluyó que los movimientos y disposiciones de tropas sugerían que Tailandia era el próximo objetivo de Japón, y un lógico precursor de un avance contra Malaya y las Indias del Este Holandesas. Aunque el alcance de la estrategia de Japón fue correctamente calculado, el JIC no podía prever el espacio de tiempo en el que los japoneses probablemente iban a llevar a cabo sus conquistas.

La caída de Holanda llevó a Japón a atraer a las Indias del Este Holandesas a su órbita. Sin embargo, las intenciones de Tokyo no significaron planes para una ocupación, y sólo revelaron los esfuerzos para obtener acceso a las materias primas del archipiélago mediante la penetración económica y la coacción diplomática. Los descifrados BJ mostraron los deseos del gobierno de asegurarse garantías para importaciones de petróleo y metales estratégicos, y para asegurarse que las islas no cayeran bajo control estadounidense o británico. La concentración de las principales unidades de la MIJ en las islas del Mandato (Japonés) no indicaban una ocupación inminente. Godfrey, el Director de Inteligencia Naval (Director of Naval Intelligence, DNI), y el Almirantazgo concluyeron que las maniobras estaban diseñadas para obligar a Batavia a ofrecer concesiones.

Las valoraciones británicas de la estrategia de Japón estaban afectadas por factores al margen de la incertidumbre. La ambigüedad estaba agravada por indicaciones de su cuestionable capacidad para enfrentarse a las potencias aliadas. La inteligencia disponible también sugería que Tokyo dudaba en suscitar el antagonismo de Estados Unidos y Gran Bretaña. El efecto acumulativo fue un sentido de tranquilidad del conocimiento de Japón de que sus propias debilidades restringirían cualquier decisión de avanzar hacia el sur. Los británicos creían que, a pesar de la capacidad de Japón para desplegar fuerzas numéricamente superiores, sus objetivos estaban limitados a una poco sistemática conquista del sudeste asiático. Una estrategia sí proporcionaba el único camino para evitar una guerra en la que Japón iba a ser derrotado por una coalición angloamericana, posiblemente apoyada por la URSS.

Continuaremos.
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JL
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La valoración británica sobre Japón en preguerra

Mensaje por José Luis » Dom Ene 25, 2009 12:39 pm

¡Hola a todos!

British intelligence on Japanese strategy, September 1939 to December 1941 (La inteligencia británica sobre la estrategia japonesa, septiembre de 1939 a diciembre de 1941) (IV)

Retrospectivamente, la fulminante conquista del sudeste asiático por Japón justifica la opinión de que los británicos fueron complacientes. Sin embargo, Japón estaba de hecho indeciso a asumir riesgos. La actitud de Tokyo con respecto al Pacto Tripartito, firmado en septiembre de 1940 con Alemania e Italia, indicaba el estado indeciso de sus políticas. Sobre el papel, el pacto obligaba a los firmantes a ayudarse mutuamente si cualquiera de ellos se veía envuelto en una guerra contra Estados Unidos. En realidad, las acciones de Japón siguieron estando dictadas por sus propias consideraciones estratégicas. Un descifrado BJ de 30 de julio revelaba cómo una conferencia de política imperial había decidido que el apoyo militar para la campaña de Alemania contra la URSS giraba en torno a los requerimientos políticos de Japón más que en torno a cualquier obligación con sus socios del Eje (*).

Las pruebas señalan que la indecisa estrategia de Japón estaba reforzada por signos de que el temor a una intervención entre bastidores de las super-potencias, principalmente la URSS y Estados Unidos, estaba limitando su voluntad así como su capacidad para un avance hacia el sur. Los conflictos fronterizos ruso-japoneses en Changkufeng en 1938 y Nomonhan en 1939 hicieron comprender a Tokyo que los soviéticos seguían siendo una amenaza. En tanto en cuanto la guerra en Siberia fuese probable, el EIJ necesitaba mantener una gran parte de sus fuerzas en reserva en Manchuria. Ni eliminaba el pacto de no-agresión con Moscú de abril de 1941 (**) la posibilidad de hostilidades. La invasión alemana de Rusia en junio suscitó la posibilidad de que Rusia colapsara, en cuyo caso los ejércitos de Japón necesitaban estar listos para avanzar en Siberia, como también para compartir los botines. El 16 de julio la Oficina de Guerra divulgó los contenidos de un descifrado BJ que revelaban cómo una conferencia política mantenida a principios de mes concluía que la intervención en Barbarroja no estaba descartada.

-------------------------

Notas mías:

(*) El Pacto Tripartito sólo obligaba militarmente en caso de que uno de los países firmante fuese atacado por otra potencia, pero no si uno de los firmantes atacaba a otra potencia. Estaba diseñado claramente contra Estados Unidos, pero ni Japón estaba formalmente obligado a prestar ayuda militar a Alemania cuando ésta atacó a la URSS el 22 de junio de 1941, ni Alemania estaba obligada a ayudar militarmente a Japón cuando éste atacó a Estados Unidos el 7 de diciembre de 1941.

(**) El pacto que firmaron Matsuoka y Molotov en Moscú el 13 de abril de 1941 fue un Pacto de Neutralidad, no un Pacto de No-Agresión (aunque esa era la idea que llevaba Matsuoka en mente, y había sido el objetivo de los soviéticos en años anteriores).

Seguiremos.
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La valoración británica sobre Japón en preguerra

Mensaje por José Luis » Lun Ene 26, 2009 9:17 am

¡Hola a todos!

British intelligence on Japanese strategy, September 1939 to December 1941 (La inteligencia británica sobre la estrategia japonesa, septiembre de 1939 a diciembre de 1941) (V)

Aún en el otoño de 1941 el consenso general dentro del FECB y Whitehall era que Japón necesitaba proteger su posición vis-à-vis con la URSS; de ahí, la retención de fuerzas en la frontera de Manchukuo excluía una expedición contra Malaya o las Indias del Este Holandesas. Según el FECB, los movimientos de aviación sugerían que las fuerzas aéreas de Japón habían sido retiradas de Indochina para operaciones en el norte. El JIC concluyó que la concentración de tropas a lo largo de la frontera soviética apuntaba a una acción ofensiva, y un ataque sobre Malaya no era viable sin una reducción sustancial de fuerzas soviéticas en Extremo Oriente.

Japón también tenía que considerar la probabilidad de la intervención estadounidense. Una invasión de territorios británicos y holandeses en Asia entrañaba el peligro de que los americanos ayudaran a sus aliados europeos. Desde finales de 1940, la administración Roosevelt abandonó con firmeza sus políticas aislacionistas y comenzó a apoyar activamente a Gran Bretaña. El acuerdo “destructores por bases” y el acuerdo de Préstamo y Arriendo comprometieron a los americanos a suministrar ayuda material a su aliado trasatlántico. En diciembre, Estados Unidos y Gran Bretaña comenzaron negociaciones para la cooperación naval, y en marzo de 1941 el acuerdo ABC-1 exigía que las dos potencias coordinaran sus acciones en caso de que Estados Unidos entrara en la guerra. Cuando Japón ocupó Indochina durante 1940-1941, Washington inició la imposición de sanciones económicas. En agosto de 1941, Churchill y Roosevelt firmaron la Carta del Atlántico, que formó la base para los objetivos de guerra aliados para limpiar al mundo de la agresión fascista y asegurar la autodeterminación nacional en el mundo de posguerra.

Con Estados Unidos asumiendo un papel más vigoroso en los asuntos mundiales, se consideraba que Japón muy probablemente evitaría la potencia militar que los americanos podían armar. Aunque el FECB reconocía que Japón consideraba la preocupación británica en Europa como una oportunidad ideal, sus resúmenes de inteligencia concluían invariablemente con la tranquilidad de que la posibilidad de provocar acciones navales estadounidenses contra sus vulnerables líneas de comunicación entre las islas patrias y el sudeste asiático iba a limitar probablemente su expansión. Aún en agosto de 1941, la Oficina de Guerra concluyó que el temor de la represalia estadounidense excluía un ataque sobre Malaya y las Indias del Este. Diez días antes de Pearl Harbor, el JIC reiteró la conclusión que había alcanzado en enero de 1941, fundamentalmente, que el temor de un ataque estadounidense sobre las islas patrias impediría a la MIJ despachar suficientes acorzados o portaviones para apoyar una operación anfibia contra Malaya. A la luz de la evidencia que sugería que Japón se enfrentaba a dificultades para enfrentarse a las potencias aliadas, las valoraciones probablemente tenían que asumir cautela.

Los británicos también mantuvieron opiniones erróneas sobre el estado de las relaciones americano-japonesas. En septiembre de 1941, en un intento de asegurar el levantamiento de las sanciones económicas, Tokyo ordenó a su embajador en Washington, Nomura Kichisaburo, comenzar negociaciones con el Secretario de Estado estadounidense, Cordell Hull. Éste dejó claro que el precio mínimo para un acercamiento era la retirada de China. Tras cinco años de pelear una costosa guerra, el gobierno japonés estaba obligado a rechazar tales términos. Aunque los británicos estaban enterados de que las negociaciones no marchaban bien, siguieron en gran medida ignorantes de cómo las posiciones de Estados Unidos y Japón eran tan incompatibles como para descartar cualquier conciliación. Aún en noviembre, cuando la recién llegada línea dura del gobierno de Tojo Hideki estaba finalizando los planes de guerra de Japón, la opinión que prevalecía era que podía ser evitada la confrontación en Extremo Oriente. El GCG de la India explicaba cómo, si Japón tenía que escoger entre comenzar las hostilidades o sentarse a esperar una solución favorable, la experiencia pasada daba buenas razones para creer que Japón tomaría la opción pacífica.

A seguir.
JL
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La valoración británica sobre Japón en preguerra

Mensaje por José Luis » Mar Ene 27, 2009 8:21 am

¡Hola a todos!

British intelligence on Japanese strategy, September 1939 to December 1941 (La inteligencia británica sobre la estrategia japonesa, septiembre de 1939 a diciembre de 1941) (VI)

Al margen de las complicaciones estratégicas, la situación económica de Japón sugería que sus ambiciones estaban limitadas por su deseo de evitar las consecuencias de las sanciones. La dependencia de Japón sobre materias primas importadas sólo podía ser tomada como evidencia de que los embargos occidentales estaban destinados a inutilizar su capacidad de hacer la guerra. Fue examinada la posibilidad de que las sanciones pudieran inducir a Japón a solventar sus problemas ocupando nuevas fuentes de materias primas en el sudeste asiático, pero desechada invariablemente, ya que tales movimientos estaban llenos de riesgos. Un embargo de petróleo tenía potencialmente el efecto más grave. En mayo de 1941, el MEW, los servicios departamentales y la Shell Oil Company concluyeron que si Estados Unidos y Gran Bretaña cesaban sus exportaciones, a menos que Japón obtuviera el control de las Indias del Este Holandesas, sus stocks se agotarían en menos de un año.

El producto acumulativo de la inteligencia señalando la vulnerabilidad económica de Japón fue la noción de que la posibilidad de estrangulación iba a contener probablemente sus actividades. En abril de 1941, la Sección de Planificación del Eje (Axis Planning Section, APS) predijo que el temor a las represalias probablemente iba a limitar las acciones de Japón a la anexión pacífica de nuevos suministros de recursos en áreas más allá del control británico y estadounidense, por ejemplo Indochina, Tailandia y el Borneo Holandés. En agosto, el Subcomité de Planificación Conjunta concluyó que aunque el embargo de petróleo y la congelación de pedidos podían haber incrementado la posibilidad de guerra, los temores sobre los efectos de restricciones continuadas hacían más probable que “Japón se detuviera y contara el coste antes de dar otro paso hacia delante”. En vísperas de Pearl Harbor, el MEW sugirió que a menos que Japón hiciera suficientes concesiones se enfrentaba a la posibilidad de sufrir “una situación económica que lo volvería finalmente incapaz de hacer la guerra, y lo reduciría al status de una potencia de segundo rango”. Aunque las Indias del Este Holandesas eran los únicos territorios que podían proporcionar el petróleo requerido, las islas no fueron consideradas necesariamente parte de los objetivos inmediatos de Japón. A la vista de las dificultades estratégicas que se percibían entrañaría una expedición hacia el sur, era lógico para la inteligencia británica conjeturar que el único medio realista para evitar el colapso económico era mediante las negociaciones, y para concluir que los efectos continuados de las sanciones disuadirían, en vez de aguijonear, la acción militar.

Para el propósito de la planificación estratégica, la noción de que la amenaza aliada podía contener a Japón, condujo a Gran Bretaña a adoptar una política de confiar en un bluff. Los responsables políticos creían que podían compensar sus inadecuadas fuerzas en Extremo Oriente manteniendo una firme postura, y disuadiendo a Japón de una posterior expansión. En julio de 1940, Japón aprovechó la oportunidad para explotar la preocupación de Gran Bretaña con el ataque alemán, exigiendo el cierre de la Ruta de Birmania, que proporcionaba una de las principales arterias para canalizar suministros a China. Los COS recomendaron al Gabinete acordar un cierre temporal. El incidente marcó una de las pocas ocasiones en que se abogó por la aquiescencia. Sin embargo, la decisión estaba basada en la premisa de que se utilizase el periodo provisional para asegurar un acuerdo japonés para abstenerse de una agresión. De forma similar, la recomendación de reabrir la Ruta en octubre, tras la ocupación japonesa de la Indochina septentrional, estaba basada en la creencia de que era necesaria una muestra de fuerza para mantener contenido a Japón.

Durante 1941 la política de disuasión ganó más credibilidad, con el despliegue de sucesos que sugerían que los japoneses tenderían a echarse atrás ante la confrontación. En febrero, las concentraciones de transportes japoneses en el Golfo de Siam apuntaban a una posible invasión de Tailandia. Aunque el susto de guerra se probó falso, la abstención del gobierno japonés de ulteriores adquisiciones territoriales mediante el uso de la fuerza, tras la advertencia del embajador Craigie al ministro de Exteriores, Matsuoka, fue tomada como una indicación de que cuando se apretaba hasta el límite, Japón prefería evitar problemas.

La ocupación de Indochina meridional en julio de 1941 hizo poco para levantar dudas de que la guerra con Japón podía ser evitada. La creencia aceptada era que en tanto en cuanto Gran Bretaña sincronizara su política con Estados Unidos y siguiera dispuesta a imponer restricciones económicas y a insinuar repercusiones posteriores, podía estabilizarse la situación en Extremo Oriente. Durante la última semana de noviembre, Churchill hizo recomendaciones a Roosevelt para una declaración conjunta angloamericana, en la creencia de que podían evitarse las conquistas en tanto en cuanto Japón supiera claramente que tales movimientos entrañaban hostilidades.

Continuaremos.
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La valoración británica sobre Japón en preguerra

Mensaje por José Luis » Mié Ene 28, 2009 9:17 am

¡Hola a todos!

British intelligence on Japanese strategy, September 1939 to December 1941 (La inteligencia británica sobre la estrategia japonesa, septiembre de 1939 a diciembre de 1941) (VII)

Las medidas diplomáticas y económicas no fueron las únicas armas para contener a Japón. A finales de 1941, la creencia que prevalecía en Whitehall y el Mando de Malaya era que si Gran Bretaña llevaba a cabo mejoras nominales en su posición militar, Japón perdería confianza en las oportunidades de conducir una invasión exitosa. A pesar de la incapacidad de Gran Bretaña para despachar una flota a Singapur, la reorganización de las fuerzas terrestres de Malaya se consideró como una panacea viable. En abril de 1941, tras meses de negociaciones, los COS aceptaron una propuesta del Mariscal Jefe del Aire, Sir Robert Brooke-Popham, Comandante en Jefe de Extremo Oriente, para que el perímetro defensivo de Singapur se extendiera a Malaya septentrional, y se aprobaran las preparaciones para una ocupación preventiva del istmo de Kra (nombre en clave Matador). El plan entrañaba un ligero incremento de fuerzas, y Churchill consintió sobre la condición de que no entrañaba una reducción de fuerzas en Oriente Medio, que se consideraba una segunda prioridad tras las islas patrias. En octubre, cuando se acercaban a su fin las preparaciones para Matador, los comandantes británicos vinieron a confiar en que Japón no invadiría, como se ilustró en una reunión en el GCG de Malaya. La reunión fue descrita por B. H. Ashmore, comandante superior del estado mayor de Percival, que recordaba que el representante del FECB “pintó un cuadro bastante indeciso”, y que fue incapaz de proporcionar mucha información sobre si la ocupación de Indochina presagiaba más movimientos. Aunque la presencia de fuerzas enemigas en la proximidad de Malaya levantaba preocupaciones, el resultado final de la reunión fue que el alto mando japonés se abstendría de una invasión tras comprender que las defensas de las playas británicas y la oposición aérea planteaban complicaciones.

La noción de que la presencia de fuerzas aliadas en el sudeste asiático y el Pacífico disuadiría a los japoneses también prevaleció en Whitehall. En julio de 1941, respondiendo a la sugerencia de los COS de re-evaluar la posibilidad de más refuerzos para Malaya, Churchill reiteró su opinión de que era improbable que los japoneses fueran a la guerra si intervenían los americanos. Incapaces de presentar un contra-argumento sólido, los COS cedieron. La decisión de despachar a los barcos de guerra HMS Repulse y Prince of Wales a Singapur en octubre fue el resultado de la convicción de Churchill de que una flota británica simbólica en el sudeste asiático, junto con una flota estadounidense en el Pacífico, era suficiente para negar cualquier optimismo que Japón tuviera en su capacidad para avanzar hacia el sur. El acuerdo de los COS a la propuesta Brooke-Popham, para despachar batallones canadienses a Hong Kong, estaba basada en una asunción similar de que unos refuerzos simbólicos proporcionaban un valor disuasorio. La adherencia del establecimiento defensivo a su ilusoria fe, que Japón podía ser desalentado por la perspectiva de una oposición, fue posteriormente subrayada por la carta de Pound a la Delegación del Almirantazgo Británico (British Admiralty Delegation, BAD) en Washington, que sugería que la llegada de barcos de guerra a Singapur bien podía haber hecho vacilar a los japoneses. Dado que la guerra estaba destinada a acabar con una derrota final para Japón, combinado con indicaciones de que sus acciones estaban siendo limitadas por los temores de enfrentarse con los aliados, los británicos estaban inclinados a creer que podían evitar la guerra. Bajo esas circunstancias, era lógico prestar mínimas consideraciones a cualquier mejora sustancial de las capacidades defensivas británicas en Extremo Oriente. Sólo la velocidad y escala de las victorias de Japón en el sudeste asiático convencieron a los británicos de que su adversario no podía ser disuadido.

Todavía en la primera semana de diciembre de 1941, cuando la inteligencia disponible reveló claramente los planes de Japón para declarar la guerra a Gran Bretaña y Estados Unidos, el establecimiento defensivo mantuvo que tales movimientos no entrañaban una invasión de Malaya. Los intentos estadounidenses y japoneses para alcanzar un entendimiento habían llegado a un punto muerto. Durante la última semana de octubre, los observadores portuarios en China reportaron que se estaban construyendo en Sangai lanchas de desembarco. El 2 de diciembre, un telegrama interceptado entre el Gaimusho y la embajada en Berlín mostró que Japón preveía hostilidades con Estados Unidos y Gran Bretaña. Pero permanecía sin clarificar el lugar preciso de los ataques. El 3 de diciembre, un descifrado BJ reveló que el gobierno tailandés había pedido a los japoneses que lanzaran un desembarco en Kota Baru en el istmo de Kra, obligando de esta forma a los británicos a contraatacar vía Tailandia, dando a esta última un pretexto válido para unir fuerzas con Tokyo. Incluso entonces, no había indicaciones claras de si Tokyo había dado su acuerdo. Solamente la llegada a Indochina de aviación de caza y bombarderos de largo alcance, junto con las observaciones de los movimientos de barcos japoneses, proporcionó señales sólidas de que Malaya era un objetivo potencial.

Continuaremos.
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Mensaje por José Luis » Mié Ene 28, 2009 11:05 am

¡Hola a todos!

En el siguiente mapa se puede ver la esfera de influencia de Japón en diciembre de 1941:
Imagen
Fuente: Richard Natkiel, Atlas of World War II (Barnes & Noble Books, 2000), p. 86

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