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Violadas por el ejército ruso

Crímenes contra los prisioneros de guerra y la población civil

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Audie Murphy
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Violadas por el ejército ruso

Mensaje por Audie Murphy » Dom Dic 06, 2009 2:09 am

Sobre la investigación y castigo de este tipo de crímenes en el ejército alemán

David Raub Snyder “Sex Crimes under the Wehrmacht"

University of Nebraska Press | 2007-07-01 | ISBN: 0803243324 | 298 páginas
http://www.nebraskapress.unl.edu/produc ... 73166.aspx


En Manchuria los soviéticos También perpetraron violaciones masivas de mujeres japonesas
https://www.docdroid.net/JtMFN0W/tempet ... des-78.pdf
"El mal existe cuando las personas buenas no hacen lo que es correcto"

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thewolf
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Violadas por el ejército ruso

Mensaje por thewolf » Lun Feb 15, 2010 12:57 am

Casi nada para agregar, solo decir que la violacion de cualquier mujer o niño, de cualquier raza, religion o color, debe ser siempre desaprobada, y el que la lleva a cabo condenado, no existe mas culpable o menos culpable entre los victimarios, ni mas merecedor ni menos merecedor de tal hecho entre las victimas, nada justifica tamaño acto de barbarie. Hoy me dedique a leer este post completo, y he leido comentarios que dan ecalofrios, tratando de justificar tal o cual ejercito agresor o tal o cual poblacion agredida, se llego a decir que algunos pueblos merecian lo que les paso!!! por favor!!.
No hago mencion de nacionalidades porque estamos hablando de un delito, y el hecho en si, esta mas alla de si el agresor o la victima son rusas, polacas, alemanas, francesas o de donde se les ocurra, nuestro deber desde este lugar es comentar y condenar este tipo de aberraciones, que si bien son una practica, lamentablemente, comun en los campos de batalla, realizados por revancha, venganza, motivos religiosos,etc., no deben ser nunca aceptados.
Espero que este tipo de post nos sirva para pensar.
Saludos a todos.

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Erich Hartmann
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Violadas por el ejército ruso

Mensaje por Erich Hartmann » Jue Nov 04, 2010 4:16 am

Vamos a exponer a continuación el extracto del libro Berlín, la caída (1945), de Antony Beevor. Crítica, Barcelona, 2002, págs. 300-305, que se citan en las primeras páginas de este tema:

El peor error cometido por las autoridades militares alemanas había sido su negativa a destruir las reservas de alcohol que se encontraban en la ruta que tomaba el Ejército Rojo a medida que avanzaba. Esta decisión se basaba en la idea de que un enemigo borracho no podría luchar. Sin embargo, y para desgracia de la población femenina, el alcohol era precisamente lo que cumplía a los soldados del Ejército Rojo para lograr el coraje que necesitaban para cometer violaciones además de celebrar el final de una guerra tan terrible.

Las celebraciones de la victoria no implicaban, ni mucho menos, que hubiese desaparecido el miedo de Berlín. Muchas alemanas fueron víctimas de violación como parte de dichos festejos. Un joven científico soviético oyó de una muchacha alemana de dieciocho años, de la que se había enamorado, que durante la noche del 1 de mayo, un oficial del Ejército Rojo le había introducido en la boca el cañón de su pistola y lo había mantenido en esa posición mientras la violaba a fin de asegurarse de que ella no oponía resistencia alguna.

Las mujeres no tardaron en aprender cómo debían desaparecer durante las “horas de cacería” de la noche. Muchas madres escondían a sus hijas durante varios días en los desvanes. Aquéllas salían a la calle a fin de recoger agua tan sólo a primera hora de la mañana, cuando los soldados soviéticos estaban durmiendo la borrachera de la noche. En ocasiones, el peligro provenía de una madre que revelaba el escondrijo de otras muchachas en un intento desesperado de salvar a su propia hija.

Los berlineses recuerdan que, dado que todas las ventanas habían saltado a causa de las explosiones, era difícil no oír los gritos que se sucedían una noche tras otra. Las estimaciones llevadas a cabo por los dos hospitales más importantes de Berlín oscilaban entre las noventa y cinco mil y las ciento treinta mil víctimas de violación. Un médico calculó que de unas cien mil berlinesas violadas, unas diez mil murieron a raíz de la agresión. La causa de muerte más extendida en estos casos era el suicidio. La tasa de mortalidad fue, al parecer, mucho mayor entre el millón cuatrocientas mil personas que habían sufrido esta suerte en Prusia Oriental, Pomerania y Silesia.

En total se cree que fueron forzadas al menos dos millones de mujeres alemanas, y una minoría sustancial —que tal vez llegue más bien a ser una mayoría— fue sometida a violaciones múltiples. Una amiga de Ursula von Kardorff y de la espía soviética Schulze-Boysen fue agredida por “veintitrés soldados, uno detrás de otro”. Después la hubieron de coser en el hospital.

Las reacciones de las mujeres alemanas ante la experiencia de la violación variaban mucho. Para muchas víctimas, en especial jóvenes muchachas que no tenían mucha idea de lo que les estaban haciendo, los efectos psicológicos podían ser devastadores. En adelante, y en ocasiones para el resto de sus vidas, les resultaba difícil en extremo mantener relaciones con un hombre. Las madres, por lo general, se mostraban mucho más preocupadas por sus hijas, lo que hacía que superasen con mayor facilidad lo que ellas podían haber sufrido. Otras, ya fuesen jóvenes o adultas, trataban sin más de olvidar la experiencia. “Debo reprimir un buen número de cosas para poder ser capaz de vivir”, reconoció una mujer que se negaba a hablar de la cuestión. Las que en lugar de resistirse conseguían abstraerse de lo que les estaba sucediendo parecen haber sufrido mucho menos. Algunas lo describían como una experiencia “no corporal”. “Ese sentimiento —escribió una de ellas— ha conseguido evitar que aquel hecho condicione el resto de mi vida”.

Todo apunta a que el duro cinismo característico de los berlineses también ayudó en este sentido. “En general —escribió en su diario nuestra escritora anónima el 4 de mayo—, estamos empezando poco a poco a tratar todo el asunto de las violaciones con cierto sentido del humor, aunque sea del tipo más lúgubre posible”. Se dieron cuenta de que los rusos se dirigían en primer lugar hacia las mujeres más gordas, lo que les proporcionaba una cierta alegría del mal ajeno, dado que las que no habían perdido peso durante la contienda eran, por lo general, las esposas de los funcionarios del Partido Nazi y otras que se habían aprovechado de su situación privilegiada.

La violación, tal como señala la autora del diario, se había convertido en una experiencia colectiva, por lo que debía ser superada de un modo colectivo a través de la conversación. Sin embargo, los hombres trataban de prohibir a su regreso cualquier mención del asunto, ni siquiera cuando estaban ausentes. Las mujeres descubrieron que, en tanto que ellas debían aprender a asumir lo que les había sucedido, los hombres de sus vidas no hacían muchas veces más que empeorar las cosas. Los que habían estado presentes a la sazón se avergonzaban de su incapacidad a la hora de protegerlas. Hanna Gerlitz se entregó a dos oficiales soviéticos borrachos para salvar la vida de su esposo y la suya propia. “Después —escribió— hube de consolar a mi marido y ayudarlo a recuperar el coraje. Lloraba como un niño".

Los hombres que regresaron a sus hogares tras evitar que los apresaran o después de ser liberados de los campos de concentración sufrieron un duro golpe al saber que sus esposas o sus prometidas habían sido violadas en su ausencia. (Muchos de los que habían estado recluidos en los campos soviéticos durante un período dilatado adolecían también de “desexualización” a causa del hambre). Les fue muy difícil aceptar la idea de que hubiesen violado a sus esposas. Ursula von Kardorff oyó hablar de un joven aristócrata que rompió su compromiso al saber que su prometida había sido forzada por cinco soldados rusos. La autora anónima del diario, por otra parte, refirió a su antiguo amante, que apareció de un modo inesperado, las experiencias a las que habían sobrevivido los habitantes del edificio. “Os habéis convertido en putas desvergonzadas —le espetó—. Todas. No puedo soportar esas historias: ¡Habéis olvidado vuestros valores! ¡Todas!”. Entonces, ella le dio a leer su diario, y cuando él comprobó que había confiado al papel la experiencia de su propia violación, la miró como si ella hubiese perdido la chaveta. Se fue un par de días más tarde a buscar comida, y nunca más volvió a saber de él.

Cierta muchacha, su madre y su abuela, que habían sido violadas al mismo tiempo a las afueras de Berlín, se consolaban con la idea de que el hombre de la casa hubiese muerto en el transcurso de la guerra, pues de lo contrario lo habrían matado mientras trataba de impedir el estupro, según se decían. Sin embargo, en realidad fueron pocos los hombres alemanes que dieron muestras de lo que, la verdad sea dicha, habría resultado ser un coraje inútil. El célebre actor Harry Liebke murió descalabrado de un botellazo al tratar de salvar a una joven que se refugiaba en su apartamento, aunque todo apunta a que este caso fue excepcional. La anónima escritora del diario llegó incluso a oír a una mujer referir en la cola del agua que cuando los soldados del Ejército Rojo la estaban sacando a rastras del sótano, un hombre que vivía en su mismo bloque le había gritado: “¡Déjate llevar, por el amor de Dios! Nos estás causando problemas a todos”.

Si alguien intentaba defender a una mujer frente a un agresor soviético, se trataba por lo general de un padre o un hijo que intentaban proteger a su hija o a su madre. “Dieter Sahl, de treinta años — escribieron sus vecinos en una carta poco después del suceso— se lanzó agitando los puños sobre un ruso que estaba violando a su madre delante de él. Lo único que consiguió fue morir de un disparo”.

Tal vez el mito más grotesco de la propaganda soviética fuese la idea de que “el servicio alemán de inteligencia ha dejado a un buen número de berlinesas infectadas de enfermedades venéreas a fin de que contagiasen a los oficiales del Ejército Rojo”. Otro informe del NKVD atribuía este hecho de forma específica a la actividad de la Werwolf. “Algunos miembros de la organización clandestina Werwolf, muchachas en su mayoría, recibieron de sus dirigentes la misión de infectar a los comandantes soviéticos de tal manera que no pudiesen cumplir con su deber”. Antes incluso del ataque efectuado desde el Óder, las autoridades soviéticas achacaron el incremento de las enfermedades de transmisión sexual al hecho de que el enemigo estuviese “dispuesto a usar cualquier método que pueda debilitarnos y dejarnos fuera de servicio”.

Fueron muchísimas las mujeres que hubieron de hacer cola ante los centros médicos, y el ver a tantas en la misma situación no era demasiado consolador. Una médica instaló una clínica especializada en enfermedades venéreas en el interior de un refugio antiaéreo, y colocó en el exterior el letrero de “tifus” en cirílico a fin de alejar a los soldados rusos. Tal como ilustraba la película El tercer hombre, la penicilina no tardaría en convertirse en el artículo más codiciado del mercado negro. También se disparó la tasa de abortos. Se calcula que un 90 por 100 de las víctimas que quedaron encinta acabaron por interrumpir su embarazo, bien que esta cifra da la impresión de ser elevada en extremo. Muchas de las mujeres que llegaron a dar a luz abandonaron a los recién nacidos en los hospitales, lo que se debía por lo general al convencimiento de que sus maridos o prometidos nunca aceptarían su presencia en el hogar.

En ocasiones se hace difícil saber si los jóvenes oficiales soviéticos adolecían de un gran cinismo o sólo de un idealismo totalmente ciego. “El Ejército Rojo es el más avanzado del mundo en lo moral —declaró uno de ellos a un oficial de zapadores—. Nuestros soldados sólo atacan al enemigo cuando éste va armado. Estemos donde estemos, siempre damos un gran ejemplo de humanidad hacia la población local, y las manifestaciones de violencia o pillaje son por completo ajenas a nuestro carácter”.

La mayor parte de las divisiones de fusileros de primera línea de combate demostraron ser más disciplinados que, por ejemplo, las brigadas de tanques de la retaguardia. Por otro lado, abundan los testimonios que hacen pensar que los oficiales judíos del Ejército Rojo se desvivían por proteger a las mujeres y a las niñas alemanas. De cualquier manera, todo apunta a que la mayoría de los oficiales y soldados hicieron caso omiso a la orden dictada por Stalin el 20 de abril, a través de la Stavka, por la que conminaba a todas las tropas “a cambiar su actitud frente a los alemanes... y tratarlos mejor”. Resulta significativo el que se adujera como motivo de dicho mandato el que “el comportamiento brutal” de que daban muestras los soldados daba pie a una resistencia obstinada, “y una situación como ésta no es conveniente para nosotros”.

Un prisionero de guerra francés se acercó en plena calle a Vasily Grossman el 2 de mayo. “Monsieur —le dijo—, me gusta su ejército, y por eso me resulta doloroso comprobar cómo está tratando a las muchachas y las mujeres. No cabe duda de que eso va a hacer mucho daño a su propaganda”. Y eso fue precisamente lo que ocurrió. En París, los dirigentes del Partido Comunista, cuya admiración por el Ejército Rojo en aquel entonces parecía no tener límites, se horrorizaban al oír de boca de los prisioneros de guerra que regresaban a Francia la versión menos heroica de los acontecimientos. Con todo, hubo de pasar aún mucho tiempo antes de que las autoridades soviéticas comenzasen a hacerse cargo de la situación.

Muchos piensan que al ejército soviético se le concedieron dos semanas para saquear Berlín y violar a sus mujeres antes de que se impusiera la disciplina. Sin embargo, la situación no puede resumirse de un modo tan sencillo. El 3 de agosto, tres meses después de la rendición de la capital, Zhukov hubo de publicar órdenes más severas a fin de controlar los casos de “robo”, “violencia física” y “sucesos escandalosos”. Toda la propaganda soviética acerca de la “liberación de las garras de la camarilla fascista” estaba empezando a volverse contra los propios soviéticos, en especial cuando comenzó a tratarse a las esposas e hijas de los comunistas alemanes tan mal como a las demás. “Tales hechos y comportamientos impunes —declaraba la orden— están dañando sobremanera nuestra reputación a los ojos de los antifascistas alemanes, sobre todo ahora que ha acabado la guerra, y respaldan en gran medida a las campañas fascistas en contra del Ejército Rojo y el gobierno soviético”34. Se culpaba a los comandantes por permitir a sus hombres que vagasen por la ciudad sin vigilancia. Las “ausencias impunes” debían evitarse. Los sargentos y cabos debían comprobar que sus hombres estuviesen presentes por la mañana y por la noche. Debían proporcionarse tarjetas de identificación a los soldados. Las tropas no podían salir de la capital sin que mediase una orden de traslado. De hecho, lo que contenía el mandato no era sino la lista de medidas que habría considerado normales cualquier ejército occidental incluso en caso de que las tropas se hallasen en cuarteles de su propio país.

La prensa internacional publicó durante todo el verano artículos dedicados a la cuestión. El efecto que tuvo ésta sobre los partidos comunistas extranjeros, que a la sazón se encontraban en el punto culminante de su prestigio, alarmó al Kremlin a ojos vistas. “Esta campaña desvergonzada — escribió el segundo de Molotov— tiene por objeto dañar la altísima reputación del Ejército Rojo y achacar a la Unión Soviética la responsabilidad de todo lo que está ocurriendo en los países ocupados... Los numerosos seguidores con que contamos en todo el mundo necesitan que los armemos de información y hechos para lanzar campañas de contrapropaganda”.

Cierto es que los niveles de moralidad se hallaban por los suelos, pero no lo es menos que las circunstancias tampoco habían dado lugar a demasiadas opciones. Al regresar a Berlín, Ursula von Kardorff vio escenas de gentes caídas en la miseria que hacían trueques cerca de la puerta de Brandeburgo. Enseguida acudió a su memoria una frase de la Ópera de cuatro cuartos de Brecht: “Primero la comida; después, la moral”.

La puerta de Brandeburgo se había convertido en el centro principal del trueque y el mercado negro a principios de mayo, cuando comenzaron a ne gociar con su botín los prisioneros de guerra y los trabajadores forzados puestos en libertad. Ursula von Kardorff pudo ver prostituirse por comida o por la moneda alternativa en que se habían convertido los cigarrillos a mujeres de todo tipo. Willkommen in Shanghai, señaló alguien cínicamente. Las mujeres de treinta años parecían tener muchos más, según observó la periodista.

La moral, sin embargo, no era lo único que había quedado distorsionado por la necesidad de sobrevivir. A la autora del diario citado en páginas anteriores, que había sido editora, la abordó un marino soviético tan joven que debería haber estado aún en la escuela y le preguntó dónde podía encontrar una chica limpia y decente, de buen carácter y afectuosa, a la que pagaría con alimento, lo que por norma general quería decir pan, arenque y panceta. El escritor Ernst Jünger, siendo oficial de la Wehrmacht en el París ocupado, sostuvo que la comida es equivalente al poder, un poder que, claro está, se hace aún mayor cuando la mujer tiene un niño que alimentar, como era el caso con que se encontraron muchísimos soldados en Francia. En Berlín, la tasa de cambio del mercado negro se basaba en la Zigarettenwährung (“moneda cigarrillo”), de modo que cuando llegaron los soldados estadounidenses, que disponían de un número casi ilimitado de cartones de tabaco, no tuvieron necesidad alguna de forzar a nadie.

La definición de violación empezaba a confundirse con la de coacción sexual. Cuando las mujeres se enfrentaban al hambre no era necesario el empleo de una arma o la violencia física. Éste podría describirse como el tercer estadio en la evolución de los actos de estupro en la Alemania de 1945. El cuarto consistió en una extraña forma de cohabitación en la que se establecían muchos oficiales soviéticos con las “mujeres de ocupación” que vinieron a sustituir a la “mujer de campaña”. Las esposas verdaderas que esperaban en la Unión Soviética se enfurecían al oír hablar de las “mujeres de campaña”; sin embargo, su indignación moral no tuvo límites cuando supieron de la nueva tendencia 38. Las autoridades soviéticas también se asombraron y montaron en cólera al comprobar que, llegada la hora de regresar a la madre patria, no fueron pocos los oficiales del Ejército Rojo que desertaron para quedarse con sus amantes alemanas.

Tras ser abordada por el joven marino, la mujer del diario se preguntaba si no se habría convertido ella misma en una furcia al aceptar la protección y generosidad alimentaria de un culto comandante ruso. Éste, al igual que la mayoría de sus compatriotas, respetaba su formación, en tanto que los hombres alemanes que conocía tendían a profesar cierta antipatía a las mujeres que habían ido a la universidad. Con todo, y al margen de lo que tuviesen de violación o de prostitución, estos pactos para obtener alimento y protección habían arrojado a las mujeres a un estado primitivo, casi primigenio.

Ursula von Kardorff, por otra parte, previó que, a pesar de que las mujeres alemanas se habían visto obligadas a desarrollar una capacidad de resistencia mayor aún que la de los hombres, no tardarían en volver a la posición social estereotipada en cuanto regresasen los que habían estado recluidos en campos de concentración. “Quizás ahora —escribió— nos enfrentamos las mujeres al trabajo más duro que hemos hecho en el transcurso de esta guerra: el de ofrecer nuestra comprensión, consuelo, respaldo y coraje a tantos hombres derrotados y desesperados”.

El hecho de que Alemania hubiese seguido luchando durante tanto tiempo se debía en parte a que la idea de la derrota provocaba en ellos “una convicción de catástrofe total”41. Los alemanes creían que su país iba a quedar totalmente subyugado y que sus soldados iban a pasar el resto de sus vidas como esclavos en Siberia. Con todo, una vez que se derrumbó la resistencia a raíz de la muerte de Hitler, la transformación experimentada por la actitud de los alemanes sor prendió a los rusos de Berlín. Éstos quedaron anonadados ante “la docilidad y la disciplina de la gente”, cuando habían esperado de ellos una feroz guerra de guerrillas semejante a la que había protagonizado el pueblo soviético. Serov indicó a Beria que la población estaba actuando “con una obediencia incuestionable". Uno de los oficiales de estado mayor de Chuikov lo atribuyó a un arraigado “respeto por el poder existente”. Al mismo tiempo, los oficiales del Ejército Rojo se admiraban de la naturalidad con que confeccionaban muchos alemanes banderas comunistas recortando la cruz gamada del centro de la enseña escarlata de los nazis. Los berlineses se referían a este giro de ciento ochenta grados como Heil Stalin!

Esta actitud sumisa, sin embargo, no impidió al SMERSH ni al NKVD que consideraran a cada fugitivo o incidente un claro ejemplo de actividad de la Werwolf. Cada uno de los regimientos de guardias de frontera del NKVD arrestaba a más de cien alemanes al día a principios de mayo. Más de la mitad de éstos había de enfrentarse después al SMERSH. Algunos de los que denunciaban a sus compatriotas ante las autoridades soviéticas eran antiguos miembros del Partido Nazi, tal vez con la intención de ofrecer sus acusaciones antes de quedar ellos mismos al descubierto. El SMERSH chantajeaba a los antiguos nazis para que ayudasen a las unidades del NKVD a perseguir a los oficiales de las SS y la Wehrmacht. Se empleaban pelotones que contaban con perros entrenados a fin de registrar los apartamentos y barracas en los que se habían escondido hasta muy poco antes muchos desertores alemanes que huían precisamente de las SS y la Feldgendarmerie.

Entre las teorías soviéticas de sabotaje se hallaba la idea de “que los dirigentes de las organizaciones fascistas preparan envenenamientos masivos en Berlín mediante la venta de limonada y cerveza emponzoñadas”. Los niños a los que encontraban jugando con bazucas y otras armas abandonadas habían de enfrentarse a interrogatorios como sospechosos de pertenecer a la Werwolf, y al SMERSH no le interesaba otra cosa que no fuesen las confesiones. El único signo manifiesto de desafío parece haber sido un puñado de carteles nazis aparecidos en Lichtenberg que proclamaban: “¡El Partido sigue vivo!”. También hubo otra llamativa excepción al ambiente general de sumisión: La noche del 20 de mayo, “un número aún por determinar de bandidos” atacó el campo especial número 10 del NKVD y liberó a cuatrocientos sesenta y seis prisioneros. El comandante Kyuchkin, responsable del centro, se hallaba “en un banquete” cuando tuvo lugar el ataque. Beria montó en cólera: después de las severas críticas que había vertido el NKVD sobre los jefes del ejército por su falta de vigilancia, el incidente resultaba harto embarazoso.

Lo único que deseaban las mujeres de Berlín era que la vida tornase a algo parecido a la normalidad. La visión más frecuente que podía contemplarse en la capital eran las cadenas humanas que formaban las Trümmerfrauen (“mujeres de los escombros”) con sus cubos a fin de despejar las calles de los restos de edificios derrumbados y ladrillos susceptibles de ser reutilizados. Muchos de los hombres alemanes que habían quedado en la ciudad estaban escondidos o bien se habían venido abajo por dolencias psicosomáticas en cuanto acabó la guerra.

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Violadas por el ejército ruso

Mensaje por paulo_2_5 » Vie Ene 14, 2011 9:26 pm

Francis Currey escribió:«Creían que podían hacer lo que quisieran, ya que estaban liberando Europa».
Francis Currey escribió:Los soldados del Ejército Rojo eran hombres duros mongoles, cosacos, tártaros y siberianos
Creo que estas 2 Citas del texto explican (No justifican, pues son cosas completamente injustificables) los hechos que relatas. No estás mandando ejércitos de jóvenes de 18 años que estudiaron en prestigiosas universidades. Estás mandando duros guerreros, casi legendarios, razas duras de la estepa, preparadas para la lucha brutal, casi medieval. No podemos mirarlos desde un punto de vista "civilizado" ya que para ellos es correcto saquear ciudades, violar a las mujeres que la ocupan y asesinar a los niños y hombres. Sobre lo primero, también se recuerda todo lo que hacían los alemanes. Es decir, por haber ganado la Guerra, por un momento se olvidaron estos abusos y ahora que ya pasaron casi 70 años, aparecen brutales, inhumanos, pero fuera de contexto.
Saludos.

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Re: Violadas por el ejército ruso

Mensaje por IsabelRosa » Dom Ene 30, 2011 3:48 am

Antes que Beevor, Alexander solszhenitzin ( me disulpo si lo escribi mal ) hablo valientemente sobre el tema de la violencia contra las mujeres del pueblo vencido y de como se incentivaba a los soldados a cometer tropelias desde la propaganda sovietica .
Esto, al mismo timepo que los oficiales no se animaban a detener las violaciones, o participaban de los hechos o no les daban excesiva importancia.

Solszhenitsin resume el tema de esta forma:
" Una niña se transforma en mujer y luego se transforma en cadaver... "

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Grossman
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Re: Violadas por el ejército ruso

Mensaje por Grossman » Dom Abr 19, 2015 7:00 pm

¡Hola!

Reabro el hilo a tenor de la noticia de la publicación este año de un libro diferente sobre las víctimas alemanas de crímenes sexuales por parte de los aliados. Es de Miriam Gebhardt y el título “Als die Soldaten kamen” Deutsche Verlags-Anstalt (2015); la traducción sería "Cuando vinieron los soldados". Gerbhardt es una profesora de la Universidad de Constanza que ha investigado nueva documentación salida a la luz y rastreado información obtenida de la búsqueda explícita de testimonios de víctimas y testigos de violaciones.

Según la noticia publicada el 15/4/2015 en La Vanguardia http://www.lavanguardia.com/internacion ... manas.html, hasta entonces se estimaba que el número de violaciones fue de entre 1 y 2 millones y los perpetradores casi todos soviéticos. La autora (cito la noticia), sin embargo, calcula el nº de víctimas en 860.000, de las que los perpetradores serían 590.000 soviéticos, 190.000 estadounidenses, 50.000 franceses y 30.000 británicos.

En este enlace podemos leer la introduccción y el primer capítulo del libro.
http://www.randomhouse.de/leseprobe/Als ... 046338.pdf

El motivo de la obra está muy lejos de intentar relativizar los crímenes de un bando con los perpetrados por el contrario. No, los motivos que han movido su investigación es recuperar la memoria de unas víctimas de un crimen masivo que se silenció. Por vergüenza, por oportunismo, por instrumentalización política, en aras de la reconstrucción de un modelo familiar burgués patriarcal, por pérdida de prioridad frente a otras traumas de la sociedad alemana, etc.

Es interesante y muy triste, la descripción de lo que denomina “victimización secundaria”, con lo que se refiere al hecho de que después de haber sufrido la violación, la víctima sufre por añadidura el trauma de la exclusión social al haberse convertido el tema en un tabú y ellas no existir como objeto de atención y menos de ayuda o de compasión. Dañadas y olvidadas, la elaboración de su trauma corre de su cuenta. La autora señala también el posibles daño psicológico en generaciones posteriores, en las personas que viven hoy y cuyas madres o abuelas fueron víctimas silenciadas de ese daño.

Además de mujeres, hubo también hombres violados. Hasta donde he podido leer no lo refleja, pero no es difícil hacerse a la idea de que dicha circunstancia añadió una vuelta de tuerca más al sufrimiento de la victimizacion secundaria.

Saludos cordiales
Grossman
Espérame y yo volveré, pero espérame mucho
Espérame cuando las tristes lluvias lleguen, y cuando el calor llegue no dejes de esperar
Espérame y yo volveré para que la muerte rabie
No comprenderán jamás los que jamás han esperado, cómo tú del fuego me salvaste
Es que sencillamente me esperaste como nunca nadie me esperó
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Re: Violadas por el ejército ruso

Mensaje por Audie Murphy » Dom Abr 19, 2015 9:25 pm

Grossman escribió:Según la noticia publicada el 15/4/2015 en La Vanguardia.com/internacional/20150415/54430644258/soldados-occidentales-violaron-cientos-miles-mujeres-alemanas.html, hasta entonces se estimaba ...
De lo que he leído por el artículo y en otras webs, el libro no es un estudio científico sobre violaciones de mujeres germanas por los ocupantes, sino una recopilación de datos y testimonios en la región de Baviera que luego extrapolaría al resto del país para sacar unas cifras estimativas. Lo mismo pasaría con los casos de abortos, donde no separaría los casos de asaltos sexuales con las relaciones consentidas.

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fuente http://de.sott.net/image/s11/238154/ful ... _kamen.jpg
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Re: Violadas por el ejército ruso

Mensaje por Hernan Trizano » Vie May 01, 2015 4:48 pm

Ha a aparecido una nota en la bbc, un diario de un oficial sovietico que narra las violaciones y maltratos a la población.

http://www.bbc.com/news/magazine-32529679

Personalmente encuentro más detestable que las violaciones (el pretender no violar a las mujeres del enemigo es tan fantástico como el ganar una guerra sin matar, seamos francos la guerra es la guerra), el encarcelamiento de las mujeres que ayudaron a abortar a todas esas mujeres violadas.

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Re: Violadas por el ejército ruso

Mensaje por azurzazarraga » Vie May 01, 2015 9:07 pm

No estoy de acuerdo, me parece mucho mas horrible la violación, que el encarcelamiento. Un saludo.

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Re: Violadas por el ejército ruso

Mensaje por Manuel Tagüeña » Sab May 16, 2015 1:58 am

Y con todas esas violaciones, seguramente no organizadas por el alto mando del Ejército Rojo ni por Stalin, con todo el terror y la represión que sufrió la población de Alemania Oriental bajo la administración soviética y con la RDA, con todo, el destino que sufrió Alemania no fue más que una fracción del horror del que aguardaba a los rusos en caso de que Hitler hubiera ganado su guerra. Los rusos lucharon no para salvar el comunismo ni la Tercera Internacional. Fue para sobrevivir. Porque en caso de no haber sido exterminados el destino que iban a correr los supervivientes como modernos ilotas tal vez hubiera sido peor que la misma muerte.

Suerte tuvieron aún los alemanes de que el grueso de los rusos eran aún sencillos campesinos que con cierta cantidad de venganza del tipo más primario y echando la culpa al "fascismo" y no a Alemania en sí se dieron por satisfechos.

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Re: Violadas por el ejército ruso

Mensaje por Rus » Dom Jun 07, 2015 2:31 am

No estoy de acuerdo, me parece mucho mas horrible la violación, que el encarcelamiento. Un saludo.
- Se podría considerar el encarcelamiento y la violación en muchos casos, contextos afines.

- Para entender a los Alemanes y a los Japoneses, se han elaborado auténticos estudios psicológicos que traten de evidenciar cuales fueron los condicionantes que fomentaron tales actos, creo que deberíamos hacer lo mismo con los "Rusos". De hecho me parece que hablar de las violaciones de cada ejército por separado induce y dibuje una disimulada línea que insta a la discordia.

- Los eslavos y su idiosincrasia hay que entenderla especialmente porque no hablamos de rusos para empezar, de hecho me parece un término ofensivo englobar a pueblos tan dispares como el Ucraniano y el Búlgaro dentro. De hecho insto a muchos a decirles a un Ucraniano "Ruso" o viceversa, muchos se sentirán ofendidos, reconocidos o indiferentes. Pero me estoy liando...

- Un dato que no podemos olvidar, es que pese a que la violación es un acto injustificable, si diré que no podemos juzgar y comparar los actos de los Alemanes en los inicios de la campaña, con la de los soviéticos a finales de la misma, a dichas alturas. Los Alemanes habían destruido, saqueado y exterminado pueblos enteros, habían arruinado generaciones enteras y creo que ello dio pié a una de las citas mas célebres del pueblo de habla rusa, "Oko za oko" (Ojo por ojo)...

- Otro dato adicional que añadiré, es que las propias mujeres alemanas accedían a cambio de comida en muchas ocasiones...Seguimos en las mismas, no justifica las violaciones, pero al menos nos ayudan a entender que en parte hubo consentimiento por parte del pueblo, y no íntegra culpa de los soviéticos, que a veces me da la sensación de que nos esforzamos mas en sacar a relucir mas la verdad de una de las partes.

- Miles de aquellos casos de violaciones fueron atribuidos a los soviéticos, cuando la realidad es que los Norteamericanos, y los Franceses también tuvieron parte de culpa, si no toda, parte. Creo que los relatos que se citan al comienzo son ciertamente injustos, primeramente porque se habla de todo un pueblo, no de un sistema como fue el soviético, que implica muchas cosas, entre ellas que estuviera constituido por cientos de pueblos distintos, con mentalidades opuestas, y en segundo lugar porque falsamente se acusa al ejército soviético de haber cometido todas las violaciones al final de la guerra. Y no hablo de cifras nimias, hablo de 8,7 millones (12)...

- Quiero decir con todo esto que me parece correcto que haya usuarios que aborden la realidad sin tapujos, trascendiendo tabús y ahondando en los momentos mas turbios de la segunda guerra mundial. Pero me parecería mejor que se hiciese de modo mas empírico y políticamente correcto.

- Bolshoye spashiba za vnimaniye.

- http://www.abc.es/cultura/20150302/abci ... 21049.html
-J Robert Lilly Rape and American GIs in Europe during World War II - pg.12
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maxtor
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Re: Violadas por el ejército ruso

Mensaje por maxtor » Jue Jun 11, 2015 9:36 pm

Saludos cordiales a todos.

Es cierto que todos los ejércitos cometen violaciones sexuales, y tampoco ninguno quiere admitirlo. Los soldados británicos y norteamericanos pasaron menos tiempo en el continente que otros soldados y técnicamente tuvieron menos tiempo para delinquir, y no se permitieron una hostilidad generalizada con la población sometida, así que era menos probable que sus tropas se vieran envueltas en las peores formas de violencia sexual. Y aunque como vencedores estaban en posición idónea para encubrir informaciones escandalosas, pese a ello, hubo acusaciones. Durante el avance final de los aliados occidentales sobre Alemania en 1945, las autoridades militares estadounidenses tenían que ocuparse de quinientos casos de violaciones a la semana. “La conducta de nuestras tropas – lamentaba un oficial del servicio de inteligencia – no es para estar orgullosos (…) Los ingenuos y los maliciosos creen que sólo los rusos saquean y violan. Los guerreros de la Democracia no fueron más virtuosos de lo que sabemos que lo han sido las tropas comunistas”. ( Joanna Bourke, An Intimate History of Killing, Oxford, 1993).

Forma parte de la naturaleza humana… jovénes armados hasta los dientes donde las reglas de combate hacen que se quite el velo coercitivo que en las sociedades organizadas hacen que las personas no cometan delitos graves. En tiempos de guerra ese lazo psicosocial se deshace de forma abrupta, y nos hace cometer actos aberrantes. Una cosa es entender y otra justificar; no es justificable que a personas que no conoces de nada, que no te han hecho nada más que pertenecer a una étnia nacional se le pueda asimilar como acto de venganza cualquier delito cometidos sobre ellos por el mero hecho de que fueran alemanes o vencidos….

Pero el comportamiento de los soldados del Ejército soviético excedió al de todos los demás ejércitos. Tan pronto como abandonó el territorio soviético y se convirtió en ejército liberador, sus comandantes dieron por hecho de que todos los alemanes eran colaboracionsitas nazis y que había que imponerles un castigo colectivo. Hablamos de balas en las cabezas para los hombres, jóvenes, ancianos y niños y para las mujeres violaciones en grupo. No hubo piedad ni para las más jóvenes ni para las más viejas. A las enfermeras de los hospitales se las violaba en masa; a las monjas de los conventos las colocaban en fila y las violaban; a niñas de ocho años y a las ancianas las violaban – y las golpeaban sin cesar y las pisoteaban hasta que fluía la sangre y el cuerpo dejaba de resistirse. En más de una ocasión, al liberar campos de trabajo repletos de trabajadores esclavos soviéticos, los soldados soviéticos violaron a sus compatriotas del mismo modo exactamente. (Davies, Moorhouse, Microcosm).

El clima de violencia que facilitó estos ultrajes se vio alentado por la apelación oficial a la venanza, como muestran los espeluznantes relatos del novelista Ilya Ehrenburg en Krasnaya Zvyezda (Estrella Roja), el periódico del Ejército Rojo, sin incitar directamente a la violencia sí contribuyó a difundir de forma tácita que el todo vale. Los oficiales políticos consideraban que la negativa a vengarse era una infracción. No fue casualidad que cuando el ER pisó por primera vez suelo alemán en Nemmersdorf, una localidad de Prusia Oriental, las mujeres fueran las primeras que padecieron la sádica violencia: las violaron primero y luego las crucificaron.

La actitud de los hombres y las disposiciones de las autoridades alentaron la cultura de la violación en masa, y esa es la clave respecto a las violaciones y crímenes cometidos por los soldados británicos, o norteamericanos. Resulta imperdonable, que hoy en día los historiadores rusos sigan recurriendo a evasivas como: “Los fenómenos negativos del ejército de liberación – escribe uno a propósito de las violaciones en masa – causaron un perjuicio significativo al prestigio de la URSS y de sus fuerzas armadas, y podrían tener una influencia negativa en las futuras relaciones con los países por los que atravesaron nuestras tropas” (Davies, Moorhouse, Microcosm, pp. 107).

Las mujeres de los países ocupados por los soviéticos siguieron diversas estrategias. Una fue intentar abortar, otra estrategia consistía en buscar la protección de los oficiales soviéticos ofreciéndose como concubinas, como las llamadas “esposas de primera línea”, y la tercera estrategia fue el suicidio. La enloquecida culminación de esta pesadillas se alcanzó en Berlín en los últimos días de la guerra que le costó a la URSS unos setenta mil soldados y cien mil mujeres alemanas fueron violadas y muchas más se acostaron “por comida” en un momento en que cuatro cigarrillos significaban “toda la noche”. Durante años lo que ocurrió no ha recibido ninguna publicidad ni mucho crédito como consecuencia de la gran paradoja moral que ha tenido el fin de la Segunda Guerra Mundial y es el no atreverse a criticar a la URSS, ya que fue un aliado victorioso y la crítica era ponerse al lado del enemigo, pero la publicaciones de libros como "Berlín, 1945" de Beevor, o las memorias de “Una mujer en Berlín (1959) causaron sensación. (Marta Hillers).

La violación siempre es un acto criminal. La violación en grupo es un crimen de interés compuesto, y perpetrada al estilo soviético con frecuencia se veía acompañada del asesinato, o el posterior suicidio. Decenas de miles, sino de centeneres de miles de alemanas, se mataron para evitar el destino de sus hermanas o por la repulsión que sentían hacía sí mismas tras un acto tan traumático.

Fuente: Norman Davies, "Europa en guerra".

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Re: Violadas por el ejército ruso

Mensaje por Rus » Jue Jun 11, 2015 11:41 pm

Es cierto que todos los ejércitos cometen violaciones sexuales, y tampoco ninguno quiere admitirlo. Los soldados británicos y norteamericanos pasaron menos tiempo en el continente que otros soldados y técnicamente tuvieron menos tiempo para delinquir, y no se permitieron una hostilidad generalizada con la población sometida, así que era menos probable que sus tropas se vieran envueltas en las peores formas de violencia sexual.
- Los soldados Americanos e Ingleses poseían una mentalidad diametralmente opuesta a la soviética. Evidentemente no era lo mismo un chico de 17 años de Ohio con una permanencia en Europa de 2 años, que un soldado soviético de procedencia incierta, la cual podía varia, configurando un perfil tan variopinto como un cosaco Ucraniano, un Chuvasio (Búlgaros Túrcomanos), hasta un Tártaro o un Ruso.

- Los Americanos no sufrieron perdidas civiles de manos de los Alemanes, Inglaterra tan solo sufrió bombardeos de forma itinerante, y la ocupación de Francia fue un paseo, dicho a bote pronto. En Rusia los Alemanes ocasionaron millones de bajas civiles (16 millones aproximadamente) así, como bajas militares (8 millones), bajas 30 veces superiores a las que sufrieron otras potencias, como EEUU o U.K...

Imagen

- No hace falta aprender psicología para darse cuenta que un ejército que ha sido humillado sistemáticamente, que está compuesto por individuos de múltiples etnias, que en conjunto, la incidencia de soldados que han perdido un ser querido es altísima, y que han sufrido y pasado por los mismos horrores que ahora aquí se dictan, actuaran así.

- Sea Soviético, Inglés, Americano, Francés...la violación es un acto execrable e injustificable, que no es peor porque mas veces se cometa. La frecuencia está íntimamente relacionada con las circunstancias y sucesos anteriores al repliegue alemán, y a la cantidad de soldados en el bando soviético.

- Sin embargo lejos de tratar de entender la mentalidad de los perpetradores, lo cierto es que las cifras y estimaciones de las violaciones cometidas por los soviéticos es inverificables como señala el historiador Nicky bird, y según fuentes soviéticas, quienes nunca han negado lo ya evidente.

Aunque todas las fuentes coinciden en que las violaciones se produjeron, los números presentados son meras estimaciones. Un número muy citado es que en Berlín 100 000 mujeres fueron violadas por soldados del Ejército Rojo,19 sin embargo, esta estimación ha sido cuestionada por el experto en historia militar Nicky Bird, quien argumenta que las estadísticas son inverificables.20 Historiadores rusos, aunque no niegan las violaciones cometidas por las fuerzas soviéticas, han puesto en duda si éstas eran en verdad generalizadas.21 22 23 24 Yelena Senyávskaya, por ejemplo, cita un documento oficial de la fiscalía militar soviética en el 1.er Frente Bielorruso, que establece que en el Frente Bielorruso, conformado por siete ejércitos con un total de 908.500 elementos, solo se registraron 124 crímenes contra civiles, incluidos 72 casos de violación, durante el período comprendido entre abril 22 y mayo 5 de 1945.24




- Además, otro dato significativo que hace que muchos se cuestionen, ya no el acto en sí, si no la frecuencia con la que muchos dicen, se realizaron abusos sexuales contra la población civil, es el de un mariscal, el mariscal Kónev, quien estableció mediante la Stavka una serie de medidas contra las tropas. Por tanto no se puede afirmar taxativamente que la cadena de mando soviética incitaba a la violencia, de hecho, me resulta un argumento muy demagógico cuyo principal objetivo es desprestigiar al ejercito soviético...En alusiones al siguiente comentario...
Pero el comportamiento de los soldados del Ejército soviético excedió al de todos los demás ejércitos. Tan pronto como abandonó el territorio soviético y se convirtió en ejército liberador, sus comandantes dieron por hecho de que todos los alemanes eran colaboracionsitas nazis y que había que imponerles un castigo colectivo.
- Aunque no solo Kónev, ya que mariscales como Zhukov, tuvieron y demostraron un trato muy humano y humilde, lo que hace sospechar que esa tendencia a generalizar y atribuir todos los horrores de la guerra a los soviéticos, son consecuencia directa de la concepción que el sistema Alemán había impuesto en la sociedad, el cual continuó después de la segunda guerra mundial, cuando los Estados Unidos comenzaron a satanizar a los soviéticos...Zhukov por citar un ejemplo, como se referencia en libros de prestigio como el de Guerra de Absoluta de Chris Bellamy, el cual me he leído en papel "recomendado", llamó a Stalin y le tuteo, solicitando cito textualmente del libro "...formalmente a Stalin que se le permita mejorar la alimentación de la población civil alemana a su cargo, reclamando «hacer diferencia entre el nazismo y el pueblo alemán...».

Durante los meses que precedieron a la batalla, cuando el Ejército Rojo comenzó sus ofensivas en la propia Alemania, la Stavka reconoció las potenciales faltas a la disciplina que podían involucrar unas tropas vengativas y habían podido comprobar este tipo de comportamiento en cierta medida. El mariscal Kónev ordenó el 27 de enero, cerca de la conclusión de la Ofensiva del Vístula-Óder, entregar una larga lista de mandos a ser reasignados a batallones de castigo por el saqueo, la embriaguez, y los excesos cometidos contra la población civil.18


Saludos.

Fuentes:
Beevor, Antony (2002). Berlin: The Downfall 1945. (Nicky Bird)
Duffy, Christopher (1991). Red Storm on the Reich (en inglés). Routledge. p. 275
Chris Bellamy Guerra Absoluta.
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Re: Violadas por el ejército ruso

Mensaje por Plantigrado » Mié Jul 11, 2018 12:47 pm

¿Cual era la actitud mayoritaria de los mandos soviéticos (que supongo tenían un mayor nivel intelectual y criterio moral) ante las violaciones de su soldadesca ( que supongo más propensa a dejarse llevar por emociones e instintos primarios?) en suelo alemán en 1945?

¿Y de la opinión pública civil en la URSS, de los intelectuales soviéticos, muchos de los cuales seguramente sabían de estos hechos?

¿ Comprendían estos excesos, es decir, los consentían como una justa venganza a un Pueblo opresor, o como una pecata minuta; o hiceron esfuerzos evidentemente inútiles por frenarla?

Yo tengo la sensación que si hubiesen realmente querido habrían sido capaces de disciplinar mejor a su tropa, que para otras cosas sí que lo estaba.
" El enemigo está ya a 200 metros. Nos ha invitado, con altavoces, a que nos rindamos. Le hemos contestado riéndonos".
"No hemos probado bebida ni alimento desde hace 5 días. La moral es muy alta. Vamos a librar nuestro último combate".

General Tadamichi Kuribayashi, Iwo Jima, marzo de 1945.

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Re: Violadas por el ejército ruso

Mensaje por José Luis » Vie Jul 13, 2018 7:07 am

¡Hola a todos!
Plantigrado escribió: Yo tengo la sensación que si hubiesen realmente querido habrían sido capaces de disciplinar mejor a su tropa, que para otras cosas sí que lo estaba.
Estimado Plantígrado, tu suposición tendría más sentido si la despojas de la parcialidad del sujeto. En otras palabras, podrías aplicarla al resto de los ejércitos participantes en la IIGM, pues las violaciones de mujeres (incluidas las mujeres alemanas) no fueron delitos exclusivos del Ejército Rojo, ni mucho menos.

Claro que el tema de este hilo se refiere a las mujeres alemanas violadas por tropas del Ejército Rojo durante la penetración y ocupación del territorio alemán a partir de 1944. Pero el tema en sí estará insuficientemente analizado si no se pone bajo un marco de referencia general. Porque a día de hoy la investigación académica ha demostrado que las tropas del Ejército Rojo no fueron las únicas que violaron mujeres alemanas durante la última fase de la guerra y después de la guerra. Y la misma investigación académica ha desmontado el estereotipo (forjado por los prejuicios ideológicos y racistas) del soldado ruso con rasgos asíaticos violando toda alemana que se le pusiese por delante. Y las mismas violaciones de mujeres alemanas se ha convertido en un tema de disputas ideológicas entre los espectros políticos de la izquierda (que pretende rebajar la responsabilidad y alcance de los "liberadores" soviéticos) y la derecha (que pretende todo lo contrario).

Miriam Gebhardt escribió un libro titulado Crimes Unspoken: The Rape of German Women at the End of the Second World War (2017, y 2015 original alemán), y según los cálculos de su investigación, "al menos 860.000 mujeres (y un buen número de hombres) fueron violados después de la guerra. Al menos 190.000 de ellas, quizás incluso más, fueron asaltadas por soldados estadounidenses y otras por británicos, belgas o franceses. Nada se ha dicho sobre esas víctimas".

Las mujeres violadas por soldados rusos recibieron, al menos, cierto reconocimiento aunque estuviese manipulado por fines ideológicos derivados del conflicto Este-Oeste de posguerra, y profusa literatura y difusión a través de los medios de comunicación (artículos y documentales) cortados por el mismo patrón. Pero de las violaciones cometidas por tropas occidentales se ha corrido, en buena medida, un tupido velo.

Gebhardt, en el libro citado arriba, comenta que, hasta la fecha en que lo escribió, sólo dos libros habían alcanzado una gran audiencia sobre las violaciones, y ambos situando Berlín como centro y los soldados rusos como perpetradores. El primero corresponde al diario de "Anónimo" titulado "Una Mujer en Berlín" (1), publicado originalmente en Alemania en 1953 y llevado al cine en 2008; el segundo libro (y documental) es de la escritora y directora de cine, feminista, Helke Sander, BeFreier und Befreite (1992) (2). Ambos libros refuerzan la creencia de la mayoría de alemanes de que la violencia sexual de la guerra fue un problema de los soldados soviéticos, mientras que los otros aliados debían en cambio ser protegidos "de las mujeres alemanas enfermas de amor" (lovelorn German women). De esta forma, Anónimo y Sander, junto con el periodista Erich Kuby y su serie "Los rusos en Berlín" publicada en Der Spiegel en la década de 1960, ayudaron a confirmar el estereotipo.

En base a su investigación, Gebhardt ha refutado algunos de los conceptos erróneos más notables sobre la violencia sexual de la guerra contra mujeres alemanas, como el de la falsa creencia de que "fueron mayormente los rusos quienes asaltaron en particular a las mujeres alemanas que huían, para vengarse de sus propios sufrimientos".

El punto al que quiero llegar, para valorar tu suposición, Plantígrado, es que la tarea de disciplinar a las tropas para que no cometiesen delitos, en general, y delitos de violencia sexual, en particular, no era una tarea exigible exclusivamente a los mandos soviéticos, sino a todos los mandos de todos los ejércitos. Como lo era igualmente la obligación de esos mandos de castigar los delitos de las tropas bajo sus mandos, y la apertura de responsabilidades penales a los mandos que no cumpliesen con esas sus responsabilidades.

Hechas estas salvedades, hay un punto diferencial que ha de subrayarse en este asunto. A diferencia de todos los contendientes de la IIGM, quizá con la excepción de Japón, la Alemania de Hitler fue la única potencia beligerante que planificó y ejecutó una guerra de aniquilación quebrantando todo el Derecho Internacional y todas las convenciones de la guerra que había suscrito y ratificado. Me refiero, por supuesto, a su guerra contra la Unión Soviética. La violación de mujeres de los territorios soviéticos ocupados durante la guerra fue una tónica sistemática de tropas alemanas que entraba dentro de la ideología racial nazi y su consideración de los eslavos como "subhumanos". Y los mandos alemanes sólo tomaron medidas contra los autores de esas violaciones siempre y cuando supusieran una ruptura de la disciplina militar de sus tropas.

Las violaciones de mujeres alemanas por tropas soviéticas, condenables sin paliativos, se enmarcan, sin embargo, dentro de otro marco de referencia, el mismo que engloba las violaciones de tropas de los ejércitos occidentales, con ciertos matices diferenciales, y no generalizables, debido a los horrores cometidos por los nazis contra la población civil durante el tiempo de su conquista y ocupación de los territorios soviéticos.

(1) Véase https://en.wikipedia.org/wiki/A_Woman_in_Berlin
(2) Véase breve reseña en https://www.imdb.com/title/tt0184255/

Saludos cordiales
JL
"Dioses, no me juzguéis como un dios
sino como un hombre
a quien ha destrozado el mar" (Plegaria fenicia)

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