Las pesadillas del soldado Urquhart.

Crímenes contra los prisioneros de guerra y la población civil

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Herman Hoth
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Las pesadillas del soldado Urquhart.

Mensajepor Herman Hoth » Mié May 05, 2010 11:14 pm

Hola, me llamo Alistair Urquhart y no puedo dormir. Llevo 65 años sin dormir. Antes, cuando era más joven, por las noches salía de mi casa y deambulaba por las desiertas calles de Dundee, en Escocia. Ahora tengo 90 años y estoy en una silla de ruedas, y cuando llega la noche hago lo que sea por no dormirme, temo a la oscuridad, a la noche, a las pesadillas que me asaltan y me atormentan. Mi familia nunca ha sabido que me pasa, pero ahora, ya cerca del final de mi vida y tras la muerte de mi esposa, he decidido contarlo. He escrito un libro para que mis hijos comprendan el horror por el que he pasado. Tras leerlo, bueno, alguno fue incapaz de terminarlo, me han pedido que lo lleve a una editorial, que lo publique al mundo y así lo he hecho. Por mi y por la memoria de tantos como yo, que vivieron el horror, el horror del Puente sobre el rio kwai. Mi libro se titula,”The forgotten highlander”, y acaba de salir a la venta en el reino unido.

Estas serian las palabras de este hombre que vivió el horror de los campos japoneses durante la sgm. Allí vivió esclavitud, torturas, decapitaciones, canibalismo, vampirismo y una crueldad y sadismo ilimitados. Sus dos hijos no pudieron terminar de leer el libro.
Alistair Urquhart nació en un pueblo pesquero de Newtonhill, en el noroeste de Escocia. Su padre lucho en la IGM enrolado en el regimiento escocés de los Gordons Highlanders, pero nunca quiso contar su experiencia. De pequeño no entendía como su padre no le quería contar nada de sus “aventuras” y siempre rehuía el tema. Años después, entendió el por qué en su propia carne.
En 1941, con apenas 20 años, fue reclutado por el mismo regimiento que a su padre y enviado a Singapur. Este era un destino privilegiado, pues la colonia británica era un paraíso, pero el 15 de febrero de 1942, se convirtió en un infierno, tras la invasión japonesa y la captura de 600 Highlanders.
Los 600 fueron metidos en vagones de ganado, en los que solo podían permanecer de pie, haciéndose sus necesidades encima, sin agua ni comida, apenas sin aire, durante un terrible viaje que duro 5 días. Muchos, enfermos de disentería, la malaria o diarrea no aguantaron. Cuando se abrieron las puertas, estaban en medio de la selva Thailandesa. Aun tuvieron que recorrer a pie otros 160 kilómetros de jungla.
Cuenta el anciano insomne: “Estaba totalmente aturdido. Padecía disentería y malaria y no había medicamentos. Si tenias una camiseta, eras afortunado, si tenias un gorro, eras extremadamente afortunado. Me arrastraba con sarna y piojos, y perdía peso. A los compañeros que caían enfermos o exhaustos, les clavaban la bayoneta en el pecho. Les azotaban con látigos de bambú, cuyo corte te provocaba ulceras tropicales que causaban gangrena y te tenían que amputar sin anestesia.
Nos poníamos gusanos en las heridas, sentías como te comían la carne, pero esos gusanos te salvaban la vida. No existía la higiene, en tres años nunca me cambie de ropa, ni me asee y solo comía una ración de arroz cada dos o tres días”.
Durante la travesía por la jungla pasaron entre los cuerpos mutilados y descompuestos de los miles de chinos asesinados en la masacre de Sook Ching. El inhumano viaje duro 32 horas. Cuando llegaron al Tenko de Changi, descubrieron a 50.000 prisioneros apilados en un campo para 4.000. Eran esclavos y realizaban trabajos para construir el infame ferrocarril de la muerte, desde Birmania hasta Siam, 415 kilómetros de rieles a través del terreno más duro de la tierra.
La construcción del ferrocarril quedo reflejada en la película “el puente sobre el rio kwai”, pero según nuestro protagonista, no refleja nada de la extrema brutalidad de los japoneses. Por cada traviesa colocada, moría un hombre. Los culatazos con el rifle y los latigazos sin razón eran la rutina. En su construcción murieron 16.000 británicos y más de 100.000 nativos.
El comandante del campamento se llamaba Usaki, pero le apodaban “el príncipe negro”. Era el más sádico de todos. Su mano derecha era el sargento Seiichi Okada, conocido entre los británicos como “Doctor muerte”. Su tortura favorita era tumbar a un prisionero en el suelo, fuertemente sujeto e introducirle una manguera por la boca. Lo llenaban con litros y litros de agua, hasta que su estomago estaba a punto de estallar. Entonces Okada, tomaba carrerilla y saltaba sobre su barriga. Muy pocos sobrevivían.
Otra tortura habitual era tumbarlos en el suelo y atarlos de pies y manos a unos postes mediante hilos de bambú mojados. Cuando estos se secaban, se convertían en afiladas cuchillas, que les iban cortando la piel hasta llegar al hueso, seccionando tendones y cartílagos. Incluso los más fuertes gritaban como locos y los dejaban allí, agonizando. Al día siguiente, el prisionero ya no estaba allí, y nunca preguntábamos que habían hecho con él, dice nuestro superviviente.
Una de las imágenes más aterradoras que recuerda fue la decapitación pública de un compañero que había intentado fugarse.Despues de golpearle durante días, lo colocaron frente al resto de los prisioneros formados, puesto de rodillas, apareció el “príncipe negro”, vestido con su uniforme de gala y le corto la cabeza con su espada samurái.
Urquhart intento pasar desapercibido, mezclarse en la masa, pero una noche la disentería le jugó una mala pasada en plena noche y salió corriendo hacia las letrinas. Le detuvo un guardián, que intento violarlo. Se defendió dándole una patada en la entrepierna y a los gritos del guardia aparecieron más guardianes y el mismísimo “príncipe negro”. Le obligo a cuadrarse delante de él tambaleándose con un dedo del pie roto. Lo golpearon durante días, para después encerrarle en un hoyo en el suelo, donde no podía ponerse en pie ni sentarse, dado su estrechez y escasa altura. Cada día le arrojaban un cucharon de agua. Conto hasta 7, 7 días pasó allí. Al sacarle, lo llevaron a la enfermería.
La parte más complicada de la construcción del ferrocarril fue la del famoso puente. Tenían el cuerpo cubierto de heridas, y la suciedad del agua se las infectaba. Cuando los vigilantes no miraban metían termitas en las ranuras de los troncos o los cortaban a medias, para que cuando pasara el primer tren, este se hundiera. (Finalmente fue bombardeado por los aviones americanos).
Enfermo de disentería, malaria y beriberi, contrajo el cólera, pasando 6 meses en el hospital. Una vez recuperado, le metieron en un tren, rumbo a Singapur y una vez allí, en un barco, rumbo a Nagasaki, Japón.
Amontonados en las entrañas del barco, comenzó un crucero de horror y fatalidad. Sin comida ni bebida, muchos enloquecieron y se alcanzaron los más bajos niveles de humanidad, al primar el primitivo instinto de la supervivencia. Se bebían la orina, se mataban los unos a los otros para beber la sangre o comer la carne, a los enfermos se les apaleaba, hasta matarlos.
En su sexto día en el mar, el submarino norteamericano USS Pampanito les torpedeo y Urquhart salió volando entre las llamas. Se agarro a una pequeña balsa y sobrevivió a la deriva, hasta que un ballenero japonés lo encontró ya moribundo y lo llevo a Japón, en donde fue trasladado a un campo de prisioneros a 12 kilómetros de Nagasaki.
El 9 de agosto de 1945 fue lanzada la bomba atómica sobre Nagasaki y en palabras de nuestro amigo, “escuche un ruido desagradable y una ráfaga me zarandeo. Después supe que había sido una bomba”. Más tarde padecería un cáncer de piel y artritis, como consecuencia de la radiación.
Al final de la guerra se reencontró con su familia. Habían pasado 4 años y ya le habían dado por muerto. Al regresar a Escocia recupero su trabajo como comercial de una empresa eléctrica y se caso con su novia Mary, con la que tuvo 2 hijos, pero al igual que su padre, nunca le conto a nadie el horror vivido.
Es un milagro que sobreviviera. El cree que lo consiguió gracias a lo que él llama su “maldita conciencia”. “Tenia la determinación de no dejarme vencer por los japoneses, pero no ha pasado ni un solo día en que no sintiera dolor físico o psíquico”, confiesa al diario The Sun.
Desde entonces padece de insomnio. “Al principio pasaba las noches sentado en una silla por miedo a hacerle daño a mi mujer en una de mis pesadillas”. Su esposa falleció en 1993, tras 46 años casados, sin sospechar el infierno que su marido había vivido, junto al rio Kwai.
“Aun hoy le temo a la noche, cada vez que me duermo termino en uno de aquellos terroríficos campos de prisioneros. A menudo me preguntaba por qué no podía contar aquello, pero hablando con otros supervivientes, me di cuenta de que la mayoría no lo queríamos contar para no trastornar a nuestras esposas y familias”.
Solo ahora lo explica, cuando ya no puede hacer daño a su esposa, le duele menos a el, y ya ha comprendido al fin, porque su padre nunca hablaba de la guerra.
Urquhart, aunque tiene algunos problemas de salud propios de su edad y va en silla de ruedas, sigue viviendo solo y valiéndose por sí mismo, con la memoria intacta. Cuando decidió escribir su historia, su intención era entregársela a sus hijos y nietos. Pero estos quedaron tan atónitos y horripilados al leerla que le pidieron que la llevara a una editorial, esa historia debería conocerla el mundo entero.
El impacto del libro ha sido tal, que apenas unos días después de su publicación, ya ha recibido 3 ofertas de Hollywood para llevarla a la gran pantalla. A él le gusta la idea, pero quiere que se sepa realmente lo que paso, así que asegura que incluirá una clausula que obligue a reflejar todas las torturas y atrocidades vividas, y que estas no sean eludidas, como en la película “El puente sobre el rio kwai”.
Después de la guerra sus torturadores, incluido el “príncipe negro” fueron ejecutados por los británicos. Pero cree que su muerte fue demasiado buena. Aun después del tiempo pasado, ni perdona ni olvida. Una vez el capellán de su parroquia le pregunto por qué no era capaz de perdonar? Le contesto, “cuando lea el libro, lo sabrá”.
Urquhart sigue determinado en no dejarse vencer, “Espero vivir más de 100 años y morir de viejo, no por lo que me hicieron, dormirme al fin en paz, esa será mi victoria”.

(Basado en un articulo de Daniel Postico, en el suplemento de historia del diario el mundo del 14-3-2010.)
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Las pesadillas del soldado Urquhart.

Mensajepor Eisenhower » Sab May 08, 2010 3:37 am

se llamaba Usaki, pero le apodaban “el príncipe negro”. Era el más sádico de todos. Su mano derecha era el sargento Seiichi Okada, conocido entre los británicos como “Doctor muerte”. Su tortura favorita era tumbar a un prisionero en el suelo, fuertemente sujeto e introducirle una manguera por la boca. Lo llenaban con litros hasta que su estomago estaba a punto de estallar. tomaba carrerilla y saltaba sobre su barriga
Otra tortura habitual era tumbarlos en el suelo y atarlos de pies y manos a unos postes mediante hilos de bambú mojados. Cuando estos se secaban, se convertían en afiladas cuchillas, que les iban cortando la piel hasta llegar al hueso, seccionando tendones y cartílagos. Al día siguiente ya no estaba ahi
Una de las imágenes más aterradoras que recuerda fue la decapitación pública de un compañero

. Se bebían la orina, se mataban los unos a los otros para beber la sangre o comer la carne, a los enfermos se les apaleaba, hasta matarlos.

Desde entonces padece de insomnio. “Al principio pasaba las noches sentado en una silla por miedo a hacerle daño a mi mujer en una de mis pesadillas”. S
“Aun hoy le temo a la noche, cada vez que me duermo termino en uno de aquellos terroríficos campos de prisioneros. A menudo me preguntaba por qué no podía contar aquello, pero hablando con otros supervivientes, me di cuenta de que la mayoría no lo queríamos contar para no trastornar a nuestras esposas y familias”.
Solo ahora lo explica, cuando ya no puede hacer daño a su esposa, le duele menos a el, y ya ha comprendido al fin, porque su padre nunca hablaba de la guerra.


Espeluznantes y interesante adaptación,la verdad, pobre hombre lo que tuvo que pasar.Las cosas que le hicieron.Cosas desagradables.Alli subraye las partes mas fuertes para mi,la verdad cosas que me dio escalofrio leerlas.

Saludos y "bueno" articulo.
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"Las frías piedras subrayan la brevedad de aquellas vidas segadas al empezar la edad adulta,hombres que nunca volvieron a ver a sus familias y sus hogares.Con el paso de los años,cada vez son menos las personas de edad avanzada que vienen a visitar estos solitarios rincones de Francia,Gran Bretaña, Bélgica,Polonia,las hawai,las Filipinas,Malaya y otras tierras extranjeras.La generación que hizo la segunda guerra mundial va fundiéndose con la sombra de la historia."La guerra que había que ganar.Muray y Millet

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Re: Las pesadillas del soldado Urquhart.

Mensajepor Taurus Soldat » Lun Feb 21, 2011 2:33 pm

Por Dios, lo que tuvo que pasar está gente (soldados o civiles) que caía prisionera de los enemigos... es atroz e inpensada la violencia con la que los trataban.
Si leer este tipo de relatos como el de Urquhart te pone la piel de gallina, no me quiero imaginar lo que habrá sido vivirlo en carne propia, sin saber que te va a pasar en los próximos minutos. Hoy en día nosotros tenemos la dicha de planificar nuestras vidas hasta en largo tiempo... pero esta pobre gente que caía prisionera, estaba condenada a que los guardias sean benévolos y no los maltraten o maten por cualquier excusa.
Me parece que, de acuerdo con todo lo que he leído sobre guerras en mi vida, los más sádicos han sido los japoneses. No tenían piedad para con sus enemigos y mucho menos si tomaban prisioneros. No solo en la SGM, si no en todas las otras guerras tambien, sobre todo a los chinos.

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Re: Las pesadillas del soldado Urquhart.

Mensajepor Sepp45 » Lun Feb 21, 2011 3:23 pm

Excelente relato! Admiro la valentía y determinacion de Urquhart y la de todos sus camaradas que sobrevivieron al martirio japones.
Con respecto al "Principe Negro", creo que está en lo correcto al decir que tuvo "una muerte buena". Debería haber sufrido los horrores que tanto aplico a sus prisioneros..

Saludos!
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"...Mi abastecedor estaba cansado de ponerle las cintas de balas a la MAG, pero yo seguía tirando. Eran como las nueve de la mañana. Las balas me pasaban cerquita: a las trazantes se las veía clarito. El subteniente me decía: "Vámonos Poltronieri, que te van a matar..." Pero yo le decía que se fueran ellos. Porque yo sabía que el sargento Echeverría había tenido familia en esos días. Entonces les dije: Váyanse ustedes que tienen hijos, que tienen familia. Yo no tengo a nadie...".

Conscripto Clase 62 Oscar Poltronieri, Regimiento de Infantería Mecanizado número 6. Monte Dos Hermanas. Malvinas 1982. Galardonado con Cruz al Heroico Valor en Combate (Máxima condecoración militar Argentina).

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Re: Las pesadillas del soldado Urquhart.

Mensajepor Antonio Machado » Vie Ene 25, 2013 7:28 pm

Hola amigos:

Algunas veces, cuando leo relatos como éste, reflejando tanta abyección e infamia, recuerdo los versos del cantante brasileiro Roberto Carlos "Quisiera ser civilizado como los animales..."

Saludos cordiales desde Nueva York,

Antonio Machado.
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Con el Holocausto Nazi en contra de la Raza Judía la inhumanidad sobrepasó a la humanidad.

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Re: Las pesadillas del soldado Urquhart.

Mensajepor Messerschmitt Bf » Lun Feb 11, 2013 12:22 am

Alguien sabe si su libro está traducido al español?

Gracias de antemano.
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Re: Las pesadillas del soldado Urquhart.

Mensajepor Audie Murphy » Lun Jun 16, 2014 5:44 pm

"El mal existe cuando las personas buenas no hacen lo que es correcto"


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