Fallschirmjager en África

La guerra en el Continente Africano

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Francis Currey
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Fallschirmjager en África

Mensaje por Francis Currey » Dom Ago 26, 2007 5:50 pm

Fallschirmjager en África del Norte y las últimas operaciones aéreas en Túnez

El 23 de octubre de 1942 se lanzó la segunda batalla en El Alamein y las tropas alemanas e italianas comenzaron su retirada de la zona el 3 de noviembre.

El octavo ejército británico comenzó a empujar a las Fuerzas del Eje hacia el este por Egipto y Libia en dirección a Túnez. El alto mando de los aliados diseñó un plan para atrapar a las fuerzas del Eje por medio del desembarco de tropas en el norte de África francés y la presión hacia el este, mientras el octavo ejército de Montgomery avanzaba hacia el oeste y después hacia el norte dirección Túnez.

Los paracaidistas alemanes habían estado en el Norte de África desde julio de 1942 cuando la Brigada Fallschirm del general de división Bernhard Ramcke llegó para tomar parte en las batallas de El Alamein. Su brigada estaba compuesta por 4 batallones, el primero dirigido por el comandante Kroh, el segundo por el comandante Baron von der Heydte, el tercero por el comandante Heubner y el cuarto batallón Fallschirm-Lehr por Maj Burkhardt.

La brigada dio lo mejor de sí en el campo de batalla pero fue prácticamente destruida tanto en la lucha de El Alamein como en la posterior retirada, y perdieron a muchos de sus hombres en la capitulación general de mayo de 1943. Lo que quedó de esta unidad fue reincorporado a la nueva segunda división de paracaidistas en 1943.

En noviembre de 1942 la quinta brigada paracaidista bajo el mando del Oberstleutnant Koch se trasladó a Túnez para defender y proteger los aeródromos que rodeaban la ciudad.

El quinto regimiento estaba siendo seguido de cerca por un batallón de zapadores Fallschirm bajo el mando del comandante Witzig, que tenía encomendada la misión de reforzar una zona al oeste de Túnez en línea directa con el avance aliado.

El 17 de noviembre las tropas alemanas entraron en contacto con la vanguardia de los aliados y a continuación tuvo lugar la primera de muchas batallas.

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Durante los sucesivos días, la delgada línea mantenida por los hombres de Witzig fue lentamente reforzada, lo cual permitió a su batallón retirarse de primera línea para servir como unidad de reserva.

Después, partes de este batallón recibieron un entrenamiento especial y les asignaron la misión de pasar por detrás de las líneas enemigas para realizar un reconocimiento y reunir información sobre las fuerzas enemigas, lo que propició el último suministro por paracaídas llevado a cabo por la Luftwaffe Fallschirmjager en el norte de África.

Continuara ...

Fuente:http://dak.planetaclix.pt/dak/fallschirmjager.htm

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Francis Currey
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Mensaje por Francis Currey » Lun Ago 27, 2007 1:38 pm

Los hombres de la tercera compañía, el batallón zapador, fueron elegidos para el suministro por paracaídas, y el entrenamiento comenzó de inmediato.

Los objetivos consistirían en aeródromos y puentes en las zonas de Souk el Arba y Souk el Ahras, detrás de las líneas de los aliados. Estos usaban los objetivos para reabastecer y reforzar a sus tropas y el alto mando alemán necesitaba desbaratar cualquier futuro ataque en su débil perímetro de defensa alrededor de Túnez.

El avión de transporte JU-52 salió desde los aeródromos de las afueras de la capital a principios de diciembre. No era este el mejor mes para realizar operaciones aéreas ya que el tiempo era frío, ventoso y no había luna.

La Luftwaffe había sufrido a causa de la clara inexperiencia de sus pilotos, aunque estaban bien entrenados, y esto se demostró cuando los paracaidistas saltaron.

Aunque los pilotos habían cruzado las líneas enemigas sin ser detectados, su inexperiencia les condujo a soltar a sus hombres a millas de los objetivos, ni uno solo aterrizó en la zona asignada. Sería un largo camino hasta alcanzar los objetivos.

Por desgracia para los paracaidistas, las tropas británicas que patrullaban las zonas donde estos caían, pronto comenzaron a rodear al cuerpo de ingenieros. En pocos días todos habían sido rodeados y muchos sufrían daños por los efectos de sol.

Este último gran esfuerzo por desbaratar el avance aliado en Túnez fue
un fracaso total.

La operación de los zapadores fue seguida unos días más tarde de otro ataque aéreo. El 26 de diciembre de 1942, se llevó a cabo una ofensiva con planeador por los hombres de la compañía Fallschirm del regimiento de Brandenburg, para destruir los puentes que usaban los británicos como rutas de suministros.

Este asalto acabó resultando un desastre, algunos de los planeadores fueron derribados mientras sobrevolaban las líneas enemigas y otros al acercarse a sus objetivos. Sufrieron muchas pérdidas y la mayoría murieron o fueron capturados.

Las fuerzas aliadas continuaron pasando suministros y el perímetro alrededor de Túnez comenzó a reducirse. ¿Quién sabe si las operaciones aéreas hubieran tenido algún efecto en el avance aliado?
Las fuerzas de la Fallschirmtruppe en el norte de África se habían reducido seriamente y los que no pudieron escapar de Túnez en mayo de 1943 estaban perdidos en la rendición de las fuerzas del Eje.

El 4 de noviembre de 1942, Rommel inició su retirada, bastante exitosa, ya que se las arregló para evitar que fueran destruidas grandes cantidades de material y muchas de sus tropas móviles. Y esto fue una pequeña victoria dentro de la derrota general: todo esto se pudo hacer gracias al sacrificio de las unidades estáticas italianas, abandonadas en el desierto (Bolonia, Brescia, Pavia y, ante todo, Folgore) que retrasaron el avance británico y de los aliados. El único eje estático que escapó de esa trampa en buenas condiciones fue la brigada de paracaidistas Ramcke, que, después de haber ido a marchas forzadas a través del desierto hacia la carretera de la costa, interceptó a un convoy de carros y usando estos se reincorporó al Panzerarmee tras una arriesgada carrera.

Fuente:http://dak.planetaclix.pt/dak/fallschirmjager.htm

Fin

Juan Manoel
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Mensaje por Juan Manoel » Mié Oct 31, 2007 9:27 pm

Estimado amigo, si me permites, me gustaría puntualizar y agregar algunas cosas respecto de la actuación de los paracaidistas alemanes en Africa del Norte.

Antes de la llegada de la Brigada Ramke a Africa, ya había estado en ella, el llamado “Grupo Combat” o mejor dicho el Batallón de Instrucción al mando del mayor Burckhardt.

Después de Creta, se decidió organizar una nueva unidad al mando de Burckhardt. Esta unidad sería reforzada con nuevos reemplazos y en agosto de 1941, comenzando la vida operativa de este batallón de instrucción de los paracaidistas alemanes.

Burckhardt trató de investigar y ensayar nuevas técnicas, así como mejorar los métodos tradicionales de empleo de las tropas aerotransportadas. Los saltos con armas personales, el lanzamiento de armas pesadas de apoyo (artillería) fueron habituales en los entrenamientos.

A finales de 1941 el batallón fue transferido al Norte de Africa, en apoyo del Afrika Korps de Rommel, llegando al frente en enero de 1942. Allí fueron empleadas como tropas terrestres en el frente de El Agelia, Agedabia y Bengasi, donde tuvieron fuertes pérdidas.

Refiriéndose a la llegada de esta unidad en enero de 1942 al frente, del historiador Paul Carell, en su libro “Los Zorros del Desierto”, indica :


“Y luego llegó la gente más formidable el Grupo Combat : los paracaidistas de la Unidad Burckhardt. Muchachos audaces y temerarios, al mando de un comandante también temerario. Llevaban consigo sus propios métodos de lucha : pequeños grupos de ataque motorizados, dos "Volkswagen", rodeados por algunas motocicletas con sidecar, y unos pocos paracaidistas armados hasta los dientes; así avanzaban hacia el Sur. Tenían un magnífico aspecto. Una vez, cuando uno de sus grupos de observación llegó al frente de Marada, donde se hallaban tropas italianas, los centinelas al ver a estos individuos tan poco tranquilizadores, sintieron tal miedo, que no pudieron dejar de gritarles :

- ¿ Sois ingleses o alemanes ?

Siempre volvían con algo a casa : prisioneros, vehículos, comestibles, cigarrillos. O, por lo menos, con un par de carneros. Un día aparecieron con tambores y una extrañas trompetas : eran instrumentos musicales de una unidad india.

Noche tras noche se dedicaron entonces a golpear los tambores y hacer sonar las trompetas. Uno de ellos, que tenía inventiva, había construido una especie de violín diabólico, que iba marcando el compás a un ritmo vertiginoso. Burckhardt y sus hombres fueron pronto el terror de los “tommys” en todo Cirenaica. Cuando más tarde fueron capturados por los ingleses, en El Alemein, anunció con orgullo el parte de la Wehrmacht : El mayor Burckhardt, comandante de los paracaidistas de Rommel, ha sido capturado. su pérdida es más importante para los alemanes que la de varios generales juntos”.

En abril de 1942 el “Grupo Combat” regresa de Afrika para recuperarse de las fuertes pérdidas.



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El mayor Burckhardt.



A comienzos de julio de 1942 las cosas no andan bien para Rommel, por lo que se decide mandar una brigada de paracaidistas al mando de Ramcke. Esta unidad estaba preparada para el asalto de Malta. Al cancelarse la operación, esta unidad quedó libre para su envío a Africa. En esta brigada se incluyó nuevamente para ser destinada a Africa al batallón de Burckhardt.

La Brigada Ramcke se componía de tres batallones de paracaidistas al mando de los mayores Kroh, Von der Heydte y Hubner , el batallón de instrucción al mando del mayor Burckhardt y las unidades de artillería paracaidista al mando del mayor Fenski.

Paul Carell en “Los Zorros del Desierto”, relata así la retirada de la retirada de la Brigada Ramcke de El Alemein:

"El chofer correo Karl Leiner, del puesto de mando de la Brigada de Paracaidistas Ramcke, había pasado con frecuencia por la pista que conducía a la depresión de Kattara con su “VW”, lanzaba una rápida ojeada sobre los vehículos donde estaba la cocina del cabo de cazadores Sablewski y decía :

- ¡ Vaya, otra vez torta de galletas !

Y cuando Sablewski estaba de buen humor. Le daba una ración a Karl Leiner. El papá Ramcke comía también comía también bastante de esta especialidad.

A principios de noviembre de 1942 nadie se acuerda ya de aquellos tiempos. Ahora Karl Leiner, con media docena de paracaidistas, a quienes los ingleses llaman los diablos verdes desde la conquista de Creta, se encuentran en un “Citroën” en Marsa Matruh, ante un campo de minas donde se aglomeran los vehículos en una enmarañada confusión.

- ¡ Si ahora vinieran los ingleses !... En marcha, Hahn, en marcha, podremos pasar; hay huellas.

Y el cabo primero Gille se mueve adelante del coche a lo largo de las huellas, para guiar por el camino adecuado al “Citroën” conducido por Hahn. Y consiguen pasar.

Feliz quien posee, en esta retirada, un medio de locomoción. Desgraciados los infantes, que sólo disponen de sus pies. La escasa motorización del ejército blindado fue su desgracia en la retirada del frente de El Alemein. La cuestión era esta para Rommel : abandonar la infantería a su destino o sobrecargar los vehículos de las unidades blindadas motorizadas y convertirlos así en elementos incapaces de maniobrar y de luchar. Puesto que las tropas italianas de a pie no podían salvarse, tampoco podía Rommel salvar las unidades de infantería alemanas, ni siquiera unidades especiales, tales como la Brigada de Paracaidistas “Ramcke”, que no podía ser retirada, contando además con la falta absoluta de vehículos para contingentes especiales.

- Tendremos que prescindir de la Brigada de Paracaidistas “Ramcke” – había dicho Rommel, cuando recibió el parte comunicándole que el X Cuerpo Italiano había sido arrollado y capturado por fuerzas británicas al sur del frente de El Alemein.

Pero a Rommel le aguardaba una sorpresa.

Es un problema sobre el que se ha discutido mucho, sin llegar a nada claro, el problema de si Rommel debía haber proporcionado vehículos a la Brigada “Ramcke”, con el fin de salvar a este importante grupo especial. Esta era, por lo menos, la opinión de Ramcke, y se quejó más tarde a Goering de que no sucediera sí. Tal vez había que achacarlo a la falta de atención de Rommel; pero los documentos del teniente coronel doctor Müller atestiguan que Ramcke tenía un considerable “convoy” de vehículos a disposición de su brigada, con los que podía salvar por lo menos una parte de sus hombres. Los vehículos habían partido en medio del caos reinante, sin esperar a los paracaidistas procedentes de frente. Los comandantes de batallón y jefes de compañía no regatearon sus maldiciones. El 3 de Noviembre, los batallones iniciaron su marcha a pie, con pocos vehículos y motocicletas. La Sección de Artillería, al mando del mayor Fenski, cubrió la retirada. Fue rechazado un avance por parte de tanques británicos, pero el coche con la instalación de radio se perdió. La columna con el suministro de agua no volvió a aparecer. Cada uno de los hombres tenían aún medio litro de agua...para cien kilómetros, la distancia que les separaba de Fuka.

El viejo y heroico mayor Burckhardt, mandaba el batallón de retaguardia. Se abrió paso hacia el Oeste con su batallón. Afortunado Burckhardt, viejo y experimentado comandante. Pero de nada le sirvió. Pronto cayó bajo el yugo del cautiverio. Muy pocos de sus hombres pudieron escapar de los “tommys”, Se escabulleron entre los ingleses y construyeron un escondrijo de chatarra en el campo de batalla, y, viajando de noche – durante el día se escondían -, llegaron al oasis de Siwa, después de trece días. Aquí terminó la odisea trágica y lamentablemente; porque precisamente un grupo de policías egipcios capturó a Heins Friedrich y a sus dos camaradas. Estuvieron prisioneros durante cinco años y medio : una de las muchas historias de la guerra.

El mayor Fenski, con su artillería, fue capturado antes que la gente de Burckhardt. Después de una batalla contra los tanques británicos en la que se defendió hasta la última granada, lo capturaron los ingleses. El mismo destino sufrió la compañía de paracaidistas del teniente Hasender. Pero el grueso de la brigada escapó. Y esto no fue todo : una noche, todavía lejos de Fuka, fue localizada una columna de transporte británica. Con pistolas y metralletas se deslizaron los paracaidistas entre los vehículos.

- ¡ Arriba !

A los camiones.

Desarmaron a los “tommys”. Apuntaron a los conductores con sus pistolas. En marcha, go on, ¡ de prisa !

Antes de que las dotaciones de los carros de escolta se hubieran dado cuenta de lo sucedido, la columna estaba ya fuera de su alcance. Un contracarros mantuvo en jaque a los tanques, y los “diablos verdes” escaparon con los camiones británicos. Era un magnífico botín. No sólo medios de locomoción, sino que un auténtico tesoro, era lo que habían capturado.

Los camiones tenían combustible, agua, conservas, desde “corned beef” hasta ananás, tenían cigarrillos. Los hombres de Ramcke habían capturado a toda una columna de aprovisionamiento de una sección blindada.

- ¿ Quién se acerca ? – preguntó Rommel al coronel Westphal el día siguiente, 7 de Noviembre, hacia las diez de la mañana, en su puesto de mando de la carretera de costa, detrás de Marsa Matruh.

Todo el mundo se colocó los prismáticos ante los ojos y miraron en dirección al desierto, donde se veía una nube de polvo. Un coche blindado de adelantaba. Con una barba de bandolero y el rostro lleno de costras de polvo, el general Ramcke dio parte de la presencia de su brigada.

Rommel había olvidado todas sus preocupaciones cuando saludó a los seiscientos paracaidistas. Se habían abierto paso a través del desierto a lo largo de trescientos cincuenta kilómetros, dando rodeos. Un audaz episodio en la historia de una unidad audaz".

Hasta aquí el relato de Paul Carell, respecto de la retirada de la Brigada de Paracaidistas Ramcke de El Alemein.



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Paracaidistas de la Brigada Ramcke en Libia en 1942, tirando un cañón ligero de 7.5mm LG40.


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Vehículos de la Brigada Ramcke. Obsérvese el distintivo R, de la brigada.



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Paracaidistas de la 3ª Compañía del Batallón Von der Heydte.



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Paracaidistas de Von der Heydte en el frente de El Alemein.

Saludos.
Última edición por Juan Manoel el Mié Oct 31, 2007 9:48 pm, editado 1 vez en total.

Juan Manoel
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Mensaje por Juan Manoel » Mié Oct 31, 2007 9:30 pm

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Distintivo de la Brigada Ramcke en Africa.



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Paracaidista de la 1ª Brigada de Cazadores Aéreos en Túnez.



Paul Carell se refiere a ellos en el capítulo de su libro “Los Zorros del Desierto”, llamado Parte de Retirada del Afrikakorps, e indica :

”El día 7 de mayo de 1943, por la mañana, los británicos, tras el relevo de la infantería de primera línea, volvieron al ataque. Enfurecido y desesperado, el coronel Irkens lanzó sus últimos tanques de la 15° División Blindada a la última batalla. Fué en vano. Al mediodía, el 11° de Húsares de Montgomery se encontraba en las inmediaciones de la ciudad de Túnez. Al mismo tiempo ocuparon los norteamericanos la evacuada Bizerta. El ejército "Afrika" estaba deshecho y desbaratado. El V Ejército Blindado se componía sólo de pequeños grupos combatientes. El general Von Vaerst, jefe supremo del V Ejército, se había batido en retirada con sus dos últimos tanques hasta la costa de Porto Farina. También en Djebel Achkel, al norte de Mateur, mantenían sus posiciones otros nucleos más pequeños. Parte de la División Hermann Goering y el Regimiento “Koch” segían luchando en el riachuelo Miliana. El general Frantz erigió una barrera defensiva con los restos de su División de Antiaéreos Número 19 y los batallones de la antigua Brigada Ramcke, así como algunos cañones antiaéreos 8,8 que quedaron sueltos. La 4ª División India fué rechazada todavía”.

En cuanto a las unidades de paracaidistas destinadas a Túnez no solamente se destinó a Regimiento 5 “Koch” y el Batallón de Zapadores Paracaidistas de Witzig. También se destinó un regimiento de paracaidistas que fue formado a toda prisa, el Regimiento “Barenthin”.

Paul Carell también indica su actuación en Túnez de la siguiente forma :

"Después del desembarco aliado en Argelia, la Operación Torch, el 8 de Noviembre de 1942, y posteriormente, el logro que el almirante Darlan, jefe supremo de las fuerzas armadas de Vichy, que se encontraba en Norte de Africa, por casualidad, el día del desembarco, apoyara a los aliados, lo improbable para los alemanes se había hecho realidad, detrás de Rommel se levantaba un ejército anglo-americano.

Al contrario que Mussolini, Hitler no había esperado semejante desembarco en el Norte de Africa y por ello no había emprendido nada contra él. El día 8 de Noviembre, por la mañana, Goering había expresado su opinión de que la flota aliada de desembarco avistada, tenía por objetivo el sur de Francia.

- Sólo pueden dirigirse allí – había manifestado.

Pero llegaron, como se ha dicho, a otro lugar. Las líneas telefónicas de Berlín y Rastemburg a Roma, donde se hallaba Kesselring, comunicaron ya sin interrupción.

- ¿ Qué cantidad de tropas de desembarco puede usted enviar a Túnez, Kesselring ? – preguntó Hitler al jefe supremo del sector Sur.

- Un puñado de paracaidistas y mi compañía de mando – fue la respuesta de Kesselring.

- ¡ Mande lo que tenga ! – le conminó Hitler.

El día 11 de Noviembre reinaba una agitación en los aeródromos de Nápoles y Trapani, como no se había visto desde hace mucho tiempo. Uno tras otro partían los “Ju 52”. Cuarenta aparatos. Llevaban a bordo una valiosa carga. Kesselring mandó a Túnez el Regimiento de Paracaidistas Número 5, al mando del teniente coronel Koch. Pretendía lograr una cabecera de puente y disputar a los aliados esta ciudad, con sus 220.000 habitantes y el importante puerto.

Eran muchachos valientes los que se balanceaban en los viejos “Ju 52”, en dirección a Africa. Casi ninguno de ellos pasaba los veinte años. Los mandos inferiores, llegaban a veintiuno. Los oficiales eran de probado valor. El regimiento de Koch había surgido del antiguo y glorioso Regimiento de Paracaidistas “Meindl”. Lieja y Creta eran dos de sus hazañas. Después de su reorganización en Grossborn. El regimiento había sido trasladado a Francia y entrenado allí para el ataque a Malta. Pero el ataque a Malta no se realizó.

- Estamos buenos – murmuró el médico del regimiento, doctor Waitzel.

El ayudante, teniente Wolf, asintió comprensivamente. Koch había oído la observación, aunque estaba conversando con el capitán Graubartz, oficial de transmisiones.

- No esté tan sombrío, doctor – le gritó Koch-. Meter a los americanos en el saco es buena cosa. Llevan “Chesterfield” y galletas de mantequilla. ¿ Le parece esto poco ?

En este momento gritaba el telegrafista del “Ju” :

- ¡ Túnez..., aterrizamos !

- ¡ Dispuestos para el aterrizaje ! – gritaron también en los otros treinta y nueve aparatos.

Como en Tempelhof, los aparatos se colocaron uno tras otro. Los paracaidistas, acostumbrados a saltar, podían conservar bien cerrado su paracaídas; porque Kesselring y dos hábiles diplomáticos de la Wilhelmtrasse, el embajador Rudolf Rahn y el cónsul general Friedrich Möllhausen, se habían vengado de su colega americano Morphy por el golpe de Darlan. Rahn había sido enviado a Africa por el Departamento Extranjero de Berlín como “comisario político para Túnez”. Por su conocimiento de los problemas franceses debía ser una especie de observador político. Rahn consiguió también que el residente general francés, almirante Estéva, adoptara un comportamiento neutral.

Al mando del coronel Harlinghausen, el “piloto de Túnez”, fue ocupado el aeródromo El Aouina, de dicha ciudad, el día 9 de Noviembre. Harlinghausen había aterrizado el mediodía del 9 de Noviembre, con un “He 111”, acompañado de dos “Me 109”. Inmediatamente después se posaban en el campo tres “Focke-Wulf Condor”, y a las diez cincuenta y cinco minutos, de noche, rodaban por la pista los “Ju” con el personal técnico de la Escuadrilla de Caza Número 53. Tras ellos aterrizaron los primeros grupos de “Stukas” y parte de la Escuadrilla de Caza Número 53, así como otros “Ju” de transporte de gasolina, petróleo, antiaéreos ligeros y sus respectivos servidores. Entre ellos estaba la famosa Unidad de Transporte KG para Misiones Especiales Número 105, recién trasladada de Rusia. Finalmente llegó Rahn y se presentó al residente.

Los franceses se mantenían en sus fosos de protección, alrededor del aeródromo, pero no dispararon. Después de una hora de conversación con Rahn, hacia medianoche, el almirante Estéva dio la orden de que no se mirara a las tropas alemanas “como enemigas”. En consecuencia el general de división francés Barré, retiró a sus unidades del aeródromo. De esta forma pudieron aterrizar los paracaidistas de Koch veinticuatro horas más tarde como si realizaran maniobras sobre el aeródromo El Aouina y dirigirse en columna de marcha a través de Túnez hacia el célebre cuartel del mariscal Foch. Aquí estaban los alemanes, aunque se trataba de un solo regimiento. Un regimiento para la protección de una ciudad de 220.000 habitantes. Pero, en todo caso, un regimiento. Ya se vería lo que iba a pasar.

Desde el Oeste se acercaba entretanto el I Ejército Británico al mando del general Kenneth A. N. Anderson. Y también la Unidad B de la 1ª División Blindada Americana, al mando del general Robinett, avanzaba hacia Túnez. El general Eisenhower consideró que la toma de la ciudad era cuestión de días.

Por desgracia para los americanos, llovió. Las carreteras se reblandecieron. Con esto no se había contado. El 15 de Noviembre seguía sin haber en Túnez ningún ejército alemán, pero el Alto mando había enviado, por lo menos, un general. Un experimentado y capacitado africano que, medio convaleciente de una herida, había sido escogido para reconstruir la posición de Marsa El Brega, pero que fue enviado a Túnez : Walter Nehring. Tomó a su cargo, como comandante general del XC Cuerpo de Ejército, el mando en Túnez. En el XC no había ni siquiera una división. Junto al regimiento de Koch, tenía Nehring también el Batallón de Zapadores Paracaidistas del mayor Witzig a su disposición, que fue enviado a Bizerta a toda prisa.

A las fuerzas de Nehring pertenecía, finalmente, una compañía alemana de vehículos de observación, al mando del teniente Hämmerlein. Además el XC del “AK” tenía una batería de 8,8 de la División Antiaérea Número 20 a su disposición, como pieza clave.

Ningún grupo de sanidad, sólo un oficial médico.

Tampoco poseían vehículos propios... y en vez de éstos habían alquilado taxis tunecinos.

Los oficiales de este extraño XC Cuerpo de Ejército, se componían de un general y un ordenanza. Se había previsto como jefe al capacitado coronel Pomtow, pero se encontraba todavía en la 3ª División Blindada en el Cáucaso, como jefe de una oficina de mando. Las tormentas de nieve impidieron su salida en avión. El Alto Mando no había podido, por lo visto, encontrar en toda Europa otro jefe para el curioso XC Cuerpo de Ejército. A pesar de lo cual, este cuerpo fantasma realizó sorprendentes acciones militares. Constituyeron un ejemplo de valentía, audacia y arte de la improvisación.

También el Bizerta tuvo lugar el primer aterrizaje alemán en un audaz golpe de mano. El Batallón de Marcha Número 16, que debía ser transportado al frente de Rommel desde Leibach, vía Atenas, fue dirigido rápidamente hacia Roma. Allí el jefe supremo del sector Sur hizo de él el Batallón “Túnez” Número 1, y con la 1ª Compañía, reforzada por el grupo de Zapadores Paracaidistas “Ahrendt”, aterrizó el teniente Werner Wolff el 11 Noviembre en el aeródromo de Bizerta. Para sorpresa de Wolff estaba allí un “Ju” con aprovisionamiento. Había volado fuera de la batalla y había conquistado en cierto modo el aeródromo de Bizerta con dos paracaidistas del grupo de zapadores.

Después de la guerra ha sido con frecuencia lamentado en los informes ingleses y americanos, que no se pudiera aterrizar también en Bizerta, pero es totalmente inseguro que las fuerzas de Eisenhower no tocaron tierra en Bizerta como los alemanes, sin encarnizadas luchas. El puerto más importante, estratégicamente, de la tercera ciudad de Túnez estaba ocupado por las tropas de la marina del almirante Dérien. Eran catorce mil hombres. Pero Dérien era partidario de Pétain. Los cañones de treinta centímetros de las baterías de la fortaleza no hubieran dejado de disparar ante un intento de desembarco anglo-americano. Por ello Eisenhower no se hallaba del todo desprovisto de razón, al no planear la toma de Bizerta desde el mar, Quería tomarla por el lado de tierra. Pero – y aquí está su error – hubiera tenido que ser más ágil y vivaz. El comandante del I Ejército Británico, general Anderson, recibió las órdenes de tomar la ciudad con unidades desembarcadas en Argelia. Pero este plan fue desbaratado por el general Nehring con sus paracaidistas. El almirante Dérien siguió la orden de Vichy, de no presentar oposición a las fuerzas alemanas. El Batallón de Zapadores Paracaidistas del mayor Witzig tomó a su cargo, inmediatamente, la protección del trayecto de la carretera Mateur-Aboid y bloqueó las cabezas a las poderosas fuerzas de la División Británica de Infantería Número 78, que se estaban aproximando. Los “tommys” quedaron bastante aterrorizados, al encontrarse con los “diablos verdes” de Creta. Dos cañones de avance italianos, que Witzig había puesto a su disposición, dispararon incesantemente, hasta que los “tommys” se retiraron a toda prisa, en sus coches de observación.

Pero el personal de Anderson quería informarse con exactitud y avanzó con poderosas fuerzas blindadas. Luchando, Witzig se retiró a una posición defensiva más favorable, se hizo fuerte en el túnel de Jefna y rechazó todos los ataques. Los ingleses no pudieron avanzar ni un paso en dicho lugar hasta Enero de 1943. Las luchas en el túnel de Jefna fueron algo así como un pequeño Verdún en Túnez. El Batallón “Túnez”, que relevó a los paracaidistas, consiguió en estos duros combates defensivos muchas cruces de honor, y la “Cruz de Caballero” para el sargento Mrouseck.

Al amanecer del día 17 de Noviembre, el cabo de paracaidistas Rudolf Bohn, con los hombres del “convoy” reforzado de motocicletas, se hallaba temblando de frío en el aeródromo de Túnez empapado por la lluvia. Los paracaidistas llevaban consigo su equipo de lanzamiento y todas las armas para una incursión detrás de las líneas enemigas. Llevaban también sus motocicletas. Naturalmente, nadie sabía nada con exactitud, pero corrían entre las filas muy diferentes rumores. Según las conversaciones sostenidas por los mandos inferiores del teniente Kempa, estaba todo muy claro : había que ir contra el aeródromo de Gabès y ocuparlo, lanzándose sobre él por sorpresa.

- ¿ Qué clase de guarida es esta ? – preguntó el cabo Beder.

Rudolf Bohn sacó un mapa del gran bolsillo de los pantalones de su uniforme completo, y lo fue siguiendo con el dedo.

- Golfo de Gabès – leyó.

Después señaló el punto que indicaba la ciudad.

- Aquí.

Los paracaidistas rodearon a Bohn y miraron el mapa. Eran soldados, y cada uno de ellos lo vio : Gabès era una plaza de importancia estratégica para comunicar la cabeza de puente de Túnez con el ejército de Rommel. Si los “tommys” o los “amis” partieran antes de Oran o de la zona de Argel-Bujia, quedaría cortada toda la faja saliente de Túnez. Tras aprovecharse de las posiciones francesas en la Línea Marte, podrían entonces cortar la retirada hacia Túnez al ejército de Rommel, que se hallaba todavía a una distancia de mil quinientos kilómetros. Mientras tanto el grupo de fuerzas aliadas más importante hubiera podido arrollar Túnez y preparar el salto a Sicilia. Gabès tenía que caer, por lo tanto, en manos de los alemanes para evitar semejante evolución de los acontecimientos. En estos momentos estaba ocupado por unidades francesas de general Barré, y no se sabía hacia que bando se inclinaba este general. En diferentes lugares sus tropas habían cortado el camino a grupos de observación alemanes, las habían capturado y devuelto sin armas. ¿ Tenía ya el general una alianza con Eisenhower ?

En doce aviones “Ju”, se dirigía a Gabès la guarnición de cincuenta hombres del teniente Kempa, junto con la 3ª Compañía de Guardia del general jefe del sector Sur, hacia la ciudad blanca. El primer grupo de la flota de aviones “Ju”, iba descendiendo sobre el aeródromo de Gabès. De pronto se vio el resplandor de las bocas de fuego de los cañones que disparaban contra ellos, y el rastro luminoso. ¿ Qué significaba ? Oyeron el estruendo de los disparo de ametralladoras de unidades blindadas. Los franceses disparaban desde sus vehículos blindados de observación, que defendían el aeródromo, contra los aparatos alemanes. Algunos “Ju” recibieron impactos. El jefe de la Compañía de Guardia, teniente Salg, que se encontraba en el tercer aparato, comunicó la orden de que todos pasaran de largo; entonces volvieron a levantar vuelo, dieron media vuelta y regresaron Túnez. Pero la acción fue desbaratada por los disparos y por la fallida maniobra de aterrizaje. Sólo seis “Ju” y el hombre designado como comandante de aeropuerto para Gabès, capitán Grund, se concentraron otra vez inmediatamente después. Un séptimo “Ju”, que se dirigía a Trípoli con botellas de oxígeno, se unió a ellos. A unos cincuenta kilómetros al Oeste de la carretera Sfax-Gabès el capitán de la escuadrilla vio un lugar adecuado para aterrizar. El teniente Kempa, a través de la radio, se puso de acuerdo con los restantes aparatos y se dispusieron a aterrizar. Todo salió bien. Sólo un “Ju” resultó con el tren de aterrizaje averiado.

- ¡ Estúpidos Franceses ! – maldecían los paracaidistas.

¿ Qué hacer ? ¿ Debían emprender en sus motocicletas un ataque sobre la unidad blindada de Gabès ? El teniente Kempa hizo lo que tenía que hacer en una ocasión semejante. Envió un grupo de observación para que se informara de la situación en Gabès, y por último les dijo, resumiendo :

- Hay que ocupar el aeropuerto de Gabès por medio de un golpe de mano; las tropas que aterricen mañana por la mañana, deben ser alertadas para el aterrizaje con bengalas blancas-verde-blancas.

El grupo de observación partió. Si embargo, poco antes de llegar a la ciudad, fueron sorprendidos por otro grupo de observación francés. Con gran trabajo y precipitadamente pudieron los paracaidistas escapar al cautiverio en penosa huída, protegidos por una caravana de camellos. Sin motocicletas y malhumorados, se presentaron en una hondonada. El cabo primero Bohn celebró un vigésimo primer cumpleaños bastante triste.

El 18 de Noviembre, por la mañana, hacia las diez, volaron sobre sus cabezas aviones “Ju” con las tropas de aterrizaje para la zona de Gabès. Los hombres de abajo se inclinaron haciendo gestos, pera los de arriba creyeron que se trataba de saludos e hicieron oscilar alegremente sus alas.

- ¡ Dios mío, ya verán lo que les ocurre en la maldita guarida ! - murmuro el cabo Schneider.

Pero ¿ qué era lo que estaba sucediendo ?

Detrás del muro de palmeras donde se hallaba Gabès, surgieron las bengalas blancas-verde-blancas hacia el cielo, y los “Ju” se dispusieron a aterrizar. ¡ Vaya sorpresa !

Corriendo velozmente, se dirigieron a la aldea árabe más próxima. Pidieron dos tiros de asnos y se encaminaron a Gabès. Allí se encontraron con alegre corro de hombres sobre el aeródromo. El héroe fue el cabo Beder.

¿ Qué había sucedido ? La casualidad había, una vez más, decidido una batalla. Cuando el primer grupo de observación del “convoy” de motocicletas no volvió, el teniente Kempa, fiel a sus ordenanzas militares, mandó una segunda patrulla. Pero también los siete hombres que la componían cayeron en manos de las tropas francesas. No pudieron escabullirse como habían hecho sus camaradas, y cayeron prisioneros. Fueron llevados a Gabès.

Allí les tomó declaración el comandante francés.

- ¿ Qué buscáis aquí ?

El cabo Beder representó el papel de enviado para investigarla situación. Manifestó que llevaba orden de comunicar que el aeródromo debía ser entregado, o de lo contrario se llevaría a cabo un ataque de “Stukas” a la mañana siguiente. El francés se puso furioso.

- Bien – dijo -, lo veremos. Si mañana por la mañana no aparece ningún avión, os mando fusilar.

Encerró a los siete hombres en un barracón de hojalata y colocó un centinela en la puerta. Beder y sus camaradas pasaron una noche desagradable y llena de inquietud.

El 18, por la mañana, mandó a sacar a los siete de su encierro, pues al parecer quería volver a interrogarles. Pero en ese momento se acercaban ya los “Ju” con protección de cazas. Con toda la rapidez posible, mandó el mayor francés que sus hombres levantaran el campo y partió raudo. Dejó plantados a Beder y sus camaradas sin explicaciones. Así fue como pudo el cabo disparar las bengalas blancas-verde-blancas : “Campo libre de enemigos”. El punto clave de la línea de comunicación con el ejército de Rommel estaba en manos de los alemanes.

Lo habían hecho con el tiempo justo, porque tres días después aparecieron frente a Gabès los primeros tanques norteamericanos. También los generales de Eisenhower habían comprendido la importancia estratégica de dicho lugar. Pero era ya demasiado tarde; los paracaidistas alemanes recibieron a los “amis” con fuego de ametralladoras y piezas de artillería ligera y fueron el terror de todo un regimiento. Las cabezas del ataque norteamericano se vieron obligadas a ceder y detenerse, el tiempo necesario para que dos batallones de la División italiana “Superga” fueran traídos a marchas forzadas, relevaran a los paracaidistas de Koch y mantuvieran la posición de Gabès.

Los que estuvieron en Túnez, conocen muy bien el nombre de Barenthin. Su regimiento fue la tercera columna de la improvisada defensa en las primeras semanas de Noviembre. El Regimiento “Barenthin”, designado con el nombre de su comandante, el coronel y jefe de zapadores Walther Barenthin, se formó rápidamente con distintos contingentes del cuerpo de paracaidistas para la operación Túnez. Estaba bien motorizado y armado con contracarros de cinco centímetros y ametralladoras antiaéreas. El 20 de Noviembre llegó el primer transporte con mandos, “convoy” de motocicletas, zapadores, transmisiones y sección de sanidad, a la ciudad de Bizerta. Los mandos y el tercer batallón avanzaron inmediatamente hacia la zona de Mateur. Aquí, cerca de la puerta trasera de la fortificación marítima, el coronel Barenthin tomó el mando como “comandante de la unidad Mateur”. La pequeña guarida se convirtió muy pronto en un importante punto clave para el desarrollo de la guerra, como lo fue, más hacia el Sureste, la pequeña ciudad de Tebourba para la ciudad y el puerto de Túnez.

La situación de Mateur era poco prometedora. En la pequeña ciudad había dos batallones italianos de infantería y una sección italiana de cañones ligeros. Poco podía hacerse con estas fuerzas. Barenthin mandó construir, inmediatamente, fortificaciones para la defensa en las elevaciones que se hallaban ante la ciudad. El Batallón “Witzig” aseguró el flanco derecho. Motoristas y zapadores tomaron a su cargo la defensa del flanco izquierdo y se pusieron en comunicación con el regimiento de Koch. Con ello quedaba erigida una línea de frente – aunque delgadísima – ante Bizerta y Túnez, en la zona de Jefna-Mateur-Tebourba-Massicault. En las posiciones la gente se encontraba ya como en su propia casa cuando sucedió lo que era de esperar.

El 26 de Noviembre atacaron los ingleses de la 36° Brigada. Los italianos fueron arrollados y salieron con los brazos en alto. Barenthin, sin embargo, mandó a los contracarros que les sometieran a un fuego incesante. Los ingleses se desconcertaron y entonces tomaron precauciones.

¿ Cuándo se decidirían a iniciar un gran ataque ? Una brigada completa no podía ser detenida por un batallón. Si los “tommys” daban el golpe, Bizerta estaba irremediablemente perdida. ¿ Lo darían antes de que Barenthin pudiera traer el resto de su regimiento ? El coronel Barenthin me ha contado la siguiente sensacional historia : “El 28 de Noviembre se veía a los ingleses todavía ocupados en trabajos de atrincheramiento, ante la sorpresa de los nuestros. Al parecer estaban terminando de construir sus posiciones. Entonces apareció el Caíd de Mateur en mi puesto de mando. Lleno de orgullo, me comunicó que los ingleses no atacarían. ¿ Por qué no ? El Caíd había enviado uno de sus jeques a los “tommys”. Este les había “revelado” que en Mateur se hallaba un regimiento completo de paracaidistas procedente de Creta, reforzado, especialmente preparado y apto para la lucha, y equipado con todas las armas pesadas. Esto había paralizado a los ingleses.”

El hábil Barenthin no era del todo ajeno a eso “información de los servicios secretos” que los árabes habían facilitado a los ingleses. Barenthin había establecido una relación especialmente amistosa con la población árabe, siguiendo la orden del general jefe. Las consecuencias fueron que pronto tuvo en cada una de sus compañías unos diez o doce voluntarios árabes, que llevaron a cabo muy buenos servicios como soldados, correos, ordenanzas para todo, y también en acciones especiales detrás de las líneas enemigas, y establecieron comunicación con los altos dignatarios árabes. La política de Barenthin tuvo, como se ve, una buena compensación. La misma compensación que tuvo, por otra parte, en todo el frente tunecino. A lo largo de toda la campaña no se registró ni un solo acto de sabotaje por parte de los árabes, lo cual es muy digno de ser tenido en cuenta.

El 29 de Noviembre, cuando el general Anderson reemprendió el ataque contra las posiciones de Barenthin, habían llegado los Batallones I y II. Ahora estaba, en efecto, incorporado todo el regimiento de los “diablos verdes”, y la brigada inglesa fue derrotada.

Mientras en Mateur las cosas se desarrollaban tan favorablemente, en la zona de Medjez El Bab, a la izquierda de Barenthin, tenían mucho peor aspecto. Los paracaidistas de Koch habían avanzado muy profundamente sobre Tebourba hasta Medjez El Bab. Tropezaron con fuerzas francesas del general Barré, que mantenían bloqueada la carretera. Grupos de observación alemanes fueron abatidos por los disparos y capturados. Kesselring dio la orden de tratar con los franceses, para dejar libre la carretera hacia el oeste.

Cuando vio que esto no sirvió de nada, mandó a los “Stukas” que destruyeran las cabezas de la división francesa. Pero, entretanto había pasado tiempo, y la brigada británica, así como la 1° División Blindada Norteamericana, habían llegado y atacaron Medjez El Bab el 20 de Noviembre. Se trataba de la brigada del general estadounidense Robinett, que combatió heroicamente. Los paracaidistas de Koch lucharon como antiguos héroes mitológicos. Dos veces cambió de dueño la estación de Medjez El Bab, pero el regimiento se vio obligado a ir cediendo paso a paso. Esto era lamentable, porque de esta forma se dejaba libre para el enemigo la importante carretera septentrional al río Medjerda, que conducía a Tebouba. Y como una desgracia semejante nunca viene sola, para completar la mala suerte un audaz grupo de carros de combate americanos. En número de sesenta, avanzó por sorpresa a través del paso Chougui, al norte de Tebourba, sobrepasó el riachuelo de Tine y rodó en dirección a las débiles fuerzas de la compañía blindada de observación de Fred Hämmerlein. La compañía fue presionada hacia un lado y el 2° Batallón Blindado estadounidense pasó Tebourba con sus tanques “General Grant”. Cercó a una compañía de la unidad Barenthin y siguió avanzando hacia Djedeida. Los antiaéreos ligeros alemanes situados ante el aeropuerto de Djedeida vieron pronto frente a ellas poderosas fuerzas blindadas americanas y fueron arrollados. No pudieron partir catorce “Me” y veinticuatro “Ju” a causa del suelo reblandecido por la lluvia. Granadas de carros los destrozaron. Los americanos siguieron, después, avanzando, en dirección a Túnez. Era clarísimo que querían tomar la ciudad y el puerto en un golpe de mano.

Los hombres que ocupaban los tanques de los “amis” distinguían ya las torres de la ciudad de Túnez. La ciudad, en la llanura, estaba aún a doce kilómetros de ellos. Si en semejante situación tenían un poco de energía y audacia, era indudable que el general Nehring perdería el autobús para escapar de Túnez.

Pero en estas situaciones se revela la fría cabeza del general de carros Nehring. Dos cañones de 8,8 de la 20° División de Antiaéreos habían sido colocados por él en la carretera de acceso a la ciudad. En ambos cañones tenía Nehring depositada su esperanza. Los dos 8,8 despidieron una lluvia de fuego contra los tanques americanos de reconocimiento, abatieron las cabezas y opusieron una poderosa barrera de fuego ante los atacantes. Esto fue demasiado para los inexpertos muchachos, poco fogueados, del Ejército de los Estados Unidos. La unidad se detuvo se reintegró a la posición de Djedeida. Túnez estaba salvada. Pero la situación de crisis continuaba existiendo, como es lógico.

Los 8,8 evitaron también una situación peligrosa ante Tebourba, y el sargento Wilhem Voigt, de la Batería de Antiaéreos 8/52, consiguió con ellos que el olivar que se encuentra ante Tebourba pasara a la historia de la guerra. Cuando, con su jefe de batería, capitán Welte, se arrastró a través de la plantación de olivos para una misión de reconocimiento con el fin de escoger una nueva posición para su pieza de artillería, vieron pasar, a menos de trescientos cincuenta metros de distancia, unidades de carros pesados americanos en dirección a Tebourba, protegidos por los olivos.

- Esta es la posición adecuada para nosotros – opinó Welte, y saltó atrás, hacia la antigua posición, para dirigir el cañón de Voigt a su nuevo emplazamiento.

El sargento construyó, entretanto, a toda prisa, una empalizada de camuflaje entre los olivos, utilizando para ello troncos y ramas que quitaban toda visibilidad al enemigo. Allí fue donde el pesado vehículo de tracción situó el 8,8.

Cuando el cañón no estaba todavía completamente en posición, dos de los tanques “amis” entraban en un claro. Sin la menor sospecha, tenían dirigidos hacia el lado contrario sus cañones de 7,5 centímetros, los cañones de fuego rápido de 3,7 centímetros y las cinco ametralladoras que cada uno llevaba. Si los americanos hubieran sabido lo que estaba preparado a menos de trescientos cincuenta metros detrás de ellos, se hubieran comportado de manera menos despreocupada. Cuando se dieron cuenta de ello, era ya demasiado tarde. Ya el primer disparo – era el primer disparo que efectuaba el cañón de Voigt en suelo africano – atravesó el tanque americano tipo “Pilot”. Produciéndose una llamarada y luego una explosión. Inmediatamente se metió el conductor del segundo tanque en el paso entre los árboles y partió con el rugiente motor a toda marcha. El seco estallido del temido 8,8 volvió a resonar a través del olivar; de la cúpula del tanque surgió una llamarada. Dos hombres pudieron saltar a tierra, arrojaron sus chaquetas ardiendo y se protegieron detrás de una elevación del terreno.

Estos disparos en medio del olivar fueron la obertura de la lucha de dos días entre unidades blindadas, sostenida por la batería, junto a carros pesados alemanes, bajo el signo de la batalla por la conquista de Tebourba. La batería destrozó veinte tanques, doce de ellos a cuenta del cañón del teniente Happach. Wilhem Voigt se apuntó cuatro blancos. Pero esto fue solamente un episodio de la batalla, con la que el general Nehring neutralizó el primer intento, planeado ambiciosamente por Eisenhower, de lograr una cabeza de puente en Túnez y cortar la retirada de Rommel hacia las bases de aprovisionamiento.

Apenas se había evitado este peligro, cuando aparecieron iniciarse dos nuevas y peligrosas crisis.

El 28 de Noviembre, los árabes anunciaron el desembarco de unos dos mil hombres de las fuerzas aliadas en Cap Serrat. Al parecer se habían traído para abarcar a toda la unidad Witzig y paralizar así la defensa de Bizerta.

La segunda noticia alarmante procedió, a su vez, de parte de los árabes. Según él, habían saltado mil paracaidistas americanos al norte de Zaghouan. Esto demostraba que Eisenhower quería quebrantar, por medio de un golpe de mano, la posición del frente defensivo más débil y que más cerca se encontraba de la ciudad de Túnez, utilizando tropas seleccionadas.

Contra las tropas desembarcadas en Cap Serrat, el general Nehring dispuso de batallones de marcha reunidos precipitadamente. La defensa dio el resultado apetecido. Las unidades desembarcadas fueron capturadas u obligadas a reembarcar en los botes de desembarco. Por otra parte no se trataba de dos mil hombres, sino únicamente de quinientos.

Contra el peligroso lanzamiento de paracaidistas americanos en la zona de Zaghouan, el general Nehring utilizó una vez más la compañía blindada de observación Hámmerlein, avanzadilla de la cabeza de puente. También aquí, afortunadamente, el parte árabe resultó ser una exageración. Quinientos hombres habían saltado en Depienne, al norte de Pont du Fahs. A causa de su pesado equipo, compuesto de armas y aparatos, no tenían bastante facilidad de movimientos. La compañía blindada y unidades de la División italiana “Superga” cercaron a los “amis” y la mayor parte de ellos cayeron prisioneros; sólo unos cien lograron escapar, y por desgracia volveremos a encontrarnos con ellos.

Durante varias semanas había llevado la guerra el general Nehring, de acuerdo a las necesidades del momento y con escasas fuerzas. Finalmente, el 29 de Noviembre, llegaron a Bizerta y a Túnez fuertes contingentes de la 10° División Blindada alemana, al mando del general mayor Fischer. Y con ellos llegó algo nuevo : tres ejemplares del nuevo y prodigioso carro “Tiger”. Los pesados colosos, cuyo peso oscilaba entre las cincuenta y seis y sesenta toneladas, provistos de los ya legendarios cañones 8,8, eran unidades de poderoso blindaje, que no tenían igual en ningún frente. Estos gigantes necesitaban novecientos litros de gasolina cada cien kilómetros, y el terreno invernal de la región de Túnez, con sus ríos crecidos, sus carreteras cenagosas y sus pasos entre montañas, no eran precisamente el escenario ideal para este prodigioso tanque.

En realidad, los “Tiger” habían sido construidos para Rusia, para inutilizar a los temidos “T 34” de Stalin. Al ser incorporados en Túnez se demostró, sin embargo, que adolecían de alguna enfermedad infantil. El motor fallaba a los trescientos kilómetros de marcha. Las instalaciones de radio eran defectuosas, y a menudo había dificultades también con el rodaje.

A pesar de ello, los “Tiger” intervinieron de manera decisiva en las luchas de Tebourba. Los enormes carros, no desprovistos de elegancia, gozaban de la confianza de sus ocupantes. Procedían de Fallingbostel, en la Baja Sajonia, donde el mayor Lueder había establecido la primera sección “Tiger” 501. Fue el propio Lueder quien trajo los “Tiger” a Túnez. El jefe de la 1° Compañía era el brillante conductor de fuerzas blindadas capitán Von Nolde. De la misma forma que los héroes de la antigüedad se ponían su plateada armadura antes de dirigirse a la batalla, así también el barón Von Nolde, rompiendo todas las ordenanzas, se calzaba zapatillas de deporte antes de entrar en combate.

Como Von Nolde, también los comandantes de paracaidistas Barenthin, Koch, Witzig y el jefe de la compañía blindada de observación, Hämmerlein, eran magníficos jefes y conductores de tropas. Constituían la vieja guardia de los combatientes de Túnez.

Entretanto los contingentes de la 10° División Blindada se reunieron en la zona de Bizerta-Túnez de manera que pudieran ser trasladadas fácilmente en todas direcciones.

El 1° de Diciembre Nehring dio la orden de atacar contra las fuerzas anglo-americanas en la zona de Tebourba. En la ciudad de Tebourba seguían cercadas una compañía y la sección de zapadores regimentales de Barenthin y se mantenían firmes. Todos los intentos de una brigada inglesa y de la unidad americana B para acabar con esa espina clavada en su carne, fracasaron. Los paracaidistas se habían defendido heroicamente desde el día 25 de Noviembre y constituían una base en plena retaguardia enemiga. El teniente coronel Koch, cuyo regimiento procedente del Suroeste atacó el encajonamiento de Tebourba, utilizó también la sección de zapadores de su regimiento, al mando del sargento mayor Ahrendt. Atravesó las defensas de retaguardia de los ingleses y estableció comunicación con los zapadores de Barenthin en Tebourba. Los zapadores paracaidistas de los “tommys” y los “amis”, bloquearon juntos la importante vía de comunicación entre Tebourba y Medjez El Bab. Con ello concluía el primer acto de la batalla encaminada a cercar Tebourba.



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Operaciones en Túnez del XC Cuerpo de Ejército.



El sargento mayor Ahrendt se encontraba en su elemento. A ambos lados del puente sobre el río Medjerda, cuatro kilómetros al oeste de El Bathan, había montado dos ametralladoras. Este único puente sobre el río Medjerda, que no podía ser volado por falta de explosivos, lo minó con cargas unidas. Y después, cuando se acercaron los primeros camiones de los “tommys”, se oyó un poderoso estallido, y los camiones quedaron sobre el puente, formando una barricada natural. Los que se apeaban para evacuar, quedaron expuestos al incesante fuego de las ametralladoras. Tres días y dos noches resistió Ahrendt en esta posición clave, durante la batalla de Tebourba, e impidió el paso a la masa de una brigada británica, a contingentes de aprovisionamiento de la 1° División Blindada americana, impidiendo además toda posibilidad de retirada. Entretanto las unidades de la 10° División Blindada del general Fischer se disponían para una maniobra de atenazamiento. Un golpe de enorme audacia pareció dar resultado. Pero, como sucede tantas veces en la historia de la guerra, se mezcló en los planes el general “Casualidad”.

Los paracaidistas americanos que el 28 de Noviembre habían escapado de Pont du Fahs, se habían retirado al Noroeste. Llegaron al campo de batalla de Medjez El Bab en el momento preciso en que parte del regimiento de Koch se encaminaba hacia el Suroeste para cerrar el cerco detrás de las fuerzas enemigas cercadas en Tebourba. Los batallones de Koch no tenían la mayor idea cuál era la unidad que surgió de pronto ante ellos en la carretera, se colocó en posición y empezó a disparar. Los “amis”, por su parte, tampoco sabían en que operación se habían mezclado, pero combatieron como demonios porque creían que estaba en juego la suerte de ellos mismos y su aniquilamiento. Así pues, se desencadenaron luchas que desbarataron el plan general del cerco alemán y dieron la posibilidad a los contingentes de las unidades anglo-americanas en Tebourba, de escapar del encajonamiento y replegarse en Tebourba Sidi Nsir y la zona de Medjez El Bab. Todo ello gracias a los paracaidistas que irrumpieron inesperadamente.

La batalla de cuatro días en torno a Tebourba fue un completo éxito para los alemanes y una rotunda victoria. Con ella se dio un giro a los primeros combates en Túnez. La experiencia de las tropas alemanas, a pesar de la inferioridad numérica de sus armas y hombres, había vencido a los inexpertos ingleses y americanos que desconocían Africa. La 1° Brigada británica y la unidad B de los americanos, perdieron la totalidad de su armamento. El Regimiento de Infantería Número 18 de la 1° División Blindada americana sufrió graves pérdidas. Un batallón británico fue totalmente aniquilado. Las unidades alemanas enviaron a Túnez mil cien prisioneros, y treinta y cuatro tanques enemigos quedaron destrozados en el campo de batalla; se capturaron cuarenta cañones, y se derribaron cuarenta y siete aviones enemigos en la zona de los combates. Fue una catástrofe para el ejército de invasión del general Eisenhower.

También en el bando alemán hubo bajas. Entre los caídos hay que mencionar al tan querido jefe de compañía de los “Tiger”, capitán Von Nolde. Cayó al saltar de su carro de mando en el bosque de olivos al noroeste de Djedeida, para transmitir una orden al capitán Deichmann en su “Tiger” : un impacto de granada arrancó las dos piernas al capitán Von Nolde. El capitán Deichmann abatió a los dos tanques americanos que había provocado la muerte de Von Nolde; pero cuando se alzó sobre la torre de su “Tiger” para orientarse, le alcanzó un disparo de fusil de un soldado de infantería inglés escondido en el bosquecillo de olivos.

Entre los caídos estaba también el sargento mayor Ahrendt. Por radio se había transmitido la orden, desde el Cuartel General del Führer, para que se le concediera la “Cruz de Caballero”; pero ni siquiera pudo ser puesta en su ataúd. Ahrendt había caído en las luchas sostenidas para proteger a su unidad contra un grupo enemigo en desbandada. Fue alcanzado por un disparo en la cabeza. Los zapadores lo habían dejado tendido bajo unas gavillas de paja que se incendiaron en el fragor del combate. Con ellas se quemó también el cadáver del sargento mayor.

Con estos hombres cayeron otros muchos; pero la victoria fue tan valiosa como los sacrificios.

Tebourba no fue una batalla sangrienta y terrible como las de El Alemein o Stalingrado. Pero en Tebourba se decidió la conservación de Túnez como cabeza de puente alemana.

Esta campaña en Túnez fue como una pequeña guerra independiente en medio de la otra gran guerra. El coronel Barenthin puede informar de innumerables casos en los que la experiencia venció a la inexperiencia del enemigo. En la época de la batalla de Tebourba, por ejemplo, los soldados de Barenthin, con dos secciones de contracarros, hicieron frente con éxito a un ataque de cuarenta carros de combate ingleses al Sur del puente Tine. La estratagema de Barenthin fue hacer que un cañón antiaéreo 8,8 incluido en la unidad, disparara siempre cuatro descargas sin interrupción, para simular de esta forma la existencia de toda una batería. Dirigió el fuego alternativamente sobre los carros atacantes, que sólo podía viajar por la carretera debido a lo fangoso que se encontraba el terreno, y luego nuevamente sobre la famosa granja de los fantasmas, una finca francesa situada en la tierra de nadie. Ya en los primeros cuatro disparos fue alcanzado uno de los carros, y un depósito de munición que se encontraba en la finca. Este fuego “múltiple” de la artillería sorprendió a los “tommys”. Después de diez impactos, los tanques dieron media vuelta. Barenthin pudo finalmente romper el bloqueo enemigo en la importante vía de comunicación Chouigui-Tebourba. Tanto si se considera este episodio como las audaces intervenciones del Batallón Witzig en el túnel de Jefna, o de los ataques por sorpresa del teniente Boerger con una compañía de paracaidistas a las elevaciones dominantes de Sidi Nsir, como el golpe de mano llevado a cabo el 8 de Diciembre, en el que se consiguió desarmar a doce mil franceses con su artillería de costa pesada en Bizerta, acción que llevó a cabo el general Gause con una sola compañía de paracaidistas, unos pocos vehículos de observación y algunos “Stukas” en el aire, todas estas acciones fueron otros tantos hechos brillantes, y en todas se desplegó admirable valentía y capacidad de mando.

Con fecha 3 de Diciembre de 1942, Hitler y el Estado Mayor establece que el XC Cuerpo de Ejército, sea disuelto y que sus unidades integren el nuevo V Ejército Blindado al mando del Von Arnim, ya que debía acabar esta guerra de estratagemas. El 9 de Diciembre, Nehring en una orden del día de los soldados del que hasta ahora había sido el XC Cuerpo de Ejército : “ Nuestra situación ha sido algo único en toda la historia de la guerra”, se decía en ella y con razón.

La campaña del general Nehring, la campaña de las audaces improvisaciones, fue llevada a feliz término. Los informes sobre la guerra en Africa del Estado Mayor Norteamericano de Noviembre de 1944, reconocen con escueta sobriedad : Los alemanes ganaron la carrera hacia Túnez".


Las unidades del XC Cuerpo de Ejército lucharon hasta el final de la campaña en Túnez, el Regimiento Koch, el Batallón Witzig, el Regimiento Barenthin, que al caer herido el comandante del mismo, al final de la campaña, era mandado por el mayor Beier, la 10° División Blindada, etc.




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Puestos de ametralladora de los Fallschirmjager en Túnez.



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Ultimas defensas de los Fallschirmjager en Túnez.


Para terminar respecto de las operaciones en planeadores del Regimiento en Túnez. Las unidades correspondían a la compañía del capitán Fritz Von Koenen.

Y si, se conocen no una sino que dos operaciones en planeadores. Una de ella un desastre, pero la otra éxito total.

Acá relaté esas operaciones :

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Un gran saludo.
Última edición por Juan Manoel el Mié Oct 31, 2007 9:45 pm, editado 1 vez en total.

Rommel42
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Mensaje por Rommel42 » Sab Nov 03, 2007 1:22 am

Buen trabajo Juan Manoel, para mi los zorros del desierto de Carell es mi libro preferido sobre la guerra del desierto

Juan Manoel
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Mensaje por Juan Manoel » Sab Nov 03, 2007 1:34 am

Si mi querido amigo es un gran libro, y vreo que también mi preferido, pero de lo que expuse anteriormente se me había olvidado algo, y me gustaría hacer una observación.

La información anterior, como ya lo he mencionado, se presenta en el libro “Los Zorros del Desierto”, de Paul Carell. Este libro presenta el desarrollo de la guerra en Africa del Norte, desde el punto de vista alemán, netamente alemán. El autor, entrevistó a más de mil soldados, suboficiales, oficiales y jefes, entre los que se puede contar, al general Von Arnim, al general Nehring, el teniente general Bayerlein, y el coronel de paracaidistas Barenthin. Ellos pusieron a su disposición informaciones, relaciones y partes de combate, apuntes y fotografías, así como relatos de experiencias personales.

Aunque la información desde el punto de vista alemán es muy exacta, la información de algunas unidades aliadas, puede ser equivocada, no se la razón específica, quizá se deba a problemas de información, o quizá a problemas en la traducción del libro al español.

Entre las equivocaciones se puede mencionar el hecho que el autor presenta que paracaidistas norteamericanos habían sido lanzados en Depienne, al Norte de Pont du Fahs. Además indica que zapadores paracaidistas de los “tommys” y los “amis”, bloquearon juntos la importante vía entre Tebourba y Medjez El Bab. En ambos casos, la información debería corresponder al ataque aerotransportado del II Batallón de la 1ª Brigada de Paracaidistas Británico, comandados por J. D. Frost, contra Pont du Fhas, llevada a cabo el 29 de Noviembre, y no de paracaidistas norteamericanos como indica el autor en su relato.

Saludos.

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