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Relato de Hermann Friedrich Grabe

El genocidio nazi contra los judíos

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Relato de Hermann Friedrich Grabe

Mensajepor mark » Sab May 05, 2012 1:59 pm

Hola.

A continuación transcribo un extracto del relato de un testigo ocular del maltrato a los judíos, Hermann Friedrich Grabe, que participó en los juicios de Nüremberg.

"Yo, Hermann Friedrich Grabe, declaro bajo juramento:

Desde septiembre de 1941 hasta enero de 1944 fui gerente e ingeniero director de una sucursal de la casa constructora Josef Jung (Solingen) con sede en Sdolbunov, (Ucrania). En calidad de tal tenía que visitar las obras realizadas por la empresa; entre otras, las que ejecutaba en la ciudad de Rovno, en Ucrania.

En la noche del 13 de julio de 1942 fueron exterminados en Rovno todos los internados en el ghetto, donde se encontraban todavía unos cinco mil judíos. Voy a relatar la forma en que fui testigo de la liquidación de los habitantes del ghetto, cómo se llevó a cabo la acción durante la noche y la mañana siguiente:

Poco después de las diez de la noche, el ghetto fue cercado por gran número de hombres de las SS y una cantidad aproximadamente triple de miembros de la milicia de Ucrania. Acto seguido fueron encendidos los focos eléctricos dispuestos en el interior y los alrededores del ghetto. Grupos de hombres de las SS y las milicias, en número de cuatro o seis hombres por grupo, penetraron o intentaron penetrar en las viviendas. En las casas que tenían cerradas puertas y ventanas que no se abrían a las llamadas y golpes de los hombres de las SS o de las milicias, éstos hundían las ventanas, forzaban las puertas con vigas y palanquetas de hierro e irrumpían violentamente en la vivienda. Los moradores eran arrastrados a la calle tal como estaban, lo mismo si se encontraban vestidos que si habían sido hallados en la cama. Como en la mayoría de los casos, los judíos se resistían a salir de las casas, las SS y las milicias hicieron uso de la violencia. Por fin, a latigazos, patadas y culatazos, consiguieron desalojar las viviendas. La evacuación se efectuó con tal prisa, que en algunos casos quedaron en la cama niños que se encontraban durmiendo. En la calle, las madres gritaban por sus hijos y los hijos clamaban por sus padres. Esto no impidió a las SS que, a fuerza de golpes, llevaran por las calles a los judíos a paso de carga, hasta llegar a los vagones del tren de mercancías que esperaba. Se llenó un vagón atras otro, mientras resonaban sin cesar los gritos de mujeres y niños, el chasquido de los látigos y los disparos de fusil. Algunas familias y grupos se habían atrincherado en casas particulares sólidas, cuyas puertas y ventanas no pudieron ser forzadas con las vigas y palanquetas. En estos casos se emplearon granadas de mano para violentar la entrada. Como el ghetto estaba enclavado muy cerca de la estación de ferrocarril de Rovno, hubo jóvenes que intentaron escaparse del recinto del ghetto a través de la vía férrea y un pequeño río. Esta zona se hallaba fuera del alcance de los focos eléctricos, por lo que fue iluminada por medio de bengalas. Durante toda la noche, las calles iluminadas fueron testigo del caminar incesante de personas golpeadas, acosadas y heridas. Las mujeres llevaban entre sus brazos a sus hijos muertos; los muchachos llevaban a sus padres muertos en dirección hacia el tren, arrastrándolos por las calles de los brazos y las piernas. Continuamente resonaban en el distrito del ghetto los gritos de "¡Abrid, abrid!". Hacia las seis de la mañana me alejé un momento, dejando a Einsporn y algunos otros obreros alemanes que, entretanto, habían regresado. Como, según creía, el mayor el peligro había pasado, me pareció que podría ya marcharme. A poco de mi partida, gente de las milicias ucranianas penetraron en el número de cinco de la Bahnhofstrasse, sacaron a siete judíos y los llevaron a un lugar de reunión situado en el interior del guetto. A mi vuelta, pude impedir que siguieran sacando más personas de aquella casa. Después me dirigí al lugar de reunión con el propósito de salvar a los siete judíos. En las calles que hube de atravesar vi docenas de muertos de ambos sexos y de todas las edades. Las puertas de las casas estaban abiertas de par en par; las ventan reventadas. En las calles había prendas de vestir de todas clases: zapatos, medias, calcetines, chaquetas, gorras, sombreros, abrigos, etc. En la esquina de una casa yacía el cadáver de un niñito - tenía menos de un año - con el cráneo deshecho. La sangre y la masa encefálica se habían pegado en las paredes de la casa y cubrían el lugar donde se hallaba la criatura, que sólo vestía una camisita..."


(Fuente: "El Tercer Reich. Su historia en textos, fotografías y documentos" Tomo II, 1967 Plaza & Janés, s.a.. Pág. 499. A su vez cita como fuente: Hofer: "El nacionalsocialismo", documento 173a)

En 1965, Hermann Friedrich Grabe fue declarado como uno de los "Justos entre las Naciones".

Imagen
Imagen de Hermann Friedrich Gräbe

(Fuente imagen: http://www.solinger-tageblatt.de/prints ... 37a840e72e)
"La tolerancia es un crimen cuando lo que se tolera es la maldad"
(Thomas Mann)

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