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Hitlers Heerführer. Johannes Hürter

Recensiones personales de libros leídos

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Hitlers Heerführer. Johannes Hürter

Mensaje por Chuikov » Jue Jun 30, 2016 11:50 am

Hitlers Heerführer. Die deutschen Oberbefehlshaber im Krieg gegen die Sowjetunion 1941/42. Johannes Hürter

Los comandantes de Ejército y de Grupos de Ejeŕcito de Hitler en guerra contra la Unión Soviética en 1941/42.

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Hitlers Heerführer
Johannes Hürter

¿Qué es la historia militar? ¿Qué ámbitos debiera estudiar? ¿En qué medida la historia militar tradicional se ha quedado desfasada y, por otra parte, qué debemos, deben los historiadores, conservar de ese acervo? Afrontar el estudio de la historia militar desde un enfoque multidisciplinar y comparado es, según creo, una conquista ya irrenunciable, que no hace tanto que se ha conseguido.

No todo son progresos. En lo que a historia operativa se refiere, y más concretamente a la del frente del Este, la prácticamente totalidad de los estudios académicos publicados en los últimos años se han centrado casi exclusivamente en explicar y describir lo que pasó en la retaguardia. Acaso se haya apartado demasiado la vista del frente, donde realmente se jugaron los cuartos los ejércitos. Por obvio que parezca, Johannes Hürter tiene que decirlo: La historia operativa de la guerra en el Este fue, por sus repercusiones a nivel mundial, una parte central de la Historia Universal, cuyo estudio no habría que dejar sólo y exclusivamente en manos de los militares y los autores populares.(p279) … El aspecto netamente militar está completamente olvidado. En vista de los crímenes que se cometieron parece incluso inoportuno hablar de él.(p351)

Johannes Hürter ha escrito un libro que, me parece, es una obra maestra. Se trata de un estudio biográfico de los 25 generales de Ejército y de Grupo de Ejército que participaron en la guerra del Este durante el primer año de campaña, de junio del 41 a junio del 42. El objetivo del autor ha sido analizar (buceando hasta sus primeros comienzos en la época guillermina, pasando por la 1GM, revoluciones, Weimar, dictadura y guerra) el papel que estos hombres jugaron en la perpetración de tantos crímenes de guerra como se cometieron en la URSS durante la guerra germano-soviética.

Bien podría pensarse en un estudio biográfico al uso, 25 biografías comparadas y empujadas por la cronología. Lo cierto es que el autor ha conseguido un agregado de estudio biográfico, estudio social, de las ideas, operativo-militar y de los crímenes de la Wehrmacht en la URSS que creo que responde a lo que se debiera pedir a un ensayo moderno, académico, de historia militar, dándole también a la historia operativa su justa importancia en la gran historia.

El libro está formalmente dividido en dos bloques: Antes de la Ostkrieg, y la Ostkrieg propiamente dicha. Hay una división más importante, aunque no explícita en el índice, que divide el libro en dos partes iguales, de unas 300 páginas cada una y que sintetizaría en: “El camino hacia los crímenes” , y “Los crímenes”. La primera parte busca los motivos, las bases que pudieron dar pie a los horrendos crímenes en los que colaboraron, participaron e incluso exigieron los Truppenführer (con ese nombre se refiere Hürter a “sus” 25 generales estudiados).

Todos los oficiales estudiados nacieron en la época guillermina. Todos crecieron y se educaron con los valores de la casta de los oficiales, al más estilo prusiano. Un hecho característico de esta formación era la fuerte carga en el curriculum de contenidos sobre el mundo clásico, formación humanística e historia de la guerra. Pero el mundo avanzaba muy rápido. La obligación impuesta por el avance de la técnica y la división del trabajo que trajo aparejada, exigió cada vez más la figura del “especialista”. Aproximadamente el cambio de siglo trajo estos cambios en la formación de los oficiales. Cada vez se pedía menos el general con el perfil formativo de la amplia cultura, que desde Scharnhorst y sus sucesores se había impuesto. La subestimación de la necesidad de una formación más general ... formó el germen de la deformación moral y política que la oficialidad sufrió en la 2GM (p60).

La Primera Guerra Mundial trajo muchos cambios. En contra de lo que Hitler comentó amargamente sobre sus “generales de salón”, dos tercios de los 25 generales estudiados combatieron en la primera línea de frente. En estos años se fraguan en los 25 generales muchos aspectos e ideas importantes, por ejemplo: varios oficiales aprenden la que en el futuro será su especialidad, por la que brillarán en la Segunda Guerra Mundial. Respecto del mundo de las ideas, dos son extremadamente potentes e interesantes: la primera se refiere a la imagen que los alemanes se hicieron del enemigo en el Este. Por ejemplo, comenta Hürter que la gran popularidad de Hindenburg tras la victoria en Tannenberg contra los rusos, no se entiende sin el miedo cerval que los prusianos, especialmente los del Ostbietel o del este del Elba tenían a los rusos (p81). Fue en la Primera Guerra Mundial cuando empezó a pergeñarse la idea de que la guerra en el Este era cosa distinta a la del oeste. Es muy revelador descubrir que al final de la contienda, 11 oficiales prusianos ( de los 25) estaban en las fronteras del este, defendiendo Prusia, en muchos casos de forma irregular, en milicias: Falkenhorst, Guderian, Heinrici, Hoepner, Lindemann, Manstein, Model, Paulus, Reichenau, Reinhardt y Stülpnagel (p89). Hürter piensa que esto no es por casualidad: La conexión entre la imagen del enemigo y la “amenaza bolchevique del Este”, en ningún sitio se mostró tan claramente como en las luchas de los Freikorps en el Báltico inmediatamente después del fin de la 1GM.(p90). Guderian, por ejemplo, combatió como Oficial Ib (oficial responsable de la logística y aprovisionamiento de la división) de la “Eiserne Division”.
Y la segunda, a la vista de lo que había sido la Gran Guerra, tomó una fuerza imparable. Me refiero al concepto de “Guerra Total”, que marcaría cómo serían las guerras futuras. Según este planteamiento, la próxima guerra necesitaría una implicación total y absoluta de todos los recursos de la nación, humanos y materiales, porque pondría en juego la existencia de un pueblo (Existenzkampf der Völker, p116); por eso precisamente todo estaría permitido. Como se vería en la Segunda Guerra, las “Kriegsnotwendigkeiten” o necesidades de la guerra se impondrían sobre el Derecho, las leyes adquirirían cada vez un tinte más amoral. La brutalización en que se desembocó tanto en la guerra como en la política de ocupación, no fue un nacimiento súbito. Ya se había fraguado mucho antes de que se pegara el primer tiro de la 2GM (p116).

¿Qué posturas adoptaron, en general, los generales ante la Machtergreifung o llegada de Hitler a la cancillería del Reich en 1933 ? Entre practicamente todos reinó el acuerdo o la conformidad con este cambio en el gobierno. Al fin y al cabo, como pronto les quedaría claro por boca del Führer y por los acontecimientos en política exterior, Hitler garantizaba un gobierno fuerte, ideal para organizar una “Guerra Total”, que invertía masivamente en el rearme y la expansión, cumpliendo así con las expectativas militares y personales de los generales. Más que ser engañados, sucumbieron al éxito, incluso si no eran nazis (p155).

La campaña de Polonia o kleine Ostkrieg y Francia.


Y comenzó la guerra. A los dos días de invadir Polonia, las declaraciones de guerra francesa y británica ya tiraban por la borda la ilusión de Hitler de mantener la guerra muy localizada. Y digo de Hitler, porque Hitler fue la fuerza motriz para atacar a Polonia, es decir, la decisión no partió de los oficiales, ni del OKH, sino que más bien estos se sometieron fuertemente a la voluntad del Führer (p176). En esta campaña hay luces y sombras en lo que al comportamiento de los Oberbefehlshaber o generales (en adelante OB) estudiados se refiere. Es como buscar la cuadratura del círculo: Unas veces se pide mucha violencia, otras veces se pide contención, promovida por una lado por la ideología y los prejuicios antieslavos, y cohibida por otro lado por, sobre todo, el miedo a que la tropa perdiera la disciplina (p192). En cualquier caso, y no se olvide el sobrenombre kleine Ostkrieg (pequeña guerra del Este), hubo más de lo primero que de lo segundo ( tengo por leer el siempre bien referido trabajo de Alexander B. Rossino sobre la campaña polaca, Hitler Strikes Poland: Blitzkrieg, Ideology, and Atrocity, Kansas University Press, 2003), verbigracia: la brutal la orden de Rundstedt para tomar Varsovia exigía “rücksichtlose Anwendung jeder Gewalt”, esto es, el uso de la violencia que fuese necesaria, y sin contemplaciones, además del uso de la aviación para bombardear la ciudad. Comenta Hürter que los argumentos de Rundstedt son característicos y reveladores de lo que pensaban los OB de la Wehrmacht y cómo hacer la guerra en el este, ya fuese Polonia, los Balcanes o la URSS. La “rücksichtlose Anwendung jeder Gewaltcomo base para obtener éxitos militares fue el lema de esta campaña, que no sólo persiguió los objetivos convencionales, sino también poner en marcha un programa racial” (p191).

Muchos de nuestros OB mostraron severas reservas frente a los planes de Hitler de invadir Francia. Aunque nunca las manifestaron más que de forma tangencial, en cartas a familiares o acaso en conversaciones entre ellos. En cualquier caso, el hecho de no mostrarse mínimamente unidos como para presentar las reservas que ellos consideraran al Führer, los hacía perder poder como grupo frente a Hitler. Y el éxito de Francia no hizo más que, si no empequeñecerlos, someterlos frente a la figura del Führer.

En la página 200 Hürter hace un receso a su brillante exposición, dando un vistazo a lo que ha tratado hasta el momento, para decir que: Así pues, las condiciones con que se encontró Hitler a principios de 1941 para emprender su campaña criminal en el Este eran bastante buenas: podía confiar en los generales: ya mayores, acreditados en su trabajo, con experiencia y en su mayoría conservadores. Aunque , por su procedencia y socialización eran gente de otros tiempos, con normas y valores distintos a los del nacionalsocialismo, vivieron los tiempos de la 1GM, guerras civiles posteriores y revoluciones, que favorecieron que mostraran una buena predisposición hacia las tareas que Hitler les encomendó. Las características principales de estos pilares fueron:

1) Estrechamiento de los pilares éticos: La educación del tiempo del Kaiser y la obligación de especializarse por las exigencias de la evolución militar favorecieron la exigencia de una creencia en la autoridad acrítica y una interpretación unilateral de los conceptos del “Deber y la obediencia”. La conciencia de los militares sobre sus responsabilidades políticas y morales todavía no estaba del todo destruidas, pero cedían ante la cada vez más predisposición a atenerse cada uno a su esfera de competencia.

2) Solidificación de la imagen del enemigo:Los resentimientos tradicionales contra los socialistas, eslavos y judíos, fueron más grandes después de la 1GM y de los tiempos de la posguerra.

3) Radicalización de la doctrina militar: La 1GM ya no fue una guerra de carácter limitado, sino que toda la población tuvo que luchar por su vida o muerte, Una guerra por la existencia total de un pueblo: “Not kennt kein Gebot”: Moralishce und Rechtliche Bedenken drohten hinter den “Kriegsnotwendigkeiten” zurückzutreten. “La emergencia no conoce ninguna exigencia: los preceptos morales y de derecho se supeditaban a las “Necesidades de la guerra””.

4) Inclinación hacia un estado totalitario: La totalitarización de la dirección de la guerra exigía la unidad de la nación. Crear una “Volksgemeinschaft” [o comunidad del pueblo, un pueblo educado en los mismo valores, y remando juntos hacia un objetivo común] como base para conseguir fuerza militar no era algo que los militares pensaban que la República de Weimar podría conseguir, sino un dictador fuerte.

5) Ampliación de los objetivos políticos: Los éxitos internos, pero sobre todo los de política exterior , de la dictadura, hicieron que cada vez se quisieran ampliar más los objetivos: Primero se pensaba en dejar atrás el tratado de Versalles, después la consecución de un estado alemán potente, y luego reinar sobre Europa, para lo cual haría falta tener Lebensraum o Espacio Vital en el Este.

Así pues, partiendo de estos 5 puntos y con las condiciones del momento, en principio Hitler renunció , acertadamente para sus intereses, a elegir a generales para su campaña en el Este atendiendo a razones políticas o ideológicas. Los que había le iban a valer. Incluso gente crítica con Hitler como Hoepner, Leeb y Stülpnagel fueron útiles para sus planes en el Este. Hitler confió en esos generales. La pregunta en ese momento era: ¿Hasta qué punto estos generales se avendrían a los principios de guerra de exterminio que Hitler tenía pensado?

La guerra en la Unión Soviética


Hasta finales de marzo o principios de abril de 1941 no supieron el plan de Barbarroja todos nuestros generales. Tuvo que pasar el lapso diciembre'40-febrero'41 hasta que Hitler no empezó a hablarles sobre el aspecto ideológico de la guerra. Ya sólo las necesidades estrictamente militares no bastaban para poder justificar los objetivos de guerra que Hitler se había propuesto. En una reunión que Hitler tuvo con Jodl el 3 de marzo del 41 Hitler le comentó que ésta va a ser algo más que una guerra de armas (mehr als nur ein Kampf der Waffen). “Va a ser una confrontación entre dos Weltanschauungen, que no podrá ser librada tan sólo por el Heer. La Inteligentsia judeo-bolchevique tendrá que ser eliminada....”. Los generales supieron a qué tipo de guerra se iban a ir. Esto no significa que supieran que Auschwitz o Sobibor iban a ser una realidad. Y, al contrario de lo que pasó con la planificación de la campaña francesa, no hubo discusiones ni resistencias ante los planes megalómanos de Hitler. No sólo hay que ver en esta actitud de los generales el peso del éxito de las anteriores campañas. También refiere Hürter que los generales compartían con Hitler sus objetivos de guerra (Kriegsziele) y la imagen que tenía del enemigo (Feindbild)( p213). Y esto hacía más fácil convencerlos, como así fue, de organizar y desencadenar una guerra del “Sein oder Nichtsein” (Ser o no Ser).

Veamos qué dos huesos se tuvo que tragar el Heer que en otros tiempos hubiera sido impensable: Hürter se pregunta cómo es posible que el OKH y los generales pudieran mostrar, quizás con su silencio, acuerdo con el plan de Barbarroja, el cual después de las batallas de aniquilación en las fronteras, no tenía nada en claro. Tampoco hubiera sido posible en otro tiempo que la Wehrmacht hubiera asumido sin protestar pérdida alguna de su monopolio de la violencia en su territorio de operaciones. Después de varias charlas entre Heydrich y Wagner, el 28 de abril de 1941 se emitió una orden del OKH sobre la “Regulación de la actividad de la Policía de Seguridad y del SD en unidades del Heer”. Con ella, se permitía el empleo de Sonderkommandos en el territorio de operaciones del Heer para llevar a cabo “actividades de seguridad, al margen de la tropa”.
Y no sólo permitió la Wehrmacht que le usurparan competencias en el terreno de la violencia. La gestión económica de los territorios pasó a manos del departamento de Economía de Göring.

Quizás algunos OB quedaron hasta aliviados al pensar que las tareas de eliminación de la Inteligentsia judeo-bolchevique quedarían sólo para los SS y la Policía. Pero Hitler también tenía pensado que el Heer tomara parte en su política de exterminio en el este. Cada vez más los OB se verían confrontados con órdenes criminales( p247), verbigracia: la Orden de los Comisarios y el Decreto de jurisdicción de guerra.

El siguiente capítulo lo dedica Hürter a hablar de las operaciones militares, el desempeño de los OB y el juego de poder que se estableció entre Hitler y el OKW por un lado, el Heeresleitung, personificado en Halder y el OKH por otro, y entre los generales, OB, o Truppenführer. Sobre todo el capítulo sobrevuela la tesis de que los OB nunca tuvieron una idea global de la guerra, limitándose a cumplir con sus deberes más inmediatos, los de su ejército o grupo de ejércitos. Esta postura en parte fue promovida por el OKH y Halder, que desde el principio buscaron una centralización total de la dirección de las operaciones. Curioso que el propio Halder persiguiera esto, horadando así la autoridad de los OB, cercenando su capacidad de decisión desde hacía mucho apoyada sobre el principio sagrado de Auftragstaktik. Los OB o Truppenführer plantaron cara a estas medidas, si acaso de forma individual, pero nunca a nivel colectivo, como una entidad. Esto les perjudicó y facilitó el trabajo a Halder. Pero oiga, ¿quién se benefició de todo esto realmente? Adolf Hitler, que cuando asumió el cargo de Jefe del Ejército alemán , dejado vacante por Brauchitsch, se encontró con todo el trabajo hecho, con un grupo de generales que habían perdido mucha parte de su capacidad decisoria y estaban preparados para convertirse en meros transmisores de órdenes. Todo este análisis es el que Hürter desarrolla mientras cuenta el devenir de las operaciones militares.

Moscú es el punto culminante del capítulo, y es donde todo esto anterior que he comentado toma forma real y palpable. Veamos cómo y por qué: en los primeros años tras la guerra, Halder y su pléyade de generales que trabajaron para el Foreign Military Studies americano, se esmeraron en explicar que la mayor parte de los desastres militares se debieron a la mano de Hitler. Explica Hürter que la directiva de Hitler del 8 de diciembre'41: “zu sofortiger Einstellung aller größeren Angriffsoperationen und zum übergang zur Verteidigung” ( Suspensión de todas las grandes operaciones ofensivas y paso a la defensa) ¡¡es la primera directiva de Hitler en tres meses!!(p322). Esto no hace pensar que las intromisiones Hitler hubieran sido demasiadas, al menos en estos meses. En plena crisis durante la ofensiva soviética en diciembre de 1941 Hürter demuestra cómo Bock se sintió completa y absolutamente desbordado. Ante la situación “le pasa el muerto” a Hitler, cuando en una carta le dice que no sabe si es mejor aguantar o retroceder (p325). Eso es pedirle al Führer que intervenga. Igual hace Brauchitsch. Ambos capitulan ante la crisis. Normal que entre al tajo Hitler. Es decir, no hay que verlo como una intromisión furtiva. Es que se lo piden. Al fin y al cabo ocupa un puesto o lugar que los militares profesionales practicamente han dejado vacante. El 16 de diciembre Hitler larga a Brauchitsch y coge él mismo el mando (Oberbefehl über das Heer) del Heer. “Este paso espectacular, que al Führer y obersten Befehlshaber de la Wehrmacht ahora lo hacía Oberbefehlshaber del Heer, ni mucho menos se encontró con malestar entre los OB, incluso cuando ese puesto era piedra angular del proceder y competencia de esa élite. Lo OB se habían metido en un problema tan colosal, que vieron la entrada de Hitler como la última oportunidad de ser salvados.” (p326). Increíble. Así, un Guderian aliviado esperaba: que una acción rápida y enérgica de Hitler... sobre el demasiado burocratizado engranaje del Heer .. le haría bien(p326).

No me resisto a transcribir este texto tan elocuente y sencillamente expresado: Las leyendas de posguerra contaron que los generales vieron muy mal el paso dado por Hitler, de ni un paso atrás. El OKH mostró en diciembre'41 desde el principio debilidad de mando y poca concepción general del escenario, mientras que tuvo que ser Hitler el que se mostró enérgico y dio el paso adelante. Con ese paso trajo orden en la defensa e impidió, también psicológicamente, la caída completa de todo el Heeresgruppe. Por supuesto que tuvo malas consecuencias a medio plazo: se perdió capacidad de reaccionar de forma flexible en situaciones parecidas. Una defensa flexible podría haber ahorrado algunas víctimas, pero lo que estaba más que claro era que hacía falta una dirección clara y segura para atajar el grave peligro que corrió la Wehrmacht. Y no fueron ni los OB ni el Heeresleitung los que tuvieron la templanza de tomas las riendas. (p327).

Pero la tormenta pasó. ¿Cuáles fueron las consecuencias? Muy importante fue que esta pequeña élite de generales cambió su peso específico dentro de la Wehrmacht. Ya antes de la crisis se había mermado la capacidad decisoria de los Truppenführer, pero después de Moscú, se cercenó por completo.

En esos dos meses de crisis militar, de los 16 generales, fueron sustituidos 10. Pero lo más importante fue que en los cambios que Hitler hizo en el invierno de 1941 no entraron generales que no fueran de la casta. No había gente de las Waffen SS o de la Policía. Hitler seguía confiando en ellos, a pesar de la cantidad de veces que de ellos perjuró y los maldijo; y ellos siguieron cumpliendo con las exigencias del Führer. Veamos un ejemplo que demuestra que Hitler tenía las ideas claras en el sentido de que para ganar la guerra lo primero que tenía que hacer era confiar en la competencia militar de sus generales, y dejando lo ideológico a un lado: Cuando Leeb dejó el mando del GE Norte, lo más lógico hubiera sido que su sustituto hubiese sido Ernst Busch, un Frontkämpfer de los loados por Hitler, que sabía lo que era la guerra en la trinchera, y que además era un nacionalsocialista convencido. Sin embargo Hitler le dio al mando a Georg von Küchler. Con todo esto, Hürter resume que no hubo una manipulación de las élites militares por parte de Hitler, ni falta que le hizo.(p349).

Los siguientes capítulos son los dedicados a los crímenes de guerra y la implicación de los generales en estos. El libro de Hürter fue publicado en 2007. Wehrmacht im Ostkrieg , de Christian Hartmann, reseñado anteriormente, salió a la luz en 2010. Quién influyó sobre el qué y el cómo de la metodología a seguir para escribir sendos libros es algo que no sé. En cualquier caso, los dos pertenecen al proyecto del Instituto de Historia Contemporánea de Múnich y Berlín, “La Wehrmacht en la dictadura nazi”, y la forma y enfoque de sus trabajos es muy parecida. En ambos se mezclan distintas disciplinas: sociología, historia, estadística, un empleo masivo de diarios y correspondencia de los generales... y ambos deslumbran por la brillantez de sus argumentos y por el impresionante y exhaustivo conocimiento que tienen de las fuentes y del estado de la historiografía en todos los puntos que tocan.

El primero de los capítulos dedicados a los crímenes de la Wehrmacht se titula Combatientes. Sobre todo se trata la medida en que los OB interpretaron el Decreto de jurisdicción de guerra y la orden de los comisarios. No hay muestras de resistencia por parte de los generales a estas órdenes cirminales. Más bien al contrario, hay algunos que incluso exigen más, por ejemplo, Reichenau. Una de las conclusiones, amén de la retahíla de casos de ejemplo de los generales, más importantes que Hürter arroja es que Reichenau, Schmidt, Strauß... ya fueran ideólogos, tecnócratas o tradicionalistas: ante el panorama del invierno del 41/42, se mostraron de acuerdo en que al enemigo había que tratarlo sin escrúpulos de ningún tipo, y sin tener para nada en cuenta el Derecho. Una vez superado el bache del invierno, se empiezan a escuchar voces que piden que se trate mejor a los combatientes enemigos(p375). Aunque no hay que llevarse a engaño. En realidad los generales que pidieron mejor trato para los combatientes enemigos no lo hacía por motivos ideológicos, sino más bien por motivos utilitaristas, es decir, si el soldado soviético sabía que le quedaba luchar o morir una vez cautivo, la opción que escogía estaba clara.

Con esto visitamos de nuevo el tema, la pregunta Intención vs Situación: Cuanto más se radicalizara la guerra, más parecía justificarse el hecho de que se pudiera recurrir a cualquier medio para ganarla. Este párrafo (p375) es magistral: El carácter ideológico de la guerra y las propias necesidades militares de la misma fueron los dos argumentos más importantes para llevarla a cabo de forma tan brutal como fuera necesaria... Debajo de este “mantel ideológico” se escondía un utilitarismo sin límites, y debajo de las consideraciones sobre “necesidades de guerra”, muchas veces un racismo radical. Al igual que en la estrategia de Hitler, Kalkül y Dogma (cálculo y dogma) estaban inextricablemente unidos. Esta desdichada alianza de dos hijos del siglo XIX – una cosmovisión muy inflexible (weltanschaulicher Rigurosität) y un pensamiento utilitarista tecnocrático- se hizo visible no sólo en ella retaguardia sino también en la primera línea de frente.

El siguiente ítem que toca es el referido a los prisioneros de guerra. El repaso historiográfico es muy parecido al que hace Hartmann. Más bien habría que decirlo a la inversa. En general los OB fueron insensibles ante los prisioneros de guerra soviéticos. La sensibilidad (humanidad, derechos humanos) frente a los prisioneros de guerra muchas veces quedaba en segundo plano, como “lujos”, que la situación de la guerra no permitía costearse. Aún así, cuando a partir de primavera del 42 la situación se relajó, la vida de un ruso, ya fuera civil o soldado, siguió valiendo nada. Este pensamiento, según Hürter, no fue provocado o enseñado sólo por los efectos de la propaganda nazi, sino que también los generales de más alta graduación, que hacía tiempo que se habían unido al proyecto de guerra en el este hitleriana, estaban también bien convencidos del tipo distinto que la guerra en Rusia representaba, con condiciones orientales( p393).

Con respecto a la lucha partisana, el primer año de guerra aún vio pocas grandes operaciones antipartisanas, de las que más tarde abundarían. Durante los primeros meses lo cierto es que la actividad partisana fue escasa. Pero, volvemos a la situación, cuando a partir de otoño del 41 las líneas de frente empiezan a enquistarse y las líneas de suministro eran más largas y, por tanto, junto al aumento de la actividad partisana, más inseguras, entonces los OB empezaron a dar carta libre al terror, con tal de mantener la seguridad de sus territorios. El terror en sus diferentes formas fue la divisa que los OB manejaron para encarar el problema. Sobre este respecto Hürter cuenta que los OB hicieron suyas las órdenes de Hitler, el OKW y el OKH de aplicar el terror como medida para acabar con los partisanos. En general se puede decir que no se preocuparon de que sus soldados hicieran distinciones entre partisanos, sospechosos, soldados del ER o civiles. La guerra antipartisana que se desencadenó se olvidó de cualquier derecho y abrió los espacios como para que cualquier soldado pudiera disponer de la vida de quien quisiera como quisiera.(p439)

Insisto sobre los puntos de vista de Hartmann, que son muy parecidos a los que tres años antes ya escribió Hürter. Por ejemplo, con respecto a la política del hambre que adoptaron los alemanes, el autor se postula en contra de la tesis de Gerlach (Kalkulierte Mörde, 2000), según la cual los alemanes habrían planeado o preprogramado la muerte de millones de habitantes soviéticos por inanición. El matiz que incluyen Hürter, Hartmann, y también Christian Streit o Jochen Arnold, entre otros, es que la política alemana no planificó un exterminio de la población por hambre, sino que aceptó que habría una gran hambruna y que con ella morirían millones de personas.(p491) Esta política tuvo consecuencias criminales. Un caso aparte fue el de Leningrado. El autor, que tiene un extenso artículo sobre el asedio y la política del hambre que se aplicó en Leningrado1, se detiene unas páginas para analizar el caso concreto, y la responsabilidad de los OB competentes.

El último capítulo dedicado a los crímenes de guerra es el referido a los asesinatos de judíos. Sobre todo Hürter se ha esforzado en encontrar evidencias de la colaboración de los Ejércitos y Grupos de Ejércitos con los Einsatzgruppe. Una vez más, después de asentar y cincelar el capítulo con una base teórica muy sólida, el autor expresa que hablar de que se produjeran asesinatos de judíos en el Operationsgebiet del Heer, de forma aislada del Heer, es algo practicamente imposible (p520).
El aspecto que más me ha llamado la atención de este capítulo es la forma en que comenzaron los asesinatos de judíos. Según Hürter, los SS y la Policía comenzaron Barbarroja con muchas reservas sobre la colaboración que tendrían del Heer y sus generalato. Por tanto, fueron dando “pasos discretos” (esto es mío, no de Hürter), tanteando el terreno, viendo qué actividades les toleraban los Generales y cuáles no. Después de dos o tres meses, ya tenían claro que tendrían mucha carta libre. En general, los generales toleraron los primeros crímenes con la esperanza de que la guerra sería muy corta. Tendrían que lidiar con ese tipo de asuntos desagradables por poco tiempo. Luego ellos se irían, y ya no sabrían más del asunto(p597).

En este capítulo hay una descripción con la exhaustividad necesaria de los asesinatos de judíos más importantes que hubo en el territorio de cada uno de los grupos de Ejército. Se trata de una colección de horrores, como pocas se puedan leer. Y siempre buscando la evidencia que demuestra el consentimiento, asentimiento, tolerancia o aquiescencia del general de turno con lo que está pasando.

Ya, terminando con la reseña, me gustaría comentar una recurrencia continua de Hürter. Algunos de estos generales estudiados participaron en el complot del 20 de julio del 44. A causa de esto la historia los ha juzgado con, en algunos casos, cierta indulgencia. Lo cortés no quita lo valiente, diríamos nosotros. Algunos de ellos fueron furibundos antisemitas, y su comportamiento a lo largo de toda la campaña con respecto a los crímenes de guerra no se diferenció, en general, del de cualquier otro general. Un ejemplo de ello: Gersdorff , del GE Centro, y participó en la conjura del 20J'44. Cuenta en sus memorias, que cuando los Einsatzgruppen empezaron a asesinar, en el alto mando del GE Centro, la gente estaba contrariada.... Son unas memorias escritas tras la guerra, con el intento de glorificar aún más a los generales golpistas. No es creíble. Está demostrado que Bock y sus oficiales de estado mayor ( muchos de ellos tomaron parte en el golpe de estado) estuvieron bien informados de los crímenes de los Einsatzgruppen en su sector desde el principio. Y sin embargo no hay ni una sola protesta en contra en los primeros meses. (p525).

Conclusión

¿Cómo cambiaron los generales para pasar de meros actores conservadores a ser partícipes de una guerra criminal? Hürter termina respondiendo a 4 puntos básicos:

1) ¿Hubo una transformación generacional y social? No. Siguieron siendo los mismos generales de la casta: Los OB, tanto en junio del 41 como en junio del 42, después de la crisis y los grandes cambios de mandos, continuaron siendo un grupo homogéneo en cuanto a la edad, procedencia social, educación, formación y carrera. Su perfil social, educativo y de profesión era tan exclusivo como tradicional. Que estos 25 generales durante el primer año de la guerra en el Este constituyeran la élite del Heer alemán, no fue el resultado de una elección especial de Hitler, sino el resultado de una cuidada selección y formación, casi sin tocar desde tiempos del Kaiser. La homogeneidad generacional, social y profesional de este grupo fue algo característico de toda la Heeresgeneralität en el Tercer Reich.

2) ¿ Hubo una transformación institucional? Sí.
Ya durante el primer año de campaña. Aunque en lo referente a organización técnica no cambió nada, sí perdieron el monopolio sobre la violencia en su territorio de operaciones. Esto en principio ellos lo vieron bien, incluso se sintieron aliviados, porque no tendrían que enfrentarse con tareas desagradables. Eso sí, esta pérdida del monopolio no fue tan lejos como para que los OB quedaran como meros figurantes en su campo de operaciones. Tuvieron márgenes de maniobra, más allá de sus temas logísticos, tácticos y operacionales. Y esa autoridad era aceptada y respetada por las otras autoridades que entraron en su territorio: policía o SS (P611).

3) ¿Hubo una transformación en el ámbito puramente profesional militar? Sí, y muy grave.
Ya en las campañas entre 1939 y 41 se vio un recorte de las competencias de los militares. Los éxitos corrompieron a los generales, que fueron premiados con ascensos, honores, regalos de dinero. Todo esto también contribuyó a la subordinación a la voluntad del Führer y sus objetivos criminales.

4) ¿Hubo una transformación en el plano político e ideológico? Si, la más grave.
El estrechamiento de los fundamentos éticos se acentuó con la guerra (1GM) y la revolución, restando valor al individuo y a sus derechos. Los prejuicios raciales y los clichés sobre el enemigo se fortalecieron. Como mínimo igual de explosiva resultó la radicalización de la doctrina militar a consecuencia de la 1GM: se convirtió en una “Guerra Total” regida por un socialdarwinismo salvaje, donde las “Kriegsnotwendigkeiten” o necesidades de guerra siempre irían por delante de cualquier otra consideración. Una política de rearme total ... parecía requerir un estado fuerte, totalitario, que unificara y fortaleciera a la nación. Por eso los militares se avinieron tan pronto y tan bien al régimen de Hitler. Con la llegada de Hitler no sólo se cumplieron sus deseos en cuanto a ascenso en su carrera, sino que también sueños de política interior y exterior.(p613)

Estas circunstancias, en la movida “Zeitalter del Weltkriege” o Era de las guerras mundiales, permitieron a Hitler arrimar a los generales a sus intereses, traérselos a su terreno, usarlos para una campaña que se salía de madre. Durante la preparación de Barbarroja los OB aceptaron desde el principio que este sería un escenario “libre de Derechos” para el tratamiento de los combatientes y de la población. Ellos pensaron que tendrían que lidiar durante poco tiempo con este escenario donde se podría justificar cualquier brutalidad, porque pensaban que ganarían la guerra en pocas semanas.

Pero la cosa se fue alargando y alargando. Aunque después de la crisis de invierno del 41/42 hubo generales que pidieron la supresión de la orden de los comisarios, que pidieron un mejor trato para los prisioneros y una política de ocupación más suave, estas quejas llegaron demasiado tarde, fueron muy débiles, y apenas tuvieron efectos.

Espero que cualquiera que haya leído la reseña entienda por qué pienso que este libro es una obra maestra.

Saludos.
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David L
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Re: Hitlers Heerführer. Johannes Hürter

Mensaje por David L » Vie Jul 01, 2016 2:00 am

Desde luego Chuikov, tras leer tu reseña no me queda ninguna duda de que estamos ante un trabajo de altura, una obra maestra como tú muy bien la denominas. La he leído con mucha atención, a veces hasta he releído algún párrafo para asegurarme de lo que estaba leyendo, ya que ha habido algunos aspectos que me han sorprendido enormemente:

1) Todos sabemos perfectamente que tras la guerra los generales de la Wehrmacht decidieron acusar a Hitler de todos los males y desgracias de la guerra y, en especial, de los crímenes perpetrados en el frente del Este principalmente. Ahora bien, comentas que estos mismos mandos que tras la contienda culparon de intromisión muchos de los actos de Hitler en realidad fueron ellos quienes “invitaron” a que el dictador alemán resolviese la crisis que ellos mismos no eran capaces de llevar a cabo.

2) Queda claro que tras la intervención de Hitler tras Moscú los generales ya no disponían de flexibilidad operacional…….¡Hitler había tomado el mando!


3) A pesar de tomar las riendas Hitler siguió confiando en la “casta”. Otro mito que puede caer

4) En cuanto al tema de la planificación de la muerte de millones de ciudadanos soviéticos como un hecho no planeado me interesaría saber, en líneas generales, ¿por qué el caso de Leningrado fue distinto?, es decir, ¿hubo planificación predeterminada o qué hizo de este caso algo diferente?

5) Lo que mencionas de Gersdorff ya lo dejó apuntado José Luis en la reseña que realice de sus memorias, la complicidad por acción u omisión de hombres como el mencionado Gersdorff es un hecho que no podemos obviar. Su compromiso para acabar con Hitler parece firme, creo que muchos miraron hacia otro lado cuando comenzaron las matanzas….

Un saludo.
Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra... elegisteis el deshonor y tendréis la guerra.

Winston Churchill a Chamberlain.

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Chuikov
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Re: Hitlers Heerführer. Johannes Hürter

Mensaje por Chuikov » Vie Jul 01, 2016 8:06 am

Buenos días a todos,

yo he quedado impresionado con la lectura, porque abre nuevos horizontes.

Voy por partes, que tengo el tiempo justo.

El primer punto que refieres fue también para mi muy revelador. Quería hacer en principio una reseña al uso, pero al final me decidí por el mamotreto que he escrito, simplemente porque creía que había muchas cosas para decir.

Vamos a ver:

Imagen
Esto está en la página 325.

Lo traduzco, aproximadamente, hasta el final del primer párrafo. Verás qué revelador:
A mediados de diciembre de 1941 no se podía negar que tanto el OKH como los Oberbefehlshaber de los Ejércios en el Este, no sabía cómo continuar. Cuando Brauchitsch, por la presión de los Armeeführer, se presentó en Smolensko, Bock le tuvo que reconocer que “ya no tenía más propuestas que hacer. El Führer tiene que decidir, si el Heeresgruppe avanza, corriendo el riesgo de llevar a los ejércitos a la ruina, o si se retira, opción que entraña el mismo riesgo.”
A pesar de esta declaración, Bock pensaba que la mejor opción era la retirada. Aún así le pasó la responsabilidad de la toma de la decisión a Hitler. Tres días después esta postura quedó clara cuando Bock comunicó a Rudolf Schmundt, el ayudante personal de Hitler, que “ los peligros de la retirada eran igual de importantes que los de mantenerse”, para añadir: “ Ya sólo el azar puede determinar cuál es la mejor opción”. Obviamente este consejo del Comandante de Grupo de Ejército Centro, no era la mejor ayuda para tomar una decisión. La misma sensación tuvo Brauchitsch después de, el 15 de diciembre, mantener charlas con Bock, Guderian y Kluge. El Oberbefehlshaber des Heeres ahora “no veía salida alguna para rescatar al Heer de esa situación tan difícil”. Las declaraciones de Brauchitsch y Bock son capitulaciones ante la crisis.
Hitler ve que se le cae el tinglado, y coge el mando. No le queda otra opción. Los generales se lo han entregado. Y lo que el Ejército en Rusia necesita ahora es un mando fuerte y resuelto, mando que coge Hitler.


Saludos.
Carpe Diem

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Re: Hitlers Heerführer. Johannes Hürter

Mensaje por José Luis » Vie Jul 01, 2016 10:56 am

¡Hola a todos!

La reseña de Chuikov sobre el Hitlers Heerführer de Hürter pone de manifiesto algunas de las realidades sobre los comandantes en jefe (Oberbefehlshaber) que el propio generalato alemán se encargó de manipular, cuando no ocultar, tras la guerra. La fundación de este encubrimiento tuvo lugar ya durante los Juicios de Nuremberg con el llamado “memorando de los generales”, cuyo título original fue “Das Deutsche Heer von 1920-1945” (“El Ejército Alemán de 1920 a 1945”). Para la génesis y comentarios de este documento mecanografiado de 134 páginas véase el 3º mensaje del hilo “El juicio contra el mariscal Manstein, 1949” en viewtopic.php?f=32&t=13791 del que entresaco:

Robert H. Jackson, juez del Tribunal Supremo de Estados Unidos, fue el Fiscal Jefe americano de la acusación, con el general William J. Donovan como su primer adjunto. El general Donovan era contrario a que el Estado Mayor General (EMG en adelante) alemán fuese inculpado como una organización criminal, por lo que, contraviniendo sus instrucciones, ofreció “a los antiguos generales de la Wehrmacht la posibilidad de preparar de forma óptima su defensa” (suceso que provocó una violenta disputa entre Jackson y Donovan) (4). A tal fin, Donovan se dirigió a un abogado alemán, Dr. Leverkuehn (que más tarde formaría parte de la defensa de Manstein en 1949), en busca de consejo para elaborar un documento que resumiera el desarrollo del ejército alemán (el Reichsheer-Heer) desde el final de la IGM hasta 1945. Leverkuehn contactó con el antiguo comandante en jefe del OKH, mariscal de campo Walther von Brauchitsch, quien a su vez llamó a Manstein, al coronel general Franz Halder, al general de Artillería Walter Warlimont y al general de Caballería Siegfried Westphal para ayudar en la preparación del documento. Manstein fue el gran inspirador de este documento mecanografiado de 134 páginas; junto con Westphal escribió las secciones de 1920-1938 y del otoño de 1942 a 1945. Brauchitsch y Halder escribieron el periodo intermedio, mientras que Warlimont añadió detalles sobre el OKW (5).

Si la fundación de dicho encubrimiento fue el “memorando de los generales” de 1949, la fundación de la capitulación del liderazgo del Heer ante Hitler no fue diciembre de 1941, como apunta Hürter, sino febrero de 1938, cuando Blomberg y Fritsch fueron destituidos por Hitler como Ministro de la Guerra-Comandante en jefe de la Wehrmacht y Comandante en Jefe del Heer, respectivamente. Este proceso vergonzoso siguió con la purga de generales “incómodos” y culminó con la dimisión de Beck como Jefe del EMG en agosto, luego de que sus colegas del generalato (especialmente el nuevo comandante en jefe del Heer, Brauchistch), le hubieran dado la espalda ante su llamamiento para oponerse a los planes de guerra de Hitler. Aunque Hürter quiera referirse a la conducción operacional de la guerra (esto es a la conducción de las campañas) cuando apunta a diciembre de 1941, lo cierto es que en ese terreno el OKH (que era a quien correspondía esa responsabilidad, con Brauchitsch y Halder como cabezas visibles) ya había sucumbido ante Hitler cuando éste, ninguneando al OKH, encargó la planificación de la Operación Weserübung de abril de 1940 al OKW, y más tarde, durante la campaña contra Francia, cuando desautorizó a Brauchitsch y Halder en el asunto de la parada de los tanques ante Dunkerque, favoreciendo los deseos de Rundstedt. Luego vendrían nuevos episodios más o menos similares durante la planificación y el desarrollo de la campaña de Barbarroja que, finalmente, culminarían en la crisis de diciembre de 1941 anotada por Hürter.

Las raíces de este largo y tortuoso proceso de decadencia del liderazgo del ejército alemán en la preparación y conducción operacional de la guerra hay que buscarlas en los tiempos de paz, y mucho antes del III Reich. En mi opinión, la génesis de este proceso fue doble y convergente: primero militar, cuando Alfred von Schlieffen fue nombrado Jefe del EMG (1891-1906), sustituyendo a Alfred von Waldersee (1888-1891), quien a su vez había sustituido a Helmuth von Moltke el Viejo (1857-1888), y luego política, cuando Otto von Bismarck dimitió como Canciller del Reich en 1890.

Moltke el Viejo fue el paradigma del gran estratega militar dotado a su vez de un gran bagaje intelectual y humanista. Schlieffen, por contra, fue el gran paradigma del “tecnócrata”, del militar que se deja seducir por las posibilidades operacionales a pesar de las realidades estratégicas. Bismarck, que simboliza la creación del Reich alemán en 1871 y su época dorada, sucumbió ante las veleidades de Guillermo II, un emperador nefasto que llevó al imperio alemán a su ruina en 1918 (si bien esa ruina fue una anécdota comparada con la catástrofe vergonzosa que Hitler propició en 1945). Schlieffen ( y sus seguidores Moltke el Joven, Falkenhayn y Hindenburg, aunque éstos durante la guerra) y Guillermo II (con sus cancilleres) fueron las cabezas visibles que vaciaron el EMG de las esencias fundacionales de sus creadores Scharnhorst y Gneisenau, y de la gloria que le dio Moltke el Viejo.

Manstein, que fue probablemente el planificador más competente en el terreno de las operaciones en el bando alemán, eligió como maestro a Schlieffen, no a Moltke el Viejo. Como muchos de sus colegas que fueron Oberbefehlshaber, eligieron la “tecnocracia” por encima de la estrategia. Durante los años de Weimar esta lucha entre los “tecnócratas” (encabezados por Stulpnägel) y los estrategas (encabezados por Groener) se saldó con la victoria de los segundos, pero la llegada de Hitler al poder y la elección de Blomberg (del bando tecnócrata) como ministro de Defensa cambiaron por completo la situación, y el Heer se convirtió en un ejército liderado principalmente por tecnócratas (los estrategas fueron purgados, Hammerstein en 1934 y Beck en 1938). Esta oficialidad superior tecnócrata, pese a sus temores iniciales, sucumbió por completo finalmente ante Hitler tras la espectacular, inesperada y veloz victoria de la campaña francesa de mayo-junio de 1940. Los ascensos, los sobornos y gratificaciones, la cobardía moral, cuando no la amoralidad, hicieron el resto. Pero lo fundamental en la larga y tortuosa decadencia de la conducción operacional de la guerra fue la seducción de los “tecnócratas” ante las posibilidades de los éxitos operacionales (campañas) sin tener en cuenta la verdadera posición de Alemania frente a la de sus enemigos, menospreciando la realidad geoestratégica de Alemania y sus escasos recursos humanos y materiales. Cuando las esperanzas operacionales se desvanecieron por completo ante las puertas de Moscú en diciembre de 1941 (en realidad, unos meses antes), el gran mariscalato-generalato alemán entregó humillado las riendas de toda la guerra a quien los había encumbrado y sobornado, y a quien le habían jurado obediencia incondicional: el Führer Adolf Hitler. A partir de entonces, parafraseando a von Richthofen, no ejercieron más que de suboficiales muy bien pagados, realidad que quisieron esconder después de la guerra ( y a fe que lo consiguieron con la ayuda inestimable de los aliados anglo-americanos).

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Re: Hitlers Heerführer. Johannes Hürter

Mensaje por José Luis » Dom Jul 03, 2016 9:53 am

¡Hola a todos!

Al meditar sobre algunos de los comentarios de la reseña de Chuikov sobre el libro de Hürter no dejo de volver a Ludwig Beck, el último Jefe del EMG alemán digno de Moltke el Viejo, mutatis mutandis. Beck representa las dos caras de la moneda en que se vio impreso el generalato alemán en general. En una cara está el militar conservador de gran capacidad profesional que dirigió y supervisó el rearme y expansión del ejército de tierra, favoreciendo los designios de Hitler. En la otra cara está el militar que llegado un momento se percata del terrible peligro al que le lleva el cumplimiento de las órdenes de Hitler y se enfrenta a un dilema moral. La gran diferencia con el resto de sus colegas es que Beck resolvió su conflicto moral obedeciendo a su conciencia y no a Hitler, y lo hizo un año antes de que el dictador alemán, con el consentimiento de sus líderes militares, abriese las puertas de la guerra contra Polonia. Una sentencia suya define su pensamiento:

Es una falta de carácter y perspicacia cuando un soldado del alto mando considera su deber y misión solamente en el contexto de sus órdenes militares sin tener en cuenta que su mayor responsabilidad es con la gente de su país.

Aquí lo términos "carácter" y "perspicacia" bien pueden ser sustituidos por "entereza moral" para poder comprender mucho mejor la carencia más importante, a mi juicio, que explica el porqué del proceso de connivencia y complicidad del generalato alemán, en general, con la "guerra de agresión" de Hitler y con los crímenes del régimen nazi.

Y es cierto, en general, que cualquier intento de recuperación de esa "entereza moral" perdida corrió principalmente a cargo de algunos capitanes, mayores y coroneles, y sólo contados generales...y sólo cuando la guerra estaba perdida. Esos intentos de recuperación moral (contados con los desdos de una mano), de resultados desgraciadamente fallidos, sirvieron a la postre como cimiento de la regeneración moral del nuevo Bundeswehr, afortunadamente.

Saludos cordialeds
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Re: Hitlers Heerführer. Johannes Hürter

Mensaje por Emil Dermuth » Lun Jul 11, 2016 10:53 am

Hola a todos

Me ha parecido más que interesante la reseña expuesta por el compañero Chuikov, así como las aportaciones realizadas por David y Jose Luis. Es una lástima que no exista ese libro en castellano, sería de gran ayuda su lectura.

En los últimos dos años he leído las memorias de varios generales alemanes y he comprobado que en todas esas memorias hay cuatro ideas que se repiten.

1º - Los éxitos operacionales del inicio de la guerra se deben a la preparación y profesionalidad de los generales y a la iniciativa y flexibilidad de acción de los mandos intermedios en las batallas.
2º - Las derrotas y desastres ocurridas a partir de finales de 1.941 son atribuidas en su totalidad a la intromisión de Hitler, el cual imponía de forma absolutamente arbitraria e inepta unas directivas que llevarían a la debacle del ejército alemán. Llegándose a entrometer hasta en los niveles más bajos desde el punto de vista operacional.
3º - Todos y cada uno de los generales a los que he leído afirman, por lo menos en una ocasión haberse enfrentado a Hitler, exponiéndole en su cara su criterio y haciéndole ver su error. Aunque no sé porque mecanismo oscuro al final el dictador les daba la razón pero no les hacía caso y seguía en sus trece.
4º - Todos y cada uno de ellos repudiaba la política criminal que se ejercía contra la población civil y contra los prisioneros de guerra, y además trataron de hacer todo lo que en su mano estaba para mitigar la situación.

Es por esto que me ha resultado esclarecedora la lectura de esta reseña y sus aportaciones. No me parecía lógico que todos los éxitos se hicieran aún a pesar de Hitler y que todas las derrotas fueran culpa de Hitler. Si tan inepto era ¿Por qué le aguantaban?, si tan criminal, dictador, loco y lesivo para los intereses de Alemania ¿por qué seguía en el poder?
Es posible que un solo general de ejército no pudiera enfrentarse a Hitler, pero si todos tenían parecido criterio ¿por qué no hacer una acción conjunta?. Es mi opinión que si por ejemplo se presentan en el cuartel general de Hitler en Prusia 15 generales con el beneplácito de sus respectivos Estados Mayores y le ponen las cosas claras al dictador respecto a la conducción de la guerra, este no hubiera tenido más remedio que plegarse a sus exigencias.

Un cordial saludo a todos!

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Re: Hitlers Heerführer. Johannes Hürter

Mensaje por José Luis » Lun Jul 18, 2016 12:27 pm

¡Hola a todos!
Emil Dermuth escribió: Es mi opinión que si por ejemplo se presentan en el cuartel general de Hitler en Prusia 15 generales con el beneplácito de sus respectivos Estados Mayores y le ponen las cosas claras al dictador respecto a la conducción de la guerra, este no hubiera tenido más remedio que plegarse a sus exigencias.
Eso es ingenuidad y desconocer la verdadera naturaleza del generalato alemán bajo Hitler. La realidad es que cuando ya todo estaba más que perdido en la guerra, el 19 de marzo de 1944 Hitler reunió a sus mariscales de campo en Berchtesgaden y éstos, por boca de Rundstedt, renovaron su jurameno de fidelidad al Führer. (Véase Robert B. Kane, Disobedience and Conspiracy in the German Army, 1918-1945. McFarlan, 2002, p. 156).

Ya he hablado del "memorando de los generales". Pero en 1950 un grupo selecto de exoficiales de la Wehrmacht se reunió en la abadía de Himmerod para discutir las bases y condiciones del rearme alemán dentro de la nueva estructura militar occidental contra la URSS. Esos oficiales pusieron tres condiciones para la creación de lo que sería el Bundeswehr: la liberación de los soldados alemanes condenados como criminales de guerra, el cese de las "difamaciones" de los miembros de la Wehrmacht y la Waffen-SS, y un esfuerzo para rehabilitar el buen nombre del ejército dentro y fuera de Alemania. No es el hilo para ahondar en este asunto*, pero quisiera subrayar que el "memorando de Himmerod" y, antes, el "memorando de los generales" fueron los dos pilares sobre los que se montó y desarrolló el mito de la "honorabilidad" de la Wehrmacht.

*En internet podéis aproximaros a este asunto inroduciendo en el buscador "reunión de Himmerod", "memorando Himmerod", etc. A quien quiera un análisis más profundo sobre este tema, sus antecedentes y consecuencias, le recomiendo James S. Corum (ed.), Rearming Germany (Leinden-Boston: Brill, 2011), en particular los capítulos a cargo de Thomas Vogel (The Himmerod Memorandum and the Beginning
of West German Security Policy) y James S. Corum (Adenauer, Amt Blank, and the Founding of the
Bundeswehr 1950–1956).

Saludos cordiales
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