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Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

La guerra en el Pacífico

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Re: Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensajepor Grossman » Sab Oct 20, 2012 11:44 am

¡Hola!

Grossman, el 15.8.2012 escribió:Un informe de la US Navy de 1940 daba cuenta que las Indias Holandesas proporcionaban a Estados Unidos el 90% de su caucho y de su estaño. Su producción era del 37% del caucho mundial, el 17% de estaño, el 90% de quinina y el 28% de aceite de palma, por lo que se lo denominaba informalmente el “arsenal de materia prima estratégica para la democracia”. No obstante, Estados Unidos podía adquirir estos recursos de otros lugares o formas. La amenaza de que Japón se apropiara de ellos no era, por tanto, verse privado de los mismos, sino que la región quedara separada del sistema de comercio mundial. La amenaza económica la constituía el hecho del sistema autárquico, que desafiaba al del libre comercio, fuente de la gran prosperidad de las potencias industriales, y en particular de Estados Unidos.

Tras leer el trabajo de Jonathan Marshall (“To Have and Have Not: Southeast Asian Raw Materials and the Origins of the Pacific War” Berkeley: University of California Press, 1995) - sugerido por José Luis al que públicamente doy aquí las gracias, y del cual en próximos post expondré resumidamente lo que me ha parecido más significativo - no sólo debo desmentir la afirmación anterior, sino también replantear de arriba a abajo las conclusiones respecto a los motivos de la política exterior estadounidenses en el Pacífico. Frente a la reconocida autoridad de las fuentes de las que me he servido, me ha resultado más consistente, por el peso de las pruebas y argumentos, el punto de vista de Marshall sobre los motivos que guiaron a Washington que, de paso, despeja algunas zonas nebulosas de las conclusiones provisionales.

Pero antes de entrar en materia quiero traducir el fragmento de Utley (op.cit. p.85-6) que ha sido el origen de lo que he citado y en adelante rebatiré: “Cuando Roosevelt y Hull miraron la situación asiática, adoptaron un punto de vista más amplio [que lo advertido a Japón del interés económico de Estados Unidos y otros países, y equivalente al de Japón, por las Indias Holandesas]. Aunque admitían que el área era una importante fuente de materias primas, el presidente sabía que Estados Unidos podía sobrevivir sin esos recursos. Explicó a los miembros del Business Advisory Council que Estados Unidos podía producir caucho sintético, aunque fuera más caro, proveerse de estaño de Bolivia, y aumentar la producción de manganeso en el propio país. En sintonía con las directrices de su superior, Welles repitó esos sentimientos unos días después en una reunión de planificación política en el Departamento de Estado” (para lo que cita “Roosevelt press conference , no. 645-A, May 23, 1940, 15:364, PPC, FDRL; minutes, Advisory Committee on Problems of Foreign Relations, May 31, 1940, case 1, Wilson papers”). Y continúa: “Lo que preocupaba a Roosevelt y Hull era la sustracción de una sección completa del mundo por parte de un sistema económico autárquico controlado por Japón o Alemania. La cuestión no era la de unos pocos suministros, sino la preservación del orden mundial que había traído una prosperidad sin parangón a las naciones industrializadas en general, y Estados Unidos en particular ... El mensaje de Roosevelt era claro, la cuestión no era la pérdida de algunas pocas materias primas, sino la destrucción de un sistema económico mundial que había permitido oportunidades de libre comercio a empresas privadas.”

El peso estratégico del sureste asiático y el origen de la guerra del Pacífico
(parte 1)

Pues no fue asi; no solo importaba mucho a Estados Unidos el control de los recursos naturales del sureste asiático (SEA en adelante), sino que constituyó su principal preocupación y línea directriz de Washington respecto al Pacífico, y causa de que se apartara de su plan original de hacer la guerra en un sólo océano.

¿Cuáles son los motivos para que este punto de vista haya quedado relegado e incluso negado? En primer lugar, los autores que han abordado el origen de la guerra del Pacífico no han prestado atención de una forma explícita - según señala Marshall y yo modestamente suscribo - a la cuestion de cómo definió Estados Unidos sus intereses nacionales. Segundo: por la forma en que Estados Unidos se encontró en guerra, no hubo una declaración pública de Washington sobre esos intereses; después de Pearl Habor, estos se limitaban a dar respuesta militar a Japón. Tercero, la gran y variada riqueza de Estados Unidos en materias primas puede provocar una imágen sesgada de sus necesidades de importación. Y finalmente está el hecho de que Estados Unidos ganó la guerra sin los recursos del SEA. Después los analizaremos uno por uno.

Mujer recoge caucho en Sumatra (octubre 1940)
Imagen
Fuente: http://www.superstock.com/stock-photogr ... Plantation

Continuará próximamente.

Saludos cordiales
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Re: Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensajepor Grossman » Dom Oct 21, 2012 1:29 pm

¡Hola!

El peso estratégico del sureste asiático y el origen de la guerra del Pacífico
(parte 2)

los autores que han abordado el origen de la guerra del Pacífico no han prestado atención de una forma explícita ... a la cuestion de cómo definió Estados Unidos sus intereses nacionales.

Entre estos autores Marshall cita a Schroeder, Cole, Appleman, Graeber, Miner, Iriye, Barnhart, Reynolds, Ben-Zvi, Utley, Marks III. Heinrichs y Dallek *, y de las motivaciones de la política exterior estadounidense respecto a Japón propuestas por los mismos, recoge resumidamente las siguientes:

-la defensa de ideales, moralidad, legalidad o principios de comportamiento internacional, del legado wilsoniano, del orden post-Versalles, la reacción al desafío japonés a lo anterior
-China: competencia por el mercado chino, implantación del “open door”, también por simpatía incluso personal de Roosevelt por sus antecedentes familiares
-Gran Bretaña: defensa de sus intereses en la región para sostener el esfuerzo bélico en Europa
-que Washington, simplemente, no se paró a analizar la naturaleza de sus intereses en la región
-para ganar consenso nacional para arrastrar al país a la guerra europea

Aunque reconoce el mérito de algunos trabajos de reunir descripciones detalladas de las maniobras diplomáticas y burocráticas, Marshall advierte que algunos reducen el origen de la guerra al fruto de una serie de factores evitables y que estos historiadores han prestado poca atención a la cuestión de cómo Washington definía los intereses nacionales. Y que los que se han ocupado, en cambio, han quedado en la sombra. Entre estos menciona a George Taylor (“America in the New Pacific”, 1942) que tan pronto como en 1942 escribía: “No ha habido nunca ninguna duda de que Estados Unidos lucharía cuando sus intereses vitales estuviesen amenazados. El libre acceso a las materias primas del sureste asiático fue siempre un interés vital. Por consiguiente, cuando Japón estuvo en condiciones de ocupar el sureste de Asia y monopolizar los productos estratégicos de esa zona para su esfuerzo de guerra, estaba claro que Estados Unidos debía bloquearlo, por la fuerza si era necesario. El hecho de que Japón golpeara primero muestra que conocía que América no permanecería indiferente al destino del sureste asiático”. En esa línea se posicionaron también Thomas Arthur Bisson (“America's Far Eastern Policy”, 1945) y Arthur Schlesinger Jr (“The Bitter Heritage”, 1967).

por la forma en que Estados Unidos se encontró en guerra, no hubo una declaración pública de Washington sobre esos intereses; después de Pearl Habor, estos se limitaban a dar respuesta militar a Japón

Hemos visto como Pearl Harbor fue un regalo político para Roosevelt porque le ahorró gastar su crédito para convencer a la opinión pública y al Congreso para entrar en guerra. Pero los días antes, cuando Washington sabía que Japón atacaría pero temía la posibilidad de que fuese sólo a territorios británicos u holandeses, tuvo que reunir argumentos para el discurso del presidente para solicitar una declaración de guerra para ese escenario, por lo que se elaboraron diversos borradores. En uno de ellos Stimson advertía, que peor que un ataque de Japón a Filipinas sería uno a las Indias Holandesas y Malasia: “esta interrupción [del comercio de caucho principalmente pero también de otras materias] en tiempo de guerra sería catastrófica”. Y en el mismo sentido se expresó Knox: “La defensa exitosa de Estados Unidos en el sentido militar depende del suministro de materias vitales que importamos en grandes cantidades de esta región del mundo [el SEA] … permitir que Japón controle y domine las principales fuentes mundiales de estaño y caucho es una amenaza a nuestra seguridad que no puede tolerarse”. Tras Pearl Harbor esos borradores no fueron necesarios y el ataque directo japonés impidió que la naturaleza de los intereses estadounidenses en el Pacífico fuesen declarados públicamente.

Mina de estaño en Malasia (1910)
Imagen
Fuente: http://www.ebay.com/itm/Sungei-Sungai-B ... 0618151211

Continuará

Saludos

* Paul Schroeder (“The Axis Alliance and Japanese-American Relations, 1941” 1958), Wayne Cole (“Lake Kawaguchi Conference on Japanese-American Relations, 1931-1941” 1969), William Appleman Williams (“The Tragedy of American Diplomacy” 1971), Norman Graeber ("Hoover, Roosevelt, and the Japanese" en “Pearl Harbor as History” de Dorothy Borg y Shumpei Okamoto (eds.), 1973), Deborah Miner ("United States Policy Toward Japan 1941: The Assumption that Southeast Asia was Vital to the British War Effort" tesis 1976), Akira Iriye (“Power and Culture. The Japanese-American War, 1941-1945” 1981), Michael Barnhart (“Japan Prepares for War” 1981), David Reynolds (“The Creation of the Anglo-American Alliance, 1937-1941” 1982), Abraham Ben-Zvi (“The Illusion of Deterrence: The Roosevelt Presidency and the Origins of the Pacific War” 1987), Jonathan Utley (op.cit.), Frederick Marks III (“Wind Over Sand: The Diplomacy of Franklin Roosevelt” 1988), Waldo Heinrichs (op.cit), Robert Dallek (op.cit.).
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Re: Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensajepor Grossman » Jue Oct 25, 2012 8:56 pm

El peso estratégico del sureste asiático y el origen de la guerra del Pacífico
(parte 3)

La gran y variada riqueza de Estados Unidos en materias primas puede provocar una imágen sesgada de sus necesidades de importación.

Aunque rico en recursos naturales, que hasta principios del siglo XX incluso exportaba, tras el subsiguiente proceso de industrialización el nivel de consumo y producción alcanzó tal envergadura que la economía estadounidense no podía satisfacerse con la extracción en suelo propio: con un producto interior bruto en 1938 de 800 mil millones de dólares actuales (Gran Bretaña 683, Alemania 375, Unión Soviética 359 [1]), en 1940 consumía el 60% del caucho mundial, el 40% del estaño y el 36% del manganeso, que en su mayor parte conseguía del exterior. La importancia de las importaciones no era sólo el beneficio económico que producía sino la estratégica, sobre todo a partir de 1940, cuando el éxito alemán en Europa dibujó una amenaza física directa, y el rearme precipitado y a gran escala aumentó sensiblemente sus requerimientos.

Ya en 1919 el Comité de Producción de Guerra había avisado al presidente Wilson que el país pendía bajo una amenaza constante por desabastecimiento de nitrógeno, manganeso, cromo, tungsteno, colorantes, derivados alquitranados, recomendando levantar reservas para casos de emergencias con el suministro. En 1933 el Departamento de Guerra elaboró una lista de 26 productos considerados de importancia estratégica, es decir, esenciales para la defensa nacional, por lo que el suministro debía estar garantizado porque no había sustituto. Otras agencias que cooperaban con el gobierno subrayaban también la dependencia de la economía de diversas materias, sobre todo de caucho y metales de aleación: cromo, manganeso, niquel, estaño y tungsteno, y además, antimonio, mercurio, mica y grafito. La interdependencia entre todas estas materias era tan elevada que la privación de solo una de ellas tenía consecuencias de largo alcance. Durante la PGM, por ejemplo, la desaparición de un barco cargado de manganeso casi paralizó la industria de la costa este; su vulnerabilidad se había puesto de manifiesto también en los años 20, cuando Gran Bretaña restringió la exportación del caucho malayo por política de precios, y fue motivo de una crisis política con Estados Unidos.

A lo largo de los años 30 se desató un debate respecto a la autosuficiencia nacional entre los partidarios (aislacionistas), que proponían que el país desarrollara su industria de forma que no dependiera de otros países y no se viera envuelto en los conflictos de estos, y los detractores (intervencionistas), que proclamaban que sin exportaciones y acceso a mercados internacionales Estados Unidos no podría disponer de las materias que exige una civilización industrial moderna y de la que dependía su poderío. Washington temía que si Japón se apoderaba del SEA, no pusiera en el mercado las materias primas que no necesitaba. Influyó en su alarma la preocupación por la lentitud de la recuperación económica propia tras la depresión, los sentimientos de inseguridad económica y física por la emergencia de las potencias totalitarias, la alta dependencia de la producción de importaciones de materias primas, y la extraordinaria concentración de estas en el SEA.

Stanley Hornbeck, consejero de Hull, experto en Lejano Orienta tras haber mandado esa división del DE, y peso pesado de Washington, lo expresó en 1940: “Estados Unidos tiene una dependencia tan vital y tan abrumadora del sudeste asiático que nuestra política exterior al completo debe ajustarse a este hecho ... no es ninguna exageración afirmar que Estados Unidos está obligado, para garantizar su existencia como potencia industrial, a entrar en guerra contra cualquier potencia o potencias que amenacen con interrumpir nuestras líneas de comercio con esta parte del mundo”; también Knox, el secretario de la armada, ese año: “No podemos permitir a Japón tomar las Indias Holandesas, una fuente vital de caucho y estaño ... hemos de considerar abiertamente que privar a Japón de las Indias Holandesas significa guerra”.

[1] MAWDSLEY E "World War II. A new history" Cambridge University Press (2009) p.14
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Re: Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensajepor Grossman » Vie Oct 26, 2012 7:43 pm

El peso estratégico del sureste asiático y el origen de la guerra del Pacífico
(parte 4)

finalmente está el hecho de que Estados Unidos ganó la guerra sin los recursos del SEA

Ahora sabemos que Estados Unidos se las apañó sin el caucho, estaño y otras materias del SEA, desarrollando sustitutos y medidas de austeridad, pero en 1940-41 Washington no gozó de nuestra visión retrospectiva y ese aspecto representaba una amenaza que fue determinante en el proceso de decisión. En 1941, por ejemplo, el Comité Baruch nombrado por Roosevelt para valorar las necesidades nacionales de caucho, advirtó que el sistema nacional de transporte podía colapsarse en un año aproximadamente si no obtenía el producto de otra forma, y que la producción de una industria de caucho sintético tardaría normalmente 12 años en cubrir las necesidades, y que lograrlo en el plazo de dos era una tarea “casi sobrehumana”.

Utley (op.cit. p.85-6) ... “Cuando Roosevelt y Hull miraron la situación asiática, adoptaron un punto de vista más amplio ... Aunque admitían que el área era una importante fuente de materias primas, el presidente sabía que Estados Unidos podía sobrevivir sin esos recursos. Explicó a los miembros del Business Advisory Council que Estados Unidos podía producir caucho sintético, aunque fuera más caro, proveerse de estaño de Bolivia, y aumentar la producción de manganeso en el propio país."

Que lo dijera no quiere decir que lo supiera o creyera. Roosevelt estaba escurriendo el bulto, como veremos más adelante, por frenar un programa de almacenamiento de materias primas que competía con el de austeridad fiscal y el de creación de empleo.

En 1939 el SEA era la región del globo que ocupaba el primer lugar de las importaciones de Estados Unidos con un 30%; en 1940 Malasia, Indias Holandesas y Filipinas, un 20%. En 1940 el Army and Navy Munitions Board confeccionó una lista con las 14 materias primas estratégicamente esenciales: antimonio, cáscara de coco, caucho, cromo, cuarzo, estaño, abacá, manganeso, mercurio, mica, niquel, quinina, seda, tungsteno. La zona geográfica donde se concentraba la mayor parte de la producción era en el SEA y aledaños.

-Cromo. Necesario para la producción de acero inoxidable y procesos de galvanización. Casi exclusivamente importado de Filipinas y Nueva Caledonia (francesa).

-Manganeso. Antioxidante y producción de aceros especiales. India, Unión Soviética (impredecible), Costa Dorada (actualmente Ghana)

-Mica. Aislante para transformadores y acumuladores; industria de comunicaciones. India 3/4 de la producción mundial.

-Abacá (cáñamo de Manila o fibra manila). Cordajes marinos, construcción; apreciado por alta resistencia, elasticidad e inmutable a humedad. Filipinas.

-Quinina. Remedio para la malaria que en el sudeste de Estados Unidos causaba una mortalidad de 21-26 de 100.000 afectados. Casi exclusivamente de Indias Holandesas.

-Tungsteno. Aleaciones, bombillas, química industrial. Se extraía en Estados Unidos pero necesitaba importar un 50% adicional de China, Birmania y Malasia.

-Estaño. Es el metal que más inconvenientes supuso. Un sinfín de usos: estañado, soldadura, metal babbit (para reducir fricción de cojinetes), bronce, tuberías, papel de aluminio, hojalata, galvanizados, esmaltes, tipo de impresión, conservas de alimentos. En un 90% de Indias Holandesas y Malasia. Había yacimientos también en Bolivia, pero era de peor calidad, costoso de procesar y de extraer.

-Caucho. Del mismo valoró el Board: “No hay discusión sobre que el caucho es tan importante para la defensa nacional como la pólvora y los explosivos, y la defensa nacional se vería comprometida en caso de que se cortara el suministro externo”. El 98% se importaba del SEA (Malasia e Indias Holandesas). No había sintético todavía en Estados Unidos y se calculaba que este tardaría 4 años en estar disponible en cierta cantidad; en cuanto a plantarlo, había que esperar que los árboles crecieran y en la región que tenía el clima idóneo, en Brasil, los árboles del caucho sufrían una epidemia exfoliante.

La prosperidad estadounidense dependía del funcionamiento de un sistema comercial multilateral, de forma que los balances de importación y exportación pudieran equilibrarse con terceras partes. Así, por ejemplo, Estados Unidos no hubiese podido pagar sus importaciones de materias primas del SEA con productos manufacturados o con sus excedentes, que esa región no consumía, pero sí vendiéndolos a Gran Bretaña y Holanda, y estos invirtiendo en sus colonias. La exclusión de las potencias occidentales del SEA amenazaba con colapsar todo el sistema de comercio multilateral: si Europa no obtenía beneficios de esa zona no podía comprar bienes de Estados Unidos, y estos no tendrían fondos para comprar materias primas en el SEA. Si este se incorporaba a la región-yen, la posición comercial de Estados Unidos quedaría notablemente debilitada y no podría adquirir materias primas, o no en cantidad suficiente.

Roosevelt y Hull habían expresado una preocupación añadida por que el cierre de los mercados provocara una intervención estatal en la economía nacional, que tendría como consecuencia una reducción del nivel de vida y, a la postre, de las libertades democráticas.

La pérdida del SEA tendría consecuencias también sobre el control británico del comercio con la India, Australia y Nueva Zelanda, y privaría de Gran Bretaña de las materias primas y de recursos financieros necesarios para su rearme y supervivencia. Y ya hemos visto que su supervivencia era la piedra angular de la seguridad de Estados Unidos.

Continuará.

Saludos cordiales
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Re: Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensajepor Grossman » Sab Oct 27, 2012 11:36 am

¡Hola!

Sigo.

*
El peso estratégico del sureste asiático y el origen de la guerra del Pacífico
(parte 5)

Se levantaron voces del sector privado, élites económicas, en el Congreso, en Wall-Street, prensa especializada, advirtiendo de la vulnerabilidad económica y estratégica del país por su dependencia del SEA, su “lebensraum”. El Council of Foreign Relations, la institución privada más influyente en la administración de Washington, dictaminó en junio de 1941 que el SEA era la región del mundo más complementaria para Estados Unidos, más que cualquier otra área importante, y que para evitar la contracción económica y estratégica de su pérdida “es esencial … prevenir que Japón domine el sureste de Asia”, y como medidas sugería aumentar la ayuda a China, envío de patrulleras, submarinos y torpederos a Filipinas, Singapur y las Indias Holandesas, y el embargo de ventas de materias esenciales a Japón “empleando como excusa las necesidades de defensa propias”. “En caso de que Japón lograra negociar un acuerdo con el gobierno de Chungking”, proseguía, “o este adoptara una postura estrictamente defensiva en China, hombres, barcos y suministros quedarían liberados para dirigirlos al sureste de Asia … por este motivo Estados Unidos debe proporcionar a China toda la ayuda posible en forma de material y otros suministros”.

Un remedio para el caso de una interrupción del acceso al SEA era el almacenamiento de materias estratégicas. Hull estuvo recomendándolo desde 1934, y aprovechar también un momento de precios bajos. En 1936 el Congreso aprobó una primera partida para la adquisición de una reserva de materias estratégicas: estaño, manganeso, tungsteno, cromo, vidrio óptico y abacá. En 1938 Hull advirtió que el ritmo de almacenamiento de caucho era demasiado bajo “porque un día podemos estar en guerra con Japón”. Al final, con apoyo de Roosevelt, logró parte de su propósito, en un momento difícil por la política de austeridad fiscal, y empleando como pago sus excedentes agrícolas.

Tras la advertencia el 1 de mayo de 1940 del subsecretario Welles de que las reservas de caucho y estaño alcanzaban sólo para 3 meses, y alarmado por el éxito alemán subsiguiente y las ambiciones japonesas en Asia, el Congreso autorizó un plan de almacenamiento masivo urgente. El inconveniente era que una demanda tan brusca podía provocar el alza de precios y que los productores no pusieran en el mercado todo lo que tenían. Viendo que con el almacenamiento no quedarían cubiertas las necesidades, fue impulsado el programa de desarrollo de caucho sintético.

Tampoco fue suficiente la adquisición de estaño debido a los altos requerimientos de la industria de rearme. Estados Unidos pagaba el haber comenzado tarde su programa de almacenamiento. El día de Pearl Harbor almacenaba 116.000 Tm de estaño que habría consumido en 13 meses, y en febrero de 1942, cuando Japón ocupó Singapur, las reservas de caucho alcanzaban para sólo 10 meses. En relación con los objetivos propuestos, las reservas gubernamentales de estaño estaban al 24%, las de caucho al 30%, cromo 16% y manganeso 16%.

El motivo principal fue que había comenzado tarde, como se ha señalado, y el tiempo era necesario para superar la lentitud de la propia burocracia, embudos en la gestión por parte de los exportadores y limitaciones en el transporte. Los países europeos llamaron a sus mercantes que antes se habían encargado del transporte entre el SEA y Estados Unidos; el viaje era largo porque debía llegar a la costa este del país, porque hacerlo hasta solo la costa oeste y después terrestre tenía el inconveniente del mayor coste y la insuficiente capacidad. Otro freno fue la política fiscal, y ahí el nombre propio era Roosevelt, quien convenció al Congreso para reducir una partida aprobada de 100.000 a sólo 10.000 en un año, aunque después aflojó algo. La opinión pública y parte de la prensa era contraria al programa de almacenamiento, al menos hasta 1940, porque tenían la idea de que el país era autosuficiente. También el sector aislacionista del Congreso. Se opusieron además, con cierta resonancia, sectores mineros nacionales, movidos por intereses egoístas, y por añadidura el programa competía con el consumo civil de esas materias. Pero en general, el Congreso apoyó la medida en el último año y aunque los logros quedaron por debajo de los objetivos fijados, tuvo una influencia importante para el esfuerzo de guerra.

*
Seguirá, saludos a todos
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Re: Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensajepor Grossman » Sab Oct 27, 2012 9:18 pm

¡Hola!

Acabamos ya este apartado.

*
El peso estratégico del sureste asiático y el origen de la guerra del Pacífico
(parte 6 y última)

Una declaración el 15.4.1940 del ministro japonés de exteriores, Arita, que desvelaba el interés japonés por las Indias Holandesas - “el sureste asiático está económicamente vinculado a Japón por una relación íntima de satisfacción de necesidades mutuas … en vista de estas consideraciones [que la guerra europea se extendiera hasta las Indias Holandesas y la paz y estabilidad de los mares del sur, una región de importancia vital para Japón, estuviera amenazada] el gobierno está profundamente preocupado por cualquier desarrollo de la guerra en Europa que afecte al status quo en las Indias Holandesas” - fue interpretada por Hull como una amenaza japonesa de ocupar ese territorio contra una tentación británica o estadounidense de ocupación preventiva, y motivó la siguiente respuesta dos días después: “Cualquier cambio en las Indias Holandesas afectaría directamente los intereses de varios países … las Indias Holandesas son muy importantes en las relaciones internacionales de todo el Océano Pacífico … Producen una considerable proporción mundial de elementos esenciales como caucho, estaño, quinina, copra, etc. Muchos países, incluido Estados Unidos, dependen sustancialmente de los mismos. Una intervención en los asuntos domésticos de las Indias Holandesas o cualquier alteración de su estatus por medios no pacíficos sería perjudicial para la causa de la estabilidad, paz y seguridad, no solo en la región de las Indias Holandesas, sino en todo el área del Pacífico.”

Ante la perspectiva de que Japón no iba a ser persuadido por palabras, Hornbeck preparó una serie de memorandos que describían la naturaleza de los intereses estadounidenses en el SEA, en el sentido de su importancia estratégica, y que tuvieron gran resonancia. Tras fracasar su intento de llevar a la flota del Pacífico al Atlántico o al menos amarrarla a la costa oeste, el almirante Richards (comandante de la Flota del Pacírfico) llegó a la conclusión de que Hornbeck era el que estaba detrás: “Yo tenía la impresión clara de que el Dr. Hornbeck estaba ejerciendo una influencia mayor sobre la disposición de la flota de la que ejercía yo … [Hornbeck] era el hombre fuerte en el Lejano Oriente y la causa de que permaneciéramos en Hawai, donde nos mantendría todo lo que pudiera. Los motivos de Hornbeck para tomar una postura tan intransigente con la ubicación de la flota provenía de un memorando de 50 páginas del 4 de julio titulado «Reflexiones de ciertos hechos de la situación del Lejano Oriente y ciertos problemas de la política exterior de Estados Unidos respecto al Lejano Oriente»”.

Hornbeck sostenía que el amarre de la Flota del Pacífico en Hawai era el mejor disuasivo contra una tentación japonesa de apoderarse de las Indias Holandesas y la resistencia de China la mejor defensa contra su expansión. Sostenía una postura contraria a gastar excesivo esfuerzo en influir sobre los acontecimientos europeos: “Estados Unidos puede hacer poco hoy en día para evitar que Hitler domine Europa. Estados Unidos puede hacer mucho para evitar que Japón gane la supremacía en Asia este. Estados Unidos puede dar un paso atrás y fortificar su posición en el Hemisferio occidental. Si elige esta opción, y sólo esta, será probable que, sin que pase mucho tiempo, económicamente debilitado y separado de valiosos mercados, especialmente los que proveen de materias primas (en el Lejano Oriente), Estados Unidos se vería confrontado a presiones materiales incluido por parte de las fuerzas armadas … por Alemania y Japón”. Su pronóstico sobre las posibilidades de parar la expansión japonesa hacia el sur es que la ayuda a China y las sanciones por sí solas no eran suficientes, y que sólo una postura militar sólida podía lograrlo; “Ya estamos en guerra, pero si adoptamos una postura firme y sin compromisos, podemos evitar una guerra a tiros”, manifestó. En diciembre, cuando se debatía la cuestión de defender Singapur, Hornbeck escribió en otro memorando: “La importancia de Singapur para la defensa inmediata de las Islas Británicas reside en su posición para el acceso a las materias primas y recursos humanos de Malasia, Indias Holandesas y la India. Mientras que las Islas Británicas sin duda pueden sobrevivir sin el acceso directo a esos materiales y recursos humanos, el efecto de su pérdida sobre los recursos económicos y financieros del Imperio Británico – un factor vital en la defensa de las Islas Británicas – sería considerable. Tal pérdida debilitaría seriamente nuestra propia economía (caucho, estaño, yute, quinina, aceites vegetales, tungsteno, antimonio, mica, serían algunas de las materias a las que perderíamos acceso) y afectaría adversamente la extensión de nuestra ayuda a las Islas Británicas”. En su análisis no era probable que, en caso de caer en manos japonesas, Gran Bretaña y Estados Unidos tuviesen facilidades para continuar adquiriendo sus materias primas. En otro de sus memorandos refrendaba el criterio de Grew de la importancia de Singapur para asegurar el acceso de Estados Unidos al SEA.

A pesar de su línea dura hacia Japón, en julio de 1941 Hornbeck se posicionó en contra del embargo total y propuso, en cambio, un gesto visible de la Flota del Pacífico e imponer restricciones comerciales, pero no de petróleo ni de hierro: “Acciones contra uno u otro recursos, si se toman ahora, provocarán una tendencia a perjudicar la elección de Japón entre moverse hacia el norte o hacia el sur. Nosotros no debemos animarle a escoger, entre las dos, la de ir al sur en lugar de al norte”.

La conclusión tras leer el trabajo de Jonathan Marshall es que el acceso a los recursos del SEA era parte fundamental de los intereses nacionales de Estados Unidos, hasta el punto que, por razón de su importancia económica y estratégica, en su defensa Washington se arriesgó a llevar al país a una guerra prematura, sacrificando la estrategia “Alemania primero” que estaba en conflicto con aquella.

Stanley Hornbeck (izquierda), asesor del Secretario de Estado y con peso específico todavía en el Departamento de Estado donde antiguamente había ejercido la jefatura de la División Lejano Oriente del Departamento de Estado cuyo jefe entonces era Maxwell Hamilton (derecha)
Imagen
Fuente: UTLEY JG ”Going to War With Japan” Fordham University Press (2005) p.52-3

*
Fin del apartado dedicado al trabajo de Marshall sobre el peso estratégico del sureste asiático. Próximamente expondré las modificaciones que implica sobre lo que he concluido de la conducción de la política exterior de Washington en el Pacífico.

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Re: Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensajepor Antonio Machado » Dom Oct 28, 2012 12:58 am

Hola Grossman, estimado amigo:

Los materiales que amablemente has compartido merecen la pena de leerlos una y otra vez: contienen tanta información interesante, perspectivas y comentarios muy valiosos.

Muchas gracias por subir todo este material de estudio !

Saludos cordiales desde Nueva York,

Antonio Machado.
Con el Holocausto Nazi en contra de la Raza Judía la inhumanidad sobrepasó a la humanidad.

Schwerpunkt
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Re: Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensajepor Schwerpunkt » Dom Oct 28, 2012 1:30 am

¡ Saludos a tod@s !

Grossman escribió:Un remedio para el caso de una interrupción del acceso al SEA era el almacenamiento de materias estratégicas. Hull estuvo recomendándolo desde 1934, y aprovechar también un momento de precios bajos. En 1936 el Congreso aprobó una primera partida para la adquisición de una reserva de materias estratégicas: estaño, manganeso, tungsteno, cromo, vidrio óptico y abacá. En 1938 Hull advirtió que el ritmo de almacenamiento de caucho era demasiado bajo “porque un día podemos estar en guerra con Japón”. Al final, con apoyo de Roosevelt, logró parte de su propósito, en un momento difícil por la política de austeridad fiscal, y empleando como pago sus excedentes agrícolas.


El propósito de almacenar materiales estratégicos tenía mas enjundia de la que parece incluso para un país tan dotado de recursos naturales como EE.UU que no era inmune a los cuellos de botella de disponibilidad de algunos de ellos. A pesar de la aparente abundancia de recursos naturales, Estados Unidos dependía por completo del exterior de la importación de algunos de ellos como caucho, manganeso, estaño y cromo y tenía una cierta dependencia de bauxita para la producción de aluminio vital para la guerra aérea. El caucho y estaño eran producidos de manera predominante en las Indias Orientales Holandesas amenazadas por el militarismo japonés.

Como ya he comentado en el hilo viewtopic.php?f=28&t=8278 sobre la economía brasileña, ésta fue capaz de realizar algunas aportaciones importantes -aunque no suficientes- a la economía bélica norteamericana en el vital año 1942 hasta

Caucho: 26.000 t producidas en Brasil. La producción era muy pequeña pero no olvidemos que en la época el principal productor con 550.000 t, las Indias Orientales Holandesas había caído en manos japonesas en 1942 y la producción de caucho sintético estaba todavía en su infancia. Así por ejemplo en 1939 se habían fabricado unas 50.000 t en la URSS, 20.000 t en Alemania. En EE.UU. la producción sintética en 1942 fue de 22.000 t aunque la producción sintética en el gigante norteamericano se multiplicaría por ¡ 35 veces ! en 1944 antes las necesidades bélicas, alcanzando nada menos que las 775.000 t.

Manganeso: 140.000 t producidas anualmente por Brasil. Para que sirva de comparación la producción norteamericana era de 90.000 t anuales aunque el mayor productor de la época era la URSS con 1.300.000 t en 1940 que perdió 2/3 de la producción con la invasión alemana. El segundo mayor productor era la India británica con 490.000 t. No obstante la producción cubana y sobre todo la india hicieron que en ningún momento se sufriera una escasez apremiante.

El acopio de los otros materiales deficitarios, se resolvería de la siguiente manera:

Cromo: se aumentó sensiblemente la producción norteamericana y sobre todo se echó mano de la importación a gran escala de la producción cubana, más importante.

Estaño: la pérdida de las Indias Orientales Holandesas y de Malasia, principales productores se enjugó mediante la importación masiva de Bolivia y el aumento de producción en colonias africanas (Congo Belga y la Nigeria británica)

En cuanto a la Bauxita, a pesar de la pérdida de las Indias Orientales Holandesas y Malasia, ésta se reemplazó mediante el fenomenal aumento de la producción en los propios EE.UU. y triplicando la producción de preguerra en la Guayana británica y Surinam.

No obstante, tal como señala Grossman en el momento de tomar estas decisiones no se podía preveer que se resolvieran esas dificultades a posteriori con esa facilidad -en especial el capítulo del caucho sintético- y lo cierto es que los stocks eran reducidos, lo que ayuda a comprender la urgencia del gobierno norteamericano a conseguir existencias e intentar proteger las fuentes de estos materiales esenciales de la amenaza japonesa.

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Grossman
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Re: Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensajepor Grossman » Lun Nov 19, 2012 8:28 pm

¡Hola!

Y disculpas por la demora. Antonio Machado: muchas gracias por tus palabras, me alegra que te interese. Schwerpunkt: gracias por esas útiles aportaciones que completan el hilo. :)

¿Una guerra evitable?

Si hasta dar con el trabajo de Marshall estos hilos sobre el origen de la Guerra del Pacífico fueron elaborados bajo la idea de que fue una guerra evitable, cuando acabé de leerlo mi primera conclusión es que esa había sido una idea errónea. Lo que determinó el choque entre ambas potencias fue la competencia entre Japón y Estados Unidos por las materias primas del SEA; el valor económico y estratégico de los recursos que se concentraban en esa zona del globo era parte tan importante de los intereses nacionales de ambos países -y no sólo de Japón como han dado a entender hasta ahora las interpretaciones convencionales - que a partir del momento en que Japón se desmarcó políticamente de la comunidad internacional, en 1931, la posibilidad de resolver ese conflicto de forma negociada y aceptable para ambas partes se esfumó. Un enfrentamiento que se hubiese resuelto sin guerra si Estados Unidos y Gran Bretaña hubiesen hecho los años anteriores unos preparativos militares a la altura de lo que la defensa de esos intereses exigía, y que les hubiera permitido desplegar, en la zona y a la hora decisiva, la suficiente fuerza de disuasión.

Con esta perspectiva quiero rectificar un aspecto de lo que he escrito sobre los errores de la política exterior estadounidense, en concreto, sobre la actitud de los halcones de Washington. Esta no se explicaría por arrogancia e ignorancia, ni como reacción a la conducta internacional de Japón, sino porque Estados Unidos competía con este. Así la frase de Record que cité al principio:

Grossman escribió:Aunque la agresión japonesa en Asia-este fue la causa inmediata de la Guerra del Pacífico, la ruta a Pearl Harbor se erigió sobre errores de cálculo tanto americanos como japoneses, la mayor parte de los mismos erigidos sobre ignorancia cultural mutua y arrogancia racial”.

Jeffrey Record *

resulta engañosa; no es que no se dieran esos defectos, pero no son los que explican las causas y resultan confundientes.

Por el desafío que la tesis de Marshall supone al punto de vista clásico he invertido varias horas buscando por Internet alguna réplica pero sin éxito, y me quedo con las ganas de saber qué piensan los Iriye, Utley, Dallek, Record, Heinrichs, Kershaw y Sagan, etc., sobre la misma; si alguien encuentra algo se agradecerá que lo revele aquí. Si una cosa he acertado, es en dar el matiz provisional a las conclusiones, porque lo único que es seguro es que no se ha escrito todavía, ni mucho menos, la última palabra sobre el origen de esta guerra.

Lo que no cambia (sin querer ser demasiado taxativo) es la valoración sobre otros errores como la excesiva rigidez demostrada a la hora de negociar con Japón exigiendo unas condiciones incumplibles, la pérdida de oportunidades cuando Tokio destensó la cuerda, y la imposición del embargo petrolífero de julio de 1941. Es muy posible que aunque Washington hubiese demostrado mayor flexibilidad y renunciado al embargo, los japoneses no hubieran esperado al rearme estadounidense y desencadenado su ataque igualmente, pero sin duda esas decisiones dieron al liderazgo japonés más determinación, y demostraron que en Washington no todo el mundo hizo sus deberes bien.

Saludos cordiales
Espérame y yo volveré, pero espérame mucho
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Es que sencillamente me esperaste como nunca nadie me esperó
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Re: Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensajepor maxtor » Mié Nov 21, 2012 4:27 pm

Grossman escribió:¡Hola!

Y disculpas por la demora. Antonio Machado: muchas gracias por tus palabras, me alegra que te interese. Schwerpunkt: gracias por esas útiles aportaciones que completan el hilo. :)

¿Una guerra evitable?

Si hasta dar con el trabajo de Marshall estos hilos sobre el origen de la Guerra del Pacífico fueron elaborados bajo la idea de que fue una guerra evitable, cuando acabé de leerlo mi primera conclusión es que esa había sido una idea errónea. Lo que determinó el choque entre ambas potencias fue la competencia entre Japón y Estados Unidos por las materias primas del SEA; el valor económico y estratégico de los recursos que se concentraban en esa zona del globo era parte tan importante de los intereses nacionales de ambos países -y no sólo de Japón como han dado a entender hasta ahora las interpretaciones convencionales - que a partir del momento en que Japón se desmarcó políticamente de la comunidad internacional, en 1931, la posibilidad de resolver ese conflicto de forma negociada y aceptable para ambas partes se esfumó. Un enfrentamiento que se hubiese resuelto sin guerra si Estados Unidos y Gran Bretaña hubiesen hecho los años anteriores unos preparativos militares a la altura de lo que la defensa de esos intereses exigía, y que les hubiera permitido desplegar, en la zona y a la hora decisiva, la suficiente fuerza de disuasión.

Con esta perspectiva quiero rectificar un aspecto de lo que he escrito sobre los errores de la política exterior estadounidense, en concreto, sobre la actitud de los halcones de Washington. Esta no se explicaría por arrogancia e ignorancia, ni como reacción a la conducta internacional de Japón, sino porque Estados Unidos competía con este. Así la frase de Record que cité al principio:

Grossman escribió:Aunque la agresión japonesa en Asia-este fue la causa inmediata de la Guerra del Pacífico, la ruta a Pearl Harbor se erigió sobre errores de cálculo tanto americanos como japoneses, la mayor parte de los mismos erigidos sobre ignorancia cultural mutua y arrogancia racial”.

Jeffrey Record *

resulta engañosa; no es que no se dieran esos defectos, pero no son los que explican las causas y resultan confundientes.

Por el desafío que la tesis de Marshall supone al punto de vista clásico he invertido varias horas buscando por Internet alguna réplica pero sin éxito, y me quedo con las ganas de saber qué piensan los Iriye, Utley, Dallek, Record, Heinrichs, Kershaw y Sagan, etc., sobre la misma; si alguien encuentra algo se agradecerá que lo revele aquí. Si una cosa he acertado, es en dar el matiz provisional a las conclusiones, porque lo único que es seguro es que no se ha escrito todavía, ni mucho menos, la última palabra sobre el origen de esta guerra.

Lo que no cambia (sin querer ser demasiado taxativo) es la valoración sobre otros errores como la excesiva rigidez demostrada a la hora de negociar con Japón exigiendo unas condiciones incumplibles, la pérdida de oportunidades cuando Tokio destensó la cuerda, y la imposición del embargo petrolífero de julio de 1941. Es muy posible que aunque Washington hubiese demostrado mayor flexibilidad y renunciado al embargo, los japoneses no hubieran esperado al rearme estadounidense y desencadenado su ataque igualmente, pero sin duda esas decisiones dieron al liderazgo japonés más determinación, y demostraron que en Washington no todo el mundo hizo sus deberes bien.

Saludos cordiales


Saludos cordiales.

Recojo la invitación al objeto de aportar alguna visión adicional de algún historiador, en concreto de Ian Kershaw, al magnífico trabajo y conclusiones que ha efectuado el compañero Grossman.

Los factores raciales y el menosprecio mutuo influyeron pero creo que fueron un factor más marginal y donde sí influyeron otros factores geoestratégicos que hicieron que Japón desde el verano de 1940 al verano de 1941 tuviera una auténtica encrucijada estratégica. ¿Fue inevitable la guerra contra los EEUU?, creo que la única solución pacífica hubiera sido inaceptable más para Japón que para los EEUU, hubiera supuesto una política diplomática contra su propia esencia como nación imperial, con su visión de gran potencia y el aceptar en 1941 una diplomacia de paz con los EEUU hubiera sido visto como una traición y un deshonor para los muchos muertos ya en China por parte del Ejército japonés. El aceptar una visión liberal y democrática y de cooperación económica y de comercio libre con GB y los EEUU hubiera sido lo más deseable y tras la postguerra a Japón dicha colaboración la convirtió en potencia económica con un nivel de vida envidiable respecto a muchos países de Oriente, pero en esos años era una posibilidad utópica y que muy pocos japoneses apoyaron.

El historiador Ian Kershaw, en su libro “Decisiones trascendentales: De Dunquerque a Pearl Harbour (1940 – 1941). El año que cambióla historia”, en sus cap. 3 y 8 trata la temática que nos ocupa y paso a resumir ambos capítulos por si puede aportar algo a la discusión.

El incidente de China como llamaban los japoneses a la guerra con aquel país era independiente del conflicto europeo que empezó con la invasión de Polonia por Alemania, pero los intereses de las grandes potencias europeas y EEUU en China se vieron afectados por dicha agresión, al calor de los grandes triunfos de Hitler en Europa Japón vió una oportunidad “dorada” – como diría Hata Shunroku, ministro del Ejército, el 25 de junio de 1940 – “ ¡Aprovechad la oportunidad de oro! ¡No dejéis que nada se interponga en vuestro camino! “, ya que aprovechando la debilidad de Holanda, Bélgica y de GB, Japón vio una gran oportunidad de extenderse por el sureste asiático y de formalizar un pacto con el Eje. Ya en aquellos meses cruciales de 1940 Japón incrementó el riesgo de acabar interviniendo en un conflcto armado no sólo con las potencias europeas sino también con los EEUU.

Fue en el verano de 1940 donde se pusieron las semillas para la guerra. Los antecedentes inmediatos de la guerra con China datan de sesi años antes cuando se produjo en 1931 el incidente de Mukden, que supuso un punto de inflexión en cuanto a las relaciones internacionales en Extremo Oriente. Las ambiciones imperiales de Japón se remontan al s. XIX cuando Japón bajo el mandato del emperador Meiji, se encontraba en medio de un acelerado proceso de modernización tratando de mezclar los métodos occidentales a la cultura japonesa. Las guerras con China en 1894 – 1895 y con Rusia en 1904 – 1905, iniciadas por los japoneses en ambos casos, procuraron a Japón la posición de potencia dominante en Extremo Oriente.

Hay analistas e historiadores que ven en esos triunfos y movimientos como golpes contra la colonización europea pero Japón estaba echando los cimientos de su propia lucha imperial por el control del sudeste asiático, ya se había apoderado de Corea, Taiwán y la zona sur de la isla de Sajalín y disfrutaba de derechos de arrendamiento y de un tramo de algo más de un kilómetro de vía férrea en el sur de Manchuria. También había obtenido el derecho de mantener tropas en Pekín en 1901, y en otras ciudades de China bajo la excusa de proteger a sus diplomáticos.

En 1917 Japón formalizó un acuerdo con EEUU que reconocía la política de “Puertas Abiertas” a cambio del reconocimiento por parte de los norteamericanos de su especial interés en China, el acuerdo era ambiguo pero Japón lo interpretó como una muestra de conformidad de los EEUU con la posición de Japón en el sur de Manchuria. El marco diplomático más importante en periodo de entreguerras en la región del Pacífico fue el establecido en 1921 – 1922 en la Conferencia de Washington, fue un tratado entre nueve potencias (Japón, China, GB, Francia, Italia, Bélgica, Países Bajos, Portugal y los EEUU), que en teoría ratificaba la independencia e integridad de China.

Fue un intento de que la diplomacia recondujera las relaciones de todos los países hacia la cooperación internacional, no obstante la posición moderada de Japón en el orden internacinoal en el ámbito interno las voces críticas fueron en aumento acompañado de ideas de autarquía económica tras el crack del 29, al mismo tiempo las medidas de boicot económico de Chiang Kaichek y la vulneración de derechos económicos japoneses en Manchuria exacerbaron la animadversión hacia los chinos dentro de Japón, fueron ganando adeptos las voces radicales y las que exigían un gobierno más fuerte, y dicho malestar se empezó a notar en el ejército especialmente entre los oficiales más jóvenes.

El 18 de septiembre de 1931, en medio de una tensión creciente algunos oficiales del ejército Guandong – que defendía las posiciones japonesas en Manchuria – urdieron un ataque a manos de las tropas japonesas que se hallaban realizando maniobras nocturnas contra las fuerzas locales chinas en Mukden, al sur de Manchuria, lo que empezó como un incidente menor acabó siendo un hecho decisivo ya que puso fín a la cooperación de posguerra en Extremo Oriente incluido el Sistema de Washington, e inició una fase de aislamiento internacional de Japón.

Ante la falta de una respuesta internacional Japón se creció y el Ejército de Guandong apoyado a posteriori por el gobierno de Tokio y la opinión pública de Japón, amplió su agresión. Finalmente con el abandono por parte de Japón de la Sociedad de Naciones en 1933 se materializó el profundo desencuentro entre Japón y el resto de la Comunidad internacional. Ese asilamiento propición a Japón una base para su resentimiento y rebeldía. A mediados de 1936 el Gobierno japonés estaba ya preparado para establecer los “Principios Fundamentales de Actuación Nacional”, dicho documento partía de la premisa que era necesario asegurar el poder de Japón en la región del Asia oriental, reforzar las defensas y el poderío económico en Manchukuo para eliminar “la amenaza de la Unión Soviética” y emprender la expansión por los mares del sur. Era la primera vez qu la expansión hacia el sur se mencionaba expresamente como pauta de actuación, el programa reflejaba la creciente discordancia existente en el seno de la Armada, que había conservado su elevado prestigio desde la guerra con Rusia en los primeros años del s. XX.

El objetivo de la política exterior en el verano de 1936 era conseguir lo anterior con métodos pacíficos, si bien las fuerzas armadas debían reforzar Manchuko y Corea hasta que tuvieran capacidad para “asestar el golpe inicial a las fuerzas soviéticas en Extremo Oriente cuando se produzca el estallido de las hostilidades”. El rearme naval permitiría asegurar la “dominación del Pacífico occidental frente a la Armada de los EEUU”. Pese a que se reconocía en dicho documento que era preferible lograr esos objetivos con métodos pacíficos es claro que en la política japonesa estaba implícito la posibilidad de que en el futuro entrarían en guerra contra los EEUU y GB. El ejército seguía apostando por la necesidad de prepararse para una guerra contra la URSS para deshacerse de la amenaza procedente del norte.

En 1937 el gobierno civil retomó durante un breve espacio de tiempo el resolver sus endémicos problemas económicos con una política de promoción de la industrialización, comercio exterior y cooperación internacional, pero aquellas opiniones no lograron calar en la sociedad nipona ni en sus líderes. Eran contrarias a la convicción de que el futuro de Japón dependía de la autarquía económica garantizada por la fuerza de las armas. El grado de ingerencia del Ejército en la gestión del gobierno había aumentado desde el incidente de Mukden, posteriormente un intento de golpe de Estado que costó la vida a varios ministros, aunque luego fue severamente castigado incrementó el poder del Ejército en la vida civil, y sobre todo en lo que más preocupaba a los militares del Ejército que era la política en China. Un incidente imprevisto en China y de carácter menor, ocurrido en la noche del 7 de julio de 1937 cerca del puente de Marco Polo al sur de Pekín, señaló el inicio de lo que pronto sería una guerra abierta entre Japón y China.

En ambos países sus respectivos gobiernos se encontraban fuertemente presionados por el sentimiento nacionalista que ellos mismos habían despertado y manipulado. Chiang Kaichek vió una oportunidad en la agresión japonesa que podría explotar para ampliar el apoyo de occidente a su causa, por su parte, importantes sectores del ejército japonés describieron el incidente como una ocasión para derrotar y someter a China mediante una acción rápida y enérgica. Pero el ejército japonés se empantanó y no fue tan rápida la victoria aunque sí muy violenta. A principios de noviembre cuando las tropas chinas se retiraban de Shanghai en dirección a Nanjing, capital nacionalista cerca de un cuarto de millón de civiles chinos habían sido asesinados en la ciudad. El número de japoneses muertos y heridos ascendía a unos 400.000. Las tropas japonesas persiguieron al ejército y a los refugiados civiles chinos que huían hacia Nanjing, cuando la ciudad cayó el 13 de diciembre, ocurrió una auténtica orgía de sangre y de violaciones masivas a las mujeres chinas.

La noticía de dichos crímenes de guerra junto al incidente de la cañonera de Panay en el río Yangtsé, al norte de Nanjing que fue torpedeada con periodistas y diplomáticos a bordo causó un fuerte daño internacional a Japón, y la opinión pública de Occidente y especialmente de los EEUU se volvió profundamente antijaponesa. Japón pidió disculpas y reaccionó muy rápido con indemnizaciones y castigando a los culpables de dicha acción, con lo que demostró que estaba preocupada respecto a una escalada de tensión con los EEUU, pero no tanto como para cambiar o suavizar en lo más mínimo su política en China. Durante los meses siguientes Japón amplió su agresión y autoridad en China, y controló grandes áreas de China, sin embargo, a finales de 1938 con 600.000 soldados instalados en China sus recursos habían llegado a su techo. El número de sus víctimas iba en aumento y llegó a los 62.000 muertos desde el inicio del conflicto.

En 1938 el gobierno japonés reformuló su propósito bélico, ahora se contemplaba la posibilidad de cooperar con los nacionalistas chinos e intentó dividir a dicho frente con su apoyo al rival de Chiang Kaichek, Wang Jingwei. Wang estuvo dispuesto a colaborar con Japón a condición de que adoptaran una enérgica y unánime política anticomunista.
¿Qué postura tomó los EEUU?. En un primer momento y después de las numerosas protestas contra las acciones japonesas en China, los EEUU anunciaron la derogación de un tratado comercial con Japón de importancia vital que databa de 1911 y expiraba en 1940. Dado que casi un tercio de las importaciones japonesas procedían de EEUU, el asunto era muy serio. Aquella medida advirtió a Japón de que en el futguro los EEUU actuarían de idéntica forma, esto es, con sanciones económicas; Japón dependía muy especialmente de chatarra y petróleo norteamericano, si se paralizaba dichos envíos la campaña bélica japonesa en China no podría durar más de 6 meses.

Con sus acciones Japón estaba contribuyendo al deterioro de las relaciones tanto comerciales y políticas con las potencias europeas; la ocupación de bases estratégicas en el Mar de China Meridional – Isla de Hainan, en febrero de 1939 – y un mes más tarde las islas Spratly, pusieron al descubierto la intención de Japón de extender su influencia hacia el sur. El régimen colonial holandés en las Indias Orientales respondió disminuyendo las importanciones procedentes de Japón, y poco después las fuerzas soviéticas se vieron envueltas en graves enfrentamientos contra la URSS en la frontera de Mongolia exterior. El resultado fue una notable derrota y una advertencia a Japón de que no subestimaran al Ejército Rojo. Japón se estaba aislando internacionalmente y giró sus ojos hacia Alemania. Un camino para salir de su asilamiento internacional había sido constituir una alianza con Alemania, pero incluso así Japón fue reacio a despertar más animosidad de las democracias occidentales asociándose con la Alemania nazi, y el gobierno japonés evitó toda tentativa de convertir el Pacto Antikomintern en una alianza plena.

La guerra europea afectó inevitablemente a Japón, ya que hubo voces desde el Ejército y desde el gobierno civil que defendían una inversión de la política previa mediante la búsqueda de un acuerdo pragmático con la URSS, como había hecho Alemania, supusieron que llegaba un nuevo orden mundial que acabaría con la antigua hegemonia ejercida por las democracias europeas y los EEUU. Las grandes potencias de Europa serían previsiblemente Alemania, Italia y la URSS, lógicamente a Japón le convenía aliarse tanto con Alemania como con la URSS. Sin embargo los seguidores de este punto de vista eran minoría. La opinión dominante en el gobierno se inclinaba por intentar mejorar las relaciones con los EEUU conscientes de que la guerra europea podría unir más a estadounidenses y británicos. No obstante, dado que Japón no estaa dispuesto a hacer concesiones importantes en China, aquella opción no tenía posibilidades de cristalizar. De hecho la política norteamericana hacia Japón se estaba endureciendo. El aumento de ayuda a China se veía como una forma de debilitar a Japón y reducir la posible amenaza en el Pacífico.

China era el eje central, mientras la guerra con China continuase los recursos materiales y humanos de Japón seguirían estando al máximo de su capacidad. El deterioro de las relaciones con los EEUU ponía en serio peligro la llegada de petróleo y chatarra, necesarios para continuar la guerra, pero mientras Japón continuase en su política de conquistas territoriales y dominación no se pondría fin a la guerra,y por tanto no mejorarían las relaciones con los EEUU ni disminuría la amenaza constante sobre las materias primas. En el ámbito interno de Japón había bastante consenso entre sus élite y facciones en cuanto a la política exterior a seguir, pese a las diferencias, y desacuerdos políticos en 1940 acabó imponiéndose un imperialismo militarista, la guerra contra China había forjado un nacionalismo que presentaba paralelismo con los fascismos europeos, su fuente espiritual era el emperador, encarnación de la nación y su vehículo, el militarismo.

En 1940, el gobierno de Konoe, respondió inmediatamente al vuelco del panorama en Europa, y existía el acuerdo de las élites japoneses de establecer un “nuevo orden” destinado a garantizar las materias primas de Asia oriental para el Imperio japonés y a poner fin a la hegemonía de GB, Francia y Países Bajos en la región. La única discrepancia era en los modos de lograrlo. El impacto de las victorias alemanas en Europa dio una nueva forma al pensamiento japonés en torno a la expansión, y el coroloario de todo ello fue poner a punto las relaciones de Japón con su vieja enemiga, la URSS. Una guerra en dos frentes, con las manos todavía atadas en China, era impensable, de modo que, por primera vez, la perspectiva de un pacto de no agresión con la URSS empezaba a ganar adeptos entre los líderes militares.

Cuando los nazis avanzaban por el norte de Francia, el Gobierno de Yonai ya había presionado a las autoridades de las Indias Orientales neerlandesas para que garantizasen el suministro de estaño, caucho, petróleo, chatarra y otras nueve materias primas fundamentales. A continuación tras la rendición francesa el 17 de junio, los japoneses obligaron a los gobiernos de Francia y GB a suspender el suministro de ayuda esencial a los nacionalistas chinos a través de Indochina, Birmania y Hong Kong, un provisional reconocimiento de la debilidad de ambos países.

Los líderes militares japoneses organizaron simulacros de combates y presentaron planes de contingencia para establecer bases aéreas en Indochina y Tailandia y llevar a cabo una ofensiva relámpago a las Indias Orientales neerlandesas. Los simulacros de la Armada llevaron a la conclusión de que dicho ataque provocaría el estallido de una guerra contra EEUU, GB y Países Bajos. Y también se acabó concluyendo que, sin las importaciones de petróleo de EEUU, y a no ser que se lograra capturar, transportar con seguridad y explotar el de las Indias Orientales neerlandesas, Japón sólo podría combatir durante cuatro meses. E incluso con el petróleo si la guerra durase más de un año, nuestras posibilidades de ganar serían nulas.
No obstante los jefes de Sección del Estado Mayor de la Armada responsables en gran medida de la línea de actuación, aseguraban ya en abril de 1940, antes incluso de la ofensiva alemana en Europa occidental que “ha llegado el momento de ocupar las Indias Orientales neerlandesas”, los acontecimientos en Europa posteriormente incrementaron mucho el optimismo de quienes pensaban que era posible una ocupación militar de las Indias Orientales neerlandesas sin sumir a Japón en una guerra con una debilitada GB ni con unos indecisos EEUU. Los halcones ganaban terreno.

En el Ejército de Tierra ocurría algo similar, cofiaban en la derrota inminente de GB a manos de Alemania y que Japón sería el gran beneficiado en el sureste asiático, guiados por dicho análisis no analizaron objetivamente su capacidad militar para sostener una expansión militar propia que supusiera efectuar una expansión de grandes dimensiones hacia el sur con sus propios recursos, ni aún presuponiendo la conquista de recursos ajenos.

El 3 de julio de 1940 el borrador había llegado a la fase en que pudo ser aprobado por el Ministerio del Ejército y el Estado Mayor bajo el título “Líneas generales de los principios fundamentales para hacer frente a la cambiante situación mundial”. Fue un documento clave que determinó la dirección general de la política del Ejército y en última instancia del Gobierno, hasta el inicio de la Guerra en 1941. Su preámbulo señalaba como prioridades resolver el “Incidente de China” lo antes posible y aprovechar el momento oportuno para solucionar el problema del sur y planteó la posibilidad de que la expansión hacia el sur se hiciera incluso teniendo abierto el frente en China. En política exterior dicho documento ponía el acento en el fortalecimiento de la solidaridad política entre Japón, Alemania e Italia y mejorar rapidamente sus relaciones con la URSS, y se señalaba la necesidad imperiosa de ahogar las rutas de aprovisionamiento de Chiang Kaichek. Los recursos de las Indias Orientales neerlandesas eran vitales para Japón, y se conseguirían por la fuerza si la diplomacia fracasaba. El apartado final adoptaba un fuerte tono belicista; Japón aprovecharía el momento adecuado para la acción militar hacia el sur, debía evitarse la guerra contra los EEUU pero no obstante la directiva concluía de modo inquietante: “Previendo que al final recurrirá al uso de la fuerza contra los EEUU si la situación así lo requiere, Japón realizará los preparativos militares necesarios”.

Este giro radical en la posición del Ejército de Tierra de la tradicional concentración en Rusia en el norte hasta la expansión hacia el sur fue visto como agua de mayo por la Armada ya que suponía el desvío de muchos recursos hacia su ámbito militar al exigir una gran flota para esa estrategia meridional, el anterior escenario de centrarse en la URSS y evitar a toda costa cualquier conflicto con los EEUU hubiera supuesto una mengua considerable del presupuesto naval. El nuevo acuerdo entre el Ejército y la Armada procuró un entorno político más adecuado para aquel expansionismo de alto riesgo. El gobierno de Yonai siempre deseoso de mejorar sus relaciones con Occidente no era útil en dicho ambiente expansionista y se necesitó un primer ministro que estuviera más en sintonía con los nuevos aires, y el Ejército movió sus hilos paranombrar al príncipe Konoye.

Konoye pronto se revelaría como una marioneta débil de los sectores expansionistas de las Fuerzas Armadas, el militarismo ahora tenía los resortes políticos civiles controlados casi por completo y para demostrarlo situó en las carteras de ministro del Ejército y exteriores a dos candidatos suyos, a Tojo y Matsuoka respectivamente. El 23 de julio de 1940 el gobierno de Konoe en un discurso radiofónico dijo que el nuevo orden mundial se estaba desmoronando, Japón debía estar preparado para dar la bienvenida al nuevo orden mundial. Ese mismo día el embajador alemán en Tokio comunicó a su ministro de Exteriores que el nuevo gobierno de Konoe iba a seguir con toda seguridad una política de mayor acercamiento al Eje.
Incluso antes de la formación del nuevo gobierno de Kono, éste organizó una reunión con las pricipales figuras políticas – Matsuoka, Tojo y Yoshida – fue se conoció como la “Conferencia de los Cuatro Pilares”, donde se acordó que para el nuevo orden Japón fortalecería sus lazos con el Eje y firmaría un pacto de no agresión con la Unión Soviética para los siguientes cinco a diez años. Al mismo tiempo Japón incluiría en el “Nuevo Orden” las posesiones coloniales occidentales en Asia oriental. En dicha reunión no se aprobó alianza militar con Alemania e Italia, dado que el ministro de la Armada, Yoshida seguía siendo reacio al mismo. El ejército por el contrario sí que era partidario de dicho pacto formal con el Eje. Deseoso de coordinar los brazos militar y civil del Gobierno con vistas a construir el mayor consenso nacional en torno al giro en la política exterior, Konoe resucitó la Conferencia de Enlace, caída en desuso desde hacía dos año y medio. El 27 de julio dicha conferencia adoptó los “Principios fundamentales para hacer frente a la Cambiante situación mundial”.

La unidad política con Alemania e Italia sería fortalecida – según dicho documento – de forma inmediata para intentar efectuar un reajuste de las relaciones diplomáticas con la Rusia soviética. Se aceptaba como inevitable un deterioro de las relaciones con Estados Unidos, si bie había que evitar el choque en la medida de lo posible. Había que presionar a la Indochina francesa para que pusiera fin al suministro de víveres a Chiang Kaichek, ofreciera sus provisiones a Japón y le concediera el uso de los campos de aviación y el paso de tropas. Asimismo se tomarían medidas para “eliminar inmediatamente la antagonista actitud de Hong Kong” y Birmania quedaría bloqueada para impedir que la ayuda llegase a los nacionalistas chinos. Se realizarían esfuerzos diplomáticos para obtener importantes recursos de las Indias Orientales neerlandesas, y en caso de que fallara la diplomacia quedaba claro que se desplegaría la fuerza armada si las circunstancias así lo exigían.

Pronto quedó claro que el cálculo japonés había sido erróneo. La respuesta estadounidense puso enseguida de manifiesto lo absurdo de la convicción de Matsuoka de que el Pacto Tripartito serviría como elemento disuasorio, y al contrario, confirmó la percepción estadounidense de que Japón era una fuerza beligerante, intimidatoria e imperialista de Extremo Oriente, un equivalente nazi asiático. Tales ideas se vieron confirmadas con la entrada de tropas japonesas en la Indochina francesa el 23 de septiembre, una acción que se producía tras la intensificación de la presión sobre los franceses para que permitieran el tránsito de fuerzas japonesas y el uso de los campos de aviación de Indochina y que tuvo lugar cuando las negociaciones todavía estaban en marcha con Francia.

En Estados Unidos la línea dura reclamaba un embargo total, si bien, Roosvelt con el respaldo de Cordell Hull, Sumner Welles y los alimrantes Harold R. Stark y James O. Richardson sostuvieron que dicho embargo extremo sobre el petróleo aceleraría la agresión japonesa y que en esos momentos la Marina norteamericana no podía impedirla. Roosvelt en ese debate que se dio entre ambos sectores se posicionó del lado de las “palomas”, al menos en parte, y finalmente no aplicó el embargo del crudo. Sin embargo la noticia de que los japoneses y alemanes estaban negociando un pacto tuvo como respuesta la imposición, el 19 de septiembre de un embargo total sobre la exportación de hierro y chatarra. Aunque los sectores dominantes de EEUU no estaban dispuestos por el momento a llevar a Japón al borde de la ruina y a la guerra, el embargo de chatarra fue una señal clara de que los EEUU no iban a doblegarse ante la presión de Japón que estaba tratando de ejercer con la alianza con el Eje.

El objetivo fundamental del Pacto Tripartito era desde la perspectiva japonesa, evitar la intervención de los EEUU para impedir el avance hacia el sur considerado necesario para garantizar el control de las materias primas por parte de Japón y, por tanto, su seguridad económica y política en el futuro. La apuesta y el riesgo del pacto fue evidente y los japoneses la asumieron. Pero desde la perspectiva japonesa el no hacerlo entrañaba también peligros y consecuencias que no podían asumir, para Japón hubiera supuesto renunciar a unos recursos que ellos entendían como propios, y una sumisión a las potencias anglosajonas que ellos veían como una aberración y una humillación, en este punto creo que la guerra fue inevitable hablando desde un punto de vista ideológico. Ningún estadista norteamericano iba a cambiar la naturaleza, la forma de ser de los líderes japoneses.

La importancia simbólica del Pacto Tripartito fue tremenda ya que Japón demostró que veía su futuro determinado por la lucha contra la supremacía angloamericana en Extremo Oriente. Y con dicho pacto creo que la carretera se deslizó definitivamente en tumba abierta hacia la guerra. El choque no era inevitable, el camino de la guerra fue consecuencia de las decisiones cruciales tomadas por los líderes japoneses en el verano y otoño de 1940. No obstante, tales decisiones estaban determinadas en gran medida por unas mentalidades forjadas durante los veinte años anteriores y por la forma en la que dichas mentalidades interpretaban las realidades económicas. Para que dicha mentalidad cambiara hubiera hecho falta un proceso interno democrático o una revolución en Japón, pero en este sentido en esos años las revoluciones tomaban un cariz radical fascista o comunista, y se me hace difícil pensar en otra evolución política democrática y basada en un orden liberal y parlamentario real que hubiera optado por una colaboración económica con las potencias anglosajonas y por un respeto de la legalidad internacional.

Japón dependía de las veleidades del comercio mundial para su futura prosperidad, como grupo de Islas separadas de la masa continental de Asia oriental, Japón no podía ser más autosuficiente con sus recursos naturales de lo que lo era GB, pero dicho país administraba un imperio en todo el planeta que lo convertía en el paradigma clásico de potencia mundial. Las filosofías políticas dominantes en la época, cuando Japón estaba en pleno proceso de modernización y empezaba a dar muestras de su poderío, presuponían que la adquisición de un imperio era la base de la prosperidad y la futura seguridad nacional. Una versión moderna del mercantilismo preconizaba que el control sobre las materias primas, así como sobre los territorios donde estaban esas materias primas facilitaba la ruta hacia el poder y la prosperidad.

Japón se vió a sí mismo, al igual que Italia y Alemania, en el contexto europeo, como una nación desposeída, con derecho de expansión para salvaguardar su superviviencia y su seguridad. Las grandes potencias occidentales especialmente los EEUU se inteponían en su camino debido al control de los recursos en el suerte asiático, especialmente en la propia China y al poderío naval norteamericano en el Pacífico. La dependencia japonesa con respecto a EEUU por el suministro básico de petróleo y metales dejaba al descubierto su talón de Aquiles en tanto que aspirante a gran potencia ponía de relieve la debilidad subyacente de su posición.

¿Fue inevitable la guerra?. Creo que sí, en cuanto choque de formas de ver la vida, para que los EEUU se hubieran retirado de la zona hubiera hecho falta años de colaboración pacífica y comercial, de respeto a las reglas del mercado mundial y una interacción con el derecho internacional que en esos años desde la óptica japonesa suponía una humillación y una claudicación; Japón quería dominar los recursos, no compartirlos ni comerciar con ellos libremente. Paradójicamente dicha opción que sí se dio tras finalizar la 2GM fue lo que llevó a Japón a la categoría de Potencia Económica.

China era la clave, Japón nunca la abandonaría y cuanto más se alargaba el conflicto cada vez menos capacidad tenía Japón para frenar sus pérdidas y lograr algún acuerdo de paz que era la premisa básica para la mejora de las relaciones con los EEUU. A la decisión japonesa de expansión hacia el Sur nunca se le opuso otra alternativa convincente, y dicho dogma de expansión fue aceptado por casi unanimidad por las élites gobernantes, del poder y militares japonesas.

En 1940, mejorar las relaciones con los EEUU, hubiera supuesto abandonar China y la posibilidad de controlar lo que los japoneses veían como propio, esto es, casi toda Asia, y para los ojos japoneses hubiera sido un insulto, una pérdida de prestigio de incalculables consecuencias internas, habría sido visto como un menosprecio a la memoria de los muertos en China y habría tenido consecuencia un Japón todavía más dependiente de los EEUU. Las mentalidades de 1940 estaban a años luz de las que en una situación de derrota total, ayudaron a Japón a resurgir de sus cenizas, aquellas concepciones iniciales y la ideología imperialista no tuvieron en frente alternativa alguna que la frenara.

Creo que la guerra fue inevitable en cuanto a choque de ideologías y formas de vida.

Saludos desde Benidorm.

maxtor
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Re: Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensajepor maxtor » Jue Nov 22, 2012 12:42 am

Saludos cordiales.

Finalizo con las conclusiones del capítulo 8, “Tokio, Otoño de 1941”, del libro de I. Kershaw, “Decisiones Trascendentales”.

Kershaw reconoce la dificultad de contestar a la pregunta de si la guerra se convirtió en inevitable ya que en su respuesta no sólo hemos de tener en cuenta factores objetivos o estratégicos sino que se entremezclaron factores psicológicos y subjetivos de las personas que intervinieron en las decisiones finales.

Las opciones japonesas empezaron a reducirse con el Incidente de Mukden que provocó la anexión efectiva de Manchuria por parte de Japón, un descontento creciente en el interior de Japón por los aranceles a los productos japoneses de sus rivales industriales de Occidente más una campaña masiva de los medios de comunicación nipones elevó la tensión y hostilidad hacia el Tratado de Washington que forjó un clima que fomentaba el nacionalismo y las tendencias militaristas. Japón tenía intereses en Manchuria desde la guerra con China de 1894 – 1895, el control era deseable no sólo desde el punto de vista económico sino como contrapeso y de colchón defensivo respecto de la URSS que era vista como una amenaza cada vez mayor. Había razones de peso para apoyar al ejército de Guandong, pero el gobierno de Japón al elegir apoyar la agresión del ejército dio un fuerte respaldo al fuerte incremento del Ejército en la vida política nipona, a la vez, que impulsaba la retórica nacionalista.

La toma del poder en Manchuria marcó un hito para los japoneses, ya que desató aún más unas fuerzas imparables para Japón posteriormente. El clamor popular y el expansionismo militarista del Ejército se uniero en 1937 para convertir el “Incidente de China” en una guerra atroz con el objetivo de destruir a China. No hubo ninguna voz entre los políticos civiles que se opusiera a la guerra. El príncipe Konoe, jefe del Gobierno por primera vez y cuatro años más tarde desesperado partidario de un acuerdo de última hora con los EEUU para evitar la guerra del Pacífico, era uno más de sus fervorosos defensores. De nuevo el gobierno de Tokio tuvo que elegir; podía haber elegido no agudizar el incidente para no convertirlo en una guerra abierta contra China, pero en lugar de eso optó por tratar de destruir a China. Aquel hecho empujó más a Japón hacia un rincón del que le resultaría cada vez más difícil salir.

Durante esos años caló profundamente el destino manifiesto japonés de expansión hacia el Sur, ningua persona o facción relevante, sobre todo en el Ejército, rechazaba el imperativo de la expansión hacia el suereste asiático en un futuro próximo para crear un imperio económico japonés. El expansionismo se había convertido ya en una ideología universalmente aceptada entre las élites dirigientes y defendida fervientemente ante todo por los sectores más fuertes de las mismas: líderes y oficiales de alto rango del Ejército de Tierra y de la Armada. Una vez tomada la decisión en verano de 1940 de avanzar hacia el sur – aprovechando la debilidad de GB tras la ofensiva occidental de Hitler – ésta se convirtió en un nuevo elemento innegociable en la búsqueda de cualquier resolución diplomática. Japón se aferró todavía más a su posicionamiento antiamericano y antibritánico con la consiguiente decisión, tomada ese mismo verano, de constituir una alianza militar con las potencias del Eje.

El gobierno japonés fue plenamente consciente de los riesgos que esas decisiones conllevaban, y aún así decidió embarcarse en esa política. La opción, todavía posible, de abandonar la idea de expansión en aras de la reinserción en el mercado internacional, con su inherente sistema de competencia fue rechazada categóricamente. El súbito ataque alemán a la URSS en el verano de 1941 atisbó otra posibilidad estratégica, en el sentido de aprovechar la debilidad de la URSS en las primeras semanas del ataque alemán para atacarla por su espalda, pero aún así dicha posibilidad que se estuvo barajando durante seis semanas se rechazó y se decidió finalmente continuar los preparativos del avance hacia el sur. Es una evidencia del fuerte grado de unión del expansionismo en los políticos japoneses y en su estratégia militar, que se hicieron más patentes cuando los EEUU cortaron el grifo del petróleo tras el envío de tropas japonesas a la Indochina francesa en julio. A partir de aquí la guerra fue inevitable a no ser que se tomara una decisión expresa y extrema para evitarla.

En el otoño de 1941 una enorme aprensión se sumaba al miedo más absoluto a las consecuencias que podía tener para Japón una guerra con los EEUU. El propio emperador quería evitar el conflicto y también el príncipe Konoe que ocupaba el cargo de primer ministro y trató desesperadamente de conseguir un encuentro personal con el presidente Roosevelt para atajar el conflicto. Tras la caída del gabinete de Konoe, incluso Tojo nuevo primer ministro y antes partidario de la línea dura, se convirtió en un ferviente defensor del entendimiento negociado con los EEUU. Dado que había figuras de tanto peso manifestándose a favor de la paz, ¿por qué la decisión última de ir a la guerra?.

Parte de la respuesta se encuentra, en el endurecimiento de la postura de los EEUU que empujó más a Japón hacia el interior de su atolladero. Mucho se ha especulado sobre la actitud de la Administración norteamericana y especialmente de su Secretario de Estado Cordell Hull, si hubieran estado en ese periodo crucial más abiertos a la negociación. Es cierto que la Administración Roosevelt se había ido volviendo cada vez más intransigente, pero en realidad la postura norteamericana se había endurecido previamente en respuesta a la negativa de Japón en todo momento desde 1937 a detener su incesante búsqueda de la expansión y la hegemonía en Extremo Oriente. El apaciguamiento de Japón no fue una opción desde 1937, en vista de lo que políticas de dicho tipo habían logrado en Europa con Hitler. Asimismo la Administración norteamericana tenía información detallada de inteligencia (sistema MAGIC) que le confirmaron que Japón veía su expansión y el asunto de China como intocable, no sujeto a negociación.

Fue el Pacífico, más que el continente asiático el que constituía el eje principal de los intereses de los EEUU en la región. La principal consideración, que fue ganando importancia en lugar de perderla, fue la necesidad de mantener unida a la flexible alianza entre los EEUU, GB, China y las autoridades de las Indias Orientales neerlandesas. Abandonar a China hubiera tenido graves consecuencias para la posición británica en Extremo Oriente, lo que habría sometido a las relaciones entre GB y los EEUU a una tensión en un momento crucial como era la Batalla del Atlántico y de la más amplia lucha contra la Alemania nazi, y en especial desde que Japón se unión al pacto Tripartito. Ésta fue la razón, por la que China seguía siendo el eje central. Estados Unidos no podía plantearse perjudicar a Chiang Kaichek para obtener beneficios a corto plazo para evitar la guerra inmediata en el Pacífico, sobre todo porque era prácticamente seguro que, debido a las intenciones japoneses de hacerse con el poder en la región, podría aplazarse pero no impedirla.

En opinión de Kershaw las principales razones del estrechamiento de las opciones de Japón hasta llegar a un punto en el que la guerra fue inevitable no hay que buscarlas en Washington sino en Tokio. Es cierto que en otoño de 1941 habían voces autorizadas que pidieron parar la guerra, pero hasta entonces, esos mismos individuos que ahora querían la paz habían defendido en cada momento los pasos que habían conducido a la guerra, y Konoe es un claro ejemplo. El miedo a la guerra no se tradujo, a pesar de todo, en política alguna de oposición a las decisiones estratégicas que habían llevado a Japón al borde de ese abismo. No existió nunca un rechazo coordinado y directo a unas opciones de actuación que se consideraban repletas de peligros. Ninguna facción de las élites quería que se abandonasen los objetivos sagrados de expansión y la guerra santa en China.

Tales objetivos se convirtieron no sólo en un imperativo o causa económica fundamental a la que aspirara Japón, sino que reflejaron el honor y el orgullo nacional, el prestigio y la posición de una gran potencia. A los ojos de los japoneses, las alternativas no entrañaban sólo pobreza, sino derrota, humillación, ignominia y el final de la categoría de gran potencia, con una subordinación permanente a los EEUU. Los factores subjetivos o psicológicos también contaron y mucho me atrevo a presumir.

El Ejército y la Armada tenían intereses y agendas diferentes, pero la combinación de la búsqueda de la dominación en China y la perspectiva de expansión hacia el sur fue más que suficiente para unirlos. La debilidad de las demás facciones de la élite japonesa permitió el aumento de la autoridad de los Estados Mayores del Ejército y la Armada a la hora de dictar las líneas de actuación, hasta que esas posibles líneas acabaron dejando paso al imperativo militar: la guerra.

Saludos desde Benidorm.

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Re: Orígenes de la Guerra del Pacífico II (1939-1941)

Mensajepor Grossman » Sab Ene 06, 2018 2:45 pm

Imágenes restituidas.
Espérame y yo volveré, pero espérame mucho
Espérame cuando las tristes lluvias lleguen, y cuando el calor llegue no dejes de esperar
Espérame y yo volveré para que la muerte rabie
No comprenderán jamás los que jamás han esperado, cómo tú del fuego me salvaste
Es que sencillamente me esperaste como nunca nadie me esperó
****************** Konstantin Simonov ******************


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