pub01.jpg

Las primeras administraciones locales en el sector americano

Los juicios de Núremberg, las nuevas fronteras

Moderador: Francis Currey

Avatar de Usuario
Eckart
Miembro fundador
Miembro fundador
Mensajes: 4626
Registrado: Sab Jun 11, 2005 9:07 pm
Ubicación: Valencia (España)
Contactar:

Las primeras administraciones locales en el sector americano

Mensajepor Eckart » Lun Jul 08, 2013 2:13 am

Entre septiembre de 1944 y mayo de 1945 la fuerzas armadas de los países aliados pusieron paulatinamente bajo su control las diferentes regiones y poblaciones de Alemania. Para ocupar los núcleos de población, unas veces tuvieron que combatir y otras no tuvieron más que entrar en ellos sin oposición alguna, con el enemigo ya retirado. Sea como fuere, la situación que al cabo tuvieron que afrontar durante la primera etapa de la ocupación fue similar en las grandes y medianas ciudades: destrucción masiva y una parálisis casi completa de la vida civil. Esta parálisis se debía a la propia destrucción de infraestructuras básicas para la vida civilizada y a la ausencia de gobiernos y administradores locales. Los países aliados que dividieron Alemania en cuatro zonas de ocupación administraron cada una de ellas según su propio criterio, siendo el fin último de las potencias occidentales la introducción de una nueva normalidad democrática. A este fin debía llegarse tras la consecución de ciertos objetivos primarios dentro de un más amplio proceso normalizador.

La ocupación militar en el sector norteamericano se mantuvo entre 1944 y 1949. Al menos durante los meses iniciales de la ocupación militar, las primeras muestras de autogobierno en Alemania se dieron en el nivel básico de la administración: los municipios. Los propios militares ocupantes fueron los encargados de tutelar el proceso hacia la total autonomía política. La información que voy a presentar en este texto sobre la transición hacia la democracia se refiere exclusivamente a la zona de ocupación norteamericana y viene dada a partir del estudio de las tres ciudades más importantes de este sector: Frankfurt, Stuttgart y Múnich. El lapso de tiempo más temprano, el comprendido entre 1945 y 1946 -entre el final de la guerra y las primeras elecciones municipales tuteladas-, la conocida como Stunde Null (Hora Cero), quedará en el centro de mi exposición. Fue ese el periodo en que los alemanes tuvieron menor grado de autonomía y autogobierno, y el Gobierno Militar (GM) más influencia que en ningún otro momento. Un periodo que muchos vieron como la ocasión precisa para cambiar de raíz las estructuras sociopolíticas y económicas de Alemania, para reiniciar su historia tras el desastre. La historiadora Rebecca Boheling ha estudiado con detalle la posguerra en el área de ocupación norteamericana y ha centrado sus investigaciones en las tres ciudades indicadas. Considera que las tres aportan suficiente diversidad estructural religiosa, cultural, sociológica, económica y política para poder comparar y generalizar. Me he servido principalmente de dos de sus trabajos para plantear este texto.


La ocupación
Para administrar su sector de ocupación, el gobierno de los EE.UU. creó la Oficina de Gobierno Militar (Oficce of Military Governmet US Zone - OMGUS), de la cual dependían y ante la cual respondían los diversos destacamentos del GM que se encargarían particularmente de administrar y gestionar las poblaciones ocupadas. Observando con detalle los primeros momentos de la ocupación de una ciudad, se aprecian varias etapas:

- Entrada de las unidades operacionales del ejército ocupante.
- Apenas 24 horas después, relevo del mando táctico por un destacamento del GM.
- Inmediato nombramiento de un Oberbürgermeister o un Bürgermeister (alcaldes).
- Selección por parte del alcalde de un grupo de colaboradores para los principales puestos de la administración.

Posteriormente:
- Entre y agosto y octubre de 1945, formación de Consejos Ciudadanos (Bürgerrat) consultivos.
- Entre enero y mayo de 1946, primeras elecciones municipales, tuteladas por el GM..
- En 1948, primeras elecciones municipales democráticas sin tutela ni intervención del GM.

Inmediatamente después de la entrada de las tropas en una ciudad, se elegía un alcalde de entre las personas disponibles con experiencia administrativa. Este alcalde solía ser elegido por el destacamento del GM en cada población, aunque en algunos casos, como en Frankfurt, fue elegido directamente y en cuestión de unas pocas horas por el comandante de las fuerzas ofensivas que habían ocupado la ciudad. Desde su llegada, el destacamento del GM fiscalizaría todos los nombramientos de cargos que el alcalde hiciera, pudiendo rechazar directamente los que no considerase convenientes y aconsejar otros. Cabe aquí indicar que, generalmente, los hombres del GM -y de otras organizaciones y oficinas creadas para administrar y supervisar la ocupación- carecían de una formación suficiente sobre Alemania, su lengua, su sociedad y sus estructuras económicas y sociales para realizar una tarea adecuada y comunicarse fluidamente con los alemanes con que tenían que trabajar. Las directrices principales que los hombres del GM recibieron fueron las de formar gobiernos municipales sin miembros del NSDAP o afines a él (desnazificación), reclutar personal técnico para hacer funcionar de nuevo las infraestructuras necesarias para la vida y registrar mediante cuestionarios e interrogatorios el grado de implicación con el régimen nazi que cada ciudadano en particular pudiera haber tenido. Esto último se llevó a cabo mediante los Fragebogen (cuestionarios) que se harían tan habituales y en los que cabía, obviamente, la mentira. Los alcaldes informaban semanalmente al destacamento del GM, este destacamento informaba periódicamente al mando regional del GM y, por último, este informaba al OMGUS. Dada la cantidad de niveles y manos por los que pasaba -y era interpretada- la información, con frecuencia esta llegaba hasta el OMGUS alterada en la medida que los niveles intermedios considerasen o necesitasen. Lo mismo ocurría en el sentido inverso.

Aunque las directrices oficiales norteamericanas hacían hincapié en la desnazificación de las administraciones -así como en una política de no confraternización con los alemanes que en ocasiones interfirió con la de desnazificación, dificultando esta última-, pronto la mayoría de los oficiales del GM dieron prioridad a la eficiencia sobre la desnazificación. Muchos de ellos temían que una política efectiva de destituciones masivas malbaratara sus esfuerzos para volver a hacer funcionales sus ciudades y áreas asignadas. Así, sus primeras acciones fueron encaminadas a la reconstrucción y puesta en marcha de la vida civilizada; su acción fue predominantemente práctica. Consideraron de mayor urgencia sacar adelante a la población y resucitar las ciudades materialmente (infraestructuras, abastecimientos, servicios, orden...) que eliminar desde el primer minuto todo rastro de administración nazi. Contaron para ello con el personal más preparado técnicamente, aunque se tratase de personas no del todo limpias. En muchos casos todo el personal técnico disponible con los suficientes conocimientos y práctica era personal más o menos vinculado o comprometido con la anterior administración nazi. Y esto era así por que sólo ellos habían tenido la oportunidad de ejercer durante los últimos 12 años, ya fuera por convencimiento o por que no les quedaba otra salida que asumir su sometimiento profesional a los administradores del NSDAP. Este personal, según se estipuló en un principio, no podía servir a los aliados para gestionar la nueva realidad de posguerra, pero -y esto es importante- no se contó con ellos únicamente por la urgencia y necesidad en la que se encontraba el GM: la suspicacia con que los ocupantes norteamericanos veían a los numerosos antifascistas de izquierda declarados que se presentaban voluntarios para participar en la administración y gestión, también resultó un impedimento para propiciar un verdadero cambio en las primeras estructuras administrativas, pues estos hombres eran para el GM sospechosos de ser comunistas, el nuevo enemigo en una incipiente y fría guerra. Por lo general, estos activistas fueron rechazados por su posible vínculo con el comunismo o por la posibilidad de que fueran demasiado impetuosos políticamente. Se hizo una clara distinción entre antinazis y no nazis. Estos últimos eran preferibles. Las autoridades norteamericanas preferían contar en primera instancia con personal alejado de la izquierda y con gentes relacionadas con instituciones estables, como la Iglesia: se contó con numerosos párrocos para participar en consejos municipales o para consultar sobre nombramientos y asignamientos. A los políticos de los partidos de centro-derecha se les consideraba políticos especializados (Fachpolitiker) frente a los de izquierda, que eran vistos como políticos de partido (Parteipolitiker), más dogmáticos que pragmáticos. Muchos oficiales del GM preferían colocar en los puestos de responsabilidad a las antiguas elítes políticas del periodo de Weimar que no hubieran tenido relaciones con el NSDAP, pues consideraban que cumplían con dos requisitos clave: no eran nazis ni comunistas y tenían experiencia administrativa.

Por otra parte, desde el mismo día en que las hostilidades acabaron, en las núcleos de población surgieron grupos de civiles que se organizaban independientemente para realizar tareas de seguridad, limpieza, mantenimiento o trabajos de desescombro en los diferentes barrios de las ciudades. En ocasiones, incluso organizaron la producción. Estos grupos, producto de la iniciativa espontánea de los vecinos, llegaron a ser numerosos y adoptaron nombres muy diferentes, aunque de manera genérica se les aplicó un identificativo que atendía a su naturaleza declarada: Comités Antifascistas (Antifaschistische Ausschüsse – Antifa). Estos grupos, compuestos principalmente por antiguos militantes del KPD y el SPD, además de trabajar para mantener algunos servicios necesarios, aspiraron a tener representación en las administraciones y consejos municipales, aunque su recorrido fue muy corto. Fueron finalmente prohibidos por sus posibles -en ocasiones reales, como en el caso de Stuttgart- vínculos con el Partido Comunista. Este hecho, junto con la selección no del todo renovadora que los ocupantes realizaban del personal para la primera administración, propició que numerosas iniciativas democráticas desde la base de la sociedad se vieran frustradas. Sin embargo, los antinazis activos, especialmente los que habían sido perseguidos por los nazis, recibieron confianza para participar en las tareas de desnazificación. Completaban listas de nazis o buscaban evidencias incriminatorias, algo que les dio la reputación de delatores. Sea como fuere, estos permanecieron tan impotentes y faltos de influencia en la vida política como lo habían estado durante el nazismo. No fue así en las áreas de periodismo y cultura, donde el control era distinto.

En mayo de 1945, con la guerra finalizada, se hizo efectiva una prohibición sobre los partidos políticos. Esto significa que en el interregnum habido entre las primeras fechas de la ocupación y el fin oficial de la guerra, en las ciudades que habían sido ocupadas podía darse actividad política, si bien nunca fue de relevancia. Cuando se levantó la prohibición sobre los partidos en la zona norteamericana (1), la aparición de nuevas formaciones políticas más allá de las cuatro grandes -SPD, CDU (en Baviera CSU), KPD y LDP (más tarde FDP)-, no fue del agrado de las autoridades de ocupación. Un informador del POLAD (Oficce of the Political Advisor) anotó en diciembre de 1945 que tras la mala experiencia del sistema de múltiples partidos de Weimar, debería restringirse tal posibilidad. Independientemente de este informe, las autoridades norteamericanas dificultaron la expedición de licencias de actividad a partidos nuevos o a partidos pequeños, demorándose en muchos casos hasta después de la celebración de las primeras elecciones en 1946, lo que les aseguraba mantenerlos al menos hasta 1948 fuera de las administraciones públicas. Se esforzaron por mantener en la escena un número de partidos políticos no muy alto. Aunque fueron varios los nuevos partidos que pudieron participar desde el principio (sólo uno de ellos consiguió representación en los tres consistorios de Frankfurt, Stuttgart y Múnich en 1946, el WAV - Wideraufbau Vereinigung), fue esta otra medida arbitraria que impidió una renovación de calado de la oferta y tradición política alemana en la Hora Cero. Las primeras elecciones democráticas totalmente libres, sin tutela ni intervención del GM, tuvieron lugar en 1948.

Todo esto fue algo que para muchos historiadores determinó que esa Stunde Null alemana en realidad no lo fuera tanto. Que se frustrara esa Hora Cero que muchos ensayistas, pecando de un excesivo empeño en ver el nazismo como un problema estructural u orgánico de la sociedad y la historia alemana, han considerado una oportunidad clave para el impulso de un cambio radical, nuclear, de las estructuras políticas y hasta sociales. Un cambio que propiciara una desconexión definitiva con el pasado (Weimar y el Tercer Reich, e incluso el Imperio) y favoreciera un renacimiento democrático desde las mismísimas bases sociales y no desde las élites cuando, en el verano de 1945, se levantara la prohibición de formar partidos políticos. Con los años la historia ha demostrado que, en realidad, no era necesario -ni tal vez práctico ni seguro- una renovación tan radical, si bien existirán los que consideren que hubiera sido un experimento interesante tal cambio desde la raíz. Todo depende de las expectativas con que cada grupo social o cada observador afrontara la caída del régimen nazi o la afronte hoy mirando al pasado. Puede afirmarse que hubo una Hora Cero por el mero hecho de que un régimen tan convulso, subversivo e influyente dejara de existir en un contexto de humillante derrota militar, consiguiente ocupación y seguida transición hacia la democracia. Puede afirmarse que no hubo tal Hora debido a que la historia de Alemania no comenzó de nuevo a partir del caos de 1945, desconectada totalmente de su propio hilo histórico vertebrador, tal y como se ha pretendido. Ante esta última posibilidad, cabe preguntarse si es posible de algún modo y en algún lugar conseguir semejante especie de alienación histórica sin sustituir a los habitantes de una nación por otros distintos.

Conociendo ya sobre los primeros momentos de la ocupación algunos aspectos generales -muy generales-, expondré ahora someramente cómo fue en las tres ciudades más importantes de la zona de ocupación norteamericana la formación de las primeras administraciones municipales de posguerra.
Última edición por Eckart el Vie Ago 12, 2016 6:37 pm, editado 2 veces en total.
«El conocimiento es mejor que la ignorancia; la historia es mejor que el mito».
Ian Kershaw

Avatar de Usuario
Eckart
Miembro fundador
Miembro fundador
Mensajes: 4626
Registrado: Sab Jun 11, 2005 9:07 pm
Ubicación: Valencia (España)
Contactar:

Las primeras administraciones locales en el sector americano

Mensajepor Eckart » Lun Jul 08, 2013 2:14 am

Frankfurt am Main
Las tropas de la 5ª División del Tercer Ejército de los EE.UU ocuparon Frankfurt am Main el 28 de marzo de 1945. No encontraron oposición a su llegada. Uno de los pocos grandes edificios de la ciudad todavía intactos, la I. G. Farben, fue elegido para emplazar el Cuartel General Supremo de las Fueras Expedicionarias Aliadas (Supreme Head Quarers Allied Expeditionary Oficces – SHAEF) y las oficinas de las Fuerzas de los Estados Unidos, Teatro Europeo (U. S. Forces, European Theater – UFSET), decisión que evitaría que Frankfurt fuera reasignada a la zona francesa.

Otro de los pocos edificios de gran tamaño que quedaban en buenas condiciones, la Metalgessellschaft (Compañía Metalúrgica), fue ocupado por el mando táctico norteamericano, el Teniente Coronel William H. Blackefield, y sus tropas. Recién llegados allí, Blackefield encontró en el lugar al director provisional de la compañía, Hermann W. Lumme, al cual encargó traerle al alcalde la ciudad, el Dr. Krebs, de quien Blakckefield pretendía que siguiera ejerciendo. Krebs se había retirado a un suburbio de la ciudad, Lumme lo localizó por teléfono y le transmitió las intenciones de Blackefield, pero Krebs rechazó la propuesta. Cuando Lumme se presentó de nuevo ante Blackefield con la negativa, este le propuso a él ser el nuevo alcalde, cosa que Lumme también rechazó. Entonces Blackefield le ordenó que en el plazo de media hora encontrara un nuevo alcalde para la ciudad. Casualmente, unos minutos más tarde se presentó en el edifico Wilhelm Hollbach, el editor de dos periódicos no extintos y un tanto contaminados políticamente (Neuste Zeitung e Illustrierte Blatt). Hollbach quería preguntar a los norteamericanos sí podía emprender la publicación de un nuevo periódico. Lumme tuvo ocasión de hablar con él y le preguntó si estaría dispuesto a convertirse en alcalde de Frankfurt. Hollbach aceptó. Inmediatamente fue presentado a Blackefield y este le nombró alcalde. Wilhelm Hollbach contaba con seis años de experiencia en la administración municipal, pues había servido como concejal del DDP en Colonia durante el periodo de gobierno del alcalde Konrad Adenauer, futuro Canciller de la RDA.

Al día siguiente, el 29 de marzo, el destacamento del GM llegó a Frankfurt, por lo que Blackefield y sus tropas de vanguardia abandonaron la ciudad para seguir con el avance militar. El comandante del destacamento del GM, el Teniente Coronel Howard Criswell, quedó al cargo de la administración y formó seguidamente un grupo de «ciudadanos no nazis» para contribuir en la gestión municipal. Este grupo se formó con un párroco católico, un párroco protestante, el director de la I. G. Farben, el director general de la Cámara Local de Comercio -que había sido miembro de la Stahlhelm y del DNVP antes de 1933-, el director Lumme de la Compañía Metalúrgica y el propio Hollbach. Este grupo -a todas luces poco representativo de la realidad social de la ciudad- recomendó unánimemente a Hollbach como alcalde, de modo que Criswell aprobó formalmente su asignación. A pesar de la incorporación de un miembro de un Antifa que haría Criswell más adelante, los hombres de negocios y los industriales estaban representados en exceso en el consejo, mientras que los periodistas abundaron entre el personal que escogió Hollbach para trabajar a su lado, personal este que durante el Tercer Reich había ejercido en periódicos comprometidos, en mayor medida que lo que habían admitido ante las autoridades de ocupación. En los diferentes niveles de la administración local se mantuvo a antiguos trabajadores del periodo nazi y se incorporó a numerosas personas que, de un modo u otro, habían trabajado en relativa connivencia con la administración nazi. Comparativamente, Frankfurt fue la ciudad de las tres estudiadas aquí donde los elementos antinazis contaron con menos participación en los primeros consejos y administraciones municipales. Únicamente un cargo fue asignado a un antiguo miembro del SPD, el antiguo policía Ferdinand Mührdel, ferviente antinazi que durante el periodo de Weimar se ganara el alias de Devorador de Nazis (Nazifresser) por haber sido el responsable del arresto de cerca de 45 000 nazis (2). Mührdel fue nombrado jefe de la policía.

Hollbach fue seguido de cerca por los expertos de los servicios de información (3) norteamericanos en la zona, que recomendaron destituirle junto con sus colegas periodistas, esgrimiendo que había omitido información comprometida en su Fragebogen acerca de su actividad periodística. Esto provocó un pequeño conflicto entre los servicios de información y el personal del GM, comandado desde mayo por Robert Phelps tras relevar a Criswell. Finalmente, sometido a presión y tras mostrarse reticente a ello, Phelps aceptó la propuesta de destitución sobre Hollbach y así se procedió el 4 de julio. Hollbach fue sustituido por un individuo un tanto problemático: Kurt Blaum, quien había sido nombrado en abril alcalde de Hanau y que desde junio ejercía como alcalde segundo de Frankfurt. Blaum fue un alcalde estricto, autoritario, hábil para sortear las directivas de desnazificación -que aunque pretendían reforzarse con el tiempo, se iban tornando en impracticables en toda su rigidez- a la hora de asignar puestos o mantener los empleados municipales.

En el mes de agosto, el GM ordenó a Blaum formar un Consejo Ciudadano consultivo, algo que propició un conflicto entre este y el GM. Blaum propuso que el consejo se formara con un porcentaje de miembros proporcional a la composición del gobierno municipal entre 1929 y 1933, excluyendo al NSDAP. En aquel último periodo de la república de Weimar, la composición del consistorio se repartía en un 36 % de miembros de los llamados grupos medios, un 15 % del Zentrum, un 34 % del SPD y un 15 % del KPD. Blaum proponía ahora que fuera un 45 % grupos medios, 23 % SPD, 18 % KPD y 14 % centro, así como tres párrocos: católico, protestante y judío. A todas luces Blaum trató de perjudicar al SPD y favorecer a los partidos medios, como el CDU. No obstante, esta distribución no gustó al GM, que forzó a Blaum a formar un consejo con 28 personas, 7 por cada uno de los cuatro grandes partidos: CDU, SPD. KPD y LDP (más adelante FDP). El comité se reunió 19 veces hasta las primeras elecciones municipales, el julio de 1946. Merece la pena señalar que una determinada composición del Consejo Ciudadano no implicaba que en los puestos de administración y cargos principales se diera la misma proporción. Estos no eran más que consejos consultivos, no formaban parte directa de la administración municipal. Así, una mayoría de militantes de la izquierda en un consejo no implicaba una mayoría de semejantes en los cargos de administración y gestión.

Casi un año después, en la primavera de 1946, la primeras elecciones municipales democráticas se acercaban. Durante los meses anteriores se sucedieron diferentes entradas y salidas en los puestos de administración y en el Consejo Ciudadano, tanto por la política de desnazificación como por diferentes decisiones del GM. Puesta en aviso la población acerca de las autoritarias artes de Blaum por el nuevo periódico Frankfurter Rundsachau -contaba con un comité editorial fuertemente antinazi- y la propaganda del KPD, con licencia para la actividad política desde agosto de 1945, Blaum perdió como candidato del CDU las elecciones celebradas el 25 de julio. Estas resultaron en mayoría absoluta para el SPD (sólo SPD y CDU obtuvieron representación, dada la inusual cuota de un 15 % mínimo de votos necesarios para obtener representación). El GM no vio con buenos ojos que la izquierda fuera mayoría en el gobierno municipal, por lo que pronto destituyó a dos miembros del SPD por relaciones pasadas con el NSDAP. A continuación, presionó al SPD para que incluyera un mayor número de representantes del CDU en puestos relevantes, algo que los socialdemócratas entendieron inevitable. Frankfurt es un claro ejemplo de intervención de las autoridades ocupantes en el proceso de formación de los primeros gobiernos democráticos, en un momento en el que los primeros pasos de la nueva democracia estaban todavía tutelados y el GM tenía -cuando no se atribuía- poderes para intervenir.


Stuttgart
Fueron las tropas francesas quienes ocuparon Stuttgart el 21 de abril de 1945, cinco horas antes de que la 100ª División norteamericana llegara por el este. Un acuerdo previo entre los aliados determinó que serían los norteamericanos quienes controlasen todas las ciudades al norte de la autopista que conectaba Karlsruhe, Stuttgart y Ulm, así como las ciudades por las que pasaba, por lo que la ocupación francesa quedaba fuera de lugar. Francia no fue incluida en la Conferencia de Yalta, por lo que no participó en el reparto de los sectores de Alemania y no tenía un área asignada. Stuttgart y Karlsruhe fueron ocupadas por el ejército francés siguiendo órdenes del general Charles de Gaulle, para ser empleadas como rehenes políticos para aumentar la influencia francesa a la hora de determinar el futuro de Alemania. Esto derivó en que los norteamericanos ejercieran su amenazante control sobre la autopista, que en cualquier momento podía ser bloqueada, y finalmente convencieron a los franceses para que se marcharan en el mes de julio. Stuttgart fue un caso muy particular por hallarse a caballo de las zonas de ocupación francesa y norteamericana. Así, entre el 21 de abril y el 8 de julio estuvo bajo control francés; desde el mediodía del 8 de julio en adelante, bajo control norteamericano.

El 22 de abril, el alcalde de la ciudad, el Dr. Karl Ströllin, que en las últimas semanas había apoyado un movimiento surgido de entre la población para incumplir la política hitleriana de tierra quemada (la Orden Nerón), anunció por radio la rendición de la ciudad. Los franceses le pidieron que siguiera como alcalde y así él siguió. No obstante, al día siguiente, poco antes del mediodía, se le comunicó que no podía seguir en su puesto y se le pidió que recomendara a alguien para el cargo, a alguien que no fuera nazi, dándosele un plazo para ello: hasta las 2 pm. Ocurrió unos momentos después que en el domicilio de Ströllin se presentó para dar unos informes sobre el alojamiento de los franceses el notario y activo antinazi Franz Lau, antiguo preso de un campo de concentración. Ströllin le propuso que asumiera el cargo de alcalde, justificando su propuesta en su experiencia administrativa y en su condición de antiguo preso político. Lau aceptó. Su primera e inmediata idea fue despedir a todos los empleados públicos nazis. Ströllin, a quien no le gustó el tan determinante plan para «cambiar la guardia» -le sugirió una suerte de revolución-, trató de convencerle para que mantuviera en sus puestos a los funcionarios con experiencia. Pero Lau no se dejaba convencer. Momentos más tarde, cuando la charla había concluido y Lau había abandonado el domicilio de Ströllin, Arnulf Klett, un antiguo jurista conocido suyo, se presentó en la casa sin saber nada de lo que estaba pasando. Ströllin decidió entonces proponerle ser el nuevo alcalde. Cuando a la 1:45 pm Lau volvió a la casa de Ströllin junto a un par de soldados franceses para ser nombrado oficialmente, se le hizo esperar unos minutos afuera. Momentos después se le comunicó que Klett acababa de ser investido. En apenas unos minutos la propuesta verbal que había recibido se esfumó para siempre.

Uno de los primeros movimientos de Klett fue traer a la ciudad al obispo Theophil Wurm. Klett consideró que necesitaba el apoyo de algún grupo consolidado, y la Iglesia protestante parecía un buen pilar. Wurm le animó a asumir un mayor protagonismo en la administración municipal. Entre el personal que escogió Klett para formar su primer gabinete administrativo constaban cinco hombres del personal de Ströllin, todos ellos miembros del NSDAP. Los norteamericanos, que tomarían el control de la ciudad en julio, destituyeron a los cinco en los meses posteriores. Otros siete miembros del gabinete eran hombres que participaron en el boicot a la Orden Nerón en las últimas semanas, de los cuales dos fueron destituidos más adelante por su pasado nazi. De estos siete, realmente sólo tres de ellos podrían encuadrarse en la izquierda del centro político: el ya mencionado Lau, que se encargaría provisionalmente de la oficina para alojamiento; Heinz Eschwege, un experto en radio elegido como enlace para prensa y radio; y el nuevo jefe de policía, Karl Weber, antiguo intendente de policía despedido en 1933 por su militancia en el SPD. De todo el gabinete formado originalmente, este fue el único izquierdista con un cargo de primer nivel.

El carácter conservador de la administración municipal animó a un grupo de socialdemócratas a proponer a Klett en mayo que se formara un consejo consultivo que fuera más representativo de la sociedad de la ciudad. Pidieron que se incluyera a miembros de los Antifa, que en Stuttgart eran realmente numerosos (4). No obstante, los franceses frenaron cualquier intento de creación de un consejo, por considerar que tal iniciativa suponía avanzar demasiado hacia el autogobierno. No se formó ningún consejo consultivo hasta finales de septiembre, cuando Stuttgart ya estaba más de tres meses bajo control norteamericano. Durante todo este tiempo, Klett, que se mostraba comprensivo con la propuesta de permitir a las fuerzas que más directamente se opusieron al nazismo participar en la administración, no llegó a dar ningún paso en tal dirección, alegando la habitual preferencia por contar con personal técnico y experimentado frente a antifascistas inexpertos. El mismo argumento fue asumido por el destacamento del GM norteamericano que controló Stuttgart. Exceptuando al jefe de la policía Weber, ningún antifascista declarado ocupó ningún puesto clave en Stuttgart durante la ocupación francesa o la norteamericana entre 1945 y 1946.

La formación del Consejo Ciudadano que habían ordenado los norteamericanos se materializó definitivamente el 25 de septiembre de 1945, después de varias reuniones previas de un comité provisional formado al principio por 11 hombres. La composición definitiva del consejo resultó más representativa de la realidad social que en Frankfurt. Se creó un consejo con 36 miembros, el cual se distribuía como sigue: 28,5 % SPD, 22 % KPD , 11 % DVP, 11 % CDU, Iglesia 8,5 % y 19 % personas sin afiliación política, aunque de estas últimas un tercio se encontraba cerca del DVP. Este consejo contaba con una mayoría de izquierdas muy realista, aunque su posible influencia quedó neutralizada: el comité sólo se reunió nueve veces antes de las elecciones de mayo de 1946, frente a las 19 del comité de Frankfurt y las 27 del de Múnich. En las elecciones de 1946, celebradas el 26 de mayo, el SPD fue el partido más votado en Stuttgart. Klett, que se presentaba como independiente por ese partido, continuó en el cargo.


Múnich
El 30 de abril de 1945 una patrulla de reconocimiento del ejército norteamericano perteneciente a la 42ª División de Infantería accedió a la ciudad de Múnich y llegó hasta la plaza del ayuntamiento sin encontrar oposición alguna (5). La ciudad se rindió oficialmente ante un comandante del 7º ejército norteamericano. A las 6:30 am del día siguiente llegó un destacamento del GM dirigido por el coronel Walter Kurtz, que tomó el mando. El segundo de Kurtz, el comandante Eugene Keller había sido informado sobre un movimiento de resistencia antinazi que se formó en las últimas semanas de la guerra en la ciudad, la Freiheits Aktion Bayern (6), y sobre el último alcalde antes del nazismo, Karl Scharnagl. Dado que Scharnagl no era localizado, Keller nombró alcalde en funciones a Franz Xaver Stadelmayer, alcalde de Wurzburgo antes de 1933, que se había presentando ante los norteamericanos y los había orientado por el interior del ayuntamiento. El 4 de mayo Stadelmayer tuvo noticias de Scharnagl y lo trajo hasta la capital para que asumiera las tareas de alcalde. Antiguo miembro del BVP, Scharnagl se había escondido durante los últimos días de la guerra temiendo una persecución nazi de última hora. Keller quedó satisfecho con Scharnagl, así como con los nombramientos que este hizo para cubrir los puestos de jefe de departamento en la administración municipal. Stadelmayer fue nombrado alcalde segundo.

El jefe del destacamento del GM, Walter Kurz, se apresuró a contactar en apenas 48 horas tras la llegada norteamericana con representantes de la Iglesia católica, con el objetivo de obtener recomendaciones para la administración de la ciudad. Tanto Kurtz como Keller y el mando supremo del GM de la Alta Baviera, Charles Keegan, eran católicos y confiaron plenamente en el cardenal Faulhaber, arzobispo de Múnich y Freising, al que Keller llamaba «príncipe de la Iglesia». Faulhaber aprobó el nombramiento de Scharnagl como alcalde y de numerosos antiguos miembros del BVP (partido decididamente católico) para puestos en la administración. Su influencia a la hora de recomendar nombramientos y asignamientos fue más que notable. En septiembre falleció el comandante Kurz, siendo sustituido por Keller.

No obstante estos hechos del más temprano periodo de la ocupación militar, Múnich es un ejemplo diferente a Frankfurt y Stuttgart. El alcalde Scharnagl, como antiguo alcalde que ya fuera hasta 1933, era un buen conocedor de su ciudad y su debida administración. Por otra parte, había estado preso en Dachau, donde coincidió con un par de antiguos concejales municipales socialistas. Los tres desarrollaron allí una empatía especial mientras compartían sufrimiento e intercambiaban proyectos de futuro para cuando el nazismo cayera, aprendiendo unos de otros. Esto es algo que influyó en la manera en que Scharnagl afrontó la formación de sus gabinetes. Conste como ejemplo que un antiguo miembro del SPD, Peter Michael Reitmayer, sirvió como jefe de la policía, mientras que un exmiembro del KPD, Alfred Kroth, fue nombrado jefe de departamento. Kroth sería el único hombre del KPD en obtener un puesto en los altos niveles de la administración durante el primer año de posguerra. Cuando llegó el momento de organizar el Consejo Ciudadano, Scharnagl formó uno muy equilibrado, fomentando sobremanera su participación activa en la política municipal. Compuesto el 1 de agosto -fue el primero que se estableció, cuando la prohibición sobre los partidos políticos aun era efectiva-, constaba de 36 miembros y contaba con la siguiente representación: 30,5 % antiguos miembros del SPD, 26,5 % antiguos miembros del BVP, 6,5 % antiguos miembros del KPD, 6,5 % representantes de la Iglesia protestante, 3 % representantes judíos, 3 % representantes de propietarios inmobiliarios, 3 % representantes de los agricultores y 21 % representantes de la economía y de la vida intelectual y cultural de Múnich. Diez de los 36 miembros del consejo habían estado internados en Dachau. Sin duda la composición de este primer Consejo Ciudadano destaca por su equilibrada representación política, social y cultural. Curiosamente, este hecho se dio en la ciudad que lució como Capital del Movimiento nazi, si bien durante el Tercer Reich contaba con una administración menos nazificada que otras muchas. Su nuevo Consejo Ciudadano, siendo muy activo, se reunió 27 veces entre agosto de 1945 y mayo de 1946, cuando tuvieron lugar las primeras elecciones municipales en la ciudad.

Munich tuvo una administracón municipal mucho más representativa, cooperativa y estable en el periodo 1945-1946 que Frankfurt y Suttgart. No obstante, no sería justo asumir que Scharnagl se comportó siempre de manera objetiva y no mostró preferencias religiosas o políticas. A finales de julio de 1945, un grupo de representantes del DDP propuso una serie de nombres a tomar en cuenta para formar el Consejo Ciudadano. Scharnagl había recogido nombres de todos los antiguos partidos del periodo de Weimar, excepto del DDP y de los protestantes liberales, y comunicó a sus representantes que la lista ya estaba completa, además de que las políticas de partido no iban a tener un papel relevante en el consejo. Añadió también que no iba a hacer nada por refundar su antiguo partido, el BVP. Posteriormente, Scharnagl se convirtió en el líder local del CSU -partido sucesor del BVP- ganador en las elecciones del 4 de mayo de 1946 (7).


Conclusión
El periodo inicial de la ocupación de Frankfurt, Stuttgart y Múnich estuvo marcado por una muy desproporcionada representación de grupos de interés de las clases media y alta en los puestos superiores de la administración municipal. Del mismo modo, existió una fuerte influencia de la Iglesia en el proceso de elección de cargos por parte del MG, así como entre los propios cargos elegidos. En las tres ciudades hubo durante este temprano periodo de la ocupación norteamericana -periodo en el que la influencia y el poder del MG era más notable- una insignificante proporción de antinazis asignados a los puestos administrativos clave. Tampoco tuvieron influencia a la hora de aconsejar o recomendar individuos para esos puestos. La excepción destacada es la jefatura superior de la policía en las tres ciudades: en los tres casos se nombró para tal cargo a reconocidos antinazis, antiguos miembros del SPD. Tal vez esto fue así porque la policía alemana era una de las instituciones más nazificadas. Múnich se muestra como un ejemplo en que, si bien la formación de la primera administración municipal estuvo marcada por la influencia de la Iglesia y el GM en favor de los sectores conservadores -como en las otras dos ciudades-, la inclusión de algunos hombres del SPD y del KPD y la variada composición del primer Consejo Ciudadano compensó en cierto modo esa desproporción, favoreciendo la creación de una atmósfera democrática muy representativa y realmente activa. No obstante, los Consejos Ciudadanos consultivos no formaban parte integral de la administración de los municipios, por lo que no se debe confundir una determinada mayoría de izquierdas en un consejo con una mayor presencia de izquierdistas en los puestos de administración. La formación de nuevos partidos fue entorpecida un tanto por el GM para favorecer la presencia de partidos tradicionales, lo que daba una sensación de estabilidad al tratarse de partidos con experiencia y, sobre todo, previsibles. En 1946, en las primeras elecciones municipales todavía tuteladas por el GM, el SPD fue el partido más votado en Frankfurt y Stuttgart. El CSU lo fue en Múnich.

__________________________________________________________________________________________
(1) En la zona de control norteamericana se levantó la prohibición en el nivel de distrito el 27 de agosto de 1945; en un ámbito zonal, se levantó en febrero de 1946. En las zonas británicas y francesa se levantó en diciembre de 1945; en la zona soviética, se permitió la formación de «partidos antifascistas» el 10 de junio de 1945.
(2) El dato resulta sorprendente. Consta así en Boheling, A question of priorities... p. 131.
(3) Estos servicios de información eran el DISCC (District Information Services Control Command) y la PWD (Psychological Warfare Division).
(4) Los Comités Antifascistas de la región de Stuttgart pronto se encontraron con la oposición de la jerarquía eclesiástica de Württemberg, que los acusó falazmente de ser tapaderas para la difusión del comunismo y de que muchos nazis se estaban uniendo a ellos.
(5) En el siguiente enlace puede leerse una entrevista que le hice a Wolfgang F. Robinow, uno de los soldados de esa patrulla: viewtopic.php?f=19&t=8213
(6) Más información sobre la Freiheits Aktion Bayern en este enlace: viewtopic.php?f=3&t=5871
(7) En las elecciones municipales de 1948 el partido más votado fue el SPD, igual que en Frankfurt y Stuttgart.


Bibliografía
BOEHLING, Rebecca. A question of priorities. Democratic reform and economic recovery in postwar Germany. Providence-Oxford: Berghahn Books. 1996.
BOHELING, Rebecca. Stunde Null at the Ground Level: 1945 as a Social and Political Ausgangspunkt in Three Cities in the U.S. Zone of Occupation. En: Geoffrey J. Giles editor. Stunde Null. The end and the beginning fifty years ago. German Historical Institute. Washington, 1997.
NIETHAMMER, Lutz. Aktivität und Grenze der Antifa-Ausschüsse 1945. Das Beispiel Stuttgart. Vierteljahreshefte für Zeitgeshichte. Jahrgang 23 (1975), Heft 3. p. 297-331.
Última edición por Eckart el Vie Ago 12, 2016 8:14 pm, editado 4 veces en total.
«El conocimiento es mejor que la ignorancia; la historia es mejor que el mito».
Ian Kershaw

Avatar de Usuario
Antonio Machado
Miembro distinguido
Miembro distinguido
Mensajes: 5048
Registrado: Mié Ago 03, 2011 3:40 pm
Ubicación: Nueva York, E.E.U.U.

Re: Las primeras administraciones locales en el sector ameri

Mensajepor Antonio Machado » Lun Jul 08, 2013 3:03 am

Hola Eckart, estimado amigo !

Qué interesante el tema del Hilo que has comenzado...

Todo con detalle y muy ilustrativo, gracias por compartir.

Saludos cordiales desde Nueva York hasta Valencia,

Antonio Machado :sgm65:
Con el Holocausto Nazi en contra de la Raza Judía la inhumanidad sobrepasó a la humanidad.

Avatar de Usuario
Eckart
Miembro fundador
Miembro fundador
Mensajes: 4626
Registrado: Sab Jun 11, 2005 9:07 pm
Ubicación: Valencia (España)
Contactar:

Re: Las primeras administraciones locales en el sector americano

Mensajepor Eckart » Vie Ago 12, 2016 8:09 pm

Quisiera añadir un dato que sirve para ahondar en una de las ideas expuesta en el texto principal: que la entrada de las tropas norteamericanas en la ciudades alemanas conllevó una forma una tanto arbitraria e improvisada de establecer las primerísimas administraciones municipales de posguerra, consecuencia tal vez del desorden y la urgencia existentes. Cabe recordar algo que ya anoté en su momento sobre el particular caso de Frankfurt am Main:

    «Inmediatamente después de la entrada de las tropas en una ciudad, se elegía un alcalde de entre las personas disponibles con experiencia administrativa. Este alcalde solía ser elegido por el destacamento del GM (Gobierno Militar) en cada población, aunque en algunos casos, como en Frankfurt, fue elegido directamente y en cuestión de unas pocas horas por el comandante de las fuerzas ofensivas que habían ocupado la ciudad».

Caso semejante al de Frankfurt fue el de la población turingia de Sonneberg. Esta localidad situada en el límite entre Turingia y Baviera, fue ocupada por el ejército norteamericano entre el 11 y el 12 de abril de 1945. La forma en que la ciudad se rindió ante los ocupantes fue curiosa: por teléfono. Desde la población vecina de Bettelhecken, mandos del 101º Regimiento de Infantería contactaron telefónicamente con el ayuntamiento de Sonnneberg y dos funcionarios municipales acordaron la rendición de la ciudad. Tras la entrada de las tropas se eligió rápidamente un alcalde, Curt Ortelli, literalmente reclutado en la calle y porque sabía hablar inglés. Según sus palabras: «Nada parecía seguro, era el caos» (1). Ortelli dejó el cargo en cuestión de días, siendo sustituido por Herman Am-Ende, el fundador de un grupo Antifa (Antifaschistische Ausschüsse, Comites Antifascistas) compuesto por diez hombres que planeaban sobre la transferencia de poderes tras la rendición (2). Este dato resulta llamativo -sin ser una excepción- dado que, como afirma R. Boheling, los destacamentos de gobierno militar norteamericanos excluyeron en gran medida a los antinazis declarados de los puestos de administración, por sus posibles tendencias extremas o comunistas.

Finalmente, el 1 de julio de 1945, Sonneberg quedó bajo control soviético al encontrarse en el límite pero dentro del estado de Turingia.


(1) SHEFFER, Edith. Burned Bridge. How East and West Germans made the Iron Curtain. New York: Oxford University Press. 2011. p. 24.
(2) Ibidem. p. 273, nota 63.
«El conocimiento es mejor que la ignorancia; la historia es mejor que el mito».
Ian Kershaw


Volver a “La posguerra”

¿Quién está conectado?

Usuarios navegando por este Foro: No hay usuarios registrados visitando el Foro y 3 invitados